4º Curso. Capítulo 13

El profesor Kettleburn sacó de una pequeña caja un par de bowtruckles y los puso con cuidado sobre el tronco cortado que tenía enfrente.

-¿Alguien sabría decirme qué es esto? –dijo el profesor a la clase.

-Son bowtruckles, profesor –respondió Lisa.

-Correcto, cinco puntos para Gryffindor.

-¿Cómo lo sabías? Si a mí me parecen palos –comentó Grace.

-Lo sé porque uno me atacó de pequeña cuando cogía flores silvestres para mi madre –contestó ella con algo de recelo-. Ese bichejo intentó arrancarme los ojos.

Las dos muchachas miraron a su amiga con los ojos desorbitados.

-Los bowtruckles viven en los árboles y no dudan en atacar cuando ven amenazados sus hogares... -continuó el profesor.

-¡Profesor! ¡Profesor Kettleburn! ¡Mire en el linde del bosque! –gritó un alumno de Ravenclaw.

Todos miraron a lo lejos, donde habían aparecido dos animales tan blancos que casi hacía daño mirarlos.

-¡Unicornios! –gritó Allyson emocionada- ¡Son unicornios!

-Silencio, calma, no los asustéis –dijo el profesor a sus alumnos-. No suelen acercarse a los lindes del bosque, y si nos acercamos seguro que desaparecerán, así que calmaos.

-Son preciosos –musitó Lisa.

-Creí que a ti no te gustaba el blanco –bromeó Grace, que se llevó un codazo.

Elyon los miró recordando lo que le había dicho Hagrid sobre su influencia en la vida del bosque. Entonces los dos unicornios posaron sus brillantes ojos negros sobre la joven. La chica escuchó el latir de su propio corazón en sus oídos, ensordeciéndola, y de repente una horrible sensación se apoderó de ella. Sentía como si se la tragara un enorme vacío, como si a su alrededor no hubiera nada ni nadie más. El pecho comenzó a dolerle, era como si algo se le clavara dentro, intentando atravesarla mientras extendía sobre ella un manto de oscuridad y sombras, dejándola en la completa soledad, sumiéndola en una tristeza y un dolor insoportables. Escuchó gritos y llantos, y el olor del humo lo inundó todo. Comenzaba a ahogarse, quería gritar, pero en su garganta sus palabras se ahogaban en el llanto que siempre intentaba reprimir. Los latidos seguían golpeando sus tímpanos, que amenazaban con romperse.

-Basta –musitó ella con voz ahogada-. Basta... quiero que esto acabe... ¡QUE SE ACABE!

Elyon abrio los ojos y se encontró de rodillas, encogida como un niño asustado y tapándose los oídos. Todos la miraban confusos. Miró al bosque, los dos unicornios se habían ido.

-¿Te encuentras bien? –le preguntó Lisa preocupada poniéndole una mano en el hombro.

Ella no contestó, estaba confusa y asustada.

-Señorita McWilliam vaya a la enfermería por favor, dígale a Madame Pomfrey lo que le ha ocurrido y ella le dará un tónico que la calmará –el profesor Kettleburn la ayudó a levantarse.

-Sí, señor –musitó ella.

-¿Podemos acompañarla? Parece haber sido una especie de ataque de ansiedad –preguntó Grace, Lisa asentía a su lado.

-Agradezco que se preocupen por su compañera, pero creo que es capaz de llegar sola a la enfermería, ¿cierto? –dijo el profesor, dándole a Elyon una pequeña palmada en el hombro con la enorme pinza de madera que sustituía a su mano izquierda.

La alumna asintió y se dirigió al castillo, dejando a la clase murmurando extrañada por lo que acababa de ocurrir.

El camino hacía el castillo le pareció más largo de lo habitual, la presión de su pecho no desaparecía, al igual que la sensación de desconsuelo.

-No quiero pasar la noche aquí –se quejó Elyon.

-Está muy alterada aun, así que no hay más que hablar –Madame Pomfrey dio por zanjada la conversación.

-¡No estoy alterada! –gritó ella.

-Jovencita no niegue lo evidente –la enfermera señaló sus manos, que temblaban en su regazo.

