5º Curso. Capítulo 7
El invierno pareció endurecerse a finales de febrero, otra gran nevada dejó a los alumnos encerrados dentro del castillo, sin poder salir a los terrenos para dar clase o pasear. De modo que todos se apelotonaban durante las horas muertas en los pasillos y los patios interiores en donde se había retirado el exceso de nieve.
-Voy a acabar con claustrofobia –refunfuñó Johnny metiendo sus manos bajo las axilas y así combatir el frío-. Este invierno casi ni he podido entrenar con Hooch.
-Tampoco es para tanto, en nada desaparecerá la nieve –le dijo Grace.
-Pero yo necesito volar, necesito notar el viento en la cara mientras me revuelve el pelo –contestó el chico con una ensoñación-. Aunque Hooch considera que últimamente hay demasiado viento.
Elyon torció una sonrisa mientras balanceaba los pies sentada en una de las barandas del patio interior principal. Entonces, sin previo aviso, recibieron una lluvia de bolas de nieve.
-¡Qué daño! –se quejó Johnny llevándose una mano al costado de la cabeza.
Will escudriñó el patio interior en busca de los culpables, y se topó con la mirada de uno de los amigos de Mark, que estaban sentados bajo uno de los pequeños árboles, donde apenas había nieve.
-Adivinad quién ha sido –dijo con cansancio.
-Johnny, ¡estás sangrando! –se alarmó Lisa cuando el muchacho apartó la mano de la cabeza.
-¡Pero si eran bolas de nieve! –Grace lo miró sorprendida.
-Te apuesto tres galones a que la mía venía con sorpresa –gimió el hufflepuff con gesto de dolor.
-Seguramente sería una piedra –Will examinó el golpe de su amigo-. Suerte que ha sido una piedra pequeña, solo es un arañazo.
Sacó de su bolsillo un pañuelo, envolvió un poco de nieve en él y se lo colocó sobre la herida. Elyon se giró en busca del rostro de Mark, pero este ni se había dignado a mirarlos por un segundo, como si ignorara que se encontraban allí. Aunque la semielfa estaba segura de que no era así. Se concentró en él, pero los pocos pensamientos que lograba captar eran sobre su estrategia en la partida de cartas que estaba jugando.
-Deberíamos ir al director –opinó Lisa.
-Y conseguirás que nos castiguen a nosotros antes que a ellos –le dijo Elyon-. Esta rivalidad lleva tantas pullas a cuestas que lo único que conseguirás será enfadarlo. Además no tenemos ningún testigo, es nuestra palabra contra la suya.
-Entonces tendremos que coger nosotros al minotauro por los cuernos –Johnny se encogió de hombros mientras seguía sujetando el pañuelo sobre el golpe.
-No, ni hablar –intervino Lisa-. Esas cosas acaban siendo un círculo vicioso, que además no le gustará nada a Dumbledore si se acaba enterando.
-¡Me ha lanzado una piedra a la cabeza! Esto no va a quedar así –se quejó el hufflepuff.
-Lo que busca es cabrearte ¡No seas estúpido! ¿De verdad vas a caer en su juego? –la morena lo miró con seriedad- ¿Además quién te dice que esa piedra iba para ti? ¿Y si ha sido un accidente?
-Lisa, ¿tú te escuchas cuando hablas? –le dijo Grace- Estamos hablando de Mark y compañía. Tal vez la piedra no era concretamente para Johnny, pero te aseguro que no ha sido un accidente.
-Igualmente yo no quiero más broncas con Dumbledore –dijo Elyon-. Este año está siendo muy tranquilo, no he tenido que ir a su despacho para nada serio, y no quiero volver a tener que hacerlo. El curso pasado ya me dejó muy claro que no le gusta cómo me salto las normas con vosotros. Y no quiero darle una excusa para que vuelva a mandarme a limpiar calderos o algo peor.
-Si os queréis quedar al margen bien, pero yo pienso devolvérsela –concluyó Johnny.
-Cuenta conmigo –sonrió Grace.
-Yo estaré cerca para evitar que os hagáis daño –suspiró Will.
Lisa y Elyon se miraron con preocupación. El grupo de Mark parecía no querer olvidar lo de Halloween, y seguir alargando la lista de desplantes no ayudaría a que los ánimos se calmaran.
…..
A los tres días vieron llegar a Grace muy sonriente en compañía de Will. Tras la comida, ella les contó que en clase de Encantamientos había convertido el tintero de Mark en un pulpo, que le lanzó a la cara un potente chorro de tinta cuando el chico lo había pinchado con la varita. Entre risas Will añadió que su primo tuvo que salir de la clase corriendo y dando bandazos mientras se golpeaba con pupitres y sillas al no ver nada, ya que la tinta le había entrado en los ojos.
Elyon miró con disimulo a la mesa de los slytherins. Mark tenía aun la cara negruzca por la tinta y los ojos irritados e hinchados. Apartó la vista al notar que la observaban. Snape la miraba con el ceño fruncido, obviamente enfadado y culpándola de lo ocurrido. La semielfa le mantuvo la mirada, no había sido ella, y por lo que a la joven respectaba, no sabía quién era el culpable, y pensaba dejárselo claro con su mirada de indiferencia.
Por desgracia Snape no era el único que pensaba que ella era la artífice. El sábado, tras su clase de Cultura Élfica, Mark le salió al paso en uno de los pasillos. Elyon ni se dignó a mirarlo a la cara e intentó seguir su camino a la Sala Común. Pero el resto del grupo del slytherin se le unió y le cortaron el paso rodeándola en el pasillo. Hasta ese momento Elyon no se había dado cuenta de lo numeroso que se había hecho el grupo de Mark, seguramente movidos por lo ocurrido en Halloween.
-¿Qué quieres? –preguntó ella finalmente, llevando con cuidado la mano a su bolsillo.
-De eso nada –el chico la apuntó con la varita-. Quietecita y con las manos donde pueda verlas.
Elyon prefirió obedecer. Kove le había enseñado que valía más analizar al enemigo que lanzarse a ciegas.
-¿Y bien? –volvió a preguntar levantando las palmas abiertas.
-Te crees la hostia de graciosa. Más que yo, ¿eh? –le comentó- Como comprobarás, yo también tengo amigos que me pueden hacer el trabajo sucio.
-¡Eh, eh! Respira –lo interrumpió ella-. Para empezar si crees que lanzar piedras en bolas de nieve es gracioso, es que en ese cabezón que tienes algo no funciona bien. Y segundo, yo no tengo a nadie que me haga el trabajo sucio. Si esto es por lo del pulpo o calamar ese, yo no tuve nada que ver con eso. No soy la única que te adora por ser tan encantador.
-Me encanta que seas tan sincera, aun cuando ves que estás sola y esto se puede poner muy feo –rio Mark-. Ojalá no hubiéramos tenido que llegar a estos extremos. Ojalá hubieras sido lo suficientemente lista para aceptar mi invitación el año pasado.
La semielfa no pudo evitar resoplar.
-Por favor no me digas que todo este odio irracional que me tienes es solo porque te dije NO –no pudo contener más la risa-. Mark, asúmelo, no se puede tener todo, madura de una vez.
El rostro del slytherin se crispó por la rabia.
-No te negaré que empezó así. Pero hace tiempo que las cosas han cambiado, tarde o temprano esto habría acabado igual –le dijo el chico con los dientes apretados-. Quizá la diferencia está en que si hubieras aceptado, podría plantearme ser un poco menos duro con una orejas picudas como tú.
Miró a sus compañeros y movió la cabeza señalándola a ella. Dos de los chicos se acercaron.
-Tocadme y os arrepentiréis –les advirtió-. No necesito una varita para mandaros a la enfermería.
Ambos se miraron entre ellos sin creerse sus palabras. Elyon no se lo reprochaba, ellos eran siete chicos, algunos bastante corpulentos, y ella siendo pequeña y delgada, no intimidaba a nadie. Pero en cuanto uno de ellos tocó su hombro con la mano, la semielfa puso en práctica lo aprendido con Kove. Le cogió la muñeca con rapidez y le retorció el brazo dejando al chico en ángulo perfecto para propinarle un fuerte rodillazo en el estómago. El chico se dobló de dolor y Elyon aprovechó para darle una tremenda patada en la cara que lo mandó de bruces al suelo. Todo esto ocurrió un menos de tres segundos, lo cual hizo dudar al resto. Finalmente el otro chico que estaba a su espalda se lanzó a por ella. Lo esquivó con un movimiento calculado dejando un pie para hacerle tropezar a la vez que se agachó para elevar con la mano la pierna del agresor que no estaba apoyada en el suelo. Ese último movimiento hizo que el chico girara en el aire cayendo con todo su peso sobre la cabeza. Quedó tendido en el suelo gimiendo de dolor. Fue entonces cuando Elyon sacó su canalizadora.
-Ahora en serio Mark, déjame en paz. No quiero problemas –le dijo con calma, con la canalizadora sujeta con fuerza, pero sin apuntar a nadie para no tensar más la situación.
La mirada del chico estaba llena de rabia y frustración. Sabía que no iba a poder con ella, pero se negaba a creer que siete chicos no pudieran con una chica.
Elyon se mantenía alerta, quedaban cinco, tres a su espalda y dos frente a ella, uno de ellos Mark. Los dos a los que había golpeado empezaban a levantarse con esfuerzo pese a que a primera vista uno sangraba por la nariz y el otro por la boca.
-Te lo pido por favor. Se racional y acabemos con estas disputas infantiles –insistió ella.
-Eres tú quién se empeña en entrometerse en mis asuntos.
-Me entrometo cuando te dedicas a hacer daño a los demás –Elyon apretó los dientes.
Comprendió que Mark no iba a irse. Tenía que salir del atolladero sin enviar a nadie más a la enfermería o tendría que dar explicaciones a Dumbledore ¿Intentaba dar media vuelta cogiendo por sorpresa a los tres slytherins de su espalda y así salir de allí? ¿O se lanzaba contra Mark tal y cómo todos esperaban?
