5º Curso. Capítulo 9
A desgana, Elyon rompió el abrazo con su abuelo, pero era el momento de responder sus preguntas, y no quería seguir demorándolo más.
-¿Por qué…? –tenía tantas que no sabía ni por dónde empezar- ¿Por qué bloqueaste mi memoria? ¿Por qué hacerme olvidar mi pasado?
-Para protegerte… viste tantas cosas, y eras tan pequeña… y no había otra manera de que pudieras empezar de nuevo –su abuelo le acarició el rostro.
-¿Empezar de nuevo? ¡¿Por qué querría empezar de nuevo?! Alejada del resto de mi familia, de mi identidad ¡Mis padres apenas me dejaban salir de casa! –le reprochó dolida queriendo volver a llorar.
-Vale, mira, empezaré a explicártelo todo desde el principio –le cogió las manos-. No sé otra manera de responder a todas tus preguntas sin olvidar nada y de manera que lo entiendas.
Ella asintió.
-Severus –le llamó el anciano en un susurro, con un ademán, que estaba junto a la puerta entreabierta de la habitación-. Te conviene escuchar esto.
-No voy a espiarlos –le dijo con enfado.
-Hay muchas cosas de Elyon que aún no te he contado. Y ahora ella lo va a saber todo, tú también debes conocer todos los detalles –insistió el director.
Con un suspiro de hastío Snape cedió, sabía que Dumbledore tenía razón, apenas le había explicado por qué el Señor Tenebroso tenía tanto interés en la semielfa y quién era realmente. Con desgana se acercó a la puerta, apoyando su espalda en la pared, listo para escuchar.
-Supongo que Albus te habrá explicado que nosotros, los elfos, somos una de las razas más antiguas –comenzó Azrael, ella asintió- ¿Te ha explicado cómo es nuestra relación con la magia?
-No –musitó su nieta.
-Verás, por todo el planeta corre una gran corriente de energía que lo alimenta todo. Algunos lo llaman maná, otros simplemente magia… Pero esa energía no es sencilla de percibir y mucho menos de manipular para la mayoría de los seres vivos, sobre todo en su estado más puro. Pero aun así, hay unas pocas especies mágicas que son capaces de extraer grandes cantidades de esa corriente y catalizarla para que pueda ser usada por todos: los unicornios, los dragones, los pegasos, los basiliscos y algunas otras criaturas tienen esa capacidad. Pero sea como sea, los elfos somos quienes tenemos más desarrollada esa habilidad. De alguna manera, extraemos energía de la corriente, la catalizamos y la repartimos, para que todo se beneficie de ella: plantas, animales, humanos…
-¿Y cómo se supone que lo hacemos? –preguntó Elyon asombrada.
-No lo sabemos, es algo innato, un don que manifestamos nada más nacer –su abuelo se encogió de hombros.
-Ellos son parte de la magia y la magia es parte de ellos –musitó ella recordando las palabras de Johnny.
-Exactamente –sonrió Azrael-. Pero de entre todas las criaturas que poseen ese don, hay individuos que pueden catalizar mucha más magia. En Imtar tenemos algunos de ellos, viviendo en nuestro bosque. Sin esos individuos la corriente pasa de ser un río rebosante a apenas un arroyo. Y entre los elfos también los hay.
-Las Grandes Familias –sonrió Elyon, recordaba haber leído sobre ellas en los libros de historia, eran los representantes de los diferentes pueblos, los encargados de mantener el orden.
-Veo que has estudiado –medio rio el elfo-. Sin esas Familias y sin esas otras criaturas únicas, los bosques se marchitan, los magos pierden su don, todo muere. Se cuenta que hace muchos siglos, el Sáhara era una selva frondosa, pero que tras morir las Grandes Familias que vivían allí, el resto de criaturas perecieron o se marcharon y todo quedó yermo.
-¿Y ya está? ¿No se puede hacer nada? –preguntó la joven preocupada.
-Solo se puede esperar a que nazcan otros de esos individuos, y en nuestro caso otro elfo que pueda fundar una nueva Familia. El problema de los elfos, es que al ser tan longevos, nos cuesta mucho reproducirnos, si no, llegaríamos a ser demasiados. Así que esas esperas pueden durar siglos –suspiró Azrael-. En algunas ocasiones, si hay población considerable de elfos en el lugar, se puede extraer la suficiente magia para que la vida subsista, algo así como los oasis de los desiertos, pero es algo poco común.
-Entiendo… pero si los elfos somos tan importantes, ¿por qué los magos nos marginan tanto? ¿Por qué nos desprecian? –preguntó frustrada.
-Los humanos hace mucho que olvidaron estas cosas. Cuando les enseñamos a usar la magia, empezaron a creerse superiores a las demás criaturas, y por desgracia es algo que se ha ido agravando con el tiempo. Y esto a su vez ha provocado que nosotros también los despreciemos a ellos por su arrogancia. Ha sido ese mutuo desagrado lo que ha puesto en peligro el equilibrio de la magia y la vida, sobretodo aquí, en las Islas Británicas.
-¿En peligro? –Elyon lo miró preocupada- ¿Cuántas Familias quedan?
-Solo una, y la formamos tú y yo –le dijo con pesadumbre.
Elyon lo miró con los ojos abiertos como platos, y negó con la cabeza. Sintiendo una especie de vacío frío en su estómago, un frío que se extendió por todo su cuerpo.
-Es una broma, ¿verdad? –consiguió decir ella.
-No, no lo es –contestó su abuelo.
-Me estás diciendo que yo… que yo… -le empezaba a faltar el aire.
-Si murieras sin dejar descendencia, es muy probable que condenes a las Islas Británicas a una lenta agonía.
La joven se mareó, y sintió ganas de llorar, de repente se sentía desbordada, con una gran responsabilidad sobre sus hombros. No podía respirar. Su abuelo se apresuró en cogerle el rostro para que lo mirara e imitara su forma de respirar, lenta y tranquila.
Snape miró a Dumbledore con expresión de asombro y preocupación. El anciano lo miró asintiendo con una sonrisa triste.
-Tiene que quedar alguien más –musitó con ojos llorosos cuando consiguió calmarse.
-No queda nadie, la guerra acabó con nuestras esperanzas de futuro –le dijo su abuelo con pesar-. Por eso teníamos que protegerte a toda costa.
-No lo entiendo –sollozó-. Mi padre también era de una Gran Familia… si sin nosotros todo se muere… ¿por qué Voldemort lo mató? ¿Por qué poner su propio poder en peligro?
-Verás, es más complicado que eso –le apretó las manos con fuerza-. Los elfos somos catalizadores naturales, pero hay rituales de magia negra que pueden aumentar esa capacidad de extraer magia. Durante la Edad Media los magos oscuros secuestraron a muchos elfos jóvenes para perfeccionar esas prácticas y obtener más poder, así fue como las Grandes Familias empezaron su declive. Para que lo entiendas, los exprimían hasta que sus cuerpos no lo soportaban más. Y no solo elfos; dragones, unicornios, kelpis, aves fénix… también sufrieron esas horribles prácticas. Los seres con capacidad de catalizar estamos seriamente diezmados.
