Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.
5º Curso. Capítulo 10
Se moría de ganas por volver a ver a sus compañeros, y sobre todo a Eizen. El camino hasta el castillo se le hizo eterno. Sacó el silbato de plata que le había regalado Hagrid por Navidad y lo hizo sonar. Esperó unos minutos, pero el halcón no apareció como de costumbre. Volvió a hacerlo sonar, pero el animal siguió sin aparecer.
-¿Te preocupa algo? –le preguntó Snape al ver su expresión de desasosiego mientras buscaba algo en el cielo.
-Eizen no aparece, debería estar aquí, siempre viene cuando hago sonar el silbato.
El chico suspiró y apartó la mirada. La chica lo miró frunciendo el ceño.
-¿Qué le ha pasado? ¿Está bien? –Elyon dejó de caminar, con el corazón en un puño- ¡Dijiste que sí!
-Bueno, sigue vivo –se limitó a contestar él.
La angustia de la semielfa fue en aumento. Si le había pasado algo a su pequeño halcón…
-Cuando te expulsaron y no pudo irse contigo, dejó de comer y de volar. Lo está cuidando Hagrid.
La chica prácticamente echó a correr hacia la cabaña del guardabosques. Cuando llegó, abrió la puerta sin llamar y entró sin más. El semigigante se giró hacia la puerta sobresaltado.
-¡Elyon! ¡No sabía que volvías hoy! ¡Qué alegría! –la recibió el semigigante con una amplia sonrisa levantándose del sillón.
Pero ella lo ignoró y fue directamente hacia Eizen, que se había puesto en pie en su pequeño nido de trapos. Empezó a chillar y a aletear con frenesí.
-Sí pequeñín, ya estoy de vuelta –le susurró ella cogiéndolo en brazos, conteniendo las ganas de llorar-. Lo siento, lo siento mucho. No volveré a abandonarte. Nunca más.
El halcón restregó su cabeza contra la cara de la joven. El animal estaba muy flaco, había perdido todo su lustre y temblaba ligeramente. Más tranquila, se volvió hacia el semigigante.
-Hola Hagrid, perdón por entrar así –le murmuró.
El hombretón la envolvió con sus enormes brazos.
-No te preocupes –le sonrió-. No sabes lo feliz que me hace que estés de vuelta en Hogwarts.
Estuvo un rato con él, hablando sobre el pequeño halcón y cómo debía cuidarlo hasta que estuviera recuperado.
Snape la acompañó hasta su Sala Común. Junto al cuadro de la Señora Gorda esperaba McGonagall con una amplia sonrisa. La mujer no dudó en ir hasta ella y abrazarla.
-Cuando Albus me contó lo que había pasado… siento no haber podido ir a verte –le dijo con los ojos brillantes-. Tenías las visitas muy restringidas.
-Lo sé, no se preocupe –le dijo la muchacha con una sonrisa de resignación.
-Vamos, tus compañeras están ansiosas de volver a verte. Desde que han visto tu baúl de nuevo en la habitación no han dejado de preguntarme cuándo llegabas –le dijo la mujer poniéndole una mano en el hombro.
Elyon se giró y despidió a Snape con una enorme sonrisa. Él se la devolvió. Se la veía emocionada y nerviosa, como si ese fuera su primer día en el colegio. Se sentía satisfecho consigo mismo.
Cuando se abrió la entrada a la Sala Común, le pareció que la luz que entraba era más brillante que nunca. Entró en la estancia con una tímida sonrisa. Muchos alumnos alzaron la vista para ver quién llegaba. Vio muchas sonrisas. Lisa se levantó de un salto al verla, y corrió hasta ella. La abrazó con fuerza.
-¡Por fin has vuelto! –gritó llena de alegría.
-Sí… no puedo respirar –gimió Elyon riendo.
Su amiga la soltó, pero su lugar lo ocuparon Sharon, Alex, Judith y Allyson. Muchos compañeros se levantaron a darle la bienvenida. Nunca imaginó que tanta gente la hubiera echado en falta. Después de saludar a sus compañeros, sus amigas la llevaron a la habitación para estar tranquilas y ponerla al día de lo que había pasado en Hogwarts en los últimos meses.
Suspiró al entrar en el dormitorio. Al fin en casa. Colocó al pequeño halcón en el nido que tenía hecho con un viejo jersey, y este se acomodó felizmente. Luego se sentó en el suelo junto a la estufa del dormitorio, formando un círculo con las chicas. Sus compañeras habían sacado una caja de dulces y se los repartieron.
-¿Y bien? –preguntó Elyon- ¿Qué hay de nuevo por aquí?
-¿Por dónde empezamos? –murmuró Alex torciendo el gesto.
-¿Qué tal por la expulsión de Mark? –dijo Judith con una gran sonrisa- Lo han expulsado el resto de este curso, y el año que viene ya se verá.
-Se lo merece –comentó Allyson con desdén-. Además, yo creo que la expulsión es lo de menos, el peor castigo es perderse el TIMO, y sin eso, si lo readmiten en Hogwarts, tendrá que repetir curso.
-El TIMO… se me habían olvidado –gimió Elyon preocupada- ¿Cuánto falta para los exámenes?
-Un mes –le contestó Lisa con expresión de preocupación.
-Oh, Merlín… y yo he perdido tres de clase –la semielfa sintió que se le venía el mundo encima.
-No te preocupes, nosotras te ayudaremos a ponerte al día –le sonrió Alex-. Y no tienes que sacar Extraordinario en todo, solo la nota necesaria en las asignaturas que necesitas para cursar la especialidad que escojas.
Elyon palideció aún más. Realmente no sabía a qué quería dedicarse.
-Nunca había pensado en mi futuro –musitó con pesar.
-No te agobies más por eso. Todos los alumnos de quinto hemos tenido una charla de orientación con nuestro respectivo Jefe de Casa –Sharon se levantó y fue hasta su mesita de noche, y volvió con un montón de panfletos-. Pero si te quieres ir haciendo una idea, estos son algunos de los estudios que puedes cursar.
Elyon los cogió y les echó una ojeada rápida.
-¿Vosotras ya sabéis qué vais a estudiar?
-Yo creo que voy a optar por herbología –le dijo Allyson-. Me gusta el cultivo de plantas mágicas que sirven para las pociones curativas.
-Ni idea, ya lo pensaré cuando vea mis resultados –suspiró Sharon.
-Yo estoy igual –Alex se encogió de hombros.
-Ya somos tres –rio Judith-. Pero no descarto algo relacionado con las runas mágicas. Aún hay muchos conocimientos antiguos perdidos o sin descifrar.
-¿Y tú Lisa? –Elyon sentía curiosidad.
-Quiero trabajar en el Ministerio, ayudando al acercamiento de los seres mágicos y los magos.
-¿En serio? –la semielfa la miró sorprendida.
-Eso son muchos idiomas que aprender –bufó Judith.
-Lo sé. Pero Elyon me ha enseñado todo lo que nos estamos perdiendo gracias a las mentes cerradas de los que están en el Ministerio.
-Quizá me equivoque, pero diría que apuntas a un puesto mucho más alto que el de funcionaria –comentó Allyson divertida.
-Eso nunca se sabe, el tiempo lo dirá –rio Lisa.
Dejaron de lado el tema del TIMO y las expectativas de futuro, y se centraron en las cosas que habían pasado en la escuela durante los últimos meses que ella había estado fuera.
-Voy a echar de menos a la sustituta de Snape –comentó Alex-. Era una mujer muy maja y con mucha paciencia. Creo que nunca había disfrutado tanto de las clases de Pociones.
-Todo lo bueno se acaba, asúmelo –le dijo Allyson levantándose-. ¿Vamos a comer?
-¿Aun tienes hambre después de todo esto? –le preguntó Lisa señalando la caja de dulces vacía.
-Yo apenas he comido –la joven se encogió de hombros.
-Hambre no tengo mucha, pero me muero de ganas por ver a los demás –dijo Elyon levantándose y desperezándose.
…..
Bajaron al Gran Comedor y antes de entrar se toparon con Will. El chico le dio un fuerte abrazo.
-Si aprietas más me cortarás la respiración –bufó Elyon con una sonrisa.
-Solo por eso mismo no lo hago –le contestó soltándola.
En ese mismo momento alguien saltó sobre su espalda y la rodeó con los brazos.
-¡Por fin! ¡Por fin! ¡Por fin! –gritó Grace zarandeándola con energía- ¡No sabes la de ganas que tenía de verte aquí otra vez!
-En serio, calmaos, o vais a conseguir mandarme entre todos de nuevo a San Mungo –rio la semielfa.
Grace la soltó y la miró con seriedad.
-Ni se te ocurra bromear con eso.
-Lo siento –musitó mordiéndose el labio con culpabilidad-. Pero no es para tanto.
No imaginaba que sus amigos podían estar tan afectados por su hospitalización.
-¡¿Qué no es para tanto?! –Lisa la miró atónita-. Casi te mueres, yo creo que sí es para tanto.
-Vale. No os preocupéis, no volveré a bromear con San Mungo –suspiró ella a modo de disculpa para tranquilizarlos.
-Más te vale –le dijo Will con un dedo amenazador.
Al entrar en el Gran Comedor, recibió la bienvenida de varios compañeros más de las diferentes Casas, entre los cuales se encontraban Max y Andy, que corrieron también a darle un abrazo. Ella buscó a Johnny en la mesa Hufflepuff, estaba ansiosa por verlo de nuevo. Se topó con los ojos azul verdoso del chico, y le sonrió alzando una mano, con un gesto para que se reuniera con ellos en la mesa Gryffindor. Pero Johnny apartó la mirada con culpabilidad y no se movió de su sitio.
-¿Aun se siente responsable? –les preguntó Elyon preocupada.
-Es que es responsable –aclaró Lisa.
-Cálmate –le dijo Will cogiéndole la mano de forma tranquilizadora.
-No hemos conseguido hacerle cambiar de idea. Deberías hablar con él –le dijo Grace con un suspiro-. Y eso a pesar de que se ha pasado estos meses trabajando con Snape para conseguir traerte de vuelta.
-¿Qué ha qué? -Elyon miró a su amiga con los ojos abiertos como platos.
-Lo que has oído -asintió la pelirroja-. Han firmado una tregua mientras investigaban cómo puñetas Mark os la había jugado. Lo que no sé si ya ha terminado o se mantendrá el resto del curso.
-Habría pagado por ver a esos dos trabajando juntos sin matarse -sonrió la semielfa intentando asimilar aquello.
-Tú y todos -rio Will.
Al sentarse a la mesa se dio cuenta de que algunos alumnos de los primeros cursos de Slytherin le lanzaban pequeñas y tímidas sonrisas.
-Chicos, ¿ha pasado algo con los slytherin que deba saber? –les preguntó recelosa-. Algunos alumnos me están sonriendo y me está dando mal rollo.
-¿Lisa no te lo ha contado? –Will frunció el ceño.
-Me han puesto al día de muchas cosas, pero nada referente a los slytherins.
