Capítulo 14
Cuando Elyon abrió los ojos, no se encontró con lo que esperaba. Frente a ella no había un precioso pueblecito, sino una arboleda gris y moribunda, rodeada por un enorme cenagal. El cielo encapotado hacía que todo pareciera aún más triste y muerto. Heon la miró divertido.
-¿Qué te parece? –le preguntó.
-No es como lo había imaginado… ni como creía recordar –acertó a contestar.
Ambos comenzaron a andar hacia la arboleda, y se adentraron en ella. Elyon se acercó a su tío cogiéndole del brazo. No se escuchaba a ningún animal, solo el viento entre las hojas negruzcas y el crujido de las ramas al moverse. Llegaron hasta las ruinas de lo que parecía haber sido una pequeña casa de pastores, pero apenas quedaba en pie el umbral de la puerta y una de las cuatro paredes de piedra. Heon le puso una mano en el hombro a su sobrina y cruzaron el marco de la puerta juntos.
Nada más hacerlo todo cambió. Ante ellos se abría una enorme arboleda verde y llena de vida, el sol dorado se colaba entre las ramas, llenándolo todo de luz y calor. Elyon miró sobre su hombro. La casita había sido sustituida por una gran muralla de piedra y hiedra, y una puerta de roble y acero que estaba abierta. Sobre la muralla, a cada lado de la puerta, había dos elfos montando guardia con dos lustrosos grifos. Ambos hombres asintieron con la cabeza a modo de saludo.
La joven asintió volviendo a mirar al frente.
-¿Qué tal nuestras barreras antimagos y muggles? –le preguntó Heon con una sonrisa despreocupada.
-Son una pasada –respondió ella-. Jamás me habría adentrado en ese cenagal.
Su tío rio con orgullo.
Siguieron caminando hasta que el bosque se abrió en un gran valle atravesado por un río, lleno de campos de cultivo y casitas, que se iban apiñando hasta formar un pueblo de tamaño considerable que rodeaba casi por completo un castillo amurallado de piedra blanca y brillante. Elyon se quedó con la boca abierta, era aún más bonito de lo que vagamente recordaba.
-Bienvenida de nuevo a Imtar –sonrió su tío.
No supo por qué, pero unas lágrimas resbalaron por su rostro y ella se apresuró en secárselas.
-Lo siento, ¡qué tonta! –murmuró ella.
Heon le rodeó los hombros con un brazo y la besó en la cabeza, con una tierna sonrisa.
A medida que se acercaban al pueblo rodeando los campos de cultivo por el linde del bosque, Elyon pudo ver a los pueblerinos trabajando en sus campos y cuidando el ganado. Vio a una pareja de fénix sobrevolar el valle y perderse en la arboleda. Tras una larga caminata llegaron al principio de la pequeña ciudad. De la hierba parecían brotar adoquines grises, que se iban juntando hasta formar la calzada del pueblo. No había un límite definido entre el campo y los edificios.
-Si no te importa, rodearemos también la ciudad todo lo que nos sea posible –le dijo Heon-. O no nos dejarán llegar a casa hasta mañana. Nadie sabe que vienes, pero en cuanto alguien te vea, correrá la voz. E igualmente creo que muchos ya se habrán percatado de tu llegada.
-Vale –respondió ella, incómoda ante la idea de volver a ser el centro de atención.
-Que tú no te acuerdes de ellos, no significa que ellos no se acuerden de ti –le dijo Heon al ver su expresión-. Aquí todos nos conocemos en mayor o menor grado. Y tú eras tan alegre y extrovertida que no había habitante al que no conocieras, ya fuera elfo o no.
-¿Entonces no tiene nada que ver con que sea de una Gran Familia? –preguntó ella esperanzada.
-Un poco sí, no te voy a mentir, eres el futuro de nuestra gente. Pero principalmente es porque te vieron crecer, y en nuestra sociedad, los niños y jóvenes son un tesoro.
Caminaron con paso rápido entre los edificios periféricos, todos ellos de piedra y con enormes ventanales de madera, decoradas con las hiedras que crecían y se expandían por las fachadas. Elyon también vio crecer por las calles, los mismos arbustos de flores azules del Callejón del Sauce.
Finalmente llegaron a las murallas blancas del castillo. La joven las observó con detenimiento. Eran totalmente lisas, no se apreciaba ninguna grieta o junta en ellas, como si estuvieran construidas con un solo bloque de mármol macizo. Otra cosa que le llamó la atención es que al contrario que el resto edificios de la ciudad, no crecían a su alrededor ni enredaderas ni plantas, toda la estructura se mantenía limpia y despejada.
Se cruzaron con unos cuantos habitantes, pero no parecieron prestarles mucha atención más allá de un cordial saludo con la cabeza. Aunque a Elyon le pareció que uno de los ancianos con los que se cruzaron se la quedó mirando pensativo, con el ceño fruncido.
Atravesaron las murallas por un enorme portal, que tenía las puertas de roble y acero abiertas por completo al igual que el imponente y grueso rastrillo. Elyon sintió un poco de inquietud al pasar bajo él, si este se soltaba, los aplastaría en el acto.
Se quedó plantada tras haber cruzado el umbral de las murallas. Aquello sí seguía igual que recordaba. Frente a ella se alzaba una enorme construcción blanca y resplandeciente, formada por diversas torres, pasillos semicubiertos con elaborados arcos y edificios de diferentes alturas que se fundían unos con otros. Por un momento le pareció que su madre bajaría una de las escaleras que llevaban a la enorme explanada de hierba verde que separaba las murallas del castillo.
-Sigue igual –musitó con voz temblorosa-. Como si el tiempo se hubiera congelado.