Elyon se llevó las manos al rostro, horrorizada.
-Voldemort se hizo con esos rituales, y estaba decidido a no solo usarlos, si no a doblegar a todo el pueblo elfo para que nuestros soldados respaldaran a sus mortífagos. Mató a tus padres porque es más fácil controlar a un niño que a un adulto, sobre todo si el adulto es como tu padre -sonrió con tristeza, acordándose de su hijo-. Y sin nadie que te protegiera, podía usarte para aumentar su poder y obligarme a arrodillarme ante él para mantener tu seguridad. Porque que no se atreviera a matarte, no quería decir que no pudiera borrarte la memoria y criarte como hija propia, convirtiéndote en uno más de los suyos. Habrías sido una extensión de él, gobernando a los elfos según su voluntad.
Elyon rompió a llorar.
-¿Mis padres murieron por mi culpa? ¿Solo para ganar una estúpida guerra de poder?
-Ni te atrevas a culparte por ello –su abuelo la abrazó con fuerza-. Tus padres murieron protegiéndote, porque eras lo que más querían.
-No es justo… ¿Por qué nadie nos ayudó? ¡¿Por qué si tan importante soy?! –gritó de rabia.
Snape miró al suelo con pesar cerrando los ojos con fuerza, al escucharla llorar con tanta angustia.
-Porque todos estábamos luchando en nuestras propias guerras –los ojos de su abuelo se llenaron de lágrimas-. El Ministerio contra los mortífagos, y yo contra una fracción de elfos que se habían unido a Voldemort con la idea de recuperar lo que ellos llaman "nuestra época dorada".
-Nos dejasteis solos -lo miró a los ojos con frustración y algo de rencor.
-Ojalá… pero no pude hacerlo, fui un estúpido, no pude romper el contacto con tu padre, y por eso os encontraron –Azrael empezó a llorar amargamente-. Fui yo el culpable de que tus padres murieran esa noche. Si hubiera cumplido las órdenes de Albus… Si no hubiera seguido enviando mensajes…
Elyon lo abrazó con fuerza, intentando consolarlo. Empezaba a entender por qué el director insistía tanto en que no debía saltarse las restricciones a la primera de cambio, sin pensar en las consecuencias que sus decisiones podían tener.
-Sé lo que es estar alejada de las personas que quieres sin saber si todo va bien o no -le susurró para calmarlo- No es fácil… No fue culpa tuya… Creo… Creo que de igual manera nos habrían encontrado…
Su abuelo se recompuso un poco.
-Eres la viva imagen de tus padres, no podría decirte a cuál de los dos te pareces más –le sonrió con cariño besándole en la frente.
Ella sonrió también. Pero había algo más que necesitaba preguntarle.
-Recuerdo vagamente que mi madre estaba embarazada… Pero siempre me han dicho que soy hija única –tanteó ella con cuidado.
Vio el dolor reflejarse de nuevo en el rostro de Azrael. Un dolor desgarrador.
-Creo que por hoy ya has conseguido muchas respuestas –le dijo el elfo inspirando con fuerza, mientras le acariciaba el pelo-. Duerme, descansa, asimila todo lo que sabes ahora. Mañana te contaré más, no creo que sea bueno para ninguno de los dos seguir respondiendo preguntas.
La joven asintió complacida.
-¿Me prometes que mañana volverás?
-Te lo prometo, y te traeré algunas cosas que te gustarán mucho. Ahora he de irme.
La despidió con un fuerte abrazo y un beso en la frente. Al salir, Azrael se topó con Dumbledore y Snape. El chico se apartó de él a trompicones bajando la mirada.
-Albus, espiar es de mala educación –le dijo al anciano de mal humor.
-El chico necesita saber más sobre la Insurrección. Me ha faltado valor para contárselo todo y darle todos los detalles sobre la situación de Elyon –le contestó con seriedad.
-Por su condición, ya debería saberlo –le dijo con desagrado, mirando el brazo izquierdo de Snape.
Él lo colocó instintivamente tras su espalda, ocultando la Marca avergonzado, como si Azrael pudiera verla bajo la ropa.
-Era joven e ingenuo, como muchos otros, realmente no les contaron gran cosa, era más fácil manejarlos desde la ignorancia –le explicó Dumbledore, sabía que el elfo no aprobaba que el Protector de su nieta hubiera sido mortífago.
Snape alzó la vista y se encontró con los ojos azules del elfo. Se sentía pequeño y débil frente a él, como cuando era un niño y su padre lo llamaba después de haber bebido más de la cuenta, como era habitual. Eso lo enfurecía y asustaba a partes iguales. Era el Protector de Elyon, pero era incapaz de mostrarse frío y seguro de sí mismo ante Azrael, el poder que parecía irradiar era realmente sobrecogedor.
Sin decir nada más, el elfo se fue pasillo abajo, y luego desapareció.
-No me dijiste que no estaba de acuerdo en que protegiera a Elyon –le dijo al director con enfado.
-¿Realmente hacía falta que te lo dijera? –Dumbledore alzó una ceja- Ha sufrido mucho, y aun está reciente, no le culpo por su desconfianza. Pero ha de superarlo y darse cuenta que no todo es blanco o negro.
-¿Era para eso que la quería? ¿Para aumentar su poder y de paso gobernar a los elfos? –le preguntó el chico cambiando de tema.
-¿Qué os contaron exactamente?
-Que cuando la atrapáramos los elfos no tendrían más remedio hincar la rodilla. Muchos pensaron que se rebajarían al nivel de elfos domésticos, otros que simplemente se apartarían de en medio, y algunos que engrosarían nuestras filas para vencer al Ministerio –explicó- ¿Qué es la Insurrección?
-Elfos contra elfos –suspiró el anciano- El tratado de paz que se firmó entre las Grandes Familias del Norte y del Sur se rompió. Una fracción de elfos, más numerosa de lo que Azrael admitirá nunca, se posicionó del lado de Voldemort. Con él pactaron que si ayudaban a destruir el Ministerio, se les devolverían las tierras cedidas para que la civilización humana creciera, y que los elfos volverían a recuperar el reconocimiento y los privilegios que poseían hace siglos frente a muggles y brujos. Al ver que no podían convencer a Azrael y al resto del pueblo de manera diplomática para que se unieran a su causa, decidieron actuar de forma violenta. Vendieron conocimientos antiguos a mortífagos y permitieron que se masacrara a su pueblo, para fomentar el odio hacia los magos y ver si así Azrael finalmente actuaba ¿Nunca viste ningún elfo entre los vuestros?
-No. Se rumoreaba que algunos trabajaban con el Señor Tenebroso, pero no conocí a nadie que realmente los hubiera visto de nuestro lado –contestó él.
