Sinopsis Principal 5º Curso
Tras la conversación con Azrael, Dumbledore decide forzar a Elyon a mostrar al mundo su verdadero origen y ponerla en contacto con sus raíces.
Lo que el director del colegio ignora es que su decisión traerá de vuelta los recuerdos de la joven, y hará que Mark no le ponga nada fácil cursar su segundo año en Hogwarts.
Snape, por su parte, está inquieto, sabe que los mortífagos traman algo y que Elyon no está segura entre los muros del colegio. Debe descubrir de qué se trata antes de que sea demasiado tarde y la pierda para siempre provocando el inicio de una nueva guerra.
Sinopsis Secundaria 5º Curso
Ha pasado un año desde que llegó a Hogwarts tras la muerte de sus padres, pero a pesar del dolor, Elyon sabe que tiene una nueva familia junto a sus amigos y un nuevo hogar en el castillo.
Por desgracia Dumbledore tiene que revelarle al colegio quién es realmente Elyon, o Azrael se la llevará de Hogwarts.
El verano se ha convertido en un punto de inflexión para Snape. Algo ha renacido en su interior, un sentimiento que jamás creyó que pudiera volver a tener. Pero ha de luchar contra él, ya que, si no es capaz de controlarlo, no podrá protegerla. Y sabe que el peligro que corre Elyon está muy lejos de desaparecer.
Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.
5º Curso. Capítulo 1
El sol de verano apenas se dejaba ver entre las nubes. Solo por las tardes parecía que la luz conseguía ganar a las mañanas grisáceas. La ola de calor había acabado. Elyon pasaba los días prácticamente sola, su única compañía era Eizen. El halcón la seguía a todas partes, salvo los días que le llevaba cartas a Remus.
El joven no había podido ir a verla durante las vacaciones, había conseguido un nuevo trabajo, y al parecer le iba bien, aunque él aun no le había querido decir en qué consistía. Elyon se alegró por Remus. En las cartas parecía contento y según contaba, las cosas empezaban a irle bien, incluso se estaba replanteando cambiar de casa. Aun así lo echaba de menos, tenía muchas ganas de que pudiera cogerse algún día libre para verlo.
Una mañana Dumbledore le propuso hacer excursiones al bosque en compañía de Hagrid. La semielfa se sorprendió muchísimo, aun recordaba el castigo por haber hecho una excursión a escondidas el año pasado. Finalmente accedió. Estar con Hagrid le vendría bien para distraerse, además el guardabosques le enseñaría algunos de los animales que vivían allí. Una noche el semigigante la llevó con los centauros, que le dieron ciertas nociones de adivinación estudiando las estrellas. Seguía sin gustarle el trato excesivamente formal que le daban, sabía que le escondían algo, pero no consiguió sonsacarles ni una pequeña pista al respecto.
Al despertar miró el calendario que tenía guardado en uno de los cajones de su mesita. Se le encogió el corazón. Recordó la tormenta, los gritos, las máscaras. Recordó a su padre en suelo sin moverse, con los ojos abiertos y vacíos, y la última sonrisa que le dirigió su madre, entre lágrimas de desesperación. Ese día hacía un año que los había visto por última vez. No pudo reprimirse y lloró hasta quedarse sin lágrimas sentada en la cama, abrazándose las piernas y escondiendo el rostro entre las rodillas.
Las horas del día no pasaban, era como si las agujas del reloj se hubieran congelado. Deambuló taciturna por los pasillos del castillo y apenas probó bocado. No tenía hambre, ni sueño, ni nada… No podía sentir nada a excepción de una tristeza tan angustiosa, que tenía la sensación de que su corazón se pararía en cualquier momento. Al anochecer buscó flores por el linde del bosque y los invernaderos, y se dirigió al lago, hacia una de las orillas rocosas. Subió a ellas intentando no resbalar en la superficie llena de algas, y se quedó allí mirando las aguas tranquilas y oscuras.
-Papá, mamá, esto no es lo que quería hacer… pero nadie quiere decirme dónde descansáis… espero que estéis donde estéis, podáis apreciarlo –musitó ella mientras unas lágrimas recorrían su rostro-. No os olvido. Os echo mucho de menos. Muchísimo. Ojalá estuvierais aquí, porque os necesito…
Lanzó las flores al agua. Cayeron lentamente meciéndose en el aire, hasta quedar flotando en la superficie del lago. Unos pequeños peces plateados se acercaron ellas y las mordisquearon con curiosidad, uno especialmente grande mordió un pétalo y arrastró la flor bajo la superficie, hacia el fondo oscuro.
Ella se sintió igual. A veces le parecía que se hundía en la oscuridad, que la arrastraban hacia el fondo. Cuando empezó a notar el frío del relente decidió entrar en el castillo y se fue a su habitación. Nadie le había dicho nada ese día. Ni siquiera había visto a Dumbledore o Hagrid, y no supo si alegrarse o deprimirse por esa completa falta de atención. Se sentó en el alfeizar de la ventana de la habitación circular. Eizen la esperaba allí posado. El halcón siempre sabía lo que sentía, siempre sabía dónde encontrarla, como si el animal fuera parte de ella, la única parte que podía ser realmente libre, volando lejos del castillo cada vez que le apetecía.
…..
A la hora del desayuno tampoco tuvo mucha hambre, y tras tomar tres cucharas de cereales prefirió irse a su habitación que quedarse en la mesa jugueteando con un desayuno que no iba a acabarse. Al salir al pasillo se encontró con una silueta conocida que empezaba a bajar las escaleras hacia las mazmorras.
-¿Snape? –lo llamó dibujando una pequeña sonrisa, mientras su corazón se aceleraba.
El chico paró en seco y se giró para mirarla. Estaba increíblemente pálido, con ojeras, y parecía extremadamente cansado. El profesor no dijo nada y siguió su camino. Elyon suspiró. No parecía haber llevado unos días mejores que los suyos. Recordó que el momento en el que llegó a Hogwarts el joven había tenido el mismo aspecto, la misma expresión de derrota, seguramente también había perdido a alguien importante hacía un año.
A medida que pasó el día, la joven fue recuperando el humor y el apetito. Quería que llegara el mediodía para ver si Snape iba a comer con ellos. Se había alegrado de que estuviera de vuelta. En el camping se habían conocido mejor, y parte de su rencor hacia él se había convertido en curiosidad. Quería saber más sobre el chico. Y quería volver a verlo reír como en aquel desayuno. El tiempo que estuvieron a solas Elyon se sintió mejor, relajada y feliz, porque cuando hablaba con él sabía que la entendía, la entendía mejor que Remus. Ambos compartían un gran dolor. Lo había visto en sus ojos cuando lo conoció. En ese momento recordó que para el licántropo, también había sido un día amargo, había perdido a todos sus amigos, aunque al menos a él aún le quedaban sus padres. Igualmente le escribió una carta, para hacerle ese triste día más llevadero.
Snape no apareció en la comida, y tampoco en la cena. Suspiró tras darle un sorbo a su zumo de calabaza.
-¿Te preocupa algo? –le preguntó el director mirándola con atención.
-He visto llegar a Snape esta mañana pero… ¿ha vuelto a marcharse? –no se anduvo con rodeos.
-No, el profesor Snape sigue en el colegio, o al menos eso creo –Dumbledore la miró de forma afable- ¿Te preocupa que no haya venido a cenar?
Elyon se encogió de hombros levantándose de la mesa.
-Simple curiosidad –se limitó a decir antes de marcharse.
El anciano sonrió. Parecía que esos días juntos en el camping habían dado sus frutos. La joven parecía realmente preocupada y decepcionada por no haberlo visto. Aunque él también estaba preocupado por Snape. Sabía que había llegado por la mañana, pero el joven no había pasado por su despacho, y él aún no había podido hablar con el profesor.
…..
Tocó suavemente con los nudillos a la puerta de la habitación, ya que su despacho estaba vacío. Tocó por segunda vez con un poco más de insistencia. Finalmente Snape abrió de mala gana.
-¿Qué quieres? –gruñó.
Dumbledore lo miró de arriba abajo, iba descalzo, con la camisa arrugada y tenía los ojos rojizos y ojerosos.
-¿Te encuentras bien? –el anciano le puso una mano en el hombro.
-Si has venido a soltarme un sermón, puedes irte por dónde has venido –le espetó cerrando la puerta.
-Creo que necesitas hablar con alguien, Severus –evitó que el chico la cerrara.
-No necesito nada de nadie –apretó los dientes.
-Si te sigues guardando todo para ti, llegará un momento en que te ahogues. Estás cayendo en un pozo profundo, y no te das cuenta.
Snape lo miró a los ojos, y no pudo sostenerle la mirada. Soltó la puerta de mala gana y entró en la habitación, sabía que no podía ganar al anciano. Nunca había podido. Dumbledore lo siguió y se sentó en una de las butacas, frente a él. El suelo estaba lleno de cartas arrugadas y notas. Había una fotografía bajo una de las cartas. El director la recogió. Una mujer pelirroja sonreía feliz.
-Por eso has vuelto antes, ¿cierto?
-No puedo volver al barrio –le quitó la fotografía con brusquedad y se la guardó en el bolsillo-. Recuerdo demasiadas cosas. Y estaba cansado de ir de un lugar a otro.
