Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.


5º Curso. Capítulo 2

Se aparecieron en un callejón cercano a Whiteleys. Nadie pareció fijarse en que segundos antes, no habían estado allí.

-¿Solo vamos a venir aquí? -preguntó Elyon algo desilusionada.

-Si por mí fuera iríamos a por el uniforme y volveríamos a Hogwarts. Así que no te quejes –le espetó Snape con un gruñido.

La semielfa lo miró con fastidio y se encaminó hacia la entrada de los grandes almacenes acompañada por Lisa. Snape puso los ojos en blanco. ¿Por qué no podía ir con otra persona? Alguien como McGonagall, por ejemplo. Acompañarla a algo así era un suplicio, más aún si la acompañaba uno de sus amigos. Tenía que admitir que se le iba a hacer más cuesta arriba por tener que mantenerse más frío y tirante con ella al no estar solos. Al menos esperaba que no lo liara como de costumbre.

-¿Por dónde empezamos? –le preguntó Lisa cuando entraron en el edificio.

-No tengo ni idea, necesito desde jerséis a calcetines –bufó-. Esto de pegar el estirón es un poco rollo.

-¿Bromeas? Es una excusa genial para comprase ropa nueva –sonrió su amiga-. Bien, si no te decides tú, me pongo al mando. Grace me dio un par de consejos para ti, ya que no ha podido venir.

-¿Consejos para qué? –Elyon alzó una ceja, si la idea era de Grace...

-Para verificar que le gustas a Remus la próxima vez que le veas –rio traviesa cogiéndola de la muñeca.

-¡¿Qué?! –su amiga la arrastró hacia las escaleras mecánicas.

Snape las miró frunciendo el ceño cuando escuchó el nombre del licántropo. Lisa le hizo entrar en prácticamente todas las tiendas, y le hizo probarse una prenda tras otra. Al principio se preocupó, no sabía si llevaba el dinero necesario para comprar tanto, cuando además, no lo necesitaba. Por suerte, su amiga descartó más de la mitad de cosas que le hizo probarse. Snape se limitó a esperarlas fuera de las tiendas leyendo un pequeño libro de bolsillo de tapas oscuras que había llevado con él, dentro de la cazadora. No quería entrar por si le pasaba lo mismo que aquella vez en la tienda de uniformes, cuando Dumbledore intentó que diera su sincera opinión sobre cómo le quedaba el vestido a Elyon. No quería dar su opinión para nada referente a la semielfa, sabía que desde antes del camping su visión respecto a ella había ido cambiando, pero desde el verano, estaba seguro de que si no iba con cuidado, podía acabar dando una respuesta, o tener una reacción, propia de un crío de dieciséis años.

Elyon pensó que se iba a morir de vergüenza cuando Lisa la hizo entrar a la fuerza en una tienda de lencería. La gryffindor argumentó que necesitaba ropa interior nueva, se había fijado en que le había crecido el pecho en el último año, y obviamente no iba cómoda con los sujetadores que tenía. La semielfa tuvo que morderse la lengua porque sabía que tenía razón, pero yendo con Snape no le hacía gracia entrar. Afortunadamente pareció que el chico ni se dio cuenta mientras proseguía con la lectura.

-Creo que ya hemos hecho la ronda completa –Lisa frunció el ceño pensativa.

-Pues entonces no hemos tardado tanto –Elyon torció una sonrisa.

-¿Tú crees? Porque ya es casi mediodía –contestó Snape de mal humor-. Vamos al Callejón Diagón, si nos damos prisa podremos comer en Hogwarts.

-Dijiste que no iba a ser borde –le susurró Lisa a su amiga, con fastidio.

-No. Dije que tiene paciencia, no que sepa contestar sin sonar borde –le aclaró.

-¡Vamos! –les gritó saliendo del edificio.

Las dos lo alcanzaron. El aire frío les golpeó la cara y se abrocharon las chaquetas.

-Hace más frío que esta mañana –comentó Lisa mirando el cielo, que se estaba llenado de nubes grises- ¿No se pondrá a nevar, verdad? Aun no es época.

-Otra razón más para que os deis prisa –Snape buscó un lugar discreto en el que poder desaparecerse.

Lisa miró a Elyon con indignación. La semielfa se encogió de hombros a modo de disculpa. Con ella era mucho más amable que con el resto, aunque para eso debían estar a solas.

Sus pies tocaron la calle de adoquines. La morena agarró con fuerza el brazo de Elyon, se mareaba mucho en las apariciones. Fueron directamente a la tienda de Madame Malkin. La puerta de la tienda golpeó una pequeña campana anunciando su entrada.

-¿En qué puedo ayudarles? -le preguntó la dependienta, una mujer mayor, regordeta, y que llevaba en la muñeca un alfiletero.

-Venimos a recoger el uniforme que encargó el profesor Dumbledore –le dijo Snape.

-Pasa al probador jovencita –le dijo la mujer a Elyon.

-¿Cómo sabe que es para mí?

-Tu amiga es demasiado alta para ese uniforme –sonrió la bruja.

Lisa se mordió el labio conteniendo la risa. La semielfa la miró algo enfadada, odiaba cuando la llamaban bajita. Estaba en la media humana para una chica de su edad, y si no lo estaba, solo le faltaban unos escasos centímetros, eran los demás quienes eran demasiado altos.

La modista le ajusto el largo de las mangas y los bajos de la túnica de trabajo. Y en un santiamén, ya tenía un uniforme nuevo de la talla correcta, con el que no se sentía agobiada.

De camino al Caldero Chorreante a la joven le pareció ver a alguien conocido en una de las tiendas. Cogió a Lisa del brazo y señaló con el dedo.

-¿Es quién creo que es? –le dijo sonriendo.

Su amiga asintió con una sonrisa y se dirigieron al establecimiento. Snape se sobresaltó cuando vio que las dos adolescentes no lo seguían. Pero no tardó en dar con ellas, estaban de camino a una pequeña tienda vivero.

-Disculpe, ¿podría atenderme? –pidió Elyon con una sonrisa al entrar en la tienda.

El dependiente de pelo castaño con canas se giró. Sus ojos color miel se abrieron con sorpresa al verlas.

-¡¿Qué hacéis aquí? –Remus las miró sin saber qué decir.

-De compras –Lisa levantó las bolsas para que las viera.

-Así que este es tu nuevo trabajo, del que no me querías hablar –Elyon alzó una ceja.

-Sí –contestó él avergonzado, sonrojándose.

-No me digas que no me lo querías decir porque te daba vergüenza trabajar aquí solo por ser tío.

Remus apartó la mirada.

-¡Eso es una tontería! ¿De verdad creías que me iba a reír? ¡Es un trabajo como otro cualquiera! –sonrió ella- Y por eso me alegro mucho por ti, ¿qué más da cual sea?

-Y no solo tienes flores, aquí también hay plantas de todo tipo –Lisa miraba de cerca una especie de cactus lila.

-No lo toques, o se te quedará la mano dormida unas cuantas horas –le advirtió el chico saliendo de detrás del mostrador.

La chica se alejó enseguida de la planta.

-¿Realmente te va tan bien cómo me cuentas? –le preguntó Elyon.

