Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.
5º Curso. Capítulo 5
Cuando entró en el despacho encontró al director de espaldas a él, mientras observaba los terrenos del colegio por el enorme ventanal de la sala. Snape se acercó al escritorio y esperó de pie. Dumbledore se giró entonces y le hizo un ademán para que tomara asiento. El joven obedeció y siguió a la espera. El anciano se tomó su tiempo en sentarse, se quitó las gafas y se masajeó el puente de la nariz. A Snape tanta teatralidad empezaba a crisparle los nervios.
-¿Vamos a hablar sobre algo o he venido para estar aquí sentado? –le dijo finalmente intentando no sonar excesivamente molesto.
-He informado a Azrael sobre la nueva situación de Elyon –comenzó por fin.
-¿Y? Todo va tal como lo habías planeado, así que supongo que ya no habrá ningún problema con ese tema –el joven se encogió de hombros con indiferencia.
-No exactamente –le corrigió-. Sí, ha asumido que Elyon se va a quedar en Hogwarts hasta que acabe sus estudios, y por ello quiere asegurarse de que aquí está bien, a salvo, y se le está dando una buena educación mágica, y sobre todo, si está aprendiendo todo lo referente a la cultura de su pueblo.
-¿Y cómo pretende hacerlo? ¿Se va a presentar en persona? Si no recuerdo mal, le tienes prohibido ver a Elyon por el momento.
-Eso quería tratar contigo. Va a enviar a alguien para que haga una valoración, para que sea sus ojos y oídos -le dijo Dumbledore-. Alguien de suma confianza.
-¿Y qué tiene eso que ver conmigo?
-Pues que te pediría encarecidamente que seas profesional. Tú vas a ser uno de los objetivos, sabe que fuiste mortífago y no te quería en el puesto. Así que va a cerciorarse de que estás capacitado y te tomas en serio tu cometido -le explicó con seriedad-. Sé quién va a venir, y tú en comparación, eres un trozo de pan. Va a ejercer una gran presión sobre ti para ver si flaqueas.
-No es fácil encontrarme un punto débil -Snape torció una sonrisa de autosuficiencia.
-Eso sería antes -le dijo el director, alzó una ceja de forma significativa-. Ahora tienes uno. Uno con unos preciosos ojos verdes.
Al joven ese comentario lo trastocó. No sabía muy bien a qué se refería ¿Acaso el director se había dado cuenta de cómo a veces miraba a la joven?
-Me alegra que ahora te lleves bien con Elyon, pero creo que no deberías tener un trato tan cercano con ella cuando ejerzas de Protector estando el supervisor de Azrael, ya que puede creer que tus sentimientos hacia ella pueden hacerte débil en un momento crítico.
-¿Me estás diciendo que ahora que no nos peleamos, tal y como tu querías, tengo que volver a usar el trato que teníamos antes? –el joven frunció el ceño.
-Por una vez podrías intentar no ser tan extremista –medio rio el director-. Lo que te estoy diciendo es que mientras el supervisor esté aquí, trates a Elyon con menos cercanía. Trátala como si fuera una alumna más, a ser posible relaja un poco tu mal carácter. Supuestamente es el trato que Protector y Protegida deberían tener.
-¿Tengo que creerme que Protector y Protegida nunca llegan a tener un trato cercano a pesar de estar todo el tiempo juntos? –se mofó Snape.
-Digamos que esa es la versión oficial. Pero sí, tienes razón –Dumbledore sonrió con resignación.
-¿Cuándo llegará la marioneta de Azrael?- suspiró el chico con cansancio.
-Mañana por la mañana.
-Ya veo que no se anda por las ramas.
-No, es muy impaciente e impulsivo cuando se trata de sus seres queridos. Ese es su mayor defecto –Dumbledore volvió a colocarse las gafas doradas sobre la nariz.
…..
En el desayuno Elyon recibió la visita de Eizen, que traía atada a su pata una carta de Remus. La chica la cogió y le ofreció al pequeño halcón los trozos de beicon de su desayuno. El pequeño animal los devoró y pio con alegría antes de posarse en el hombro de la chica, restregar su pequeña cabeza contra la mejilla de la joven y salir volando hacia el exterior por uno de los ventanales de las lechuzas. La carta de Remus era corta, en ella el chico le expresaba su alegría por la reacción de sus amigos, aunque según él, no esperaba otra cosa.
Cuando salieron del Gran Comedor para empezar las clases, Johnny le dio un codazo a Elyon y con un movimiento de cabeza le dijo que mirara a las puertas del castillo. Ella y el resto se giraron con curiosidad. Dumbledore estaba en el enorme recibidor junto a otro hombre más alto que él. Tenía el pelo rubio platino, casi blanco, suelto, y le llegaba por la mitad de la espalda. Iba vestido de azul oscuro, con una camisa larga hasta debajo de la cadera, unas botas altas de piel negra, dentro de las cuales llevaba unos pantalones ceñidos, y sobre los hombros tenía colocada una capa negra de piel de conejo muy tupida, adornada con un poco de nieve blanca. Estaba claro que acababa de llegar y que el director le estaba dando la bienvenida.
-¿Quién es? –preguntó Grace.
-Ni idea, pero parece un tío importante por la ropa –contestó Will.
-Tiene algo raro –comentó Lisa.
-Es un elfo –dijo Elyon.
-¿Cómo lo sabes? –Grace la miró sorprendida.
-Simplemente lo sé –la joven se encogió de hombros.
-¿Qué sois como perros? ¿Os oléis o algo así? –Johnny frunció el ceño.
-Ese comentario es muy ofensivo –Elyon lo miró con severidad-. Lo sé porque soy legeremante, y sé ese tipo de cosas.
Su amigo se sonrojó avergonzado. Tras un último vistazo al elfo, siguieron de camino a sus respectivas clases.
…..
