5º Curso. Capítulo 12

Los siete entraron en el castillo con paso cansado, había sido un día muy largo.

-¿Os vais a quedar en la Sala de los Menesteres? –preguntó Snape cerrando las puertas del colegio.

-Si lo que te preocupa es que salgamos de Hogwarts, quédate tranquilo, no asomaremos la nariz a los terrenos –contestó Elyon-. No voy a darte más trabajo.

Snape la miró frunciendo el ceño. Tendría que conformarse con esa respuesta, aunque por una vez, sintió que podía fiarse de ella. Subió las escaleras con paso ligero camino a la Sala de Profesores.

-¿Pero al final vamos o no vamos a la Sala de los Menesteres? –Grace los miró alzando una ceja.

-¿A dónde vamos a ir si no? –sonrió Will.

-Yo me voy a mi Sala Común -se despidió Max con una sonrisa triste.

Ambos hermanos se dieron un abrazo antes de que el chico bajara las escaleras hacia las mazmorras.

…..

La única persona que encontró en la sala fue a McGonagall. La mujer estaba sentada en una butaca, tenía los ojos cerrados y apoyaba la cabeza en su mano, recostada en el brazo de la butaca.

-¿Albus ha vuelto? –preguntó el chico acercándose.

-No, está reunido con Fudge y Azrael –suspiró ella con cansancio-. Estará fuera todo el fin de semana. Quiere asegurarse de que el colegio estará bien protegido.

-¿Hay alguna forma de ponerse en contacto con él?

-Supongo que estarán reunidos a puerta cerrada, así que te aconsejo enviarle una lechuza. Pero no te aseguro que pueda leerla enseguida.

Snape torció el gesto con desagrado.

-¿A qué viene tanta urgencia? –le preguntó la mujer preocupada.

-Elyon ha visto a Bellatrix en Hogsmeade.

-¡¿Qué?! –McGonagall se levantó de golpe del sillón- ¿Está segura?

-Ella cree que sí… yo no lo estoy tanto, pero tampoco quiero confiarme. Es de Bellatrix de quién hablamos.

-Mándale ahora mismo esa carta a Albus, yo pondré en sobre aviso a Rosmenta y Aberforth para que tengan los ojos abiertos.

El búho real alzó el vuelo para perderse en el cielo anaranjado. Snape inspiró hondo, pensó que tras enviar la carta su preocupación desaparecería. Pero en vez de eso, esta seguía creciendo, oprimiéndole el estómago. Sentirse así era una verdadera estupidez, se estaba contagiando del miedo de Elyon, y no podía dejar que eso pasara. Por el momento no había encontrado nada que le indicara que algo iba mal, que había un peligro inminente. Aun así no podía evitar estar alerta.

Tras la cena subió a la torre del reloj, y tal y como esperaba, encontró a los dos amigos de Elyon allí. Will estaba sentado en el alfeizar de una de las ventanas, y Lisa se sentaba en su regazo. Ambos se besaban como cualquier pareja adolescente que no llevaba mucho tiempo saliendo. Sus besos y caricias eran torpes y tímidas. Snape negó con la cabeza poniendo los ojos en blanco, y carraspeó al entrar en la estancia. Ambos se pusieron en pie de un salto, como impulsados por un resorte. Lisa se sonrojó sobremanera, y Will se apresuró en limpiarse el carmín que le había dejado su novia en los labios.

-Sólo por esta vez podéis relajaros, no voy a castigaros por estar dándoos el lote aquí arriba, aún no ha empezado el toque de queda –les dijo.

Ambos se miraron y se relajaron un poco.

-Tengo que pediros un favor –el hombre los miró con seriedad, Lisa lo miró desconfiada-. Quiero que vigiléis a Elyon en todo momento sin que ella se dé cuenta, y os fijéis en si pasan cosas fuera de lo común a su alrededor ¿Seréis capaces de dejar lo que queda de curso vuestros… encuentros amorosos para estar con ella?

La morena bajó la vista aún más avergonzada.

-¿Está en peligro? –Will frunció el ceño con preocupación.

-No más que los demás alumnos –Snape le quitó importancia con un ademán.

-No nos mientas, Elyon nos tiene al día de todo. Si tenemos que velar por ella cuando tú no puedes, lo justo es que nos lo digas –el slytherin se cruzó de brazos con determinación.

-No sé si está en peligro, por eso os pido ayuda. La situación es tensa estos días, y Dumbledore y su abuelo se quedarían más tranquilos si Elyon está vigilada y la disuadís de hacer estupideces.

-¡Elyon no hace estupideces! –la defendió Lisa.

-El Bosque Prohibido, Halloween, escapar a Hogsmeade, pelearse con Gambon…

-Ha… ha madurado –lo interrumpió la chica sonrojándose ligeramente.

-Eso espero… -suspiró su profesor- ¿Lo haréis?

-Claro –respondió el chico.

Snape se despidió con un asentimiento de cabeza.

-Pues sí que se preocupa –comentó Will un poco confuso aun por la interrupción.

-Quien lo iba a decir –suspiró Lisa.

-Bueno, creo que es hora de volver a las Salas Comunes –el joven la besó brevemente en los labios, cogió su mano y empezaron a bajar de la torre.

…..

Por la mañana reinó el silencio en la habitación de quinto curso de las chicas. Ninguna habló mucho, la ausencia de Allyson se notaba, todas estaban preocupadas por ella y su madre. Su compañera apenas les había hablado antes de marcharse, y tampoco les había dicho nada sobre el estado de su madre, por lo que no sabían qué decirle para animarla y respaldarla.

Cuando bajaron a la zona común, vieron al resto de estudiantes de Gryffindor enfrascados en sus apuntes, estudiando para los exámenes que empezaban el lunes. Dumbledore no había querido que se alterara el curso escolar, a pesar de lo que había pasado. Aunque los alumnos agradecían la seguridad que les daba la normalidad, era verdad que les habría gustado la anulación de los exámenes y conseguir un aprobado general.

Elyon se fijó en que cuando bajó las escaleras, algunos alumnos la miraban y susurraban entre ellos. Se extrañó, pero no le dio más importancia, hasta que entró en el Gran Comedor. Prácticamente todos la miraron, algunos con curiosidad, otros con desconfianza y algunos hasta con desagrado. Ella y Lisa se sentaron junto a Grace, que se apresuró en cerrar y doblar El Profeta, poniéndolo a un lado.

-Buenos días –sonrió la pelirroja.

Elyon frunció el ceño.

-¿Qué pasa?

Grace alzó una ceja confusa.

-No te sigo.

-¿Buenos días? ¿Y con tanta efusividad y felicidad con lo gruñona que estás recién levantada? A ti te pasa algo –insistió la semielfa.

-¡Grace! ¿Lo has visto? Maldita zorra. Hay que evitar que Elyon lo lea –le dijo Johnny mientras se acercaba a la mesa Gryffindor leyendo el periódico.

Cuando el chico alzó la vista se encontró con la cara de desconcierto de su amiga, que se giró con rapidez hacia Grace y miró el periódico que su amiga había alejado de ella discretamente. Elyon se lanzó a por él con rapidez, casi al mismo tiempo que la pelirroja, que no pudo evitar que lo cogiera.

La portada de El Profeta la ocupaba una foto del Ministro dando el discurso del funeral. Leyó por encima los resúmenes de portada de los artículos más destacados ese día.

-Es una chorrada, no hace falta que lo leas, ya te lo resumo yo –Grace intentó quitarle el periódico, pero Elyon la fulminó con la mirada, así que desistió.

La semielfa empezó a pasar páginas hasta toparse con una foto suya. Salía sonriendo y riendo con discreción mientras miraba a su tío. Su abuelo negaba ligeramente con la cabeza, con resignación.

"… A la ceremonia también asistió una pequeña delegación de los Altos Elfos, encabezada por el propio Azrael, que acudieron a dar el pésame. Toda una sorpresa, después de estar una larga temporada lejos de la sociedad mágica. Azrael aprovechó la ocasión para presentar en sociedad a su nieta, Elyon McWilliams (desaparecida durante la Guerra y prácticamente dada por muerta tras el fallecimiento de sus padres a manos de los mortífagos), que actualmente cursa estudios mágicos en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería junto con nuestros jóvenes magos. La presentación de la joven heredera de los elfos fue duramente criticada por muchos de los asistentes, que vieron en ello una falta de respeto por intentar eclipsar a las víctimas. Más aun cuando se pudo observar a McWilliams en una continua actitud jocosa durante la ceremonia (como se puede apreciar en la fotografía), mostrando claramente el poco respeto con las víctimas y el escaso interés que tiene el pueblo élfico en los trágicos sucesos que han acontecido recientemente."

El artículo seguía un par de párrafos más alabando al Ministro y los esfuerzos que estaba haciendo por atrapar a los mortífagos. Elyon no podía creer lo que había leído.

-¿Quién…? –musitó ella dolida.

-Rita Skeeter –bufó Johnny-. Es una reportera nueva de El Profeta, que se dedica a publicar basura como esta.

-Pero esto es mentira –dijo Lisa indignada- ¿Actitud jocosa? ¡Si lloraste más que yo!

-Eso lo sabes tú que estabas ahí. La gente que lo lea solo verás esa dichosa foto –dijo Elyon con rabia-. Mi tío solo intentaba animarme ¡Por Merlín! Si mi abuelo se entera de esto me matará.

-¿Por qué? Si tú no tienes la culpa de nada –se indignó Grace.

-Porque debí mantener las formas. Ya me avisaron que los reporteros solo buscarían algo polémico que decir sobre nosotros –la semielfa enterró la cabeza en sus brazos, sobre la mesa-. Ahora sé por qué algunos alumnos me miraban mal.

Will se acercó a ellos y miró a su amiga.

-Veo que ya lo ha leído –suspiró con resignación-. Tú ni caso, los que te conocen bien saben que todo es mentira.

-En tu Sala Común tienen que estar disfrutando con esto –gimió ella aún con el rostro entre sus brazos.

-No creas. Solo lo están disfrutando los amigos de Mark. Los alumnos a los que liberaste con la ayuda de Johnny no se creen una palabra, dicen que no serías capaz de algo así.

-A los que liberé… que dramático. Además, eso fue cosa de Snape y Johnny –Elyon torció una sonrisa levantando un poco el rostro-. Esto es más serio de lo que creéis, mi abuelo me lo estuvo explicando. Como los elfos hicimos un trato de no intromisión con los humanos, parece que no nos importa lo que os pase, y muchos magos así lo creen. Y este dichoso artículo empeora nuestra imagen, así nunca podremos volver a acercar nuestras sociedades de nuevo. He metido la pata hasta el fondo.

-Pues yo cuanto más conozco a los elfos mejor me caen –Lisa la miró con una sonrisa-. Y creo que por eso Dumbledore te metió en Hogwarts en vez de enviarte con tu abuelo cuando murieron tus padres, para que los más jóvenes abriéramos los ojos a lo que nos oculta el Ministerio.

