¿Me puedes decir que demonios estás haciendo Draco?

El Slytherin notó aquella voz detrás de su espalda.

-Déjame en paz deberías estar preparándote en lugar de espiarme.

-Maldito mocoso, que hacías en la Biblioteca si tu tienes que hacer que los Mortífagos entren antes...

-No te incumbe que esté haciendo con mis asuntos...

Snape aparto violentamente al chico para ver a la castaña tumbada en el sillón completamente inconsciente.

-¿Qué hiciste?

-...

El silencio de Draco remarcó con furia el dolor de lo acontecido y girándose con altivez contesto al profesor.

-No te debe de importar que acabo de hacer, jamás entenderás...

-Mira nada más...-se burló.- usaste el hechizo...

La mirada asesina gris perforó la silueta de Snape que seguía sin inmutarse.

-Lárgate de aquí...

-Tú sigues siendo un niñato sentimental, lo que hagas o no con ella no me concierne pero que no te olvides que si fallas yo terminó muerto por tus imprudencias

-...yo estoy sacrificando más de lo que mi propia vida podría valer así que déjame continuar y apártate del camino.

Draco salió de allí apresurado, el plan oficialmente estaba en proceso. Snape espero a ver la silueta alejarse antes de entrar a ver los signos vitales de la chica, estaba simplemente sumida en un sueño y tenía restos de lágrimas en sus ojos, en el suelo, un pañuelo desgastado donde aquel profesor prefirió llevarlo consigo para no despertar más dudas. Antes de salir, cerrando la puerta suspiro en un intento de pensar que aquel chico había hecho lo correcto, pero su gran pesar apenas comenzaría.

El castillo se nublaba en penumbras de una noche que no sería iluminada por la luna, mientras que fuertes vientos azotaban sus ventanas, era como si el mismo colegio supiera que la oscuridad estaba entrando en el. Una rubia chica corría desesperada con un frasco en sus manos, mirando aquella Biblioteca con incertidumbre al entrar miró a una castaña postrada en el sofá...

-Hermione... hey...- decía Luna para despertarla

Hermione conectaba su cerebro lentamente pues dentro de ella seguía soñando, un extraño sueño donde sintió gran pesar y dolor pues su corazón y conciencia seguían agotados de aquella conmoción.

-¿...qué está pasando...?

-Te encontré aquí sola, Ron me mandó a darte esto.- extendiéndole un frasco.-...tenemos que apresurarnos...

Su mente estaba extrañamente vacía con muchas lagunas de como había llegado allí, tomando aquella poción una sensación le hizo recordar un poco sobre su antigua conversación con sus amigos y el que estaba encargada de vigilar algo.

-... Hermione, los Mortífagos están en el colegio...

La adrenalina estaba en su cuerpo y al rubio le provocaba extraños temblores que no podía controlar, ya había permitido el paso aquellos oscuros y había invocado la Marca para hacer regresar a Dumbledore al castillo,

Se mostró más inquieto cuando al ver a sus colegas aquel hombre lobo se encontraba en las filas con una sed de sangre poniendo sus firmes nervios al límite.

"...una cosa es dejarlos entrar pero no quiero un genocidio aquí solo porque me ayuden a cumplir mi parte... Ese fenómeno está loco y no tiene autocontrol... Y si encuentra a Granger... Merlín..."

-Dirígete a la Torre de Astronomía mocoso esperamos allí.- le dijo Snape molesto.

Un estruendo sonido y un murmuró estaban detrás de aquella puerta, su mente divagaba mientras seguía temblando, una parte de él quería volver aquellos días cuando se escondía solo en aquel lugar, pero aquella noche su destino marcaba algo distinto, tenía que concluir su cometido de aquel tortuoso trabajo.

-Expelliarmus.- Gritó fuertemente Draco con ansia y miedo mientras apuntaba aquel sabio profesor.