-No, me va mejor. Ya estoy haciendo la mudanza a mi nueva casa, no piso, ¡casa! Con jardín y todo, y lo mejor es que podré conectarme a la red flu –explicó emocionado.

-¡Eso es genial! –Elyon se tiró a sus brazos abrazándolo con fuerza- Te he echado de menos estos meses.

Al chico no le costó nada levantarla del suelo al abrazarla.

-¿Y cómo se ha tomado tu jefe que seas un licántropo? ¿O finges estar enfermo los días de luna llena? –Snape entró en la tienda con una sonrisa cruel.

-No todos los magos son tan indeseables como tú, a algunos no les importa qué seamos –le espetó el chico con rabia.

-Ilumíname –medio rió el profesor.

Elyon y Lisa lo miraron con curiosidad, y solo por eso accedió a contestar.

-La dueña del negocio es una mujer mayor, buena y comprensiva. Y además tuvo la mala suerte de que su nieto de cinco años fuera mordido por un licántropo hace año y medio. Así que entiende bastante bien mi situación. Su hija ha quedado viuda tras la guerra, y ahora está enferma, así que necesitaba a alguien que se ocupara de la tienda para poder cuidar de su familia –explicó.

-Pobre niño –musitó Lisa.

-¿Lo has conocido? –preguntó Elyon, curiosa.

-Sí, es un niño muy bueno y lleno de energía. Tras hablar con su madre y su abuela, probamos en pasar la transformación juntos.

-¿Y? –ambas se mantuvieron a la espera.

-Fue… extraño, era como si nos conociéramos desde hace tiempo y fue agradable. Me sentí más manso, simplemente me centré en el lobezno, que solo quería jugar. Creo que sentí que era parte de una manada o algo así –intentó explicarse.

-Creo que voy a vomitar –Snape entornó los ojos.

-Pues lárgate –le gruñó.

-Sabes perfectamente que no puedo –el profesor miró a Elyon unos segundos-. Venga, vámonos ya, tengo cosas más importantes que hacer hoy que acompañaros a vuestras estúpidas compras.

-No les hables en ese tono –le amenazó Remus.

-No deberías ser tan borde con tus clientes, si alguien se queja a tu encantadora y tierna dueña, podrías perder tu fantástico trabajo –le amenazó Snape alzando una ceja.

El licántropo se adelantó unos pasos para encararlo y la semielfa se apresuró en ponerse entre ambos, para evitar que se enzarzaran como de costumbre.

-¿Está nevando? –preguntó de pronto Lisa mirando el Callejón.

Todos se acercaron a la puerta del negocio. Unos grandes copos de nieve, similares a grandes plumas blancas, caían al suelo y se deshacían.

-Ahora sí que nos vamos, si cuaja quizá no podamos volver al colegio –dijo el profesor con seriedad.

-Por una vez, estoy de acuerdo contigo –resopló Remus-. Iré a verte cuando me sea posible, estoy acumulando días libres por si pasa algo y tengo que ausentarme mucho tiempo.

Elyon se mordió el labio con culpabilidad recordando las navidades pasadas.

-¿Podremos hacerte una visita cuándo estés instalado? –preguntó Lisa.

-Claro, tendré que hacer la cena de inauguración, ¿no? –rio el chico acercándose abrazando a Elyon con cariño como despedida, dándole un fuerte beso en la mejilla.

Snape miró el gesto, asqueado, y salió de allí mientras los tres se despedían. Los grandes copos les cayeron sobre la cabeza una vez en la calle, mojándoles el pelo. Snape le tendió la mano a la semielfa, que la cogió con firmeza. Lisa se abrazó al brazo de su amiga y cerró los ojos.

…..

El aire frio y la nieve les golpeó con fuerza cuando llegaron a su destino. Estaban ante las puertas de la muralla del castillo. La nieve caía copiosa, y las ráfagas de aire les hacían tambalearse.

-En Londres no nevaba tanto, ni hacía este viento –dijo Lisa preocupada, apartándose el pelo de la cara y cerrándose bien la chaqueta.

-Se está preparando una buena ventisca –Snape miró las nubes grises y cómo se zarandeaban los árboles-. Tenemos que llegar al castillo cuanto antes.

-¿Y si nos coge a medio camino? –Elyon lo miró preocupada- ¿No sería mejor ir a Hogsmeade? Está más cerca.

-¿Y una vez allí qué? Solo podríamos estar en Las Tres Escobas. Si la tormenta dura mucho tiempo no podremos volver a Hogwarts hasta Merlín sabe cuándo. Y que yo sepa, no hay ningún lugar en el pueblo dónde pasar la noche, a no ser que acudamos a la hospitalidad de algún vecino.

-Sea como sea, movámonos, hace mucho frío –propuso Lisa encogida.

-Yo sigo diciendo que mejor si vamos a Hogsmeade. Dentro de los terrenos nos será imposible desaparecernos si la cosa se complica –opinó Elyon.

Snape se acercó a ella.

-Si por mala suerte quedamos aislados y atacan cuando estemos en Hogsmeade, puede que no tengas la suerte que tuviste en el camping –le susurró preocupado.

Ya había unos diez centímetros de nieve en el suelo, y el viento cambiante les ralentizaba el paso. El profesor encogió las bolsas de la compra y se las dio a las chicas para que las metieran en sus bandoleras de estudiante. Cuánto menos llevaran encima, menos resistencia al aire tendrían.

Y como Snape había temido, la tormenta empeoró. El viento sopló con más fuerza, cosa que les hizo tener más frío, ya que el aire se colaba por debajo de las finas chaquetas que llevaban. La nieve caía en tal cantidad que a su alrededor solo veían una cortina blanca. El profesor le tendió una mano a Elyon, y esta hizo lo mismo con Lisa para evitar que alguno de ellos quedara rezagado. Al poco tiempo sus dedos se entumecieron. El aire frío les cortaba la cara. De cuando en cuando se secaban la ropa con un hechizo.

-¡¿Dónde estamos?! –gritó Elyon para hacerse oír por encima del viento.

Snape se paró y miró a su alrededor. Solo veía blanco. Había procurado andar en línea recta, pero el viento era un mal aliado, ya que no sabía si se habían desviado por su empuje. Si por mala suerte habían cambiado el rumbo, podrían quedarse dando vueltas por los terrenos hasta congelarse. Elyon soltó la mano de Snape y la metió en el bolsillo, los dedos le ardieron de dolor cuando intentó flexionarlos. Lisa se pegó a su amiga intentando compartir algo de calor corporal para combatir el frío.

-¡Por favor, dime que no nos hemos perdido! –Elyon se apretujó más contra Lisa.

Snape las miró preocupado. Tenía que admitir que no sabía dónde se encontraban, no podía ver nada en medio de esa tormenta. Lo peor era que no llevaban ropa de abrigo para resistir el frío mucho tiempo más, por muchos hechizos que usaran para secarse. Veía cómo las dos chicas tiritaban encogidas, y hasta a él se le estaban helando los pies dentro de las botas. Le pareció ver un destello a los lejos. Mantuvo la vista fija en el horizonte. Sonrió.

-¡Vamos, ya estamos cerca! –les dijo reanudando la marcha.

-¡¿Seguro?! –Elyon lo miró sin mucha convicción, se había percatado de que el chico había dudado antes de responder.

-¡Seguro! ¡Tu pajarraco nos está indicando el camino!

