Nota Autora: las conversaciones escritas en cursiva son conversaciones en élfico, he tenido que redactarlo así porque no he encontrado ningún traductor y escribirlo con la gramática es increíblemente complicado.
5º Curso. Capítulo 11
Apenas sabía cómo había conseguido volver al castillo. Estaba mareado, todo a su alrededor zozobraba, como si estuviera en el interior de un barco sacudido por una tempestad. Veía fragmentos, destellos, de lo que había pasado esa noche. Pañuelos negros, estrellas brillantes, inclinados sobre él, murmurando con voces graves que hacían eco en su cabeza. También veía destellos de momentos pasados, recuerdos que iban y venían.
Caminaba con paso tambaleante, apoyando una mano en la pared solo para asegurarse de que seguía en pie. Al alzar la vista la vio frente a la puerta de su despacho, golpeándola con rabia. Entonces se giró y vio su rostro bañado en lágrimas, contraído por el dolor y la rabia.
-Dime que no tienes nada que ver con esto ¡Por favor! –sollozó ella.
-Lo siento… de verdad –gimió él, intentando enfocar bien su rostro.
Obviamente el ataque se había llevado a cabo, y por desgracia, con mucho éxito, a juzgar por su reacción. Entonces sintió un horrible aguijonazo en la cabeza, se mareó y cayó contra la pared.
Elyon lo vio desplomarse sobre el muro y resbalar hasta el suelo con un gemido de dolor, llevándose las manos a la cabeza.
-¡Snape! –corrió hasta el chico y se arrodilló a su lado, preocupada.
-Llama a Albus… mi cabeza… hay algo… en mi cabeza… sublevados –gimió él, que volvió a encogerse de dolor cuando sintió otro aguijonazo en su cerebro-. Que venga Kove… o Torlok… ¡Sacadlo de mi cabeza!
-Vale… vale –acertó a decir ella-. No te muevas, traeré ayuda.
Salió corriendo escaleras arriba. No estaba segura de encontrar al director tras el ataque al Ministerio, y mucho menos si él acudiría. Se paró un momento para pensar con claridad. Si Dumbledore se había reunido con todos los alumnos que tenían un familiar en el Ministerio, tenía que estar en la Sala de Profesores.
Llamó con nerviosismo a la puerta. McGonagall apareció por ella y la miró con preocupación.
-Necesito al profesor Dumbledore, ahora –se apresuró a decir.
-Elyon… el director está ocupado ahora mismo… -le dijo con calma, tenía los ojos brillantes y tristes.
-Es Snape. Le han hecho algo, en la cabeza. Dice que necesita a Dumbledore, o a Kove o a Torlok. Está muy mal –suplicó ella-. Ha dicho algo de sublevados.
Los ojos de la bruja se abrieron de par en par, y se apresuró en entrar de nuevo en la estancia, dejando la puerta abierta. Elyon vio a muchos de sus compañeros, sus familiares estaban allí y todos lloraban en mayor o menor grado. Localizó a Johnny al final de la sala, llorando amargamente abrazado a su madre. Podía escuchar su llanto desde la puerta, por encima del resto de sus compañeros.
Sintió que algo se le desgarraba por dentro. Ver así a su amigo… tan frágil, llorando sin consuelo mientras sus padres y su hermano intentaban calmarlo también entre lágrimas. Ella empezó a llorar, por él, por todos sus compañeros y sus familias. Tenía el desagradable presentimiento de que era culpable de todo aquel sufrimiento.
-Elyon, llévame hasta el profesor Snape –le dijo el director con urgencia- ¡Elyon!
La joven se giró sobresaltada volviendo a la realidad. Mientras corrían de camino a las mazmorras, el director sacó del interior de su túnica una pequeña moneda de plata, con un agujero en el centro. Se lo acercó a los labios y murmuró algo. Cuando llegaron al despacho de Snape, el chico no estaba.
-Le dije que esperara aquí –la semielfa miró a su alrededor confusa y preocupada- ¡Tendría que estar aquí!
Dumbledore comenzó a andar con paso rápido pasillo abajo, casi a la carrera. Elyon se apresuró en seguirlo. Encontraron al joven tirado en el suelo, junto a una puerta, hecho un ovillo y sujetándose la cabeza con fuerza. El anciano se agachó junto a él para comprobar su estado.
-¡Sácalo de mi cabeza! ¡Por favor! ¡Sácalo! –gimió el joven.
-Elyon, ayúdame a moverlo –le pidió el director.
La semielfa obedeció sin rechistar, pero en cuanto tocó a Snape, vio caras sobre ella, semicubiertas por pañuelos con estrellas plateadas, y un desagradable escalofrío recorrió su espalda e inundó su pecho. Se alejó con rapidez, a trompicones.
-¿Qué pasa? –Dumbledore la miró preocupado.
-No lo sé… hay algo mal en él, en su mente –musitó ella, que se sacudió involuntariamente para deshacerse de esa desagradable sensación.
Dumbledore puso una mano en la frente del chico y cerró los ojos. A los pocos segundos la retiró como si estuviera tocando algo al rojo vivo.
-¿Qué le pasa? –preguntó ella exasperada.
-Algún tipo de magia antigua –se limitó a contestar, sin poder ocultar su preocupación creciente-. Vas a tener que ayudarme igualmente, yo solo no puedo moverlo. No así como está, y no quiero utilizar magia. Podría ser contraproducente.
Ella asintió. Snape no dejaba de gemir y retorcerse. Con esfuerzo lo pusieron en pie y entraron en la habitación del chico. Era la primera vez que Elyon entraba allí, y la encontró bastante austera en comparación con el despacho. Solo había dos butacas frente a la chimenea apagada, un armario con estantes y puertas de cristal que contenía diversos libros y objetos personales, un armario de madera oscura y una mesita de noche colocada junto a la cama con dosel, enclaustrada en un hueco de la pared. Dejaron al chico en ella.
-¡Basta! –gritó Snape sufriendo una brusca convulsión- ¡Sácamelo!
Hubo un estallido plateado en la chimenea. Kove había aparecido en ella, y lo acompañaba Torlok.
-¿Cómo está el chico? –su maestro de Defensa se acercó a la cama sin ni siquiera mirar a Elyon.
-Mal… es magia que desconozco –el director se retiró para dejar sitio a los recién llegados.
-Chico, mírame ¿Qué ha pasado? –Kove chasqueó los dedos frente al rostro de Snape, para que abriera los ojos.
Los tenía rojizos y brillantes, parecía que le costaba ver lo que había a su alrededor. El joven cogió con rapidez la muñeca de su maestro y la apretó con fuerza.
-¡Sácalo ya! –rugió él antes de que su espalda se curvada con un grito de dolor- ¡Por favor!
Torlok se apresuró en colocar sus manos en las sienes del joven, cerró los ojos y se concentró. Snape ahogó un grito de dolor justo cuando el elfo retiró sus manos como si la piel del chico ardiera.
-¡Es un gusano! –exclamó asombrado y horrorizado a partes iguales.
Kove corrió hasta Elyon, que lloraba de impotencia. La cogió del brazo y la sacó al pasillo.
-Tienes que irte, no puedes estar aquí.
-¡No puedo dejarlo así! ¡¿Qué le pasa?! –gritó ella entre lágrimas.
-Te lo explicaré en clase, pero ahora no.
-¡No! ¡Nunca me contáis nada! –Elyon intentó entrar de nuevo en la habitación- ¡Sé que está así por mi culpa y quiero ayudar!
-¡No puedes ayudar! –le espetó Kove- Aquí no. No debes estar cerca de él ahora. Te prometo que te explicaré todo lo que quieras, pero en clase.
La semielfa lo miró con la mandíbula apretada.
-Tus amigos te necesitan más que Severus. Ve con ellos –insistió el elfo suavizando su tono de voz.
-¿Me lo prometes? –sollozó ella.
-Te lo prometo –él alargó el brazo.
La semielfa hizo lo mismo, y su maestro cogió su antebrazo con fuerza. La joven lo imitó.
Cuando la puerta se cerró, tardó unos segundos en moverse. Se sentía desbordada. El Ministerio, Johnny, Snape… parecía como si todo su mundo fuera a desmoronarse de nuevo de un momento a otro.
…..
Cuando Kove volvió a entrar en la habitación vio que habían conjurado una camilla en medio de la habitación, y que habían colocado al chico en ella. Dumbledore rebuscaba algo en el armario, finalmente sacó un cinturón negro de piel.
-Muérdelo, esto te va a doler –le dijo Torlok a Snape.
El joven obedeció cuando el director le colocó el cinturón en la boca.
-Sujetadlo bien –les dijo el sanador a Kove y Dumbledore-. Que se mueva lo menos posible.
El elfo se colocó en la cabeza de la camilla e inspiró hondo. Cuando comprobó que los dos hombres tenían bien cogido al chico, acercó las manos a las sienes del muchacho y apretó con fuerza sus dedos sobre ellas.
