4º Curso. Capítulo 11
Snape estaba sentado frente a Dumbledore en su despacho, aquella situación le recordaba a sus años de estudiante, y por eso quería que el sermón del director acabara cuanto antes.
-Creo que ya sabes por qué estás aquí –le dijo Dumbledore mirándolo con seriedad.
-Tengo una ligera sospecha –murmuró él desviando la mirada de los ojos azules del anciano.
-Severus, ¿es cierto que le has dado a Elyon somníferos?
-Si no lo creyeras, no me habrías llamado –contestó el chico escuetamente.
Dumbledore suspiró, se levantó de su silla y se acercó a la ventana para observar el paisaje violáceo con los últimos rayos de sol.
-No te estás tomando esto con la responsabilidad y seriedad que esperaba de ti, y eso me decepciona. Si algo sale mal…
-¡Ya lo sé! –gruñó Snape, odiaba que le tratara como si aún fuera un estudiante- Pero no creo que pase nada malo porque la ayude a dormir.
-No es porque le hayas dado un somnífero, es por no habérmelo consultado antes.
-Se me olvidó, tenía intención de contártelo, pero... tenía otras cosas en la cabeza –se excusó Snape.
El anciano lo miró y sonrió, por un momento le pareció ver de nuevo a aquel niño solitario de quince años.
-¿Le va bien? –preguntó el director.
-No lo sé, no he tenido ocasión de preguntárselo. Pero no se ha quejado, por lo que no creo que le esté sentando mal.
-¿Qué no has tenido ocasión? –rio Dumbledore poniéndole una mano en el hombro- No creo que sea un tema en el que se necesite una ocasión especial.
-Lo sé, pero aun así...
-Me harías un gran favor si se lo preguntaras, creo que mañana tienes clase con ella, ¿no? –el chico asintió- Pues retenla unos minutos y pregúntaselo. Ya es hora de que te tomes esto con seriedad.
Snape se levantó de su silla y con un asentimiento de cabeza se despidió del director. "Maldito licántropo, esta me la pagas..." gruñó Snape malhumorado de camino a su despacho.
…..
Un gran número de alumnos se concentraban en el tablón de anuncios de la Sala Común.
-¡Dentro de dos semanas tenemos salida a Hogsmeade!
-¡Genial! –exclamó Alex- Ya tenía ganas de visitar Honeydukes y salir de este castillo.
Elyon sonrió, y decidió mandarle una carta a Remus por si tenía la oportunidad de ir, y así pasar el día con él. Pero entonces recordó que dentro de dos semanas había luna llena, y aunque el chico estaría de vuelta en Londres antes del anochecer, no tenía ninguna intención de tentar a la suerte con Snape, quien volvería a estar intratable tras otro encontronazo con Remus, sobre todo si iba a haber luna llena.
-¿Con quién tienes pensado ir? –le preguntó Lisa sentándose en uno de los sillones y abriendo el libro de Historia de la Magia sobre sus rodillas.
-Pues tenía intención de ir contigo, y con Johnny... si es que no tiene otra cosa que hacer ¿Por qué lo preguntas? –contestó ella sentándose a su lado.
-Por curiosidad, yo es que no creo que vaya –contestó Lisa-, tendría que estudiar un poco para Pociones.
-Por un día que no estudies no te va a pasar nada, además, sabes que puedo ayudarte con eso siempre que lo necesites –le dijo Elyon- Vamos, ¡porfi!
La chica la miró y rio.
-¿Cómo consigues poner cara de cordero degollado? –le preguntó riendo.
-Lo aprendí en un cursillo de supervivencia doméstica –bromeó Elyon.
-Vale, iré. Pero más te vale que luego me ayudes con la dichosa poción de Muerte en Vida, porque no entiendo la mitad de nada.
-Tu tranquila, ya verás como con mi ayuda lo entiendes todo –sonrió Elyon-. Aunque a cambio te pido que me ayudes con Encantamientos, Transformaciones y Herbología.
-Por supuesto, es un trato muy justo, una asignatura a cambio de tres –rio Lisa.
Las dos pasaron las horas antes de que empezaran las clases enfrascadas en la última lección de Pociones.
…..
La clase recogía con más escándalo de lo normal sus calderos y balanzas, deseosa de poder comer y regresar a su respectiva Sala Común para descansar un poco antes de la siguiente clase.