Apoyado contra el muro y aún muy pálido, Dumbledore se mantenía en pie sin dar señales de pánico o inquietud. Se limitó a mirar a quién acababa de desarmarlo y dijo:

-Buenas noches, Draco.

Malfoy avanzó unos pasos, lanzando miradas alrededor para comprobar si Dumbledore estaba solo encontrando una escoba más en el suelo.

-¿Quién más es está aquí?

-Yo también podría hacerte esa pregunta, ¿ o has venido solo?.-volvió a centrar la mirada en Dumbledore.

-No. No estoy solo, por si no lo sabía, esta noche hay Mortífagos en su colegio.

-Vaya, vaya -repuso Dumbledore como si le estuvieran presentando un ambicioso trabajo escolar-. Muy astuto, has encontrado una forma de introducirlos, ¿no?

-Sí -respondió Malfoy, que respiraba entrecortadamente-. ¡En sus propias narices, y usted no se ha enterado de nada!

-Muy ingenioso, sin embargo... perdóname, pero... ¿Dónde están? No veo que traigas refuerzos.

-Se han encontrado con algunos miembros de su guardia, están abajo, peleando. No tardarán en llegar, yo me he adelantado, tengo... tengo que hacer un trabajo.

-En ese caso, debes hacerlo, muchacho.

Seguía mirando fijamente a Albus Dumbledore, quien, aunque pareciera increíble, sonrió.

-Draco tu realmente no quieres matar a nadie.

-¿Cómo lo sabe? -Malfoy debió de darse cuenta de lo infantiles que sonaban esas palabras -. Usted no sabe de qué soy capaz -dijo con tono más convincente-, ¡ni sabe lo que ya he hecho!

-Sí, sí lo sé -repuso Dumbledore con suavidad-. Estuviste a punto de matar a Katie Bell y Ronald Weasley y llevas todo el curso intentando matarme; ya no sabías qué hacer. Perdóname, Draco, pero han sido unas pobres tentativas, tan pobres a decir verdad, que me pregunto si realmente ponías interés en ello...

-¡Claro que ponía interés! -afirmó Malfoy-. Es cierto que he estado todo el curso intentándolo, pero esta noche...

-Se que ella no querría que lo hicieras Draco... tú no eres un asesino...

Los ojos grises del chico se abrieron ante la mención de aquellas palabras,

"¿Qué demonios acaba de decir Dumbledore?"

Esa frase estaba dicha tal cual como las últimas palabras de Hermione para él.

-¿Ella?.- susurro Harry en su mente escondido a petición de Dumbledore.

-No se de quién demonios este hablando anciano...

-...el secreto de ambos está a salvo conmigo.

Estaba sin articular palabra, ¿Cómo supo sobre Hermione?, sus manos sudaban bajando la varita sin comprender, hastiado de la conversación que había mantenido. Se oyó un grito amortiguado procedente del castillo. Malfoy se puso tenso de nuevo y volvió la cabeza.

-Hay alguien que está defendiéndose con uñas y dientes -observó Dumbledore con tono despreocupado-. Pero dices que... ah, sí, que has conseguido introducir Mortífagos en mi colegio algo que yo, lo admito, consideraba imposible. ¿Cómo lo has logrado?

No respondió: seguía escuchando los ruidos procedentes del castillo, era todo demasiado confuso en instantes, se creía capaz de poder matar al profesor y al tenerlo frente a él no podía sostener la mirada sin sentir temor. Tenía miedo en sus ojos, sentía que estaba por morir sintiendo la ansiedad como subía a su garganta parecía casi tan paralizado como Harry, que aún en su escondite trataba de descifrar el misterio de aquella persona que hizo bajar la guardia al Slytherin.

-Quizá tengas que terminar el trabajo tú solo -apuntó Dumbledore-. Tal vez mi guardia haya desbaratado los planes de tus refuerzos. Como quizá hayas observado, esta noche también hay miembros de la Orden del Fénix en el castillo.-Caminó algunos pasos escondiendo la pútrida mano sin recibir respuesta de frases.