Snape sintió un doloroso calambre que le recorrió toda la columna, haciendo que se retorciera. Kove y el director utilizaron toda su fuerza para mantenerlo tumbado. Las imágenes de sus recuerdos pasaban ante él de forma caótica, algunas con más rapidez que otras. Cada vez que un recuerdo se ralentizaba, sentía un fuerte aguijonazo, y luego un dolor ardiente, como si le estuvieran arrancando parte del cerebro. Se sacudió bruscamente, mordiendo el cinturón, que ahogaba sus gemidos y gritos. Sintió algunas lágrimas recorrer su rostro. El dolor no cesaba, no le daba tregua, sentía como sus fuerzas se agotaban. No podía más, sabía que iba a desmayarse de un momento a otro.
-Vamos, no te rindas ahora –le dijo Torlok-. Aguanta.
El sanador siguió hurgando en sus recuerdos, buscando. Snape vio el rostro pecoso de Lily, ella le sonreía por encima del libro de Historia de la Magia, le decía que no desistiera, que solo tenía que hacer un último esfuerzo con el TIMO, y luego se acabaría el curso y podría irse a vivir con ella y su familia los dos últimos años escolares, y así librarse de su padre y sus palizas de una vez por todas.
-¡Lo tengo! – exclamó el elfo triunfante.
Comenzó a separar los dedos de las sienes de Snape. Pegado a sus yemas había una sustancia viscosa y verde, que parecía ir saliendo de las sienes del chico.
El joven sintió como si le arrancaran algo del interior de su cabeza, algo que se resistía a ser retirado, que se esforzaba en mantenerse en su sitio. Con un último grito de angustia, el dolor cesó de golpe. Snape se giró en la camilla y vomitó. Kove le dio un par de golpecitos tranquilizadores en la espalda.
Torlok sacudió sus manos con asco para retirar el pringue de sus dedos. Este cayó al suelo con fuerza, espeso y pegajoso. A los pocos segundos, aquella sustancia empezó a reptar por el suelo, hasta reunirse toda en un mismo lugar y tomar forma. Un gusano verde avanzó varios centímetros por el suelo, dejando tras de sí, finos hilos del mismo color. Finalmente la criatura se estremeció y perdió su forma como si se derritiera, y luego se evaporó sin dejar rastro.
-¿Qué coño era eso? –preguntó Snape limpiándose los labios con el dorso de la mano, se sentía débil y mareado.
-Algo que hacía muchísimo tiempo que no veía –respondió Torlok-. Un conjuro de magia negra muy poderoso, y vulgarmente conocido como "gusano". Es un conjuro de control mental. El gusano entra en la mente y se adhiere a un recuerdo, luego va creciendo a medida que se alimenta del resto. Consume la mente y convierte al infectado en un títere, que maneja el conjurador a través de un prisma vinculado al gusano. De forma que además puede ver y oír todo lo que ve y oye el títere. Alguien pretendía que el Protector se convirtiera en espía y esclavo.
-¿Y nadie se percata de que la persona no se comporta igual? – Dumbledore miró a Torlok con algo de incredulidad.
-El gusano aprende a imitar al huésped a medida que consume los recuerdos, convirtiéndose en una copia prácticamente exacta –el elfo entró en el baño para lavarse las manos-. Este tipo de magia no se realiza así como así. Es increíblemente complicada, quien lo ha conjurado es un elfo poderoso y con mucho conocimiento arcano.
-¿Estás seguro de que no ha sido un mago? –preguntó el director con un suspiro de cansancio.
-Completamente. Lo más parecido que puede hacer un humano es la maldición que Elyon lleva en el brazo, y como habrás comprobado, es muy fácil de bloquear. El gusano, una vez adherido, no se puede extraer, no sin causar daños cerebrales.
Torlok salió del baño volviéndose a colocar las mangas de la camisa.
-Me sorprende que no haya conseguido adherirse a tu mente –le dijo a Snape-. Has aguantado mucho. Cuanto más se resiste el huésped al gusano, más doloroso se vuelve el proceso.
-Tiene un gran control en Oclumancia –sonrió el director.
-Y una gran tolerancia al dolor –Snape intentó ponerse en pie, pero todo le dio vueltas.
Torlok sonrió.
-Menos mal que los sublevados subestiman a los humanos. Esta vez su arrogancia ha jugado a nuestro favor. Estoy seguro que se llevarán una sorpresa cuando vean que el Protector de Elyon no se convertirá en su juguete –Kove soltó una carcajada socarrona, más tranquilo.
-Igualmente, no debería acercarse a Elyon hasta que Heon lo haya revisado bien. Es el mejor en Legeremancia. No quiero arriesgarme a que haya quedado una pequeña parte del gusano y vuelva a crecer –el sanador volvió a su expresión seria pero tranquilizadora.
-¿Eso quiere decir que no podré salir de aquí? –Snape lo miró molesto.
-Exactamente. De todas maneras necesitas descansar y recuperarte, o no aguantarás la sesión con Heon.
El chico resopló con fastidio.
-No necesito a otro elfo hurgando en mi mente.
-Eso nos da igual, no pondremos en peligro a Elyon solo porque no te guste quedar expuesto mentalmente –le dijo Kove con dureza-. Lo harás, por las buenas o por las malas, y te aconsejo que sea por las buenas.
-Le diré a Heon que venga pasado mañana –se despidió Torlok.
-¿Es necesario aplazarlo tanto? –Dumbledore quería zanjar aquello cuanto antes, para evitar más riesgos.
-Su mente necesita descansar. Si lo intentáramos hoy mismo o mañana… no me hago responsable de las consecuencias.
Con una pequeña reverencia, el sanador desapareció por la chimenea envuelto en un estallido plateado.
…..
Elyon entró en la Sala de los Menesteres secándose las lágrimas de las mejillas. Sus amigos estaban sentados en el sofá. Tanto Lisa como Grace tenían los ojos rojizos. Will permanecía un poco más sereno, mientras apretaba con fuerza la mano de la pelirroja, y frotaba la espalda de Lisa, que apoyaba la cabeza en su hombro.
La semielfa se sentó frente a ellos.
-¿A dónde has ido? –le preguntó el chico preocupado.
-A intentar averiguar una cosa –musitó ella con voz aun temblorosa.
-¿Y? –Grace la miró, a la espera de una respuesta, a ser posible buena.
-El abuelo de Johnny… -no pudo seguir, se acordó del chico llorando sin consuelo, y se derrumbó.
Grace también rompió a llorar, se levantó y abrazó a su amiga.
-Es culpa mía –sollozó.
-Boba, no ha sido culpa tuya, ha sido mala suerte –le dijo Lisa.
-El ataque ha sido por mí, lo sé… no puedo explicarlo… pero lo sé –se abrazó a Grace con más fuerza-. Esa gente ha muerto por mi culpa…
-Elyon no te tortures sin razón –Lisa se agachó junto a ella y le puso una mano en la pierna-. Simplemente la guerra no ha acabado del todo.
Pero ella sabía que aquello no era cierto. Había visto a aquellos elfos enmascarados en el recuerdo de Snape. Llevaban los mismos pañuelos que los elfos que habían atacado a los suyos en Imtar. Los elfos sublevados. Ellos estaban detrás del ataque al Ministerio. Pero no tenía forma de explicárselo a sus amigos, no sin mencionar la tapadera de Snape y desvelar su pasado, y en lo que solía andar metido.
Alguien llamó a la puerta y la abrió. Andy se asomó al interior, estaba muy pálido, parecía haber perdido toda la energía que el chico solía irradiar.
-¿Johnny está aquí? –preguntó casi en un susurro.
-No, pensábamos que estaba contigo –Lisa lo miró preocupada.
-Estaba… pero ha salido corriendo y ahora no lo encontramos… pensé que estaría aquí con vosotros –Andy los miró haciendo un gran esfuerzo por no romper a llorar.
-Tranquilo, vamos contigo a buscarlo –Will sonrió para calmarlo mientras se levantaba del sofá.
La familia de Johnny lo había buscado en su Sala Común, la biblioteca, el patio de prácticas de vuelo… No estaba en ninguno de sus lugares habituales, así que se separaron para cubrir más terreno. Elyon se asomó a uno de los ventanales de la lechucería, desde allí podía ver gran parte de los terrenos de Hogwarts, la cabaña de Hagrid, el campo de quidditch… la joven se apresuró en ir al escobero y coger una de las Barredoras.
El estadio estaba desierto, reinaba un silencio absoluto, ni siquiera se oía el viento. Sentado en uno de los aros había un chico rubio y de pelo revuelto, que enterraba el rostro en sus rodillas. Elyon montó en la escoba y dio una fuerte patada al suelo para elevarse. Se acercó a Johnny con cuidado para no sobresaltarlo, no quería que se cayera del aro.
-Por fin te encontramos –le susurró ella con una pequeña sonrisa.
El chico ni se inmutó y siguió con el rostro entre sus rodillas.
-Lo… lo siento mucho, de verdad –insistió la semielfa.
Johnny levantó ligeramente la cabeza y la miró. Estaba llorando en silencio. Elyon apretó los labios para que no la contagiara.
-Deberías volver, están todos muy preocupados.
-No puedo volver… no quiero volver... –musitó con un hilo de voz-. No soportaré ver que ya no está…
La semielfa inspiró hondo.
-Él siempre va a estar contigo.