Se dio la vuelta con rapidez y lanzó tres hechizos diferentes, uno dirigido a cada estudiante. Uno de ellos no tenía la varita a mano y cayó al suelo petrificado. El segundo perdió la suya al salir despedida de su mano. El tercero logró a duras penas bloquear el suyo. Mientras tanto Elyon corrió hacia ellos para pasar entre los tres en el momento en que les alcanzaban los hechizos, esperando que estos los distrajeran lo suficiente para pasar como si nada. Mark y su colega lanzaron varios hechizos contra ella, pero fallaron. Sintió un fuerte golpe en la boca del estómago y cayó al suelo sin aire. El tercer chico al que había atacado había lanzado un golpe a ciegas mientras bloqueaba el hechizo, y había conseguido alcanzarla.
De rodillas en el suelo, luchaba por respirar con normalidad, el dolor era horrible. El slytherin la levantó por el cuello del jersey, y entre él y otro, la sujetaron cada uno de un brazo tras haberle quitado la bolsa de clase, y se la lanzaron a su cabecilla. Mark cogió la bandolera escolar al vuelo y la abrió.
-Vaya, mira que tenemos aquí –el slytherin sacó el grueso volumen de Historia Élfica.
Elyon, aun recuperándose del golpe, lo miró con horror.
-De-deja eso… no es… mío –dijo con cada inspiración.
Mark la miró con mofa y abrió el delicado volumen, que crujió. Pasó un dedo por la página, luego puso la palma encima y arrugó los dedos. El sonido que hizo la página al rasgarse le paró el corazón.
-¡Basta! ¡Te he dicho que no es mío! –le gritó Elyon revolviéndose entre las manos de sus captores.
El slytherin tiró el libro a los pies de la chica. Se escuchó rasgarse un par de hojas más, que salieron volando del libro y se esparcieron por el pasillo. Con lágrimas en los ojos vio que prácticamente toda la encuadernación se había separado de las tapas de piel.
-Esto es lo que debería pasarle a tu asquerosa raza –escupió Mark.
Lanzó un hechizo con una airada floritura y el libro estalló en llamas.
-¡NO! ¡NO! –gritó ella intentando llegar al libro.
Finalmente los dos chicos la soltaron. Ella corrió a arrodillarse junto al tomo y apagó el fuego. Apenas quedaban las tapas de piel y algunas hojas negruzcas. Aún estaba caliente al tacto. Unas lágrimas de impotencia recorrieron su rostro.
-A ver cuando los elfos aprendéis a manteneros al margen de los asuntos de los magos –le espeto Mark victorioso.
Elyon sintió crecer la ira en su interior. Entonces se mareó, y unas caóticas imágenes acudieron a su mente. Fuego, llamas, gritos, su amigo muerto. Sus piernas reaccionaron solas, se lanzó a peso contra el slytherin, lo tiró de espaldas al suelo y empezó a golpearlo con fuerza entre gritos de rabia. Seguía viendo el fuego y el rostro sin vida de su amigo superponiéndose a la imagen de Mark tirado en el suelo recibiendo un golpe tras otro.
-¡Por Merlín! ¡Basta! –gritó una mujer en el pasillo.
Pero Elyon no paró, era incapaz de dejar de golpearlo. Alguien la cogió por la espalda y la alejó de Mark, aunque ella intentaba seguir golpeándolo como un perro rabioso.
-¡Elyon, basta! –le gritó una voz grave cerca del oído.
Entonces volvió a la realidad con la respiración agitada. Se miró las manos ensangrentadas y luego miró al chico. Tenía una ceja partida, le sangraba la nariz y el labio, y tenía una brecha abierta en la mejilla. Pero no se compadeció de él, no sentía arrepentimiento alguno. Se lo merecía y aceptaría el castigo de buen grado.
-¡Jovencitos, quietos ahí! –gritó McGonagall al grupo de Mark que empezaba a irse- Todos al despacho del director, ¡ahora mismo!
Snape se la quedó mirando con preocupación. Nunca habría imaginado que Elyon pudiera dejarse llevar por la ira de aquella forma, golpeando con tanta saña. Y lo peor, ahora que había parado no veía arrepentimiento en su rostro. Es más, juraría que si los volviera a dejar solos sería capaz de golpearlo hasta matarlo. Había algo diferente en sus ojos, que le hizo estremecer ligeramente. La semielfa siguió a McGonagall sin mediar una palabra. Recogió la canalizadora y el libro calcinado del suelo con sumo cuidado y lo abrazó con fuerza contra su pecho, como protegiéndolo para que no le ocurriera nada más, a pesar de que ese libro no tenía arreglo. Por un momento Snape quiso saber en qué estaba pensando la joven.
…..
La cara de Dumbledore al ver entrar en su despacho al numeroso grupo no les auguró nada bueno, sobre todo cuando vio la cara ensangrentada de Mark y sus dos amigos.
-Profesora McGonagall, ¿qué ha pasado? –preguntó el anciano con calma, sin querer cruzar ni una mirada con Elyon.
-El profesor Snape y yo los hemos encontrado en el pasillo, la señorita McWilliams estaba golpeando al señor Gambon rodeados por el resto de los amigos de éste –explicó la profesora con calma-. Ignoro cómo empezó la pelea.
Elyon bajó la mirada y abrazó con más fuerza el libro.
-Profesora McGonagall, llévese al señor Gambon y sus amigos fuera, primero quiero hablar con la señorita McWilliams a solas. Profesor Snape, quédese también.
McGonagall obedeció. El silencio que reinó en el despacho cuando los ocho salieron fue opresivo. El director le ofreció asiento a la joven, pero esta estaba clavada al suelo en medio del despacho.
-¿Qué ha pasado? –le preguntó con tono suave pero con un deje de enfado.
Ella siguió con la vista perdida en el suelo del despacho.
-Elyon –insistió el director.
-Dijo que los elfos merecíamos arder, por entrometernos en los asuntos de los magos –musitó la semielfa.
Snape y Dumbledore se miraron preocupados. Fue entonces cuando el director reparó en el libro quemado que la joven abrazaba con fuerza.
-¿Qué le ha pasado al libro de Historia Élfica?
-Lo ha quemado… lo ha quemado… todo se ha quemado –sollozó ella-. Todos están ardiendo.
-Severus, siéntala –le dijo Dumbledore mientras se levantaba del escritorio.
No fue difícil conseguirlo, Elyon estaba en estado catatónico. El anciano la observó con detenimiento, seguía con la mirada perdida, perdida en un recuerdo.
-Está recordando –musitó Dumbledore preocupado-. El conjuro se debilita.
-¿Qué se supone que está recordando? –Snape frunció el ceño.
-El ataque a Imtar. Ve a tu despacho y trae una poción para dormir, tiene que soltar ahora mismo ese recuerdo, no está preparada para recordar. Hemos de detener el recuerdo antes de que entienda qué es algo real y el hechizo se rompa del todo.
El profesor asintió y corrió hacia su despacho.
…..
Al abrir los ojos vio un techo de madera, lleno de delicados grabados de animales mágicos como grifos y dragones. Se incorporó en la mullida cama que parecía estar colocada dentro de la estructura de madera. A su derecha había un pequeño escritorio con todo lo necesario para redactar cartas, de hecho había algunas a medio escribir y otras en sobres aún lacrados. Al levantarse se sintió mareada, y muy cansada. Se acercó al enorme ventanal que había a unos metros, desde donde se veía el atardecer. No recordaba nada después de haber puesto los pies en el despacho de Dumbledore ¿Dónde estaba? Seguía en el castillo, pero no sabía en qué lugar dentro de él. Tenía la vista perdida en el hermoso paisaje que rodeaba el colegio, bañado por la luz dorada del atardecer. Durante unos segundos volvió a ver el rostro de ese niño de tres años, muerto. No podía recordar su nombre, pero sabía que había sido su amigo. Sintió una gran congoja. Esa imagen era horrible, recordaba sus ojos vacíos mirándola, rodeado de fuego y escombros.
-Me alegro que ya estés despierta –le dijo Dumbledore retirando un poco la cortina que había al otro extremo del estrecho dormitorio.
La joven se giró con lentitud. El anciano le hizo un ademán para que fuera con él. Al atravesar la cortina se encontró en el despacho del director, por lo visto había estado durmiendo en su habitación.
-¿Qué ha pasado? –preguntó la chica.
-¿No lo recuerdas? –el anciano la miró por encima de sus gafas de media luna.
-No. Solo que llegué aquí –contestó.
-Te desmayaste –suspiró Dumbledore-. Supongo que por el estrés de la pelea con el señor Gambon.
-Lo siento mucho. De verdad que no quería pelearme –musitó ella.
-Ya he escuchado la versión del señor Gambon y la de sus amigos. Ahora me gustaría escuchar la tuya –con un ademán la invitó a sentarse.
-Al salir de aquí me los encontré en uno de los pasillos. Me rodearon… Yo solo pensaba en escapar de la encerrona sin mandar a nadie a la enfermería, para evitar todo esto… Pero no fue tan fácil, eran muchos… Mark me quitó la mochila y encontró el libro que usted me prestó. Le pedí que no lo dañara, que no era mío. Le dio igual. Le arrancó unas páginas y luego lo quemó –explicó ella con calma. Intentando no llorar.
-Y supongo que a raíz de eso os enzarzasteis.
La semielfa asintió apretando los labios. En realidad fue ella quién lo golpeó, el chico ni siquiera tuvo oportunidad de defenderse.
-Entiendo que te enfadaras, pero golpearlo no era una solución.
-No me di cuenta de que le estaba pegando hasta que llegó Snape. Estaba furiosa –apretó los puños magullados al recordar la sonrisa de superioridad de Mark.
-Aunque me alegro de que las clases de Kove te estén calando, me temo que voy a tener que castigarte –suspiró el anciano-. Ayudarás al profesor Kettleblum con la revisión mensual a las lechuzas.
Dumbledore no ocultó una pequeña sonrisa.
-Sí, señor –contestó ella más tranquila.
Aquello no era un castigo y ambos lo sabían, aunque si le privaría de un día libre. Podría haber sido mucho peor.
-¿Cuándo empezó esa rivalidad con Gambon? –Snape se acercó a ellos desde el otro extremo del despacho.
Elyon dio un respingo, ni siquiera se había dado cuenta de que estaba allí.
-A principios del curso pasado –Elyon se encogió de hombros.
-¿Cuándo se te cayó el caldero por las escaleras después de tu primera clase de Pociones, os encontré a ambos y me dijiste que no pasaba nada? –el profesor frunció el ceño.
