4º Curso. Capítulo 20

El resto de las vacaciones pasaron como un suspiro, antes de que se dieran cuenta había llegado el día de regreso para los alumnos. Por lo que Remus tenía que marcharse.

-¿Seguro que estarás bien? –le preguntó el muchacho.

-Sí, quédate tranquilo, ya no tengo esa necesidad de estar todo el rato junto al espejo. Puedo controlarme.

-Vale, pero si pasa cualquier cosa, aunque sea una tontería, házmelo saber, ¿de acuerdo?

La chica asintió sonriendo. Remus se echó la bolsa al hombro y con un fuerte abrazo se despidió de ella. Dio gracias a Merlín porque el licántropo se fuera por la tarde después de comer, por lo que solo tendría que esperar un par de horas hasta que llegaran Lisa y los demás. Aprovechó el tiempo revisando los deberes y trabajos, mañana empezaban las clases y no quería dejarse nada en el tintero, ya que muchos de esos trabajos tenían una puntuación muy alta para las notas finales de las asignaturas.

Cuando casi era hora de cenar, bajó corriendo hasta el vestíbulo, las puertas de roble aún estaban cerradas a cal y canto, así que se sentó en las escaleras de mármol a esperar. A los pocos minutos apareció Filch con un manojo enorme de llaves, y abrió las pesadas puertas. Junto a él la Señora Norris jugueteaba con un ratón que corría a su alrededor dejando una estela de estrellitas brillantes. El conserje se percató de que le estaban observando y se giró de mal humor. Elyon sonrió.

-Parece que a la Señora Norris le gustó su regalo de Navidad –comentó ella como si nada.

-¿Fuiste tú? –Filch frunció el ceño con una mezcla de desconfianza y sorpresa.

La chica asintió sonriente. El conserje se fue arrastrando los pies gruñendo, y creyó escuchar un gracias.

A lo lejos aparecieron unos farolillos que se acercaban al castillo. Elyon se levantó nerviosa, ya habían llegado. En un abrir y cerrar de ojos el vestíbulo se llenó de alumnos que llegaban montados en carruajes tirados por thestrals.

-¡Elyon! ¡Elyon! –escuchó gritar entre la multitud.

Ella vio como Lisa aparecía entre los alumnos. La semielfa bajó corriendo las escaleras para reunirse con ella. Su amiga la abrazó con fuerza mientras rompía a llorar.

-¡Gracias! ¡Muchas gracias! –le dijo la morena sin soltarla.

Grace y Johnny aparecieron también sonriendo.

-¿Qué le pasa? –les preguntó Elyon, no entendía la reacción de su amiga, que seguía llorando abrazada a ella.

-Ni idea, casi no ha hablado en todo el camino –Grace se encogió de hombros.

-Os lo contaré después de la cena –respondió Lisa secándose las lágrimas.

Los alumnos se fueron sentando en sus respectivas mesas. Un gran algarabío inundó la sala. Elyon sonrió, por fin el colegio volvía a llenarse de vida.

-A mí me puedes ir contando ya qué te pasa, porque casi no me has contado nada durante las navidades –le pidió.

-Tú también has estado un par de días sin mandar cartas. Yo prefería contártelo todo en persona –le reprochó su amiga.

-Primero cuenta tú y luego lo haré yo –propuso Elyon.

-¡Han sido una de las mejores navidades de mi vida! –exclamó su amiga con alegría- Te hice caso, respiré hondo y me senté a hablar con mis padres. Me explicaron los motivos de su divorcio, y tenías razón, simplemente habían dejado de quererse de la misma manera, por lo que se les hacía cuesta arriba seguir viviendo bajo el mismo techo, necesitaban su espacio antes de acabar odiándose. Lo que quieren es un divorcio amistoso, cosa que no les era fácil por mi actitud. Ahora me siento culpable –admitió ella con la vista baja.

-No seas tonta, es normal que estuvieras dolida, mis padres casi se separan una vez, sé que se pasa mucho miedo –se sinceró su amiga- ¿Y con tu hermana cómo fue la cosa?

-Bastante bien, mis padres me han contado que ha estado yendo al psicólogo desde que empezó lo del divorcio. Estaba muy afectada y ha ido para no caer en una depresión. Cogía mis cosas porque tenía miedo que al divorciarse mis padres nos separaran, y quería memorizar todo lo mío y quedarse con algo por si acaso –una lágrima resbaló por su mejilla-. Eso ha sido lo malo de las vacaciones, que me he dado cuenta de lo egoísta que era, pensando que a los demás la situación no les importaba, y al final la que peor lo estaba pasando era mi hermana.

-Pero ahora estás a tiempo de arreglar las cosas –sonrió Elyon, veía a su amiga más relajada, más en paz consigo misma-. Cuéntame el resto de las vacaciones.

-Bueno, no hemos hecho gran cosa. Simplemente he pasado más tiempo con mi hermana, y he estado con mis padres. Hemos ido de excursión, al cine... No sé, no hemos hecho nada en especial, pero me he sentido tan bien, sin gritos y sin peleas. Es la primera vez que tengo ganas de volver a casa a final de curso.

Elyon abrazó a su amiga y le frotó la espalda. Estaba muy feliz por ella, ya no volvería a verla llorar por las noches.

-Ahora te toca a ti, ¿por qué dejaste de escribirnos? –le preguntó su amiga frunciendo el ceño.

-Pues... -iba a mentir, pero estaba claro que lo mejor era decir la verdad, no podía estar mintiéndoles toda la vida- Es que al final no fui a Irlanda, me quedé aquí durante las navidades. Cuando me enteré de que mis padres no iban a poder venir a por mí me deprimí y por eso dejé de escribir.

-¡¿Te quedaste aquí y no nos lo dijiste?! ¡Lo sabía! ¡Sabía que me tenía que haber quedado! –le regañó Lisa.

-Si te hubieras quedado no habrías solucionado nada con tu familia. Además no estuve sola, Remus se quedó todas las navidades conmigo –añadió.

-Me da igual que Remus se quedara contigo, nos lo tendrías que haber dicho ¡Somos tus amigos! –le reprochó Lisa dolida.

-Lo siento, no quería fastidiaros las fiestas –se disculpó ella en un susurro.

Como respuesta recibió un pellizco en el brazo izquierdo.

-Mira que eres tonta –medio rio su amiga.

A la hora del postre aparecieron Grace y Johnny, que se sentaron frente a ellas.

-Sabemos que habéis estado hablando de las navidades, pequeñas traidoras, así que ya nos lo estáis contado a nosotros también –Johnny las fulminó con la mirada.

Ambas volvieron a relatar sus vacaciones. Esta vez Elyon les contó lo de la fiesta de profesores. Sus tres amigos la miraron atónitos, y le hicieron contar qué profesores iban borrachos, si alguno quedó en ridículo... Lo único que no les contó fue que McGonagall estaba casada y que fue con su marido. Si la profesora quería mantener eso en privado, ella iba a respetar su decisión.

-¿Y Will? –preguntó de pronto Lisa.

-No creo que aparezca hoy –respondió el hufflepuff.

-¿Le ha pasado algo? – preguntó Elyon preocupada.

-Ha roto con su novia, resulta que lo ha dejado por otro durante las vacaciones, por un amigo de la infancia o algo así. No sé, cuando lo encontré solo en el tren no tenía muchas ganas de hablar –explicó Johnny.

-Qué palo –murmuró Grace- Tiene que estar hecho polvo.

-Es que hay algunos que no tienen suerte –sonrió Johnny de oreja a oreja.

-¿Y eso a qué viene ahora? –Lisa lo miró con enfado.

-Pues que yo por fin he conseguido conquistar a la chica de Hufflepuff a la que llevo cortejando tres meses –explicó con una sonrisa triunfadora, aunque se dio cuenta de que ninguna de las chicas le hizo caso, ya que parecían más preocupadas por Will-. La llevo cortejando largos meses, tres largos meses de invierno, tres eternos e interminables meses invernales.

