5º Curso. Capítulo 3

El lunes, tras el desayuno, encontraron a Johnny en uno de los patios interiores del colegio hablando con Dumbledore y Hooch. Parecía muy serio. Aparentaba mucha más edad en esos momentos. No sabían de qué hablaba con ellos, aunque parecía importante. Los cuatro esperaron un poco, pero como la conversación parecía ir para largo, decidieron ir a clase, ya le preguntarían a Johnny en la comida. Pero no hizo falta. El hufflepuff se sentó a la mesa con ellos durante los postres. Les repartió a cada uno un sobre. Lo abrieron con curiosidad.

-¿Y estas invitaciones? –Grace miró la suya extrañada.

-Lee, por favor –pidió Johnny.

-Invitaciones VIP para el Mundial de Vuelo Acrobático –leyó Will.

-¿Mundial? ¿Hay mundiales de vuelo acrobático? –Lisa miró con atención la invitación-. Pensaba que era solo un hobby.

-¡¿Qué?! ¡Por supuesto que hay mundiales de vuelo acrobático! ¡¿Es que acaso el único deporte que se puede practicar en escoba es el Quidditch?! –Johnny la miró indignado, echando chispas por los ojos.

-¿Son para que te acompañemos al Mundial? –preguntó Elyon.

-Bueno, yo esperaba que aparte de ir a mirar, fuerais a animarme –comentó el hufflepuff como si nada.

-¿Participas? –Grace se quedó boquiabierta.

-Sí –sonrió el chico hinchando el pecho-. Este año tengo muy buena puntuación, tengo muchas papeletas para quedar en el podio.

-No sabíamos que competías a ese nivel –sonrió Will- ¿Entonces esos fines de semana que desapareces es por las competiciones?

Johnny asintió.

-Bueno, alguno que otro desaparezco para estudiar, como os digo. No quería deciros lo de las competiciones porque luego me siento presionado. Pero este año he entrenado mucho y creo que puedo llegar a campeón, y me gustaría que estuvierais ahí si lo consigo –sonrió lleno de ilusión-. Ya lo he arreglado todo con Dumbledore. La final es la semana que viene, el sábado. Os he conseguido alojamientos y buenos asientos. Yo faltaré toda la próxima semana, Hooch quiere que me prepare a conciencia, así que me gustaría saber si queréis venir antes de que me vaya.

-Estaremos allí para animarte, tanto si llegas a campeón como si no –sonrió Lisa.

El chico se quedó atónito, de ella no se esperaba esa respuesta.

-No sé qué le das Will, pero mantén la dosis. Me gusta la nueva Lisa, aunque creo que echaré de menos a la antigua –bromeó él.

La joven se limitó a suspirar con resignación sin ganas de discutir.

-Como veo que nadie se atreve a preguntarlo, lo haré yo –añadió Grace- ¿Snape vendrá cómo en verano?

-No había pensado en eso –la mirada de Johnny se ensombreció-. Pero me da igual, no pienso permitir que nada me distraiga.

A Grace esa respuesta no la dejó muy tranquila. Elyon torció una sonrisa, seguramente Snape vendría, dudaba mucho que Dumbledore la dejara ir sin vigilancia. Pero se encargaría de que el chico no molestara a Johnny, era algo muy importante para él, y no iba a dejar que lo estropeara.

Tal y como dijo el hufflepuff, estuvo toda la semana sin aparecer. Cuando llegó el viernes por la noche los cuatro ya tenían sus mochilas más que preparadas.

-No me puedo creer que esté nerviosa –comentó Lisa dando un último repaso a su bolsa.

-Ni que fueras la única –sonrió Elyon acariciando a Eizen.

-Ya, pero estamos hablando de Johnny… ¿Tanto he cambiado desde que estoy con Will? –su amiga la miró torciendo el gesto.

-Un poco, ya no estás tan a la defensiva. Estás más feliz. Johnny siempre te ha caído bien, y lo sabes, por pesado que sea.

-Puede –musitó-. Pero hay días en los que me gustaría retorcerle el pescuezo.

-La pregunta es, ¿a quién no le gustaría retorcerle el pescuezo de vez en cuando? –rio Elyon.

…..

Antes de la cena se reunieron en el vestíbulo con su bolsa para pasar el fin de semana fuera. McGonagall los estaba esperando con un zapato ajado en las manos, junto a ella estaba Andy, que les saludó con la mano enérgicamente. Con un movimiento de cabeza, les indicó que la siguieran.

-¿Cómo es que no te has ido con tu hermano? –le preguntó Will a Andy.

-No quería perder clase –contestó felizmente.

-Igual de responsable que su hermano –rio Grace.

Caminaron hasta las puertas de hierro de las murallas del castillo, y las traspasaron.

-Cojan a la vez este zapato, es el traslador que les llevará al campeonato. No se suelten hasta que lleguen a su destino ¿Me han entendido? –la profesora las miró con seriedad.

Todos asintieron. Grace alargó una mano hacia el zapato con una mueca de asco. Los demás la imitaron.

-¿Y el profesor Snape? –preguntó entonces Elyon cogiendo el zapato.

Pero no hubo tiempo para responder. Solo alcanzó a ver un amago de sonrisa en el rostro de McGonagall antes de que todo se volviera un torbellino de formas y colores. Los cinco se agarraron con fuerza al zapato, tenían la sensación de que si se soltaban saldrían despedidos en cualquier dirección.

Tras unos segundos todo acabó tan repentinamente que cayeron al suelo mareados y desorientados.

-¡Vamos chicos, arriba! –les gritó una voz alegre- ¿O queréis dormir en el suelo?

Johnny les ayudó a levantarse. Grace se dobló con una arcada, pero consiguió no vomitar.

-Vaya viajecito –suspiró Will.

-Es peor que aparecerse –se quejó Lisa, agarrada al brazo de Will, aun mareada.

Elyon inspiró profundamente hasta que la cabeza dejó de darle vueltas.

-Sois unos exagerados –se mofó Johnny pasando un brazo por los hombros de su hermano pequeño -. Vamos, os acompañaré a vuestra tienda. La cena os espera.

Bajaron la colina en la que se habían aparecido con el traslador. Tras ella vieron una gran cantidad de tiendas de campaña y farolillos que iluminaban toda la explanada. Un poco más lejos, vieron unas gradas altísimas colocadas formando un óvalo. Elyon supuso que aquello era un estadio de quidditch enorme.

En el camping había un incesante jaleo, mezcla de música, gritos y risas. Caminaron hasta llegar a una tienda color mostaza con un cartelito en la entrada en el que se leía "VIP".

-Guau, como te lo has trabajado, ¿eh? –se mofó Grace.

-Entra y opina, graciosilla –Johnny abrió la entrada de la tienda.

