Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.
5º Curso. Capítulo 4
Johnny seguía eufórico dos semanas después de haber ganado el segundo puesto en los Mundiales de Vuelo Acrobático, no dejaba de recordárselo a todo el mundo y de fardar sobre la cantidad de cartas que le llegaban de admiradoras. Estaba tan contento, que ni le había dado importancia a que Snape le hubiera hecho cambiar el líquido de embalsamar de la mitad de los frascos del aula sin razón alguna, y eso que el olor era bastante difícil de soportar.
-Estás exagerando muchísimo –le dijo Lisa cansada-. Solo te han enviado cinco cartas, y dos eran de la misma persona.
-¡¿Qué sabrás tú?! ¿Acaso interceptas mis lechuzas? –le respondió el chico alzando una ceja.
-Johnny, toda la correspondencia llega en el desayuno, y se ve perfectamente quién recibe cartas. A no ser que te autoescribas, solo te han llegado cinco –rio Grace.
-Yo creo que se autoescribes cartas –se mofó Will.
-¿Qué yo qué? Por favor… eso sería patético –respondió el hufflepuff con desdén.
Elyon rio por lo bajo. A pesar de que era sábado, y en una hora le tocaba clase con Kove e iba a acabar reventada, estaba de muy buen humor.
…..
La joven respiraba con dificultad, le temblaban a partes iguales piernas y brazos, en estos últimos apenas le quedaba fuerzas para levantar peso y golpear. Aquella tarde había dado sus frutos, se había esforzado al máximo, y había logrado reducir a Snape en tres ocasiones, y a Kove en una.
-No sé qué os ha pasado en estas últimas semanas, pero sea lo que sea, os ha servido para que os considere lo suficientemente preparados para poder ir un poco más allá con el entrenamiento –les dijo el elfo al acabar la clase-. Si conseguís mantener este ritmo, en dos semanas podréis empezar el combate con armas.
-¿Con armas? –Elyon lo miró asustada.
-No pongas esa cara de pánico. Primero empezaréis con varas de caña, para evitar que os cercenéis algo.
La semielfa no quedó mucho más tranquila. Cuando Kove se hubo marchado, la joven se dejó caer en el tatami y quedó tumbada boca arriba.
-No puedo moverme –suspiró con cansancio.
-Exagerada –le dijo Snape deshaciéndose la coleta y revolviéndose el pelo para desapelmazarlo.
A Elyon ese gesto tan despreocupado e impropio de su profesor, le pareció divertido.
-Has estado practicando más con Kove, ¿tienes idea de lo que me ha costado ponerme a tu nivel? Eso sin contar que pesas un par de quilos más que yo y tienes más fuerza.
-¿Qué te hace pensar que yo he practicado más veces con Kove? –el joven alzó una ceja.
-Tú sigues pensando que me chupo el dedo, ¿no? He visto cómo os tratáis, no hace falta ser un genio para darse cuenta de que habéis pasado varias horas más que yo, juntos. Ya no os miráis tan mal y vuestro trato no es tan tirante.
-Eres muy observadora –se mofó él.
Elyon se levantó a desgana, y también se soltó el pelo tras atarse las deportivas. Justo antes de salir de la sala, Snape se colocó tras ella, le cogió el pelo y se lo recogió torpemente y con rapidez en una coleta alta.
-¡¿Qué haces?! –se sobresaltó ella girándose mientras se sonrojaba.
-Deberías decirle ya a tus amigos tu pequeño secreto –le dijo mirándola a los ojos.
-¿Pequeño? Yo no lo consideraría pequeño –contestó ella de mal humor.
-Pequeño, grande… qué más dará. Cuánto más tardes, más difícil te será contárselo, y peor se lo tomarán –Snape cogió unos pequeños mechones azules y se los sacó del recogido, dejándolos sueltos junto a su rostro-. Además, como te dije, es una lástima que siempre lleves el pelo suelto. Los recogidos altos te quedan muy bien.
Elyon se sonrojó sobremanera. Bajó la mirada para escapar de los ojos oscuros de su profesor y salió con paso rápido de la sala sin mediar palabra, con el corazón acelerado. A mitad de la escalera vio su reflejo distorsionado en una de las armaduras. El desastroso recogido que le había hecho Snape dejaba ver sus orejas picudas. Sintió un nudo en el estómago. No se veía capaz de contárselo a sus amigos, ni siquiera sabía cómo sacar el tema. Con un suspiro de resignación, deshizo la coleta y dejó que su pelo rubio tapara sus orejas.
…..
Lisa estaba tumbada en su cama mientras estudiaba Historia de la Magia. Elyon entró arrastrando los pies, muerta de cansancio. Rebuscó en el baúl ropa limpia y cómoda para ponérsela después de ducharse y poder bajas a cenar.
-¿Estás bien? –le preguntó Lisa levantando la mirada del libro.
-Sí –la chica se desanudó las deportivas.
-Estás como un tomate.
-¿Yo? No… que va… será por haber subido corriendo las escaleras –mintió.
-Me estás mintiendo, te estás poniendo más roja aún –le dijo la morena, divertida.
-¡No! –se acercó al espejo y comprobó que lo que decía su amiga era cierto, tenía las mejillas encendidas.
