4º Curso. Capítulo 7
Las barcas rascaron la arena de la playa del islote, el frío hizo que muchas de las personas que les acompañaban se abrigaran con más ímpetu. Elyon notó que el aire casi se hacía irrespirable, le helaba la nariz y los pulmones, eran como agujas que la atravesaban por dentro.
-Come algo más de chocolate, hazme caso -insistió Dumbledore.
Si la situación seguía así no tardaría en quedarse sin tabletas contra aquel frío insoportable. Dejaron las barcas en la orilla y comenzaron a subir por unas escaleras de piedra resbaladiza. A Elyon le pareció escuchar unos susurros a su espalda, se giró sobresaltada, pero no había nadie allí.
-¿Estás bien? -le preguntó el director.
-Me ha parecido escuchar algo -le dijo inquieta.
-Vas a tener que poner en práctica lo aprendido en Oclumancia -le aconsejó-. La gente que lleva aquí mucho tiempo pierde la cabeza y si no vas con cuidado, te volverán loca a ti.
-Eso me lo podría haber dicho antes de venir... -musitó la joven perdiendo el color en las mejillas.
-Un detalle que se me olvidó mencionar -se disculpó Dumbledore.
Elyon alzó una ceja. "Sí, seguro que se le ha olvidado". Siguieron subiendo escaleras, hasta que alcanzaron las puertas. Eran parecidas a las de Hogwarts, pero más bastas y astilladas, con los picaportes oxidados por el agua salada. No había vestíbulo, solo una escalera a cada lado y un pasillo enfrente ancho y largo. El aire del interior estaba viciado, en él se mezclaban los aromas de la humedad y el moho, junto con otro que no tenía intención de adivinar. Se ajustó más el cuello de la túnica para calmar el brillo de su lágrima, que como Dumbledore le había avisado, parecía estar al rojo vivo.
-Ahora no te separes de mí ni de Alastor, los dementores no son los únicos sujetos peligrosos de este lugar -le dijo el profesor.
Se dirigieron a la escalera de la izquierda y comenzaron a ascender hasta el tercer piso, que como los anteriores, era un pasillo de piedra húmeda que se alargaba para luego torcer a derecha o izquierda. A ambos lados había celdas separadas entre ellas por un grueso muro de piedra. Los prisioneros se ocultaban en las sombras, encogidos, algunos se mantenían en silencio, y otros no dejaban de murmurar inquietos. El grupo mantenía un silencio incómodo, de forma que sus pisadas resonaban entre las paredes de piedra. De vez en cuando escuchaban algún sollozo o murmullo sin sentido.
Finalmente torcieron a la izquierda y entraron en una sala de techos altos y abovedados. Había un pequeño estrado redondo en el centro, con dos cadenas finalizadas en grilletes colocados encima.
-¿Y Sirius? -susurró Elyon.
-Ahora lo traerán -le puso una mano en el hombro y se lo apretó con cariño.
Notaba su nerviosismo y su miedo al lugar. Era un edificio realmente inquietante por sí solo, si se tenía en cuenta que estaba lleno de presos peligrosos custodiados por cientos de dementores, entendía que una chica de catorce años estuviera ansiosa por salir cuanto antes de allí. Elyon volvió al escuchar esos susurros ininteligibles en su oído. Se giró sobresaltada, alejándose de algo que realmente no había allí. Su antebrazo izquierdo empezó a picarle y se lo rascó distraídamente.
Se escucharon unos pasos en el pasillo. Por el arco de la puerta aparecieron dos enormes figuras encapuchadas que flotaban a unos centímetros del suelo, estaban cubiertas por una túnicas vaporosas que parecían flotar a su alrededor, lo único que mostraban eran unas manos esqueléticas de piel negruzca. Elyon se acercó a Dumbledore asustada. Tras aquellas criaturas caminaba Sirius arrastrando los pies. Tenía la mirada perdida y hundida, llevaba un traje de preso a rayas bajo una túnica sucia. Estaba muchísimo más delgado que la última vez que lo vio.