Ella sonrió con alivio. Eizen se merecía algo más que unas meras chucherías lechuciles por aquello. Pero a pesar de que ya sabían hacia dónde ir, el camino se les hacía interminable. Ninguno de los tres se sentía ni las manos ni los pies, y a los brazos y las piernas no tardarían en pasarles lo mismo. Elyon se hundió en un agujero del terreno tapado por la nieve. Lisa la ayudó a salir. Su pelo negro azabache tenía una capa blanca de nieve.

-¡¿Estás bien?! –le preguntó.

-¡Se me han mojado los pantalones! –se quejó ella tiritando, con un torpe movimiento de su canalizadora consiguió secarlos.

Snape le colocó su cazadora de cuero sobre los hombros.

-¡¿Qué haces?! –le dijo Elyon al verlo solo con el jersey, tenía la cara y las manos rojizas, al igual que ellas.

-¡Tienes los labios morados! ¡Creo que de los tres eres la que tiene más posibilidades de congelarse primero!

-¡¿Y tú?! –lo miró con preocupación.

-¡Si no tardamos mucho, podré aguantar!

-¡¿Seguro?!

Él asintió con una pequeña sonrisa, para tranquilizarla. Siguieron caminando. Las chicas caminaron abrazadas, aunque hacían más resistencia al aire, al menos se mantenían un poco más calientes. Ante ellas apareció la enorme silueta del castillo, muy difuminado entre la nevada.

-¡Lo conseguimos! –exclamó Lisa suspirando con alivio.

Eizen revoloteaba con esfuerzo contra el viento para indicarles el recorrido final hasta las puertas del colegio. Elyon se giró feliz, buscando a Snape, pero no lo vio.

-¡Lisa, ¿dónde está Snape?! –preguntó preocupada.

-¡No lo sé, venía detrás nuestro! –Lisa miró a su alrededor buscando al profesor.

-Mierda –musitó la semielfa- ¡Entra en el colegio!

Soltó a su amiga y desandó el camino corriendo. Lisa la siguió buscando también al chico. Había muchísima nieve, ya les llegaba por los gemelos. Ambas miraban a su alrededor, intentando no alejare mucho la una de la otra para evitar perderse de vista. No supo cuántos metros había recorrido, pero entre la nieve vio una figura negra, medio enterrada. Elyon corrió hacia él, seguida de cerca por Lisa. Se arrodilló junto al chico y lo giró, poniéndolo boca arriba.

-¡Snape, venga, despierta! –le gritó.

Pero no reaccionó. Le dio unos golpecitos en la mejilla. Siguió sin abrir los ojos. Ambas se miraron. Elyon se mordió el labio. Le dio tal golpe en la mejilla que sintió que le hormigueaba la palma de la mano. El profesor abrió los ojos con cansancio. Ambas sonrieron aliviadas.

-¡Vamos, arriba! –estiró de él- ¡Ya estamos en el castillo, solo hay que andar un poco más!

Con esfuerzo Snape se puso en pie. Elyon se quitó la chaqueta y se la devolvió. Él no la rechazó, tiritaba de arriba abajo.

Por fin volvieron a distinguir entre la cortina de nieve las enormes puertas de roble. Con paso lento subieron los escalones de piedra. Snape prácticamente apoyaba todo su peso sobre Elyon. El joven tenía el semblante cansado y la vista perdida, caminaba por inercia, sin darse cuenta de a dónde iba. Tuvieron que hacer un gran esfuerzo para abrir las puertas, por un momento pensaron que estaban cerradas con llave y que al no poder entrar, se congelarían sin remedio.

El recibidor se llenó de nieve arrastrada por el fuerte viento cuando abrieron las puertas lo suficiente para poder entrar de uno en uno. El profesor estuvo a punto de dejarse caer en el suelo. Pero las chicas lo sujetaron con firmeza y subieron las escaleras de mármol para llegar a la enfermería. Apenas se sentían las manos y pies, era obvio que iban a necesitar, como mínimo, un chocolate caliente, o mejor, hirviendo.

Will no tardó en aparecer en la enfermería en cuánto se enteró de lo que había pasado. Estaba sentado junto a Lisa, y envolvía sus manos con las suyas para darles calor.

-Cómo me alegro de que no haya sido más que un susto –comentaba el chico-. Cuando vi que empezaba la ventisca supuse que os resguardaríais en Hogsmeade.

-Ya, bueno –musitó Elyon dándole un sorbo a su segunda taza de chocolate caliente, hizo una mueca al quemarse la lengua-. Dale las gracias a nuestro inteligente profesor de pociones.

Miró hacia la cama que estaba en frente de ella. Snape dormía bajo un par de gruesas mantas, Madame Pomfrey le había diagnosticado una leve hipotermia, y le mezcló un poco de poción del sueño con el chocolate caliente para que pudiera descansar.

-Parece mentira que le hayamos tenido que rescatar nosotras –rio Lisa-. Cuando se suponía que venía para cuidarnos. Te aseguro que eso le pasa a Johnny, y lo deja tirado en la nieve. Con el cariño que le tiene…

-No creo que Johnny hiciera eso, en el fondo es un buen chico –sonrió Will.

Lisa empezó a toser. Una tos seca y grave. Su novio le pasó un vaso de agua para calmarle la garganta.

-Al final os vais a resfriar –sonrió.

-Eso es lo mejor que nos puede pasar después de la excursión por la nieve –suspiró Lisa.

Will le besó la frente con cariño. Elyon los miró con una sonrisa, y no pudo evitar envidiarles. Se les veía tan felices. Will se desvivía por ella, se había pasado toda la tarde allí cuidando de Lisa. Aunque bueno, de haber estado Remus en el colegio, seguramente habría hecho lo mismo con ella. Se sorprendió a si misma al pensar en aquello. Miró su taza de chocolate y pensó en lo que había dicho Grace ¿Realmente le gustaba Remus? Era un chico muy bueno, agradable, atento y divertido, además de guapo. Pero no estaba segura de si lo quería de esa manera. Por supuesto que lo quería muchísimo y quería tenerlo cerca siempre. Pero no sabía si eso era lo que llamaban amor, así que por el momento no iba a hacer nada estúpido que pudiera estropear su amistad, no hasta que estuviera segura de lo que realmente sentía.

Madame Pomfrey las obligó a pasar allí la noche, para asegurarse de que descansaban bien y de que no habían sufrido ningún tipo de lesión por congelación. Discutió largo rato con Will, ya que el slytherin no quería dejar sola a Lisa. Finalmente la gryffindor lo convenció para que se fuera, porque también estaba Elyon, así que se harían compañía.

A la mañana siguiente la única que pudo salir de la enfermería fue Elyon. Lisa y Snape amanecieron con más de treinta y ocho de fiebre, y con una tos horrible. Pomfrey les dio una poción, que les bajó la fiebre pero pareció no ser suficientemente fuerte. Ella fue a su habitación, dejó las bolsas de la compra del día anterior sobre el baúl, se dio una ducha con agua bien caliente y bajó a desayunar.

En el Gran Comedor informaron a los alumnos que hasta nuevo aviso, no se podía salir a los terrenos por culpa de la nieve acumulada tras la ventisca. Will le preguntó por Lisa, preocupado al no verla en el Gran Comedor. La semielfa le dijo que tenía fiebre, pero que no se preocupara, que simplemente era una gripe y que tras el desayuno irían todos a hacerle una visita.

