Aquella mansión fue invadida de magos que disfrutaban con burla del dueño que llevaba poco tiempo de arribar, cada que se paseaba por allí, demacrado y asustadizo, Lucius Malfoy veía como lo que fue alguna vez su acogedor hogar se convertía en un raro e inapropiado cuartel de lúgubres personas. La familia se encontraba cayendo cada vez más de la gracia del Señor Oscuro, cada ocasión que ameritaba una reunión eran humillados y juzgados en pena pues Lord Voldemort no tenía reparo en hablar de sus fracasos.

Narcissa poco toleraba las insolencias a su privacidad y la de su familia, pero su siniestra hermana embelesada por su señor, ofrecía los dotes de la familia de su cuñado como si fuesen suyos. El consuelo de la rubia bruja era, el saber en su tranquilidad que su hijo y su esposo estaban de alguna forma a salvo en su mansión con aquella vida denigrante, pero al fin y al cabo vivos.

Únicamente la gente más cercana al Señor Oscuro permanecería en aquel hogar residiendo, así fue como poco a poco aquellas familias comenzaron a llegar.

Theodore Nott Senior se había convertido en parte del pilar de los últimos ataques a muggles en Londres con éxito, gracias a ello fue compensado con acercarse a las reuniones viviendo en la estancia con la esperanza que su hijo siguiera sus pasos.

Esa mañana, Theo Nott Jr arribó con sus baúles desganado, pues el estar allí era sinónimo de presión para su próxima decisión impuesta por su padre, convertirse en el legado Mortífago y de supremacía a la sangre.

Fue guiado a una habitación donde tenía un pequeño sillón cercano a la ventana que se dirigía a un balcón, allí depósito sus pertenencias en suelo y admiró el lugar que ahora sería su hogar mientras esperaba su regreso a Hogwarts por indicación de su padre. Ya no veía caso retornar sus estudios sabiendo el estado en el que se encontraba el mundo mágico, nunca estuvo a favor de la nueva dictadura que buscaba el Señor Tenebroso y mucho menos verse obligado a seguir el camino simplemente por pertenecer a esa familia. No, él se veía en otro lado lo más libre que pudiera de someterse a un destino que no buscaba. Esa sensación de libertad lo llevo a un extraño recuerdo, como si en alguien hubiera visto esa extraña libertad sin prejuicios.

Unos ojos azules que le miraron alguna vez, aún en su propia casa, se había sentido extrañamente cautivado por ese encuentro sin querer darle más importancia, pero le era claramente imposible no tener una especie de envidia a una mirada así.

Luna Lovegood en un instante le mostró como un libro no era como lo pintaban, sabía de ella, que era tratada como una loca que decía cosas sin sentido, solitaria y proyectando una cierta inocencia o lo que ahora él comprendida como tranquilidad en ella.

"...una fascinante persona...".- se decía.

Entendía de la soledad y mantenerse adverso, la diversión de juzgar a los demás sin tener que dar explicaciones, del placer de ser retraído para explorar su mente y sus ideas, llenarse de conocimiento y que el silencio fuera su amigo. Así era como se miraba a diferencia de ella y ahora se veía sin comprender la fascinación de Lovegood, quién externaba todas aquellas cosas sin importar que dirán.

Vio un realista panorama, que nublo el recuerdo de perspicacia y astucia que le demostró la Ravenclaw, estaban en la época oscura, una dónde ella era amiga del enemigo, una dónde él ayudo a su rubio amigo a salvar su secreto, una dónde él tener pensamientos de libertad no era realista.

Salió de la habitación para dirigirse a confrontar al otro Slytherin que sabía bien donde se encontraba, en una perfidia de pensamientos, sin saber lo que se encontraría después de tocar aquellas puertas de mármol.

Unos golpes se escucharon y como cada día Draco Malfoy permanecía encerrado, saliendo sólo cuando se le requería, su habitación estaba llena de libros donde un baúl con cosas regadas en el suelo proyectaban la rabia y la cólera que fue desatada en alguna de las múltiples humillaciones que sufrió al regreso de su padre. Aquel estruendoso sonido se escuchó de nuevo y sin gritar, una voz conocida le cuestionó si podría pasar.

-Entra.- le contesto con molestia en la voz

-Solo vine a verte, me han obligado a permanecer aquí hasta nuestra salida a Hogwarts. -contesto Theo mirando el desastre del baúl.- lamento la intromisión en tu casa...

-...Es un fastidio, no puedo sentir que pueda vivir mi vida como antes y siento que realmente algo me falta.

Lo miró raro de aquella frase, pensando que su extraño pensamiento le traicionara revelando algo, pero no, era algo diferente que no conectaba.

