4º Curso. Capítulo 9

El primer mes de clase pasó más rápido de lo que ella esperaba. Le costó acostumbrarse al nuevo ritmo de estudio, teniendo en cuenta que tenía el doble de deberes y horas de clase. El trato entre Elyon y Snape se había enfriado hasta el punto que les era casi insoportable verse, así que las clases suplementarias de Pociones se habían vuelto una tortura en las que reinaba un silencio que ninguno de los dos se atrevía a romper.

Otra explosión en el aula hizo salir a Elyon de sus cavilaciones, que una vez más giraban en torno al ataque del Callejón del Sauce. El caldero de Lisa había vuelto a reventar manchando el techo de la mazmorra.

-Empiezo a pensar que tiene serios problemas de comprensión, señorita Atler -le dijo Snape en un susurro-. Diez puntos menos para Gryffindor y además en el próximo descanso se quedará castigada, al igual que el viernes, para limpiar este estropicio y el que seguro formará.

-Sí, señor -musitó la muchacha mirando al suelo.

Elyon se quedó mirando a su compañera, apenas había cruzado con ella un saludo de buenos días, sólo hablaba con Judit, Alex, Allyson y Sharon, y solo en la habitación antes de irse a dormir. Era una chica muy callada, siempre absorta en sus pensamientos, sus ojos perfilados con negro mostraban una profunda tristeza.

-Señorita McWilliams aguarde un momento -le dijo Snape mientras recogía unos pergaminos de su escritorio al acabar la clase-. Esta noche no podré dar las clases complementarias de Pociones, así que le he cambiado el horario a la profesora Croft.

Ella salió del aula sin ni siquiera asentir, odiaba las clases suplementarias de Defensa Contra las Artes Oscuras, aún más que las de Pociones. Le dolía admitir que esa asignatura era mucho más divertida e instructiva con Snape que con Zelda, la cual simplemente se dedicaba a mandarle leer libros. Elyon había tenido que aprender gran parte de los hechizos practicando de madrugada en las aulas vacías. Después de cenar se dirigió al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras y entró sin molestarse en llamar.

-¿Es que tus padres no te enseñaron que hay que llamar antes de entrar? -le preguntó Zelda mascando un chicle, estando a solas la mujer ni se molestaba en usar con ella un tono formal.

Elyon la miró desafiante y dejó su mochila en una de las mesas.

-¿Me va a enseñar algo de provecho esta vez o se va a limitar a limarse las uñas como de costumbre? -preguntó ella impertinente.

-Aprende a controlar tu lengua, o un día de estos habrá que cortártela -contestó la mujer poniendo sus botas de tacón sobre la mesa.

-A ti sí que habría que cortártela -murmuró Elyon entre dientes mientras sacaba su libro y lo abría por la lección que debía seguir esa noche.

A la una de la mañana se escurrio por los pasillos hasta llegar a un aula vacía y comenzó a practicar un nuevo hechizo, las horas pasaron y decidió que ya era bastante cuando los ojos comenzaron a escocerle tanto por el cansancio que apenas podía tenerlos abiertos.

…..

-Elyon, despierta, Elyon -la llamó Judith zarandeándola.

-Cinco minutitos más -gruñó ella dándole la espalda.

-Si duermes cinco minutos más no llegarás a la clase de Encantamientos -le dijo Sharon quitándole las sábanas.

Elyon se levantó de mala gana y se vistió.

-¿Qué demonios haces después de cenar para estar tan cansada? -le preguntó Allyson alargándole uno de los zapatos que la semielfa estaba buscando bajo la cama.

-Estudiar -contestó ella con un bostezo.

-¿Estudiar? Sí claro -comentó Alex incrédula- ¿Te crees que somos tontas? No estás en la Sala Común y la Biblioteca está cerrada.

-No quiero parecer borde, pero me paso las noches estudiando y si no me creéis no es mi problema, pero no lo hago aquí para no molestaros -contestó ella abrochándose la túnica.

-Elyon, haz lo que quieras, de verdad. Solo te digo que si andas por el castillo de madrugada vayas con cuidado con Filch y la señora Norris -le advirtió Allyson.

-Ten, cómete estos bollos de camino al aula, ya no hay tiempo para que desayunes en condiciones -Sharon le pasó cinco bollos envueltos en una servilleta.

…..

-¡Qué desgracia, doble clase de Pociones! -sollozó Alex.

-¡Sht! ¿Quieres que te oiga Snape? -le murmuró Judit.

-Pero es que es una tortura... -se siguió quejando ella.

-A nadie le gusta, Alex. Bueno, salvo a los slytherins, que consiguen puntos gratis -comentó molesta Sharon.

-Nosotros no nos podemos quejar, quien lo pasa mal de verdad es Lisa. Hoy le va a tocar volver a limpiar el aula de Pociones ¿Os imagináis lo que debe ser tener que estar a solas con Snape? Recordad que Lisa no ha querido mencionar nada -dijo Allyson con horror.

-Me hago una ligera idea -murmuró Elyon.

-Es verdad, que tú tienes un par de horas extra –Alex torció una mueca compasiva.

-Pero si no hace explotar el caldero de nuevo no tendrá que quedarse castigada –comentó la semielfa.

-No quiero ser ceniza, pero estamos hablando de Lisa, siempre le ha ido mal Pociones, incluso con Slughorn que era muy majo y paciente, pero ahora con este profesor lo lleva mucho peor -comentó Sharon afligida.

Elyon miró a la joven morena que estaba apoyada unos metros más allá, sus manos temblaban mientras sostenía su caldero.

-Pues yo digo que hoy no se queda castigada -dijo Elyon con decisión.

-¿Cómo estás tan segura? -preguntó Alex.