Colocó sus manos en ellas y notó que le ardían. No entendía muy bien a qué se debía esa reacción, si al comentario de su profesor o a cómo la había mirado estando tan cerca de ella.
…..
En el descanso de la clase del martes salieron a los terrenos. Will paseaba junto a Lisa mientras le rodeaba los hombros con un brazo. Johnny y Grace no dejaban de hacer comentarios para molestarles.
-Si tanta envidia tenéis, ¿por qué no vais a la caza de alguien? Según tengo entendido sois unos expertos en el ligoteo –les dijo Will con sarcasmo.
-Ese comentario tan mordaz suena raro viniendo de ti –le dijo Grace.
-Veo que Lisa te está espabilando poco a poco, ya era hora -Johnny le guiñó un ojo a su amigo.
Will lo fulminó con la mirada al comprender a que se refería aquel comentario de su amigo.
-Calmad los ánimos, ¿vale? –suspiró Elyon- Estaría bien conseguir pasar un día sin discusiones estúpidas.
-Cierto, creo que el tema en cuestión eres tú. ¿Cuándo vas a empezar a ligar? Creo que nunca te he visto tonteando con nadie –le dijo Johnny.
-Si quieres te enseño un par de trucos básicos –le dijo Grace cogiéndole las manos emocionada.
-No gracias, por el momento no me interesa –se apresuró a contestar.
-Grace, no le hacen falta técnicas de ligoteo. Ya se los lleva a todos de calle sin necesidad de trucos –le dijo el hufflepuff.
-¿Por qué siempre acabáis girando todos los temas de conversación hacia mí? –se quejó.
-Por que tus reacciones son muy divertidas –rio Johnny.
Pero las risas del chico fueron ahogadas por un chillido que les puso los pelos de punta. Era un sonido agudo muy desagradable.
-¿Qué es eso? –preguntó Grace molesta.
-No lo sé, pero creo que viene del lago –contestó Will.
Se apresuraron en llegar a la orilla. El chillido no había cesado ni un segundo, por lo que les resultó fácil seguir el sonido hasta su origen. Tras unas enormes rocas encontraron a un grupo de chicos que se reían mientras pinchaban con palos a una criatura de piel húmeda y gris que se revolvía en una red sin dejar de chillar.
-Una sirena –musitó Lisa.
Elyon se apresuró a acercarse al grupo de maltratadores para liberar a la criatura.
-¡Soltadla ahora mismo! –les gritó.
Los chicos se giraron, y ella reconoció enseguida al chico rubio de slytherin.
-¿Por qué siempre eres tú quién viene a aguarme la fiesta? –le dijo molesto.
-Porque apestas a idiota y es imposible no seguirte el rastro –le contestó ella sacando la canalizadora-. Y ahora suelta a la sirena.
Sus amigos aparecieron tras ella con las varitas en la mano.
-Busca otra diversión, esta es nuestra –contestó el chico sacando también su varita.
Con un rápido movimiento de muñeca, la semielfa lanzó un conjuro que liberó a la sirena de la red. En un abrir y cerrar de ojos, la criatura había desaparecido bajo el agua.
-Esta me la vas a pagar. Estoy más que harto de que siempre te entrometas en mis asuntos –gruñó Mark.
El chico lanzó un hechizo, pero Elyon lo repelió con facilidad. La verdad era que en comparación con Snape y los mortífagos, Mark no representaba ningún reto a la hora de un duelo. Los amigos del slytherin sacaron sus varitas dispuestos a ayudarlo, pero Lisa y los demás también se adelantaron con decisión, de manera que los cuatro chicos se amedrentaron y decidieron no participar en la pelea. Mark solo pudo lanzar otros dos hechizos antes de que Elyon lo desarmara. El chico no supo reaccionar cuando vio su mano vacía.
-Y ahora largo –le dijo la semielfa-. Si te vuelvo a ver maltratando a cualquier tipo de criatura, serás tú el que acabe en una red.
Mark la miró con rabia recogiendo su varita.
-Cuando te enfadas das verdadero miedo –le dijo Johnny con una sonrisa.
Entonces la red se enredó en sus piernas. Al caer sobre la roca se golpeó con fuerza el codo derecho. Sus amigos no reaccionaron a tiempo para cogerla y la red la arrastró hacia el lago congelado. El agua helada la rodeó cortándole la respiración, mientras la red le aprisionaba las piernas, sin dejar que nadara y saliera a flote.
-¡Cabrón sádico! ¡Sácala del agua! –gritó Will lanzándose contra su primo mientras los demás corrieron tras él para pararlo, y Grace corría hacia el agua a por su amiga.
Se sintió como aquella vez que cayó en el hielo. El frío calándole hasta los huesos, frío que se le calvaba como púas al rojo vivo.
Algo impidió que se siguiera hundiendo. Unas manos palmeadas le agarraron los brazos y estiraron de ella hacia arriba. En apenas unos segundos volvía a tener la cabeza fuera del agua. La sirena le desenredó la red de las piernas y la llevó hasta la orilla. Salió tosiendo del agua ayudada por Grace.
-¡Elyon! ¡Menos mal que estás bien! –le dijo la pelirroja- ¡Gracias, muchas gracias! –la joven miró a la sirena con lágrimas en los ojos.