Snape estaba preparando la clase apuntando los ingredientes en la pizarra cuando llamaron a la puerta. Le resultó extraño porque aún faltaba una hora para el comienzo su primera clase de esa mañana. Al abrir la puerta se encontró con Dumbledore y otro hombre, rubio, de mediana edad, de rostro alargado y rasgos suaves, cejas oscuras y mirada severa y prepotente. El elfo lo analizó con detenimiento, con desagrado en esos ojos azul marino.
-Buenos días Severus –le saludó con alegría el anciano-. Te presento a Rasmu, ha venido a hacer una valoración, como ya te mencioné.
-Encantado –le dijo Snape al elfo, alargando la mano para estrechársela.
El hombre se limitó a asentir con la cabeza sin intención alguna de corresponder al saludo.
-Bueno, aquí os dejo. Rasmu, disfruta del colegio, y si necesitas algo solo has de decírmelo, ya sabes dónde encontrarme –se despidió el director.
Una vez más el elfo solo asintió levemente con la cabeza.
-Si quiere pasar –Snape se apartó de la puerta para dejarle paso.
Al ver que el elfo no se movía decidió ir a terminar de preparar la clase, dejando la puerta abierta. Cuando acabó de apuntarlo todo en la pizarra se dio cuenta de que Rasmu no solo había entrado cerrando la puerta sin hacer el menor ruido, sino que también había inspeccionado gran parte del aula. Snape decidió ignorarlo y seguir con su rutina ya que estaba claro que el elfo no pensaba hablar con él.
Cuando Elyon entró en el aula junto a Lisa y Will, se quedó momentáneamente clavada en el suelo al ver allí al elfo. Pero finalmente fue a sentarse a su mesa.
-¿Qué hace el elfo aquí? –le preguntó Will- ¿Tiene algo que ver contigo?
-No lo sé, espero que no –contestó frunciendo el ceño.
La clase fue especialmente estricta. Snape no dejaba pasar un error, y no tuvo ninguna compasión con los alumnos que hablaban en clase, aunque fuera en susurros. Al salir todos arrastraban los pies, tanto gryffindors como slytherins habían perdido puntos.
-¿Qué billywig le ha picado hoy? –Lisa los miró sorprendida- Ha llegado a quitar puntos a su propia Casa. Pensé que no vería nunca algo así.
-Yo creo que es por el extraño invitado –comentó Will.
En la comida le contaron lo ocurrido a Johnny y Grace, ambos admitieron entre risas que les habría encantado ver la cara de los slytherins mientras su Jefe de Casa empezaba a restarles puntos. En algunas de las siguientes clases el elfo volvió a aparecer. Siempre se quedaba en un rincón al fondo de la sala, observando con detenimiento el transcurso de la clase. Pero cuando lo vieron incluso observándolos en uno de los descansos, estuvieron completamente seguros de que estaba allí por Elyon. Aunque en ningún momento se acercó a hablar con ella.
La situación más incómoda del día fue en la clase de Kove. Para cuando ambos entraron en la sala, Rasmu ya estaba allí, hablando con el instructor de lucha. Y a juzgar por la sonrisa de ambos y el tono de voz, ya se conocían, y parecían llevarse bien. Cuando cerraron la puerta ambos hombres se giraron, los dos jóvenes contuvieron el aliento. Habían llegado a la clase con la antelación habitual, para estar listos antes de que Kove se presentara. Pero su maestro parecía que llevaba allí largo rato, y ellos temieron que el elfo se lo tomara como un retraso y desencadenara represalias más adelante. Antes de que Kove tuviera tiempo de hacer comentarios, se apresuraron en quitarse los zapatos y recogerse el pelo.
-Podéis tranquilizaros. Hoy me he adelantado yo –les dijo Kove divertido por la reacción de la pareja.
Tras un rápido calentamiento su instructor les informó que harían una especie de examen para comprobar qué habían aprendido, y si habían mejorado en esos últimos meses.
-Esto es por el invitado especial, ¿no? –le susurró Elyon a Snape.
-Obviamente –le contestó.
-¿Quién es? –le preguntó, el joven alzó una ceja mientras la miraba- Vale, ya veo que no piensas contestarme.
-Bien, comencemos el examen –les dijo Kove-. Empezaremos por las técnicas de derribo y lucha cuerpo a cuerpo.
Elyon tardó apenas unos segundos en comprender que Snape no se iba a apiadar de ella, ni iba a tener la mínima consideración o cuidado. La joven ahogó un gruñido cuando Snape la lanzó por encima suyo y ella cayó de espaldas con un golpe seco. Tras eso, decidió que ella iba a hacer lo mismo, así que le hizo probar su propia medicina. Pero a diferencia del chico, la semielfa había llegado a desarrollar su propia estrategia. Como no poseía la misma fuerza física del joven, ella aprovechaba su agilidad y pequeño tamaño para esquivar, escurrirse y golpear puntos clave para derribar a su oponente.
Kove les hizo parar cuando ambos empezaron a jadear cansados. Cambiaron al ataque cuerpo a cuerpo por las varas de caña. Esa parte fue la más dura, apenas habían practicado con ellas, y mucho menos se habían atacado. De forma que realizaron el ejercicio de forma intuitiva, usando los movimientos aprendidos en clases anteriores. Ese parte duró menos.
Mientras descansaban y bebían un poco de agua, Rasmu se acercó a Kove y le susurró algo en voz baja. El instructor frunció el ceño y se separó de Rasmu, dubitativo. Finalmente se giró hacia la pareja.
-Vamos a probar algo nuevo –les dijo con calma-. Combatiréis usando todas las técnicas que sabéis. No hay reglas ni limitaciones. Imaginaos que es una lucha real. El combate solo acabará cuando uno de los dos no pueda seguir.
Elyon tragó saliva. Snape miró a Rasmu, los ojos azules del elfo eran fríos, vacíos de sentimiento u emoción. "Va a ejercer una gran presión sobre ti para ver si flaqueas" la voz del director resonó en su cabeza. "Puede creer que tus sentimientos hacia ella pueden hacerte débil en un momento crítico".
-Un combate a muerte –le dijo el chico.