-¿Qué sucedió aquel día cuando llegaron los Mortífagos a Hogwarts?

-Después de dejarlos entrar sólo me dirigí a la Torre de Astronomía... Y vi como Snape mató a Dumbledore...

-¿...No se supone que tú debiste...?

-...no pude... hubieras mirado su rostro... me ofrecía salvar a mi familia si me cambiaba de bando...

Draco plantó su mirada a la nada de nuevo como si se acogiera en ella, fue allí donde Theo decidió tentar a la suerte, pues veía en los ojos de su amigo que había algo más que se encontraba mal, algo extraño que no estaba en el antiguo Draco.

-Granger y sus amigos salieron ilesos de allí...

-¡Y a mí que me va importar que el idiota de Potter y esa Sangre Sucia hayan salido bien! ¡Es culpa de ellos que mi casa sea un hotel para Mortífagos!

La reacción le hizo pensar al Nott sobre si habría roto con la chica, pero dentro sabía que por más que se hubieran separado él jamás la nombraría de esa forma de nuevo, algo no estaba bien. Miró la habitación viendo como el cólera se asomaba en ella y se levantó a recoger y acomodar el desorden con delicadeza.

-Tú y tú maldita obsesión por el orden... Deja eso a los elfos...- le espetó Draco estresado de la presencia de su amigo.

-Quiero algunos, estaré encerrado aquí hasta irnos y es lo menos que puedo hacer en esta cárcel.

-Entrometido... Siempre estando donde no te llaman.

-Tú y tú linda forma de agradecimiento.- se burló mientras tomaba del suelo dos libros que resaltaban.- Draco... Este libro... ¿Puedo...??- En la portada se leía "La Alquimia. Secretos de un porcionista. Ed. Flamel" .

-¡Draco! ¿Dónde conseguis..?

Las puertas se abrieron sin reparo y una tétrica bruja entraba sin miramientos.

-Querido sobrino, tenemos muchos invitados y requerimos tu noble presencia en la mesa, hay una invitada muy especial...-se burlaba Bellatrix macabramente.- ¡Tú! El hijo de Nott, vete a tu cuarto a ser un sabelotodo, no te necesito a ti.- gruñó y se retiró.

Bajó la mirada aquel rubio que alguna vez fue imponente, mirando a su amigo, observó los libros intentando recordar algo.

-¡Rápido Draco!.- se escuchaba a lo lejos.

Él salió y dejo a Theo en su lugar donde tomó todo para llevarlo a su habitación, al encontrarse en ella, con un poco de desesperación, abrió la página de aquel libro que más impresión le causó.

Un sobre con el sello retirado y ya leído, se mantenía en la primera página, con una femenina caligrafía se ponía el nombre de "Draco Lucius Malfoy".

La extraña sensación de no querer romper el límite de la privacidad le hacía no espiar más allá el contenido, pero decidió por su cuenta que era necesario, pues su intuición le dictaba que debía saber que estaba sucediendo. Al abrirla encontró una hoja con una caligrafía que dedujo era de una chica conocida.

"Draco.

¡Felices Fiestas!, tengo la esperanza que está carta la leas mientras yo estoy en casa de mis padres y puedas tener algo con que entretenerte leyendo mis libros que te he regalado.

Estos días que pude ser sincera con mi corazón y contigo, me mostraron que esto que tenemos nos hace grandes y nos trae mejores versiones de nosotros.

Los días estando a tu lado han sido maravillosos, nunca pensé que desde aquella situación en el baño podría pasar unos días tan felices, la paz en tu miraba, el calor y la confianza que tenemos me motivan a saber que podremos seguir si tu corazón también lo quiere.

Jamás pienses que estás solo, siempre estaré contigo para dar los pasos más difíciles juntos...

Y aunque no puedas decirme claramente sobre tu misión recuerda que eres una persona con buena voluntad y nadie debe quebrarte, tienes devoción hacia tu familia y eso te hace el hombre que hoy puedo decir que estoy enamorada.

Si Draco, estoy enamorada y confundida a veces porque no puedo hacer más por ayudarte y mantener esto en secreto.Tengo la valentía, el mismo valor que pude tener para dar el paso de estar contigo en la cena de Slughorn y besarte, el mismo para decirte que te veía como mi igual y que era por ello que tenía tanto conflicto por quererte de esta manera.

Si algún día algo llegará a pasar... No podría olvidarte, nada podrá hacerlo.