La alumna se quedó sola en la enorme sala, la encontró más oscura y tétrica que nunca. Sintió de nuevo aquella angustia al sentirse sola. Se encogió entre las sábanas cerrando los ojos con fuerza, intentando dormirse para que la luz del alba llegara antes. Ahogó un sollozo, no le gustaba estar sola por las noches, nunca le había gustado. De pequeña le había costado mucho conseguir dormir sola en un cuarto, desde siempre había tenido la sensación de que si se quedaba sola por las noches, algo horrible le pasaría. Y tras el ataque de Voldemort, esa sensación se había incrementado, haciendo que durante las noches de verano en la Torre de Gryffindor sus sueños fueran inquietos, impidiéndole en algunos casos dormir más de tres horas seguidas. Prefería sentirse rodeada de gente, aunque a veces fueran desconocidos, tenía la esperanza de que si algún día le pasaba algo estando con otras personas, estas la ayudarían. Suspiró. Para su desgracia, la gente no solía ser tan atenta a las cosas ajenas a su propia vida, ignorando en muchos casos que había más gente a su alrededor.

Una lágrima escapó, y le siguieron muchas más, daría cualquier cosa por volver a estar con sus padres de nuevo, cualquier cosa por sentir de nuevo su abrazo protector, por sentir aquel amor que siempre era la mejor protección contra cualquier mal.

Unos pasos resonaron en la sala, Elyon se incorporó con algo de recelo, secándose las lágrimas del rostro. Por el pasillo apareció una silueta alta que pasó en frente de su cama sin mirarla. Escuchó una puerta abrirse y el sonido de los frascos de cristal al ser removidos en busca de algo, la puerta volvió a sonar cerrándose. Los pasos comenzaron a desandar el camino. Ella bajó la vista a las sábanas, decidiendo que lo mejor sería intentar dormir.

-¿Al final te han hecho dormir aquí? –le preguntó una voz con burla.

La chica levantó los ojos y se encontró con otros negros que la miraban atentamente.

-A este paso batirás el récord de noches pasadas aquí durante el curso –rio Snape.

-No tiene ninguna gracia –musitó ella-. Odio este lugar, siempre soy la única que está aquí sola.

-Dumbledore me ha comentado el incidente con los unicornios –le dijo él acercándose a la cama.

-Creía que los unicornios no hacen daño a nadie –contestó ella.

-Y no lo hacen. Al menos no deliberadamente. No a las… doncellas.

Elyon se ruborizó ligeramente.

-¿Entonces... por qué me he sentido así? –lo miró con los ojos llorosos.

-Los unicornios sienten el alma de los demás, pero hay veces que necesitan verla –explicó el chico.

-¿Entonces ellos han visto mi alma?

-Sí... ese tipo de contacto resulta algo... perturbador. Se reviven recuerdos y sensaciones, y si el sujeto ha sufrido alguna situación traumática... no resulta precisamente agradable.

-No quiero que se vuelvan a acercar a mí –susurró ella abrazándose las rodillas.

-No lo harán, Hagrid ha informado a los centauros y han decidido mantener a los animales lejos de los lindes para que no vuelvan a molestarte –la informó el profesor.

El silencio reinó en la estancia.

-¿Por qué no duermes un poco y dejas de llorar? –le aconsejó él.

Elyon se sorprendió por el comentario y se volvió a secar el rostro avergonzada.

-Me cuesta dormir si estoy sola –confesó ella sonrojándose sobremanera.

-¿En serio? ¿A tu edad? -el chico torció una sonrisa.

-Sí... a mi edad... me siento desprotegida si no veo a nadie a mi alrededor, sé que es una tontería, ya soy mayor para estas cosas, pero... no puedo evitarlo... sobre todo después de lo de Voldemort.

-No pronuncies ese nombre –gruñó él con desagrado.

-Perdón.

-¿Entonces eso quiere decir que me voy a tener que quedar aquí contigo toda la noche? –el profesor levantó una ceja.

-Eh, bueno... no claro que no... qué tontería... tú no... a veces es mejor que esté callada, ¿verdad? –Snape la miró con un amago de sonrisa- Aunque te agradecería mucho que al menos estuvieras hasta que me duerma.

El joven observó como su alumna se sonrojaba hasta las orejas.

-Qué remedio. Si no lo hago tendremos otra charla con Dumbledore –contestó él con fastidio.

Elyon sonrió como agradecimiento.

-Anda acuéstate, cuanto antes te duermas antes me podré ir.