Elyon lo miró sorprendida. Apenas ella recordaba aquello ¿Cómo era posible que él si lo hiciera?
-Sí, más o menos.
-¿Y por qué estas disputas? ¿Cómo empezó? –le preguntó el director.
Elyon se sonrojó.
-Bueno… me… me pidió una cita y le dije que no –se torció el meñique con nerviosismo-. No me dio buena espina cuando lo conocí.
Dumbledore estalló en carcajadas.
-¿Y de ahí viene todo? –Snape la miró incrédulo.
-Supongo… le sentó mal, fui bastante borde, y se han ido sumando cosas desde ese momento –intentó explicarse.
El joven puso los ojos en blanco. "Adolescentes".
-Igualmente deberías ir con más cuidado con él –le aconsejó Dumbledore-. Se está convirtiendo en un chico peligroso y el despecho es mal compañero. Espero que entiendas que lo más maduro es ignorarlo para evitar más encuentros. Y si igualmente te sigue molestando, acude a mí, a la profesora McGonagall o al profesor Snape.
-¿Cómo una chivata? –Elyon alzó una ceja.
-No, como una persona responsable –puntualizó el director.
La chica asintió, no quería discutir. El silencio se instaló en el despacho. La semielfa se removió en la silla, quería irse ya.
-¿De verdad te encuentras bien? ¿Has descansado mientras estabas en mi habitación? –le preguntó el anciano.
-Sí… bueno, no lo sé, como ya le he dicho no recuerdo nada –se encogió de hombros.
Volvió a recordar la cara de su amigo, y miró al director. Algo le decía que si le mencionaba las pequeñas cosas que había ido recordando desde que estaba en Hogwarts, Dumbledore se encargaría de arrebatárselas, como hizo con la carta que recibió en su cumpleaños.
-Muy bien. Ve a cenar, tus amigos estarán preocupados –la despidió con una cálida sonrisa.
-Buenas noches –se despidió ella.
Se levantó y salió de la sala con paso cansado.
-Severus, asegúrate de que no ha recordado nada –le susurró Dumbledore.
El joven asintió y se apresuró a seguirla. La alcanzó en la escalera giratoria.
-¿Qué? –preguntó Elyon levantando la mirada para encararlo-. No me mires así, sé que quieres preguntarme algo.
-¿Realmente estás bien? –suspiró él.
-Sí, estoy bien ¿Por qué me preguntáis lo mismo una y otra vez?
-Porque has estado hablando en sueños, y a Dumbledore le preocupa que sigas teniendo pesadillas con el Callejón del Sauce –mintió el profesor.
Fuego y escombros. Todo ardía a su alrededor.
-Si he estado soñando no me acuerdo –mintió ella encogiéndose de hombros con toda la naturalidad de la que fue capaz.
Las escaleras se detuvieron al fin y ambos salieron de detrás de la gárgola que custodiaba el despacho del director.
-Aslo –musitó entonces la joven.
El nombre le había venido a la cabeza sin más, había conseguido recordar el nombre de su amigo.
-¿Qué? –Snape frunció el ceño.
-¿Eh? –ella alzó la mirada.
-Has dicho algo –insistió el profesor.
-No, te lo habrás imaginado –medio rio ella con cansancio.
Y escapó con rapidez hacia el Gran Comedor.
-Claro que has dicho algo –musitó el chico antes de volver al despacho del director.
…..
Nada más sentarse a la mesa la acribillaron a preguntas para saber si estaba bien. Examinaron con preocupación sus nudillos magullados. Elyon no se imaginó que la noticia de la pelea pudiera circular con tanta rapidez, pero se acordó de que había estado inconsciente la mitad del día. Levantó la vista con cuidado hacia la mesa Slytherin. Allí estaban cuatro de los seis amigos de Mark, y él tampoco estaba.
-¿Siguen en la enfermería? –le preguntó a Lisa.
-Mat y Jeff sí, uno tiene la nariz rota y al otro le has saltado dos dientes. Mark… bueno, lo has dejado hecho un cuadro, recuérdame que nunca te cabree para que no me des una paliza así, sobre todo si no te quitas los anillos que te regalamos –bromeó Johnny.
-Igualmente él ya ha salido de la enfermería, lo han expulsado –contestó Grace dándole un sorbo a su zumo de calabaza.
-¿Expulsado? ¿En serio? –la semielfa la miró con asombro.
-Sí, lo han expulsado una semana ¿No lo sabías? –la pelirroja frunció el ceño.
-No. Dumbledore ha hablado con nosotros por separado.
-Con suerte volverá más calmado, sus padres no lo recibirán con los brazos abiertos –Will torció una sonrisa.
-Tú lo has dicho: con suerte. Con muuuucha suerte –comentó la pelirroja.
-¿Durante cuánto tiempo vas a seguir creyendo que tu primo va a cambiar? Sabes que no está bien de la cabeza –le recriminó Lisa.
-He crecido con él, y te aseguro que de pequeño no era así… no tanto. Se le cruzaron los cables al entrar en Hogwarts ¿Quién te dice que no puede volver a ser como antes cuando madure? –le contestó Will con enfado.
-Cariño, piensa lo que quieras –suspiró la gryffindor-. Pero Mark empeora día a día, a este paso acabará matando a alguien.
-¡Mark no es un asesino! –se exasperó el slytherin.
-Pero si hace unos meses lo llamaste cabrón sádico –le recordó su novia.
-No te negaré que se ha vuelto retorcido y que más de una vez se merece un puñetazo. Pero sigue siendo mi primo.
-Tortolitos, dejadlo ya –les interrumpió Johnny ganándose una mirada fulminante de ambos.
…..
Cuando Elyon se metió en la cama Eizen se posó en el cabezal de la madera. Ella le había hecho un nido con uno de los jerséis que se le habían quedado pequeños, colgándolo del dosel, de forma que el halcón podía acurrucarse cómodamente junto a ella. La joven se acomodó entre las sábanas e intentó dormir.
Corría de la mano de su madre, huyendo. Apenas podía seguirle el ritmo. Su otra mano agarraba con fuerza la de Aslo, que corría llorando tras ella, llamando a su madre. Hubo una fuerte explosión cerca de ellos y los tres cayeron al suelo con un fuerte golpe, en la caída, el niño soltó su mano. Cuando se incorporó dolorida y mareada, volvió la vista atrás. Aslo estaba tirado en el suelo y no se movía, tenía los ojos abiertos y un charco de sangre crecía bajo su cabeza.
Se despertó sobresaltada, el corazón le latía con fuerza, como si hubiera estado corriendo realmente. El miedo le atenazaba el pecho. "Solo ha sido un sueño" se dijo a sí misma, pero había sido tan vívido… Le costó mucho volver a dormirse, porque sabía que Aslo había sido real, y quizá, solo quizá, sí podía ser un recuerdo.
…..
Remus esperaba sentado en la mesa del restaurante. Tenía un nudo en el estómago por los nervios. Aún no se creía haber tenido el valor de invitarla a cenar. Cuando la vio aparecer por la puerta sintió alivio, había venido. La mujer se sentó frente a él con una tímida sonrisa tras haberse quitado el abrigo. Remus no pudo evitar admirar las curvas que marcaba el vestido que llevaba puesto.
-Me alegro que hayas venido –la saludó con una sonrisa.
-¿Por qué no iba a venir? –medio rio Zelda, retirando uno de sus tirabuzones pelirrojos de su rostro, y colocándoselo tras la oreja.
-No lo sé… no he tenido mucha suerte con mis últimas citas –el licántropo se encogió de hombros con timidez.
-Pues no comprendo la razón. Un chico guapo y simpático como tú… deberías tener a todas las chicas comiendo de tu mano –sonrió ella.
-Tengo una amiga que me dijo algo parecido una vez –Remus bajó la mirada unos segundos-. Pero te aseguro que no es verdad.
Zelda mantuvo su sonrisa, aunque sintió un aguijonazo de rabia en el pecho cuando el chico mencionó a la semielfa.
-¿De verdad? ¿Debería preocuparme? –la mujer ladeó la cabeza.
El joven rio.
-Es más como una hermana pequeña, un día te la presentaré. Es la chica que estudia en Hogwarts y que fui a visitar cuando nos conocimos –aclaró.
-Si es así me quedo más tranquila –sonrió ella.
"Claro que me la presentarás, y si no, yo me encargaré de ello" pensó Zelda.
A medida que avanzó la velada, se sintió más relajado. Una vez acabada la cena, pasearon por las calles de Londres y tomaron una copa junto al río. Finalmente acompañó a la chica hasta El Caldero Chorreante, para que pudiera llegar a casa con polvos flu, ya que después del vino de la cena y la copa del paseo, no se encontraba en condiciones de aparecerse.
-Ha sido una velada inmejorable, la próxima corre de mi cuenta –se despidió Zelda.
-Me alegro que te lo hayas pasado bien, pero no hace falta que te molestes en…
La mujer lo calló con un beso, lento y profundo. Cuando sus labios se separaron a Remus le costó recuperar la respiración. Aquel beso lo había descolocado, no lo esperaba, y había sido completamente distinto al de Elyon.
-Te enviaré pronto una carta –se despidió ella dándole un beso en la mejilla.
-La estaré esperando -musitó él, aun asimilando lo que acababa de pasar.
La mujer entró en la chimenea y desapareció envuelta en una llamarada verde. Remus no ocultó una sonrisa al salir del local para volver a casa.
…..
La clase de Pociones transcurría con normalidad. Todos los alumnos en silencio centrados en su caldero, muy pendientes de cuándo añadir un ingrediente en la medida adecuada. Johnny repasó una vez más su libro antes de comenzar a verter la baba de caracol de fuego. En ese momento Snape pasó por su lado, muy cerca mientras revisaba el trabajo de Grace, y lo golpeó en el brazo, haciendo que una gran cantidad de baba cayera en el caldero. Por poco no cayó el frasco entero. El hufflepuff se giró molesto, mirando a su profesor con enfado por su falta de cuidado. Ahora le tocaría intentar arreglar aquel desastre. Al volverse de nuevo hacia su caldero e inclinarse sobre él para ver hasta qué punto se había estropeado la poción, esta comenzó a humear intensamente. Él se alejó tosiendo con fuerza. Grace se tapó la nariz alejándose, el olor era muy desagradable.