-Porque voy a ayudarla -respondió la semielfa con una sonrisa.

-Elyon, está prohibido hablar en clase, te vas a meter en un buen lío -intentó hacerla razonar Judith.

-Me da igual lo que diga Snape -contestó ella con indiferencia.

La puerta de la mazmorra se abrió y entraron en el aula, Elyon siguió a la silenciosa muchacha y se sentó a su lado ante la mirada nerviosa de sus compañeras de cuarto.

-¿Te importa? -le preguntó ella con una sonrisa.

-No, por supuesto que no -contestó Lisa débilmente.

-Me llamo Elyon -se presentó ella colocando su caldero encima de la mesa.

-Sí lo sé… yo soy Lisa, aunque a estas alturas del curso, seguro que ya lo sabías -contestó la chica con una leve sonrisa-, nuestras compañeras se han encargado de eso.

Ahogó una risita para no empezar con mal pie la clase de Pociones y recibir un castigo o la pérdida de puntos para su Casa. Los alumnos encendieron los fuegos y comenzaron a echar los primeros ingredientes a las pociones que aquel día debían realizar.

-¡No, espera! -le susurró Elyon a Lisa- Espera cuarenta segundos más antes de echar la crin de kelpie.

-Gracias -le respondió Lisa apartando su mano del caldero.

-De nada, y recuerda, solo una cerda de la crin.

-¿Se puede saber qué es eso tan interesante que le está contando a su incompetente compañera, señorita McWilliams? -preguntó Snape levantándose de su escritorio.

-Nada importante, profesor -contestó con frialdad.

-Yo no estoy tan seguro -insistió el profesor cruzándose de brazos.

-Piense lo que quiera, entonces -comentó Elyon volviendo a concentrarse en su poción ante la mirada asombrada de su compañera ante el comentario.

La clase se inundó de susurros de sorpresa ante el atrevimiento de su compañera mientras la miraban como si se hubiera vuelto loca. Mark rio por lo bajo a la espera de la reacción del profesor, ansioso porque la castigara.

-¿Cómo ha dicho? -Snape bajó su tono de voz amenazadoramente.

-Creo que ya me ha oído, profesor -respondió Elyon mirándole a los ojos con desafío.

-¿Te has vuelto loca? Pídele disculpas -le murmuró Lisa asustada.

-Ni de coña -le dijo Elyon con los dientes apretados a su compañera que la miraba llena de espanto.

-Muy bien señorita McWilliams, veinte puntos menos para Gryffindor y un castigo que aclararemos a solas y que seguro le bajará los humos -sentenció Snape, Mark sonrió complacido.

-Por mí como si son cincuenta y me castiga a limpiar hasta el último rincón de este castillo -comentó Elyon con una sonrisa impertinente, envalentonándose.

-Está poniendo al límite mi paciencia -le advirtió el profesor.

-Usted ya ha rebasado el mío con su inaceptable método de enseñanza -le dijo Elyon con voz demasiado audible.

-Que le quede claro que no es nadie para cuestionar mis métodos de enseñanza -contestó Snape irritado, los alumnos contenían el aliento.

-¡Ya lo creo que sí! -Elyon se puso en pie con enfado, tirando el taburete- No es justo que favorezca a su Casa y que ridiculice en público a los alumnos ¡No tiene ningún derecho ni como profesor ni como persona! Y creo que sabes perfectamente que yo soy una de las que tiene todo el derecho del mundo a criticarte -añadió ella con voz amenazante.

-¡Se acabó! -le cortó Snape furioso- Al despacho del director, ¡ahora mismo! ¡El resto atended vuestros calderos si no queréis compartir castigo con la señorita McWilliams!

Elyon recogió sus cosas armando más escándalo del necesario y salió del aula con la cabeza bien alta. Estuvo alrededor de dos horas dando vueltas por el castillo, no pensaba ir al despacho del director hasta que acabara la doble clase de Pociones, después de la cual seguro que Snape iría a hablar con Dumbledore sobre lo ocurrido. Así que decidió subir a ver al director cuando también lo hiciera el profesor, con lo que sólo tendría que escuchar un sermón, aunque fuera a dos bandas.

Estaba apoyada en la gran gárgola que custodiaba el despacho de Dumbledore cuando escuchó acercarse por el pasillo unos pasos rápidos y airados. Snape apareció doblando una esquina. Con su ondeante capa y su expresión enfurecida parecía dos veces más alto, pero Elyon no pensaba dejarse intimidar por él.

-¿Qué haces aquí? Aprovecha tus horas de libertad, porque me voy a encargar de castigarte el resto del curso y el tiempo que tengas que estar entre estos muros -le dijo Snape acercándose a ella peligrosamente.

-Estaba esperando a entrar en el despacho, me dijiste que viniera, no que entrara –Elyon torció una sonrisa jugando con su paciencia, que parecía estar al límite.

-Por las barbas de Merlín -le dijo Snape a la gárgola, que se movió dejando a la vista una escalera de caracol- Adentro.

El chico le puso una mano en el hombro a la joven y la empujó al interior de ésta con fuerza.

-Ten más cuidado, profesor -le contestó ella molesta usando un tono despectivo en la última palabra.

-Sigue jugando conmigo y te aseguro que lo pasarás peor que si te cogiera un mortífago -contestó él sin mirarla.

-¿Uno como tú tal vez? -murmuró ella.

Elyon se dio cuenta de que había dicho aquello en voz alta, y lo miró de reojo con miedo a su reacción. Pero el chico se limitó a mirarla con la mandíbula apretada. La escalera siguió subiendo hasta quedar frente a una puerta de madera oscura. Snape se adelantó y llamó a la puerta.

-Adelante -contestó Dumbledore desde el interior.

El profesor abrio la puerta y los dos entraron en silencio.