La sirena contestó con un chillido agudo y se zambulló en el agua.
-¡Will, basta! ¡Suéltalo! –gritaba Lisa mientras ella y Johnny intentaban sujetarlo para que dejara de golpear a Mark.
Su primo tenía el labio partido y le sangraba la nariz. Finalmente entre los dos consiguieron separarlos.
-¡Esto no va a quedar así! ¡¿Me oyes?! –le gritaba Will- ¡Me voy a encargar de que Dumbledore y tus padres se enteren de esto!
-Vaya amenaza más infantil, a ver si maduras –contestó Mark limpiándose la sangre de la nariz con el dorso de la mano.
Will hizo un amago de volver a lanzarse contra él, pero Johnny lo sujetó con firmeza.
-¿Estás bien? –le preguntó Grace a Elyon- Vamos a la enfermería antes de que te congeles.
Su amiga le retiró el pelo mojado de la cara y se lo colocó tras las orejas. Entonces su sonrisa se borró. Elyon tardó varios segundos en asimilar qué estaba pasando.
-Eres… -musitó la pelirroja.
-¡Merlín! ¡Esto sí que es un notición! Me muero de ganas de contárselo a los demás –rio Mark cuando la vio.
Lisa, Will y Johnny se giraron y miraron a su amiga. La semielfa no supo descifrar las miradas de todos ellos. Vio asombro, decepción y mofa. Y entonces echó a correr.
-¡Elyon, espera! –gritó Lisa.
Pero no pudo parar, no quería parar. No quería volver a ver esas miradas, no quería ver la decepción en sus ojos.
…..
Llevaba horas sentada en el banco de piedra, arrebujada en su túnica mientras tiritaba sin parar, intentando entrar en calor con una pequeña bola de llamas azules que había conjurado y que flotaba ante ella. En aquel pequeño y abandonado patio del castillo era difícil que alguien pudiera encontrarla, había tenido que atravesar varias hileras de matorrales para llegar. Aun así, tenía la capucha echada sobre la cabeza para que si algún alumno despistado conseguía llegar allí, no pudiera reconocerla.
-No puedes quedarte aquí eternamente –Snape se sentó a su lado.
Elyon se llevó tal susto que se levantó del banco de un salto.
-¿Cómo has llegado aquí sin hacer ruido? –le preguntó ella aún con el corazón en un puño.
-Si quiero sobrevivir como agente doble, tengo que ser muy cuidadoso.
Ella volvió a sentarse en el banco y acercó más las manos a las llamas flotantes con una mueca de dolor al mover el brazo derecho.
-¿Estás bien? –le preguntó él con preocupación.
-Me he golpeado el codo al caer al lago.
Snape le cogió el brazo y le dobló el codo un par de veces, Elyon hizo una mueca de dolor.
-Solo es un golpe, no tienes ninguna lesión –le dijo.
-Menos mal, si me rompo el brazo Kove se enfadará mucho por dejar de ir a sus clases.
-Yo creo que se enfadaría más por haberte dejado vencer tan fácilmente yendo a sus clases –medio rio el profesor.
Elyon torció una sonrisa. Pasaron varios minutos sin que ninguno dijera nada.
-Dumbledore no tardará en venir a por ti si sigues sin aparecer.
-Me da igual, no quiero que me vean –dijo ella conteniendo el llanto.
-¿Quién? ¿Los demás alumnos o tus amigos? –Snape alzó una ceja.
-Ambos.
-Lo que opinen de ti los demás alumnos debería importarte una mierda. Lo único importante son tus amigos y cómo te ven ellos, no dejes que una estupidez así arruine vuestra amistad. Ellos van a estar allí para defenderte –le dijo su profesor.
Elyon lo miró. Aquel tono era muy impropio de él. Sabía que en cierta manera, se estaba sincerando con ella.
-Así que muévete y ve a hablar con ellos. Cuánto más tardes en dejarte ver más se va a crecer Gambon, a pesar de que va a recibir un castigo ejemplar por lo que ha hecho.
-Los alumnos de slytherin ya lo saben, ¿no? –preguntó ella temiendo la respuesta.
-De no saberlo, yo no estaría aquí. La noticia de que eres una elfa se está extendiendo con rapidez, para mañana ya lo sabrá todo el castillo, incluyendo a los profesores. Dumbledore va a tener que dar muchas explicaciones –resopló él, divertido.
-¿Entonces has castigado a Mark?
-No, yo no. Tu amigo Marti fue inmediatamente a ver al director cuando tú desapareciste, le explicó lo ocurrido y él me avisó a mí para que se lo llevara. Obviamente en ese tiempo Gambon ya le había contado tu secreto a toda la Casa. Y ahora estará escuchando la sentencia de Dumbledore. Tendrá suerte si no le expulsan unos días –explicó.
-¿Expulsar? –Elyon lo miró boquiabierta.
-Ha capturado y maltratado a una criatura mágica, y para rematar, ha estado a punto de ahogar a un alumno. Eso sin contar que ya mató a una lechuza y las diversas peleas que tuvo a raíz de tu broma de Halloween –enumeró Snape-. Gambon empieza a tener un expediente muy gordo. Mayor que el de cualquier otro slytherin. Sinceramente me preocupa el carácter tan violento que está desarrollando -comentó más para sí mismo que para la chica.