-Señorita McWilliams, aguarde, necesito hablar un momento con usted –le dijo Snape a Elyon, que estaba recogiendo los ingredientes de la poción.
-¿Qué has hecho ahora? –le preguntó Lisa.
-Que yo sepa nada... -le contestó Elyon algo preocupada.
La mazmorra se vació y en ella solo quedaron profesor y alumna, ella se acercó al joven con gesto de preocupación.
-¿Qué tal te está yendo la poción que te di? –le preguntó Snape sin rodeos.
-¡Ah! Era por eso. Bien, me está yendo bien, descanso más –contestó ella ya más tranquila.
-¿Y esa reacción? –preguntó Snape frunciendo el ceño.
-Pues que creía que había hecho algo mal y me ibas a castigar –musitó algo avergonzada, ahora que lo pensaba, por la estupidez de la idea.
Snape resopló en un asomo de risa, la idea a él también le resultaba algo tonta, pero no le extrañó que la chica lo hubiera pensado, últimamente había sido muy brusco con ella.
-Ya que estamos siendo sinceros... lamento lo sucedido con Remus, no quería que al final se lo dijera a Dumbledore, es obvio que lo hizo porque si no, no me hubieras preguntado sobre la poción precisamente ahora –añadió al ver la expresión de su profesor-. No quería meterte en líos, pero es que Remus seguramente pensó que me estabas envenenando o algo –rio ella.
-Sí, es probable –murmuró él con desdén.
La mazmorra se sumió en un silencio incómodo, Elyon sonrió cohibida y bajó la mirada.
-Creo que tienes que ir a comer ahora para no llegar tarde a tu próxima clase, ¿verdad? –le dijo Snape alzando una ceja.
-¡Es cierto, llego tarde! –pareció volver en si, saliendo disparada hacia la puerta- ¡Adiós!
La chica abandonó el aula con paso rápido dejando la puerta abierta.
…..
Cogió su bandolera, metió en ella dinero y la lista de Peeves.
-Ojalá no sea todo muy caro o me arruinaré –murmuró al ver todos los artículos escritos.
Dumbledore le daba un galeón cada dos semanas para que pudiera costearse el material escolar y los artículos que ella necesitara para el día a día. Así que debía ahorrar para imprevistos y también poderse permitir algún que otro capricho en sus salidas a Hogsmeade. El director le había dejado claro que no le daría ni un knut más a la semana, ya que era adulta para gestionar el dinero que le habían dejado sus padres, pero que este obviamente, no era infinito.
Se enrolló la bufanda de color granate y ocre de su casa al cuello, se abrochó la capa negra con el escudo de Gryffindor, y metió unos guantes en la bandolera por si los necesitaba, parecía mentira lo rápido que había avanzado el frío, en nada llegarían las primeras nieves.
Los demás la estaban esperando en el vestíbulo, ansiosos ante la primera visita a Hogsmeade del año.
-¿Pero qué hacías? ¡Venga que llegamos tarde! –le gritó Johnny.
-¡Ya voy, ya voy! No hace falta que te pongas histérico –contestó Elyon saltando los últimos escalones.
-¿No ves que no puede evitarlo? Es histérico por naturaleza –comentó Lisa.
Johnny la miró y le hizo una mueca.
-Venga, no empecéis otra vez –rio Elyon.
Después de veinte minutos de camino llegaron a los primeros edificios de Hogsmeade.
-¡Vamos a Honeydukes! –gritó Johnny.
-Yo antes prefiero ir a Las Tres Escobas –opinó Lisa.
-¡Pero si ese local es muy aburrido! –se quejó el chico.
-Es mejor que ir a Honeydukes a estas horas, ¿no te das cuenta que allí no debe de caber ni un alfiler? ¡Estará todo el colegio! –explicó Lisa.
-Por favor no discutáis más, no quiero acabar con dolor de cabeza –suspiró Elyon con fastidio.
-Pues entonces decidamos a cara o cruz –propuso Johnny sacando un knut.
-¿Cómo sé que no harás trampa? –preguntó Lisa.
-La duda ofende –gruñó Johnny pasándole la moneda a Elyon-. Que sea ella la mano inocente.
Elyon miró la moneda y tragó saliva, aun no comprendía como siempre aquellos dos conseguían meterla en sus conflictos.
