4º Curso. Capítulo 12

Subió los escalones de dos en dos hasta llegar a la puerta del director, llamó intentando calmarse, no era buena idea entrar hecha una fiera.

-Adelante –dijo Dumbledore desde el interior.

-Buenos días, profesor –saludó ella.

-¿Qué es lo que ha ocurrido? –preguntó el anciano alzando una ceja, estaba realmente alterada a pesar de que intentaba ocultarlo, y tenía la certeza de que era por Snape- Deberías estar en Hogsmeade.

-Quiero pedirle que me cambie de niñera –contestó Elyon con seriedad.

-No hay nada que discutir ni negociar sobre ese tema –suspiró el profesor con cansancio, no se había equivocado respecto al motivo de la visita.

-¡Pero se ha excedido en su trabajo! –se quejó la muchacha.

-Ten en cuenta que para protegerte tendrá que tomar decisiones que no te van a gustar...

-¿Eso incluye atacar a Remus y cancelar mi salida a Hogsmeade sin razón alguna? –Elyon lo miró con los brazos cruzados.

-¿Atacar a Remus? –Dumbledore cerró los ojos con cansancio- No debí de mencionarle la salida a Hogsmeade.

-¡Le lanzó un Expelliarmus y me arrastró a la fuerza hasta el castillo! –exclamó ella con indignación, sin escuchar al director- ¡Y delante de mis amigos! ¿Cómo se supone que voy a explicarles lo que ha pasado?

Dumbledore se incorporó con lentitud de su escritorio.

-Iré a hablar con él –la informó.

-¡¿Y ya está?! ¡¿Eso es lo único que va a hacer?! –se exasperó la muchacha.

-Elyon por favor, estoy cansado de discutir con vosotros dos. Tengo mis razones para haberle impuesto ese cargo, así que por ahora no pienso destituir al profesor Snape –el hombre le puso una mano en el hombro a la chica y la miró con seriedad- ¿Por qué no vas a la cocina y pides chocolate caliente a los elfos domésticos? Te sentará bien.

La muchacha apretó los labios con fuerza y salió del despacho.

-"Tengo mis razones…" –musitó ella con burla de vuelta a su Sala Común-, y yo tengo las mías para partirle la cara la próxima vez que lo vea.

Llegó a su cuarto, que como supuso, estaba vacío, las chicas seguían en el pueblo disfrutando del sábado.

-¡Maldito gilipollas! –rugió dándole una patada a su baúl haciéndose daño en el pie.

Se sentó en la cama quitándose el zapato para aliviar el creciente dolor de los dedos. Volvió a gritar con impotencia y arrojó su almohada contra la ventana.

-Vaya, estás más cabreada de lo que pensaba –comentó una voz familiar.

Elyon se giró de mal humor y vio a Lisa en la puerta de la habitación quitándose la bufanda, con el pelo lleno de nieve, que resaltaba sobre su melena negra con extensiones color violeta.

-Que va, estoy dando saltos de alegría –comentó ella con sarcasmo- ¿Qué tal está Remus?

-Está bien, aunque tuvimos que pararlo, quería ir detrás de Snape.

-¿En serio? –preguntó Elyon con algo de asombro.

-Si lo hubieras escuchado gritar... jamás pensé que él fuera capaz de soltar de carrerilla tantos insultos seguidos –comento Lisa sentándose a su lado- No sé si debería preguntar, ¿pero a qué vino el numerito que se montó en Hogsmeade?

-Es... complicado de explicar –contestó ella sopesando la idea de contarle la verdad a su amiga-. Aunque lo esencial es que ambos fueron compañeros en Hogwarts y al parecer no se llevaban precisamente bien.

-Eso solo explica que se insultaran –dijo la morena-. Yo lo que quiero saber es con qué derecho Snape te prohibió la salida y ver a Remus.

-Bueno… digamos que como paso aquí prácticamente todo el año, un poco más que el resto de alumnos, y mis padres tienen un cargo importante… Dumbledore les aseguró que no iba a sufrir ningún accidente y me asignó un profesor para que me vigilara –improvisó ella.

-¿Tuvo que ponerte precisamente a Snape? –exclamó Lisa con sorpresa- Pues ya es mala suerte. Supongo que te lo asignó por ser el profesor más joven, pero aun así...

Elyon bajó la vista a sus pies, el derecho aún le dolía por el golpe.