-Por Merlín... ¿qué le ha pasado? -musitó Elyon horrorizada.
-Dementores -respondió Alastor con seriedad.
Otros dos dementores cerraban la marcha. Lo condujeron hasta el estrado y le colocaron las cadenas. Aunque la joven opinó que se le veía tan débil, que aunque lo intentara, no podría huir de Azkaban.
-Bien, estamos aquí por petición de Albus Dumbledore -anunció Cornelius Fudge-, para realizar un juicio al preso Sirius Black III, acusado de unirse a Quien-No-Debe-Ser-Nombrado y del asesinato de James Charles y Lily J. Potter, Peter Pettigrew y catorce muggles.
Sirius levantó el rostro, y Elyon pudo ver un brillo de rabia en sus ojos.
-¿Cómo se declara el acusado?
-Inocente -respondió con determinación.
El Ministro alzó una ceja mostrando escepticismo. Carraspeó.
-La defensa de Sirius Black, representada por Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, expondrá las razones por las que el preso debería recuperar su libertad y quedar absuelto de los cargos.
-Sirius Black era parte de la Resistencia, era un miembro de la Orden del Fénix -comenzó el director-. Siempre luchó por la libertad y el fin de la guerra. Muchos pensaron que era el Guardián de los Potter, pero eso era parte del plan para mantenerlos a salvo, era la distracción perfecta al ser el mejor amigo de James Potter. El verdadero Guardián era Peter Pettigrew, ya que a ojos del enemigo, era el sujeto con menos probabilidades de serlo.
-¿Y cómo sabe que no traicionó a su Orden y vendió información a los magos oscuros? ¿Cómo sabe que no torturó a Peter Pettigrew para sonsacarle el paradero de los Potter y luego lo mató? -preguntó Fudge-. No es un secreto que muchos miembros de la familia Black se alistaron a las filas de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, algunos de los cuales aún no han sido atrapados ¿Cómo puede estar seguro de que él es diferente?
-Tengo una testigo que estuvo presente en la confesión de Peter Pettigrew como seguidor de Voldemort y traidor al Ministerio -puso la mano en el hombro de Elyon e hizo que se adelantara ligeramente-. Es Elyon McWilliams.
-¿La testigo es una niña? -la mujer regordeta vestida de rosa la miró con desaprobación.
-No soy ninguna niña -contestó Elyon con enfado-. Y sí, yo vi a Peter Pettigrew vender a sus amigos por salvar su cobarde pellejo.
Todos se quedaron en silencio. Los miembros del Ministerio la miraron con desaprobación. Sirius pareció dibujar una pequeña sonrisa en sus labios. Y Moody suspiró negando levemente con la cabeza.
-La noche en que mataron a mis padres y Voldemort estuvo a punto de llevarme con él, Peter Pettigrew me salvó de algún modo al aparecer traído por una mortífaga. Lloriqueaba diciendo que él era el Guardián de los Potter, y que Black era solo una distracción. Y cuando Voldemort ordenó que lo mataran tras haberle dicho el paradero de los Potter, pidió clemencia gritando que había estado pasando mucha información a los mortífagos, así que Voldemort le tatuó la Marca Tenebrosa en el brazo y le perdonó la vida.
Ella tragó saliva al acabar. Le temblaban las manos, y no era por el frío. Aun no creía que hubiera podido hablar de aquella noche sin romper a llorar.
-Profesor Dumbledore, ¿nos ha traído como testigo a una adolescente que ha pasado una experiencia traumática? ¡No es fiable! ¡No creo que sepa realmente lo que vio! -exclamó el Ministro.
-¿Y cómo sabe si esa supuesta persona que vio era Peter Pettigrew? ¿Acaso lo había visto antes? -añadió la mujer con cara de sapo.
-Era bajito, regordete, con orejas grandes y nariz y ojos pequeños. Parecía un ratón -los describió Elyon lo mejor que pudo.