-Recordar no es malo –le sonrió.
Hubo un silencio incómodo entre ambos.
-Fui… fui a ver su tumba, ayer… le dejé flores… y le pedí perdón –sus ojos se humedecieron- Qué estupidez. Como si un "lo siento" pudiera arreglar las cosas. Como si con esas palabras pudiera traerla de vuelta.
Se le quebró la voz. Colocó la barbilla en sus manos enlazadas, con los codos apoyados en sus rodillas, y tras cerrar momentáneamente los ojos, fijó la vista en un punto de la habitación. Dumbledore comprendió que estaba tratando de serenarse, aquel chico apenas se había permitido un momento de flaqueza frente a los demás.
-Entonces, ¿qué? ¿Has venido a meter el dedo en la llaga? –volvió en si tras unos segundos, más sereno.
-He venido porque Elyon estaba preocupada, y yo también –le contestó con calma.
-¿Qué tiene que ver la mestiza en esto? ¿Por qué siempre la metes de por medio?
-Severus por favor, te estoy diciendo que se preocupa por ti y tú la insultas. Entiendo que estés dolido, hace apenas un año de la muerte de Lily. Pero creía que tenías un poco más de consideración. Hace un año ella también perdió a sus padres, se quedó sola, y lo presenció. Exactamente la misma noche que asesinaron a Lily –el director se levantó y se fue sin decir nada más.
Snape se quedó mirando la puerta. "Y a mí qué, que ella también haya perdido a alguien, eso es cosa suya y de nadie más. Cada uno tiene que cargar con sus problemas sin inmiscuir a los demás".
…..
Por la mañana Elyon fue en pijama a desayunar, llegaba tarde, e igualmente los únicos que estaban en el colegio eran Dumbledore, Hagrid, Trelawney y Filch. Todos los demás profesores aún estaban de vacaciones, así que no se preocupó demasiado por su aspecto.
Snape estaba tirado en la cama mirando el techo. No quería moverse, no quería hacer nada. Solo quedarse tumbado allí por el resto de su vida, fuera corta o larga. Le daba igual. Se acordaba tanto de ella. Su pelo rojo, su nariz pecosa, su sonrisa, la forma de mirarlo, sus brillantes ojos verdes… pero la imagen de sus ojos cambiaba constantemente, se mezclaban con los de otra persona, que lo miraba con ternura e inocencia, y con la nariz llena de harina y masa de tortitas.
Cerró los ojos con fuerza, esforzándose en acordarse de todos los detalles, pero cuánto más lo intentaba, más se difuminaba su imagen. Solo había pasado un año y parecía que ya la estaba olvidando.
-¡No! –gimió con angustia.
No podía perderla también en su memoria. Pero cada vez que miraba una fotografía o recordaba su rostro pecoso le dolía el pecho. Un dolor desgarrador, como si su corazón se hiciera pedazos. Se incorporó lentamente. La cabeza le daba vueltas, como si lo engullera un remolino. Con pasos pesados salió a los terrenos. Necesitaba respirar aire fresco. Esa mañana el sol lucía con fuerza, pero sin conseguir despejar la neblina del lugar. Snape cerró los ojos con una mueca de dolor ante el cambio de luz. Con pasos desganados bajó los escalones de piedra. El aire frío le acarició el rostro, y sintió un ligero alivio.
Elyon se anudó las deportivas. Quería ir a comprar chucherías lechuciles para Eizen a Hogsmeade. Dumbledore le había dado permiso para ir con la condición de que Snape la acompañara. En su opinión, era una forma educada de decirle que no podía, dudaba que pudiera encontrar al profesor, y si lo conseguía, seguramente no sería capaz de convencerlo para que la acompañara. Pero por intentarlo no perdía nada. Lo buscó en su despacho, en el aula de Pociones, en la Biblioteca, en la Sala de Profesores... Ni rastro. Solo le quedaba por mirar en su habitación, la cual no sabía dónde estaba y además resultaría bastante incómodo, y en los terrenos, que eran enormes. Ella suspiró dándose por vencida.
Caminó sin pensar hacia dónde iba, se dejó llevar por sus pies, y llegó al haya del colegio. Cansada de ir de un lado a otro se sentó junto al tronco. Los rayos de sol la cegaron al colarse entre las ramas, pero no le importó, era muy agradable sentir su calor en la piel. Escuchó moverse algo entre las ramas y algo pesado y alto cayó a su lado. Ella se alejó sobresaltada. A contraluz no podía ver quién era, se cubrió de la luz con la mano, y distinguió el rostro de Snape, que estaba de pie junto a ella y la miraba con desconfianza. Elyon alzó la vista con incredulidad hacia las ramas y luego miró al chico. No se había dado cuenta de que hubiera alguien encaramado al árbol.
-Hola –saludó ella con voz débil levantándose.
Snape la miró fijamente con frialdad.
–Dile a Dumbledore que si quiere algo de mí, venga personalmente y se deje de jueguecitos con terceros –gruñó.
-¿De qué hablas? –Elyon alzó una ceja, confusa- No me ha enviado exactamente a por ti. Necesito ir a Hogsmeade y…
-Pues olvídalo –le contestó andando hacia el castillo.
-¡Snape, espera!
-Profesor Snape –la corrigió sin parar de andar.
La chica corrió tras él y lo cogió del brazo.
-¿Por qué haces esto? –estiró de él para que parara y la mirara a la cara- Creí que después de lo del verano las cosas no volverían a ser igual.
-Creíste mal –le mantuvo la mirada, frío como un témpano.
-Pero es que yo no quiero que volvamos a llevarnos mal. Fue un verano estupendo, a pesar de lo del ataque. Por favor, no volvamos al punto de partida.
El joven frunció el ceño. Ella lo miraba con ojos suplicantes y llorosos.
-Podríamos intentar ser amigos. Sé que cuando empiecen las clases no podrás evitar gritarme y todo lo demás, tienes una imagen que mantener pero… no me importa si realmente sé que solo es fachada y podemos llevarnos bien cuando no haya nadie más –Elyon se mordió el labio, nerviosa.
Snape sintió que flaqueaba.
-Ya tienes bastantes amigos –contestó de mal humor.
-Ninguno es como tú –sin previo aviso cogió con ambas manos la del joven profesor- Ninguno de ellos me comprende y conoce tan bien, creo que ni siquiera Remus. Por favor.
-No me has conocido tan bien como crees –insistió el chico.
-¿Por qué te cuesta tanto ceder? ¿Por qué no te gustan las personas? –no podía entenderlo y eso la frustraba.
-Porque yo nunca les he gustado a ellas –le espetó.
Tuvo ganas de morderse la lengua, estaba hablando demasiado.
-Eso es mentira –contestó la chica-. A mí sí me gustas.
El corazón del chico dio un pequeño brinco. Elyon apretó su agarré sobre su mano, y él sintió el cálido tacto de sus manos suaves sobre la de él. Otra vez aquellos ojos verdes tan brillantes y llenos de vida, tan parecidos a los de Lily. Y sintió rabia. Rabia hacia la chica y hacia él mismo. Rabia hacia ella porque le recordaba a la pelirroja, porque estaba consiguiendo abrirse paso en su corazón, con aquella sonrisa dulce, haciéndole sentir bien. Rabia hacia él mismo porque estaba permitiendo aquello, estaba permitiendo que sustituyera a Lily, porque sentía que traicionaba su recuerdo, que si no lo impedía, muy pronto la habría olvidado. Pero al mismo tiempo supo que no podía odiarla o culparla por aquello. La joven ni siquiera era consciente de todo lo que provocaba en él. Simplemente lo miraba de forma cálida y comprensiva. Y flaqueó, como últimamente era habitual cuando ella lo miraba
-No te prometo nada –cedió en un murmullo.
Elyon sonrió y lo abrazó con fuerza. Se separó de él en cuanto se percató de lo incómodo que le estaba resultando al chico. Miró al suelo avergonzada con un ligero rubor en las mejillas.
-Vamos a Hogsmeade –carraspeó el profesor controlando su reacción, durante unos segundos le pareció que el corazón se le iba a salir del pecho.
La joven asintió con la cabeza y una pequeña sonrisa, caminando a su lado. El pueblo parecía triste sin alumnos que fueran y vinieran por las calles. Negocios como Zonko y Honeyduckes estaban cerrados, esperando el comienzo de las clases. Por suerte, la tienda de animales estaba abierta. Tras conseguir un par de cosas para Eizen, Elyon quiso parar en Las Tres Escobas para comprar unas botellas de cerveza de mantequilla. A la vuelta le dio una a Snape mientras ella abría la suya.
-Lo lamento mucho –musitó ella.
El joven la miró sin comprender.
-Tu pérdida de hace un año –se explicó.
-¿Qué te hace pensar…?
-Tu estado de humor y tu cara cuando llegaste al colegio, recuerdo que la primera vez que te vi tenías el mismo aspecto derrotado –le dio un sorbo a su botella- Si necesitas hablar o algo…
-¿Qué eres, un pequeño Dumbledore? Porque con el original ya tengo suficiente –gruñó.
-No quería molestarte –se disculpó-. Simplemente sé por experiencia que hay cosas que es mejor contar, porque si no, te arrastran al fondo muy deprisa.
Snape la miró, su mirada se había vuelto triste.
