Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.
5º Curso. Capítulo 6
Ambos bajaron hasta la Sala de los Menesteres. Grace se levantó de un salto cuando los vio entrar cogidos del brazo.
-¡Feliz Navidad Remus! –sonrió la pelirroja dándole al chico un fuerte abrazo.
-Feliz Navidad a ti también –sonrió el licántropo- ¿Qué tal lleváis las fiestas?
-Pues hasta ayer acabando los trabajos, y jugando a juegos de mesa para descansar –suspiró la Ravenclaw-. Ahora ya somos libres.
-¿Hasta cuándo vas a quedarte? –le preguntó Elyon a Remus.
-Pues… no lo había pensado. Supongo que hasta Año Nuevo, quizá un poco más -el chico se encogió de hombros-. Depende de lo rápido que os canséis de mí.
-Entonces no te irás nunca –rio Grace.
El hombre-lobo se sonrojó. En ese momento llegó Will acompañado de su hermano.
-¡Ey! Que pronto has llegado –le saludó el slytherin-. Pensé que tardarías varios días más en aparecer.
-Bueno, la tienda ha cerrado por fiestas y… me aburría mucho en casa de mis padres –el chico torció el gesto-. Tampoco me apetecía mucho estar solo.
-Hola –saludó Max haciéndose oír.
-¡Ay, sí! Remus, él es Max, mi hermano –lo presentó Will.
-Encantado –sonrió el licántropo.
-Lo mismo digo –contestó el muchacho.
Se pasaron el día en la Sala de los Menesteres, de forma que así Remus no sería visto por otros alumnos. Tenían presente que las visitas estaban prohibidas en el colegio, aunque con el chico siempre hicieran una excepción.
-¡Mierda! –Elyon se levantó del sillón de un salto, cerrando de golpe el libro que estaba leyendo- Mierda, mierda, mierda.
-¿Qué? ¿Qué pasa? –Grace dejó su partida de ajedrez mágico mientras miraba cómo su amiga se ataba los zapatos con rapidez.
-Tengo clase de Defensa. Se me había olvidado. Ya llego con retraso –la semielfa acabó de atarse los zapatos-, y para colmo aún tengo que pasar por mi cuarto a por la ropa de deporte.
-¿Podemos ir a verte? –preguntó de pronto Max- Tengo curiosidad por ver cómo enseña un elfo técnicas de defensa.
Elyon se lo quedó mirando. No le apetecía mucho que vieran cómo Snape la ganaba una y otra vez.
-Porfa, no molestaremos –insistió Grace al ver que su amiga se lo pensaba.
-Yo me muero de ganas de ver cómo das una paliza a Snape –Will la miró ansioso.
-Pues te vas a quedar con las ganas, porque normalmente la cosa va al revés –explicó ella.
-Eso da igual, en algún momento ganarás tú –Remus se encogió de hombros.
Elyon se apresuró en salir de la Sala de los Menesteres.
-¿Pero podemos ir o no? –Max la siguió con paso rápido.
Ella se mordió el labio, pensativa.
-Venga, venid. Pero no os prometo nada, todo dependerá de si Kove quiere o no –se apresuró en contestar mientras echaba a correr hacia su Sala Común.
Entró en la mazmorra jadeando.
-Lo… siento… -dijo al entrar y ver allí a Kove.
-Por una vez lo dejaré pasar, ya que estamos en fiestas y veo que al menos ya has calentado –el elfo torció una sonrisa.
-Maestro, quería preguntarle si sería posible que mis amigos entraran a ver la sesión. Si no quiere lo entenderé, simplemente es que han insistido mucho y…
-Por supuesto, que pasen. Creo que un poco de público os motivará –contestó.
Elyon alzó las cejas sorprendida. Le habría encantado que dijera que no, y seguramente por eso Kove había accedido. La joven salió de la mazmorra en busca de sus amigos.
-Ha dicho que podéis pasar. Pero guardad silencio, Kove tiene muy mal genio, y si lo molestáis lo pagará con Snape y conmigo –les informó.
Grace, Will, Max y Remus entraron y se sentaron en el suelo apoyando la espalda contra la pared de piedra. Snape y el licántropo cruzaron miradas de desafío.
-Los has traído para intentar ponerme en ridículo, ¿verdad? –le susurró el joven con enfado.
-Claro que sí, por supuesto. No olvides que siempre soy yo la que te manda al suelo –le contestó con sarcasmo mientras se recogía el pelo-. Tenía tan pocas ganas como tú de que vinieran.
Kove carraspeó dando por comenzada la clase. Tras repasar un par de movimientos de lucha cuerpo a cuerpo y con varas, el elfo comenzó a enseñarles movimientos mixtos, tan básicos como golpear y recuperar el arma con la ayuda del impulso de los pies y manos. Como de costumbre, todo pareció sencillo cuando su maestro lo hacía, pero realizarlo uno mismo era otra cosa. Cada vez que Elyon intentaba levantar la caña impulsándola con un pie hacia arriba, la mandaba más lejos. En uno de los intentos por poco golpeó a Will en la cabeza, por suerte el chico fue rápido y se quitó de en medio.
-Perdón –le susurró ella corriendo a por la caña.
A Snape no le estaba yendo mucho mejor. En uno de los intentos consiguió levantarla, pero fue lento al intentar cogerla con la mano y acabó golpeándose la nariz con fuerza. Él se llevó las manos al tabique con una mueca de dolor mientras se le humedecían los ojos. Grace y Remus ahogaron una risita que igualmente llegó a los oídos del chico.
-¿Estás bien? –le preguntó Elyon poniéndole una mano en el hombro.
Se deshizo de ella con un movimiento brusco y recogió la vara del suelo. La joven frunció el ceño con enfado por su reacción. Continuaron con el ejercicio prácticamente el resto de la sesión, ya que Kove consideraba que era tan importante saber golpear como recuperar el arma en medio de una pelea para no quedar indefensos.
-Bien, acabaremos con una lucha cuerpo a cuerpo. El primero que caiga al suelo, pierde –anunció Kove en inglés para que los amigos de su alumna lo entendieran.
Los cuatro se miraron con expectación. Grace cruzó los dedos para que su amiga saliera vencedora.
-Vamos Elyon, sé que puedes –musitó Remus con una sonrisa, aunque ella pareció no escucharle.
Ambos se colocaron frente a frente. Y en cuanto Kove se hizo a un lado, comenzaron el baile que los dos prácticamente se sabían de memoria. Elyon esperó a que Snape diera el primer paso, esperó su ataque sin dejar de moverse, y retándolo con la mirada a que se atrevería a acercarse. El joven la observaba con detenimiento, fijándose en como apoyaba los pies y buscando el momento preciso para atacar. Elyon no tenía ninguna prisa en atacar, era obvio que quería ganar y no quedar en ridículo. El problema era que él tampoco iba a dejarse vencer por una chica de apenas cincuenta quilos.