-Pero bueno, en realidad no necesitas ayuda. Me he quedado sin varita y no puedo defenderme.-Malfoy seguía mirándolo a los ojos.

Dumbledore prosiguio con tono cordial al ver que Malfoy no hablaba ni se movía.

-Temes actuar antes de que lleguen ellos...

-¡No tengo miedo! -le espetó Malfoy de repente, pero sin decidirse a atacarlo, estaba harto ya nada en sus decisiones tenía algo de sentido.

-¡Usted es quien debería tener miedo!

-¿Por qué iba a tenerlo? No creo que vayas a matarme, Draco. Matar no es tan fácil como creen los inocentes he comprobado que este año tu valor como ser humano es más alto de lo que creen, tanto que por eso aquella chica decidió seguirte, debo decirte que no deberías temer...

Harry escuchaba aún extrañado sin comprender el nombre o las pistas de aquella debilidad de Draco.

-...Pero dime, mientras esperamos a tus amigos, ¿Cómo has conseguido traerlos aquí? Veo que has tardado mucho en hallar la manera de hacerlo.

Daba la impresión de que Malfoy estaba reprimiendo un impulso de gritar o vomitar. Sus reaccionar eran tan complejas que no podía tomar valor ni cambiar la actitud de lo escuchaba. Tragó saliva y respiró hondo varias veces sin dejar de mirar con odio a Dumbledore y de apuntarle con la varita directamente al corazón.

Odiaba sentir el tuviera conocimiento de sus secretos y debilidades, intentando tomar rabia de ello para proceder pero entonces, como si no pudiera contenerse, dijo:

-Tuve que arreglar ese armario evanescente roto que nadie utilizaba desde hacía años. Ese en el que el año pasado se perdió Montague.

-¡Aaaah! -La exclamación de Dumbledore fue casi un quejido. Cerró los ojos un momento y dijo-: Muy inteligente... Supongo que debe de tener una pareja, ¿no?

-El otro está en Borgin y Burkes -reveló Malfoy-, y entre ellos se forma una especie de pasadizo. Todo el mundo quedó muy impresionado con el relato de Montague, pero yo fui el único que supo lo que significaba; ni siquiera Borgin lo adivinó. Comprendí que podía haber una forma de entrar en Hogwarts a través de los armarios si lograba arreglar el que estaba roto.

-¡Vaya astucia! Y así es como han venido los Mortífagos para ayudarte, desde Borgin y Burkes... Un plan muy ingenioso, sí señor, muy ingenioso. Y, como bien dices, en mis propias narices.

-Sí -dijo Malfoy, y curiosamente parecía extraer alivio y coraje de las alabanzas de Dumbledore-. ¡Sí, era un plan muy inteligente! Ahora, Dígame bien de dónde sabe todo aquello sobre ella...

-...

-Ella le tiene tanta fe que me asquea, como si usted tuviera la solución de todo.- Apunto con odio al mago.- usted no puede ayudarme, el mago más poderoso, ¡mírese ahora!

-Porque tú en el fondo tenías más miedo de tu existencia, debió haber momentos en que no estabas seguro de ti, ¿verdad?. Y por eso recurriste a métodos tan rudimentarios y tan mal vistos como enviarme un collar maldito que tenía muchas posibilidades de ir a parar a otras manos, o envenenar un hidromiel que no era probable que yo llegara a catar...

-...pero aún así usted no descubrió quién había detrás de esas acciones - contestó Malfoy con tono mordaz.

-La verdad es que sí -dijo Dumbledore-. Estaba seguro de que eras tú.

-Entonces, ¿por qué no me lo impidió?

-Lo intenté, Draco. El profesor Snape tenía órdenes de vigilarte.

-Snape no obedecía sus órdenes. Le juró a mi madre...

-Sí, claro, eso fue lo que te dijo a ti, pero...

-¿No se da cuenta, viejo estúpido, de que Snape es un espía doble? ¡No trabaja para usted¡

-En este punto es lógico que discrepemos, Draco. Resulta que yo confío en el profesor Snape.