Snape alargó una mano y le quitó la capucha. Ella se encogió incómoda. Luego se la quedó mirando unos segundos. Tenía las mejillas rosadas por el frío y los ojos rojizos por llorar. El profesor se levantó del banco de piedra.
-Levántate de una vez, no quiero volver a tener que repetírtelo –le tendió una mano-. No toleraré que por culpa de tu estupidez pierdas a tus amigos.
-¿A qué viene tanta insistencia? –le preguntó ella.
-No quiero que cometas mis mismos errores.
-¿Mismos errores? –ella frunció el ceño con curiosidad- ¿Qué hiciste?
Snape siguió en pie tendiéndole la mano, sin intención alguna de responder. Elyon no se movió del banco de piedra.
-No cederás hasta que te lo cuente, ¿verdad? –suspiró el chico.
La semielfa negó con la cabeza.
-Unos idiotas malnacidos… los Mero… da igual. La cuestión es que por su culpa le dije algo a mi única amiga… y la perdí para siempre, no quiso volver a hablarme o verme a pesar de las veces que intenté disculparme –confesó- ¿De verdad quieres que Gambon arruine tu amistad por descubrir un secreto que hace tiempo deberías haber contado a tus amigos?
Snape sintió un gran desasosiego al recordar la cara de Lily cuando pronunció aquella maldita palabra. Ojalá jamás hubiera abierto la boca.
Elyon cogió su mano y se levantó.
-¿Qué le dijiste? –le preguntó manteniéndole la mirada.
El inspiró hondo, armándose de valor para pronunciarla.
-Sangre-sucia.
-Hay que ser idiota –le contestó.
-¿Cómo? –el profesor la miró confuso y enfadado. -Me sincero contigo y tú… -Snape la miró con la mandíbula apretada.
-¿Qué quieres que te diga? Sé que has hecho cosas horribles, pero esta se lleva la palma ¿Cómo pudiste decirle eso a tu amiga? ¿Cómo dejaste que ocurriera? –le contestó sorprendida.
-No volveré a contarte nada, te lo aseguro –el chico soltó su mano con brusquedad.
Elyon corrió tras él.
-Lo siento, no quería reprocharte nada. Pero me ha sorprendido esa respuesta –ella se colocó a su lado-. Mira la parte buena, perdiste a una amiga, pero has ganado una nueva –le cogió del brazo con ambas manos-. Después de todo lo que me has dicho y hecho desde que nos conocemos, tendrás que esmerarte mucho cuando quieras perderme de vista.
Elyon rio con fuerza, más tranquila. Snape no supo reaccionar. A pesar de que se había propuesto no tener un trato cercano, no podía evitarlo. Se sentía tan bien a su lado, hacía tanto tiempo que no tenía un trato tan cercano con alguien, y necesitaba tanto poder hablar con sinceridad, que no podía contener la lengua. Había olvidado cómo eran aquel tipo de charlas que no encerraban maldad alguna entre líneas. Torció una sonrisa y comenzó a andar junto a ella, mientras la chica seguía abrazada a su brazo.
…..
Elyon sentía un nudo en el estómago. Los dos estaban frente al muro de piedra que llevaba a la Sala de los Menesteres. La semielfa agarraba con fuerza la mano de su profesor.
-Te has enfrentado a mortífagos, esto para ti es pan comido –le dijo para calmarla.
-Pero aquí no cuenta la magia –contestó ella.
-Mejor para ti, ya sabes que no eres muy buena con los hechizos –se mofó el chico.
Elyon lo fulminó con la mirada.
-Espero verte con tus amigos en la cena, o tomaré cartas en el asunto. Y no te va a gustar –le dijo antes de irse escapando del fuerte agarre de la chica.
Cuando se quedó sola, una gran puerta de roble maciza se materializó ante ella. Giró el picaporte y empujó. Esperaba que la puerta hiciera un ruido espantoso, pero en vez de ello, se abrió y cerró sin hacer el menor ruido. Sus amigos estaban sentados en los sofás, con clara expresión de preocupación mientras miraban al suelo.
-Hola –musitó ella.
Le pareció que su voz resonaba con fuerza en la sala. Los cuatro alzaron la vista con un respingo y se la quedaron mirando.
-Yo… lo siento –les dijo con ojos llorosos.
Lisa se levantó y corrió a abrazarla.
-No vuelvas a hacernos esto, ¿vale? Ni se te ocurra volver a escapar después de casi ahogarte –le dijo en un sollozó sin dejar de abrazarla.
Elyon la abrazó rompiendo llorando.
-Lo siento… lo siento mucho, quería contároslo –intentó explicarse entre sollozos.
-Bueno, ahora es un buen momento –le dijo Grace desde el sofá con una media sonrisa, dando golpecitos en el cojín invitándola a sentarse entre ella y Johnny.
Elyon aceptó la invitación mientras se secaba las lágrimas.
-Vale, ahora desde el principio y con todo lujo de detalles, si no te importa –le dijo el hufflepuff cogiéndole la mano-. Y no llores más, que entre el chapuzón y el melodrama, pareces un mapache.
Ella dejó escapar una pequeña carcajada.