La semielfa empezaba a impacientarse, su contrincante parecía no decidirse a atacar. Le pareció que llevaban horas moviéndose en círculos uno frente a otro. Si él no se decidía a avanzar, tendría que hacerlo ella. Y justo en ese momento Snape avanzó. Ella se preparó para aprovechar su impulso y reducirlo, pero entonces Snape se agachó y le golpeó en las espinillas. No se esperaba un ataque bajo. Perdió el equilibrio. Pero en su caída consiguió avanzar un pie y mantenerse en una precaria posición el tiempo suficiente para volver a ponerse en pie justo en el momento que Snape la inmovilizaba por detrás. Ella se impulsó hacia atrás con todas sus fuerzas, consiguiendo que él perdiera momentáneamente el equilibrio obligándole a cambiar la posición de los pies. Cuando la joven volvió a sentir el suelo en sus pies, cogió uno de los brazos que la inmovilizaban y deshizo el abrazo para conseguir hacerle una llave a Snape torciéndole el brazo a la espalda. Él gruñó de dolor mientras hincaba una rodilla en el suelo. Grace ahogó un gritito de triunfo. Elyon sonrió con un suspiro. Y Snape aprovechó ese pequeño descuido para golpear su tobillo moviendo el pie hacia atrás. Ella cayó sobre él y aflojó la llave. Snape se apartó ligeramente sin levantarse del suelo y agarrándole un brazo estiró de ella hacia el suelo. Escuchó un gemido de sus amigos al verla caer. Para cuando Elyon quiso darse cuenta, estaba con la espalda contra el tatami. Snape le sujetaba las muñecas sobre la cabeza, mientras utilizaba el resto de su cuerpo para aprisionarla contra el suelo. Por mucho que ella se retorció, no consiguió liberarse. Lo miró con enfado. Un pequeño descuido, solo había sido un pequeño descuido que le había hecho perder. Había estado tan cerca de vencerlo aquella vez.
-Nunca des una pelea por ganada hasta haber ganado de verdad –le susurró Snape a escasos centímetros de su rostro.
Él pudo ver en aquellos ojos verdes el brillo de la derrota. Elyon siguió mirándolo a los ojos mientras sentía el peso del cuerpo del chico sobre ella. Su corazón seguía acelerado a pesar de que la pelea había acabado. Y por un momento sintió que se perdía en aquellos ojos negros, y que todo lo demás dejaba de tener importancia. Snape aflojó el agarre sobre sus muñecas cuando ella dejó de debatirse. Pero no se levantó. Sentía el calor de la joven bajo él, y era incapaz de dejar de mirar aquellos ojos verdes, que en esos momentos lo miraban con atención, como si para ella no existiera nada más. Sin darse cuenta su agarre pasó a ser una caricia, una caricia que pasó de sus muñecas a sus antebrazos con lentitud, disfrutando de la suavidad de su piel. Estaban tan cerca… que deseó poder acortar del todo la distancia que separaban sus labios.
-Una vez más vencedor –dijo Kove con una mueca divertida.
Ambos volvieron a la realidad en aquel preciso instante. Snape se levantó con rapidez manteniendo la calma ¿Cuánto tiempo habían pasado así? No sabría decir si segundos o minutos. Pero para él había sido una eternidad que por desgracia había llegado a su fin.
-Eres muy confiada, niña –le dijo su maestro.
Elyon se incorporó en los codos con una mueca de fastidio.
-Casi había ganado –gruñó levantándose.
-Tú los has dicho, casi. Y como bien ha dicho tu compañero, nunca des una pelea por ganada hasta haberla ganado –Kove miró a ambos y los despidió con un ademán.
Snape se apresuró en salir de allí sin mirar a nadie. Elyon se soltó el pelo y estiró la espalda con cansancio.
-¡Qué rabia! Creí que ganarías –le dijo Will saliendo de la mazmorra.
-Ya os dije que normalmente Snape siempre me gana –suspiró ella-. Por eso no quería que vinierais, bastante humillante es ya que me venza la mayoría de las veces sin público.
-No siempre se gana –sonrió Remus para animarla-. Yo creo que no lo has hecho tan mal. A mí me ganarías en un santiamén.
-Eso es verdad. Siempre practicas con Snape y Kove, que te tienen calada, contra otra persona ganarías enseguida –le dijo Max con una sonrisa.
-Me parece increíble que estés tan fresca después de una clase así. Yo no podría ni moverme –le dijo Grace.
-Ya llevo meses, me he vuelto resistente. Al principio tenía tantas agujetas que apenas podía moverme. Eso sin contar que durante las primeras clases Kove nos golpeaba con una caña cada vez que nos equivocábamos. Así que entre agujetas y moratones estaba para el arrastre –gruñó Elyon.
Se separaron de camino a la Sala de los Menesteres. La joven prefería darse una buena ducha en su habitación, donde estaría más tranquila. Dejó la mente en blanco mientras el agua caliente relajaba sus músculos, y no pudo evitar pensar en lo que había pasado en el entrenamiento de aquel día ¿Realmente había pasado algo o habían sido imaginaciones suyas? Estaba confusa. Le parecía que aquel cruce de miradas había durado minutos, pero apenas habían sido un par de segundos. Se le hizo un nudo en el estómago al recordar cómo la había mirado, nunca nadie la había mirado igual. La había hecho sentirse especial. Una parte de ella deseaba que Snape volviera a tocarla, que volviera a mirarla como si nada en el mundo existiera salvo ella.
…..
Abrió la puerta de la habitación y la encontró de espaldas a él, recién salida de la ducha envuelta en una toalla, aun con el pelo lo suficientemente húmedo para que se le quedara pegado a la piel de la espalda. Snape la contempló durante unos segundos antes de avanzar hacia ella con paso firme. Se giró sobresaltada, pero enseguida se dibujó una sonrisa en su rostro.
-Que susto me has dado, no te esperaba –dijo retirando un mechón húmedo de su rostro.
Él no dijo nada, la atrajo hacia sí y la besó mientras la guiaba hasta la cama. La tumbó de espaldas y se colocó sobre ella, sujetando sus muñecas por encima de su cabeza. Apenas la miró a los ojos antes de volver a besarla. Zelda se sorprendió. No era un beso apasionado, cargado de lujuria como los de siempre. Aquel era dulce, suave, lleno de sentimiento. Snape recorrió sus brazos con sus dedos, muy despacio. Haciendo que su piel se erizara. Luego prosiguió por los hombros y el cuello, hasta llegar a su rostro, sin separar sus labios de los de la mujer, que suspiró mientras rodeaba con sus brazos el cuello del chico. Finalmente abandonó sus labios, y con la misma ternura besó su mejilla, recorriendo la mandíbula hasta llegar al cuello. Zelda es estremeció con un gemido.
-Me gusta este cambio de parecer –le susurró.
Entonces Snape se alejó de ella. Su mirada se volvió sombría, y la miró como si no la reconociera, como si fuera una extraña. Se levantó con rapidez de la cama y se fue.
-¡Espera! –le gritó ella- ¡No me dejes así!
