Navidad trajo consigo alegría y paz al castillo, los árboles de cada una de las casas descansaban a sus pies con regalos para sus residentes.
Draco se levantó temprano mirando los presentes de su madre, junto la carta de agradecimiento de su regalo. Ese día tenía un plan para dar entrega al detalle que tenía en sus bolsillos, pero le fue opacado al ver que la ocupante de la pintura no le permitía pasar a la Sala Común de los leones.
-...Soy prefecto por Merlín, necesito entregar esto.
-Serpiente regresa a tu mazmorra, y aún así, no hay nadie en los adentros de la Sala.
Bufó molesto de la situación pensando en una nueva idea de entregar su detalle y se dirigió al Gran Comedor. Una emoción lo inundaba como hace mucho no sentía, la carta de su madre le brindó calidez y su día se hacía cada vez mejor con cada paso que daba, al llegar pudo divisar aquello que tomaría su mente por el resto del día.
Hermione había recogido sus regalos del árbol y los llevo a su habitación, disfrutó de la soledad de la Torre y se arregló para bajar al Gran Comedor. La mesa estaba centrada, llena del desayuno y miles de galletas navideñas, la chica sonrió muy alegre con el paquete entre sus brazos.
-¡Buenos días! ¡Feliz Navidad!.- les dijo a los profesores que se encontraban en la mesa.
-¡Feliz Navidad Señorita Granger!, es un gusto tenerla aquí.- le dijo Dumbledore.- siempre puntual al desayuno, aunque sus compañeros hoy claramente llegarán mas tarde.
-Está bien profesor, el día es muy bello para aprovecharlo, Profesora McGonagall, Feliz Navidad!...
-¡Feliz Navidad!, Granger sólo tengo un favor que pedirte, encárgate que todos los alumnos asistan a la cena a la 8 pm. Recoge las asistencias y déjalas en mi despacho.
-Claro profesora.- y se sentó a comer sus panqueques adornados por la festividad mientras miraba la entrada esperándolo entrar.
-¿Me permite sentarme a su lado?.- el profesor con larga barba se dispuso a sentarse.
-Profesor será un honor...
-Señorita Granger quiero disculparme por la entrega de su carta, quiero sugerirle que disfrute mucho su estancia y compañía sin preocuparse.- miró por encima de los anteojos de media luna.- su secreto está a salvo, y quiero decirle que me parece poética la situación.
La castaña no podía bajar la mirada al director, él lo sabía. Lo leía en sus ojos, sabía que ella y Draco estaban juntos, no sabía cómo sentirse ni cómo articular alguna palabra.
-Me parece muy afortunada la situación que ambos pudieran quedarse en el castillo; todos tenemos derecho de encontrar la luz señorita. Le menciono esto con la intención que el día de hoy pueda garantizar la entrega de ese bello paquete al joven Malfoy que seguro adorará.- el profesor sorbió su té y tomó un pequeño montón de galletas.- si me disculpa, es hora de retirarme. ¡Que tengan un bello día!
El profesor salió con elegancia dejando a Hermione pasmada ante la situación, descifrando la frases del profesor, cayendo en cuenta que quedarse en el castillo no fue para nada una coincidencia. Sonrió alegre de entender que podría vivir su felicidad al menos por esos días y tomó la decisión de no comentarle a Draco que él director sabía sobre ellos.
Lo miró entrar e intercambiaron cómplices miradas de tranquilidad, como si nadie se encontrara en esa habitación, el rubio le dedicó una sonrisa y se colocó a lado del Snape como todos los días. En unos minutos los jóvenes estudiantes que disfrutaban la estancia en el castillo bajaban en pijamas y grandes suéteres a desayunar haciendo el ambiente ameno; la sinfonía de platos y cubiertos, pláticas armoniosas hacían una utopía del gran día en Hogwarts.
Draco se levantó y miró a la chica dándole entender que esperará, mientras los demás se retiraban. Los pasillos volvían a estar solos, en un silencio hasta que fueron interrumpidos por los cánticos de Peeves burlándose de todos en el castillo.
Espero en el marco de la entrada del castillo, cargando el paquete alegremente entre sus brazos. Parecía una niña pequeña ilusionada y aunque odiaba ese dulzor de la cursilería, podía sentir su corazón latir por entregar su presente.
Llegó con ella y decidió llevarla a la Torre de Astronomía; en el camino ambos se sentían diferentes entre tanto silencio. El rubio por su parte la miraba de reojo, la sensación de volver a besarla como aquella noche lo estaba consumiendo pero el hábito de sus modales, no dejaban desatar sus sentidos a la leona.
Mientras ella era una niña pequeña esperando crear una ilusión ese día, al llegar al piso superior se posicionó en el balcón a respirar el aire fresco y sonreír ampliamente.
-Draco, Mira...
El paisaje era bellísimo y el aire fresco permitía un olor a pino que inundaba el ambiente.
