4º Curso. Capítulo 10
Elyon entró en el Gran Comedor detrás de Lisa, se sentía incómoda en aquellos momentos, se había dado cuenta de que algunos alumnos la miraban con atención, pero no con la misma de hacía un mes.
-¡Guau! Menudo cambio chica –le dijo Judith al verla.
-No hay nada como pelearse con un profesor para sacar el lado rebelde con un buen cambio de look –rio Allyson.
-¿Ves? Te dije que era un cambio muy radical. Aun no me creo que me hayas convencido para bajar aquí con los ojos pintados –le murmuró a Lisa sentándose a la mesa.
-No seas boba, te queda de muerte –rio Alex.
Elyon se limitó a sonreír cohibida mientras cortaba un trozo de carne y se lo echaba en el plato junto con las patatas. Comenzó a comer deseando que aquella sensación que tenía de ser observada desapareciera pronto, pero de lo que la muchacha no se había dado cuenta era que no estaba siendo observada solo por algunos alumnos. Snape también la miraba con menos discreción de la que hubiera querido, apenas había tocado su plato y se dedicaba a juguetear con un guisante al que ni siquiera estaba mirando. Desde que se había sentado a la mesa no había podido dejar de echar miradas a la mesa de Gryffindor. Aquellos ojos verdes no le dejaban concentrarse en nada y comenzaba a ponerse verdaderamente nervioso, y eso no era bueno, nada bueno, porque acabaría pagándolo con la semielfa sin que hubiera hecho nada.
-¿Severus te encuentras bien? –le preguntó Zelda inclinándose un poco hacia él.
-Sí, ¿qué te hace pensar lo contrario? –contestó él un poco hosco y sin mirarla.
-El hecho de que apenas has dado bocado y que no le quitas la vista de encima a esa mocosa rubia –contestó ella alzando una ceja.
Esas últimas palabras hicieron reaccionar al chico, que apartó inmediatamente la mirada de la mesa de Gryfindor y la dirigió hacia la mujer que tenía a su lado.
-Parece que no me equivoco –rio Zelda-, si tanto te incordia, búscale un castigo que le baje los humos, si quieres puedo ayudarte.
La profesora se mordió el labio y le sonrió.
-Prefiero buscarlo solo, así cuando la vea cumplirlo me sentiré más complacido –contestó él levantándose de la mesa.
-Como quieras, pero no subestimes mi imaginación, Severus –le susurró ella.
…..
A la mañana siguiente Elyon se encontró en uno de los patios del castillo recubierto de césped y con una escoba en la mano.
-¿Has entendido todos los pasos? –le preguntó la profesora Hooch.
-Sí, dar una fuerte patada al suelo para despegar e inclinar ligeramente la escoba para volver al suelo –contestó ella resumiendo toda la charla que le había dado la profesora.
-Bien, cuando toque el silbato despega –la mujer se llevó el silbato a los labios y lo hizo sonar con fuerza.
Dio una fuerte patada al suelo y se elevó con la escoba temblorosa. Fue consiguiendo estabilidad a media que ganaba altura, pero cuando se decidió a avanzar algo se cruzó en su camino a una velocidad vertiginosa y tuvo que girar bruscamente su escoba para no ser arrollada.
-¡Johnny más cuidado, muchacho! –gritó la profesora Hooch.
Elyon se extrañó y miro hacia abajo, pero apartó la vista con un nudo en el estómago, no le gustaban mucho las alturas, y eso que solo estaba a tres metros del suelo. Cuando volvió a recuperar la serenidad y abrio los ojos, vio acercarse en escoba a un chico de su edad con expresión arrepentida. Ya había visto a ese alumno, era de Hufflepuff.
-Perdón, andaba, o más bien volaba, distraído –se disculpó él rascándose la nuca.
-No pasa nada –contestó para quitarle importancia, aunque aún llevaba el susto en el cuerpo-, he conseguido esquivarte.
Durante toda la hora se dedicó a dar vueltas por el patio, tenía que admitir que a pesar de la altura, comenzaba a cogerle el gusto a eso de volar.
Una vez hubo salido del escobero se dirigió a la Sala Común, hizo una mueca de asco al recordar la pila de deberes que le quedaban por hacer.
-Eres la nueva, ¿verdad? –le preguntó una voz alegre a su espalda.
-Sí –contestó ella dándose la vuelta.
El chico que casi la había arrollado corrió hasta ella y se paró con un pequeño salto al alcanzarla.
-Me llamo Johnny Tonitini –se presentó con una gran sonrisa y poniéndose una mano en la frente para imitar un saludo militar.
Elyon no pudo evitar reír, y le imitó.
-Elyon McWilliams.
-¿McWilliams? Ese apellido es escocés, y tú eres de Irlanda, ¿no? –sonrió él.
-Las noticias vuelan, por lo que veo –suspiró ella-. Sí, soy de irlandesa, pero mis tatarabuelos paternos eran escoceses. Aunque Tonitini tampoco es muy inglés la verdad.
-Lo sé, es italiano –comentó él con orgullo-. Y una vez más te pido disculpas, si te llego a arrollar fijo que te rompes algo contra el suelo. Tengo la mala costumbre de volar a la velocidad de la luz –rio el rascándose de nuevo la nuca.
Elyon aprovechó ese gesto para examinar al chico, que por sus ojos verdes azulados y rasgados, dedujo que tenía algo de asiático. Su aspecto era bastante estrambótico. Tenía el pelo rubio extremadamente revuelto, hacía acordar al científico muggle Albert Einstein, y sobre este llevaba unas gafas de piloto de color rojo, de su cuello colgaba un silbato de plata y tenía puestos unos guantes negros sin dedos como los que usaban los jugadores de quidditch.