-¡Lisa para Primer Ministro ya! –gritó Grace alzando los brazos.

Su amiga se sonrojó y le dio un codazo para que bajara los brazos.

-Hiciste muy buen trabajo en el funeral, no te tortures por las mentiras de una reportera sin escrúpulos que solo intenta destacar –le dijo Johnny poniéndole una mano en el hombro-. Aquí pone que los aurores están buscando a los responsables, y realmente solo se están preocupando de que nada golpee a Fudge y su grupito en un supuesto segundo ataque.

-¿Tú también te diste cuenta? –Elyon alzó una ceja.

-¡Por favor! Era difícil no distinguir a los aurores que estaban entre los invitados del funeral. No lloraron, no pusieron cara triste, y no hacían más que mirar a todas partes.

El resto asintió con una mueca de desagrado, dándole la razón a su amigo.

Judith, Alex y Sharon se sentaron cerca de ellos y arrojaron un Profeta sobre la mesa.

-¿Puedes explicarnos esto? –le dijo Amber con seriedad.

-Yo… -la semielfa no sabía por dónde empezar.

-¿Qué es eso de "heredera de los elfos"? ¿Qué eres princesa o algo así? ¡Y no nos dices nada! –Alex parecía indignada.

-Aún más importante –la interrumpió Sharon- ¿Cómo que tus padres murieron durante la guerra? ¡Nosotras criticando siempre los sobreprotectores que eran tus padres y resulta que estás sola!

-¡¿Sabes lo mal que nos hace sentir esto ahora?! –Judith la miró dolida.

-Yo… -musitó ella un poco más tranquila al ver por qué se habían enfadado.

-"Yo" no es una buena respuesta –Judith alzó una ceja a la espera.

La joven suspiró.

-Sentaos, es largo de contar –les pidió ella.

Sus cuatro compañeras se acomodaron en el banco de madera acercándose más. Cuando estaba a punto de comenzar, vio que otros alumnos de Gryffindor se giraron hacia ella y se acercaron, así como algunos alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff, junto con unos pocos "liberados" de Slytherin que habían escuchado la pequeña discusión. En apenas unos segundos se encontró rodeada de aquellos compañeros con los que siempre se habían llevado bien, que la habían ayudado y la habían tratado como a una más incluso después de mostrar su procedencia. Lo justo era ser sincera con ellos al fin.

Sintió un desagradable hormigueo en el estómago, así que tragó saliva, inspiró y se relajó. Comenzó a relatarles quién era realmente, y la razón de la muerte de sus padres a manos del mismísimo Lord Voldemort, su papel en el pueblo elfo y la importancia de las Grandes Familias y los elfos en el mundo tanto mágico como muggle.

McGonagall miró la escena con una sonrisa. A pesar del daño que había causado el artículo, dentro del colegio había ofrecido la oportunidad de mostrar a las nuevas generaciones el mundo real que algunos magos se esforzaban en ocultar y olvidar, y la importancia de aprender a convivir todos juntos sin importar la procedencia para crecer como comunidad.

…..

Snape miraba al niño rubio y regordete que jugaba en la alfombra con su padre, zarandeando un tigre de peluche mientras imitaba torpemente los rugidos del animal.

-¿Quieres un té, Severus? –le ofreció Narcissa.

-No, gracias –respondió él con una sonrisa educada.

-Cariño, ¿te importaría dejarnos solos hasta que la cena esté lista? –le pidió Lucius con una sonrisa cariñosa.

-Claro –la mujer sonrió, pero Snape vio en sus ojos el brillo de la preocupación.

Narcissa se acercó al pequeño para llevárselo.

-Puedes dejarlo jugar aquí, no nos molesta –le dijo su marido levantándose del suelo para sentarse en una butaca, frente a su invitado.

Finalmente la mujer salió de la sala y los dejó solos.

-Narcissa está un poco alterada, ¿no? –preguntó Snape con preocupación.

-Siempre se altera cuando tengo reuniones de trabajo –suspiró Lucius recostándose en la butaca-. Nunca le ha gustado que trabaje para el Señor Tenebroso, sobre todo desde que tenemos a Draco. Se pasa las noches en vela cuando nos sale alguna misión.

-Tienes suerte de tener a alguien que se preocupe porque vuelvas de una pieza, no te quejes –le dijo el chico con una sonrisa socarrona.

-A veces preferiría estar en tu pellejo. No tener a nadie de quién preocuparme, salvo para que me caliente la cama de vez en cuando –el hombre alzó una ceja, divertido.

Ambos rieron.

-¿Y a ti qué te inquieta? –le preguntó Lucius finalmente.

-¿Qué te hace pensar que algo me inquieta?

-Que de repente hayas accedido a venir a cenar después de meses de "estoy muy ocupado" –Snape lo miró con seriedad- ¿Y bien?

-Los sublevados –contestó el chico al fin.

-¿Por qué? –el mortífago frunció el ceño.

-No me gusta que de pronto estén al mando.

-No seas simple. No están al mando, si lo estuvieran no los seguiríamos, antes todos preferiríamos ir a Azkaban. Solo están ayudándonos un poco –comentó Lucius con desdén.

"Iluso" pensó Snape.

-¿Entonces quién está al mando? ¿La loca de tu cuñada? –quiso saber él, escéptico.

-¿Quién? ¿Bella? –el hombre alzó una ceja- Lleva meses desaparecida, no sé si sigue con vida. Que yo sepa, ni siquiera acudió a la última misión. Y te agradecería que no la mencionaras frente a Narcissa, está muy sensible con su desaparición. Aunque no se llevaran muy bien, sigue siendo su hermana, y se preocupa por ella.

-Tranquilo, no diré nada. No me gusta hablar de trabajo frente a ella -lo miró de forma tranquilizadora-. Pero no has respondido a mi pregunta.

-Dicen que es Sallow.

-¿Sallow? Creí que había muerto en la última redada -Snape frunció el ceño.

-Sobrevivió, pero ha quedado muy tocado y prefiere dirigir que estar en primera línea. Por mi parte me parece bien, siempre ha sido un buen estratega.

Snape evaluó a Lucius. Le había sido sincero, no tenía ni idea de si Bellatrix seguía con vida o no, o si estaba planeando algo por su cuenta. Eso lo tranquilizó. Con evitar que Elyon saliera de Hogwarts hasta haber peinado la zona a conciencia sería suficiente.

-¿Has leído El Profeta de hoy? –le preguntó cogiendo el ejemplar de la mesita de café que había a su derecha. Snape negó con la cabeza- Te aconsejo que le eches un ojo.

El chico se topó con la foto de Elyon, Heon y Azrael. Luego leyó el artículo poniendo cuidado en que su expresión no mostrara otra cosa que no fuera indiferencia. Obviamente la noticia le iba a acarrear problemas a Elyon tanto dentro como fuera del colegio. Seguro que Kove iba a tener algo que opinar al respecto aquella tarde.

-No dice nada que no supiéramos ya –se limitó a contestar.

-Lo sé, pero es un buen escarmiento para esos orejas picudas. Les costará mucho salir bien parados de esto.

-Dudo que se molesten siquiera en responder –Snape le devolvió el periódico.

Lucius torció una sonrisa y se quedó mirando la fotografía.

-¿Qué edad tiene ya McWilliams?

-Dieciséis, creo.

-Parece mayor –comentó el mortífago-. Y es toda una preciosidad ¿No crees?

Ambos hombres se mantuvieron la mirada. A Snape no le gustó el rumbo que podía llegar a tomar esa conversación.

-Es una elfa –dijo con desagrado-. Todas son tan guapas como indeseables.

-Ya… pero nadie te culparía por pasar una noche con ella. No serías el primer mortífago que pasa un buen rato con una orejas picudas. Y algunas de ellas no eran ni la mitad de guapas que McWilliams.

-¿De verdad crees que sería capaz de tocarla bajo las narices de Dumbledore? No estoy tan loco –rio Snape con mofa-. Además, te recuerdo que no nos llevamos precisamente bien y el viejo no le quita el ojo de encima en ningún momento. Ese es uno de los motivos por los que no os la he traído ya.

-¿Y qué más da si no os lleváis bien? Si quisieras podrías camelarte a una chiquilla como ella –el mortífago se encogió de hombros.

-No soy ningún pederasta, Lucius. Tengo muy claro el tipo de mujeres que me gustan, y como profesor, jamás me atrevería a sobrepasarme con una alumna, por guapa que te pueda parecer –Snape lo fulminó con la mirada.

-Tranquilo Severus, era broma. Sé lo firmes que son tus principios. Solo te lo comento porque si no lo haces tú, lo hará otro, y estrenar a alguien como ella es una oportunidad única en la vida.

Por suerte para Lucius, en ese momento entró Narcissa en el salón para decirles que la cena estaba servida. Si la mujer hubiera tardado un par de segundos más, quizá ahora fuese viuda.

…..

De camino a Defensa se encontró con McGonagall, que la avisó de que esa tarde no habría instrucción, pero que su maestro había dejado la sala preparada por si quería entrenar por su cuenta. Elyon decidió que aunque fuera sin profesor, ella haría la clase igualmente con la ayuda de Snape. Seguía teniendo presente la amenaza de aquella mortífaga, aunque el chico no la hubiera creído, y prefería estar preparada para lo que pudiera pasar.

En la sala encontró dos lanzas, dos varas de caña y dos espadas. Comenzó a calentar mientras esperaba la llegada de Snape, pero tras minutos de espera, comprendió que él tampoco aparecería. Así que cogió primero una de las lanzas, y luego una espada, y practicó todos los movimientos que Kove le había enseñado, así como los que recordaba haber visto hacer a su padre. Quería estar a la altura de lo que todos esperaban de ella, y además lo necesitaba, que Kove y Snape no hubieran aparecido significaba que el peligro estaba muy lejos de desaparecer.

…..

Eizen la despertó el domingo temprano, sus compañeras aun dormían. A desgana se levantó de la cama y rebuscó en su mesita de noche unas chucherías lechuciles. El animal las engulló felizmente y luego salió por la ventana aleteando con fuerza. Desde que el halcón había recuperado las fuerzas no hacía más que entrar y salir del castillo. Por suerte aquella mañana no había decidido traerle un animal muerto para demostrarle lo buen cazador que era.

Fue a dar una vuelta por el castillo aprovechando el silencio que reinaba en el lugar los domingos tan temprano. Necesitaba un poco de tiempo a solas, para pensar o simplemente para no hacerlo. Desde que habían vuelto del funeral sus amigos no la dejaban nunca a solas. Se suponía que debían cuidar de Johnny, y tenía la sensación de que en vez de eso la estaban cuidando a ella.

-Que madrugadora –le dijo una voz al final del pasillo.

Elyon alzó la vista y sonrió.

-Igual que tú –le respondió acercándose a él.

-¿Y tus amigos?