La chica obedeció y se acurrucó entre las sábanas. Snape se sentó en los pies de la cama, a la espera de que la joven se durmiera. No pasó mucho tiempo hasta que lo hizo. Él la miró, incluso dormida, seguía teniendo aquel aire melancólico, que solo se evaporaba cuando estaba con sus amigos y con Remus. El joven gruñó, seguía sin gustarle que se acercara tanto al licántropo y que tuviera tanta confianza con él.

Se revolvió en la cama abriendo los ojos ante la luz del amanecer que entraba por los ventanales de la enfermería, se sentía tremendamente cansada, como si no hubiera dormido en toda la noche. Intentó estirarse, pero notó algo a los pies de la cama. La imagen que vio al incorporarse la hizo sonreír, Snape estaba dormido en los pies de la cama, hecho un ovillo y envuelto en su capa negra, intentando ocupar el mínimo sitio para no molestarla.

Elyon encogió los pies con cuidado para no despertarlo, pero en cuando se movió el chico abrio los ojos soñoliento.

-Creí que solo te ibas a quedar hasta que me quedara dormida –sonrió ella.

-Así no te podrás ir quejando de mí por ahí –contestó él con voz ronca incorporándose.

-Siempre encontraré algo que criticarte, no me lo pones muy difícil normalmente –comentó ella en broma.

-¿No me digas? –Snape se desperezó- Pues ten cuidado, te recuerdo que soy tu profesor.

-Descuida, no se me va a olvidar tan fácilmente –contestó ella riendo y poniéndose las deportivas-. Bueno, me voy a mi cuarto a cambiarme para ir a desayunar ¡Hasta luego!

La chica desapareció como un rayo.

-¡Madame Pomfrey no te ha dado permiso para irte! –le gritó el profesor advirtiéndola- Allá tú cuando te la vuelvas a encontrar...

Snape se terminó de estirar y salió de la enfermería para ir también a asearse. En su mente se había grabado la tierna sonrisa que le había dirigido la chica al verlo despertar. Una tímida sonrisa se dibujó en los labios del joven profesor, sin saber muy bien por qué, se sentía con mucha energía y tenía que admitir que estaba de un humor inmejorable. "A ver cuánto me dura después de mi primera clase" pensó él agitando la cabeza con resignación.

…..

Johnny llegó con las tres escobas que faltaban.

-Ya estamos listos –sonrió el chico.

-No sé yo, hoy no tengo muchas ganas de tentar a la suerte –musitó Elyon-. Tengo un mal presentimiento.

-¡A la mierda los presentimientos! Hay que divertirse de vez en cuando –dijo Grace-. Johnny, ¿y tú escoba?

-Aquí –contestó el chico, metiendo una mano en su bolsillo y sacando una pequeña escoba, que se agrandó cuando el chico la sacudió.

-¡Qué conjuro tan bueno! –Lisa miró la escoba boquiabierta.

-Me lo enseñó mi abuelo –sonrió él con orgullo-. Bueno, vamos allá.

-Chicos, enserio... -protestó Elyon.

-No hay peros que valgan –contestó Johnny.

Lisa la miró encogiéndose de hombros con resignación, dándole a entender que a ella tampoco le apetecía mucho.

-¡Preparados, listos, ya! –Johnny hizo sonar el silbato con fuerza.

Las escobas se elevaron y comenzó la carrera. Elyon se agazapó todo lo que pudo para restar resistencia ante el aire, tal y como Johnny le había enseñado.

-¡Adiós tortuga! –le grito ella al muchacho cuando lo adelantó.

-¡No cantes victoria tan rápido! –le advirtió el hufflepuff.

Ella le saco la lengua y siguió su camino. Cuando hubo girado dos pasillos miro atrás para ver cuanta ventaja les sacaba a lo demás. Volvió el rostro y se encontró con un chico justo en su camino, el muchacho se echó hacia atrás para no ser arroyado y Elyon desvió su escoba para no golpearlo, cayendo al suelo de lado y resbalando varios metros por el suelo. Se levantó con las piernas temblorosas, no vio al chico por ninguna parte. "Seguro que se ha ido a chivar" pensó ella con fastidio, se acercó al lugar donde había visto al joven y se encontró con unas escaleras "¡Oh! ¡Mierda!"

El aire silbó en sus oídos cuando sus amigos pasaron junto a ella a toda velocidad.

-¡Johnny para! ¡Creo que le ha pasado algo a Elyon! –escuchó gritar a Lisa.

Segundos después los jóvenes habían vuelto atrás y bajaron de sus escobas.