-Sé que tengo un aspecto extravagante, pero opino que es muy importante ser uno mismo sin importar lo que opinen los demás –dijo Johnny como si nada.
-No estaba pensando nada raro, palabra –se apresuró a responder ella para que el chico no se llevara una mala impresión de ella.
Pero en lugar de mantenerse serio, tuvo un repentino ataque de risa y le dio una palmada en el brazo a Elyon.
-Ya sé que no estabas pensando nada malo –contestó el chico entre risas.
-Oh –musitó ella algo extrañada por su reacción.
-Bueno, será mejor que me vaya, tengo algunos deberes que hacer –se despidió él aun riendo- ¡Ah! Y relájate cuando vueles, la escoba no muerde.
El chico desapareció por el pasillo silbando con alegría, Elyon se quedó donde estaba con una sonrisa de sorpresa antes de dirigirse a su Sala Común. Con suerte podría pedir ayuda a Lisa con los deberes de Historia de la Magia y Encantamientos. Prosiguió su camino pensando que debería procurar toparse más a menudo con Johnny, parecía que su alegría era contagiosa, porque su sonrisa no desapareció en todo el día y se sintió menos agobiada que de costumbre. Por desgracia no todos los que habitaban en el castillo durante el curso eran igual de simpáticos.
…..
El lunes se dirigía junto a las demás a la clase de Historia de la Magia cuando se cruzaron con Mark y sus amigos.
-Hola, preciosa –rio él con tono burlón.
Elyon suspiró con hastío.
-Es como una mosca, le da igual golpearse una y otra vez contra el cristal, pero es incluso más de molesto –les dijo a las chicas.
Todas rieron sin reparar en que el muchacho la había escuchado y tenía los puños apretados. Mark metió una mano en su túnica y sacó su varita apuntando a Elyon. Se escuchó un leve chasquido del asa de la mochila y esta cayó al suelo.
-Creo que deberías comprobar la resistencia de esa maleta –comentó Mark alejándose con su grupo.
La joven al principio creyó que había sido una venganza bastante triste, pero cuando abrió su maleta comprobó que el slytherin sabía lo que se hacía. Las dos botellas de tinta que llevaba en la bolsa se habían roto y habían empapado todos los libros, y aun peor, todos los trabajos que debía entregar.
-No -gimió ella con angustia.
-Tranquila, eso con un Fregotego se arregla –la animó Alex.
Ella la miró frunciendo el ceño, ¿Fregotego?, el alma se le cayó a los pies, no sabía utilizar ese hechizo, simplemente se lo había oído mencionar al profesor Flitwich.
-Claro, es cierto –disimuló ella con una sonrisa forzada-, seguid yo os alcanzo ahora.
Sus compañeras desaparecieron del pasillo y Elyon se quedó arrodillada en el suelo junto a su maleta manchada de tinta, ¿qué iba a hacer ahora? No sabía cómo utilizar el hechizo, y probarlo en esos momentos podía tener resultados desastrosos.
-¿Qué pasa? –una voz a su espalda le hizo dar un brinco.
-Bueno, yo... -musitó Elyon.
-¿No sabes el hechizo? –le preguntó Lisa frunciendo el ceño, la muchacha negó con la cabeza- Es el primer hechizo que tus padres debieron enseñarte, es muy útil cuando a lías en casa o en el colegio ¡Fregotego!
La mochila se cubrió por una espuma rosa y cuando esta desapareció no quedaba rastro de tinta, ni siquiera en los pergaminos, que habían quedado como antes del accidente.
-Gracias –le dijo con una enorme sonrisa.
-Te la debía, aunque creo que esta nimiedad no la paga –sonrió Lisa guardando su varita.
-¿Qué no la paga? Ya te digo yo que sí, me has ahorrado muchas horas de trabajo, dinero en libros nuevos y malas caras por entregar tarde los trabajos –le sonrió.
Lisa sonrió satisfecha y se dirigieron con rapidez al aula de Historia de la Magia, aunque ya llegaban tarde. Elyon no pudo evitar quedarse dormida con la somnífera charla del profesor Binns. Llevaba demasiadas horas de sueño perdido a su espalda como para poder soportar la décimo quinta revolución de los duendes. Al acabar la clase no consiguió terminar de espabilarse hasta que chocó con una alumna.
-¡Eh! Mira por donde vas gryffindor –le dijo molesta la chica.
-Perdón –se disculpó Elyon frotándose los ojos y bostezando.
La muchacha la miro y agitó la cabeza molesta, haciendo que su rubia coleta alta atada con una goma en forma de serpiente ondeara tras ella.
-Va, déjala, se cree una diva, esa va por el mismo camino que Zelda –comentó Allyson.
-No seas burra. Elena Hanz se ha liado con muchos chicos, pero nunca ha llegado a mayores –le dijo Judit.
-Bueno, vale, me he pasado –se disculpó Allyson.
Elyon se desperezó y se dirigió a la próxima clase, pero a mitad de camino apareció Zelda y le hizo una señal inequívoca para que se acercara.
-¿Sí, profesora? –preguntó sin mucho interés.
-Solo quería dejarte claro que no seguiré tolerando tu comportamiento con mis compañeros de profesorado –le dijo la profesora con seriedad.
-¿Cómo? –preguntó la muchacha sorprendida por el comentario- ¿Con quién se supone que me comporto mal?