-Ese es Peter Pettigrew -dijo Sirius con voz ronca y furia en la mirada.
-La descripción es correcta -comentó una mujer que llevaba en sus brazos una carpeta, revisando documentos y fotografías.
-Mucha gente podría encajar en esa descripción. No es un testimonio fiable -insistió Fudge.
-Es tan válido como el de tus testigos muggles ¿O acaso ellos no sufrieron una experiencia traumática al ver la explosión? -Albus se mantenía estoico y sereno, aunque con esfuerzo.
-Como tú mismo acabas de decir, hay muchos más testigos que aseguran que Sirius Black fue el causante de la explosión que mató a Peter Pettigrew y a los muggles. Lo escucharon gritar y amenazar a la víctima. Pettigrew está muerto y Black está vivo. Creo que está claro quién es el asesino -Fudge apretó los dientes.
-¡No! -gritó Elyon llena de frustración- ¡Lean mis recuerdos y comprobarán que lo digo es cierto!
-Eso sería ilegal, y además, los recuerdos pueden modificarse con facilidad –aclaró la mujer vestida de rosa.
La joven apretó la mandíbula y sin apenas pensarlo, y ante el asombro de todos, se dirigió directamente hacia Sirius. Los dementores se apresuraron a cortarle el paso. Ella alzó las manos con decisión, sin mirarlos, su vista estaba clavada en los ojos del acusado, que la miraba preocupado y confuso a partes iguales. De las manos de la chica pareció emanar un vaho blanquecino y brillante, que hizo retroceder a los dementores mientras estos se tapaban con sus manos esqueléticas la cara oculta bajo la capucha. Los magos susurraron asombrados y desconcertados.
-Albus detenla -le dijo Alastor avanzando preocupado.
Pero el anciano lo detuvo alargando un brazo frente a él, cortándole el paso. Finalmente Elyon subió al estrado.
-No es un asesino -dijo en voz baja pero audible-. Lo vi en casa de los Potter, cuando recogimos al bebé. Vi sus ojos... llenos de desesperación.
Miró a Sirius con ojos llorosos y colocó su mano en el pecho del chico.
-Nadie ¡Nadie que pudiera querer tanto a otra persona sería capaz de matarla a sangre fría! ¡De venderlos a cambio de su vida! ¡Y luego aparecer en el lugar del asesinato desecho y desconsolado! -gritó llena de rabia- ¡Sirius Black no es un asesino! ¡No es un traidor! ¡No es un mortífago!
Le arremangó la manga del brazo izquierdo, mostrando la piel lisa y blanquecina.
-Que no lleve la Marca no quiere decir que no fuera seguidor de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Solo la llevaban los más allegados -aclaró la mujer del vestido rosa.
-Profesor Dumbledore llévese a esta niña de aquí -le exigió Fudge perdiendo los nervios.
-No me iré de aquí sin él -dijo tajante la chica cogiendo la mano de Sirius con fuerza.
Los magos exclamaron escandalizados discutiendo entre ellos lo que estaba sucediendo.
-¿Qué haces? -le dijo susurró él preocupado.
-Lo que he venido a hacer.
-Apenas me conoces, ¿y si fuera realmente un asesino?
Elyon lo miró a los ojos.
-Sé, y no me preguntes por qué, que no eres una mala persona -le dijo-. Sé por lo que estás pasando y no es justo. Has perdido a los tuyos y además te están acusando de algo que no hiciste. Te están arrebatando la vida.
Los ojos del chico se humedecieron y dibujó una pequeña sonrisa.
-Te lo agradezco. Eres lo mejor que me ha pasado desde que murieron -su voz se cortó, parecía a punto de romper a llorar-. Pero no me dejarán salir, no con vida. Soy su cabeza de turco, soy la limpieza de imagen del Ministerio tras la guerra. Por eso no hubo juicio, por eso no quisieron escucharme. La historia de como el mejor amigo de los Potter, los padres del Niño Que Vivió, los vendió a Voldemort, mató a catorce muggles y luego fue heroicamente atrapado por los aurores, vende mucho más que el hecho de que el verdadero traidor se les haya escapado bajo sus narices.