-¿A qué se debe esta visita? -preguntó el director desde su escritorio frunciendo el ceño.

-Quiero castigar de por vida a esta mestiza -explicó el chico cogiendo a Elyon del brazo para que se adelantara.

-Severus esa lengua... -le dijo Dumbledore con enfado- ¿Qué ha hecho para merecer tal reprimenda?

-Ha cuestionado mis métodos de enseñanza y ha puesto en duda mi autoridad en medio de una clase y de forma muy poco educada -respondió Snape con enfado.

-¿Y eso por qué? -le preguntó Dumbledore a la chica, que estaba con los labios apretados en parte por el enfado y en parte por el fuerte agarre del chico sobre su brazo, que comenzaba a dolerle.

-No es justo que se dedique a favorecer a los suyos y humille a los alumnos en público -dijo ella con voz firme.

-Puede que tengas razón o no, Elyon, el profesor Snape y yo tendremos una conversación al respecto. Pero no por ello has de faltarle al respeto a un profesor -le dijo el anciano con seriedad-. Me temo que te vas a tener que acoger a un simple castigo Severus, nunca ningún alumno ha sufrido castigos mayores por algo parecido bajo mi dirección y no haré una excepción.

-Sí, señor -contestó Snape con fastidio y salió dando un portazo.

Dumbledore suspiró.

-¿Elyon por qué te has comportado así? -le preguntó el director entristecido.

-Porque no es justo lo que hace en clase, lo del favoritismo para mí es lo de menos. Lo que no soporto es que humille a una compañera constantemente -contestó cruzándose de brazos con enfado.

-Pero en lugar de haberte quejado en clase debiste venir a hablar conmigo, es más, debiste animar a tu compañera a venir aquí y hablar del tema -le dijo Dumbledore.

-¿Bromea? Está demasiado intimidada por Snape como para quejarse de algo -dijo Elyon molesta.

-Pero esa sería su batalla no la tuya, no digo que no intentes ayudarla, pero hay otras formas. No utilices ese pretexto para descargar tu ira y frustración sobre el profesor Snape, no ha hecho nada con maldad -reflexionó Dumbledore levantándose del escritorio.

-¿Que no ha hecho nada con maldad? ¿Y lo del Callejón del Sauce qué? -preguntó ella con lágrimas en los ojos.

-Sí, participó en el ataque, pero no fue tan cruel como...

-Yo lo vi, vi lo que hizo, vi como mataba a aquellos elfos -sollozó ella, no sabía por qué Dumbledore ponía tanto empeño en defenderlo.

-¿Cómo lo viste? -preguntó él alarmado.

-Snape me lo enseñó, dejó escapar ese recuerdo cuando lo toqué en la enfermería para saber si tenía fiebre la noche que volvimos de Azkaban.

Dumbledore suspiró entristecido y le ofreció asiento a la joven mientras él mismo se sentaba.

-¿Qué fue lo que viste? -le preguntó Dumbledore con calma.

-Todo. Como mató a los dos jóvenes, al niño...

-El pequeño no sufrio ningún daño, fue uno de los pocos supervivientes, Severus lo salvó de una muerte segura. Lo durmió para que pareciera muerto y así no lo atacaran.

-¿Y los demás? ¿Esos no cuentan? -le dijo Elyon con frustración.

-Mató a los dos jóvenes en defensa propia y por accidente -explicó Dumbledore con los ojos llenos de tristeza al recordar los hechos-. Créeme que a los únicos que mató de buen grado fue a un par de mortífagos, sobre todo a uno que pretendía aprovecharse de una elfa de tu misma edad.

Elyon miró al director, ¿cómo podía defenderlo? ¿Cómo aun sabiendo todo lo que había hecho como seguidor de Voldemort? La chica negó con la cabeza, no había excusa para aquellos actos, ni por defensa propia, ni por espía tenía el perdón de todos aquellos asesinatos y muchos otros que seguro había cometido.

-Es un asesino y siempre lo será, diga lo que usted diga -dijo levantándose de la silla con brusquedad- Y jamás tendrá ni mi respeto ni mi confianza.

-Elyon, por favor... -Dumbledore intentó estrecharle una mano con cariño para tranquilizarla.

-¡No! -ella se alejó llena de furia- Voldemort tenía razón, usted es un manipulador que protege a asesinos como Snape.

Corrio hacia la puerta, necesitaba alejarse del castillo, alejarse de todo lo que le rodeaba, escapar de tanta mentira...

-¡Elyon! -la llamó Dumbledore preocupado- ¡Elyon vuelve!

Siguió corriendo escaleras abajo haciendo oídos sordos a los gritos de Dumbledore. No quería oírle, no quería oír más excusas que libraran de culpa a asesinos. Al final del pasillo pudo ver el patio trasero del castillo, en cuyo centro había una pequeña fuente, siguió corriendo todo lo rápido que le llevaban sus piernas cuando algo se interpuso en su camino y la agarró con fuerza por la espalda levantándola del suelo.

-¡Suéltame! -gritó ella golpeando los brazos que la sujetaban con firmeza.

Dio una patada hacia atrás y escuchó un gemido de dolor antes de que los brazos la soltaran dejándola libre. No miró a quién había golpeado, no le importaba.

Siguió corriendo hasta pasar la fuente. Solo quería salir de allí y llegar a cualquier otra parte, al bosque o a Hogsmeade, o más allá, le daba igual. Corrió hacia el muro, si lo saltaba podría bajar por la ladera y escaparía antes del colegio. Al subir a la carrera vio que no estaba la ladera al otro lado, sino una caída de más de cien metros hacia la oscuridad. Intentó parar, pero la inercia la hizo desequilibrarse y resbaló, se golpeó contra el borde del muro en su caída mientras intentaba agarrarse con los dedos a los huecos de las piedras. No lo consiguió, y se sintió caer al vacío mientras se le encogía el estómago.