-Cara –eligió Lisa.
-Entonces a mí me toca cruz.
Elyon tiró la moneda al aire y la cogió en su caída.
-¿Qué ha salido? –preguntó el muchacho impaciente.
-Cara –la chica abrio la mano para mostrar el resultado de la moneda.
-Pues andando a Las Tres Escobas –sonrió Lisa.
Johnny se encogió de hombros y la siguió, Elyon sonrió, después de todo los dos se llevaban bien. Las calles de Hogsmeade estaban repletas de alumnos que iban de un lugar a otro felizmente, de vez en cuando se cruzaban con un habitante del pueblo o con un profesor que estaba de guardia.
-¡Dejadme en paz! –gritó una chica más adelante.
Los tres amigos se miraron y corrieron en la dirección del grito.
-¡No grites, como venga un profesor te arrepentirás! –gritó otra voz, esta les era muy familiar.
Elyon, Lisa y Johnny se asomaron a una esquina y vieron como tres chicos y dos chicas acorralaban contra la pared a una muchacha de Ravenclaw que los miraba asustada. Tenía el pelo pelirrojo oscuro, la cara llena de pecas era un poco regordeta, pero muy mona.
-No te lo pienso repetir, dame el dinero que lleves encima y tus pendientes. A mi novia le han gustado mucho –rio el cabecilla.
-Ni de coña –le dijo la chica con lágrimas de frustración en sus ojos azules.
-Bueno, luego no te quejes, sabes que te lo he pedido por las buenas... –el muchacho sacó su varita y la apuntó.
-Más vale que vuelvas a guardar tu varita, Mark –le dijo Elyon con expresión amenazante.
-Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí –rio el chico- ¿Qué tal, preciosa?
-Lárgate de aquí Mark –le repitió Elyon.
-¿Y si no quiero? –sonrió el rubio mirando a su grupo.
-Atente a las consecuencias –comentó Johnny sacando su varita.
-Dos gryffindor y un hufflepuff no me dan miedo, más bien risa –contestó con desprecio Mark.
-¿A no? ¡Bien! Eso quiere decir que después de un año vuelvo a tener un duelo mágico –sonrió Johnny-. Porque desde que me enfrenté a Anderson nadie ha querido ser mi contrincante.
-¿Tú... tú fuiste quién le hizo eso a Anderson? –preguntó el slytherin con una mezcla de incredulidad y miedo.
-Sí, es que, ¿sabes? Dijo que Albert Einstein era solo un estúpido muggle chiflado que se inventó una teoría estúpida. No veas lo que me cabrea que se metan con los grandes científicos muggles. No podía dejar que se fuera de rositas... –comentó Johnny como si nada.
-Esto no quedará así, que quede claro –les amenazó el chico con el rostro un poco pálido y haciéndole una seña a su grupo que parecía igual de asustado.
Los jóvenes observaron como los slytherin se alejaban por la calle.
-¿Enserio que fuiste tú quién le hizo eso a Anderson? –preguntó Lisa con asombro y terror.
-¡Qué va! –rio Johnny- ¿Pero a que ha colado?
-Esto... siento decir que no me entero de nada –interrumpió Elyon.
-Anderson, ya sabes, el alumno de Hufflepuff que siempre se queda dormido en Historia de la Magia –Elyon asintió ante la explicación de Lisa- Un día apareció con la cara... ¿Has visto los cuadros de Picasso? Pues parecía uno de ellos. La verdad es que nadie sabe qué puñetas o quién puñetas le hizo eso, nunca ha querido comentar nada al respecto.
-Eso es lo que todos os pensáis –comentó el chico haciéndose el interesante, las dos chicas lo miraron con una ceja levantada- ¡Vale, vale, ya lo cuento, no hace falta que me presionéis tanto! Lo que pasó fue que no le gustaba su nariz e intentó cambiársela, aunque el pobre nunca fue muy bueno en Transformaciones ¡Pero de esto ni una palabra a nadie! Me hizo prometer que no lo contaría –se giró bruscamente hacia la pelirroja- ¡Y va sobre todo por ti! Que he oído decir que eres muy cotilla.
-Tranquilo, no se lo diré a nadie –se apresuró a contestar ella-, después de todo os lo debo. Por cierto, esta cotilla tiene nombre, soy Grace Matthew.