-Cállate ya, que te hemos oído a la primera –se quejó Lisa.

-¿Cortejando o acosando? –Grace alzó una ceja haciéndole caso por fin.

-¿Celosa? –rio el chico cruzándose de brazos.

-¿Celosa yo? te recuerdo que yo tengo novio desde hace un año, pero no voy fardando de ello toooodo el día –aclaró ella.- En realidad me da pena, tres meses contigo rondándole como una mosca ¿Seguro que no sale contigo por lástima?

-Creo que somos las únicas que siempre hemos sido solteras –murmuró Lisa con una risita.

-Bueno, quizá con suerte ahora solo lo siga siendo yo –Elyon le guiñó un ojo a su amiga.

Lisa se sonrojó sobremanera.

…..

El comienzo de las clases no fue tan pesado como creían. Se lo tomaron de buen humor, ya que al menos volvían a estar todos juntos. Will apareció esa mañana con una sonrisa triste, y estuvo el resto del día como ausente, aunque no tanto como Johnny. Solo lo vieron en las clases, ya que en las comidas y descansos se iba con su nueva novia.

Snape repartió los trabajos corregidos tres semanas más tarde. El silencio de los alumnos era sobrecogedor, estaban muy nerviosos, de ese trabajo prácticamente se decidía si suspendían o aprobaban la asignatura a final de curso. El profesor dejó el trabajo de Lisa en su mesa, y esta lo cogió con manos temblorosas.

-¡He aprobado! –susurró ella con alegría abrazando a su amiga- Justa, pero he aprobado el trabajo. Si no llega a ser por tu ayuda y la de Johnny...

Snape dejó también el trabajo de Elyon con una sonrisa que a ella no le gustó nada.

-¡¿Suspendida?! –exclamó ella sin dar crédito.

-Si tiene alguna queja, reclame si lo cree necesario después de clase –le dijo el joven mientras seguía repartiendo los trabajos.

-¿Pero cómo vas a estar suspendida? Si yo he aprobado, tú tendrías que tener una nota mucho más alta que la mía –Lisa miró el trabajo con el ceño fruncido.

Elyon miró a Snape con los labios apretados, tenía una ligera idea de las razones por las que el profesor la había suspendido. Al acabar la clase los alumnos recogieron sus cosas y salieron del aula. La semielfa se dirigió con paso firme a la mesa de Snape y tiró sobre ella el trabajo de Pociones.

-¿A qué viene esa nota? Sabes tan bien como yo que mi trabajo no merece un suspenso –le dijo ella mirándolo con rabia.

-Tú no eres profesora para poder asegurarlo –comentó él mirándola divertido.

-Es por lo de Halloween, ¿verdad? –Elyon se cruzó de brazos sabiendo la respuesta.

-Suspenderos a los cinco habría sido muy descarado. Así que me he conformado con la cabecilla –contestó escuetamente.

La chica lo miró indignada sin poder articular palabra. Levantó un puño amenazante, le encantaría poder golpearlo. Inspiró hondo y bajó el puño.

-Quiero la revisión de otro profesor –exigió ella.

-¿De quién? ¿De Dumbledore? –rio el- Sabes qué te dirá si vas a él quejándote de mí. Y si me la pides a mi... simplemente te bajaré más la nota. Me muero por ponerle a alguien un Trol.

-¡Eso no es justo! ¡No puedes hacer eso! ¡Ser profesor no te da derecho a suspenderme por motivos personales! –le gritó ella exasperada.

-¿Estás confesando tu culpa? –el profesor alzó una ceja divertido.

-Sabes de sobra que no –le espetó la chica-. Yo no hice nada.

-¡Claro que no! –exclamó él- ¡La semielfa no ha roto un plato en su vida! No ha desobedecido al director, no le ha comprado a Peeves artículos de Zonko, no se ha ido de excursión con sus amigos al Bosque Prohibido de madrugada teniendo que ser rescatados por los centauros...

Elyon lo miró asustada, y retrocedió unos pasos cuando Snape se levantó de su escritorio. Se acercó a ella y la acorraló contra una de las columnas.

-¿Cómo...?

-Soy muy bueno en mi trabajo –sonrió él con maldad-. Por eso por mucho que me digáis que sois inocentes sé que lo hicisteis.

-¿Entonces por qué no nos castigas de una maldita vez? –preguntó ella.

-Porque es mucho más divertido ver vuestras caras de miedo cuando os veis acorralados –el chico la miró con frialdad.

El corazón de la chica latía con fuerza, ¿cómo alguien podía llegar a ser tan retorcido? Snape se alejó de ella, cogió un pergamino de la mesa y se lo alargó.

-Te aconsejo que hagas este trabajo extra. Tienes hasta fin de curso.

-Si sabes todo eso, ¿por qué no se lo has dicho a Dumbledore? ¿Te faltan pruebas? –preguntó Elyon saliendo del aula.

-Por eso, y porque como ya te he dicho, es más divertido veros acorralados sin saber cuándo os caerá el castigo –respondió él con una sonrisa burlona.

Ella lo miró asqueada y salió del aula.

…..

-¡Joder! ¿Cómo ha conseguido enterarse de todo eso? –Grace no salía de su asombro.

-Yo no me lo trago –dijo Will pensativo-. Es un profesor, no necesita pruebas para castigarnos, si hubiera querido hacerlo ya habríamos estado castigados un par de veces. Tiene otras razones para no hacerlo, quizá le divierta vernos asustados. Pero si yo fuera él, preferiría el castigo, uno gordo y difícil de olvidar. Por algún motivo se está resistiendo –hizo una pausa mientras sus amigos lo escuchaban con atención- Así que yo voto por olvidar todo esto y no hacerle caso, será peor si le seguimos el juego.

-Cuando hablas así sí que pareces un slytherin –opinó Lisa-. Da un poco de miedo verte tan frío y calculador.

El chico se encogió de hombros con una media sonrisa y siguió con su cena.

-Johnny hoy tampoco aparece –gruñó Grace.

Elyon buscó al hufflepuff y lo encontró en su respectiva mesa junto a una chica morena que no paraba de reír mientras él hacía el tonto.

-Que paciencia tiene que tener la pobre –medio rio ella.

-Sí. Y me fastidia admitir que se le echa en falta –suspiró Lisa.

-A mí lo que me molesta es que ahora soy el único chico –comentó Will.

-Eso a Johnny no le importaba, creo que lo prefería, se sentía como el dueño de un harén –rio Elyon.

Grace miró con enfado la mesa de Hufflepuff, luego se levantó y se fue a su propia mesa.

…..

La primavera empezó a hacerse notar. La nieve casi había desaparecido de los terrenos y las primeras flores comenzaban a adornar los jardines. En unas pocas semanas habría la última salida a Hogsmeade de ese año, y los alumnos estaban ansiosos por poder salir del colegio, ya que después de ella tendrían que encerrarse en la biblioteca para empezar a estudiar los exámenes finales.

Johnny seguía sin dar señales de vida, y la ausencia de bromas y gritos se hizo notar en el grupo. Jamás imaginaron que podrían llegar a echarlo tanto de menos. Grace llevaba tiempo de mal humor y cada vez que mencionaban al hufflepuff se iba despotricando, diciendo que él no era la parte fundamental del grupo y que además era un interesado que volvería cuando la chica dejara de ser una novedad para él.

A pocos días de la salida Grace no había mejorado su humor, y además se extendió el rumor de que algunos alumnos habían visto extraños encapuchados vagabundeando por los límites de los terrenos.

-Eso son tonterías, lo dicen para asustar a los de primero y segundo, para que no se alejen mucho del castillo –rio Will.

-No sé qué obsesión tienen los mayores con asustar a los pequeños –comentó Lisa.

-Pues la misma que tiene Snape con nosotros –gruñó Elyon, que estaba enfrascada con el trabajo de recuperación de Pociones.