Alguien le agarró la muñeca con ambas manos y frenó su caída. Elyon levantó la vista y se encontró con el rostro de Snape contraído por el esfuerzo de mantenerla sujeta en el vacío. Con un gruñido la atrajo hacia sí, hasta que la joven pudo agarrarse al borde del muro y subir a él.

-¡¿En qué cojones estabas pensando?! –jadeó él recuperando el aliento, ligeramente inclinado apoyando sus manos en las rodillas.

-Yo… yo… -musitó ella con el cuerpo tembloroso una vez estuvo a salvo en el patio del castillo.

¿Cómo podía haberse equivocado así? ¿Cómo había podido confundir ambos patios situados en extremos opuestos del edificio? Rompió a llorar. Qué estúpida, había estado a punto de matarse. Miró al chico, que la observaba con una ceja levantada, intentando comprender qué es lo que le pasaba por la cabeza a la semielfa. Ella apretó los labios sin dejar de llorar y le dio la espalda dispuesta a salir corriendo.

-Elyon, espera, ya basta de huir, así no arreglarás nada -el profesor la retuvo cogiéndola del hombro.

-No hay nada que arreglar, mis padres no están. Ya no queda nadie, nadie a quién le importe… -musitó- Solo desconocidos que no hacen más que mentirme y ocultarme cosas.

-Desconocidos que intentan protegerte y ayudarte –le dijo Snape.

-¿Y si no quiero ayuda? ¿Y si solo quiero que me dejen en paz para desaparecer?

-Elyon... por favor... solo intentamos… -Snape suspiró con pesar- Sé que no es fácil y que solo quieres que el mundo se pare. Que parece que todo es un juego de mal gusto, y solo quieres que se acabe la partida que estás perdiendo, pero eso no pasará, nunca pasa. Porque la vida sigue y no es un juego que puedas abandonar. Solo puedes seguir, sobreponerte y buscar un lugar seguro en el que si tienes que derrumbarte, al menos haya alguien que te pueda ayudar a levantarte de nuevo -insistió él.

Entonces ella se dio la vuelta, lo miró a los ojos, lo abrazó con fuerza mientras dejaba escapar la amargura que la había estado destrozando por dentro todo ese tiempo.

-Los echo de menos, no me hago la idea de que no podré volver a verlos, no quiero hacerme a la idea… -lloró ella con amargura- Cada día al despertar solo deseo verlos junto a mí para saber que todo ha sido sólo una pesadilla. Pero no lo es… y nadie quiere explicarme por qué.

Snape se había quedado completamente inmóvil y con los ojos desmesuradamente abiertos, no se había esperado esa reacción de ella, quizá que cayera de rodillas al suelo llorando o escapara a la carrera, pero no que se hubiera tirado sobre él en busca de un consuelo que no podía darle. En aquella situación no sabía muy bien cómo reaccionar, era algo totalmente nuevo para él, aunque con torpeza rodeó el pequeño cuerpo de la muchacha con sus brazos.

Elyon se sintió extrañamente reconfortada, más aun que cuando Dumbledore o Remus intentaban animarla, aquel chico era totalmente distinto a toda la gente que había conocido, pero aun así, sabía que era el que mejor podía entenderla de algún modo. Con la cabeza apoyada en el pecho de Snape podía escuchar los latidos del joven, que eran lentos y profundos. Su cuerpo había dejado de temblar y comenzó a sentir un terrible cansancio.

Snape miró a la chica que seguía abrazada a él llorando en silencio, sintió como los temblores dejaban su cuerpo y como éste se volvía algo más pesado. El joven profesor dedujo que era por el cansancio y el estrés de todos esos días que habían pasado. Porque aunque la joven lo ignoraba, él la había estado vigilando mientras practicaba por las noches en las aulas vacías, ya que vigilarla era parte de su trabajo. Iba a decirle que era mejor que fuera a por sus cosas para la clase de Astronomía, pero notó que estaba echando más peso sobre él y al intentar moverse se dio cuenta de que ella no lo hacía.

-No es posible -comentó él con incredulidad, Elyon se había quedado sorprendentemente dormida de pie, cargando su peso sobre él.

"Ahora tendré que llevarla a la Sala de Profesores" pensó Snape mirándola con una ceja levantada, "No puedo aparecer en la Sala Común de Gryffindor con ella a cuestas..." Con sumo cuidado para no despertarla consiguió cogerla en brazos, la chica se revolvió y rodeó el cuello del profesor. Para él eso resultó una ventaja, ya que le era más fácil llevarla, aunque notó un pequeño hormigueo en el estómago. "La próxima vez cenaré y esperaré antes de hablar con Dumbledore" se dijo a si mismo comenzando a caminar en dirección a la Sala de Profesores.

Al llegar consiguió abrir la puerta con dificultad y luego la dejó en la butaca más grande. Al soltarla sintió un gran alivio en los brazos, Elyon pesaba más de lo que aparentaba. La muchacha se encogió acomodándose en la butaca, Snape la miró y encendió la chimenea. A esas horas hacía frío en aquella sala. El profesor se frotó las manos y se las metió en los bolsillos. La chica seguía encogida en la butaca. Él puso los ojos en blanco, sacó su varita e hizo aparecer una manta con la que cubrir a su alumna. "Alumna", rio él. "Jamás conseguiré verla de esa manera". Una sonrisa torcida se dibujó en su rostro mientras colocaba la manta sobre ella, que poco a poco se fue relajando. Snape se agachó a su lado y la miró más de cerca, era cierto que se parecía a sus padres, solo los había visto en dos ocasiones, pero aun así podía asegurar que el parecido era asombroso. Retiró uno de los mechones azulados que cubrían su rostro y con cuidado lo colocó tras su oreja, ahora con el aspecto que tenía la de un humano. Tenía que admitir que le gustaba más su aspecto original ya que realzaba los finos rasgos de su cara. Snape se levantó con brusquedad sacudiendo su cabeza, ¿pero en qué diablos estaba pensando? Se dejó caer en otra de las butacas.