El interior era muy espacioso, tanto como las habitaciones que tenían en Hogwarts. Tenía dos niveles. El bajo contenía dos sillones, una mesa para los cinco y una pequeña cocina, así como una pequeña estufa de metal en la que chisporroteaba un acogedor fuego. En el superior, tres escalones arriba, estaban las literas, que se separan por cortinas.

-Vale, retiro lo dicho –sonrió la pelirroja.

Se asignaron las literas y dejaron sus mochilas en ellas. La semielfa miró a su alrededor, le resultaba extraño que Snape no estuviera allí, y eso la inquietaba. Metió la canalizadora en el bolsillo de los vaqueros, así al menos se sentía más segura.

-¿Qué tal te ha ido la competición hasta ahora? –preguntó Lisa quitándose la bufanda.

-De maravilla. Yo y el finlandés somos los favoritos. Vamos muy igualados, así que todo se decidirá mañana en la última ronda.

-Más te vale ganar, he apostado tres galeones con Dan a que conseguirás el primer puesto –le dijo Andy muy serio.

-Eres muy pequeño para apostar, ¿no crees? Espera al menos hasta los trece –le regañó Johnny.

-¿Mañana ya es la ronda final? –Elyon frunció el ceño- Yo pensé que te veríamos actuar más de una vez.

-Estas competiciones suelen hacerse pesadas, así que preferí que vinierais solo a la final. Además, mi actuación de mañana os dejará boquiabiertos –sonrió el chico hinchando el pecho-. La he preparado a conciencia y en secreto.

-No dormiré de la emoción –le picó Lisa con sarcasmo.

Pero Johnny estaba tan contento, que ni se molestó.

-Por cierto, ¿y la cena? ¿No decías que ya estaba preparada? Porque me muero de hambre –preguntó Will con una mueca.

-Y lo está, pero en la tienda de mis padres, no aquí –contestó el chico-. Vamos, nos deben de estar esperando.

No muy lejos de su tienda, estaba colocada otra con el mismo color amarillo mostaza. Desde fuera parecía igual que la suya, pero al entrar vieron que era tres veces mayor. Y no era de extrañar, ya que en ella había nueve personas. La mitad sentadas a la mesa, pero todos se acercaron a saludar. Uno de ellos era Remus. Elyon corrió a abrazarlo, ya sabía por qué Snape no había ido con ella.

-¡Has venido! –sonrió ella mientras él la levantaba del suelo al abrazarla.

-No me podía perder el gran momento de Johnny.

-Bueno familia, aquí están mis amigos. Will –le colocó una mano en el hombro al chico, que sonrió con timidez-. Y mis tres admiradoras secretas, porque aunque lo nieguen, están coladitas por mí –Johnny sonrió colocándose entre Lisa y Grace, pasándoles los brazos por los hombros-. Elyon, Grace y Lisa.

-Ya te gustaría, ya –la morena corrió a escaparse del brazo del chico y se colocó junto a Will, cogiéndole la mano.

Grace y la semielfa rieron.

-Encantada, soy Elyon –se presentó ella estrechando la mano de la madre de Johnny tras haber soltado a Remus.

-Vaya suerte que tienes xiǎo lǎoshǔ, en mis tiempos no había chicas tan guapas en los colegios –sonrió un hombre asiático, de avanzada edad, que estrechó las manos de las chicas.

-Abuelo, en tu época el problema no era que no hubiera chicas, si no que estabais en colegios separados. Además, no te quejes, la abuela era muy guapa –le dijo su nieto sonriendo.

-Cierto, muy cierto –sonrió el hombre.

-¿Xiǎo lǎoshǔ? –preguntó Grace.

-Xiǎo lǎoshǔ, ratoncito en chino –aclaró el joven corrigiendo a la pelirroja.

-Que mono –sonrió Elyon- ¿Así que también sabes chino?

-Solo algunas palabras, se más de italiano.

Terminaron de presentarse al resto de la familia de Johnny y se sentaron a cenar. Había cerdo agridulce, rollitos de primavera, sopa, arroz y fideos.

-¡Qué bueno! Nunca había comido comida china –sonrió Grace.

-Mi madre es muy buena cocinera –sonrió el hufflepuff-. Durante el curso en Hogwarts echo mucho de menos este tipo de dieta. En las vacaciones me pongo las botas.

Su madre, que también tenía claros rasgos asiáticos, le quitó importancia con un ademán.

-Te has manchado con la salsa de los fideos –sonrió Remus limpiándole la comisura del labio a Elyon con el pulgar.

-Gracias –ella se apresuró a limpiarse bien con la servilleta.

Lisa y Grace se miraron esforzándose en esconder una sonrisa cómplice.

-Hacéis muy buena pareja –comentó Josie, la hermana de Johnny, mirándolos con una sonrisa.

-Nosotros no… -se apresuró a decir Remus.

-Somos buenos amigos –la semielfa se puso roja como la grana.

-Perdón –se disculpó ella-. Se os ve tan compenetrados que me lo había parecido.

-Déjalo estar, es algo complicado –le susurró Johnny divertido.

Elyon lo fulminó con la mirada. Estuvo el resto de la cena sin pronunciar palabra y casi sin levantar la mirada del plato.

Tras los postres los seis volvieron a su tienda, Johnny tenía que irse a dormir pronto para estar fresco y despejado en la final.

-Bueno chicos, aquí os dejo, yo me voy a dormir –se despidió abriendo la tela de la tienda.

-¿No duermes aquí? –preguntó Will.

-No, tengo que dormir en la tienda de Hooch, quiere asegurarse de que duermo y no me voy de fiesta… no sería la primera vez –el chico se rascó la nuca con una mueca divertida-. La cama vacía es para Remus ¡Hasta mañana!

-¡Que descanses! –se despidieron ellos.

Nada más salir Johnny, Remus rebuscó algo en su bolsa. Sacó cinco camisetas negras y amarillas en las que ponía "Equipo Johnny"

-¿Y esto? –Lisa se las quedó mirando.

-Son para animarlo mañana.

-Le van a encantar –sonrió Will.

Tras pasar un rato hablando, ellos también se fueron a dormir temprano. A Elyon le costó conciliar el sueño, no paraba de darle vueltas a lo que había dicho la hermana de Johnny.

…..

Snape miraba el techo de la habitación. Por la ventana se colaba el aire frío de la noche, que le acariciaba la piel desnuda. Inspiró profundamente. Se preguntaba qué estaría haciendo aquella noche ¿Se habría ido ya a dormir o seguiría de cháchara con sus amigos? Acariciaba distraídamente la espalda de la mujer, que dormía con la cabeza apoyada en su pecho. Su piel le pareció menos suave que la de la semielfa, y una vez más le pareció oler a limón recién cortado. Cerró los ojos. Aquello estaba escapando a su control. Cada vez pensaba más en ella, y de una forma que le avergonzaba. Era solo una niña, por atractiva que fuera, era solo una niña, su alumna, su protegida. No podía permitirse traspasar esa línea. Además, tenía que admitir, le gustara o no, que no se la sacaba de la cabeza porque esos ojos verdes le recordaban a los de Lily, porque necesitaba llenar el vacío que dejó tras su rechazo y posterior muerte. Lo que sentía no era real, no era sincero, y sobre todo, no llevaba a ninguna parte. Era un mero capricho pasajero. Sí, era preciosa, brabucona, dulce e inocente, pero él era frío y rencoroso, tenía el alma quebrada. Alguien como Elyon nunca se acercaría a él. Sin duda lo que más le convenía era alguien como Remus, por mucho que le fastidiara.