Heon sonrió con tristeza.
-¡Por todos los astros! –escucharon gritar a un chico- ¡Has vuelto!
Elyon se giró hacia su derecha, y vio venir a la carrera a un chico un poco más mayor que ella, castaño y con el pelo corto y de punta. Sus ojos color miel brillaban de felicidad.
-Nuth –sonrió ella corriendo hacia él- ¡Oh, Merlín! ¡Nuth!
Ambos se fundieron en un fuerte abrazo. El chico la alzó y dio una vuelta sobre sí mismo sin soltarla.
-¡Has vuelto, has vuelto! –gritaba eufórico- ¡Estás aquí!
Le cogió el rostro, la observó unos segundos con los ojos brillantes, y volvió a abrazarla con fuerza.
-Pensé que nunca podría volver a verte –susurró él-. No te haces una idea de lo que te he echado de menos.
Elyon ahogó un sollozo.
-Creo que yo también, aunque no pudiera recordarte.
-Oh, venga. No llores. Me ha dicho un pajarito que ahora lloras mucho, y la Elyon que yo recuerdo, no lloraba nunca, ni siquiera esa vez que se cayó de un árbol y se partió un brazo –le sonrió su primo soltándola.
-¿De verdad? –la joven se secó las lágrimas- No lo recuerdo.
Nuth asintió. Elyon volvió a mirarlo con detenimiento, se había hecho muy alto, más que Snape, pero menos que Heon. Sus espaldas se habían ensanchado haciéndole parecer más robusto. Llevaba el pelo más corto por los laterales, y peinado hacia arriba por el centro. Tras la oreja derecha, llevaba una gruesa rasta azul lilácea larga hasta la clavícula, adornada con una triple espiral de plata gravada. Pero una cosa no había cambiado nada en él, sus ojos. Seguían siendo igual de brillantes y alegres, en ellos Elyon seguía viendo a su primo de cinco años.
-Has crecido un montón –le sonrió ella.
-Y tú sigues igual de enana que siempre –rio Nuth- ¿Es que en Hogwarts no te dan de comer?
-¡Claro que sí! –se indignó ella- Pero soy de crecimiento lento.
Su primo volvió a reír.
-Siempre con la misma excusa. Vamos a casa, a mamá le va a dar algo cuando te vea. A cierta persona se le olvidó mencionar qué día llegabas –el chico miró a su padre con una ceja levantada, y este se encogió de hombros con inocencia.
Nuth cogió su mano y echó a correr hacia el edificio. Recorrieron varios pasillos hasta llegar a una puerta rodeada de hiedra, de la que colgaban esferas de vidrio de colores, de diversos tamaños. El chico abrió la puerta y entraron en una acogedora sala de estar, en ella había una mujer de melena castaña oscura, que leía acomodada en un mullido diván.
-Mamá, tenemos compañía –anunció Nuth quitándose las botas y arrojándolas a un lado de la entrada.
Su tía Iyala cerró el libro y se incorporó para darles la bienvenida. El libro resbaló de sus dedos al reconocer a Elyon y comenzó a llorar. La semielfa se apresuró en ir a abrazarla.
-Has vuelto –sollozó la mujer dándole un dulce abrazo, sin ser capaz de decir nada más.
Cuando al fin la soltó se apresuró en secarse las lágrimas.
-Voy a matar a tu tío –rio la mujer-. De haber sabido que llegabas hoy habría preparado algo.
-Y todos nos habríamos perdido este conmovedor momento –Heon entró por la puerta con una enorme sonrisa-. Quería daros una sorpresa.
-Tú y yo vamos a tener una conversación sobre guardar secretos cuando los niños no estén delante –lo miró con seriedad.
-¡Mamá! –se quejó Nuth- Ya no somos críos, así que podéis lanzaros los trastos a la cabeza sin miedo a traumatizarnos, y sobre todo, no os refiráis a nosotros como "los niños". Ya somos adultos.
Iyala soltó una carcajada con sorna.
-Aún os queda mucho para eso –se mofó ella.
Volvió a mirar a Elyon y le acarició uno de los mechones azulados.
-Al final tu padre se salió con la suya, consiguió teñirte el pelo –sonrió Iyala.
-Sí, aprovechó un día que mi madre salió a comprar. A la vuelta quiso matarlo, sobre todo cuando se enteró de que el tinte es mágico, y no hay manera de quitarlo –sonrió ella con nostalgia.
-Tu madre sabía de sobra que se encontró una forma de quitar el tinte. Pero supongo que lo dejó pasar porque tu padre siempre quiso ponerte al menos un mechón, por mucho que tu madre se opusiera.
-Fui yo quien se lo pidió a los once años. Me gustaba mucho su mechón azul, el que se trenzaba tras la oreja derecha –aclaró Elyon acordándose de su padre con tristeza.
-Aún no me creo que no se la quitara cuando os fuisteis de aquí -Heon la miró con los ojos brillantes, la joven negó con la cabeza- ¿Te explicó por qué la llevaba?
Elyon volvió a negar con la cabeza.
-Nuestra generación fue la primera tras el tratado de paz entre los elfos del norte y del sur. Los jóvenes de los dos pueblos crecimos juntos, como uno solo, sin prejuicios ni odios arraigados años atrás, de los cuales ya ni recordábamos los motivos. Así que decidimos teñirnos el pelo con los colores de nuestro nuevo estandarte, como símbolo de un nuevo comienzo –explicó su tío-. Los mayores montaron en cólera cuando nos vieron –rio con fuerza-. Aún recuerdo sus caras de horror cuando vieron que nos cortábamos la melena y la cambiábamos de color. Nos tacharon a tu padre y a mí de rebeldes y alborotadores, de querer quemar todas nuestras costumbres y valores cuando el resto de jóvenes nos imitaron.