La puerta se cerró. La mujer se sentó en la cama confusa y excitada a partes iguales. "¿Qué billywig le ha picado?" se preguntó. Mientras la besaba le había parecido que Snape sentía algo por ella, pero sabía de sobra que eso era imposible. Lo que ellos tenían era algo meramente sexual, ninguno de los dos quería algo más del otro. ¿Entonces qué pasaba por la mente del chico cuando la besaba y acariciaba como jamás lo habían hecho? Torció una sonrisa "¿Quién es Severus, quién ha conseguido lo que yo no he sido capaz de conseguir? ¿Quién te ha atrapado en sus redes?" Fuera quien fuera iba a descubrirlo, no estaba dispuesta a que le arrebataran una de las piezas que más le había costado conseguir.
…..
Se sumergió por completo en la bañera y contuvo la respiración. Bajo el agua solo escuchaba los latidos de su corazón. Dejó escapar un par de burbujas por la nariz. El agua estaba tan caliente que sentía que le quemaba la piel. Finalmente salió a respirar y se apoyó en la bañera con los ojos cerrados. "Eres un gilipollas, un maldito gilipollas" dijo una voz en su cabeza, la misma que siempre le reprochaba sus errores "¿En qué cojones estabas pensando?" A su mente volvieron esos ojos verdes tan cerca de los suyos. "Solo quería acabar lo que ni siquiera he podido empezar" se excusó él "¿Y tenía que ser precisamente con Zelda? Sabes de sobra que se ha dado cuenta de que la besabas pensando en otra, y ahora va a querer descubrir de quien se trata" siguió recriminándole su sentido común. "No hay nada que descubrir porque no ha pasado nada, ni ahora, ni… ni nunca" admitir aquello le dolía profundamente. "Creo que va siendo hora de que te centres de una vez y dejes de comportarte como un estúpido adolescente enamoradizo. Ella no es para ti, es solo un capricho, asúmelo, como hiciste con Lily". La voz de su cabeza dio por zanjado el asunto.
-Cállate ya –musitó él volviendo a hundirse en el agua.
…..
Snape no apareció a la hora de la cena en el Gran Comedor. La semielfa se abstrajo mirando los asientos vacíos de la mesa de los profesores.
-Elyon, ¿nos estás escuchando? –le dijo Grace.
Ella se giró hacia su amiga.
-Vale, ya veo que no. El entrenamiento y la ducha, creo yo, que te han dejado KO –opinó su amiga.
-No te lo voy a negar –bostezó ella.
-Te decíamos que mejor no comentarle a Johnny que te hemos visto entrenar, porque si se entera, también querrá ir y seguro que se empeñará en ir más de una vez.
La semielfa asintió como respuesta.
-Estás realmente ida –le dijo Will- ¿En qué estás pensando?
-No me gusta haber dejado a Remus cenando solo –contestó sin saber si eso era realmente lo que le pasaba por la cabeza.
-Así descansará un poco de nosotros –rio Will-. Tenemos que aparecer por aquí de vez en cuando o será raro.
-¿Es que ya lo echas de menos? -Grace la miró de forma significativa.
-Frena, que ya sé por dónde vas –la cortó Elyon.
-¡Venga ya! ¿Cuándo vas a admitirlo? –se exasperó su amiga.
-¿Admitir qué? ¿Qué me gusta? –la pelirroja asintió- Lo haré cuando esté segura. No quiero arruinar nuestra amistad por precipitarme.
-¿Precipitarte? Si fueras más lenta no te moverías del sitio. Os conocéis desde hace más de un año, y os tenéis tanto cariño que todo el mundo piensa que sois pareja, parece que eres la única que no se da cuenta –dijo Grace.
-Yo creo que Elyon hace bien, ¿y si Remus no la quiere de esa forma? –intervino Will.
La ravenclaw alzó una ceja y lo señaló.
-Ya estás largando todo lo que sabes.
-¿Qué…? Yo no sé nada, solo es una opinión –Will se apresuró en seguir con su cena.
-Y una mierda –Grace lo fulminó con la mirada-. Si sabes algo que pueda ayudar a que Elyon se aclare y se quite el miedo a hacer una estupidez, por favor, habla. Este tema empieza a ser cargante.
-Yo no os he dicho nada –Will miró a ambas y a su hermano, los tres asintieron-. Nos comentó, bueno más bien Johnny le sonsacó que le tenía mucho cariño a Elyon, pero nada más. No quiere una relación porque piensa que por ser licántropo todas las chicas le rehuirán.
-Así que no le gusto en ese aspecto –la semielfa se sintió algo decepcionada.
-No ha dicho eso, simplemente no quiere ilusionarse con nadie por miedo a que lo rechacen por ser un hombre-lobo –la corrigió Grace-. Así que mira, al menos ahora sabes que te quiere mucho.
-Eso ya lo sabía –suspiró la semielfa bebiendo un poco de zumo de calabaza.
Volvió a mirar distraídamente la mesa de profesores mientras dejaba el vaso frente a ella. De vuelta a la Sala de los Menesteres, Remus los esperaba escuchando la radio mientras colocaba en el suelo una lona blanca con grandes círculos verdes, amarillos, azules y rojos colocados en filas.
-¿Qué es eso? –preguntó Max acercándose.
-Es un juego muggle, es muy divertido. Consiste en mantener el equilibrio colocando las manos y pies en el color que te indique la flecha.
Will cogió una pequeña tablilla de cartón de la mesa de café. En el centro había colocada una flecha que daba vueltas al empujarla, y señalaba un color y una extremidad al pararse.
-¿Os apetece? –el joven los miró.
-¡Por supuesto! –Grace se apresuró en quitarse los zapatos.
Estuvieron jugando hasta la madrugada. Era un juego realmente divertido. Para Elyon fue especialmente fácil aguantar el equilibrio gracias a todo lo que había entrenado con Kove, de forma que cuando conseguía que ninguno de sus amigos la tirara por accidente al caer, solía ganar ella. En una de las últimas partidas estaban prácticamente unos encima de otros, de forma que cuando Will resbaló, cayó sobre todos ellos y los derribó. Elyon acabó enterrada bajo sus amigos.
-¿Estás bien? –le preguntó Remus, que había caído encima de ella y habían quedado mejilla con mejilla.
-Estaré mejor cuando te quites de encima –rio ella-. No me dejáis respirar.
-Fácil de decir –se quejó él.
-¡Venga Will! ¡Que me has atrapado la pierna! –se quejó Max.
-¡Ay! ¡Cuidado! –gritó Grace cuando el chico se apoyó en su brazo para levantarse.
Remus empezó a incorporarse dejando a Elyon levantarse también, cuando Max en su prisa por ponerse en pie resbaló en la lona y cayó sobre la espalda del licántropo, de forma que este volvió a caer sobre Elyon. Ambos se dieron tal cabezazo el uno contra el otro que quedaron tendidos en el suelo con gesto de dolor.
-Vaya golpe –gimió Grace-. Ha sonado y todo.
Elyon tenía la sensación de que su cerebro rebotaba dentro de su cabeza.
