Con los nuevos cambios en Hogwarts, Slytherin y Gryffindor compartían la clase de Pociones con el nuevo profesor, como siempre una arrogante Hermione estaba en espera de levantar la mano y contestar las preguntas del profesor.
"¿...acaso siempre tiene que responder todo?". Se dijo en su mente con ironía
Desde que Snape dejó de ser su profesor de Pociones, realmente no le interesaba mucho tomar la asignatura, pero el profesor Slughorn también provenía de su misma casa y llego a pensar que podría ser un buen pocionista.
-...Y como ven la poción de este caldero es nada más y nada menos que...
-¡Suerte Líquida!.- gritó Hermione
-¡Muy bien! Está pócima le proporciona éxito a su portador el tiempo que dure el efecto, si la poción es bien hecha claro está, si no, sus efectos pueden ser terribles.
-...esto es lo que daré de premio ha aquel que haga una pócima de Muertos en Vida en lo que resta de la clase. Comiencen.
El chico olvidó el sonido del aula, sólo seguía mirando el frasco dorado deduciendo que podría serle útil en su cometido, era un gran pocionista pero tenia un único inconveniente...
"...Granger..."
La miró con desdén y odio, el pensar que le podría ganar recordando la punzada en su espalda se propuso mirarla con aún más desprecio, resistiendo el dolor en su cuerpo tomó un respiro y comenzó sus preparativos.
Pasando los minutos, una estresada y molesta Hermione miraba a un Harry que estaba en los últimos preparativos de su poción, respiraba furiosa, observando el como no seguía las instrucciones soltando pequeños gritos cada vez que veía que su poción salía diferente a la de Harry.
Muy a lo lejos Malfoy reía de ver aquella escena analizando el estrés de la leona sin percatarse de el exceso de atención que seguía prestándole, tanto que olvidó a un Potter que estaba por el buen camino en su elaboración.
"Al menos esa sangre sucia se está estresando demás, es un desastre lo que se mira en ella"
Casi al termino de la clase, Potter levantó su mano confirmando su conclusión mientras el profesor se acercaban a comprobarla. Tanto el rubio como la castaña estaban furiosos de ver cómo con elogios confirmaba el éxito del pelinegro, la arrogancia de la chica hizo que intercambiara miradas dándose cuenta que ambos por primera vez, tenían el mismo tipo de sentimiento hacia el Gryffindor y una extraña interacción de vuelta.
Todos salían del aula al termina sola en ella, la castaña recordó que tenía que informar del castigo a Draco decidiendo buscarlo, encontrándolo en el pasillo junto con un grupo de Slytherin, frente a un molesto Snape.
-Señorita Parkinson, le pido que se retire por favor con el señor Zabini, necesito hablar con el joven Malfoy a solas.-se dirigió a la pelinegra.- Y usted señorita Granger, le pido también nos acompañe a mi despacho.
Entraron a una de las habitaciones cercanas del despacho de Snape llena de diferentes botellas y artefactos que Hermione no terminaba de apreciar, mientras que para Draco ese lugar no era nada desconocido, se pararon frente al escritorio del profesor, mientras él se colocaba a lado de su silla.
-Ambos son una vergüenza, ¿Cómo es posible pensar que los castiguen el primer día por causar desorden en la biblioteca? .- habló claramente Snape.
-Profesor, si me permite decirlo fue un accidente.- habló en voz baja Hermione girando la mirada.
-Fue tú culpa, eres tan maleducada que ni siquiera te puedes anunciar para saber que estabas allí, yo no tengo que soportar un castigo por la estupidez de ella.- dijo el chico molesto.
Hermione apretaba los puños con rabia de escuchar el cinismo de Draco, pero el orgullo estaba claro pues él tenía razón, sólo por su ansia y desesperación por obtener su libro los habia implicado sin motivo alguno.
-La profesora Mcgonagall me confirió decirle, Granger, que el castigo de Pince está muy bien refutado y que debería avergonzarse de que tuvieran que castigarla por poner en números rojos a su casa.- miró con una risa de lado a la castaña.- y en cuanto a usted Draco, cumplirá el castigo con Granger por una semana cada mañana, ya que las siguientes clases las comienza conmigo, me permito decirle que no hay excusa en llegar tarde, ¿está claro?.- dirigió la mirada a con arrogancia.
Draco sólo asintió y bajo la cabeza.
-¿Me puedo ir ?.- el rubio hizo una mueca.
-Retírense.
El querido Príncipe de Slytherin salió a paso rápido de allí, azotando la puerta al salir, estaba furioso y mas adolorido que por la mañana.
"¡La única cosa que hacía para calmarme y esa idiota de Granger me lo altera!, no tengo tiempo para castigos ridículos y Snape lo sabe, si accedió a esto, ¿Qué demonios tienes en mente? a menos que..."
