Se podía apreciar un agradable clima para aquel bello día, el despertar de los estudiantes que se quedaron en la escuela era prometedor ya que visitarían Hogsmade, y podrían regresar al castillo un poco más tarde de lo normal.

La profesora McGonagall encabezaba junto a los prefectos la travesía y exponía las indicaciones especiales de aquel día.

-...y si alguno quiere regresar antes, no duden en volver por el camino de siempre, cualquier problema comuníquenlo a los prefectos encargados.- miró a Hermione y Draco.- los dejó. Estaré en las Tres Escobas con los demás profesores. Por cierto señorita Granger, su madre le mando esto.- y le entrego un saco rojo.- con permiso.

Hermione miraba a Draco con extrañez ya que se veía algo inquieto.

-...se que no quieres que nos vean juntos pero...¿Tienes algún plan?.- dijo la chica en un susurro mientras miraba a otro lugar.

-...de hecho sólo estoy esperando que se dispersen.-y miró hacia ambos lados.-debo recoger el regalo de mi madre, se me ocurre que des una vuelta y te veo en uno de los cubículos personales de la casa de Té, comemos algo y luego nos dirigimos a otro lugar.

-¿...no será raro que estemos solos los dos?

-McGonagall nos dejó a cargo, ese puede ser el pretexto, "estamos atendiendo su encargó por si nos necesitan".- la miró con sutileza.- Hey... no pasara nada, enserio por esta vez no quiero pensar en nada que no sea estar bien...-he hizo un silencio.-...contigo...

Salió apresurado del lugar dirigiéndose a las tiendas cercanas.

Hermione pudo notar el sonrojo, por la sinceridad del rubio que la conmovió, en ese momento suspirando aliviada de saber que él estaría un tiempo lejos; era hora de poner en práctica su plan, ese día quería comprar a Draco un detalle por Navidad, sabía que ese año para él era muy diferente y realmente quería hacerlo sentir tranquilo ese poco tiempo que estarían así, miró su reloj y se apresuró a su lugar añorado.

Mientras caminaba un pensamiento taladraba sus sentidos... lentamente mientras sus pies se hundían en la nieve, finas huellas se marcaban y se veía en ellas cómo dejaban marcas en el piso; esa situación, la marcaba de la misma manera...

Ella no sabía que sucedería una vez que todos regresarán, sabía que Harry estaba obsesionado con saber que planeaba y ella no iba a estar indagando sobre el plan para no hacer que Draco perdiera la compostura.

Comprendía lo duro de la situación y cómo le afectaba al chico realmente todo lo que pasaba, pero también entendía que algo no estaba bien y las sospechas de Harry eran más reales cada vez, estaba entre la espada y la pared, río al darse cuenta de la conciencia...estaban en el mismo barco...tanto Draco como ella.

Desde la fiesta de Slughorn cuando se miró en los lagos de mercurio de Malfoy, se dio cuenta que su odio y sus peleas eran nada; era el orgullo mismo hablando por dos seres que eran igual de arrogantes y orgullosos pero criados diferente manera; ella se miró en él y supo perfectamente que él podría ser quién le mostrará todo aquello que complementará su intelecto, era un reto intentar interactuar con Malfoy, era el reto que debía ganar.

Suspiró dejando los pesares y entró a la librería a encontrar su cometido.

Draco caminaba contra un viento helado en su cara, maldijo el ambiente, aun hacia mucho frío. Sus pensamientos los mantenía lo más serenos que podía, se prometió a él mismo que esos pocos días no permitiría a nadie quitarle lo único que él mismo tomó por decisión. Ya tenía mucho trabajo lidiando con su orgullo y el cómo rayos terminó en un romance con Granger, pero ya en este punto no le molestaba pensar en ello; él tomó esa decisión, y le estaba dando vida a algo que dentro de él, desde ese año se comenzó a morir hasta esa cena de Navidad.

Él, no sabía que sucedería una vez que todos regresarán y que él tuviera que seguir su misión, sólo sabía que esos días, serían de él y nada más, que si moría o fallará tendría ese dulce sabor de haber vivido a su manera. Llego a una tienda algo vieja y busco con esmero aquello que tenía en la cabeza para la velada de mañana.

Hermione llegó al salón de té y reservó la mesa más lejana para estar agusto, sus presentes los tenía envueltos y preparados para su regreso al castillo; con emoción miraba la puerta esperando ver al aquel alto joven con su gabardina negra y larga bufanda entrar.

La llegada de Draco fue sorprendida con una tormenta de nieve, lo puso de mal humor ya que su próximo plan se vería suspendido, pero le dio un respiró de paz al mirar el salón completamente vacío para privacidad de ambos.