-¿Estás bien? –le pregunto Lisa preocupada al ver la escoba de su amiga tirada en medio del pasillo.

-¿Hola? ¿Hay alguien en casa? –Johnny le paso las manos por el rostro para ver si así reaccionaba, pero la joven seguía con la vista fija en el final de las escaleras.

Los demás también miraron hacia abajo.

-¡La madre del cordero! –gritó Johnny angustiado- ¡¿Pero qué has hecho?!

-Yo... yo... -tartamudeó Elyon.

-¡Jóder! Qué fuerte… ¡Te lo has cargado! –gritó Grace alarmada.

Elyon se puso blanca, horrorizada.

-¡Es broma! Seguro que solo está inconsciente y magullado. No hay sangre. Como mucho se habrá roto el brazo, aunque con la túnica no se aprecia…

-¡Serás estúpida! Casi matas a Elyon del susto –le dijo Lisa enfadada-. Bajemos para socorrerlo, necesita ir a la enfermería.

-¿Y si nos vamos fingiendo que no hemos visto nada? –propuso Johnny.

-¡¿Pero tú estás tonto o qué?! –gritó Lisa furiosa- ¡No podemos dejarlo así!

-¿Y por qué no? Ya has oído a Grace. No es para tanto –Johnny se cruzó de brazos con enfado- Es un slytherin, seguro que él nos dejaría ahí tirados.

-Aun así lo mejor sería llevarlo a la enfermería –insistió la morena-. Yo lo voy a llevar, vosotros haced lo que queráis, como de costumbre...

-Te acompaño –dijo Elyon saliendo del shock.

-Os acompañaría, pero Johnny tiene razón. No quiero llevarme un castigo por culpa de un slytherin bobo. Nosotros nos encargaremos de guardar las escobas. Os esperamos bajo el haya, ya nos contaréis –Grace se fue junto con Johnny por el pasillo, recogiendo las escobas.

Ambas chicas se acercaron al muchacho, que estaba tirado a los pies de la escalera inconsciente. No parecía sufrir ningún daño considerable, así que lo cogieron cada una de un brazo y con cuidado lo llevaron a rastras hasta la enfermería.

…..

-¡Por Merlín! –exclamó Madame Pomfrey al ver a las dos cargar con el muchacho- Pónganlo aquí, sobre la cama ¿qué le ha pasado?

Las dos se miraron.

-Pues... -comenzó a decir Lisa.

-No lo sabemos, lo hemos encontrado a los pies de la escalera del tercer piso, inconsciente –mintió Elyon-. A lo mejor se ha caído...

-Bueno, no parece que tenga nada que no se arregle a golpe de varita pero tengo que explorarlo más a fondo.

Las chicas dejaron un poco de privacidad a la enfermera mientras examinaba al chico.

-Mientes de miedo –musitó Lisa con una sonrisa.

-No creas, simplemente Madame Pomfrey es muy ingenua –Elyon sonrió con culpabilidad.

…..

Madame Pomfrey les informó que el chico estaba bien aunque le quedarían algunas magulladuras, así que decidieron quedarse en la enfermería a esperar a que el chico recobrara la consciencia. Johnny y Grace se les unieron poco después al ver que no regresaban junto al árbol. Al cabo de un tiempo el joven abrio los ojos, mirando alrededor confuso.

-Veo que ya ha despertado, muchacho –sonrió Madame Pomfrey-. Supongo que ahora podrá decirme qué le ha pasado en las escaleras.

-Resbalé por ellas, creo que algún gracioso ha hechizado el primer escalón –explicó el joven poniéndose una mano en la cabeza con gesto de dolor.

Los cuatro amigos se miraron sorprendidos, no se había chivado.

-Seguro que ese maldito polstergeist ha vuelto a hacer de las suyas. Puede dar las gracias a estas dos señoritas que le encontraron y le trajeron aquí –sonrió la enfermera.

-Sí, muchas gracias –el muchacho les dirigió una vaga sonrisa.

Satisfecha, la mujer se fue y los dejó solos.

-Lo que hacíais está prohibido –les dijo el joven con seriedad.

-Lo sabía, ahora empezará con el chantaje –aclaró Johnny cruzándose de brazos.

-¿Chantaje? Debería hacéroslo, ya que llevo medio día en la enfermería y me voy a llevar unos buenos moratones. Pero al menos os habéis tomado la molestia de traerme y quedaros, así que no me chivaré ni os chantajearé. Pero tened en cuenta que podría haberlo hecho –el slytherin los miró uno por uno.