-¿Hace falta que mencione tu comportamiento en Pociones? –la mujer se cruzó de brazos- Faltarle al respeto a un miembro del profesorado es faltar al respeto a todos los profesores. Así que o aprendes a comportarte, o alguien deberá tomar medidas. Y aunque sea el profesor Snape el que esté más harto de ti y tu actitud, no quiere decir que tenga que ser él precisamente el que te sancione.
Elyon se quedó helada ante aquellas palabras, ¿qué estaba harto de su actitud? Desde que habían firmado la tregua no habían vuelto a discutir o a decir una palabra más alta que la otra, y tampoco habían vuelto a faltarse al respeto ¿Qué se suponía que estaba haciendo mal ahora? Zelda se fue con una sonrisa de oreja a oreja y su habitual contoneo.
-¿Elyon, te encuentras bien? –le preguntó Lisa.
-Sí –musitó ella medio ausente- Vamos a clase.
Lisa frunció el ceño y la miró con preocupación mientras se dirigían a los invernaderos. En la clase tuvo numerosas llamadas de atención de la profesora Sprout, pidiéndole que se concentrara en su trabajo y bajara de las nubes, pero le fue bastante difícil. Cada vez que desviaba la vista de su trabajo el comentario de Zelda volvía a su cabeza. No sabía qué le irritaba más, que Snape se siguiera quejando de su comportamiento que había mejorado mucho, o que el profesor hubiera tenido la cara dura que ir contando a otros profesores lo mucho que la detestaba. Y encima no había sido a un profesor cualquiera, sino a Zelda, la profesora que más odiaba del colegio.
Las clases suplementarias de Transformaciones tampoco le fueron muy bien, pero consiguió concentrarse lo suficiente para hacer el encantamiento medianamente bien. Y después de desear las buenas noches a McGonagall se cruzó con la persona a la que en esos momentos no quería ver ni en pintura, o al menos a solas en los pasillos. Snape le dirigió un pequeño asentimiento de cabeza para desearle las buenas noches, pero Elyon no le respondió, apretó los labios dirigiéndole una mirada de rencor y le giró la cara de mal humor.
-¿Qué ha sido de tu educación? –le preguntó el profesor algo molesto.
-No sé, dímelo tú, que parece que nunca te parece bien.
-¿Cómo dices? –Snape alzó una ceja.
-No te hagas el tonto, no te pega nada. Lo único que voy a decirte es que si no sabes cuál es el significado de tregua búscalo en un diccionario, que para tu información, en la sala llamada Biblioteca, tiene que haber a montones –repuso ella aun con los labios apretados.
-Siendo sincero, no sé de lo que me estás hablando y tampoco me interesa, pero te aconsejaría que me guardaras más respeto, te guste o no, o conseguirás otro castigo –le dijo Snape con seriedad.
-Si no me castigas tú, lo hará Zelda, así que me da rotundamente igual –comentó ella echando a andar.
El chico la alcanzó y la retuvo por el hombro.
-¿Y ahora qué tiene que ver Zelda? –Snape no conseguía entender el porqué de su comportamiento.
-¿Y tú me lo preguntas? ¿Tú, el que se dedica a criticarme a mis espaldas cuando intento más que nunca ser agradable contigo? –le dijo ella dolida.
-¿Qué yo qué? Jamás te he criticado a tus espaldas ni he hablado con nadie sobre ti, a excepción de Dumbledore –le espetó.
-Pero ella dijo que...
-Zelda te mintió, jamás te criticaría a las espaldas –aclaró con orgullo-. Así que la próxima vez asegúrate de que lo que te hacen creer es cierto.
La muchacha miró al suelo, y cayó en la cuenta de lo estúpida que había sido dejándose manipular por Zelda. Al levantar la vista Snape había desaparecido.
…..
"Maldita pelirroja" Snape se dirigía al despacho de la profesora con ira contenida, su capa ondeaba furiosa tras él. Abrio la puerta del despacho de la mujer con brusquedad y la encontró colocando unos libros en la estantería.
-Vaya, hacía tiempo que nadie me buscaba con tanto ímpetu –rio la mujer, pero su sonrisa desapareció después de ver la expresión del joven.
-¿Quién te crees que eres para hablar por mí ante mis alumnos? –susurró Snape entrando en el despacho de Zelda.
-No sé a qué te refieres, Severus –respondió ella frunciendo el ceño.
-¿A no? ¿Estás segura de ello? –volvió a preguntar el chico acercándose a la mujer.
Zelda retrocedió hasta su escritorio algo amedrentada, la miró sombrío a la espera de una respuesta.
-¿Te refieres a esa cría? ¿A la nueva? –preguntó la mujer, aunque sabía a la perfección la respuesta.
-Esa cría tiene nombre, como el resto de los alumnos –dijo Snape algo molesto.
-Vaya, así que ahora tiene nombre –la mujer torció una sonrisa socarrona.
-Siempre lo ha tenido y harías bien en no ignorarlo –le amenazó el chico.
-Si le dije eso, a... McWilliams, fue porque últimamente te trae de cabeza con su inaceptable comportamiento. A ese tipo de alumnos hay que pararle los pies lo antes posible y de cualquier modo –explicó Zelda como si nada.
-Pues entonces yo decidiré el cuándo y el cómo, y no tú. Mis problemas los soluciono yo y como yo quiero, no necesito la ayuda de nadie –Snape dio por zanjada la conversación.
-Ya veo –comentó la profesora poniendo los ojos en blanco.
Snape la fulminó con la mirada y se marchó dando un portazo. Zelda sonrió mordiéndose el labio inferior, aquel joven iba a ser un hueso difícil de roer. Pero sonrió ante la idea de cuánto disfrutaría su triunfo ante tal reto.
…..
-Uff, menuda mala cara que tienes –le dijo Judith.