-Lo sé, vamos juntas a Cuidado de Criaturas Mágicas, ¿no? –sonrió Lisa.
La pelirroja asintió.
-Johnny Tonitini, Lisa Atler y Elyon McWilliams encantados de conocerte –saludó con energía el muchacho.
Lisa y Elyon movieron la cabeza con resignación.
-¿Te apetece venir a tomar una cerveza de mantequilla con nosotros a Las Tres Escobas? –propuso Elyon- ¿O ya habías venido con alguien?
-Digamos que mi compañera de cuarto me ha dejado un poquito tirada para irse con su novio… –musitó Grace- Gracias por el ofrecimiento, pero no quiero ser un estorbo...
-Vamos, después del susto que te han dado esos idiotas te vendrá bien –sonrió Lisa.
-De acuerdo –accedió la ravenclaw.
-Muy bien, ¡entonces rumbo a Las Tres Escobas a por unas cervezas de mantequilla bien calientes! –exclamó Johnny señalando la dirección como si de un capitán de barco se tratara.
Grace lo miró atónita alzando las cejas.
-Tranquila, te acostumbrarás, solo has de ignorarle –la animó Lisa con una media sonrisa-, por complicado que sea...
Al cabo de una hora salieron del bar para dirigirse a Honeydukes. Grace y Johnny no habían parado de reír desde que se sentaron a la mesa con sus respectivas cervezas de mantequilla, habían empezado a hablar entre ellos y no habían prestado atención ni a Lisa ni a Elyon en toda la hora.
-Y entonces le dice el centauro: ¡No idiota! ¡Por los forúnculos! –Johnny terminó otro de sus chistes malos.
-¡Madre mía! ¡¿Quién te enseña esos chistes?! –rio Grace con ganas, empezaban a saltarle las lágrimas de tanto reír.
-Mi abuelo –contestó el chico con orgullo.
-Y yo que creía que no se iban a llevar bien –murmuró Lisa-, y ahora tengo la sensación de que no va a haber hechizo que los calle.
Elyon sonrió por el comentario, se detuvo en seco al ver a su derecha un local con el rótulo de Zonko.
-Esto... seguid vosotros, yo... necesito... atender... tengo que volver a Las Tres Escobas –improvisó ella.
-Vale, te esperamos en la plaza –la despidió Lisa.
-¡Ah! La llamada de la naturaleza... -sonrió Johnny, mientras Grace se agarraba el estómago que había empezado a dolerle por la risa.
En cuanto vio que los chicos habían desaparecido, Elyon se dirigió a Zonko sacando la lista que le había proporcionado el polstergeit. Al cabo de media hora salió del local con una bolsa a rebosar que ocultó en su bandolera y con siete monedas de oro menos en su cartera.
-¡¿Pero qué te ha pasado?! –le gritó Johnny- ¿Te has caído por la taza del retrete o qué?
-¿Quién te ha dicho que he ido al baño? –le gruñó ella sonrojándose, tenía que haberse inventando algún tipo de excusa en vez de balbucear y salir corriendo.
-Bueno, vamos a Honeydukes –sonrió Grace-, tengo ganas de comprarme una grajeas.
El grupo siguió caminando hablando entre los gritos de Johnny, que no era capaz de tomar un poco de aire entre frase y frase. Entonces Elyon notó que alguien la cogía del hombro. Se giró sobresaltada y ante ella vio a un chico joven que le sonreía con alegría.
-¡Sorpresa! –le dijo.
Elyon frunció el ceño, y miró a sus amigos.
-Disculpe, ¿pero quién es...? –preguntó ella, el chico le resultaba muy familiar.
-¿Remus? –musitó Lisa atónita.
-Sí... ¿es que no me reconocéis? –rio el chico cruzándose de brazos.
El silencio del grupo fue la única respuesta que obtuvo.
-¡Oh, vamos! No ha pasado tanto tiempo desde que nos vimos por última vez.
-Es que estás... muy cambiado –contestó Elyon mirándolo con atención.
