4º Curso. Capítulo 17

La habitación estaba a oscuras, solo una parte de ella estaba iluminada con unas pobres velas. Sentados en la cama había un hombre y una mujer a medio vestir. El chico llevaba la camisa desabrochada y se apoyaba en sus rodillas mientras miraba al suelo de mal humor. La mujer estaba en ropa interior y miraba de soslayo al joven con enfado, suspiró y luego lo rodeó con los brazos besándolo en el cuello, pero él no reaccionó. La mujer se alejó de él cruzándose de brazos.

-¿Vas a quedarte en ese plan toda la noche? –gruñó la mujer.

-Nadie te obliga a quedarte.

-¿Es que no vas a hacer ni un pequeño esfuerzo? –comenzó a mordisquearle la oreja juguetona.

-He cambiado de idea, ya no me apetece -gruñó alejando su cabeza de la mujer.

-Entonces ya me encargo yo de volverte a hacer cambiar de opinión –ella comenzó a desabrocharle los pantalones.

El joven asió su muñeca.

-Ni lo intentes, no me apetece y se acabó.

La mujer se levantó con los labios apretados y cogió su ropa del suelo.

-¿Cuánto tiempo piensas seguir así de arisco? –le preguntó ella.

-Hasta que mi pelo deje de ser rosa chicle y no tenga que seguir aguantando las risitas de mis alumnos.

-Siempre puedes teñirte... es un remedio muggle bastante efectivo –comentó la mujer acariciando su pelo de nuevo rojizos, aunque con claros rastros del color verde amarillento.

-Métete los remedios muggles por donde te quepan –le espetó con enfado.

-¿Por qué no me los metes tú? -rio ella.

El hombre levantó la vista y la fulminó con aquellos ojos negros y fríos.

-Me encanta que me mires así –sonrió ella con lascivia.

-Recuérdame porqué estás aquí –dijo él con hastío.

-Porque la otra noche nos lo pasamos muy bien.

La mujer se acercó a él con andares insinuantes. Luego lo besó larga y pausadamente, jugando con la lengua del joven.

-Cuando vuelvas a estar de humor para divertirte, avísame –sonrió ella abrochándose la túnica y saliendo del dormitorio.

-Descuida –la despidió con una sonrisa fría como el hielo.

La puerta se cerró y Snape se tiró de espaldas en la cama llevándose las manos a la cabeza. Aun no sabía por qué había decidido finalmente ceder a las insinuaciones de Zelda, pero por el momento le daba igual, al menos así tenía la oportunidad de desfogarse, porque aunque sus alumnos no lo creyeran, él también era humano.

…..

Ya había pasado casi una semana desde Halloween, pero los alumnos seguían riendo a mandíbula partida cuando veían a algún slytherin, y estos, hartos, habían empezado a pelearse entre clase y clase. Algunos habían intentado teñirse el pelo como los muggles, pero Johnny había pensado en todo, y ni el tinte podía borrar del todo los rastros de la poción. Otros habían imitado a Will, que llevaba todo el día puesta su gorra. Al principio los profesores lo habían prohibido, pero al final habían desistido hartos de tantos castigos que habían tenido que poner por desobediencia, castigos que incluso habían acabado retirando.

Zelda intentaba hacer oídos sordos a los comentarios que hacían en sus clases, aunque castigaba a esos alumnos al acabar la clase aprovechando cualquier excusa tonta. Con Snape la situación no era muy diferente, los alumnos murmuraban en clase e intentaban contener la risa, en respuesta a eso, Snape prácticamente vació los contadores de puntos de Gryfindor, Ravenclaw y Hufflepuff. Para desgracia de todos, la diversión se acabó a la semana.

-¡Venga! ¡Ríete ahora! –un slytherin empujó a un alumno de primero en uno de los pasillos.

-Pe-pero si yo no me... -se defendió el chico asustado.

-Pe-pe-pero. Tranquilo que sin dientes se te quitarán las ganas de reír –le amenazó.

-¡Sam! Si lo tocas el que acabará sin dientes serás tú –le gritó Will abriéndose paso entre la multitud.