-Lo tendré en cuenta –se limitó a decir bebiendo su cerveza.
…..
El principio de curso volvía a estar próximo, en unas semanas volvería a ver a sus amigos. Los echaba de menos por muchas cartas que se escribieran. Además, seguía esperando que Johnny le enviara las fotos de las vacaciones.
Las clases suplementarias habían vuelto a empezar ahora que todos los profesores habían regresado al colegio para preparar el nuevo año escolar. Por suerte había conseguido llegar al nivel de quinto curso en Historia de la Magia, Adivinación y Astronomía, así que tenía menos asignaturas, aunque Elyon se esforzaba al máximo para aprobarlas todas. No quería volver a repetir la experiencia del pasado curso, quería poder dormir por las noches y no tener tantos deberes. Cuanto antes acabaran las clases suplementarias, mejor.
Snape era más agradable con ella cuando estaban a solas, le enseñó un par de trucos en Pociones y consejos con el resto de asignaturas, y no le importó practicar con ella algunos de los conjuros. Aun así, Elyon sabía que su relación se había enfriado desde el camping, ya no se mostraba tan cercano y atento, la trataba con amabilidad, pero también con frialdad.
Cinco días antes del comienzo de las clases llegó una carta de Lisa, comentándole que había quedado todos dentro de un día para ir a comprar al Callejón Diagón los libros y material escolar. Elyon buscó a Dumbledore para pedirle permiso. Pero este le dijo que todo lo que ella necesitaba ya estaba comprado. Con tristeza, la joven contestó que no podría ser, excusándose con que aún seguía en Irlanda y no tenía medios para ir a Londres.
La noche antes del comienzo de curso, Dumbledore entró en la habitación de Elyon. La joven dormía plácidamente hecha un ovillo entre las sábanas. Se acercó hasta ella y le colocó una mano cerca de la cabeza, con cuidado de no despertarla. Cuando la retiró, sus orejas habían vuelto a su forma original, acabadas de forma más puntiaguda que las de un humano.
-Lo siento –musitó el anciano.
Ahora las cosas para ella se iban a complicar, por que sin duda, no podría esconderse durante mucho tiempo. Sus compañeros y amigos no tardarían en darse cuenta en cuanto ella cometiera un descuido. Pero era la única forma de mantenerla en Hogwarts, a salvo y dónde podría comenzar una nueva vida. Pero si Azrael tenía razón, y no la aceptaban…. Aquello sin duda sería un duro golpe para ella, y no solo porque sus amigos le dieran la espalda, si no por todo lo que le sería revelado. Fuera como fuera, necesitaba darle un empujón a aquello para que se viera un desenlace, ya que la chica, no parecía querer mover ficha.
…..
Elyon no se dio cuenta del cambio hasta que se cepilló el pelo y se lo recogió en una coleta alta. Cuando volvió a ver sus orejas acabadas en punta se puso pálida, buscó rápidamente su cinta de pelo y fue en busca del director. Lo encontró desayunando tranquilamente junto al resto del profesorado.
-Profesor Dumbledore, ha habido un problema -le dijo ella en voz baja.
-¿Qué problema? –frunció el ceño.
-Mis orejas, son picudas –se exasperó ella en un susurro.
-Siempre lo han sido –comentó el anciano como si nada.
-¡No! –volvió a bajar la voz cuando algunos de los profesores se giraron curiosos- Me refiero al hechizo, no funciona.
-Vaya, es un problema. Pero tranquila, luego nos ocupamos de él –con un ademán le quitó importancia.
-Ni hablar, quiero solucionarlo ahora –gruñó ella con enfado.
El hombre se la quedó mirando. Ella se sonrojó, no debería haberle hablado en ese tono.
-Muy bien, veamos qué se puede hacer –el director se levantó de la mesa.
Elyon suspiró con alivio al comprobar que el hombre no se había enfadado por su falta de respeto. Ambos cruzaron la puerta que estaba al lado de la mesa de profesores.
-Dime qué ha pasado.
-No lo sé, me estaba peinando y me he dado cuenta de que ya no eran normales –intentó explicar ella.
-Elyon, quiero que te quede claro que tus orejas son normales, no humanas, pero sí normales.
Puso las manos de nuevo junto a su cabeza, fingiendo que intentaba arreglar el problema.
-Vaya, parece que no funciona –suspiró Dumbledore.
-¡¿Cómo que no funciona?! –se exasperó ella.
-A veces estos hechizos dejan de funcionar, sobretodo porque a medida que creces tú, lo hace tu magia, y puede interferir con ciertos hechizos humanos –mintió.
-Eso es una chorrada –le dijo- ¿Qué tiene que ver que esté creciendo con que no funcione el hechizo?
-No lo sé, la magia es caprichosa. Pero así son las cosas –el anciano se encogió de hombros- ¿Por qué no se lo dices a tus amigos? Así no tendrás que ocultar nada.
-¿Está de broma? No pienso decírselo a mis amigos, si se lo digo seguro… -sus ojos se empeñaron.
-Si te dan la espalda por esto, es que no son tan buenos amigos –aclaró Dumbledore con seriedad-. Remus lo ha sabido siempre y sigue ahí.
-Pero es diferente, él es un licántropo.
-¿Y solo por eso crees que te tiene cariño? ¿Crees que si no lo hubieran mordido no sería amigo tuyo? Que no se entere él que piensas que solo es tu amigo porque ninguna persona "normal" lo aceptaría, le harías mucho daño.
El anciano volvió al Gran Comedor con enfado. A Elyon se le encogió el estómago. El director tenía razón, no era amiga de Remus solo porque él también fuera diferente. Pero a veces sentía que si él no fuera así, quizá la habría despreciado, como hacían los mortífagos, a veces Snape y algunos de los vecinos de su pueblo natal. Siempre la habían tratado mal solo por no tener un origen totalmente humano.
Durante el resto del día se planteó si confesarles a sus amigos quién era realmente, de esa forma ya no tendría que volver a mentirles. Pero por otro lado…
Se colocó bien la cinta del pelo esperando a que llegara el resto de alumnos. Fue como en Navidad, los carruajes fueron llegando tirados por thestrals, y los estudiantes entraron sin prisas en el Gran Comedor. Ahora que lo pensaba, era la primera cena de comienzo de curso a la que iba a asistir. Sus amigos no tardaron en aparecer.
-¡Os he echado de menos! –les dijo abrazando a Grace y Johnny.
-Nosotros también, aunque bueno, sin ti al menos éramos pares cuando quedábamos y nos iba bien si teníamos que repartirnos en grupos –comentó Johnny.
-Ja, ja, que gracioso –le dijo con una mueca- ¿Y Will y Lisa?
-Pues ni idea. Creo que Will quería estar con su hermano que empieza este año. Como el mío. Pero Lisa no sé, a lo mejor no nos ha encontrado en el tren –explicó Johnny.
-¿Vuestros hermanos empiezan este año? ¡Lo había olvidado por completo! –sonrió Elyon- Ahora los tendréis aquí con vosotros.
-Creo que eso le hace más ilusión a Will que a él –rio Grace.
-Mira, por ahí vienen –señaló Johnny.
Will y Lisa se habrían paso entre los alumnos. Elyon se fijó en que la chica se acercaba a ellos con la cabeza baja y las mejillas encendidas. La semielfa frunció el ceño, y se percató de que iba cogida de la mano de Will. Elyon no pudo evitar sonreír.
-¡No! –exclamó Johnny con sorpresa al verlo también.
Lisa empezó a esconderse tras Will muerta de la vergüenza. Pero antes de que lo consiguiera Elyon se abalanzó sobre ella abrazándola.
-¡Me alegro muchísimo por ti! –exclamó- ¡Es genial!
-Ni que nos fuéramos a casar –musitó Lisa incómoda.
Will rio y le dio unos golpecitos en el hombro a Johnny a modo de saludo.
-Que calladito os lo teníais, ¿no? –medio rio el hufflepuff.
-¿Quién se decidió y cuándo? –quiso saber Grace.
El chico miró a Lisa con cariño y le rodeó los hombros con un brazo.
-Fui yo, poco después del camping –confesó Will.
-¿Nos lo habéis escondido todo el verano? –se indignó Grace- ¿Incluso cuando quedábamos?
-¿Ves cómo al final solo tenías que esperar? –sonrió Elyon.
-¿Esperar? –Johnny frunció el ceño- ¡Por eso lo has defendido siempre! ¡Ya sabía yo que te gustaba desde hace tiempo!
-Sí, bueno, es una larga historia –Lisa intentó escurrir el bulto.
-¿Entramos ya? Quiero tener buen sitio para ver a mi hermano –dijo Will.
-¿Quieres que haga fotos? Yo se las voy a hacer al mío –propuso Johnny.
-Pues si no te importa, por mi genial –sonrió-. Lisa, nos vemos en los postres.
Le dio un beso rápido en los labios y fue a su mesa. La joven se sonrojó ante la mirada de sus amigos.
-¡¿Qué?! –exclamó.
-Nada, nada, vamos a sentarnos –rio Johnny.
-Nada y un cuerno –se quejó ella.
-Es que es tan raro verte tan sonriente, es como si te hubiera dado un ictus y la cara se te hubiera quedado así. Es inquietante –se mofó Grace.