Elyon se desperezó, aunque apenas había descansado, y miró a su compañera con cansancio.
-Tienes unas ojeras terribles –le dijo Lisa- ¿Cuánto has dormido?
-No lo sé, lo normal –respondió ella.
-Creo que deberías hablar con Dumbledore acerca de tu horario, deberían cambiártelo –le dijo Alex.
La chica no contestó, se restregó los ojos y deseó poder quedarse durmiendo el día entero.
De madrugada se vio obligada, como de costumbre, a practicar en un aula vacía. Llevaba unos tres días intentando realizar el mismo hechizo, pero el cansancio y el estrés no la ayudaban nada. Recordaba lo mal que le habían ido las clases de la mañana y las preguntas de los profesores preocupados por si se encontraba bien, ya que tenía una ojeras espantosas y aspecto cansado "¿Cómo no voy a estar cansada si hace más de un mes que casi no duermo?" pensó ella de mal humor y algo apenada, sabía que el ritmo que estaba llevando no era recomendable, pero desde el incidente con Mark, en el que no fue capaz de realizar un sencillo hechizo de limpieza, se propuso llegar, costase lo que costase, al nivel del resto de los alumnos de su curso.
-¡Bombarda! –exclamó apuntando al maltrecho jarrón.
El hechizó volvió a fallar y esta vez reventó la estantería que estaba a su espalda, Elyon pisó el suelo con fastidio, jamás conseguiría controlar ese hechizo. La puerta del aula se abrió despacio, ella tragó saliva, había armado demasiado jaleo.
-¿Qué es tanto alboroto? –Snape entró en la sala con el ceño fruncido.
-Estoy practicando –contestó ella apuntando de nuevo al jarrón y respirando aliviada al ver que no había sido pillada por Filch.
-No sé por qué, pero me lo imaginaba –comentó el profesor poniendo los ojos en blanco.
Elyon lo ignoró y volvió a probar, el cristal de una de las ventanas se quebró. La chica gruñó con fastidio.
-Nunca podrás utilizar ese hechizo si no mueves la varita como es debido –dijo Snape cerrando la puerta y apoyándose en ella.
-Gracias por el consejo, pero aprendo mejor sola –le dijo malhumorada.
-Sí, ya veo –murmuró el chico con sarcasmo.
-Ya sé que para ti es muy fácil, pero yo aún estoy aprendiendo, por si no lo habías notado –le dijo ella cruzándose de brazos- ¿Es que a mi edad lo habrías hecho mejor?
-Puedes estar segura de que sí, muchísimo mejor si me dejas añadir –respondió él.
Elyon puso los ojos en blanco con fastidio, entonces Snape saco su varita y con un movimiento asombrosamente rápido y elegante el jarrón se hizo añicos.
-¿Sorprendida? –le dijo arreglando el jarrón con otro movimiento de varita.
-N-No ¿Qué te hace pensarlo? –contestó ella intentando borrar la expresión de asombroso de su rostro, Snape alzo una ceja y se acercó a ella.
-Tienes que girar la muñeca con soltura hacia fuera -le dijo poniéndose a su lado- y apuntar con la varita como si se tratara de tu dedo.
Elyon volvió a probar haciendo caso al chico, el espejo que había tras el jarrón se resquebrajó con estruendo. La chica bajó su canalizadora con cansancio.
-Me rindo -murmuró-, si no lo he conseguido en tres días no lo conseguiré.
-Sigue con esta actitud y no conseguirás sacarte el curso –le reprochó el profesor.
-Paso por hoy –se rindió ella dirigiéndose a la puerta.
Una mano la retuvo por el brazo y la frenó.
-De verdad, tengo sueño, déjame irme, ya cumplí mi castigo hace unas semanas –gruñó ella.
-Respecto a eso, discrepo. Pero prueba el hechizo una última vez -insistió Snape alzando las cejas.
Elyon suspiró con resignación y apuntó al jarrón.
-No sé por qué te hago caso, volveré a fallar y me cargaré algo que no se pueda arreglar -murmuró ella.
-Hazme caso como tu profesor –le dijo él.
El chico agarró su muñeca estirando su brazo hacia delante y la movió con suavidad.
-Este es el movimiento.
Elyon sintió un nudo en el estómago al sentir la mano del joven manejando su muñeca con suavidad y delicadeza.
-Prueba ahora -le dijo Snape soltando su muñeca y alejándose de ella.
-¡Bombarda! –exclamó, una de las patas de la mesa explotó y tanto el mueble como el jarrón se derrumbaron.
-Tengo la sensación de que lo que necesitas es concentración –musitó reparando el mueble y el jarrón, y el resto de cosas que la joven había destrozado en sus intentos.
-Últimamente no puedo concentrarme en nada –dijo Elyon débilmente.
La chica suspiró y se sentó en una de las mesas con cansancio, frotándose los ojos. Snape se acercó a ella, puso una mano en su barbilla y levantó su rostro.
-¿Cuánto hace que no duermes? –le preguntó mirando con atención las ojeras y los rojizos ojos de la semielfa.
-Desde que empezó el curso, si no me resto horas de sueño no puedo seguir el ritmo –contestó ella.
Snape siguió sujetando su barbilla y mirando sus ojos con el ceño fruncido.
-¿Qué ocurre? –preguntó ella mirando sus profundos ojos negros.
-Que tengo la impresión de que no es solo la falta de sueño lo que provoca tu falta de concentración.
-Tu siempre crees saberlo todo –comentó ella girándole la cara y mirando la luna creciente a través de la ventana.
El silencio volvió a instalarse entre ellos creando una barrera invisible al que ninguno se aproximaba. El profesor se sentó en la mesa junto a ella y entrelazó sus manos con gesto pensativo.