-¡El Salvador de Hogwarts! –se mofó el slytherin- ¡Eres una vergüenza para tu Casa!

-Vamos –cogió al joven alumno y se lo llevó.

-¡Eres patético! –siguió insultándole.

-¡Tú sí que eres patético! –se escuchó una voz entre la multitud.

Entonces los pantalones de Sam cayeron al suelo y su túnica de estudiante se elevó como azotada por un fuerte viento, dejando ver unos calzoncillos con dibujos de unicornios. El pasillo estalló en carcajadas y el slytherin salió corriendo a trompicones mientras se subía los pantalones.

-Te has pasado –le regañó Lisa.

-Se lo merecía y lo sabes –se defendió Johnny.

-Como sepa que has sido tú, te incrustará esas gafas de piloto en el cráneo –le dijo Grace con una mueca.

-Pero nunca lo sabrá, nunca descubren mis trastadas –rio el chico.

Lisa le dio un codazo cuando vio aparecer a Zelda.

-Por cierto, ¿dónde está Elyon? –preguntó el hufflepuff.

…..

Elyon bajó corriendo las escaleras, se había quedado dormida, no entendía cómo se había podido dormir después de que Lisa la despertara. Si no hubiera escuchado chillar a Eizen, aún seguiría durmiendo a pierna suelta en la habitación. Miró el sol por las ventanas, no sabía si iba a conseguir llegar al Gran Comedor a tiempo para desayunar.

-A ti te estaba buscando –Snape la paró en el pasillo.

-Llego tarde a desayunar –le dijo ella.

-Sabes tan bien como yo que hoy no desayunarás –le dijo.

-Pues entonces llego tarde a clase –insistió ella.

-Te acompaño.

-No hace falta.

-Lo sé, pero pienso acompañarte igualmente, de hecho, voy a acompañarte a todas partes.

-Ni se te ocurra –Elyon lo miró con enfado.

-Recuerda que soy tu niñera, así que no pienso dejarte ni a sol, ni a sombra, siempre que me sea posible.

-Pero si tú nunca te has tomado en serio eso –gruñó la chica.

-Habértelo pensado mejor antes de gastarme la bromita de Halloween. Te lo has buscado tú solita –sonrió él con frialdad.

-Yo no hice nada –se defendió ella apretando los labios.

-Eso lo descubriremos en los próximos días –le puso una mano en el hombro-, porque voy a estar observándote muy de cerca, un movimiento en falso y estarás acabada.

-No me das ningún miedo –le retó.

-Quizá a ti no, ¿pero y a tus amigos? –Snape alzó una ceja.

Elyon se lo quedó mirando un momento antes de seguir su camino, con Snape pisándole los talones.

…..

La semielfa entró en el Gran Comedor y se sentó con rapidez en la mesa Gryffindor junto a Lisa, el resto de sus amigos ya habían tomado asiento como de costumbre, también en la mesa de los leones. Entre susurros, les dijo que esa tarde debían hablar de algo muy importante aprovechando que Snape tenía guardia en la Sala de Estudio, y qué por el momento, era mejor no hacerle preguntas.

-Bien, ¿qué es lo que pasa? –Grace la miró intrigada tras reunirse todos en el patio de la fuente a la hora acordada.

-Snape está muy cabreado por lo de Halloween, y está convencido de que fuimos nosotros, así que me va a seguir a todas partes –se explicó ella.

-¿Y? Si no hablamos de eso no podrá enterarse –Will se encogió de hombros.

-El problema es que sabe un montón de Legeremancia –aclaró.

-Vale, ese sí es un problema –puntualizó Johnny.

-¿Qué se supone que es la Legeremancia? ¿No es lo que tú estudias los sábados? –preguntó Lisa.

-Puede leerte la mente con solo mirarte a los ojos –explicó Elyon.

-¿Solo con mirarte a la cara puede saber todo lo que tienes en la cabeza? –Grace los miró asustada- Estamos listos.

-¿Y por qué estudias tú eso? -Will alzó una ceja.