-Hablando del rey Arturo –murmuró Will bajando la mirada a sus deberes de Astronomía.

Elyon levantó la vista y se encontró con los ojos negros de su profesor. Este le hizo un gesto con la cabeza para que lo acompañara.

-¿Qué quieres ahora? Estaba con tu maldito trabajo de recuperación –le dijo ella de mal humor.

-Dumbledore quiere hablar contigo –contestó sin mirarla.

Subieron las escaleras hasta el despacho del director, que estaba mirando los terrenos desde uno de los ventanales de la sala.

-¿Pasa algo? –preguntó la chica impaciente, tenía muchos trabajos que terminar aún.

-Buenas tardes, Elyon –saludó el anciano-. Supongo que habrás escuchado los rumores de los extraños personajes que recorren los límites de los terrenos, ¿me equivoco?

-Sí, los he oído, pero no sé... ¿Piensa que son mortífagos? –la muchacha alzó una ceja-. De serlo Snape tendría que saberlo, al fin y al cabo, es muy bueno en su trabajo –añadió con sarcasmo.

Elyon fulminó a su profesor con la mirada, y este le sonrió con maldad.

-El profesor Snape posee muchos recursos, pero por desgracia no conoce a todos los mortífagos que aun andan sueltos –explicó Dumbledore-. Así que no podemos descartar ninguna hipótesis.

-¿Y eso quiere decir...? –a Elyon no le gustaba el rumbo que estaba adquiriendo la conversación.

-No podrás salir a los terrenos, salvo para las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas y Herbología. Y me temo que no podrás ir a Hogsmeade el próximo fin de semana –explicó.

-¿Pero por qué? ¡Si Snape me sigue a todas partes! –se quejó ella- Si me atacaran él me protegería.

-Me temo que no podemos estar seguros de ello, recuerda que tiene una identidad que conservar, y si os ataca un grupo numeroso... Una sola persona no podría contra todos al mismo tiempo, menos aún si tiene que estar pendiente de ti.

-¿Entonces para qué tengo un Protector? ¿Para adornar? Además, ya sé defenderme bastante bien –se exasperó ella.

-Elyon intenta entenderlo por un momento, imagínate lo que sería un ataque en un lugar lleno de estudiantes, piensa por un momento lo que les podría pasar a tus amigos.

-Sí, sí, si yo lo entiendo –ella asintió con indiferencia-. Estoy encantadísima con esta cárcel de piedra de la que nunca puedo salir sin una correa como si fuera un perro.

Y dicho esto salió del despacho. Dumbledore miró a Snape alzando una ceja.

-Cada vez va a ser más difícil controlarla –suspiró el director masajeándose las sienes-. Está echando más carácter del que me imaginaba.

-¿Qué esperabas? ¿Qué fuera sumisa y temerosa toda su vida? –comentó el profesor- Parece mentira que estando rodeado de adolescentes aun no te des cuenta de cómo son.

-No le quites el ojo de encima. Estoy seguro de que intentará ir a Hogsmeade –suspiró el anciano.

Snape asintió y se fue. Por supuesto que intentaría ir a Hogsmeade. Desde que conoció a sus amigos se había vuelto más segura de sí misma, pero también más inconsciente. Por lo que intentaría salir del castillo fuera como fuera.

…..

A Elyon le fue complicado inventar una excusa para el por qué no podía salir del castillo para nada salvo para las clases. Así que optó por la más tonta que se le ocurrió, pensando que así sus amigos no harían muchas preguntas, y si las hacían, al menos sería más fácil responder con rapidez.

-¿Alérgica a las margaritas? –Lisa alzó una ceja incrédula.

-Sí, sobre todo a principio de temporada –contestó ella con resignación.

-¿Eso quiere decir que no podrás salir hasta que termine la primavera? –Grace la miró con fastidio.

-No, espero que no –comentó ella, ojalá Dumbledore le levantara pronto la restricción-. Los primeros días de floración son los que peor lo paso, casi no puedo respirar, a medida que pase la primavera podré respirar mejor, es como si me acostumbrara. Me pasa cada año desde que era pequeña –añadió al ver que sus amigos no se lo creían del todo.

-¿Eso quiere decir que no podrás venir a Hogsmeade? -Will la miró con el ceño fruncido.

-Exactamente –contestó ella abatida.

-¿Pero no tomas ninguna poción o algo para la alergia? – le preguntó Lisa.

-Si no vienes a Hogsmeade va a ser un rollo, de cada vez somos menos –se quejó Grace.

-Sí que me tomo la poción, si no me la tomara los síntomas serían peores. Pero aun así mis padres no quieren que salga, y se lo han dicho a Dumbledore. Así que no veo cómo escabullirme de él y Snape para ir con vosotros a Hogsmeade –explicó Elyon.

-No había pensado en eso –suspiró la gryffindor.

-A veces las soluciones más simples son las mejores –sonrió el slytherin- ¿Y si te escapas desde tu cuarto con una escoba?

-¿Y cómo quieres que lleve una escoba hasta mi Sala Común sin que nadie se dé cuenta? –la semielfa alzó una ceja cruzándose de brazos.

La sonrisa del muchacho desapareció.

-Yo sé quién puede ayudar con eso –respondió Lisa.

A la hora de la cena, la gryffindor se presentó en la mesa de Hufflepuff para hablar con Johnny. Volvió a los quince minutos con una sonrisa de triunfo, mientras el chico la miraba con el ceño fruncido.

-Ya tengo tu problema resuelto –le dijo Lisa dándole a Elyon una escoba en miniatura-. Pero cuídala bien, o Johnny nos matará a ambas, lo ha jurado.

-Genial –musitó ella con una sonrisa observando la pequeña escoba, que le cabía en la palma de la mano.

…..

Llegó el esperado fin de semana, los alumnos se acumulaban en las enormes puertas de roble, ansiosos por salir del colegio. Elyon se despidió de sus amigos, fingiendo enfado por no poder ir con ellos. Cuando se disponía a irse de nuevo a su Sala Común, se dio cuenta de que Snape la observaba desde las sombras, en la entrada de las mazmorras.

Pasó a través del agujero que había tras el cuadro de la Señora Gorda y no pudo reprimir más una sonrisa al notar en su bolsillo la escoba de Johnny. Subió hasta su habitación y abrio la ventana. Como acto reflejo miró a su espalda, y como esperaba, no encontró a nadie. Agitó la escoba y esta se agrandó en segundos hasta alcanzar su tamaño original.

Al subirse al alfeizar de la ventana no pudo evitar sentir algo de vértigo. Se había olvidado del detalle de que la Sala Común de Gryffindor estaba en una de las torres del castillo. Se colocó con cuidado encima de la escoba, y tras respirar profundamente se arrojó al vacío. Freno su caída con facilidad y cambió de dirección. Recorrio los terrenos con rapidez asombrosa, desde luego la escoba de Johnny era mucho mejor que las que había en el escobero. En apenas unos minutos estaba sobrevolando los tejados de Hogsmeade. Para evitar miradas indiscretas decidió aterrizar en un lugar algo escondido, así que escogió un pequeño callejón. Se apresuró en salir de allí, tenía presentes los rumores, por lo que prefería estar en un lugar con mucha gente.

Encontró a sus amigos en la puerta de Honeyducks, tal y como habían planeado. Los rostros de sus amigos se iluminaron al verla llegar.

-Has tardado menos de lo que esperábamos –sonrió Lisa.

-La escoba de Johnny es rapidísima, ahora entiendo por qué es tan celoso con ella –comentó Elyon.

-¿Qué os apetece hacer? –preguntó Will mirando a las chicas.

-Pues ya que estamos aquí, podríamos comprar golosinas –opinó Lisa.

-Y luego podemos ir a tomar algo a Las Tres Escobas –sonrió la semielfa.