-¿Durante cuánto tiempo vas a echarme en cara lo del Callejón? –pregunto él molesto.
-Dejaré de hacerlo cuando crea en tu palabra de que no disfrutaste haciéndolo –contestó ella.
-Puedo entender que no creas mi palabra…pero si no crees en la palabra de Dumbledore no sé qué estás haciendo en este colegio.
Elyon no contestó y miró al suelo apoyándose en sus rodillas, por mucho que dijera el director, ella no se fiaba de él, no podía, aunque en el fondo lo deseaba, lo deseaba muchísimo.
-Acompáñame -le dijo Snape levantándose.
-¿A dónde? –ella alzó una ceja con desconfianza.
-Tú hazlo –insistió él.
Caminaron por los pasillos hasta llegar a las mazmorras, y una vez allí entraron en el despacho del joven profesor.
-¿Vas a castigarme o algo parecido? –preguntó ella insegura, después de la discusión que habían tenido no sabía si él le estaba guardando alguna desagradable sorpresa.
-No seas mal pensada y acércate –respondió él escuetamente.
Era la segunda vez que Elyon entraba en el despacho del profesor, pero nunca se había parado a observar la curiosa decoración que lucía. La sala estaba llena de estanterías en los que había frascos rellenos con líquidos de variado color en los que flotaban criaturas muertas. La chica no pudo evitar una expresión de asco al verlos. En otra estantería había libros viejos de tapas oscuras y al lado de una puerta lateral estaba colocado un enorme armario antiguo de madera muy oscura.
Snape abrio el mueble y de él sacó una botellita que contenía un líquido azul algo pastoso.
-Aún tengo la poción para el picor de la Marca, que por suerte no he tenido que volver a usar desde Azkaban –dijo ella mirando la botella.
-Esta poción no es para picores. Tómatela antes de acostarte, te ayudará a dormir –le explicó Snape tendiéndole el frasco.
Elyon lo miró con aprensión.
-No es un somnífero –le dijo el chico, a ella seguía sin gustarle la idea de tener que tomar pociones para dormir- ¿No te fías de mí?
-Es que tengo un mal recuerdo de esta clase de pociones. La última vez que tomé una poción para no soñar estuve con vómitos una semana –recordó ella con una mueca de dolor.
-¿Ya has tenido problemas para conciliar el sueño antes? –le preguntó Snape interesado.
-Sí, los tengo desde siempre –contestó ella-, mis padres me dieron un par de pociones para ver si así era capaz de dormir las noches de un tirón o por lo menos sin pesadillas, pero no funcionaron y la última, como ya te he dicho, me sentó bastante mal.
-¿Así que siempre has tenido pesadillas? –frunció el ceño.
-No, siempre no. Mis padres decían que tenía muy a menudo. No recuerdo haberlas tenido, aunque cuando despierto suelo tener esa sensación de angustia en el pecho –explicó Elyon con un nudo en la garganta al tener que hablar de sus padres.
Snape estuvo unos segundos en silencio, absorto en sus cavilaciones, y ella se torció el meñique hacia atrás con nerviosismo.
-Ten, esta no te sentará mal –el chico le puso el frasco en las manos- Y seguro que es de mejor calidad que las que has tomado hasta ahora, así que no te hará daño.
-¿Eso lo dices por que la has hecho tú? –preguntó la joven con una sonrisa divertida.
-Buenas noches –contestó él con una sonrisa torcida.
Elyon se apresuró en llegar a la Sala Común, ahora que había empezado el curso, Filch no tendría reparos en castigarla si la veía despierta a deshora. Estaba a unos pasillos de distancia de la Señora Gorda cuando tras una esquina apareció la Señora Norris. Ella miró al animal conteniendo el aliento, la gata la miró con atención y maulló con fuerza.
-¡Sth! ¡Señora Norris, por favor, no llames a Filch! –le susurró.
El animal siguió maullando, Elyon sabía que pedir eso era una estupidez, pero por mucho que corriera, sabía que Filch la pillaría, así que no perdía nada por intentarlo.
-¡Por favor! –volvió a pedir ella con ojos suplicantes.
Entonces la Señora Norris calló y correteó hasta ella ronroneando. Elyon al principio no se creyó que aquel gato, al que todos los estudiantes odiaban, le hubiera hecho caso. El felino se restregó contra su pierna ronroneando, la chica se agachó y acarició al animal como agradecimiento. Se escucharon unos pasos y la gata corrió a uno de los pasillos.
-¿Dónde está ese alumno Señora Norris? –escuchó preguntar a Filch.
Elyon se acurrucó entre las sombras por si Filch se acercaba, pero el hombre no llegó a aparecer y sus pasos se alejaron con rapidez. Suspiró aliviada, y recordó lo que Hagrid le había explicado sobre el don que tenían los elfos con los animales, quizá más adelante consiguiera sacarle algún provecho más a aquello.
…..
La mañana del sábado de camino a la Biblioteca en busca de algunos libros que la ayudaran con los deberes de Herbología, una estridente risa la hizo mirar a su espalda. Peeves recorría el pasillo dando tumbos, y cuando estuvo a la altura de la chica, bajo en picado y le cogió la mochila. Elyon apenas pudo reaccionar, pero no dudó en ir en pos del polstergeit.
-¡Peeves, devuélveme mi mochila! –gritó ella enfadada.
Pero él se limitó a reír mientras recorría los pasillos con rapidez, haciendo que los alumnos que por allí pasaban lo miraran extrañados. El polstergeit giró a la derecha y su estridente risa se apagó, Elyon llegó al lugar casi sin aliento, y al hacerlo vio que Peeves le sonreía tendiéndole su mochila.