Johnny abrió la boca para replicar, pero fue incapaz de articular palabra.

-Me llamo William Marti –se presentó el chico al ver que ninguno decía nada-. Aunque podéis llamarme Will.

-Lo sabemos, vamos juntos a Pociones. Encantados de conocerte, soy Elyon McWilliams y siento mucho lo que ha pasado en las escaleras –sonrió Elyon, sus amigos la miraron- ¿Qué? Yo no pienso presentaros como suele hacer Johnny.

-Yo soy Grace Matthew.

-Johnny Tonitini –el chico levantó la mano.

-Yo... yo... soy Lisa Atler –musitó su amiga con la vista baja.

-Un placer –sonrió Will-. Si no os importa, me gustaría descansar, tengo una jaqueca impresionante. Ya nos veremos en clase.

-¡Oh! Claro, descuida –se despidió Elyon- ¡Adiós!

Los demás se despidieron con un ademán.

…..

Se sentaron junto a la orilla del lago, en unas rocas donde la nieve no cubría.

-Que tío más raro, ¿no? –opinó Johnny.

-Yo no me fío de él –gruñó Grace-, a la primera de cambio nos la juega.

-"No voy a chivarme… pero tened en cuenta que podría haberlo hecho" –se burló Johnny imitándolo.

-¿Por qué sois tan desconfiados? –se quejó Lisa.

-No sé, ¿quizá porque es un slytherin? –contestó el chico con sarcasmo.

-¿Y solo por eso tenéis que ponerlo a parir y desconfiar de él aunque os haya dado un razonamiento en el que se ve con bastante claridad que no piensa aprovecharse de nosotros por lo ocurrido? –gritó la gryffindor.

-Lisa, déjalos estar –le aconsejó Elyon poniéndole una mano en el hombro a su amiga.

-Sí, no hace falta que te sulfures –le dijo Grace alzando una ceja-. Cualquiera que te viera diría que ese chico te gusta.

-¿No os cansáis nunca de decir estupideces? –les regañó ella sonrojándose levemente.

Elyon vio cómo su amiga bajaba la vista con las mejillas encendidas y sonrió.

-Creo que lo mejor sería regresar cada uno a su Sala Común, ha sido una mañana movida y a mí se me empieza a congelar el trasero de estar aquí sentada –propuso ella.

-Vale, así de paso hago un poco el vago –sonrió Johnny.

-Si no lo haces más es porque no quieres –comentó Grace levantándose-. Nadie te pide que estés todo el día subiéndote por las paredes.

-Es que no lo puedo evitar –rio el chico sacudiéndose la nieve de los pantalones.

Las dos amigas llegaron a la Sala Común, y se sentaron en un rincón de la sala, lejos de los demás alumnos que se apelmazaban junto al fuego.

-El chico de slytherin te gusta, ¿verdad? –le preguntó Elyon sin rodeos.

-¿Pero qué se os ha metido a todos con eso? –contestó su amiga sonrojándose de nuevo.

-Entonces no sé por qué te sonrojas tanto, si no te gusta...

Lisa la miró de reojo.

-Sé guardar un secreto –le susurró ella.

La chica se retorció las manos con nerviosismo.

-Me gusta desde segundo –confesó ella.

-¿De verdad? –Elyon la miró sorprendida.

-Sí, es que… bueno… para ser un slytherin es muy agradable.

Elyon enarcó una ceja.

-Verás, el día en que lo conocí, unas alumnas de su Casa me estaban molestando, metiéndose conmigo y todo eso.

-Dime quienes eran y ajustaremos cuentas –sonrió su amiga con maldad preparando los puños como si fuera una boxeadora.

Lisa rio dándole una palmada en el hombro.

-Sí, de haberte conocido entonces no se habrían metido conmigo, con las malas pulgas que demuestras tener en ocasiones...

-Lo tomaré como un cumplido –sonrió Elyon.

-Bueno, pues eso, se habían estado metiendo conmigo quitándome los libros y todo eso. Entonces apareció él y me ayudó a recoger mis cosas que estaban tiradas por el pasillo y me preguntó si me encontraba bien –concluyó Lisa con una tímida sonrisa.

-¿En serio hizo eso? –la semielfa la miró sorprendida- Creo que el Sombrero se equivocó al colocarle.