Lisa resopló entre molesta e incómoda.
Al poco de tomar asiento los alumnos de primero entraron en el Gran Comedor en fila de dos, mirando con asombro el techo mágico y las velas flotantes, y al mismo tiempo nerviosos e intimidados por las miradas del resto de alumnos.
-Mira, ahí está Max –Lisa lo saludó con una sonrisa.
El muchacho de unos once años, de pelo castaño oscuro y grandes ojos color miel, le devolvió la sonrisa y luego saludó a Will con alegría.
-Vaya, parece que ya conoces a su familia –sonrió Elyon.
-Sí, bueno –Lisa se sonrojó-. Al poco de empezar a salir me invitó a una comida familiar. Estaban todos allí. ¡Pase mucha vergüenza! Me los presentó a todos, hasta a los padres de Mark.
-¿Y cómo son?
-Pues la verdad, es que toda su familia es muy agradable. Yo creo que Mark es adoptado o se cayó de la cuna de pequeño.
-¡Que burra! –rio la semielfa.
-Que conste que eso lo dijo Elena –rio la morena-, es una chica maja, a pesar de la mala fama que tiene en la escuela. Por cierto… Jason preguntó por ti –musitó.
-¿Y qué le dijiste? –Elyon sentía curiosidad, le había caído bien, incluso puede que llegara a gustarle un poco, pero le robó su primer beso tras la fiesta.
-Pues no pude decirle nada, Will saltó enseguida de malos modos. No le gustó nada cómo se portó contigo.
-Qué protector –comentó Elyon sorprendida.
-Sí, es un cielo –Lisa buscó a Will en la mesa Slytherin y le sonrió con cariño, aunque algo tímida.
Elyon miró hacia la mesa de profesores. Estos miraban con interés a los nuevos alumnos. Localizó a Snape, que estaba junto a Zelda. El joven profesor había cambiado su ropa de trabajo, ahora llevaba una camisa abotonada, también negra, de cuello mao, con los bordes y los puños de color verde oscuro, casi negro. La capa también era diferente, aunque de color negro, ahora le caía también sobre el pecho, los hombros y parte de los brazos, ya que parecía tener un corte por el cual pasar los brazos. Zelda hablaba muy pegada al profesor, casi susurrándole al oído, Snape le contestaba con una media sonrisa. Elyon hizo una mueca de fastidio al ver que la mujer tenía una de sus manos colocadas bajo la mesa, seguramente apoyada en una de las piernas del hombre, y eso con suerte… la joven se sonrojó al comprender hacia dónde se dirigían sus cavilaciones y apartó la mirada con enfado, le fastidiaba mucho verlo en compañía de Zelda.
El sombrero, colocado en el taburete frente a la mesa de profesores comenzó a cantar, captando la atención de la semielfa. Ella se quedó boquiabierta, sabía que podía hablar, pero cantar…
-No me acordaba de que nunca habías visto una Selección para los nuevos alumnos –comentó Lisa al ver su cara de asombro.
-Sabe cantar –musitó atónita.
-Más que eso, compone él las canciones, cada año es una diferente.
-Me estás tomando el pelo –Elyon alzó una ceja.
-No, para nada. Tú piénsalo, un año entero guardado… ha de tener tiempo de sobra para pensar en la letra. Además, siempre lleva un mensaje dirigido a los estudiantes.
Elyon torció una sonrisa. Una vez el sombrero acabó su canción, todos los alumnos aplaudieron y acto seguido McGonagall se colocó junto a él con una larga lista en las manos, y uno a uno fue nombrando alumnos, que se sentaron en el taburete y esperaron pacientemente a que el sombrero les dijera su Casa.
-Marti, Maximiliam –llamó la profesora.
Lisa dio un bote en su sitio atenta a lo que iba a pasar. Elyon buscó a Will, que casi se había puesto de pie para ver mejor.
-¿Dónde crees que entrará? –preguntó la semielfa curiosa.
-Sin duda alguna en Slytherin, como el resto de su familia –contestó su amiga.
El sombrero se movió sobre la cabeza del chico y abrió la boca, similar a un enorme corte en la vieja tela.
-¡Slyherin! –anunció.
La mesa estalló en vítores y Max bajó con rapidez del taburete para ir junto a su hermano, que le revolvió el pelo con alegría.
-Te lo dije –rio Lisa.
El grupo de alumnos de primero se fue reduciendo.
-Tonitini, Andy.
Un chico rubio ceniza y de paso nervioso se sentó en el taburete.
-¿Ese es el hermano de Johnny?
-Yo diría que sí, no conozco a ningún otro Tonitini en Hogwarts –comentó Elyon.
-¡Ravenclaw!
-Ahí va… -musitó Lisa.
-Tengo la sensación de que a Johnny no le va a hacer gracia.
Ambas buscaron a su amigo en la mesa de Hufflepuff. No parecía para nada sorprendido o decepcionado, es más, tenía dibujada en el rostro una sonrisa torcida, de resignación.
Tras los primeros platos, Will se sentó junto a Lisa, a la hora del postre tal como había dicho. Trajo a su hermano con él, que no pareció intimidado por sentarse en la mesa Gryffindor tras la elección del sombrero.
-¿Hay alguien en tu familia que no sea Slytherin? –preguntó Elyon.
-Pues ahora que lo dices… no, al menos por familia directa.
-¿Qué? ¿Con ganas de empezar? –le sonrió Lisa.
-Pues sí, tengo ganas de comprobar si lo que he estudiado hasta ahora lo he estudiado bien.
-¡¿Has estado estudiando antes de entrar en Hogwarts?! –Grace se sentó junto a Elyon.
-He estado leyendo los libros y trabajos de mi hermano de años anteriores –se explicó el chico- Así no me vendrá todo de nuevo.
-Así que le has dejado hasta tus trabajos –comentó la pelirroja-. A mí también me habría gustado tener un hermano mayor para copiarle los trabajos.
-No te confundas, no necesita copiarme los trabajos, él los hará mejor. Es más listo que yo –aclaró Will.
-No empieces, por favor –el muchacho se sonrojó.
-¡Oh, vamos! No seas tonto, suerte que tienes de aprender tan rápido –rio su hermano sirviéndose un trozo de pastel.
Los demás lo imitaron.
-Aún no me creo que estéis saliendo –comentó Grace- ¿Cómo no me di cuenta? Suelo tener mucho ojo con estas cosas.
-Sí, seguro –se burló Lisa.
-No, en serio. Normalmente me suelo dar cuenta de cuando alguien está colado por otra persona. Como por ejemplo Remus, que no le quita el ojo a Elyon.
La chica se atragantó al tragarse accidentalmente un bollito de chocolate sin masticar. Tuvo que beber un largo trago de zumo de calabaza para no ahogarse.
-¡¿A qué ha venido ese comentario?! –le dijo entre toses y con la garganta dolorida.
-Solo es la verdad, no hace falta que te sonrojes –insistió Grace.
-Si estoy sonrojada es porque casi consigues que me ahogue –aclaró la chica- ¿Por qué te gusta tanto inventarte las cosas?
-No me las invento, simplemente me fijo en lo que pasa a mi alrededor ¿Quieres que te dé mis razones? Muy bien. Remus siempre está escribiéndote cartas, se preocupa muchísimo por ti. A pesar de lo lejos que está y de que supuestamente no puede haber visitas a los alumnos, consigue verte a la mínima oportunidad, sobre todo si tienes algún problema, entonces se presenta en el acto ¿Y cuánto hace que lo conoces? ¿Apenas un año? –expuso Grace con seriedad.
-Creo que Grace tiene razón –comentó Lisa.
-Ídem –respondió Will.
-Hasta yo veo que tiene razón, y ni conozco a Remus –dijo Max sin levantar la vista de su pastel.
-Remus es solo un amigo –insistió ella.
Sus amigos no lo entendían, no lo entendían porque ella no podía explicarles por qué se habían hecho amigos ¿O tal vez ahora sí podía? Ni hablar, si les contaba la verdad seguro que ellos…
-Elyon cálmate, simplemente te estábamos comentando lo que sin duda parece que pasa. No te estamos obligando a salir con él solo porque le gustes, si no es mutuo… ¿No lo es, verdad? –Lisa alzó una ceja.
-¡No! Bueno… ¡Basta, me estáis liando! –se llevó las manos a los oídos en señal de que no quería escuchar nada más.
Grace y Lisa se miraron con una sonrisilla. Johnny llegó en ese momento, acompañado también por su hermano, un chico muy mono, delgaducho, de aspecto nervioso y con carita de ratón.
-¿Qué me he perdido? –quiso saber al sentarse al lado de Grace.
-¿No nos vas a presentar a tu hermano? –Lisa frunció el ceño por su falta de educación.
-Este es Andy. Andy, estos son mis amigos –se apresuró- ¿Y bien?
Lisa puso los ojos en blanco.
-A Remus le gusta Elyon, y Elyon no sabe si le gusta Remus –resumió Grace.
-Vale, ahora cuéntame algo que yo no sepa –comentó Johnny aburrido.
-¿También lo sabías? –la pelirroja lo miró alzando una ceja.
-¿Por quién me tomas? Es tan obvio que lo que no sé es como Elyon no se había dado cuenta aún.
-Tampoco era tan obvio –musitó Lisa mirando a Will.