…..

El slytherin estaba sentado en una silla junto a la cama de Lisa, el chico le cogía una mano con cariño.

-Will, tranquilo, ni que me estuviera muriendo, solo es una gripe y ni siquiera es de las fuertes –sonrió Lisa, con las mejillas sonrojadas por la fiebre y la nariz congestionada.

Johnny, Grace y Elyon, sentados a los pies de la cama, intercambiaron miradas divertidas.

-¡Sois tan monos! –suspiró la pelirroja- Hacéis muy buena pareja.

-¿Es que tienes envidia? –se mofó Johnny.

-¿Quién, yo? Para nada –contestó ella con aires de superioridad-. Para que lo sepas tengo a uno de los chicos más guapos de Ravenclaw comiendo de mi mano, y es listo además.

-Primero, esa respuesta suena a envidia, y segundo, no es muy difícil ser el más guapo de Ravenclaw. Todos son ratas de biblioteca –comentó el hufflepuff.

-Pues mira, igualitos a ti entonces –Grace alzó una ceja cruzándose de brazos.

El chico se dispuso a replicar, pero entonces escucharon el eco de unas voces que discutían. Los tres se giraron a mirar el resto de las camas. La única ocupada era la de Snape, y tenía las cortinas echadas.

-¿Cuándo ha llegado la compañía de Snape? –Elyon sabía que quienes estaban discutiendo eran él y el director.

-Dumbledore ha llegado poco antes que vosotros, y parecía enfadado –contestó Lisa.

La intensidad de la discusión siguió subiendo. Elyon se mordió el labio, era obvio que estaban discutiendo sobre la incursión durante la ventisca.

-Creo que Dumbledore está enfadado –musitó Johnny.

-Yo creía que no se enfadaba nunca, que era incapaz –comentó Lisa.

-Creedme, sí que se puede enfadar, y mucho. No es agradable que te grite, es peor que Snape –les dijo Elyon.

Los cinco intentaron ignorar la discusión, pero…

-¡Sí, la cagué, ¿vale? ¡¿Es eso lo que querías oír?! –los gritos de Snape retumbaron en la enfermería- ¡¿Es que nunca te equivocas? ¡Además, qué importa, ella está bien, ¿no!? ¡Mejor que su amiga y yo! ¡Eso es lo importante si no recuerdo mal! ¡Guardarla de todo mal en esa puñetera urna de cristal en dónde te empeñas en encerrarla y de dónde yo soy el carcelero!

Sus amigos la miraron sorprendidos y confusos a partes iguales. Su corazón se aceleró, si Snape se iba de la lengua por culpa de Dumbledore, no iba a saber qué decirles a sus amigos, y tampoco tenía el valor necesario para encararlos y sincerarse.

-¡Así que no me jodas! ¡Ya tengo suficiente trabajo con cuidar de ella y ser maestro, cómo para que vengas tú a juzgarme cada vez que según tu criterio, la cago!

Los gritos del chico fueron sustituidos por una tos ronca, casi nerviosa. Parecía que se le iba a quebrar la garganta. Dumbledore se fue de la enfermería antes de que el ataque de tos acabara. Al pasar por su lado no los miró. Elyon no supo si no se había dado cuenta de que estaban allí o simplemente los había ignorado. Ella corrió tras el director.

-Profesor Dumbledore –lo llamó intentando no levantar mucho la voz.

El anciano se giró, y su expresión de enfado fue sustituida por una de sorpresa. Era obvio que no se había percatado de que ella y sus amigos estaban en la enfermería.

-¿Qué haces aquí?

-Estamos haciéndole compañía a Lisa –contestó la joven- Señor, no culpe a Snape, puede que se equivocara, pero lo hizo por una buena razón e intentó protegernos en todo momento.

-Elyon, me parece muy bien que quieras defenderlo, pero fue una decisión estúpida a la par que peligrosa.

-Pero señor, él no quiso quedarse en Hogsmeade por si aparecían mortífagos, por si teníamos que pasar demasiado tiempo fuera de la protección de las murallas. Y tampoco se imaginaba que la ventisca empeorara tanto.

-Tenía que haberlo previsto. Era más seguro quedarse en el pueblo que aventurarse en la nieve sin ropa de abrigo. No sé en qué estaría pensando.

-En hacer su trabajo lo mejor posible. Se jugó la vida por mí, me dio su chaqueta para evitar que me congelara y se ocupó de que ni Lisa ni yo nos separáramos, por eso llegó con hipotermia –sus ojos se llenaron de lágrimas-. Es la segunda vez que se juega la vida por mí, en el campamento… casi lo vi morir delante mío… no es un trabajo fácil. Y yo se lo complico más, porque aún no he aprendido a defenderme correctamente y porque tampoco se lo pongo fácil –Elyon inspiró hondo para serenarse, quería defenderlo, se lo merecía, por el gran esfuerzo que estaba haciendo el chico-. Por favor, no sea tan duro con él, creo que todo esto le viene tan grande como a mí.

Dumbledore la observó unos segundos. Estaba muy seria y sus ojos lo miraban con determinación. Podía ver en ella a su padre, en su firmeza al luchar por lo que creía justo. Sin duda estaría orgullosa de ella, de cómo estaba madurando, de lo fuerte que se estaba haciendo.

-No puedo permitirme ser blando con este tema. Cometió un error, él lo sabe y tú también. Por mucho que intentes negarlo, tú tampoco estabas de acuerdo con él, y para una vez que tenías que mantenerte firme, obedeciste. No lo niegues –añadió al ver que la chica abría la boca para protestar-. He visto en tu cara que no estabas de acuerdo con la decisión. Ahora si me disculpas, he de marcharme.

Elyon lo vio marchar y torció el gesto, no había salido como ella quería. Con paso rápido pasó de largo la cama de Lisa. Sus amigos la miraron con curiosidad. Con cuidado abrió un poco la cortina de la cama de Snape. El chico estaba mirando el techo, con el ceño fruncido y la mandíbula apretada. En definitiva, no estaba de buen humor.

-Hola –musitó ella para llamar su atención.

Él ni siquiera la miró, siguió con la vista clavada en el techo.

-¿Cómo te encuentras? –insistió.

-¿Por qué me has defendido? –preguntó al fin con voz ronca.

-¿Me has escuchado? –le preocupaba más que le pudieran haber escuchado sus amigos.

-Te he escuchado hablar con Dumbledore, aunque no sé qué le has dicho, pero me lo imagino.

-Pues… porque me ha parecido justo, y te lo debía –contestó.

-No me debes nada. Es mi trabajo –respondió.

-Aun así, solo quería agradecerte de alguna forma el esfuerzo –sonrió ella.

-Gracias, supongo. Ahora vete, quiero descansar –se despidió sin haberla mirado a la cara ni una sola vez.

Ella asintió, había ido relativamente bien, teniendo en cuenta que esperaba que el profesor la echara a gritos. Pasó tras la cortina.

-Elyon –le chica se giró y lo miró, él tenía los ojos brillantes por la fiebre-. Dile a tus compañeros que no se hagan ilusiones. Mañana, lunes, daré clase.