-Lo siento –dijo Max.
Remus cogió la cabeza de la semielfa con ambas manos.
-¿Cuántos dedos ves? –el chico alzó tres dedos frente a ella.
La joven abrió los ojos y cuando parpadeó, el chico alzó un dedo más con rapidez.
-No tiene gracia –gruñó ella.
Remus rompió a reír y Elyon se lo quedó mirando. Tenía una sonrisa encantadora. Ella también empezó a reír. Y no supo si se sonrojó por la risa, por cómo la había mirado él antes de romper a reír, o por el golpetazo contra Remus y el suelo.
Para tranquilidad de Elyon, Dumbledore ese año no volvió a invitarla a la fiesta de Fin de Año. Así que los cinco celebraron su propia fiesta, bailando hasta cansarse, y lo mejor es que pudieron hacerlo en pijama. Remus le felicitó el año con un fuerte beso en la mejilla y un gran abrazo.
…..
Snape dio un sorbo a su copa de vino con la vista perdida en el paisaje nocturno que había al otro lado de los enormes ventanales del gran salón. Los jardines de la mansión eran enormes. No sabía que era peor, estar allí rodeado de magos prepotentes que se creían casi reyes, o estar en Las Tres Escobas pasando vergüenza ajena al ver a sus compañeros de trabajo y antiguos profesores borrachos como cubas, mientras hacían algo parecido a bailar.
Tras vaciar la copa volvió a centrar su atención en los asistentes. Debía recordar que había aceptado la invitación de Lucius porque Dumbledore tenía sospechas de que los mortífagos no habían vuelto a sus madrigueras para siempre, tal y como el Ministerio hacía creer a todo el mundo. Snape también lo sospechaba, a pesar de que hacía más de un año del fin de la guerra, él seguía frecuentando los lugares por los que los mortífagos siempre se habían movido, ya que su trabajo como infiltrado no había acabado. Y en ese tipo de sitios era donde últimamente se veía más movimiento, solo perceptible para aquellos que realmente sabían observar. Miradas, susurros, algunas palabras entre dientes. Los mortífagos que se ocultaban en las sombras estaban planeando algo, y a él le tocaba ahora ganarse de nuevo su confianza, ya que muchos lo consideraban traidor al haber empezado a trabajar en Hogwarts a las órdenes de Dumbledore. Tenía que usar la última baza que le quedaba: su amistad con Lucius. Con su apoyo podría conseguir volver, y más le valía conseguirlo.
Justo entonces, el hombre de pelo rubio platino, se acercó a él entre los invitados.
-Te veo un poco solo –le comentó con una sonrisa.
-¿Qué esperabas ahora que trabajo bajo la mano del viejo loco? –Snape dejó su copa vacía en una mesa-. Todos nuestros camaradas piensan que me he vendido, y más de los que me gustaría admitir seguro que querrían matarme ahora mismo.
-No estés tan seguro. Prácticamente todos los que estamos aquí hemos tenido que fingir arrepentimiento, y suplicar clemencia para librarnos de las acusaciones que nos hubieran llevado a Azkaban. Muy pocos se han mantenido firmes y siguen libres. No eres más traidor o cobarde que el resto, simplemente fuiste más listo. Bajo la protección de Dumbledore eres oficialmente inocente, nadie puede tocarte. Y es un buen lugar donde esperar mientras consigues información privilegiada hasta que el Señor Tenebroso regrese –le dijo Lucius.
Esa última frase había captado su interés.
-¿Realmente crees que volverá? –Snape intentó indagar un poco más.
-Quién sabe –el mago se encogió de hombros-. Algunos de mis invitados creen fervientemente que sí. Personalmente lo dudo mucho, después de un año de espera estoy prácticamente seguro de que ha muerto, tal y como decían. Aunque ya sabes que lo último que se pierde es la esperanza.
Soltó una risita y bebió de su copa. Snape torció una sonrisa. Era más que obvio que a Lucius le importaba bien poco si el Señor Tenebroso regresaba o no. Había salido muy bien parado de la guerra. Diciendo estar durante esta bajo la maldición Imperius, había conseguido mantener su riqueza y su estatus. Snape lo odiaba por eso. Desde que lo conocía se había comportado como una rata, traicionera y escurridiza, siempre cerca de quién más le convenía, sin arrepentirse nunca de lo que podía llegar a hacer. Y por eso siempre había salido ganador, sobre todo tras la guerra. Él por el contrario había salido perdiendo, sus actos y decisiones habían tenido un precio muy alto: la vida de Lily, el amor, aunque secreto, de su vida. Y la pérdida, en cierto modo, de su libertad. Él si se arrepentía por todo lo que había llegado a hacer en la guerra, y sus frecuentes pesadillas se encargaban de recordárselo.
Por eso mismo no iba a dejar que Elyon corriera la misma suerte. Sentía que la única forma de redimirse era mantenerla a salvo durante la postguerra, durase lo que durase, hasta que Dumbledore decidiera devolverla a su familia.
-Ven –le dijo Lucius-. Voy a presentarte a unos amigos que no conoces. Aunque te aviso que volver a tus antiguos círculos sociales te sería más fácil de la mano de tu encantadora amiguita pelirroja.
-Por supuesto –se mofó Snape-. Conseguiría la simpatía de todos los hombres de la fiesta, y el odio más profundo de sus esposas ¿O crees que por venir de mi brazo iba a perder la oportunidad de conocer en profundidad a alguno de tus invitados?
El mago rio dejando su copa vacía también en la mesa. Acto seguido le puso una mano en el hombro y lo guió hasta un grupo de hombres que hablaban con expresión de desdén cerca del balcón de la sala.
…..
Elyon pasó la última noche que Remus se quedaba en el castillo en un estado de duermevela. Tumbada junto al licántropo, no podía dejar de pensar en lo que Grace le había dicho hacía un par de días. Estaba confusa. El chico le inspiraba un sentimiento de ternura y cariño difícil de describir, lo único que sabía era que cada vez que lo veía, su corazón se aceleraba y era feliz. En esos momentos se sentía apenada por el hecho de que Remus se fuera a la mañana siguiente. Se tumbó más cerca de él para admirar su rostro sereno mientras dormía, solo desdibujado por algún ronquido esporádico. En ese momento se le escapó uno. Ella contuvo una risita divertida. Estar cerca de él la tranquilizaba, la llenaba de calma, la hacía sentir que en su vida no había pasado ninguna desgracia, que sus padres la esperaban en casa al acabar el curso.
Cuando finalmente Remus se fue esa mañana, todos tuvieron la sensación de que la Sala de los Menesteres se les había quedado grande. Por suerte a la mañana siguiente Lisa y Johnny volverían, así que solo les faltó contar las horas para volver a estar todos reunidos.
…..
Dumbledore se sentó despacio en su escritorio.
-¿Estás seguro Severus?
-Completamente –respondió con seriedad.
-Tenemos que poner en sobre aviso a los aurores –decidió.
-¿Sin pruebas? –Snape alzó una ceja- ¿Realmente moverán un dedo solo por un par de murmullos y comentarios?