-Vaya, ¿problemas con su poción, señor Tonitini? -se mofó el profesor, que con un movimiento de varita, hizo desaparecer el trabajo de Johnny.
El chico lo fulminó con la mirada, ahora le iba a tocar comenzar de cero, y no estaba seguro de poder acabarla en plazo.
Casi había conseguido alcanzar a sus compañeros, cuando al rascarse la cabeza, de forma pensativa, se dio cuenta que entre sus dedos había quedado un enorme mechón de pelo rubio.
-¿Pero qué…? -musitó asustado.
Volvió a pasarse la mano por la cabeza, y se desprendió otro mechón. Perdió el color en las mejillas. Grace alzó la vista para ver qué le pasaba a su amigo, y se lo quedó mirando con asombro.
-Tus cejas… -acertó a decir.
-¿Qué pasa con mis cejas? -le dijo nervioso.
-No… no están.
-¡¿Cómo qué no están?! -exclamó, apresurándose en coger uno de los cuencos de plata pulida para los ingredientes.
Miró su reflejo con espanto. No tenía cejas, habían desaparecido. Ahogó un gemido. Se fijó en que sus hombros estaban llenos de pelo rubio. Cada vez que se movía, este caía de su cabeza con facilidad.
-Tendría que haber ido con más cuidado con la baba de caracol de fuego -escucho la voz burlona de Snape tras él-. Si se vierte en cantidad junto con antimonio y huevos de runespoor, puede provocar una pérdida masiva de pelo.
El tejón apretó la mandíbula, con las fosas de la nariz dilatadas por la rabia. "Maldita serpiente grasienta".
-Le aconsejo salir de mi clase hasta que deje de perder pelo como un crup en época de muda, si es que no quiere fastidiar las pociones del resto de la clase -el profesor lo miró con una sonrisa cruel, señalando la puerta del aula con un ademán.
Johnny se echó la capucha de la túnica sobre la cabeza, recogió su material de forma escandalosa y se marchó. No sin antes mirar a Snape lleno de rencor, dejándole claro que eso no iba a quedar así.
…..
Cuando Elyon, Lisa y Will llegaron al Gran Comedor para comer, encontraron a Johnny sentado directamente en la mesa Gryffindor, acompañado de Grace, que parecía contener la risa a duras penas. El chico llevaba un pipo negro calado hasta las orejas, y no había ni rastro de sus gafas de piloto.
-¿Y ese repentino cambio de look? -le preguntó Will sentándose a su lado.
Entonces el joven se giró para mirarlos.
-¿Pero qué? ¡¿Y tus cejas?! -Lisa la miró boquiabierta.
-Si solo fueran las cejas -rio Grace.
Johnny inspiró y dibujo una sonrisa resignada.
-Un accidente en pociones -dijo sin más.
-Sí, claro, accidente -siguió riendo la pelirroja.
-Snape se ha vengado, ¿verdad? -Elyon lo miró con seriedad.
-Y tanto, ¿a que no eres capaz de quitarte el pipo? -lo retó la ravenclaw.
El hufflepuff puso los ojos en blanco y se lo quitó. No quedaba nada de pelo en su cabeza, como si se hubiera afeitado. Su piel pálida parecía brillar.
-¡Merlin! ¡Que desastre! -rio Will.
Sus amigas se le unieron.
-Sí, ja, ja ja, súper gracioso -volvió a cubrirse la cabeza-. Esto no va a quedar así…
-Johnny no seas imbécil. Te pasaste un montón, da gracias de que no se te ha caído otra cosa -lo regañó la semielfa-. Snape te puede, aunque te fastidie.
-Eso está por ver.
-Johnny de verdad, para -le dijo Lisa-. Tú lo humillaste durante un día, y conseguiste dejarnos los contadores casi a cero. Él te va a humillar durante… hasta lo que tardes en recuperar todo el pelo. Creo que es obvio quien ha ganado.
-¡Pero no lo desaniméis! Yo quiero ver hasta dónde son capaces de llegar estos dos peleándose -rio Grace.
Elyon la miró con los labios apretados, con desaprobación.
-Me da igual, esto no quedará así. Además, me habrá dejado sin cejas y sin pelo, pero con esto no contaba -sacó su varita y la agitó, sobre sus ojos se dibujaron dos cejas oscuras, una más arqueada que la otra, dándole a su rostro una expresión socarrona-. Yo sé tomarme las derrotas con humor.
Sus amigos volvieron a reír. Y efectivamente, esos días su amigo cogió como costumbre ir cambiando la posición de sus cejas para enfatizar sus expresiones hasta que las recuperara.
…..
Las semanas siguientes fueron tan tranquilas, que el grupo no se dio cuenta de que Mark volvía a estar en el colegio hasta que se cruzaron con él en el pasillo. El chico apenas levantó la mirada cuando se cruzaron, pero no fue precisamente alegre o cordial.
-No sabía que había vuelto –comentó Johnny encogiéndose de hombros-. Es fácil acostumbrarse a la tranquilidad.
-¿Ves? Ya te dije que se le bajarían los humos –le dijo Will a Lisa con una sonrisa de autosuficiencia.
-Yo creo que es demasiado pronto para saberlo –se limitó a contestar la gryffindor.
Grace asintió dándole la razón.
Lisa y Elyon estaban estudiando en su Sala Común cuando Sharon bajó corriendo y gritando del dormitorio.
-¡Está todo destrozado! –le dijo histérica.
Las tres subieron aprisa, seguida de cerca por el resto de compañeras de habitación que habían escuchado los gritos.
-Por Merlín –musitó Lisa al ver la habitación.
Estaba todo esparcido por el suelo. Uno de los baúles tenía dos agujeros enormes, una de las mesitas se había desplomado al romperse una de sus patas, que estaba roída. El parqué estaba arañado y lo habían agujereado hasta encontrar la piedra del suelo original. Los bajos de las cortinas estaban hechas girones y algunas se había descolgado.
Elyon se aventuró a entrar.
-¿Qué es ese olor tan desagradable? –arrugó la nariz.
Escuchó el chillido de Eizen en un rincón de la habitación, seguido de un airado aleteo. Encontró al halcón en el suelo, acorralando a un pequeño topo de pelaje negro, que intentaba desesperadamente escapar arañando la piedra de la pared.
-Eizen, aparta –le dijo al animal, que se retiró para dejarle sitio.
Ella con cuidado se acercó a la asustada criaturilla. Al alargar la mano hacia él, el topo dio un pequeño saltito hacia la chica enseñando sus grandes incisivos. Eizen chilló con enfado abriendo sus alas, dispuesto a atacar.
-Tranquilo Eizen –ella no había retirado la mano-. Vamos pequeño, ven, no te haré daño.
Poco a poco, el animal se fue acercando a su mano, olisqueándola, hasta que finalmente subió a ella. El topo no era más grande que un gatito de pocas semanas. Con la otra mano lo acarició para calmarlo cuando Elyon se levantó del suelo.
-¡Es una cría de escarbato! ¿Cómo ha llegado aquí? –comentó Lisa.
-No lo sé, pero ha destrozado la habitación –se quejó Judit examinando el estado de la sala.
-¡Voy a matar a ese animal! ¡Ha destrozado la mitad de las cosas que tenía en mi baúl! –gritó furiosa Alex revisando sus pertenencias.
-Es un topillo destructor Alex, ¿qué esperabas que hiciera aquí encerrado con ese nombre? ¿Doblarte la ropa? –se mofó Sharon- Más que matar al pobre animal deberías matar a quién lo ha metido en el cuarto, porque dudo que haya llegado a la torre solo.
-A ver pequeñajo, vamos a recuperar lo que nos has robado -le dijo la semielfa al animal.
Lo cogió de las patas traseras y lo colgó boca abajo con cuidado para no hacerle daño, acto seguido comenzó a hacerle cosquillas en la tripa. El animal comenzó a retorcerse, y de su pequeña bolsa marsupial comenzaron a caer pulseras, pendientes, anillos y un sinfín de cosas brillantes de tamaño variado, algunas demasiado grandes para que pudieran haber cabido dentro de la bolsa.
-Merlín, ¿y todo eso? -Sharon se arrodilló y comenzó a recoger todo lo que había caído al suelo-. Esta pulsera es mía, y estos botones… ¡Son de mi blusa! Madre mía, nos a esquilmado a conciencia.
Elyon respiró aliviada al comprobar que no había robado nada suyo, por lo visto no había tenido tiempo de llegar a su baúl gracias a Eizen.
-¡Bichejo asqueroso! -gritó Alex recogiendo sus cosas.
-Cálmate Alex, lo hemos recuperado todo. Lo que realmente debería fastidiarte es este olor tan asqueroso –se quejó Allyson-. Espero que no haya hecho sus cosas por aquí.
-No me extrañaría nada –musitó Alex- ¡Chicas! Creo que he encontrado algo.
Su compañera se levantó del suelo con una caja de cartón mordisqueada por un extremo y un tarro de cristal sin tapa.
-¿Esto es de alguna de vosotras? –les preguntó.
Todas negaron con la cabeza.
-Creo que ya sé cómo ha llegado aquí el escarbato –Elyon examinó la caja con la mano libre, alrededor de esta había anudado un cordel de los que se usaban para transportar paquetes pequeños con lechuza-. Alguien lo ha mandado con lechuza a la habitación.
-Déjame adivinar ¿Mark? –Lisa alzó una ceja.
-Seguro –contestó la semielfa con un suspiro de cansancio.
-El bote tiene el mismo cordel –anunció Alex-. Creo que a parte del escarbato nos han enviado algo más.
Inmediatamente todas empezaron a buscar por la habitación, sin saber muy bien qué esperaban encontrar.
-El olor aquí es más fuerte –gruñó Judit asqueada, arrodillada junto a una de las cómodas.
Lisa se arrodilló junto a ella sacando su varita. Al iluminar los bajos del mueble algo pequeño y verde se movió con rapidez saliendo de la zona iluminada.
-¡Un bundimun! ¡El capullo de Mark nos ha colado un bundimun en el cuarto! –la morena se levantó de mal humor.
-¿Un qué? –Judit se levantó también.
