La mezcla del aroma del cambio de estación baño aquel fin de semana el castillo que se preparaba para las pruebas de los equipos de Quidditch de Gryffindor y Ravenclaw.
Hermione despertó, se arregló quería desayunar a solas en silencio, tomar un té y darse un respiro de todo lo que sucedía. Tenia una jaqueca enorme, su mente se buscaba desenmarañar la notable atención al Slytherin los últimos días.
Ron apareció en el Gran Comedor con su equipo de Quidditch puesto, tomó un sorbo de jugo de calabaza y se fue sin notarla, el tenía la cara pálida dirigiéndose al campo. Ella, salió con unos panecillos en su bolsillo y un libro en la mano, había recordado que le prometió a sus amigos que vería la práctica desde la gradas.
Al ser ignorada por el pelirrojo, un desagrado interno le hizo pensar de nuevo en sus interacciones, recordaba múltiples veces que Ron la quiso impresionar con sus conocimientos tontos y las remontadas ocasiones le gustaba pasar tiempo con ella, a lo cual la castaña había comenzado a experimentar ciertos sentimientos por él, en sus adentros mientras pasaba tiempo con el chico mantenía muy al margen todo ello ya que Ronald simplemente era agradable todo el tiempo y sentía que lo malinterpretaría.
Al llegar a las gradas, sintió una mirada peculiar desde el campo de un castaño, su nombre era McLaggen, arrogante y molesto varias ocasiones intentaba llamar su atención por alguna razón y ella se frustraba de ello. Las pruebas comenzaron, Ron logró acertar todo de formas muy torpes con nerviosismo mientras algunos aplaudían de el otro lado de las gradas, con vigor una castaña risueña gritaba su apoyo al pelirrojo; en el turno de McLaggen la perfección de sus movimientos hicieron que Harry y Ginny se miraran asombrados temiendo que la actuación de Ron le quitara el puesto de guardián.
-Confundus...- y el castaño falló, dándole una enorme satisfacción a Ron.
mira...- Ginny le señaló al pelinegro a Hermione, que murmuraba algunas palabras y luego fingía volver a su libro.
-...Vaya, vaya...
La noche anterior, después del encuentro con Granger dejó escenas extrañas sobre su cabeza, había sido complicado el reparar el armario y tener que lidiar con la Gryffindor la misma noche; al despertar por la mañana comunico al equipo de Quidditch que ese año no sería más su buscador y tomarse la tarde libre después de tanto tiempo, se desvió al despacho de Snape para hurtar los ingredientes de las pociones.
"...Serpensortia..."
El gabinete se abrió, vacío en sus frascos algunos ingredientes, no sin antes ir al salón de Pociones con algunos frascos.
"Necesito encontrar una forma en que Snape no sospeche lo que estoy haciendo...y creo que ese caldero puede ayudarme". Tomó un poco de la Poción Multijugos.
La selección del equipo concluyo, el trío se retiró a festejar la reincorporación de Ron y Ginny mientras en el camino Lavender y Parvati le pasaron rosando al pelirrojo sonriendo como tontas a lo cual Ron reaccionó coquetamente, Hermione al notarlo y sintió una extraña mezcla de molestia en su interior.
En este punto Harry notó a la chica y la retuvo para entender la situación.
-¿Qué pasa? -preguntó ella.
-Lo he estado pensando -contestó él en voz baja-, y yo diría que a McLaggen le han hecho un encantamiento confundus y estaba justo delante de donde tú te habías sentado.
-De acuerdo, fui yo .-confesó ella ruborizándose-. ¡Pero tendrías que haber oído cómo hablaba de Ron y Ginny! Además, tiene muy mal genio ya viste cómo reaccionó cuando no lo elegiste. No te interesa tener a alguien así en el equipo.
-No -admitió Harry-. No, supongo que tienes razón. Pero ¿no crees que ha sido un proceder deshonesto, Hermione? Recuerda que eres prefecta.