-Cornelius no moverá un dedo, pero Alastor sí –le dijo.
-Alastor será lo único que pueda hacer sin el consentimiento del Ministerio -resopló el chico-. La gran mayoría de los aurores son novatos, no hay ninguno que se arriesgue a hacer algo a espaldas del Ministerio por alguien a quien apenas conocen. Muchos creen que realmente han vencido y que todo ha acabado. Y por desgracia los mortífagos cuentan con ello.
-Entonces consígueme pruebas palpables –le ordenó.
-Haré lo que pueda. He perdido mi posición avanzada desde que estoy en Hogwarts, y no me va a ser fácil recuperarla. Pero estaré atento, y en cuanto los susurros pasen a ser hechos, te daré todas las pruebas que necesitas –le dijo con firmeza.
-Que sea cuanto antes, Severus. No quiero que si esto vuelve a estallar coja de nuevo a Elyon justo en el medio –suspiró el anciano.
Snape asintió saliendo del despacho. Él tampoco iba a permitirlo, aunque un mal presentimiento le decía que hicieran lo que hicieran por evitarlo, Elyon siempre iba a estar en medio.
…..
Will ni siquiera esperó a que Lisa entrara en el castillo. En cuanto vio llegar el carruaje en el que iban ella, Johnny y su hermano, junto con otros alumnos, se apresuró a salir de los terrenos. Ayudó a Lisa a bajar, la rodeó con sus brazos y la besó con fuerza.
-No te haces una idea de lo que te he echado de menos –le dijo el chico apoyando su frente en la de ella.
-Dime que a mí no me vas a recibir igual –le dijo el tejón aun desde el carromato-. Creo que no estoy emocionalmente preparado.
Lisa lo fulminó con la mirada.
-Muy bien Johnny, creo que no he visto mejor manera de cargarse un momento mágico –le reprochó Andy-. Empiezo a comprender por qué las novias te duran tan poco.
-Y esa es la razón por la que me cae mejor tu hermano que tú –le dijo la gryffindor cogiendo la mano de Will y dirigiéndose al interior del castillo.
-¿Entonces Will no me va a ayudar a bajar? –les dijo apenado- ¡Yo creía que lo nuestro era especial! ¡Me has hecho daño, tío! ¡Aquí! –se señaló el corazón con el dedo- ¡En la patata!
Lisa negó con la cabeza intentando ignorarle. Elyon abrió los brazos recibiéndola con una enorme sonrisa. Ambas se fundieron en un fuerte abrazo. Luego fue el turno de Grace.
-¿Qué ha pasado en el carruaje? Ha sido tan de película romántica que me han dado ganas de llorar –le preguntó Grace.
-Sí, hasta que Johnny ha abierto la boca –suspiró Lisa, algo sonrojada por el comentario de su amiga.
El hufflepuff se acercó a ellos aun sollozando como Will lo había ignorado. Tras la cena volvieron a la Sala de los Menesteres para ponerse al día. La situación familiar de Lisa había mejorado considerablemente, aunque sus padres les habían dejado claro que el matrimonio era insalvable, iban a firmar un divorcio amistoso. También les contó que Johnny y ella habían quedado durante las fiestas para ir a tomar algo, y cada cual había llevado a su hermano, ya que Lisa quería que su hermana conociera a alguien más que a ella cuando entrara el curso que viene en Hogwarts. Lo que más les sorprendió fue que su amiga les contara que Johnny se había comportado de forma completamente distinta a la habitual, su actitud había sido más tranquila y centrada, y pese a que gastó bromas, no fueron pesadas.
-Si siempre fuera así me llevaría mejor con él –finalizó Lisa.
-Yo creo que las grandes concentraciones de gente lo alteran, necesita hacerse notar –comentó Grace-. Quizá por ser de los pequeños en su familia, con tantos hermanos, quiere llamar siempre la atención.
-Pero nosotros somos cinco, no hace falta que llame tanto la atención, sabemos que está aquí –reflexionó Elyon.
-Somos tantos como sus hermanos –añadió la pelirroja.
-¿Alguna novedad más por aquí que deba saber? –preguntó Lisa para cambiar de tema.
Esta vez fue Grace la que la puso al corriente del tema de Remus.
-¡Lo sabía! –susurró ella con un gesto de triunfo, intentando no llamar la atención de los chicos, que hablaban de sus cosas cerca de la chimenea.
-Lisa no empieces tú también, por favor –le pidió la semielfa-. Cada vez que sale el tema me pongo mala, se me hace un nudo en el estómago.
-Eso es porque te gusta –le dijo con una sonrisita divertida.
-De verdad, déjalo ya –insistió ella.
-Una cosa Elyon, no te la he querido comentar hasta ahora –interrumpió Grace- ¿No te da cosa tener a Snape tan cerca en las clases de defensa?
La chica se la quedó mirando sin saber qué contestar. Recordando la clase en la que su amiga estuvo presente, cuando los rostros de ambos habían quedado tan cerca y pareció que el tiempo se detuvo unos segundos. Se sonrojó.
-Un poco sí. Al principio era peor, ahora ya me voy acostumbrando –respondió.
-Creo que yo no podría, solo de pensar en estar en la misma situación que tú con él justo encima me da no sé que qué… aun le tengo algo de pánico a ese tío –Grace dibujó una mueca de desagrado.
-¿Justo encima? ¿Qué me he perdido? –Lisa las miró a ambas desconcertada.
-Elyon nos dejó ir a ver uno de los entrenamientos. Ni una palabra a Johnny o querrá ir a todos –añadió la pelirroja-. Y el combate final lo ganó Snape porque la inmovilizó con su propio peso tirándose encima.
-No es para tanto –la semielfa le quitó importancia con un ademán.
-Yo me hubiera muerto de la vergüenza –comentó Lisa-. Por cierto, ¿me dejarás ir a ver uno de los entrenamientos sin que Johnny se entere? Me lo debes.
-Me lo pensaré, aunque te advierto que no depende de mí –fue la respuesta de su amiga.
…..
Las semanas pasaron sin ninguna novedad. Elyon le daba vueltas de vez en cuando al tema de Remus, y para su sorpresa empezaba a imaginar cómo sería salir con él. Empezaba a creer que realmente le gustaba, aunque se abstuvo de comentarles nada a sus amigas para evitar que siguieran agrandando el lío mental que tenía.
La primera salida a Hogsmeade del año coincidió con San Valentín, por lo que se armó un gran revuelo en el castillo. Las parejas ya consolidadas, como Lisa y Will, recibieron la noticia con alegría, ya que iban a poder celebrarlo. De igual forma empezaron a surgir nuevas parejas de la nada aprovechando el empujón de una posible primera cita en el pueblecito. Grace se pensó muy seriamente si quedar con su ligue de Ravenclaw o unirse a Johnny para espiar y molestar a Will y Lisa, finalmente decidió que haría las dos cosas repartiéndose la mañana entre los dos chicos, ya que le daba pena dejar a Johnny solo.