-Dudo mucho que estuvieran realmente de vuestro lado. Los elfos sublevados y Voldemort se usaban mutuamente para conseguir sus fines y nada más –opinó Dumbledore-. La guerra abierta entre las dos facciones empezó hace casi trece años, en la Fiesta de la Primavera en Imtar, la capital de los elfos. Nadie se lo esperaba. Los sublevados abrieron las puertas a los mortífagos y licántropos. Fue una masacre, no respetaron nada ni a nadie –cerró los ojos e inspiró profundamente-. Fue el día que Elyon cumplió los tres años, y fue el día que decidimos que había que ocultarla del mundo hasta que la guerra acabara.
Snape estaba más pálido de lo habitual, con un enorme nudo en el estómago. Sabía que la guerra había sido dura, pero no imaginó nunca que al mismo tiempo se estuviera sucediendo otra igual de cruenta, y que Elyon estuviera justo en el centro para decantar la balanza.
-He soñado con ese día –musitó Elyon desde la puerta.
Ambos se giraron sobresaltados. No se habían dado cuenta de que la joven se había acercado a ellos para escucharlos.
-Recuerdo el fuego, los gritos… Tenía un amigo, Aslo, recuerdo haberlo visto morir y no poder hacer nada –la semielfa los miró mientras las lágrimas recorrían sus mejillas- ¿Fue por mí? ¿Soy la culpable de que todos murieran?
-¡No! No pienses eso ni por un momento –Dumbledore la abrazó-. Tú no tienes la culpa de que personas egoístas y sin escrúpulos hagan cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos.
Snape los miró a ambos. El anciano también parecía afectado por tener que revivir aquella guerra. Todos sabían que el mago siempre había tenido un trato cercano con los elfos, y el joven sospechaba que la Insurrección lo había tocado tan de lleno como la Gran Guerra.
-Tienes que descansar, Elyon. Si quieres el resto de tus respuestas, primero has de asimilar las que ya tienes, y dicen que la almohada es buena consejera y amiga –Dumbledore la acompañó a la cama rodeándole los hombros con un brazo.
Cuando la hubo acostado y arropado, se reunió con Snape en la puerta.
-Quédate cerca de ella esta semana todo lo que puedas, va a ser muy dura. Todo lo que vivió esos tres años tiene que volver a su sitio, le va a costar dormir del tirón… -le dijo al chico.
-¿Y las clases? –Snape frunció el ceño.
-Olvídate de ellas, yo me encargo. Ahora Elyon es tu prioridad. Protégela de sí misma, vio cosas que ningún niño debería ver jamás, y que nunca le dejaron asimilar. Todo lo que recuerde le afectará igual que le afectó entonces, para bien y para mal –le dijo con seriedad-. No la dejes caer de nuevo en una depresión.
-¿No sería mejor Remus para esto? –le dijo el chico con desgana, incómodo antes ese nuevo cometido.
-No. Ni tu infancia ni tu adolescencia fueron fáciles, pero las superaste al igual que superaste todo lo que viste e hiciste en la guerra. Enséñala a convivir con los malos recuerdos.
Snape asintió inspirando hondo. Todo aquello lo superaba. Si ni él mismo sabía cómo había conseguido aprender a convivir con su pasado, ¿cómo se suponía que iba a enseñárselo a Elyon? Dumbledore se despidió dándole unos golpecitos en el hombro.
El profesor se sentó en la silla que había junto a la cama, con los codos en sus rodillas, ocultando el rostro entre las manos, con cansancio. La semielfa abrió los ojos.
-¿Tú sabías todo esto? –le preguntó.
-Todo no. Solo me mostraron algunas pinceladas –le dijo en un suspiro.
-Bueno, ya sabías más que yo –comentó con pesar.
-¿Te arrepientes de saber la verdad? -Snape la miró con tristeza.
-No… Pero no sé cómo encajarla. Pensaba que mi vida ya era de por si complicada, pero solo era la punta del iceberg –alargó una mano y tocó la de él con los dedos-. Espero que ahora que las cosas se complican aún más, no decidas salir corriendo y dejarme en la estacada.
-A no ser que tu abuelo decida lo contrario, seguiré siendo tu Protector –le contestó cogiendo su mano con una pequeña sonrisa de resignación.
Elyon le sonrió con dulzura y cerró los ojos rojizos con cansancio. Él acarició el dorso de su mano con el pulgar, sin soltarla. Todo el hospital había quedado en silencio, lo único que escuchaba era la lenta respiración de la joven, que finalmente se había dormido.
Esbozó una pequeña sonrisa, se sentía relajado al fin, después de tantos días de preocupación. Aunque no dormiría tranquilo hasta conseguir que la chica volviera al colegio. Echaba de menos verla enfrascada en la lección cada vez que miraba a sus alumnos para comprobar que todo estuviera en orden. Pero ahora que tenía que encargarse de ella allí, sus investigaciones se iban a ralentizar aún más.
Se acomodó en la silla y cerró los ojos, manteniendo la mano de Elyon fuertemente cogida.
…..
Su madre entró en la habitación con una gran sonrisa.
-¡Feliz cumpleaños! –le dijo corriendo hasta la cama.
-¿Hoy es mi cumpleaños? –Elyon se levantó de un salto aun adormilada- ¡Hoy es mi cumpleaños!
Empezó a dar saltos en la cama.
-¿Dónde está mi renacuaja? –su padre asomó la cabeza por la puerta.
-¡Aquí! ¡Y es mi cumpleaños! –repitió ella señalándose a sí misma sin dejar de saltar sobre el colchón.
-¿Es tu cumpleaños? –su padre frunció el ceño- Entonces ya sé para quién son estos paquetes.
El hombre entró en la habitación con dos grandes bultos en los brazos.
-¿Para mí? ¿Son para mí, mamá? –dejó de saltar y miró a su madre conteniendo el aliento, ella asintió riendo- ¡Bien!
De un salto bajó de la cama y corrió hasta su padre.
-¿Cuál primero? ¿El blandito o el grande? –le ofreció frunciendo el ceño, torciendo mucho el gesto de forma que su exagerada expresión dubitativa resultaba cómica.
-¡Blandito!
Se sentó en el suelo y abrió el paquete con cuidado. De él sacó una enorme capa azul pálido, con bonitos bordados de hojas y flores. Dio un gritito de emoción.
-¡Es la capa que te pedí, mami!
Corrió hasta el espejo arrastrándola y se la intentó poner. Su madre acudió en su ayuda.
-Pesa –se quejó.
-Claro que pesa, por eso te dije tenías que ser más mayor –le sonrió abrochándosela y colocándole la capucha sobre la cabeza.
La niña tuvo que levantar mucho la barbilla para verse en el espejo, la capucha era enorme y le cubría los ojos.
-¿No la puedo llevar ya? ¡Me gusta mucho! –dijo con ojos suplicantes.
-No cariño, aun te viene muy grande. Pero ya verás que ahora crecerás más rápido solo para podértela poner –su madre le besó la mejilla.
-¡Sí! Me haré así de grande –sonrió la niña alzando la mano todo lo que podía y poniéndose de puntillas.