-Pues resulta que te has convertido en una especie de salvadora para algunos –comenzó a explicar el chico-. Mark había montado una pequeña mafia con algunos alumnos de quinto, sexto y séptimo, y tenía atemorizados a los pequeños de las cuatro Casas. Los obligaba a hacer sus trabajos sucios con amenazas y coacción. Pero a raíz de tus continuas peleas con Mark y de que te hiciera la encerrona para que te expulsaran, Snape y Johnny consiguieron sacar a la luz sus trapicheos y ponerles fin.
-¿Y eso me convierte en su salvadora? –Elyon alzó una ceja.
-Salvadora, heroína, mártir… llámalo como quieras, pero te están agradecidos –Will se encogió de hombros-. Si no hubieras cabreado a Mark hasta el punto de querer verte fuera de Hogwarts, ellos seguirían viviendo con miedo a lo que él y sus amigos podían hacerles si se negaban a obedecer.
-Creo que Johnny hizo más por ellos que yo –la semielfa le dio un trago a su zumo de calabaza.
Hasta ese momento no se dio cuenta de lo buena que era la comida del colegio.
-Me sigue pareciendo surrealista que no te hayas dado cuenta de nada de lo de Mark en todo este tiempo –le comentó Grace a Will, incrédula.
-Nadie se dio cuenta. Fue jodidamente listo. Solo iba a por los alumnos que no tenían hermanos o familiares mayores en la escuela con los que tuvieran un trato cercano, que no tenían un círculo social muy grande y que no eran los predilectos de algún profesor. De esa manera apenas tenían a quién acudir –aclaró el slytherin.
-¿Y con todo lo que había montado solo le han expulsado a él? –Elyon lo miró incrédula.
-Por el resto del curso y con probabilidad de que la expulsión sea definitiva, sí. A los segundos de Mark los han expulsado un mes, y al resto los han castigado duramente.
-Llegó a jugarse la vida con tal de sacar a Elyon de la escuela… eso demuestra que no está muy bien de la cabeza, no debería volver a Hogwarts –comentó Lisa con seriedad-. Y lo más triste es que es muy inteligente, y todo ese potencial solo lo utiliza para hacer daño a los demás.
-A mí no me extraña, es un slytherin. Will y su hermano son la excepción –comentó Grace.
-Los slytherins somos ambiciosos, pero eso no quiere decir que nos guste hacer daño a los demás o aprovecharnos de ellos –la cortó el chico enfadado-. Y empiezo a estar harto de los estereotipos. Tú eres una ravenclaw y apenas te he visto coger un libro desde que te conozco, Johnny es alumno de Matrícula y medalla de plata en Vuelo Acrobático, cuando se supone que los hufflepuff no destacan en nada. Y Lisa es una gryffindor que hasta hace nada no sabía qué era el coraje.
-Vaya, gracias cariño. Es el mejor piropo que me has dicho nunca –se quejó ella molesta.
Will le quitó importancia con un ademán.
-Lo que quiero decir es que no sé quién asignó los rasgos de personalidad a cada Casa, pero obviamente son solo orientativos y se han quedado obsoletos –finalizó el chico.
-Mensaje captado, no volveré a mencionar nada sobre los slytherin y su mente retorcida –Grace puso los ojos en blanco.
Will frunció el ceño.
-Era broma, era broma –rio ella volviéndose a centrar en su comida.
-De cada día te pareces más a Johnny –rio Elyon.
-Sí, es espeluznante –corroboró Lisa.
Tras la comida, la semielfa se apresuró en salir detrás de Johnny, que se había levantado de su mesa sin alzar la vista ni una vez.
-¡Ey! ¿No vas ni a decirme hola? –le gritó ella cuando salió al vestíbulo.
El chico se giró y la miró con culpabilidad. La joven le sonrió y lo abrazó con fuerza.
-Te he echado de menos, pequeño pirado –le dijo.
Johnny rompió a llorar abrazándola también.
-Lo siento, lo siento mucho –sollozó-. Cuando me enteré de lo de San Mungo… No tenía que haberle seguido el juego a Mark… Lo siento, no merezco ser tu amigo. Si hubiera sido más listo… Casi te mueres… Lo siento…
-No seas tonto –le dijo Elyon frotándole la espalda para reconfortarlo-. Ya estoy bien. Y si no hubiera sido por ti y tus horribles ideas, Dumbledore nunca se habría decidido contarme toda la verdad. Has hecho que recupere mi pasado ¡Y encima has liberado a los pequeños de la tiranía de Mark!
-¿Entonces no estás enfadada conmigo? –Johnny se secó las lágrimas, más tranquilo.
-¡Claro que no! Sabía en donde me metía cuando accedí a hacer la poción –Elyon le dio un puñetazo cariñoso en el hombro-. Y para que te convenzas del todo, te dejaré venir a una de mis clases de Defensa.
-¡Eh! –se quejó Lisa que había llegado junto a ellos, seguida del resto- ¿No se suponía que iba a ser yo la afortunada?
-Tranquila, alguien tendrá que vigilarlo para que no cabree a Snape, y animarlo a darme una paliza –Elyon torció una sonrisa-. Porque supongo que vuestra tregua habrá terminado.
-Supones bien -el chico sonrió con maldad limpiándose del rostro los restos de lágrimas con la manga de la túnica.
-Habría estado bien que durara un poco más -suspiró la semielfa.
-Pero entonces el resto de cursos que aún nos quedan habrían sido muy aburridos -comentó el chico con su alegría habitual. –Aunque puede que baje un poco el nivel de mis pullas… ahora que ya me ha vuelto a crecer el pelo no me apetece quedarme calvo de nuevo.
Elyon le rodeó los hombros con un brazo, negando resignada con la cabeza, y echaron a andar hacia las Sala de los Menesteres para poder pasar un poco de tiempo todos juntos, después de llevar separados tantos meses. Por desgracia McGonagall le salió al paso y le pidió a la semielfa que la acompaña un momento.
-¿Pasa algo, profesora? –la miró preocupada mientras la seguía a paso ligero.
-No, tranquila –sonrió la mujer-. Supongo que tus amigos te habrán comentado la proximidad del TIMO, y teniendo en cuenta todo el tiempo que te han hecho perder, creo que lo mejor es tener cuanto antes la sesión de orientación académica, para que puedas organizarte y no desperdicies tiempo y energía.
-Gracias –le sonrió.
El despacho de McGonagall era luminoso, lleno de estanterías de madera robusta que sostenían el peso de innumerables libros. Entre los cuales, había curiosos objetos de todos los tamaños, de origen muggle y mágico.
La profesora la invitó a sentarse.
-¿Has podido ver algún panfleto? –le preguntó sacando de un cajón de su escritorio un fajo enorme de panfletos informativos.
-Sí, me han dejado unos cuantos. Pero he de ser sincera. Nunca me había planteado qué haría en el futuro. Antes no podía salir de casa, y cuando mis padres murieron pensé que mi vida acababa ahí. Luego llegué a Hogwarts con un montón de preguntas, y ahora que me las han respondido, me siento más descolocada y fuera de lugar que nunca. Me empieza a agobiar estar a solo dos años de graduarme y no saber qué hacer con mi vida, si es que voy a poder hacer algo con ella en algún momento. Nunca había tenido el lujo de poder pensar tan a largo plazo… y me aterra.
-Te aseguro que aunque intentes planificar tu futuro, este pondrá especial empeño en escapar a tu control. Así que no te obsesiones demasiado con eso –le sonrió-. Bien, empecemos entonces. Según tu expediente, la asignatura que mejor se te da es Pociones, seguida de Cuidado de Criaturas Mágicas y Defensa Contra las Artes Oscuras. Y según tengo entendido, tienes muy buena mano con los animales, sobre todo por tu parentesco con los elfos ¿Te has planteado dedicarte a algo relacionado con ellos?
-No lo había pensado –musitó pensativa- ¿Algo como veterinaria?
-Magizoología es el término correcto en nuestro mundo. Claro está que tendrás que especializarte una vez hayas acabado tus estudios en Hogwarts, pero no te será difícil entrar en una Escuela Superior si sigues con tu buen rendimiento escolar.
-No sabía que hubiera Escuelas Superiores –Elyon alzó una ceja, sorprendida.
-Algunos oficios necesitan conocimientos muy concretos, que no siempre se pueden enseñar aquí por falta de tiempo y de alumnado. Por lo que hay Escuelas Superiores para las especializaciones y el reciclaje de algunos empleos.
-Eso suena a que voy a pasarme años estudiando –suspiró ella con una media sonrisa.
La profesora le devolvió la sonrisa.
-Si quieres dedicarte a la magizoología te recomiendo que le dediques más tiempo a Pociones, Cuidado de Criaturas Mágicas, Defensa Contra las Artes Oscuras, Herbología, Astronomía y Encantamientos. De todas ellas quien exige la nota más alta es el profesor Snape con un Extraordinario…
-¡¿Qué?! ¡¿Un Extraordinario?! –Elyon la interrumpió atónita- Estará de broma… aunque viniendo de él tampoco me extraña...
-Por desgracia no es una broma, y teniendo en cuenta que algunas de las pociones que se enseñan a partir de sexto son peligrosas, no veo exagerado el nivel exigido –le dijo la bruja con seriedad-. Como te decía, esa es la nota más alta, en las demás podrás matricularte con un Supera las Expectativas.
Elyon suspiró con cansancio, aquellas tampoco eran notas muy bajas. Tenía mucho que estudiar en apenas un mes.
-Sé que ahora te ves superada. Si necesitas ayuda con alguna de las asignaturas puedes venir a verme cuando quieras –le despidió McGonagall con una sonrisa afable.
La joven salió del despacho con una mezcla de emoción por tener un poco más claro su futuro, y de angustia por no saber si conseguiría las notas necesarias para poder estudiar lo que quería.
Antes de reunirse con sus amigos en la Sala de los Menesteres, decidió hacer una parada en las cocinas del colegio para poder prepararle a Eizen las papillas necesarias para que recuperara peso y fuerza. Le resultó más complicado de lo que esperaba, ya que los elfos domésticos se apelotonaron a su alrededor emocionados y dando grititos de alegría por haberla podido conocer en persona al fin. Elyon se sintió realmente incómoda, no le gustaba la excesiva atención que le prestaban los seres mágicos solo por ser ella, por algo que sencillamente había heredado por nacimiento y no por haberse esforzado en conseguir. Tras mucho insistir y pelearse con los elfos domésticos, consiguió que la dejaran preparar sola las papillas. Aunque en todo momento bajo la supervisión de las pequeñas criaturas que no hacían más que aconsejarle como mezclar, hervir y triturar los ingredientes, intentando por todos los medios no ofenderla cuando lo hacía mal.
…..
Cuando entró en la Sala de los Menesteres sus amigos la esperaban tomando cervezas de mantequilla. Lisa acariciaba a Eizen, que estaba acurrucado en el jersey que usaba de nido. En cuanto la semielfa entró, el animal intentó ponerse en pie piando con alegría.
-¿Qué hace aquí? –preguntó ella con un sonrisa.
-Suponía que tardarías un poco en volver, y me imaginé que el pobre agradecería estar contigo después de tanto tiempo –Lisa se encogió de hombros.