Se levantó de la cama con cuidado para no despertar a Zelda. Recogió su ropa esparcida por la habitación y se marchó. Una vez en su habitación encendió la chimenea y se sentó en uno de los sillones.

Ya era hora de encauzar su vida, de enfrentarse a sus miedos y comportarse como un adulto. Se levantó y abrió el armario con puertas de cristal. Sacó el enorme sobre polvoriento y por fin, después de tantos años, lo abrió. El sonido del papel al romperse hizo eco en la habitación. Sacó el fajo de papeles grapados en una carpeta de cartón. "Testamento de Tobias Snape" ponía en la portada. Quedaba algo más en el sobre, lo giró sobre la carpeta y cayeron unas llaves sobre el papel. Las llaves de la casa en la que se crió.

Tras cambiarse de ropa y colocarse el abrigo se sentó en la cama. Estaba nervioso, hacía años que no volvía a Cokeworth. Y temía todo lo que podía recordar al volver. Abrió la mesita de noche y de ella sacó la foto que Tonitini le había dado tras el verano. Pasó los dedos por la superficie, como si así pudiera volver a acariciar el pelo de la chica, que dormía junto a él en la foto. Por algún motivo ella le hacía sentirse más fuerte. Pero sentirlo no era suficiente, debía serlo, por Elyon, para protegerla, para evitar que alguien pudiera volver a hacerle daño. Volvió a guardar la foto y cogió las llaves con firmeza. Ya era hora de volverse tan fuerte como todos creían que era.

…..

Se levantaron temprano y desayunaron lo que Johnny les había dejado en un pequeño armario de cocina que había sobre los fogones. Antes de salir de la tienda de campaña se pusieron sobre los jerséis las camisetas que había preparado Remus. Al llegar a la tienda de Johnny los hermanos de estos los recibieron entre carcajadas y algún que otro aplauso.

-¡Genial, me encantan! ¡Quiero una de esas! –exclamó Scott, el hermano mayor de Johnny, examinando la camiseta de Will.

-Vaya, si lo sé traigo más –se disculpó Remus.

-Creo que podemos hacer un apaño –musitó el chico, más mayor que el licántropo- ¡Mamá! ¡¿Hemos traído o tenemos a mano alguna bufanda del colegio?!

-No hace falta que grites –la señora Tonitini apareció tras las cortinas que separaban las camas, cuando vio a los cinco con las camisetas sonrió-. No, no hay nada del colegio por aquí. Pero si vas a casa y traes un par de bufandas quizá podamos hacer un arreglo. Pero no tardes, que el campeonato empieza en dos horas.

Scott apenas esperó a que su madre acabara de hablar para desaparecerse. A los quince minutos estaba de vuelta con cinco bufandas de la casa Hufflepuff, algunas de ellas parecían bastante viejas. Obviamente muchos integrantes de la familia habían ido a esa Casa. La madre de Johnny las cogió y se sentó en el sofá cogiendo su varita.

Elyon se sentó en la mesa en la que habían cenado todos la noche anterior. Remus se sentó a su lado.

-¿Te pasa algo? Has estado muy callada desde que te has levantado –le preguntó.

-Estoy nerviosa por el campeonato, espero que Johnny gane –mintió.

-Todos esperamos que gane –sonrió Remus cogiéndole la mano, acariciándosela con el pulgar.

Elyon se lo quedó mirando, intentado saber si lo que sentía por él era simple cariño fraternal o era algo más. El licántropo era tierno y atento, le hacía sentirse bien. Sin embargo ella no experimentaba esas mariposas en el estómago de las que se hablaba tanto cuando estaba con él, era feliz y le transmitía calma, pero aparte de eso… nada.

-Por cierto, ¿y Johnny? –preguntó Lisa extrañada al no verlo aparecer.

-Está entrenando con Hooch –respondió Andy, que estaba sentado junto a su madre, muy pendiente de lo que esta hacía.

Poco tiempo después se dirigían al estadio con sus camisetas y bufandas en las que se podía leer claramente Equipo Johnny. Elyon cogió a la morena del brazo y ralentizó el paso para quedar rezagadas.

-Lisa, en estos momentos te odio muchísimo, a ti y a los demás –le dijo sin más.

-¿Por qué? –su amiga la miró dolida y confusa.

-Por meterme en la cabeza que me gusta Remus, ahora no puedo dejar de pensar en eso. Creo que me voy a volver loca. Y Remus se va a dar cuenta. No sé por qué me dijisteis nada –se exasperó.

-Yo no te he metido nada en la cabeza. Eres tú la que se está haciendo un lio –contestó Lisa-. Si lo quieres o no es algo que se sabe y punto.

-Y yo lo quiero, pero no sé si como a un hermano o como algo más. Lisa, no sé cómo funcionan estas cosas, nunca me he enamorado. No sé qué hacer. No quiero empezar a sentirme incómoda a su lado o fastidiar nuestra amistad –se exasperó.

-Elyon escucha, deja de darle vueltas al tema, deja que las cosas surjan por si solas, si es que realmente ha de surgir algo, ¿vale? –le aconsejó Lisa con un ademán calmado.

La semielfa asintió inspirando con fuerza, quizá con el tiempo sus ideas se aclararían. Solo esperaba que ese tiempo fuera corto.

Las gradas del estadio estaban al completo, y aun así, la gente seguía llegando y se apretujaba en sus gradas para dejar más sitio. Ellos siguieron subiendo detrás de la familia de Johnny. Scott y Andy no dejaban de gritar y mostrar en alto su bufanda bordada. Finalmente llegaron a un palco pequeño, en el que ya había otras tres personas. Los cuatro se apresuraron a llegar a los asientos de la primera fila y asomarse para ver el centro del estadio. Estaba lleno de tubos enormes, rampas y barras colocadas de forma que dibujaban una especie de recorrido.

-Esto tiene pinta de ser difícil –dijo Grace.

-Es increíble que haya tanta gente, yo no sabía que existía el Vuelo Acrobático hasta que conocí a Johnny –comentó Lisa.

-Es normal, se podría decir que el Vuelo Acrobático existe desde que los magos empezaron a volar en escoba, pero ahora empieza a hacerse popular en Inglaterra. Se comenzó a constituir como deporte oficial en Australia, inspirado en el surf y en un nuevo deporte muggle llamado skateboard. Antes a penas se practicaba por precaución, y mucho menos se competía –le explicó el abuelo del chico, que llevaba la bufanda atada a la frente.