-¡Va, cállate! -le espetó ella mientras él sonreía y seguía con su camino.
Las últimas semanas las jaquecas no cedían en su cabeza, la milagrosa pócima de Granger se había terminado, pasó días encerrado evitando ir a clases o simplemente fingiendo enfermedad para descansar a ratos aunque por las noches intentaba hacer las infusiones para volver a sentir la calidez de aquel día que durmió con placidez.
"...tiene ingredientes muggles... puede ser ese mi error al sustituirlos".
Ya no podía concentrarse en los deberes, tenía muy presente que si seguía fallando cuáles serían sus consecuencias, cada fin de semana recibía entre su correspondencia algunas cartas sobre el proceso de la misión, su tiempo no era eterno y por ahora la gran carga de deberes atrasados no iba a permitirle entrar de nuevo a la Sala de Menesteres.
Tomó un pergamino y comenzó hacer la lista de opciones que podían ser viables ante las situaciones que se encontraba, llegando a la conclusión escribió una carta a su madre:
"...Querida madre, espero puedas recoger un encargo en callejón Diagon, ya que es de suma importancia para mis labores en la escuela.
Estoy intentando acostumbrarme a todas mi responsabilidades, te imploro paciencia para poder comunicarme contigo.
DM
PD. Los Ópalos están muy opacos deberías llevarlos a pulir "
La temporada de otoño muy pronto terminó, el cambio de estación se convirtió en blanca nieve que rodeaba los terrenos de Hogwarts, donde Hogsmeade se convertían en una travesía con los caminos llenos de nieve y fuertes corrientes de aire.
Por la tarde en aquellos fines de semana un incidente dejó marcadas las salidas al tranquilo pueblo; Katie Bell, la cazadora del equipo de Gryffindor encontró un paquete en el baño de las Tres Escobas con mucha insistencia de regresar al colegio sin alguna razón que al abrirlo por curiosidad culmino embrujada por su contenido.
Aquella escena tan extraña fue visualizada por el trío de oro a lo lejos que fue llamado por la profesora McGonagall a tomar su declaración.
Harry al tiempo, le compartió a la profesora sobre sus sospechas, creando un tenso momento al comunicar su principal sospecha.
-Creo que Draco Malfoy le dio ese collar a Katie, profesora.- afirmó Harry con seguridad
El silencio fue claro, Ron puso los ojos en blanco estresado y Hermione por otro lado arrastró los pies como si deseara poner distancias, era ilógico pensar que el pelinegro seguía enfrascado con querer culpar a Draco con todo lo malo que pasaba.
"Es imposible que Draco sea tan drástico..."
-¡Ya basta! -se impuso la profesora-. Potter, te agradezco que me hayas contado esto, pero no es posible acusar al señor Malfoy únicamente porque visitó la tienda donde tal vez se comprara ese collar.
-Pero...
-Es más.. -prosiguió McGonagall, adoptando un tono inapelable.-hoy el señor Malfoy no ha ido a Hogsmeade.
La respuesta le provoco al pelinegro un inmediato silencio; la castaña respiro profundo, ese lío de Malfoy "el Mortífago" la estaba sacando de quicio y muy en sus adentros disfrutó el escuchar las siguientes frases de la gran bruja.
-¿Cómo lo sabe, profesora?
-Porque estaba cumpliendo un castigo conmigo. Ya van dos veces seguidas que no entrega sus deberes de Transformaciones de modo que gracias por comunicarme tus sospechas, Potter -añadió al pasar por delante de los muchachos-tengo que subir a la enfermería para ver cómo evoluciona Katie Bell. Que tengan un buen día.
Harry, molesto se dirigió a la Sala Común mientras que Ron y Hermione se miraban extrañados de la extraña obsesión que tenía el joven, después del incidente, tomaron la decisión de ignorar por completo al pelinegro con sus sospechas hacia el rubio.