-¿Qué le ha pasado? Está hecho una pena –Grace miró al animal con preocupación.
-Dumbledore le lanzó un conjuro para que no pudiera abandonar Hogwarts.
-Eso es crueldad animal –la interrumpió la ravenclaw indignada.
-Lo sé –refunfuño ella-. Así que cuando se dio cuenta de que no podía llegar a mí de ninguna de las maneras, dejó de comer y de volar. Hagrid se encargó de que al menos comiera algo –se sentó junto a Lisa y abrió uno de los tarros de papilla.
-Cuando dejó de venir a la habitación y dejé de verlo en la lechucería, pensé que era porque estaba contigo –suspiró la morena con culpabilidad.
-Tenéis un vínculo muy fuerte –comentó Will asombrado.
Elyon asintió dándole un poco de papilla con una jeringuilla que le había prestado el semigigante.
-Lo rescaté del Bosque Prohibido cuando llegué a Hogwarts. Era un polluelo, se había caído del nido. Entre Hagrid y yo, lo sacamos adelante. Bueno, más bien Hagrid, yo no tenía mucho tiempo para él, tenía que prepararme para mi primer curso aquí. Pero desde que aprendió a volar no nos hemos separado. Es mi mejor amigo –sonrió la semielfa con cariño rascándole a cabeza al animal.
-Qué historia tan bonita –suspiró Grace con los ojos brillantes.
-Gracias por la parte que nos toca –resopló Johnny indignado.
-Bueno, él no ha estado a punto de matarla –comentó Lisa, mordaz.
El chico bajó la cabeza con culpabilidad.
-¡Lisa! –Elyon la fulminó con la mirada- Si yo no puedo hablar del tema vosotros tampoco, menos aún para tiraros puyas como está. Somos una piña, ¿vale? Y todos tenemos derecho a meter la pata.
Durante unos segundos nadie habló.
-¿Qué quería McGonagall? –preguntó la pelirroja para romper el incómodo silencio.
-Asesorarme sobre el TIMO.
-Madre mía, acabas de llegar y ya te ha empezado a hablar de exámenes y futuro –bufó su amiga.
-¿Y bien? –Lisa miró con curiosidad a su amiga.
-Pues creo que voy a decantarme por magizoología. Me gustan los animales y se me dan bien –respondió la semielfa torciendo una sonrisa.
-A este paso en quinto y sexto no coincidiremos mucho en las clases –suspiró la ravenclaw-. Cada uno ha escogido una especialidad distinta. Yo quiero estudiar sanación. Will quiere trabajar en el pequeño banco familiar. Johnny ir con su abuelo al Ministerio en el departamento de Deportes, y Lisa también en el Ministerio en Relaciones con Criaturas Mágicas.
-Bueno, en alguna sí coincidiremos… tú y yo al menos en Pociones –sonrió Elyon, Grace torció una mueca de desagrado al escuchar esa asignatura-. Aunque primero tendremos que conseguir llegar a la nota mínima.
-Tú vas a tener que hincar codos a lo bestia –Johnny la miró preocupado-. Entre lo que aún tienes que aprender de cursos anteriores y lo que te has perdido en los últimos meses… Vas a dormir muy poco.
-Gracias –le gruñó ella.
-Eres único para levantar el ánimo, ¿sabes? –Lisa lo miró con enfado.
De nuevo en su habitación, Lisa se sentó en la cama junto a Elyon.
-Llevo desde que te fuiste queriéndote preguntar sobre lo de tus paquetes a Azkaban. Pero no quería hacerlo por carta, por si alguien que no eras tú lo acababa leyendo –le dijo- ¿A quién conoces allí?
-A Sirius Black –respondió ella.
Su amiga palideció.
-¿Le envías chocolate a Sirius Black? –la morena no salía de su asombro- ¿Por qué? ¿Y de qué conoces tú a ese asesino?
-No es un asesino –Elyon estaba cansada de repetir siempre lo mismo, una y otra vez-. Es un cabeza de turco, lo encarcelaron porque el verdadero asesino escapó y Cornelius Fudge necesitaba conseguir méritos como Primer Ministro.
La joven le contó lo ocurrido aquella noche en su casa, el juicio en Azkaban y la relación que había tenido con las personas a las que supuestamente asesinó. Cuando terminó, Lisa estaba atónita.
-Me niego a creer que al mando del Ministerio esté alguien como él – comentó.
-A mí ya no me parece tan raro. Cuanto más descubro sobre la guerra, más cuenta me doy de la cantidad de gente que solo mira por sus propios intereses –suspiró Elyon.
-¿Y de verdad va a quedarse allí toda su vida?
-Espero que no… pero veo muy difícil que lo saquen sin más. Por cierto, de esto ni una palabra a Remus.
-Tranquila, ya me has comentado cómo se pone con este tema –Lisa torció una sonrisa triste.
…..
Tras la cena, Elyon salió del castillo a tomar algo de aire fresco. Después de pasarse tanto tiempo encerrada en El Caldero Chorreante y luego en San Mungo, quería escuchar el viento y la vida nocturna del bosque. Desde el puente de madera podía ver las luces del castillo reflejadas en el lago. Había echado de menos todo aquello.
-¿Sabes qué día es hoy? –le preguntó una voz grave.
Elyon se giró sobresaltada.
-¿Nunca aprenderás a avisar, de algún modo, de que estás aquí? –medio rio ella.
-Es más divertido así, me encanta como os giráis de un saltito –le respondió Snape-. Y no has respondido a mi pregunta.
-Sábado, es… -borró su sonrisa en el acto-. ¡Oh, mierda! La clase de Kove… me la he perdido…
La joven se apoyó en la barandilla resoplando.
-Me va a matar…
-No te preocupes, te perdona por esta vez, pero solo porque acabas de salir del hospital. Más te vale ir el miércoles o sí que te arrepentirás –torció una sonrisa cruel.
Elyon inspiró hondo, cerrando los ojos.
-¿Crees que le podría pedir suspender las clases hasta que pase el TIMO? –la joven lo miró alzando una ceja.
Snape estalló en carcajadas. Ella se sorprendió ante esa reacción tan espontanea e impropia de él.
-¿Realmente quieres arriesgarte a hacerle esa pregunta? –le dijo una vez consiguió dejar de reír.
-No, pero voy a necesitar todo el tiempo libre que pueda conseguir para estudiar y ponerme al día, o no llegaré a las notas mínimas –suspiró.
-Acabas de volver a la escuela, ¿y ya te estás agobiando?
-Dale las gracias a McGonagall y a su charla de orientación.
-No tienes que preocuparte, era más lista de lo que crees y tienes a tus amigos para echarte una mano –intentó animarla.
-Y lo dice el que pide un Extraordinario en su asignatura –comentó ella con ironía.
-Por Merlín, no te quejes precisamente de la asignatura que puedes aprobar con los ojos cerrados –le dijo molesto-. Eres una elfa, deja de lloriquear y compórtate como tal.
Elyon miró de nuevo hacia el lago mordiéndose el labio.
-No pretendía…
-Sé a qué te refieres –lo cortó ella-. Pero no sé realmente cómo ser un elfo. Sé de ellos lo que me ha enseñado Dumbledore, y no es mucho. Se supone que tengo un gran poder –miró sus manos mientras abría y cerraba los puños-, pero ni sé cómo usarlo. Yo no me siento como un elfo… Llevo tanto tiempo viviendo una mentira, que he olvidado realmente quién soy.
-¿De verdad? –Snape también se apoyó en la barandilla de madera, junto a ella- Porque yo creo que siempre te has comportado como un elfo. Cabezota, engreída, siempre creyendo que llevas la razón…
-¿Engreída? ¿En serio? ¿No se te ha ocurrido nada mejor?
El chico no pudo contener una pequeña sonrisa. La joven rio negando con la cabeza.
-Deberías aprender a mejorar tus halagos.
-Y tú a creer en ti misma, y dejar de llorar y quejarte como un bebé.
Elyon le dio un puñetazo en broma en el brazo para que se callara. Él mantuvo su sonrisa socarrona.
-También deberías mejorar tus golpes, o Kove se pondrá las botas contigo –añadió.
-¡Ya está bien! –rio ella dándole un empujón.
Ambos se quedaron en silencio observando el paisaje.
-¿Cómo llevas lo de saber quién eres por fin? –le preguntó el chico.
-A ratos bien, a ratos mal… -musitó-. Me siento como en una montaña rusa. Sé que no es culpa mía lo que pasó, y al mismo tiempo no dejo de pensar cómo podría haber evitado todo eso.
-Tenías tres años ¿Qué se suponía que ibas a poder hacer? Ni siquiera hubieras entendido qué pasaba.
-Siempre he sido muy lista, desde pequeña. Mis padres me lo decían a menudo –aclaró ella.
-Ya claro, un lince –bufó él y luego inspiró hondo antes de continuar-. Simplemente has de asimilarlo. Dejar que pase a formar parte de ti, de lo que fuiste y lo que eres. Y usarlo para fortalecerte y aprender en qué no debes volver fallar.
Elyon lo miró con detenimiento. Su mirada se había vuelto triste, y al mismo tiempo, cargada de determinación.
-¿Me contarás algún día qué es lo que a ti te hace fuerte? –le dijo con una pequeña sonrisa cómplice.
-Eso es cosa mía y de nadie más –le respondió irguiéndose y marchándose.
Elyon quiso detenerle para disculparse, pero supo que era mejor dejar que se fuera y no tocar ese tema.
…..
Desde primera hora del lunes, se dio cuenta de la presión a la que estaban sometidos los alumnos de quinto. Apenas hubo tiempo para los saludos de buenos días. Todos ellos se afanaban en tomar apuntes y no perderse un solo detalle de lo que decían los profesores. Hasta Zelda parecía que se tomaba en serio su trabajo, al dejar de tontear con los alumnos.
Elyon se frotó los ojos con cansancio.
-¿Lo has entendido? –le preguntó Johnny con seriedad conteniendo un bostezo.
-Creo que sí –respondió ella ojeando de nuevo el libro.
-Chicos, diría que lo podemos dejar por esta noche –Lisa señaló a Grace y Will, que se habían quedado dormidos sobre sus libros y apuntes.
-Me parece bien –el hufflepuff se desperezó con un enorme bostezo.
Era demasiado tarde para volver a sus respectivas habitaciones. La ronda de Filch hacía horas que había comenzado, así que decidieron dormir en la Sala de los Menesteres.
El miércoles por la noche Lisa y Johnny esperaban emocionados, junto a Elyon, el comienzo de la clase de Defensa.
-Nada de murmullos, ni risitas, ni comentarios, ni nada ¿De acuerdo? –les repitió su amiga por enésima vez ese día.
-¿Tan estricto es Kove? –Johnny alzó una ceja.
-Al que no quiero que cabreéis es a Snape –aclaró ella-. Así que simplemente sentaos en silencio a ver cómo me da una paliza.
-¡Qué pesimista eres! –le dijo el hufflepuff.