-No va a estar solo, yo no tengo pareja, ¿recuerdas? –le dijo Elyon a la pelirroja.
-¿Accederás entonces a ir como mi supuesta cita? –Johnny alzó una ceja, esperanzado.
-Sabes que no, iré como tu amiga y nada más –le aclaró la semielfa-. Y perdón por sonar tan tajante.
Su amigo le quitó importancia con un ademán.
-Tú lo que deberías hacer es quedar con Remus y ver si finalmente pasa algo o no –le aconsejó la pelirroja.
-¿Pedirle una cita en San Valentín? ¿Estás loca? –Elyon alzó una ceja.
-Nadie ha dicho nada de cita. Tú le dices que hay salida a Hogsmeade, y cuando Johnny se vaya… –le dijo Grace como si fuera la cosa más obvia del mundo.
-Últimamente siento que sobro, de verdad –se indignó el chico.
-Y me quedaré sola con él como tantas otras veces, ¿y? No solucionaremos nada así –suspiró la semielfa.
-Alguna forma se te ocurrirá para saber si te gusta o no. En San Valentín el amor está en el aire. Si no lo notas, es que realmente no te gusta –la ravenclaw se encogió de hombros.
-Para ti todo es muy fácil siempre –le reprochó ella.
A la hora de la cena, de camino al Gran Comedor, un chico de Hufflepuff de séptimo curso paró a las tres chicas en el pasillo. Luego inspiró hondo y le pidió a Elyon que lo acompañara a Hogsmeade. Ella se sonrojó sobremanera y entre balbuceos de nerviosismo tuvo que decirle que no porque ya tenía con quien ir. Se sintió increíblemente mal al ver la expresión de derrota del chico. Por suerte para ella, la noticia de que iba a ir acompañada pareció extenderse, ya que ningún otro chico le propuso nada, eso, o a ninguno le apetecía realmente quedar con una semielfa.
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El viernes por la mañana, las lechuzas llenaron el Gran Comedor como de costumbre. Muchas de ellas traían paquetes a cuestas.
-Deberíamos hacer una porra a ver cuántos de esos paquetes son cajas de bombones para regalar mañana -comentó Grace masticando calmadamente una magdalena-. Yo creo que nos podríamos forrar.
Sus amigos rieron, salvo Johnny, que estaba absorto mirando a la mesa de profesores, más concretamente a Snape. Elyon se quedó mirando al hufflepuff, y vio que sus ojos brillaban con malicia.
-Oh, Merlín. ¿Qué has hecho? -le preguntó a sabiendas de que se arrepentiría de saber la respuesta.
El chico le hizo un ademán para que se callara.
-Tu atenta -se limitó a contestar.
Entre todo el revuelo de las aves, una pequeña lechuza gris dejó un sobre morado frente al profesor de pociones, que lo cogió con expresión confusa. Muchos alumnos se giraron, curiosos, ante ese detalle. En ese instante el sobre escapó de entre los dedos de Snape y quedó flotando frente a él, que lo miró con horror. Era un vociferador. Intentó alcanzarlo antes de que se activara, pero le fue imposible.
"¡¿Cómo has podido?! -la voz femenina restalló en la sala, haciendo que todo el mundo se volviera a ver qué pasaba- ¡¿Te crees que no me enteraría?! ¡Es mi mejor amiga, pedazo de imbécil! ¡Además, ¿de verdad creías que podrías tirártela? ¿Tú?!"
Snape se había quedado helado, no sabía cómo reaccionar a aquello, simplemente quería que se lo tragara la tierra. Todos lo miraban conteniendo el aliento, claramente asombrados y descolocados. Albus contenía la risa a duras penas, y Zelda, sentada a su lado, lo miraba divertida con una ceja levantada.
"¡Eres un borde, un prepotente y un arrogante! ¡Ni siquiera sé qué hacía yo contigo! ¡Con tu enorme nariz, esa expresión de estreñido que tienes siempre y ese pelo que parece que no lo has lavado en tu vida! ¡De verdad que no sé en qué estaba pensado cuando accedí a acostarme contigo! ¡Porque además la tienes pequeña!"
Los alumnos se esforzaron sobremanera en no romper a reír con aquella última frase.
"¡Así que, que te aproveche pasándote el resto de tu vida solo! ¡Feliz San Valentín, gilipollas!"
Entonces el vociferador estalló llenándolo todo de purpurina. Las risas no se hicieron esperar. Pocos fueron los que no rieron. Incluso muchos profesores estallaron en carcajadas.
Elyon miró a Snape con detenimiento, estaba al borde de un ataque de ira, más pálido de lo habitual. Parecía haberse quedado en shock, mirando al frente, pero sin ver. Johnny se había pasado, y mucho, aunque no parecía importarle, reía a mandíbula partida tirando sobre la mesa de madera mientras varias lágrimones caían por sus mejillas.
Sus manos temblaban de pura rabia. Tenía la respiración agitada. Aquello había sido… ¿Qué acababa de pasar? ¿De dónde había salido ese vociferador? Estaba tan confuso y furioso que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba completamente cubierto de purpurina. Solo podía escuchar las carcajadas, que le taladraron los oídos. Todos se estaban riendo, de él. Por un momento sintió que volvía a estar colgado de los tobillos, completamente expuesto a todos. Se mareó. Todos lo miraban, y señalaban, como si fuera un clabbert de circo.
-No te preocupes -le susurró Zelda, poniendo una mano en su brazo, con una sonrisa divertida-. Te aseguro que no la tienes pequeña.
En ese momento Snape pareció volver a la realidad. Retiró su brazo con brusquedad y se levantó de golpe, tirando su silla al suelo. Salió de la sala por la puerta lateral que había tras la mesa de profesores, con un sonoro portazo que apenas se escuchó entre las carcajadas que aún resonaban en el Gran Comedor. Johnny, al ver esa reacción, rio con más fuerza inclinándose hacia atrás hasta caer de espaldas al suelo. Y allí se quedó sin poder para de reír, le empezaba a faltar el aire.
-¿Eres consciente de lo que has hecho? -Elyon lo miró con enfado-. Te va a matar. Literalmente.
-Moriré feliz -consiguió decir el chico entre carcajada y carcajada.
La semielfa no se rio. Aquello había sido verdaderamente humillante. Miró a sus amigos, todos seguían riendo ¿Era la única a la que aquello le había parecido de mal gusto y desproporcionado?
Para desgracia de Snape, tuvo que aguantar las risas y murmullos de sus alumnos todo el día. No consiguió deshacerse la purpurina que lo cubría. Lo había intentado con magia y de forma tradicional. Nada. El agua y el jabón no consiguieron eliminarla por completo de su pelo y piel, por lo que aunque se cambió de ropa, esta volvió a impregnar la tela negra. Ese día los contadores de las Casas perdieron más de la mitad de sus puntos, incluido el de Slytherin, y muchos alumnos salieron llorando de su clase de Pociones. No se apiadó de nadie. Cuando pillara al desgraciado que le había enviado el vociferador haría que arrepintiera por el resto de su vida, y estaba prácticamente seguro de saber quién era el que se lo había enviado.