-Ni siquiera pude despedirme… -gimió Johnny-. No pude decirle…
Unas lágrimas traicioneras recorrieron el rostro de Elyon.
-Te aseguro que aun habiendo tenido todo el tiempo del mundo, no le habrías podido decir nada que él no supiera ya –sonrió ella.
-Pensé que siempre estaría conmigo, que podríamos trabajar juntos en el Ministerio ¡Teníamos tantos planes! –su voz se quebró y empezó a llorar con amargura- Y ya no está… no está…
Elyon se sentó en el aro junto a él, y lo abrazó con cariño.
-Me ha dejado solo… ¿A quién voy a pedirle consejo ahora? –sollozó abrazándola también- ¿Quién me va a ayudar siempre que lo necesite?
-Johnny, tu abuelo siempre va a estar aquí –le puso una mano en el pecho, sobre el corazón-. Y de alguna manera siempre te guiará, te hará saber qué es lo correcto, y te protegerá.
El chico la miró a los ojos.
-¿Cómo lo haces? –le susurró.
-¿El qué? –Elyon alzó una ceja.
-Ver la luz en el túnel… la vida solo te ha quitado cosas y aun así…
-Me levanto y sigo andando –le sonrió ella-. Es lo que querría la gente que hemos perdido, que sigamos adelante y que vivamos, con la cabeza bien alta.
El chico negó con la cabeza y una sutil sonrisa.
-Eres impresionante… siempre consigues que los demás se sientan mejor.
-Control mental, amigo –rio ella secándose sus propias lágrimas-. Recuerda que soy legeremante.
Johnny volvió a abrazarla.
-De verdad que no quiero volver a casa –suspiró él.
-Pero tienes que volver. No va a ser fácil asimilarlo, eso te lo aseguro. Tendrás muchas recaídas y algunos días se te harán cuesta arriba. Pero una mañana te levantarás y al pensar en tu abuelo ya no llorarás, simplemente te acordarás de todo lo bueno que compartisteis.
El chico la soltó, más tranquilo. Luego fijó su mirada en el castillo, que se alzaba majestuoso sobre el lago.
-Mi abuelo murió salvando a sus compañeros de departamento. Consiguió sacarlos a todos, pero el suelo se hundió antes de que él pudiera salir, y se lo tragó, quedó atrapado bajo los escombros. El piso lo aplastó, pero el humo del incendio lo dejó inconsciente y apenas sufrió. Dicen que cuando lo encontraron tenía apretado contra el pecho una fotografía que llevaba siempre en la cartera. La que nos hizo mi madre a los dos cuando él me enseñó a volar en escoba por primera vez.
Elyon miró a su amigo con los ojos inundados de lágrimas, pero no lloró, porque Johnny no lo hizo al contarle aquello.
-Murió como un héroe. De mayor voy a ser como él, te lo aseguro –el chico sonrió con determinación-. Haré que siga estando orgulloso de mí.
La semielfa le frotó el brazo con cariño y una media sonrisa.
…..
-Estábamos todos reunidos, con las túnicas y las máscaras de mortífago como se nos pedía en la nota –Snape miraba el suelo mientras relataba lo que recordaba de la noche anterior-. Entonces se presentaron los sublevados. Nos inspeccionaron de arriba abajo, y nos separaron en dos grupos. Uno se quedó dónde estaba, y al resto nos hicieron pasar a otra sala. Nos dieron de beber de unas copas y empezamos a desmayarnos uno tras otro. A partir de ahí todo es confuso.
-¿Tú bebiste? –Dumbledore lo miró y alzo una ceja, incrédulo.
-No tuve alternativa –suspiró recostándose en la butaca-. Había tres sublevados que no me quitaban la vista de encima. Si no hubiera bebido por las buenas… supongo que lo habría acabado haciéndolo a la fuerza.
-Ya ni siquiera se toman la molestia de ocultarse –resopló Kove, de pie junto a Snape-. Y eso me preocupa.
-¿Crees que el resto de los que estuvimos allí lleva ahora un gusano? –el joven lo miró con seriedad.
-Lo dudo. No se tomarían tantas molestias con humanos que obedecen con una simple nota. Tú eres diferente, eres el Protector de Elyon. Era una buena oportunidad para controlarte y que así, llegado el momento, les entregaras a la última descendiente.
-¿Y qué quieren de ella? –el chico no lograba comprenderlo- Se supone que se unieron al Señor Tenebroso para liberar a su pueblo, dudo mucho que ahora quieran doblegarlo para conseguir su libertad. No tiene sentido.
-Con Elyon en su poder los sublevados tendrían una posición de poder para forzar a Azrael a hacer lo que ellos quieran –Kove gruñó con frustración, frotándose los ojos con la mano derecha.
-¿Y el ataque al Ministerio? –Dumbledore miró al elfo con preocupación- ¿Alguna hipótesis?
El hombre negó con la cabeza.
-No veo ningún motivo lógico o evidente.
-¿Por qué no nos enviaron a todos al ataque? ¿Por qué separarnos y dejarnos inconscientes? –Snape miró a su maestro con curiosidad.
-Solo mandas a los mejores a una escaramuza así -respondió su maestro-. Los más rápidos, hábiles y certeros ¿Para qué enviar a soldados que pueden ser atrapados con facilidad y que se hundirán en los interrogatorios? En cuanto a drogaros… así es más fácil separaros. Las instrucciones se dan individualmente y no sabéis quién más ni cómo va a participar.
Snape alzó una ceja. Obviamente los elfos eran mucho más concienzudos y perfeccionistas que el Señor Tenebroso. No les gustaba dejar cabos sueltos.
-¿Nadie se extrañó de que los elfos estuvieran al mando? ¿Ningún mortífago se mostró contrario a trabajar para ellos? -Dumbledore miró al chico alzando una ceja.
-No pudimos hablar, pero tengo la sensación de que no saben que trabajan para ellos, están convencidos de que es un mortífago el que está al mando -el joven se encogió de hombros-. Iré a hacerle una visita a Malfoy para averiguar más.
El director asintió con seriedad.
…..
Johnny finalmente accedió a irse a casa con su familia, para pasar el duelo con sus padres y hermanos.
Durante la cena, reinó un silencio sepulcral en el Gran Comedor. Los alumnos que tenían familiares que habían resultado heridos o muertos durante el ataque, se habían ido a casa. Elyon comía a desgana, seguía desbordada por todo lo sucedido. Y para colmo aún no sabía nada de Snape, que tampoco había aparecido para cenar. Eso aumentó su preocupación.
Antes de volver a su Sala Común, decidió ir a ver al profesor, no podía esperar a la clase con Kove. Una vez delante de la puerta vaciló, una cosa era ir a verlo a su despacho, y otra bien distinta presentarse en su habitación. Llamó suavemente con los nudillos.
-¿Quién? –escuchó la voz de Snape al otro lado.
-Hola, he venido a ver cómo estabas –le dijo ella.
-No deberías estar aquí –le dijo el joven.
-No podía esperar a que Kove o Dumbledore se dignaran a decirme algo –la chica se encogió de hombros.
Snape sonrió y apoyó la frente en la puerta. Le encantaría poder abrirla.
-Estoy mejor. Pero me tienen en cuarentena hasta nuevo aviso. Te convendría no venir por aquí –le dijo con desgana.
-¿Me convendría o me lo prohibís? –Elyon puso una mano en el pomo de la puerta, luchando por no abrirla.
La respuesta tardó un par de segundos en llegar.
-Estarás más segura si te alejas de mí.
Elyon bajó la vista con pesar.
-No quiero alejarme de ti –musitó.
Se sonrojó sobremanera al darse cuenta de lo que acababa de decir.
-¡Eres mi Protector, debería ser al revés! –se apresuró a decir ella, cruzando dedos porque el chico no hubiera oído el comentario anterior.
-Solo serán unos días –insistió el chico-. Disfruta de tu libertad. Mientras no salgas del castillo, todo irá bien.
-¿Y cómo darás las últimas clases si se reanudan? –la joven se mofó de él- ¿Vas a aprobar a todos tus alumnos y ya?
-Más quisieran ellos –resopló de mal humor.
-Estás demasiado pluriempleado –suspiró Elyon-. Solo los problemas que tengo y que acabas arreglando tú, ocupan gran parte de tu tiempo.
-Eso díselo a Dumbledore –gruñó el chico.
-¿Y con cuál de los tres empleos te quedarías si lo convenciera de que tanta responsabilidad no es buena para ti? –la semielfa torció una sonrisa.
-No sabría decirte… profesor, espía o canguro… si pudiera elegir… -Elyon esperó la respuesta, expectante- Con ninguno de los tres.
Escuchó reír a la chica al otro lado de la puerta. Por supuesto que se quedaría con uno de los tres, pero no podía decírselo, no en voz alta.
-¿Cómo están tus amigos? –el tono del chico se volvió sombrío.
El silencio de Elyon fue la peor respuesta que podía haber recibido.