-¡Bienvenidos otro año más a la final del Campeonato Mundial de Vuelo Acrobático! –anunció el comentarista- ¡En breves momentos dará comienzo con los diez finalistas!

-¡Vamos Johnny! –gritó Andy con euforia.

Pero sus gritos fueron apagados por los vítores del resto del estadio, al que se unieron Elyon y los demás contagiándose de la emoción. El primer finalista fue australiano. Todos miraron su exhibición con interés. Subido a su escoba completamente de pie, subió y bajó rampas a una velocidad vertiginosa, pasó por tubos, hizo acrobacias y saltos. Los cuatro amigos quedaron con la boca abierta.

-Yo no sería capaz de hacer eso –musitó Grace.

-Lo más flipante es que Johnny tiene más puntuación, por lo que ha hecho cosas más impresionantes –comentó Will-. Creo que me va a dar miedo mirar.

-Te aseguro que te va a dar miedo mirar, Johnny es muy kamikaze en sus actuaciones, no conoce el miedo a volar. En más de una vez le han restado puntos por temerario –les dijo Scott con una sonrisa de orgullo.

El siguiente finalista no lo hizo tan bien, tuvo un par de fallos a la hora de agarrar la escoba, por lo que resbaló y fue penalizado.

-Inglaterra, Tonitini –anunció el comentarista.

-¡Oh, Merlín! ¡Ya le toca! –gritó Grace agitando las manos con nerviosismo mientras daba saltitos.

-¡Vamos Johnny! –rugió el abuelo del chico.

-¡Johnny, Johnny, Johnny! –corearon todos, y junto a ellos se unió gran parte del estadio.

Will se llevó los meñiques a la boca y silbó con fuerza. Elyon notó como le hormigueaba la garganta de tanto gritar. El clamor se fue apagando hasta que el estadio se sumió en un silencio expectante.

Johnny salió al centro del estadio subido en su escoba. Iba completamente vestido de negro. Llevaba una chaqueta larga hasta las rodillas, parecida a una gabardina. Se colocó sus gafas rojas de piloto sobre los ojos.

Sonó el silbato que daba por iniciada la competición. Johnny salió como un rayo, subió una de las rampas casi completamente en vertical. Y cuando llegó a su fin dejó la escoba en vertical, y con la palma de la mano se aguantó en el extremo de esta haciendo el pino, luego inclinó el cuerpo hacia atrás al mismo tiempo que enderezaba la escoba, y volvió a colocarse sobre ella de pie al mismo tiempo que bajaba la rampa por el otro lado. Repitió de nuevo el ejercicio, pero esta vez giró sobre sí mismo mientras hacía el pino. El estadio estalló en vítores. Johnny se elevó a tal velocidad que era difícil seguirlo, se dirigió a uno de los tubos y cuando parecía que iba a agacharse para pasar por el tubo, saltó, dejando que la escoba pasara sola por él, de forma que Johnny lo pasó por encima sin tocarlo gracias a la inercia acumulada. Prácticamente todo el estadio se puso en pie cuando Johnny y la escoba llegaron al final del tubo a la vez y éste volvió a colocarse sobre ella. Acto seguido llegó a unos aros luminosos muy grandes colocados en zigzag, por los cuales pasó sin ningún problema. Y al acabar volvió a colocar la escoba en vertical, subiéndose al extremo con la punta de un pie. Con el otro golpeó la escoba de forma que él hizo una voltereta hacia atrás mientras su escoba lo seguía dándole una vuelta completa al chico y este conseguía volverse a colocar sobre ella flexionando una pierna y luego otra para mantener el equilibrio al caer y así no tener que sujetarse con las manos. Volvió a aumentar la velocidad de su escoba y saltó dándole efecto a esta, de forma que ambos empezaron a girar sobre si mismos a la misma velocidad y perfectamente sincronizados. A Elyon aquel salto le recordó a los que hacían los patinadores sobre hielo. Johnny volvió a caer sobre su escoba y empezó a elevarse de forma vertical. Cuando sobrepasó la altura del estadio volvió a colocarse sólo con un pie en el extremo de su escoba, colocó una mano en su frente y usó un saludo militar dirigido hacia los espectadores. Que lo vitorearon emocionados. Luego se dejó caer hacia atrás. Y siguió cayendo.

-¡Oh, Merlín! –exclamó Lisa llevándose las manos a la boca.

Johnny bajaba a gran velocidad, con la escoba cayendo a su lado.

-¡Se va a matar! –gritó Grace agarrando con fuerza la barandilla mientras palidecía.

Pero cuando el chico se acercó peligrosamente al suelo alargó la mano hacia su escoba y se la colocó junto al pecho. Giró sobre sí mismo hacia atrás alejando la escoba de él mientras colocaba los pies. Cuando iba a ponerse en pie uno de sus pies resbaló.

Elyon contuvo el aliento.

Johnny se vio obligado a continuar con una segunda vuelta y esta vez sí consiguió finalizar completamente de pie.

El silbato volvió a sonar. Lo siguiente fue un gran rugido producto de los vítores, gritos y aplausos en las gradas. Grace y Elyon se abrazaron con fuerza dando saltos. Lisa abrazó a Will. Scott se colocó a Andy sobre los hombros mientras ambos aclamaban a su hermano exhibiendo sus bufandas.

La semielfa se fijó en que su abuelo aplaudía con fuerza y una amplia sonrisa, pero al contrario que el resto de la familia de Johnny, no parecía tan eufórico.

-¿Qué pasa? –le preguntó.

-No creo que consiga el primer puesto –contestó con un suspiro.

-¿Por qué? ¡Si ha sido el mejor hasta el momento! –se quejó Grace.

-En la última acrobacia ha resbalado, y le van a sancionar con dureza –explicó el anciano de ojos rasgados y pelo y barba plateados- Ese tipo de acrobacias son muy peligrosas, y por ello, reciben una penalización más alta si se hacen mal. Es una forma de disuadir a los participantes, ha habido accidentes muy desagradables por exceso de confianza.

-Pero los demás finalistas no son ni la mitad de buenos que él –se indignó Grace.

-El finalista finlandés no es tan atrevido en sus acrobacias, pero su técnica está muy pulida, si no hace ningún fallo, podría ganar por pocos puntos –explicó Josie.

-Ojalá resbale y se golpee la entrepierna con la escoba –dijo Andy.

-¡Andy! Eso no es muy deportivo –le regañó su madre.

-Quede en el puesto que quede, seré el abuelo más feliz del mundo. Es el primer año que Johnny participa en los Mundiales, y que haya quedado entre los finalistas es más que suficiente –los ojos del abuelo de Johnny se iluminaron.

-¿Cuánto lleva volando Johnny? –preguntó Lisa.