Unas lágrimas resbalaron por las mejillas de la chica.
-Pero no puedo dejarte aquí, así, solo -gimió ella-. No te lo mereces.
-Quizá sí. Quizá me lo merezco por no haber sido capaz de ver la traición de Peter mucho antes -suspiró él con pesar.
-No digas eso -lo abrazó con fuerza-. No dejes que los dementores te hagan creer eso.
Sirius apretó la mandíbula para no romper a llorar. El simple hecho de que aquella chica a la que solo había visto una vez lo defendiera con tanta vehemencia, le animaba a seguir adelante, le hacía sentir que tal vez no se había quedado tan solo como creía.
-¡Profesor Dumbledre llévesela! -volvió a gritar Fudge, furioso haciéndose por fin oír entre la discusión que se había formado.
-Elyon... -la llamó él cediendo alargando una mano hacia ella.
-No –dijo ella secamente y con determinación, por un momento, parecía ser más alta y adulta de lo que realmente era-. No voy a dejarlo aquí para que lo maten a la primera de cambio.
-¡No vamos a matarlo! -le gritó Fudge exasperado por la terquedad de la chica-. Su condena es pudrirse aquí por sus crímenes.
"Haz que te jure que no cambiarán la condena ni la agravarán" -escuchó la voz de Dumbledore en su cabeza.
Elyon lo miró desconcertada. El director asintió alzando las cejas.
-Júremelo -dijo finalmente-. Júreme que esa sentencia no cambiará, que no se agravará. Prométame que de algún modo, la vida de Sirius Black no correrá nunca peligro mientras esté en Azkaban, que no le darán el Beso.
Fudge la miró confuso.
-No me moveré de aquí hasta que lo haga -insistió ella con seriedad.
-Bien, vale, de acuerdo, te lo juro -suspiró Fudge con cansancio, deseoso de que aquello acabara y así poder perder de vista a la chica.
"Qué te estreche la mano" -insistió Dumbledore.
Elyon bajó del estrado y se acercó al Ministro. Alargó la mano hacia él.
-Jurado entonces -insistió ella.
-Jurado -repitió Fudge estrechando su mano.
Dumbledore sonrió ampliamente.
-No recuerdas quien era Ania McWilliams y con quien estaba casada, ¿verdad? -intervino entonces el director.
-¿Debería recordarlo? -el Ministro alzó una ceja, aunque le sonaba de algo ese apellido ahora que le insistía en eso.
-Deberías recordar la relación que tenía ese matrimonio con Azrael, porque espero que de él si te acuerdes -medio rio el anciano.
Fudge palideció, y luego miró a la chica con horror.
-¿Ella es…? ¡Pensé que había muerto hace años! -exclamó confuso.
Elyon supo que era entonces cuando debía quitarse la capucha y dejar sus orejas al descubierto.
-¿De verdad, Fudge? ¿Creías? -Alastor estalló en cólera- De haber muerto hace años te habrías enterado enseguida ¡Todos lo hubiéramos hecho! ¡Es vergonzoso que un Ministro de Magia tenga tan poca cultura sobre el mundo mágico!
-¡¿Cómo se atreve a hablar así al Ministro?! -le reprochó la mujer regordeta.
-Alastor... -lo cortó Dumbledore antes de que dijera algo inapropiado que acabara costándole su puesto de trabajo.
El auror lo miró con enfado, dejando claro que aún le faltaban muchas cosas por decir.
-Ya veo que una vez más se ha salido con la suya, profesor Dumbledore -gruñó Fudge-. Así que daremos por finalizado el juicio.
Hizo un ademán para que los dementores se llevaran a Sirius de vuelta a su celda.
-Al menos veo que sí recuerdas lo que supone un juramento con Azrael -medio rio el director.