-Johnny ha perdido a su abuelo –contestó finalmente con pesar-. Murió salvando a sus compañeros de departamento… la madre de Allyson está ingresada con pronóstico reservado… el tío de Jonathan está en coma… la hermana mayor de Sara también ha muerto… otros compañeros han tenido más suerte… solo heridos leves… y de otros… no lo sé…
-Tenía las piezas para evitar esto –gimió Snape con el pecho atenazado por la culpa-. Se me escapó la última, la tuve tan cerca… de verdad que lo siento.
-Lo intentaste, eso es más que suficiente.
-Intentarlo no salva vidas.
Elyon apretó con más fuerza el pomo de la puerta, quería abrirla, mirarlo a los ojos y decirle que había hecho todo lo que había estado en su mano. Pero que a veces por mucho que uno lo intente, las cosas no salen bien.
-Deberías irte –le dijo al fin el chico-. Por el momento soy peligroso para ti.
-Pero…
-Adiós.
La joven se quedó frente a la puerta, sabía que el chico seguía allí. Pero no volvió a decirle nada.
Escuchó los pasos de la semielfa avanzar por el pasillo, alejándose de allí. Apoyó su espalda en la puerta y se dejó caer hasta acabar sentado en el suelo. Suspiró con cansancio. Parecía que cuanto más empeño ponía en hacer las cosas bien, peor le salían. Tenía que esforzarse mucho para no tirar la toalla y volver a ese odioso pero fácil camino que escogió años atrás.
…..
Llegó, como siempre, pronto a su clase de Defensa. No había nadie allí. Se descalzó y comenzó a calentar. Aquella iba a ser una clase extraña, solo Kove y ella.
Su maestro no tardó en aparecer. Estaba más serio de lo habitual, y traía al hombro un fardo largo y voluminoso. Cuando lo dejó en el suelo, produjo un ruido metálico. Elyon hizo la habitual reverencia de saludo y él se la respondió.
-Estás dispersa, demasiadas cosas en la cabeza –le dijo el elfo con seriedad-. Céntrate solo en una.
Ella asintió, con expresión triste. Kove suspiró y se sentó en el suelo. Con un ademán, le indicó que se sentara frente a él.
-Supongo que querrás tus respuestas.
-Quiero saber qué pasó –se limitó a decir ella.
Su maestro empezó a relatarle con calma lo que le había pasado a Snape, y por qué no podía acercarse a él hasta que se aseguraran que estaba limpio.
-Conozco bien a Snape. Si en algún momento se comportara de manera extraña, me daría cuenta –respondió ella.
-Eso dicen todos los que han estado cerca de un infectado. Muy pocos perciben el cambio, y si lo hacen, lo achacan a un mal día –Kove se encogió de hombros-. Pero no vamos a correr riesgos.
-Estoy harta de que los demás sufran por mí –musitó ella.
-En época de guerra la gente sufre. Y por desgracia tú estás en medio para desequilibrar la balanza. No te sientas responsable, no es culpa tuya. Esto se acabará cuando consigamos descubrir qué traman los sublevados… hasta entonces, lo único que puedes hacer es seguir entrenando cuerpo y mente. Volverte más fuerte, lista y sabia. Así serás capaz de enfrentarte mejor al peligro y preverlo, evitando muchos daños colaterales.
Elyon suspiró. Aquello era fácil de decir, pero la joven seguía sintiendo que era culpable de todo aquello, que era tóxica, provocando que todos a los que quería sufrieran de un modo u otro. Que tal vez lo mejor sería desaparecer del mundo.
-Bueno, creo que ya ha llegado el momento de que aprendas a usar armas reales. Tienes que estar preparada para cuando los sublevados den el siguiente paso –Kove alargó el brazo y atrajo hacia si el fardo, lo abrió y sacó de él dos espadas cortas y dos lanzas.
-¿No deberíamos esperar a que Snape pueda entrenar con nosotros? –preguntó ella alzando una ceja.
-¿Cómo sabes que él no ha estado practicando ya?
Elyon torció una mueca. Entonces era verdad que su profesor hacía más clases de Defensa a la semana que ella. Kove cogió las lanzas para comenzar, ya que era lo más parecido a las cañas con las que habían practicado hasta el momento. La tranquilizó al enseñarle que las armas eran mágicas, diseñadas para que se usaran solo durante el aprendizaje, ya que los filos se volvían intangibles al contacto con la piel, dejando solo una sensación de frío en la zona donde supuestamente te habría herido de haber sido un arma convencional.
Elyon tardó un poco en acostumbrarse al peso de la lanza, pero una vez hubo encontrado su punto de equilibrio, le resultó muy fácil de manejar, aunque no por ello consiguió vencer a Kove. Ni siquiera cuando pusieron en práctica el luchar usando como base los recuerdos que ella tenía de su padre. Al menos esa vez consiguió mantenerse en el mismo recuerdo, sin saltar de uno a otro.
De camino a su Sala Común, estuvo a punto de ir a ver a Snape. Pero seguramente él ni le respondería para cumplir el aislamiento, e igualmente Kove le había dicho que al día siguiente vendrían a hacerle una revisión, y que si la superaba, podría volver a hacer vida normal.
…..
Tardó un tiempo en darse cuenta de que llamaban a la puerta. Se levantó a desgana, aún adormilado. Vio en la mesilla de noche el desayuno que le habían dejado los elfos domésticos. Cogió la manzana y empezó a comérsela de camino a la puerta.
-¿Quién? –preguntó con la boca llena.
-Buenos días, Severus –le dijo Dumbledore.
El chico abrió dándole un fuerte mordisco a la fruta.
-Que aproveche –sonrió el director.
Snape asintió con la cabeza, como agradecimiento.
-Por lo que veo, te has pasado estos dos días prácticamente durmiendo –el anciano miró alrededor.
Snape era pulcro y ordenado, sin embargo, su túnica de mortífago y la ropa de diario que llevaba hacía dos días, seguía tirada encima de uno de los sillones. Además tenía el pelo revuelto, iba descalzo y solo vestía unos pantalones largos, negros y de tela ligera.
-¿Quién te acompaña? –preguntó el joven señalando con un gesto de cabeza al elfo que había entrado tras el director, mientras seguía comiendo la manzana.
-Es Heon –contestó escuetamente, haciendo un ademán para que el hombre se acercara.
-¿Tan temprano?
-¿Temprano? –rio Dumbledore- De verdad, creo que te convendría buscarte una habitación en los pisos superiores para que tengas ventanas.
Snape alzó una ceja.
-Son las once de la mañana.
-Que duerma tanto después de un gusano es buena señal –contestó Heon quitándose la túnica verde oscuro que llevaba encima de una camisa blanca-. Acaba tu desayuno, y empezaremos con la revisión.
Snape se lo quedó mirando. Le gustó que se tomara la molestia de hablar en inglés, al contrario que Kove y Rasmu, y además, ni siquiera tenía acento. Aunque no era tan alto como su maestro, le seguía sacando una cabeza. Su pelo castaño claro, era corto, más que el suyo propio, algo extraño en un elfo. Tras su oreja derecha colgaba una fina trenza azul claro con reflejos liláceos. Sus ojos azul claro estaban fijos en él, lo miraba con calma, sin sonreír, pero al mismo tiempo sin mostrar desagrado, solo simple indiferencia.
Cuando hubo acabado el desayuno, Heon se aproximó al chico y examinó sus ojos. No estaban rojizos ni irritados, y su córnea parecía normal.
-Siéntate en la butaca –le pidió.
Una vez lo hubo hecho, el elfo tomó asiento frente a él, en la otra, y le tendió el brazo con la mano hacia abajo. Snape alargó el suyo con desconfianza.
-Pon la mano hacia arriba.
El chico giró su muñeca. Heon lo cogió del antebrazo, y el joven hizo lo mismo.
-Deja tu mente relajada, no intentes ocultarme nada, porque lo veré de todas formas. No me pongas las cosas difíciles, no hay razón para alargar esto innecesariamente o convertirlo en algo doloroso –le explicó con calma-. No desvelaré nada de lo que vea, tus secretos seguirán siendo tuyos.
-¿Y cómo sé que puedo fiarme? –Snape frunció el ceño con enfado.
-No lo sabes, pero no tienes alternativa -el elfo dibujó una pequeña sonrisa tranquilazora.
El chico miró a Dumbledore, y este asintió con la cabeza. Finalmente inspiró hondo, se relajó y cerró los ojos. Sintió como si algo lo succionara hacia dentro de sí mismo, y las imágenes de toda su vida comenzaron a pasar frente a él de forma acelerada.
Con un movimiento de varita, Dumbledore puso en orden la habitación y se sentó en la cama, a la espera.
…..
Tras la comida, Elyon bajó a las mazmorras para saber cómo había ido la revisión. Cuando llamó a la puerta del despacho nadie abrió. Pegó la oreja a la madera, pero no escuchó nada al otro lado. Se mordió el labio preocupada, quizá la revisión aún no había acabado. No soportaría haber arruinado la vida de Snape solo porque le había tocado cuidar de ella a la fuerza.
Antes de volver a subir las escaleras que llevaban al piso superior, echó la vista atrás. Tres personas avanzaban por el pasillo, hacia ella. Snape iba el último, y tenía muy buen aspecto, Dumbledore iba al frente junto con un elfo al que Elyon tardó unos segundos en reconocer. Y cuando lo hizo, no supo si reír o llorar.