-He perdido forma física y clases desde que me ingresaron. Snape no, es más, estoy segurísima de que hace más sesiones que yo. Así que por favor, no lo animéis a machacarme.
-Vale, vale –le sonrió Lisa-. Tú tranquila, no notarás que estamos aquí.
-A ver si es verdad –suspiró Elyon mirando a su amigo sin mucha convicción, con una ceja levantada.
Se escucharon pasos que se aproximaban. Snape se paró en el pasillo y los miró con desagrado.
-No sé por qué te gusta traer público cuando normalmente eres la que pierde –le dijo con enfado.
-Les debía una clase, y tranquilo que no dirán nada –le aclaró ella.
Snape entró en la sala dejando la puerta abierta.
-Con qué humor se presenta ya… -bufó Lisa.
-Chicos, por favor –les pidió con ojos suplicantes.
-Que sí, calladitos y quietos, no te preocupes más y machácalo. Conviértete en mi heroína –le dijo Johnny con una enorme sonrisa.
Conteniendo la risa entró en el aula.
-Me revienta que siempre estés trayendo a gente –le dijo molesto.
-Como ya he te dicho, les debía a ellos dos una clase. Pero ni una más. No es agradable que luego comenten todos mis fallos y me tiren puyas sobre cómo me has pateado el culo –respondió la semielfa recogiéndose el pelo.
Snape se la quedó mirando un momento. Había olvidado lo guapa que estaba en Defensa cuando se recogía el pelo, sobre todo cuando acaban la clase y tenía las mejillas sonrojadas por el esfuerzo. Sacudió ligeramente la cabeza para dejar de pensar.
-¿Cómo llevas las clases? –le preguntó él quitándose los zapatos.
-Las clases bien, el estudiar… fatal –suspiró ella descalzándose también.
-¿Tus amigos no te están ayudando? –Snape alzó una ceja.
-Sí, y demasiado. Les estoy quitando tiempo de estudio a ellos, y no quiero costarles la nota. Ellos dicen que les va bien para repasar el temario, pero… me siento culpable.
-Si quieres puedo darte clases de apoyo –el chico se encogió de hombros mientras se recogía el pelo.
-¿Tú? ¿El señor no pienso dar ningún tipo de ayuda extra? –se mofó ella estirando los músculos de los brazos.
-Si rechazas el ofrecimiento, simplemente dilo –el chico frunció el ceño con enfado.
-Te agradecería de todo corazón que me ayudaras a preparar mi TIMO –le sonrió ella con toda la dulzura del mundo, acto seguido empezó a correr por la sala-. ¿Te gusta más esa respuesta?
El profesor torció una sonrisa poniendo los ojos en blanco y también empezó a calentar. Minutos más tarde entró Kove, seguido de Lisa, Johnny, Will y Grace. Elyon los miró con sorpresa y enfado. Se acercó a ellos con rapidez.
-¡¿Qué hacéis vosotros aquí?! –les susurró.
-No nos hemos podido resistir –contestó Grace con una sonrisilla-. Y Kove nos ha dejado pasar encantado.
Elyon entornó los ojos. Los señaló con enfado y se llevó un dedo a los labios, dándoles a entender que no quería ni oírlos.
-Solo Tonitini y Atler, ¿no? –se mofó Snape-. Me encanta la autoridad que tienes sobre ellos. Vas a ser una gobernante increíble.
-¡Oh, cállate ya! –le gruñó ella- Como detesto que Kove los deje pasar.
-Siempre viene bien algo de motivación extra –le dijo su maestro acercándose a ellos.
Elyon se apresuró en hacer la reverencia de saludo. Cuando volvió a erguirse, el elfo cogió su rostro entre sus manos, con delicadeza.
-Tienes mucho mejor aspecto que la última vez –le sonrió-. Aunque has perdido peso y músculo.
-Gracias… supongo –contestó la chica.
-No te preocupes, me encargaré de que vuelvas a estar en forma en muy poco tiempo –finalizó Kove colocándose en un lado del tatami.
-Qué lástima no entender nada de élfico –comentó Johnny en un susurro divertido-. Porque con la cara de espanto que acaba de poner Elyon, seguro que hoy va a ser una clase divertida.
Lisa le dio un codazo para que se callara. El comienzo de la clase fue especialmente dura para la joven. Enseguida se quedó sin energía, se sentía pesada y torpe, mientras que Snape seguía fresco como una rosa. Tras el calentamiento Kove hizo que la chica repasara todo lo aprendido hasta la fecha, para comprobar que no había olvidado nada en el último mes.
-Estás rindiendo mejor de lo que me esperaba –le dijo su maestro complacido- ¿Has conseguido recordarlo todo?
Elyon lo miró alzando una ceja. Estaba claro que desde el principio de las clases Kove había sabido quién era ella y que hasta hacía unas semanas le había sido imposible recordar su pasado. Por lo visto también le habían informado de que habían deshecho el conjuro. En parte se sintió traicionada y dolida. Todos a su alrededor habían sabido siempre lo que pasaba, salvo ella.
-Todo no, pero casi. De vez en cuando aún me vienen a la mente cosas nuevas –le respondió con seriedad.
-Bueno, supongo que ya recordarás lo suficiente para poder probar algo nuevo –la joven alzó una ceja-. Todo lo que vemos y aprendemos, se graba en el cerebro. Aunque a veces no logremos recordarlo o no seamos conscientes de ello, se guarda aquí.
Kove puso un dedo en la frente de la chica.
-¿Nunca te has preguntado por qué a veces has sido capaz de hacer hechizos que no deberías conocer, por ejemplo? Eso es porque ya los habías visto hacer antes, y los elfos tenemos la capacidad de absorber ese tipo de conocimientos solo con verlos, aunque obviamente hay que practicar para perfeccionarlos –explicó Kove-. Tú siempre estabas presente en los entrenamientos que realizaba tu padre, él siempre te llevaba para que pudieras aprender desde bien pequeña. Y además, y por desgracia, también estuviste inmersa en el ataque a Imtar, donde sin duda, viste aún más cosas. Todo eso está en tu cabeza, y vamos a tratar de llegar ahí y sacarlo fuera.
La joven lo miró, intento situarlo en sus recuerdos. Su maestro parecía saber mucho sobre ella, pero su rostro nunca le había resultado familiar.
-No creo que puedas recordarme –medio rio Kove-. Apenas nos vimos cuando eras pequeña, y esta cicatriz tras el ataque a Imtar no te ayudará a reconocerme –se pasó un dedo por la cicatriz que tenía desde el lado izquierdo de la nariz, hasta su mejilla derecha-. Bien, ya basta de charla. Severus, quiero que te coloques frente a ella y te prepares, si esto sale bien, puede que hoy seas tú quien pase más tiempo en el suelo.
Snape obedeció, y se colocó frente a la semielfa en posición de defensa. Kove se colocó tras Elyon.
-Quiero que te concentres e intentes recordar a tu padre, que te sumerjas en tus recuerdos y te quedes allí, has de imitarlo, has de ser él –le indicó su maestro.
Inspiró hondo y cerró los ojos. Dejó la mente en blanco. Se sintió como si le arrastrara la corriente de un rio perezoso. Vio a su padre en el jardín de casa. Descalzo. Estaba entrenando con su tío Heon. Ambos estaban serios. Se intercambiaban golpes. Siempre se tomaban las sesiones muy en serio, a ninguno de los dos les gustaba perder. Abrió los ojos, y de alguna manera, podía seguir viendo a su padre, se sentía como unida a él, a sus movimientos, a sus emociones.
Snape la observó con detenimiento. Al mismo tiempo era y no era ella. Había algo diferente en sus ojos, como si realmente no estuviera allí, como si estuviera soñando despierta, al igual que los sonámbulos.
Los movimientos de la chica fueron rápidos y certeros. Sin darse cuenta estaba en el suelo, con un dolor intenso en la pierna izquierda dónde lo había golpeado.
Johnny dejó escapar un gritito de emoción. Kove alzó una mano hacia ellos, sin mirarlos, para que se mantuvieran en silencio. No debían sacarla del trance.
Snape se levantó y se colocó de nuevo frente a ella, listo para defenderse. Kove le tiró una vara de caña y el chico la cogió al vuelo. Elyon hizo lo mismo. Y tras unos segundos de pausa y tanteo, ella volvió a lanzarse al ataque. Lanzó un golpe tras otro, con decisión, sin vacilar. El chico paraba los golpes a duras penas, a pesar de que no atacaba con mucha fuerza, era tan rápida que le costaba reaccionar. Eso sin contar que había cambiado su forma de pelear y no podía saber cuál sería su próximo movimiento. Elyon seguía inmersa en sus recuerdos, que golpe a golpe fueron cambiando, hasta que todo a su alrededor fue humo y fuego. La ira se apoderó de ella. No la dejaba pensar con claridad. Solo quería ver muerto a aquel soldado que había frente a él, que no le dejaba avanzar, envuelto en un traje negro, con la cara cubierta por un casco y un pañuelo negro bordado con una estrella plateada. Su hija estaba unos metros por detrás del soldado que le cortaba el paso, sujetaba el arco en alto intentando proteger a su madre, que no paraba de sangrar. Iba a sacar a su familia de allí, costara lo que costara.
Elyon gritó con rabia y atacó al chico con todas sus fuerzas, golpe a golpe lo hizo retroceder. La vara parecía haberse vuelto parte de ella, la manejaba con soltura y facilidad. Arremetió tal golpe contra el costado de Snape, que los presentes no supieron si el crujido que se escuchó fue de la caña al quebrarse o de las costillas del chico al romperse. Tras ese golpe él soltó la vara, sin poder volver a defenderse. Ella le asestó otro golpe en un lado de la cabeza, aprovechando que el chico se había inclinado. Snape cayó al suelo y allí se quedó, encogido, a la espera de otro golpe. Elyon asió la vara fuertemente con ambas manos, decidida a clavar su arma en el pecho del soldado.
-¡Basta! –le gritó Kove quitándole la caña de las manos.
La semielfa pareció volver en sí, y se alejó de los dos, confusa y desorientada. Snape estaba en el suelo, sujetándose el lado derecho del torso, con gesto de dolor, y le sangraba el labio. Miró a sus amigos, que se habían quedado mudos, con los ojos abiertos de par en par, y Johnny, además, con una gran sonrisa de incredulidad.
-Lo siento… -musitó ella mirando a Snape-. No sé qué ha pasado…
-Te has ido a otro recuerdo –le explicó su maestro-. Hay que practicar más tu concentración para que no vuelva a pasar. Aunque al menos sé que ahí dentro hay material de sobra para mejorar tu técnica.
El elfo ayudó a Snape a levantarse y le tanteó las costillas.
-Solo es una fisura en la séptima y octava –le dijo-. Has tenido suerte, si fuera más fuerte, te las habría partido.
-Que consuelo –gimió él al moverse, tendría que pasar por la enfermería.
-Lo habéis hecho bien, se acabó la clase por hoy –los despidió Kove.
Elyon hizo una pequeña reverencia para despedirse antes de salir de allí seguida de sus amigos.