La semielfa sonrió, no sabía por qué, pero ese comentario le había hecho gracia. Snape torció una sonrisa, cansado. Elyon volvió junto a sus amigos y se sentó en la cama de Lisa.

-¿Y bien? –Johnny la miró impaciente- ¿Vas a explicarnos qué ha pasado?

-Nada, solo he hablado con Dumbledore y Snape sobre lo de ayer –contestó-. Por cierto, mañana dará clase, con o sin fiebre.

-¡Venga ya! –se quejó el hufflepuff- Yo que tenía la ilusión de librarme de su clase.

-Lo has defendido frente a Dumbledore, ¿verdad? –Lisa la miró alzando una ceja.

-¿Qué hay de malo? –se defendió ella, no le gustaba cómo la miraba su amiga.

-Nada, simplemente me resulta raro.

-Lisa, no puedes negar que desde este verano está más tratable. Y además, es humano, comete errores como cualquiera. No hace falta que lo machaquen por ello, ¿no crees?

-Un error que me ha provocado casi cuarenta de fiebre –se quejó ella.

-Cómo si no hubiera mil maneras más de coger un resfriado. Ha sido casualidad, yo no he enfermado –insistió Elyon.

Lisa puso los ojos en blanco. No estaba de acuerdo, pero estaba cansada y la fiebre no la ayudaba a pensar con claridad. El resto del grupo decidió que lo mejor era no discutir más el tema, ya que ambas parecían estar muy sensibles al respecto.

…..

Tal como había prometido, Snape se incorporó a la vida del colegio a la mañana siguiente. A pesar de que aún tenía algo de fiebre y tos. Pero no quería perder clases, para no tener que ir después a marchas forzadas para que los alumnos cumplieran con el temario a final de curso, ya les costaba bastante llevar el ritmo. Ser profesor era mucha responsabilidad. Aunque encontraba gratificante ver cómo los alumnos que se interesaban por la signatura mejoraban día a día.

Durante esa semana evitó a Zelda, no le apetecía nada estar con ella, solo quería tranquilidad, aun se sentía cansado y de vez en cuando le daban ataques de tos seca. Ni siquiera había tenido ganas de seguir fastidiando a Tonitini. Por suerte, su último movimiento con él había sido un éxito, había hecho que se sentara junto al joven una chica de hufflepuff, regordeta y con grandes paletas que parecía sentir devoción por él, y a la que el chico no soportaba lo más mínimo. De esa manera tenía a Tonitini amargado toda la clase de Pociones, por corta que fuera.

Estaba corrigiendo algunos trabajos cuando llamaron a la puerta. Por ella apareció una chica rubia de pelo largo y liso, con brillantes ojos verdes, que le sonreía tímidamente.

-¿Interrumpo algo? –saludó Elyon.

-¿Pasa algo? -preguntó extrañado al verla allí.

-Dumbledore quiere que vayamos a su despacho para proponernos algo.

Snape frunció el ceño, desconfiado.

-A mí también me da miedo lo que pueda estar planeando.

El profesor dejó la pluma en el tintero y se levantó de la mesa. Juntos caminaron hasta el despacho del director. Snape la sorprendió más de una vez mirándolo de soslayo.

-Dilo de una vez –le dijo con un suspiro.

Ella se sonrojó.

-Simplemente creo que tienes mejor cara, nada más –se torció el meñique hacia atrás con nerviosismo-. Te recuperas más rápido de la gripe que Lisa.

Snape puso los ojos en blanco mientras seguían su camino.

El anciano los esperaba de pie, junto a su escritorio. Sonrió al verlos llegar juntos y sin discutir o malas caras. El joven profesor se cruzó de brazos esperando a que Dumbledore comenzara.

-Tras la conversación en la enfermería he estado pensando… quizás os fuera bien un poco de formación, para que seáis capaces de salir airosos de situaciones complicadas.

-¿Formación? ¿Qué clase de formación? –Snape descruzó los brazos despacio.

-Técnicas de defensa personal –contestó sonriendo.

El chico alzó una ceja entre sorprendido y confuso. Elyon miró al director sin terminar de creérselo.

-Si aprendéis a defenderos cuerpo a cuerpo, no será tan grave si os desarman, e incluso podría llegar a ser un arma muy útil si lo combináis con la magia. El comentario de Elyon me dio la idea.

Snape miró a la chica, que bajó la cabeza avergonzaba mientras se sonrojaba ¿Qué le habría dicho la muchacha?

-Severus, en cuanto estés recuperado empezaremos las clases. Los sábados después de comer tendréis clase en una de las mazmorras que yo prepararé.

Elyon suspiró con los hombros caídos.

-¿Pasa algo? –le preguntó el director, preocupado por su reacción.

-Simplemente es que entre las clases de élfico, las suplementarias y esto, no tengo tiempo para estar con mis amigos –contestó con pesar-. Ya me va justo solo para acabar los deberes.

-Mira la parte positiva, si aprendes rápido, pronto te librarás de las clases suplementarias y con la defensa personal, no tendrás que volver a preocuparte de ser un estorbo en situaciones peligrosas –sonrió.

-Yo no… –balbuceó Elyon mientras se sonrojaba aún más.

Snape la miró divertido, empezaba a entrever lo que aquellos dos habían estado hablando en la enfermería.

-Severus, avísame en cuanto estés bien. Simplemente necesitáis ropa y calzado cómodo –los despidió el director con una amplia sonrisa.

Elyon salió con rapidez del despacho, sin atreverse a mirarlo. Él sonrió divertido por su reacción. Aunque no tenía ningunas ganas de perder las tardes de los sábados haciendo simulacros de peleas con una chica que no creía que tuviera la fuerza necesaria para tirarlo al suelo.

La semielfa se sentó en el sillón de la Sala Común, aun notaba el corazón a toda velocidad. Dumbledore era un bocazas. No le gustaba mostrar debilidad frente a Snape, pero el anciano se había encargado de que el joven profesor supiera lo indefensa que se sentía ante la posibilidad de un ataque. Y ahora, para colmo, iba a tener que enfrentarse a él todos los sábados. No sabía cómo iba a arreglárselas para no hacer el ridículo de forma estrepitosa.

…..

El primer sábado de clases de defensa llegó. Cuando Elyon entró en la mazmorra encontró a un hombre adulto, de unos cincuenta y tantos años, aunque de eso no estaba segura, ya que como indicaban sus orejas, era un elfo. Su pelo rubio cobrizo, largo hasta la cintura, estaba recogido en una coleta baja. Su semblante era severo, daba algo de miedo. Tenía la ceja izquierda partida y una gran cicatriz que le cruzaba la nariz y parte de la mejilla derecha.

-Buenas tardes –le saludó en élfico, inclinando ligeramente la cabeza, pero sin apartar sus penetrantes ojos castaños de ella.

-Buenas tardes –respondió ella haciendo una inclinación más acentuada, tal y como Dumbledore le había enseñado en sus clases de cultura élfica.

Mientras esperaba a que llegara Snape, Elyon se dedicó a observar a su nuevo profesor con disimulo. Debía de medir metro noventa, tenía una constitución delgada y atlética, y la espalda bastante ancha. Llevaba una camisa larga, hasta casi las rodillas, de cuello redondo y de color verde claro abierta por los costados hasta la altura de la cadera. Bajo esta llevaba unos pantalones anchos color crema. No llevaba calzado, estaba descalzo sobre los tatamis que había colocados en toda la sala.