-¡Llegaste justo a tiempo hurón!.- le dijo Hermione con una sonrisa.

-No pensé que este viento trajera una tormenta tan fuerte; McGonagall nos pedirá regresar a todos al castillo cuando se calme.- se quitaba su gabardina y dejaba a un lado las cajas de paquetes que tenía.

-¿Encontraste todo?

-Si, mañana enviaré a mi búho con mi madre.

La mesera llegó a tomar sus órdenes y al llegar los alimentos ambos comieron tranquilamente en silencio.

Hermione quería hacer muchas preguntas, mientras Draco comía con serenidad y disfrutaba sus platillos.

Al llegar al postre, con dos taza de chocolate caliente y unos pastelillos; la mesera señala el adorno del techo donde se acerca y dice:

-¡Jóvenes afortunados! el muérdago está debajo de ustedes.- y se retiró.

Hermione se miró roja en el reflejo de la taza, mientras el rubio comenzaba a tomar de forma apacible, al dejar el trago tomó un ligero respiro y tomó la mano de Hermione por encima de la mesa.

-¿Estamos juntos sabes? Deberías de dejar de hacer caras tan raras.- acercó su silla para estar junto a ella.- si te tranquiliza, cuando nos vayamos puedo borrarles la mente para que no sepan que estuvimos aquí...

-¡No Draco! Es sólo que...-respiró hondo.- Para ti esto es más sencillo sabes?, tienes a la tonta de Pansy a tu lado meloseandote y coqueteando, yo soy muy seria ante esas cursilerías de mostrar afecto en público...

-Excelente!, a mi realmente se me hace patético hacer todo como Brown y Weasley que son... asquerosos...

Hermione tomó su trago y suspiró al darse cuenta que aunque decía que no, esperaba algo más "romántico" de parte del rubio en este punto, miró su mano y notó cómo él seguía tomándola delicadamente, así que sonrió.

-¡Me permites preguntar algo?...

-Depende...

-Sólo quiero saber si esto no es algo pasajero para ti...

Se quedó callado y la miró serio, sintió como su mano perdía el calor de esa blanca palma, pero no se inmutó.

-...eres una idiota Granger. Mejor ya no preguntes nada.-silencio tomando de aquella taza.

La castaña se resignó a darse cuenta que no era el momento y que ni siquiera quería hacer ese tipo de pregunta. Su verdadera intriga radicaba en los gestos que tuvo desde la noche anterior y el que lo tenía tan preocupado desde que comenzó el año, ella sabía que era algo más que su iniciación de Mortífago, algo escondía...

Terminaron el postre cuando Draco se adelantó a pagar la cuenta, al regresar, tomó el abrigo de Hermione y le ayudó a ponérselo con delicadeza.

La chica sintió su corazón latir el ver como él era tan recatado y educado con ello, miró hacia arriba donde el muérdago florecía aún más, se acercó a él y mientras se abrochaba el abrigo le besó los labios suavemente.

-Es para la suerte.- Y le estiró su mano para salir juntos.

Para el rubio fue una sensación cálida que le conmovió hasta la médula, pero no podía mostrar sus sentimientos porque jamás le habían enseñado a comportarse así ante ello, sintió su rostro la una sonrisa y como el frío corazón se llenaba de fuego en su interior.

Al ver la mano de Hermione extendida comprendió que ese episodio ya lo había tenido anteriormente; aquel día del tren cuando llegaron a Hogwarts, Pansy extendió su brazo y él no la acompañó, no era la primera vez que después de mantenerse en su regazo rechazaba a la chica, esa mano era vacía y fría para él, simplemente nunca le nació poder sentir algo con ella, aunque aceptara la atención de ella, él no sentía "esas" emociones; pero esta vez al mirar la mano de la castaña no deseaba otra cosa que poder seguir tomándola aunque muriera, ya no había vuelta atrás.

La tormenta seguía cayendo, pero permitía andar a las personas; el atardecer parecía oscuro a pesar que era temprano para ello. Al llegar al puente, corrieron hacia el Gran Comedor para mirar si los estudiantes estaban allí y su sorpresa fue tal, que ambos estaban aliviados de ver que los alumnos regresaron antes que ellos.

-Necesito ir a cambiarme y dejar mis paquetes... ¿Te veo en la cena?

-...Si y por cierto, si puedes trae un manta contigo, podrías tener frío.-y miró como la castaña se alejaba.

