Salió unas horas más tarde de su habitación un poco más relajada, después de tomar un baño decidió que era hora de encontrarse con Harry y saber la historia de lo acontecido en el baño. Las palabras del profesor Snape fueron claras, así que decidió fingir como si ella no supiera absolutamente nada. Se sentó en la Sala Común junto con Ginny y Ron a escuchar lo sucedido, la noticia había corrido como la pólvora: al parecer, Myrtle la Llorona se había encargado de asomarse a todos los lavabos del castillo para contar la historia, ayudada también de una Pansy Parkinson que se encargó de hacerle saber a todos que un Gryffindor usaba magia oscura.

El relato de Harry comenzó, y la furia se apoderó de ella en el momento en que el chico contó que el hechizo que usó para atacar a Draco fue de aquel libro que tanto odiaba

-Qué quieres que te diga? Ya te lo había advertido! -gritó conteniendo su enojo.

-Déjalo en paz, Hermione-la reprendió Ron.

-Ya te dije que había algo raro en ese príncipe.-alegó rápidamente.- tenía razón, ¿no?

-No, no creo que tuvieras razón.- repuso Harry, testarudo.

Los gestos en la cara de la chica indicaban que estaba perdiendo los cabales de esa situación, el ardor en sus mejillas y la poca comprensión de su amigo comenzaban a crear diálogos poco usuales en ella.

-Harry...-la chica lo miró con seriedad y preocupación.-¿cómo es posible que sigas aferrándote a ese libro después de que el hechizo...?

-Deja de machacarme con el maldito libro!.-le espetó Harry.-¡Lo único que hizo el príncipe fue copiar el hechizo! ¡No aconsejaba a nadie que lo utilizara! ¡Que sepamos, sólo escribió una nota de algo que usaron contra él!

-No puedo creerlo.-replicó decepcionada.- te estás justificando...

-¡No estoy justificando lo que hice! Me gustaría no haberlo hecho, y no sólo porque ahora tengo un montón de castigos por delante. Sabes muy bien que yo no habría empleado un hechizo como ése, ni siquiera contra Malfoy, pero no puedes culpar al príncipe porque él no escribió: «Prueba esto, es fenomenal.» Esas anotaciones eran para su uso personal, él no las divulgaba, ¿vale?.

Escuchar esas palabras, la arrogancia del joven pelinegro le hizo perder la perspectiva, ella sabía perfectamente que Harry no era una mala persona, pero aquel acto trascendió a puntos en los que él no veía la realidad. Estaba inmersa en su furia, juzgando aquellas justificaciones que no tenían sentido dentro de ella, sus ojos castaños lo miraron, respirando para después formular la siguiente pregunta.

-¿Insinúas que vas a recuperar...?.-preguntó Hermione.

-¿El libro? Pues claro. Mira, sin el príncipe nunca habría ganado el Felix Felicis, nunca habría podido salvar a Ron de morir envenenado y nunca...

-...te habrías labrado una fama de gran elaborador de pociones que no te mereces.-replicó la castaña con rencor.

" Es el maldito colmo contigo..."

-¡Basta ya, Hermione!.-terció Ginny.-Por lo que cuenta Harry, parece que Malfoy intentaba echarle una maldición imperdonable. ¡Deberías alegrarte de que él tuviera un as en la manga! ¡Siempre parece que estas defendiendo a Malfoy!

-Toma, pues claro que me alegro de que no le echaran una maldición -replicó Hermione, dolida-, pero tampoco puedes decir que ese Sectumsempra sea beneficioso, ¡Mira cómo lo está pagando ahora!

Clavó fuertemente la mirada en la pelirroja; su dolor estaba a punto de replicar toda aquella conversación de moral, pues en ella estaba el haber observado a Draco moribundo lastimado por su amigo que ahora defendía la posesión del libro, sentía que estaba a punto de estallar y condenó lo siguiente;

-Ginebra, no estoy defendiendo a nadie!. creo que por culpa de este incidente se han reducido las posibilidades de que ganen el partido... y...- se excusó de forma extraña, pues su mente comenzaba a divagar, la molestia la estaba consumiendo sin poderle dar claramente una respuesta.

-Vamos, ahora no finjas que entiendes de Quidditch...-espetó Ginny.-Sólo conseguirás ponerte en ridículo.