La puerta se abrio con brusquedad y por ella entró Dumbledore corriendo hacia él con preocupación.

-¿La has encontrado? -preguntó el director con la respiración agitada.

Snape señaló la butaca en el que Elyon dormía.

-Gracias a Merlín -suspiró aliviado Dumbledore- ¿Dónde estaba? La he estado buscando por todas partes pero no la encontraba... aun llevo el susto en el cuerpo, creí que le había pasado algo...

-Bueno... ha estado a punto de caer desde el patio de la fuente… -comentó Snape, Albus palideció- Llegué en el momento justo, unos segundos más… Suerte también que he escuchado tus gritos por el pasillo y he intuido que algo no iba bien -añadió para tranquilizar al anciano.

-¿Qué hacía allí? -preguntó Dumbledore sin comprender.

-No lo sé. Creo que estaba confusa y enfadada… y no pensaba con claridad, pero… a saber –suspiró el chico.

-Lo más importante es que está aquí y a salvo -dijo Dumbledore con alivio.

-¿Cuándo le contarás la verdad? -preguntó Snape sentándose en una de las butacas.

-Cuando esté preparada, por ahora con lo que sabe tiene bastante. Además yo no soy el más indicado para contárselo, de eso ha de encargarse su familia -respondió el anciano.

-Elyon piensa que se ha quedado sola entre extraños que no hacen más que ocultarle cosas, debería saber por qué murieron sus padres, sería lo justo -insistió el joven profesor-. No hace más que torturarse con eso, piensa... piensa que ojalá todo esto sea una pesadilla de la que poder despertar en breve. Quizá el hecho de saber las razones por las cuales sus padres se sacrificaron por ella le levante el ánimo...

-O puede que la hunda aún más, porque para explicar su muerte, tendría que saber todos los detalles, y como he dicho, no está preparada -razonó Dumbledore con pesar-. No todavía.

Snape entrelazó sus dedos con gesto pensativo y miró a la joven que dormía tranquila y ajena a toda aquella conversación.

-De todas maneras tenga quien tenga la razón, me alegro de que comiences a preocuparte por ella como Protector -dijo Dumbledore con una sonrisa-. Hazme un favor, quédate con Elyon hasta que termine unos asuntos, luego yo le haré compañía.

Dumbledore salió de la sala ante la sorpresa de Snape, que se había quedado inmóvil ante ese comentario. "Me alegro de que comiences a preocuparte por ella" esas palabras resonaron en su cabeza durante unos minutos interminables, ¿qué le estaba pasando? ¿Se estaba ablandando? Decididamente aquella no era su noche.

Se recostó en la butaca y dejó la mente vagar, respiró profundamente e intentó quedarse en blanco, aunque por primera vez eso le estaba costando horrores. Involuntariamente volvió la vista hacia su alumna que seguía durmiendo. "¡Basta!" se exigió así mismo. Se levantó furioso y caminó hasta la ventana de la habitación, ¿por qué diablos no podía dejar de pensar en ella esa noche? "Porque solo me acarrea problemas y quebraderos de cabeza, y estoy harto" respondió él apoyando el brazo en el cristal de la ventana. "Eso no te lo crees ni tú" lo contradijo una voz dentro de su cabeza. "Porque sabes que no es la primera vez que te pasa"

-Cállate -murmuró con los dientes apretados apoyando la cabeza en su brazo.

Aquella maldita cría le desconcentraba cada vez más poniéndolo de los nervios, lo que como consecuencia desencadenaba su mal humor. "Y este maldito hormigueo en el estómago me pone frenético, jamás volveré a saltarme una comida" miró los exteriores del castillo, sus terrenos estaban sumidos en la oscuridad en esa noche sin luna. Entonces algo llamó su atención haciendo que girara bruscamente la cabeza en dirección a la chimenea, unos murmullos resonaban en el silencio de la sala, pero no eran unos simples murmullos, ya había oído cosas parecidas. Snape se acercó a la chimenea y miró a la chica que se revolvía en la butaca, murmuraba algo inquieta, en una lengua que él jamás había entendido pero que reconocía. Era élfico.

La chica comenzó a aumentar el tono de los murmullos, asustada. Snape siguió dónde estaba, no se atrevía a acercarse, por alguna razón solo podía limitarse a mirar. De repente Elyon gritó con fuerza y por sus ojos se escaparon lágrimas mientras se movía como si intentara escapar de algo. Esta vez el profesor no se lo pensó y se arrodilló junto a ella.

-¡Sht! Calma, tranquila -le susurró él sujetando sus manos que se movían frenéticas intentando no ser atrapadas, aunque él con habilidad lo consiguió-, solo es una pesadilla.

Elyon seguía retorciéndose e intentaba librarse del agarre del chico, Snape puso una mano en su frente y recorrio su cara hasta llegar a su mejilla.

-No pasa nada, solo es un mal sueño -murmuró él agarrando con firmeza sus pequeñas manos-, no te va a pasar nada mientras esté aquí.