-Pero técnicamente no es una prueba tangible, sigue sin poder demostrarlo -dijo Johnny volviendo a la conversación.

-Pero podría presionarnos hasta que lo admitiéramos delante de Dumbledore -comentó Will.

-Si dejáis la mente en blanco no hay peligro, aunque creo que lo mejor será que no lo miréis directamente a los ojos, y si no os queda más remedio, cuando lo hagáis o dejáis la mente en blanco o pensáis en cualquier otra cosa –la semielfa intentó calmarlos.

-Vale, entonces practicaré en Historia, con la charla del profesor Binns no creo que sea muy difícil dejar la mente en blanco –suspiró Johnny con una sonrisita.

-No te hará falta, eres un tío, siempre tienes la mente en blanco –bromeó Lisa.

-Si te refieres a que mi mente es clara y brillante como el blanco más puro estás en lo cierto -el huflepuff levantó la barbilla orgulloso.

Lisa puso los ojos en blanco.

El grupo se cruzó con Snape de camino al Gran Comedor para la cena. El profesor los observó atentamente, sabía que escondían algo, ahora tenía que conseguir pruebas y se aseguraría que se les quitaran las ganas de reír para el resto de sus años como estudiantes.

…..

Johnny se entretenía mascando chicle mientras el resto estudiaba.

-Me estás poniendo nerviosa –se quejó Elyon.

-¿Y qué quieres? ¿Qué me lo trague?

-Me parece muy bien que te sepas todo el temario, pero déjanos estudiar al resto. Guárdatelo o tíralo, pero deja ya de mascar chicle –le pidió Will.

Johnny puso los ojos en blanco y se levantó para tirar el chicle. Grace levantó la vista, no soportaba más la sensación de ser observada atentamente. Snape estaba sentado unas mesas más allá y los vigilaba con disimulo por encima del diario El Profeta.

-Lo siento, pero ya no lo soporto, me voy a mi Sala Común a estudiar –dijo la chica recogiendo sus cosas.

-Yo creo que voy a hacer lo mismo –suspiró Lisa cerrando su libro-, no hay quien se concentre ¿Es que no tiene nada más que hacer?

Elyon bufó cuando sus dos amigas se fueron. Se levantó de la mesa y se acercó al profesor.

-Molestas –le dijo cruzándose de brazos.

-Tú también y me aguanto.

La chica le quitó el periodico de las manos y el joven le lanzó una mirada de advertencia.

-¿Te costaría mucho dejar de vigilarnos cuando estudiamos? –le dijo ella manteniendo la calma.

-¿Tan nerviosos os pone? –rio él.

-¿Tú qué crees?

-Pues lo siento mucho, pero estoy cumpliendo con mi trabajo –le respondió recuperando el periodico.

-Y un cuerno –Elyon apretó los dientes-. Si lo que intentas es presionarnos para que cantemos, estás muy equivocado, porque nosotros no hemos hecho nada.

-Lo siento por ti, pero no me lo creo –Snape la miró a los ojos.

La chica le sostuvo la mirada unos segundos y luego sonrió con autosuficiencia.

-No podrás leerme la mente por mucho que lo intentes –se mofó-, no si yo no quiero.

Y dicho esto volvió a su mesa y se sentó de espaldas a él para seguir estudiando. "No intentaba leerte la mente" se dijo a si mismo Snape, antes de seguir con la lectura.

Después de la cena, Elyon le escribió una carta a Remus contándole lo que había pasado en las últimas semanas. Seguro que cuando la leyera iba a reírse muchísimo. Cuando acabó llamó a Eizen y le dio la carta, el halcón desapareció en la noche brillando como una estrella.

…..

Elyon había tenido la esperanza de que después de una semana, Snape se cansaría de vigilarla y todo volvería a la normalidad. Pero no había sido así, cada día se empeñaba más en intentar vigilarla las veinticuatro horas del día. Por suerte aún podían reunirse de vez en cuando con tranquilidad aprovechando las guardias del profesor en la Sala de Estudio y cuando supervisaba los castigos que imponía.