-Es un moco verde con patas que apesta, y encima son muy difíciles de atrapar –explicó Alex-. En casa de mi abuela se coló uno en el desván, y para cuando conseguimos sacarlo, olía tan mal allí arriba que no pudimos subir casi en un año.
-Me gustaría saber cómo Mark lo atrapó y dónde lo encontró –murmuró Lisa.
-¿Cómo estáis tan seguras de que ha sido Mark? –preguntó Allyson.
-Por qué últimamente se la tiene jurada a Elyon, y de rebote reciben los que están cerca de ella.
-Si realmente es él, juro que lo mataré –dijo Alex-. Me ha destrozado el baúl.
-Lo mejor será ir a hablar con Dumbledore –propuso Lisa.
-Id vosotras, yo no quiero ir de nuevo a su despacho por culpa de Mark –les dijo Elyon retomando la búsqueda del bundimun-. Prefiero ignorarle a partir de ahora, es como un niño pequeño, si no le haces caso se cansará y dejará de molestar.
-¿Cómo pretendes ignorar esto? No seas tonta, dudo mucho que Dumbledore se enfade contigo por esto –le dijo su amiga.
-Yo no estoy tan segura, id vosotras con el escarbato –le dio el animal a Lisa-. Decidle lo que ha pasado. Yo me quedo aquí buscando al otro intruso.
Las chicas salieron con rapidez. Elyon suspiró con cansancio, estaba más que harta de todo aquello, y tenía que admitir que ignorar a Mark iba a ser muy complicado, eso sin tener en cuenta que ella dudaba que esa fuera la solución ¿Cómo se puede ignorar a alguien que cada vez ponía más empeño en hacerte la vida imposible a ti y a los que te rodean? Al cabo de un rato las chicas volvieron en compañía de McGonagall, que arrugó la nariz al entrar.
-Está peor de lo que imaginaba. Señorita McWilliams, ¿ha conseguido atrapar al bundimun? –le preguntó la profesora.
-No, señora. No consigo acorralarlo, se escapa enseguida –contestó ella levantándose del suelo, le dolían las rodillas.
-Bien, bajen a la Sala Común, haré venir a los elfos domésticos para que arreglen todo esto –les dijo la mujer.
-¿Y Mark? –preguntó Alex de mal humor.
-Eso lo decidirá el director Dumbledore después de investigar lo ocurrido –McGonagall zanjó el tema.
Alex bajó la mirada amedrentada, aunque con los labios apretados.
…..
Durante la cena la expresión de indignación en el rostro de sus amigos era más que obvia.
-Por favor decidme que no seguís pensando que lo mejor es ignorar a Mark –Johnny las miró incrédulo.
-Lo que tenemos más que claro es que no pensamos seguirle el juego a ese idiota –contestó Lisa.
-Si no os plantáis os comerá vivas, va a pensar que os puede putear lo que quiera sin que haya consecuencias –insistió Grace.
-No pienso volverlo a encarar, me la estoy jugando –respondió Elyon-. Si Mark sigue siendo lo suficiente estúpido como para acumular más sanciones, lo volverán a expulsar, y fin del problema.
-Confías mucho en que Dumbledore va a solucionar las cosas –musitó Johnny.
-No tengo otra opción –suspiró Elyon.
…..
Snape entró en la Sala Común. Los alumnos se giraron hacia él mientras el lugar se sumía en un silencio tenso.
-Señor Gambon –llamó sin apenas levantar la voz.
Mark se levantó de mala gana. Se había sentado al final de la sala, rodeado de su grupo y al mismo tiempo alejados del resto de estudiantes. El chico lo siguió hacia el exterior de la Sala Común.
-¿Y bien? –Mark se cruzó de brazos mirando a su Jefe de Casa una vez se hubo cerrado la entrada de la Sala Común.
-¿Con quién se cree que está hablando? Más le vale no volver a tener esa actitud conmigo –le susurró con enfado.
El joven descruzó los brazos.
-Bien, vale, ¿qué sucede, profesor? –volvió a preguntar el estudiante con una actitud más sumisa.
-Tengo la sensación de que no entiende su situación ¿Sabe qué pasará si sigue con ese estúpido tira y afloja con la señorita McWilliams?
Mark se encogió de hombros.
-Está con un pie fuera de este colegio, nadie le asegura que su próxima expulsión no sea permanente –explicó Snape.
-¿Y si lo es qué? Me buscaré un trabajo –el chico hizo un ademán de hastío.
Snape no contuvo su carcajada mordaz.
-¿Realmente cree que es así de simple? En todos los trabajos decentes exigirán su expediente académico, y a parte de salir su expulsión, también verán su conducta violenta y su actitud desafiante. Con todo eso a cuestas tal vez tenga suerte y encuentre un trabajo mediocre en el Callejón Knockturn, pero seguramente acabe mendigando por los peores rincones siendo un adicto al flurt.
La cara de Mark palideció con esto último.
-Eso es mentira –musitó el chico.
-No me lo estoy inventando. He conocido a muchos como usted, y ninguno ha acabado bien –el profesor lo miró con dureza.
El slytherin intentó recomponerse y volver a su actitud desafiante.
-Tengo una pregunta, profesor ¿Por qué los castigos duros solo me los llevo yo? McWilliams y sus amigos son incluso peores –Mark alzó una ceja.
-Por mucho que se niegue a creerlo, es con Tonitini con quien se está peleando, McWilliams normalmente intenta mantenerse al margen. Igualmente si fuera tan listo como usted intenta aparentar, desistiría. Esta es una batalla que no puede ganar.
-¿Insinúa que McWilliams es intocable? –la expresión del chico se ensombreció.
-No, ni mucho menos. Desde que entró en Hogwarts diría que ha recibido más sanciones que usted –explicó Snape-. Pero no le negaré que está en una situación ligeramente más privilegiada que la suya.
Mark frunció el ceño.
-Ahora vuelva a su Sala Común –lo despidió el profesor-. Espero que no sea necesario repetir esta conversación, porque será la última.
El chico entró de mala gana y volvió a sentarse entre su grupo de amigos.
-¿Qué ha pasado? –le preguntó Jeff.
-Nuestro tutor me ha explicado las razones por las que debería dejar en paz a McWilliams y compañía.
-¿Y cuáles son? –Charles se acercó a él curioso.
-Que es intocable –contestó el rubio secamente.
-¡¿Qué?! ¿Por qué? ¿Por qué esa orejas picudas es mejor que nosotros? –preguntó Matt furioso.
-No lo sé, pero voy cambiar eso. Ningún elfo es mejor que un mago –sonrió Mark con crueldad.
Sus amigos le devolvieron la sonrisa.
…..
En clase de Pociones la tensión en el ambiente era palpable. A pesar de que Elyon intentó no levantar la vista de su caldero, podía sentir las miradas y el resentimiento del grupo del slytherin.
-Si las miradas mataran… -le musitó Will.
-Lo sé, siento su asco en mi nuca –contestó Elyon-. Pero prefiero no mirarlos y hacerme la loca.
-Bien que haces –le dijo Lisa-. Will, solo por curiosidad, ¿sabes si Mark va a dejarnos ya en paz? Porque me da miedo que se le ocurra incendiar nuestro cuarto mientras dormimos.
-Voy a ignorar lo último que has dicho –Will miró a su novia con desaprobación-. Y respondiendo a tu pregunta: no, no he escuchado nada sobre si va a dejaros o no tranquilas. Es muy reservado y prácticamente no nos hablamos. Eso sin mencionar que ha colocado un biombo en medio del dormitorio para separarse él y sus amigos de mí, Peter y Orson.
-Que buen ambiente tiene que haber en tu cuarto por las noches, me apunto a tus fiestas –se mofó Elyon.
Una fuerte explosión provocó gritos ahogados entre los alumnos. El caldero de Mark lanzaba una espesa humareda morada, que envolvió al chico y sus compañeros de mesa, que tosían sin parar. Snape se apresuró a hacer desaparecer el humo con su varita.
-¿Tan complicado le resulta seguir las instrucciones, señor Gambon? –le dijo el hombre con el ceño fruncido.
-¡Las he seguido al pie de la letra! –se indignó Mark con una voz increíblemente aguda y chillona.
-¿Qué le pasa a tu voz? –le preguntó Jeff con la misma voz de duende.
Ambos se miraron horrorizados mientras la clase estallaba en carcajadas.
-Oh, mierda –musitó Elyon.
-¿Cómo que "oh, mierda"? –Lisa la miró- ¿Es cosa tuya?
-¡No! –se apresuró a responder- Pero Mark va a pensar que sí.
-¿Qué se supone que va a pensar? ¿Qué es torpe en Pociones? –le dijo Will.
Snape cogió uno de los frascos de ingredientes que había usado el slytherin y se lo acercó a la nariz. Enseguida comprobó que aquello no había sido un accidente, alguien había saboteado algunos de los ingredientes del chico para provocar el cambio de timbre en las voces de aquellos que respiraban el vapor morado. Con disimulo miró hacia la mesa de Elyon. La chica miraba la escena con los ojos abiertos de par en par, se podía ver el pánico en ellos. Y él entendía por qué. Obviamente no había sido la culpable, pero Gambon no dudaría en echarle la culpa, y seguramente aquello desencadenaría una venganza.
-¿Realmente crees que Mark va a echarte la culpa de esto? –le preguntó Will.
-Me ha puteado por mucho menos, por algo así… de verdad espero que no queme la habitación con nosotras dentro –suspiró Elyon volviendo a su poción.
Lisa torció una sonrisa ante la mueca de descontento de Will, que entornó los ojos al escuchar a su amiga.
En la cena, Elyon comía con desgana. Estaba enfadada y preocupada por lo sucedido en Pociones. No sabía si Mark la iba a acusar de que su voz ahora fuera tan cantarina como la de un duende.
-¿Habéis escuchado a la culebrilla? –rio Johnny al sentarse en la mesa Gryffindor.
-Ha sido cosa tuya, ¿verdad? –la semielfa alzó la vista y lo miró fijamente.
-¿Qué? ¿Cómo se supone que iba a poder cambiarle los ingredientes de la maleta sin que se diera cuenta? –se mofó el hufflepuff.
-Nadie ha dicho nada de cambiar ingredientes –le dijo Lisa.
-¿No? ¿En serio? Bueno… es lo que se dice por los pasillos –el chico se encogió de hombros.