-Cogió su primera escoba a los tres años, y desde entonces no ha dejado de volar –les dijo su madre.

Volvió a sonar el silbato y comenzó la siguiente exhibición. Esta vez el concursante resbaló al ponerse de pie tras una pirueta, cayó sobre su escoba, y se golpeó la entrepierna. Will y Scott hicieron una mueca de dolor. Tras este, apareció el concursante finlandés, y como había dicho Josie, no pareció hacer ningún fallo, aunque su exhibición no fue tan emocionante como la de Johnny y el público no aclamó tanto. Uno por uno, pasaron el resto de participantes, uno de ellos al saltar, perdió la escoba y cayó al vacío, aunque los árbitros frenaron su caída con un conjuro. Ninguno más intentó realizar una caída libre.

El jurado se retiró a poner en común las puntuaciones. Elyon y los demás se sentaron a esperar. La semielfa se torcía hacia atrás el meñique. La pierna derecha de Will no dejaba de temblar. Grace se mordía las uñas distraídamente. Y Lisa jugueteaba con una de sus extensiones lilas.

-¡Ya tenemos las puntuaciones! –anunció el comentarista al cabo de veinte minutos.

Todos los participantes subieron a un pequeño podio y se colocaron uno al lado de otro.

-Australia setenta y seis puntos –comenzó a anunciar el comentarista- Francia sesenta puntos. Inglaterra noventa y un puntos.

Johnny apretó un puño con gesto de triunfo. La grada estalló en vítores y sus amigos lo corearon con alegría y orgullo.

-Estados Unidos cincuenta y nueve puntos –prosiguió el comentarista- Finlandia noventa y dos puntos.

La grada se llenó de aplausos y gritos.

-¡¿Qué?! –exclamó Grace indignada.

-¡No es justo! –gritó Lisa con rabia- ¡La actuación de Johnny ha sido mejor!

-Yo pensé que ganaría –musitó Elyon abatida- Johnny tenía tanta ilusión con quedar primero.

La chica miró al joven con atención, su sonrisa de triunfo había desaparecido, pero sin embargo, tampoco parecía triste.

-Un segundo puesto no es tan malo, al menos han reconocido su talento –le dijo Will.

-Brasil setenta y nueve puntos. Alemania cuarenta y siete puntos. Rusia cincuenta y seis con treinta y cuatro puntos. Italia sesenta y seis puntos. China setenta y dos puntos. De esta manera se sitúa en el tercer puesto Brasil con un total de doscientos sesenta y tres puntos.

Un chica delgada y de piel morena, de aproximadamente veinticinco años, se adelantó con una amplia sonrisa en los labios.

-El segundo puesto, Inglaterra con un total de cuatrocientos veintiocho puntos.

Johnny se adelantó con una gran sonrisa, saludando a todos los presentes.

-Y en primer puesto, por tercera vez consecutiva, Finlandia con un total de cuatrocientos treinta puntos.

Un hombre, de unos treinta años, se adelantó alzando los brazos en gesto de triunfo. Los demás participantes aplaudieron y les dieron la enhorabuena, después de lo cual bajaron del podio dejando a los tres ganadores. El presidente de la Federación de Vuelo Acrobático les entregó a cada uno una copa, cada cual de diferente tamaño dependiendo del puesto. Los tres las alzaron orgullosos ante el clamor del público.

…..

Entraron atropelladamente en la enorme carpa de los participantes. Johnny estaba hablando felizmente con Hooch, que sonreía orgullosa. Cuando los vio entrar alzó la copa y dio un grito de triunfo. Las tres amigas corrieron a abrazarlo.

-¿Lo ves abuelo? Están enamoradas de mí y no quieren reconocerlo –bromeó el chico.

Lisa le pellizcó la oreja como respuesta. Las chicas se alejaron para dejar sitio a la familia. Su madre lo abrazó con fuerza y lo besó en la cabeza.

-Estamos muy orgullosos de ti –le dijo.

-Dime algo que no sepa –el hufflepuff se dio aires.

Josie le estiró de la oreja y el chico ahogó un quejido.

-Tienes que aprender a ser más humilde –le regañó.

-Pero si solo bromeaba –se quejó él.

-¡Xiaolaoshu ven aquí! –le dijo su abuelo abriendo los brazos para abrazarlo- Desde el día que naciste supe que tenías un don.

Johnny abrazó a su abuelo con fuerza mientras se le humedecían los ojos.

-De no ser por ti, nunca habría llegado hasta aquí –le dijo el chico intentando contener las lágrimas–. Tú me regalaste mi primera escoba, me enseñaste a volar y siempre has estado ahí cuando más lo necesite. Quiero que te quedes esto.

Le dio la copa a su abuelo, que sonrió con cariño.

-No me la puedo quedar, es el fruto de tu esfuerzo.

-Pero yo quiero que te la quedes. Además, en Hogwarts no puedo tenerla –insistió el joven.

El anciano se lo quedó mirando unos segundos, y finalmente cogió la copa que su nieto le ofrecía. Le revolvió el pelo con cariño.

-Tengo que dejar de aceptarte este tipo de cosas. Así les doy a tus hermanos una excusa para decir que eres mi nieto favorito –le dijo.

-Como si necesitaran una excusa para ello, simplemente saben que es verdad –rió Johnny.

Sus hermanos alzaron una ceja. Andy negó con la cabeza, dando a entender que su hermano no tenía remedio.

-Te veo muy tristón –le dijo Johnny.

-Acabo de perder tres galeones, ¿cómo crees que estoy? –refunfuñó.

-¿Cómo que has perdidos tres galeones? –le dijo su madre.

-Me aposté con un amigo que Johnny quedaba primero –musitó el chico.

-¡¿Qué has apostado?! ¡¿Pero cómo se te ocurre?! –exclamó la mujer enfadada- Hablaremos de esto al llegar a casa, jovencito.

Andy bajó la cabeza con fastidio.

En ese momento se acercó a ellos el participante finlandés.

-Enhorabuena –le dijo a Johnny tendiéndole la mano.

-Gracias –sonrió el chico.

-Creo que es la primera vez que gano por tan poco. Voy a retirarme antes de que en el próximo campeonato digan que me ganó un niño –rio-. Sigue así muchacho, espero poder verte en el siguiente mundial.

-Qué majo –comentó Grace mirando al finlandés cuando se iba.

-Aquí hay muy buen ambiente, intentamos no llevarnos mal –le dijo el chico-. Además, todos saben que tengo mucho mérito.

-Te acabaremos echando un cubo de agua fría encima, a ver si te enfrías –le dijo Will.

-No, esto va en serio. He necesitado autorización paterna para poder participar al ser menor. Hasta la fecha soy el participante más joven en los torneos, y ahora he sido el más joven en llegar al podio en los mundiales –explicó.

-Bueno, creo que entonces entiendo por qué estás fardando tanto –le dijo Grace con una sonrisa.

