Veloces y tranquilas pasaron las primeras semanas mientras algunos estudiantes volvían adherirse a la rutina.

Una chica castaña se volvía cada vez más distraída en las ideas oscuras que le rondaban a la mente por su ya delicado secreto. No era fácil ahora tener clases con Slytherin desde aquel inicio de clases.

Para Draco, que la miraba delicadamente sin que nadie lo notara, era un segundo de paz a su estrés de todos los días, un segundo de calma el ver que ella le devolvía ligeras sonrisas. Entre algunos momentos, para recordar el aura de superioridad, el rubio le dedicaba sus normales insultos a Gryffindor, pues no podía dejar solo de molestarlos por tener la relación con la leona.

Aparentar normalidad les tomó un poco de tiempo, ya que por dentro, tenían ideas muy diferentes a lo que se expresaban en público.

Por unas cuantas horas, por las tardes iban al baño de Myrtle a saber del otro, se sentaban a lado del otro a contarse un poco de sus días para después fundirse en besos ansiosos que les dejaban sus ausencias.

Hermione veía en su mente cómo la historia de Romeo y Julieta que leía de pequeña se volvía realidad en su vida, y sólo esperaba no tener que llegar a ese fatídico final. Se sorprendía así misma dándose cuenta que desde que estaba en aquel romance los insultos y problemas que le ocasionaban los Slytherin ya le eran diminutos.

Un rayo de ego, le daba ganas de gritarle a Parkinson que ella era la reina de su rey, y no sólo dirigirle las miradas de rabia que tenían entre ellas; así como también, el aguantar las ganas de gritarle a Zabini que su inteligencia no estaría a su altura jamás sólo por tener un buen apellido.

No, ella esos días aprendió a tener fuerza y saber que aquella voluntad, se liberó al fin para dar rienda suelta a un poco de orgullo y astucia que le aprendió a su serpiente. Que en vez de ser sólo la chica lista, se daba el honor de poder conquistar con su inteligencia al ojigris que la miraba con orgullo, así vivían sus nuevos días como pareja.

Febrero llegó, el colegio fue adornado en colores y motivos de San Valentín, donde Hermione huía constantemente de la Torre de Gryffindor estresada de ver a Ro-Ro y La-La besuquearse hasta morir, o de hartarse de soportar a Harry mirando a Ginny de lejos por no ser capaz de hablar con ella por miedo a que Ron lo golpeara.

El ambiente estaba extremadamente meloso y sabía que cercana la fecha sería peor, aún así, una pequeña parte le hacía un hueco el no poder lidiar ese día al menos en la compañía de a quien ella quería.

-Tonterías...- se dijo así misma en su habitación mientras tocaba su collar y dormía plácidamente.

El amanecer de San Valentín fue exactamente igual de como lo imagino, las chicas cuchicheando más de lo común y los chicos huyendo de ellas; algunas parejas se abrazaban o se mantenían cerca susurrándose cosas, todos mientras los querubines que adornaban su alrededor alentaban más la situación.

Estaba feliz que su única clase del día sería Pociones, ya que al menos podría mirar a Draco por un momento y dejar de estar mintiéndose que no añoraba al rubio un momento. Su visón era obvia, ese día no lo celebrarían como una pareja.

Llegó temprano a su pupitre y observo cómo Pansy Parkinson se colgaba desesperada del brazo de Draco, que tenía la cara sin ninguna expresión. A pesar de respirar hondo, la leona interna de la chica rugía enojada de ese acercamiento.

Se miró en la imaginación ridículamente en una situación donde le gritaba a la pelinegra y se llenó de orgullo de recordar que era mejor que esa chica serpiente.

-Mira Draco, la fea Granger está sola como siempre, ¿Qué acaso no pudiste engatusar ni al pobretón ni a Potter?.- reía Pansy mientras la miraba con desdén.- Deberías ver cómo Draco me llevará a Hogsmade por la tarde y luego...

-No seas ridícula Pansy, que clase de idiota me crees.- le interrumpió mientras se la quitaba de encima.- ve con los otros tipos que te siguen, a mi no me van esas cosas.

Entre sarcasmos fue hacia la bruja y le dijo:

-Eres una tonta Granger, acomoda bien tus libros.-Se giró dando media vuelta y se fue con Nott a su pupitre ignorando a Pansy que lloraba haciendo berrinche.