-Johnny, recuerdas que puedo leer las mentes, ¿verdad? –Elyon frunció el ceño.
-Bien… sí… vale… fui yo –suspiró Johnny-. Usé a Newton para que le cambiara un par de ingredientes en clase de Encantamientos, antes de Pociones.
-¿Newton? ¿Quién es ese? –Grace frunció el ceño.
-Es un gran físico muggle, el que describió la ley de la gravitación universal. Pero en este caso es mi hámster. Sí, se me permitió traer un hámster porque es prácticamente igual a un ratón.
-¿Y por qué le has puesto a tu hámster el nombre de un científico muggle? –insistió la pelirroja confusa.
-Pues porque soy un gran fan de los científicos muggles, sin ellos el estilo de vida muggle, y un poco de rebote el nuestro, no habría sido igual.
-Te estás yendo del tema –lo cortó Lisa.
-Cierto. Veréis, tengo a Newton muy bien entrenado, y sabía qué lección de pociones os tocaba porque yo tengo Pociones un día antes que vosotros. Y quería vengar el destrozo que os hizo en el cuarto.
-¡¿Pero tú eres tonto?! –le susurró Elyon con enfado- ¿Has pensado en lo que me va a acarrear eso?
-"Eso" no puede traerte problemas, no puede culparte a ti sin nada para demostrarlo –le dijo Johnny.
-Puede y lo hará ¡Y estoy harta! ¿Por qué no eres capaz de pensar en las consecuencias de tus actos? –Elyon se levantó de la mesa con enfado.
-En eso tiene razón. Dejó muy claro que no quería que siguierais con los piques de Mark, porque al final quién se lleva las culpas es ella –le regañó Lisa levantándose también de la mesa.
…..
Los días pasaron sin novedades. La mañana del sábado Elyon se despertó temprano, más de lo que le hubiera gustado, pero no pudo volver a dormirse. Después de dar un corto paseo por los terrenos fue a desayunar, allí ya estaban sus amigos saboreando el desayuno.
-Una lechuza te ha traído esto –anunció Lisa cuando se sentó junto a ella.
La morena empujó el paquete sobre la mesa pulida, para dejarlo frente a la semielfa. La joven lo abrió.
-¿Bombones? –Elyon alzó las cejas con sorpresa- ¿Y el remitente?
Lisa se encogió de hombros.
-No traía ningún tipo de nota.
-Yo creo que sé quién los ha enviado –sonrió Grace-. Un chico castaño con canas, muy guapo y que trabaja en un vivero.
-Lo dudo, traería una carta –Elyon negó con la cabeza-. Además, ¿para qué me iba a enviar bombones?
Grace alzó las cejas.
-De verdad que pareces tonta con estas cosas –resopló la ravenclaw- ¿Para qué se suelen enviar bombones?
Elyon frunció el ceño e hizo un ademán desechando la idea.
-Creo recordar que el tema de Remus quedó zanjado en San Valentín.
-Sí, seguro –murmuró Grace prosiguiendo con su desayuno.
-Bueno, si tú no los quieres ya me los quedo yo –rio Johnny alargando el brazo para hacerse con la caja.
-Yo que tu no lo haría. Tiene pinta de ser una jugarreta de…
Pero el Hufflepuff ya se lo había metido uno de los bombones en la boca.
-Mmmm… chocolate y menta –se relamió cerrando los ojos.
Los volvió a abrir lentamente y se quedó mirando a Will. Sin previo aviso saltó por encima de la mesa, derramando vasos y boles de cereales para lanzarse sobre él, que sorprendido, no pudo apartarse. Ambos cayeron aparatosamente al suelo, y allí mismo, Johnny aprovechó para besarlo.
-¡¿Pero qué?! –Lisa se levantó enseguida sin saber qué hacer.
-¡Quita joder! –Will consiguió separarse del hufflepuff y ponerse en pie, rojo como un tomate y limpiándose los labios con el dorso de la mano- ¡No ha tenido gracia!
Grace también estaba de pie, no había llegado a tiempo para evitar que Johnny saltara por encima de la mesa. La pelirroja se había quedado mirando la escena con pasmo, como prácticamente todos los alumnos que habían visto el beso.
-Will… yo… te amo –le dijo Johnny al slytherin con un brillo febril en los ojos, mientras volvía a acercarse a él.
El Gran Comedor estalló en carcajadas.
-Ni se te ocurra seguir con la broma –le amenazó Lisa cogiendo al chico del hombro.
-¡No es ninguna broma! ¡Acabo de darme cuenta de que no puedo estar sin él! –el hufflepuff se encaró con Lisa- ¡Así que suéltame!
Johnny se zafó de ella y corrió hacia Will.
-¡Ni me toques! ¡Tus bromas últimamente no tienen ni puta gracia! –le advirtió el chico.
Pero su amigo lo ignoró. Lisa fue tras él para frenarlo.
-Estoy flipando –musitó Grace con una risita.
-¡He dicho que me sueltes, zorra! –le gritó Johnny a la gryffindor.
-¿Qué me has llamado? –la mirada de Lisa se ensombreció.
-¡Lo que eres! ¡Me has arrebatado al amor de mi vida y voy a recuperarlo! ¡Cueste lo que me cueste! –le gritó el chico- ¡Y si tiene que ser por encima de tu cadáver, así será!
-¡¿Pero tú estás tonto o qué?! –Will le dio un empujón a su amigo.
-¡Estoy enamorado! ¡Ahora lo sé! ¡Y voy a luchar por ti! –Johnny se abalanzó sobre Will para volver a besarlo.
-¡Que no lo toques! –Lisa se abalanzó sobre él.
Cinco alumnos de séptimo se levantaron para separar a los tres amigos, que no hacían más que insultarse e intentar enzarzarse a golpes. Las risas del resto de alumnos aumentaron de intensidad.
Snape se levantó de la mesa de profesores dispuesto a poner fin a la escena. Dumbledore asintió con la cabeza para darle permiso para interceder con alumnos de otra casa, ya que ni Sprout ni McGonagall habían ido a desayunar aún.
-No entiendo nada –dijo Grace preocupada- ¿Es que la mezcla de chocolate y menta hace aflorar su lado femenino o qué?
Elyon miró la caja de bombones, y luego a la mesa de los slytherins. Mark estaba disfrutando de lo lindo con el espectáculo que estaban dando Lisa y Johnny, con Will de por medio.
-Es lo que intentaba decirle a Johnny, tenía pinta de ser una jugarreta de Mark, pero la gula le puede.
-¿Qué? –la pelirroja la miró alzando una ceja, sin comprender.
-Que alguien los ha bañado en un filtro de amor, y uno fuerte a juzgar por lo agresivo que se está poniendo Johnny. Hay que llevarlo a la enfermería ya.
Ambas corrieron junto a sus amigos, que seguían peleando. Los gryffindors de séptimo curso se ofrecieron a acompañarlos a la enfermería.
Snape vio salir del Gran Comedor al numeroso grupo. Se acercó hasta el asiento que había ocupado el grupo de amigos, y vio allí la caja de bombones colocada frente al sitio en el que había estado desayunando Tonitini. Estaba intacta, salvo por un bombón que faltaba. Cogió la caja y salió también del Gran Comedor.
-Y lo peor es que esos bombones eran para mí –suspiró Elyon sentada en una silla junto a la cama en la que descansaba Johnny.
Echó la cabeza hacia atrás y suspiró con cansancio.
-¿Lo peor? Creo que lo realmente desastroso es que me la haya tomado yo ¡Por Merlín, he besado a un chico! –sollozó Johnny.
-No te lo van a tener en cuenta, era un filtro amoroso, y lo normal es que si tomas uno acabes besando a alguien. Además eres propenso a montar escenitas, así que los alumnos tampoco se van a extrañar mucho por lo que has hecho –le dijo Grace, despreocupada.
-Te respondería a eso último, pero tengo tanta migraña que soy incapaz de pensar bien –el chico se recostó más en la cama.
-Por esto no quería que siguierais hinchándole las narices a Mark. Todo son excusas que le dais para atacarme –les regañó Elyon.
-Lo que tiene contigo es una fijación insana –comentó Lisa-. Podría venir una persona cualquiera a partirle las piernas y todavía diría que has sido tú e intentar hacerte algo peor.
-Eso mismo. Ahora Lisa, por favor, intenta explicárselo a los que aún no lo entienden –la semielfa miró a Johnny.
-Pues siento mucho tener que decir esto, pero pienso devolvérsela. He hecho el ridículo más grande de mi vida, y no a propósito, sino porque me han drogado –dijo el chico-. Lo justo es que ahora lo haga él de la misma manera.
-¿Pero tú escuchas cuando te hablo? –le gruñó su amiga.
-Elyon, ha sido un intento de ataque directo contra ti ¿Sabes que hubiera pasado si te hubieras comido tú la caja de bombones? Para empezar habría habido una pelea de gatas que se hubiera recordado durante décadas en el colegio, y para terminar, habrías acabado en San Mungo con daños mentales –le dijo el hufflepuff con seriedad-. Eres un genio en Pociones, y sabes tan bien como yo que una sobredosis de un filtro de amor tan concentrado puede provocar psicosis y desórdenes obsesivo-compulsivos.
-¿De verdad puede hacer eso? –Grace los miró preocupada.
-Y cosas peores –contestó Elyon.
La joven se miró las manos pensativa. Sabía que Johnny tenía razón. Solo de pensar en que ella podría haber estado en el lugar del hufflepuff… se moría de la vergüenza. Podía imaginarse las semanas siguientes llenas de miradas de mofa y burlas, sobre todo las de Snape, eso sin contar que podría haber arruinado su amistad con Lisa. Y si se hubiera comido más de un bombón seguido…
-No tenemos pruebas de que haya sido Mark –murmuró Elyon.
-Que no se tengan pruebas no quiere decir que sea inocente. Mira nosotros con lo de Halloween –el joven la miró con seriedad.
-Johnny déjalo estar –lo amenazó Lisa.
-¡No! ¡No me da la gana dejarlo estar! -les gritó furioso.
…..
Pudo salir de la enfermería al día siguiente. Y nada más poner un pie fuera, fue en busca de Frank Strings. Sabía lo que necesitaba para contraatacar a Mark, pero por sí solo no podía conseguirlo, o al menos, no sabía cómo conseguirlo por sus propios medios. Así que tenía que recurrir al ravenclaw de séptimo curso. Si necesitabas algo, fuera lo que fuera, él te lo podía conseguir siempre y cuando pudieras pagarlo.