Diez minutos más tarde llegó Snape. Llevaba una camiseta de manga corta negra, y unos pantalones anchos de color gris. Ocultaba la Marca con la misma muñequera que había utilizado en verano.

-Llegas tarde –le dijo el elfo de mal humor y con un marcado acento.

-Yo también soy profesor, así que tengo otras responsabilidades –contestó el chico de mal humor.

El elfo lo fulminó con la mirada.

-Mi nombre es Kove, y os dirigiréis a mí como maestro –les dijo.

Elyon asintió. Snape puso los ojos en blanco, con fastidio.

-¿Tienes algún problema, jovencito? –le preguntó Kove cruzándose de brazos.

-Sí, para empezar, que me llames jovencito –contestó el chico sin vacilar.

-¿Y cómo quieres que te llame si apenas has llegado a los veinte años? –Se mofó- Yo ya era maestro cuando tu madre no había nacido. Si quieres que te llame por tu nombre, primero tendrás que ganártelo. Quitaos los zapatos y colocaos en medio de la sala.

Ambos obedecieron, aunque Snape lo hizo de mala gana. Una vez en el centro, Kove los examinó con detenimiento. Elyon tuvo la impresión de que calculaba su altura, peso, fuerza y agilidad, y por la forma en que chasqueó la lengua, no le gustó mucho lo que vio. Snape también pareció darse cuenta.

-¿Algún problema? –le sostuvo la mirada.

La de Snape era fría y desafiante, la de Kove serena y firme. Y en apenas unos segundos, hizo aparecer una vara de caña entre sus manos, golpeó al chico tras las rodillas y lo hizo caer al suelo sobre estas. Lo golpeó en el pecho con la vara y él cayó de espaldas. Luego Kove le colocó el extremo de la caña bajo la barbilla, cerca de la garganta y la nuez. Snape se llevó una mano al pecho con gesto de dolor.

-Si hay una cosa que no soporto son las bravuconadas –le espetó quitándole la caña del cuello-. Conozco a los de tu calaña –golpeó ligeramente su muñequera- No soportáis a nuestro pueblo porque pensáis que nos creemos mejores que vosotros. Y es verdad, ¿sabes por qué? Porque nosotros sabemos lo que es el respeto, la convivencia… y la disciplina. Eso nos hace más fuertes. Es algo que también vais a aprender aquí.

Kove le tendió el extremo de la caña al chico para ayudarlo a levantarse.

-Ahora arriba –le dijo, el chico asió la vara-. Y hazte el favor de no subestimarme, he matado a muchos de los tuyos antes de que les diera tiempo ni ha parpadear.

-Esos a los que mataste, no son los míos –gruñó él.

El elfo lo miró y esbozó una sonrisa torcida. Les hizo dejar sus varitas junto a los zapatos. Tuvieron que correr un par de minutos por la mazmorra antes de empezar con flexiones. Para cuando Kove comenzó a explicarles qué iban a aprender, a Elyon le dolía el cuerpo.

-Deberías hacer más ejercicio, no estás en forma –le dijo-. Y quítate los anillos o harás daño a los demás y a ti misma en las clases.

Ella lo miró con el ceño fruncido, sabía de sobra que no estaba en forma, al contrario que Snape. Pero apenas tenía tiempo para hacer los deberes, ¿cuándo y dónde se suponía que iba a ser capaz de hacer ejercicio?

Para explicar los primeros movimientos a aprender, que consistían en librarse del agarre del atacante, escogió a Snape. Todo consistía en aprovechar la fuerza del contrincante. Snape acabó en el suelo todas las veces que intentó atacarlo. Elyon contuvo la risa, era bastante divertido verlo volar hasta caer en el tatami. Cuándo ambos parecieron entender en qué consistía e intentaron memorizar algunos movimientos, le llegó el turno al joven profesor de defenderse de Kove. E igual que antes, acabó en el suelo. En una de las simulaciones Snape gruñó de mal humor, he intentó golpearle la rodilla por delante de una patada, en vez de golpearla por atrás, y así hacerlo caer. Elyon se quedó boquiabierta. No sabía cómo, pero Snape estaba en el suelo boca abajo, y Kove lo mantenía ahí apoyado sobre él con una rodilla, mientras le retorcía un brazo en la espalda. El chico dejó escapar un gemido de dolor.

-Ya te he advertido sobre las bravuconadas y la falta de disciplina –le dijo retorciéndole un poco más el brazo. Snape ahogó otro gemido de dolor-. No hagas que me enfade, porque te arrepentirás. Albus me ha dado libertad para hacer lo que crea conveniente, y si para que aprendas, he de romperte el brazo, no dudes de que lo haré.

Se levantó y lo dejó tirado en el suelo. Snape se levantó con cuidado, flexionando el brazo dolorido.

-Tu turno –le dijo a Elyon. Ella palideció.

Era más divertido ver caer a los demás que experimentarlo uno mismo. Todas las veces que atacó a Kove acabó tirada boca arriba en el tatami. El elfo la levantaba con facilidad del suelo. Cuando tuvo que defenderse apenas pudo moverlo del sitio, por mucho que aprovechara la fuerza de este. En dos ocasiones optó por escurrirse de los brazos de su atacante, y en dos ocasiones, recibió un golpe tras las rodillas que la hizo caer al suelo como penalización por no hacer bien el ejercicio.

-Maestro Kove, no puedo hacerlo, no tengo fuerza para derribarlo –se quejó ella levantándose del suelo.

-No se trata de tu fuerza, si no de la de tu adversario. No te preocupes por lo pequeña y débil que seas, vencerás si eres capaz de usar la fuerza de los demás en tu beneficio –le dijo.

"Gracias por el halago" pensó ella torciendo el gesto.

-Ahora practicad entre vosotros –Kove se alejó de ellos y volvió a sacar la caña de la nada-. Niña, ataca tú primero.

Ella tragó saliva. Si lo hacía mal, seguro que Kove la golpearía tras las rodillas con la caña. Pero de igual manera acabaría en el suelo cuando atacara a Snape. Además, le daba vergüenza invadir de esa manera el espacio personal del chico, y por la cara de este, él sentía lo mismo.

La clase prosiguió, y el elfo comenzó a frustrase porque cometieran una y otra vez los mismos errores. Así que los miró con dureza y asió la vara con fuerza. El primer golpe con la caña se lo llevó Snape, por no cogerla correctamente al tirarla al suelo, ya que se sentía incómodo rodeándola con los brazos desde la espalda a la altura del pecho. El segundo se lo llevó ella por no aplicar la fuerza necesaria al avanzar con miedo. Esa fue la peor parte de la sesión. Kove lo analizaba todo al milímetro, cada fallo, por pequeño que fuera, recibía un golpe, y no siempre tras las rodillas. En un momento dado golpeó el muslo de Elyon con fuerza, haciendo que ahogara un grito de dolor. Snape cogió el extremo de la vara encarándose a Kove para defenderla, y acabó de rodillas en el suelo, agarrándose el estómago sin poder respirar.

-Se acabó la clase por hoy –les dijo con seriedad.

