Malfoy regresó a su habitación antes de finalizar la cena, sabía perfectamente que al día siguiente tendría que asistir muy temprano a la Biblioteca para cumplir su castigo, al llegar, sólo pensaba en la hermosa relación entre el y su almohada esa noche.

"Necesito tener más cuidado con lo que hago...".

Mientras se retiraba sus ropas en búsqueda de su pijama, en el reflejo de la ventana se miraban cada una de la marcas de las maldiciones del Señor Tenebroso que no terminaban de sanar... miró hacia su túnica y recordó el frasco que se encontraba en los bolsillos

"Esa idiota de Granger, ¿Qué fue esa extraña interacción conmigo? , sus raros remordimientos, no pierdo nada esperando que esta pócima funcione"

Tomó dos sorbos del frasco y se quedó con un pensamiento vago sobre su tarde en el Lago Negro.

"...si muero ahora al menos no tendré que preocuparme de más cosas..".

A la mañana siguiente cierta castaña recorría los pasillos molesta por la conversación de la noche anterior, no pudo dormir, sólo se renegaba así misma lo sucedido en su peor primer día pero cruzar las puertas de la Biblioteca, Madame Pince la esperaba con la mirada firme.

-Buenos días Granger.- le dijo.- ayer, después que me dejo con el desastre en el piso, tuve que reacomodar todo. así que ya no es necesario que se molesten por esa parte, por el contrario me ayudarán con una tarea diferente, el señor Malfoy la está esperando en la entrada de la Sección Prohibida.- le señalo la parte restringida del lugar y la cabeza del rubio estaba recargada en la pared en su espera.

Se limitó a seguir el camino apretando los puños, su humor y la forma arrogante en que la mujer se dirigía a ella le estaba colmando la paciencia.

Los ojos grises de Malfoy se giraron ante ella, esa mañana se miró de muy buen humor, durmió como nunca en sus últimos meses y tenía un gran estado de relajación.

Una idea le surgió mientras veía la Sección Prohibida en la espera de la castaña, su objetivo era que de forma discreta, pudiera tomar el libro de Artilugios Oscuros Encantados y mirar alguna forma de reparar el armario que comenzó su plan en el verano, la vio llegar y solo levanto las cejas con ironía.

Lo odio cuando le sonrió con un maldito encanto de "chico malo", le hizo bajar la mirada exactamente cuando le dio la espalda, era cínico e irónico tener un pensamiento encantador de un presuntuoso como él, se sintió culpable mientras veía como los labios de Madame Pince le daban indicaciones e intentaba tratar de no mirarlo, no prestaba atención solo a sus pensamientos que cada vez la ponían más incómoda.

-...me quedaré aquí observándolos, mientras hacen el acomodo correcto y retiran el polvo.- dijo mientras les daba unos pedazos de pergamino.- y por favor entreguen sus varitas, todo será sin magia.

Draco extendió su varita al igual que Hermione, comenzando su laboriosa tarea.

Los estantes estaban llenos de polvo y su olor detonaba lo viejos que eran, se dividieron por lados y comenzaron a trabajar. Pasaron toda la mañana con el megáfono puesto a un volumen moderado, mientras Madame Pince estaba atenta a ellos.

La castaña intentaba no quedarse hojeando los libros mientras anotaba los datos requeridos en el pergamino mientras por el otro lado el rubio se concentraba en ser muy precisó con su tarea. La serenidad en el rostro de Malfoy, hizo que Hermione le mirará de reojo de vez en cuando, podía ver cómo lo hacía todo en un tiempo definitivo y como apuntaba todo con rapidez, mientras que ella al mismo tiempo cortaba sus pensamientos incomodos para proseguir.

Madame estaba atenta y sorprendida, al verlos tan concentrados les comunicó que traería un poco de té para poder tener un descanso.

Cuando se retiró, Malfoy rápidamente tomó el libro que localizó desde iniciada su labor y copió en un pergamino las cosas que requería de forma tan sutil qué la castaña no viera una actitud diferente; una vez terminado, deslizó finamente el pedazo por su túnica y continuó. Justo en el momento que su pluma volvería a tocar el tintero la bibliotecaria lo llamó...