La siguió mirando de reojo y se dio cuenta de lo frágil que era la vida en ese instante. Los momentos que llegaban a su cabeza de todas las veces que la ofendió, o que intentaba herirla se resumían a que estaba allí con ella dándose cuenta que le daba vida sin entenderlo.
-Perdóname por todo lo qué pasó antes... no merecía llamarte sangre sucia hace años...
-...me heriste demasiado... pero quiero que entiendas algo...- y se acercó a él lentamente.- este año me di cuenta de lo humano que realmente eres, tus hábitos, tus miedos... Draco, siento que muy dentro de mi la razón por la que no soportaba tu presencia antes de tus insultos es que me recuerdas a mi...
-Hermione...
-Tú realmente buscas ser el mejor y alegas serlo... Merlín sabe que yo adoro ser así, ser una insolente.- respiró y lo miró fijamente.-...la diferencia es que nunca me di cuenta de lo preciso que era el parecido hasta que ya no te molestabas en insultarme, verte tan mal atrajiste mi lado más vulnerable.
Se miraban en un ambiente apacible, y Hermione estaba demasiado convencida de decirle todo aquello que guardaba desde la cena de Slughorn.
-y cuando vi la Marca, el cómo lloraste por amor a tu madre... a tu existencia... allí vi quién eras y tienes el mismo dolor que cualquiera de nosotros en esta guerra, proyectas el mismo valor y orgullo que tú casa, y me motivaste a que por una vez pudiera ser yo sin complacer a alguien ...a sólo vivir mi vida antes que acabe en estos oscuros tiempos...
Draco estaba atónito, entendió todo... como ella explicaba las situaciones que tenía y el porque estaba él allí con ella.
Era recíproco esa admiración y ese sentimiento, él no soportaba que ella fuera mejor que él pero era por las enseñanzas que tenía, y claro que odio el fuerte golpe que le propició en Tercer Año pero sabía que era porque la veía como su igual. A este punto aceptó su sentimiento, el romance, y cada día se preguntaba porque lo escogió.
Allí cuando se dio cuenta que ella podía ser igual de valiente y leal que su rojiza casa, que no tenía temor en dar todo por ayudarlo y que aún con todos los rechazos, ella logró darle un motivo en ese baño para no matarla y encender fuego a su fría vida.
-Granger... cierra los ojos.
Cerró sus ojos con su paquete escondido en la espalda, mientras Draco sacaba el bello collar en forma de lágrima de cristal de la caja colocándola en el cuello de la chica sin tocar su cabello que tenía recogido en una cola.
-No abras los ojos aún...-besó profundamente sus labios y susurró un conjuro, la lágrima se reflejó una luz.- se que no tuvo sentido cómo llegamos hasta aquí, pero al escuchar tus palabras puedo ver que siempre estuvimos en los momentos del otro, y aunque el orgullo me calcina en más de una ocasión, estoy seguro que estos días son increíbles teniéndote cerca.
La voz del rubio en sus oídos hizo vibrar sus adentros, sentir su respiración tan cerca y el profundo beso la paralizó, esos eran los momentos que quería, y aún no creía que aquel narcisista arrogante le provocara aquello.
-Draco...-fue entre abriendo sus ojos sintiendo el collar en su cuello.- Merlín... es bellísimo, y esta luz...- miro una halo de gas en el reflejo del cristal.- ¿Qué recuerdo es?
-Este mismo... la más sincera conversación que tendré.- le regalo una mirada y un beso en la frente.
-¡Yo también tengo algo para ti!
-Llevó todo el día viendo cómo cargas ese paquete...- y río.- juraba que era otro libro que no querías soltar
-...de hecho.- y extendió el paquete a su dueño.- esto es para ti.
Arrancó el papel de regalo y miró el gran libro con asombro, una portada verde oscuro casi negro que reflejaba estrellas conectándose en una animación.
-..."Constelaciones y su historia. La gran guía de las estrellas" , la portada es hermosa, ¿De donde lo sacaste?
-Es una sorpresa, pero puedo decirte que estuve muy cerca de quedármelo yo.
-Te lo agradezco.
-Espera, debajo hay otro libro más...
-"La Alquimia. Secretos del Pocionista" Ed. Flamel... wow Hermione esto debe ser...
-Lo encontré en la librería de mi casa, al parecer era del uno de mis ancestros... se que tienes amor hacia pociones y creo que podrías ser un gran Alquimista algún día.
"... Merlín, me analiza muy bien..."
No podría comprender el sentimiento de ser conmovido como ese día, ambos libros eran una muestra real de amor, de una persona que realmente observaba sus gustos y le interesaba compartirlo.
-...Feliz Navidad.-y volvió a besarla como de un príncipe se tratara tomándola tan delicadamente que la castaña se sintió en su propio cuento.
-Feliz Navidad, Señor Malfoy...- y se abrazó apasionadamente a él, dándose cuenta que las defensas de ambos y aquellos muros de hielo ya se habían derrumbado.
