4º Curso. Capítulo 22

Elyon entró de nuevo en la caseta, estaba nerviosa, era la primera vez que iba a estar tanto tiempo a solas con Snape. El profesor entró detrás de ella con los hombros caídos y expresión de cansancio.

-¿Te apetece hacer algo? –preguntó la chica.

-Sí, descansar ahora que tus amigos no están aquí –contestó él dejándose caer en el sofá cama.

-Am… bueno, vale –musitó ella algo desilusionada.

Snape gruñó levantándose de nuevo.

-A ver vamos, di lo que quieres hacer.

-No, déjalo, descansa si quieres, podemos hacer algo en otro momento –se apresuró a decir la joven.

-¿Segura? –insistió él alzando una ceja.

-Sí, sí. Tenemos todo el día por delante –Elyon se sentó en el sofá abrazándose las piernas.

Snape se tumbó en el sofá cama, colocando uno de sus brazos sobre los ojos, para resguardarse de la luz y a los pocos minutos Elyon supo que se había quedado dormido, podía escuchar su respiración lenta, interrumpida por algún leve ronquido. "Pues sí que estaba cansado. Lo teníamos en tensión continua" pensó ella riendo. Encendió la televisión con el sonido al mínimo, para no despertarlo. Al cabo de unas horas, Snape se despertó sobresaltado incorporándose con rapidez llevándose la mano al bolsillo donde guardaba la varita.

-¿Qué pasa? –le preguntó Elyon preocupada al ver su reacción.

Él no contestó y miró a su alrededor confuso, como si no recordara dónde se encontraba. Parpadeó con fuerza y se llevó las manos al rostro suspirando pesadamente.

-¿Te encuentras bien? -la semielfa fue a la cocina a por un vaso de agua, que luego le ofreció.

-¿Cuánto tiempo he dormido? –preguntó con voz ronca.

-Tres horitas más o menos, casi es hora de comer –contestó ella sentándose a su lado- ¿De verdad que te encuentras bien?

-Sí… Sí… Solo ha sido un mal sueño… ¿Te apetece ir a dar una vuelta? –preguntó de pronto mirándola con una media sonrisa.

Elyon asintió con alegría.

…..

Mientras paseaban por el camping, les dio la impresión de que había menos gente, todo estaba más tranquilo que en los últimos días. Habían empezado a aparecer algunas nubes oscuras que ocultaban el sol. Estuvieron caminando cerca de la playa hasta llegar a la zona comercial. A Elyon le rugieron las tripas al pasar por delante de una pizzería.

-Te invito a comer –le dijo ella.

-Prefiero comer en la caseta –contestó él.

-Venga, además, creo que no hay casi nada para cocinar en la nevera, habría que ir a comprar –insistió la semielfa.

-Sólo por esta vez –aceptó él.

Durante la comida ninguno habló.

-Está buena –comentó Elyon para romper el hielo con un trozo de pizza en las manos, estaba harta de aquel silencio, si la cosa seguía así, iba a ser un final de vacaciones muy aburrido e incómodo.

El profesor simplemente asintió prosiguiendo con su comida. La joven apretó los labios. Aquel chico era imposible, parecía que si no era para quejarse o criticarla, no era capaz de abrir la boca.

De vuelta en la caseta colocaron la compra en la nevera y la despensa, y Elyon se sentó en el sofá de mal humor. Snape puso los ojos en blanco al ver su estado de humor.

-¿Qué te pasa? –le preguntó.

-Nada –gruñó ella.

-Nada y un cuerno, me basta verte la cara para saber que te mueres por echarme algo en cara.

-¡¿Por qué no puedes ser un poco más sociable?! –estalló ella.

-¿A qué viene eso ahora? ¿Acaso no estoy intento hablar contigo? –se defendió él confuso.

-Llevo horas intentando mantener una conversación normal contigo, pero te resistes ¿Es por eso que entraste en Slytherin? ¿Por ser un borde que solo sabe abrir la boca para cosas desagradables y hacer daño?

Ambos se mantuvieron la mirada.

-Entré porque yo quería entrar -le aclaró él con sequedad.

-Y viendo tu carácter, no podías haber escogido una casa mejor, desde luego –la joven bufó con fastidio.

-Tu amigo Marti está en Slytherin y no veo que tengas nada en su contra -Snape la miró molesto.

-Él es la excepción que confirma la regla -Elyon se encogió de hombros-. Pero al resto parece que os encanta ser desagradables. No sé quién de tus padres será el mago, pero desde luego, si no fue a Slytherin, recibir esa noticia debió ser una patada en el estómago.

Snape le sostuvo la mirada, podía ver en ella cómo crecía su ira.

-¿Quién de mis padres? ¿Cómo que quién de mis padres? -susurró Snape con la mandíbula apretada.

Elyon palideció y tragó saliva, había hablado más de la cuenta. El chico la siguió mirando a la espera de una respuesta.

-Dumbledore me dijo que no eres Sangre Limpia -musitó ella desviando la mirada.

-¿Dumbledore qué...? ¡Perfecto! Qué raro que tu amiguito Tonitini no sacara el tema durante estas semanas -le espetó hecho una furia.

-¡Porque no se lo he contado a nadie! Es tu vida, no la mía. No tengo derecho a ir aireándola por ahí. Si ese es el concepto que tienes de mí, gracias -le dijo dolida.

El silencio volvió a instalarse entre ellos. Snape apretó los puños y luego los relajó, cerrando los ojos.

-Si alguna vez lo cuentas…

-No lo voy a hacer. Por mucho que a veces te lo ganes a pulso -lo interrumpió-. Algo me dice que es un tema delicado, un golpe bajo… y no soy como tú.

Snape la miró, dolido por ese comentario. Desde luego Elyon tenía una impresión muy pobre de él, aunque tampoco le extrañaba tal y cómo solía tratarla a ella y al resto de estudiantes.

-Pues si tanto interés tienes en saberlo, mi madre era la bruja, y perteneció a Slytherin -le dijo con una mirada que no supo descifrar.

Aquello la descolocó. No esperaba que Snape le revelara algo sobre su vida privada. Había hablado de su madre en pasado, por lo tanto, o había fallecido o ya no mantenía contacto con ella. Y por el deje de tristeza y resentimiento en la mirada del chico, seguramente era lo primero.

-Supongo… Supongo que entonces tu madre estaría orgullosa de ti -comentó intentando suavizar la tensión-. Slytherin y buen mago.

-Yo no estaría tan seguro –respondió él en un gruñido antes de irse a su habitación y cerrar con un portazo.

"¡Genial! Buen comienzo de convivencia" bufó recostando la cabeza en el sofá y mirando el techo de la caseta.

…..

La lluvia golpeaba las ventanas. Sintió que le tapaban la boca y se despertó sobresaltada. Todo a su alrededor estaba oscuro, pero vio a Snape inclinado sobre ella. Él se puso un dedo en los labios pidiendo silencio. Elyon se incorporó con lentitud.

-¿Qué pasa? –preguntó preocupada.

-Coge tu canalizadora y no te despegues de mi –le murmuró él acercándose con sigilo a la puerta y colocándose la capucha de la sudadera sobre la cabeza y un pañuelo negro sobre el rostro.

La joven se sacó la lágrima de la camiseta. El colgante brillaba rojo como la sangre. Se levantó con rapidez cogiendo la canalizadora y colocándose junto a su profesor, pegada a la pared. Escuchó unas voces en el salón de la caseta. Miró a Snape buscando una explicación.

-Pensé que no volverían a aparecer. No te alejes de mí y sobretodo no hagas ninguna estupidez –le dijo con la vista fija en la puerta de la habitación- Y yo de ti me calzaría al menos.

-¿Volver? ¿Cuándo han estado aquí? –ella lo miró asustada poniéndose con rapidez las deportivas que tenía junto a la cama.

El joven le hizo un gesto para que se callara.