-Basta con que derribéis al otro y lo inmovilicéis diez segundos –contestó Kove-. Preferiría que ninguno de los dos acabara en la enfermería.
Snape cogió su vara y se colocó frente a ella. Elyon lo observó con recelo. Su expresión se había vuelto seria y dura, como durante el ataque en el camping. Ella cogió también la caña y se colocó frente a él con paso indeciso, lo conocía lo suficiente, y le daba miedo el no saber hasta dónde iba a ser capaz de llegar.
Sin previo aviso se lanzó contra la chica, ella retrocedió amedrentada preparándose para parar el golpe que él le había lanzado en diagonal para acertarle entre el hombro y el cuello. Agarrando con fuerza la caña con ambas manos consiguió parar el golpe, y con esfuerzo pudo empujarlo para alejarlo de ella, con cuidado de no perder el equilibrio. Porque que si caía al suelo perdería la pelea. La semielfa se agachó y le lanzó con sus pies un golpe a los tobillos, pero falló.
Ambos se mantuvieron a distancia unos segundos, calculando el próximo movimiento del contrario. Una vez más quien atacó fue Snape, y ella se preparó para defenderse, pero en mitad de un ataque dirigido a su costado, cambió de maniobra y la golpeó en la pierna derecha, colocando además la caña de tal forma que también la golpeó tras la rodilla, haciendo que la doblara y la clavara en el suelo. Elyon se quejó de dolor al mismo tiempo que intentaba levantarse. Pero Snape se lo impidió golpeándola en el pecho con una rodilla, haciéndola caer hacia atrás, cayendo al suelo de espaldas sobre su propia rodilla doblada.
La semielfa ahogó un grito de dolor, tenía la sensación de que su rodilla iba a partirse en cualquier momento, ya que Snape estaba echando todo su peso sobre ella oprimiéndole el pecho. Ella soltó la caña y le golpeó en el lateral bajo las costillas, y cuando este se dobló por el dolor, ella lo golpeó en la oreja. Aprovechando su desorientación, Elyon lo empujó a un lado para quitárselo de encima. La joven se levantó cojeando, recogiendo con rapidez su caña del suelo, y colocándose en posición defensiva. Snape recogió también su arma del suelo y sin apenas recuperar el aliento, volvió a lanzarse al ataque.
El joven la hacía bailar al son que él quería. La semielfa no hacía más que retroceder cojeando mientras se defendía de un ataque tras otro.
-¡Ataca! –le dijo Kove- No puedes defenderte eternamente, busca ponerte nerviosa para que cometas un fallo, y si no lo remedias, conseguirá su propósito.
Elyon desvió la vista momentáneamente hacia su maestro. Decirlo era más fácil que hacerlo. Snape no parecía tener ningún punto débil. Ella lo había estado tanteando, pero no había conseguido nada. En ese momento el chico la atacó con rapidez intercalando dos golpes, uno alto y otro bajo, que ella consiguió frenar, aunque su rodilla flaqueó.
-¡Ataca! –insistió Kove.
Entonces ella se lanzó a ciegas, intentando golpear sus costillas. Pero su rodilla volvió a flaquear y perdió el equilibrio cayendo hacia delante. Snape aprovechó para adelantarse, asir su vara, arrancársela de las manos y darle una patada en la espalda hasta hacerla caer del todo. La joven se encontró de pronto sin arma y de rodillas en el suelo. El chico se colocó tras ella, colocando la caña en su cuello, bajo la barbilla. Y la oprimió contra la garganta con fuerza.
Elyon intentó alejarla de su cuello. La presión no la dejaba respirar bien. Intentó golpearlo a él, pero no tenía un buen ángulo y sus golpes eran torpes y débiles. Empezó a jadear luchando por respirar y golpeando la caña con las manos en un triste intento de liberarse.
-Basta –musitó sin aire-. No… pue… respirar.
Snape se mantuvo firme, sin aflojar su agarre. Elyon empezó a marearse.
-¡Basta, es suficiente! –le ordenó Kove.
-¡Basta! -gimió ella agarrando la caña con ambas manos.
Esta pareció vibrar, y a Snape le pareció que el bambú se calentaba entre sus dedos. Pero el chico no obedeció. Se giró hacia Rasmu buscando alguna reacción, buena o mala. Pero nada. Seguía sin haber ni un rastro de emoción en sus ojos, aunque le pareció ver un brillo de diversión y triunfo en aquel océano azul oscuro.
-Suelta –jadeó Elyon, sus mejillas estaban rojas como la grana, y sus labios se estaban tornando azules.
-Suficiente –dijo de pronto Rasmu.
Fue entonces cuando Snape soltó a la chica y se levantó. La semielfa cayó al suelo sin fuerzas. Se llevó las manos al cuello mientras seguía tumbada recuperando el aliento. Habían sido los segundos más angustiosos de su vida.
-¡¿En qué diablos pensabas?! –le encaró Kove hecho una furia- ¡Podrías haberla matado!
-La habría soltado antes –contestó el chico con calma e indiferencia- La he inmovilizado, y de paso me he asegurado de que cuando la soltara, fuera incapaz de volver a atacarme.
La chico lo escuchó con pasmo mientras se levantaba temblorosa. Aquella indiferencia y frialdad en su voz… Cogió los zapatos y salió de la sala con rapidez sin ni siquiera ponérselos.
En la mazmorra quedaron los tres envueltos en un silencio tenso. Snape miró con desafío a Rasmu.
…..
Elyon subió corriendo las escaleras hasta su habitación. Lisa la siguió al ver que no atendía a sus llamadas de preocupación al verla entrar descalza, con la coleta medio desecha y el rostro pálido.
La joven se tiró en la cama corriendo las cortinas. Una vez más se llevó las manos al cuello. Le dolía horrores la garganta, y aun sentía presión de la caña. Rompió a llorar. Aquella situación había sido horrible, se sintió como en la pesadilla de hacía casi un año, completamente sola y desprotegida, mientras la persona en la que confiaba la atacaba sin remordimiento alguno. Le resultaba increíble que Snape hubiera sido capaz de asfixiarla casi hasta dejarla inconsciente, y más aún que Kove lo hubiera permitido.