-Mira la parte positiva –intentó animarla la chica-, al menos no es Zelda.

-Si fuera Zelda me hubiera tirado hace tiempo de la Torre de Astronomía –comentó Elyon sombría.

Dos días después Grace y Johnny se habían puesto de acuerdo para darle el pésame por el asunto de Snape.

…..

-¡¿Y por qué Ravenclaw no puede ganar el partido, listilla?! –gritó Grace de muy mal humor.

-Vamos admítelo, Gryffindor posee los mejores cazadores de todo el colegio –insistió Lisa.

-¿Y quién lo dice? ¿Tú? –la pelirroja se había cruzado de brazos mirándola con furia.

-Lo que dice Lisa es cierto, el equipo de los leones tiene los tres mejores cazadores reconocidos en los últimos cuatro años –comentó Johnny con aire de experto.

-Así que ahora te pones de su parte, ¿no? –Grace miró al chico con indignación.

-¿Sabéis que os digo? Paso de ver el partido, si no hacéis más que pelearos ahora, cuando acabe estaréis completamente insoportables –decidió Elyon-. Creo que aprovecharé la mañana para recuperar horas de sueño.

Dicho esto se levantó del banco y se dirigió al interior del castillo, dentro de poco empezaría la siguiente clase, y no estaba de humor para aguantar peleas estúpidas a sus amigos.

…..

La mañana del partido llegó, escuchó a sus compañeras levantarse con prisas para llegar pronto al Gran Comedor y así poder coger un buen puesto en el campo de quidditch. Elyon aprovechó y durmió hasta tarde, cosa que le sentó bien, ya que se sentía más despejada y llena de energía.

Cuando bajó a desayunar, encontró la gran sala vacía y se sentó con tranquilidad a desayunar. Escuchó un pequeño chillido. Levantó la vista y vio aparecer por un enorme ventanal a Eizen, ella sonrió, hacía un par de días que no había venido, como de costumbre, a por un trozo de beicon.

-Hola pequeñín –lo saludó ella acariciándole la suave cabeza-, hacía tiempo que no te veía.

El pequeño halcón aleteó con alegría haciendo brillar las plumas plateadas de sus alas.

Se disponía a salir del Gran Comedor cuando se detuvo a admirar las enormes puertas de roble, en su mente se superpusieron las puertas de Azkaban y sintió un escalofrío que le recorrio la espalada. Entonces la puerta crujió y se abrio de golpe golpeándola en la nariz, Elyon se llevó las manos a la cara con ojos llorosos, presa de un insoportable dolor punzante en el tabique. Detrás de la puerta apareció un chico alto, de pelo negro y lacio que la miró con una ceja levantada antes de seguir su camino hacia la puerta situada tras la mesa de los profesores.

-No hace falta que pidas perdón –gruñó ella aun con las manos en la nariz.

-No ha sido culpa mía que estuvieras parada detrás de la puerta como una idiota –contestó él con voz audible.

Elyon lo miró con odio y salió de allí pisando fuerte.

-¡Ey! Con que estabas aquí –la llamó Lisa desde las escaleras de mármol, Grace y Johnny la acompañaban.

-¿No estáis en el partido? –la chica los miró extrañada.

-Pensamos en lo que dijiste y tenías razón, los únicos partidos que iremos a ver serán los que sean contra Slytherin –sonrió Grace.

-Aunque no por eso vamos a pasar la mañana de brazos cruzados –Johnny tenía una sonrisa traviesa- Si nosotros no vamos al quidditch, el quidditch vendrá a nosotros. Así que he pensado en que podríamos hacer nuestro propio partido, en el escobero aún quedan unas cuantas escobas.

El grupo se dirigió hacia el patio en el que se hacían las prácticas de vuelo para los de primer curso. Lisa conjuró unos pequeños aros luminosos por los que poder colar la quaffle.

-Supongo que no utilizaremos ni bludgers ni una snitch –dijo Grace.

-No, las están utilizando en el partido, además somos muy pocos, con la quaffle nos basta y sobra –respondió Johnny.

El partido empezó tranquilo, Elyon y Grace en un campo, Lisa y Johnny en otro. Pero a medida que iban marcando, los ánimos se fueron caldeando, hasta que Johnny colmó el vaso al placar a Grace tirándose en picado sobre ella.