-Esto es una ratonera, tenemos que salir –se exasperó la chica mientras se cerraba la cremallera de la sudadera que se había puesto sobre la camiseta, pero reparó en que las ventanas tenían verjas.

-No podemos desaparecernos aquí dentro.

-¿Qué? ¿Por qué? –ella lo miró con los ojos abiertos de par en par por el pánico.

-Por seguridad, o podrían haberse aparecido en tu cuarto y secuestrarte sin que te dieras cuenta mientras dormías –le explicó.

-Pues haz desaparecer los barrotes de las ventanas y salgamos por ahí –le dijo ella.

Snape apretó los labios y la miró.

-No me lo digas... otro hechizo de seguridad para que no entren así como así –bufó ella-. ¿Quién fue el genio? Ahora no podemos salir.

Snape chascó la lengua para dejarle claro que debía mantenerse en silencio. Escucharon como revolvían el comedor.

-Con tanta seguridad, ¿cómo se han colado? –preguntó ella.

-Buena pregunta... -gruñó él.

-¿No hay un plan B? -preguntó preocupada.

-Hay un traslador escondido en el baño. Es un patito de goma -le dijo- Pero olvídate de él, no vamos a poder llegar hasta allí.

-¿Escondido? ¿Escondido por qué?

-Por si alguno de tus amigos lo cogía por accidente. Y ahora cállate y olvídate de salir, nuestra mejor opción es atrincherarnos aquí y esperar. No podrán mantener un ataque largo sin llamar la atención.

Algunos de los asaltantes entraron al pasillo.

-Krueger, ¿oyes algo? –susurró uno de los mortífagos.

-Sí, a ti diciendo mi nombre, imbécil –le respondió con enfado un hombre de voz grave que se acercaba a la puerta.

Elyon miró a su alrededor. No le gustaba el plan de Snape, la habitación era pequeña, no había sitio donde resguardarse. Si los mortífagos entraban no podrían defenderse. Su corazón se aceleró. "Mantén la calma, vamos a salir de aquí" pensó apretando los puños y afianzando su canalizadora. El pomo de la puerta giró con lentitud y ésta se abrió hacia dentro de la habitación. Snape se preparó para atacar, ojalá surtiera efecto pronto el trago de Felix Felicis que había tomado al detectar al grupo de intrusos. Como estaban colocados tras la puerta, para cuando el mortífago descubriera su posición ya sería tarde para él. Estaba tan concentrado en atacar con rapidez al asaltante que no pudo evitar que Elyon se lanzara con decisión contra la puerta, golpeando así al desprevenido mago que se desplomó aturdido en el pasillo. Acto seguido la chica salió de la habitación y entró en la de enfrente. Un hechizo chocó contra el espejo del pasillo rompiéndolo en pedazos.

Snape escuchó la puerta de la otra habitación cerrarse y suspiró al saber que el hechizo no había dado a la joven. Maldijo a Elyon para sus adentros, aunque aquello le había dado una ligera ventaja, ya que había confundido a los mortífagos. Snape se asomó al pasillo con la varita en ristre y con un rápido movimiento dejó fuera de juego a uno de ellos. Un rayo rojo se estrelló contra la pared del pasillo cerca de él. El profesor volvió a entrar en la habitación. El pasillo no era seguro, ni para él ni para los atacantes. Nada más asomarse de nuevo un hechizo chocó contra el marco de la puerta. Él lanzó un par de conjuros a ciegas. Un gruñido ahogado le confirmó que había dado a otro. "Ya van dos" sonrió él "Bendita Felix Felicis". Se asomó con rapidez, aún quedaban al menos otros dos mortífagos en pie y el que Elyon había dejado semi inconsciente en el suelo del pasillo entre las dos habitaciones. Un hechizo le rozó el hombro y se volvió cayendo de espaldas en el interior de la habitación al perder el equilibrio. Cerró la puerta de una patada y se examinó el hombro. El brazo se le había quedado entumecido, pero no había herida. Ahora que había perdido el control del pasillo, Elyon y él habían quedado separados, y sin poder comunicarse. Tenía que recuperarlo y llegar hasta ella. Pero primero tenía que ocuparse de su brazo por el momento inservible. Elyon iba a tener que apañárselas sola por el momento.

Krueger sacudió la cabeza levantándose. Aún estaba mareado por el golpe, pero se giró sin vacilar hacia la habitación donde se había refugiado la chica. Elyon golpeaba los barrotes con rabia, aquel era el hechizo de protección más estúpido que había visto. Escuchó girar el pomo de la puerta. Se tiró al suelo y se metió bajo la cama justo cuando el mortífago entraba en la habitación. El hombre paseó con cuidado por la estancia buscándola. En cuanto se apartó lo suficiente de la puerta, le lanzó la cama con un airado movimiento de su canalizadora. Se levantó y corrió hacia la salida. Un rayo pasó junto a su cabeza, enterrado bajo el colchón y el somier, el mortífago no tenía buen ángulo de ataque. Elyon salió cerrando la puerta y bloqueándola con un conjuro. En el pasillo se encontró de frente con otro mortífago. Ambos levantaron sus varitas a la vez y antes de que ninguno de los dos pudiera lanzar algún hechizo, la pared junto al mortífago explotó, derribándolo. Snape salió al pasillo por el agujero que había hecho en la pared, de algún modo había sabido el punto exacto de la pared que debía hacer explotar, seguramente gracias a la poción. Hubo una segunda explosión cuando la puerta de la otra habitación se volatilizó y Krueger apareció con la varita en la mano.

-¡Corre! –le dijo Snape a Elyon empujándola hacia el salón mientras cubría su huida con varios hechizos lanzados a Krueger y hacia los que aún estaban en el salón.

Salió corriendo del pasillo y se plantó en la sala de estar saltando por encima de tres mortífagos inconscientes, dos de los cuales, sangraban abundantemente. En el salón había dos asaltantes más. Uno de ellos se cubría con la encimera de la cocina, el otro atacaba a Snape desde el interior del trastero. La semielfa al comprobar que no podía llegar a la puerta principal a pesar de que su profesor, desde el pasillo, mantenía a los mortífagos en sus posiciones a base de hechizos, se metió en el baño bloqueando la puerta, preparada para atacar al primero que asomara la nariz. Con desespero empezó a buscar el dichoso traslador en forma de patito de goma.

Voló la puerta en pedazos, estaba harto de esa maldita cría, estaba siendo demasiado difícil de atrapar. Observó la escena del pasillo, varios de sus compañeros estaban tendidos en el suelo. El joven mago que protegía a la semielfa, al verlo, hizo huir a la chica hacia el salón. Se fijó en él, podía ver su pelo moreno bajo la capucha, y parte de un rostro de piel pálida. Su sangre hirvió. Esa era la descripción que le habían dado de quien lo había desmemorizado y dejado sin varita. El joven le lanzó un par de hechizos antes de darle la espalda para poder cubrir a la joven. Levantó su nueva varita para parar los ataques, y luego se dispuso a lanzar un hechizo para hacer sentir al chico el dolor más insoportable que seguro habría tenido que aguantar en su vida. Pero la punta de la varita se incendió. Eso le pasaba por aceptar una varita cualquiera, necesitaba volver a conseguir una hecha expresamente para él. Aún más furioso por el fallo de la varita suplente se lanzó contra el joven.

Snape empezaba a cansarse, no podía seguir manteniendo ese ritmo, tenía que despejarle el camino a Elyon para que pudiera salir y esconderse en el bosque. No estaba seguro que entre ese caos fuera capaz de encontrar el traslador. Pero si los mortífagos no abandonaban sus puestos, le era imposible darles. Sintió un fuerte golpe en la mandíbula y cayó al suelo del comedor, desorientado y perdiendo la varita.

-Cogedla, yo me encargo de él –dijo Krueger.