El joven se había cortado un poco el pelo y el aire frío se lo había revuelto, tenía aspecto de no haberse afeitado en unos días, llevaba una chaqueta distinta, más gruesa para protegerlo del frío y de color negro, aunque igual de raída que la anterior. Había cambiado las camisetas por un jersey, y no llevaba puesto los vaqueros rotos, ahora eran unos pantalones de pana marrón oscuro. Aunque lo que más le impactaba en esos momentos eran sus ojos, los tenía de un dorado espeluznantemente claro, casi blanco. Pero en conjunto, tuvo que admitir que estaba tremendamente atractivo.
-Me gusta tu cambio de look –sonrió Johnny-, aunque lo que más me mola son las lentillas que llevas puestas. Te habrán costado un riñón.
-¿Lentillas? –Remus lo miró sin entender.
-Hombre, ese color de ojos no es natural –opinó el hupplepuff-. Y no recuerdo que los tuvieras tan claros.
-¿Qué...? ¡Ah! Claro, sí... -Remus sonrió, aunque Elyon se dio cuenta de que el muchacho estaba incómodo con la conversación- Bueno, ¿no me vais a dar la bienvenida?
-Creo que de eso ya se acaba de encargar Johnny –comentó Lisa.
Remus rio y miró a Grace.
-¿Quién es vuestra amiga?
-Soy Grace Matthew –la pelirroja corrió a estrechar la mano a Remus, parecía encantada ante la presencia del chico.
Elyon lo miró. "Mierda, ¿y ahora qué? Como aparezca Snape se acabó la tranquilidad" pensó ella preocupada.
-¿Te pasa algo? –le preguntó el licántropo al ver como se mordía el labio con nerviosismo.
-Ven, tenemos que hablar –le dijo ella cogiéndole de la muñeca y alejándose de los demás.
-¿Conocéis a ese bombón? –sonrió Grace cuando Elyon se hubo llevado a Remus.
-Sí, nos lo presentó Elyon –contestó Lisa que la miró alzando una ceja.
-Qué suerte tienen algunas –suspiró la chica con expresión soñadora.
Johnny se aclaró la garganta, molesto por sentirse ignorado ante ese tipo de conversación.
…..
-¿Qué haces aquí? –casi le gritó Elyon.
-¿A ti que te parece? He venido a verte –contestó Remus desorientado y dolido por la reacción de la chica, que parecía estar muy molesta- Aunque parece que no ha sido buena idea.
-¿Cómo sabías que teníamos salida a Hogsmeade? –preguntó ella.
-Me lo dijo Dumbledore en la última carta que me envió –contestó él- Quería darte una sorpresa, aunque está claro que lo que debería de hacer sería coger el próximo tren a Londres.
-No es eso, es que... últimamente las cosas entre Snape y yo han mejorado y ya no me resultan tan insoportables sus clases... y como te vea aquí volverá a cabrearse... y no creo que pueda aguantar de nuevo su mal humor –intentó explicarse ella- Por eso no te escribí pidiéndote que vinieras, así que no pienses que no me alegra que hayas venido... solo es que...
-¿Y por qué no me lo has dicho? ¿Crees que no lo hubiera comprendido? –el chico le sonrió con cariño.
-Lo siento –musitó ella mirando al suelo.
-No tienes de que disculparte, tonta –Remus le dio un ligero empujón en broma- Sé de sobra cómo se las gasta Snape.
Elyon sonrió más tranquila.
-¿Eso es una bomba fétida? –preguntó de sopetón el muchacho.
Ella miró con horror la bomba que al parecer había caído de su abarrotada bandolera con el empujón.
-Eh... ¡Qué va! Es una pelota –mintió ella volviéndola a meter en la bolsa.
-¿Me tomas por tonto? ¿Crees que después de mi pasado en Hogwarts no sé cómo es una bomba fétida?
Remus frunció el ceño y le quitó con rapidez la bandolera para mirar en su interior.
-¿Qué demonios estás tramando con todo esto? –le preguntó el chico sorprendido al ver la cantidad de artículos que había dentro.
-¿Yo? Nada, son para un conocido que no ha podido venir –había estado a punto de decir amigo, pero estaba claro que Peeves jamás sería su amigo, por encima de su cadáver.
-Esa es la excusa más vieja del mundo –Remus siguió con el ceño fruncido- Así que, según tú, ¿quién es ese conocido?
-Un conocido –contestó escuetamente ella, evadiendo la respuesta.
El joven la miró cruzándose de brazos con enfado.
-Peeves –contestó ella en un susurro.