El bar estaba bastante tranquilo, casi no había nadie. Por lo que pudieron sentarse en su mesa favorita, situada en un rincón, desde dónde podían ver quién entraba y salía.

-La última cerveza de mantequilla del año –suspiró Will-. Creo que tendríamos que empezar a pensar en este verano, podríamos quedar en algún sitio para vernos.

-Tienes razón. Yo le podría pedir a mi madre que te dejara venir a casa un par de semanas –le dijo Lisa a Elyon sonriendo-. Seguro que estará encantada.

-Bueno, primero tendré que preguntarle a mis padres si me dejan –contestó pensando en Dumbledore.

-¡Mira, me ha tocado a Dumbledore en la rana de chocolate! –dijo Grace emocionada- Es uno de los que me faltaba, y eso que estoy más que cansada de verlo en el colegio.

-Yo tengo tres cromos de él, habérmelo dicho y te daba uno –le dijo Will con una media sonrisa.

Entonces la rana de chocolate dio un brinco y se lanzó contra la semielfa. Ella intentó apartarse como acto reflejo, no se esperaba que la rana saltara tan de repente. Pero se tropezó con su propia silla y cayó al suelo.

-¿Te has hecho daño? –le preguntó Grace levantándose un poco de su silla para ver si su amiga se encontraba bien.

-No, tranquila.

Al levantarse vio como entraba en el bar una mujer pelirroja que se giró hacia ellos. Elyon se agachó con rapidez, si Zelda la veía se acabaría su escapada a Hogsmeade.

-¿Me ha visto? –susurró preocupada.

-Yo creo que no –contestó Will mirando a la profesora por el rabillo del ojo con discreción.

-¿Estás seguro? –volvió a preguntar ella nerviosa.

-Sí. No te levantes hasta que te lo digamos –le aconsejó el chico.

-Espero que no se quede mucho tiempo –suspiró Grace.

El tiempo pasaba y Zelda no parecía tener intención de irse. Parecía muy cómoda en uno de los taburetes de la barra mientras hablaba con un chico. Elyon se asomó por el borde de la mesa y gruñó con fastidio, se sentía tremendamente estúpida escondida detrás de la silla de Lisa. La profesora se levantó y se dirigió a los baños.

-¡Ahora! Larguémonos –susurró Will.

Los cuatro salieron con rapidez del local y no respiraron aliviados hasta que llegaron a las afueras de Hogsmeade, desde dónde se podía ver la Casa de los Gritos.

…..

Al salir del baño Zelda miró hacia la mesa del rincón. Estaba vacía. Sabía que la había visto, ahora no tenía ninguna duda ¿Por qué si no habrían desaparecido tan rápidamente? Se despidió del muchacho hasta la noche y salió en busca de alguien que seguro se alegraría de saber que la gryffindor andaba suelta por el pueblo.

…..

Entraron a curiosear en Zonko, habían puesto muchas cosas nuevas desde que Elyon entró a comprar para Peeves.

-Creo que esta es una de las bromas que más me gustan –sonrió Grace sujetando una varita falsa explosiva.

-Pues no sé por qué, a mi primo casi le sacan un ojo con una de estas –gruñó Will quitándosela a Grace y dejándola en su sitio.

-Aguafiestas –le dijo la pelirroja malhumorada.

Lisa y Elyon rieron mientras seguían curioseando por las estanterías.

-¡Rápido, vámonos! –la ravenclaw cogió a Elyon del brazo y la arrastró con ella.

-¿Qué pasa?

-Acaba de entrar Snape –explicó su amiga nerviosa.

Ambas se agacharon y caminaron entre las estanterías, cuando estaban cerca de la puerta se asomaron tras un mostrador de productos. No había ni rastro del profesor.

-¿Crees que se habrá ido? –susurró Grace.

-Lo dudo, mejor nos vamos antes de que nos encuentre –le contestó Elyon.

-Un poco tarde para eso –le susurró una voz fría en el oído.

La chica se irguió sobresaltada y se alejó de Snape, que la miraba con una sonrisa fría. Grace se escondió tras su amiga. La semielfa tragó saliva y miró la puerta de la tienda por el rabillo del ojo.

-¿No estará pensando en salir corriendo, verdad? Porque esa estupidez le puede salir muy cara –rio el profesor de forma tan siniestra que hizo que se les erizara el pelo de la nuca a las dos.

Will y Lisa observaban la escena desde el otro lado de la tienda conteniendo el aliento.

-Acompáñenme al castillo, las dos, ahora –ordenó.

-Grace no ha tenido nada que ver, profesor. La idea fue mía, ella solo intentaba ayudarme porque yo se lo pedí –le dijo Elyon con seriedad.

-Es curioso que siempre sea todo idea suya, ¿no cree? –Snape alzó una ceja incrédulo.

Elyon lo miró a los ojos con firmeza. Él le mantuvo la mirada, perdiéndose en los ojos verdes de la joven por unos segundos, le recordaban tanto a los de Lily... Desvió la mirada y la clavó en la alumna de Ravenclaw, que temblaba tras su amiga.

-Por esta vez se ha librado del castigo, señorita Matthew –le dijo Snape mirándola con frialdad-. McWilliams, vamos.

Ambos caminaron en silencio hasta estar cerca de las murallas del colegio.

-¿De verdad pensabas salir corriendo? –se mofó él.

-No, realmente no, no tengo ningún sitio al que huir –contestó ella con un suspiro-. Por cierto, ¿tú que hacías en Hogsmeade?

-Sabía de sobra que escaparías, por eso estaba aquí, por si te metías en problemas.

-¿Entonces ya sabías que estaba aquí? –el chico asintió- ¿Y por qué has tenido que aparecer precisamente ahora?

-Porque has sido lo suficientemente estúpida para dejar que te viera Zelda, y si un profesor te ve y me avisa, tengo que llevarte de vuelta a Hogwarts castigada –explicó-. No pienso comerme una charla de Dumbledore por un capricho tuyo, como es venir aquí con tus amigos cuando lo tienes prohibido.

-Así que si nadie me hubiera visto podría haber estado todo el día en Hogsmeade –Elyon suspiró con fastidio-. Me podrías haber avisado... ya que me has dejado venir...

-No te confundas. No te he dejado venir, simplemente es más fácil evitar que te ataquen aquí que intentar que no te escapes.

La semielfa lo miró frunciendo el ceño con enfado. Entonces Snape paró en seco y se giró con rapidez, ella lo imitó. Un hombre encapuchado, seguido de otros tres, se acercaban a ellos. El profesor llevó la mano a la varita con disimulo, mientras la muchacha se refugiaba tras él con la canalizadora fuertemente sujeta a su espalda.

-Buenos días –saludó el hombre con acento americano- ¿Es usted profesor en Hogwarts?

-¿Quién lo pregunta? –respondió Snape con voz fría, sin alejar la mano de su varita.

El hombre se quitó la capucha, dejando a la vista un rostro de mediana edad, que empezaba a tener canas cerca de las sienes.

-Perdone por mi descortesía joven, mi nombre es Arthur Brown, soy un experto en acromántulas –se explicó él, sus dos compañeros también se quitaron las capuchas mostrando unos rostros un poco más jóvenes- He venido acompañado de otros estudiosos de los animales mágicos, para comprobar si es cierto el rumor de que existe en este bosque una colonia de acromántulas.

-Está prohibida la entrada en estos terrenos sin el permiso expreso del director Dumbledore –explicó Snape relajando su expresión y alejando la mano de su varita.

A pesar de ese gesto, Elyon no se atrevió a alejarse mucho del profesor, y no soltó su canalizadora.

-Sí, sí, lo sabemos. Por eso nos hemos mantenido en los lindes, aun así creíamos que para entrar en el bosque no nos sería necesario. Pensábamos que no todo el bosque formaba parte de Hogwarts –suspiró el hombre.

-Le informaré de que quieren verlo, hasta entonces, no se acerquen a los terrenos –les dijo con una mirada fría como el hielo.