Poco a poco la chica se fue calmando hasta que su respiración volvió a ser normal, aunque en su rostro aún seguía la expresión de miedo. Snape acarició su mejilla con suavidad y le secó las lágrimas, Elyon frunció el ceño y después su expresión se fue relajando. El joven la miró pensativo, ¿sería posible que el recuerdo del Callejón del Sauce aun la atormentara por las noches? Teóricamente después de saber de qué se trataba, la pesadilla se tenía que haber convertido en un recuerdo ahora también suyo. El profesor retiró su mano del rostro de la chica e iba a soltar sus manos cuando fue ella quien lo sujetó impidiendo que se alejara. Snape frunció el ceño mientras notaba como el hormigueo de su estómago se reavivaba con fuerza.

-No te vayas -murmuró Elyon en sueños-, no me dejes sola papá.

Él se libró de su agarre y la volvió a cubrir con la manta. Snape se sentó en una butaca y se anotó mentalmente que debería mencionar los hechos a Dumbledore, pero se quedó dormido junto al fuego.

…..

Elyon abrio los ojos con cansancio, le dolía todo el cuerpo y el frío le había calado hasta los huesos, se incorporó en el sofá y miró a su alrededor mientras se enrollaba en la manta.

-Buenos días -la saludó Dumbledore avivando el fuego con su varita.

-Buenos días profesor -le saludó ella bajando la vista avergonzada- esto... perdón por lo que dije ayer yo...

-No hace falta que te disculpes, muchas veces decimos las cosas sin pensar -la interrumpió el anciano.

Ella asintió con la cabeza soñolienta. La noche anterior había hecho muchas cosas sin pensar. Se saltó las clases de Oclumancia y Legeremancia ya que se había despertado bastante tarde y tampoco estaba de humor para asistir, se las hubiera saltado como hacía desde su encontronazo nocturno con Snape antes de empezar el curso. Se dirigía hacia la Sala Común cuando alguien la llamó.

-¿Elyon? -preguntó una chica a su espalda.

Ella se giró y vio a Lisa acercarse a ella con algo de timidez.

-Hola Lisa -la saludó.

La chica le sonrió con algo de preocupación.

-¿Dónde has estado esta noche? Estábamos todos preocupados al ver que no asistías a la clase de Astronomía -preguntó su compañera.

-Bueno... eh -tartamudeó Elyon sin saber que decir.

-Te hicieron cumplir el castigo durante toda la noche, ¿no?

-La verdad es que no, solo fue el sermón. El castigo aun no sé cuándo lo tendré que cumplir -contestó ella con una sonrisa torcida.

-Pues menuda charla -sonrió Lisa.

-¿Era por eso por lo que me buscabas? -preguntó Elyon acercándose a Lisa.

-Sí y no, quería darte las gracias por haberme defendido en Pociones. Nadie había hecho eso por mí, y menos si a penas me conocía -se sinceró la joven metiendo sus manos en los bolsillos de sus vaqueros negros.

-No hay de qué, es que no soportaba ver cómo te trataba Snape, alguien tenía que pararle los pies -comentó como si nada.

-Pues te doy las gracias de todo corazón, aunque jamás me hubiera imaginado que alguien tuviera el valor suficiente para encarar a Snape.

Sonrió algo cohibida. Las dos se fueron a dar una vuelta por el castillo mientras se iban contando cosas y se conocían un poco más. A Elyon le gustó aquella chica, era sencilla y muy simpática cuando se decidía a hablar. La joven tenía una espesa melena negro azabache, cortada a capas y surcado por extensiones de color violeta, sus ojos castaños eran redondos y serenos. Tenía una constitución muy delgada y le sacaba casi una cabeza de altura.

-¿Puedo hacerte una pregunta? -Lisa asintió- ¿Por qué vas siempre vestida de negro y con los ojos tan pintados?

-Bueno... empecé a vestirme así para que mis padres me prestaran algo más de atención, pero no ha funcionado... y le he cogido el gustillo a esta estética -contestó ella afligida.

-Las chicas mencionaron algo sobre que tenías problemas familiares -se atrevió a curiosear Elyon.

-Sí, mis padres viven separados desde hace cuatro años, aún no han pedido el divorcio, pero no creo que tarden mucho... las cosas no mejoran -explicó ella.

-Ya verás como todo se soluciona, nunca hay que perder la esperanza -la animó Elyon con una sonrisa.

-Eso espero -musitó la muchacha.

Se dirigían de nuevo a la Sala Común cuando vieron a Snape llegar desde la otra punta del pasillo, las dos siguieron caminando sin reparar en él, pero este las detuvo al pararse frente de ellas.

-Señorita McWilliams creo que tenemos un castigo pendiente -anunció con su habitual frialdad.

-¿Tiene que ser ahora? -preguntó Elyon con fastidio.

-Será cuando yo diga -contestó el profesor con sequedad.

-Ya seguiremos hablando luego -se despidió de Lisa, que la miraba algo preocupada.

-Suerte -le murmuró esta antes de seguir su camino.

Profesor y alumna caminaban juntos por el pasillo sin cruzar palabra alguna.

-¿Por qué tengo que cumplir el castigo precisamente hoy? -volvió a preguntar ella.

-¿Es que antes no te ha quedado claro? -respondió él- Y te aconsejo que lo acabes pronto, tienes dos clases más esta tarde y la que perdiste de Astronomía ayer noche.

Elyon resopló con enfado, ¿es que no podía dejar de ser borde ni por un momento? ¿Ni siquiera después de que ella se hubiera sincerado con él? No tenía que haberle contado nada. Llegaron a la enfermería y la atravesaron hasta llegar a una puerta situada al final de la sala tras unas cortinas, Snape la abrio y Elyon tuvo que taparse la nariz, el olor que salía de aquel baño era nauseabundo.

-Vas a limpiarlo sin uso de la magia -sentenció el profesor-. Dame tu canalizadora.

-¿Qué? -Elyon no podía creer lo que le decía, no quería.

-Ya no eres tan gallita, ¿verdad? Como he dicho vas a limpiar con agua y jabón.