-¿Me estás tomando el pelo? –rio él incrédulo, Elyon negó con la cabeza- ¿Y desde cuándo Peeves utiliza a los alumnos como recaderos?
-Desde que hicimos un trato, él hacía por mí un castigo que me puso Snape y yo le conseguía artículos de Zonko para que incordiara a Filch –confesó ella con un deje de culpabilidad.
Remus se la quedó mirando boquiabierto y rio con más ganas.
-Increíble, ¡ni siquiera nosotros conseguimos que Peeves nos ayudara! –dijo el muchacho con admiración- Si James y Sirius te hubieran conocido, no hubieran dudado en alistarte en los Merodeadores.
-¿He de sentirme alagada por el hecho de que te hubiera gustado verme como una delincuente juvenil? –dijo en broma ella.
-No te pases –la cortó Remus- No éramos unos delincuentes, solo traviesos.
La joven apretó los labios con culpabilidad.
-Cambiando de tema, te he visto incómodo cuando Johnny lo ha comentado, pero siento curiosidad, ¿cómo es que tienes los ojos tan claros? –le preguntó Elyon.
-No es algo bueno, por regla general cuando despierto con los ojos tan sumamente claros quiere decir que mi transformación va a ser especialmente violenta –explicó él con pesar.
-Vaya –murmuró ella con preocupación.
-Aunque creo que eso es lo de menos, para mí lo peor es ver cómo la gente se me queda mirando –se sinceró él con incomodidad.
-Por eso no te preocupes, no te queda mal, te da un aire interesante –sonrió ella- La verdad es que hoy estás muy guapo, y si no me crees basta que veas como te mira Grace.
-No digas estupideces... ¡si ni siquiera me he afeitado! –dijo Remus con incredulidad rascándose la barba incipiente.
-Pues te queda bien, te da un aire más informal, hazme caso –rio Elyon.
-Vaya, gracias –contestó el chico sonrojándose.
La joven sonrió al ver de nuevo la timidez de su amigo ante el comentario.
-Bueno, vamos con los demás, que seguro que ya se estarán comiendo la cabeza por nuestra retirada improvisada –suspiró ella.
Los dos se dirigieron hacia resto del grupo, en el que Johnny seguía dando berridos sin importarle que le escucharan personas ajenas a la conversación.
-¿Qué? ¿Otra emergencia en el baño? –le dijo el chico a Elyon.
-Muy gracioso –gruñó ella.
-Bueno, ¿vamos o no vamos a Honeydukes? –preguntó Lisa impaciente.
-¡Claro que vamos! ¡Quiero unas ranas de chocolate! –sonrió Elyon.
-¿Nos vas a acompañar? –le preguntó Grace a Remus.
-A no ser que los demás digan lo contrario... -contestó el chico.
Grace sonrió de oreja a oreja y caminó junto al chico, que miró de reojo a Elyon alzando una ceja y sonrojándose levemente recordando el comentario de esta, mientras ella reía con ganas.
…..
-¡Qué asco! ¡¿A quién se le ocurre meter una grajea con sabor a algarroba?! –se quejó Johnny escupiendo la gragea de color blanco que acababa de coger.
-La gracia de las grajeas es que nunca sabes qué sabor te va a tocar –le dijo Lisa como si eso fuera la cosa más lógica del mundo.
-¿No me digas? No tenía ni idea –comentó el chico con sarcasmo.
Al salir a la calle una oleada de aire frío les golpeó la cara.
-Cada vez hace más frío –dijo Grace cubriéndose más con su capa y acercándose a Remus que mordisqueaba un pastel en forma de caldero.
Elyon abrió su bandolera con cuidado de que los demás no vieran los artículos de Zonko, y buscó en ella su par de guantes, pero solo encontró uno de ellos.
-Mierda, he perdido uno de mis guantes –gruñó ella.
-Seguramente se te debió de caer con la pelota –le dijo Remus alzando una ceja.
-Seguramente, voy a mirar –contestó ella sonrojándose por la entonación del chico al referirse a la bomba fétida.
-¿Qué pelota? –preguntaron sus amigos al unísono.
-Una que llevaba en la bolsa, de esas blanditas contra el estrés –improvisó Remus al ver la cara de apuro de Elyon.