-¿A qué ha venido eso? –le preguntó la chica quitándole la mochila con brusquedad.
-La lista está dentro, y la salida a Hogmeade es dentro de tres semanas –le dijo antes de desaparecer haciendo pedorretas.
El trato. Se había olvidado por completo de aquello, pero estaba claro que Peeves no se iba a olvidar tan fácilmente de la limpieza del baño. Lo único que Elyon esperaba era que los artículos de Zonko no fueran muy caros, o se gastaría todo el dinero que Dumbledore le había ido dando semanalmente.
Se dirigía de nuevo a la Biblioteca cuando...
-¡Elyon! ¡Espera un segundo! –gritó una voz.
La chica se dio la vuelta y vio venir corriendo a Johnny.
-Hola –saludó ella.
-Ho... la –contestó el chico con una sonrisa y respirando con rapidez.
-¿Ocurre algo? –preguntó la chica preocupada.
-¡Que va! –dijo el muchacho negando con la cabeza-, erasoloquelaprofesora Hooch mehadichoquetediga queeldomingoqueviene tienesquevolverahacerprácticasdevuelo.
Johnny habló con tanta rapidez que a Elyon le costó unos segundos asimilar lo que había dicho.
-¿Y para eso vienes corriendo? –se extrañó la muchacha.
-No, es que me apetecía, ya sabes que el ejercicio es salud –sonrió el chico que aún tenía la respiración agitada.
-¡Ah! Bien, eso está... bien... creo –musitó ella con una ceja levantada.
-Bueno, ¡adiós muy buenas! –se despidió el chico que esta vez se alejó dando botes la mar de feliz.
Elyon se despidió agitando la mano, ya que se había quedado sin palabras al escuchar la respuesta del chico. "Menudo espécimen" pensó ella con una sonrisa.
…..
El domingo no encontró a nadie en el patio dónde tenía la clase de vuelo, a los pocos minutos apareció Johnny con una gran sonrisa y desperezándose.
-¡Buenos días! –la saludó.
-¿Y la profesora Hooch? –preguntó Elyon extrañada.
-Pues supongo que disfrutando del domingo, ¿por qué? –preguntó el chico ladeando la cabeza con interés.
-Supuestamente tenía que darme una clase de vuelo –contestó ella.
-¡Ah! Bueno, referente a eso... yo... ¿te sirve de consuelo si te digo que te dije la verdad omitiendo detalles? –le dijo Johnny golpeando el suelo con la puntera de su deportiva.
-Espera un momento... si no hay clase de vuelo, ¿entonces para que puñetas me has hecho venir aquí? ¡¿Sabes lo bien que me habría ido poder dormir hasta el mediodía?! –le gritó ella enfadada.
-¿Quieres hacer el favor de no alterarte sin conocer todos los detalles? –le dijo el chico dándole una escoba- Además, no estoy sordo, así que no hace falta que grites.
Elyon movió los labios sin saber qué decir.
-Vamos, hay trabajo que hacer –le apresuró Johnny mientras se ponía las gafas de piloto.
La chica lo miró de arriba abajo.
-¡Venga! Ya deberías de estar en el aire –le dijo el chico cruzándose de brazos impaciente.
-Un momento, ¿tú me vas a dar clases de vuelo? –la muchacha estalló en carcajadas.
El chico la miró con seriedad y le plantó una colleja que la hizo callar.
-Más respeto a un profesor –le espetó Johnny subiéndose a su escoba-, y ahora a volar.
Elyon iba a quejarse por la colleja, pero al escuchar el fuerte pitido del silbato dio una patada al suelo como acto reflejo y se elevó en el aire.
-Da unas vueltas de calentamiento –le dijo el chico mientras se elevaba también.
La muchacha obedeció sin saber muy bien por qué, aumentando la velocidad progresivamente.
-Veo que lo de volar se te da bien –le dijo Johnny una vez Elyon se quedó suspendida sobre su escoba-. Has volado antes, ¿a que sí?
-Pues no la verdad, las alturas no me hacen mucha gracia –contestó la muchacha intentando no mirar al suelo que estaba varios metros por debajo de ella.
-Te aseguro que enseguida le perderás el miedo –sonrió el chico-. Bueno, ponte de pie en tu escoba y prueba a avanzar.
-¿Cómo? –Elyon lo miró de hito en hito.
Entonces se dio cuenta de que el muchacho se encontraba de pie sobre su escoba, había estado tan concentrada en no caerse, que no se había fijado en que Johnny montaba en la suya de pie y la movía con los pies, como si de una tabla de surf se tratara.
-Venga, baja y lo probamos desde poca altura por si pierdes el equilibrio –le dijo él.
Elyon iba a bajar, cuando a lo lejos vio la conocida silueta de Remus.
-Johnny, creo que hoy ya he volado bastante, ¿podemos dejarlo para otro día? –le preguntó ella.
El chico miró hacia el lago y sonrió.
-Vale –accedió él-, siempre y cuando me presentes a tu amiguito.
Elyon sonrió y descendió.
-¡Buenos días, Elyon! Te he buscado por todas partes –sonrió Lisa entrando en el patio de prácticas de vuelo.
-Lo siento, me han engañado para que venga –comentó ella mirando a Johnny-. Al parecer alguien quería que aprendiera a montar en escoba para sentirse profesor.
-Hola, tu eres el chico de Hufflepuff, ese que es superdotado, ¿no? –saludó Lisa.
-Sí, me llamo Johnny –saludó el chico con una sonrisa-, y tú eres la punk siniestra de Gryffindor, ¿a qué sí?