-¡Si confía en él es que está perdiendo la cabeza! -se burló Malfoy-. Snape me ha ofrecido su ayuda. Claro, él quería llevarse toda la gloria, quería participar en la acción... ¡Comparado conmigo, no será nada, nada!

-Muy gratificante -repuso Dumbledore con gentileza-. A todos nos gusta que los demás reconozcan nuestro trabajo, por supuesto, no obstante, tú debes de haber tenido algún cómplice, claro... Rosmerta. ¿Desde cuándo está bajo la maldición Imperius?

-Por fin ha caído en la cuenta, ¿eh? -se mofó Malfoy.

Se oyó otro grito, mucho más fuerte que el anterior, éste del interior de la torre. Malfoy volvió a girar la cabeza, nervioso, y luego miró a Dumbledore, que continuó:

-Sí, muy hábil, muy hábil... Al pobre señor Filch jamás se le habría ocurrido examinar una botella de Rosmerta.

-Mediante monedas encantadas me comunicaba con ella-respondió Malfoy como si no pudiera contenerse de seguir hablando, aunque la mano de la varita le temblaba cada vez más -. Yo tenía una y ella otra, y así podía enviarle mensajes...

-¿No es ése el medio de comunicación secreto que el curso pasado utilizaba el grupo que se hacía llamar Ejército de Dumbledore? -preguntó el anciano en voz baja.

-Sí, ellos me dieron la idea -dijo Malfoy componiendo una siniestra sonrisa-. Y la idea de envenenar el hidromiel me la dio esa...-pauso la voz.-...sangre sucia de Granger; un día en la biblioteca oí cómo decía que Filch no sabía distinguir las pociones...

Decir aquella frase le dolió en el alma, aún seguía poniendo atención a aquellos pasos que se aproximan, él estaba convencido por alguna razón que alguien podría escucharlo y no quería darle la afirmación de que ese "ella" era Hermione, así con ello decidió externar su comportamiento natural para no levantar más sospechas.

-Te agradecería que delante de mí no emplearas esa expresión tan injuriosa, ya que hasta donde se tú... - dijo Dumbledore.

Malfoy soltó una estridente carcajada.

-¿Le molesta que diga «sangre sucia» cuando estoy a punto de matarlo?

-Sí, me molesta -confirmó Dumbledore-. Pero, respecto a eso de que estás a punto de matarme, Draco... Has tenido tiempo de sobra para hacerlo. Estamos completamente solos, ni siquiera habrías podido soñar con encontrarme tan indefenso, y sin embargo no te has decidido...

Malfoy hizo una mueca involuntaria, como si hubiera probado un sabor muy amargo.

-Pero hablemos de lo de esta noche -prosiguió Dumbledore-. No acabo de entender qué ha pasado... ¿Sabías que había salido del colegio? -se respondió a sí mismo-. Rosmerta me vio marchar y te avisó por medio las monedas, ¿verdad?

-Así es.

-Así que decidiste prepararme una trampa, ¿no?

-Decidimos poner la Marca Tenebrosa encima de la torre para hacerlo regresar al castillo, usted querría saber a quién habían matado. ¡Y ha salido bien!

Entonces se oyó un fuerte estrépito, seguido de gritos cada vez más fuertes procedentes del interior de la torre; era como si hubiera gente peleando en la misma escalera de caracol que conducía a la azotea, donde se encontraban ellos.

-Sea como sea, nos queda poco tiempo -dijo Dumbledore-. Es hora de que hablemos de nuestras opciones, Draco.

-¿Opciones? ¿Qué opciones? -gritó Malfoy-. Tengo mi varita y estoy a punto de matarlo...

-Amigo mío, no tiene sentido que sigamos fingiendo. Si pensaras matarme lo habrías hecho en cuanto me desarmaste, en lugar de entablar una agradable conversación sobre los métodos de que dispones para hacerlo.