-¿De verdad que no estáis enfadados? –les preguntó limpiándose las lágrimas.
-Estamos molestos porque no nos lo has contado. Pero por lo demás no, que seas una elfa no hace que seas menos tú –le dijo Will con una sonrisa.
Elyon tuvo que controlarse para no volver a romper a llorar.
-Bueno… en verdad no soy una elfa, soy semielfa. Mi madre era bruja –explicó.
-¿Y cómo es que estás en Hogwarts? ¿Es porque tu madre querías que estudiaras con otros magos?
Ella negó con la cabeza mirando al suelo.
-No. Simplemente no tengo otro sitio al que ir. Mis padres murieron, los asesinó Voldemort -sus amigos se estremecieron al escuchar el nombre-, la misma noche de su caída… la misma noche que me marcó por alguna razón que desconozco –explicó intentando que no se le quebrara la voz.
Con dedos temblorosos, se quitó la muñequera de piel, dejando a la vista la calavera y la serpiente. Grace se llevó las manos a la boca. Lisa y los demás se quedaron blancos.
-¿Es… es la Marca Tenebrosa? –musitó Lisa casi sin voz.
-No… pero se le parece mucho. Con esto Voldemort puede entrar en mi mente y encontrarme esté donde esté –volvió a colocarse la muñequera.
-Eso es imposible. El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado murió –dijo la pelirroja.
-No, no está muerto… no del todo. Solo muy débil, en algún lugar –Elyon la miró con seriedad.
La semielfa inspiró hondo y comenzó a relatarles toda la verdad. Dónde se había criado, la noche de la muerte de sus padres, que Dumbledore era ahora su tutor y Snape su Protector, por qué vivía en Hogwarts y cómo había decidido esconder su origen, sus encuentros con algunos de los mortífagos que aún quedaban libres, y sus sospechas sobre que tanto sus padres como Dumbledore, le escondían un gran secreto.
-Vaya… has tenido un año muy intenso –dijo Johnny para romper el silencio que se había creado tras la larga explicación.
-¿Por qué no nos lo contaste? No te habrías sentido tan sola, no habrías tenido que cargar con tantas mentiras –le reprochó Lisa.
-Tenía miedo –contestó ella.
-¿Miedo a qué? –Grace no lo entendía.
-A que no me aceptarais, los elfos y los magos…
-¡No seas tonta! Esos prejuicios son de los magos adultos, no de la nueva generación –intervino Will-. Que tengas las orejas diferentes no hace que seas distinta. Siempre nos has ayudado, ser así es parte de ti. Y por ese motivo somos tus amigos, porque eres una persona con la que siempre se puede contar, lo dejas todo por ayudar a los demás. No somos tus amigos solo porque antes tenías las orejas redondas.
-Ahora me siento idiota por no habéroslo contado –musitó ella.
-Bueno, en parte lo entiendo. Es verdad que algunos magos y elfos no se llevan bien, pero eso a nosotros nos da igual –le dijo Grace.
-Y al primero que se le ocurra meterse contigo por eso… ¡Pam! –Johnny chocó su puño derecho contra su palma izquierda.
-Lo último que necesitamos son más peleas con slytherins, porque obviamente serán los que metan más cizaña, sobretodo Mark –le dijo Lisa con seriedad.
-Mark ya va a tener bastante con el castigo de Dumbledore –comentó su novio.
La morena puso los ojos en blanco dando a entender que en cuanto acabara su castigo, Mark volvería a las andadas, por mucho que dijera Will.
-Al menos con tu confesión ahora se entienden muchas cosas –Grace miró a Elyon-. Como por qué no puedes ir a ningún sitio, por qué la señora Norris es tan mansa contigo, y por qué los centauros nos trataron tan bien.
-Bueno, no tengo yo tan claro que los centauros nos trataran así solo por ser semielfa –comentó ella con una mueca.
-Yo lo único que sé, es que lamento informarte que quedas excluida de la lista de tías buenas del colegio, por lo que pierdes el primer puesto –dijo Johnny con solemnidad.
-¿Cómo? –Elyon se sonrojó sobremanera.
-No te hagas la sorprendida. Los chicos del colegio tenemos una lista de tías buenas, igual que vosotras tenéis una de los tíos más guapos, en la que seguro si no estoy el primero, estaré en el ranking de los cinco mejores –el hufflepuff se pasó una mano por el pelo en gesto de superioridad-. Pero entenderás que tener sangre elfa es jugar con ventaja, igual que si tuvieras sangre de veela. Por lo que aunque a ojos de todos sigas siendo la más guapa, entras en otra categoría.
Elyon apenas podía creerse lo que estaba escuchando.
-Estoy flipando –Lisa lo miró alzando una ceja- Acabo de enterarme de que existen esas listas.
-Yo ya lo sabía –Grace se encogió de hombros.
-Elyon no me mires así –rio Johnny-. Mira la parte positiva, antes los chicos pensaban que conseguir una cita contigo era prácticamente imposible, pero tenían la esperanza de tener suerte algún día. Ahora que te etiquetarán de inaccesible, van a dejar de seguirte muchos moscones. Aunque siempre habrá alguno al que le gusten los retos.
Ella seguía sin saber qué decir.
-A mí no me siguen moscones -musitó confusa.