-Casi les rapan la cabeza –añadió Iyala.
-Por suerte recapacitaron –Heon torció una sonrisa pasándose una mano por la corta melena-. No creo que me hubiera quedado bien.
-Tu abuelo entendió que toda esa rebeldía podía ser buena para borrar errores pasados. Además, aunque muchos se tiñeron, no todos se cortaron el pelo, y con el tiempo algunos maduraron y de ahí que se buscara una manera de hacer desaparecer el tinte. Comprendieron que los ideales se llevan en el corazón, y no solo en el físico –su tía miró a su marido alzando una ceja.
-Digas lo que digas, no me cortaré la trenza –le aclaró Heon.
-Tampoco te lo estoy pidiendo, nunca lo he hecho y nunca lo haré –le sonrió a elfa besándole en la mejilla-. Sé lo que significa para ti.
Su tío sonrió con tristeza.
Los cuatro se acomodaron en el salón e intentaron ponerse al día a base de anécdotas, aunque Eyon no recordó quienes eran los elfos que su primo y sus tíos mencionaban a pesar de que ellos insistían en que los había conocido. Aún había muchas cosas que no podía recordar aún.
Cuando se acercó el mediodía su tía Iyala decidió ir al mercado a conseguir los ingredientes para preparar una comida especial de bienvenida, y Nuth la acompañó.
-Intentad que no se corra la voz de que ha vuelto, que al menos su primer día en Imtar sea tranquilo.
-Descuida –se despidió la mujer con un beso.
-¿Mi abuelo está en la ciudad? –le preguntó Elyon a su tío cuando Iyala y Nuth se hubieron ido.
-Si, pero últimamente tiene mucho trabajo. Los centauros y duendes han desenterrado otra vez el hacha de guerra.
Elyon asintió con una sonrisa torcida.
-Deberías esperar a comentarle el tema de tu Protector.
-¿Qué te hace pensar que quiero hablar con él sobre eso?
-Tu cara es un libro abierto, y Albus nos tiene al corriente de todo lo que te pasa y de todas las conversaciones que tienes con él, o al menos de la mayoría –sonrió su tío sirviéndose un vaso de agua.
-Y aun así seguís manteniendo vuestra decisión sin ni siquiera haberme preguntado antes –Elyon lo miró con enfado.
-A mí no me metas, por favor. Soy un mero observador que de vez en cuando da su opinión, que no quiere decir que me escuchen. Y si quieres la mía ahora mismo, te diría que si no quieres que tu abuelo te dé un "no" rotundo y absoluto a cambiar de opinión, dejes que llegue, se relaje, disfrute de tu compañía, y vuelva así a ser el abuelo feliz y risueño que era antes de que os tuvierais que ocultar. Tienes todo el verano para hablar de eso, espera a que esté de buen humor… recuerda que es el último de las Grandes Familias, por lo que siempre está estresado con su trabajo de mediador y consejero para todos los que viven en Imtar y alrededores.
Elyon miró al suelo resoplando. Heon tenía razón, pero estaba tan enfada y frustrada con el tema que quería zanjarlo cuanto antes.
La joven se levantó del sofá y se acercó a la chimenea, sobre la repisa había varias fotografías. Vio a Nuth cuando era un bebé, otra de su primo y ella jugando, a Heon e Iyala sonriendo con alegría rodeados de crías de grifos, más fotografías de sus tíos con su primo, una de su padre y Heon haciendo burla, una de la boda de sus padres, una de su tío con ella de bebé en sus brazos, bostezando… una de sus padres y sus tíos riendo… y al mirar esas fotografías sintió nostalgia, sintió pena, sintió el vacío que sus padres habían dejado en esa casa… un vacío que pesaba, que era difícil de sobrellevar. Elyon suspiró.
-Los echáis de menos, ¿verdad? –musitó ella.
Heon se acercó y cogió la fotografía en la que los cuatro sonreían.
-No sabes cuánto… -suspiró su tío-. Durante todos estos años esperé paciente su vuelta, sabía que un día podrían regresar –hizo una pausa-. Recuerdo perfectamente el día que murieron… Uno de nuestros informadores llegó con la noticia de la caía de Voldemort a manos de un bebé. Me apresuré en ir en busca de tu abuelo para darle la buena nueva y proponerle que volvierais de inmediato… lo encontré en vuestra antigua casa… llorando de rodillas en el salón... completamente destrozado… recuerdo que en sus manos sujetaba el arco de tu padre –a Heon se le quebró la voz mientras sus ojos se empañaban-. Entonces supe que para tus padres la derrota de Voldemort había llegado demasiado tarde… que ya nunca volverían.
Elyon tragó saliva intentando mantenerse serena y lo abrazó con fuerza.
-Y para colmo Albus nos dijo que no podías volver aún porque Imtar seguía siendo peligroso al no haber atrapado aun a los sublevados –suspiró-. Y tenía razón…
-Pero ya he vuelto –le susurró ella para animarlo sin dejar de abrazarlo.
-¿Sabes qué es lo peor? Que estuve un año torturándome con la idea de que si Voldemort hubiera encontrado a los Potter solo unas horas antes que a vosotros… tus padres seguirían aquí… si aquel traidor y esa mortífaga hubieran sido más rápidos… y cuanto más pensaba en ello… más ruin me sentía por querer cambiar la vida de tus padres por la de otros que dejaron a un bebé huérfano.