-¡Oh, vamos! Hay que estar realmente cegato o ser muy cortito para no ver que Remus se desvive por ella por cualquier nimiedad sin importancia –el hufflepuff los miró indignado por su falta de observación.
-Bueno, tal vez estaban demasiado ocupados reconociendo si se gustaban entre ellos para darse cuenta de lo que pasaba. A diferencia de ti, que por lo que parece, tienes tan poca vida privada que no tienes otra cosa que hacer que observar la de los demás –contestó Max defendiendo a su hermano y a la novia de éste.
Johnny se quedó con la boca abierta. Grace contuvo la risa.
-¿Pero este crío de dónde ha salido? ¿No sabes que no se les contesta así a los mayores? –el hufflepuff lo miró con ira contenida.
-Dudo mucho que tengas la madurez suficiente para poder ser considerado mayor que yo –el chico le dio un trago a su vaso sin ni siquiera mirarle a los ojos.
-Max uno, Johnny cero –bromeó Grace.
El joven se levantó golpeando la mesa con las manos y se alejó de allí refunfuñando.
-Qué sabrá un niñato de primero sobre madurez –le escucharon decir entre dientes.
-Will, adoro a tu hermano, creo que me he enamorado –Grace intentaba calmar su risa. Max la miró sonrojándose-. Platónicamente, no te asustes. Los prefiero un poco más mayores. Pero es que eres el primero que deja a Johnny así de planchado.
-Eso es verdad –comentó Andy, que seguía sentado a la mesa.
Y riendo se levantó y volvió a la suya.
-Bueno, el primero en dejarlo planchado, pero el segundo en dejarlo en ridículo –sonrió Elyon acordándose de los piques entre el muchacho y Snape.
Tras la cena, los alumnos de primer curso fueron los primeros en levantarse e ir hacia los dormitorios, el resto de esperó un poco más.
…..
Las velas de la habitación casi se habían consumido por completo. Zelda clavó las uñas en la espalda del joven con un sonoro gemido, cuando sintió que una intensa oleada de placer la invadía, una sensación, que por desgracia, duró pocos segundos. Jadeante buscó los labios del chico, y los besó con fiereza, rodeando con más fuerza su cintura con sus piernas. Impidiendo que se alejara de ella como hacía siempre que quedaba satisfecho.
-Creí que ya no volverías a buscarme –le susurró cuando separaron su labios.
-Y no lo he hecho, has sido tú quién me ha venido a buscar –la corrigió él echando un poco la cabeza hacia atrás para poderla observar mejor.
Ambos estaban sentados en la cama, Zelda estaba a horcajadas sobre él. Él intentó quitársela de encima para levantarse, pero ella se lo impidió.
-No te hagas el interesante. Ya sé que tu orgullo te impide arrastraste y suplicar…
-Todo lo contrario que tú, que me llevas suplicando desde que volviste al castillo –medio rio él rodeando con sus brazos la cintura de la mujer.
-Sí, y por fin he captado de nuevo tu atención –sonrió la mujer besándole el cuello.
-¿Y por qué la mía precisamente?
-Porque eres lo más interesante que hay por los alrededores y esto se te da especialmente bien ¿O realmente crees los rumores que cuentan de mi los estudiantes? –Zelda lo miró divertida.
Snape alzó una ceja con mofa.
-Una charla muy esclarecedora. Ahora, ¿me dejas irme? –cogió a la mujer de la cintura para que se levantara.
-Aún no –le mordió el cuello cerca de la mandíbula, haciendo que el chico se estremeciera- Sé que no has acabado del todo, y que muy en el fondo, no quieres irte.
La mujer comenzó a mecerse sobre él, que cerró los ojos con un placentero suspiro. Snape se movió con brusquedad y quedó sobre ella, apresándola contra la cama. Ella sonrió, le encantaban las pequeñas batallas que tenían para ser el que manejara la situación. El joven cogió las contorneadas piernas de la mujer y la atrajo hacia su cadera. Zelda gimió con cada roce, mientras él besaba su cuello entre los mechones de pelo rojizo, un pelo que le olió a limón.
…..
A la mañana siguiente se repartieron los nuevos horarios, y como el año pasado, Elyon tuvo el doble de clases. Por lo visto las horas suplementarias de Historia de la Magia, Adivinación y Astronomía se habían convertido en más horas de las asignaturas en las que aún debía ponerse al día.
-¿Cuánto tiempo vas a seguir con ese odioso horario? Casi no podemos vernos durante la semana –le dijo Lisa apenada.
-Espero que poco, a mí también me fastidia, tengo tantas cosas que hacer que apenas duermo.
Su amiga se colgó la bandolera del hombro. El retorno a las clases resultó algo duro, después de las vacaciones costaba mucho volverse a centrar en las explicaciones de los profesores. Pero el frío volvió con rapidez, y los alumnos dejaron de tener ganas de salir a los terrenos con tanta frecuencia. Una mañana el pasillo del cuarto piso se llenó de gritos.
-¡Elyon, Lisa! ¡Tenéis que venir! –Sharon llegó corriendo hasta ellas- ¡Tonitini se ha metido en problemas!
Las tres corrieron hacia el tumulto y se abrieron paso entre la gente. El hufflepuff se estaba gritando con cinco slytherins, uno de los cuales parecía un gorila, y otro era Mark. Johnny tenía la varita en la mano, listo para atacar o defenderse.
-¡Sabemos que fuiste tú! ¡Y no creas que te vas a ir de rositas! –le gritaba Mark.
-¡Deja de chupar sapos, Mark! ¡No es sano! –le respondió el chico- ¡Yo no he hecho nada, no tenéis pruebas para acusarme!
El gorila dio un paso al frente y el hufflepuff lo apuntó con la varita sin vacilar.
-Tócame y será lo último que hagas con esas manazas.
Elyon se interpuso entre ambos antes de que pasara alguna desgracia.
-Tú no te metas –le dijo Mark.
-Yo me meto dónde me da la gana, sobre todo si amenazáis a mi amigo –le espetó.
-¡Él se lo ha buscado!
-Eso antes has de demostrarlo, hasta entonces, vete a lamerte las heridas de lo que quiera que te haya pasado a otra parte –cogió a Johnny de los hombros y lo sacó del círculo de estudiantes que se había formado.
Estos se apartaron para dejarles paso.
-¡Cuidado! –gritó Lisa.
Elyon sacó con rapidez la canalizadora y se cubrió con un hechizo, que desvió el ataque de Mark. Cuando iba a devolvérselo como acto reflejo, una mano sujetó su muñeca impidiéndole realizar el movimiento. Al girarse se topó con unos ojos negros que la miraban con severidad.
-Ustedes tres, a mi despacho ahora mismo –Snape soltó su muñeca y caminó hacia las escaleras.
-Mierda –musitó Johnny.
Lisa los miró con preocupación. Elyon le hizo un ademán para que se calmara y volviera a clase, aunque obviamente su amiga no se quedó tranquila. Estaba claro que se iban a llevar un castigo, a pesar de que realmente no había pasado nada, aunque por poco.
-¿Y bien? ¿Alguno de ustedes puede explicarme qué ha pasado? –Snape los miró detenidamente uno por uno cuando estuvieron en su despacho.
-Tonitini es quién hizo las fotos en Halloween, es más, me atrevería a decir que fue él quien nos puso la poción en las copas –explicó Mark con enfado.
-¿Y en qué te basas, listillo? –interrumpió Johnny de mal humor.
-Señor Tonitini –le amenazó el profesor.
-Un par de slytherins le vimos sacando fotos en la ceremonia de Selección…
-¡Ni que fuera el único alumno con cámara! –protestó el hufflepuff.
-Señor Tonitini, cállese –le espetó el profesor.
Elyon le dio un codazo para que no empeorase las cosas.
-Pero tenemos, además, un testigo que vio como recibías las fotos de Halloween –sonrió el slytherin.
Johnny se quedó pálido.
-¿Así que estabais peleando por esa chorrada de las fotos? –Elyon los miró sorprendida.
-Señorita McWilliams, ¿me está diciendo que se metió en medio de una pelea sin saber de qué se trataba? –Snape la miró con incredulidad.
-Simplemente estaba defendiendo a mi amigo –contestó con determinación.
-Muy bien, se le restarán diez puntos a Hufflepuff y cinco a Slytherin por la pelea en el pasillo. Y cinco más a Gryffindor por inmiscuirse en asuntos ajenos. Tonitini me acompañará al despacho del director para hablar sobre esas fotos, ustedes dos pueden irse –los despidió con un ademán.
Mark se apresuró en salir del despacho con una sonrisa triunfante.
-¡No es justo! ¡Él empezó la pelea! ¡Tendría que perder, como mínimo, tantos puntos como yo y ser castigado si a mí también me castigan! –lo encaró Johnny.
-Si se considera inteligente, no volverá a replicarme, por su bien –le amenazó Snape.
El chico apretó los labios con enfado llevándose instintivamente la mano a la nariz.
-Pero tiene razón, no es justo –le apoyó Elyon.
-Señorita McWilliams, yo que usted saldría de aquí antes de que cambie de opinión y los castigue a ambos –Snape la miró a los ojos con frialdad, manteniéndole la mirada.