Ella le sonrió como agradecimiento y se adelantó corriendo, no fuera que el viento arrastrara el guante a otro lugar o alguien lo recogiera del suelo y se lo llevara. Al llegar a la zona no vio ningún guante, y se maldijo a si misma por no haberse dado cuenta antes, ese era su único par de guantes, y si los perdía no tendría ningunos con los que pasar el invierno.
-¡Mierda! –resopló con fastidio.
-¿Has perdido esto? –le preguntó una voz familiar.
Elyon tragó saliva antes de darse la vuelta.
-Gracias, creí que lo había perdido –sonrió ella con educación mientras cogía el guante que Snape le tendía.
-¿Tengo que preocuparme por haberlo encontrado frente a Zonko? –el chico alzó una ceja.
-Sí, por supuesto, me encanta tanto cumplir castigos que no veo el momento de empezar a soltar bombas fétidas por el colegio para cumplir más –le respondió ella con sarcasmo poniendo una mano sobre su bandolera para asegurarse de que seguía bien cerrada- Por cierto, ¿qué haces aquí? Creo que hoy no te tocaba guardia en Hogsmeade.
-Y no me toca, pero por desgracia a dónde vas, tengo que ir yo –gruñó él con desagrado.
-Sí, es cierto –Elyon dibujó una sonrisa forzada.
A lo lejos escuchó la voz de Johnny canturrear algo, ella palideció levemente, como Snape viera a Remus, se iban a escuchar los gritos desde Hogsmeade hasta Hogwarts, estaba segura.
"Remus no vengas, no vengas por favor, da media vuelta" Elyon intentó utilizar la legeremancia, pero realmente no sabía si lo estaba consiguiendo, nunca lo había hecho sin contacto visual.
-¿No son esos tus compañeros? –Snape alzó la vista a lo lejos, por donde el grupo se acercaba.
Elyon se giró y vio como sus amigos se acercaban sin darse cuenta de quién la acompañaba. Remus estaba hablando con Grace, pero cuando miró al frente y vio a la chica y quién estaba con ella, se giró rápidamente y echó a andar en dirección contraria ante el asombro de los jóvenes. Pero Snape ya lo había reconocido y con paso airado lo siguió.
-¡No creas que no te he visto! –lo llamó con enfado.
Elyon corrió tras él sin saber cómo pararlo, mientras los demás se apiñaban con miedo al ver la expresión de su profesor y Remus se giraba para hacerle frente.
-¿Qué tal te va Severus? –intentó ser cortés él.
Snape se paró a menos de un metro de el licántropo con la mirada encendida.
-¿Sabe Dumbledore que estás aquí? ¿O tendré que ir corriendo a hablar con él como un crío acusica? –Snape le soltó la puya con un gruñido.
-¿De verdad, Severus? –Remus alzó una ceja ante su comportamiento infantil- Por supuesto que Dumbledore lo sabe, me ha invitado él a venir, a mí no me gusta hacer mi santa voluntad a sus espaldas.
Snape apretó la mandíbula.
-Aquí nadie hace nada a espaldas de nadie, ¿verdad? Todos somos adultos y sabemos comportarnos como tal –Elyon intentó calmar los ánimos de pelea que parecían tener los dos.
El profesor la fulminó con la mirada y luego volvió a mirar a Remus con fiereza.
-Tus ojos... -entonces Snape pareció darse cuenta del color blanquecino de los ojos del joven- ¡Maldito bastardo! ¡¿Cómo te atreves a acercarte al pueblo?!
-Tranquilo, ya me iba, solo he venido a saludar –gruñó Remus.
-Asqueroso licántropo, me voy a encargar de que Dumbledore no te deje acercarte a Elyon una semana antes y después de la luna llena como mínimo –le dijo el hombre con desprecio.
-¡Snape cállate! –le gritó Elyon- ¡Se va ya! ¡Así que déjalo en paz!
-¿Li-licántropo? –musitó Johnny- Entonces ese color de ojos es porque...
Remus miró con tristeza a Lisa, Grace y Johnny, que estaban encogidos de miedo ante la escena.
-¿Tenías que decirlo verdad? Estaba claro que ni siquiera Dumbledore es capaz de cerrarle la boca a una alimaña como tú durante mucho tiempo –escupió Remus con desprecio.
-¡Basta por favor! –gritó Elyon- ¡Dejadlo! ¡Ya no sois unos críos!