El joven se levantó con rapidez aun mareado y atacó al mortífago con las manos desnudas. Consiguió encajarle un golpe en la boca del estómago. Pero no bastó para reducir a aquella mole, que volvió a golpearlo con fuerza en la cara haciéndole caer de rodillas, luego lo cogió del cuello, lo estampó contra la pared y apretó las manazas o a su garganta. Snape lo golpeó intentando zafarse de él. Inspiró con fuerza, pero el aire apenas llegó a sus pulmones y el pañuelo que ocultaba su rostro no le ayudaba nada. Con dificultad vio como los dos mortífagos conseguían entrar en el baño.

La puerta se abrió de golpe y los dos hombres entraron, Elyon se giró y lanzó un hechizo. Los hombres se protegieron mientras volvían a cerrar la puerta, con una sonrisa siniestra. La joven tenía el corazón a mil. Ambos hombres la atacaron a la vez. La semielfa conjuró un escudo, pero el impacto doble fue tan fuerte que salió despedida hacia atrás, hacia dentro de la bañera, golpeándose con fuerza contra la pared arrancando la cortina de plástico que cayó sobre ella. Esperó a que los hombres se acercaran, y entonces volvió a atacar llena de rabia desde debajo de la cortina.

Snape escuchó golpes, gritos y cosas romperse dentro del baño. "Por favor que encuentre el maldito pato" Pensó mientras seguía luchando por respirar. Uno de los hombres salió despedido desde el interior del baño derribando la puerta y golpeándose las costillas contra la barra de la cocina.

Elyon perdió la canalizadora tras el último ataque del mortífago que aún quedaba dentro del baño. Desesperada, cogió la tapa de la cisterna del váter, y entonces lo vio, en el interior de la cisterna flotaba el patito de goma, el traslador, su vía de escape. El mortífago se lanzó a por ella, la chica se giró y lo golpeó con fuerza en la cara con la gruesa tapa de porcelana. El hombre gimió desplomándose, escupiendo sangre a borbotones. Con suerte le habría fracturado la mandíbula. Volvió a girarse para coger el traslador, pero antes de poder llegar escuchó al mortífago conjurar a su espalda, se apartó hacia un lado con rapidez cayendo al suelo. El hechizo golpeó el váter y lo hizo pedazos, el agua salió a presión de la tubería, y vio al pato de goma deslizarse por el suelo del baño lejos de ella, empujado por el agua que corría sin control inundándolo todo. Intentó levantarse para alcanzarlo, y cuando estaba a punto de cogerlo, el mortífago la agarró de la cintura y la levantó del suelo, sacándola de allí. Ella gritó llena de rabia e impotencia.

Krueger apretó más su agarre sobre la garganta de Snape. Sintió sus pulmones arder. Golpeó con angustia los brazos y manos del mago apenas sin fuerza. Le dolía la cabeza y empezó a perder el conocimiento.

-¡La tenemos! –gritó triunfante el mortífago, mientras seguía escupiendo sangre.

Salió del salió del baño llevando en brazos a la chica, que se retorcía y gritaba con fuerza, intentando liberarse.

-¡Vamos, déjalo ya! ¡Hay que llevarse a los heridos si es que no están ya muertos! –gritó el otro mortífago levantándose del suelo sujetándose las costillas con una mueca de dolor.

-Has tenido suerte –le dijo Krueger soltando el cuello de Snape.

El joven calló pesadamente al suelo resbalando por la pared, mientras llenaba de nuevo sus pulmones con aire.

-¡Snape! –gritó Elyon viendo como su profesor caía al suelo casi sin conocimiento- ¡Snape! ¡No! ¡No! ¡Snape!

Ella se retorció entre lágrimas de rabia en los brazos del mortífago, tenía que escapar, tenía que huir. No la atraparían, no podía rendirse ahora. Consiguió liberar sus brazos y se agarró al marco de la puerta de la entrada, de forma que consiguió un impulso para darle una patada al mortífago en el estómago y luego otra en la cara consiguiendo liberarse por completo.

Snape se levantó con esfuerzo. No podía abandonarla, le necesitaba.

Krueger, agarró a la chica de los brazos antes de que pudiera salir corriendo, y la arrastró con él, entre los gritos y golpes desesperados de la joven. Aquel hombre era fuerte, la arrastraba con facilidad, y cuando llegó a las escaleras del porche sintió que perdía la esperanza, que no podría escapar, que había perdido. Vio a Snape de pie en el salón con la varita levantada. Una lágrima recorrió su rostro, él ya no podía hacer nada por ella. La joven lo sabía. Bajaron de la caseta y sintieron la tierra blanda por el agua bajo sus pies. Había dejado de llover. Elyon dejó de luchar y empezó a llorar. Sintió cómo se le encogía el estómago, empezaban a desaparecerse. Apretó los labios. No, jamás, no podía rendirse ahora, sus padres habían muerto por protegerla y ella no podía dejarse llevar sin luchar. Le dio un fuerte pisotón al mortífago, si conseguía que la soltara se libraría de la desaparición. Pero no la soltó. Entonces un rayo verde pasó junto a su oreja, justo cuando empezó a no sentir el suelo bajo sus pies y su vista se nublaba. Las manos la soltaron y cayó al suelo mareada. Los mortífagos habían desaparecido.

Se levantó con rapidez chapoteando en el barro y no paró de correr hasta entrar de nuevo en la caseta. Cerró la puerta y se quedó plantada con la espalda apoyada en ella, temblando. Snape cayó de rodillas llevándose las manos al cuello dolorido, aun le costaba respirar. Se quitó el pañuelo y lo lanzó lejos de él. Elyon lo miró y rompió a llorar de nuevo. Se lanzó contra él y lo abrazó con fuerza.

-Gracias –sollozó agarrándolo con fuerza- Gracias. Gracias.

Él le devolvió el abrazo, cansado, mientras la joven lloraba con amargura refugiada en su pecho. Había pasado tanto miedo, más que la noche en la que murieron sus padres. Porque ahora sí que sabía lo que estaba pasando, no como la otra vez, en la que sintió simplemente que estaba inmersa en una pesadilla de la que no sabía cómo despertar.

-De nada, pero no vuelvas a gritar mi nombre en medio de un ataque, o te cargarás mi tapadera –le susurró con voz ronca y una media sonrisa.

Alguien llamó a la puerta. Elyon se levantó con rapidez con el corazón en un puño, mirando atentamente la puerta. Snape se levantó preparado para lo que pudiera pasar, y le hizo una señal a la chica para que se escondiera. Ella entró en el trastero y se pegó a la pared temblando, oculta en las sombras. El joven abrió la puerta un poco, con la varita preparada tras él. Un hombre vestido de uniforme le sonrió.

-¿Se encuentra bien? –le preguntó el observando las marcas rojizas del cuello del chico- Los campistas han escuchado gritos y golpes.

-Se nos ha colado una rata enorme en la caseta, pero ya nos hemos hecho cargo de ella –respondió con seriedad.

-¿De verdad que está todo bien? ¿Necesita algo? –insistió el muggle intentando echar un ojo al interior de la caseta.

-Sí, todo perfecto, gracias por el interés –le dijo Snape cerrando la puerta.

Con un movimiento de varita volvió a colocarlo todo en su lugar, limpió los restos de sangre que habían dejado los mortífagos y reparó las puertas, paredes y el baño, por si algún otro muggle aparecía para fisgonear. Y de paso colocó nuevos hechizos de protección. Recogió del suelo del baño la canalizadora de Elyon, por suerte estaba intacta. Vio el traslador en el rincón del baño que aún estaba encharcado. Tarde, pero parecía que la chica había logrado encontrarlo. Lo dejó allí, ya lo guardaría más tarde. Encontró a la chica sentada en el suelo del trastero, llorando en silencio mientras se abrazaba las rodillas. Él se agachó a su lado y le devolvió su canalizadora, luego le tendió la mano. Ella la aceptó de buen grado y se levantó junto al joven. Snape la guio hasta uno de los sofás y luego se dirigió a la cocina. La chica tenía la vista perdida en el suelo, levantó la mirada al oler el chocolate caliente. El profesor le tendió una taza humeante. La semielfa la cogió con manos temblorosas y la apoyó en su regazo.