La osadía de la Weasley la hizo salir de la Sala Común sintiéndose incomprendida y muy furiosa. Nadie podría entender lo que había vivido hace unos momentos y la rabia le hacia nublar cual era el interés de su amigo en conservar ese oscuro libro; en su punto de vista, parecía que ella era la única que valoraba que Draco siguiera vivo y no hubiera traído más consecuencias tanto a Harry como a los demás. El pensamiento que el rubio estuviera vivo le causó un ligero latido sincero reparando un poco la rabia de las discusiones anteriores

"...No estoy justificando lo que hice! Me gustaría no haberlo hecho...Por lo que cuenta Harry, parece que Malfoy intentaba echarle una maldición imperdonable. ¡Deberías alegrarte de que él tuviera un as en la manga!"

Resonaron las voces de sus amigos.

"...Nunca lo entenderás Granger..."

La voz de Draco se suspendió en su memoria, dejó que sus pies guiaran el camino donde se encontró frente a frente a la Sala de los Menesteres. Hace días ella había juzgado y condenado a Malfoy en aquel lugar por las acciones sucedidas, creyendo así que podría dejar de sentir tanta culpa. Pero ahora la situación se giraba en su mente al ver a su amigo justificando sus acciones dañando a otra persona.

En su cabida, no podía entender porqué ellos se comportaban así, sabiendo que estaban mal.

"...no concibo que ellos hagan males a otros! Por que claramente esta mal!..."

Se debatía mirando aquel muro.

"...Tú nunca entenderás porqué hago las cosas, te dije que no te entrometieras..."

De nuevo la voz de Draco se quedó suspendida.

"Ninguno de los dos...son malas personas..."

Tanto Harry, como Draco había actuado de la misma manera, y ambos los había juzgado por igual. Comenzó a tener reflexiones aún más profundas de aquellas conversaciones dándose cuenta de lo equivocada que estaba. Se mordió los labios, culpable de haber tardado tanto en comprender y decidió tomar el primer paso en su tormento.

Regreso a la Sala Común notando que sus amigos no estaban y se sumergió a hurtadillas a la habitación de los chicos, abrió el baúl de Harry y se encontró con su cometido. Tomó la Capa Invisible y se dirigió en la oscuridad de la noche a la enfermería. Caminaba ansiosa, ya que desde aquella tarde no había obtenido ninguna noticia fuera de los rumores; no sabía si Draco ya estaba consiente o si había empeorado su estado de salud.

Abrió débilmente la puerta con discreción y observó cómo todas las luces estaban apagadas a excepción de una pequeña farola donde se encontraba la única cama habitada. Se quitó la capa y la guardó en su bolsillo, entrando lo mas silenciosamente que pudo hasta llegar aquella cama. La silueta de un joven con las ropas de la enfermería, descansaba plenamente; Hermione discretamente se acercó sentándose a su costado, para que pudiera sentir su presencia.

Los grises ojos de Draco se abrieron lentamente al sentir el peso en la cama, con dificultad deslumbró aquel alborotado cabello castaño y un rostro que se pintaba con la poca luz de la habitación.

-Es muy tarde para ti Granger...- dijo la irónica voz del rubio sonriendo de medio lado.

-¿Crees que iba a quedarme sin asegurarme que estabas bien?...-retiró Hermione un mechón rubio de su rostro.

Ambos divisaron sus miradas en el otro sonriendo plácidamente al contacto del otro.

-Yo sólo...- dijeron ambos al unísono.

-No deberías relacionarte conmigo Hermione...

-Shhh...

-Deberías entender a estas alturas que al parecer no puedes estar sin mi...- le dijo con burla la chica.

El rubio se incorporó riendo, añorando que no fueran las pociones que provocaban su delirio ese momento.

-Tuve suerte que Potter no me matara

-No era su intención, ni él mismo sabía que era aquel hechizo que te lanzó

-¿Acaso es un idiota? ¿Quién usa magia tan oscura y sin saber sus efectos...?- decía Malfoy comenzando a alterarse

-El mismo que usa venenos y maldiciones imperdonables...

El silencio se prolongó después de aquel comentario.

-No vengo a discutir sobre eso, ya se lo que sucedió en el baño. Lo que vengo a decirte es que...-bajó la mirada.- nunca analicé las cosas como debía y me culpaba a mi misma por encubrirte...