-Yo también lo pensé muchas veces… deseé poder hacer retroceder el tiempo para evitarlo, conseguir huir los tres juntos –Elyon lo soltó-. Pero entonces mi vida ahora sería diferente. No habría entrado en Hogwarts y no habría conocido a mis amigos ni a… –la joven se calló de pronto al darse cuenta de que iba a pronunciar el hombre de su Protector, y su expresión se ensombreció y se volvió más triste.
¿Realmente habría lamentado tanto no llegar a conocerlo? Se acordó de sus ojos negros y profundos, y sintió una creciente presión en el pecho ¿Cuándo se había vuelto alguien tan imprescindible en su vida para que la sola idea de no tenerlo junto a ella le provocara angustia?
-Será mejor que cambiemos de tema. Si tu tía llega y nos ve llorando se pondrá furiosa conmigo –rio Heon secándose los ojos con el pulgar-. Has venido a disfrutar de tus vacaciones, no ha pasártelas deprimida.
Elyon torció una sonrisa triste.
-¿Y eso es posible? Por lo que he podido leer hasta ahora, nuestra historia no es precisamente alegre –comentó ella.
-Echa la vista atrás en la historia de cualquier cultura y verás que ninguna lo es. Por eso hay que atesorar los buenos momentos –Heon se encogió de hombros con resignación.
Su tía y Nuth volvieron al poco rato con las cestas a rebosar de frutas, verduras, y demás ingredientes, así como dos botellas de vino. Elyon se apresuró en ir a ayudar a Iyala con la comida, quería aprender todo lo posible sobre la cultura de su gente y sus costumbres.
-El viejo Orfre ya sabe que Elyon está aquí –comentó la mujer mientras lavaba unas patatas.
-Es imposible que la haya visto, está ciego –le respondió su marido, asombrado.
-Por favor, cariño, no gastes bromas así… sabes que en su tiempo fue el mejor rastreador.
-Eso debió de ser hace milenios –comentó Nuth.
Su padre soltó una sonora carcajada y le chocó la mano a su hijo. Iyala negó con la cabeza.
-Reíros, pero para mañana toda la ciudad sabrá que ha vuelto.
-¿Y eso es malo? –preguntó la joven, preocupada.
-Eso depende de lo agobiada que puedas llegar a sentirte –le respondió su tía encogiéndose de hombros-. Todos querrán darte la bienvenida y el pésame por tus padres.
Elyon torció una mueca.
-Eso quiere decir que mañana las tabernas cerrarán más tarde por la celebración de su regreso –sonrió Nuth.
Su madre lo miró con desaprobación.
-Te sentirás orgulloso de eso –le dijo a Heon señalando al chico con la cabeza.
-¿De qué? ¿De que sepa ver el lado positivo de las cosas? ¡Mucho! –respondió él con la cabeza bien alta.
Elyon rio. Llamaron a la puerta, y luego esta se abrió. Azrael entró con una gran sonrisa.
-Orfre me ha dicho que mi nieta ya estaba en la ciudad –saludó.
Iyala le echó a Heon una mirada significativa.
-¿Os molesta que me quede a comer? –les preguntó.
-¿Cuándo nos ha molestado? –sonrió la elfa.
-Cuando demostró ser mejor cocinero que tú –le recordó su marido.
Iyala le tiró una cebolla a la cabeza, dándole de lleno.
-¡Au! –se quejó Heon desde su butaca.
-Da gracias que no ha sido el cuchillo de cocina –comentó la mujer- ¿No recuerdas lo buena que es mi puntería con las armas arrojadizas?
-Y así toooodos los días –le dijo Nuth a Elyon mientras avivaba el fuego de la chimenea-. Y luego el crío soy yo…
La semielfa disfrutó de cocinar. Todo fue felicidad y bromas. Su abuelo no hacía más que reír, ella no recordaba haberlo visto tan alegre nunca. Ojalá sus padres estuvieran allí, porque ahora sí que sentía pertenecer a un verdadero hogar al que poder volver.
-¿Dónde voy a dormir? –preguntó la joven con curiosidad mientras terminaba un trozo de pastel de chocolate y frambuesa.
Su abuelo y sus tíos se miraron entre ellos, con algo de preocupación.
-Puedes dormir aquí o en mi casa –le dijo Azrael-. O… puedes dormir, si quieres, en tu antiguo cuarto si lo prefieres.
-¿Mi antiguo cuarto? –la joven frunció el ceño, apenas se acordaba de él.
Los tres asintieron.
…..
Tras ayudar a Iyala a recoger, Elyon y Azrael salieron a dar una vuelta. Recorrieron los pasillos vacíos, en los que resonaban sus pasos. Ella se fijó en que algunas de las puertas con las que se encontraban tenían junto a los marcos de las mismas esferas de cristal de diversos tamaños y colores, al igual que la casa de sus tíos, en cuyo interior brillaban velas, arrojando reflejos de colores en los muros de piedra. Pero la mayoría de puertas no tenían nada.
-¿Qué hay tras las puertas no decoradas? –quiso saber ella.
-¿No recuerdas cómo es el edificio? –le preguntó su abuelo.
La joven negó con la cabeza.
-Esta construcción se ideó como una gran ciudad amurallada, en la que todos los habitantes pudieran vivir cómodamente en momentos de peligro o catástrofe. Cada puerta que ves es una casa independiente, hay tantas como familias en Imtar… bueno… debido a las últimas desgracias que hemos encadenado, nuestra población ha decrecido tanto que ahora hay de sobra –suspiró Azrael con tristeza-. Las puertas que ves decoradas son las casas que actualmente están ocupadas. Prácticamente todos prefieren vivir fuera de las murallas, se sienten más libres, pero pueden ocupar una de estas cuando quieran.