-Durmiendo. De no ser por Eizen, yo haría lo mismo, pero me ha desvelado –Elyon se encogió de hombros con resignación.

-¿Qué tal la clase con Kove? –quiso saber Snape.

-Solitaria… tan solitaria que tuve que pelear con mi sombra.

El profesor alzó una ceja, confuso.

-No apareció, y como tú tampoco lo hiciste, entrené sola –explicó ella con un suspiro.

-Qué triste –se mofó él.

-Mucho… Pero ni me voy a molestar en preguntar por qué me dejasteis tirada, sé que no me responderéis.

-No puedo hablar por Kove, no sé por qué no vino –le dijo Snape con calma-. Por mi parte, estuve haciendo una visita a un amigo.

-¿Tú tienes amigos? ¿Amigos de verdad? ¿Fuera de tu fantástico círculo de magos psicópatas? –Elyon arrugó la nariz- No sé si creérmelo.

Snape la fulminó con la mirada, pero finalmente suavizó su expresión.

-¿Cómo lleva el colegio la buena nueva?

-¿Lo que publicó El Profeta? –su profesor asintió-. Bien… me llevé más broncas y malas caras por no haberles contado antes algunos detalles de mi vida que por lo que decía el artículo en sí. Aunque algunos de tus alumnos han disfrutado leyéndolo.

-Supongo que tanto como yo –Snape se encogió de hombros y se cruzó de brazos con una mueca divertida.

-Me alegro de que tu amigo imaginario y tú os hayáis echado unas risas a mi costa.

Snape entornó los ojos con una mueca.

-No sé si me gusta la confianza que me estás cogiendo últimamente –le dijo dándole un ligero codazo en el brazo.

-Nos pasamos juntos casi todo el día. Tal vez hasta te esté llegando a coger cariño, como si fueras un pobre gatito enfermo y abandonado –Elyon alzó una ceja y lo miró con inocencia.

El chico negó con resignación, le puso una mano en la cabeza a la chica y la empujó con suavidad lejos de él.

-Eres insufrible… -le susurró.

-Aprendo del mejor –rio Elyon.

Escucharon el eco de unos tacones pararse en el pasillo. Snape alzó la vista y la semielfa se giró. Zelda los miraba con desagrado unos metros más allá.

-Severus, ¿me permites un momento? Si no estás muy ocupado, claro –la voz melosa de la mujer resonó entre las paredes de piedra.

-Ya nos veremos –se despidió el chico.

Elyon asintió. La mujer comenzó a andar y Snape la siguió por los pasillos. Zelda abrió la puerta de una de las aulas y le hizo un ademán para que entrara. Él puso los ojos en blanco. La bruja cerró la puerta al entrar y se apoyó en ella cruzándose de brazos, con expresión de enfado.

-¿Y bien? –preguntó Snape con hastío al ver su humor.

-¿Te acuestas con McWilliams? –le preguntó ella a bocajarro, con seriedad.

El chico alzó una ceja y torció una sonrisa divertida ¿Qué le pasaba a todo el mundo con ese tema?

-¿Te crees que soy tú? –se mofó.

La mujer se separó de la puerta y se acercó a él con pasos decididos. Sus tacones resonaron con fuerza en el aula vacía.

-No me respondas con preguntas, Severus –Zelda lo miró con enfado-. Siempre te veo observándola, siempre pendiente de ella. Es la única alumna a la que has ayudado académicamente y con la que pasas parte de tu tiempo libre, y no precisamente a desgana, por mucho que intentes disimularlo.

-Supongo que a estas alturas, si has leído El Profeta, sabrás quién es –la pelirroja asintió con los labios apretados-. Pues si eres tan inteligente como creo que eres, sabrás que obviamente no la dejan estar aquí sin supervisión. Así que, ¿adivina a quién le encasquetaron el marrón?

Zelda se humedeció los labios, aún con los brazos cruzados.

-Eso no cambia mi pregunta ¿Te has acostado o no te has acostado con ella?

-Mantengo mi respuesta: no soy tú. A mí no me interesan las chiquillas inmaduras e inexpertas –le dijo con voz fría, Zelda relajó un poco su expresión-. Pero me hace mucha gracia que tú precisamente, estés celosa de una niña de dieciséis años.

-¡No estoy celosa! –le dijo indignada.

-¡No, claro que no! ¡Merlín me libre de decir algo parecido! –rio el chico con expresión socarrona.

-Simplemente no me gusta que toquen mis cosas.

Snape perdió la sonrisa en el acto. Su mirada se ensombreció.

-Ya no sé cómo hacerte entender que nosotros no tenemos una relación, por lo que puedo meter en mi cama a quién me dé la gana sin que tú metas las narices en un arranque de celos. Yo no me inmiscuyo en tus líos de sábanas y tú no te inmiscuyes en los míos, ese fue el trato.

Zelda descruzó los brazos despacio.

-Si sigues insistiendo en indagar en mi vida privada daré por acabados nuestros encuentros. No colmes mi escasa paciencia.

Hubo un silencio tenso entre ellos. La mujer no estaba dispuesta a dejarlo ir, debía cambiar su actitud hacia él o cumpliría su ultimátum.

-Vale, de acuerdo… No te la estás tirando… Y aunque lo hicieras no es asunto mío, me ha quedado claro -suspiró la mujer- ¿Aún tengo posibilidad de disculparme contigo? –Zelda se acercó a él mirándolo a los ojos, sumisa.

Snape se la quedó mirando, aún con el ceño fruncido con enfado.

-Es posible. Pero tendré que sopesar si realmente me compensan tus arranques de celos –contestó él más calmado.

La mujer acortó toda la distancia que había entre ellos.

-Te aseguro que te compensan –le susurró ella a escasos centímetros de los labios del chico-. Te compensan muchísimo.

Zelda rozó sus labios con la última frase. Durante un segundo pensó que el chico saldría de allí sin más, pero Snape la besó con fiereza atrayéndola hacia si. La mujer bloqueó la puerta con un hechizo mientras se apresuraba en quitarle la capa que descansaba sobre sus hombros, sin dejar de besarlo. Cómo había echado de menos su energía, su rabia, las pequeñas batallas por ser quién dominara al otro.

Snape se dejó llevar. Lo necesitaba. Necesitaba dejar de pensar. Necesitaba liberarse, desfogarse de toda la tensión y el estrés de los últimos meses desde que habían expulsado a Elyon. Necesitaba pasar un buen rato.

Sentó a la mujer en uno de los pupitres al mismo tiempo que buscaba bajo su vestido la ropa interior, y la retiraba con apremio. Para cuando esta tocó el suelo, Zelda ya le había desabrochado y bajado los pantalones, y había rodeado su cintura con sus piernas.

…..

La voz de McGonagall restalló en el castillo como un trueno, haciendo que todos los alumnos se despertaran sobresaltados.

-A todos los alumnos, diríjanse de inmediato al Gran Comedor de forma tranquila y ordenada –la voz de la bruja sonó firme pero tranquila.

Los estudiantes se levantaron con rapidez, se calzaron y se pusieron las túnicas de trabajo sobre los pijamas. Elyon miró alrededor, sentía que su corazón se aceleraba poco a poco. Algo iba mal, y no lo sabía solo por el mensaje de McGonagall y el color rojizo de su lágrima. Pasaba algo raro, como si el aire del castillo se hubiera enrarecido, algo en el colegio había cambiado. Así que se cambió de ropa con rapidez.

-¿Qué haces? –le preguntó Lisa.

-Ponerme cómoda –contestó ella abrochándose los vaqueros.

-¿Para qué? –Judith la miró confusa.

-Algo no va bien –les dijo preocupada.

-¡Por supuesto que algo no va bien! –exclamó Alex atándose los cordones de los zapatos- Si no, no nos habrían levantado de la cama.

-No me refiero a eso… es una sensación… un mal presentimiento, no puedo explicarlo –Elyon no sabía cómo hacérselo entender, y tampoco tenía tiempo.

Lisa también se vistió con rapidez.

-¿Vais en serio? –Alex no se lo podía creer.

-Alex, si Elyon dice que pasa algo raro, es que pasa algo raro. Así que quiero estar preparada -contestó Lisa tajante.

La semielfa miró a su amiga con una sonrisa de agradecimiento mientras se ataba las deportivas.

-Estáis las dos locas, que lo sepáis –bufó Judith cambiándose también.

…..

Snape se levantó de golpe de la cama, se puso una camiseta y corrió hacia la puerta. Al abrirla se encontró con un hombre vestido de negro y una máscara blanca. Levantó su varita y atacó. El mortífago fue más rápido y se apartó, luego cogió su muñeca.

-¡Ey! Tranquilo –le dijo una voz que arrastraba las palabras.

-¿Lucius? Joder que susto, ¿qué haces aquí? ¿Y así vestido? –Snape lo miró confuso y preocupado.

-Evitar que te pierdas la diversión –el hombre se quitó la máscara, mostrando su habitual sonrisa de superioridad-. Por algún motivo las órdenes eran dejarte fuera de combate como al resto de profesores, fantasmas, elfos domésticos y demás habitantes del castillo que no fueran alumnos. Así que da gracias de que me haya ofrecido a venir hasta tu cuarto para supuestamente drogarte mientras dormías. Venga, coge tu túnica y la máscara, y vamos con el resto.

-¿Es resto? ¿Para qué? –el chico lo miró con recelo.

-Para tomar Hogwarts y traer de vuelta al Señor Tenebroso.

Snape sintió que el corazón le daba un vuelco. Tenía que encontrar a Elyon y sacarla de allí. Ya.

…..

Para cuando bajaron de la habitación, ya no quedaba nadie más en la Sala Común.

-Ya se han ido todos, tenemos que darnos prisa –dijo Alex nerviosa.

Todas se apresuraron en dirigirse al hueco de la entrada, pero Judith se quedó plantada en medio de la sala, observando a su alrededor.

-Chicas –las llamó con un hilo de voz-. Elyon tiene razón, pasa algo raro. Mirad los cuadros.

Ellas se acercaron a mirar.

-Solo duermen –comentó Sharon encogiéndose de hombros- ¿Qué hay de raro?

-La última vez que McGonagall nos reunió de urgencia, los cuadros se aseguraron de que todos nos diéramos prisa en llegar al Gran Comedor, y ahora ni se han inmutado. No me cuadra.

-Vámonos ya –insistió Elyon, nerviosa.

A medida que recorrían los silenciosos pasillos del colegio, se dieron cuenta de que la escena de su Sala Común se repetía. Todos los cuadros dormían profundamente, y no habían visto a ninguno de los fantasmas rondar por los pasillos en busca de los posibles alumnos rezagados. Las chicas estaban cada vez más inquietas, y daban gracias por haberse vestido y puesto las deportivas. La semielfa sacó su canalizadora, lista para lo que pudiera pasar. Sus amigas la imitaron.