-Bébetelo, te ayudará a calmarte y a dormir.

-¿Qué le has puesto? –preguntó algo recelosa.

-Nada, es solo chocolate ¿Acaso crees que llevo siempre a cuestas un arsenal de pociones? –contestó él torciendo el gesto, algo molesto por la desconfianza.

Elyon le dio un sorbo, y se sintió mejor. Se tomó su tiempo en beberlo todo, con la mirada perdida. Estaba increíblemente pálida y de vez en cuando se le escapaba una lágrima.

-Ahora deberías dormir un poco –le aconsejó Snape quitándole la taza vacía.

Ella negó con la cabeza apretando los labios.

-Te aseguro que no van a volver –insistió.

-Ya, seguro… Eso mismo pensaste la última vez y mira –le reprochó ella mirándolo con enfado.

-Esta vez han muerto tres mortífagos, puede que incluso cuatro, no van a ser tan estúpidos de volver sabiendo que tienen rivales a la altura. Porque tengo que admitir que has estado a la altura –aclaró él con una pequeña sonrisa, Elyon siguió mirándolo a los ojos con los labios apretados.

-¿Por qué no me dijiste que habían aparecido mortífagos? –le reprochó.

-Mortífago, solo era uno –aclaró él-. Fue en la fiesta del pub, cuando desaparecí unos minutos. No quería fastidiarte los últimos días de vacaciones –la semielfa apartó su mirada de él sollozando débilmente-. Me quedaré vigilando toda la noche si quieres, como aquella vez en la enfermería.

-En la enfermería te quedaste dormido.

-En la enfermería solo me pediste que estuviera hasta que tú te durmieras, y me quedé toda la noche –aclaró Snape, comenzaba a ponerse de mal humor.

La semielfa se cruzó de brazos y miró al suelo. Él puso los ojos en blanco, era terca como una mula. Se sentó a su lado entrelazando los dedos.

-Podrías, por una maldita vez, hacerme caso –suspiró cansado-. Tampoco te pido tanto.

-Aunque lo intentara, no podría dormirme –musitó ella-. Creí que no podría escapar, que todo se había acabado... me rendí... ¡Por Merlín, durante unos segundos me rendí!

Estalló de nuevo en llanto, se cubrió la cara con las manos aun llenas de barro. Snape le pasó un brazo por los hombros, sabía perfectamente cómo se sentía, así que la dejó desahogarse. Cuando el llanto pasó a ser un débil sollozo, le acarició el pelo. Elyon dio un respingo, pero no se quejó. Sintió que le pesaban los párpados y supo que el profesor le había lanzado un conjuro para que se quedara dormida, finalmente cayó dormida sobre el pecho del chico. Él sonrió, aquel hechizo era realmente útil.

La cogió en brazos y la llevó a la habitación. Le quitó las deportivas y la sudadera húmeda y llena de barro. Luego la cubrió con las sábanas y se sentó en la cama a su lado, mirando la puerta de la habitación, mientras jugueteaba con la varita entre sus dedos. Sabía que no volverían a atacar porque le había enviado un mensaje a Dumbledore con su Patronus, seguramente Moody y un par de aurores más estarían ya patrullando la zona y buscando a los culpables del ataque.

Se tumbó en la cama junto a la joven, que dormía acurrucada entre las sábanas. Su rostro no estaba para nada sereno, se la veía inquieta. De haber tenido, le habría puesto una poción para no soñar en el chocolate caliente. Se colocó boca arriba mirando el techo, hasta que el sueño vino a por él. Estaba molido, dio gracias a que el Felix Felicis surtiera efecto, porque por un segundo creyó que iba a morir esa noche.

…..

Al abrir los ojos tuvo que tapárselos con las manos con rapidez. El sol entraba con fuerza por la ventana. Se tumbó de lado para resguardarse de la luz. Volvió a abrir los ojos con lentitud, acostumbrándose a la luminosidad de la habitación. Frente a él estaba Elyon, aun dormida. También estaba tumbada de lado, ya no seguía cubierta por la sábana, que ahora solo la tapaba de caderas para abajo. La camiseta ancha que utilizaba de pijama se le había resbalado por uno de sus hombros quedando ahuecada, de manera que el joven podía ver con claridad gran parte de su pecho juvenil. Se incorporó con rapidez sintiendo la sangre agolpada en sus mejillas. Volvió a girarse con timidez y la observó. Su corazón se aceleró. Sacudiendo la cabeza se levantó y se fue al baño para darse una ducha. Se maldijo a si mismo cuando empezó a notar una ligera y creciente molestia en los pantalones al no poder quitar de su mente esa imagen tan sensual de la chica durmiendo.

Elyon se despertó mareada e increíblemente cansada, como si casi no hubiera dormido. Aunque claro, Snape se había encargado de que durmiera toda la noche. Miró a su alrededor ¿Dónde se había metido su profesor? Solo había silencio en la caseta ¿La había dejado sola? A lo mejor le había pasado algo, quizá los mortífagos habían vuelto a atacar y Snape... "¡No seas estúpida! ¡Cálmate!" se dijo a si misma inspirando hondo para relajarse. Salió de la habitación con la canalizadora en la mano. Cuando llegó al salón escuchó el agua correr. Suspiró aliviada un momento, el profesor se estaba duchando. Se sentó en uno de los sofás abrazándose las rodillas mientras miraba la puerta principal. Se le encogió el estómago. Tenía la sensación de que podía entrar alguien en cualquier momento. La puerta del baño se abrió y ella dio un salto en el sofá. Snape apareció por ella con una toalla anudada a la cadera, muy por debajo de su ombligo. Él también dio un respingo al ver a la chica despierta y mirándolo ¿Qué hacía ya levantada? El conjuro tenía que haber durado un par de horas más. Se llevó las manos a la toalla para asegurarse de que la seguía en su sitio. Como no esperaba encontrarla despierta, no había cogido nada de ropa limpia, ni siquiera unos calzoncillos.

-Buenos días –acertó a decir mientras se dirigía con rapidez hacia su habitación, sin soltar la toalla que lo cubría.

Elyon, aun sentada en el sofá, se asomó al pasillo para verlo entrar en el cuarto. Sonrió para sí sin darse cuenta. Y sintió un ligero hormigueo en el estómago. El chico no estaba nada, nada mal. Y solo cubierto con la toalla, aún menos. Aunque torció el gesto al ver los moratones alrededor del cuello del profesor tras la pelea de anoche, y la cicatriz blanquecina que recorría su hombro derecho hasta el omóplato, la cicatriz que le había dejado ella cuando le atacó tras su visita a Azkaban.

Había pasado más de una hora desde que Snape había entrado en su habitación, y aún no había salido. Ella comía sus cereales con desgana pendiente de la puerta de la habitación. Le intrigaba muchísimo lo que fuera que estuviera pasando allí dentro, ya que se escuchaba el eco de unas voces conversando. Finalmente el profesor se presentó en la sala, las marcas de su cuello habían desaparecido.

-Buenos días –saludó ella, en sus ojos había unas ligeras ojeras.

-¿Has dormido bien? –le preguntó él sirviéndose el café.

-No –Elyon lo fulminó con la mirada-. Ya te dije que no quería dormir.

-De no haber dormido, ahora tendrías un enorme ataque de ansiedad –comentó.

-Eso no puedes saberlo.

-Sí que lo sé, lo he visto muchas veces -le aclaró con prepotencia-. Pero ya da igual. Si tienes que ducharte, hazlo, nos vamos al medio día.

-¿Por qué? –Elyon lo miró confusa.

-Creo que es obvio.

La semielfa bajó la mirada, entristecida.

-Pero… yo no quiero irme –musitó.

Snape alzó la vista de su taza de café y la miró alzando una ceja.