-Esto es insufrible –suspiró Lisa-, es como si durante todo el día tuviéramos clase de Pociones.

-Has de tener un poco más de aguante, ¿no ves qué lo que quiere es que nos debilitemos psicológicamente? Tienes que actuar como si no estuviera –la animó Johnny.

-Eso es imposible –se quejó Grace-, siento su presencia hasta cuando estoy en mi Sala Común.

-Lo tuyo sí que empieza a ser preocupante –Lisa alzó una ceja.

-Si tanto os molesta, puedo irme a estudiar a otro sitio. Total, es culpa mía, lo de la broma se me ocurrio a mí –Elyon se encogió de hombros.

-¡No! No queremos que tengas que irte para librarnos de él –se quejó Lisa.

-Solo sería cuando tengamos que estudiar –aclaró su amiga.

Los chicos se miraron entre ellos con culpabilidad.

-Solo para estudiar –aclaró Will.

Elyon asintió con una sonrisa.

A la hora de la comida Eizen apareció por uno de los ventanales. Traía una pequeña nota, la semielfa sonrió.

-Remus viene mañana –anunció.

-Creí que no iba a poder volver después de lo de Hogsmeade –comentó Johnny.

-¿Quién es Remus? –preguntó Will.

-Un licántropo amigo de Elyon, le dio un puñetazo a Snape en la última salida a Hogsmeade –explicó Lisa-. Fue espectacular.

-¿Un licántropo? ¿Y no es peligroso? –Will frunció el ceño.

-¿Tú ves por algún sitio la luna llena? –le dijo Elyon molesta.

-Lo siento, no quería ofender –se disculpó el muchacho.

-Aunque si se comiese a Snape tampoco sería una gran pérdida –dijo Grace-. Pero seguro que al pobre se le indigesta.

-Ya vale con las bromitas de licántropos -gruñó Elyon.

El recuerdo de la pelea la había puesto de mal humor.

…..

El sábado amaneció soleado, la nieve reflejaba el sol, haciendo el día más luminoso. Elyon apenas desayunó, lo único que quería era salir a los terrenos para ver llegar a Remus. Estuvieron esperando dos horas sentados en las escaleras de la entrada al castillo y el chico no apareció.

-Quizá Snape se ha enterado de que venía y ha esperado en la estación para devolverle el puñetazo –suspiró Grace.

-No lo creo... -Elyon rezó para que su amiga no tuviera razón.

Media hora más tarde una silueta apareció paseando por la orilla del lago. El chico los vio y les saludó levantando un brazo. Johnny se levantó como un resorte y corrio felizmente hacia él para darle la bienvenida. Los demás lo imitaron. Al llegar junto a Remus, Elyon tuvo que reprimir las ganas de abrazarlo con fuerza.

-Vaya, el grupo cada vez se hace más grande –sonrió el licántropo.

-William Marti –el chico le tendió una mano.

-Tú tienes que ser el slytherin que no tiene pinta de slytherin –le dijo Remus estrechando su mano.

El alumno se sonrojó.

-¿Así es cómo me describes en tus cartas? –miró a Elyon alzando una ceja.

La chica se limitó a encogerse de hombros con una sonrisilla. Buscaron un sitio sin nieve en el que poder sentarse a hablar. Finalmente se sentaron en los bancos de piedra de un pequeño parque trasero de Hogwarts. Allí, tras comprobar que no había nadie que les pudiera escuchar, los cinco amigos le relataron al licántropo lo sucedido en Halloween con todo lujo de detalles, incluyendo al final, las medidas que Snape había tomado. Llegado a este punto Remus aún tuvo fuerzas para reírse aún más fuerte al contarles que en su época de estudiante jamás había conseguido descubrirlos a ellos, los Merodeadores, por mucho que lo intentara, y que ahora que era profesor y tenía más responsabilidades, le sería aún más complicado por mucho que lo intentara. Johnny repartió unos refrescos que su madre le había enviado hacía unos días, y brindaron por los Merodeadores, por ellos, y por todos aquellos que habían gastado bromas memorables en el colegio. Después un fuerte eructo resonó en el paisaje nevado.