-Ni hablar, no pienso hacerlo. Esta peste no es normal -se negó ella-. Es cosa tuya, seguro.

-Tu verás lo que haces, pero no vas a salir de aquí hasta que lo hayas limpiado todo -Snape la empujó al interior del baño, le quitó la canalizadora del bolsillo y cerró la puerta.

Elyon observó el lugar mientras se tapaba la nariz con la mano, a primera vista el baño no parecía estar muy sucio, pero cuando llegó a los retretes tuvo que contener las arcadas. Uno de ellos estaba atascado y el agua salía poco a poco de color marrón e iba empapando el suelo con calma, otro tenía restos de vómito... pero el que más asqueroso resultaba a la vista era uno que tenía la taza cubierta por una especie de vómito verde que burbujeaba y humeaba sin pausa y del que provenía el espantoso hedor. Elyon intentó asomarse a una ventana para poder respirar otro aire que no fuera ese, pero por desgracia éstas estaban demasiado altas para llegar a ellas incluso subiéndose encima de los retretes. Se acercó a la puerta del baño y se apoyó en ella, no pensaba limpiar el baño, eso nunca. Aquel castigo no era justo, si le había faltado al respeto a un profesor había sido porque éste no se lo tenía a sus alumnos y no pensaba ceder en esa opinión.

Estaba golpeándose ligeramente la cabeza contra la puerta pensando como escabullirse del castigo cuando escuchó el roce de un cristal contra una superficie dura, se alejó de la puerta y se asomó a uno de los retretes, ojalá que del vómito verde no estuviera saliendo una criatura especialmente repulsiva.

-¿Peeves? -Elyon miró al polstergeit que estaba recogiendo el vómito humeante con una pequeña botella.

-¿Qué haces aquí duendecilla? -le preguntó él escondiendo el frasco.

-Me han castigado a limpiar los baños, ¿qué haces con esa botella? ¿Piensas gastarle una gamberrada a Filch? -le preguntó ella con el ceño fruncido.

-Eso no es de tu incumbencia, orejas picudas. Déjame con mi trabajo -le dijo Peeves con enfado.

Entonces a Elyon sonrió con picardía, a lo mejor no tendría que limpiar el baño después de todo.

-¿Y si le dijera a Filch lo que tramas? -insinuó ella con una sonrisa torcida.

-Me encargaría de arrancarte la lengua -le contestó el hombrecillo azul.

-Si lo hicieras Dumbledore te echaría de aquí, y no creo que tú quieras eso, ¿verdad? -siguió hablando ella con la misma sonrisa.

-¿Qué estás tramando? -Peeves parecía haber visto la trampa.

-No diré nada si limpias el baño por mí -contestó ella.

El polstergeit rio con fuerza flotando varios centímetros por encima de su cabeza.

-Tu silencio no paga la limpieza de esta pocilga -siguió riendo él.

-Pero si a ti no te cuesta nada hacerlo -se quejó ella cruzándose de brazos.

-Esfuerzo puede que no, pero si tiempo ¡Y mi tiempo es muy valioso! -comentó Peeves mirándose las uñas.

-Vale, ¿y si además de mi silencio consigues artículos de Zonko para seguir fastidiando a Filch? -Elyon intentó cambiar de estrategia.

-No necesito artículos de Zonko para fastidiar a Filch -contestó él-. Mis gamberradas tienen marca propia.

-Pero con esos artículos podrías volver loco a Filch. Varias bombas fétidas puestas en diferentes sitios del castillos conseguirían hacerle correr durante mucho rato -siguió probando ella.

Peeves se golpeó la barbilla con el dedo, pensativo. Elyon sonrió, había conseguido tentarle.

-Vale, trato hecho, limpio el baño si tú no dices nada y me consigues los artículos de Zonko que yo te diga -aceptó Peeves.

-Hecho -la chica estrechó la mano del polstergeit satisfecha.

-Ahora vete hacia la puerta y date la vuelta, no me gusta que los alumnos descubran mis trucos -le dijo el hombrecillo con un ademán para que se alejara.

Elyon obedeció y mantuvo su posición durante varios minutos en los que no se escuchó nada.

-¡Ya puedes girarte! -le dijo la voz chillona de Peeves.

Al hacerlo no pudo evitar soltar un silbido de admiración, el baño estaba impecable, parecía completamente nuevo y el olor nauseabundo había desaparecido por completo.

-¡Recuerda que tenemos un trato duendecilla! -le dijo Peeves antes de desaparecer.

Elyon salió del baño con una sonrisa de autosuficiencia, encontró a Snape tumbado en una de las camas absorto, como de costumbre, en un libro de tapas oscuras, seguramente sobre pociones.

-Acabé -anunció ella con voz audible.

Snape levantó la vista del libro y la miró alzando una ceja.

-¿Pretendes que me lo crea? -le dijo incrédulo.

-Échale un vistazo si no me crees -contestó la chica con un ademán, invitándole a entrar en el baño.

El joven lo hizo y volvió con una expresión bastante airada.

-Largo -le dijo con enfado tendiéndole su canalizadora.

-¿Cumplo el castigo y todavía te cabreas? Eres increíble -gruñó ella saliendo de la enfermería.

-Sé que no has cumplido el castigo y te aseguro que averiguaré cómo has conseguido limpiar el baño en tan poco tiempo sin ni siquiera mancharte o mojarte la ropa -le dijo Snape cogiendo el libro que estaba encima de la cama y cerrándolo con fuerza.

…..

-¿Qué tal el castigo? -le preguntó Lisa en la habitación.

-Bien, coser y cantar -contestó ella-; no veas el cabreo que se ha cogido cuando lo ha visto cumplido.

-Creo que deberías andarte con cuidado entonces -le dijo Lisa.