Si el lado oscuro vuelve a tu corazón... Nunca olvides lo que le dio luz...

no eres ningún asesino, tu eres alguien maravilloso que puede hacer un lugar mejor hasta estando en la oscuridad, eres una luna en la oscura noche.

Nunca me olvides Draco...

Hermione Jean Granger"

Theodore estaba atónito al terminar de leer la carta, era demasiada información y demasiado sentimiento que se mostraba.

Ahora estaba seguro que algo no estaba bien en su amigo, ¿Cómo podría ser posible que Draco hablará de Granger como una Sangre Sucia si se habían jurado amor?, había algo que seguía en misterio y estando en aquella mansión podría obtener la respuestas. Miró la jaula de su cuervo y se acercó a él y le dijo.

-Mi querido Hades, serás mi fiel guardián de aquí en adelante, creo tener una buena idea de lo podríamos hacer y tú serás fundamental... - acarició sus alas y regreso donde estaban los libros hojeando por encontrar una nueva respuesta.

A lo lejos, en la Gran Sala, la familia Malfoy se acercaba a sus asientos que se depositaba en el centro de la habitación, lo Mortífagos más sobresalientes del Señor Tenebroso se encontraban sentados ya en sus respectivos lugares esperando únicamente a un asiento que estaba justo a lado de su líder.

Severus Snape llegó minutos después, situándose delicadamente en su lugar, tras un agobiante silencio un mango oscuro apareció con un ser que se deslizaba en el suelo que atravesó toda aquella gran habitación hasta hacer levitar el inmóvil cuerpo que sostenía su asqueroso asistente con rasgos se rata.

La reunión comenzó, una rara discusión entre muchos de los presentes al decir la nueva información acerca de su próximo objetivo. Capturar a Potter después de su cumpleaños ya que perdería el detector de menores.

Esa probabilidad daría un chance de al fin acabar con él, mientras la incomodidad del rubio ante esa Reunión era claramente evidente, solo quería salir de allí, ya había llegado un punto de su conciencia que lo único que deseaba era salir corriendo y jamás volver a saber de todo ese lío que ahora inundaba el mundo magia, donde no había libertad en un mundo gobernado por el Señor Tenebroso.

-Colagusano, ¿No te he dicho que mantuvieras a nuestro invitado tranquilo?.- gritó el Señor Tenebroso, asi el animago acato las ordenes de su señor.

-Como estaba diciendo, -continuó Voldemort, mirando de nuevo a las caras tensas de sus seguidores-. Ahora soy más listo, necesitaré, por ejemplo, tomar prestada la varita de uno de ustedes antes de ir a matar Potter.

Prefirió seguir absorto en si, evadiendo las situaciones hasta que aquel terrible sujeto se posiciono detrás su padre y su madre.

-¿Ningún voluntario? -dijo Voldemort-. Déjame ver... Lucius, no veo razón para que sigas teniendo una varita.

Lucius Malfoy levantó la mirada. Su piel parecía amarillenta y cerosa a la luz del fuego, y sus ojos estaban hundidos y sombríos. Cuando habló, su voz era ronca.

-¿Mi Señor?

-Tu varita, Lucios. Exijo tu varita.

-Yo...

Miró de reojo a su esposa, que estaba mirando directamente hacia adelante, tan pálida como él, su largo pelo rubio colgaba por su espalda, pero bajo la mesa sus dedos esbeltos se cerraron brevemente sobre la muñeca de su esposo.

Ante su toque, Malfoy metió la mano en la túnica, retirando una varita, y pasándosela a Voldemort, que la sostuvo en alto delante de sus ojos.

-¿Qué es?

-Olmo, mi Señor, -susurró Malfoy.

-¿Y el centro?

-Dragón... nervio de corazón de dragón.

-Bien, -dijo Voldemort.

Sacó su propia varita y comparó sus longitudes. Lucius Malfoy hizo un movimiento involuntario; durante una fracción de segundo pareció como si esperara recibir la varita de Voldemort a cambio de la suya.

El gesto no le pasó por alto a Voldemort, cuyos ojos se abrieron maliciosamente.

-¿Darte mi varita, Lucius? ¿Mi varita?, Te he dado tu kibertad, Lucius, ¿no es suficiente para ti? Pero he notado que tú y tu familia parecen menos felices que antes... ¿Qué hay en mi presencia en tu casa que te disguste, Lucius?

-Nada... ¡nada, mi Señor!

-Que mentiroso, Lucius...

La suave voz pareció sisear incluso después de que la cruel boca hubiera dejado de moverse, Draco ya no escuchaba nada más después de ver cómo había sido revocado su padre de la única arma segura de un mago.