-¡Mañana en mi despacho tras tu última clase suplementaria! ¡Y no te retrases! –le dijo Snape.
Ella alzó una mano para darle a entender que lo había oído.
-¿Sería mucho pedir que me explicaras qué ha pasado? –le dijo el chico al elfo.
-Ha saltado de un recuerdo a otro. Ten en cuenta que es legeremante, por lo que no solo recuerda las imágenes, sino también las emociones de todos los que la rodeaban al no poder controlarlo. Además, Elyon es especialmente sensible a las emociones de los demás. Desde pequeña siempre ha sabido quién estaba triste, tenía miedo o quería hacerle daño. –le explicó-. Las emociones hacen que sea más fácil enlazar, por similitud, un recuerdo con otro, y para las clases de Defensa es un problema. No había contado con ello, lo siento.
-No tanto como yo –gruñó el chico al sentarse e intentando ponerse los zapatos, las costillas le ardían-. Si a los elfos les es tan fácil aprender ¿Por qué el padre de Elyon no le enseñó a defenderse durante los años que estuvieron escondidos? Le habría venido bien.
-Nada le habría gustado más a Lizalos –Kove se sentó junto a él-. Pero no se atrevió por si los descubrían.
-¿Cómo los iban a descubrir por enseñar a su hija a dar un par de golpes? –Snape frunció el ceño.
-Como espero que sepas, la magia siempre deja un rastro, y la magia élfica deja un rastro muy particular, fácil de seguir para los rastreadores expertos. Elyon es la última descendiente de las Grandes Familias, lo que corre por sus venas es magia pura, era muy joven e inexperta cuando la ocultamos, cualquier estímulo podía hacer que usara la magia sin querer, y un poder como el suyo los habría descubierto en el acto, había muchos rastreadores tras ellos. Por eso apenas la dejaban salir de casa, y escogieron un pueblo lo suficientemente pequeño para poder saber qué pasaba en él, pero al mismo tiempo lo suficientemente grande para que no se preste atención a los recién instalados. Al principio pensaron en cambiar a menudo de casa, pero eso solo habría acarreado más preguntas de Elyon, y la sensación de no tener un hogar – Kove suspiró con pesar-. No te haces una idea de lo difícil que fue para Lizalos dejar de usar la magia. Para nosotros es como dejar de respirar, es negarnos a nosotros mismos. Pero con tal de proteger a su familia, se habría recortado las orejas y empezando a vivir como un muggle por el resto de su vida sin pensarlo.
Ambos se quedaron en silencio. Snape empezaba a entender lo que le había dicho Dumbledore aquella vez. La infancia de Elyon no había sido fácil con un ambiente familiar siempre tenso, siempre alerta. Por mucho que se quisieran, era difícil ser feliz así.
-Pero sí, es una lástima… si Lizalos hubiera podido enseñar a Elyon, ahora sería una guerrera formidable, como lo fue él –Kove dibujó una sonrisa triste.
Luego le dio una palmada en la espalda al chico mientras se levantaba. Snape ahogó un gemido de dolor.
-Vete a la enfermería –se despidió.
El chico no sabía si alegrarse o no del trato más cercano que tenían últimamente Kove y él. Le daba verdadero pavor hacer o decir algo que pudiera molestarle, haciendo que su maestro sintiera que había traicionado su confianza, y que el elfo se lo hiciera pagar con creces.
…..
Elyon subió las escaleras de las mazmorras con paso ligero. Estaba confusa, no sabía muy bien qué había pasado en la clase. Pero tenía un nudo en el estómago, mezcla del remordimiento por haber lesionado a Snape, y angustia por haber vuelto a revivir el ataque a Imtar.
-¡Frena un poco! –le gritó Johnny.
Ella los esperó en el hall del castillo.
-¿A qué ha venido eso de mañana en el despacho? –Grace frunció el ceño- ¿Te va a castigar por haberle ganado?
-¿Qué? ¡No! –respondió Elyon- Se ha ofrecido a ayudarme con el TIMO, para dejaros más tiempo libre a vosotros para que podáis prepararos los vuestros.
-Estás de coña –Lisa alzó una ceja incrédula.
-No, no lo estoy.
-Tú sigue golpeándolo así en la cabeza, a ver si consigues que el año que viene nos aprueba a todos por la cara –rio Johnny.
-Oye que no tiene gracia, le he fisurado dos costillas –lo cortó ella molesta- ¿Es que no lo habéis escuchado?
-Elyon, por si no te has dado cuenta, os habéis pasado toda la clase hablando en élfico –le dijo Will con calma.
-Yo quiero que me enseñes, así para la próxima me enteraré de lo que decís –le pidió el hufflepuff.
-¿Próxima? ¿Qué próxima? Te dije que solo una clase –Elyon se cruzó de brazos con enfado.
-¡Pero no vale! ¡Grace y Will ya van por la segunda! –se quejó el chico.
-¡Porque se han colado! –aclaró ella.
-Pues entonces enséñame élfico para que entienda lo que decís cuando me cuele en otra clase –Johnny se encogió de hombros.
La semielfa suspiró con hastío y empezó a subir las escaleras de mármol.
-¿Elyon, qué te pasa? –la llamó Grace preocupada- La clase te ha ido muy bien, mejor que la otra que vimos.
-Eso, tú restriégamelo –gruñó el tejón.
Lisa le dio un codazo para que se callara.
-No, no ha ido bien ¿Es que no me escucháis? ¡Casi le parto dos costillas a Snape! Va a tener que ir a la enfermería.
-¿Y? –Lisa la miró confusa- Es una clase de técnicas de lucha, estas cosas pasan. Y los huesos rotos se arreglan en un santiamén.
-No, nunca había ocurrido, Kove se encarga de que ninguno acabe en la enfermería.
-No es solo por eso que estás alterada, ¿verdad? –le dijo Will.
Elyon se dejó caer en los escalones y se llevó las manos a la cara con cansancio.
-Es por lo que me ha hecho hacer Kove… me ha hecho recordar… a través de mi padre… -susurró ella.
-¿Eso se puede hacer? –Grace la miró sorprendida.
-Por lo visto sí… Cuando golpeaba a Snape no lo veía a él, veía a uno de los elfos que se habían aliado con Voldemort –sus amigos se estremecieron al escuchar ese nombre-. Y sentí la rabia que sintió él… lo habría matado de no ser por Kove.
-Sí, lo notamos al ver esa cara de psicópata que has puesto –comentó Johnny, que intentó imitar su expresión.
Elyon rio.
-Ya sabes que puedes hablar con nosotros cuando lo necesites… Bueno, con ese zumbado de ahí te recomiendo que no –Will señaló a su amigo con un gesto de cabeza-. O acabarás peor.
La chica sonrió como agradecimiento y se levantó.
-Bueno, ¿pero vas a enseñarme élfico o no? –insistió el hufflepuff.
-Pero que pesado eres –suspiró ella subiendo las escaleras-. A ver cuando te sacas otra novia…
-¿Me estás proponiendo una cita? –sonrió el chico dando saltitos.
La semielfa rio negando con la cabeza.
…..
Vaciló un momento antes de llamar a la puerta del despacho. Pero finalmente golpeó la madera con los nudillos.
-Pasa –escuchó decir desde el interior.
Ella abrió la puerta y encontró a Snape sentado en su escritorio acabando de corregir unos trabajos.
-Si interrumpo vengo más tarde –le dijo.
-Ya estoy acabando –contestó él escribiendo algo en el pergamino.
Luego lo dejó a un lado, en un montón, y se levantó para mover la silla, situada frente a él, a su lado. Elyon miró a su alrededor, a las estanterías llenas de tarros.
-¿No podríamos hacer la clase en otro sitio? Como en el aula de Pociones o la biblioteca –propuso la joven.
-Aquí estaremos más calientes y cómodos –él levantó la cabeza y se fijó en como miraba Elyon a su alrededor- ¿Tanto te incomoda la decoración?
-No me gusta estar rodeada de bichos muertos metidos en líquidos de colores –contestó con una mueca de asco-. Es bastante repulsivo.
-Al final te acostumbras –Snape se encogió de hombros.
-¿No todos son tuyos? –la semielfa alzó una ceja.
-Yo solo he aportado unas cuantas cosas a la colección, como hicieron los que me precedieron. Venga siéntate, si no los miras, ellos no te mirarán a ti.
Elyon lanzó una mirada de enfado a su profesor. Él rio al ver su expresión.
-No tiene gracia –le dijo acercándose a la mesa y dejando su bolsa llena de libros en el suelo junto a ella.
-¿Qué has traído? ¿Media biblioteca? –se mofó él.
-Los libros y apuntes, no sabía por dónde querrías empezar.
-Empezaremos por una de las asignaturas que más se te atraganta. Saca el libro de Herbología.
Snape descartó los temas y puntos que veía menos probables que aparecieran en el examen, y la ayudó a hacer esquemas para resumir y memorizar el contenido realmente importante. Las horas pasaron volando, y antes de mandarla a dormir, le dio a Elyon un permiso para poder estar fuera de la cama a deshora hasta el final del TIMO, por si se topaba con Filch.
-Tienes suerte de que aún me acuerde de mi TIMO –le dijo mientras la chica recogía sus cosas.
-Pues tienes una memoria prodigiosa, porque de eso tiene que hacer siglos –rio ella.
Snape entrecerró los ojos, con enfado, pero dejando entrever una sonrisa.
A la mañana siguiente sus amigos no tardaron en abordar el tema de las clases de apoyo de Snape, aunque no de la forma que ella esperaba.
-¡No seas mala! ¿De verdad no me los vas a dejar copiar? –Grace se enfurruñó-. Nosotros te hemos echado una mano, no te vuelvas ahora desagradecida.
-No es eso, no quiero que Snape se cabree porque os paso los esquemas que él me ha ayudado a hacer –se defendió ella.
-Vaya gilipollez ¡Lo va a pensar igualmente me los prestes o no! –insistió la pelirroja.
Elyon suspiró y se los pasó, al fin y al cabo tenía razón.
Después de dos semanas, su estrés ante la proximidad de los exámenes aumentó, y al mismo tiempo, se incrementó la confianza en sí misma. Snape la había ayudado a filtrar todo el temario de primer a quinto curso, de manera que le era fácil de comprender y memorizar. No entendía por qué los profesores ponían tanto empeño en complicar las cosas.
Ambos se sobresaltaron cuando llamaron a la puerta. Esta se abrió y Zelda entró con una gran sonrisa de autosuficiencia, que se borró en el acto al ver allí a la semielfa.
-¡Oh! Veo que esta noche también estás ocupado –dijo la mujer molesta.
Elyon miró de soslayo a Snape.
-Me puedo ir si quieres, creo que por hoy… -comenzó a decir ella mientras Zelda torcía una sonrisa.
-Estás a dos semanas de los exámenes, así que no vas a moverte de esta silla hasta que yo lo diga –le contestó el chico levantándose de la suya.
Snape salió del despacho haciéndole un gesto a la mujer para que lo siguiera. Zelda cerró la puerta al salir.