-¡Johnny, eres un cerdo! –le dijo Lisa con una mueca de asco.

-Pero si eso no ha sido nada –rio Will, que llenando sus pulmones de aire consiguió un eructo aún más fuerte.

Lisa lo miró con una mezcla de asombro y asco, parecía que se iba a echar a llorar por momentos. Otro eructo de mayor duración resonó entre las risas de Will, Johnny y Grace.

-¡Mierda! –gimió Remus llevándose las manos a la nariz.

Johnny se tiró al suelo presa de un ataque de risa al ver cómo, a causa del eructo, al licántropo le había salido el refresco por la nariz. Elyon arrugó la nariz e iba a soltar un comentario sobre los guarros que podían ser los chicos cuando sonó otro eructo, similar a un rugido, que soltó Grace sin previo aviso.

-¡Ha sido impresionante! –a Johnny se le iluminaron los ojos- ¡Repítelo!

-¡Sí, repítelo! –le animaron Remus y Will.

-No creo que pueda repetirlo, muy pocas veces consigo hacer uno de estos –se sonrojó Grace.

Durante los siguientes treinta minutos los tres chicos intentaron igualar el eructo de Grace sin éxito.

La expresión de asombro y confusión de Lisa no tenía precio. Elyon bajó la cabeza avergonzada al ver cómo un profesor que pasaba por allí se les quedaba mirando.

Al anochecer acompañaron a Remus hasta los límites de los terrenos y se despidieron de él a regañadientes, todos seguían con ganas de pasar un rato más juntos y reírse en compañía.

-De lo único que me arrepiento es de no haber estado aquí la noche de Halloween –rio el licántropo-. Habría dado casi cualquier cosa por ver a Snape con el pelo rosa.

-Eso tiene fácil solución –sonrió Johnny buscando en su bolsillo.

De él sacó un sobre marrón, rebuscó en él y extrajo una fotografía, que le dio a Remus. El chico rio con fuerza. El resto se amontonó junto al joven y también empezaron a reír. En la foto se veía a Snape caminar por el pasillo con el pelo rosa chicle, algunos alumnos pasaron por la foto tapando la visión del profesor, que no parecía darse cuenta de nada.

-¿Le hiciste una foto a Snape a escondidas? –Grace miró a Johnny sorprendida.

-Y no solo a él, ¡a casi todos los slytherins! –Lisa miró las demás fotos del sobre tras habérselo quitado al hufflepuff.

-¡Salgo hasta yo! –Will miró a su amigo indignado- ¿Cómo te las has apañado para sacar estas fotos sin que nadie se dé cuenta?

-Talento natural que tiene uno –rio Johnny dándose aires y despeinándose más aun-. Eso, y una cámara muy pequeña y discreta que me regaló mi hermano.

Remus al final se fue entre risas dando las gracias por la foto y por lo bien que lo había pasado.

…..

El correo del miércoles les trajo una desagradable sorpresa a los slytherins. A casi todos les llegó una carta sin remitente que contenía una foto suya días después de Halloween. Los gritos de rabia llenaron el Gran Comedor. Entonces Will apareció y, con un golpe, dejó frente a Lisa y Elyon el sobre y la foto. Las dos amigas se miraron sorprendidas y preocupadas al mismo tiempo. La semielfa miró la mesa de los profesores, Zelda hizo añicos su foto, y Snape la incineró entre sus dedos sin formular hechizo alguno, acto seguido miró a la chica con una mirada llena de odio. Ella tragó saliva al saber lo que se le venía encima.

Entre los comentarios amenazantes y llenos de rabia se escuchó la voz de una estudiante de tercero:

-¡Mira! Mi madre ya me ha enviado el último capítulo de Pociones Locas –rio la muchacha llena de ilusión.

Un hechizo cruzó el Gran Comedor y le dio de lleno a la lechuza de la chica, que salió disparada contra la pared, cayó al suelo y no volvió a moverse.

-¡Boliche! –gritó la alumna cogiendo la lechuza en brazos- ¡No! ¡Boliche! ¡Boliche! ¡Muévete!