Les pareció ver que algo aparecía en el pasillo tras doblar una de las esquinas. Las jóvenes corrieron a agazaparse en la entrada del pasillo más cercano. Alex se asomó con cuidado, y tras un segundo, volvió a acurrucarse junto a ellas blanca como el mármol.

-Mortífagos… hay dos mortífagos en el pasillo –susurró aterrada.

-¡¿Qué?! –Sharon la miró horrorizada.

Elyon se acercó con cuidado a la esquina. Dos mortífagos se acercaban hacia ellas con las puntas de sus varitas encendidas, buscando en todos los recovecos, seguramente a la caza de los alumnos que no había caído en la trampa del Gran Comedor.

-Tenemos que salir del castillo –les susurró con seriedad.

Las cinco se levantaron y corrieron por el pasillo con todo el sigilo posible. Tras doblar un recodo, vieron que el corredor acababa en un gran ventanal.

-No –gimió Lisa.

Elyon abrió la ventana con cuidado y miró hacia abajo. Estaban demasiado alto para saltar sin más. No vio al alcance ninguna enredadera por la que poder descender, y los huecos entre los ladrillos de piedra eran demasiado estrechos para poder meter los dedos. Estaban en un callejón sin salida.

-Accio Barredoras –murmuró ella con un movimiento de su canalizadora.

Esperaron un minuto interminable, y como Elyon se temió, no llegó ninguna escoba. Los mortífagos habían pensado en todo.

-¿Qué hacemos? –preguntó Sharon con ojos llorosos.

-No lo sé –musitó ella.

-Dejadme sitio, tengo una idea –Judith se abrió paso entre ellas.

Apuntó al suelo exterior con su varita y murmuró algo. Luego se subió al alfeizar de la ventana, inspiró hondo, y saltó. Sharon ahogó un grito de horror y Lisa se apresuró en taparle la boca. En aquel tenso silencio que reinaba en el castillo, hasta sus susurros arrancaban ecos a las paredes. Cuando Judith tocó el suelo, este se hundió bajo ella, y luego volvió a ascender, haciendo que la chica rebotara como si de una cama elástica se tratara.

-¿Pero qué…? –Alex miró lo ocurrido sin poder creérselo.

Elyon sonrió con alivio y sorpresa. Judith les hizo un gesto para que la imitaran en cuanto salió del radio del conjuro. La semielfa hizo saltar a sus compañeras primero, y antes de hacerlo ella también, cerró la ventana evitando dejar algún rastro que les indicara a los mortífagos que alguien había escapado por ahí.

Judith la ayudó a salir del terreno elástico cuando hubo saltado.

-Un conjuro genial –le sonrió.

-Y lo más gracioso es que lo descubrí por casualidad –resopló su compañera.

Corrieron hasta llegar a los invernaderos y se refugiaron entre los arbustos.

-¿Y ahora qué? Nunca llegaremos a Hogsmeade –Sharon las miró nerviosa.

-No tenemos que ir a Hogsmeade. Seguramente haya mortífagos en las puertas de la muralla para evitar que alguien escape. Tenemos que ir al bosque –dijo Elyon con seriedad-. Allí estaremos a salvo.

-¿A salvo? ¿Allí? ¡Está lleno de trolls y hombres lobo! –le dijo Judith mirándola como si se hubiera vuelto loca.

-Te aseguro que no hay hombres lobo, y los trolls son fáciles de evitar, eso si nos llegamos a encontrar con alguno, que no creo que pase –insistió la semielfa.

-Yo no recuerdo lo mismo –la interrumpió Lisa.

Elyon le hizo un ademán para que se callara.

-Tenemos que llegar con los centauros, ellos nos ayudarán. Vosotras no os separéis de mí y todo irá bien, ¿vale?

Sus compañeras asintieron. Hasta ahora les había ido bien haciéndole caso. Se echaron la capucha de las túnicas negras sobre a cabeza y comenzaron a andar amparándose en las sombras.

Llegaron a las puertas del colegio. En las escaleras exteriores no vieron a nadie. Elyon se asomó con cuidado. Las puertas de roble estaban abiertas, dejando ver el interior del vestíbulo, en el que hacían guardia dos mortífagos. La joven le hizo un gesto al grupo para que se quedara quieto. Debía despistarlos para que miraran al interior el tiempo suficiente para que ellas cruzaran. En lo alto de las escaleras de mármol que llevaban al primer piso vio una de las tantas armaduras que adornaban los pasillos. Con un movimiento de su canalizadora hizo que se desplomara formando un gran escándalo. Los dos hombres se giraron hacia el interior y se apresuraron en subir las escaleras para averiguar qué había pasado. Ellas aprovecharon esos segundos de confusión para cruzar frente a las puertas.

Al fin llegaron a la zona exterior del castillo más próxima al Bosque Prohibido. Había trescientos metros de campo abierto entre ellas y la arboleda. Una vez comenzaran a correr, no podrían parar hasta adentrarse en los árboles, ya que estarían completamente desprotegidas y serían un blanco fácil.

-Pase lo que pase, no dejéis de correr. No miréis atrás. Solo tenemos una oportunidad –les dijo Elyon con seriedad.

Sus amigas asintieron, y sin pensárselo más empezaron la carrera. A mitad de camino escucharon gritos tras ellas.

-¡Allí! ¡Se dirigen al bosque! –gritó un hombre.

Los hechizos comenzaron a volar sobre sus cabezas.

-¡Corred! ¡Corred y no paréis! –les dijo la semielfa.

Sin bajar su ritmo, se giró hacia los mortífagos y los apuntó con la canalizadora.

-¡Lumus Solem Máxima! –conjuró.

La noche se convirtió en un día blanco, sin sombras. Los magos se llevaron las manos a los ojos, completamente cegados por el repentino estallido de luz. Lo único malo de haber usado ese hechizo era que ahora todos los mortífagos sabían que estaba pasando algo, pero con suerte, también habría puesto sobre aviso a los centauros y los vecinos de Hogsmeade.

Por fin alcanzaron el bosque, pero no pudieron dejar de correr, aunque sus túnicas se engancharan en los arbustos y tuvieran que saltar infinidad de raíces para no caer de bruces. De nuevo varios conjuros cayeron sobre ellas, golpeando troncos, ramas y raíces. Para cuando Elyon miró a su alrededor, Lisa corría varios metros más allá, esquivando conjuros a la carrera, y a las demás ya ni siquiera las veía. Las estaban separando para poder cazarlas más fácilmente. El bosque se hizo más espeso y la oscuridad creció a su alrededor. Fue entonces cuando Elyon vio la oportunidad de despistarlos. Aprovechando el impulso de la carrera, apoyó un pie en el tronco de un árbol y se impulsó para encaramarse a las ramas más cercanas. Siguió subiendo por el árbol hasta llegar a la zona más tupida, allí se acomodó entre las ramas y se cubrió por completo con la capa negra escolar, casi hecha girones por culpa de los arbustos. Se cubrió la boca para ahogar el ruido de su agitada respiración y esperó.

Vio pasar bajo las ramas a varios mortífagos. Se recostó contra el tronco. Su cuerpo temblaba por la mezcla de miedo y adrenalina, y contuvo las ganas de llorar. Aunque lo había intentado, no había podido proteger a sus amigas, se habían separado y no tenía forma de saber qué había sido de ellas. Y además estaba el resto de alumnos de Hogwarts, entre los que se encontraban Will, Johnny y Grace. Apretó la mandíbula. Tenía que hallar la manera de escapar para dar la voz de alarma, ella sola no podía liberarlos a todos. Debía avisar a Dumbledore y su abuelo. Era imposible que los mortífagos por sus propios medios hubieran conseguido hacerse con el colegio y reducir a todos los profesores, fantasmas y elfos domésticos. La magia de protección del castillo era inexpugnable, o eso decían. Los sublevados debían estar también detrás de aquello, no había otra explicación posible, y esa idea le aterraba. No se sentía preparada para combatir contra uno solo de los sublevados. Apenas había conseguido vencer a Kove un puñado de veces, así que no tenía nada que hacer contra uno de aquellos elfos. Por mucho que le doliera, no tenía otra opción que huir e intentar pedir ayuda, y luego esperar a que esta llegara, si es que llegaba.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había subido al árbol. Pero hacía mucho que el silencio nocturno del bosque se había adueñado de todo. Nadie más había pasado bajo el árbol o cerca de él. Bajó con cuidado y miró a su alrededor, no parecía haber nadie más por allí. Comenzó a andar hacia el centro del bosque, en busca de los centauros. Le pareció ver una sombra entre los árboles, ella se giró sobresaltada con la canalizadora preparada. Un thestral salió de entre los arbustos, sus ojos blancos brillaban en la noche. Elyon suspiró más tranquila. Entonces el animal echó las orejas atrás y levantó la cabeza. Algo la golpeó con fuerza sobre su oreja derecha. Lo último que escuchó antes de caer al suelo fue el fuerte relincho del animal y cómo este golpeaba el suelo con sus cascos, furioso.

…..

Cuando abrió los ojos, la luz reinante, aunque escasa, la cegó. Le dolía la cabeza, estaba mareada y sentía náuseas. Ahogó un quejido cuando intentó incorporarse. Alguien la agarró del hombro impidiéndole levantarse.

-No te muevas –le susurró Grace.

Elyon miró alrededor intentando enfocar bien. La pelirroja estaba frente a ella, pero no la mirada, miraba al frente. Johnny estaba a su lado, tenía el labio partido y amoratado. Algo le decía que el chico había intentado enfrentarse a los mortífagos. Con cuidado miró sobre su hombro. Reconoció la melena de Lisa y el pelo castaño de Will. Ambos estaban sentados tras ella, el chico le rodeaba los hombros a su novia con un brazo, y con sus túnicas cubrían el cuerpo de Elyon. La joven volvió la vista hacia Grace.

"¿Qué pasa?" –le preguntó ella.

La ravenclaw dio un respingo cuando escuchó la voz de su amiga en su cabeza.

"No estamos muy seguros" –contestó la pelirroja- "Cuando llegamos todos al Gran Comedor se cerraron las puertas y aparecieron los mortífagos. Nos quitaron las varitas y separaron a los de primer y segundo curso, y a los hermanos. Luego nos trajeron aquí."

Elyon intentó llevarse una mano a la cabeza. El dolor palpitante no cesaba.

"Te he dicho que no te muevas" –insistió Grace.

"¿Por qué?"

"Creemos que te están buscando. Nada más llegar aquí examinaron a todas las alumnas de pelo largo de quinto curso, con tu foto de El Profesta en una mano. Cuando no te encontraron empezaron a ponerse nerviosos y algunos se fueron. Al rato trajeron a Lisa, Sharon, Judith y Alex, una hora después te trajeron a ti. Te soltaron en el suelo de cualquier manera. Menos mal que estás bien, salvo por la brecha de la cabeza."

Entraron tres mortífagos en la sala, y hablaron con uno de los dos que vigilaban a los estudiantes. El mago señaló hacia donde estaban Grace y los demás. La pelirroja se puso tensa.