Los siguientes días, la tensión por el primer partido de Quidditch estaba en el aire, Gryffindor contra Slytherin, ponía a ambos equipos en pro de derrotar a su eterno rival. Durante las clases antes del fin de semana del partido, el trío permaneció tranquilo.
Hermione comenzaba a sentir una paz increíble al estar con Ronald, conversando de forma común sin gritarse, lo cual le hacía tener un confort interno que la ponía de buen humor. Todo parecía bien, y ella lo disfrutaba pero aquella tranquilidad fue rota hasta que antes del partido en la clase de Herbología, la castaña le compartía las noticias a Harry sobre la Fiesta de Navidad del Club de las Eminencias, a lo cual, Ron molestó, refunfuñó groseramente.
-...Podemos llevar invitados -replicó Hermione ruborizándose-, y yo pensaba pedirte que vinieras pero ya que lo encuentras tan estúpido, ¡se lo pediré a otro!
-¿Ibas a pedírmelo a mí? -preguntó Ron.
-Sí -contestó ella, enfadada-. Pero ya veo que prefieres que ligue con McLaggen...
Culminó su trabajo rápidamente y salió del invernadero aún más molesta.
La mañana del partido la abigarrada mesa de Gryffindor, se veía como una masa compacta roja y dorada. Pasados unos minutos llegó Hermione, estaba harta del desagradable comportamiento de Ron que no había decidido no bajar con ellos, tomándose unos minutos mas tarde para incorporarse a la mesa, de mala gana pregunto:
-¿Qué tal están?
-Muy bien -contestó Harry.- Venga Ron, bébete esto.
A regañadientes, Ron cogió el vaso cuando de pronto Hermione exclamó:
-¡No lo bebas!
Ambos la miraron.
-¿Por qué? -preguntó Ron.
Hermione miró a Harry como si no diese crédito a sus ojos.
-Le has puesto algo en la bebida -lo acusó.
-¡Pero qué dices! -repuso Harry.
-Ya me has oído. Te he visto. Le has puesto algo en la bebida. ¡Mira, todavía tienes la botella en la mano!
-No sé de qué me hablas -repuso Harry, guardándose rápidamente la botellita en el bolsillo.
Molesta comenzó a presionar al pelirrojo sobre la situación.
-¡Hazme caso, Ron, no te lo bebas!
-Deja ya de mangonear.-le respondió la comadreja.
-Deberían expulsarte por esto. ¡No me esperaba una cosa así de ti!.- le dijo molesta a Harry en el oído.
-Mira quién habla -le susurró él-. ¿Has hecho algún confundus últimamente?.
Echando chispas, se dio media vuelta y fue a buscar un asiento lejos de ellos, al borde de la parte plateada y verde se distrajo buscando signos de aquel rubio arrogante. En una esquina nada notable, aquel chico comía plácidamente mientras leía sin darle importancia a nadie.
El partido transcurrió y la castaña no disfrutaba nada la gloria de su equipo sabiendo la verdad de su éxito, por lo que el resultado ampliamente favorable a su casa no fue una sorpresa; al final suspiró resignada al que sus compañeros habían hecho un trabajo brillante y se dirigió a felicitarlos a los vestidores, entre virotes y aplausos se dirigió a Harry, que estaba junto a su pelirrojo amigo quien al verla decidida hacía su dirección dijo:
-¡Esta mañana le has puesto Felix Felicis en el zumo a Ron, por eso lo ha parado todo!.-la imitó en son de burla-. ¡Pues mira! ¡Resulta que sé parar lanzamientos sin ayuda de nadie, Hermione!
-Yo nunca he dicho que no sepas... ¡Ron, tú también pensabas que te la habías tomado!.- gritó enfadada por la sátira a lo que el pelirrojo se había marchado con la escoba al hombro ignorándola.
-Vaya... -dijo Harry en medio de un tenso silencio-. ¿Qué, vamos a la fiesta?