Elyon escuchó como empezaban a discutir. Una parte de ella quería saber qué pasaba entre esos dos, pero recordó lo que pasó la vez que su profesor la pilló escuchando a escondidas, y no quería repetir la experiencia. Así que intentó hacer oídos sordos a la conversación y se dispuso a seguir con los esquemas. Fue a mojar la pluma, pero solo escuchó el golpe de la punta contra el cristal. Al levantar la vista vio que su tintero estaba vacío. Resopló con fastidio, y acto seguido miró a su alrededor, Snape debía de tener tinta en alguna parte. No vio ningún bote encima de la mesa ni en las estanterías cercanas. Soltó un pequeño gruñido. Abrió el primer cajón del escritorio, pero solo encontró pergaminos garabateados, trabajos de alumnos de primero a juzgar por la poción que describían. En el segundo creyó tener más suerte, había pergaminos sin escribir y plumas nuevas. Removió las hojas para ver si encontraba algo de tinta. En vez de eso encontró una fotografía algo arrugada. Una mujer pelirroja y de ojos verdes le sonreía desde ella. Le resultaba familiar… se acordó de la noche en que murieron sus padres. Esa mujer era la madre de Harry Potter, la amiga de Remus y Sirius. Lily. La recordó tendida en el suelo, con los ojos sin vida abiertos de par en par, junto a la cuna de su hijo, al que había intentado proteger ¿Qué hacía Snape con una foto suya? ¿Esa había sido su pérdida? ¿Por lo que él también se entristecía el mismo día que Elyon se acordaba de la muerte de sus padres?
Escuchó el pomo de la puerta girar. Se apresuró a dejar la foto en el cajón, bajo los pergaminos, y lo cerró con rapidez.
-A veces la mataría con mis propias manos –gruñó su profesor al entrar en el despacho.
-Si maldices en élfico, recuerda que yo también lo entiendo –le dijo ella con una sonrisa torcida.
Snape la miró de mal humor.
-¿Qué hacías? –le preguntó.
-Buscar algo de tinta, he dejado seco el tintero y no he traído otro –le contestó mostrándole el tarro vacío.
El chico se acercó a una de las vitrinas y sacó un bote nuevo de tinta.
-Gracias -le sonrió ella cuando lo dejó en la mesa.
Snape se sentó a su lado y cerró los ojos inspirando hondo. Obviamente Zelda había conseguido ponerlo de mal humor y estaba intentando calmarse. No moverse de la silla había sido sin duda la mejor idea que había tenido en mucho tiempo, se dijo a sí misma mientras terminaba el esquema.
…..
La mujer se quedó con la palabra en la boca cuando Snape volvió a entrar en su despacho. Apretó los labios con enfado. Apenas habían coincidido en el último mes y mucho menos habían podido intercambiar un par de palabras, todas en un tono muy tosco por parte del chico. Y ahora que por fin estaba de vuelta en el colegio, no hacía más que darle largas. Desde que había vuelto, siempre estaba ocupado, normalmente en compañía de la dichosa semielfa. La exacerbaba que últimamente ya ni la mirara, solo tenía ojos para aquella criaja de dieciséis años. Qué ganas tenía de que se enterara que se estaba acostando con su queridísimo "hermanito mayor", pero sabía que debía esperar un poco más si quería disfrutar con la reacción de la chica. Si no fuera porque conocía a Snape y su dichoso orgullo e integridad, pensaría que se estaba beneficiando a su alumna, o al menos, intentándolo. Pero lo que realmente le molestaba, lo que más la sacaba de quicio, es que cada vez que discutían, cuando él perdía los nervios, acababa gritándole en élfico, sin darle la oportunidad a ella de contestar las frases que ni siquiera entendía.
…..
La mañana del domingo se sentaron bajo el haya del colegio a esperar a Remus mientras seguían estudiando. El chico le había enviado a Elyon una nota el día anterior, diciendo que quería contarles algo. De no estar tan próximo el TIMO, se habrían pasado todo el día haciendo conjeturas sobre qué sería eso que les tenía que contar.
Estaban tan absortos en los temarios, que no se percataron de la presencia de Remus.
-Sabía que estabais en plena campaña pre-TIMO, pero creo que esto es un poco exagerado –les dijo el chico con una sonrisa torcida.
Los cinco alzaron la cabeza a la vez ligeramente desorientados.
-¡Hola! –saludaron todos al unísono.
El chico se sentó junto a Elyon mientras todos recogían sus apuntes.
-¿Cómo lo lleváis? –les preguntó.
-Lo llevamos –suspiró Grace-. No veo el final de esta tortura.
-Madre mía, no recordaba el TIMO tan estresante –rio Remus.
-Yo solo quiero que se acaben ya. Voy a llegar a tener taquicardia crónica –gimió Lisa.
-Tenéis que calmaros. Para cuando os deis cuenta ya habréis hecho vuestro último examen y habréis conseguido la nota que necesitáis –les dijo con una sonrisa tranquilizadora-. Y si no, tampoco es el fin del mundo.
-Y eso nos lo dice alguien que llegó sobrado a su nota, seguro –Will alzó una ceja con mofa.
Remus los miró con culpabilidad.
-Bueno, se acabó hablar del TIMO y del futuro –anunció Johnny desperezándose- ¿Qué es eso que nos tenías que contar?
-Espero que sean buenas noticias –Grace se mordió el labio nerviosa.
El licántropo los miró nervioso, creyó que le sería más fácil decírselo en persona que por carta, pero ahora no estaba tan seguro. Inspiró hondo.
-He conocido a alguien –soltó a bocajarro.
-¿De verdad? –Elyon dibujó una pequeña sonrisa.
-Sí –Remus se pasó una mano por el pelo con nerviosismo.
-¿Hace cuánto? –preguntó Lisa.
-Pues… poco después de San Valentín. Bueno, la conocí en San Valentín pero no me atreví a quedar con ella hasta semanas después.
-¡Por Merlín! ¡De eso hace siglos! –exclamó Johnny- ¿Cuándo tenías pensado decírnoslo?
-Cuando estuviera seguro de que la cosa iba en serio –se limitó a contestar el chico sonrojándose ligeramente.
El hufflepuff soltó una risotada grave y miró a Remus con complicidad.
-¡Al fin nuestro pequeño Remus se ha hecho un hombre! –exclamó con felicidad.
Acto seguido Johnny recibió un codazo de Will en las costillas y luego Remus lo empujó con fuerza haciendo que cayera al suelo. El licántropo se sonrojó sobremanera. Las chicas se miraron entre ellas, prefiriendo ignorar lo que acababa de ocurrir.
-¿Dónde fuiste después de Hogsmeade para conocerla? –quiso saber Lisa.
-A ninguna parte, la conocí en Las Tres Escobas, trabaja en la oficina de correos.
-¿Y es guapa? –le preguntó Johnny frotándose las costillas doloridas.
-Mucho… y dulce y simpática –añadió él.
-Joder, estás bien pillado –le dijo el tejón-. Se te pone la misma cara de idiota que a Will al hablar de Lisa.
Esta vez fue Grace quién le dio una patada para que se callara.
-¿Y sabe que eres un licántropo? –Elyon lo miró preocupado.
-Sí, y no le importa en absoluto.
La semielfa lo abrazó con fuerza y le dio un gran beso en la mejilla.
-Me alegro mucho por ti –le dijo-. Ya era hora de que te pasara algo bueno.
-¿Y cuándo nos a vas a presentar? –quiso saber la pelirroja.
-Cuando llegue el momento… y podamos cuadrar horarios –rio él.
No consiguieron sonsacarle nada más al licántropo sobre esa misteriosa mujer que lo había conquistado. Antes de que el chico se fuera temprano aquel día para que ellos pudieran seguir estudiando, Elyon le pidió hablar con él en privado.
-¿Es algo de lo que deba preocuparme? –le preguntó Remus cogiéndole de las manos.
-No, tranquilo –le sonrió ella-. Verás… el otro día…
Elyon se torció el meñique hacia atrás, no sabía cómo preguntárselo sin que el licántropo se entristeciera.
-¿Lily y Snape se conocían? –quizá había sido demasiado directa.
-Sí, fueron amigos un tiempo. Inseparables más bien –respondió él con más entereza de la que Elyon esperaba- ¿A qué viene esa pregunta?
-Encontré en su despacho una foto de Lily… -musitó ella, se sentía mal por estar desvelando los secretos de su profesor- Y sentí curiosidad.
-Es una historia larga… -Remus suspiró profundamente-. Se conocían desde pequeños, vivían en el mismo pueblo. Luego comenzaron Hogwarts y los colocaron en Casas distintas, aunque eso no impidió que siguieran pasando mucho tiempo juntos. Pero tras una pelea con James y Sirius… Snape acabó pagándolo con Lily, y no volvieron a hablarse más. Ahora que lo pienso, fue algo triste.
Elyon recordó lo que le contó Snape cuando sus amigos y Mark vieron sus orejas. "Sangre Sucia" pensó ella. Era un insulto realmente horrible para dirigirle a un amigo de toda la vida.
-¿Y a qué venía toda esa rivalidad entre Snape y vosotros? –preguntó la semielfa.
-No lo sé… James y Sirius eran… revoltosos, les gustaba alborotar y molestar a la gente, y yo no ponía especial ahínco en controlarlos. A veces creo que la fijación por Snape fue por culpa de James. Siempre le había gustado Lily, y no entendía por qué era amiga de alguien como él. Supongo que tenía celos. Decía que Snape, aunque no lo admitiera nunca, siempre había estado enamorado de ella. Y Sirius por su parte encontró un entretenimiento fácil, ya que no tenía muchos más amigos que Lily, así que cuando no estaba con ella, estaba solo. "Una presa fácil" solía decir él. Snape siempre ha tenido mal genio, así que era fácil llevárnoslo a nuestro terreno.
-¡Eso es cruel! –se indignó ella- ¿Cómo pudo acabar Lily con alguien que se había pasado años acosando a su mejor amigo y que además se cargó su mistad con él? ¿Cómo alguien puede acabar con una persona a la que le encanta hacer daño a los demás?
-Porque maduramos, y dejamos de armar jaleo. Bueno… a Sirius le costó un poco más.
-Ahora entiendo por qué te tiene tanta tirria, y no lo culpo –suspiró ella-. No sé cómo pudiste dejar que se ensañaran con el más débil.
-No te confundas. Snape nunca fue débil. Cuando entró en Hogwarts sabía tanto sobre Artes Oscuras como un alumno de séptimo. Inspiraba miedo y aversión a muchos compañeros –le dijo él, molesto por la acusación-. Siempre ha sido como es ahora. No te crees una idea equivocada de él. Nosotros no lo convertimos en el monstruo que es, ya nació así.
-Snape no es ningún monstruo –Elyon lo miró con enfado y los dientes apretados, levantando la voz más de lo necesario.