-Madre mía, y pensaba que en el empanado mojigato era Will -resopló Johnny.
Su amigo lo miró con enfado, pero prefirió ignorarlo.
-Esta noche, supongo que cenaremos aquí, ¿no? –preguntó el slytherin para cambiar de tema.
-Mejor que cenemos en el Gran Comedor -dijo Elyon con desgana-. Snape me ha amenazado con que me arrepentiré si no voy a cenar con vosotros hoy al Gran Comedor. Me ha arrastrado hasta aquí para que hablara con vosotros.
-¿De verdad ha hecho eso? –la ravenclaw la miró sorprendida.
-Sí. Después de un año de convivencia forzada hemos aprendido a tratarnos y a conocernos mejor, y aunque de vez en cuando volvemos a tener bronca, normalmente nos llevamos bien. No es tan malo como quiere aparentar que es -sonrió con cariño.
-Esa sí que es toda una revelación –dijo Johnny alzando una ceja-. Pero no por eso va a caerme mejor. Aún me huelen las manos a líquido de embalsamar.
-Nadie ha dicho que tenga que caerte bien -rio Grace.
…..
Dumbledore apenas había tocado su plato. No hacía más que mirar hacia las grandes puertas de roble. Elyon aún no había aparecido, y sus amigos tampoco. Snape le había dicho que la había llevado hasta ellos, pero que el resto era cosa de la joven, por lo que se había marchado sin saber si la cosa había salido bien o mal.
"Por Merlín, espero que bien" pensó él. No quería que Azrael tuviera razón. Desde que la joven había conocido a sus amigos había vuelto a ser feliz, había vuelto a tener una familia y había podido vivir como una chica de su edad. Pero cuando Will apareció en su despacho contando lo ocurrido se temió lo peor, ya que la expresión del chico era de completa indignación. Indignación hacia lo que había hecho su primo y hacia lo que había descubierto sobre su amiga.
Dumbledore sabía que el problema no residía en que sus amigos no la aceptaran por ser semielfa, el problema residía en que ellos habían confiado en Elyon, y ella durante todo un año les había estado mintiendo, demostrando que no confiaba en ellos. Pero todo aquello era difícil hacérselo entender a Azrael, quien sin duda le echaría la culpa a la discriminación entre elfos y humanos.
Las enormes puertas se abrieron, y por ellas apareció la joven junto a sus amigos. Nada más entrar el Gran Comedor se inundó de murmullos y miradas curiosas. La semielfa bajó la cabeza avergonzada, pero su amiga Lisa la cogió del brazo y le murmuró algo. Entonces Elyon levantó la cabeza fingiendo que no escuchaba los comentarios ni veía las miradas. Dumbledore sonrió, y suspiró con alivio al ver que todo había salido bien.
-Parece que no había motivos para preocuparse tanto –le dijo McGonagall.
-No, gracias a Merlín que no –le contestó el director con una amplia sonrisa.
Snape respiró tranquilo cuando vio el grupo al completo entrar en la sala, como si nada fuera diferente.
…..
Elyon tomó asiento en la mesa Gryffindor, entre Lisa y Grace. Ninguno de sus amigos había querido dejarla en esos momentos, sabían que las próximas semanas iban a ser duras para ella. Por las preguntas constantes, los cuchicheos y las burlas e insultos que seguro le tenían reservados los slytherins.
Ella intentaba no hacer caso a los murmullos, pero era muy complicado, como una especie de zumbido que le taladraba los oídos. Pero no supo que era peor, si el constante murmullo o el silencio que reinó entre sus compañeros cuando se sentó a la mesa. Todos los que estaban cerca de ella se callaron y evitaron mirarla, centrando su atención en la cena. Elyon se mordió el labio mientras cogía el tenedor. Se le había quitado el hambre por completo, pero estaba segura de sus amigos no la dejarían irse sin comer algo antes. Levantó la mirada hacia la mesa de los profesores. Snape torció una sonrisa cuando sus miradas se encontraron. Se sintió mejor, más relajada, durante unos segundos le dio igual lo que los demás pensaran de ella, hasta que el chico apartó la mirada para seguir con la cena. Entonces Elyon volvió a ser consciente de los murmullos, aunque le pareció que de cada vez había menos.
-Lisa, quiero irme a la habitación –le dijo a su amiga.
-No hasta que hayas comido algo –le contestó tajante.
-Pero… -insistió.
-Elyon, cálmate –le dijo Grace poniéndole una mano en el hombro-. Te puedo asegurar que muchos de los murmullos son más por curiosidad, que por desagrado.
La semielfa suspiró resignada e intentó cenar algo, pero el único plato que consiguió acabarse fue el postre, un trozo de pastel de manzana. Cuando todos los platos desaparecieron de la mesa, Elyon se apresuró en ser de las primeras en abandonar el Gran Comedor, seguida por sus amigos.
Tres días después algunos alumnos seguían mirándola con curiosidad y murmuraban a su paso. Los slytherins, sin embargo, no habían esperado ni un día en comenzar con sus puyas y mofas.
Esa mañana Elyon estaba sentada en su cama, mirando desde allí su reflejo en el espejo del tocador de la habitación. Sharon, Allyson y las demás se habían ido ya a desayunar. Desde que todos sabían que era una semielfa, apenas habían hablado con ella, salvo para decir buenos días y buenas noches. Suspiró mirándose las manos que descansaban en su regazo.