-Creo que tendrás que crecer aún más -rio su madre, quitándole la capucha.
-Aun te queda otro regalo –le recordó su padre con mirada pícara ofreciéndole el otro paquete.
Elyon corrió a abrirlo tropezándose con la capa, cayendo casi de bruces al suelo un par de veces. Nada más ver lo que contenía empezó a dar saltos de emoción dando grititos.
-¡Tim! ¡Te dije que no! –su madre lo miró severa al ver el regalo- ¡No tiene edad!
-Pero mírala, está loca de contenta, y mejor que tenga uno propio a propósito para su estatura y edad a que se haga daño cuando me roba los míos –rio el hombre.
La niña por fin se animó a coger el arco cuidadosamente grabado, lo abrazó con fuerza sin dejar de dar gritos de alegría.
-¡Tengo un arco! –gritó.
-¿Vamos a probarlo? –su padre la miró ansioso.
-¡Sí! –Elyon cogió también el carcaj lleno de flechas.
Tim se colocó a su hija a la espalda y ambos salieron corriendo de la habitación.
-¡Tim, la capa nueva! –le gritó Ania siguiéndolos.
Al cruzar la puerta por poco chocaron con su abuelo. Que los vio salir con rapidez en dirección a los jardines.
-¡Abuelo tengo un arco! –le gritó la niña alzándolo con orgullo, mientras la enorme capa ondeaba tras ellos.
El hombre apenas pudo levantar una mano a modo de saludo mientras corrían por el pasillo.
-Al final se ha salido con la suya –sonrió Azrael.
-Como siempre. Es un niño grande –resopló Ania, colocándose las manos en la abultada barriga-. Espero que al menos uno de estos dos salga más tranquilo que Elyon y su padre, o acabarán conmigo.
El elfo rio.
-¡Tengo un arco! -aun escuchaban gritar a la niña por el pasillo.
-Yo también lo espero –le besó la mejilla a su nuera con cariño, poniéndole una mano en el vientre, intentando sentir a sus futuros nietos.
El pueblo estaba precioso, todo estaba decorado con esmero para la Fiesta de la Primavera. Para Elyon, esa era la mejor semana del año. Por todos lados había música, baile y dulces. Y lo mejor es que su cumpleaños era además, el día del inicio de las fiestas.
La semielfa caminaba luciendo orgullosa su arco colgado a la espalda, su madre le había prohibido que llevara también el carcaj y las flechas. Caminaba con la cabeza bien alta, mientras los vecinos la felicitaban por su cumpleaños. A lo lejos vio acercarse a Nuth y Aslo, acompañados de sus madres. Ella alzó un brazo llamándolos.
-¡Mirad! ¡Mi propio arco! –le dijo ilusionada.
-¡Alaaaaa! ¡Qué chulo! –le dijo Aslo con los ojos muy abiertos.
-¿Me lo dejas ver? –le preguntó Nuth.
Su primo era dos años mayor que ella y le sacaba una cabeza entera. Eso le daba mucha envidia, ya que le era más fácil manejar el arco. Nuth lo inspeccionó detenidamente y se lo devolvió.
-Es un arco genial –le sonrió.
-Luego os lo dejo probar en los jardines –sonrió ella emocionada-. Mamá no me ha dejado traer flechas.
-Parece mentira que Liz se haya salido con la suya… otra vez -suspiró Iyala mirando el arco.
-Siempre lo consigue, tiene un talento innato que espero no herede Elyon -medio rio Ania-. Pero tenía razón, le ha gustado tanto que ha ignorado el resto de regalos.
-Pues nosotros en casa tenemos también una sorpresa para ella -dijo con voz audible.
Ambas mujeres miraron a la niña, pero no las había escuchado, estaba demasiado emocionada hablando con su primo y Aslo sobre su arco.
-En fin ¿Te importa vigilarlos un rato? –le preguntó su tía Iyala a su madre- Vamos un momento a por los tocados para la fiesta de esta noche.
-Sin problemas –sonrió ella.
-¿Seguro? –la madre de Aslo miró su avanzado embarazo.
-Seguro, estos dos abultan mucho, pero pesan poco, y Nuth me ayudará a cuidar de estos dos gamberretes, ¿verdad? –rio Ania, su sobrino sonrió hinchando pecho, demostrando que era muy capaz-. Niños, ¿quién quiere unos pasteles?
-¡Yo! –los tres alzaron la mano con una enorme sonrisa.
Los cuatro estaban sentados en un banco disfrutando de los músicos cuando escucharon una fuerte explosión. Los músicos dejaron de tocar, y todos buscaron el origen del estruendo. Una enorme columna de humo salía de entre los edificios del otro lado de la ciudad. Se sucedieron otras explosiones casi consecutivas. Ania se levantó asustada. Hasta ellos empezaron a llegar los gritos de los vecinos que huían. Los soldados empezaron a correr por las calles.
-Nos tenemos que ir a casa –les dijo su madre, sin poder esconder el miedo en su rostro.
-¿Mamá qué pasa? –le preguntó Elyon asustada.
-Coge mi mano y no la sueltes, y coge fuerte la de Aslo. Nuth tienes que ayudarme a cuidarlos.
El niño asintió muy serio. Echaron a correr de inmediato. Hubo una explosión muy cerca de ellos, una casa de derrumbó envuelta en llamas y cortó el paso por esa calle. Pararon en seco para correr en otra dirección. Les golpearon los escombros de dos explosiones más. El fuego y el humo se extendían por las calles con rapidez, haciendo difícil ver y respirar. La gente corría en todas direcciones, desorientada y asustada, que tropezaban con ellos. A Elyon le pareció ver que en una de las calles, había lobos enormes atacando a la gente.
-¡Mamá! ¡Mamá! –chilló Aslo asustado, sin poder parar de llorar- ¡Mamá!
Ania lloraba en silencio, sujetándose el vientre con una mano, intentando llegar al palacio, solo allí estarían a salvo. Al girar una esquina ahogó un grito de horror. Había cadáveres a lo largo de la calle y bajo los escombros de las casas. A lo lejos vieron a unos hombres encapuchados. Lanzaban hechizos en todas direcciones, haciendo caer edificios y atacando a los elfos, que caían al suelo y no volvían a moverse.
Los tres niños se quedaron helados, mirando aquello con horror. La mujer cambió de dirección y se toparon de frente con tres de esos hombres encapuchados y con máscara blanca.
-¡Los tenemos! –gritó el mortífago.
Su madre apretó con más fuerza la mano de su hija, sacó su varita y los atacó, luego levantó una enorme nube de polvo envolviéndolos para que no vieran nada. Retrocedió corriendo, llevándose a los niños consigo.
-¡Mamá! ¡Mamá! –seguía llorando Aslo.
-¡Detenedlos! –escucharon gritar a su espalda.
Hubo una fuerte explosión a su izquierda, que los lanzó con fuerza contra el suelo, haciendo que soltaran sus manos. Elyon se incorporó desorientada y tosiendo. Le pitaban los oídos, al ponerse en pie todo le dio vueltas. Vio a Aslo en el suelo, el niño no se movía, había una gran piedra junto a su cabeza, manchada de sangre.