-Bueno, da igual, ahora miro atrás y me avergüenzo de muchas de las decisiones que tomé, y lo mismo le pasó a James, Sirius y Peter –Remus cambió el rumbo de la conversación, no quería discutir con ella sobre lo idiota que había llegado a ser en su adolescencia-. Lily me dijo por carta, unos días antes de morir, que había convencido a James para que se disculpara con Snape, porque a ella, después de tantos años, le seguía doliendo la ruptura de su amistad y quería arreglarlo, quería que su mejor amigo volviera a su vida. La pobre pensaba que él era una buena persona que había errado el camino.
Elyon sintió una enorme congoja en el pecho.
-¿Snape lo sabe? –le preguntó ella casi en un susurro.
-¿Cómo lo va a saber? Lily murió antes de que pudiera volver a ponerse en contacto con él –el licántropo suspiró-. Me tengo que ir ya, vendré a veros tras el TIMO para que me contéis cómo os has ido.
La despidió con un beso en la mejilla. Ella se quedó allí clavada. Y tuvo ganas de llorar. Ganas de llorar por Snape. Por mucho que dijera Remus que no, sí que habían ayudado al joven a que tomara ese camino. Le habían amargado la vida hasta que consiguieron dejarlo solo, a merced de las malas influencias, de las malas decisiones, del camino fácil. Y lo peor es que la persona más importante de la vida de Snape había muerto sin poder decirle que le perdonaba, que nunca lo había odiado realmente.
…..
Aquella tarde diluviaba. Se había tenido que refugiar de la cortina de agua en la entrada de la única taberna de la calle. Aquello al final le había venido bien. Desde allí podía vigilar la entrada y salida de los funcionarios del Ministerio mientras fingía tomar algo.
-Maldito pirado, ¿dónde te has metido? –farfulló impaciente.
Él y Alastor habían quedado allí hacía media hora, para cazar al topo que Snape había descubierto aquel día en el bar del Callejón Knockturn. Pero aún no había aparecido, y Fineas Higgins estaba a punto de acabar su jornada. Él solo podía encargarse de ello, pero Dumbledore le había pedido encarecidamente que aceptara ayuda, por si la cosa se complicaba. Un rayo iluminó la calle, dibujando sombras extrañas, acto seguido, un trueno hizo temblar los cristales de la taberna.
Las rejas negras que llevaban a los lavabos por donde entraban los funcionarios del Ministerio se abrieron. Fineas Higgins abrió su paraguas para protegerse de la lluvia y echó a andar.
-Maldita sea –gruñó Snape.
Con disimulo sacó la varita del interior de su cazadora. Se levantó el cuello de esta y siguió al hombre por la acera de en frente, a cierta distancia, para evitar que el mago se percatara de que lo seguían. Un hombre alto y con el rostro cubierto bajo la capucha de su chaqueta le salió al paso en uno de los callejones. Fineas se paró en seco frente a él. Snape entró en una cabina telefónica y cogió el auricular. Desde allí podía vigilarlos sin llamar la atención y sin mojarse. Estaba calado hasta los huesos. El hombre con la capucha entró de nuevo en el callejón, y tras unos segundos de duda, Fineas lo siguió.
-¡Joder! –rugió Snape.
Con un movimiento de varita, la punta de ésta brilló plateada unos segundos. Cruzó los dedos para que Alastor hiciera caso al mensaje de su Patronus incorpóreo.
Salió de la cabina con rapidez y cruzó la calle esquivando los coches. Los conductores le pitaron e insultaron con enfado. El callejón estaba oscuro, pero le dio tiempo a ver, solo durante unos segundos, al hombre de la capucha. Debía de rondar los dos metros, su pelo castaño y largo asomaba por la capucha, bajo la cual pudo distinguir el brillo de su mirada y un pañuelo negro que le cubría el rostro, bordado en plata tenía el dibujo de una estrella. El hombre percató de la llegada del joven, soltó a Fineas, el cual estaba acorralado contra la pared, y despareció. El funcionario se desplomó en el suelo llevándose una mano al lado izquierdo del cuello. Snape corrió hacia él. Se le encogió el corazón. La sangre fluía con rapidez, manchando su ropa. Se apresuró en ayudar al hombre a taponar la herida de su cuello.
-¿Quién ha sido? ¿Quién está detrás de todo esto? –le dijo intentando mantener la calma.
-Lo… siento… yo… -gimió el mago con lágrimas en los ojos-. Mi familia… por…
Su voz sonó encharcada.
-¿Qué estáis planeando?
-Mi f-f-f-familia –gorgoteó Fineas.
-¡Responde maldita sea! ¡¿Qué estáis planeando?! –le gritó el joven apretando la herida con fuerza, pero la sangre seguía escapando entre sus dedos.
Alastor apareció entonces por el callejón y corrió hacia ellos.
-¡¿Qué coño ha pasado?! –le gritó al chico.
-¡Responde! –insistió Snape sin prestar atención al auror.
-Lo siento… yo no… -gimió el hombre.
-¡No te mueras! –le exigió el joven.
La sangre dejó de correr con cada latido, los brazos del hombre cayeron pesados junto a su cuerpo, y su cabeza cayó hacia delante.
-¡No, no, no! –Snape cogió el cuello de la chaqueta de Fineas y lo zarandeó-. ¡Responde!
-Está muerto –Alastor lo separó del cuerpo del funcionario.
El chico se levantó y gritó con rabia. Un trueno resonó en la ciudad. Luego le dio un puñetazo a una de las paredes de ladrillo.
-¿Por qué no te calmas y me dices qué ha pasado? –le dijo el auror con seriedad.
-¡Se suponía que ibas a aparecer hace media hora, para evitar que esto pudiera ocurrir! –le gritó Snape.
-¡Que te relajes, joder! Así no ayudas a nadie, ¿Y tú eres agente doble? –le espetó Alastor de mal humor.
El chico inspiró hondo.
-Fineas salió a la hora de siempre. Lo seguí. Y al paso le salió un hombre, muy alto, calculo que próximo a los dos metros. Estuvieron hablando en la calle y luego entraron aquí. Para cuando crucé la calle ya lo había apuñalado y se había esfumado.
-¿Conseguiste verlo?
-No muy bien. Era castaño, y tenía el pelo largo… y llevaba un pañuelo negro con una estrella plateada, para cubrirse la cara.
-Mierda… -musitó Alastor suspirando cansancio-. Esto no va a acabar nunca…
El auror examinó el cuello de Fineas. Una solo herida punzante, limpia y certera en la yugular.
-Ha sido un elfo, ¿verdad? –le dijo Snape.
-Sí…
-Hay que avisar al Ministerio. Va a pasar algo, pronto. Están limpiando su rastro, eliminando cabos sueltos. Si los elfos están respaldando a los mortífagos la guerra podría volver a comenzar…
-¿Por qué te crees que he llegado tarde? Había conseguido reunirme con Scofield, el Jefe de Aurores, para que extremen la seguridad, pero es cabezota y no quiere escuchar…
-¡Tenemos una prueba! –se exasperó el chico.
-¡No tenemos una mierda! –le gritó Alastor-. ¡Míralo bien! Solo tenemos a un funcionario muerto sin varita ¿Sabes qué dirán? Que fue un atraco para vender la varita en el mercado negro ¡Eso tenemos! ¡Un maldito asalto que salió mal!
-Ningún atracador corriente apuñalaría a alguien así –le discutió Snape.
-Eso házselo entender a Scofield –le dijo el auror con la mirada sombría-. Y tú no puedes testificar ¿Un exmortífago que aparece justo en la escena de un crimen en el que se ha asesinado a un funcionario? Acabarás como Black, con suerte. Albus y Elyon no podrán cubrirte las espaldas como pasó con él. Fudge no volverá a ser tan tonto.
-¿Y entonces qué? ¿Se acabó? ¿Volvemos al punto de partida? –Snape lo miró con el semblante abatido.
-No del todo. Ve con Malfoy, sé su sombra, a ver si te enteras de algo más, si alguien ha hecho amistad con los Sublevados. Al menos sabemos que ahora el que mueve los hilos es inteligente, y tan peligroso como Quien-Tu-Sabes.
El chico hizo inspiró con cansancio y frustración.
-Hora de largarse. A ninguno de los dos deben encontrarnos aquí –dijo Alastor- ¡No! ¡Socorro! ¡Ayuda!
El auror tiró al suelo un par de cubos de basura metálicos armando un escándalo audible por encima del ruido de la tormenta. Acto seguido ambos se desaparecieron, era mejor que el cuerpo lo encontraran muggles.
Al menos en Hogwarts no llovía. El silencio del lugar, en comparación con el ruido de la tormenta y la ciudad, le resultó inquietante. Se apresuró en llegar al castillo. Estaba empapado, no podía dejar de tiritar. Sus manos y ropa aún tenían los restos de sangre que la lluvia no había podido limpiar. Apenas había entrado en su habitación cuando llamaron a la puerta. "Por favor que no sea Zelda" pensó de mal humor.
-¿Quién es? –preguntó sin abrir.
-Vengo a por el informe –le respondió la voz afable del director.
Snape abrió la puerta. La expresión serena del director cambió al ver el aspecto del chico y la sangre en su ropa.
-Malas noticias –se limitó a contestar dejándole pasar.
Dumbledore esperó a que el joven se pusiera ropa seca y se limpiara los restos de sangre. Cuando se lavó las manos, vio las consecuencias de haber golpeado la pared de ladrillo. Los nudillos de su mano derecha estaban magullados, y le dolían al cerrar el puño.
Seco, caliente y limpio. Se sentó frente al anciano para explicarle lo ocurrido.
-Sé que va a pasar algo, y me niego a quedarme de brazos cruzados –finalizó él.
-Por el momento no podemos hacer mucho más –suspiró Dumbledore-. Solo seguir recabando información y estar atentos.
Snape se llevó las manos a la cara.
-¿Y si todo vuelve a empezar? –murmuró en voz baja.
-Estaremos preparados para luchar, como siempre lo hemos estado –intentó animarlo el director.
"¿Y Elyon? ¿También estará lista? ¿O tendrá que volver a desaparecer?" pensó él.
…..
Aquella era la última clase de Pociones antes del TIMO. Snape la hizo esperar al acabar la clase.
-No voy a poder darte más clases de apoyo.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Porque yo también tengo vida después de clase, y la he estado aplazando mucho. Estás más que preparada para el TIMO, no te pongas histérica y todo te irá bien –le dijo-. Aunque eres una histérica por naturaleza así que no se yo…
-Ten cuidado con esa vida después de clase, ¿vale? –le respondió ella preocupada.
Se mantuvieron la mirada unos segundos. Elyon había visto en los ojos de su profesor que algo no iba bien.
-No me pasará nada, te lo aseguro, no quiero que Kove la tome conmigo –le respondió con un suspiro de hastío.
La semielfa torció una sonrisa, divertida. Antes de salir por la puerta se giró un momento.
-Muchas gracias por ayudarme, de verdad. En cuanto acabe los exámenes vendré a decirte qué tal me han ido –se despidió risueña.
Snape la vio marchar. Estaba preocupado por ella. Algo se estaba fraguando, y su instinto le decía que no debía perderla de vista.
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-¿Elyon, te encuentras bien? –le preguntó Lisa.
-Sí… estoy algo dispersa –respondió ella.