Hablaron sobre su vida y aquellos tiempos en los que se miraban diferente, Hermione le contó sobre todo lo vivido con Harry y la experiencias tan amargas; él le contó el cómo cambio su vida después de la grandeza cuando los Mortífagos entraron a su casa desde que su padre fue apresado, su gris mirada bajo con melancolía y tristeza.
-...no puedo decirte mucho fuera de lo que es obvio, desde que me marcó el brazo siento que mi vida ya no me pertenece... pero mi madre...-miró su brazo.- me ama demasiado que es capaz de aguantar torturas por todas mis estupideces...
-...no quería llegar a esta plática tan pronto... pero necesitamos saber que haremos después que todos regresen...-decía mientras se recargaba en su hombro.
-...tenemos aún una semana para pensarlo... vivamos esto un paso a la vez.-y pasó su brazo para atraerla hacia él y volver a besarla.
El atardecer aquella cita terminaba con una puesta increíble del Sol, Hermione corría apresurada a concluir la tarea que tenía pendiente de la profesora y aún tenía que arreglarse para la Gala de la cena. Estaba tan emocionada de saber cómo se vería Draco formal que no notó que chocaría con alguien.
-¡...Maldición! Que le he dicho sobre correr en los pasillos...
-Profesor Snape...
La negra mirada del profesor petrifico el pensamiento tan ameno de su cabeza.
-Vaya Vaya... exactamente a usted quería encontrar.- le extendió los papeles.-...es una vergüenza que no concluyera una tarea tan sencilla cómo está Granger
-Pero profesor...
-¿Me pondrá un pero?, claramente en la mañana le pidieron confirmar la asistencia de los alumnos y por su falta he tenido que hacerlo yo, ya que ninguno de los prefectos encargados pudo hacer la labor.- la miró molesto terminando su frase.- lo cuál me parece raro que tanto usted y el joven Malfoy no se encontraran en todo día...
-Me disculpo profesor...- sólo lo miró avergonzada de toda la situación.
-Firme su asistencia y vaya a arreglarse que la cena está cerca.- y se retiró del oscuro pasillo.
Se arregló para aquella noche y se apresuró a bajar al Gran Comedor.
El piso despejado como en el Baile de Navidad, el amplio pasillo dejaba ver nieve artificial caer, la cena estaba montada en una larga mesa en forma de U donde todos se acomodaron para convivir. De fondo, unos instrumentos hechizados daban tono a aquella cena, que después de la bienvenida del director comenzaron a comer.
Se sentaron juntos después de los profesores por órdenes del director, Hagrid miró aquella decisión con extrañeza por no replicar; a lo largo, los alumnos restantes disfrutaban de la comida platicando entre ellos a excepción de aquellos prefectos que solamente comían en silencio. Cuando llegó el Tronco Navideño, los pedazos flotaron a sus platos bailando como un espectáculo mientras las nieve falsa caía en el pastel con sabor a azúcar.
-¡Feliz Navidad a todos! Gracias por quedarse en el castillo en estas épocas tan oscuras llenándolas de paz y armonía, ¡disfruten de la agradable estancia! .- concluyó el director.
La cena concluyó amena, poco a poco los alumnos se retiraban a sus torres de nuevo a descansar, mientras que Hermione y Draco conversaban con algunos maestros sobre la velada.
A unos minutos de llegar la media noche, los profesores mismos se fueron a descansar, en ese punto el rubio la miró con la misma seña de pedirle que esperara por él antes de retirarse. El profesor Dumbledore se quedó observando el Gran Comedor como si se despidiera de él, quitando el techo hechizado y despejando la mesas melancólicamente.
Hermione lo miraba a lo lejos y en el momento justo que iba a anunciar su despedida:
-...Yo ya me retiraba señorita Granger, puede quedarse aquí... El hechizo de los instrumentos del señor Flitwick quiere regalar una última canción.-se giró hacia la puerta.- Buenas noches, y también... Descanse usted joven Malfoy...- y se dirigió al pasillo para desaparecer en la oscuridad.
-¿¡Cómo demonios supo que estaba allí!?.-Salió de la columna con disgusto.
-Si nos pregunta, sólo diremos que es formalidad de prefectos.- le dijo de manera graciosa.- deberíamos irnos
Draco miró a Hermione dirigirse a la puerta.
-Queda una última canción... ven...-extendió su mano incitándola en la tenue luz que despedían las velas y los árboles del lugar.
Tomó su mano como si fuera aquel Baile de Navidad que no pudo concluir como hubiera querido hace dos años. Aquel día después de discutir con Harry y Ron sólo salió a llorar al baño y regresar a la Torre de Gryffindor molesta, pero esta ocasión no solo tenía esa pista para ella sola. Podría disfrutar la última pieza con quien entonces era su enemigo y hoy era el dueño de sus sentimientos. El arpa sonaba lento, disminuyendo el ritmo pues el hechizo estaba concluyendo, y su baile donde ambos disfrutaban del otro con tranquilidad, les daba devoción a su ahora pequeño secreto.
A lo lejos, el sabio mago veía la escena comprendiendo que su plan, fue un éxito.