-Elyon –escuchó la voz de Lisa al otro lado de las cortinas- ¿Te encuentras bien?
La joven dejó de llorar y se mantuvo en silencio.
-¿Ha pasado algo en el entrenamiento? –insistió su amiga.
La semielfa siguió sin responder. Lisa abrió un poco las cortinas y se sentó en la cama. Le puso una mano en el hombro a su amiga. Elyon estaba tumbada y encogida, con las manos alrededor del cuello.
-Estas empezando a preocuparme –insistió la morena.
Entonces la joven decidió sentarse en la cama.
-¡Oh, Merlín! ¿Qué ha pasado? –Lisa se quedó atónita al ver la marca rojiza en su cuello.
Elyon la miró y negó con la cabeza levemente, no sabía muy bien cómo explicarle lo ocurrido.
-¿Te lo ha hecho Snape? ¿Ese capullo te ha hecho esto? –la chica no salía de su asombro.
Asintió, terminándose de limpiar los restos de lágrimas del rostro.
-¿Te acuerdas del elfo que me ha estado vigilando en clase? –comenzó ella con voz ronca, le dolía la garganta con cada palabra. Lisa asintió- Estaba en la clase de Defensa. Nos ha hecho pelearnos simulando una lucha real… y Snape para ganar ha estado a punto de asfixiarme esperando que ese elfo diera por acabada la pelea.
-¿Y tú instructor? ¿Lo ha permitido?
-Sí y no. Ha intentado dar por zanjada la pelea, pero Snape solo ha obedecido al otro elfo.
-No lo entiendo ¡Debería haber obedecido a vuestro maestro! –Lisa estaba indignada- ¡¿Cómo va a tener más autoridad un elfo cualquiera antes que Note?!
-Kove –la corrigió su amiga.
-Cómo se diga –la griffyndor le quitó importancia con un ademán.
-No lo sé –suspiró Elyon-. Cuando le pregunté a Snape quién era no me quiso responder. Creo que es otra de esas cosas que por el momento nadie quiera que sepa.
Su amiga negó con la cabeza con desaprobación. La semilfa se abrazó las rodillas con un suspiro. Estaba cansada de tanto secretismo.
…..
Kove esperó a que Rasmu se fuera para encarar a su alumno.
-¿Eres consciente de lo que has hecho? Como poco te costará la destitución.
-He hecho lo que queríais -contestó el chico.
-¡Y una mierda! Te has excedido -lo cogió del cuello de la camiseta con brusquedad, atrayéndolo hacia él.
-Creo que Rasmu no lo ha creído así -Snape le sostuvo la mirada.
-Rasmu no es tu instructor. Yo sí, aunque después de esto me pensaré si lo voy a seguir siendo -lo soltó empujándolo lejos de él.
Su instructor se marchó de allí sin volverlo a mirar.
…..
Dumbledore caminaba de un lado a otro de su despacho, furioso.
-¡¿En qué estabas pensando?! –le gritó al joven profesor.
-Solo seguí tu consejo: no mostrar tanta cercanía con ella y tratarla como a una alumna cualquiera –se defendió él.
-¡Podrías haberla matado! –el anciano estaba fuera de sí- ¡¿Siempre tienes que ser tan extremista?!
-No la hubiera matado. Por Merlín, no la asfixié tanto. Salió de la mazmorra por su propio pie –Snape estaba cansado de escuchar lo mismo una y otra vez.
-¿Te paraste a pensar por un momento en lo que suponía que un Protector fuera capaz de hacerle daño a su Protegida?
-Si no recuerdo mal me dijiste que no me dejara llevar por mis emociones, porque Rasmu podía pensar que eso era una debilidad. Si era capaz de dañar a Elyon, demostraba que no me importaría hacerle lo mismo, o algo mucho peor, a aquellos que la amenacen.
-Eso si la jugada te sale bien, si no, Azrael puede pensar que no te importa en absoluto Elyon y lo que le pueda pasar.
Snape puso los ojos en blanco. Se estaba cansando de aquella charla. Se estaba cansando de obedecer siempre a Dumbledore, Kove y ahora a Rasmu.
-Te dije que Rasmu iba a ser muy duro –suspiró el anciano.
-Sí, lo he comprobado. Además es un capullo frío y calculador –le dijo el chico mirando con seriedad al director-. No solté a Elyon hasta que él lo dijo, y para entonces Kove hacía tiempo que había dado la pelea por terminada. No me gusta ese elfo, hay algo en el que… no me fío.
-No es el más amable de los elfos, eso te lo puedo asegurar, pero hace bien su trabajo. Es un buen consejero y es capaz de ver lo que los demás pasamos por alto –le dijo el director-. Por eso Azrael lo mandó aquí, a pesar de saber que no soporta a los humanos.
-¿No soporta a los humanos? Me hubiera gustado ver su cara cuando Lizalos se comprometió con la madre de Elyon –se mofó Snape cruzándose de brazos.
-Nunca le gustó esa decisión. Pero en eso nunca tuvo nada que hacer, por mucho que intentó que Lizalos cambiara de opinión y se casara con una elfa.
-¿Entonces en qué lugar deja eso a Elyon? –la mirada del joven se ensombreció- ¿Crees que sería capaz de hacerle daño?
-No, para nada. Elyon tiene más de elfo que de humano. Eso sin contar que es un pilar importante para su pueblo… Y también para los magos –Dumbledore se sentó en su escritorio más tranquilo-. Ningún elfo la dañaría.
Snape volvió a recordar la mirada de Rasmu cuando él tenía apresada a la chica. Por un momento le pareció ver que aquel elfo de mirada helada disfrutaba de lo lindo con el espectáculo.
…..
El miércoles, de camino a su clase suplementaria, Rasmu le salió al paso.
-Hola –le dijo.