-Por lo que he oído, es muy ambicioso e inteligente –explicó la muchacha-, así que parece que no se ha equivocado, simplemente el chico ha recibido una buena educación.

-Cosa rara en un slytherin entonces.

Ambas rieron ganándose las curiosas miradas de los alumnos más cercanos.

…..

Snape estaba sentado en su escritorio, corrigiendo unos trabajos de sus alumnos de segundo curso cuando llamaron a la puerta y una mujer pelirroja apareció por ella.

-Buenas tardes, Severus –saludó ella con una cautivadora sonrisa.

-Estoy ocupado –contestó el joven escuetamente.

-¿Aun sigues molesto por el incidente con tu alumna? –la mujer se cruzó de brazos.

-No, sigo molesto por entrometerte dónde no te llaman e intentar quitarme autoridad frente a mis alumnos –contestó él sin levantar la vista de los pergaminos.

-Lo hice por tu bien, te veía estresado...

-Puedo cuidarme solo, y ahora sal de mi despacho –la echó sin miramientos, intentando concentrarse en los penosos trabajos de sus alumnos.

Zelda se dio la vuelta pero se paró a escasos centímetros de la puerta.

-Severus... ahora me acuerdo... tú eras aquel muchacho callado con el que se metían aquel grupo de Gryffindor, ¿cierto? –sonrió la mujer.

El profesor levantó la vista despacio, sintiendo que su ira crecía por momentos.

-Me acuerdo de ti, creo que nos llevábamos cinco cursos, tú siempre tan calladito y centrado en tus estudios, siempre acompañado por esa gryffindor pelirroja -dijo con desagrado mientras volvía a acercarse a la mesa-. Has cambiado mucho, quién me iba a decir que aquel pálido muchacho se iba a convertir en un hombre tan misterioso e inflexible.

La mujer se apoyó en el escritorio con una seductora sonrisa.

-Y menos aún que trabajarías como profesor aquí, en Hogwarts –Zelda se acercó más aun, hasta que sus labios casi se rozaban-. Que suerte la mía...

-Fuera –Snape la miró con una frialdad que helaba la sangre.

La profesora sonrió con fastidio, y se incorporó dispuesta a irse, pero se paró antes de salir del despacho.

-No podrás mantener por siempre esa coraza, un día se romperá y yo estaré allí para verlo –sonrió la mujer abriendo la puerta y marchándose con la cabeza alta.

Snape se quedó con la vista fija en la puerta por la que se acababa de ir Zelda. Aquella mujer le ponía nervioso, le sacaba de quicio su prepotencia. "Coraza... menuda estupidez" pensó él con desdén.

Cogió de nuevo la pluma negra de cuervo para seguir corrigiendo, pero apenas pudo acabar dos trabajos más, cuando su concentración terminó por desaparecer. Con un gruñido arrojó la pluma a un lado de su escritorio y se recostó en la silla con cansancio. Se masajeó las sienes inspirando profundamente.

-Joder, ¿no tendré nunca una dichosa tarde tranquila? –se quejó para sí, levantándose y echándose la capa por los hombros.

…..

Los cuatro estaban sentados en la biblioteca, haciendo los deberes de la semana próxima para que no se les acumularan en exceso.

-Hola –saludó una voz con educación.

-¿Qué haces aquí? –preguntó Johnny con desagrado.

Elyon se asomó desde detrás de la estantería en la que estaba buscando un libro de Herbología. Sus amigos estaban de espaldas a ella, mirando a Will, que por lo visto se había acercado a saludar.

-¡Johnny! –le regañó Lisa- Hola, ¿qué te trae por aquí?

-Pues la verdad me preguntaba si podríais ayudarme con el trabajo de Pociones –contestó con amabilidad el chico- Tengo entendido que se os da bien.

-Sí, bueno. Más concretamente, se le da bien a Elyon –rio Lisa sonrojándose ligeramente-. Si esperas a que vuelva...

-¿Por qué no vas a pedir ayuda a tus compañeros y nos dejas tranquilos? –Johnny lo fulminó con la mirada.

-No estoy hablando contigo –contestó el chico-, así que no te metas en las conversaciones ajenas si es que tienes un mínimo de educación.

-¡Pues no serás tú quien me dé lecciones maldita serpiente! –le espetó el hufflepuff levantándose de su silla.

-No hace falta que grites, tejón resabidillo –le dijo Will con una mirada de desprecio.