-Sí, y no se preocupe, es algo que no olvidaré fácilmente -contestó el Ministro de mal humor aflojándose el cuello de la túnica.
Elyon volvió a mirar a Sirius y lo abrazó con fuerza.
-Siento no haberte podido sacar de aquí -le susurró.
-Has hecho todo lo que has podido -le sonrió él devolviéndole el abrazo.
-Mantente fuerte y conseguirás salir de aquí -le dijo deslizando bajo la túnica del chico su tableta y media de chocolate-. Pase lo que pase no dejes que los dementores se hagan con el control.
Ella le sonrió con complicidad. Sirius miró con disimulo el chocolate que acababa de regalarle.
-Eres mi ángel de la guarda -rio besándola en la mejilla.
-Encontraré la manera de hacerte llegar más.
-Y yo la ayudaré -les dijo Dumbledore que se había acercado a ellos sigilosamente-. Siento muchísimo no haberte podido sacar de aquí, pero encontraré la manera.
Le puso una mano en el hombro y se lo apretó con cariño.
-Sé que a cabezota no te gana nadie -se despidió Sirius devolviéndole el apretón.
Finalmente los dementores desencadenaron al chico y lo sacaron de la sala. Elyon los siguió hasta la puerta, y vio alejarse a esos monstruos por el pasillo, junto a Sirius, que caminaba un poco más erguido, y en cierta manera, más alegre. Pero ella seguía llena de pena y frustración por no haber podido sacarlo de allí.
Escuchó una voz que la llamaba, un susurro. Salió al pasillo y giró un recodo. Aquella voz seguía llamándola y se sentía extrañamente atraída hacia ella. La conocía. Al final del pasillo apareció una figura alta, cubierta por una capa negra que casi se confundía con las sombras del castillo. Era quien la estaba llamando. Miró a su espalda, se había ido sin decirle nada a Dumbledore.
"Elyon, vámonos a casa"
Comenzó a caminar por el pasillo. Se sentía ligeramente mareada, como si de alguna manera flotara. Todo se había vuelto difuso y borroso. Lo único que podía ver con claridad era a aquella figura al final del pasillo.
-¿A casa? -preguntó ella.
"Sí, a casa. A tu verdadera casa. Lejos de mortífagos y aquellos que los protegen"
-¿Aquellos que los protegen? -siguió avanzando hacia aquella figura.
"Como Albus Dumbledore, ¿o acaso no ha acogido a uno bajo su techo?"
-Snape -musitó ella.
Se paró en el pasillo. Sí que fue mortífago, pero el director le había dicho que hacía tiempo que era un espía a su servicio. Y él había estado siendo amable con ella la mayor parte del tiempo, quizá realmente no había maldad en su corazón.
-Pero no es malvado. Me salvó -dijo ella acordándose de Greyback.
"Albus Dumbledore es manipulador, tú lo sabes. Hará contigo lo que quiera cuando quiera. Nunca serás libre bajo su techo" -insistió la voz.
En un instante aquella figura estaba frente a ella. Elyon dio un respingo y retrocedió.
"Vámonos a casa" -la figura le tendió una mano y luego se quitó la capucha.
Era un hombre joven, de treinta y pocos años. Era atractivo a su manera. Con el pelo negro corto y bien peinado. Pero había algo en sus ojos castaños que la hacía desconfiar.
-¿Quién eres? -le preguntó.
"Quién te mostrará la verdad"
Su corazón le dio un vuelco. A su memoria vinieron todas aquellas veces que sus padres habían intentado esquivar algunas de sus preguntas, o que habían reaccionado de manera extraña. Sabía que en su familia siempre había habido secretos.
Alargó la mano para coger la del hombre.
-¡Elyon, no! -escuchó gritar a su espalda.
Entonces la mano se volvió negruzca y esquelética. El rostro del hombre se había convertido en un hueco vacío bajo una gran capucha. No se había dado cuenta de que a su alrededor se habían congregado varios dementores. De dentro del dementor pareció salir ese hombre y se abalanzó sobre ella, con un brillo rojizo en su mirada. Ella ahogó un gritó alejándose de él.