-Elyon, no puedes seguir así de deprimida. Le estás dando más motivos a los imbéciles de los slytherins para que se metan contigo –le dijo Lisa poniéndose la túnica escolar.
Ella no contestó.
-¿Cómo puedes tener tanto miedo a mostrarte? Te has enfrentado a trolls, mortífagos, a Quien-No-Debe-Ser-Nombrado y a Snape, que creo que da más miedo que todo lo demás junto ¿De verdad vas a acobardarte ahora? Sé que no debería decirte esto, pero creo que tus padres no estarían muy orgullosos de ti sabiendo que te avergüenzas por tener las orejas picudas –su amiga se encogió de hombros mientras salía de la habitación.
Elyon levantó la vista con los ojos llorosos. Lisa tenía razón. Sus padres siempre le habían dicho que algunas personas eran demasiado estúpidas para comprender que no había nada de malo en ser diferente, pero había otras más estúpidas aun que se escondían por ser diferentes y no sentir orgullo por cómo son ¿Realmente ella iba a ser más estúpida que Mark y sus amigos?
Se levantó de la cama y fue hasta el tocador. Se recogió el pelo en una coleta alta, dejando escapar dos mechones azulados que cayeron enmarcando su rosto, tal y como Snape se lo había recogido una semana atrás. Si los alumnos de Hogwarts querían algo de lo que hablar, ella les daría algo de lo que hablar. Entró con decisión en el Gran Comedor, pero esa vez no escuchó tantos murmullos como el día que se descubrió su secreto. Sí que muchos alumnos la miraron con curiosidad, pero apenas escuchó nada. Vio como Johnny, desde su mensa, levantaba los pulgares y le sonreía.
-Veo que por fin has entrado en razón –le dijo Lisa con una sonrisa cuando se amiga se sentó a su lado.
-Sí, he recordado algo que me solían decir mis padres -contestó.
-Te queda muy bien ese recogido –le dijo Sharon, que estaba sentada frente a ella-. Allyson, gané.
Y dicho esto le alargó una mano. Su amiga entornó los ojos con fastidio, rebuscando algo en la bolsa del colegio y sacó un galeón que dejó en la mano de esta.
-¿Habíais apostado? –Elyon alzó una ceja.
-Sí. Yo aposté en que dejarías ver tus orejas en menos de una semana. Allyson dijo que tardarías más en echarle valor –explicó Sharon.
-Por eso no te hemos hablado mucho en estos días, no queríamos ser responsables de tu decisión –le confesó Allyson.
-La verdad no sé cómo tomármelo. Si me hubierais hablado no habría estado pensando todo este tiempo que me repudiabais o algo así –les dijo la semielfa dolida.
-Pues por eso mismo, si demostrábamos que no nos importaba habríamos influido en tu decisión. Y un galeón de oro, es un galeón de oro. Así que optamos por una actitud de indiferencia hacia el asunto –le dijo Sharon.
-Yo no lo habría llamado indiferencia… -comentó la semielfa molesta.
-No te enfades tanto con nosotras por favor. Teniendo esa actitud contigo hemos descubierto que más de la mitad de los alumnos lo que tienen es curiosidad. No entienden por qué si sabes que todos están al tanto de tu origen, te ocultas. No sabían si se trataba de un rumor absurdo o de si era verdad –le dijo Allyson con una sonrisa.
-¿Ves como no había nada de qué preocuparse? Sigues siendo Elyon McWilliams, así que te seguirás levando bien con la gente que ya conocías –rio Grace.
Ella sonrió más aliviada. Si todo lo que le estaban contando hasta el momento era cierto. Esconderse de los demás alumnos todo un curso había sido la mayor estupidez que había hecho en su vida, aunque eso sí, empujada por Dumbledore. Por lo visto el director también había albergado sus dudas al respecto y por ello había tomado la decisión de ocultar sus orejas el curso pasado.
…..
En cuanto comenzaron las clases algunos de sus compañeros no dudaron en acercarse a ella para preguntar cosas acerca de los elfos. Muchas de esas preguntas se quedaron sin respuesta, ya que Elyon no las sabía.
La clase suplementaria de Pociones de aquel día se la tomó con mucha calma, reinaba el silencio en la mazmorra. Solo roto por el burbujeo de la poción y el crepitar del pequeño fuego en el que la semielfa se calentaba las manos.
-Por lo que he podido ver en las comidas, no te ha ido tan mal como creías con tus amigos y compañeros –le dijo Snape desde su escritorio.
-Pues no. Estaba harta de tener que mentir constantemente e inventarme excusas estúpidas para todo, estoy muy contenta de poder olvidarme de todo eso –contestó con una amplia sonrisa.
-Se te nota –contestó él levantando la vista de los trabajos que estaba corrigiendo.
Elyon lo miró con una tímida sonrisa, y sintió que se sonrojaba ligeramente. Una de las razones por la que estaba más contenta, era que desde que volvió del campeonato de Johnny, Snape parecía una persona nueva. No montaba en cólera con tanta facilidad, incluso en clase los alumnos lo notaban más suave, a pesar que seguía restándoles puntos a la mínima oportunidad. El profesor se levantó para comprobar el estado de la poción.