Snape ayudó a Elyon a levantarse del suelo. Le dolía todo el cuerpo.

-Por esto no me gusta entrenar humanos, son débiles y quejicas –gruñó Kove entre dientes mientras salía de la mazmorra-. Si no ponen más empeño tardaré más de un año en enseñarles algo.

Ambos se quedaron solos, suspirando con cansancio. Elyon fue en busca de sus zapatos. Necesitaba una ducha y descansar, a ser posible con sus amigos en la Sala de los Menesteres.

-¿Qué ha dicho? –le preguntó Snape imitándola.

-En resumen, si no aprendemos rápido, seguirá golpeándonos durante mucho tiempo –suspiró ella atándose los cordones.

-Maldito orejas picudas –gruñó.

-¡Eh! No nos metas a todos en el mismo saco. Además, te pareces más a él de lo que crees –le dijo la chica molesta.

Snape la fulminó con la mirada sentado a su lado, calzándose.

…..

Una vez en la Sala de los Menesteres, se tumbó en el sofá para estudiar Historia de la Magia. Lo que más le dolía era el golpe que le había dado Kove en el muslo.

-¿Qué tal la jornada de ejercicio? -le preguntó Grace.

-Estoy reventada -resopló.

-No entiendo por qué a tus padres les ha dado ahora el venazo de que hagas ejercicio una vez a la semana -comentó Johnny.

-Quieren que lleve un ritmo de vida sana -Elyon se encogió de hombros.

-El ritmo de vida que llevas te acabará matando, no puedes ni descansar -le dijo Lisa preocupada.

-Lo sé, pero no me hacen caso. Y no me queda otra -respondió resignada.

A la mañana siguiente tuvo unas agujetas horribles. En una ocasión, cuando bajaba por las escaleras, le flaquearon las rodillas, y de no haberla sujetado Lisa, seguro que se habría caído rodando por ellas. La semana pasó como un suspiro. Volvían a encontrarse en las mazmorras junto a aquel elfo de mirada severa. Les hizo calentar y estirar antes de seguir con las técnicas de defensa personal. Ese día castigaba las faltas con más severidad, los golpes con su caña eran más precisos y fuertes.

Golpeó a Elyon en la mano cuando agarró mal a Snape para tirarlo al suelo. Se le saltaron las lágrimas mientras se mordía el labio para contener el grito. No podía seguir pareciendo débil, o Kove la seguiría golpeando con dureza, a la vez que repetía lo patética que era, tenía que demostrarle lo que podía llegar a hacer, tenía que conseguir que dejara de llamarla niña.

Cuando Snape volvió a atacarla colocó bien los pies, lo sujetó con firmeza y sin saber cómo, consiguió hacerlo caer, aunque la arrastró y clavó una rodilla en el suelo. Pero el golpe de Kove no llegó. Se giró hacia a él mientras se levantaba. El hombre la miraba con una media sonrisa, satisfecho.

-Es un principio. La próxima vez, aprovecha su impulso cuando intenta agarrarte, te será más fácil que si esperas a que te tenga cogida. Si no fuera tan escuálido, no lo habrías podido mover –le aconsejó él.

Snape los miró con desagrado. Desde que había empezado la clase, Kove no se había dignado a hablar en inglés, por lo que llevaba más de una hora sin entender qué decía. Pero por su tono, seguro que no estaba recibiendo halagos.

Cuando le llegó el turno a él de defenderse, se llevó una desagradable sorpresa cuando Elyon lo tiró al suelo cuando él intentaba tirarla a ella. Fue una maniobra muy absurda, pero él no se la esperaba y perdió el equilibrio. Kove aplaudió y rio, y le dio la enhorabuena a la chica colocándole una mano en la cabeza y revolviéndole un poco el pelo. Ella respondió con una sonrisa, y acto seguido, lo miraron. Snape sintió que le hervía la sangre. Si tenían que mofarse de él, al menos podrían decirlo en su idioma para que pudiera defenderse.

-Para la próxima clase, recogeos el pelo, os molesta demasiado para practicar –les dijo Kove mientras los dos se ponían los zapatos.

Elyon asintió con seriedad y una clara preocupación en el rostro.

-No me digas que te da vergüenza recogerte el pelo porque tus orejas vuelven a acabar en punta –le dijo Snape alzando una ceja, saliendo de la mazmorra.

-No, es solo que ya no me gusta recogérmelo –se excusó ella, aunque ahora que lo pensaba, se sentía ridícula diciendo eso.

-Mira que llegas a ser inmadura –suspiró el chico-. Tanto el imbécil de Kove como yo sabemos que eres semielfa. Dime entonces por qué te escondes.

Ella se encogió de hombros. Snape tenía razón, pero desde que empezó el curso no se sentía cómoda al recogerse el pelo.

-No te cae bien Kove, ¿eh? –medio rio ella para cambiar de tema.

-¿A ti sí? –él la miró incrédulo.

-Es como tú, pero peor. Demasiado estricto. Pero no te quejes, al menos a ti te llama jovencito y no niña.

-Qué más da, sigue siendo un elfo gilipollas -gruñó.

…..

Johnny no hacía más que lanzar miradas de odio hacia el sillón donde Max jugaba al ajedrez con Grace. La pelirroja siempre había sido muy buena en los juegos de lógica, pero contra el hermano de Will no le era tan fácil ganar.

-Por favor, vuelve a decirme por qué está tu hermano aquí –gruñó el chico.

-Dijisteis que podíamos traer a quién quisiéramos, salvo a ligues –contestó Will sin levantar la vista de su libro de Transformaciones.

Johnny lo miró con mala cara, se levantó del puf y salió de la sala.

-¿Tanto le molesta que Max esté aquí? –Elyon miró a Lisa preocupada mientras le daba de comer al conejo blanco de Grace, Mr. White, que estaba en su regazo.

-Parece que no se llevan nada bien, bueno más Johnny con Max. Pero algún día tendrá que superar lo de la cena de principio de curso -suspiró-. Además está más irascible por sus piques con Snape. Según me ha dicho Will, ha hecho que junto a él se siente Vanessa Richards, le gusta Johnny y por lo visto es muy pesada, lo tiene amargado –le contó la morena mientras rascaba tras las orejas a Mr. White.

Tras la cena, propusieron ir de nuevo a la Sala de los Menesteres, pero Lisa y Will ya habían planeado ir a dar una vuelta por los terrenos ellos dos solos. Así que finalmente decidieron ir cada uno a su Sala Común. Elyon subió a su cuarto y tras echar las cortinas de su cama, sacó el libro de cultura élfica y prosiguió con su lectura. Era más interesante y mucho menos pesada que Historia de la Magia, aunque no más alegre. Los elfos también habían tenido guerras, hasta la fecha solo entre ellos mismos. En esos momentos el libro relataba la guerra entre el pueblo del Norte de Gran Bretaña, llamados comúnmente elfos umbríos, ya que ubicaban sus hogares bajo las colinas y montañas, y el pueblo del Sur hacía 1.300 años. Ambos habían sido los dos pueblos más grandes del Reino Unido. Aquella guerra fue la más cruenta hasta la fecha.