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Cuando los cinco llegaron a Hogsmeade se quedaron boquiabiertos con la decoración especial por San Valentín.
-Esto resulta empalagoso hasta para mí –opinó Grace-. Estoy por volver al castillo.
-La verdad es que es excesivo –comentó Lisa mirando la decoración de los escaparates, que estaban repletos de corazones, lucecitas y querubines con flechas y arcos.
-Siento que Hogsmeade me está echando de aquí por no venir con pareja –musitó Johnny.
-¡No seas idiota! Vas a pasar la mitad del día conmigo y la otra mitad con Elyon, así que no digas tonterías –le riñó Grace.
Remus no tardó en llegar, y les saludó con un ademán mientras se acercaba.
-Hacía tiempo que no veía esto tan decorado –rio el chico.
-Sí, vomitivo, ¿eh? –asintió Johnny.
-Bueno, nosotros nos vamos ya ¿Nos vemos a mediodía en Las Tres Escobas? –se despidió Lisa.
-¡Claro! Quien llegue antes que guarde sitio –los despidió Elyon- ¡Pasadlo bien!
Will se despidió con la mano. Los cuatro fueron a curiosear el resto del pueblo. Todo él estaba lleno de parejitas que se hacían arrumacos, y la decoración ñoña se notaba sobre todo en los bares, teterías y Honeyducks. Grace no paró de lanzarle miradas significativas a Elyon, que negaba con la cabeza.
-Bueno, creo que ya les hemos dejado bastante ventaja a esos dos –sonrió Johnny con maldad-. Voy a molestarlos un poco.
-Voy contigo –se apresuró a contestar la ravenclaw.
Y sin mediar más palabra desaparecieron por la calle.
-Dime que no van a fastidiar de verdad a Lisa y Will –suspiró Remus.
-¿Tú que crees? –Elyon torció una sonrisa.
-Johnny debería relajarse y madurar, un día se arrepentirá de haber traspasado tantos límites –comentó el licántropo.
-Si no se arrepintió tras el verano con Snape, no ceo que llegue a sentir arrepentimiento en su vida –resopló Elyon.
El chico la miró con una sonrisa y le rodeó los hombros con un brazo. Ella sintió que se sonrojaba ligeramente, era como aquella vez en el autobús. Frunció el ceño, quien le había rodeado los hombros en el autobús había sido Snape, no Remus.
Mientras caminaban por Hogsmeade empezó a nevar de nuevo. Llegaron al linde del pueblo, desde donde se veía la Casa de los Gritos.
-¿Sabes por qué esa casa en ruinas se llama así? –le preguntó el chico.
-Dicen que se oyen gemidos y golpes las noches de luna llena, que esas noches se levantan los espíritus de los que vivieron allí –respondió ella.
-No eran espíritus, era yo –confesó Remus.
-¿Tú? –Elyon lo miró a los ojos.
-Cuando estudiaba en Hogwarts necesitaba un sitio donde transformarme sin riesgo a que dañara a alguien. Dumbledore me encerraba allí las noches de luna llena. Me sacaba a escondidas del castillo a través de un pasadizo que lleva directamente a esa casa, y que cubrió con el Sauce Boxeador, para que nadie pudiera encontrarlo. Lo que escuchaban los vecinos del pueblo era mi transformación y mis intentos por escapar de la casa. Cuando James y los demás se enteraron de todo el tema, se hicieron animagos y así poder acompañarme en mis transformaciones corriendo menos peligro, así que el jaleo aumentó –recordó él con nostalgia y tristeza-. Y a pesar de que de eso hace años, tengo la sensación de que la leyenda quedará ahí aunque no se vuelva a escuchar nada.
-No lo descarto –la semielfa se encogió de hombros con una sonrisa y cogió su mano enguantada.
Ambos se miraron con complicidad "¿Y ahora qué?" se dijo. Aquel era el momento perfecto, estaban solos y sin nadie alrededor que pudiera aparecer de pronto, ¿pero qué se suponía que tenía que hacer? Recordó lo que Grace le había dicho sobre que el amor estaba en el aire ese día, y que si no podía sentirlo, era que no había nada que hacer. Y la única otra vez que había sabido que un chico no le gustaba fue cuando Jason la besó.
Elyon miró a Remus, y cuando este volvió a girar el rostro para mirarla, ella se armó de valor. Se puso de puntillas y lo besó. Tras unos segundos Remus separó sus labios de los de ella.
-¡¿Qué haces?! –le dijo sonrojándose hasta las orejas.
-Yo… aclarar mis ideas –la semielfa se sonrojó también.
-¡¿Qué narices necesitas aclarar?! –el joven se pasó una mano por el pelo nervioso.
-Verás… estoy hecha un lío… Lisa y… todos siempre están diciendo que hacemos buena pareja, y además yo te quiero muchísimo y con el tiempo y todo lo demás empecé a dudar si el cariño que te tengo era en plan hermano mayor o algo más… y las chicas no dejaban de decir cosas y cada vez estaba más confusa… solo se me ha ocurrido esto para saber qué siento –intentó explicarse ella.
Remus resopló nervioso, avanzó un paso hacia ella y luego retrocedió. No le salían las palabras.
-Lo siento Remus, no debí hacerlo. Debí decírtelo y ya –sollozó ella-. Me daba miedo que nuestra amistad se resintiera por algo así, no quería que salieras corriendo y me abandonaras.
-¡¿Y creíste que si me besabas no correría?! Elyon… Merlín… -hizo el amago de irse y luego rectificó, se pasó ambas manos por el pelo y las dejó descansar en su nuca mientras echaba la cabeza hacia atrás- No sé qué decir, no me esperaba algo así. Yo también te quiero muchísimo, pero no de esta manera. Si he hecho o dicho algo que te hiciera pensar que yo sentía otra cosa por ti, lo lamento. Pero no, eres como mi hermana pequeña.
Elyon suspiró y sonrió.
-La culpa no es tuya, no has hecho nada mal, he sido yo… con la ayuda de los demás… de verdad que siento mucho este mal rato…
-Ahora entiendo las preguntas de Johnny –murmuró el licántropo para sí- ¿Y sigues… te has aclarado ya?
Ella asintió cogiéndole las manos.
-Sí. Ahora sé segurísimo que eres como el hermano que nunca he podido tener. El beso… me ha aclarado las cosas, como con Jason.
-¿Jason? ¿El primo de Will? No me habías contado que os besasteis –la miró con asombro.
-¿No? Bueno, me daba vergüenza… Pero creo que este es un buen momento –Elyon lo cogió del brazo y caminaron juntos hacia Las Tres Escobas.
Mientras caminaban Remus reflexionó sobre ese beso. Elyon se había atrevido a hacer lo que él no. Y en parte daba gracias por ello, ya que había tenido una excusa para negarse a sí mismo y a ella que realmente no sentía nada especial, a pesar de que aquel breve beso había congelado el tiempo. Quizá cuando la chica dejara de ser menor de edad se atrevería a dar el primer paso, solo esperaba que para entonces no fuera demasiado tarde. Aunque prefería mil veces conservarla a su lado como a una hermana, que perderla en una relación que tal vez no llegara a funcionar.