-¡Yo no tengo opciones! -dijo Malfoy, que se había puesto tan pálido como Dumbledore-. ¡Tengo que liquidarlo! ¡Si no lo hago, él me matará! ¡Matará a mi familia! Yo tengo esperanzas en cosas que quiero hacer y usted no se interpondrá ante ellas

-Me hago cargo de lo comprometido de tu posición. ¿Por qué crees que no te planté la cara antes? Porque sabía que lord Voldemort te mataría si se daba cuenta de que yo sospechaba de ti.

Hizo una mueca de dolor al oír el nombre de su amo.

-No me atreví a hablar contigo de la misión que sabía que te habían asignado, por si él utilizaba la Legeremancia contra ti -continuó Dumbledore-. Pero ahora, por fin, podemos hablar sin necesidad de andarnos con tapujos...

-Debería callarse

-Todavía no has cometido ningún crimen, ni le has causado ningún daño irreparable a nadie, aunque has tenido suerte de que tus víctimas indirectas hayan sobrevivido... Yo puedo ayudarte, Draco.

-No, no puede. -La mano de la varita le temblaba cada vez má puede ayudarme. Él me dijo que si no lo hacía me mataría, no tengo alternativa.

-Pásate a nuestro bando, Draco, y nosotros nos encargaremos de esconderte.

"Dumbledore puede salvarte! Y también a tu madre..."

-Es más, esta misma noche puedo enviar miembros de la Orden a casa de tu madre y esconderla también a ella. Tu padre, por ahora, está a salvo en Azkaban... Cuando llegue el momento también podremos protegerlo a él. Pásate a nuestro bando, Draco... Tú no eres ningún asesino.

"...tu no eres un asesino..."

Su voz tembló sin saber cómo contestar, las predicciones de ella estaban en palabras de aquel profesor moribundo, la calma de su voz le creo una visión de ello. ¿Podría realmente aquel hombre salvarlo y salvar todo lo que le importaba?. Eran utopías que él no estaba dispuesto aceptar, no había garantías, quizás sólo le decía eso para no morir a sus manos, era una salida tan fácil que dudaba que la vida le diera esa oportunidad.

-He llegado hasta aquí, ¿no? -dijo despacio Malfoy, mirando fijamente a Dumbledore-. Ellos pensaron que moriría en el intento, pero aquí estoy... Y ahora su vida depende de mí... Soy yo el que tiene la varita... Su suerte está en mis manos...

-No, Draco -corrigió Dumbledore-. Soy yo el que tiene tu suerte en las manos.

Malfoy no respondió. Tenía la boca entreabierta y la mano seguía temblándole comenzando en a bajar inconsciente su varita. En ese momento se oyeron unos pasos que subían atropelladamente la escalera, y un segundo más tarde cuatro personas ataviadas con túnicas negras irrumpieron por la puerta de la azotea y apartaron a Malfoy de en medio.

Harry contempló aterrado a los cuatro desconocidos con los ojos muy abiertos y sin poder parpadear siquiera. Por lo visto, los Mortífagos habían ganado la pelea librada en la torre. Un individuo contrahecho que no paraba de mirar de reojo en torno a sí soltó una risita espasmódica.

-¡Ha acorralado a Dumbledore! -exclamó, y se volvió hacia una mujer que parecía su hermana y sonreía con entusiasmo-. ¡Lo ha desarmado! ¡Dumbledore está solo! ¡Te felicito, Draco, te felicito!

-Buenas noches, Amycus -lo saludó Dumbledore con calma, como si lo recibiera en su casa para tomar el té-. Y también has traído a Alecto... qué bien...

La mujer soltó una risita ahogada y le espetó:

-¿Acaso crees que tus estúpidas bromitas te van a ayudar en el lecho de muerte?

-¡Ahora, Draco, rápido! -lo urgió con brusquedad el más salvaje de los cuatro.

Pero le temblaba tanto la varita que apenas podía apuntar con ella.