Muchos de los pasillos eran semi descubiertos, por lo que se podía disfrutar desde ellos de las vistas del bosque y el pequeño lago que había entre este y el castillo de piedra blanca. El canto de los pájaros resonaba por doquier, y la brisa arrastraba el dulce olor de las flores silvestres.
Finalmente se pararon frente a una puerta de madera oscura, situada al final del pasillo del tercer piso, cerca de la casa de Heon, solo a tres puertas sin decorar. Junto al marco había un móvil de metal que en su momento debió de ser de vivos colores, ahora estaba medio oxidado, y el aire arrancaba de él un tintineo hueco y distorsionado. Aquella era la puerta de su casa, de su verdadera casa, podía reconocerla con claridad a pesar de que ya no estaba rodeada de plantas verdes y frondosas. Con un nudo en la garganta y manos temblorosas, hizo girara el picaporte. La puerta chirrió al abrirse. El interior estaba en penumbra, ya que todas las ventanas estaban cerradas. Azrael entró tras ella y las abrió, dejando pasar la luz.
El corazón le dio un vuelco. Estaba todo tal cual recordaba, nadie había tocado nada, no había polvo ni telarañas, era simplemente como si el tiempo allí dentro se hubiera parado, como si ella volviera a tener tres años y su madre fuera a aparecer en el salón llevando en los brazos uno de sus preciados libros.
Sobre la chimenea había un enorme estandarte cuidadosamente bordado. El busto plateado de un ciervo de imponente cornamenta aparecía en el centro, rodeado por dos enredaderas que se enlazaban bajo él, enmarcando al animal. Tras las figuras se cruzaban en diagonal dos gruesas barras lilas sobre el fondo azul cielo, haciendo que la atención se centrara en el animal y las plantas. Elyon se aproximó al estandarte. En el centro también, entre la cornamenta del ciervo, había una estrella pateada. La semielfa tardó apenas unos segundos en reconocerla. Era la misma estrella que los sublevados llevaban bordada en los pañuelos con los que se cubrían el rostro.
-¿Qué es esto? –preguntó ella con temor.
Azrael se acercó a su nieta.
-Nuestro estandarte.
-Pero la estrella…
-Es la que llevan los sublevados, lo sé –suspiró el elfo-. Este estandarte se creó cuando los elfos del norte y del sur finalmente nos unimos en un solo pueblo. Los elfos del norte tenían como símbolo un lazo del diablo, muy común por allí, y el color violeta de los atardeceres. Nosotros el ciervo, señor del bosque, sobre el color azul del cielo. Pero el punto común que ambos teníamos en nuestros escudos era la Estrella del Norte. Por eso los sublevados la usan, porque nos ha representado a todos como pueblo desde siempre.
Elyon se mordió el labio, inquieta, mientras alargaba una mano para tocarlo. Recorrió el resto de la casa mientras sentía las emociones agolparse junto a los recuerdos. Llegó a su habitación y empujó la puerta entreabierta. La estancia le pareció más pequeña, aunque eso era normal, ya que ella había sido mucho más pequeña la última vez que había estado allí, aun así la cama seguía siendo mayor de la que tenía en Hogwarts. Abrió la cristalera que daba a un pequeño balcón, dejando entrar la luz del sol. Desde allí podía ver parte del pueblo y todo el bosque. Cuando volvió a entrar se quedó mirando el baúl que había a los pies de la cama, sobre él había un pequeño arco junto a un carcaj con varias flechas. Elyon lo cogió y se sentó sobre el baúl. Tuvo ganas de llorar, aquel era el regalo que le hicieron sus padres a los tres años… justo antes de que toda su vida cambiara por completo en solo un instante.
Azrael entró en la habitación y se le encogió el corazón al ver a su nieta tan triste sosteniendo en su regazo el arco infantil. El hombre se sentó a su lado y le rodeó los hombros con un brazo.
-Pensaba que casi lo había superado, pero al venir aquí… -musitó ella conteniendo el llanto-. Los echo de menos, y al mismo tiempo estoy furiosa con ellos por no haberme contado nada… resulta que apenas sé nada de mis padres, solo verdades a medias…
Unas lágrimas recorrieron su rostro.
-Lo hicieron por que te querían, y no querían verte sufrir al haberte alejado de todo lo que conocías siendo tan pequeña –intentó hacerle entender su abuelo-. Y no fue solo idea suya.
-Era como si supierais que nunca íbamos a volver… para qué si no hacerme olvidar cuando tendría que recordar de nuevo en algún momento.
Azrael la abrazó con cariño.
-Ninguno sabíamos lo que iba a pasar, así que simplemente nos preparamos para lo peor –suspiró.
-Pero ahora una parte de mi los odia… y no quiero odiarlos –gimió rompiendo a llorar.
Salieron de la casa sin haber entrado en la habitación de sus padres. Elyon no se vio con valor suficiente para hacerlo, no ese día. Así que su abuelo la llevó fuera del edificio, a dar un paseo por los exteriores.
Llegaron a los establos de madera. Había varios caballos campando a sus anchas por los alrededores, pastando la hierba verde y fresca que crecía por todas partes. La joven se fijó en que el establo no tenía puertas y en que no había nadie vigilando a los animales.
-¿Están sueltos? –preguntó desconcertada.
-Aquí no nos hace falta encerrar a los animales. Nuestra relación con ellos se basa en el respeto y la lealtad. Además, saben que aquí tienen cobijo y alimento –rio su abuelo-. Son animales, no estúpidos.