-Pensé que después de lo de ayer noche, querrías volver a Hogwarts, ya que no te fías de que no vuelvan a atacar.

-Y no me fío, pero no quiero volver al castillo. Solo de pensar en los muros de piedra… Me agobio.

-Tengo la impresión de que si te lo hubiera comentado ayer noche, no me habrías respondido lo mismo –se mofó él.

-Qué poco me conoces –comentó la chica llevándose una cucharada de cereales a la boca.

-Bien, si es lo que quieres. Nos quedaremos –suspiró Snape- Por si te interesa saberlo, ya han atrapado a los mortífagos.

Elyon se atragantó.

-¡¿Por qué no me lo has dicho antes?! –le gritó tosiendo.

-Porque quería saber primero tu opinión sobre si irnos o no.

-Por eso no has estado haciendo guardia esta noche, ¿verdad?

Snape no escondió una sonrisa socarrona. Elyon le devolvió una tímida sonrisa, más relajada, mientras seguía con su desayuno. Ahora que sabía que estaban a salvo, volvía a tener ganas de ir a dar una vuelta. No era tonta, si habían cogido a los mortífagos era porque Dumbledore había enviado a alguien a vigilar el camping.

El agua fría de la ducha la despertó completamente. Sus músculos se desentumecieron y volvió a llenarse de energía. Dejó el barro resbalar por su piel, llevándose todo el miedo de la pasada noche. Tras la comida, salieron a dar una vuelta por la playa. Elyon se quitó las sandalias y caminó por la orilla para que el agua salada le bañara hasta los tobillos, le daba igual si se mojaba los bajos de la falda. Snape la seguía de cerca, caminando descalzo por la arena seca y fresca. La joven parecía tranquila, como si hubiera olvidado lo de la noche pasada, pero no creía que para ella fuera tan fácil pasar página. Por mucho genio que tuviera, seguía siendo frágil. La brisa marina le revolvía el pelo, y el sol del atardecer arrancaba destellos dorados de su melena. Él se paró en seco ¿Por qué no podía dejar de mirarla de esa manera? ¿Acaso no era lo suficientemente fuerte para resistirse a la magia de los elfos? Elyon se giró al ver que él ya no la seguía.

-¿Pasa algo? –le preguntó ella colocándose el pelo tras las orejas, mirándolo con preocupación.

Él negó con la cabeza y siguió caminando. Se sentía increíblemente sucio. Lo que estaba haciendo estaba mal ¿Acaso la estaba sustituyendo? ¿Simplemente porque ella también tenía unos preciosos ojos verdes y una sonrisa que hacía que sintiese que la oscuridad de su vida desaparecía? Inspiró hondo serenándose, desterrando aquel torbellino de preguntas, congoja y vergüenza a algún lugar lejos de él. Intentando enterrar todo aquello lo más profundo posible.

Se pararon en un chiringuito de playa. Snape seguía con la mirada perdida, absorto en sus pensamientos.

-Toma –Elyon le ofreció un vaso lleno de hielo picado de color amarillo, en el que había una pajita de plástico.

-¿Qué es esto? –cogió el vaso receloso.

-Granizado de limón, está muy bueno –sonrió ella dándole un sorbo.

Sin mucha convicción él la imitó, estaba congelado e increíblemente ácido. Esbozó una pequeña sonrisa.

-¿Ves? Te dije que estaba bueno –rio ella, sacando la pajita de su vaso.

El otro extremo del tubo de plástico acababa en una especie de cuchara, y con ella Elyon empezó a comerse el hielo. Siguieron paseando por el camping mientras disfrutaban de la bebida fría. Un par de campistas les lanzaron miradas sonrientes al verlos pasear juntos. Snape se sintió increíblemente incómodo, y cambió su expresión por una de indiferencia. Elyon no pareció darse cuenta de nada. Él la miró de reojo, estaba muy relajada y caminaba con paso alegre. Esbozó una pequeña sonrisa.

…..

Se incorporó de un salto, un escalofrío la había despertado. La caseta estaba a oscuras y en silencio. Miró por la ventana, el viento mecía las ramas de los árboles. Escuchó un crujido y se levantó de golpe de la cama, cogiendo la canalizadora de la mesita. Comprobó el color de su colgante, que se mantenía azul como un zafiro. Volvió a escuchar un crujido en el salón. Salió de la habitación, cruzó el pequeño pasillo con rapidez, y entró en la habitación del profesor.

-Snape –le llamó desde la puerta que acababa de cerrar.

No recibió respuesta, aunque podía ver a contraluz la silueta del chico tumbado en la cama.

-Snape, he escuchado algo en el salón –insistió ella levantando el tono de voz.

-Vete a dormir –gruñó con voz ronca, revolviéndose entre las sábanas-. Habrá sido la madera de las paredes. Sabes que hay aurores por la zona, así que no te preocupes.

-Vale –musitó ella.

Estaba tumbado de espaldas a la chica, pero aun así sabía que no se había movido ni un milímetro, seguía de pie junto a la puerta. Con un bufido de fastidio se sentó en la cama y encendió la lamparita de noche. Elyon lo miró con timidez.

-No vas a ser capaz de dormir sola, ¿verdad? –la semielfa se mordió el labio avergonzada- Pareces una niña pequeña. Madura de una maldita vez.

Y dicho esto retiró las sábanas de un lado de la cama, ofreciéndole un sitio. Ella lo miró sorprendida sin atreverse a decir ni hacer nada, siguió plantada en la puerta de la habitación.

-No hagas que me arrepienta, ¿quieres? –gruñó Snape molesto.

Elyon reaccionó y se metió en la cama tapándose con la sábana. El chico se tumbó de espaldas a ella en un extremo de la cama, lo más alejado posible. La joven lo imitó y dejó su canalizadora en la mesita.

-Si quieres un consejo, guarda la canalizadora bajo la almohada para que esté siempre a tu alcance –le dijo él apagando la luz.

La semielfa siguió el consejo y se hizo un ovillo entre las sábanas. A la medio hora, ambos seguían despiertos, sumidos en un silencio incómodo. Snape podía escuchar la respiración de la chica, que era nerviosa y rápida, parecía que estaba atenta a cualquier sonido. Elyon miraba la puerta atentamente, cada vez que cerraba los ojos le parecía que el pomo de la puerta giraba y que esta se abría. No se atrevía a dormirse. Una de sus manos sujetaba con firmeza la canalizadora bajo la almohada. El profesor se movió haciendo crujir las sábanas y el colchón. Ella dio un respingo cuando los brazos del chico la rodearon desde su espalda en un abrazo protector. Ahogó un sollozo, y empezó a llorar en silencio, apretando la cara contra la almohada para intentar que él no la oyera. Snape la atrajo más hacia él abrazándola con fuerza, el cuerpo de la joven se agitaba con cada sollozo. Sabía que la felicidad del día no había sido sincera. Seguía aterrada pensando en lo que podría haber sido si él no hubiera conseguido rescatarla. Tenía que admitir que esta vez los mortífagos habían estado cerca, muy cerca de cumplir su objetivo. Elyon finalmente se durmió después de estar una hora interminable sin poder parar de llorar. Snape no la soltó, siguió manteniéndola cerca, por algún motivo necesitaba tenerla así, abrazada con fuerza. Saber que la tenía a su lado le hacía sentirse relajado, y sobretodo, le hacía sentirse útil.

Abrió los ojos con lentitud. Se sentía ligeramente desorientada. Intentó incorporarse en la cama, pero los brazos de Snape se lo impidieron. Sintió la sangre agolparse en sus mejillas. No se había separado de ella en toda la noche. La luz que entraba por la ventana era muy tenue, así que supuso que empezaba a amanecer. Volvió a acurrucarse en la cama para dormir un poco más. Se abrazó a los brazos del chico. Le parecía increíble que una persona tan fría pudiera ser capaz de tener un abrazo tan cálido.