-¡Maldito tejón! ¡Cómo te pille te voy a hacer tragar el silbato! –le gritó Grace persiguiéndole en su escoba.

-¡Con lo mal que vuelas te va a ser difícil! –rio Johnny haciéndole burlas.

La chica lo miró con enojo y aumentó la velocidad de su escoba, aunque Johnny seguía manteniendo una distancia enorme con ella mientras se reía a mandíbula partida.

-¡Ey, dejadlo ya! ¡¿Seguimos con el partido o qué?! –les gritó Lisa.

Pero ninguno de los dos pareció escucharla mientras se perseguían por el enorme patio. Entonces el chico redujo la altura y se coló por las puertas que conducían al interior del colegio, y Grace lo siguió sin miramientos.

-¡Están locos! ¡Si los pilla Filch los matará! –gruñó Lisa con asombro y enfado.

-Lo mejor será que vayamos tras ellos antes de que pase algo –suspiró Elyon dirigiéndose con rapidez a las puertas.

-¡¿Qué?! –la chica la miró con los ojos desorbitados- ¡Si los pillan es su problema por hacer el imbécil!

-¿Son nuestros amigos o no son nuestros amigos? -Elyon la miró con dureza.

Lisa puso los ojos en banco y la siguió. Los pasillos estaban desiertos y en silencio, las dos jóvenes los recorrían con rapidez y atentas a cualquier movimiento, por nada del mundo querían toparse con Filch o su gata.

Escucharon los ecos de unos gritos unos pasillos más adelante y se aventuraron a averiguar de quién se trataba. Se toparon con las escaleras que llevaban a la Torre de Astronomía. Ambas se miraron.

-¿Crees que serán ellos? –le preguntó Lisa no muy segura.

-No creo que haya mucha más gente en el castillo en estos momentos –contestó Elyon-, el partido aún no ha acabado.

Bajaron de sus escobas y subieron la escalera a pie por si acaso no se trataba de Grace y Johnny. Al llegar a los últimos escalones vieron a la chica pelirroja arrodillada junto a Johnny que se agarraba el hombro izquierdo con gesto de dolor.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Elyon acercándose con preocupación.

-El muy idiota ha subido las escaleras a toda mecha y se ha comido la puerta que estaba cerrada –explicó Grace.

-Hooch me mata –gimió él-, cuando se entere de que me he desencajado el hombro me mata.

-¿Por qué? Si Madame Pomfrey te lo curará en un momento –le dijo Lisa ayudándolo a levantarse.

-Sí, pero tendré que guardar reposo durante al menos dos semanas –continuó quejándose el chico- Hooch me matará por perder tantos entrenamientos tan cerca del campeonato nacional.

-¿Qué campeonato? –las tres chicas se le quedaron mirando- Si tú no juegas al quidditch.

-Es el Campeonato Nacional de Vuelo Acrobático –explicó Johnny.

-¿Vuelo acrobático? –Elyon lo miró- Ahora entiendo por qué eres tan bueno haciendo filigranas con la escoba.

-Soy tejón muerto –musitó él con la cabeza gacha.

-Y dale, no le digas nada a Hooch y listo, no es tan complicado –insistió Grace.

-Primero, si no digo nada será peor. La última vez que me lesioné y no se lo comenté casi me mato en el ejercicio en plena actuación del campeonato de hace dos años. Y segundo, desde entonces me tiene controlado gracias a Madame Pomfrey, cualquier pequeño catarro y va corriendo a decírselo –explicó el chico.

-Menuda chivata –gruñó con desagrado la pelirroja.

-Yo en su lugar haría lo mismo, ¿alguna vez habéis visto a Hooch enfadada? –las chicas negaron con la cabeza- Pues ojalá jamás de los jamases tengáis que presenciar tal cosa. Yo más de una vez creí que me iba a arrancar la cabeza de un bocado –el muchacho tragó saliva.

-Menudo exagerado estás hecho –musitó Elyon.

-Te arranque o no te arranque la cabeza, lo mejor será que vayas a la enfermaría –le aconsejó Lisa dándole una palmada en el hombro sano.

…..

Después de llevar a Johnny a la enfermería, fueron a sentarse bajo el gran haya del colegio mientras terminaban sus últimos deberes.

-¡Gryffindor campeón! –escucharon gritar a coro desde lejos.

-Creo que ya sabemos quién ha ganado –rio Lisa mirado a Grace con una ceja levantada.