-Bueno, más o menos... mi nombre es Lisa.
-Un placer. Oye, ¿de verdad que los punks son tan antisociales como dicen, que solo piensan en odiar y esas cosa? –le preguntó de sopetón el muchacho.
-Pues, la verdad, no sé...
-¿Cuánto tiempo hace que decidiste rebelarte de este modo contra la sociedad?
-Eh...
-¿Tus padres no se han mostrado contrarios a eso? ¿Conoces a más gente que comparta tus reflexiones? ¿Piensas dejarte la cresta punk?
-Johnny, respira –le dijo Elyon, se había dado cuenta de que al mencionar a los padres de Lisa, la muchacha se había entristecido.
-Perdón –se disculpó el chico-, a veces no me controlo.
-Se nota –murmuró Lisa alzando una ceja de malhumor.
-Bueno Elyon, ¿me vas a presentar a tu amigo?
-Sí claro, vamos –contestó ella.
-¿Qué amigo? –preguntó Lisa intrigada- ¿No será ese espécimen único del que me hablaron las chicas?
Elyon sonrió algo cohibida y echó a andar seguida de los dos jóvenes.
-¿De dónde lo has sacado? –preguntó Lisa aprovechando que Johnny había ido un momento a guardar las escobas.
-Lo conocí en la primera clase de vuelo, ¿por qué? ¿No te cae bien? –contestó ella.
-Es pronto para decirlo, lo único que es un poco... inquieto –comentó ella.
Elyon rio.
-¿En serio que es superdotado?
-Sí, su media de notas es de Extraordinario, es el ojito derecho de Hooch –contestó Lisa-, aunque creía que sería más callado y egocéntrico, como le es tan fácil aprobarlo todo... Pero parece que me he equivocado, al menos en lo de callado.
Dejaron la conversación en cuanto vieron aparecer de nuevo a Johnny, y caminaron en silencio hasta llegar a las enormes puertas de roble del castillo. A lo lejos vieron a un chico de pelo castaño que llevaba una chaqueta marrón oscura que parecía de piel.
-¡Remus! –saludó ella con alegría.
El chico levantó la mano para responder el saludo. Los tres se acercaron a él, Lisa y Johnny con paso indeciso.
-¿Cómo estás? –le preguntó a Elyon dándole un fuerte abrazo.
-Genial –mintió ella.
-¿Y los que te acompañan quiénes son? –los dos chicos se miraron incómodos- ¿No me los vas a presentar?
-Son Lisa y Johnny –los presentó.
-Hola -saludaron los dos al unísono.
-Podéis acercaros, no muerdo –sonrió Remus.
Después de dar unas vueltas por los terrenos, decidieron ir a sentarse bajo un enorme haya que proporcionaba una agradable sombra.
-Que Elyon no se entere, pero os estoy agradecido de que le hagáis compañía, en el fondo es una chica triste y necesita mucho apoyo –les dijo Remus a Lisa y Johnny poniéndose una mano en la boca e inclinándose hacia ellos, haciendo como si la semielfa no estuviera.
Los dos chicos rieron, y Elyon lo miró con el ceño fruncido.
-No exageres –le regañó ella dándole un puñetazo en broma en el brazo.
-No te hagas la dura ahora –rio el licántropo rodeándole el cuello con un brazo y revolviéndole el pelo con la otra mano.
-¡Suelta!
-Si seguís así dudaré de que sois realmente amigos –rio Lisa.
-Bueno Lisa, creo que es hora de irse, tenemos deberes que hacer –dijo de improviso Johnny.
-¿Cómo? Pero si yo...
-Venga, que luego nos castigan los profes –insistió él.
-Te estoy intentando decir que yo ya...
-Vamos a la Biblioteca seguro que allí SOLOS ESTAREMOS MÁS A GUSTO –insistió Johnny alzando las cejas.
-¡Oh! Vale... así me ayudas con Herbología –contestó Lisa con una sonrisa apurada- Adiós Remus, espero que nos volvamos a ver.
-Igualmente –se despidió él.
-Adiós –se despidió Johnny cogiendo la muñeca de Lisa y arrastrándola con rapidez al castillo.
Remus y Elyon se miraron alzando las cejas.
-Y tú que pensabas que no conseguirías hacer amigos –sonrió el chico.
-La verdad no sé si se pueden considerar amigos, los acabo de conocer... -contestó Elyon.
-Si no fueran tus amigos, se habrían ido enseguida –dijo Remus-. En fin, ¿qué es lo que te va mal?
-Nada, ya te he dicho que estoy bien –contestó mirando hacia el lago para evitar la mirada del chico.
-Por muy bien que te quede la sombra de ojos, no disimula del todo tus ojeras.
-Digamos que estoy algo cansada, me cuesta llevar el ritmo, apenas duermo.
-Entonces deberías hablar con Dumbledore para que te cambie el horario o algo parecido.
-¡No!, ya me estoy empezando a acostumbrar, dentro de nada estaré al día de todo –le dijo ella.
-Mientes de pena –sonrió Remus.
-En serio, no quiero quedarme atrás respecto a los demás. Además, Snape me ha dado una poción para ayudarme a dormir mejor.
-¡¿Qué Snape te ha dado un somnífero?! –la miró con preocupación- Dumbledore está al tanto, ¿no?
-Supongo, pero tranquilo, me va bien, me levanto algo más descansada y por ahora no me ha sentado mal –sonrió ella apoyándose en el grueso tronco del árbol.
-Aun así no me hace ninguna gracia, iré a hablar con Dumbledore –murmuró él.