Lo encontró en la biblioteca, sentado solo en un rincón junto a uno de los ventanales, tras una enorme estantería que lo ocultaba del resto de estudiantes y los ojos de la bibliotecaria. Johnny se sentó frente a él y cruzó las manos sobre la mesa.
-¡Tonitini! Cuanto tiempo sin verte -le saludó el ravenclaw-. ¿Vienes por negocios?
-¿Por qué iba a venir si no? -el chico se encogió de hombros.
-Eso ha dolido. Antes venías simplemente a charlar -comentó Strings recostándose en su silla.
-Ya bueno… he estado muy ocupado.
-Peleándote con Gambon -Johnny alzó una ceja a medio crecer-. No me mires así, lo sabe todo el colegio. Sobre todo desde el filtro de amor. Bueno… más que saberlo… lo sospechan. Yo lo sé.
-Tú le conseguiste la Amortentia -gruñó el tejón.
-Sí, y le dije como usarla. Si ignoró esto último, no es culpa mía -el chico lo miró con seriedad-. Sabes que no me gusta meterme en fregados así, sobre todo si alguien acaba en la enfermería. Si me pillan, seguramente me expulsarán, y estoy a este curso de graduarme con muy buen expediente académico.
Johnny le hizo un ademán dando a entender que eso no le importaba lo más mínimo.
-Como supondrás, vengo a raíz de esa Amortentia -prosiguió-. Estoy buscando una poción que me ayude a ponerlo en evidencia también. Que consiga que no quiera que le vean en público durante mucho tiempo.
Strings lo miró entornando los ojos, golpeándose le barbilla, pensativo. Y estuvo así un par de minutos que al hufflepuff se le hicieron interminables.
-Tengo algo… un filtro… Timur Fugit. A grandes rasgos, se pierde el miedo a hacer ciertas cosas, que no el sentido del peligro. Si alguien lo toma se desinhibe al actuar y al hablar. Le dará completamente igual el hacer o decir cosas que, por vergüenza, dignidad o consecuencias, uno no haría normalmente.
-¿Cuánto?
-Te he dicho no quiero líos, no voy a…
-¿Cuánto? –le cortó Johnny.
-No será barato.
-¿Cuánto? -repitió Johnny.
-Doce galeones por una botella de veinticinco centilitros.
-¡¿Qué?! ¡Eso es un robo! -se quejó el chico.
-Te dije que no sería barato. Es una poción compleja de hacer, se necesita mucha maña. No cualquiera puede hacerla a pesar de que los ingredientes son muy básicos.
-¿Y la receta? ¿Por cuánto me la dejarías?
-¿Vas a hacerla tú? -Strings lo miró asombrado- ¿Dónde?
-Eso a ti no te importa -le respondió el chico tajante-. ¿Cuánto me costaría?
-Dos galeones.
-¿Y cuánto tardarías en conseguírmela?
-Unas…¿dos semanas? No sé decírtelo con precisión. Te lo haría llegar por el método habitual cuando la tuviera.
Johnny dejó los dos galeones en la mesa y se levantó.
-Tonitini… Si la cosa se desmadra…
-Tú no existes. Lo sé -se despidió sin mirarlo.
Frank Strings lo vio alejarse, y siguió con sus asuntos.
…..
Espero en la salida de las mazmorras, antes de la cena. Frente a él desfilaron todos los alumnos de Slytherin, que se dirigían hambrientos al Gran Comedor. Mark y su grupo salieron los últimos, como era habitual.
-Gambon -lo llamó Strings.
El chico se giró, y sonrió con malicia al verlo.
-¡Strings! ¿Cómo te va? -le preguntó acercándose a él.
-Me va -respondió secamente encogiéndose de hombros-. Tengo información que seguramente te interese.
El slytherin le hizo un ademán para que continuara.
-Tonitini sabe que fuiste tú el de la Amortentia -explicó, Mark lo miró dando a entender que no le contaba nada nuevo-. Ha venido a mí en busca de alguna poción para contratacar.
-¿Y se la has dado?
-He intentado disuadirle, incluso con un precio ridículamente alto, pero… va a optar por hacerla él mismo. No creo que lo consiga…
-Lo conseguirá, te lo aseguro. Si no él, lo hará su amiguita híbrida -lo interrumpió con desagrado.
-Sea como sea… no le proporcionaré la receta hasta dentro de unas dos semanas, y se tarda otra más en tener listo el filtro. Te aconsejo no beber nada que no consigas por tus medios en una buena temporada -le dijo el chico.
-¿Y qué filtro es ese?
-Timur Fugit. Quiere ponerte en ridículo delante de todos.
-Gracias por la información. Siempre es un placer hablar contigo -se despidió Mark.
-Gambon -lo frenó Strings-. Con esto creo que podemos dar por zanjado nuestro pequeño… asunto.
El slytherin lo miró con seriedad.
-Sí… supongo que ya me has devuelto el favor ¡Hasta la próxima!
El ravenclaw apretó la mandíbula. Ojalá no hubiera próxima. De todos sus clientes, Mark era el que menos le gustaba. Los niñatos con dinero como él, siempre daban problemas, y ese slytherin en cuestión, además, era especialmente retorcido.
…..
El paquete de Strings llegó antes de lo esperado. Como siempre, lo trajo una lechuza parda acompañado de una simple nota. El libro contenía recetas de pociones avanzadas, algunas de las cuales se enseñaban a los alumnos de séptimo curso. La que Johnny buscaba, estaba en una página marcada con una pequeña doblez en la esquina superior de la hoja. El hufflepuff esperó a estar todos juntos en la Sala de los Menesteres para anunciarles su próximo paso contra Mark.
-Chicos, sé de una poción que hará que Mark haga el ridículo más grande de su vida, se le quitarán las ganas de seguir molestando, la encontré el otro día por casualidad buscando información para el trabajo de Snape –mintió sacando el libro de su bolsa de estudiante: "Pócimas y Brebajes Johnstone Volumen dos".
-Pensaba que ya habíamos dejado claro que el pique con Mark había terminado -le dijo Lisa enfadada.
-Es complicada de hacer, pero yo sé que tú eres capaz -el chico ignoró a la morena y miró a Elyon-. Además los ingredientes son muy corrientes, no hay que robarlos del despacho de Snape ni nada parecido.
-Johnny, no –lo cortó Will-. Esto se nos está yendo de las manos. Una cosa son un par de hechizos y colar animales en las habitaciones, y otra empezar a jugar con pociones.
-Te prometo que después de esto se acabó, de verdad –el hufflepuff miró a la semielfa a los ojos-. Mark no volverá a molestarte.
-Johnny… -le volvió a advertir Grace.
-Intentó envenenar a Elyon, y eso sin contar la paliza que casi se lleva estando sola. No pienso dejarlo pasar –se plantó el muchacho-. Mark necesita una lección de humildad. No puede seguir paseándose por el colegio haciendo lo que le venga en gana. Si los profesores no ponen remedio, lo haremos nosotros.
La semielfa se torció el meñique hacia atrás. Sabía que su respuesta debía ser no, pero estaba tan cansada de Mark… solo quería pasar el curso sin más preocupaciones de las que ya tenía. Porque aunque no la había vuelto a atacar de forma directa, esas semanas se había dedicado a humillarla con su grupo y a hacerle muy difícil las clases, entorpeciendo sus prácticas, robándole y saboteándole el material.
-Después de esto se acabó. Si incumples tu palabra, nuestra amistad se acabó –contestó Elyon.
Ambos se dieron la mano cerrando el trato. Lisa, Grace y Will se miraron con preocupación.
…..
El bar estaba más lleno de lo normal, quizá por eso se habían reunido esa noche. Snape no conocía a nadie de ese grupo a excepción de Lucius. Igualmente prestaba más atención a lo que pasaba a su alrededor antes que a lo que se hablaba en su mesa, ya que era una conversación trivial.
-Te veo distraído Severus –le comentó Lucius.
-No ha sido un gran día –se limitó a contestar.
-¿Tanta guerra dan esos mocosos? –se mofó Miller.
-Sí, parece que solo intentan repetidamente prenderle fuego al aula.
-¿Eras profesor de Pociones, verdad? –preguntó Strauss con su acento alemán.
-No solo profesor, es uno de los magos más habilidosos a la hora de mezclar algo en un caldero –Lucius le puso una mano en el hombro.
-Si tan bueno eres, ¿por qué no has envenenado aún a Dumbledore? –Orwell levantó la mirada de su jarra de cerveza.
-Que el anciano se fie de mí, no quiere decir que los demás profesores también lo hagan. No soy tan imbécil como para cavarme mi propia tumba envenenando al director en su colegio –Snape dio un sorbo a su jarra de cerveza mientras contenía una mueca de asco, estaba realmente asquerosa.
-Con suerte el viejo morirá pronto y su querido colegio será su tumba –murmuró Miller.
Orwell carraspeó antes de beber de su jarra, y su compañero cerró la boca y lo imitó.
-Lamento decirte que a Dumbledore aún le quedan varios años por delante –medio rio Snape con resignación.
-Nadie ha dicho que tenga que ser de viejo –gruñó Miller en voz baja.
Orwell golpeó con fuerza la mesa al dejar su jarra y el hombre desvió la mirada con enfado hacia la barra del bar. Snape se recostó en su silla, aquellos dos ocultaban algo. Pero otra cosa llamó su atención en un rincón del bar. Sentado en una de las mugrientas mesas había un hombre que desentonaba entre el resto. Iba demasiado pulcro, y formal. Estaba sentado junto a dos hombres ataviados con capas negras bastante raídas, de mortífago. Tras una breve conversación, los tres hombres se levantaron, y de forma no tan discreta como hubieran querido, uno de los mortífagos le dio al hombre bien vestido una bolsita de piel que parecía contener algo pesado, este se la guardó en la túnica y salió.
-Severus, ¿sigues aquí? –volvió a preguntarle Lucius.
-No tanto como me gustaría –bostezó, fingiendo cansancio.