La joven zarandeó al animal, pero sus alas colgaban inertes.

-¡¿Quién ha sido?! –gritó ella llorando.

El Gran Comedor se mantuvo en silencio.

-Yo –la voz de Mark resonó en el lugar.

-¿Por qué? ¡Boliche no te había hecho nada! –le gritó la chica llorando.

-Pero tú sí ¡Te lo mereces por la humillación de Halloween! ¡Y da gracias de que el hechizo no ha ido directo a tu ca...!

Mark cayó al notar una mano en su hombro. Entre la tensión nadie vio como Snape se acercaba al joven. El profesor se llevó al alumno, que se apartó de él bruscamente.

-¡Yo no hice nada! ¡Nada! –lloraba la chica abrazando a su lechuza muerta.

De camino a la primera clase, Will apareció entre los demás alumnos y con un fuerte empujón inmovilizó a Johnny contra la pared.

-¿Pero tú de qué vas? –le susurró con enfado- ¿En qué pensabas al mandar las fotos? Esa lechuza podrías haber sido tú.

-¡Pero si yo no las he enviado! Estoy tan sorprendido como tú, no sé quién ha conseguido las fotos, si no me crees mira la letra del sobre, no es la mía.

-¿Pero si no has sido tú...? -Elyon frunció el ceño.

-Me estoy arrepintiendo por momentos de lo de Halloween –musitó Grace preocupada.

…..

Las semanas pasaron sin más peleas entre los slytherins y el resto de alumnos, aunque no habían vuelto a ver a Mark fuera de las clases, seguramente seguía castigado por la muerte de la lechuza. Lo que más le extrañó a Elyon era que Snape no le había comentado nada, se había limitado a vigilarla a cierta distancia, y eso no le gustó, seguramente la abordaría cuando estuviera sola, cuando fuera...

-¡Navidad, Navidad! –canturreaba Johnny por los pasillos- Ya solo falta una semana.

-Qué ganas tengo de comerme un buen pudin de mi tía-abuela –se relamió Grace-. Y reencontrarme con mi novio.

-Yo solo tengo ganas de ver a mi hermano, le echo de menos –sonrió Will algo tímido.

-Que sensiblero te ponen las fiestas –rio Johnny y su amigo lo fulminó con la mirada-. ¡Eh! Yo también echo de menos a mis hermanos, no nos vemos todos desde las últimas Navidades.

Por la noche Lisa estuvo de muy mal humor, no quería hablar con nadie y enseguida se fue a dormir.

-¿Qué le pasa? –preguntó Elyon.

-Lo de cada año, no soporta volver a casa con su familia –le dijo Sharon.

-Voy a ir a hablar con ella.

-Buena suerte –suspiró su compañera.

La habitación estaba a oscuras, Lisa estaba sentada en su cama abrazándose las rodillas, su gata ronroneaba tumbada a su lado.

-¿Estás bien? –le preguntó Elyon sentándose a su lado.

-Claro, ¿qué te hace pensar lo contrario? –gruñó ella.

-Oye, puedes contarme lo que sea, ya lo sabes, si necesitas desahogarte aquí me tienes.

Lisa miraba la pared de enfrente con enfado.

-Esto es un asco –musitó Lisa.

-¿El qué? –Elyon no conseguía entenderla.

-Todo ¡TODO! Yo soy un asco, mi vida es un asco, mi familia es un asco ¡ASCO! ¡ASCO! ¡ASCO! –tiró con rabia su almohada rompiendo a llorar.

-¿Pero qué dices? ¿Te estás escuchando? –su amiga la miró preocupada- Tú no eres un asco, eres una gran amiga. Tu vida no es para nada un asco, tienes unos padres que te quieren seguro, y unos amigos que siempre van a estar a tu lado para lo que necesites.

-No sabes nada de mi familia, odio tener que estar con ellos, no soporto el ambiente lleno de tensión, esa necesidad de mantener las formas como si no pasara nada ¡No soporto a mi hermana! ¡A esa maldita sabelotodo mimada!