Elyon torció una sonrisa. Los caballos se aproximaron a ellos y comenzaron a olisquearlos y a hurgar entre su ropa.
-¿Qué hacen? –la joven tuvo que empujar a un par de animales para que se alejaran de ella y la dejaran respirar.
-Buscan comida, los tienen muy mimados, así que cada vez que ven a alguien piensan que sacarán alguna golosina.
Azrael silbó con fuerza y los caballos se dispersaron rápidamente resoplando y relinchando. Desde el bosque surgió un coro de chillidos, similares a los que hacía Eizen, pero más fuertes e intensos. De las copas de los árboles salió una enorme figura alada, oscura a contraluz, que tocó tierra con un golpe sordo.
Elyon se quedó mirando el grifo. Era enorme. Tenía la cabeza de un águila, y una espesa y lustrosa melena emplumada. Su porte orgulloso hacía que pareciera que sacara pecho para aparentar ser más grande de lo que realmente ya era. La musculatura de sus patas era asombrosa, sus garras delanteras parecían clavarse en el suelo, y sus zarpas traseras eran tan enormes que podían rodear la cabeza de Elyon sin problemas. El animal chilló y extendió un segundo sus inmensas alas pardas.
Ambos se mantuvieron la mirada y entonces el grifo dio un saltito y comenzó a moverse inquieto, juguetón, como si fuera un gato doméstico enorme.
-¿No te acuerdas de él? –Azrael torció el gesto.
Elyon se acercó al animal y extendió una mano para tocarlo, su plumaje era suave y denso. La joven volvió a mirar sus enormes ojos ambarinos.
-¿Thurin? –musitó ella.
El animal colocó la cabeza en su pecho, y empezó a restregarla contra ella. La joven lo abrazó y enterró la cabeza entre las plumas del cuello, sollozando. Era el grifo de su padre. Recordó las escapadas a escondidas de su madre en las que su padre le dejaba coger las riendas dejándose llevar por las corrientes de aire, disfrutando de las magníficas vistas aéreas. Recordó que lo que más le gustaba era volar sobre las nubes.
Thurin se tiró al suelo panza arriba ululando con felicidad. Elyon rio y le rascó con ambas manos, casi tumbándose sobre el animal para poder abarcarlo entero.
-¿Te apetece dar una vuelta con él? –sonrió Azrael.
-No sé montar –respondió ella con una mueca de fastidio.
-En algún momento tendrás que empezar ¿Por qué no ahora? –le animó su abuelo- Thurin lleva mucho tiempo volando solo, agradecerá poder volver a hacerlo con jinete.
-¿Y por qué nadie ha querido volar con él?
-Verás, el vínculo entre un grifo y su jinete se crea desde que ambos son muy pequeños, se fortalece con el tiempo y nunca se rompe, es de por vida. Así que normalmente un grifo solo se deja montar por una persona, y en raras ocasiones, por algún otro afortunado –le explicó su abuelo-. Thurin deja que Heon o yo lo montemos muy de vez en cuando, pero no está del todo cómodo, así que no siempre quiere que lo hagamos volar –Azrael se agachó a rascarle la cabeza-. Cuando os fuisteis se quedó destrozado, no entendía por qué no os había podido acompañar. Se pasó semanas visitando tu cuarto, destrozó la barandilla de tu balcón de pasarse tantas horas apoyadas en él.
-Recuerdo una vez que pasó lo mismo –musitó ella con una sonrisa.
-Sí, porque todas las noches te dedicabas a robar conejos de la despensa para dárselos de cena antes de irte a dormir. Engordo tanto que un día la piedra cedió bajo su peso.
-Y mis padres cerraron con llave las puertas del balcón durante tres meses como castigo –rio.
Azrael sonrió con nostalgia.
-¿Y cómo sabes que hoy nos dejará que volemos con él?
-Porque la única otra persona a la que Thurin estaba muy unido eras tú. Es extraño que un grifo pueda llegar a aceptar a dos jinetes por igual, es realmente excepcional… Pero tu padre te llevó con él desde que naciste, Thurin te vio crecer junto a él y supongo que ambos creasteis vuestro propio vínculo. Llegó un punto en que hacía más caso a tu llamada que a la de tu padre.
-¡Venga ya! –rio ella.
-De verdad. Tu padre empezó a sopesar si no tendría que buscarse otro grifo en cuanto hubiera una puesta de huevos –Azrael se levantó-. Bueno, ¿te apetece probar?
Elyon asintió con una enorme sonrisa.
Entraron en el establo en busca de una silla de montar doble, unas riendas y ropa de abrigo. En las alturas hacía mucho más frío que a ras de suelo.
En cuanto el grifo los vio con el material de monta, empezó a chillar con excitación y a hacer cabriolas. Azrael intentó enseñarle a colocarle las riendas y la silla, pero el animal estaba tan nervioso que no paraba quieto, incluso se puso a rodar por el suelo cuando notó la silla en su lomo, de forma que se acabó enredando con las riendas y las cintas de la silla a medio abrochar. Finalmente el elfo se puso serio y lo obligó a mantenerse quieto mientras acababa de prepararlo, amenazándolo con que no volarían con él si no se portaba bien.
Azrael la ayudó a subir a la silla y le ató las piernas a esta con unas gruesas correas de seguridad para evitar que pudiera caerse en pleno vuelvo. Su abuelo se subió tras ella y también se ató las piernas.
-Ponte los guantes y las gafas.
Elyon se apresuró en obedecer.
-Ahora coge las riendas con fuerza –la joven lo hizo con manos temblorosas-. Relájate, todo irá bien. Dale la orden para que alce el vuelo.