Draco no termino la frase, pues un agudo dolor en su espalda interrumpió el pensamiento, aquella parte de él se estaba rindiendo ante la posibilidad de ir con Pomfrey, pero si al examinarlo miraban la marca tendría más problemas que los que ya tenía en que pensar, se contuvo y regreso a su habitación. De lejos, la chica observó como Malfoy caminaba haciendo ademanes y de la nada como se detuvo deteniendo una parte de su brazo con una mano.
"...me sigue pareciendo sospechoso que no quiera pasar sus días en la enfermería como de costumbre...". pensó mientras se dirigía a su siguiente clase.
Terminando su largo día, la chica le contó a Harry sobre el castigo, el pelinegro llevaba mucho tiempo alterado con el tema de Draco y comento un poco sobre sus sospechas del armario con el que miraron interactuar cuando fueron a Diagon.
-Hermione algo trama lo sé, y cuando descubra que él es uno de ellos...
-Se ve diferente, ¿no te perece?.- dijo ella con extrañeza.- se ve enfermo, ni siquiera se ve como él mismo.
-Como es él, quien lo notaría...- calló Harry después de ese comentario.
Por la tarde casi anocheciendo la mente de la castaña no se despegaba del último pensamiento de la plática donde la culpa no le ayudó demasiado. Ya casi era hora de la cena y seguía solo recostada en su habitación, se paró hacía su baúl y sacó algunas cosas para distraerse, en una pequeña caja con pequeñas botellas, le dieron una idea, tomó una y salió corriendo.
Draco durmió toda la tarde esperando la hora de la cena, escondiéndose de Pansy al no querer contestar sus preguntas imprudentes, decidió dar un paseo antes de entrar al Gran Comedor, se dirigió al Lago Negro respirando la poca tranquilidad que tenía, ya que después del suspiro, su cabeza se llenó de todos los oscuros pensamientos que lo estaban atrofiando.
Su tez, su cuerpo y su mente, todo lo que tenía un atractivo se demacraba a falta del sueño y decaía con su estrés; creaba atmósferas mentales en lugares que le daban silencio para sentirse mejor y el descansar la mente no siempre funcionaba.
Mientras Hermione iba y venía por el castillo buscando, intentaba no verse sospechosa cada que veía una túnica negra con verde, ya que esto sería de las cosas más raras que estaban pasando por su mente...
"Tú estúpida necesidad de ayudar... tu estúpida curiosidad, que idiota que te ves...".
Se contradecía y se rengaba pero continuaba caminando en su búsqueda, hasta que rendida se dirigió al Lago Negro antes de cenar, siempre que quería estar a solas terminaba allí, esta ocasión decidió terminar con su batalla mental en aquel lugar.
El chico respiró profundo cerro los ojos unos minutos pero cuando despertó miró la única escena en su vida que jamás desearía tener cerca...
Al llegar la vista de unos mechones rubios dejándole caer en la cara con los ojos cerrados, la embeleso y se permitió admirar la forma apacible de un Draco que conocía.
Malfoy abrió los ojos, incorporándose por sentir una presencia cerca hasta notar quien era.
-¿Qué haces aquí Granger?
-Lo de esta mañana fue mi culpa, llevas todo el día quejándote del dolor, lo he notado, así que como te involucre en eso...- le extendió un frasco y este lo tomó .- tómalo, es para el dolor y te permitirá dormir, practique pociones curadoras en el verano.
-De seguro es veneno y me voy a morir.- respondió Malfoy con una mueca de asco.
-Dame eso gallina.- le arrancó el frasco y bebió un sorbo.- no te morirás, ¿feliz ?
-No la quiero, ya lárgate y déjame solo.
-Eres un idiota Malfoy, aunque ya veía venir esto.-recogió frasco con su mano sorprendentemente, por alguna razón Malfoy no la soltaba.
-¿No te cansas de ser sabelotodo?, dámelo ahora lárgate.- le arrebató el frasco y lo guardo en su túnica.
-Adoró tus modales huroncito.- le dijo con rabia e ironía.- No se porque me moleste, sigues siendo un engreído. Hasta mañana, tómala antes de dormir.
-No son mis modales Granger, es lo tonta que te ves contradiciéndote.- dijo burlándose.- te pido que me dejes en paz y te quedas, eres muy rara para ser tan inteligente.
El rubio se divertía de la escena tan tonta de una forma extraña; la castaña lo miraba con rabia, ya que no distinguía que no estaba bromeando para ella era su acto de buena fe.
"No entiendo porque estoy tomándome molestias con él..."
Se giró de nuevo, analizando confundida aquel día.
"No hay razones para empatizar con ese patán engreído, pero hay algo diferente en él..."