-Oye, Johnny, cálmate, ¿vale? –le dijo Grace sujetándole del brazo- Nos van a echar si gritas tanto.

-¡¿A quién llamas resabidillo?! ¡Niño de mamá! –el muchacho intentaba zafarse de la pelirroja que intentaba por todos los medios que no saltara por encima de la mesa.

-Johnny, por favor compórtate –suplicó Lisa.

Viendo que el chico estaba a punto de explotar, Elyon dejó de buscar el libro y se dirigió a la mesa de sus amigos.

-¿Qué es todo este alboroto? –la bibliotecaria había llegado.

-Pues, esto, verá... –intentaron explicar Lisa y Grace a la vez.

-¡A empezado él! –gritó Johnny.

-¡Silencio! ¡Esto es una biblioteca! –les dijo la mujer furiosa- Ahora mismo me van a acompañar para explicarme lo ocurrido.

Dicho esto los cuatro jóvenes se fueron arrastrando los pies tras la enfadada bibliotecaria, dejando a Elyon sola y boquiabierta en la sala, junto a otros alumnos, igual de sorprendidos que la semielfa, que cuchicheaban entre ellos.

La joven decidió recoger las bolsas de sus amigos y subirlas a su cuarto, cuando se reencontraran ya se las devolvería. Después salió a los terrenos a dar un paseo por el precioso paisaje nevado. Llegó hasta la orilla y cogió unas piedras para lanzarlas al agua, pero estas rebotaron sobre el fuerte hielo que se había formado en las orillas del lago. Entonces sintió una presencia detrás suya y se giró sobresaltada sacando su canalizadora.

-Al menos podrías decir "hola" para que los demás sepan que estás detrás –comentó ella respirando aliviada.

-No creí que te asustarías –contestó Snape.

-Que lo hagas en clase no quiere decir que fuera del aula esté acostumbrada a que me observes desde la espalda -volvió a guardar su canalizadora-. Ya te dije que deberías dejar de acechar a la gente.

-Ya... ¿Qué haces aquí? –le preguntó el profesor.

-He acabado los deberes y he salido a dar una vuelta.

-¿Y tus amigos?

-Han… tenido unas diferencias con un slytherin bastante agradable en la biblioteca, y creo que ahora están castigados –contestó ella con resignación.

-¿Con un slytherin bastante agradable? No será William Marti... -el joven alzó una ceja.

-Pues... sí, con ese mismo... ¿por qué?

Snape no contestó y le quitó importancia con un ademán.

-¿Te pasa algo? –le preguntó Elyon acercándose a él.

-No, ¿por qué? –el hombre la miró extrañado.

-Pues porque apenas hablas, ni siquiera has hecho comentarios por lo de mis amigos... conociéndote hubieras ido corriendo a ver qué le ha pasado a Will y saber si ha perdido puntos para tu Casa–contestó ella.

-Digamos que hoy no es mi día –se limitó a decir él-. Y Marti es lo bastante maduro para salir del atolladero sin ayuda.

-Si tú lo dices... esto... ¿te apetece dar una vuelta? –preguntó ella mirando a la nieve del suelo.

Snape la miró extrañado.

-Vale, esa mirada ya es suficiente respuesta –Elyon torció una mueca y comenzó a andar.

-Si te vas a poner a llorar, te acompañaré –le dijo el profesor torciendo el gesto con una media sonrisa.

-Ja, ja –contestó la semielfa.

Ambos caminaron en silencio por los terrenos, escuchando el crujir de la nieve bajo sus pies. Era una situación bastante incómoda, ninguno de los dos sabía cómo empezar una conversación que tuviera algo de interés mutuo.

-Este lugar está precioso cuando nieva –probó Elyon.

-Sí, es bastante... invernal –comentó el joven.

-Me gusta la nieve –continuó ella.

El silencio volvió a reinar.

-¿Por qué te llevas tan mal con Remus? Es un chico muy majo... y tú... eres tratable cuando dejas de comportarte como un borde estirado –le dijo Elyon.

-Es largo de contar... y tampoco te incumbe. No sé qué te habrá contado sobre él y los Merodeadores, pero no eran tan inocentes como te crees –le contestó.

-Pero ya hace mucho de vuestra época de estudiantes. Quizá deberíais daros una segunda oportunidad.

-Hay personas que no se merecen una segunda oportunidad –dijo él sombrío.

-¿De verdad? –Elyon lo miró alzando una ceja con escepticismo.