-¿La orden? –Elyon miró sobre su hombro para ver a su abuelo.
-Seguro que la recuerdas –la animó.
Cerró los ojos con fuerza, intentando recordar los paseos con su padre. Pero no recordaba ninguna palabra en concreto.
-Thurin no tiene orden de vuelo –musitó ella, su abuelo sonrió satisfecho-. Adelante –le susurró al animal.
Elyon dio gracias a que sus piernas estuvieran atadas a la silla, o habría caído al suelo a causa del brusco tiró que sintió cuando Thurin arrancó a correr. El animal abrió las alas y tras dos enérgicos aleteos, se impulsó en el aire y emprendió el vuelo. La semielfa sintió como se le encogía el estómago a medida que ascendían a gran velocidad, dejando el castillo y el bosque atrás. No quiso mirar abajo, le daba pavor. Su abuelo le cogió las manos, y estiró muy suavemente de las riendas para que Thurin dejara de ascender.
-Si no le dices cuando parar, seguirá subiendo hasta que le apetezca, y eso es mucha altura –rio Azrael.
-Vale –respondió ella con voz temblorosa.
-Relájate, te encantaba volar con tu padre.
-En los últimos años le he cogido respeto a las alturas, no me gusta ascender tanto.
-No vas a caerte –la tranquilizó su abuelo-. Estás atada a la silla, y ni Thurin ni yo permitiremos que te caigas, así que disfruta.
Elyon inspiró hondo, armándose de valor, y miró hacia abajo. No recordaba haber estado nunca tan alto, y aunque tenía el estómago encogido, no pudo evitar admirar las vistas. Bajo ella estaba el pueblo, un conjunto de edificios en miniatura, entre los cuales destacaba en un extremo el castillo blanco inmaculado. Los campos de cultivo formaban un mosaico de color que se extendía en todas direcciones hasta desaparecer bajo la verde e inmensa arboleda que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Todo ello atravesado por el río que parecía hecho de plata líquida.
Se dibujó una pequeña sonrisa en su rostro. Thurin chilló y sacudió la cabeza.
-Dile a dónde ir, se está impacientando –le dijo su abuelo.
-Vale –asintió la joven.
Estiró suavemente de una de las riendas y el grifo siguió la dirección que ella le marcó. Sintió los músculos de las alas moverse bajo la silla a medida que el animal avanzaba aprovechando las corrientes de aire. Thurin se movía con tal gracilidad para su tamaño, que parecía deslizarse por el aire apenas sin esfuerzo, igual a una manta raya en el océano.
Volvieron a tierra cuando Elyon comenzó a dejar de sentir las mejillas por el frio.
-¿Qué tal el paseo? ¿Con ganas de repetir? –le sonrió Azrael mientras le soltaba las correas de seguridad.
-Sí, por supuesto. Pero otro día –respondió ella frotándose las mejillas adormecidas con las manos enguantadas-. Aun me tiembla un poco el cuerpo.
Elyon le quitó al grifo las riendas de la cabeza y la silla de montar. Acto seguido el animal se sacudió con energía, restregó su cabeza emplumada contra la joven y volvió a alzar el vuelo hacia el bosque.
-¿A dónde va? –preguntó la semielfa con curiosidad.
-Los grifos viven libres en el bosque, son familiares, y no todos tienen jinete. Así que los dejamos ir y venir para que no pierdan su lugar en el grupo. No son mascotas, son criaturas salvajes que necesitan libertad.
-¿Y cuándo los necesitáis cómo se lo hacéis saber?
-Ellos lo saben, y aparecen, si no, los llamamos, cada animal responde a su propia llamada. Te enseñaré la de Thurin, aunque ahora que está de vuelta seguro que pasa más tiempo en los alrededores del palacio que en el bosque.
Guardaron todo en el establo y luego volvieron al interior del edificio.
-¿Habéis ido a volar? –les dijo Nuth dolido nada más los vio entrar con las mejillas aun rojizas por el frío de las alturas- ¡Se suponía que yo la iba a llevar por primera vez!
-No lo sabía –se disculpó Azrael-. Nadie me lo comentó… y ha sido algo espontáneo.
-Gracias, papá –gruñó el chico mirando a su padre, que leía en el diván.
El hombre levantó más el libro para esconder su rostro tras él, su mujer negó con la cabeza con una pequeña sonrisa divertida, mientras leía también.
-No te preocupes, podemos volar otro día –le sonrió Elyon para animarlo.
Tras la cena, decidió que quería dormir en su antiguo cuarto, en su casa. Azrael la miró con preocupación, pero respetó su decisión. Aun así le dijo que tanto él como Heon vivían en ese mismo corredor, y que sus puertas siempre estaban abiertas, por si cambiaba de opinión y prefería no estar sola.
Encendió la chimenea del salón, para darle calor y luz a la casa. Miró a su alrededor inquieta, y por un segundo se preguntó si dormir allí habría sido una buena idea. Negó con la cabeza. Tenía dieciséis años, por Merlín, no podía seguir comportándose como una cría, no después de todo lo que le había pasado en esos dos años. Así que se puso el pijama e intentó irse a dormir, le hubiera gustado que Thurin la visitara aquella noche, igual que había hecho cuando era pequeña, pero el animal no apareció.
Se despertó sobresaltada, mirando a su alrededor. Le había parecido escuchar algo. Se levantó despacio y metió la mano bajo la almohada, en busca de su canalizadora, pero recordó que ya no la tenía. Tragó saliva y se acercó al ventanal, miró a través del cristal. La luna se ocultaba tras las nubes. Un susurro recorrió la habitación y ella se giró con el corazón en un puño.