Snape despertó bien entrada la mañana. Con cuidado, se separó de la chica y salió de la cama. La observó desde la puerta de la habitación, esa mañana su rostro estaba sereno, parecía que al menos había pasado una noche sin pesadillas, como él. Hacía mucho que no dormía sin que los recuerdos de su pasado lo atormentaran. Finalmente salió del cuarto y empezó a preparar el desayuno.

El olor a tostadas calientes la despertó. Aunque se quedó un poco más en la cama, no le apetecía nada levantarse. Se estiró cuan larga era aprovechando que tenía toda la cama para ella. Con un poco de fuerza de voluntad consiguió levantarse. Lo que encontró en la barra americana de la cocina la sorprendió. Había zumo, tostadas calientes, leche, mermelada, café, cereales y tortitas. Se sentó en el taburete con una enorme sonrisa.

-¿Y esto? –preguntó ella sin atreverse a coger nada.

Snape se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa torcida sentándose también a desayunar.

-Come, venga –le dijo.

Elyon cogió una de las tostadas y la untó en mermelada. El chico la miró con disimulo. Parecía haberse levantado de buen humor, por lo que prepararle el desayuno había resultado ser una buena idea. Con suerte conseguiría que no volviera a deprimirse, al menos durante el resto del día. La chica probó de todo, con ese olor era imposible resistirse al desayuno.

-Las tortitas están buenísimas –sonrió ella-. Habrás tenido que madrugar mucho para preparar y comprar todo esto.

-No creas, no se tarda mucho en hacer un par de tortitas y tostar pan –contestó Snape con una pequeña sonrisa.

-¿Has hecho tú las tortitas? –la joven lo miró sorprendida- Pensé que las habías comprado en la pastelería de aquí al lado.

El profesor la miró molesto.

-¿Crees que no soy capaz de cocinar? ¿Cómo te crees subsisto cuando me voy del castillo? ¿Te piensas que voy siempre con un elfo doméstico pegado a mis talones?

-Perdón, no te enfades. Entiéndeme tú, no es fácil imaginarse lo que hace o deja de hacer un profesor fuera del colegio. Además, ni siquiera sé a dónde vas cuando no estás en Hogwarts ¡Yo que sé si te vas a tu casa o a un hostal!

-Da igual, no he dicho nada –musitó el profesor recogiendo el desayuno.

-¿Me enseñarás a hacer tortitas? –preguntó la semielfa para arreglar la situación- Al contrario que tú, yo no sé cocinar gran cosa.

-Claro, si estás dispuesta a madrugar mañana –sonrió él.

–¿Pero no habías dicho que se hacían en un momento? -alzó una ceja confusa.

-Yo las haga en un momento… tú… podrías tirarte horas solo para hacer una -le picó.

-Eso ya lo veremos –ella aceptó el reto ayudándole a recoger.

El resto del día lo pasaron fuera de la caseta, sobre todo en la playa. Elyon se sorprendió cuando Snape se animó a meterse en el mar, le parecía increíble que tuviera bañador. Estuvieron nadando juntos y paseando por la playa. Ahora que Johnny y los demás se habían ido, Snape se había relajado, ya no parecía importarle tanto mostrarse más natural, más humano. Y a la semielfa eso le gustó. Descubrió que no era solo el chico frío, distante y algo cruel que ella había visto desde que lo conocía. No le importó mostrar a otro chico completamente diferente, algo más amable y simpático, atento y que sabía escuchar. Volvieron a la caseta al atardecer, cansados. Elyon se ofreció a hacer la cena, y el profesor la observó curioso mientras hacía un par de tortillas con trozos de jamón cocido.

-No creo que le haga justicia a tu desayuno, pero al menos así yo también haré algo en la cocina aparte de fregar platos –comentó ella con una sonrisa poniendo la cena en la encimera.

-Ahora sé que cuando te gradúes y te vayas, te alimentaras a base de tortillas –rio él.

-Qué gracioso –Elyon arrugó la nariz-. Yo no tuve una madre el tiempo suficiente para que me enseñara a cocinar grandes banquetes.

-Yo tampoco, por eso me las tuve que arreglar solo –contestó él sin mirarla con un deje de resentimiento en la voz.

Entre ellos se instaló un silencio tenso, solo roto por el sonido de los cubiertos.

-Perdón por sacar el tema –musitó ella.

Él le quitó importancia con un ademán, y no volvió a comentar nada en el resto de la noche. Era obvio que él tampoco había tenido una buena experiencia familiar, aunque Elyon no sabía si la expresión del chico al hablar del tema era de pena o rabia contenida.

La semielfa se fue a dormir temprano, Snape se quedó un rato más despierto, cambiando constantemente de canal en la televisión. Aburrido sacó su varita para traer el libro que tenía en su habitación. Cuando los ojos empezaron a cerrársele mientras leía, se desperezó y decidió irse también a dormir. Cuando entró en su habitación se quedó de piedra. Elyon estaba durmiendo allí, exactamente en el mismo lado de la cama que la noche anterior. Con un suspiro de cansancio abrió de nuevo la puerta para irse al otro cuarto. Pero se detuvo, y miró por encima de su hombro a la chica. Apretó los labios, pensativo. Si la chica se había colado de nuevo en su habitación, era porque seguía algo asustada. Quizá lo mejor sería quedarse con ella. "Solo estaba vez, ni una noche más, o acabarás arrepintiéndote" dijo una voz en su cabeza. Se acostó con cuidado para no despertarla y optó por quedarse en un extremo de la cama y no acercarse a ella. Sentía una enorme presión en el pecho, y el impulso de girarse y abrazarla, pero no podía. No debía. Se durmió recordando el olor a limón de su pelo rubio la pasada noche, que a su vez le recordó el granizado y lo bien que se lo había pasado ese día.

…..

Snape despertó primero, tumbado bocarriba. Se pasó una mano por el rostro mientras se espabilaba. Al dejar el brazo junto a él escuchó un gruñido y lo retiró instintivamente. El chico giró la cabeza y se encontró con el rostro de Elyon a escasos centímetros del suyo. La chica estaba echa un ovillo a su lado, y había pasado uno de sus brazos por encima de él. El profesor la miró atentamente con el corazón acelerado, colocándose de lado para quedar frente a ella. Con torpeza e indecisión llevó una mano a su rostro y le acarició la mejilla. La muchacha suspiró. Sin darse cuenta había acortado la ya escasa distancia entre ellos. Casi podía rozar su nariz con la suya. Estaba tan guapa durmiendo, que podría haberse quedado observándola dormir toda su vida.

Elyon frunció el ceño cuando empezó a abrir los ojos. Se sobresaltó al encontrar el rostro de Snape, que parecía dormir, tan cerca de ella. Se lo quedó mirando. Por una vez no parecía estar enfadado o molesto por algo. Con cuidado, retiró el brazo que, dormida, había colocado sobre la cintura del chico. Snape se revolvió y abrió los ojos.

-Buenos días –musitó ella perdiéndose en esos ojos negros que la observaban con atención.

-Buenos días –le contestó él con una sonrisa.

La semielfa se sonrojó ante aquella sonrisa tan alegre y tierna ¿Aquél era el mismo chico al que tanto había llegado a odiar en Hogwarts?

El joven la observó y contuvo la risa al verla tan sonrojada. Su expresión en ese momento era tan inocente, tan dulce. Miró un momento sus labios rosados. Se levantó con rapidez cuando fue consciente del impulso que había tenido.

-¿Lista para quemar tus primeras tortitas? –se mofó él cogiendo la varita de debajo de su almohada.

-Qué gracioso –Elyon torció una sonrisa-. ¿A qué soy capaz de hacerlas mejor que tú a la primera?

-Sigue soñando.

La chica se levantó de un salto riendo. Cuando por fin consiguieron tener las tortitas listas, la mitad de la cocina estaba llena de harina y restos de masa. Al igual que Elyon, que tenía el pelo blanco y restos de masa por la cara y las manos gracias a Snape, mientras que él se mantenía impoluto.