-¿Algo? Llevas media hora mirando la misma página.
La joven le quitó importancia con un ademán. Había visto en los ojos de Snape algo que la había inquietado. Había sentido su preocupación y nerviosismo. Estaba pasando algo, y como siempre, la estaban dejando al margen.
…..
La noche anterior al TIMO, el caos se adueñó de las Salas Comunes, ningún alumno de quinto se quería ir a dormir sin repasar un poco más. Y más de uno había tenido que pasar por la Enfermería presa de un ataque de ansiedad.
En el desayuno apenas probaron nada, tenían el estómago cerrado. Tras él, los alumnos se apiñaron en el vestíbulo a la espera del comienzo del primer examen. Entre ellos, Elyon vio a un chico rubio, peinado con un tupé. Miraba alrededor con hastío y mal humor.
-¡¿Es Mark?! ¡¿Qué hace aquí?! –Grace lo miró indignada.
-Creo que ha venido solo para hacer el TIMO –les dijo Will-. Creo que Dumbledore se ha apiadado un poco de él.
-Es un blando –se quejó Johnny.
-Sí, salvo conmigo por lo visto –gruñó Elyon.
Su mirada se topó con la de Mark, y este le guiñó un ojo, desafiante. Ella apartó la vista con asco.
Al poco tiempo, un mago bajo y rechoncho, que hacía recordar a un barril, salió del Gran Comedor y los fue llamando uno a uno, a la vez que les decía dónde debían sentarse. La primera de ellos en entrar fue Lisa. Elyon le apretó la mano para darle ánimos, el resto levantó los pulgares con una gran sonrisa en señal de que todo iría bien. De los cinco, la semielfa fue la cuarta en entrar, dejando solo a Johnny en el vestíbulo, junto al resto de alumnos nerviosos. Él en contraste, estaba sonriente y respiraba con tranquilidad.
Elyon se sentó en el pupitre asignado. Ninguno de sus amigos se giró en su silla. Estaban tensos y muy quietos. En su mesa había tres pergaminos, uno de ellos era la hoja del examen, colocada boca abajo. Inspiró hondo dejando la mente en blanco, sentía un zumbido incómodo en los oídos, fruto de los pensamientos nerviosos de sus compañeros. Recordó la voz de Snape: "Estás más que preparada para el TIMO". Ella sonrió. Si él lo creía, era porque podía hacerlo. Sintió que la presión de su pecho disminuía. No iba a decepcionar a su profesor.
McGonagall dio por comenzado el primer examen al dar la vuelta a un enorme reloj de arena colocado donde solía estar la mesa de los profesores. Todos dieron la vuelta a la hoja, y durante las siguientes dos horas solo se escuchó el rasgar de las plumas sobre el pergamino.
Los exámenes se fueron sucediendo uno tras otro. Y Elyon y los demás se trasladaron el resto de la semana a la Sala de los Menesteres, donde podían estar tranquilos y ayudarse a repasar el temario de los exámenes que aún no habían realizado. El más difícil para Elyon, fue el de Defenda Contra las Artes Oscuras. Fue el primero que realizó frente a un tribunal. Sintió que todos aquellos magos la estaban juzgando por ser quién era, por no ser del todo humana. Algunos incluso la miraron con desaprobación. Ella decidió mirarlos sin verlos, y olvidar dónde se encontraba realmente. Realizó todos los ejercicios, y opinó que Snape se sentiría orgulloso de ella al ver cómo había mejorado desde que empezó las clases el curso pasado. Cuando acabó, algunos de los magos del tribunal le preguntaron si sería capaz de realizar alguno de los conjuros sin varita. McGonagall salió en su ayuda alegando que se estaba evaluando su habilidad según las enseñanzas de Hogwarts, y que si querían puntuar algo así, primero deberían realizar ellos mismos el ejercicio. La profesora miró con complicidad a la joven cuando los funcionarios dieron por acabado el examen en ese momento. Para su siguiente examen con tribunal, decidió recogerse el pelo en una coleta alta, mostrando sus orejas, para dejarles claro que estaba orgullosa de ser quién era y que no se avergonzaba de ello.
-¡Por fin libres! –exclamó Johnny tumbado en el césped, disfrutando del cálido sol de primavera.
-Ha sido una semana horrible ¡No quiero volver a repetirla! –dijo Grace.
-Pues aún te quedan los finales de séptimo –le recordó Will.
-Bueno… pero tengo dos años aún para mentalizarme –la pelirroja se encogió de hombros.
-Para mí lo horrible es no saber la nota hasta julio –resopló Elyon.
-¡Chicos alegrad esa cara! ¡Se acabaron los exámenes y las clases por este año! –rio el hufflepuff.
-Que bien nos vendría ahora una salida a Hogsmeade. Me hincharía a dulces y cerveza de mantequilla –suspiró Lisa.
-Deseo concedido –sonrió Will, volcando su mochila sobre el césped, sacando un montón de dulces y botellas.
-Eres el mejor –le dijo la morena besándolo con cariño.
-¡Uggg! –Grace dibujó una mueca de asco- ¡Iros a un motel!
Lisa le sacó la lengua y volvió a besar a Will. Luego se unió a sus amigos, que ya se habían abalanzado a por los dulces y la cerveza.
Tras la cena Elyon bajó a las mazmorras para darle las gracias a Snape. Llamó a la puerta del despacho con suavidad. No recibió respuesta, tal vez no estaba allí. Solo por si acaso volvió a llamar.
-Zelda déjame en paz, esta semana estoy ocupado. Así que ni tengo tiempo, ni me apetece –escuchó que gritaban desde el interior- ¿En qué puto idioma te lo hago entender? ¿En sirenio?
La puerta se abrió. Elyon se lo quedó mirando sin saber muy bien cómo reaccionar.
-Ah, eres tú ¿Qué quieres? –le dijo tirante.
-Hola –lo saludó ella con tono quedo.
Snape entornó los ojos de mal humor.
-Estoy ocupado –le dijo.
-Sí, ya lo he oído –murmuró ella.
-¿Y? –el chico alzó una ceja, impaciente.
-Venía a darte las gracias por ayudarme en el TIMO, me han ido muy bien y…
-Mejor dame las gracias en julio, cuando recibas las notas y sepas que no la has cagado –le dijo cerrando la puerta en sus narices.
Elyon se quedó frente a la puerta cerrada unos segundos, descolocada por la reacción del profesor. A pesar de que ya lo conocía, le seguía pareciendo increíble que pudiera volverse tan borde en solo unos pocos días. Se fue de allí dolida.
-Menudo gilipollas –musitó.
Mientras subía las escaleras escuchó pasos detrás de ella. Tal vez Snape había decidido pedirle disculpas. Efectivamente, el profesor subió las escaleras a paso ligero, envuelto en una capa de viaje. Pasó junto a ella sin mirarla y desapareció de su vista al llegar al piso superior. Cuando ella llegó al hall, vio como las puertas del colegio se cerraban. La joven frunció el ceño, algo iba mal, ya no le cabía duda alguna.
…..
A la mañana siguiente los alumnos de quinto disfrutaban de su primer día libre hasta fin de curso, por lo que tenía casi tres semanas para disfrutar del sol y el campo verde. Por desgracia ese día el cielo se escondía de forma intermitente tras unas nubes que amenazaban tormenta. Aunque eso no impidió a los jóvenes pulular a sus anchas por el colegio y alrededores hasta la hora de la comida.
-A todos los alumnos –el eco de la voz de McGonagall inundó cada rincón del castillo-. Reúnanse de inmediato en el Gran Comedor. Las clases se suspenden hasta nuevo aviso.
Todos los alumnos obedecieron en el acto. Los pasillos se llenaron de murmullos e inquietud. Elyon se sentó en la mesa Gryffindor, sus amigos tomaron asiento junto a ella.
-¿Qué pasa? –Lisa los miró con preocupación.
Todos los allí sentados se encogieron de hombros. Will le cogió la mano y se la apretó para tranquilizarla.
Elyon miró a su alrededor. Podía escuchar los murmullos, la preocupación, sentir el nerviosismo de los alumnos, el miedo creciente. Se acordó de la cancelación de las clases de apoyo y la mala reacción de Snape. Había pasado algo, en alguna parte. Algo horrible.
-Elyon –la llamó Johnny en un susurro- ¿Tú sabes algo de esto?
Ella negó con la cabeza, con lentitud, sin mirarlo, muy seria ¿Dónde estaba el profesorado? En ese momento entró Dumbledore por la puerta lateral situada tras la mesa de los profesores. Estaba muy serio y abatido. Se colocó frente a sus alumnos, y juntó las manos.
-Hoy es un día triste, un día gris. Hoy hemos recordado que la guerra aún no ha acabado del todo –los alumnos se mantuvieron quietos. Will apretó con más fuerza la mano de Lisa-. Esta mañana un grupo de mortífagos sin identificar ha asaltado el Ministerio de Magia. Un asalto que por desgracia ha costado varias vidas.
Johnny perdió el color en las mejillas. Grace le frotó la espalda para calmarlo.
-Ya verás que tu abuelo está bien –le susurró.
-La alerta ahora es máxima, por lo que os agradecería que no abandonarais el interior del castillo hasta que se arroje más luz sobre lo ocurrido. También pido tranquilidad. Recibiréis noticias e información a medida que nos vaya llegando –inspiró hondo-. Ahora pediría que los alumnos a los que nombre, me acompañen un momento. David Freeman, Adam Right, Carol Carter…
Los alumnos se fueron levantando pálidos y temblorosos. Conteniendo el llanto.
-Johnny y Andy Tonitini -prosiguió el director.
Elyon miró a su amigo con horror. Estaba blanco y le temblaban los labios, estaba aterrado. Fue incapaz de levantarse.
-Tranquilo, ¿vale? Todo irá bien –le dijo Elyon cogiéndole la mano-. Mírame Johnny.
El chico la miró con los ojos brillantes.
-Respira hondo y no te agobies –le aconsejó ella-. Están llamando a todos los alumnos que tienen algún familiar en el Ministerio, eso no quiere decir que por fuerza les haya pasado algo malo.
Johnny asintió torpemente. Andy llegó hasta ellos, tan pálido como su hermano mayor. Cogió al hufflepuff de la mano y se lo llevó con él.
-Merlín –musitó Lisa conteniendo el llanto.
Elyon se levantó de golpe y salió corriendo del Gran Comedor ante la mirada atónita de todos, bajó las escaleras hacia las mazmorras y saltó el último tramo de escalones. Aporreó sin miramientos la puerta del despacho de Snape. Nadie abrió la puerta, nadie respondió. Siguió golpeando la puerta con rabia hasta que se hizo daño. Solo entonces cesó. Y lloró en silencio apoyando la frente en la madera. Escuchó el susurró de la tela tras ella y se giró sobresaltada.
Snape la miraba pálido y ojeroso. Cansado. Derrotado. Con un brillo febril en los ojos. Ella lo observó con rabia sin parar de llorar.
-Dime que no tienes nada que ver con esto ¡Por favor! –sollozó ella.
-Lo siento… de verdad –gimió él al borde del colapso.