-Ni se os ocurra empezar a discutir –les amenazó Elyon cerrando su libro de Herbología-. La mañana está siendo muy tranquila para que ahora os pongáis a discutir sobre cuál es el mejor equipo de quidditch.

-¿Mañana tranquila? –el chico la miró con el semblante abatido- Habla por ti... yo solo espero que para mí funeral me compréis una corona de flores amarillas y negras...

-¿Negras, en serio? –Grace lo miró negando con la cabeza.

-¡Hufflepuff hasta la muerte! –rugió Johnny alzando el puño.

Elyon lo miró con la ceja levantada torciendo el gesto, pero prefirio no decir nada al respecto.

Al medio día el Gran Comedor se llenó de gritos de victoria y de gruñidos de enfado.

-Nunca había visto los ánimos tan subidos en un partido de cuervos contra leones –comentó Johnny.

-Ahora que lo dices es verdad, supongo que habrá ocurrido algo durante el partido para que los ánimos se hayan caldeado tanto... ¡¿Qué puñetas haces comiendo en nuestra mesa?! –dijo Lisa.

-Tengo hambre –contestó el chico con la boca llena de puré de patatas y encogiéndose de hombros.

-¡Pero esta no es tu mesa! –gritó ella de nuevo- ¡Esta es la mesa de Gryffindor! ¡Vete a la Hufflepuff!

-¡Pero qué más da! Si siguen siendo mesas –contestó el chico con una sonrisa devorando un muslo de pollo.

Lisa cogió con fuerza su tenedor, parecía tener ganas de abalanzarse sobre Johnny y ensartarle un ojo. A Elyon le asaltó la risa al ver la escena y se atragantó con su zumo de calabaza.

-Oye, esta no es tu mesa –le comentó Brandom Scofield, un chico de Gryffindor de cuarto curso, pelirrojo y con un pendiente en su oreja izquierda.

-Lo sé, pero la compañía aquí es mejor –le respondió Johnny con una sonrisa picarona, alzando las cejas y mirando de reojo a Elyon y Lisa.

Brandom rio y le dio una palmada en la espalda, como corroborando lo que el joven había dicho. Entonces el hufflepuff ahogó un grito y se agarró la espinilla derecha, Lisa sonrió satisfecha.

-Mira que llegas a ser bruta –gruñó Johnny-, encima de que te piropeo...

Como acto reflejo el chico levantó su otra pierna y la colocó encima del banco, por si la chica quería darle otra patada.

…..

Estaba dando de comer a Fawkes, el precioso fénix de Dumbledore, mientras esperaba que este volviera al despacho. El director la había hecho venir sin decirle el motivo, aunque tenía la ligera sospecha de que tenía que ver con lo sucedido en Hogsmeade.

Quince minutos después el anciano apareció seguido de Snape, que parecía especialmente irascible.

-A estas alturas supongo que ya sabréis para qué os he hecho venir –comentó Dumbledore ofreciéndoles asiento a los dos jóvenes-. Con esta reunión, quiero dar por zanjada las quejas y los límites de vuestra complicada situación.

Profesor y alumna se miraron unos segundos de reojo con desagrado, pero se mantuvieron en silencio y a la espera de que el director continuara.

-Para empezar comentaré los hechos pasados en Hogsmeade la semana pasada –Dumbledore los miró con severidad-. No estoy disgustado por la decisión de Severus –Elyon abrió la boca para protestar-, actuó debidamente para poder evitar cualquier tipo de daño. Pero lo que no me ha parecido oportuno en absoluto fue que aprovecharas la situación para ajustar cuentas por antiguos conflictos personales.

-Yo no he aprovechado la situación, él me golpeó primero –esclareció el profesor.

-Severus, ya hemos hablado de esto. Conozco a Remus, y sé que él nunca empieza una pelea. Numerosos testigos vieron cómo te rehuyó nada más verte, y como le llamaste a gritos –el anciano traspasó al joven con la mirada.

Snape desvió la vista de los ojos azules del hombre y bajó la cabeza con enfado, Elyon vio como apretaba ligeramente los puños sobre su regazo.

-Otra cuestión es el haberla hecho volver a la fuerza al castillo, cuando Remus no suponía en esos momentos un peligro potencial, sin mencionar que se iba.