Esa noche soñó que caminaba por un enorme jardín verde, a un lado se erguía un precioso palacio blanco, o eso le pareció a ella, al otro, un frondoso bosque lleno de luz y vida. El canto de los pájaros lo inundaba todo. Escuchó que la llamaban, una voz familiar, muy dulce. Vio a su madre bajar unas escaleras de piedra, con una elaborada barandilla. Estaba preciosa. Llevaba un vestido largo de color azul celeste, con unas amplias mangas. Y sobre el pelo castaño con reflejos caoba llevaba colocado un pasador con dos flores azules. Se fijó en que tenía el vientre más hinchado de lo normal. La acompañaba un hombre alto, mucho más que su madre, tenía el pelo pelirrojo oscuro, al que el sol le arrancaba destellos dorados, lo tenía muy largo, casi hasta la cintura. Pero no podía ver su cara, era borrosa, no conseguía distinguir sus rasgos, lo único que veía con claridad era el azul de sus ojos. Aun así, cuando aquel hombre la llamó con los brazos abiertos, ella corrió hacia él sin pensarlo, feliz. Él la cogió en brazos sin esfuerzo y le dio un fuerte beso en la mejilla. Su madre le hizo cosquillas en los costados y ella no pudo contener la risa.

Al abrir los ojos estaba confusa. Feliz y frustrada al mismo tiempo. El sueño le había resultado extrañamente familiar, se había sentido a salvo, en casa, pero el hecho de no haber podido reconocer a aquel hombre pelirrojo la inquietó. Lo conocía, sabía que lo había visto antes, pero no podía recordar ni su nombre ni su cara. Pasó el resto del día como ausente, pensando en el sueño, analizándolo. Había reconocido el pasador de pelo que llevaba su madre, era el que ella tenía ahora, el que le habían regalado por Navidad. También estuvo pensando en la barriga de su madre, parecía como si estuviera embarazada de pocos meses. Por eso mismo aquello no podía ser un recuerdo, su madre no tuvo más hijos, además sus padres le comentaron que no iba a ser posible darle un hermanito o hermanita, que su madre ya no podía tenerlos. Siempre le decían que ella era todo lo que podían desear, que era más que suficiente, aunque cuándo sacaban el tema, la mirada de su madre se volvía triste, eso sí podía recordarlo, eso, y el sentir un gran dolor en el pecho cuando la miraba.

…..

-Te queda bien el pelo recogido –le dijo Snape antes de empezar la clase-. Deberías recogértelo más a menudo.

Elyon se sonrojó sobremanera y evitó mirarlo. No mentía, la chica siempre había tenido unos rasgos muy finos, y ahora que volvía a tener las orejas picudas, estos se realzaban. La joven terminó de apretarse la coleta alta mientras algunos mechones azulados se escapaban del recogido.

Kove no tardó en llegar. Siempre era puntual, y tras varias clases ellos habían aprendido que si lo esperaban en las mazmorras listos para empezar, su actitud en la clase se suavizaba y era algo más permisivo con los errores leves.

-Eres lento y pesado jovencito, necesitas más reflejos y agilidad –gruñó el elfo mirándolo cuando Elyon lo tiró al suelo.

Él volvió a ponerse en pie. Atacó a la chica por la espalda. Ella cogió sus brazos lista para deshacerse de él tal como había aprendido. Snape esperó a que se confiara, y antes de que lo tirara al suelo, él contraatacó y la tiró antes de que pudiera hacer nada para evitarlo.

-No soy lento. Me gusta estudiar a mi oponente antes de mostrar todas mis cartas –le contestó el chico en élfico.

Elyon se quedó boquiabierta. Kove frunció el ceño.

-Y por lo que veo, son muchas –dijo él.

-Más de las que crees –Snape le sostuvo la mirada con frialdad.

La joven no podía creérselo, había aprendido élfico, y no solo eso, lo hablaba con mejor acento y fluidez que ella, y eso que llevaba menos tiempo estudiándolo, como mucho, dos semanas, y él ni siquiera tenía el nivel mínimo que había tenido Elyon al empezar.

Todo aquello desencadenó una clase desastrosa para ella ya que no consiguió volver a tirar a Snape al suelo. Se adelantaba a todos sus movimientos y la pillaba con la guardia baja. Y cada vez que dudaba a la hora de atacar, Kove la golpeaba con la caña. Fue una clase humillante, Snape la había superado en todo, en técnica, rapidez… y en hablar mejor que ella su idioma natal. Se sintió realmente estúpida por haberse permitido pensar durante un día, que había sido mejor que él en algo. Snape se sintió muy satisfecho consigo mismo, le había enseñado a Kove que no debía subestimarle.

Al acabar la clase el maestro les dijo que el próximo sábado podrían empezar con ataque cuerpo a cuerpo. Elyon salió de la mazmorra suspirando y con los hombros caídos. Él la alcanzó.

-¿Cómo lo has hecho? –le preguntó ella.

-¿El qué?

-Aprender a hablar élfico tan bien en tan poco tiempo –le dijo dolida-. Yo llevo practicando más tiempo que tú y aún tengo un acento horrible.

-Fácil, yo no tengo trabajos que hacer ni asignaturas que estudiar, tengo más tiempo libre. Además, tengo una gran facilidad para aprender, al contrario que tú –le dijo alzando una ceja con aire de superioridad.

-¿Intentas darme ánimos o hacerme quedar como una idiota? –se quejó.

-No sé por qué te molesta si es verdad, si no te costara aprender no estarías aun con las clases suplementarias.

-Gracias, muchas gracias por tu desprecio –Elyon lo miró apretando los dientes.

Empezó a subir las escaleras. Era impresionante lo rápido que se le subían los humos a Snape cuando hacía algo bien.

-¡No te enfades! ¡Si te concentraras más, te fijaras en lo que haces y olvidaras todo lo demás, mejorarías mucho! –le gritó desde el pasillo.

Elyon lo ignoró y se soltó el pelo, que cayó como una cascada dorada sobre su espalda. Snape torció una sonrisa y negó con la cabeza mientras se dirigía a su habitación.

…..

Se dejó caer en el sillón de la Sala Común. Miró el fuego que danzaba en la chimenea y suspiró con cansancio.

-¿Una tarde larga? –le preguntó Lisa, que acariciaba a su gata.

-Interminable –contestó frotándose los ojos.

Lisa sonrió. Elyon la observó unos segundos, desde que salía con Will estaba más feliz, sonreía más e incluso peleaba menos con Johnny.

-¿No has quedado esta tarde con Will? –preguntó ella.

-No, tenía un trabajo que hacer aún. Se ha ido a la biblioteca para estar más concentrado y acabar antes –respondió-. Tampoco es el fin del mundo por que no quedemos un sábado.

-Supongo que no –la semielfa se encogió de hombros, nunca había tenido novio, así que tampoco sabía muy bien si era o no el fin del mundo.

-Sharon y las demás han ido a las cocinas a por dulces, vamos a hacer una "noche de chicas" en la habitación –la informó la gryffindor en un susurro.

-Suena genial –sonrió Elyon deseando que llegara la noche para olvidarse un poco de todo.

Tras la cena las seis subieron a la habitación, pusieron música, hablaron, cotillearon y comieron dulces hasta bien entrada la madrugada, fue una velada muy agradable, y todas acordaron en hacer una noche como aquella al menos una vez al mes.