-Es una pena que para el próximo mundial no pueda fardar de ser el más joven –suspiró Johnny.

-¿Por qué? –preguntó Elyon.

-Se celebran cada cuatro años. Para el próximo mundial tendré diecinueve. Eso sí, estoy seguro de que seré imbatible.

-Eso aún está por ver –le dijo Hooch-. No tienes que dormirte en los laureles, porque cada año subirá el nivel.

-Sí, sí, eso ya lo sé –le contestó el chico con un ademan hastiado.

-Bueno, yo os quería proponer una cosa –interrumpió Remus-. Como sabéis ya me he mudado, y me gustaría invitaros a mi casa para celebrar el segundo puesto de Johnny.

-¡Por supuesto! ¡Es un plan genial! –exclamó el hufflepuff con alegría- ¿Puedo ir? ¿O preferís qué lo celebre con vosotros?

Sus padres lo miraron y sonrieron.

-Ve. Nosotros lo celebraremos en familia por Navidad –le dijo su padre.

-Pues decidido –sonrió el chico.

-¿Dormiremos en tu casa o volveremos a Hogwarts esta noche? –preguntó Lisa.

-Hablé con Dumbledore sobre eso, y él ya contaba con que pasaríais el fin de semana fuera –les dijo el licántropo-. Así que id a preparar las cosas si realmente queréis una fiesta, porque hay que ir a comprar y prepararlo todo. Tengo la despensa prácticamente vacía.

Recogieron sus cosas de las tiendas y comieron en la tienda de la familia de Johnny para celebrar su segundo puesto todos juntos. Después se dirigieron al sitio al que habían llegado con el transportador. Remus sacó de la bolsa una botella de cristal. Todos se agarraron con fuerza y volvieron a sentirse inmersos en un tornado que giraba con fuerza.

Cayeron sobre césped mullido. Al levantarse vieron ante ellos la parte trasera de una casita adosada. Los rodeaban unas vallas de madera altas y había un par de manzanos sembrados, que los ocultaban de la vista de los vecinos. La casa tenía dos plantas. Remus los guio al interior por la puerta trasera que daba a una cocina americana, al otro lado de la cual estaba el salón. El chico encendió la chimenea. Había dos sofás y una mesita de café. Las estanterías estaban prácticamente vacías, al igual que los armarios con puertas de cristal.

-Que minimalista todo –comentó Will.

-Sí, nunca he vivido en una casa tan grande, y además mis anteriores sueldos no me daban para mucho más que comer y pagar el alquiler –explicó el chico avergonzado.

-Pero eso ya es cosa del pasado –sonrió Lisa.

-Bueno, ¿qué hay que comprar y dónde? –preguntó Johnny frotándose las manos.

-Aún no tengo hecha la lista de la compra, pero hay un supermercado tres manzanas más adelante.

-Me ofrezco voluntario para ir a comprar –dijo el hufflepuff.

-Te acompaño –se ofreció Will.

-Vale, hago la lista en un momento –Remus empezó a mirar en la despensa, la nevera y los armarios de la cocina.

-¿Y nosotras qué hacemos? –preguntó Elyon.

-Ayudarme a preparar las habitaciones para que podáis dormir y adecentar el comedor para que tengamos más sitio –les dijo el chico-. Como veis la casa es bastante estrecha.

-Es perfecta -le sonrió Elyon, feliz.

Una vez estuvo la lista de la compra, Will y Johnny salieron a por la comida, y las chicas siguieron al licántropo al piso superior para preparar las habitaciones y dejar las mochilas.

…..

Kove se levantó del suelo. Era la segunda vez que el joven conseguía reducirlo y tirarlo sobre el tatami. Estaba gratamente sorprendido. En los ojos negros del chico había algo diferente. Estaba más centrado. Había madurado.

-No eres el mismo de la semana anterior –le dijo con una sonrisa-. Ya no veo miedo e inseguridad.

Snape volvió a recogerse el pelo, algunos mechones se habían escapado de la coleta. Miró al elfo sin contestar. Se sentía más sereno desde que había vuelto de la casa en la que había crecido.

Desde que se fue para no volver años antes de acabar sus estudios en Hogwarts, había tenido miedo de volver a pisar el barrio. No quería que los recuerdos volvieran a atormentarlo. No quería recordar las discusiones de sus padres. Las palizas. A Lily. Pero cuando llegó no sintió nada.

El pueblo estaba prácticamente vacío. Desde que la fábrica cerró tres años atrás, muchas familias se habían marchado buscando trabajo. Su casa estaba igual que recordaba. Todo seguía en el mismo lugar. Las telarañas y el polvo cubrían gran parte de los muebles y lámparas. A su mente fueron llegando recuerdos. Pero no se sintió atormentado. Recordaba las cosas como si hubieran pasado hacía muchísimo tiempo, tenía la sensación de que todo aquello había sido ajeno a él. Tras revisar el estado de la casa salió de nuevo al exterior. Caminó hasta llegar al parque en el que había conocido a su vecina pelirroja. Desde el primer día que la vio quedó prendado de ella, a pesar de que tardó mucho en atreverse a decirle algo. Los columpios chirriaban mecidos por el aire. Las cadenas habían empezado a oxidarse. Más tarde se dirigió a la taberna. Allí nadie lo reconoció, aunque él sí que los conocía. Pero no le importó que nadie se acordara de él. Siempre había sido un niño solitario, ni cuando empezó a dejarse ver por las calles en compañía de Lily la gente parecía reparar en él.

La clase de Defensa pasó rápido. Se le hizo raro hacer la clase solo, sin Elyon. Pero eso le ayudó a centrarse, tenía que admitir que la joven lo descentraba, le ponía nervioso tenerla tan cerca. Gracias a no tener distracciones había conseguido vencer a Kove en cuatro ocasiones. Y aquello era todo un récord, más aún porque hasta ese momento jamás lo había conseguido.

-Estás preparado para la próxima lección –le dijo tras la clase-. Pero para ello tendrás que decidir si quieres entrenar otro día más a la semana o esperar a que la chica te alcance para pasar juntos.

-Elige un día, y yo estaré aquí esperándote –contestó el joven con una leve inclinación de cabeza a modo de despedida.

Kove sonrió complacido.

…..

Para cuando Will y Johnny volvieron con la compra, Remus y las chicas hacía rato que habían terminado de recoger y colocar las cosas para la fiesta.

-Si tardáis un poco más salimos a buscaros. Ya pensábamos que os habían secuestrado –dijo Lisa tras darle un beso de bienvenida a su novio.

-Sois unas exageradas –comentó Johnny dejando las bolsas en la cocina-. Aunque la verdad, con lo bueno que estoy no me hubiera extrañado que lo intentaran.

-Yo lo único que te digo es que no iba a pagar el rescate –le dijo Grace.

El muchacho la miró dolido.

-Esto no estaba en la lista –rio Remus sacando de la compra una bolsa de globos de colores chillones.