-Por fin se acabó –dijo la semielfa con una sonrisa de autosuficiencia poniendo el plato de tortitas junto al resto del desayuno.

-¿Acabarse? Mira todo lo que hay que limpiar –le dijo Snape-. Menudo desastre has armado.

-¡De eso nada! Has sido tú el que se ha dedicado a molestarme y a intentar desbaratar mi desayuno ¡Mira cómo me has dejado! –aclaró señalándose a sí misma de arriba abajo.

-Tienes algo en el pelo –le dijo señalando uno de sus mechones azules.

Elyon se llevó una mano de mala gana, aunque no notó nada pegado a él. Cuando se miró la mano se dio cuenta de que aún las tenía llenas de harina y masa, por lo que acababa de ensuciarse aún más ella misma el pelo.

-¡Serás...! –le gritó ella.

Snape empezó a reír con fuerza. La joven se lo quedó mirando sorprendida por esa reacción. Se estaba riendo de verdad, sin maldad alguna, se reía de corazón. Elyon no pudo evitar comenzar a reír también. Ambos pararon cuando comenzó a dolerles el abdomen de tanto reír. Después de desayunar. El profesor se ofreció a limpiar la cocina mientras ella se iba a duchar para quitarse la harina y los restos de masa seca. Ese día no paró de llover, y lo tuvieron que pasar encerrados en la caseta. Snape se sentía incómodo cuando estaba cerca de la joven, al sentir como su corazón se aceleraba. Pero al mismo tiempo, no quería alejarse de ella.

Después de cenar Elyon se despidió antes de irse a dormir.

-Elyon, espera. Te agradecería que volvieras a dormir en tu cuarto.

La semielfa se lo quedó mirando y bajó la mirada.

-De acuerdo –musitó.

-Ya sabes que ahora los aurores vigilan el camping, no tienes que preocuparte –se explicó él para intentar borrar su expresión triste-. Estás a salvo.

Elyon esbozó una media sonrisa asintiendo y se fue a su habitación. Se tumbó y se quedó mirando distraída el lado izquierdo de la cama. No conseguía dormirse, ya no tenía sueño.

Cuando Snape se fue a su habitación se detuvo frente a la puerta de la chica. Durante un segundo quiso abrir y comprobar si estaba durmiendo bien. Pero supo que era mala idea. Si seguía forzando la situación se arrepentiría. Sabía que acabaría quemándose. Lo que se había despertado en él esos días era difícil de controlar, debía mantenerlo atado, y sobre todo alejado de la joven, que era quien lo estaba alimentando. Así que simplemente entró en su habitación. Al amanecer ya estaba despierto. Observó el lado derecho de la cama, que estaba vacío. Alargó un brazo hacia él, tanteando el espacio vacío. Le hubiera gustado ver a Elyon dormir de nuevo a su lado. "Severus, basta, no puedes seguir así, no está bien". Se levantó de mala gana, le había entrado sed.

Al entrar en el salón se quedó plantado. La chica estaba preparando el desayuno en la cocina. Le hizo gracia verla ir de un lado a otro con nerviosismo, y cómo se ponía de puntillas para llegar a los estantes más altos. "¡Severus, basta!" se ordenó a sí mismo.

-Qué madrugadora –saludó él.

A Elyon casi se le caen los dos boles que había cogido de la estantería. Se giró y vio al chico de pie en el salón con una sonrisa torcida.

-¿Ya estás despierto? –le dijo con fastidio.

-Creo que es evidente –contestó sentándose en uno de los taburetes de la cocina americana- Pero te aseguro que la sorpresa me la has dado igualmente.

Elyon arrugó la nariz no muy convencida. Terminó de preparar el desayuno y lo sirvió nerviosa. No era gran cosa, solo un par de tortitas, un poco de café y cereales.

-Te han salido mejor que ayer –le dijo el profesor comiendo una de las tortitas.

-Pues claro, hoy no te he tenido por aquí molestando –ella alzó una ceja con una sonrisa.

Snape ahogó una risotada.

-Desayuna rápido. Hoy nos vamos de excursión.

-¿De excursión? ¿A dónde? –la semielfa lo miró emocionada.

-Ni idea, salgamos a explorar –el joven se encogió de hombros bebiendo su café.

Elyon dibujó una enorme sonrisa.

…..

Habían recorrido un gran tramo de la costa rocosa. El paisaje era muy bonito. Parecía que el mundo se acababa ahí, y que todo lo demás era solo agua azul que se extendía hasta más allá de dónde alcanzaba la vista. Entre los acantilados encontraron una pequeña cala, resguardada del viento y el mar picado de ese día. Dejaron las bolsas en la arena y se sentaron a descansar mientras bebían algo de agua.

-¿Podemos quedarnos aquí? –preguntó la chica.

-Claro.

Elyon se levantó de la arena quitándose los zapatos. Se acercó a la orilla y metió los pies en el agua para refrescarse. Al darse la vuelta Snape había desapareció. Lo encontró subiendo por las rocas descalzo y en bañador. Cuando llegó a una altura considerable, saltó al mar desapareciendo luego bajo el agua. Cuando volvió a salir a la superficie, Elyon lo vio nadar de un extremo a otro de la cala. La joven admiró sus brazadas fuertes, nadaba muy bien, al contrario que ella.

Al cabo de un rato el profesor se cansó y salió del agua. La joven lo vio aproximarse. El bañador del chico se le había pegado al cuerpo mojado. El chico se retiró el pelo de la cara con ambas manos, el agua goteó por su corta melena y resbaló por su piel pálida. Sacudió las manos para retirar el exceso de agua, molesto. Elyon se sonrojó apartando la mirada de él, sintiendo de nuevo un hormigueo en su estómago. Snape buscó la toalla en su bolsa y se sentó junto a la chica.

-Nadas muy bien –comentó ella evitando mirarlo-. Yo solo pude practicar en una piscina pequeña.

El profesor simplemente se encogió de hombros, secándose un poco el pelo.

-Entonces supongo que de lanzarte de cabeza nos olvidamos, ¿no?

-¿Saltar? -Elyon alzó una ceja y miró las paredes rocosas que los rodeaban-¿Saltar desde dónde?

-Desde dónde tú creas que eres capaz –la retó.

Elyon miró a su alrededor, tenía que asegurarse de elegir un sitio no muy bajo para poder impresionarlo, y que no tuviera riesgo de golpearse con las rocas en la caída.

-Desde allí arriba –señaló uno de los picos de los acantilados más adentrados en el mar.

-¿Estás segura? –Snape alzó una ceja incrédulo.

-¿No crees que sea capaz? –ella frunció el ceño.

-Eso te lo diré cuando lleguemos arriba.

Snape se levantó y echó a andar. La joven se apresuró a quitarse los pantalones y la camiseta, quedándose en bañador. El chico la miró de reojo. La subida por las rocas fue lenta, de cada vez la pared era más vertical. El profesor iba delante. Ella lo seguía con cuidado, apoyándose en los mismos sitios que él, y si necesitaba algo de ayuda extra, el joven paraba y no dudaba en alargar el brazo para ayudarla, siempre con una sonrisa de superioridad en los labios. Con las piernas cansadas llegaron a la cima del acantilado. Elyon se asomó por el borde y se le encogió el estómago.

-Esto está muy alto –musitó alejándose con cuidado.

-Te lo dije. Pero has subido aquí para saltar, no te acobardes ahora –le dijo Snape con una sonrisa divertida al verla asustada.

-Creo que mejor bajo por donde hemos venido.

-No vas a poder volver por ahí, te despeñarás –se mofó el chico.

La joven retrocedió para comprobarlo, y tenía razón, la subida había sido complicada, pero la bajada era mucho peor, sin duda resbalaría en algún punto. La semielfa se quedó pensando que hacer, si saltar o probar suerte bajando. Snape pensó por ella. La cogió de improviso del brazo echando a correr, arrastrándola con él.