-Por eso te dije que no indagaras...

-No es solo eso Draco, te juzgue más de la cuenta y...-las lágrimas sinceras de Hermione comenzaban a llenar aquella manta con la que el rubio estaba cubierto.-...pero cuando escuché tu voz en el baño, el cómo se desvanecía... ¡llegué a pensar que estabas muerto! Y mi alma sintió un vacío como si todo estuviera ahogándose...

La observó silencioso aquel llanto, sintiéndose completamente conmovido por una sensación de dicha a diferencia de los lloriqueos de Pansy hace unas horas. El ver así a la castaña le mostraba como sus almas aún separadas seguían llamándose entre sí y le daba una grata sensación dentro de él.

-Shhh...- acalló el llanto de la chica.- despertarás a Pomfrey. Ven.

Extendió su mano y la chica comprendía todo, se arrojó a sus brazos con delicadeza y se abrazó a él calmando su llanto.

-Eres una tonta Granger...

-Cállate Malfoy...

Levantando su mentón, el rubio volvió a besar los labios de la chica respirando la vida de nuevo, encontrando plenitud.

Volvieron a sentirse uno por momentos, mientras ella se arrullaba en su pecho, respiró lentamente su aroma y sonrió para si.

-Draco debo irme...- se separaba de él con lentitud con la sonrisa en el rostro.

-Si, Lo sé.

-Intentaré venir de nuevo si aún sigues incapacitado.

-Pomfrey quiere esperar a después del partido para saber como seguirán mis heridas.

-Bien, y Draco...- le miró seriamente Hermione.- aún tenemos que hablar de lo que ha sucedido...

-Si, está bien.-le dijo tajante.

La chica tomó su mano fuertemente y se acercó a besarlo por última vez.

-Recupérate.- dijo mientras salía de allí.

Unas voces a lo lejos comenzaban a acercarse en el pasillo, al salir de la enfermería, volvió a colocarse la capa y plena se dirigió en camino a su habitación.

-Severus, ¿Cómo permitiste que pasara esto?. Voy a quedarme aquí en el colegio esta noche y...-gritaba Narcissa Malfoy con dirección a las puertas de la enfermería.

-Potter lo estaba siguiendo, y simplemente comenzó un duelo con él.- contestó Snape.

-¿No sabe nada ese niñato?

-No, pero sigue a Draco constantemente buscando encontrar alguna cosa sospechosa.

-Estoy harta de los Mortífagos en la Mansión...y Lucius aún no es liberado de Azkaban...-suspiró cansada.- y no soporto a Bella con sus constantes gritos, parece que le está pasando...

Miró extrañado a la mujer en su desahogo, sin saber si opinar al respecto o mantenerse en silencio:

-Informaré que estás aquí para que no los molesten, me retiro.

Se dio la media vuelta, mientras miraba un par de pies levitando por el pasillo.

"Tuvieron suerte mocosos...".

Draco seguía embelesado del reencuentro con la castaña, meditando claramente que esos pequeños momentos le otorgaban la paz que necesitaba, y se dispuso por fin a dormir.

-...Querido...-se acercó Narcissa a su hijo.

-Madre... ya estaba durmiendo...

-...Lo sé, querido pero necesito decirte algo importante...

Los susurros de su madre en la oreja le quitaron el sueño que tanto estaba anhelando, las noticias eran causa de una nueva ansiedad en sus adentros. El día estaba muy cerca.

Hermione tomó aquella curva para regresar a su Sala Común, se quitó la capa y decidió ir más despacio para disfrutar la paz mental que volvía a ella. La situación entre Harry y Draco le abrió una nueva perspectiva que jamás se había planteado, no podía juzgar las cosas solo por su punto de vista. A veces tenía que ahogar su orgullo y entender que no lo sabía todo.

-¡Hola Hermione!.- escuchó alegremente detrás de ella.

Sobresaltada se giró bruscamente con su varita en mano.

-¡Soy Luna! No te preocupes, no te vi en la cena, ¿está todo bien? Vienes de la enfermería, ¿te duele algo?

Los ojos de la castaña se abrieron fuertemente al darse cuenta de la rápida percepción de la rubia, quien la miraba risueña.

-No Luna, me encuentro perfectamente.- le sonrió tranquila.- sólo doy un pasaje nocturno porque tuve una discusión con Harry.