Snape volvió a mirar a la mesa donde se habían vuelto a sentar los dos mortífagos. Cuando el hombre bien vestido había abierto su túnica para guardar la bolsa, había visto una tarjeta en la solapa de su chaleco, la misma placa que usaban los trabajadores del Ministerio de Magia.
…..
La poción estuvo lista en una semana, aunque por desgracia la Sala de los Menesteres apestaría otras dos semanas más. Johnny se llevó el frasco con la poción, iba a utilizar a Newton de nuevo para colarle la poción en el desayuno, aprovechando el revuelo del correo.
Los alumnos salían hambrientos de su última clase cuando escucharon un fuerte jaleo en las escaleras principales. Los cinco se encontraron en una de las escaleras.
-¿Qué pasa? –preguntó Lisa.
Un alumno de ravenclaw señaló hacia arriba, a una de las escaleras. Había un chico envuelto en plumas de diferentes tamaños y colores que chillaba en un burdo intento de imitar a una lechuza.
-¿Es Mark? –preguntó Will alzando la ceja.
-Yo diría que sí –rio Johnny.
Las chicas no pudieron ahogar una risilla de triunfo, el slytherin estaba realmente ridículo.
Mark cogió con la boca un rollo de pergamino y se encaramó a la barandilla. Las sonrisas de las chicas desaparecieron en el acto.
-No jodas… ¿quiere repartir el correo? –Johnny tragó saliva.
Will empezó a subir las escaleras corriendo para llegar junto a su primo. Muchos de los alumnos empezaron a gritar, intentando que bajara de la barandilla. Pero no sirvió de nada, el chico se arrojó al vacío moviendo frenéticamente los brazos, intentando volar. Los alumnos gritaron con horror. Una de las escaleras se movió, Mark se golpeó fuertemente contra ella y siguió cayendo.
-¡No! –gritó Elyon asomándose por la barandilla, alargando un brazo al vacío.
Sintió un fuerte tirón en el brazo y ahogó un quejido de dolor, por un momento pensó que iba a caer también por el hueco de las escaleras. Cinco pisos más abajo, la caída del chico se frenó en seco, a escasos metros del suelo de piedra de la planta baja. Mark quedó suspendido boca arriba en el aire, como un muñeco de trapo, no se movía, y le sangraba abundantemente la cabeza.
La respiración de Elyon era entrecortada, rozando el llanto. Aquello no debía haber pasado, no debía haberse tirado intentando volar.
Los profesores llegaron corriendo desde diferentes pisos. Algunos de ellos se quedaron plantados en las escaleras, intentando comprender qué había pasado. Dumbledore apareció en las escaleras del tercer piso, con un movimiento de varita dejó al chico en el suelo con cuidado. La semielfa sintió alivio al dejar de sentir el peso del joven en su brazo. El anciano levantó la vista y miró a Elyon, que seguía con el brazo extendido, dos pisos por encima de él. La joven supo que significaba esa mirada, la estaba culpando de lo ocurrido y se lo iba a hacer saber en breve.
…..
Los cinco estaban sentados frente a la chimenea en la Sala de los Menesteres. Ninguno había dicho nada al respecto.
-No entiendo cómo ha podido pasar –musitó Johnny-. Se suponía que la poción solo le quitaba el sentido del ridículo, no la percepción del peligro y la realidad…
-Podría haberse matado –dijo Will con lágrimas en los ojos-. No podías dejarlo pasar, ¿verdad? ¡Tenías que vengarte de Mark!
-¡Ya te dije que esto no era solo por mí! –se defendió el chico.
Elyon rompió a llorar, había conseguido mantenerse serena, pero ahora que estaban solos, dejó escapar toda la tensión que había sufrido. Recordaba una y otra vez el golpe que se había dado Mark contra la escalera, y cómo después la cabeza del chico había empezado a sangrar. A esa imagen se superpuso unos segundos la de Aslo.
-Tenía que haberme negado –sollozó-. Siempre que me dejo convencer por vosotros las cosas salen mal… soy idiota.
-Elyon, no es culpa tuya –le dijo Lisa abrazándola.
-Sí que lo es, tenía que haber hecho caso a Will. No se juega con pociones –siguió culpándose la semielfa-. Debí equivocarme en alguna medida… ¡Merlín, casi lo mato!
-No, lo dudo mucho… nunca te equivocas –insistió Johnny.
-¡Pues debo de haberme equivocado! No soy perfecta… Snape siempre me lo ha advertido, siempre me dice que no debo confiarme al hacer una poción… -sollozó ella.
-Elyon… yo estoy con Johnny, no creo que hay sido culpa tuya… de lo que sí estoy segura es de que le has salvado de la caída –intentó animarla Grace- ¿Por qué fuiste tú, verdad?
La muchacha insistió. Grace se giró mirando a Johnny dubitativa.
-Los elfos no necesitan varita para hacer magia, ni tan siquiera hechizos, ellos son parte de la magia y la magia es parte de ellos. Para los elfos es tan natural usar la magia como el respirar, no sé si me explico –le dijo el chico.
-Creo que lo he pillado –contestó Grace cogiéndole una mano a su amiga.
-Lo que yo uso no es una varita, es una canalizadora –siguió Elyon-. Por el momento no he usado la magia sin ella, aunque a veces… las cosas me salen sin más.
Unos golpes en la puerta les hizo dar un salto.
-¿Quién puede ser? ¿Cómo pueden saber que estamos aquí? –Grace miró la puerta nerviosa.
Los golpes volvieron a sonar, más insistentes.
-Vienen a buscarnos por lo de Mark –contestó Elyon secándose las lágrimas.
Abrió la puerta sabiendo quién estaba al otro lado. Snape los esperaba con la mirada fría como un témpano, todo él era ira contenida.
-Acompañadme –se limitó a decir.
"Ahora sí que la has cagado, te has caído con todo el equipo, y no pienso ayudarte" la voz del chico resonó en su cabeza.
"No quiero tu ayuda. No necesito tu ayuda" se limitó a contestar.
La tensión en el despacho de Dumbledore era palpable. El director los escrutó con sus ojos azules uno a uno. Ninguno fue capaz de sostenerle la mirada.
-Creo que saben de sobra por qué están aquí –les dijo.
Ninguno de los cinco dijo palabra.
-Lo que ha pasado esta noche ha sido… intolerable. Podría haber sido una tragedia.
Los chicos se movieron inquietos.
-¿Alguien va a explicarme lo ocurrido? –Dumbledore intentó guiar la conversación.
Elyon miró de reojo a sus amigos. Grace y Lisa estaban al borde del llanto, y Will seguía blanco después de ver cómo su primo se arrojaba al vacío.
-Solo quería que probara un poco de su propia medicina… después de lo del filtro de amor –contestó ella.
Sus cuatro amigos la miraron preocupados. Sí, se estaba culpando de todo, pero le daba igual, ya lo había hecho antes. Grace, Lisa y Will no habían participado directamente en esa poción, y Johnny tenía un expediente académico intachable, y no quería que a raíz de problemas personales que solo le concernían a ella, el chico saliera perjudicado por intentar ayudarla.
-¿Y cómo sabe que el filtro de amor fue cosa del señor Gambon? ¿Tiene pruebas? –Dumbledore la miró con enfado.
-No, y no las necesito. Sé que fue él, igual que sé que fue él quien destrozó nuestra habitación y nos tiró bolas de nieve con piedras –Elyon se mantuvo firme-. Solo quería que pasara el ridículo que pasó Johnny, y que iba dirigido a mí. Además sabe que la concentración de ese filtro de amor era peligrosa.
-¿Y por eso decidiste darle a Gambon un Inhibidor? –interrumpió Snape controlando su enfado.
-¿Un qué? –la semielfa lo miró confusa.
-Un Inhibidor, es prácticamente igual a la maldición Imperius. Anulas la voluntad del sujeto, por lo que obedece todas las órdenes que se le den. Y está penada con prisión en Azkaban.
-¿Realmente crees que sería capaz de drogar a Mark y tirarlo por las escaleras para que se matara? –la chica lo miró con indignación.
El profesor abrió la boca para contestar al mismo tiempo que Dumbledore alzaba una mano para parar la discusión que se avecinaba.
-¡La poción no era un Inhibidor! –aclaró Johnny interrumpiendo a los dos.
Snape y el director miraron al chico.
-¿Cómo está tan seguro, señor Tonitini? –le preguntó el anciano.
-Bueno… yo… -el chico inspiró hondo-. Yo le proporcioné la receta de la poción. Era un filtro de Timur Fugit. Lo único que queríamos era que Mark montara una escena y todos se rieran a su costa.
-¿De dónde sacó la receta? –preguntó Snape.
-De un libro que conseguí… Me lo prestaron –contestó Johnny-. Uno de pociones avanzadas, nada penado en Azkaban. Lo tengo en mi habitación, puedo enseñárselo.
-Usted y yo hablaremos en privado sobre ese libro que consiguió –Snape lo miró de forma sombría.
Por primera vez Johnny temió realmente a ese hombre. Parecía realmente cabreado, más aún que tras la broma del vociferador.
-El profesor Snape se encargará de investigar esa supuesta receta. Ahora centrémonos en las repercusiones de sus actos ya fueran intencionados o no. Ya que al menos han tenido la sensatez de admitir su culpabilidad los cinco…
-No, los cinco no, señor. La culpable soy yo. Will, Lisa y Grace se han mantenido al margen e intentaron disuadirme para que no lo hiciera, y Johnny solo me proporcionó la receta porque yo se lo pedí –le interrumpió Elyon.
-Señorita McWilliams… -intentó advertirle Dumbledore molesto.
-Señor, es la verdad.
Sus amigos la miraron negando con la cabeza.
-Señorita McWilliams –prosiguió el director- ¿Está dispuesta a cargar de nuevo con la culpa de sus amigos?
-Ya le he dicho que solo yo soy la culpable –insistió Elyon, intentando que no le temblara la voz, sabía que el castigo iba a ser contundente.
-Muy bien. Señorita McWilliams, por utilización de pociones peligrosas y prohibidas fuera de las aulas, y el consecuente accidente que a punto ha estado de costar la vida al señor Gambon, queda expulsada del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería de manera indefinida y hasta nuevo aviso –sentenció Dumbledore.
-No -musitó Lisa horrorizada mirando a su amiga.
Elyon perdió todo el color en las mejillas.