"Al final, las consecuencias de la broma de Halloween te estallarán en la cara, y no permitiré que me vengas a llorar" la voz del chico resonó en su cabeza.
Ella despegó los labios con gestó de indignación y salió de allí apretando los puños.
Cuando la chica cruzó la puerta Johnny se acercó al escritorio de Snape. Este lo miró con el ceño fruncido. El joven rebuscó en su túnica y sacó algo de ella dejándola en la mesa con un golpe secó.
-Te quejas mucho de las cámaras de fotos. Pero sin ella, no hubiera podido sacar esta fotografía tan enternecedora. Pensaba enviártela por carta, pero creo que en persona es más divertido –rio el tejón con desafío cruzándose de brazos.
Snape miró la fotografía que le había dejado en la mesa. Reconoció el sofá de la caseta del camping. En él estaba durmiendo Elyon, abrazada a él, que también dormía. Vio a Elyon acurrucarse un poco más junto a él, y como él mismo la rodeaba con los brazos. El profesor cogió con ira la foto del escritorio arrugándola en su mano.
-¿Quieres seguir jugando? –Snape lo miró con la mirada calmada, calculadora- Vale, juguemos.
…..
Elyon se reincorporó a la siguiente clase. El grupo se preocupó bastante cuando la joven les explicó lo de las fotos.
-Nos van a descubrir, ya verás –gimió Grace.
-No lo creo, Johnny no se delatará con facilidad –contestó Will.
-Tenemos que encontrar a ese supuesto testigo, si sabía que Johnny tenía las fotos, seguro que era un hufflepuff –murmuró Elyon.
-¿Y qué quieres hacer? ¿Amenazarlo para que no diga nada? –Grace la miró sin comprender.
-Pensad un poco. Sabemos que Johnny no envió esas fotos, pero hay alguien que sí lo hizo y, por lo tanto, sabía dónde las escondía, así que…
-¡Será el culpable de enviarlas y no Johnny! –la pelirroja sonrió con los ojos brillantes.
-Qué hábil, Sherlock –se mofó Lisa-. Al menos así Johnny se librará del castigo, porque que hiciera las fotos es una cosa, y que prepara la poción otra muy diferente.
-¿Snape y Johnny se quedaron solos en el despacho? –Will habló de repente.
-Sí, ¿por? –contestó Elyon.
-Porque me da miedo lo que puede llegar a pasar después de lo de este verano.
-Con un castigo rondándole, no creo que sea tan idiota de tocarle las narices a Snape –comentó la semielfa.
Todos se acordaron de lo pasado en el camping, cuando el muchacho consiguió que el profesor le rompiera la nariz y le golpeara en la espalda quemada, haciendo que se retorciera de dolor durante quince minutos. Suspiraron, no tenía remedio. Cuando Johnny se lo proponía, podía ser realmente estúpido, había días en los que se superaba a sí mismo.
Corrieron a buscar a los compañeros de Johnny, por si alguien sabía algo. Esther Madox los llevó hasta los compañeros de habitación del chico, estaban todos en la biblioteca. Lisa fue la que habló, les expuso el problema de forma que ninguno de ellos se sintiera acusado. Aunque ninguno de los jóvenes contestó. Elyon sabía que si el culpable estaba entre ellos, desde luego no tenía ninguna intención de delatarse. Así que decidió usar la Legeremancia, simplemente para averiguar quién de ellos estaba nervioso. Se concentró, y poco a poco escuchó las voces de los cinco en su cabeza. Al principio solo eran susurros, pero enseguida pudo escucharles con claridad. Cuatro de ellos estaban intentando recordar si habían visto algo, pero el quinto estaba nervioso, muy muy nervioso, no dejaba de pensar en cómo salir de la biblioteca con disimulo.
-¿Te apellidabas Malcom, verdad? –le preguntó Elyon.
El chico se señaló con un dedo, nervioso. La joven asintió.
-Sí, Thomas Malcom –respondió finalmente.
-¿Puedes acompañarme un momento? –le preguntó con una sonrisa amigable.
El hufflepuff se levantó de un salto y echó a correr, pero Will le cortó el paso y lo cogió del brazo.
-De eso nada –le dijo el slyhterin de mal humor.
…..
Snape sonreía complacido, por fin los alumnos de su casa estaban demostrando algo de inteligencia y habían conseguido pruebas contra uno de los amigos de la semielfa. Y si caía él, caerían todos, y por fin podría ponerles a todos un castigo a medida, sobre todo a Tonitini.
-Señor Tonitini, por favor, ya llevamos demasiado tiempo discutiendo el tema -le dijo Dumbledore con seriedad.
-Ya le he dicho que no tengo nada que ver con el asunto de Halloween. Sí, tengo una cámara, pero hay más alumnos que también tienen una. Mark solo me ha acusado porque no nos llevamos bien, simplemente porque me tiene envidia porque yo tengo cerebro siendo guapo y él no –Johnny estaba sentado con los brazos cruzados y muy serio.
Snape lo miró con desagrado. Y por un momento no supo si Dumbledore se iba a echar a reír o lo iba a regañar por su comentario insolente. Tenía la sensación de que haría lo primero. Tocaron a la puerta antes de que el director pudiera contestar. Elyon asomó la cabeza con timidez.
-Profesor Dumbledore, tenemos la prueba de que Johnny es inocente –anunció.
El anciano hizo un ademán para que pasara, y tras ella entraron Thomas, Will, Lisa y Grace. La semielfa le hizo una señal con la cabeza al hufflepuff para que empezara a hablar. Pero el chico no parecía muy dispuesto a hacerlo.
-Vamos, Thomas –insistió con enfado.
-Yo… yo… -musitó-. Yo envié las fotos a los alumnos, profesor.
Snape frunció el ceño con enfado, adiós a su castigo ejemplar. Dumbledore juntó las yemas de sus dedos en gesto pensativo, mirando al chico con calma animándolo a proseguir con su relato.
-Verá… los slytherins siempre me han tratado mal por ser un hufflepuff y además hijo de muggles, así que cuando encontré las fotos, no dudé en enviarlas, para que ellos también supieran qué se siente al ser humillado. Pero luego vi lo que le pasó a la lechuza y me asusté, y cuando Mark y sus matones me interrogaron acusé a Johnny.
-¿Y por qué lo acusó, no es amigo suyo? –le preguntó el director.
-Sí, pero él hizo las fotos, y cuando vi que después de unos días no las sacó del cajón, aproveché pensando que se había olvidado de ellas.
Dumbledore miró a Johnny con el ceño fruncido.
-Bueno, vale, yo saqué las fotos, pero en ningún momento mi intención fue enviarlas –admitió el tejón con un murmullo desviando la mirada.
-Me temo que tendré que castigarlos a ambos y restar cuarenta puntos a su casa. Al señor Tonitini por no respetar la intimidad de sus compañeros al hacerles fotos sin permiso dentro del colegio con intención de mofa, y al señor Malcom por robarlas y enviarlas, provocando varios tumultos, con el resultado de la muerte de una lechuza entre otras cosas –ambos bajaron la cabeza-. Tonitini será castigado a limpiar la Sala de los Trofeos durante todo el curso cada vez que esta lo requiera. Y respecto a usted, señor Malcom, le informaré del suyo cuando lo haya decidido, ya que su falta es mucho más grave.
-Sí, señor –contestaron al unísono.
Todos empezaron a salir del despacho cuando el director llamó a Elyon.
-Señorita McWilliams, aguarde un momento, por favor.
Sus amigos la miraron preocupados antes de bajar las escaleras. Snape pasó junto a ella mirándola con enfado.
-Que sepas, que no te iré a llorar, sé arreglármelas sola, como puedes comprobar –le susurró al chico con una sonrisa de autosuficiencia.
-Eso está por ver –le contestó él antes de irse con su capa ondeando tras él.
-¿Sí, profesor? – se sentó en una de las sillas frente al escritorio del director.
-Defiendes a tus amigos con uñas y dientes, ¿verdad? –sonrió, Elyon torció una sonrisa- ¿No crees que te aprecian lo suficiente como para no abandonarte si les cuentas la verdad?
-Prefiero no arriesgarme –contestó ella borrando su sonrisa.
-Dejando de lado ese tema, creo que el uniforme empieza a venirte pequeño –comentó señalando su túnica que ya le quedaba corta, y el jersey más ceñido a su cuerpo de lo habitual.
-Un poco señor, en verdad se me está quedando pequeña la poca ropa que tengo –contestó avergonzada.
-Menos mal que te encargué un nuevo informe para este año, que creo que ya estará listo, igualmente deberías ir a probártelo por si hay que hacer algún retoque más ¿Te va bien algún fin de semana del mes que entra?
-Sí, no tengo nada importante que hacer, a parte de las clases –contestó- Y ya que tengo que ir a Londres a por el uniforme, ¿podría también mirar algo de ropa de diario para el invierno?
-Por supuesto.
-¿Y podrían acompañarme Lisa y Grace? –los ojos de Elyon se iluminaron.
-Me temo que tendrías que elegir a una de las dos, no creo que al profesor Snape le apetezca mucho vigilar a tres chicas adolescentes que van de compras –rio.
-¿Snape también tiene que venir? –preguntó ella torciendo el gesto.
-Por lo que sé, sigue siendo tu Protector, así que… ¿Lo dudabas en algún momento?