-¿Tío Heon? –musitó ella.
El rostro del elfo se iluminó con una enorme sonrisa.
-¡Renacuaja! –le gritó abriendo los brazos.
Elyon echó a correr hacia él, y dio un salto para encaramarse a su cuello. Allí, agarrada con fuerza, comenzó a llorar de pura alegría.
-¡Mírate, ya eres toda una mujer! –rio Heon, zarandeándola ligeramente en sus brazos, y besándola en la mejilla-. Tienes que hacer furor entre los chicos del colegio.
-¿Trece años sin verme y eso es lo primero que me dices? –la joven lo miró sorprendida, soltándose y secándose las mejillas.
-Es lo primero que me ha venido a la cabeza, y no sé si lo recordarás o eras consciente porque eras muy pequeña, pero ser tan sincero y directo siempre me acarreaba miradas desaprobatorias de tu madre –sonrió él con añoranza acariciándole el rostro.
-¿Cómo están Nuth y la tía Iyala? -pregunto la joven con los ojos brillantes.
-Deseando poder verte desde que se enteraron de que ya podías recordar. Se van a morir de envidia cuando les diga que he podido abrazarte de nuevo –la rodeó con sus brazos largos y fuertes.
-Yo también tengo ganas de verlos. Nuth tiene que estar altísimo –suspiró ella, rodeando su cintura con sus brazos, disfrutando del abrazo.
-Casi tanto como yo, pero aún puede pegar un último estirón y convertirse en el más alto de la casa –respondió su tío con una risotada.
-Creí que Lizalos era hijo único –le susurró Snape a Dumbledore.
-Y lo era. Pero él y Heón se criaron juntos, como hermanos, y su vínculo se hizo más fuerte con los años –le explicó el director con una media sonrisa.
Snape suspiró con fuerza dando a entender que lo había comprendido.
-¿Y qué haces aquí? –Elyon lo miró con curiosidad.
-He venido a comprobar si ibas a tener que cambiar de Protector. Pero has tenido suerte, mantendrás al mismo una buena temporada más. Dumbledore lo eligió bien –Heon torció una sonrisa y le dio una palmada en el hombro al chico.
Snape alzó una ceja, incrédulo ante el cumplido.
-También iba a pedirle a Albus una rápida reunión contigo, no podía venir hasta aquí y no verte al fin.
-¿Y cuánto más vas a quedarte? ¿Te puedo invitar a algo en Hogsmeade? –le preguntó ella ilusionada- Quiero preguntarte muchas cosas.
-Seguimos en alerta máxima, lo último que tienes que hacer es abandonar el castillo. Además, tengo que ir a ver a tu abuelo para contarle cómo ha ido la revisión –la besó en la frente-. Nos vemos mañana, y podrás preguntarme todo lo que quieras.
-¿Qué pasa mañana? –la joven frunció el ceño, no le gustaba como le había dicho aquello, su mirada se había vuelto triste.
Heon miró a Dumbledore y este le hizo un ademán para que se marchara ya. Él asintió y subió las escaleras después de volver a abrazarla con fuerza y despedirse hasta el día siguiente.
-Verás, mañana es el funeral público por lo sucedido en el Ministerio. Irán todos los representantes de las criaturas mágicas y personas importantes. Azrael y yo hemos pensado que sería una buena oportunidad para que aprendas cuales son las obligaciones que ha de cumplir un miembro de las Grandes Familias, y que lo acompañes en representación del pueblo elfo –le explicó el director.
-Pero también es el funeral del abuelo de Johnny, íbamos a acompañarlo –musitó ella.
-Sé que no te apetece, y tampoco puedo obligarte, aunque deberías sopesarlo. Sería solo en la ceremonia pública, luego podrías ir con tus amigos a presentar tus respetos a Tonitini y su familia.
-¿Puedo antes hablar con Johnny? –preguntó con pesar.
Sabía que Dumbledore tenía razón, pero al mismo tiempo no quería dejar solo al chico en esos momentos tan difíciles.
-Por supuesto –sonrió el mago poniéndole una mano en el hombro antes de marcharse.
Snape y ella se quedaron solos en el pasillo.
-Tonitini lo entenderá –le dijo él.
-Sé que lo entenderá, y me animará a hacerlo… pero no quiero que pase por eso solo, además… no sé si seré capaz… lo que pasó fue…
-Fue culpa mía, no tuya –la cortó él.
-¿Sabes que podríamos estar horas discutiendo sobre eso? –suspiró la joven con pesar.
-Entonces dejémoslo en un empate, la culpa compartida es más llevadera –Snape se encogió de hombros con una media sonrisa.
Elyon negó con la cabeza, era difícil no discutir con él, pero en el fondo le encantaba.
-Me alegra que ya estés bien, tu mal genio se echa en falta por los pasillos –le sonrió más tranquila.
Él le dedicó una sonrisa cruel antes de irse a su despacho.
-¡Te lo recodaré la próxima vez que discutamos! –le gritó.
Elyon suspiró al verlo marchar, y una desagradable presión creció en su estómago. Tener que dar el pésame a todas aquellas familias sabiendo que era la culpable, aunque ellas lo ignoraran… era de mal gusto, era como reírse en su cara, no sabía ni siquiera si podría mirarlas a los ojos.
…..
A la mañana siguiente ayudó a Lisa a buscar algo de ropa blanca, ya que su amiga no tenía ropa de colores claros. Johnny les había pedido que llevaran ese color, ya que era la tradición asiática. Elyon pudo prestarle una blusa y una falda lo suficientemente larga para que a su amiga, más alta, no se le viera corta por su estatura. Ella se conformó con unos vaqueros azul pálido y un jersey fino de color marfil.
-Si quieres llevar la falda, llévala, es tu ropa –le dijo la morena con culpabilidad.
-Da igual. Yo no estaré toda la ceremonia con Johnny, así que prefiero que seas tú la que vaya más acorde con él –le sonrió su amiga.
-¿Estarás bien? –Lisa la miró con preocupación, Elyon era muy empática, y lo iba a pasar mal rodeada de tanta gente triste.
-Estaré con mi abuelo y mi tío –la tranquilizó la joven.
Metió en la bandolera el vestido negro que Dumbledore le había comprado para ir a Azkaban, según el director, era lo más apropiado para ese día. Iba a cogerle asco a aquella prenda, siempre debía llevarla en situaciones desagradables. Para cuando llegó al despacho del director, Heon ya estaba allí. También vestía de negro. Llevaba una camisa larga hasta las rodillas, con un corte abierto por los lados, de mangas estrechas y cuello mao, con detalles en plata en la zona abotonada. A la cintura tenía un cinturón plateado, que se le ladeaba ligeramente al no estar firmemente abrochado. Sus pantalones también eran negros, al igual que sus botas altas de piel. Y se había adornado la estrecha trenza azul, larga hasta el pecho, con algunos anillos de plata gravados.
-¿Preparada? –le sonrió su tío dándole un fuerte abrazo.
-No –contestó ella con la mirada triste.
-Yo tampoco –le susurró el elfo con una sonrisa de resignación.
Elyon no pudo reprimir una sonrisa cariñosa. En su momento, Heon había sido como un segundo padre, y ahora estaba de nuevo en su vida, para animarla en los momentos difíciles como aquel.
-Ve a cambiarte –con un gesto de cabeza le indicó que entrara en el pequeño dormitorio del director.
-Lo hará bien –sonrió Dumbledore cuando la chica traspasó la gruesa cortina que separaba el despacho del director de la habitación.
-Lo sé, pero no resultará agradable, menos aun cuando han sido algunos de los nuestros los que han hecho el daño –suspiró Heon.
-El Ministerio estaba sobre aviso, pero no quiso escuchar –el director se masajeó el puente de la nariz con los dedos-. Y ahora lo más que han hecho ha sido destituir a Scofield y cargarle a él toda la culpa. Ni siquiera se han puesto a buscar a los mortífagos.
Elyon escuchó la conversación mientras se acababa de poner el vestido. Cuando volvió al despacho. El elfo torció una sonrisa triste.
-Aun no me creo que ya seas tan mayor. Eres la viva imagen de tu madre, pero en rubio… realmente eres la mezcla perfecta entre tu padre y tu madre.
La joven sonrió cohibida.
-Bueno, hagamos algo con ese pelo –le dijo su tío ofreciéndole asiento en una de las sillas del escritorio de Dumbledore.
-¿Tú me vas a arreglar el pelo? –la joven alzó una ceja incrédula, sentándose.
-Llevo más de setenta años casado con tu tía Iyala ¿Crees que en todo ese tiempo no he aprendido a hacer unas cuantas trenzas? –resopló Heon divertido-. Además, siempre quise estar preparado por si teníamos una niña… pero como por el momento no ha habido suerte, me contentaré contigo.
El hombre le pellizcó la mejilla con cariño. Después empezó a coger mechones de su pelo y los trenzó, uno tras otro. Unió diversas trenzas y creó con ella otra más gruesa, retirándole el pelo de la cara y las orejas. Y a medida que las hacía, fue colocando en ellas anillos de plata.