-¡Ve tú! -le soltó Hermione conteniendo las lágrimas-. Estoy harta de Ron, no sé qué se supone que he hecho mal...
Mientras todos festejaban, la castaña tomó valor de entrar a su Sala Común con esperanza de sólo disfrutar el momento y olvidar todo, pero a la vista de todo el mundo, Ron y Lavender Brown se abrazaban con tanta pasión que costaba distinguir de quién era cada mano.
Aquella escena, junto a los sentimientos de molestia que tenía le nublaron por completo su vista en lágrimas, dolor y una rabia inmensa; saliendo rápidamente a través del hueco de aquella pared buscando un lugar donde refugiarse de su pesar. alguien contempló el camino estela de la sombra de la chica y se dispuso a seguirla.
-¡Hermione!.-gritó Harry en la oscuridad.
La encontró en la primera aula que no estaba cerrada con llave, se había sentado en la mesa del profesor y la rodeaba un pequeño círculo de gorjeantes canarios que había hecho aparecer de la nada.
-¡Hola, Harry! -lo saludó ella con voz crispada-. Sólo estaba practicando.
-Sí, ya veo... Son... muy bonitos. -el chico no sabía qué decir.
-Ron se lo está pasando en grande en la fiesta.- mientras lágrimas silenciosas caían en sus manos
-Hum... ¿Ah, sí?
-No finjas que no lo has visto. No puede decirse que se estuviera escondiendo, ¿no?...
En ese instante se interrumpió, el llamado al abrirse la puerta del aula y en el marco de la puerta, Ron riendo y arrastrando a Lavender de la mano.
-¡Oh! -dijo el muchacho, y se paró en seco al verlos.
-¡Uy! -exclamó Lavender, y salió riendo del aula. La puerta se cerró detrás de ella.
Se impuso un silencio tenso e incómodo, Hermione miró fijamente a Ron, eludiendo su mirada, dijo con una curiosa mezcla de pena y torpeza:
-¡Hola, Harry! ¡No sabía dónde te habías metido!
Hermione bajó de la mesa con un movimiento lánguido, la pequeña bandada de pájaros dorados siguió gorjeando y haciendo círculos alrededor de su cabeza.
-No dejes a Lavender sola ahí fuera -dijo con calma-. Estará preocupada por ti.-Y caminó despacio y muy erguida hasta la puerta.-¡Oppugno!.
La bandada de pájaros salió disparada como una ráfaga de balas doradas hacia Ron, que soltó un grito y se tapó la cara con las manos.
-¡Hermione, por favor! -suplicó el muchacho, pero con una última mirada rabiosa y vengativa, ella abrió la puerta de un tirón y salió de allí.
Corrió sin dirección esperando que la falta de respiración le quitara el peso que le oprimía el pecho, sin tener conocimiento de cómo, se encontraba a los pies de la Torre de Astronomía.
Aquella noche los gritos de Gryffindor resonaban a lo ancho del castillo; Draco Malfoy desde lo alto de la Torre de Astronomía veía la nada, relajando su mente, la noticia del collar maldito y cómo una estudiante casi muere por el contacto, le quitaron el apetito por completo.
"Un inocente". Es lo que pensaba...
Pensaba cómo pudo haber sucedido aquella situación y analizaba cómo Potter lo miraba minuciosamente cada vez que tenían algún encuentro.
"El cararajada está sospechando de mi... necesitó poner en prueba algunas cosas que sean más discretas"
Respiro hondo, desde allí al menos los ecos de los gritos ya no eran no tan audibles y relajó su cabeza en la pared en dirección al Bosque Prohibido. Ya no se sentía como el chico que fue la primera vez allí, ahora su mundo se limitaba a cosas tan diferentes que ni todos los placeres de su vida le darían algo de calma ante la tétrica situación que se encontraba...
"...un inocente..."Sus pensamientos fueron detenidos por los pasos que llegaban a la parte superior de la Torre donde se encontraba.