Le hizo un ademán a Elyon para que lo siguiera. La chica volvió la vista atrás y vio como los tres hombres volvían a Hogsmeade con los hombros hundidos con desánimo al ver que no podrían entrar aún en el bosque.

-Si no recuerdo mal, dejaste claro que si había problemas les plantarías cara, y que no te esconderías detrás de mí como un corderito asustado –se mofó Snape.

La chica lo fulminó con la mirada e intentó ignorar ese comentario.

-¿Esto quiere decir que puedo volver con mis amigos? –la semielfa miró al joven esperanzada.

-Más quisieras –rio él-. Aunque ha sido una falsa alarma, te has saltado la restricción, y por ello cumplirás un castigo.

-¡Eso no es justo! –gritó ella de mal humor.

-Lo que tú creas no le importa a nadie, así que mejor cállate –Snape zanjó la discusión acelerando el paso.

Elyon se mordió la lengua. Si se hubieran molestado en averiguar quiénes eran esos encapuchados no la habrían recluido sin razón, no tendría que haber mentido a sus amigos y sobre todo no se habría tenido que escapar.

…..

Dumbledore la miraba con enfado desde su escritorio. Elyon se revolvió en su silla.

-Ya no sé cómo hacerte entender las cosas –le dijo el director-. Exiges que te trate como a una adulta, pero a la mínima te comportas como una niña pequeña y caprichosa.

La chica bajó la vista con los labios apretados. Niña caprichosa. Él qué sabía, no tenía ni idea de la frustración que se siente cuando nunca se puede hacer nada por sí mismo, siempre bajo la supervisión de otro, teniendo que mentir a las personas que más importan sin recibir ni una mísera explicación.

-Si se hubieran asegurado de...

-Elyon, crees que todo es muy fácil, ¿Piensas que averiguar esas cosas es salir a la calle y preguntar si son mortífagos que te buscan? La situación, a pesar de la muerte de Voldemort -Snape se revolvió con desagrado al escuchar ese nombre-, sigue siendo muy delicada, hasta que no pase un poco más de tiempo, no será seguro acercarse a personas sospechosas con esa facilidad. Desconoces por completo lo que ocurrio en la guerra, lo cruel que se volvió la gente, tanto de un bando como del otro. Y esas heridas, que provocan una gran desconfianza en la gente, no van a cicatrizar de la noche a la mañana.

-Sé más de lo que usted cree –musitó la chica de mal humor.

-No tanto como deberías –le espetó el anciano-. Bien, volviendo al tema de tu escapada y el castigo... Si no estoy equivocado, la escoba que utilizaste fue la del señor Tonitini, ¿cierto? –la semielfa asintió- No la voy a requisar porque tendría una desagradable charla con la profesora Hooch, pero informaré al señor Tonitini de que no vuelva a prestarla, o será castigado. También sé que el plan para escaparte no fue tuyo...

-Profesor, le aseguro... -lo interrumpió ella, pero Dumbledore le hizo un ademán para que guardara silencio.

-Pero como has querido cargar con toda la culpa, por esta vez lo dejaré pasar, pero tendrás que cumplir el castigo de todos ellos, no solo el tuyo –sentenció el anciano.

Elyon suspiró profundamente.

-El profesor Snape supervisará el castigo. Tendrás que limpiar, pulir y dejar en estado impecable todos los calderos del almacén de pociones. Y créeme cuando te digo que no son pocos, algunos son casi tan viejos como este castillo.

La muchacha salió del despacho arrastrando los pies. Snape la siguió.

-Severus, no tan rápido –lo llamó el director-. No creas que te vas a ir de rositas.

El joven puso los ojos en blanco con fastidio antes de dirigirse de nuevo a la mesa de Dumbledore.

…..

El castigo del director duró una semana. Elyon nunca pensó que pudiera haber tantos calderos de tantos tamaños diferentes, de hecho, no entendía para qué les hacían comprar calderos a los estudiantes, ya que en el almacén había de sobra para los alumnos. Fue una semana prácticamente interminable, después de las clases suplementarias se dirigía a las mazmorras, y no salía de ellas hasta las cuatro de la mañana, así cada día, y el fin de semana se lo pasó entero entre calderos, solo salió para comer y cenar. Y eso sin contar con que tenía que encontrar tiempo para estudiar y hacer los deberes. La noche del sábado Snape se la encontró dormida dentro de uno de los calderos más grandes, y tuvo que llevarla hasta la Sala de los Profesores en brazos intentando no despertarla, aunque la pobre estaba tan cansada, que no se dio cuenta de nada.

El domingo casi a la hora de la cena Snape le dijo que una vez cenada podía irse a dormir, había cumplido su castigo, no necesitaba limpiar más calderos, ya que parecía haber aprendido la lección. Aunque el profesor sabía que volvería a escaparse si ella lo creía necesario. Elyon aceptó recelosa, en un último vistazo al almacén vio que aún quedaban unos cuarenta calderos por limpiar, pero él insistió en que se fuera, diciendo que se encargaría de todo.

-Snape últimamente está muy raro, ¿no? –comentó Lisa en la cena.

-¿Por qué lo dices? –preguntó Grace alzando una ceja.

-Pues por todo, primero deja ir a Elyon a Hogsmeade, cuando sabemos que la podría haber tirado de la escoba antes incluso de llegar al lago. Y luego le levanta el castigo de buenas a primeras sin que esté acabado –respondió Lisa pensativa.

Elyon miró a su amiga frunciendo el ceño, ahora que lo comentaba tenía razón. Snape estaba muy raro desde las navidades, incluso le había ofrecido un trabajo de recuperación cuando la podía haber suspendido sin más. Pero estaba demasiado cansada para darle vueltas al tema.

-Yo me alegro de que me haya levantado el castigo, me duelen las manos... Prefería que me hubieran castigado otra vez a limpiar la sala de los trofeos, no había tanto chisme –gruñó ella comiendo con las manos doloridas, le temblaba el tenedor entre los dedos.

…..

Los terrenos de Hogwarts eran ahora enormes mosaicos de color, el sol de primavera brillaba con fuerza, y muchos alumnos se refrescaban caminando descalzos por las orillas del lago.

Elyon se desperezó, no tenía ningunas ganas de ir clase, solo quería tirarse en su cama y dormir un poco más.

-Vamos perezosa –le dijo Lisa poniéndose la túnica de estudiante.

-Quiero que llegue el fin de semana –gimoteó la semielfa.

-Pues aún estamos a martes –rio su amiga.

Ambas estaban saliendo de los dormitorios cuando Lisa se abalanzó sobre ella y le vendó los ojos con un pañuelo negro.

-¿Qué haces? –le gritó Elyon molesta intentando quitarse el pañuelo.

-Ni se te ocurra quitártelo, es una sorpresa –le dijo la gryffindor-. Tranquila que yo te guío.

-Pero... -se quejó.

-Nada de peros –le cortó la morena.

El camino al Gran Comedor se le hizo interminable, ¿de verdad estaba el comedor tan lejos de la Sala Común? Después de un par de tropezones, llegaron a la enorme sala. Lisa la condujo por ella hasta que la ayudó a sentarse en el banco. Luego le quitó la venda de los ojos con nerviosismo.

-¡Feliz Cumpleaños! –gritaron sus amigos a coro sentados frente a ella.

La chica miró sorprendida una pequeña tarta de chocolate, en la que había escrita torpemente "Feliz Cumpleaños" con unas cuantas velas.

-¿Cómo sabíais que era mi cumpleaños? –preguntó ella con una enorme sonrisa.

-Se lo tuvimos que preguntar a Dumbledore, porque tú no soltabas prenda, y él pareció encantado de decírnoslo –contestó Will.

Elyon los miró y no pudo evitar romper a llorar. No se esperaba que sus amigos se hubieran molestado en averiguar cuando era su cumpleaños. Lisa la abrazó con una sonrisa.