Elyon se lo quedó mirando mientras se paraba, era la segunda vez que escuchaba su voz, que era suave y cálida.
-Hola –saludó ella.
-Espero que ya estés recuperada después de la pelea con tu Protector –le dijo con una media sonrisa, que pretendía ser amable.
-Sí, gracias. Al final no fue nada –contestó ella llevándose inconscientemente la mano a la garganta.
-Estos días he observado que te desenvuelves bien en el colegio, y que estás aprendiendo mucho ¿Te gusta este lugar o preferirías volver a casa, si es que pudieras volver a ella? –le preguntó.
Ella alzó una ceja por la pregunta.
-Si me disculpa, aún me queda una clase, y ya llego tarde –se despidió la joven.
Siguió su camino con paso rápido por si Rasmu decidía insistir en su pregunta. No sabía nada de aquel elfo, y por eso mismo, no tenía intención de responder a ninguna de sus preguntas. Sintió un gran alivio cuando no se lo encontró de camino a su Sala Común tras la clase.
A la mañana siguiente cuando iba a desayunar acompañada por Lisa, quien salió a su encuentro fue Snape.
-Acompáñame al despacho del director –le dijo.
-¿Y el desayuno? –ella lo miró con enfado.
-Tú acompáñame –se limitó a decir.
-Después de lo de la pelea podrías intentar ser un poco más amable, ¿no? –le dijo Lisa molesta.
El profesor la fulminó con la mirada.
-Te guardaré algo del desayuno por si la charla es muy larga –le dijo su amiga siguiendo su camino sin atreverse a volver a mirar a Snape.
Ambos caminaron por el pasillo sin dirigirse la palabra.
-Un "lo siento" por tu parte estaría bien, ¿no crees? –le dijo Elyon enfadada.
-¿Y por qué debería disculparme exactamente? –el joven alzó una ceja.
-Por el trato que me diste en Defensa –insistió ella.
-¿Acaso crees que siempre iba a ser benevolente? No aprenderás nada si todo el mundo es blando contigo –le dijo-. Se aprende a base de derrotas, humillación y, sobre todo, dolor.
-Eres un sádico –le espetó ella mirándolo, con desprecio.
Cuando entraron en el despacho del director, Dumbledore les estaba esperando mientras daba de comer fresones a Flawkes.
-Albus, aquí la tienes. Si no te importa, voy a desayunar -le dijo el chico.
El anciano asintió con la cabeza.
-Buenos días –saludó la semielfa, una vez Snape cerró la puerta al marcharse.
-Buenos días, Elyon –con un ademán le indicó que se sentara-. Según me han contado, ayer noche nuestro invitado intentó tener una conversación contigo, y tú muy hábilmente, le diste esquinazo.
-Sí. Estaba haciéndome preguntas personales, y no quiero dar esa información a un desconocido –se explicó ella.
-Y haces bien. Salvo que esta vez te conviene contestar. Nuestro invitado te estará esperando en el descanso de después de comer, en el patio trasero de la escuela. Responde a todas sus preguntas.
-¿Pero por qué? –Elyon frunció el ceño con enfado.
-¿Recuerdas que te dije que para que pudieras quedarte en Hogwarts tus amigos debían aceptarte sabiendo que eres una semielfa? –la joven asintió- Pues es lo mismo ahora. Si quieres dejar claro que este es tu hogar y que no quieres abandonarlo, contesta a todas sus preguntas, demuéstrale que no piensas irte de aquí hasta que acabes tus estudios.
Elyon asintió y se levantó de la silla. Se sentía algo mareada. No entendía por qué había alguien empeñado en sacarla del castillo. Aquel era ahora su hogar, por mucho que a veces le pudiera parecer una prisión. Pero no preguntó los motivos, sabía que Dumbledore no iba a decírselos.
Por suerte llegó a tiempo para desayunar. Al explicarles lo ocurrido a sus amigos, estos no ocultaron su preocupación y sus dudas al respecto. En las clases Elyon estuvo especialmente nerviosa, no prestaba mucha atención. Estaba preocupada por las preguntas que pudiera hacerle, y en cómo ella podía responder dando siempre una visión positiva por retorcida que pudiera llegar a ser la pregunta.
Sus amigos se despidieron de ella tras la comida, diciéndole que no se preocupara tanto, ella era feliz allí, y eso se le veía en la cara, y que además, en el caso de que la hicieran irse, ellos no lo permitirían, no se lo pondrían tan fácil a quién quiera que quería llevársela.
Rasmu la esperaba sentado en uno de los bancos de piedra, mientras miraba el recorrido del agua de la fuente. Al escucharla llegar giró el rostro y le sonrió con educación. La joven se acercó intentando aparentar calma, aunque tenía el estómago del revés por culpa de los nervios. Rasmu se levantó y le ofreció la mano.
-Acabo de darme cuenta de que ni me he presentado. Soy Rasmu –se presentó estrechando su mano con suavidad.
-Elyon McWilliams, encantada –contestó ella.
Se fijó que en el rostro del hombre se dibujó una pequeña mueca de desagrado cuando ella había pronunciado su apellido. El elfo hizo un ademán para que se sentara en el banco de piedra junto a él.
-Supongo que te habrán informado de que me gustaría hacerte unas preguntas, ¿cierto? –Elyon asintió- Entonces retomemos la pregunta que quedó en el aire la primera vez ¿Te gusta este lugar o preferirías volver a casa si pudieras?
-Ambas cosas. Hogwarts me gusta mucho, es mi hogar. A casa solo volvería en vacaciones si mis padres me siguieran esperando allí, pero no es el caso –respondió la joven con firmeza.
-Con esa respuesta intuyo que tus amigos se han tomado bien que no seas humana. Cuando les revelaste tu secreto, ¿cómo se lo tomaron? ¿Se enfadaron, sintieron algo de rechazo?
Elyon recordó las miradas de asombro y decepción de sus amigos.
-No, se lo tomaron muy bien –contestó ella desviando momentáneamente la mirada.