"No te muevas y finge seguir inconsciente" –le dijo la chica.

Johnny le cubrió bien la cabeza a su amiga con la capucha, Lisa y Will se acercaron más a Elyon para que sus túnicas la ocultaran por completo.

-Apartaos –les dijo el mortífago cuando llegó hasta ellos.

Ninguno de los cuatro se movió o miró al mortífago.

-¡Moveos! –rugió.

Pero los chicos siguieron impasibles. Así que el hombre empujó a Lisa y Will para apartarlos y dejar a Elyon a la vista. La gryffindor intentó incorporarse para encarar al mortífago, pero este la apuntó directamente a la cara con su varita.

-No me des una excusa para hacerte daño –le dijo el hombre con calma.

Un segundo mago se acercó hasta ellos y cogió a la semielfa en brazos. A la joven le costó fingir estar inconsciente y no tensar su cuerpo.

-¡No la toques! –gritó Johnny levantándose de golpe y abalanzándose sobre el mortífago.

El segundo mago le propinó al chico un puñetazo en el estómago, haciendo que cayera al suelo sin aire, doblándose de dolor.

-¡Johnny! –Grace se apresuró en ver si estaba bien.

"Johnny no hagas estupideces, por favor" –le dijo Elyon, aunque no estaba segura de haber podido entrar en su mente.

La semielfa abrió muy sutilmente los ojos. Lo justo para intuir lo que pasaba a su alrededor. Se estaban dirigiendo a la puerta, se la iban a llevar a alguna parte, lejos de los demás. Su corazón se desbocó y el miedo empezó a apoderarse de ella. El dolor de cabeza no la dejaba pensar con claridad, y necesitaba hacerlo para poder controlar la situación.

-¡Dejadla en paz! –gritó Johnny levantándose de nuevo.

Sacó de su túnica un bate de quiddicht y golpeó al mortífago que seguía junto a ellos en la cara. Luego sacó una bludger y la lanzó con fuerza contra el resto de mortífagos. El caos cundió en la mazmorra. La bola dejó inconsciente a uno de los magos, y luego rebotó en la pared golpeando a un segundo hombre desprevenido. La bludger volvió a Johnny, que la golpeó con saña alcanzando a otro de los mortífagos en el pecho. Los alumnos gritaban mientras intentaban ponerse a cubierto para que la bola no les golpeara. Elyon aprovechó el jaleo y golpeó en la garganta al hombre que la sujetaba. El mago la soltó en el acto con un gemido de dolor. La joven golpeó a otro mortífago en las costillas cuando se acercaba a ella.

-¡Se acabó! ¡Crucio! –rugió el único mortífago que aún seguía ileso.

Las piernas de Elyon flaquearon y se derrumbó en el suelo. Sintió sus huesos arder, y se retorció por aquel dolor intenso y penetrante que no la dejaba respirar. Gritó con fuerza mientras su espalda se curvaba por el dolor.

Johnny volvió a golpear la bludger con todas sus fuerzas, apuntando directamente a la cabeza del mortífago que estaba torturando a su amiga. Pero antes de que la bola lo alcanzara, esta estalló en pedazos. El mago al que el hufflepuff había golpeado directamente con el bate se había puesto en pie. Su máscara estaba quebrada, y podía verse la sangre gotear por su barbilla.

-¡Crucio!

Johnny cayó al suelo entre gritos de dolor, retorciéndose. Grace y los demás se acercaron a él sin poder hacer nada para que aquello acabara. Elyon escuchó los gritos de su amigo por encima de los suyos propios. No iba a permitir que ninguno de sus amigos siguiera sufriendo por su culpa. Se había acabado.

-¡Basta! –gritó ella.

Consiguió incorporarse lo suficiente para encarar al atacante de Johnny y alzó una mano. Un rayo blanco surgió de la nada y atravesó al mortífago, que se desplomó en el suelo. El hufflepuff inspiró hondo cuando el dolor cesó, pero fue incapaz de moverse.

Elyon se dejó caer en el suelo cuando su dolor también cesó. Le temblaba todo el cuerpo. Aun así intentó ponerse en pie.

El mortífago corrió hasta su compañero, y le tomó el pulso. El resto de magos se levantaron del suelo, doloridos. Uno de ellos tenía el brazo derecho colgando de su costado, la bludger parecía haberle desencajado el hombro. Dos se sujetaban las costillas, uno de los cuales gemía de dolor, seguramente la bola le había fracturado varias costillas.

-¿Está bien? –preguntó el hombre al que Elyon había golpeado en la garganta.

-Está muerto –informó el mortífago alejándose del cuerpo inerte- Esa pequeña hija de puta lo ha matado.

-No es posible –los mortífagos no podían creerlo.

Elyon le mantuvo la mirada al mago. No tenía miedo de ellos, se lo iba a demostrar. Si era necesario, los mataría a todos. Uno a uno.

-Ojo por ojo, zorra –musitó el mortífago apuntándola.

-¡NO! –gritó Lisa.

-¡Crucio!

Aquel dolor ardiente e intenso volvió a recorrer su cuerpo. Clavó los dedos en el suelo y apretó tanto la mandíbula para no gritar, que tuvo la sensación de que sus dientes se partirían. El mortífago se aproximó a ella y giró su muñeca para intensificar el dolor. Las fuerzas le abandonaron, y gritó tan fuerte, que sintió su garganta quebrarse mientras caía al suelo retorciéndose y llorando. Lisa y Grace lloraban con frustración por no poder ayudarla.

Otro mortífago entró corriendo en la mazmorra, y lanzó a su compañero contra una de las paredes de piedra con un airado movimiento de varita.

-¡Idiota! ¡La necesitamos viva! –rugió el mago con una voz aterradora, fría y gutural.

Elyon quedó tendida en el suelo, inconsciente.

-¡Pero ha matado a…! –le dijo uno de los magos furioso.

-¡¿Y qué más da?! –le contestó el mortífago con aquella voz inhumana que helaba la sangre- ¡Si muere habremos venido para nada! ¡Si la matáis el Señor Tenebrosos os arrancará la piel a tiras! ¡Así que cierra la boca y limítate a vigilar a los críos!

El hombre examinó a Elyon con cuidado, luego la cogió en brazos como acunándola y la sacó de allí.

Lisa miró la escena con pasmo. Sabía quién era ese mortífago, pero se negaba a creerlo.

-Es Snape –musitó ella.

-¿Dónde? –Will miró hacia la puerta esperanzado por la llegada de la ayuda.

-El mortífago que se ha llevado a Elyon –susurró la morena-. Es Snape.

-Eso es imposible –su novio negó con la cabeza.

-Puede utilizar el hechizo que quiera para disimular su voz, pero después de pasarse un año aterrorizándome, podría reconocer esa forma de andar y moverse en cualquier parte.

-Lisa, sé que estás nerviosa… -Grace la miró preocupada mientras mantenía la cabeza de Johnny sobre su regazo para que el chico respirara mejor.

-¡Os digo que es él! –insistió ella- ¿Os habéis fijado en cómo la ha tratado? ¿Con qué cuidado? El resto de mortífagos la trataban casi con asco ¡Si hasta la ha acomodado contra su pecho!

Will se quedó pensativo.

-Durante el verano tuvo el antebrazo cubierto…

-Justo donde todos los seguidores de Quien-Vosotros-Sabeis llevan la Marca –finalizó Grace horrorizada-. Por Merlín… tenemos que avisar a Elyon, ella confía en él.

-¿Y cómo vamos a hacerlo? –gimió Johnny sentándose en el suelo, más recuperado.

Lisa negó con la cabeza, angustiada.

…..

El golpe de agua fría la despertó en el acto. Se incorporó con rapidez cogiendo aire. Frente a ella había tres mortífagos, uno de ellos una mujer morena de pelo rizado y mirada vehemente.

-Buenos días, Bella Durmiente –rio la bruja con aquella voz aguda y cantarina, tirando el cubo que llevaba en las manos a un lado.

Elyon los miró con los labios apretados, sintió una rabia inmensa apoderarse de ella y se lanzó contra los mortífagos. Un fuerte tirón en la muñeca derecha le impidió alcanzarlos. Al girarse vio que le habían colocado un grillete, unido a una gruesa cadena anclada a la pared.

-Los perros rabiosos necesitan cadenas –le dijo la mortífaga divertida-. Toda vuestra.

Los otros dos mortífagos se acercaron a ella, y aunque la joven se resistió, consiguieron inmovilizarla. De entre las sombras surgió un hombre alto, vestido de negro y con el rostro tapado por un pañuelo del mismo color con una estrella plateada bordada. Se agachó junto a la chica y la examinó a conciencia.

-Podrá aguantar –les dijo con un marcado acento élfico- Pero si volvéis a maltratarla, os destriparé como a cerdos. Comenzad con los preparativos del Círculo de Extracción.

-¿Qué es un Círculo de Extracción? –le preguntó Elyon intentando que no le temblara la voz.

El elfo salió de la mazmorra sin contestar ni mirarla.

-¡¿Qué es un Círculo de Extracción?! –gritó ella cuando los mortífagos la soltaron.

-Relájate y descansa un poco más –le aconsejó aquella bruja-. Vamos a necesitar toda esa rabia y energía para traer al Señor Tenebroso de vuelta esta noche, y no queremos que mueras en el proceso.

Elyon la miró horrorizada. Negó con la cabeza.

-Voldemort no volverá.

La mujer la golpeó con fuerza en la cara. Elyon notó el sabor de la sangre en su garganta.

-¡No te atrevas a pronunciar su nombre con tu sucia lengua mestiza! –le dijo furiosa- Él volverá, se alzará de nuevo más poderoso que nunca gracias a ti. Por una vez los elfos seréis útiles.

-No os ayudaré –la semielfa la miró con ira contenida- Nunca.

-¡Oh! Sí que lo harás, o mataremos uno por uno a todos tus compañeros y te obligaremos a mirar.

La puerta se cerró con un golpe sordo.

Sintió que se mareaba. Aquello no podía estar pasando. Comenzó a estirar de la cadena con frustración y a intentar sacar su muñeca del grillete. Pero por más que lo intentaba no lograba liberarse. Su piel empezó a sangrar, pero le dio igual. Lo único que importaba era salir de allí. No permitiría que la guerra volviera a comenzar. Gritó con rabia, la cadena no cedía y su muñeca no pasaba por el grillete. Entonces se rindió, y comenzó a llorar con amargura. No sabía qué hacer.

Al cabo de un rato la puerta volvió a abrirse. Un mago entró con sigilo, cerró la puerta y se arrodilló junto a ella, que estaba recostada contra la pared de piedra, sollozando.

-¿Estás bien?

Elyon alzó la vista y reconoció los ojos negros bajo la máscara. Lo abrazó con fuerza rodeándole el cuello.

-Merlín estás aquí -sollozó aliviada, estaba tan contenta de verlo- ¿Y el resto de profesores? ¿Qué ha…?