-Muchas gracias –gimoteó ella.

-Que sensiblera eres –rio Johnny- ¡Venga, pide un deseo y sopla las velas!

La chica se secó las lágrimas con una tímida sonrisa y sopló.

-Sé cual ha sido tu deseo, pero sigo teniendo novia –le dijo el hufflepuff.

-Si hubiese deseado eso te lo habría dicho para que no se cumpliera –rio la semielfa-. Por cierto, ¿qué haces aquí de repente?

-Es tu cumpleaños, ¿qué clase de amigo sería si no estuviera aquí? –se escandalizó el chico.

-No mientas, di la verdad ¿Por qué has aparecido de repente después de tres meses? –Grace lo fulminó con la mirada- ¿Estás seguro de que sigues teniendo novia?

-¡Eso ofende! ¿De verdad pensáis que solo he vuelto porque vosotros creéis que he roto con mi novia? –el joven miró a sus amigos dolidos- ¿Creéis que soy tan mal amigo que no habría venido simplemente por ser el cumple de Elyon?

Will y Grace lo miraban con el ceño fruncido, Lisa lo miró con enfado mientras empezaba a cortar la tarta y Elyon alzó una ceja esperando una respuesta, mientras se chupaba el dedo después de haber tocado con él su porción de tarta.

-Vale, sí, ya no tengo novia –gruñó el tejón bajando la mirada-. Pero si la siguiera teniendo, habría venido igualmente, porque Elyon es mi amiga.

-Lo sabía... Eres un interesado –le dijo la ravenclaw cogiendo el plato que le pasaba Lisa.

-¡De eso nada! Para que lo sepáis rompí con ella hace dos semanas, y he esperado a venir de nuevo con vosotros para evitar este tipo de comentarios. Ya sé que os dejé de lado, pero os juro y perjuro que jamás volveré a hacerlo, os he echado de menos –aclaró él sorbiendo sonoramente con la nariz de forma lastimera-. La próxima vez que me eche novia la traeré con nosotros y así no os abandonaré.

-Genial –gruñó Grace comiendo su tarta.

-Bueno, deja ya de hacer melodrama, al menos ya no sigo siendo el único chico –rio Will dándole un trozo de tarta-. Toma, ayudará a pasar el mal trago de que te haya de dejado tu tejoncita.

-¡Eh! Un poco de piedad –dijo el hufflepuff mientras se metía un enorme trozo de tarta en la boca- ¿Y poggqué disszes qué mhoe ha dejhhado ellsha?

Will miró al tejón que seguía metiéndose tarta en la boca a más velocidad de la que podía tragar. Echó una mirada cómplice a las chicas.

-Creía que era obvio.

Las chichas estallaron en carcajadas.

-No tiene gracia –dijo Johnny tragando-. Pero la tarta está de muerte.

-Sí, ¡Está buenísima! –sonrió Elyon tras comerse su trozo de tarta.

-Menos mal que al final nos ha salido comestible a la primera –rio Grace.

-¿La habéis hecho vosotros? –la chica los miró con asombro.

-Sí, no hace mucho que sabemos de tu cumpleaños, y pensamos que este podría ser nuestro regalo, ya sé que no es gran cosa... -le dijo Lisa.

-¡Es el mejor regalo de cumpleaños de mi vida! –sonrió la semielfa- De verdad, nunca me habían preparado una fiesta sorpresa.

-Tanto como fiesta... -rio Will sonrojándose.

-Para mí esto es más que suficiente.

-Pues me alegro, no veas lo que nos tuvimos que pelear con los elfos domésticos para que nos dejaran hacer solos la tarta, todo el rato se metían por medio para evitarnos el trabajo –rio Grace.

Elyon sonrió de oreja a oreja con felicidad. No se imaginaba a sus amigos dentro de la cocina, preparando la tarta acosados por un puñado de elfos domésticos que se ofrecían sin parar para ayudar. La estampa era realmente divertida.

-Volviendo al tema, ¿por qué has roto con tu novia? ¿Se cansó de tus chistes malos? –le preguntó Lisa divertida.

-Pues no, yo he roto con ella, no te equivoques –contestó Johnny con la cabeza alta-. Me cansé de que siempre me riera los chistes, era muy aburrido, y además siempre me daba la razón, nunca podía discutir con ella. Me lo paso mucho mejor con vosotros.

-Así que te lo pasas bien con nosotros porque te llevamos la contraria y discutimos, ¿no? Te tomo la palabra –rio Will-. Ahora no podrás quejarte, chaval.

Johnny se mordió la lengua con una sonrisa. Luego sacó su pequeña cámara e hizo un par de fotos con discreción, no era plan de que todos los de slytherin se enteraran de quién había hecho las fotos de Halloween.

…..

Después de la clase suplementaria una pequeña lechuza la alcanzó en uno de los pasillos y le dio una carta que tenía anudada a una de sus patas. Luego el animal se restregó contra su cabeza y se fue a la lechucería a pasar la noche. Elyon frunció el ceño extrañada, ¿quién le enviaría una carta a esas horas? Ya la leería al llegar a su habitación, ahora mismo estaba muy cansada.

-Feliz Cumpleaños, Elyon –Dumbledore salió de la nada con una enorme sonrisa y la abrazó.

-Gracias –sonrió Elyon.

-Ya veo que te ha gustado mucho lo que te han preparado tus amigos –sonrió tiernamente el director.

-Sí, ha sido algo... no tengo palabras para describirlo –los ojos de la chica brillaron de ilusión.

-¿Cuantos cumples ya? ¿Quince? –preguntó el anciano rascándose la sien derecha.

La chica asintió.

-Bueno, creo que lo mejor es que subas a tu Sala Común, es tarde y deberías descansar –le aconsejó Dumbledore.

Elyon obedeció con paso ligero y alegre. La sonrisa del director desapareció al mirar la carta que le había quitado a la muchacha de la cartera. Tenía una ligera sospecha sobre quién era el remitente, y si era él, tendría que tener una charla mucho más seria y en persona, porque aquello estaba llegando demasiado lejos.

Al llegar a su habitación Elyon rebuscó en su bolsa, pero no encontró la carta. Se encogió de hombros, ya la buscaría a la mañana siguiente con más tranquilidad, tenía mucho sueño para poner del revés su cartera por una carta.

…..

Por la mañana no encontró la carta por ninguna parte. Se extrañó. Pero no quiso darle más importancia, seguramente la habría dejado por algún lado ayer noche estando medio dormida, y no tenía tiempo de revolver su habitación de arriba abajo, si lo hacía llegaría tarde a clase.

En el desayuno se fijó en algo que la hizo enfurecer. Dumbledore no estaba en la mesa de profesores ¿Por qué no lo había pensado antes? La noche anterior había metido la carta en su cartera, luego se encontró casualmente al director, y al llegar a su habitación la carta había desaparecido ¿Ahora Dumbledore se dedicaba a robarle la correspondencia? Y eso solo quería decir una cosa, que esa carta era importante, y que había algo en ella que al director no le interesaba que ella descubriera.

…..

El mago miraba con rabia al elfo pelirrojo que se mantenía sereno e indiferente frente a él. La tensión en el ambiente era insoportable. Solo había otros tres elfos presentes que contenían la respiración, temiendo el momento en que la tormenta estallara.

-¿A qué crees que estás jugando? –volvió a preguntar el anciano.

-Aquí el único que está jugando eres tú, Albus. Estás jugando con la vida de una chiquilla que ni siquiera sabe quién es.

-¿Y crees que esta es la mejor forma de poner al corriente a tu nieta? ¿Con una carta? –Dumbledore arrojó el sobre a las cenizas de la chimenea, de forma que el pergamino se incendió.

-Se lo haría saber personalmente, pero no me dejas acercarme a ella –Azrael lo miró con odio.

-Creía que habíamos acordado que esperarías a qué estuviera preparada. Tu y yo fijamos las reglas ¿Por qué te empeñas en saltártelas?