-Como quieras, pero no hace falta que te preocupes tanto, Snape es bastante bueno en Pociones. Si no, no hubiera entrado como profesor –comentó ella.
-Prefiero no decir nada al respecto sobre eso –le dijo Remus con una mirada sombría.
Elyon suspiró y se revolvió con un gruñido.
-¿De verdad te encuentras bien? –le preguntó el muchacho.
-Sí, es solo que tengo el cuello y los hombros cargados, supongo que será porque vuelo muy rígida.
-Así que eras tú la que vi en la escoba, supongo que el que te acompañaba de pie en la suya sería Johnny –Elyon asintió-. Acércate, voy a intentar liberar la tensión de los músculos.
-¿Es que también eres masajista? –la chica frunció el ceño.
-No aspiro a tanto, pero digamos que se me da bastante bien.
La joven se colocó enfrente de Remus, y este puso las manos en sus hombros clavándole los dedos con una presión que resultaba bastante agradable.
-Creo que voy a tener que darte la razón con lo de que se te da bien –sonrió ella cerrando los ojos y relajándose.
-Me ofende mucho que no te fíes de mí.
Elyon rio y echó la cabeza hacia delante retirándose el pelo de la nuca para que Remus tuviera mejor acceso.
…..
Snape recorría los terrenos con paso inquieto, y agradecía bastante no haberse encontrado con nadie en toda la mañana, porque de haber sido un alumno, sin duda lo habría castigado y quitado varios puntos. Desde su discusión con Zelda estaba especialmente irascible, aquella maldita discusión había revelado más de lo que le era conveniente en lo que se refería a su trato con Elyon. No sabía por qué, pero estaba seguro de que la profesora había visto más allá de lo que incluso él entendía.
Necesitaba distraerse con algo y en aquel paisaje ya no había nada que llamara su atención. Decidió volver a su habitación y enfrascarse en la lectura de algún libro cuando algo lo distrajo. Bajo el enorme haya de la escuela había una pareja de jóvenes "Malditos adolescentes, ¿es que no tienen bastantes rincones oscuros en el interior del castillo?" A medida que se acercaba a las puertas pudo ver mejor a la pareja.
Sintió que algo le hervía dentro, ¿qué hacía allí ese licántropo? Decidió que era mejor irse para no ver su enfado incrementarse, pero por razones más fuertes que su voluntad, siguió con la vista fija en la pareja. Remus seguía con las manos perdidas en la espalda de la chica, semiocultas por el pelo dorado de esta, mientras ella reía divertida.
Aquella sonrisa... la misma que le dedicó a él cuando se chocaron en el pasillo accidentalmente, la misma sonrisa inocente que tuvo como despedida en su despacho... ¿Pero en qué estaba pensando? ¿Cómo podía estar pensando en esas cosas? "¿Pero qué puñetas estás haciendo Severus? Si alguien entrara en tu mente ahora mismo, pensaría que sientes algo por esa mestiza". Se apoyó en una de las puertas de roble y sacudió la cabeza con energía. Enterrar la cabeza en uno de sus libros ya no le serviría para calmar su mente, así que se dio la vuelta para buscar en los invernaderos los ingredientes para una infusión o algo lo suficientemente fuerte para atontarlo el resto del día.
Estaba saliendo del invernadero número cinco cuando escuchó risas, lo siguiente de lo que fue consciente, fue que algo chocó contra él con fuerza haciendo que perdiera el equilibrio. Intentó agarrar a quién se había chocado contra él para no caer, pero el suelo estaba un poco embarrado en la zona de los invernaderos tras el riego y los dos cayeron aparatosamente al suelo.
-Menudo golpe –murmuró una chica que estaba tirada en el suelo junto a él.
Snape se medio incorporó apartando un pie lleno de barro de su cuello.
-Ahí va... -musitó Elyon, que lo miró tragando saliva.
El joven la miró con una ceja levantada, la chica estaba tirada en frente suyo, tenía los brazos cubiertos de barro, al igual que sus piernas, las cuales estaban algo enredadas con las de su profesor a causa de la caída.
-¡Elyon, te vas a enterar! –gritó una voz a sus espaldas.
Por uno de los invernaderos apareció Remus a todo correr, que paró en seco al ver la situación de los dos accidentados, resbalando un poco en el terreno húmedo.
Snape y el licántropo se mantuvieron la mirada, desafiándose a ver quién era capaz de dar el primer paso.
-Deberías mirar por donde pones los pies –le dijo con dureza a la muchacha que seguía tirada en el suelo, incómoda ante la situación.
El profesor ayudó a levantarse a su alumna, que volvió a resbalar cayendo al suelo de rodillas. Pero finalmente se mantuvo en pie y en silencio.
Snape echó a andar para volver al castillo, cuando Remus lo fulminó con la mirada.
-Me he enterado de que le estás dando somníferos, ¿Dumbledore está al tanto? –le preguntó con frialdad.
-Eso no es asunto tuyo –le respondió Snape secamente, sacudiéndose la capa llena de barro y salpicando los vaqueros de Remus.
El chico abrio la boca para hablar pero Elyon corrio a su lado para que lo dejara pasar.
-Por favor, no te cabrees por eso, es una chiquillada –le susurró ella-. Pasa de él, no dejes que nos estropee el día.
Snape, aunque ya estaba lejos, escuchó el comentario, y por alguna razón se sintió herido y furioso al mismo tiempo. Tuvo el impulso de dar marcha atrás y plantarle un puñetazo en la cara a Remus, pero por suerte, su parte racional lo frenó, aconsejándole que él tampoco les hiciera caso y que siguiera su camino hacia las oscuras y serenas mazmorras.