-No hay tiempo de explicaciones. En mi caso la estupidez de Lucius ha jugado a mi favor –Snape rompió el abrazo y la miró con atención- ¿Seguro que estás bien? Porque tienes un aspecto horrible.

Ella asintió torciendo una sonrisa cansada.

-Pues vamos, tienes que salir de aquí antes de que vuelvan los sublevados. He conseguido mandar a Eizen con una nota pidiendo ayuda, pero no sé cuándo llegará –le dijo examinando el grillete-. Menudo destrozo te has hecho.

Examinó con delicadeza su muñeca, que estaba en carne viva.

-No es nada –respondió ella secándose las lágrimas.

-Tienes que abrir la cerradura. Si lo hago yo, sabrán que alguien les ha traicionado, el rastro de magia ha de ser élfico.

-¿Cómo? No tengo mi canalizadora.

-No necesitas una canalizadora, eres una elfa. Ahora más que nunca necesito que te lo creas –le dijo Snape con un deje de urgencia en la voz.

Elyon miró el grillete e inspiró hondo.

-Alohomora –musitó ella.

La cerradura siguió cerrada.

-No funciona –gimió mientras se le escapaban algunas lágrimas de impotencia y le daba un fuerte tirón a la cadena-. No puedo hacerlo sin la canalizadora.

-¡Deja de darle tirones a la cadena o te arrancarás la mano! –cogió su brazo y lo apretó con fuerza- Mírame y respira –Snape la miró a los ojos-. Puedes hacerlo, no pienses en ningún hechizo, solo hazlo, desea que ocurra. Deséalo con todas tus fuerzas. Has hecho magia sin canalizadora otras veces, lo sabes.

La joven cerró los ojos y se concentró. Escuchó el golpe del grillete contra el suelo de piedra, y sintió un gran alivio en su muñeca.

-Buen trabajo –le dijo él, Elyon pudo ver como sus ojos se estrechaban por una sonrisa que ocultaba su máscara.

El chico cogió los bajos de la túnica destrozada de la joven, y arrancó dos tiras de tela. Luego sacó de su capa un frasco con líquido lila, con el que empapó los trapos. Uno de ellos lo usó para vendarle la muñeca herida. Elyon suspiró con alivio, la tela fría alivió el dolor. Snape usó la otra para limpiarle la brecha de la cabeza y el labio roto.

-¿Mejor? –le preguntó en un susurro.

La joven dibujó una pequeña sonrisa. Su profesor le limpió los restos de suciedad de la carrera por el bosque y las lágrimas resecas. Durante esos segundos ninguno de los dos habló, no hacía falta.

-Ahora atácame, déjame inconsciente y refúgiate con los centauros –le dijo Snape rompiendo el silencio.

-¡¿Qué?! –Elyon lo miró horrorizada y se alejó de él- ¡No!

-No puedo sacarte yo, me delataría. Y es de vital importancia que mantenga mi imagen de mortífago. Vas a tener que hacerlo sola.

-Si huyo los matarán a todos –le dijo exasperada.

-No creo que vayan a matar a ningún alumno. De querer hacerlo, Tonitini haría horas que estaría muerto con la guerra que ha dado. Los mortífagos están diezmados, no van a matar a ningún futuro mago que pueda convertirse en aliado.

-Pero eso a los sublevados les da igual. No puedo abandonarlos a su suerte –sollozó ella.

-Si no te vas el Señor Tenebroso se alzará de nuevo. Contigo a su lado, perdemos antes incluso de comenzar –intentó hacerle entender-. Tú eres más importante que ellos.

-¡No! ¡No! No voy a dejarles morir, no quiero… -rompió a llorar- Mi vida no vale más que la de ellos.

-¡Elyon no me repliques! ¡Ahora no! –le gritó él perdiendo la paciencia.

La semielfa se puso pálida. Se acordó de su madre aquella noche. Por un momento la vio a ella en vez de a Snape. Y se le encogió el corazón pensando que tal vez esa fuera la última vez que lo vería con vida.

El chico se acercó a ella, le cogió el rostro y la atrajo hacia sí, apoyando su frente contra la de la joven.

-Sé que estás asustada –le susurró-. Pero puedes hacerlo, confío en ti. Eres muchísimo más fuerte y lista de lo que crees, y este es el momento de demostrarlo. Es tu momento. Así que hazlo.

-No… no puedo… -sollozó ella mirándolo a los ojos- No quiero perderos.

-Elyon, por favor… -le suplicó él.

-No puedo… -la joven negó con la cabeza.

Su profesor inspiró, e hizo lo único que creyó que funcionaría para hacerla reaccionar. Visualizó ese momento en su mente. Uno de los recuerdos más terroríficos de su vida. Miró a la joven a los ojos y lo sacó fuera.

Elyon vio aparecer frente a ella a un enorme lobo pardo, veteado de gris, que le gruñía mientras le enseñaba los dientes. Y sin previo aviso saltó sobre ella con las fauces abiertas. Elyon agarró la cadena y golpeó al animal con el grillete para evitar que la alcanzara. Entonces el lobo despareció, y en su lugar vio a su profesor tendido en el suelo.

-Snape eres idiota, un maldito idiota –gimió ella, comprobando que seguía respirando.

Le quitó la capucha y la máscara para ver el alcance del golpe, que aunque sangraba, no parecía grave. Ahora no tenía más remedio que seguir el plan de Snape. Saldría del castillo y se refugiaría en el bosque. Pero no lo haría sola.

Se asomó al pasillo. No había nadie más por allí. Con sigilo avanzó por las mazmorras prácticamente a oscuras. Necesitaba encontrar el lugar en el que los mortífagos habían ocultado las varitas. Pero el castillo era enorme, y no había tiempo de buscar sala por sala.

…..

Eizen entró por el ventanal chillando con fuerza, a tal velocidad que le costó posarse en la mesa en la que Dumbledore, Azrael, Heon, Kove, Rasmu y otro elfo más, estaban reunidos desde hacía horas.

-¡Hey! Tranquilo –le dijo Heon al animal con una media sonrisa- ¿Este no es el halcón de Elyon?

Dumbledore asintió frunciendo el ceño. Le extrañó ver al animal allí, que supiera, nunca había aparecido en Imtar hasta ese momento. Eizen empezó a picotear nervioso el rollo de pergamino que tenía atado a la pata. Heon se apresuró en ayudarle, desenrolló la pequeña nota y la leyó. Su sonrisa se borró en el acto y se puso pálido.

-¿Qué ocurre? –Azrael lo miró preocupado.

-Tienen a Elyon –musitó mirándolo con desesperación.

-¿Cómo que tienen a Elyon? –el elfo pelirrojo se levantó tan rápido, que tiró la silla en la que estaba sentado al suelo- ¿Quién?

-Los sublevados y mortífagos –Heon le pasó la nota a Dumbledore- Han tomado Hogwarts.

-¿Cómo han entrado? –Rasmu miró al director furioso- Se suponía que allí estaría a salvo ¿No hay barreras mágicas?

-¡Por supuesto que las hay! –le respondió el mago- Pero por lo visto los sublevados están haciendo progresos en magia negra. Es por eso que estábamos teniendo esta reunión.

-Ahora no es momento de discutir –les interrumpió Kove poniéndose en pie- ¿Qué hay de su Protector?

-Es quien ha enviado la carta. Pero no podrá hacer mucho sin delatarse entre los mortífagos. Dice que intentará ayudar a Elyon a llegar al Bosque Prohibido para que se refugie con los centauros, antes de que pongan en marcha un Círculo de Extracción para traer de vuelta a Voldemort –explicó Heon.

Azrael se tambaleó ligeramente al escuchar aquello. Luego apretó los labios y negó con la cabeza.

-No, no lo harán –musitó el hombre echando a andar con pasos furiosos hacia la puerta.

-Azrael, espera –le llamó Dumbledore- ¡Espera!

-¡¿Esperar a qué?! ¡¿A que la acaben matando?! –el elfo lo encaró furioso y fuera de sí- No permitiré que la usen para un Círculo de Extracción.

-Pero tenemos que pensar un plan, no podemos entrar sin más arriesgándonos a que se la lleven a otro sitio –le dijo el anciano.

-Quizá tú no puedas, pero yo lo voy a hacer. Eso es lo que nos diferencia, Albus –se giró de nuevo hacia la puerta.

-Azrael… ¡Azrael! –le gritó Heon- ¡Para y piensa de una vez! Elyon no es la única que está en el colegio ¿Qué hay de los demás niños? No podemos entrar de golpe sin más sin importarnos que salgan malheridos.

-Si alguno de los estudiantes muere en un asalto mal calculado, ten por seguro que las relaciones entre elfos y magos se habrán acabado –le recordó el director.

El elfo los miró. Aunque se había calmado un poco, su mirada seguía siendo aterradora.

-Tenemos unas pocas horas, y tenemos que hacer esto bien, Necesitamos guerreros y aurores. Si conseguimos atrapar a todos los involucrados, se acabará por fin la amenaza. Es una gran oportunidad –Heon lo miró con contundencia.

-No pienso usar a mi nieta de cebo.

-Heon tiene razón –intervino Kove- Puede ser nuestra última oportunidad de poner fin a esta cacería de un solo golpe. Y no te preocupes por Elyon, es capaz de cuidarse sola, y si su Protector dice que la sacará de allí, lo hará. Confío en él.

Azrael inspiró hondo y asintió. Sabía que eso era lo que debían hacer, pero la sola idea de perder a Elyon en un Círculo de Extracción le aterraba.

-Traed a Morgof, Anderial y Bazmel. Los quiero aquí, ahora. Albus, trae a tus mejores hombres. El tiempo corre en nuestra contra –dijo con voz queda.

Todos asintieron y se pusieron en marcha.

…..

Elyon colocó sus manos en las sienes del mortífago y se concentró. Aún no se creía haber conseguido dejarlo fuera de combate con tanta facilidad y sin canalizadora. Solo le habían hecho falta un par de los golpes que le había enseñado Kove.

Se sumergió en sus recuerdos y los hizo retroceder con rapidez. Vio como habían llevado a sus compañeros a las mazmorras, y como un mortífago, con un anillo de bronce en su dedo corazón izquierdo, se había llevado una bolsa de piel en la que antes había ido metiendo todas las varitas pertenecientes a los alumnos. Elyon se levantó frustrada, ese hombre no sabía dónde las había guardado. Necesitaba encontrar al mortífago con el anillo de bronce.

Al ir a girar en uno de los pasillos, se topó de frente con tres mortífagos que hablaban en susurros. Ninguno de ellos llevaba anillo, ninguno de ellos era el hombre que buscaba, así que retrocedió con sigilo. Llegó a un pasillo en el que no había estado nunca. Había olvidado que las mazmorras del castillo eran un laberinto en el que los profesores aconsejaban no entrar, algunos alumnos habían pasado días en ellas, perdidos, buscando la salida. Así que Elyon puso especial atención para no perderse.