-Bien, lista –le dijo poniéndole las manos en los hombros.
Dumbledore rebuscó en su habitación y trajo un pequeño espejo. Elyon se miró y torció una sonrisa.
-¡Vaya! Sí que llevas tiempo practicando –le dijo ella con una sonrisa, girando la cabeza para intentar ver todo el semi-recogido en el espejo.
Se vio extraña. Las trenzas dejaban su rostro a la vista y hacían que su cuello pareciera más largo. Sus orejas se veían con claridad, apenas cubiertas con dos finos mechones azulados, que caían entre el trenzado.
-Hora de irse entonces –Heon la cogió la mano.
-Necesito mi ropa muggle para después –la semielfa fue en busca de su bandolera.
-No te preocupes, yo me encargo de eso –la despidió Dumbledore con una sonrisa triste.
Ella asintió mientras el nerviosismo empezaba a hormiguear en su estómago.
…..
Se aparecieron en una gran explanada verde, junto a un cementerio. Allí ya había gente, todos ataviados de negro, y algunos con expresión más triste y abatida que otros. Caminaron con paso rápido, sin saludar a nadie. A lo lejos, Elyon vio que habían colocado un sinfín de sillas blancas, y algunas ya estaban ocupadas.
Localizó a su abuelo a lo lejos, su pelo rojizo también trenzado y adornado con plata, resaltaba en contraste con su túnica negra y plateada. Junto a él estaban Rasmu y Kove. Azrael los vio llegar, y se quedó mirando a su nieta con una mirada intensa que no pudo descifrar.
-Hola abuelo –lo saludó con un fuerte abrazo.
-Lo siento mucho por tu amigo, y por haberte echo venir conmigo –le dijo besándola en la frente.
Ella negó con la cabeza.
-Es lo que debía hacer.
Con una reverencia también saludó a Rasmu y Kove, ambos iban ataviados con ropa negra y plata. Rasmu miraba alrededor con frialdad, también se había trenzado el pelo y lo había adornado con plata. Kove era el que más sencillo iba de todos, había sustituido su coleta por una trenza, pero no la había adornado, y en su cinturón llevaba colgada una enorme espada, con la empuñadura gravada y desgastada por el uso.
-Supongo que es hora de empezar –dijo Rasmu mirando a Azrael- Comienzan a reunirse muchos de los asistentes.
El elfo asintió y comenzaron a andar hacia las sillas blancas. Kove sacó una segunda espada del interior de su túnica, y se la dio a Heon, que se la colgó al cinturón. Elyon se sintió extraña caminando con ese grupo. Ella y Azrael iban en el centro, los flanqueaban Rasmu y Kove, y detrás los seguía Heon. Parecía como si todos ellos la escoltaran, sobre todo porque la joven, en comparación con la altura de los hombres, parecía una niña pequeña. De una cosa estaba segura, entre ellos no tenía nada que temer, nadie osaría hacerle daño.
Nada más llegar a las sillas, los asaltó una mujer que rondaba los treinta años, quizá un poco más, con rizos rubios muy rígidos y bien cuidados, unas gruesas gafas lilas y las uñas pintadas de un llamativo tono rojizo. Llevaba en sus manos una libreta y una pluma verde.
-Disculpe la intromisión, soy Rita Skeeter, reportera de El Profeta, me gustaría hacerle unas preguntas a la joven y recién aparecida Elyon McWilliams, heredera de los Altos Elfos y estudiante en Hogwarts –se presentó la mujer sin rodeos.
-No –se limitó a responder Rasmu, con un tono de voz que le habría helado la sangre a cualquiera.
-Serán solo unas pocas preguntas, sobre su experiencia en el colegio rodeada de magos y sobre cómo lleva que sus compañeros humanos hayan perdido a familiares –insistió la mujer, que había ignorado al elfo y su tono tajante.
-¿De verdad tiene que preguntarlo? –Elyon la miró con rabia- ¡¿Usted qué cree?!
Heon le puso una mano en el hombro para que siguiera andando y la ignorara.
-Soy periodista, me dedico a investigar. Bien es sabido que los elfos no se preocupan del bienestar humano, y solo aparecen en momentos así para limpiar su imagen –le dijo la mujer escribiendo en su cuaderno.
Elyon la miró con ira contenida e intentó ir al encuentro de la mujer para aclararle un par de cosas. Kove la frenó.
-No la escuches, no sigas su juego. Solo busca provocarte para tener algo polémico y sensacionalista que publicar –le dijo con seriedad.
La joven apretó los labios y siguió caminando. Junto a las sillas encontraron a Dumbledore y Moody.
-Veo que esa reportera también os ha asaltado a vosotros –suspiró el director-. Deberían sacarla de aquí, por el bien de las víctimas.
-Si va a por Johnny le partirá las gafas, se lo aseguro –murmuró Elyon aún de mal humor.
Dumbledore esbozó una sonrisa triste.
-Venid –el mago los guio entre los asientos de madera.
-¿Se sabe algo más de Fineas Hoggins y qué hacía con los sublevados? –preguntó Azrael.
-Sí. Resulta que solo fue un pobre desgraciado que se fio de quién no debía. Su madre está enferma, lleva un año entrando y saliendo de San Mungo. Los magos no podían hacer gran cosa, ya que es una enfermedad rara y el tratamiento es muy caro, y Higgins no podía pagarlo, ya había endeudado a su familia hasta las cejas y no podía ampliar el crédito para seguir pagando el tratamiento –explicó Moody-. Encontraron una gran suma de dinero ingresado hace poco en su cuenta de Gringotts, más o menos en la misma fecha que Severus levantó la liebre. Y cuando registramos su casa, encontramos diversos tratamientos médicos élficos escondidos. Su mujer y su madre no sabían nada.
-Pobre hombre –suspiró Heon-. Acabar así solo por intentar ayudar a su madre.
-Sí, deja mujer y dos niños pequeños. Torlok se ha ofrecido a curar a la madre de Higgins cueste lo que cueste, para que pueda ayudar a su nuera a salir adelante –finalizó el auror.
A Elyon ese nombre le sonaba, había leído algo en El Profeta sobre un robo de varita que salió mal, aunque estaba claro que el periódico había mentido.
Llegaron a una serie de asientos colocados a la izquierda de un estrado central, de forma que estaban casi de frente al resto de invitados. La semielfa inspiró hondo. Iba a tener que ver en todo momento las caras de tristeza y desasosiego de los que habían perdido o tenían riesgo de perder a un ser querido.
-Elyon, cuando tengamos que ir a dar el pésame a cada uno de los magos, coloca tu mano derecha sobre el corazón y estrecha su mano con la izquierda –le dijo su abuelo-. Mantente serena, piensa que todo se arreglará, que el dolor pasará.
-No lo entiendo –ella frunció el ceño, confusa.
-Si lo haces, pasarás parte de tu magia a la otra persona. Nuestra magia sana, les hará sentir mejor.
Ella asintió y se torció el meñique hacia atrás con nerviosismo.
-¿Cuándo murieron mis padres también se organizó algo así? –preguntó con tristeza.
-No, preferimos hacer algo sencillo en Imtar, para aquellos que realmente lamentaron su pérdida –respondió Azrael con la mirada triste.
-Créeme que muchos de los que verás hoy se sintieron aliviados de que lo hiciéramos así. Se libraron de tener que fingir tristeza por algo que realmente no les importó –añadió Heon con rencor.
-¿Esa mujer tiene razón? ¿Solo venimos para que parezca que nos preocupamos? –Elyon tuvo que preguntarlo al ver la reacción de su tío.
-Nosotros siempre nos preocupamos. Que hace siglos decidiéramos que era mejor no intervenir en las decisiones de los humanos para que siguieran su propio camino, no quiere decir que no nos importen, y que no acudamos en su ayuda cuando nos la piden. Si no fuera así, Torlok no trabajaría en San Mungo, el Callejón Diagón y del Sauce no estarían enlazados para facilitar el comercio, y no habría permitido que tus padres se casaran –explicó Azrael con voz queda-. Pero muchos confunden ese no intrusismo con indiferencia y odio.
-Y hoy además venimos porque, aunque todos lo ignoren, fueron los nuestros quienes han provocado esta desgracia, y debemos dar la cara –añadió Kove con tristeza.
-El Ministerio viene a tomar asiento –anunció Rasmu, con un deje de desagrado en la voz.
Elyon lo miró. Era el único que no había opinado. Se mantenía tan estoico y ajeno a lo que sucedía a su alrededor como el día que lo conoció.
-Bueno, yo me voy a mi sitio. Os mantendré informados –se despidió Moody con un asentimiento de cabeza.
Lo despidieron con una sutil reverencia.
Hasta ellos llegaron el Ministro de Magia y su séquito, los mismos que habían ido a Azkaban. Seguidos de un grupo de seis aurores.
-Qué lástima que la mayor parte de las veces que nos tengamos que reunir sea para este tipo de cosas –suspiró Fudge, estrechando la mano de Azrael, con una sonrisa triste.
-Sí, lamentamos mucho lo sucedido en el Ministerio, ha sido una tragedia. Si necesitan ayuda para cazar a esos asesinos, no duden en decírnoslo, estaremos encantados de ayudar –respondió su abuelo.