Allí en medio de las estelas de luz de Luna, una silueta se dibujo. Hermione subió lentamente los últimos escalones sollozando con lágrimas silenciosas, sin notar la presencia que la miraba.
Se acercó al extremo del balcón y se quedó mirando a la nada sin dejar de llorar en silencio.
-¿Qué estás haciendo aquí Granger?.- La seca voz de Malfoy la saco de su visión.
-No... te... no tengo ganas de darte explicaciones, déjame en paz.-dijo pausada y lo ignoró.
Aquel comportamiento a la vista del rubio le provocó una incertidumbre aún más grande, pues la chica no lo ofendió como solía hacerlo y la curiosidad de saber que estaba pasando lo empujaba más a preguntar.
-Yo llegue aquí primero, así que tengo el derecho de pedir una explicación.
-¡No!, ni siquiera deberías estar aquí, está prohibido
-¡Lo mismo digo!, pero aquí vemos a la san perfecta rompiendo las reglas por lloriquear de seguro por una nota.- le dijo en su tono de burla.
Hermione explotó y soltó un quejido, apuntó de sacar su varita pensó en hacer algo pero las fuerzas no le dieron para soportar a la serpiente en aquella situación. Miró hacia las escaleras y decidió irse a otro lado.
-Te pregunte sólo que hacías aquí, no te dije que te largarás.- detuvo el rubio a la castaña.
-¿Podrías sólo esta ocasión dejarme sola? Estoy harta de todos hoy.- se quedó en el escalón.
-¡Uh! ¿También de san Potter y la comadreja?.-rio con ironía mirando el cambio de expresión al mencionar al pelirrojo.- ¡Aha! ¡Así que fue Weasley!
Los ojos de la castaña se abrieron como platos, el rubio estaba acertando todo al ver sus expresiones y el punto de huida parecía cada vez más lejos.
Draco miró la Torre de Gryffindor, observó cómo en las escaleras Ron y Lavender se comían las caras de forma extraña sin poder hallar la forma de la situación.
Hermione dirigió su vista donde él miraba y aquella escena le dio de nuevo una punzada en sus estómago, tirándose por vencida en las escaleras ya era suficiente por hoy para ella.
-¿Estás llorando por eso?.- la burla de Draco con una sonrisa de medio lado, le dieron una grata satisfacción acercándose donde estaba ella.- Granger no seas patética, llorarle a una comadreja como Weasley es bajo incluso para una sangre sucia como tú.
-¿Tú no sabes cuando parar verdad?.- la cara de amargura hinchada del llanto parecían no ser aún un letrero que le pidieran a Draco detenerse.
-No soy estúpido, tú eres la que te estás viendo como una. No hay que ser muy inteligente para saber que ese tipo no esta a tu alcance y tú no tendrías que rebajarte por simpatía.- las palabras de Malfoy hicieron mirarlo desde abajo mientras él se inclinaba.- tú al menos eres una matada, él no hace nada por ser algo, vamos Granger no seas patética.
Le tendió la mano con un pañuelo verde esmeralda, ella lo tomó y miró las delicadas iniciales en su costado bordadas en plata.
-¿Qué estabas haciendo aquí?.- le dijo la castaña evitando la situación.
-Desde la mañana el clima fue favorable y si ves las estrellas hoy está a la vista una constelación, Scorpius.
-¿Me vas a decir que eso era lo que estabas haciendo? No te creo.
-No seas insolente, mi familia tiene gusto por eso, es de las pocas cosas que me gustan.- y se giró abochornado de la forma en la que estaba compartiendo aquello.- no tengo que seguirte dando explicaciones, me largo.
Draco salió bajando las escaleras con ímpetu, mientras Hermione notaba como las lágrimas de su cara ya no salían de la misma manera.
Guardo el pañuelo y se acercó a mirar al cielo desde el balcón, era cierto, mientras la Luna atenuaba su luz la constelación de Scorpius miraba a lo lejos los terrenos de Hogwarts.