-Ya ¿Pero qué es una fiesta sin un par de globos? –le dijo el rubio guiñándole un ojo.

Las chicas empezaron a inflar globos, mientras el licántropo y los demás preparaban el picoteo y la cena.

-Remus, ¿puedo hacerte una pregunta personal? –le dijo Johnny mientras llenaba un plato con patatillas.

-Claro –respondió él cortando los sándwiches.

-¿Te gusta Elyon?

El licántropo dejó el cuchillo a un lado y lo miró frunciendo el ceño.

-Si lo que quieres es salir con ella, tienes el camino libre –le dijo con una pequeña sonrisa.

-No, ya intenté tirarle los tejos y no funcionó, no soy su tipo –contestó el chico encogiéndose de hombros-. Te lo pregunto por curiosidad, como dijo mi hermana, tenéis mucha química.

Remus abrió la boca para contestar mientras se sonrojaba ligeramente, pero Will lo interrumpió.

-¿Cuándo intestaste ligarte a Elyon?

-Hace tiempo ya, cuando la conocí en uno de mis entrenamientos con Hooch en el colegio. La engañé para quedar con ella a solas usando de excusa enseñarle a volar en escoba. Pero se me chafó el plan, ese mismo día supe que no podía competir con… otra persona –finalizó él carraspeando-. Pero eso ahora no importa, Remus iba a contestarme.

-A ver, decir que no la quiero es una mentira muy obvia. Pero no la quiero en ese sentido, creo que lo que siento por ella vaya más allá de la amistad.

-¿No crees? –Will frunció el ceño.

-Digamos que encariñarme con una persona hasta ese punto no es muy buena idea en mi caso –intentó explicarse, se sentía incómodo hablando de ese tema con ellos, siendo además unos críos.

-¡Venga ya! No me digas que te estás refiriendo a tu licantropía –le dijo Johnny con enfado-. No se contagia si no estás transformado, ¿lo sabías?

-Claro que lo sé. Aun así, complica mucho las cosas. Para empezar hay que encontrar a alguien a quien no le dé reparos intimar con alguien como yo… No sé si me entiendes –Remus se sonrojó aún más.

-Para el carro, ¿me estás diciendo que con la edad que tienes nunca has pasado la noche con una chica? –el tejón lo miro con incredulidad- Eso no me lo creo. No estás mal, y según palabras textuales de las chicas: eres tan mono y adorable que dan ganas de abrazarte como a un peluche.

-¿De verdad han dicho eso? –el licántropo se sonrojó sobremanera.

Ambos jóvenes asintieron con seriedad.

-Pero esa no es la cuestión… ¿Cómo es posible que aún no te hayas estrenado?

-Ni que fuera tan raro –se defendió el chico-. Además, ¿qué sabrás tú sobre sexo?

-Mejor no preguntes –le aconsejó Will bajando la mirada preparando otra tanda de sándwiches.

-¿Tú ya…? Pero si apenas eres un crío –Remus lo miró sorprendido.

-No te diré que no haya sido precoz, pero sí, ya he estado con algunas chicas. No sabes lo que te pierdes –le dijo el hufflepuff encogiéndose de hombros con una sonrisilla.

-Me está tomando el pelo, ¿verdad? –el joven miró a Will con una sonrisa socarrona.

-No. Por desgracia no, yo mismo lo comprobé este verano –contestó en un murmullo sin mirarlos, concentrado en lo que estaba haciendo.

-¿Qué puñetas hiciste este verano para que Will no sea capaz de mirarnos a la cara cuando habla de ello? –preguntó curioso.

-Jura por tu vida que no se lo contarás a las chicas. Al contrario que muchos, no me gusta fardar de mis triunfos delante del sexo opuesto, no quiero que crean que soy un cerdo que solo piensa con la entrepierna –le dijo Johnny con seriedad.

-No diré nada –prometió él.

-Pues este verano, cuando estuvimos en el camping, decidí que Will tenía que aprender a ligar. Ya sabes que es un poco paradito y no sabía que ya estaba colado por Lisa y ligando a su triste manera –Will le propinó un puñetazo en el hombro aunque Johnny siguió como si nada-. La cosa está en que había dos chicas tomando el sol en la playa, y no veas como estaban. Will dile como estaban.

-Eh… ah… pues…

-¿Ves lo que te digo Remus? –le cortó Johnny- A esto me refiero cuando digo que es un poco paradito. No sé cómo ha conseguido novia.

-Te estás pasando… -murmuró su amigo.

-La verdad es que esas tías eran unas salidorras, estaba muy claro lo que buscaban en sus vacaciones. Nos pidieron que les untáramos crema y tras un rato de coqueteo nos llevaron a su caseta. Nunca lo había hecho con una chica a la que acababa de conocer pero ella no paraba de insistir y… estaba muy buena, no nos engañemos.

-¿Y si solo fue eso por qué se avergüenza tanto? –Remus no terminaba de comprenderlo.

-Digamos que lo dejé solo con una chica que intentaba darse el lote con él, y el pobre no sabía qué hacer para librarse de ella –contestó.

-¿Solo eso? –Will lo miró sombrío.

-¡Ah! Es verdad. Mi ligue resultó ser la tía más escandalosa con la que he estado. Creo que se enteraron hasta los de la cabaña de al lado –rio el joven.

-Yo no le veo la gracia –le dijo su amigo enfadado-. Me dejaste tirado con una tía que no dejaba de intentar quitarme los pantalones. Y la banda sonora de fondo no ayudaba nada.

-Que mojigato que eres –se burló el rubio.

-Yo al menos no soy un salido –se defendió.

-Reprimir tus instintos de tío no te hará ningún bien –le dijo Johnny-. Admite que tienes necesidades, y ahora que estás con Lisa van a crecer, y seguro que ella también va a empezar a tenerlas. Así que más vale que empieces a ponerte las pilas o Lisa se buscará otro que sepa qué hacer con una mujer. Si tienes dudas puedo hacerte un croquis.

Will se abalanzó sobre su amigo con rabia en la mirada. Remus se apresuró a coger al chico antes de que se enzarzaran.

-Cálmate Will- le dijo-. No te pongas así. Johnny tiene parte de razón.

-Me da igual –Will miró al hufflepuff con enfado- No vuelvas a usar ese tono al hablar de Lisa, ¿me oyes?

-Joder, tranquilo, no aguantas una broma –le dijo su amigo molesto.

-Tus bromas son difíciles de aguantar –Lisa se acercó a ellos mientras ataba un globo rojo para que no saliera el aire.

Will la cogió de la cintura y fue con ella hasta el salón para ayudar a colocar los globos.

-Deberías medir tus palabras. No todo el mundo sabe encajar comentarios como los tuyos –le aconsejó Remus mientras acababa con los sándwiches.