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Lisa y Will fulminaban a Johnny con la mirada, sentados a la mesa. El hufflepuff se hacía el loco mirando a cualquier lado salvo a las caras de sus amigos, nunca había tenido tantas ganas de ver a Elyon, Remus o Grace. Y como atendiendo a sus súplicas, su amiga y Remus entraron por la puerta cogidos del brazo, acompañados por una ráfaga de nieve. Los rostros de la gryffindor y el slytherin se relajaron un poco. La semielfa fue a sentarse con ellos mientras Remus iba a la barra a por dos chocolates calientes.
-¿Qué tal la cita? –les preguntó curiosa.
-No sé, que te lo cuente Johnny –contestó Will mirando a su amigo con rabia.
-¿Qué has hecho ahora? –Elyon lo miró con enfado.
-Ha sido un accidente –se disculpó por enésima vez-. No quería transformar la mesa, solo la bufanda de Will, pero apareció una ex y me dio tal susto que se me desvió el hechizo.
-Y por eso nuestra mesa se transformó en una rata gigante que me tiró encima el té, asustó a todos los presentes y desmontó medio local intentando escapar de la tetería –añadió Lisa.
-¿De verdad? ¿Una rata gigante en medio de un montón de parejitas enamoradas? Te has superado –la semielfa se cruzó de brazos con seriedad.
-¡No fue culpa mía! Grace se había ido con su ligue y me quedé sin nadie que me cubriera las espaldas, no vi venir a mi ex. La idea era que una rata de tamaño medio se paseara por lo hombros de Will, y tal vez por su mesa ¡Pero nada más! –Johnny gruñó con frustración.
-Prometo que la próxima vez ataré a Johnny y lo tendré vigilado para que no os fastidie la cita –les dijo Elyon-. Tendría que haber estado más pendiente de él antes que irme con Remus.
-Eso ha sonado mal –Lisa se puso pálida-. No os habéis peleado ni nada, ¿verdad?
-No, no, seguimos siendo inseparables. Y ahora tengo claro que como hermanos, por ambas partes –añadió para que dejaran de darle la murga con el tema.
-¿Y cómo lo habéis aclarado? –preguntó Will.
Elyon se sonrojó.
-Lo besé –musitó.
-No… ¿De verdad? ¿Cómo…? –Lisa no salía de su asombro.
-Fue una estupidez. Por un momento pensé que Remus iba a salir corriendo o algo peor.
-¿Entonces no sentiste nada al hacerlo? –insistió Johnny.
-No, nada de nada, solo vergüenza por haberme dejado enredar de nuevo por vosotros –suspiró Elyon.
-Yo sigo diciendo que le gustas, aunque él se empeñe en decir lo contrario –dijo el hufflepuff.
-Johnny déjalo ya, que bastante has hecho –le regañó Will.
Remus seguía esperando a que lo atendieran. Las Tres Escobas estaba a rebosar, y la pobre camarera no daba abasto. Cansado de intentar llamar su atención, desistió unos minutos. Zelda, que estaba en la barra cerca de él, se lo quedó mirando. Aquel chico era nuevo allí, no lo conocía de antes, estaba segura, un chico tan mono era difícil de olvidar. Se acercó a él dispuesta a saber de quién se trataba.
-Difícil conseguir algo de beber hoy, ¿verdad? –le sonrió ella.
El chico se la quedó mirando unos segundos.
-Bastante, hacía tiempo que no lo veía tan lleno –contestó él.
-Yo llevo esperando quince minutos –suspiró la mujer-. No me suenas, ¿eres nuevo en el pueblo?
-No exactamente, vengo bastante a menudo, a visitar a una amiga que estudia en Hogwarts. Remus Lupin –se presentó él ofreciéndole la mano.
Zelda alzó una ceja, aquel era el chico del que tanto despotricaba Snape, al amiguito lobo de la semielfa. Sonrió con toda la inocencia que pudo.
-Sarah Green –ella le estrechó la mano con suavidad.
-¿Tu eres de Hogsmeade entonces?
-Sí, trabajo en la oficina de correos. Por eso me fastidia salir de un sitio lleno de animales gritones para entrar en otro igual -suspiró con cansancio.
Remus rio. Aquel chico tenía toda la pinta de una presa fácil, no le iba a costar mucho camelárselo.
-¿Qué queréis tomar? –les interrumpió de pronto Madame Rosmenta.
-Dos tazas de chocolate caliente –pidió Remus.
-Y una jarra de hidromiel caliente con especias –se apresuró a añadir Zelda- ¿Vienes mucho por aquí?
-No tanto como me gustaría. Las visitas a los alumnos están muy restringidas –el chico se encogió de hombros.
-Es una pena. Pareces un chico agradable, y aquí escasea la gente de nuestra edad. Hablar tanto con carcas me hace sentir vieja –bromeó ella.
Una vez más, Remus rio.
-Aquí tenéis –la camarera dejó las bebidas en la barra frente a ellos.
-Gracias –él sacó unas monedas y lo pagó todo-. Te invito, para que rejuvenezcas un poco.
-¡Vaya! Gracias, espero verte por aquí más a menudo –se despidió ella.
-Tal vez, dependerá también de mis días libres en el trabajo –Remus cogió las dos tazas de chocolate.
-Ten, por si en uno de tus días libres te apetece tomar algo por aquí –Zelda le metió un trozo de pergamino, con su número de buzón de la oficina de correos, en el bolsillo de su pantalón, asegurándose de que la distancia entre ellos se acortaba y de qué notase como sus dedos entraban en el bolsillo delantero del vaquero.
Al alzar la vista vio que el chico la miraba con un leve rubor en las mejillas. Luego asintió levemente con una sonrisa y se fue hacia las mesas. Se sentó junto a la semielfa y los amigos de esta, acto seguido le pasó la taza y ella sonrió con cariño besándolo en la mejilla. Lo que la chiquilla ignoraba era que su muy estimado Remus ya era de Zelda, estaba prácticamente segura de que había caído en sus redes. Ella sonrió con maldad, iba a encargarse personalmente de que McWilliams se enterara de que su encantador lobo había acabado bajo sus sábanas. Iba a quitarle poco a poco lo más preciado para ella, como escarmiento por todas aquellas veces que la mocosa le había privado de la compañía de Snape por unas razones o por otras.
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Nevaba copiosamente. Tuvo que quitar medio palmo de nieve acumulada para poder leer la inscripción. No comprendía por qué había regresado, solo sabía que nunca iba a poder dejar de hacerlo. Dejó el ramo de lirios semicongelados en la piedra. Al poco tiempo la nieve ya casi lo había cubierto.
-Feliz San Valentín, Lily –musitó Snape con voz rota.
Una lágrima solitaria recorrió su rostro antes de congelarse en su barbilla.