-Descuide, descuide, lo sé –sonrió el Ministro nervioso, dando vueltas en sus manos a su bombín-. Pero por el momento nuestros aurores están haciendo un buen trabajo.
-Mentiroso –musitó Elyon, no necesitaba leerle la mente a aquel hombre para saber que mentía.
Heon le dio un ligero golpecito en el brazo, y la miró desaprobatoriamente, debía intentar mantener las formas.
-¡Vaya! Veo que la joven McWilliams ha empezado a acompañarle –observó Umbridge con una sonrisa educada, que no escondía su expresión de desagrado al verla allí.
-Tiene edad más que suficiente para acompañarme a estos actos. Ha de empezar a conocer sus obligaciones para con su gente –le dijo Azrael.
-Me parece perfecto que este aprendiendo a tratar con adultos –dijo la mujer-. Es algo que se debería enseñar en la escuela. La magia sirve de poco sin respeto.
Y dicho esto la rechoncha mujer se fue a ocupar su sitio. Fudge carraspeó con una ligera inclinación de cabeza y también fue a ocupar su puesto.
-Albus nos contó lo que hiciste en la prisión –medio rio Heon-. Parece que dejaste huella.
-Ojalá hubiera podido sacar de allí a Sirius y dejarlos con un palmo de narices –se limitó a decir ella.
-Ahora mismo me muero de ganas por abrazarte, eres igualita a tu padre –le susurró su tío.
Elyon le sonrió con cariño.
-Heon no la animes a ser tan irresponsable como erais vosotros, por favor –interrumpió Azrael-. Por una vez me gustaría no esperarme lo peor si Elyon desaparece durante semanas sin avisar, y pasa algún desastre en algún lugar donde la hayan visto.
-Creo que tenéis muchas anécdotas que contarme –les dijo ella, curiosa.
-No te haces una idea –suspiró su tío con una sonrisa divertida- Tu abuelo concretamente se refiere a una vez que…
-¡Heon por favor, estamos en un funeral! –lo cortó Kove- Muestra algo de respeto.
El elfo recobró la compostura, pero le guiñó un ojo a su sobrina. Ella le sonrió, al menos había conseguido que durante unos instantes se relajara y olvidara dónde se encontraba.
Poco a poco fueron llenándose las sillas. Elyon se movía inquieta en la suya.
-¿Qué hace él aquí? –preguntó de pronto a ver a Lucius Malfoy en compañía de su mujer.
-Es una persona muy bien situada socialmente, es normal que haya venido –le explicó Dumbledore.
-Pero es un mortífago –se indignó ella- ¿Cómo se atreve?
-El dinero ciega a la justicia Elyon, es algo que has de tener muy presente –comentó el director con desagrado-. Además, él fue uno de los que dijo estar bajo la maldición Imperius durante la guerra.
Al poco rato llegó Johnny y su familia, que desentonaban en aquella marea negra, con su ropa blanca. Todos tenían el semblante triste, pero se fijó en que su amigo parecía estar más entero que cuando abandonó Hogwarts.
-¿Puedo ir a saludar a mi amigo? –preguntó ella.
-Te acompaño –le dijo Azrael levantándose de su silla.
Le costó horrores cruzar el pequeño trecho que la separaba de Johnny. El nudo de su estómago se estrechó. El chico alzó la vista y sonrió.
-¡Casi ni te reconozco! –le dijo asombrado-. Ahora sí que pareces una elfa y no solo una chica de orejas puntiagudas.
-¿Cómo te encuentras? –le preguntó abrazándolo.
-Mejor… al menos a ratos –el chico se encogió de hombros con resignación.
-Siento mucho la pérdida de tu abuelo –le dijo Azrael extendiendo su mano.
-Gracias –el chico aceptó su mano.
-Es mi abuelo –lo presentó ella.
-¿Tú…? ¿En serio? ¿Sabes que físicamente podría ser tu padre… un padre que te tuvo muy tarde? –Johnny lo miró sorprendido.
-Sí, es raro, ¿eh? –sonrió ella-. Fliparías al ver al resto de mi familia y saber la edad que realmente tienen.
Azrael torció una sonrisa, divertido. Le caía bien ese chico.
Elyon se acercó al resto de la familia a dar sus condolencias, y le dedicó un abrazo especialmente largo a Andy, que apenas levantaba la vista del suelo.
-¿Los demás aún no han llegado? –le preguntó a Johnny.
-Estarán al caer, venían con otros alumnos de Hogwarts acompañados de algunos profesores –respondió el chico.
-¡Ey! ¿Qué tal lo llevas? –Remus apareció de pronto junto a ellos, también iba vestido de blanco-. Lo siento muchísimo.
Johnny le estrechó la mano con fuerza y luego lo abrazó.
-Bien… bueno… ya sabes cómo va esto –le dijo con resignación.
-Sí, por desgracia sí –el licántropo le sonrió con tristeza apretándole el hombro- ¿Y tú cómo estás?
Elyon lo miró y suspiró. El chico la abrazó con fuerza.
-Dumbledore me puso al día… no te derrumbes, ¿vale? –le susurró.
-Tranquilo –ella lo besó en la mejilla.
Azrael se quedó mirando al joven con curiosidad.
-Remus, él es mi abuelo –lo presentó.
-Encantado –el chico le ofreció su mano-. No tuvimos la oportunidad de coincidir en las reuniones de la Orden.
-Igualmente –Azrael se la estrechó.
Escucharon un sonoro silbido. Su abuelo alzó la vista y miró alrededor.
-Debemos volver a nuestro sitio. Los últimos están llegando ya y la ceremonia no tardará en comenzar.
Elyon asintió y se despidió de Johnny con otro abrazo.
-Has hecho muchos amigos en Hogwarts –le dijo su abuelo.
-Sí… son mi pequeña familia ¿No te lo comentó Rasmu? –ella torció una sonrisa.
-Sí, sí que lo hizo. Me alegro de comprobar que es verdad.
Cuando se sentaron de nuevo en sus sitios Elyon vio llegar al numeroso grupo de Hogwarts, acompañados por McGonagall, Snape, Flitwick, Sprout, Hooch y algunos profesores más. Will, Lisa y Grace se apresuraron en ir a saludar a Johnny y su familia. Los tres se giraron hacia ella y la saludaron con la mano, la semielfa respondió con un asentimiento de cabeza. Su mirada se encontró con la de Snape, ella le sonrió débilmente a modo de saludo, y él se la devolvió.
El chico se la quedó mirando. No parecía ella. A pesar de que por la altura en comparación con la de sus acompañantes parecía una niña, realmente se la veía más adulta de lo que era así vestida. Estaba preciosa. Sintió un aguijonazo en el pecho. Verla allí junto a los suyos era un duro golpe de realidad, que le recordaba lo inaccesible que era para él. Pertenecía a otro mundo, al que algún día tendría que volver, y al que no podría acompañarla.
Una mujer de mediana edad se acercó a Fudge, y le dijo algo en voz baja. El hombre se levantó y con porte orgulloso se acercó al estrado. Se colocó la varita en la garganta y empezó a hablar.
-Hoy nos hemos reunido para recordar a los que hace unos días nos dejaron. Hombres y mujeres valientes e inocentes, que fueron víctimas de los actos cobardes de aquellos a los que todos pensábamos que ya habíamos vencido. Ninguno de los que estamos aquí podíamos imaginar que aún hay quién se esconde tras máscaras blancas para cometer actos de pura maldad. Os aseguro que el Ministerio ha puesto todos sus medios a perseguir a estos terroristas y que pronto darán con sus pies en Azkaban…
Heon y Kove miraron a su alrededor con desaprobación. Paseando por los alrededores había varios magos y brujas que vigilaban el acontecimiento, y había otros muchos colocados entre los asistentes cerca del estrado, fingiendo ser uno más. Parecía que el Ministerio había destinado prácticamente a todos sus aurores a proteger al Ministro y su cúpula, antes que a perseguir a los mortífagos responsables del ataque.
-Pero hoy no hemos venido aquí para hablar de política, hemos venido para honrar y recordar los actos valientes de aquellos que en el Ministerio perdieron la vida salvando a compañeros y amigos. Hoy los lloramos…
-Él lo sabía… lo habían avisado y no hizo nada ¿Por qué no admite su culpa? –susurró Elyon con enfado.
-Porque perdería su puesto, y les mostraría a todos lo inútil que es la cúpula del Ministerio para tratar este tema –contestó su abuelo.
-Ni siquiera se siente culpable –musitó ella mirándolo, unas lágrimas silenciosas recorrieron su rostro-. Solo se preocupa por hacerlo bien para que no le destituyan.
-Elyon, sal de su mente –le aconsejó Azrael cogiendo su mano-. No te hará ningún bien saber lo que piensa alguien como él.
Fudge siguió hablando, con lo que para Elyon eran palabras huecas viniendo de él. Honor, valentía, sacrificio, esperanza… sintió que su rabia crecía con cada frase vacía que pronunciaba el Ministro.
-Mi más sentido pésame a todos los familiares de las víctimas que hoy nos acompañan –finalizó el mago.