-Ya bueno… -murmuró el chico bajando la vista-. De todas maneras tú deberías replantearte lo que te he dicho. Las chicas que te conocen suspiran por ti por los rincones, no tienes que machacarte por ser un hombre-lobo, disfruta de la vida, anda. Te lo mereces.

-¿Cuánto más vais a tardar en preparar la cena? –les dijo Elyon- Estamos hambrientos.

-¡Ya está! –Johnny comenzó a llevar los platos a la mesa de café del salón.

Remus miró a la chica un momento. Ésta lo miró y con una amplia sonrisa le hizo un ademán para que trajera el resto de la comida y así comenzar la fiesta. Él le devolvió la sonrisa perdiéndose un momento en esos ojos verdes.

Will puso la radio y buscó una emisora con música bailable mientras los demás atacaban los platos de comida.

-¡Will deja esa emisora! –gritó de nuevo Grace- ¡Me encanta esta canción!

Y dicho eso, se levantó cogiendo a Elyon de la muñeca para que bailara con ella. Su amiga la siguió entre risas. Ambas se agarraron de las manos y empezaron a bailar dándose vueltas mutuamente. Will cogió a Lisa de la mano y consiguió sacarla a bailar. Johnny se levantó de un salto y se unió a Grace y Elyon.

-¡Levanta el culo Remus! –le dijo el chico- ¡La idea de la fiesta fue tuya, así que arriba!

El joven se levantó y fue a reunirse con ellos. Elyon dejó a Grace y Johnny, y fue junto a él sin dejar de bailar y reír.

Siguieron bailando y saltando hasta la madrugada. Cuando ya no pudieron más y el cansancio empezó a convertirse en sueño, decidieron que preferían dormir todos juntos en el comedor, como en el camping. Subieron a las habitaciones a por los tres colchones de las camas. Johnny decidió tirarse con uno por las escaleras, pero el colchón quedó clavado en los primeros escalones, lanzando a Johnny por el resto de la escalera. Por suerte no se hizo daño. Se levantó riendo y les aconsejó no probarlo.

-Vaya pérdida de tiempo, si llegamos a saber que íbamos a dormir aquí, no preparamos las habitaciones –rio Grace bostezando.

Terminaron de colocar los colchones por el suelo y se recolocaron para caber en ellos, ya que como el comedor no era muy grande. Will y Lisa compartieron uno. Elyon y Grace se colocaron en otro. Y Remus y Johnny en el restante. Estuvieron hablando largo rato, hasta que poco a poco se fueron quedando dormidos.

…..

Elyon se levantó la primera. Y mientras los demás dormían, preparó el desayuno. Tras varios minutos rebuscando los ingredientes y los utensilios de cocina. Se puso manos a la obra. En esos momentos echó en falta a Snape.

El olor a tortitas recién hechas despertó a sus amigos.

-¿Qué es eso que huele tan bien? –preguntó Lisa desperezándose.

-¡Tortitas para desayunar! –exclamó Johnny- ¡Me chiflan las tortitas!

Se levantó tan deprisa que estuvo a punto de pisotear a Grace, que aún se estaba desperezando en el colchón que ahora tenía solo para ella. Junto a las tortitas preparó tostadas con mermelada, zumo, cereales y café.

-Este desayuno es mejor que el de Hogwarts –sonrió el hufflepuff poniéndole más sirope a sus tortitas.

-Estás hecha una cocinera –comentó Lisa.

-No creas, es una de las pocas cosas que sé cocinar –sonrió.

-¿Quién te enseñó a hacerlas? Porque están de muerte –le dijo Will sirviéndose un poco de zumo.

-Si os lo contara no me creeríais. Os lo diré cuando estéis preparados –rio Elyon pensando en su profesor.

Tras el desayuno recolocaron los muebles del comedor, limpiaron toda la basura de la fiesta y devolvieron los colchones a las habitaciones. A las doce Remus los hizo salir al jardín trasero y les dio la bota vieja con la que había llegado al campeonato.

-McGonagall ya os debe de estar esperando en las puertas de la muralla –les dijo.

-Gracias por el detalle de la fiesta, ha sido genial –sonrió Johnny.

-De nada. Bueno, nos vemos pronto, espero –les dijo el licántropo.

-Te escribiré –Elyon lo abrazó con fuerza.

Se colocaron en círculo para coger la bota.

-Que os sea leve el resto del curso –se despidió Remus.

-Y tú sigue mi consejo –le dijo Johnny con una mirada cómplice.

-¿Qué consejo? –preguntó Elyon.

-Eso es algo entre él y yo –contestó el rubio.

Por última vez ese fin de semana, se sumergieron en un torbellino de colores. Esta vez consiguieron no caer al suelo al tocar tierra, aunque seguían sintiéndose mareados. Allí los esperaba McGonagall, que los escoltó de nuevo a la escuela. Llegaron justo a la hora de la comida. Johnny se dirigió a su mesa, y nada más sentarse comenzó a recibir las felicitaciones de sus compañeros de Casa por su segundo puesto en los Mundiales de Vuelo Acrobático.

Elyon miró la mesa de profesores. Dumbledore tenía la vista fija en Johnny mientras sonreía. Pero ella siguió recorriendo la mesa de profesores hasta encontrarse con unos ojos negros que también la miraban. Ella torció una sonrisa e hizo un movimiento de cabeza a modo de saludo. Él la imitó, intentando no sonreír.

Tras la comida, Lisa se fue a dar un paseo con Will, y Elyon caminó sola hasta su Sala Común.

-¿Qué tal tu fin de semana fuera de los muros?

Ella se giró con una sonrisa al reconocer la voz.

-Bien, muy divertido y emocionante.

-Al final Tonitini llegó al podio –comentó Snape.

-Sí, su actuación fue una pasada –sonrió ella.

-Alguien tendrá que bajarle los humos entonces -comentó con maldad.

-Déjalo respirar un poco -resopló la joven- ¿Y tu fin de semana? ¿Al final hiciste clase con Kove?

-¿Tú que crees? –contestó el joven.

-Espero que no fuera muy duro.

-No más de lo habitual. Aunque fue extraño hacer una clase a solas con él –admitió.

-Yo también te eché de menos –sonrió ella a modo de despedida- Por cierto, tus tortitas han sido un éxito.

Snape alzó una ceja ante el comentario mientras la joven se marchaba a su Sala Común. No sabía por qué se había sorprendido, si por que ella hubiera conseguido leer entre líneas o porque le hubiera confesado que había echado en falta su compañía esos días. El profesor rio para sí, pero acto seguido borró su sonrisa. Estaba haciendo lo que se había propuesto no hacer: encariñarse con ella. No tenía ninguna oportunidad, y tampoco quería buscarla. A lo máximo que podía aspirar era a tener una relación como la que mantenía con Zelda, en la que cada uno tenía claro lo que buscaba del otro, sin sentimientos ni confidencias de por medio y con libertad absoluta para hacer su vida como quisieran.