-Sé cuándo me mienten Elyon, y sé que lo que me has dicho no es del todo cierto –le dijo Rasmu traspasándola con aquellos ojos fríos-. Soy muy bueno descubriendo cuándo se me miente o se me ocultan cosas. Así que si no quieres que esta charla se alargue, te recomendaría que fueras sincera ¿Se enfadaron cuándo lo descubrieron?
-Sí, pero no por ser una semielfa, si no por no habérselo contado todo desde el principio –respondió la joven, a partir de ahora debía mostrar más convicción, debía creerse sus propias palabras.
-¿Entonces no te llevas mal con nadie? ¿No han surgido problemas con otros compañeros? –siguió preguntando Rasmu.
La chica se mordió instintivamente el labio mientras reflexionaba.
-No, no más allá de lo normal en un colegio –el elfo alzó una ceja sin convicción-. Bueno… hay un alumno con el que no me llevo especialmente bien, aunque eso es anterior a que se supieran mi origen. Ese chico se lleva mal con la mitad del colegio.
Elyon intentó quitarle importancia con un ademán. Tenía que esforzarse más para que Rasmu dejara de poner en duda lo que ella decía.
-También he comprobado que pones mucho empeño en las clases, aprendes muy deprisa. De hecho tu élfico es casi perfecto, y según me dijo el profesor Dumbledore, hace unos meses apenas sabías montar una frase correctamente –el hombre hizo una pausa para darle a entender a la chica que debía contestar a aquello.
-Debo esforzarme mucho para llegar al nivel de mis compañeros. Aquí entré directamente en cuarto curso por mi edad, sin haber cursado los años anteriores, y sin haber practicado magia en mi vida. Así que cuanto antes aprenda, antes dejaré de tener tantísimas clases –se explicó ella-. Y respecto a lo del élfico… en mi casa no lo hablábamos mucho, pero al tener una base me ha sido más fácil que si hubiera empezado de cero y… además cuando lo hablo… hace que me acuerde de mis padres, me siento más cerca de ellos.
Rasmu la miró con una media sonrisa, luego se miró las manos apoyadas en su regazo y continuó con las preguntas.
-¿Qué tal la relación con tu Protector?
A Elyon esa pregunta la descolocó, no se la esperaba, y lo peor, le iba a ser difícil hablar positivamente sin que el elfo descubriera que le ocultaba cosas.
-Difícil. Creo que esa es la palabra más adecuada –respondió ella.
-Después de lo que vi en Defensa, difícil creo que se queda corto.
-No, no crea. Snape tiene un carácter complicado, y por eso tenemos nuestras diferencias. Pero se toma muy en serio su trabajo, me ha salvado varias veces a costa de arriesgar su vida –intentó explicar ella.
Se estaba sorprendiendo a si misma defendiéndolo con tanta firmeza. Pero Dumbledore le había dicho que todo lo que respondiera debía ser bueno si quería quedarse en Hogwarts.
-¿Exactamente de qué te salvó? –Rasmu frunció el ceño con interés.
-Pues… -Elyon se torció el meñique mientras hacía memoria- Antes de empezar el curso el año pasado, a un amigo y a mí nos atacó un hombre-lobo de camino a Hogwarts, era un mortífago, Greyback creo que se llamaba. Snape apareció de la nada justo antes de que me mordiera. Y luego este verano, estando en un camping con mis amigos, un grupo de mortífagos nos atacó. Snape evitó que me llevaran con ellos, aunque por poco lo matan… ¡Ah¡ Y me sacó del lago helado el pasado invierno cuando me caí en el hielo.
-Ya veo –musitó Rasmu-. Al menos a pesar de su desagrado hacia los elfos, es capaz de realizar su cometido.
-¿Cómo sabe que no le gustan los elfos? –se atrevió a preguntar Elyon.
-Por su actitud en Defensa, por como disfrutó venciéndote, y por como habla de ti con una profesora pelirroja –enumeró el elfo.
Ella se lo quedó mirando, intentando controlar su reacción. Sabía que Rasmu se lo había dicho para comprobar cómo reaccionaba al sentirse atacada, aunque no dudaba en que todo aquello fuera cierto.
-Bueno, como le he dicho, tenemos nuestras diferencias –ella se encogió de hombros como respuesta, aparentando indiferencia.
Entonces Rasmu alzó la mirada, mirando a algo que había detrás de la joven. Elyon se giró y vio que en la entrada del patio estaban sus amigos esperándola con rostros serenos y pose firme.
-Tus amigos se preocupan mucho por ti –medio rió el elfo.
-Sí, somos como una familia. Por eso es muy difícil separarnos, nos defendemos unos a otros con uñas y dientes. Por nada del mundo los dejaría, ni tampoco permitirían que me alejaran de ellos –se envalentonó la joven mirándolo con determinación.
-Ha sido un placer –se despidió Rasmu estrechándole la mano mientras se levantaba.
-Lo mismo digo.
Elyon se levantó del banco y se dirigió hacia sus amigos con calma, no quería aparentar ansiedad por desaparecer de la vista de Rasmu. Cuando llegó hasta ellos, Johnny le pasó su bandolera y ella se la echó al hombro. Lisa le rodeó los hombros con un brazo y comenzaron a andar para llegar a la próxima clase. Antes de desaparecer por el pasillo, sus cuatro amigos volvieron a mirar a atrás, manteniéndole la mirada al elfo, que seguía de pie en el patio, dejando claro que no permitirían que se la llevaran.
El hombre borró su sonrisa cuando los cinco jóvenes desaparecieron por el pasillo. Había conseguido bastante información. Los silencios de Elyon le habían revelado más que sus palabras.
…..
Rasmu no volvió a aparecer tras el interrogatorio. Aunque la semielfa no se atrevió a hacer según qué comentarios, ya que al parecer, al elfo se le daba bien escuchar conversaciones privadas sin que nadie se diera cuenta, si no, no entendía cómo podía haberse enterado de las conversaciones entre Zelda y Snape. Porque dudaba mucho de que aquellos dos hablaran mal de ella tan abiertamente frente a otros profesores y el director.