-El que se ha estado saltando las reglas eres tú. La mantienes completamente aislada de sus raíces ¿Cómo va a estar alguna vez preparada? El conjuro no durará eternamente y ya sabes el riesgo que eso supone si para entonces no está aquí o no ha retomado el contacto con su pueblo. E igualmente no vas a poder vigilarla siempre. Si no me equivoco, es como su padre, por lo que el día menos esperado desaparecerá de tu vista, y yo estaré allí para aprovechar ese descuido.

-¿Es una amenaza? –el director lo fulminó con la mirada.

-Eso has de decidirlo tú –el elfo le dio la espalda-. Y ahora si me disculpas, tengo asuntos que atender.

El mago siguió plantado en medio de la sala.

-Si no creyeras en mi forma de hacer las cosas no habrías acudido a mí hace doce años. Sé que crees que no hay nadie mejor que su abuelo para cuidar de Elyon, pero tienes que dejarme hacer las cosas a mi manera. Tu orgullo te ciega en este tema, te ha cegado siempre.

Azrael inspiró hondo controlando su enfado.

-Tus… intervenciones no harán más que dañar y confundir a tu nieta. No está preparada para asimilarlo todo, como tú mismo has dicho, solo es una chiquilla. Una chiquilla que debería poder, por una vez en su vida, vivir como alguien de su edad, ser feliz con gente que la acepta y la hace sentir bien consigo misma, no como una muñeca de porcelana encerrada en una urna de cristal.

-¿Qué la aceptan tal y cómo es? –se mofó Azrael- ¿Me equivoco al decir que está escondiendo sus orígenes en el colegio? ¿Tiene o no un hechizo que le hace esconder sus orejas?

Dumbledore se mantuvo en silencio.

-Le estás creando un mundo falso otra vez, ¿qué crees que pasará cuando sus supuestos amigos descubran que no es como ellos? Le darán la espalda, como hacen siempre los magos. Y volverá a quedarse sola. Estás alargando la farsa que ya le creamos tras ese fatídico día, cuando solo tenía tres años... Y ya está bien, ya ha sido suficiente.

-¿Por qué estás tan seguro de que sus amigos le darán la espalda? Tu nuera era bruja, hija de muggles además –le recordó el anciano.

-Una rara excepción, a cada generación crece el odio hacia nuestra raza. Demuéstrame que me equivoco y la dejaré en paz. Demuéstrame que mi nieta puede ser feliz entre magos que la aceptan por ser quién realmente es y aceptaré tus condiciones. Te doy un año, si pasado ese año no veo que Elyon lleve una vida feliz en la que no tenga que mentir a la gente que quiere, me presentaré en Hogwarts y me la llevaré conmigo, te guste o no –Azrael lo miró con seriedad, con una mirada fría como el hielo.

-Muy bien, te demostraré que Elyon puede ser feliz en Hogwarts llevando una vida como cualquier chica de su edad.

Dicho esto Dumbledore salió de la sala, acompañado por un elfo castaño de pelo corto con una fina trenza azul con reflejos lilas tras la oreja derecha, que había observado la escena en silencio y con atención.

…..

El director caminaba por los pasillos del colegio de camino a su despacho, pensando si realmente había hecho lo correcto. Al llegar a la gárgola de piedra que ocultaba la entrada al despacho levantó la vista, y se encontró con una chica rubia con dos mechones azul-liláceo que lo miraba con enfado, de brazos cruzados. Su porte era orgulloso y su figura esbelta.

-¿Y mi carta? –preguntó Elyon de muy mal humor.

-¿Qué carta? –contestó Dumbledore inocente.

-No se haga el loco conmigo, profesor. Sé que ayer noche me robó una carta, y quiero que me la devuelva –la chica lo miraba fijamente.

-¡Ah! Esa carta... me temo que ha sufrido un pequeño accidente –intentó explicar él.

-¡¿La ha destruido?! ¡No tenía derecho a hacerlo! ¡Es mi correspondencia y no puede tocarla! ¡Es mi vida privada! ¡¿O es que ya ni siquiera voy a poder tener eso?! –se quejó ella exasperada.

-¡Claro que puedes tener vida privada! Salvo en lo referente al contenido de esa carta. Y no hay más que hablar. Si me permites, quiero entrar en mi despacho, estoy cansado y necesito reflexionar con tranquilidad.

El director pasó tras la gárgola y dejó a Elyon con un palmo de narices en medio del pasillo. La chica no pudo hacer otra cosa aparte de gritar con impotencia y dar un pisotón al suelo con todas sus fuerzas, de forma que su pie se resintió.

…..

La semana de exámenes se acercaba peligrosamente, por suerte para ella había acabado su trabajo de recuperación dos semanas antes de que esta llegara. Aun así no pudo evitar el nudo en el estómago que no la dejaba comer, como al resto de sus compañeros.

-¿Cómo puedes estar nervioso por los exámenes? Si eres un cerebrito –se quejó Grace.

-Superdotado, no cerebrito. Y tengo aún más presión que vosotros, porque he de mantener mi media de Extraordianrio –se explicó Johnny, que no dejaba de tamborilear con sus dedos en la mesa.

-Qué sabréis vosotros de estrés, veréis el año que viene con el TIMO o en séptimo... aun no sabéis qué es el estrés –les dijo un alumno de quinto comiendo sus cereales.

-Pues a ti no se te ve muy estresado –comentó Lisa alzando una ceja.

-Pócima relajante. Me la recetó Madame Pomfrey después que ayer acabara en la enfermería con un ataque de ansiedad... la verdad espero acordarme de los temas, porque tengo algunas lagunas mentales –suspiró el chico-. Aunque extrañamente me da un poco igual.

Los cinco se miraron entre ellos más nerviosos aún.

Después de los exámenes los alumnos respiraron aliviados, ya que solo quedaban un par de días de clase en los que apenas se hacía nada, e incluso tenían más horas libres ya que algunas asignaturas se habían terminado. Elyon se alegró cuando Dumbledore le dijo que por el momento se acababan sus clases suplementarias hasta nuevo aviso.

Pero el ritmo frenético había pasado ahora a los profesores, que se esforzaban en corregir y poner nota a todos los alumnos. Snape revisaba los trabajos y anotaciones que había hecho a lo largo del curso, tenía los hombros cargados después de tantas horas sentado en su escritorio pasando notas a limpio, pero aun así decidió adelantar el trabajo todo lo posible. No quería pasarse el resto de la semana encerrado en su despacho como les pasaba a muchos de los profesores.

-McWilliams, Elyon –musitó Snape cuando llegó al expediente de la chica-. Nueve, nueve, diez, diez –siguió murmurando mientras pasaba el dedo por las anotaciones que había hecho-. Diez, diez, tres... ¿Tres? Ah, sí. Esta nota me la inventé –cogió su pluma y tachó la nota sustituyéndola por un diez, total, simplemente la había puesto por fastidiarla, su trabajo fue sin duda el mejor de la clase-. Nueve, nueve y... -rebuscó entre el montón de pergaminos y encontró el supuesto trabajo de recuperación en el que había anotado un diez-. Resultado final... Matrícula de Honor –la verdad era que le fastidiaba muchísimo que fuera tan buena en Pociones, aunque no por eso dejaba de esforzarse en clase, así que la nota la encontró justa, muy a su pesar.

El día que se repartieron las notas hubo gritos de alegría y lágrimas a partes iguales.

-¡Sí! Una vez más todo Extraordianrios –gritó Johnny felizmente mientras se marcaba unos pasos de baile.

-Yo por una vez he aprobado todas las asignaturas, no he suspendido Pociones –sonrió Lisa aliviada.

-Aprobada –rio Grace apretando el puño triunfante.

-Ídem –sonrió Will chocando su palma contra la de Johnny.

-¿Y tú Elyon? –le preguntó Lisa- ¿Has conseguido recuperar Pociones?