-¡Por favor, Albus! –bufó el joven con fastidio- Remus no tenía ninguna intención de marcharse hasta unas horas después, cuando los alumnos volvieran a Hogwarts al anochecer.

-Sí, lo sé, esa era seguramente su intención antes de encontrarse contigo. Pero estoy seguro que para evitarle problemas a Elyon se habría ido enseguida. Muy a su pesar por supuesto –dijo Dumbledore juntando sus yemas y con una pequeña sonrisa mirando a la muchacha, que se sonrojó ligeramente-. Espero que seas lo suficientemente maduro para admitir que te excediste en tus labores y que diste un penoso espectáculo frente a algunos alumnos tuyos, de los que luego exiges un respeto que no ganarás de ese modo.

Elyon miró a Snape, que seguía con la cabeza gacha y el ceño fruncido con enfado, aunque no parecía tan airado como cuando entró en despacho.

-Otro tema que tenemos que discutir son las quejas frecuentes que he recibido por las dos partes –el anciano miró primero a uno y luego a otro, ambos se habían puesto tensos-. Que os quede claro que no pienso, bajo ninguna circunstancia, tolerar un comportamiento tan sumamente infantil. Hasta ahora no he escuchado más que tonterías que vosotros dos como adultos que sois, podéis solucionar sin recurrir a mí. Quizá así consigáis comenzar a llevaros bien y a confiar el uno en el otro ¿Queda claro? –Dumbledore había subido el tono de voz con enfado a medida que había hablado.

-Sí, señor –contestó Elyon amedrentada.

-Cristalino –dijo Snape con algo de hastío y levantándose.

-No te levantes Severus, aún no he acabado –le dijo el director.

-¿Aún quedan más cosas por decir? –preguntó con fastidio.

-Por supuesto, bastantes más si me permites añadir –Snape puso los ojos en blanco-. Si tú no tomaras decisiones tan a la ligera por motivos personales, y si –miró a Elyon-, no estuvieras en contra de absolutamente todo lo que él te manda, aun sabiendo que tiene razón, no estaríamos desperdiciando esta preciosa tarde nevada de domingo, para discutir temas absurdos y que han llegado a colmar mi paciencia.

La charla duró toda la tarde, para cuando Elyon llegó a su cuarto totalmente desanimada, ya había oscurecido, y sus compañeras comentaban divertidas los resultados de una batalla de bolas de nieve entre los diferentes cursos de Gryffindor.

-¿Dónde has estado? Te hemos estado buscando por todos lados –le preguntó Lisa con preocupación.

-He tenido una pequeña charla con Dumbledore –contestó ella-. Quería dejarme claro que no me voy a librar de Snape en mucho tiempo.

-Pues que palo –bufó su amiga.

Elyon se dejó caer en su cama con cansancio y se quedó mirando el dosel superior con aire ausente.

…..

-Bien, ¿estáis preparados? –preguntó Johnny.

Todos se miraron y asintieron. Elyon aún no comprendía como se había dejado arrastrar por Johnny para practicar carreras clandestinas de escoba por los pasillos del colegio los días en los que había partido de quidditch. Si los pillaba Filch se podían dar por muertos. Aunque tenía que admitir que sentir como le subía la adrenalina era algo casi adictivo.

-Vale ¡Preparados!... ¡Listos!... ¡Ya! –el chico hizo sonar con fuerza su silbato de plata.

Todos golpearon el suelo elevando sus escobas, intentando ser los más rápidos, aunque como de costumbre, Johnny no tardó en sacar una ventaja destacable.

-¡Adiós tortugas! –les gritó el joven, sacándoles la lengua- ¡Idme preparando la medalla de oro, plata y bronce! ¡Por que de aquí a que lleguéis a la meta yo ya habré pasado por ella tres veces!

-¡No te flipes tanto! –le gritó Grace de mal humor aumentando la velocidad de su escoba.

Lisa sacudió la cabeza y suspiró.

-¡No te confíes tanto o acabarás perdiendo! –le dijo Elyon.

Johnny se giró sorprendido y vio como Elyon estaba a punto de adelantarlo.

-¡¿Cómo lo has hecho?! –el chico la miró con tanta incredulidad que estuvo a punto de chocar contra una armadura.

-¡Tienes una alumna que aprende con rapidez! –contestó ella guiñándole un ojo.