-¿Crees que se habrá ido? –le preguntó Grace en uno de los descansos.
-No lo sé. Debería preguntárselo a Dumbledore.
-Hablando de preguntas, ¿qué tal fue la charla? –Johnny la miró con curiosidad.
-Fue extraña, me preguntó muchas cosas, y además creo que quería ponerme nerviosa, para que dijera algo malo del colegio o metiera la pata en una contestación. Tuve incluso que defender a Snape.
-¿Defenderlo de qué? Si dijo que era estúpido tenía toda la razón –bufó Grace molesta.
-De las acusaciones por atacarme en Defensa, y de que a veces me trate mal por mi origen –contestó.
-¡Pero si todo eso es cierto! ¿Por qué lo has defendido? –se quejó Lisa.
-Porque si me quedo sin Protector, creo que les doy una excusa para que me saquen de aquí porque no estaré segura –les explicó-. Además, será un imbécil, pero me ha salvado muchas veces.
-Necesitará hacer algo más que eso si quiere que nos llevemos bien –dijo Johnny.
-No te hagas la víctima ahora, sabemos que no tienes ninguna intención de llevarte bien con él –se mofó Will.
Tras la cena, la joven se aseguró de que Rasmu ya se había ido y que no iba a volver por el momento. Una vez de vuelta en la Sala Común fue junto a Lisa, que tenía una carta en las manos con rostro pensativo.
-¿Qué pasa? –le preguntó sentándose en el sofá.
-Es una carta de mi madre, preguntándome si voy a ir estas navidades a casa –respondió la morena.
-¿Y cuál es el problema? –Elyon frunció el ceño.
-Que no quiero dejarte sola aquí -Lisa le cogió la mano.
-No seas tonta, este año lo sobrellevaré mejor, ya estoy mentalizada –sonrió la semielfa-. Además, ¿no quieres presentarle a Will a tu madre?
-Esa es otra, no sé si se va a ir también, porque ahora su hermano está aquí, y él en navidades siempre se iba para estar con su hermano –su amiga torció el gesto-. Pero es que también me vuelve a apetecer pasar la Navidad en casa, la del año pasado fue genial, y supongo que sería bueno que pasara algo de tiempo en familia.
-La que se tiene que decidir eres tú –Elyon se encogió de hombros-. Si tú te vas y Will se queda no creo que pase nada malo. Y si te quedas más tranquila, me ocupo personalmente por si se acerca alguna lagarta, que seguro que Max me ayuda con eso, con lo bien que le caes y el cariño que te ha cogido…
Lisa se sonrojó, y decidió pensárselo con calma a lo largo de la semana. Elyon no había caído en la cuenta de que en dos semanas ya era Navidad, y de que seguramente todos sus amigos se irían. Pero no sintió tanta tristeza como el año pasado. Y sonrió. Por fin poco a poco estaba superando la pérdida de sus padres. Se estaba haciendo más fuerte. Además, las navidades eran apenas dos semanas, y entre los trabajos, las clases de Defensa y la visita que seguramente le haría Remus, se le pasarían volando. Lo único malo era que dudaba mucho que ese año pudiera ir a comprar regalos. Dumbledore seguramente estaría ocupado y no le apetecía nada la compañía de Snape después de lo que pasó en la clase de Kove, y de que no se disculpara.
…..
Estaban haciendo un muñeco de nieve en forma de cerbero la tarde del domingo. Era el último día que estarían todos juntos antes de las fiestas. Lisa finalmente había decidido irse a casa, al igual que Johnny, ya que, como no dejaba de repetir, era la única vez al año que todos sus hermanos conseguían reunirse a la vez bajo el mismo techo y tenían pendiente la celebración de su segundo puesto en los Mundiales. Por otro lado, Will y Max se quedaban en Hogwarts para hacerle compañía a Elyon, y Grace se les había unido.
-Esto es injusto, la mayoría os quedáis aquí en Hogwarts –se quejó el hufflepuff.
-Si no te gusta ya sabes qué hacer -rio Grace.
-Siempre puedes quedar con Lisa –le propuso Will.
A Johnny le entró un ataque de risa solo con escuchar la propuesta.
-No, gracias –dijo-. Sin nadie que me proteja de ella no me atrevo.
-¡Ey! –se quejó la morena- Todo lo que te he hecho es porque tú solo te lo has buscado, así que no te hagas la víctima.
-A mí lo que me preocupa es que no podré ir a Londres a por vuestros regalos de Navidad –musitó Elyon.
-¡Qué tontería! –bufó Grace- Will y yo tampoco, ¿y qué? Estaremos juntos que es lo importante ¿Qué me importa no recibir regalos este año?
-Ya, pero a mí me hacía ilusión –resopló la semielfa.
-Y a nosotros nos haría ilusión que te dejaran salir de Hogwarts sin vigilancia, pero no se puede tener todo –Will se encogió de hombros.
-Ya verás lo bien que nos lo pasaremos en la Sala de los Menesteres –sonrió Grace emocionada.
-Parad ya, ¿no? –se quejó Johnny- Que vais a conseguir quitarme las ganas de irme.
Elyon rio y siguió modelando una de las tres cabezas del perro.
…..
La Sala de los Menesteres se adornó con carámbanos de hielo azulado, guirnaldas verdes y doradas, y muérdago. La chimenea ardía con fuerza, y junto a ella había un árbol de Navidad de tamaño mediano, decorado también con bolas de cristal de colores, escarcha y pequeños puntitos de luces de colores que se apagaban y encendían.
-Ha quedado preciosa –sonrió Grace- ¿Quién de vosotros la ha imaginado así?
Elyon, Max y Will se encogieron de hombros.
-Yo creo que es una mezcla de lo que todos queríamos –opinó Max sentándose en uno de los sofás.