Snape la miró y soltó un gruñido.

-No he dicho nada –musitó.

Comenzó a nevar de nuevo. Elyon miró al cielo y sonrió.

-La nieve me recuerda a mi padre –musitó.

-¿Lo dices por lo del otro día? ¿Por lo del deseo? –preguntó, realmente tenía mucha curiosidad sobre lo que pasó ese día.

-Sí, él solía decir que cada copo de nieve es un deseo, y cada copo ha de volver a la tierra. Que los deseos se mueven junto al flujo de magia de las estaciones. Que se congelan todos juntos y vuelven a nosotros en invierno y se cumplen al llegar la primera y el deshielo, pero que para ello el primer copo ha de tocar el suelo.

-Los elfos siempre tan místicos...

-Si vas a burlarte de mí y mis tradiciones, puedes seguir el paseo tú solo –Elyon le fulminó con la mirada.

-Lo siento –se disculpó él poniendo los ojos en blanco.

Entonces algo apareció en el linde del bosque, unas siluetas que se confundían con el blanco del paisaje.

-No los mires a los ojos –le dijo de pronto Snape tapándole los ojos con la mano mientras la abrazaba por la espalda de forma protectora.

-Creía que los centauros se encargaban de que no salieran del bosque –dijo ella asustada.

-Yo también.

Los animales seguían allí, sin moverse, observado a la joven que temblaba entre los brazos de su profesor. Elyon sentía su presencia, sabía que estaban allí, intentando ver de nuevo más de lo que ella incluso había visto jamás. El hombre la apretó contra sí con más fuerza en un intento de protegerla contra algo con lo que no podía luchar.

-¿Por qué no se van? –preguntó ella casi en un sollozó, odiaba aquella sensación de acoso.

-Cálmate, mantén tu mente cerrada –le dijo él.

Uno de los animales giró la cabeza y se quedó con la vista fija en Snape, este cerró instintivamente los ojos, aunque notaba como aquel animal también intentaba acceder a lo más profundo de su alma.

-Que pare por favor –sollozó ella exasperada.

Un ruido de cascos resonó en el helado paisaje junto con unos fuertes relinchos. Snape se atrevió a abrir los ojos con cautela, pero lo único que vio fue a un centauro adentrarse en la espesura del bosque.

-Ya se han ido –la informó quitándole la mano de los ojos.

Pero la muchacha seguía con los ojos fuertemente cerrados sin dejar de temblar.

-No te preocupes, ya no están –insistió él.

Elyon abrio los ojos con lentitud, el miedo aún recorría su cuerpo.

-Odio esto, lo odio... ¿Por qué no me dejan todos en paz?

-Vamos, no te pongas así, esto le ocurriría a cualquier otro elfo o mago poderoso, ¿acaso crees que a Dumbledore no le ha pasado? –intentó a animarla el joven.

-Pero yo sé que lo mío es distinto, hay algo... extraño en el comportamiento de los que me rodean. Nadie quiere explicarme nada ¡Yo podría intentar defenderme sola si por lo menos supiera de qué me escondo! –la muchacha lo miró con los ojos llorosos.

El hombre se mantuvo serio y en silencio. Elyon bajó la vista.

-Un día de estos lo sabrás, solo has de ser paciente.

-Eso es lo que Dumbledore me dice siempre, paciencia...pero yo necesito saberlo, no soy una niña pequeña...

-Paciencia –contestó él escuetamente.

-¿Es que no sabéis usar otra palabra conmigo? Esa palabra me está cansando –gruñó ella.

-¿Cuál? ¿Paciencia?

-¡Basta ya! Era una broma –rio ella.

-Emmm... pa...

-Acaba esa odiosa palabra y te comerás una bola de nieve –le amenazó ella.

-...ciencia.

-¡Ahhh! ¡Se acabó, tú te lo has buscado! –gritó ella agachándose y cogiendo un puñado de nieve mientras Snape echaba a correr.

Dumbledore sonrió desde la ventana del pasillo, al parecer la charla había funcionado, estaba feliz de que aquellos dos se llevaran mejor, sobretodo porque no había visto reír a Severus así desde hacía mucho tiempo, quizá demasiado... Con suerte y tiempo, puede que ambos consiguieran un apoyo mutuo que les ayudara en futuros tiempos difíciles que ojalá, tardaran mucho tiempo en regresar. Con una sonrisa, el anciano siguió su camino a su despacho.