-Aléjate de ella –le amenazó Snape girándose hacia Elyon y cogiéndola del brazo- Nos vamos.
-¡Suelta! ¡Me haces daño! –le exigió ella.
Pero él la ignoró y siguió su camino arrastrándola ante el asombro de sus amigos.
-¡Va enserio, me haces daño! –la chica intentó librarse del fuerte agarre, pero le era imposible.
-¡Severus, suéltala! –le gritó Remus acercándose a ellos con paso rápido.
-No te metas dónde no te llaman, híbrido –le dijo con desprecio al joven.
Lo que ocurrio a continuación sucedió muy rápido. Remus le soltó un puñetazo a Snape y este cayó al suelo. Con rapidez él sacó su varita y le lanzó un hechizo al licántropo, lanzándole por los aires a varios metros de distancia. Lisa, Johnny y Grace corrieron a ver si el joven se encontraba bien.
-¡Remus! –gritó Elyon corriendo hacia él.
Snape la agarró de la cintura levantándola del suelo, impidiendo que fuera en la ayuda del muchacho.
-¡Suéltame! –le gritó ella golpeándole en las costillas.
-No vas a ir a otro sitio que no sea el castillo, se te ha acabado la salida por hoy –le espetó el profesor con enfado arrastrándola hacia el camino de vuelta a Hogwarts.
-¡No tienes ningún derecho a hacerme esto! –le gritó ella con enfado mirándolo a los ojos cuando la hubo soltado.
-Si no estás de acuerdo vete a acusarme al director como hizo tu amigo el lobo, maldita mestiza insolente –gruñó él.
-¡Eres odioso! –le dijo con desprecio echando a correr hacia el castillo.
…..
"¡Maldito capullo mal nacido!" Elyon seguía corriendo hacia el castillo mientras las lágrimas se congelaban en sus mejillas por el frío. No era justo, no lo era, ¿por qué siempre tenía que tratarla de esa manera? Pero no dejaría las cosas así, hablaría con Dumbledore para intentar quitárselo de encima. No podía soportarlo ni un segundo más.
Snape la seguía con paso rápido, no tenía intención de alcanzarla, sobre todo por el hecho de que si ella volvía a dirigirle un grito le cruzaría la cara como acto reflejo. Y si eso ocurriera podía empezar a prepararse para el castigo, ya que estaba seguro de que no sería al director a quién tendría que dar explicaciones, explicaciones que seguro serían insuficientes.
Elyon resbaló sobre la hierba helada y cayó al suelo de rodillas, pero no se levantó, lo único que quería en esos momentos era romper o golpear algo con todas sus fuerzas.
-¿Estás bien? –le preguntó Snape cogiéndola del brazo para ayudarla a levantarse.
-No me toques –le dijo ella con desprecio deshaciéndose de la ayuda- No te acerques a mí.
Ella se levantó secándose el rostro y caminando con más calma sobre la crujiente hierba. Entonces sintió algo muy frío en la mejilla, se pasó la mano y vio en ella un blanco copo de nieve "¿De verdad? ¿Ahora?"
Snape la vio caminar cuando de pronto se giró hacia él, le cogió las manos, colocó algo frío y húmedo en ellas y se las cerró.
-Pide un deseo, rápido –le dijo ella.
-¿Qué...? –el joven no se esperaba eso.
-¡Pide un deseo! –repitió ella con impaciencia.
Elyon vio como Snape cerraba los ojos unos segundos.
En cuanto los abrio de nuevo, la joven separó sus manos y las mantuvo abiertas mientras por su mano izquierda resbalaba una gota de agua que se precipitó sobre la hierba.
-Es una tradición élfica que me enseñó mi padre –explicó ella soltando sus manos y mirando al suelo con tristeza- Cuando atrapas sin querer el primer copo del año, has de pasárselo a otra persona, y ambos compartir un deseo.
Dicho esto, Elyon se giró y siguió caminando hacia Hogwarts con paso airado.
Snape la miró, y luego bajó la vista a sus manos mientras las cerraba con fuerza. Por alguna razón se había sentido especial ante aquello. Alzó la vista al cielo y vio a los primeros copos invernales bailar al son del viento, cubriendo los terrenos del colegio y congelándolo todo a su alrededor.