-¿Aslo? –lo llamó ella con voz temblorosa.
Vio que la luz de sus ojos se apagaba al mismo tiempo que el charco de sangre crecía bajo su cabeza.
-¡Aslo! –chilló ella corriendo hacia él para socorrerlo.
Nuth apareció entre las nubes de polvo y humo, y frenó su carrera cogiéndola del brazo.
-¡No! ¡Aslo! ¡Aslo! -gritó Elyon intentando llegar hasta su amigo.
-¡Elyon, vamos! -su primo tiraba de ella, que no podía dejar de mirar al niño tirado en el suelo.
-¡Pero Aslo…! -lloró con rabia.
-¡Está muerto! –le respondió su primo llorando- ¡Tenemos que irnos! ¡Como dijo tu mamá!
-Mamá… -musitó mirándolo con preocupación- ¡Mamá!
Encontraron a Ania sentada en el suelo, gimiendo de dolor. Tenía las manos manchadas de sangre, al igual que parte de su vestido.
-¡Mamá! –la semielfa corrió hasta ella y la cogió del brazo- ¡Venga, levanta!
-No puedo cariño, no me puedo mover –gimió-. Ve con Nuth, tenéis que llegar a casa.
-¡No, no, no, no! ¡Tienes que venir! –le gritó llorando.
Su madre intentó levantarse, sintió que el sangrado aumentaba y cayó al suelo llorando.
-Elyon, tienes que ser valiente ¿Vale? –la abrazó con fuerza- ¡Nuth, llévatela!
-Pero tía… -musitó el niño.
-¡Hazlo!
Su primo la cogió de los hombros con fuerza y estiró de ella.
-¡No! ¡Mamá! –Elyon intentó resistirse.
Para cuando Nuth consiguió que arrastrar a la niña, ya estaban rodeados. Tras los magos vieron llegar a unos enormes lobos que tenían los hocicos manchados de sangre.
-En cuanto veas un hueco, corre, tienes que avisar a tu padre –le susurró su primo.
Ella asintió. El elfo sacó su daga del cinto y se abalanzó sobre uno de los mortífagos, pero este lo golpeó con fuerza en la cara y lo hizo caer. Luego le puso un pie en la espalda para evitar que se levantara.
-¿Este nos interesa? –preguntó apuntándole con la varita.
-No. Solo la embarazada y la niña, el otro crío ha muerto –le dijo un compañero.
-¡No lo toquéis! –les amenazó Elyon descolgando el arco y tensando la cuerda, apuntando al que amenazaba a Nuth.
Los encapuchados rieron divertidos, y el mortífago le dio una fuerte patada al niño. El pequeño gimió de dolor.
-¡Dejadnos en paz! –gritó ella.
En cuestión de segundos se formó en el arco una flecha de luz blanca. Ya no tenía miedo. Solo quería que esos hombres se fueran de allí para que pudieran llevar a su madre herida a casa. Y si no se iban, ella los echaría de allí, uno a uno, hasta que no quedara ninguno. Tuvo la sensación de que el arco se calentaba en sus manos. La flecha de luz se volvió más brillante. Ella soltó la cuerda y ésta salió disparada. El hechizo atravesó el pecho del hombre, que se tambaleó, cayó de rodillas y finalmente se desplomó. Un compañero acudió a socorrerlo.
-Está muerto… -dijo sorprendido- ¡Está muerto! ¡Esa orejas picudas lo ha matado!
El mortífago alzó su varita apuntándola, al mismo tiempo que la niña volvía a tensar el arco sin vacilar, mirándolo con odio. Otro mortífago detuvo a su compañero.
-¡No! ¡La quiere viva, idiota! –le gritó.
Ania miró la escena con una mezcla de asombro y horror. Su hija fue retrocediendo hasta ella mientras el brillo de la flecha de luz, que había conjurado en el arco, se hacía cada vez más intenso.
-¡Fuera! ¡Dejadnos en paz! –les ordenó con voz firme- ¡FUERA!
Un fuerte coro de chillidos resonó en el cielo, y sin previo aviso cayeron en picado sobre los mortífagos y lobos unas enormes sombras de grandes alas y afiladas garras.
-¡Papá! –gritó Elyon incorporándose en la cama- ¡Papá!
Snape se levantó de un salto, asustado.
-¡Papá! –volvió a gritar ella angustiada.
Los objetos de la habitación temblaron ligeramente.
-Tranquila, tranquila -Snape la abrazó con fuerza para calmarla, sentado en la cámara- Respira hondo.
Elyon cerró los ojos intentando respirar. Una sanadora apareció en la puerta.
-¿Se encuentra bien? ¿Necesita algo?
-No, ha sido una pesadilla –le informó el joven, luego volvió a centrarse en la chica, que temblaba entre sus brazos-. Respira, estás a salvo, mientras yo esté contigo nadie podrá tocarte.
La semielfa lo miró a los ojos. Snape vio en sus ojos un ligero tinte dorado. Entonces la joven pareció recordar dónde estaba. Rompió a llorar con amargura. El profesor la abrazó con más fuerza.
-No ha sido una pesadilla –sollozó abrazándolo.
-Lo sé. Pero fue algo que pasó hace mucho –le susurró, frotándole la espalda-. Ya no puedes hacer nada al respecto.
Ella siguió llorando un buen rato más. Había sido como volver a vivirlo de nuevo. El miedo, el desconcierto, la ira…
…..
Dumbledore llegó temprano por la mañana.
-¿Qué tal ha pasado la noche? –le preguntó a Snape.
Elyon dormía. El chico alzó la mirada, se le veía cansado y soñoliento.
-Mal –suspiró-. Se ha despertado gritando, llamando a su padre. Ha conseguido volver a dormirse hará como una hora, y no ha querido tomar nada para calmarse y volverse a dormir.
-¿Te ha dicho qué ha recordado?
-No, no ha dicho nada. Cuando acabó de llorar simplemente se quedó en silencio –contestó el chico frotándose los ojos con cansancio.
-Ve a comer algo. Pediré si pueden traerte algo más cómodo para que puedas echar una cabezada –le dijo el director.
Snape asintió agradecido y salió hacia la cafetería del hospital.
-Ha… ha pasado algo raro… creo -le comentó antes de cruzar la puerta.
El director lo miró con curiosidad.
-Cuando se ha despertado gritando… he sentido una vibración, como un pequeño seísmo en la habitación… pero… es muy probable que fueran imaginaciones mías, estaba medio dormido -se encogió de hombros, confuso.
-La magia en los elfos está muy ligada a sus emociones. Como la magia accidental en los niños magos. Seguramente el recuerdo ha sido muy intenso -le respondió de forma calmada.