Dumbledore corrio por el pasillo seguido de cerca por Alastor. Solo un segundo, solo la había perdido de vista un segundo. Iba a sacar su varita dispuesto a atacar cuando los dementores se abalanzaron sobre ella. Hubo un estallido de luz blanca. Escuchó los gritos agudos de los dementores. Cuando la cegadora luz comenzó a bajar de intensidad, distinguieron a un enorme y orgulloso grifo que protegía con su cuerpo a Elyon, desmayada en el suelo. Los dementores habían desaparecido por completo. Finalmente el Patronus se desvaneció y la oscuridad volvió a reinar.
…..
Elyon se despertó en el suelo de piedra, completamente desorientada. Algo le cogió de la capucha de la capa y la levantó bruscamente lanzándola contra la pared.
-¡Elyon! -gritó su madre.
Ella miró alrededor, y vio a su madre arrodillada en el suelo, sujeta por un hombre encapuchado.
-¿Mamá? -sollozó ella.
Aquello no podía estar pasando, su madre estaba muerta.
-Esto no es real... -musitó ella-. Solo está en mi mente.
-¿Y cómo estás tan segura? Nunca llegaste a ver morir a tu madre -un anciano de larga barba plateada entró en la mazmorra.
Dumbledore la miró con una sonrisa cruel.
-¡Usted me lo dijo! -le gritó ella.
-¡Elyon corre! -le gritó su madre.
Ella la miró. Tenía el rostro magullado y bañado en lágrimas. La habían estado golpeando.
-¿Qué le ha hecho? -preguntó ella furiosa.
-Nada que no te vayamos a hacer a ti ahora -le respondió Dumbledore.
Alguien la cogió del pelo y la hizo arrodillarse en el suelo. Ella intentó zafarse con un gruñido de dolor.
-No, no, no, no -le susurró una voz grave y profunda al oído-. Tienes que mirar.
Elyon miró de reojo al chico que la retenía, y distinguió su pelo negro y su nariz aguileña. Ella cerró los ojos con fuerza, deseando despertar, aquello no podía ser cierto, no podía ser real. Era una pesadilla. Tenía que serlo.
-¿Por qué...? -sollozó.
-Porque fuiste tan estúpida como para confiar en nosotros -le contestó.
Entonces tiraron a su madre al suelo, y el hombre que la retenía le apretó la garganta con fuerza.
-¡NO, NO! ¡MAMÁ! -gritó Elyon intentando llegar hasta ella- ¡BASTA!
Su madre se debatía en el suelo intentando respirar, pero sin conseguirlo. Dumbledore miraba la escena sin inmutarse en absoluto. Finalmente su madre dejó de luchar y se quedó inmóvil.
-¡NO! ¡NO! -gritó Elyon intentando golpear a Snape para que la soltara- ¡NOOO! ¡MAMÁ!
La joven gritó llena de impotencia.
-Tu turno -le dijo el chico.
Sin previo aviso le lamió la cara desde la mandíbula a la frente. Ella ahogó un quejido de asco. Luego la tiró al suelo y le rodeó el cuello con las manos comenzando a apretar. La joven lo golpeó para liberarse. Dumbledore seguía mirando la escena con la misma sonrisa cruel. Sintió que se mareaba, no podía respirar. Snape seguía sobre ella apretando su garganta.
Un olor muy desagradable lo inundó todo y le hizo cerrar los ojos con asco.
Al volver a abrirlos la luz intensa del lugar la cegó. Pero enseguida distinguió el rostro de un chico moreno que la miraba con preocupación mientras sostenía un pequeño frasco cerca de su nariz. Ella alzó la mano con rapidez y él salió despedido hacia atrás, cayendo aparatosamente al suelo con un gruñido de dolor.