-¿Por qué los Malfoy parecen tan infelices con su suerte? ¿No es mi retorno, mi ascenso al poder, lo que profesaban desear durante tantos años?

-Por supuesto, mi Señor, -dijo Lucius Malfoy.

A la izquierda de Malfoy su esposa hizo un extraño y rígido asentimiento, sus ojos evitaban a Voldemort y a la serpiente. A su derecha, Draco, que había estado mirando fijamente hacia arriba al cuerpo inerte en lo alto, miró rápidamente hacia Voldemort y apartó la mirada una vez más, aterrado de hacer contacto ocular.

-Mi Señor, -dijo una mujer oscura en mitad de la mesa- es un honor tenerte aquí, en la casa de nuestra familia. No puede haber mayor placer.

Sentada junto a su hermana, donde Narcissa se sentaba rígida e impasible, Bellatrix se inclinaba hacia Voldemort, como si las meras palabras no pudieran demostrar su anhelo de estar más cerca.

-No hay más alto placer, -repitió Voldemort, su cabeza se inclinó un poco a un lado mientras evaluaba a Bellatrix-. Eso significa mucho, viniendo de ti.

La cara de ella se llenó de color, sus ojos se inundaron de lágrimas de deleite.

-¡Mi Señor sabe que no digo mas que la verdad!

Voldemort alzó la varita de Lucius Malfoy, apuntándola directamente a la figura que se revolvía lentamente suspendida sobre la mesa, y le dio una pequeña sacudida. La figura volvió a la vida con un gemido y empezó a luchar contra ataduras invisibles.

-¿Reconoces a nuestra invitada, Severus? -preguntó Voldemort.

Snape alzó los ojos a la cara que estaba bocabajo.

Todos los Mortífagos estaban mirando hacia la cautiva ahora, ya que se les había dado permiso para mostrar curiosidad. Cuando volvió la cara hacia la luz del fuego, la mujer dijo con voz rota y aterrada.

-¡Severus! ¡Ayúdame!

-Ah, si, -dijo Snape cuando la prisionera volvió a girar lentamente hacia otro lado.

-¿Y tú, Draco? -preguntó Voldemort, acariciando el hocico de la serpiente con la mano libre de la varita.

Draco sacudió la cabeza tirantemente. Ahora que la mujer había despertado, parecía incapaz de seguir mirándola. Otra vez la sensación de miedo bajaba y subía de su garganta como si fuera a morir en cualquier momento.

-Pero no tendrás que asistir a sus clases, -dijo Voldemort-. Para aquellos de vosotros que no lo sepán, nos reunimos aquí esta noche por Charity Burbage quien, hasta recientemente, enseñaba en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería...

No había duda de la furia y el descontento en la voz de Voldemort. Por tercera vez, Charity Burbage se revolvió para enfrentar a Snape. Corrían lágrimas desde sus ojos hasta su pelo. Snape le devolvió la mirada, impasible, mientras ella giraba otra vez lentamente.

-Avada Kedavra.

El destello de luz verde iluminó cada esquina de la habitación. Charity cayó con un resonante golpe sobre la mesa de abajo, que tembló y se partió. Varios de los Mortífagos saltaron hacia atrás en sus sillas. Draco cayó fuera de la suya hasta el suelo.

-La cena, Nagini, -dijo Voldemort suavemente, y la gran serpiente se balanceó y se deslizó de su hombro hasta el suelo pulido.

Aquel chico solo pudo temblar, temblar por su miserable existencia que colgaba en manos de esas horribles criaturas.

Las nubes crujían, grises sin piedad, Londres se hundía en la oscuridad de la noche y de una fuerte tormenta, el destino preparaba el campo de batalla.

En algún lugar lejos de las nubes grises, una rubia miraba el huerto de su casa recogiendo algunas extrañas frutas mientras en el borde de una rama un cuervo se asentaba a gruñir para llamar su atención.

-Hola amigo, ¿Estás perdido?- se acercó sigilosa Luna Lovegood.

Admiró a la increíble ave que se posaba alada en su tronco, grande y orgullosa abriendo sus alas regocijante, mientras que los ojos azules de la chica no dejaban de mirar la profundidad de aquel animal.

-No te haré daño, eres muy hermoso.

Y como si de un susurro se tratase el ave ufana bajo su cabeza esperando el tacto de la joven, quién con ternura la acarició.

-¿Qué haces por aquí? Jamás te había visto.- observó así sus patas encontrando un papiro en su garras.-Así que viniste a verme ¿me permites tomar tu mensaje?

El ave continuó tranquila esperando que la chica retirará el papel quien lo abrió delicadamente.

"Estimada Señorita Lovegood ..."