-Hazlo, Draco, o apártate para que lo haga uno de nosotros... -chilló la mujer, pero en ese preciso instante la puerta de la azotea se abrió una vez más y apareció Snape, varita en mano.

-Tenemos un problema, Snape -dijo el contrahecho Amycus, con la mirada y la varita fijas en Dumbledore-. El chico no se atreve a...

Pero alguien más había pronunciado el nombre de Snape con un hilo de voz.

-Severus...

Nada de lo que se había visto u oído esa noche lo había asustado tanto como ese sonido, el rubio respiro cortado, por primera vez, Dumbledore hablaba con tono suplicante.

Snape no dijo nada, pero avanzó unos pasos y apartó con brusquedad a Malfoy de su camino. Los Mortífagos se retiraron sin decir palabra. Hasta el hombre lobo parecía intimidado.

Snape, cuyas afiladas facciones denotaban repulsión y odio, le lanzó una mirada al anciano.

-Por favor... Severus...

Snape levantó la varita y apuntó directamente a Dumbledore.

-¡Avada Kedavra!

Un rayo de luz verde salió de la punta y un zumbido se quedó en sus pensamientos.

-Fuera de aquí, rápido -ordenó Snape.

El profesor agarró a Malfoy por la nuca y lo empujó hacia la puerta; Draco no procesaba, no sentía, no podía comprender que pasada a su alrededor.

Su instinto de supervivencia lo llevo a proseguir por su cuenta siguiendo aquel profesor. Aunque su camino fue invadido por una nube de polvo, camino recto con el agudo sonido en sus oídos, los escombros caían, se había derrumbado una parte del techo. Vio como varias personas continuaban peleando, y una molestia sensación de alguien detrás de ellos siguiéndolos con odio.

-No te detengas mocoso, ¡Ya está, tenemos que irnos!.- gritaba Snape abriéndose paso con él saliendo ilesos.

Ambos seguían alejándose: pronto traspasarían las verjas y podrían desaparecerse. Potter corría tras ellos con rabia en la mirada, pasó a toda velocidad por delante de Hagrid y su oponente, sin importarle donde apuntar gritó:

-¡Desmaius!

Pero no acertó: el rayo de luz roja pasó rozando la cabeza de Snape, gritándole a Draco que siguiera el camino. La voz del Gryffindor lo regreso a la realidad, su primer pensamiento fue el recordar si Harry había escuchado su conversación con el anciano y pensar si tuvo demasiada astucia tanto de él como el profesor para resguardar la identidad de Hermione.

-¡Corre Draco!.- grito Snape desesperado del chico que se mantenía caminado inmerso.

Draco reafirmó los últimos momentos vividos y el escalofrío de ello confirmo su temor, sus pensamientos pausados y el cómo llegó allí, Albus Dumbledore fue asesinado por Snape y no por él.

Ese recuerdo corrió con ahínco hacia la verja comprendiendo que aunque la tarea fue completada no sabría que pasaría con su existencia, él no la completo... Lord Voldemort iba a matarlo. Al llegar a la verja giró su mirada encontrándose con la última escena que no podría provocarle más pánico.

Luna Lovegood y Hermione Granger cruzaban el pasillo evitando las maldiciones de las peleas en su camino, sin defenderse...solo pasando sin rozar aquellos destellos de luz. Por un momento ambas se paralizaron al escuchar a los Mortífagos declarar su retirada, pararon abruptamente mientras las nubes de escombro disminuían.

Aquellos ojos castaños y grises se cruzaron por última vez. Hermione miró como él se detenía, la miraba con dolor y angustia.

"¿... qué hace allí? ¡Por qué demonios me mira así!" . Se decía la chica.

Draco decidió verla sin nada más, en su mente no pensaba verla de nuevo después de lo que hizo, así que se sorprendió sabiendo que ella no recordaría, sólo pudo dedicarle una última mirada.

"Hasta nunca Granger..."

Abriendo la verja sin despegar sus ojos grises de aquellos castaños, desapareció sin dejar rastro.