Ese día se lo pasaron jugando a juegos de mesa y saliendo a pasear por los terrenos nevados. No fue hasta el día siguiente que se pusieron con los deberes para acabarlos pronto y no tener nada más que hacer durante las fiestas. También durmieron en la cálida sala, en sacos de dormir de plumas, blandos y calientes a partes iguales.
Se llevaron una enorme sorpresa cuando el día de Navidad vieron regalos bajo el árbol. Habían acordado con Lisa y Johnny que ese año nadie recibiría nada. Ellos habían cumplido su promesa, todos los regalos eran de sus padres. Elyon se sorprendió al encontrar tres con su nombre. El de Remus eran un par de guantes nuevos de piel, forrados en su interior de pelo. Dumbledore le había regalado un nuevo libro de cuentos y leyendas élficas, esta vez, escrito en élfico en vez de en inglés. El último paquete era más voluminoso y blando. No tenía remitente, pero no le hacía falta. Conocía de sobra la letra. Volvía a ser la misma persona misteriosa de cada año, la misma que le había regalado el año anterior el pasador de pelo de su madre. Al abrir el paquete se quedó sin habla. Era una capa de invierno. La tela gruesa era de un azul pálido casi blanco, con pequeños bordados florales en hilo de plata. Y el borde de la capucha estaba forrado con piel de conejo blanco, suave y tupida. Se levantó del suelo para poder sacarla del paquete.
-¡Madre mía! –exclamó Grace- ¿Quién te la ha regalado? ¡Es preciosa!
-Y tiene pinta de ser muy cara –comentó Will examinando los bordados en plata de la tela.
-No lo sé, es el mismo que me regaló la diadema y el pasador de mi madre –Elyon se encogió de hombros.
-Pues debe de ser alguien que está forrado –dijo Grace- ¿Me la puedo probar?
Elyon asintió y le pasó la capa. A pesar de que era muy bonita no quería probársela, le frustraba mucho no saber de quién se trataba. Aquella persona se había dedicado siempre a hacerle regalos realmente preciosos, y para una vez que le mandó una carta, seguramente diciéndole quién era, Dumbledore la destruyó.
-Miradme, parezco una princesa –rio Grace colocándose la capucha sobre su pelo rojo.
La capa arrastraba un poco por el suelo, la capucha muy ancha, y la piel de conejo hacía que el pelo rojo de su amiga pareciera aún más intenso.
-Majestad –Max hizo una reverencia riendo mientras le cogía una mano a la chica.
Ella rio también haciendo una reverencia. Luego se quitó la capa y se la devolvió a Elyon.
-¿Qué vas a hacer con ella? –le preguntó.
-Pues guardarla en el baúl, supongo. No es el tipo de capa que me pueda poner para ir a Hogsmeade –la semielfa se encogió de hombros.
-Es una pena que tengas que guardarla en el baúl, como la diadema y el pasador –le dijo su amiga torciendo el gesto.
-Ya, pero no quiero que Mark vea todo eso, o ya sabemos que pasaría –resopló Elyon.
-Eso es verdad. Y además creo que despertarías la envidia en más de una estudiante –sonrió Will.
-¿Más aun? –Grace alzó una ceja.
-Sea como sea, tendré que guardarla –la joven dobló la capa con cuidado y volvió a meterla en el papel de regalo para que no se estropeara.
-Bueno, si Dumbledore vuelve a invitarte a la fiesta de Fin de Año ya tienes algo que ponerte para no pasar frío –le dijo Will.
-No pienso volver a una de esas fiestas. Este año estáis aquí conmigo, así que tengo excusa para no ir –les contestó con firmeza.
-Mejor entonces que ni te lo mencione, o será capaz de invitarnos a todos –bromeó Grace.
Los cuatro rieron sabiendo que la pelirroja tenía razón. Antes del almuerzo fueron a sus respectivos cuartos a guardar sus regalos. Elyon sacó una vez más la capa de su envoltorio, esta vez para probársela en la intimidad de la habitación. También sacó del baúl el pasador de pelo de su madre. Se recogió el pelo del lado izquierdo dejando al descubierto su oreja picuda. Una vez se hubo colocado el pasador, se echó la capa sobre los hombros.
Se miró en el espejo de cuerpo entero que estaba colocado en un lado de la habitación. La capa era realmente bonita, y muy caliente a pesar de no ser extremadamente gruesa. Pero ella se veía extraña y a la vez familiar, era como en el sueño de hacía unos meses, en el que aparecía su madre y aquel hombre pelirrojo. Se echó la capucha sobre la cabeza y se arrebujó en la capa, por algún motivo esta la hacía sentirse protegida, y al mismo tiempo feliz. Sentía crecer esa sensación en su interior, sentía crecer la ilusión. Ahora que se fijaba bien en la capa le resultaba extrañamente familiar. Y entonces lo recordó, aquella capa era suya.
Le pareció verse a sí misma con tres años reflejada en el espejo, también con la capa puesta a pesar de que le venía enorme, y con su madre a su lado. Recordó que su madre se la había regalado por su cumpleaños, y que le dijo que tendrían que guardarla hasta que creciera y no le viniera tan grande. Elyon sintió las lágrimas agolparse en sus ojos. Estaba confusa. Podía recordar eso, pero era incapaz de ubicar ese recuerdo en su vida. Como si se tratara de algo que no sabía si era soñado o real. Aunque algo en su interior le decía que ese recuerdo era verdadero.
Al salir de la Sala Común se topó con el rostro sonriente de Remus. Ella corrió a sus brazos.
-¡Feliz Navidad!
-Feliz Navidad -el chico le dio un fuerte beso en la mejilla, abrazándola con fuerza y frotándole la espalda con cariño.
Ella sintió en ese momento un ligero hormigueo en el estómago. Sonrió y apoyó la cabeza en el hombro del chico cerrando los ojos, disfrutando de ese cálido momento.
Nota Autora: A partir de este punto podéis leer el One-shot "Es solo el viento" protagonizado por Johnny, Grace y Will. Lo encontrareis en mi perfil junto al resto de mis historias.