La chica dejó sus paquetes y corrió por la manta que le indicó el rubio, sentía que sensaciones nuevas invadían su cuerpo, se arregló de nuevo pues faltaban unas horas antes de la cena y procuró terminar de envolver los paquetes que tenia al frente; mañana era Navidad y tenía que mandar todos los regalos a casa a tiempo, con mucha dedicación terminó de envolver uno con un papel negro y un gran moño en plata.

El rubio regresó a su habitación que estaba vacía y depositó la pequeña caja en su cajón, el siguiente paquete lo procuró para llevarlo a la lechuceria con su búho, pues su madre estaría muy feliz de aquel presente. La hora de la cena estaba cerca y se preparó para su encuentro con la leona.

Ambos disfrutaron de la cena lejos del otro, mientras que Draco cenaba en silencio, Hermione conversaba con la profesora McGonagall sobre los preparativos del día de Navidad.

La ansia se reflejaba en la leona, esa noche por primera vez tendría un momento a solas con el rubio sin tener que dar explicaciones a los demás y estaba desesperada por saber cual era el plan de Malfoy.

Al terminar, Draco se levantó primero y se dirigió a los campos de Quidditch. Llevaba consigo la Nimbus 2001 y su túnica.

-Calesco...- y una onda de calor derritió la nieve en un diámetro de terreno.

-Veo que si le tienes un cariño real a este campo.- se escucho una voz por lo lejos.

-Desde niño me gustó volar, si pudiera elegir que ser...me hubiera gustado jugar Quidditch profesional...-apuntó Draco hacia su escoba.

Hermione escucho ese verso de la forma más triste y sincera que le había visto expresarse, Draco realmente tenía ambiciones y sueños como cualquier otro ser humano, ese tipo de naturaleza le había regalado a ella el congeniar con él otra forma. Todas las veces que se preguntó el porqué hacía cosas por él, porqué se preocupaba inconscientemente le regalaban un sentido cuando lo escuchaba expresarse así.

Estaba tan perdida en sus pensamientos que no notó la señal del rubio quien le seguía hablando tranquilo.

-... esperó que estés abrigada, el hechizo no alcanza tanta altura para la calefacción.

-¿Es broma verdad?

-Vas a volar conmigo esta noche

-No soy nada fan de volar...-miró aquellos mercurios sabiendo que era una seria invitación.

-Seguro es porque Potter y la Comadreja son unos idiotas...-estiró su mano.- no seas cobarde Granger.

Hermione temblaba más que por el frío, dentro de ella sabía que esa situación la conllevaría a perderse por siempre con él.

El acceder comprobaba que siempre aceptaría los riesgos...ya no había vuelta atrás...

Miro la Nibus 2001 y se sentó de lado abrazándose de él...

-Tienes suerte que la nieve dejó de caer...ahora vamos...

Ascendieron lentamente y despegaron en un andar entre los arcos y las gradas, la leona debía admitir en sus adentros que aquella serpiente era muy buena volando manteniendo el viaje de forma amena. La Luna se mostraba en el cielo dando el ambiente de paz a aquel espectáculo, deteniendo el tiempo y dejando respirar libres aquellas dos almas en esa tempestad.

-Ojalá fuera eterno quedarse así en el cielo.-dijo la castaña abrazándose mientras escondía su rostro en la espalda del chico.-me da mucha paz poder estar así.

Él solo miró al horizonte despejando sus ideas y abrazando con la mano libre las manos de la chica: esta historia era real para ambos y quizás su único apacible momento iba a ser aquel que estaban viviendo con apego.

-Granger...-se detuvo en medio del campo con la luz luna alumbrando y sin despegar la vista del horizonte.- cuando sea libre...dejaremos de escondernos...

-...si...

Giró la cabeza del dueño de sus latidos y lo beso profundamente. Dentro de lo dos sabían que su futuro era cruel, incierto, sin poder prometerse nada. Bajaron de nuevo al suelo, Hermione tomó la mano de Draco y con la otra mano libre le tomó el rostro para decirle.

-No tengo idea desde que empezó el año el porqué toda mi antipatía contigo desapareció, se que tú tampoco eres muy sincero con ello...

-Hermione, la gente como yo no suele ser la más cariñosa ni me interesa serlo, hace unos meses realmente no te veía como alguien que formara parte de mi vida, pero ahora tu maldita insolencia...me mostró que yo no estaba tan muerto como pensaba y eso me basta...-le incitó a sentarse en el suelo.-...tu me bastas...

Y debajo de la noche la nieve caía alumbrada de Luna, dando un brillo a su alrededor que pintaba una luz en tanta oscuridad a tantas dudas...