El silencio y la oscuridad reinaba allí, su respiración casi provocaba eco. Por eso dio un salto cuando le pareció escuchar unos murmullos a su izquierda. Al girarse se topó con la estatua de una bruja, vieja y encorvada, con una enorme verruga en la frente, que sostenía en alto la cabeza cortada de un trol. Elyon arrugó la nariz, era una imagen bastante espeluznante en conjunto. Al acercarse más a la estatua, los susurros se hicieron más audibles, procedían del interior de la peana de piedra que sostenía la figura. Se arrodilló y pasó los dedos por la repisa, con cautela. Sus yemas se toparon con un hueco en el que poder meter los dedos. Tragó saliva, lo último que necesitaba ahora era un boggart. Retiró el pequeño ladrillo central, en que había una inscripción prácticamente borrada por el tiempo, y dejó a la vista el interior hueco de la peana. Con desconfianza metió la mano, había algo allí dentro, suave y frío. Elyon lo cogió y lo sacó. No pudo reprimir una sonrisa de incredulidad. Era la bolsa de las varitas. La abrió con rapidez en busca de su canalizadora, pero no la encontró.

-¡Eh! –escuchó que gritaban a su espalda.

Ella se giró de golpe y alzó un brazo de forma instintiva. El mortífago se desplomó en el suelo, inconsciente. Elyon corrió hasta el mago, llevaba un anillo de bronce en su mano izquierda. Se apresuró en registrarle y encontró su canalizadora en el bolsillo interior de su capa. Suspiró aliviada cuando la tuvo de nuevo en su mano. Ahora sí se sentía capaz de cualquier cosa. Se hizo con la varita del mortífago y la partió por la mitad, y con un movimiento de su canalizadora ató y amordazó al hombre, y lo ocultó detrás de la estatua de la bruja. Dudaba mucho que alguien bajara hasta allí salvo para ir en busca de la bolsa de varitas que ahora tenía ella.

…..

Johnny tamborileaba inquieto con los dedos en sus rodillas. No soportaba esa situación durante más tiempo.

-Estás loco –le dijo Lisa con seriedad.

-¿Por qué? –el chico la miró exasperado.

-Porque es el plan más estúpido que he oído nunca –la gryffindor lo miró como si aquello fuera la cosa más lógica del mundo.

-No es estúpido, es sencillo. Monto una escena por tener que ir al baño y en cuanto se acerque uno de los mortífagos, le quito la varita y los dejo a todos KO.

-Grace, ayúdame –suspiró la chica.

-Lisa tiene razón. No funcionará. Y además, no se fiarán de ti después de todo lo que has liado hasta ahora –le dijo la pelirroja con calma.

-¡Pero tenemos que hacer algo! ¡Elyon está sola y en las garras del traidor de Snape! –susurró él con enfado.

-Ya lo sabemos, pero por el momento no podemos hacer nada, así que hasta que se te ocurra un plan brillante, cállate –le dijo Will sin mirarlo.

Su amigo no rechistó, sabía que el slytherin no solo estaba preocupado por Elyon. Los mortífagos se habían llevado a Max. Así que el chico tenía los nervios a flor de piel.

"Johnny" –el joven alzó la vista.

-¿Habéis oído eso? –les preguntó a sus amigos.

Ellos fruncieron el ceño, desconcertados.

"Johnny, soy Elyon. Mira hacia la puerta"

El hufflepuff lo hizo y vio asomada a su amiga poniéndose un dedo en los labios, luego desapareció.

"Cogeos de las manos, voy a intentar una cosa"

-Cogeos las manos –les dijo el rubio a sus amigos, ellos accedieron desconfiados.

"¿Me oís todos?" –preguntó Elyon.

"Por Merlín, ¿estás bien?" –quiso saber Lisa- "¿Dónde estás?"

"Necesito que despistéis a los mortífagos, que todos miren hacia el interior de la sala" –les pidió.

"Eso está hecho" –sonrió Johnny soltando sus manos- ¡Joder tío, qué asco! –gritó mirando a Will- ¡Si tienes que mear vete contra la pared o algo!

Los mortífagos alzaron la vista para ver qué pasaba.

-¡Silencio! –gritó uno de los magos.

-¡De eso nada! –respondió él-. ¡Este tío se la ha sacado de los pantalones para mear aquí en medio de todos! ¡Llevároslo al baño o algo!

En ese momento Elyon entró en la mazmorra con rapidez y neutralizó a los tres mortífagos antes de que alguno de ellos se diera cuenta de lo que estaba pasando. Luego cerró la puerta y la bloqueó.

-¡Ha sido una pasada! –le gritó Johnny poniéndose en pie.

-¿No se te ha podido ocurrir otra cosa? –le dijo ella apoyándose contra la puerta, relajándose un poco.

-Ha funcionado que es lo importante –el chico se encogió de hombros.

-Bueno, todos en pie, nos largamos de aquí –anunció Elyon caminando hasta el centro de la sala.

-¿Estás de broma? –le dijo un alumno de tercero- ¡Estamos desarmados!

La semielfa torció una sonrisa, se desató la bolsa de las varitas de sus vaqueros y volcó el contenido en el suelo.

-Vale, pero necesitamos un plan. No nos podemos ir sin más, los pequeños siguen presos y nos han amenazado con matarlos si intentábamos algo –le dijo un alumno de séptimo.

-Buscad vuestra varita y mientras tanto pensaremos qué hacer, pero tenemos que ser rápidos –Elyon lo miró con seriedad.

Los alumnos se acercaron de forma ordenada a buscar su varita.

…..

La primera tanda de estudiantes abandonó la mazmorra. Los escoltaban un grupo de alumnos de séptimo curso, dos de los cuales conocían un pasadizo que llevaba desde las mazmorras hasta el exterior, cerca de la parte norte del lago junto al linde del Bosque Prohibido. El segundo grupo se quedó en el colegio para liberar a los más pequeños. Elyon leyó la mente de los mortífagos que había neutralizado para encontrar la mazmorra en la que tenían presos al resto de alumnos.

Se acercaron con cuidado. Aquella sala estaba muy cerca de las escaleras que llevaban al hall del colegio. No parecía haber mortífagos vigilando, pero la semielfa recordaba que en el primer intento de huida había visto a dos mortífagos en la entrada del colegio, así que debían ir con cuidado para que los magos no se percataran de nada.

-Elyon, tengo que decirte algo –le susurró Lisa.

-¿Ahora? –le preguntó ella agazapada tras una de las estatuas del pasillo.

-Sí, es importante –le puso una mano en el hombro-. No te fíes de Snape, es un mortífago.

-Lo sé –le contestó su amiga con una sonrisa torcida.

-¿Cómo que lo sabes? –Lisa la miró confusa- ¿Y me lo dices tan tranquila?

-Es largo de explicar. Pero quédate tranquila, no es quién parece ser ¿Cómo crees que he conseguido escapar y llegar junto a vosotros?

La joven se puso en pie y se dirigió hacia la puerta de la sala más cercana. A medida que se aproximaban, escucharon sollozos y el eco de una conversación acalorada.

-Dile que se calle ya, lleva toda la noche llorando –gritaba el mortífago.

-Tiene un ataque de ansiedad. No puedo hacer nada –respondió un chico con firmeza-. Quizá si dejaras de apuntarnos con la varita podría calmarse.

-Max –musitó Will con preocupación acercándose hasta la posición de Elyon.

-Quizá si dejara de crisparme los nervios con su infantil lloriqueo podría dejar de apuntarle –comentó el mago-. Si no para ahora mismo juro que le daré una razón para llorar.

Will apretó los labios y entró en la sala con paso firme sin que nadie pudiera evitarlo.

-¡Eh, capullo! –le gritó- Métete con alguien de tu tamaño.

El slytherin atacó al mortífago cuando este se giró hacia él, y acto seguido dejó fuera de combate al otro mago que había en la sala.

-¡Will! –su hermano se levantó corriendo y lo abrazó.

-¿Estáis todos bien? –le preguntó el chico dándole su varita.

-Sí, algunos más asustados que otros, pero estamos bien –Max guardó su varita en el interior de la túnica.

El resto del grupo entró corriendo en la sala.

-Vamos, tenemos que irnos ya –Elyon les hizo un ademán para que se dieran prisa.

Los alumnos se levantaron con rapidez y corrieron hacia la puerta. Una lluvia de hechizos cayó en el pasillo, alcanzando a varios alumnos que quedaron tendidos en el suelo. Los más jóvenes gritaron retrocediendo con rapidez.

Johnny se apresuró en cerrar la puerta y bloquearla con un conjuro en cuanto hubieron entrado a los compañeros inconscientes.

-Plan B, por favor –pidió él mirando a Elyon con preocupación.

-Ya saben que hemos escapado, así que no es necesario ser sigilosos –apuntó con su canalizadora a una de las paredes- ¡Bombarda!

Cuando el polvo se asentó, vieron un enorme boquete en la pared.

-Sacadlos por allí, yo los entretendré para que no os sigan –les dijo la semielfa.

-Ni de coña, nos quedamos contigo –le dijo Grace.

Elyon abrió la boca para protestar.

-Ni se te ocurra replicar, ya has hecho mucho por nosotros. Déjanos devolverte el favor –le dijo Judith-. Hay demasiados mortífagos en el colegio para que te encargues tú sola.

-Vale. Will tú si te vas con tu hermano –le dio la bolsa con el resto de varitas-. Los que quieran que me sigan. El resto aseguraos que los pequeños y heridos llegan al lago.

-¿Cuál es el plan? –quiso saber Lisa.

-Ganar tiempo para que ellos salgan y luego escapar nosotros al bosque.

El grupo de veinte alumnos que había decidido quedarse asintió. La semielfa abrió otro boquete justo donde estaba la puerta, haciendo que los trozos de piedra golpearan a los mortífagos que se habían reunido en la entrada de la mazmorra. Todos salieron corriendo por el agujero protegiéndose de los ataques que les lanzaron los magos que no habían resultado heridos, y se dirigieron al piso de arriba. Cuando llegaron al primer piso se separaron, para que a los mortífagos les fuera más difícil cogerlos. Elyon, Lisa y Grace se quedaron juntas, y Johnny se fue con otros tres compañeros.

-¿Crees que el plan funcionará? –preguntó Grace retomando el aliento.

-Espero que sí. Aunque vamos a tener que improvisar mucho.

Un hechizo golpeó el techo, haciendo que se hundiera, cortándoles el paso hacia el siguiente piso. Las tres se giraron. Se acercaban seis magos con las varitas en ristre. Los ataques no tardaron en llegar, y ellas consiguieron repelerlos. Lisa conjuró una enorme lengua de fuego, y la arrojó contra los magos. Grace lanzó por la ventana más cercana a otro de los atacantes. Elyon lanzó un hechizo latigazo y alcanzó a dos hombres.