El hufflepuff rio y aumentó la velocidad de su escoba para no ser adelantado. Los pasillos pasaban a gran velocidad frente a sus ojos, era una suerte que no hubiera nadie ese día por los pasillos, porque no se hubieran visto capaces de frenar a tiempo. Llegaron a la escalera de la Torre de Astronomía y con un rápido movimiento de varita abrieron la puerta de par en par, salieron por esta al exterior, rodearon la torre y se dirigieron de nuevo hacia el punto de partida: el patio de prácticas de escoba para los de primer curso.

-¡Gané! ¡Gané! –comenzó a gritar Johnny dando saltos sobre su escoba- ¡I'm the champion! ¡I'm the champion!

-Si sigue cantando juro que le tirare mi escoba a la cabeza –gruñó Lisa.

-Te doy un galeón si le aciertas entre ceja y ceja –propuso Grace en un susurro.

-Chicas, no empecéis –les dijo Elyon.

-¡Jajajajajaja! ¡Qué fácil ha sido ser el primero! ¡Competir con vosotras es ganar seguro! –reía él para picarlas- ¡Al final va a ser cierto que las chicas no servís para montar en escoba!

-Que sean dos galeones –dijo Elyon fulminando a Johnny con la mirada.

…..

Hacía tiempo que no iba a visitar a Hagrid, así que pasó con él la tarde, cosa que el semigigante pareció agradecer, porque comenzó a hablar sin descanso, contándole a la joven todo lo que había ocurrido en el Bosque Prohibido esos últimos meses.

-¿Sabes que has creado mucho revuelo en el Bosque? –le decía él.

-Pero si no he vuelto a entrar en él desde que encontré a Eizen –contestó ella con preocupación, mientras acariciaba la babeante cabeza de Fang que estaba apoyada en un regazo.

-Sí, pero los animales notan tu presencia y hasta los unicornios merodean más los lindes, atraídos por ti –sonrió él.

Elyon no contestó, no sabía si aquello era bueno o malo.

-No tienes que preocuparte, es lo que suele pasar cuando un elfo, o semielfo como tú, se acerca. Los animales huelen su magia, cuanto más pura es la fuente más animales se atraen –explicó él, tirándole un ratón de campo a Eizen, que lo cogió al vuelo desde su percha.

-Eso mismo fue lo que paso con el hipogrifo, ¿no? Y los thestrals –comentó la joven.

-Exacto –sonrió él-. Por cierto, si el profesor Dumbledore me da permiso, te llevaré a ver a los centauros, son los que más ganas tienen de verte.

-No te molestes –se apresuró a contestar ella-. He escuchado que no suelen ser muy amistosos con los humanos.

-Pero tú no eres una humana.

Elyon bajó la vista.

-Lo siento, no quería que sonara así, es solo que... bueno...

-Tranquilo te he entendido –sonrió ella-. Se ha hecho tarde será mejor que me vaya o enviarán a alguien a buscarme.

Hagrid asintió y la despidió invitándola a té cuando ella quisiera. Eizen se balanceaba sobre su brazo a causa de sus pasos, aunque no parecía que al animal le molestase.

Se paró a mitad de camino y miró hacia el Bosque Prohibido. Curiosidad... todo el mundo parecía tener una especial curiosidad hacia ella, una curiosidad que en su opinión era más bien lástima que otra cosa. Lástima hacia a alguien que se había quedado sola y que no lograba encontrar un sitio en aquella sociedad mágica, ya que no era humana, pero tampoco elfa. "Quizá sea porque simplemente no existe un lugar para mí" suspiró. "Quizá me pase la vida vagando en busca de algo que se me ha prohibido desde siempre" Siguió caminando, cuando se percató de que en la gran haya del colegio había alguien encaramado en sus fuertes ramas, mirando el cielo tardío entre las hojas, con semblante ausente y melancólico. Y al verlo, por alguna razón, tuvo la sensación de que aunque no quisiera, compartían el castigo de no poder tener un lugar propio rodeados de personas queridas.

Eizen dio un pequeño gritito y Elyon pareció volver a la realidad, siguiendo su camino hacia el castillo.

Un destello plateado lo distrajo, se giró y vio alejarse a una figura que había llegado a reconocer prácticamente en cualquier lugar, sobre su brazo el pequeño halcón agitaba las alas arrancando aquellos destellos plateados. Una triste sonrisa se dibujó en su rostro.