-Señor Malfoy...- el rubio se inmutó y un escalofrío recorrió su espalda tratando de no bajar la miraba sin cambiar el semblante, contestó:

-Dígame...

-Quiero decirle que tiene una caligrafía impecable, es grata de apreciar.- dejó un té y galletas en una mesa cerca.-...Señorita Granger, pasen ha tomar algo, por el momento han cumplido bien su castigo.- llamó mientras se dirigía hacia ella.

Draco respiro lentamente, camino hacia dónde estaba su té, lo tomó de pie y se sentó en un duvet lo más lejos de la situación.

-¿Puedo retirarme?.-comentó el rubio un poco incomodo.

-Retírese Señor Malfoy, misma hora mañana, si continúan como hoy muy probablemente terminemos en 2 días.

Salió presuroso a su Sala Común, apretando con todas sus fuerzas el pergamino de su bolsillo.

Después de salir del castigo y tomar un baño para comenzar su día escolar, Hermione intentaba concentrarse en lo que sucedió por la mañana...

"...hay algo distinto al que vi ayer por la noche... Espera..."

Su monólogo mental estaba siendo interrumpido cuando al bajar a la Sala Común, Ron estaba esperándola y se acerco sigiloso hacia ella.

-Supe que tuviste tu castigo con Malfoy... espero no te haya molestado ese hurón.- le dijo con las manos en los bolsillos.

-No, bueno no más de lo normal.- comento con un ligero sonrojo.

-Ven vamos a desayunar, Harry aún está preparándose... ¿podrías ayudarme con mi tarea de Pociones?...- le dijo con una sonrisa baja y graciosa.

-Sabía que no podía ser tan bueno esto...- suspiró resignada.

-¿Qué? Solo quiero tu apoyo... no te estoy pidiendo que lo hagas por mi.

-¡Está bien! Nunca cambias Ronald.- y sonrió por las muecas del pelirrojo, sintiendo una agradable sensación de esa conversación y de quitarse todos sus pensamientos de la mañana.

Pasaba el día, las labores del rubio seguían manteniéndolo de excelente humor.

"...le debo a esa sangre sucia el favor de hoy me sentirme tan bien... No se merece que le de el gusto, pero la verdad estoy tan bien que no me interesa hacérselo saber... ¿Por qué ella haría algo así por mi en primer lugar..?"

El rubio hizo una mueca de extrañeza muy profunda y negó la cabeza.

"¿Sabes qué Malfoy?, ya deja de pensar en tonterías, pero de verdad necesito otra dosis de esa cosa que me dio, necesito estar lo más claro estos momentos con todo lo que tengo que hacer...". Así que tomó un pedazo de pergamino, escribió algo y se retiró.

Una vez en clase de Pociones, los leones y las serpientes entregaban sus tareas mientras hacían prácticas de nuevas pociones que indicó Slughorn.

Al término de la clase todos fueron retirándose y Hermione se quedó acomodando todos sus libros y apuntes para llevar todo su impecable orden; la molestia persistía con Harry respecto a su "nuevo libro" pero parte de ella seguía satisfecha de su trabajo honesto, así que continuo tranquila.

Mientras tanto unos ojos grises miraban esa escena de forma frustrada e incómoda, caminaron decididos hasta allí, chocando con intención con el libro sobrante en la mesa.

-¿Enserio me tienes que estorbar todo el tiempo Granger?.- recogió el libro del suelo mientras lo abría y lo hojeaba sarcásticamente.- Tienes un serio problema con el orden.

-¡Soló dámelo Hurón!.- contestó molesta.

La miró estresada, él comenzaba a jugar directamente con su altura poniéndolo en alto, enfadada comenzaba a desesperarse saltando mientras él se reía

-Eres muy aburrida cabello de león.- concluyo regresando así el libro en la mesa.- me voy, pensé serias más divertida, pero mejor molesto a los de primero.- y salió del aula dejándola sola.

En ese nuevo acomodo, uno de sus libros tenía un pedazo de pergamino sobresalido...

"Yo pensé que había sacado todas mis notas de entre los libros..."

Al abrirlo, la sorpresa de una bella caligrafía que ella reconocía contenía las únicas palabras que jamás imagino ver en un papel...

"Gracias..."