Uno de los tres que quedaba en pie murmuró algo, y una espesa niebla negra inundó el pasillo. Las jovenes no podían ver nada, ni siquiera podían verse entre ellas. Elyon escuchó un chasquido bajo sus pies y el suelo desapareció. Cayó con fuerza contra el suelo de piedra del piso de abajo, junto con el resto de escombros. Ahogó un grito de dolor cuando notó su tobillo crujir por el golpe. Todo le dio vueltas durante unos segundos, le dolía todo el cuerpo. Finalmente se puso en pie, pero en cuanto intentó dar un paso tambaleante, su tobillo flaqueó con un dolor insoportable.

-Madita sea –gimió ella.

Se lo había roto, seguro. Volvió a levantarse y miró a su alrededor, estaba en el aula de Transformaciones. Cojeando torpemente, salió de allí. Tenía que conseguir reunirse con Lisa y Grace. Salió al pasillo, no parecía haber nadie cerca, pero podía escuchar el eco de la batalla. Le quitó una de las lanzas a la armadura más cercana y la usó para ayudarse a caminar. El tobillo le dolía horrores, y ese dolor le estaba entumeciendo la pierna, haciendo que cada vez le fuera más difícil avanzar.

Tras doblar un par de recodos, se encontró de frente con cuatro mortífagos que peleaban con dos alumnos de sexto, había un tercero en el suelo, sangrando. Elyon levantó su canalizadora y los atacó por la espalda. Sus dos compañeros sonrieron como agradecimiento, pero esta se borró con rapidez.

-¡Cuidado! –le gritó Carol Roth levantando la varita.

Elyon se giró con rapidez y golpeó al mago con la lanza en la oreja derecha, luego en las costillas, y cuando este se dobló de dolor, lo golpeó en la nuca.

-Vamos, tenemos que salir de aquí –les dijo.

-Estamos demasiado lejos para salir por el pasadizo de las mazmorras o por la puerta principal –le dijo Jerry Goldblum preocupado, cogiendo a su compañero herido.

-Conozco una salida por el tercer piso.

Carol la ayudó a avanzar con más rapidez.

…..

Will iba en la retaguardia del grupo, asegurándose de que ningún alumno quedara atrás. Su hermano pequeño le ayudaba.

-¿Lisa y los demás estarán bien? –le preguntó preocupado.

-Por supuesto, saben lo que hacen. Y además Elyon va con ellos, y no es la primera vez que se las ve con mortífagos –le sonrió su hermano, aunque sentía el corazón en un puño por haber dejado a sus amigos haciendo de cebo.

El grupo llegó a la entrada del pasadizo, una elaborada estatua de un basilisco enroscado y preparado para atacar. Cameron Cundey tocó con su varita la lengua del basilisco. Entonces la estatua pareció cobrar vida, se desenroscó y se irguió, dejando a la vista un pasadizo estrecho y oscuro.

-Bien, entrad de uno en uno, pero a paso ligero –les dijo.

El chico fue el primero en entrar, seguido de una alumna de cuarto curso. Cuando el primer alumno de primer curso se disponía a entrar, se escuchó un fuerte estallido en el interior del túnel, y tanto Cameron como la otra chica salieron despedidos del interior, derribando a varios compañeros. Del pasadizo surgieron tres mortífagos.

El pánico cundió entre los más pequeños, que comenzaron a correr despavoridos desandando el camino.

-¡No! ¡Parad! ¡No podemos separarnos! –les gritó Will corriendo en pos de ellos.

-¡Will! –lo llamó su hermano mientras él y un par de compañeros repelían los hechizos de los magos.

Al girar la primera esquina se toparon con siete mortífagos, que no dudaron en atacar a los niños. El slytherin consiguió repeler los ataques y proteger a los jóvenes el tiempo suficiente para que se alejaran de los atacantes.

Max no sabía qué hacer. Salvo el hechizo Protego, no podía hacer mucho más. Sus compañeros seguían cayendo a medida que los mortífagos los acorralaban en el pasillo. Su varita salió disparada de su mano y quedó indefenso. Cerró los ojos con fuerza esperando el siguiente hechizo. Pero este no llegó, y escuchó un fuerte golpe contra el suelo, a sus pies. Cuando abrió los ojos vio al mortífago tendido en el suelo, con tres flechas clavadas en su espalda. Al alzar la vista vio a un elfo alto, de pelo castaño y corto, con una fina trenza azul tras su oreja. Bajó el arco asintiendo con una sonrisa torcida. Max le devolvió la sonrisa. Tras él, desde el interior del pasadizo secreto, llegaron diez elfos más, que se apresuraron en reducir a los mortífagos con sus flechas y espadas, y algún que otro conjuro.

-¡Por aquí! ¡A prisa! –les gritó uno de ellos haciendo un ademán para que los chicos entraran en el pasadizo.

Los estudiantes se apresuraron en obedecer. Algunos de los elfos que quedaron para atender a los heridos, y el resto avanzó por el pasillo con rapidez.

Will se golpeó con fuerza contra la pared cuando su escudo falló y el impacto del conjuro lo alcanzó. Aun así, se dispuso a atacar. El mortífago y él levantaron sus varitas a la vez. Entonces alguien golpeó al mortífago en la nuca con la empuñadura de una espada, y este se desplomó. El hombre alto que sujetaba la espada gravada lo miró.

-¿Dónde está Elyon? –le preguntó Heon al chico.

-No lo sé, nos separamos. Ella y otros compañeros se ofrecieron de cebo para ayudar a escapar a los pequeños –respondió el slytherin.

-Vete con el resto –le dijo el hombre con seriedad.

Will vio como el elfo salía corriendo de allí seguido de varios guerreros más, envainando su espada y cargando una flecha en su arco.

…..

Elyon avanzaba con demasiada lentitud. Sentía el bombeo de la sangre en su pie, le dolía el golpe de la cabeza, y las costillas por la caída de un piso a otro. Por suerte, su muñeca seguía adormecida gracias a la poción y el vendaje que le había puesto Snape.

En el tercer piso los esperaba Grace rodeada de diez mortífagos.

-Me estás empezando a molestar, mestiza –le dijo aquella bruja, su voz había dejado de ser cantarina y jovial-. Y como ya te advertí si no colaboras, mataré a tus amigos.

La mortífaga tenía cogida a Grace. La sujetaba frente a su pecho mientras le colocaba una daga en la garganta. Grace respiraba con rapidez, con los ojos cerrados con fuerza.

-Suéltala –le dijo la semielfa con los dientes apretados.

-Contaré hasta cinco, y si para entonces no te has arrodillado frente a mí… -presionó el filo contra la piel, haciendo fluir un hilo de sangre.

-Marchaos –les dijo a Carol y Jerry.

Ellos la miraron preocupados, pero obedecieron para sacar de allí a su compañero herido.

-Uno… -comenzó a contar la bruja.

Grace abrió los ojos.

-Elyon lárgate –le dijo.

-Dos…

-No voy a abandonarte –la mirada de Elyon estaba llena de furia- "En cuanto levante la canalizadora, escúrrete de sus brazos".

"Elyon, corre, de verdad" –Grace negó con la cabeza, tenía los ojos inundados de lágrimas.

-Tres…

La semielfa hincó una rodilla en el suelo con una mueca de dolor, bajando su canalizadora.

-Las dos rodillas en el suelo. Cuatro…

Apretando los labios, Elyon apoyó también su otra rodilla en el suelo.

-¿Ves lo fácil que es obedecer? –rio la mujer- Quizá si tus padres lo hubieran entendido a tiempo, seguirían con vida.

La bruja hizo un gesto con la cabeza hacia ella, y dos mortífagos se acercaron a la joven con dos pesados grilletes en las manos.

-A partir de ahora te convertirás en el perro del Señor Tenebroso –rio la mujer con maldad-. Harás lo que él diga cuando él diga. Serás un ejemplo a seguir para los tuyos, convertidos en mascotas para nuestro disfrute.

-¡Jamás! –le gritó Elyon levantando su canalizadora.

Grace consiguió escurrirse del agarre de la mujer, que se había aflojado al ver que la semielfa obedecía.

Un rayo azul surgió de la canalizadora de Elyon. La mortífaga levantó un escudo entre la joven y el grupo de magos. La semielfa se levantó con dificultad mientras sentía como su canalizadora vibraba en su mano. La bruja agarró su varita con ambas manos para poder mantener el escudo que se resquebrajaba por momentos.

-¡MI PUEBLO NUNCA SE RENDIRÁ! ¡NUNCA SE CONVERTIRÁ EN SIERVO! ¡NUNCA PERMITIRÁ EL RETORNO DE VOLDEMORT! –rugió Elyon con rabia.

Grace miró a su amiga con temor. No parecía ella. Se sobrecogió, sentía la magia crecer a su alrededor, y como esta se concentraba alrededor de Elyon. Como si la chica la absorbiera a medida que avanzada cojeando hacia el grupo de mortífagos, que por algún motivo, no se atrevían a atacar. Grace comenzó a sentir calor en su piel, como si el pasillo se fuera llenando de aire cada vez más caliente. Aire que se arremolinaba con rapidez entorno de su amiga.

-¡VUESTRA ESCARAMUZA ACABA AHORA! –la semielfa, con una airada floritura, intensificó su ataque.

Entonces la canalizadora explotó con un estallido cegador de luz, y provocó una onda que quebró el escudo de la bruja y alcanzó a todos los mortífagos, lanzándolos en todas direcciones a varios metros de distancia. Ninguno volvió a moverse.

Grace corrió hacia Elyon, que estaba tirada en el suelo, aturdida. En cuanto se acercó lo suficiente vio que tanto su mano derecha, como parte de su antebrazo, estaba quemada, en carne viva, y sangraba en algunas zonas.

-Merlín… -gimió ella sin saber qué hacer- ¿Qué has hecho?

Elyon la miró con dificultad. Le pitaban los oídos y no sentía el brazo derecho, le daba miedo mirar por si no seguía ahí. Estaba muy cansada, le dolía todo el cuerpo, solo quería dormir.

-Elyon quédate despierta, no te duermas –la pelirroja le golpeó la mejilla mientras intentaba ayudarla a incorporarse.

Pero a la semielfa no le quedaban fuerzas.

-¡Socorro! ¡Ayuda! –gritó Grace- ¡Vamos Elyon, maldita sea! ¡Haz un último esfuerzo, aún tenemos que salir de aquí!

Solo quería descansar un poco, unos minutos.

Unos pasos llegaron corriendo hasta ellos, acompañados de un golpeteo metálico. La ravenclaw suspiró con alivio.

-¡Elyon! –un hombre gritó su nombre, luego se arrodilló corriendo junto a ella y la cogió en brazos.

Sus ojos azules brillaron un momento en la oscuridad que poco a poco se cernía sobre ella.

-Papá –musitó la chica con una débil sonrisa dejando escapar unas lágrimas.

Ahora estaba a salvo, ya podía descansar. Su padre iba a cuidar de ella.