-¡¿Pero qué haces?! ¡No! ¡Suéltame! –le gritó ella.

Cuando llegaron al final del acantilado, saltó desde el borde como acto reflejo, para alejarse de la pared rocosa en su caída. Sintió que se le encogía el estómago, y que la caída no acababa nunca. Snape no soltó su brazo hasta que casi tocaron el agua. Ambos se hundieron en el mar envueltos en una nube de burbujas. Cuando sacó la cabeza del agua buscó a Snape, pero él aún no había salido a la superficie. ¿Y si se había golpeado con una roca? Elyon chapoteó para dar una vuelta sobre si misma preocupada, ya que no había ni rastro del profesor. Algo agarró su pierna y estiró de ella hacia el fondo. La joven dio una patada a ciegas para liberarse. Al salir de nuevo a la superficie, se topó con Snape, que reía divertido.

-¡No ha tenido gracia! –le reprochó.

-¿El qué? ¿Lo de ahora o lo del salto?

-¡Ninguna de las dos! –le gritó ella- ¡Pensé que te habías golpeado con algo!

Elyon lo salpicó con furia. Él la imitó. La chica apretó los labios y volvió a salpicarlo, pero esta vez sin tregua.

-¡Basta! –le dijo él cuando empezó a tragar agua.

Pero ella en vez de parar, salpicó con más fuerza con ambas manos. Snape, cansado, se lanzó sobre ella, la cogió de la cintura y con esfuerzo la lanzó lejos de él.

-¡Ey! –se quejó la chica retirándose el pelo mojado de la cara.

El joven simplemente esbozó una sonrisa cruel y nadó hacia la playa. Ella intentó mantener su ritmo, pero le fue imposible, no tardó en cansarse y quedarse rezagada. La orilla aún estaba lejos.

-¡Espera! ¡Ya no puedo más! –le gritó.

Le dolían los brazos y piernas, pero por suerte aún le quedaban fuerzas de sobra para mantenerse a flote. Vio a Snape detenerse, y luego, desaparecer. Con un chasquido volvió a aparecer a su lado, la cogió de la cintura y la trajo hacia sí. Sintió que todo desaparecía a su alrededor. Su vista volvió a aclararse. Ya no estaba dentro del agua. Se mantuvieron la mirada unos segundos. Elyon tenía los brazos alrededor del cuello de Snape, para sujetarse. Él seguía rodeando su cintura con los brazos, manteniéndola lejos del suelo. Sus rostros habían quedado a la misma altura. Elyon se humedeció los labios, incómoda por la situación. Él sentía el cuerpo tibio de la chica contra el suyo, piel con piel.

-Creo que ya hemos llegado a la orilla –susurró ella.

El profesor pareció volver en sí de golpe, y la dejó en el suelo. Elyon buscó su toalla y se envolvió en ella, mirando de reojo al chico. Sentía sus mejillas arder. Snape se envolvió en la toalla con el corazón desbocado, cruzando los dedos para que su cuerpo no lo traicionara por lo que acababa de ocurrir. Cerró los ojos con fuerza, intentando mantener el control ¿Por qué había hecho eso?

…..

Cuando volvieron a la caseta, encontraron bajo la puerta un pequeño folleto con las nuevas actividades del camping.

-Pasado mañana hay una exhibición de fuegos artificiales en la playa –leyó Elyon emocionada.

El profesor esquivó su mirada dejando su mochila en el suelo.

-¿Qué pasa? –le preguntó frunciendo el ceño- Venga, suéltalo de una vez. Te escucho.

-Tenía pensado irnos mañana –contestó sirviéndose un vaso de agua fría.

-Por favor, quedémonos solo hasta la noche de los fuegos, nos podemos ir por la mañana. Son solo dos días más –Elyon lo miró con ojos suplicantes.

Snape se quedó pensativo. No sabía si podría aguantar dos días más a solas con ella.

-Nos vamos después de los fuegos, ni un día más –aclaró él con firmeza.

La joven sonrió llena con alegría vaciando su mochila, llenando sin querer parte del salón con arena.

…..

La gente iba llegando a la playa buscando algún sitio en el que poder sentarse. Elyon estaba segura de que el camping se había vaciado por completo, porque en la playa casi no cabía nadie más. Aquella noche la luna llena iluminaba el lugar, y las estrellas dibujaban un precioso mosaico. Los fuegos artificiales no se hicieron esperar mucho más. El cielo se llenó de chispas de colores que iluminaban cada rincón, las formas y dibujos arrancaban murmullos de asombro a los espectadores. Elyon recostó su cabeza en el hombro de Snape mientras observaba embobada como un niño aquel espectáculo tan alegre. El joven tragó saliva, volvió a notar que su corazón se aceleraba. Por un momento tuvo el impulso de rodearla con el brazo. Cuando el espectáculo acabó, la gente no tardó en abandonar la playa para volver a las casetas.

-Gracias por dejarme ver los fuegos –Elyon le sonrió con dulzura mientras volvían a su caseta.

Snape simplemente torció una sonrisa y evitó mirarla a los ojos.

…..

La joven se echó la mochila al hombro mirando la caseta por última vez. No quería volver a Hogwarts. Le hubiera gustado pasar el resto del verano allí, junto al mar. Además tenía la sensación de que cuando volviera al colegio, Snape volvería a ser el chico frío y distante de siempre.

-No quiero irme –musitó.

-Pero hay que volver. No te quejes, bastante has alargado las vacaciones –contestó el profesor revisando la caseta, asegurándose de que no se dejaban nada.

Con un movimiento de varita hizo desaparecer los hechizos de seguridad. Elyon se acercó a él. Snape cogió su mano y desaparecieron. Cuando la chica volvió a abrir los ojos el sol ya no brillaba, oculto tras nubes oscuras. Vislumbró el castillo a lo lejos. Soltó la mano del chico con desgana, bajando la vista entristecida. La caminata hasta el colegio se le hizo increíblemente corta. En un abrir y cerrar de ojos se encontró frente a las enormes puertas de roble.

-Vamos –le dijo Snape entrando en el castillo, al darse cuenta de que ella no se decidía a entrar.

Dumbledore los esperaba en el vestíbulo con una enorme sonrisa, y con Eizen posado sobre su brazo. El halcón chilló y se apresuró en ir junto a la chica. Elyon le ofreció su brazo y lo acarició con cariño. Y antes de que ella pudiera saludar al director, este la abrazó con fuerza.

-¿Qué tal las vacaciones? –le preguntó, la había echado mucho a faltar.

-Interminables –gruñó Snape.

-Sin ganas de volver –respondió la semielfa con una media sonrisa, ignorando el comentario del profesor.

-Estoy seguro de ello. Y veo que habéis estado al sol –comentó Dumbledore con una sonrisa divertida mirando al chico.

-Yo ya he cumplido ¿Puedo cogerme las vacaciones de una maldita vez? –preguntó Snape fulminándole con la mirada por el comentario anterior.

-Claro, ya me encargo yo el resto del verano.

Y sin mediar ni una palabra más, bajó las escaleras hacia las mazmorras. Elyon suspiró apenada. Sabía que el mal humor volvería nada más pisar el castillo.

-¿Se va lo que queda de verano? –preguntó

-Sí, él también tiene derecho a tomarse un respiro, ¿no crees? –sonrió Dumbledore.

-Sí, claro.

Elyon se sentó en su cama dejando la mochila sobre su baúl. El halcón de alas plateadas se posó a los pies de su cama observándola con atención. Sentía una enorme congoja en el pecho. Pensó que aunque el profesor volviera a estar de mal humor, al menos lo vería por los pasillos y podría pasar algo de tiempo con él. Pero Snape también se iba. Todos se habían ido. Tuvo ganas de llorar. Iba a pasar el resto de las vacaciones sola en aquel enorme castillo. Volvía a estar encerrada entre aquellos muros de piedra.