Elyon negó con la cabeza, pero por una vez, no se sintió molesta por que Snape tuviera que acompañarla. A la salida del despacho la esperaban sus amigos.
-¿A pasado algo? –quiso saber Lisa de inmediato.
-No, tranquila, simplemente tengo que ir a Londres a por mi nuevo uniforme… ¡Y además me dejan ir de compras acompañada! –exclamó feliz.
-¡Genial, me apunto! –gritó Grace- ¡Me encanta ir de compras!
-Este es uno de esos momentos en los que me muero por soltar un comentario machista –se mofó Johnny, ganándose una mirada de desaprobación de Will.
-El único problema es que solo podéis venir una de las dos –añadió Elyon.
-¿Qué? ¿Por qué? –la pelirroja frunció el ceño indignada.
-Porque Snape no quiere aguantarnos a las tres de compras –explicó.
-¿Viene Snape? Lisa, te cedo el privilegio –se apresuró a decir la chica.
La morena la miró dubitativa.
-¿Vendrás, verdad? –Elyon le puso cara triste-. No me hagas ir sola con él… Menuda vergüenza.
-Pero solo porque me pones esa cara a la que sabes que no me puedo negar –accedió-. No me hace ganas ir a ningún sitio si tengo a Snape pegado a mi nuca.
-No es para tanto. Me acompañó a hacer las compras navideñas y fue bastante paciente. Y también me acompañó este verano a por ropa.
-¿Es que no puedes ir a ningún sitio sin él? –Johnny no terminaba de comprenderlo.
-No fuera de este castillo.
-Tus padres son lo peorcito –resopló Grace.
Elyon se encogió de hombros. Algún día se lo explicaría todo, algún día.
…..
Eizen le trajo una pequeña nota en el desayuno. Era de Dumbledore, en ella venía escrito a mano el nuevo horario del sábado, había sustituido las clases de Oclumancia y Legeremancia por tres horas en su despacho. Por una parte se alegró, esas dos clases no le gustaban en absoluto, siempre le ponía nerviosa estar tan cerca de Snape, exponiéndole voluntariamente su mente y recuerdos. Así que se las saltaba a la mínima oportunidad, aunque eso supusiera tener que soportar los largos sermones del chico sobre responsabilidad, buen uso y autocontrol.
Tocó a la puerta con los nudillos, y la voz afable del director la invitó a entrar. Ella tomó asiento frente a él.
-Buenos días –saludó ella.
-Buenos días, espero que estés descansada –le sonrió.
Ella se encogió de hombros dando a entender que estaba bien.
-Verás, el profesor Snape me ha comentado que no sueles asistir a sus clases de Oclumancia y Legeremancia –Elyon bajó la cabeza esperando la reprimenda-, y que él no tiene intención de perder las mañanas de los sábados esperando a que asistas. Así que he decidido sustituir esas clases por otras, porque igualmente el profesor Snape cree que ya has aprendido lo suficiente, aunque de vez en cuando tendrías que quedar con él para practicar. Eres Legeremante, y esa habilidad es un arma de doble filo, no lo olvides.
-¿Entonces ya no habrá más clases los sábados por la mañana? –se atrevió a sonreír.
-Sí, me temo que seguirás teniendo, aunque creo que estas te gustarán más –el anciano sonrió.
Cogió un pesado volumen que tenía a su lado y lo colocó frente a la chica. Las tapas eran de piel oscura, bastante gastadas. Las letras eran alargadas y estaban escritas en pan de oro, o eso le pareció a ella. Lo abrió. El interior estaba escrito a mano, con la misma caligrafía que la portada de piel. Y el texto estaba adornado con orlas de hojas y flores, así como con delicadas ilustraciones a color. Las hojas eran de pergamino grueso color crema, más amarillento por los bordes. El libro crujió cuando ella lo cerró con cuidado, parecía un libro muy antiguo.
-¿Qué es? –preguntó curiosa.
-¿No puedes leerlo? –le preguntó el anciano extrañado.
-No ¿Debería poder leerlo?
-Tenía la esperanza de que así fuera –suspiró-, es la historia de tu pueblo, y como tal, está escrita en élfico.
-Apenas sé un par de palabras en élfico, mucho menos leerlo. Mi padre no me enseñó gran cosa.
-Entonces debemos comenzar por lo básico, aprender a hablarlo con fluidez y también a leerlo, para que puedas sacarle provecho a este pequeño tesoro que me han prestado –Dumbledore colocó una mano sobre el libro.
Elyon lo miró sin comprender muy bien todo aquello.
-¿Por qué clase me ha sustituido exactamente Oclumancia y Legeremancia?
-Por Cultura Élfica –contestó-. Según tengo entendido sabes más sobre muggles que sobre magos y elfos. Y como ya tienes Historia de la Magia, creí que lo mejor es que también aprendas sobre la historia de los elfos y todo lo que tiene que ver con tu padre.
Elyon asintió con una pequeña sonrisa.
-Bien comencemos.
La semielfa lo miró frunciendo el ceño, y asintió.
-No, contéstame en élfico –sonrió el director.
-Emmm… Sí –musitó ella.
-¿Cuánto sabes hablar, mucho, poco? ¿Puedes mantener una conversación sencilla?
-Pues… solo pocas palabras y… expresiones –consiguió decir ella-. Entiendo en general lo decir, pero no saber contestar muy bien.
-Algo es algo, ¿tu padre no hablaba élfico delante de ti? –le preguntó con curiosidad.
-No, solo cuando estar enfadado o no quería yo escuchar algo –tenía que esforzarse mucho en recordar el vocabulario y cómo montar las frases y conjugar los verbos.
-¿Tu madre lo hablaba?
-Sí, no escuché muchas veces.
-¿Qué es lo que más recuerdas?
-Canciones, mi padre cantaba canciones –recordó ella.
-¡Cántame algo! –le pidió el director emocionado.
-¿Ahora? –Elyon lo miró alzando las cejas.
El anciano asintió. La joven empezó a entonar una canción popular, con voz dulce y melódica. El director quedó absorto escuchando su voz, era como un embrujo muy potente que llegaba hasta el corazón. Era sabido por todos el don de los elfos para las artes, entre ellas la música. Cuando acabó la canción, los ojos de la chica se empañaron al recordar cómo su padre le cantaba cuando era pequeña.
-Cantas muy bien –le sonrió el director.
-Gracias –musitó- Mi padre cantaba mejor.
-No lo dudo. Creo que ahora lo mejor sería perfeccionar tu acento y luego comenzar con la lectura y escritura para que puedas leer este libro. Es un buen resumen de la historia de tu pueblo, lo escogí precisamente por eso, para no hacerte leer toda una enciclopedia con detalles que creo que por el momento no has de saber.
Elyon se lo quedó mirando con una ceja levantada. Se había perdido a mitad de frase. Dumbledore hablaba muy deprisa y con vocabulario complejo para ella.
-No me has entendido, ¿verdad?
-Habla muy deprisa, solo he podido entender el principio ¿Cómo es que usted sabe élfico?
-Hay un dicho: "El saber no ocupa lugar". Es muy útil saber idiomas, y yo suelo tratar mucho con elfos y otras criaturas mágicas. También hablo con fluidez duendigonza y me defiendo bastante bien con el sireno.
Elyon se lo quedó mirando con asombro y admiración.
El resto de la mañana se la pasó intentando hablar aquel idioma, para ella tan complicado, y empezaron con las lecciones de escritura y lectura. Las horas se le pasaron volando y al acabar, Dumbledore le dio unos pergaminos para que practicara la lectura y escritura, y de paso aprendiera nuevo vocabulario. Elyon los escondió en el baúl, no quería que sus amigos los vieran, porque no se le ocurría qué decir al respecto. A medida que pasaron las semanas, su fluidez en el idioma mejoró y pudo empezar la lectura del libro con la ayuda de Dumbledore.
…..
Grace salió haciendo burla del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-Como odio a esta tía. Nos hace quedar a las pelirrojas como unas facilonas –gruñó.
Lisa la miró torciendo el gesto.
-Ojalá el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras estuviera realmente maldito –suspiró la ravenclaw.
-¿Maldito? –preguntó Elyon curiosa.
-Algunos alumnos cuentan que desde hace años esta asignatura está maldita, y que por eso los profesores que la imparten suelen durar solo un año o poco más. Aunque por desgracia, parece que es solo un rumor –explicó Grace con enfado- Zelda lleva aquí cinco.
-¿Sólo parece? Deberías dejar de escuchar todas esas estupideces y centrarte más en las clases y lo que dicen los profesores –bromeó Lisa.
-Sí, sí, ríete. Pero a esta le queda trabajo para largo, y no te hará tanta gracia cuando Will cumpla los diecisiete. Clara me ha contado que Edward Milton va fardando entre sus amigos de haber compartido cama con ella tres veces en esta semana.
-¿Y tú te lo crees? –la morena la fulminó con la mirada, molesta por lo que había insinuado con Will.
-Conoces a Zelda, ¿quién no se lo va a creer? Lo que no sé es por qué los profesores no hacen algo al respecto –suspiró la pelirroja.