Snape asintió y se fue. Dumbledore ocupó su lugar junto a la cama. Y miró a la joven, preocupado. Sabía que solo había una cosa que Elyon pudiera recordar con tanta angustia: el ataque a Imtar. Él mismo recordaba el aspecto de la pequeña ciudad un día después del ataque. La desolación era casi absoluta fuera de las murallas del palacio. Los habitantes se afanaban en buscar supervivientes y en identificar a sus muertos. Tardaron más de un año entero en reconstruir el pueblo, y dos años más hasta que todos los habitantes consiguieron superar el miedo, abandonar la protección del palacio, y volver a sus casas reconstruidas. Habían pasado trece años desde ese día, e Imtar nunca había vuelto a ser la misma. La Fiesta de la Primavera había pasado de ser un festival lleno de color y música, a una ceremonia en la que recordar a las familias perdidas. Demasiadas en una ciudad tan pequeña y que crecía a un ritmo tan lento. Y años después, tras la desgracia de Imtar, llegó la del Callejón del Sauce…
Azrael llegó a media mañana y se encontró a Elyon aun durmiendo, al igual que su Protector, que estaba acurrucado en un pequeño banco acolchado, envuelto en su capa de espaldas a ellos. El elfo lo miró con desaprobación.
-No seas tan estricto –le dijo Dumbledore con una media sonrisa-. Se ha pasado la noche en vela intentando calmar a Elyon, y desde que la ingresaron, no ha dormido del tirón ni una sola vez.
-¿Ha recordado algo entonces? –Azrael prefirió no comentar nada sobre el mortífago.
-Se ha despertado de madrugada con el recuerdo de Imtar.
El elfo cerró los ojos e inspiró hondo.
-De todos los recuerdos sellados, ¿ha tenido que revivir ese como el primero? –gimió Azrael.
-Es la experiencia más traumática que ha vivido, y la enterramos ante de que pudiera comprender qué pasó. Es un recuerdo que la ha martirizado toda su vida. Le provocaba pesadillas continuas, es más, fue la que empezó a debilitar el hechizo.
-Incluso yo sigo teniendo pesadillas con ese día –le dijo el elfo-. Sueño con el humo, el retumbar de las explosiones, y la llegada en masa de los ciudadanos al palacio. No teníamos tiempo para atender a todos los heridos, que se nos morían en los brazos… Juro que los culpables pagarán por ello, a nuestra manera –apretó los puños con fuerza hasta que sus nudillos quedaron blancos.
-Olvida todo ese odio y rencor por el momento. Ahora tienes que centrarte en tu nieta –le tranquilizó Dumbledore con una sonrisa, poniéndole una mano en el hombro.
Elyon remugó un poco antes de decidirse a abrir los ojos. Azrael le sonrió con cariño.
-Buenos días –le dijo.
-Buenos días, abuelo –contestó con un bostezo.
Azrael sintió que su corazón daba un vuelco, hacía tanto tiempo desde la última vez que lo había saludado así. La joven acabó de desperezarse, y el elfo se negó a responder más preguntas hasta que hubo comido algo.
-He soñado con el ataque… -musitó ella.
-Albus me lo ha contado –asintió Azrael.
-Lo último que recuerdo por el momento es que mi madre, Nuth y yo estábamos rodeados, y que llegaron unas criaturas grandes que atacaron a los mortífagos ¿Qué pasó luego?
-Tu padre llegó con unos cuantos soldados en sus grifos, os sacaron de allí y os llevaron al palacio.
-¿Y mamá? Recuerdo que sangraba mucho y no podía moverse –Elyon sintió angustia al preguntar, le daba miedo la respuesta, pero necesitaba saberlo.
Su abuelo cogió fuertemente su mano.
-Sufrió un aborto –contestó con voz rota-. La explosión la golpeó casi de lleno, y la fuerte caída más el estrés… tu hermano nació muerto, y tu hermana solo tuvo fuerzas para aguantar un día más…
Elyon intentó serenarse mientras comenzaba a llorar. Hermanos, estaba esperando hermanos, un niño y una niña. No siempre había sido hija única. Ahora entendía por qué su madre lloraba cada vez que ella le preguntaba por qué no tenía ningún hermano o hermana. Al igual que porqué en su cumpleaños, por mucho que sus padres intentaran sonreír, siempre tenían la mirada triste.
-Después de eso, tu madre decidió que no iba a volver a quedarse embarazada hasta que acabara la guerra –prosiguió Azrael-. No podía soportar la idea de volver a perder a sus hijos.
-Pero a mí no me perdió –le dijo secándose las lágrimas.
-Por poco. La misma noche del ataque, dos elfos sublevados aparecieron en tu habitación con la intención de secuestrarte. Por suerte fracasaron –suspiró con alivio, intentado disimular el escalofrío que recorrió su espalda al recordar aquella noche-. Después de eso decidimos que lo mejor era ocultarte, y para ahorrarte el sufrimiento de lo que viste y lo que suponía alejarte de todo lo que conocías por un largo tiempo, bloqueamos tu memoria, con la esperanza de darte una vida más tranquila en la que fueras feliz.
Elyon bajó la cabeza, ¿realmente había sido feliz? A grandes rasgos podría decirse que sí, pero por otra parte siempre supo que toda aquella felicidad era mentira, podía verlo en sus padres, siempre preocupados, siempre tristes, que intentaban evitar a toda costa tener que responder a algunas de sus preguntas.
-¿Por qué querían también a Aslo? –preguntó la joven.
-Porque era nuestro futuro, él iba a fundar una nueva Gran Familia –respondió Azrael con pesar-. Hasta ese día, siempre creímos que íbamos a empezar un nuevo y brillante futuro contigo, Aslo y tus hermanos. Las Grandes Familias iban a empezar a crecer de nuevo… pero apenas pudieron florecer…
-Si éramos el futuro, ¿por qué intentar matarnos?
-No querían mataros, la muerte de Aslo y tus hermanos fue un accidente. Os querían a todos y por poco os pierden a todos.
-¿Los mortífagos sabían por qué tenían que cogernos a nosotros? – Elyon frunció el ceño.
-Lo dudo mucho, o habrían ido con más cuidado –el elfo se recostó en la silla con cansancio.
La semielfa inspiró hondo, después del día anterior, y el recuerdo del ataque a Imtar, le había sido más fácil asimilar las nuevas respuestas. Aunque aún resbalaban lágrimas silenciosas por sus mejillas al recordar a sus dos hermanos mellizos perdidos.
-¿Tienes alguna pregunta más? –le dijo su abuelo.
-No por el momento –contestó ella secándose las mejillas.
-Bien, entonces ya puedo enseñarte esto –sonrió, recomponiéndose.
Se agachó y sacó de su bolsa de piel un grueso álbum de fotos.
-Creo que esto te ayudará a recordar y a organizar tus recuerdos.
Elyon dibujó una amplia sonrisa y lo abrió, las primeras fotos eran de sus padres en su época de noviazgo, seguidas de las de su boda. Elyon nunca había visto esas fotos.