-Elyon, tranquila -le dijo Dumbledore poniéndole una mano en el hombro.
Ella saltó de la cama para alejarse de él.
-No me toquéis ¡La habéis matado! -les gritó.
-¿A quién? -el director la miró confuso.
-¡No digas tonterías! No hemos matado a nadie -le dijo Snape levantándose del suelo con enfado.
-Y tu intentaste matarme a mí -Elyon lo miró con rabia.
Alzó la mano y se formó un rayo lila dirigido directamente hacia el chico. Snape alzó la varita instintivamente para bloquear el hechizo pero en el último momento, algo le dijo que aquello no funcionaría contra la extraña magia élfica. Se movió con rapidez para intentar esquivarlo, pero igualmente el hechizo le alcanzó en el hombro, que empezó a sangrar abundantemente.
Dumbledore intentó correr para socorrer al chico, pero no pudo moverse.
-¡¿Elyon que haces?! -le gritó.
-Protegerme de vosotros -les dijo con rabia.
El director la miró. Había algo en su mirada. No era ella misma.
-Elyon has de cerrar tu mente. Te están utilizando -le dijo con calma.
-¿Cómo vosotros? -contestó ella desconfiada.
Snape no conseguía cerrar la herida de su hombro, que no paraba de sangrar. Empezaba a marearse, el dolor era horrible, sentía calambres por todo el brazo que se estaban extendiendo al resto del cuerpo.
-¡Cierra tu mente! ¡No seas estúpida! ¡Céntrate! -le dijo el chico apoyándose en una de las camas de la enfermería intentando mantenerse en pie con la mandíbula apretada.
Elyon los miró a ambos. Y dudó. Por una parte quería hacerles daño, pero por otra... Tuvo una sensación de vértigo.
"Acaba con ellos" -le dijo aquella voz al oído-. "Te han hecho daño a ti y a tu familia"
Ella negó con la cabeza. Aquello no era cierto, lo que le había pasado no había sido real, no podía haber sido real.
Madame Pomfrey entró en ese momento en la sala y miró la escena con horror. Dumbledore la miró negando con la cabeza dándole a entender que no se moviera y no dijera nada.
"Si no los matas nunca serás libre" -insistió aquella voz en su cabeza.
-No quiero matarlos... -musitó ella llevándose las manos a los oídos.
"Pero debes hacerlo"
-No... y no puedes obligarme -gimió ella encogiéndose.
-¡Cierra tu mente de una jodida vez! -le gritó Snape a punto de perder el conocimiento. Su camisa estaba empapada en sangre, que goteaba por sus dedos.
"¡Mátalos!"
-¡No! ¡Sal de mi cabeza! ¡Ahora! -gritó ella concentrándose.
Se arrodilló en el suelo e inspiró hondo repetidas veces. Aquella voz siguió gritando en sus oídos, aunque apenas la entendía ya. Eran gritos de rabia y frustración. Finalmente todo quedó en silencio. Abrio los ojos con la respiración agitada. Le temblaba todo el cuerpo.
Dumbledore sintió que podía volver a moverse, y no dudó en ir a socorrer a Snape que se había desmayado encima de una de las camas de la enfermería, y sufría espasmos cada pocos segundos. Madame Pomfrey lo imitó.
Elyon comenzó a llorar aun arrodillada en el suelo. No sabía por qué lo había hecho. No sabía qué había pasado. Se sentía confusa, mareada y muy culpable. Vio como la enfermera se apresuraba en intentar cortar la hemorragia del hombro de Snape. Había mucha sangre en la cama en la que estaba tirado.
-¿Está...? -preguntó ella con voz temblorosa.
-Está inconsciente -contestó Dumbledore ayudando a la enfermera a vendarle el brazo-. Y necesitará descanso. Pero se recuperará enseguida.
Madame Pomfrey lo miró alzando una ceja dando a entender que ella no estaba muy segura de ello.
-Lo siento de verdad... yo...