-Voy a hablar con Dumbledore, creo que no necesitas seguir con las clases suplementarias de Pociones –le dijo.
-¿De verdad? –sonrió ella emocionada- Pero aún me quedan algunas por practicar.
-No vayas de humilde ahora –Snape alzó la ceja-. Eres buena con esta asignatura. Estudia los ingredientes e instrucciones de las pociones que aún no has hecho. Si apruebas el examen teórico, daremos por acabadas las clases suplementarias.
-¡Bien! –exclamó Elyon levantándose de su taburete de un salto y metiendo los enseres de clase en su mochila.
-No tan rápido –el profesor le quitó la mochila-. Aun no has acabado esta poción.
-Se me había olvidado –rio ella volviéndose a sentar.
Esa noche le escribió una carta a Remus contándole todo lo ocurrido en los últimos días.
…..
Kove les dio a cada uno una caña de bambú. Eran tan largas como la que usaba él, por lo que les era complicado moverlas sin golpearse, golpear al otro o al suelo.
-Bien, comencemos con movimientos sencillos. Intentad copiarme y memorizadlos bien –les dijo el elfo colocándose frente a ellos dándoles la espalda.
Blandió la caña con ambas manos trazando una curva por su costado derecho mientras avanzaba un paso, luego la hizo girar sobre su cabeza mientras daba una vuelta sobre sí, y por último la hizo bajar con fuerza frenándola a la altura de la cintura.
-¿No podemos empezar por algo más fácil? –preguntó Elyon.
-No hay tiempo para ir más despacio -le dijo Kove con seriedad-. Ahora os toca a vosotros.
Ambos comenzaron el movimiento a la vez, pero Elyon estuvo a punto de perder la caña cuando la giraba sobre su cabeza y por poco golpeó a Snape.
-La caña no muerde, agárrala con firmeza –le dijo el elfo con enfado-. Y tú jovencito, muévela con más energía, imagina que estás golpeando a alguien.
Una vez más volvieron a intentarlo, pero necesitaron media hora hasta que Kove consideró que podían aprender otro movimiento. Aquella tarde consistió en memorizar y bailar, tal y como el elfo les repetía una y otra vez.
…..
Dumbledore la hizo sentar en su despacho la noche del viernes. Elyon se torció hacia atrás el meñique, nerviosa, estaba ansiosa por escuchar al director dándole la noticia de que tendría una clase menos.
-¿Qué tal te va desde que tus compañeros saben tu procedencia? –le preguntó juntando las yemas de los dedos.
-Muy bien, como si nunca lo hubiera ocultado. De vez en cuando me preguntan algo sobre los elfos que ni yo se contestar –sonrió-. Tenía usted razón, esconderme era una tontería.
-Sí, y tengo que admitir que parte de la culpa es mía, quizá lo mejor hubiese sido no usar ese hechizo de camuflaje y confiar en que los alumnos te aceptaran desde el principio sabiendo que eras semielfa.
-El conjuro no dejó de funcionar por sí solo, ¿verdad? –comprendió Elyon de pronto.
-No, no lo hizo –se sinceró el anciano con expresión de culpabilidad.
-¿Por qué puso tanto empeño primero en ocultarme y ahora, de repente, cambia de opinión? –Elyon no conseguía comprenderlo.
-Eso es algo que te explicaré en su momento –le dijo Dumbledore con seriedad.
-¿Otra vez la misma canción? No. Quiero respuestas, y las quiero ahora –la semielfa lo miró a los ojos con firmeza.
-Supongo que por nada del mundo querrías separarte de tus amigos, ¿cierto? –Elyon asintió-. Lo único que puedes saber por ahora es que si no hubieras mostrado tus orígenes, o si por mala suerte, al hacerlo te hubieran dado la espalda tus amigos, ya no podrías seguir viviendo en Hogwarts bajo mi custodia.
-¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! –ella lo miró con frustración.
-Ya te he contado demasiado, para todo lo demás tendrás que esperar.
Elyon abrió la boca para protestar, pero el anciano levantó una mano dando por zanjado el asunto.
-El tema que has venido a tratar es el del fin de tus clases suplementarias de Pociones, como ya te imaginarás –le dijo.
-Sí –gruñó la joven al comprender que no le sonsacaría nada más al director.
-De forma que las horas libres que te quedan los miércoles las usaras para seguir practicando con Kove.
-¡Venga ya! –se quejó sin poder controlarse- ¿Entonces no voy a tener una tarde libre entre semana?
-No, me temo que no –Dumbledore no pudo ocultar una sonrisa, la reacción de la chica y su cara de desesperación le había hecho gracia-. Piénsalo con frialdad, cuanto más practiques, antes aprenderás todo lo que Kove tiene que enseñarte y antes acabarás con las lecciones.
-Solo espero que las lecciones no duren tanto como el resto de las clases suplementarias –suspiró con resignación.
-Yo también lo espero o Kove se pondrá de mal humor si tardáis tanto en aprender –rio Dumbledore.
Elyon hizo una mueca de desagrado. Hacía tiempo que el elfo no los golpeaba con la vara de bambú, y por nada del mundo quería que Kove volviera a hacerlo.