-¿Tu hermana pequeña?

-Desde que ella nació todo ha ido a peor, todo era perfecto hasta que ella apareció en nuestras vidas, desde que está mis padres se odian y solo piensan en esa maldita cría egoísta que no me deja en paz. Lo ha fastidiado todo.

Lisa lloraba desconsolada. Elyon la abrazó con fuerza.

-Ey, tranquila, yo creo que exageras –le dijo para calmarla.

-No, no exagero. Siempre hace que la situación explote, y en lugar de ver que el problema es ella me echan las culpas a mí. Ojalá saliera de nuestras vidas, ojalá dejara de intentar imitarme en todo, de coger mis cosas, de seguirme a todas partes… de intentar acapararlo todo y echarme de mi propia familia.

Hubo un silencio incómodo.

-¿Te has parado a pensar que tal vez te coge las cosas y te imita en todo porque quiere ser como tú? Porque... como lo digo... porque eres su heroína, su modelo a seguir. Yo creo que tu hermana te tiene en un pedestal y que no intenta echarte de tu familia, que simplemente intenta ser tan genial como tú. Puede que si desde que es pequeña tus padres se gritan, se sienta responsable e intente ser tú para sentirse mejor. Intenta ser más fuerte, y seguramente tu seas la persona más fuerte que conoce.

Lisa la miró parando de llorar.

-Nunca lo había pensado así –Lisa se secó las lágrimas.

-Creo que deberías aprovechar las vacaciones para hablar con tu hermana y tus padres. Si tus padres se pelean y eso... yo creo que no es por tu culpa ni por la de tu hermana. A veces los adultos no se entienden, y en el peor de los casos, mis padres decían que el amor simplemente... se acaba. Y que por eso es mejor separarse, para no hacerse más daño ni hacer daño a los demás –Elyon sonrió con tristeza, sus padres también habían pasado por malos momentos, y en ocasiones llegó a pensar que podrían separarse.

-Gracias –suspiró Lisa abrazando a su amiga con fuerza-. Lo intentaré, intentaré aclarar las cosas.

Elyon abrazó a su amiga con cariño.

…..

Snape se dejó caer pesadamente en la cama con la respiración agitada. Zelda se colocó a su lado sonriendo.

-Vaya, sí que necesitabas desfogarte –rio ella acomodándose en el pecho del chico.

Pero el joven se la quitó de encima y se levantó de la cama buscando su ropa.

-¿No vas a quedarte un poco más? Aún queda mucha noche por delante –la mujer puso una mirada suplicante.

-No gracias, no me gusta tenerte como compañía más tiempo del necesario –le contestó él vistiéndose.

-A mí sí –sollozó ella de la manera más sexy posible.

-Ese no es mi problema –se despidió Snape abrochándose la camisa.

El joven profesor salió de la habitación y dejó a Zelda sola, la mujer se cubrió con las sábanas y se acurrucó en la cama. Le habría gustado mantener el calor del joven a su lado durante un rato más. Sonrió para sí, le estaba empezando a gustar de verdad la compañía del profesor.

…..

Hagrid calentaba algo de té en la chimenea. Fang babeaba en las rodillas de Elyon, que miraba como nevaba a través de la ventana.

-¿Tus amigos se van a quedar en Hogwarts estas navidades? –le preguntó el hombretón sirviéndole una taza con galletas de mantequilla.

-No lo sé, pero supongo que se irán con la familia... Yo al menos me iría a pasar las fiestas con mi familia –respondió ella con la mirada perdida.

-Bueno, si al final se van, ya sabes que aquí me tienes para lo que sea. Hogwarts es como una gran familia –sonrió Hagrid.

-Y Dumbledore es el abuelo, ¿no? –la joven torció el gesto dándole un sorbo al té y quemándose la lengua.

El gigante sonrió y se sentó junto a ella para tomar el té.

Snape se apoyó en la pared de piedra exterior de la cabaña y se refugió del frío envolviéndose más en la gruesa capa negra. Había escuchado a los dos amigos, tenía la sensación de que aquella iba a ser una Navidad muy larga.