Dumbledore se acercó a ella y la ayudó a levantarse. Tenía las manos manchadas de sangre. Cuando el hombre agarró su antebrazo izquierdo ella gimió de dolor. El director le arremangó la túnica. La Marca estaba rojiza, como en carne viva. El anciano cerró los ojos con cansancio.
-No ha sido culpa tuya. No debí llevarte a Azkaban. No sin haber acabado las lecciones de Oclumancia.
-¿Qué ha pasado? -le preguntó ella.
-Lo mismo iba a preguntarte yo -suspiró el director.
Ella intentó recodar.
-Había algo... o alguien... un hombre... me llamó, me dijo que fuera con él, que me enseñaría la verdad, que usted me estaba utilizando... y luego... estaba en una mazmorra, y estaba mi madre... -su voz se quebró-. Un mortífago la mató frente a mí, la estranguló. Y usted estaba allí y no hizo nada, ni siquiera cuando Snape me estrangulaba a mí... Luego desperté aquí y solo quería defenderme, pero esa voz, ese hombre quería que los matara.
Dumbledore se masajeó las sienes.
-Ahora no te preocupes por eso. Tienes que descansar y serenarte, para que ese hombre no pueda volver a entrar en tu mente -le pasó un brazo por los hombros acompañándola a una de las camas.
-Pero Snape... -Elyon miró al chico aún inconsciente sobre la cama, los espasmos estaban cesando.
-Se pondrá bien, es un chico fuerte -le sonrió-. No es lo peor que le ha pasado, créeme.
La chica inspiró profundamente al sentarse en la cama.
-Le pediré a Madame Pomfrey que te dé un tranquilizante para que puedas dormir un poco.
Ella asintió. Se acordó de su madre.
-¿Cuánto tiempo hace que enterraron a mis padres? -le preguntó antes de que se fuera.
-Los enterraron dos días después de su muerte -contestó el anciano.
-¿Podría... cuándo podré ir a visitar sus tumbas? -Elyon lo miró con lágrimas en los ojos.
-No lo sé, pero no por el momento, aunque te prometo que las visitarás.
Dumbledore se fue de nuevo con Madame Pomfrey después de correr las cortinas de separación entre camas. La semielfa se quedó allí sentada, y apretó los labios para que no la escucharan llorar.
…..
Estaba anocheciendo, apenas entraba luz por los ventanales de la enfermería. A pesar de haberse tomado la poción relajante, no había podido dormir. No dejaba de darle vueltas a lo sucedido, sentía un gran nudo en el estómago. Había estado a punto de matar a Snape.
Escuchó un balbuceo. Dio un respingo ¿Estaba volviendo aquella voz? Prestó atención. Pero no volvió a escuchar nada. Se levantó con cuidado y descorrio las cortinas de la cama. No había nadie allí. Volvió a escuchar el balbuceo.
-Snape -musitó.
Se asomó tras una de las cortinas echadas. El chico estaba tendido en la cama. Tenía el pelo pegado al rostro por el sudor y la respiración agitada. Ella alargó una mano indecisa y le tocó el rostro, estaba ardiendo. Unas imágenes confusas aparecieron en su mente: fuego, sangre y gritos.
Se alejó atropelladamente de él, tropezó con la mesita de noche y cayó al suelo tirando el mueble y todo lo que había encima suya. El estruendo resonó con fuerza en la sala vacía. Madame Pomfrey apareció corriendo atándose la bata.
-¿Qué ha pasado? -preguntó.
-Lo siento... -se disculpó Elyon levantándose y levantando del suelo el mueble-. Iba a avisarla... Sna... el profesor Snape tiene fiebre, y mucha.
La enfermera le tomó la temperatura al chico.
-Gracias por avisar. Ahora vaya a descansar -le dijo echándola con educación y volviendo a correr la cortina.
Ella obedeció a regañadientes. Se tumbó en la cama y finalmente consiguió dormirse, aunque no consiguió descansar por culpa de terribles pesadillas que no recordaría a la mañana siguiente.