Luna clavó su mirada en el collar que colgaba en el cuello de la chica y sonrió gratamente para ella misma, prosiguiendo su conversación.

-Todo el colegio está hablando de lo que sucedió, y Malfoy tuvo mucha suerte...-le plantó sus azules ojos.-¡... tu collar!¡Es muy bello!

-¿...cómo lo notaste?.-miró sorprendida.

-Esos collares brillan mucho dependiendo la memoria que esté en ellos, el tuyo se ve muy claro, debe ser un bello recuerdo. Cuidalo de los knardles pueden llenarlo de sentimientos negativos...

Por un segundo se sintió sumamente acorralada, y decidió escabullirse sin parecer grosera:

-¡Gracias Luna!, Debo irme, espero verte mañana en el partido.

-Claro.-contestó la rubia.-mañana será un gran día!.- y se fue corriendo dejando a Hermione muy confundida.

Al regresar a la Sala Común pudo notar que ninguno de sus amigos había regresado a sus habitaciones, así que decidió regresar la capa a su lugar para por fin dejarse caer en brazos de Morfeo. El día del partido fue favorecido con un grato clima, después de arreglarse y con una gran sonrisa, decidió bajar para mirar el juego encontrándose lastimosamente con la cara de un Harry cabizbajo de no poder asistir al partido

Ya en el pasillo sus amigos se dividieron, mientras ella seguía su camino al campo de juego donde se jugaría la final. Ginny seguía molesta con ella y aún a su pesar fue a dirigirle un Buena Suerte para alentarla junto a una sonrisa de apoyo para su pelirrojo amigo Ronald.

-Estaremos apoyándolos! Mucha suerte!.- Gritó Luna a su lado.

Se posicionó con el grupo y se dispuso a ver el juego. Había decidido no ir a ver a Draco a pesar de tener el castillo más solitario, pues sabía que muchos Slytherin se había quedado y podrían verla entrar a la enfermería. Disfrutó el juego, sintiéndose muy entusiasmada, tanto que sintió como volaba el tiempo hasta que el silbato se escucho. Gryffindor había ganado. Los gritos de todos llenaron de dicha el estadio y la mirada de un Profesor mostró lágrimas de felicidad y nostalgia mientras se retiraba.

La castaña fue abrazar a sus pelirrojos amigos mientras celebraba alegremente la dicha de su casa. Regresando a la Sala Común todo era jubilo, a excepción del ser que entraba en la puerta. Miró como la triste mirada de Harry cambiaba a una alegre sonrisa, mientras buscaba desesperadamente alguien y al encontrarla un nuevo espectáculo se mostró. Ginny y Harry estaban besándose después de tanto tiempo esperando ese momento.

La felicidad de la castaña desbordó por completo mirando a Ron esperando que no fuera a golpear al pelinegro, con una expresión aliviada hizo una señal aprobando dicha interacción, haciendo llenar de jubilo la Sala. Un poco apartada de la multitud, Hermione decidió escabullirse de nuevo a la enfermería para encontrarse con aquellos ojos mercurio.

Al llegar a las puertas divisó como Madame Pomfrey daba las últimas indicaciones para irse a dormir. Abrió lentamente la puerta y se dejó ver por el chico.

-Pensé que no te vería hoy leona, tu casa ha ganado ¿verdad?

-Afirmativo señor Malfoy.- contestó graciosa sentándose a su lado.- cómo te encuentras?

-Mis cicatrices estarán allí un tiempo, por lo demás estoy muy bien.-se calló abruptamente.-...yo..

-Te extrañé...

Los ojos grises que miraban su regazo la miraron plenamente, y tomándola de la mano depositó un beso en ella.

-...quería venir mientras estaban todos en el partido, pero imaginé que vendrían a verte.

-Mi madre se fue por la mañana y el resto del día tuve que fingir dormir para que Parkinson no se quedara, es desesperante...

Mientras la calma invadía el lugar, Hermione acariciaba la blanca mano del rubio respirando aquel ambiente.

-Draco...quisiera decirte algo...-miró seria y directamente al chico.-yo...

-¡...maldita sea!, yo no soy mensajero de nadie porqué tengo que dejar la correspondencia de Draco, yo!...

Las puertas se abrieron abruptamente dejando a la pareja perpleja mirando aquel chico que les regresaba la mirada confuso.

-No puedo creerlo...