-¿Elyon? –Johnny se acercó a ella, que parecía estar en estado de shock.

-La madre que lo parió –fue lo único que acertó a decir mientras miraba sus notas con enfado.

-¡No me digas que Snape al final te ha suspendido! –le dijo Grace indignada.

-Ahora vuelvo, tengo algo que aclarar con cierta víbora –contestó ella dándole sus notas a Lisa.

Sus amigos la miraron alzando una ceja, no entendían nada. Lisa miró las puntuaciones de su amiga.

-¡Menudo cabrón! –exclamó ella.

-¿Qué pasa? ¡Me vais a matar con tanta intriga! –Johnny le quitó las notas- ¡¿Matrícula de Honor?! ¿Elyon me ha superado en Pociones? ¡Nooooooooo!

Y dicho esto se tiró al suelo de rodillas alzando los brazos al cielo.

-Menudo rey del drama –murmuró Will negando con la cabeza y mirando también las notas de Elyon.

La semielfa entró en el despacho de Snape sin llamar, pero su interior estaba vacío. Se cruzó de brazos con enfado, ¿dónde estaría? La puerta de la derecha se abrio y Snape se la quedó mirando.

-¿Aun no has aprendido a llamar? No es tan difícil, das un par de golpes a la puerta y preguntas si puedes pasar –le explicó él.

-Déjate te estupideces, ¿a qué ha venido esa nota? –le preguntó a bocajarro.

-Te suspendo y te quejas, te apruebo con Matrícula y te quejas. Voy a llegar a la conclusión de que lo único que te gusta hacer es quejarte.

-A ti te encanta inventarte las notas para reírte de mí, ¿no?

-Si tanto insistes puedo quitarte la Matrícula de Honor y dejarlo en un mero Extraordinario –Snape se encogió de hombros con desinterés.

Elyon lo miró con la boca abierta, ¿cómo podía tener tanta cara?

-No me mires así, sabes de sobra que ese suspenso me lo saqué de la manga, simplemente te he puesto la nota que creo, por desgracia, que mereces en mi asignatura –explicó el chico.

-¡¿Entonces me has obligado a hacer ese maldito trabajo de recuperación para nada?! ¡Podría haber sacado mejores notas de no ser porque perdí mucho tiempo con tu estúpido trabajo y casi no pude estudiar! –Elyon tenía unas ganas enormes de estrangularlo.

-Mis palabras exactas fueron que te recomendaba hacer un trabajo extra. No te obligué a nada –le recordó él.

Se le calló el alma a los pies, en eso tenía razón, no le podía recriminar nada, en ningún momento dijo que el trabajo fuese obligatorio.

-¿Entonces he perdido el tiempo como una idiota? –musitó ella incrédula.

-Yo no diría eso, gracias a ese trabajo tienes la Matrícula de Honor –le aclaró-. ¿Sabes? Hay muy pocos alumnos que hagan trabajos optativos de Pociones.

Elyon lo miró con rabia.

-Eres... Eres... –después de eso simplemente pudo gritar y salir de allí con un portazo.

Snape rio para sí, le encantaba sacarla de quicio, era tan fácil. Se desperezó y salió de su despacho, tenía ganas de tomar el aire.

-¡Touché! –rio Johnny cuando Elyon les contó lo ocurrido- Has caído como una tonta en su trampa.

-Cierra la bocaza, ¿vale? –le gruñó Elyon de mal humor, acababa de quedar como una estúpida frente a sus amigos.

-Tengo buenas noticias para todos. He hablado con mi madre y me ha propuesto que vayamos quince días a un camping que hay en la costa –anunció Lisa feliz.

-¿En serio? ¡Qué bien, me apunto! –Grace abrazó a Lisa.

-¿Pasar quince días con vosotras tres más una madre? No sé yo, no me convence la idea... Los adultos cortan mucho el rollo –murmuró Johnny.

-También estarán allí unos amigos de mi madre, así que ella se irá con ellos y nos dejará prácticamente solos –explicó la gryffindor.

-¿Estás segura? No vayas a caer en una trampa como la lista de aquí –dijo el hufflepuff con seriedad señalando a Elyon.

La semielfa le dio un capón con todas sus fuerzas. El chico ahogó un quejido.

-Sí, me lo ha dicho ella, no quiere cortarnos el rollo –rio Lisa-. Que, ¿os apuntáis?

-¡Pues claro! –rio Will- ¡Serán unas vacaciones estupendas!

Instintivamente todos se giraron hacia Elyon, ella los miró con timidez.

-Querer quiero ir, solo espero que Dum... mis padres me dejen –contestó ella cruzando los dedos.

-Pues ya sabéis, empezad a escribir que mi madre tiene que reservar la caseta con antelación –ordenó Lisa levantándose de la hierba.

…..

Ambas no cabían en sí de alegría, por fin podrían verse todos fuera de los terrenos del colegio y disfrutar por completo sin preocuparse por los deberes ni cosas parecidas. Aun no se creía que Dumbledore le dejara ir al camping con sus amigos.

-Que ganas tengo de que nos vayamos todos juntos –sonrió Lisa preparando su baúl para irse a casa.

-Sí, me fastidia tener que estar un día más aquí solo porque mis padres quieren venir a recogerme personalmente –dijo Elyon como excusa para no preparar su baúl.

-No te quejes, así los verás, ¿es que no los echas de menos? –le preguntó su amiga.

-Sí, muchísimo –suspiró ella con la vista baja perdiendo la sonrisa por un instante.

Lisa se quitó la túnica de estudiante y la dobló con cuidado antes de guardarla en el baúl.

-Aún no sé si me gusta o no este nuevo uniforme -suspiró.

-¿Por? Yo creo que no es tan horrible, tenemos falda o pantalón para elegir al menos.

-Lo sé, pero estaba acostumbrada al anterior. Los cambian cada tantos años y no sé muy bien porqué, aunque en este caso me hago una idea. Antes de este el uniforme el que teníamos era simplemente una túnica cerrada, como las de los antiguos magos, y los alumnos no llevaban más capas de ropa debajo, salvo en invierno, y según me contaron, unos años antes de que yo entrara en Hogwarts, colgaron a un alumno de los tobillos delante de todo el colegio y le quitaron los calzoncillos. Así que lo dejaron en pelota picada al pobre. Desde ese momento todos empezaron a llevar ropa debajo todo el curso para evitar que les pasara lo mismo, y por suerte al final cambiaron el uniforme –explicó Lisa.

-Pobre chico ¿Qué clase de imbécil le haría algo así a otro? –comentó Elyon sintiendo verdadera lástima por la pobre víctima.

-Uno al que habría que dar una buena paliza, supongo –la chica se encogió de hombros cerrando su baúl.

Los cinco se despidieron en las puertas del castillo contando los días que faltaban para ir al camping. Elyon enseguida preparó su mochila para las vacaciones, y cada mañana la revisaba para asegurarse de que no se olvidaba nada.

El esperado día llegó y la muchacha bajó corriendo hasta el recibidor del castillo. Pero su sonrisa desapareció al no ver solo en él a Dumbledore. Snape la miró de mal humor con una bolsa oscura al hombro, vestido como un muggle.

-Dígame que él solo me va a acompañar hasta la estación –suplicó Elyon mirándolos a ambos.

-Creo que ya sabes cuál es la respuesta –contestó Dumbledore.

-Pero... –la chica lo miró suplicante.

-Cuanto más lejos estés de aquí, más peligro correrás –finalizó el director-. Además, a ambos os irán bien estas vacaciones en la playa. A ver si con suerte a la vuelta os lleváis mejor y él coge algo de color –comentó señalando al chico.

-Permíteme dudarlo –gruñó Snape echando a andar.

Elyon lo siguió con la cabeza baja. No quería pasar las vacaciones con él. Y lo peor era que sus amigos se iban a llevar una desagradable sorpresa al enterarse.