Snape se mantenía inmóvil. Se había despertado con el parloteo de Dumbledore y Azrael, pero no se había atrevido a moverse. Ahora que sabía un poco más de la guerra, se odió más a si mismo por haber elegido el bando del Señor Tenebroso, por haberse dejado guiar por el despecho y el odio, por haber provocado tantísimo sufrimiento, por haber matado a aquellos pobres elfos en el Callejón del Sauce.
…..
Johnny y Snape seguían revisando trabajo tras trabajo, comparando letras. Les escocían los ojos después de tantas horas. Y en el despacho del profesor, la mala iluminación no ayudaba nada.
-¡La tengo! -gritó el hufflepuff- ¡La he encontrado!
El chico le tendió el trabajo a Snape con una sonrisa exultando. El joven se apresuró en comprobar si el chico estaba o no en lo cierto.
-¡Por fin! -resopló con cansancio.
-¿Quién se supone que es? -Johnny miró curioso el nombre que aparecía en el trabajo -¿Te va a tocar asaltarla en los pasillos?
Snape sonrió con maldad.
-No hará falta, tengo completo acceso a ella.
Snape entró en su Sala Común, su sola presencia provocó un silencio repentino en la estancia.
-Señorita Sirrs, haga el favor de venir –llamó.
En el otro extremo de la sala se levantó una alumna de primero, con el pelo negro azabache recogido en una trenza larga. Se acercó al profesor temerosa y con paso inseguro. Mientras la chica atravesaba la Sala Común, vio levantarse a uno de los amigos de Mark.
-Señor Winston, vuelva a su sitio –le dijo-. No quiero que nadie se atreva a moverse.
Los alumnos se miraron asustados entre ellos, no sabían a qué venía la orden de su Jefe de Casa.
-¿Sí, profesor? –preguntó Sirrs con un hilo de voz.
-¿Escribió usted esta nota? –Snape la traspasó con la mirada mientras le tendía el trozo de pergamino.
La alumna de primero, que estaba blanca como el mármol, se giró a mirar la zona en la que estaban sentados algunos de los amigos de Mark.
-A quien realmente debe temer es a mí, señorita Sirrs, no a ellos –le aconsejó-. ¿Escribió o no escribió esta nota?
Ella negó enérgicamente con la cabeza mirando al suelo.
-Si he de repetirle la pregunta, le aseguro que haré de sus próximos seis años en la escuela un verdadero infierno.
La chiquilla apretó los labios con ojos llorosos.
-Yo la escribí –respondió al fin con voz débil.
-¿Por orden de alguien?
Angie asintió.
-¿De quién?
La chica se giró y señaló hacia donde estaba parte del grupo de Mark.
-Jeff Brown.
Snape los miró a todos, uno por uno, haciendo que se revolvieran incómodos.
-Todos ustedes, vengan conmigo. Ya.
…..
Estaban tomando un café sentados a la pequeña mesa de la cocina. Zelda, vestida únicamente con una camisa del chico, miró al licántropo por encima de su taza humeante.
-Te veo de muy buen humor últimamente -le dijo con curiosidad.
-Elyon está mucho mejor, en nada le darán el alta -sonrió él, sentado frente a ella, también con la taza de café caliente en las manos.
-Me alegro muchísimo, sobre todo porque ahora vuelves a sonreír -le devolvió la sonrisa.
Realmente le traía sin cuidado como estuviera la semielfa. Pero era cierto que desde que había enfermado e ingresado en San Mungo, no había disfrutado igual de Remus y Severus. El licántropo estaba alicaído y preocupado, y aunque nunca rechazaba las insinuaciones de Zelda, había perdido el brío del que había disfrutado al principio. Severus directamente parecía haber desaparecido de Hogwarts, apenas estaba en la escuela, solo lo había visto en raras ocasiones algunas tardes al finalizar la jornada lectiva, ya que de sus clases se encargaba una sustituta temporal. E igualmente no parecía tener ningún interés en pasar tiempo con ella, se encerraba en su despacho y no quería hablar con nadie. Así que, aunque le pareciera increíble, quería que esa maldita niña volviera al colegio cuanto antes, para recuperar la normalidad.
Apuró su taza de café y se levantó. Le quitó la taza a Remus de las manos y se sentó a horcajadas sobre él, besándolo con dulzura.
-Aún me quedan tres horas antes de tener que volver a casa ¿Las aprovechamos? -le sonrió alzando una ceja, de forma pícara.
-¿Y si vamos a dar una vuelta? -el chico se encogió de hombros- Llevamos todo el día aquí encerrados. Me gustaría tomar un poco el aire.
Ella asintió levantándose. No había sido la respuesta que esperaba, pero Remus tampoco era como el resto de chicos con los que había estado, y tenía un papel que interpretar con él.
…..
Snape había interrogado uno a uno en su despacho a los amigos de Mark, comenzando por Brown. Cuando terminó, solo quiso poder destrozar el despacho de pura frustración. Aquel grupo no había hecho más que marearlo, se exculpaban unos con otros de forma enrevesada, era imposible encontrar al verdadero responsable. A Gambon ni siquiera lo habían mencionado. El grupo se había esforzado en mantenerlo al margen, eso quería decir que era el cabecilla, sin duda alguna. No sabía cómo, pero el slytherin había creado en el colegio una intrincada red para hacer su santa voluntad sin que pudieran inculparlo. Sentía su sangre hervir, ese mocoso prepotente no iba a ser más listo que él. Tenía que haberse dejado algo.
…..
Elyon empezaba a encontrarse lo suficientemente repuesta como para empezar a ponerse nerviosa por tener que pasar todo el día sentada en la cama del hospital, necesitaba estirar las piernas. Pero como desde el reencuentro con su abuelo no había podido dormir bien a medida que recordaba, Torlok era reticente a darle el alta definitivamente.
-Toc, toc –dijo una voz familiar.
Remus le sonrió desde la puerta.
-¡Hola! –sonrió ella.
El chico se apartó y por la puerta se asomaron tres jóvenes que ella conocía muy bien.
-¡Chicos! –exclamó sorprendida sonriendo de oreja a oreja.
Sus amigos entraron corriendo. Lisa y Grace la abrazaron saltando sobre la cama.
-Madre mía, Remus nos lo ha contado todo ¡Menudo susto! –le dijo Grace con los ojos brillantes, parecía que iba aponerse a llorar.
-Sabía que algo no iba bien cuando dejaste de escribir –le dijo Lisa preocupada.
-Me pillaron –suspiró Elyon-. En el fondo sabíamos que acabaría pasando, pero no me dio tiempo a buscar otra manera de escribiros.
-No volveremos a dejar que te la juegues por nosotros –le dijo Will con seriedad dándole un abrazo.
-¿Y Johnny? –preguntó la semielfa extrañada al no verlo allí.
-No ha querido venir, dice que le da vergüenza verte después de que por su culpa casi te… bueno… -intentó explicar Grace, que perdió el color en las mejillas al hablar sobre ese tema.
-Se siente culpable de todo esto –prosiguió Will.
-Y lo es –añadió Lisa enfadada.
-Y Mark también, y mira como se ha crecido desde que Elyon no está en el colegio –le recordó la pelirroja.