Elyon las miró, ella sí que se creía los rumores. La profesora siempre se estaba exhibiendo, sobre todo ante los alumnos próximos al último curso. Recordó la cena de Selección, y como la mujer había tenido la mano perdida bajo la mesa junto a Snape, que le hablaba con una media sonrisa. La chica apretó los labios, borrando esa imagen de su mente. Le molestaba sobremanera pensar que Snape podía llegar a dejarse manipular por la profesora como un chico de quince años hormonado solo porque la mujer llevaba el pecho casi fuera de la blusa.
Tras la cena debatieron si ir a la biblioteca hasta la hora del cierre para hacer los deberes juntos o irse cada cual a su Casa.
-Yo me quedaría, pero hace mucho frío a estas horas –dijo Grace.
-Nosotros nos quedamos –respondió Will pasándole un brazo por los hombros a Lisa.
-Si no os molesta, yo también me quedo –dijo Elyon.
-¿Cómo nos va a molestar, boba? –medio rio Lisa- Nos quedamos a adelantar trabajos, que quede claro.
-Yo también me quedo –dijo Johnny.
Lo malo de la biblioteca era que apenas podían preguntarse las dudas, porque al mínimo susurro la bibliotecaria les llamaba la atención. Cuando salieron de la biblioteca tenían las manos y pies congelados.
-Ojalá pudiéramos encontrar un lugar donde poder estar todos juntos, sin pasar tanto frío –se lamentó Elyon, calentándose las manos con su aliento.
…..
Al irse a dormir se recogió el pelo de tal forma que le cubriera las orejas, ya que había comprobado que dormir con la cinta de pelo era incómodo y además se le movía constantemente. Una mañana despertó sin ella, por suerte ninguna de sus compañeras se había levantado aún.
-Te veo rara desde que empezamos el curso –le dijo Lisa poniéndose el pijama.
-¿Por qué lo dices? –se apresuró a contestar ella.
-No sé, estás muy nerviosa últimamente –comentó- ¿Y por qué siempre llevas puesta ahora esa cinta de pelo? Ya nunca te haces recogidos, y eso que según tú, te encanta. Estás como muy preocupada por no enseñar algo, siempre llevas el pelo suelto.
Elyon se llevó instintivamente la mano hacia las orejas pero paró a medio camino. Qué estúpida, se estaba delatando.
-¿No será un chupetón en el cuello? ¿Estas saliendo con alguien a escondidas? -Lisa se la quedó mirando inquisitiva.
-¡¿Qué?! ¡NO! ¡NO! ¡No, no, no! –se apresuró a contestar poniéndose roja como un tomate, no se esperaba aquello.
-Pues enséñamelo.
Elyon se retiró el pelo del cuello con cuidado de no revelar sus orejas. Había temido por un momento que su amiga la descubriera.
-¿Ves? Nada. No estoy saliendo con nadie.
Lisa frunció el ceño sin convicción.
-Menos mal. Porque si sales con alguien, quiero saberlo. Eres mi mejor amiga, y espero que seas capaz de confiar en mí te pase lo que te pase.
La semielfa la miró con culpabilidad. Se moría de ganas por contarles lo que ocultaba, pero tenía demasiado miedo a su rechazo.
-Tranquila, si en algún momento me cuelgo de alguien serás la primera en saberlo -sonrió Elyon, más tranquila al ver el rumbo que había tomado la conversación.
-Eso espero… Que no me entere que Grace es la primera en saberlo, o mi ira será terrible -le dijo la gryffindor de forma sombría, bromeando a medias.
Su amiga rio y finalmente se fue a dormir.
…..
Johnny las esperaba en la puerta del aula de Transformaciones, junto a los demás hufflepuffs.
-¡Tengo una buena noticia! –les dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Te han levantado el castigo –suspiró Lisa.
-Si a eso lo llamas castigo… ¿Sabes la cantidad de alumnos que castigan a limpiar la Sala de los Trofeos? Dumbledore me castigó a limpiarla cuando lo necesitara, y dado que nunca lo va a necesitar...
Elyon empezó a reír con fuerza ante la mirada de indignación de su amiga.
-¿Cómo puedes tener siempre tanta suerte? –Lisa lo miró con rabia, celosa.
El chico se encogió de hombros con una sonrisa socarrona.
-No, no me han levantado el castigo, pero he encontrado un sitio estupendo dónde podremos estar todos juntos sin que nadie nos moleste –les dijo con sus ojos azul verdoso brillantes por la emoción.
-¿Cuándo? –le preguntó Elyon.
-Ayer noche. Estuve buscando información sobre el colegio y todo eso, y en vez de irme a dormir me fui a averiguar si lo que había leído era cierto.
-Eso, tu tienta a la suerte con Filch, que parece que no te basta con haberte librado de un castigo, que ya quieres otro –bufó Lisa.
La semielfa le hizo un ademán para que se callara.
-¿Y? ¿Qué averiguaste? –Elyon se dobló el meñique, nerviosa.
-¿Tú qué crees? –Johnny alzó una ceja- Obviamente lo encontré, si no, no os lo estaría contando tan emocionado.
McGonagall abrió la puerta del aula y los hizo pasar.
-Después de comer os lo enseño a todos –sonrió el chico.
…..
Los cuatro miraban con expectación la pared completamente lisa.
-¿Y bien? –Lisa alzó una ceja escéptica ante lo que les había contado Johnny.
-Cerrad los ojos y pensad en un lugar en el que podamos estar cómodos –el chico cerró los ojos concentrándose.
Los demás lo imitaron, y al abrirlos de nuevo, vieron frente a ellos una puerta. El hufflepuff se apresuró a abrirla. Una sala enorme apareció ante ellos, era cálida y estaba llena de luz. En el centro había colocados tres sofás, dos sillones con orejeras y un diván. En medio de estos una mesa de café. A uno de los lados había estanterías con infinidad de libros y un par de escritorios con el material necesario para hacer los deberes y trabajos. Al otro lado una puerta. Johnny la abrió y les informó que se trataba de un baño que tenía en el centro una bañera en la que cabía prácticamente todo el equipo de quiddicht de Hufflepuff. Al final de la sala una chimenea de grandes dimensiones calentaba la estancia frente a unos cuantos pufs de aspecto blandito.
-¡Esto es genial! –exclamó Grace- ¡Simplemente genial!
-¿Verdad que sí? –rio Johnny- Y si queréis algo más solo tenéis que concentraros en ello. Así es como funciona la Sala de los Menesteres.
Grace cerró los ojos.
-Jo… qué decepción, esperaba que apareciera una caja de bombones -resopló con fastidio.
-¿Bombones, de verdad? –murmuró el tejón- ¿No crees que deberías cuidar un poco más la línea?
Se llevó una colleja como respuesta.
-Que sepáis que la única cosa que no proporciona la Sala es comida -aclaró Johnny.
-Me vendría con mucho gusto a vivir aquí –comentó Will-. La Sala Común de Slytherin es más fría. Mola tener un acuario gigante pero…
-¿Pero aquí no puede entrar cualquiera? –preguntó Lisa.
-No, una vez entramos la puerta desaparece en el pasillo. En esta sala, tal y como está ahora, solo podemos entrar nosotros porque la hemos ideado así. Además, muy poca gente conoce esta Sala –explicó el hufflepuff.
-¿Podemos traer nuestras mascotas? –preguntó la pelirroja.
-Nuestra sala, nuestras reglas –aclaró él-. Puedes traer y hacer lo que quieras… bueno, prohibido traer a ligues. Vosotros tenéis trato especial porque sois vosotros –señalando a la pareja-. Pero esto no es un picadero.
Lisa se sonrojó. Después de la cena fueron a la Sala de los Menesteres. Estuvieron allí hasta antes de que Filch empezara la ronda. Aunque acordaron quedarse a dormir algún que otro día. La estancia les recordó al camping, estaban todos juntos, algunos estudiando o haciendo deberes, y otros pasando el rato con el ajedrez o leyendo. Ninguno tuvo ganas de volver a la Sala Común.
El sábado, tras el desayuno, Snape alcanzó a Elyon y Lisa cuando iban de camino a la Sala de los Menesteres.
-Pensaba que estarían esperando en la entrada del colegio –les dijo con frialdad.
-¿Por qué? –Elyon frunció el ceño.
-¿Dumbledore no te lo ha dicho? –el chico se olvidó del trato formal.
-¿Decirnos el qué? –se exasperó la semielfa.
-Que hoy tenemos que ir a Londres –respondió él con desgana.
-Ahora entiendo por qué me ha suspendido las clases de hoy –musitó ella- No, no nos lo dijo.
-Pues vayan a por sus abrigos, les espero en la entrada en diez minutos –les dijo con impaciencia y mal humor.
-Puedes tutearnos, después de este verano, creo que ya no es necesario que nos hables como en clase en horario extraescolar –Elyon torció una sonrisa.
Snape la miró con enfado y se fue escaleras abajo.
-No me acostumbro a verlo vestido de muggle –le dijo Lisa.
-Cuesta creer que los profesores tengan vida fuera del colegio –rio la chica-. Pero hay que admitir que la cazadora le quedan bien.
-Supongo… pero sigue siendo Snape –opinó Lisa riendo.
Se dieron prisa por coger sus abrigos y avisar a los demás de su escapada a Londres. No querían que el joven profesor se pusiera de mal humor por esperarlas, ya se le veía bastante molesto por tener que acompañarlas.