El aire se llenó de aplausos, la gran mayoría tristes y desganados. Y llegó el momento que Elyon tanto había temido, el de ir a ver uno por uno a todos aquellos que estaban sufriendo por su culpa. Uno a uno los saludó como Azrael le había dicho, con la mano temblorosa, intentando calmarse. Cuando llegó a Allyson, la chica la abrazó con fuerza y ambas lloraron unos segundos interminables. Elyon se obligó a soltarla y se secó las lágrimas.
-Se pondrá bien –le dijo.
-¿De verdad? –su compañera seguía llorando.
La semielfa colocó su mano derecha sobre su corazón y con la izquierda estrechó la de Allyson.
-De verdad –contestó con una pequeña sonrisa.
La joven inspiró hondo, más tranquila, y le devolvió la sonrisa.
Antes de que se diera cuenta había mostrado sus respetos a todos. Parte de ella se sintió aliviada y parte de ella solo quiso llorar. Esa fue la parte que ganó. Azrael la abrazó con fuerza dejando que se desahogara.
-Lo has hecho muy bien –le susurró besándola en la cabeza.
Heon se acercó a ellos y le frotó la espalda a Elyon. Luego los acompañó de nuevo a sus asientos.
Para finalizar el acto, cantó un coro de jóvenes magos acompañados de un grupo de cuerda. Tras aquello los asistentes se fueron.
-Creo que ya puedes irte con tus amigos –le dijo Dumbledore con una sonrisa, sacando la bandolera de la chica de dentro de su túnica.
-Albus, no termino de fiarme de que vaya sola –le dijo Azrael preocupado.
-No irá sola. La custodiará su Protector y Remus, te aseguro que no le ocurrirá nada –le dijo el director.
-¿Snape viene al entierro del abuelo de Johnny? –Elyon lo miró sin acabárselo de creer- ¿Con Remus?
-El profesor Snape sabe como comportarse en situaciones como esta –el anciano la miró con una sonrisa triste.
-Me sigues debiendo una tarde de anécdotas –le dijo a Heon como despedida.
-Lo sé, y la tendrás –le dio un fuerte abrazo.
-Ten cuidado –su abuelo la besó en la frente-. Nos veremos pronto.
Elyon asintió y con paso rápido llegó junto a sus amigos.
…..
Para cuando llegaron al pequeño cementerio, cercano a Banbury, donde vivía Johnny, ya había mucha gente esperándolos. El resto de la familia del chico, y las familias de Lisa, Will y Grace se acercaron a darles el pésame.
La ceremonia fue corta, solo un par de palabras bonitas y anécdotas recordadas con cariño. Fue una gran despedida para un gran hombre, que se había desvivido por su familia y nietos.
Después fueron a casa de Johnny a hablar con calma y terminar de pasar el día.
-Dumbledore nos ha dicho que no hace falta que volvamos a la escuela para lo que queda de curso –les dijo Johnny sentado en la silla de madera de su escritorio-. Pero yo quiero volver… tengo todo el verano para estar aquí encerrado recordando.
-Haz lo que creas que debes hacer –le dijo Grace sentada en la cama, junto a Elyon.
-Si te agobias mucho, puedes venir a pasar un par de días a mi casa –le sonrió Will-. A mis padres no les importará.
Johnny le sonrió a modo de agradecimiento.
Elyon miró a su alrededor, la habitación era bastante grande, ya que por lo visto, antes debía de compartirla con alguno de sus hermanos mayores, a juzgar por la litera de madera en la que se habían sentado ella y Grace. Toda la habitación estaba prácticamente empapelada con posters muggles de científicos y esquemas de fórmulas físicas y químicas que ella no lograba entender. En una de las paredes había colgadas varias escobas de diferentes tamaños, y junto a ellas había un estante con diversas copas y medallas.
-Parece el cuarto de un empollón –se mofó ella para cambiar de tema y arrancarle una sonrisa a su amigo.
-Discrepo, para eso le hacen falta más libros. Este parece el cuarto de un chico vulgar que pretende parecer inteligente –la contradijo Lisa, sentada en la litera de arriba.
Johnny le tiró a la cara la quaffle que tenía sobre el escritorio. Lisa la paró sin problemas.
-Pero que cariñosa eres cuando quieres –rio el hufflepuff.
Lisa le sacó la lengua y le lanzó la quaffle. Al bajar de nuevo a la sala de estar, vieron a los padres de Lisa, Grace y Will con los de Johnny, que estaban sentados en el sofá con la mirada triste pero serena. Max y Cathy, la hermana de Lisa, estaban con Andy, en el otro extremo de la sala. Elyon vio a Snape y Remus cerca de la cocina, ni se hablaban ni se miraban. Había un silencio tenso entre ellos.
La madre de Johnny alzó la vista y les hizo un ademán para que se acercaran.
-¿Ya has decidido qué vas a hacer? –le preguntó a su hijo con cariño.
-Vuelvo a Hogwarts –contestó él con decisión.
La mujer asintió.
-Andy se quedará aquí, dice que para lo que queda de curso prefiere no volver –le explicó su madre cogiéndole la mano-. Los padres de Will han ofrecido su casa por si quieres ir allí durante el verano con tus amigos.
-Gracias –les dijo Johnny con una débil sonrisa.
Los padres de su amigo sonrieron con cariño.
-Estáis todos invitados, y Andy también puede venir, junto con Cathy –les dijo el padre de Will, un hombre de espaldas anchas, bien parecido y de facciones amables.
-Por nosotros encantados –Lisa sonrió a su suegro-. Siempre y cuando no seamos todos una molestia.
-No es molestia, nos gusta tener gente en casa, ya lo sabes –rio la madre de Will retirándose un mechón castaño del rostro.
-Lamento interrumpir, pero deberíamos irnos antes de que anochezca, por seguridad –Snape se acercó a ellos.
Sus amigos se despidieron de sus respectivos padres y prometieron a la familia de Johnny que cuidarían bien de él. Una vez en el jardín trasero de la casa, fue Remus quién se despidió de ellos, prometiendo que se verían ese verano.
…..
Hogsmeade estaba prácticamente desierto. El silencio casi se había adueñado del lugar. Snape accedió a acompañarlos a comprar dulces y golosinas a Honeydukes, y cerveza de mantequilla a Las Tres Escobas, para poder pasar el mal trago con Johnny.
-No os enredéis más de lo necesario, Elyon ha de estar de vuelta en el castillo cuanto antes –les dijo con seriedad.
De camino a las murallas del colegio, cargados de bolsas para combatir la depresión a golpe de azúcar, Elyon sintió un escalofrío en la nuca. Se giró y miró atrás. Había una mujer parada en medio de la calle, mirándola. Su ropa era oscura, y su pelo negro y rizado asomaba baja la capucha de la capa de viaje. Se mantuvieron la mirada unos segundos. "Pobre ratoncito, te crees que estás a salvo en tu madriguera y no sabes que es una ratonera" escuchó la voz fría y cantarina de la mujer en su cabeza. Conocía esa voz. El pánico se extendió por su cuerpo y sacó de sus vaqueros la canalizadora.
Alguien la cogió del hombro y ella se giró lista para atacar. Snape apartó la canalizadora de su cara con rapidez, por si la chica conjuraba algo.
-¿Qué haces? –exclamó molesto.
-Nos vigilan –le dijo volviéndose hacia la calle de nuevo, la mujer había desaparecido.
Su profesor escudriñó alrededor, pero no vio nada fuera de lugar.
-Ha sido un día largo, vamos.
-¡No! ¡Te juro que alguien nos seguía! Una mujer –insistió ella-. Era una mortífaga.
-¿Una…? –Snape alzó una ceja- Necesitas descansar.
Y comenzó a caminar hacia las murallas. Ella lo siguió con rapidez, sacó su lágrima del jersey, no estaba roja, pero tampoco tenía el azul intenso de siempre.
-¿Por qué no me crees? –se exasperó- He escuchado su voz en mi cabeza, diciendo que Hogwarts es una ratonera. Conozco esa voz, es la de la mujer que trajo a Peter Pettigrew esa noche.
-Elyon, sería una completa imprudencia por parte de un mortífago mostrarse aquí pocos días después del ataque al Ministerio –le dijo-. Y en caso de que fuera cierto, lo mejor que podemos hacer es llegar a Hogwarts.
Elyon volvió a mirar por encima de su hombro. La calle seguía vacía. Pero la había visto y oído, había sido real, y la estaba buscando, la quería a ella.
Snape no quiso mirar atrás para no avivar la paranoia en la chica. De no saber quién estaba moviendo los hilos sí que habría creído que la joven solo necesitaba descansar y relajarse. Pero no era el Señor Tenebroso quién estaba al mando de los mortífagos, e ignoraba si los sublevados habían planeado algo más que el ataque al Ministerio. Otra cosa que le inquietaba es que Elyon había descrito a Bellatrix como la persona que les vigilaba, llevaba más de un año escapando con facilidad de los cercos de los aurores, estaba loca, era peligrosa y muy capaz de actuar por su propia cuenta si con ello creía que haría feliz al Señor Tenebroso.