Se miraba furiosa de la situación, no eran celos, era coraje de ver cómo otras osadas se acercaban a él, y el pensamiento de no ser suficiente le pasó por la mente, hasta que miró una sonrisa que hizo que todo el salón pareciera vacío, como si estuvieran solos los dos.

La fantasía se rompió en cuanto Zabini le chocó el hombro con desdén, odiaba que se metieran con ella y que Draco riera con frías palabras para aparentar que le aprecia graciosa la situación. Divagó, y molesta recogió sus libros esperando que la clase comenzará.

Después de ello, la amena tarde la llevó a tomar la decisión de pasarla en la Biblioteca ya que nadie se encontraría allí, sin tener que soportar a los melosos, que tanto estrés le causaban.

La paz del lugar le daría tranquilidad, una que la dejaría de hacer pensar tantas tonterías, acomodó sus libros en el estante más cercano a la Sección Prohibida y comenzó a leer un libro para perderse en el.

Draco Malfoy estaba furioso con los acercamientos de las chicas de Slytherin que pedían salir con él, estaba tan cansado de ese día que había tomado la decisión de no ir al Gran Comedor para no ser interceptado y esperar que el día acabara para ir por algo de comer.

A pesar de haber topado a Hermione en su clase de Pociones, la situación con Pansy le hecho a perder todo lo que tenía pensado, ya que la castaña no se giró a mirarlo ni una sola vez a pesar de la primera sonrisa.

"Sólo espero que no piense que haré algunas de esas idioteces que decía Pansy..."

Se tendió en su cama estresado, pensando que quizás debería mínimo intentarla ver. Se sentía muy extraño con el mismo, el entender que le importaba demasiado lo que pensara de él su leona ahora...

"Mia..."

Quitó su brazo de su frente, miró la hora; en la esquina del dosel colgaba la verde bufanda tejida que tenía su esencia, ni el mismo sabía cómo su olor seguía allí y eso le daba paz cuando no podía concentrarse.

Su mundo negro tenía tantos tipos de oscuridad que ya no le cabía el orgullo algunas veces, su parte más humana cedió a recordar que muy a su manera tenía algo feliz con la chica.

Tomó un papel y un sobre de su baúl, mirándose resignado susurró...

"Es el colmó conmigo..."

Perdida en pensamientos de sus libros, por fin pudo despejar su mente de aquel horroroso día que la tenía estresada, el parar sus pensamientos de las historia de amor que creaba le habían ocasionado divagar las situaciones en su actual relación.

"...hay cosas más importantes que estar pensando en un día de San Valentín"..."

Bajó su libro de su rostro...

-ahhh!

Un inmóvil rostro blanco seguía leyendo con atención frente a ella, que fijaba su mirada a un gran libro negro.

-No hagas ruido, interrumpes Granger.

Hermione miraba las facciones de su rostro sorprendida de encontrárselo allí...

-¿Qué estás haciendo aquí!?.- le susurraba la chica histérica.

-Estoy leyendo si, ¿o acaso estás ciega?.-le dijo sin mirar.

-¿Y qué haces en mi mesa?

-Estoy leyendo, ¿Qué no ves...?

Comenzaba a perder la paciencia con él, y ¿si Harry llegaba? O ¿alguien más?, ¿¡cómo explicaría eso?!. Cruzo los ojos molesta y miró un sobre verde frente a ella, lo tomó delicadamente sacando su contenido, donde un pedazo de pergamino contenía un solo mensaje.

"Feliz San Valentín"

Sus ojos se abrieron enormemente cuando sintió el pie de él rozar delicadamente el suyo.

-Es la mejor cita que podemos tener o ¿no?.- le dijo el rubio con la ironía en su grave voz.

-Tonto...-sonrió por lo bajo mientras con la mano libre rozó delicadamente la pálida mano del rubio.- Feliz San Valentín.

Por otro segundo, sólo eran ellos dos sin preocuparse de su exterior. Era perfecto, aquella escena era marcaba por los tenues rayos del atardecer, una cita de aquellos amantes en silencio, que sólo podían tenerse esos instantes.

Sus manos se quedaron rozándose mutuamente, y mirándose por algunos instantes, para ellos, no era San Valentín, era solamente su espacio.