-¿Andarme con cuidado? Si no fuera tan borde no le plantaría cara -se quejó Elyon.

-Puede ser, pero a lo mejor también deberías respirar y pensar antes de hablar. Te puedes meter en muchos líos si no piensas lo que dices, aun teniendo toda la razón del mundo -reflexionó la chica.

Elyon miró al suelo, Lisa tenía razón, quizá debería calmarse antes de plantarle cara por algo. A lo mejor una tregua no sería mala idea. Así sus clases con él serían más llevaderas, además, la pasada noche prácticamente había prescindido de la bordería cuando ella flaqueó emocionalmente. Se levantó y dio un par de vueltas por el cuarto, lo mejor sería ir a hablar con Snape.

-¿Me disculpas un momentito? Enseguida vuelvo -Lisa asintió.

Corrio hacia las mazmorras y tocó con educación a la puerta.

-Adelante.

Elyon abrio la puerta y entró en el despacho.

-Con esa forma de llamar no pensé que pudieras ser tú -comentó el profesor- ¿Has venido a admitir que no has limpiado el baño?

-No. Quiero firmar una tregua, pero si vas a seguir siendo así de borde, creo que me iré por donde he venido -le dijo alzando una ceja, molesta.

-¿Una tregua?

-Sí, estoy más que harta de pelear contigo y no poder estar en la misma habitación que tú sin acabar discutiendo. Así que he venido a decirte que si tú intentas respetarme yo haré lo mismo contigo -propuso ella.

Snape se levantó de la mesa y se acercó a ella tendiéndole la mano, Elyon se la estrechó con una sonrisa. Se sorprendió de que ni se tomara unos minutos para reflexionar.

-Por cierto, Dumbledore te ha dado permiso para que ayudes a Atler en mis clases. Solo a Atler -le informó antes de que se fuera.

-De acuerdo.

-Y te aseguro que no me voy a olvidar de lo del castigo de hoy que te has saltado –añadió antes de que ella cerrara la puerta.

Elyon contuvo una sonrisa socarrona.

Cuando regresó a la habitación la encontró vacía, fue a por los libros para comenzar a hacer los deberes cuando tropezó con el lápiz de ojos de Lisa, lo recogió del suelo y lo miró con curiosidad. Elyon torció una sonrisa, jamás se había maquillado y sin embargo muchas de las alumnas si lo hacían y la verdad es que les favorecía mucho.

-¿Te apetece ver cómo te queda? -le preguntó Lisa desde la puerta.

-¡No, gracias! -contestó Elyon apresurándose en dejar el lápiz de ojos sobre el baúl de su compañera.

-Conozco esa mirada y sé de sobra que tienes curiosidad -rio la muchacha dejando los libros que llevaba en los brazos sobre su cama.

Elyon se la quedó mirando y se torció el meñique hacia atrás.

-Sólo para probar -cedió finalmente.

-Sólo para probar -sonrió Lisa.

Esa situación le era especialmente incómoda, era la primera vez que lo hacía y no estaba segura de si al mirarse al espejo parecería un payaso.

-Ya puedes mirarte -le dijo su compañera alargándole un espejo.

-Vaya - musitó Elyon.

Se sorprendió al ver que el verde de sus ojos se había intensificado al perfilar sus ojos con el lápiz y un poco de sombra de ojos oscura. Era un efecto impactante, y disimulaba sus ojeras de cansancio por dormir tan poco.

-¿Te gusta? -le preguntó Lisa con el ceño fruncido y mordiéndose el labio.

-La verdad es que sí -contestó ella-. Pensaba que me maquillarías igual que tú... más... dramático -rio.

-¡No, mujer! Tienes unos rasgos muy finos para un maquillaje tan exagerado como el mío. Pero sabía que te quedaría bien algo mucho más sutil y natural con esos ojos tan preciosos que tienes -sonrió con orgullo la morena, y Elyon se sonrojó-. Bueno vamos a comer, tengo hambre.

-¿Tengo que ir con los ojos pintados al Gran Comedor? -preguntó insegura.

-¡Claro! Así le pedimos opinión a las chicas -propuso su compañera.

-Me da vergüenza... es un cambio muy radical de un día para otro -insistió ella.

-No seas tonta, ni que fueras la única del colegio que un día se levanta y decide maquillarse -rio la morena.

…..

Lisa andaba con paso ligero para llegar al Gran Comedor, hacía media hora que había servido la comida.

-¡Frena un poco! -le dijo Elyon riendo intentando seguirle el paso.

-De eso nada, si tardamos más la comida se enfriará -respondió la chica comenzando a correr.

Se apresuró en imitarla, y al girar una esquina golpeó accidentalmente a un profesor que pasaba por ahí.

-¡Perdón! -se disculpó ella mirando fugazmente al atropellado y siguiendo su camino en pos de Lisa.

Snape se quedó parado en medio del pasillo mirando en la dirección por la que Elyon había desaparecido corriendo. No sabía porque pero era incapaz de moverse y de apartar de su mente aquellos ojos verdes que le habían atravesado con una inocente sonrisa. No se había dado cuenta del verde intenso de sus ojos hasta ese momento.

-Severus, Severus... ¿vas a comer algo o no? -le preguntó Zelda.

-¿Qué? -preguntó él volviendo a la realidad.

-Que si vas a comer algo -repitió ella cruzándose de brazos.

-Sí, sí, claro... ahora me dirigía al Gran Comedor -contestó él.

-¡Perfecto! ¿Te importa si te acompaño? Estoy muerta de hambre -le dijo la profesora con una sonrisa.

-No, por supuesto -suspiró él pasándose una mano por el pelo intentando ordenar sus pensamientos y cavilaciones que una vez más habían escapado a su control.