-Chicas por favor, no discutáis más por esto, al menos no aquí –les pidió Remus.
-Hablaré con Johnny, nada de todo esto es culpa suya –suspiró Elyon-. Sabía que no era buena idea, y aun así, accedí. No puse mucho empeño en controlarlo.
Lisa torció el gesto, no estaba de acuerdo.
-¿Entonces ya estás recuperada? –le preguntó Will- Se te ve más animada y con buen color, no como nos había dicho Dumbledore.
-Lo sé, empiezo a cansarme de que me traten como a una enferma, quiero salir ya de aquí –contestó ansiosa.
-¿Y los sanadores qué dicen? –Lisa frunció el ceño.
-Que debería esperar unos días más, hasta que duerma del tirón por las noches –ella se encogió de hombros.
-La verdad es que tienes ojeras –medio rio Grace para animarla un poco.
Elyon recostó la espalda en la almohada.
-Aun no me creo que Dumbledore os haya dejado venir a verme.
-Ni nosotros, llevamos semanas intentándolo, y de repente aparece Snape y nos acompaña hasta el despacho del director –sonrió Will.
-¿Snape fue a buscaros? –Elyon se sorprendió.
Sus amigos asintieron.
-Por un momento creímos que nos la íbamos a cargar por ser tan insistentes –comentó Grace-. Pero cuando vimos a Remus sonriendo en el despacho supimos que había buenas noticias.
Elyon dibujó una pequeña sonrisa, Snape se estaba encargando de que Dumbledore cediera poco a poco en muchas cosas, y seguro que no le había sido fácil. No sabía cómo iba a agradecerle todo aquello.
-Veréis, la expulsión y mi ingreso aquí ha tenido algo bueno. He conseguido por fin mis respuestas –les dijo con seriedad-. Sentaos, que hay mucho que contar.
Lisa y Grace se acomodaron en la cama frente a ella dejando un sitio a Will, y Remus se sentó en la silla. Inspiró hondo y comenzó a contarles todo lo que Azrael le había revelado sobre su pasado e identidad.
Sus amigos la miraron con preocupación y asombro cuando terminó. Grace y Lisa se secaban las lágrimas.
-No os quedéis en silencio que me asustáis –les dijo Elyon con una sonrisa torcida, para romper la tensión.
-¿Cómo puedes estar tan entera? –le dijo Grace- Yo no creo que pudiera con algo así…
La semielfa se encogió de hombros.
-Es verdad que lo de mis hermanos sí me afectó mucho… pero durante toda mi vida sabía, en el fondo, que algo malo pasaba en mi familia. Así que en parte ya estaba preparada –suspiró-. Pero hay cosas que aunque lo parezca, aún no he asimilado del todo, que me parecen una broma de mal gusto.
Remus le cogió la mano.
-Recuerda que si algún día necesitas hablar sobre esto, aquí estamos para lo que necesites.
Ella asintió con una sonrisa.
-¿Tú no sabías nada, Remus? –le preguntó Lisa.
-Algo sabía, pero Dumbledore no nos desveló mucho. Conocía la existencia de Elyon y su familia, y que era muy importante protegerlos. Pero nada más. Los que estaban más informados eran los que se encargaban de su protección de forma más directa. Supongo que Dumbledore no quiso decir más al sospechar que teníamos un traidor… cosa que resultó ser cierta –el joven bajó la cabeza con tristeza.
Elyon le apretó la mano. Sabía que se refería a Sirius, aunque era inocente. Ella había visto a ese traidor personalmente la noche de la muerte de sus padres, y ese hombre cobarde y pequeño no era Sirius. Pero no quería insistir en el tema con el licántropo, ya que siempre acababan discutiendo.
-Lo que está claro es que no ganas a disgustos –comentó Will-. Creo que eres la persona a la que más desgracias le han pasado en su vida.
La chica rio.
-Te aseguro que no soy la única, conoces a unas cuantas personas con mi misma mala suerte –miró de soslayo a Remus, y pensó también en Snape-. Solo espero que se acabe ya.
-No lo gafes –le aconsejó Grace torciendo una sonrisa.
…..
-¿Entonces está bien? -Johnny los miró con alivio mientras jugueteaba con el guisante de su plato.
-Está perfectamente, y ha preguntado mucho por ti. Tendrías que haber ido -le dijo Will.
El chico bajó la mirada avergonzado.
-No puedo mirarla a la cara… Si no hubiera sido tan estúpido…
-Pero ahora estás intentando arreglarlo con Snape -Grace le sonrió para animarlo- Si me llegan a decir hace unos meses que seríais capaces de firmar una tregua y trabajar juntos, te aseguro que no me lo habría creído. Y mírate, todo por Elyon. Cuando se entere lo flipará.
-Sí, bueno… pero antes tenemos que conseguir que esté de vuelta, y estamos tan cerca como al principio -refunfuñó el tejón.
Miraba distraídamente la lista de las diez personas que habían comprado el libro en la semana anterior a que le llegara a Johnny el tomo. Una lista que no había servido para nada.
Will la leyó sobre su hombro, y frunció el ceño.
-¡Eh! Ese es mi tío -comentó señalando uno de los nombres del pergamino.
El hufflepuff lo miró con los ojos como platos.
-¿Tu qué?
-Mi tío, uno lejano. Es mestizo, su padre era muggle. Pero aún así siempre se ha llevado muy bien conmigo y mis primos, sobre todo porque nos consentía muchísimo. Siempre nos consigue todo aquello que queremos y necesitamos.
Johnny se levantó de golpe sonriendo de oreja a oreja. Y salió corriendo de allí, camino a las mazmorras.
…..
El profesor entró por la mañana en la habitación con una sonrisa de superioridad en los labios. Elyon frunció el ceño al ver su expresión mientras desayunaba.
-Acaba rápido, vuelves al colegio –le anunció Snape.
Ella casi se atragantó con los cereales.
-¿De verdad? -lo miró sin acabar de creérselo.
-Sí, he conseguido demostrar que todo fue obra de Gambon -asintió, ampliando su sonrisa de triunfo.
Se levantó de un salto con una enorme sonrisa y corrió hasta él para abrazarlo.
-¡Gracias, gracias, gracias! –le dijo eufórica colgando prácticamente de su cuello.
Le dio un fuerte beso en la mejilla.
-No sé cómo pagarte todo lo que has hecho por mi desde que estoy aquí –sonrió ella aun abrazándolo.
-Evitando meterte en más problemas que luego tenga que solucionarte yo –le contestó mientras notaba cómo la sangre se le agolpaba en las mejillas y su corazón se desbocaba-. Y ahora acaba tu último desayuno de enferma mientras voy a por tus papeles del alta.
Ella asintió con una sonrisa exultante y se apresuró en terminar el desayuno. Snape salió de la habitación con rapidez, antes de que la joven se diera cuenta de su reacción. La escuchó tatarear feliz mientras comía. Sonrió para sí mismo, llevándose una mano a la mejilla que le había besado.