-¿Hola? –musitó ella, aun sabiendo que allí no había nadie, su imaginación le estaba jugando una mala pasada.
Alguien empezó a tararear. Una canción que ella había escuchado antes, había soñado con esa melodía. La voz resonó en las paredes de piedra y el miedo empezó a correr por sus venas.
Se acordó de aquella noche… tras el ataque a Imtar. Escuchó gritar a Nuth. Miró hacia la cama, él estaba allí, con cinco años, apenas sin poderse mover, chillaba llamando a su madre con angustia. La cristalera se abrió de golpe. En el balcón había dos hombres altos, con un pañuelo negro con una estrella sobre el rostro. Elyon retrocedió. Uno de ellos alargó la mano hacia ella, tenía el pelo largo y prácticamente blanco, que llegaba casi hasta el suelo. Nuth seguía gritando, llamando a su madre con desespero, llorando. Elyon corrió hacia la puerta, pero esta no se abrió, por mucho que estiró y la golpeó.
-¡Ayuda! ¡Por favor! –gritó ella- ¡Sacadme de aquí, por favor! ¡Sublevados!
-Tu vida por la de ellos –le dijo aquel hombre rubio con voz hueca.
-¡Abrid la puerta! –gritó ella golpeando la madera con desesperación.
Entonces vio sus manos manchadas con sangre. Despacio se dio la vuelta. En la habitación su madre se agarraba el vientre entre gritos de dolor en medio de un charco de sangre. Aslo estaba tirado a los pies de los dos sublevados, con la mirada vacía.
-Basta… basta… -sollozó ella- ¡Basta!
-Tú puedes parar esto, solo tienes que venir con nosotros –susurró el hombre.
Cayó de rodillas tapándose los oídos con fuerza. Los gritos de Nuth y su madre le taladraban los tímpanos, la ensordecían, y la canción tampoco cesaba.
-No es real, no es real –gimió.
-¡Elyon! –Azrael intentó abrir la puerta, pero no pudo.
-¡No es real! –sollozó.
Golpearon la puerta con fuerza.
-¡Elyon abre la puerta! –gritó Heon desde el otro lado.
-¡Basta! –gritó ella con furia.
Los muebles comenzaron a temblar y el espejo de pie que había junto al armario se resquebrajó.
-¡Elyon! –la llamó su abuelo desde el otro lado de la puerta.
La semielfa gritó con fuerza para dejar de oír los gritos y sollozos. La madera de la puerta crujió y esta se abrió al fin. Azrael y Heon entraron con rapidez, su tío llevaba la espada en la mano.
Iyala se agachó junto a la semielfa, que aun gritaba tapándose los oídos temblando.
-Tranquila, tranquila –le susurró.
Elyon levantó la vista, su tía llevaba el pelo recogido y vio en su cuello la marca blanquecina de una cicatriz que le llegaba de la oreja derecha hasta la base del cuello. A su ente vino la imagen fugaz de Iyala sujetándose la garganta para intentar contener la hemorragia mientras se ahogaba entre rictus de dolor. La semielfa de alejó de ella a trompicones hasta chocar contra la pared.
La mujer la miró con preocupación.
-Elyon, cariño, respira, respira –le dijo cogiéndole las manos.
-Quiero irme a casa, quiero irme a casa –sollozó ella.
-Ya estás en casa –su tía le cogió el rostro para que la mirara a los ojos.
-No, no… quiero irme a casa –siguió sollozando ella-. No quiero estar aquí… quiero irme a Hogwarts.
-Elyon, tranquilízate –le susurró Iyala-. Estás a salvo.
-No… volverán otra vez –gimió la joven.
-No dejaremos que te hagan daño, ¿vale? –le sonrió su tía con cariño- Nuth ayúdame a llevarla a casa.
Pero el joven no se acercó.
-¿Nuth? –la mujer alzó la vista.
Su hijo estaba plantado en el salón, pálido y con la respiración agitada. Sus ojos estaban llenos de pánico.
-Nuth –musitó la elfa preocupada.
-Ve con él, yo me encargo de Elyon –le dijo Azrael después de haber registrado la habitación en busca del atacante junto a Heon.
Entre los dos se llevaron a los jóvenes de la casa, algunos vecinos habían salido al pasillo tras escuchar los gritos, preocupados.
Heon se quedó en la habitación, allí había estado alguien… o algo… podía sentirlo. Algo había intentado penetrar en la mente de la joven, desbordando los malos recuerdos que la chica aun reprimía, haciéndola vulnerable. Recorrió la estancia examinando cada rincón, hasta que encontró el rastro de quien fuera que había estado junto a su sobrina. No era humano, y tampoco elfo, era algo retorcido, algo que reptaba entre la vida y la muerte.
-Voldemort –musitó.
Salió de la casa y llegó a la zona exterior que había bajo el balcón de Elyon, allí volvió a encontrar el rastro del intruso, y lo siguió adentrándose en el bosque. Entre los árboles escuchó algo moverse. Desenvainó con cuidado. Vio unos enormes ojos negros que brillaban en la oscuridad, rodeados de un espeso plumaje blanco, veteado de verde y marrón.
-Fitzi, que susto me has dado –suspiró Heon envainando.
Su grifo se acercó a él y sacudió la cabeza inquieto.
-Tú también lo has sentido, ¿eh? –rascó al animal bajo el pico-. Esta noche nos vamos de caza.
El animal erizó las plumas y bufó con decisión. Ambos siguieron la búsqueda toda la noche, llegaron a uno de los extremos del bosque cuando despuntaban los primeros rayos de sol. A partir de allí el rastro desaparecía. Fuera lo que fuera, se habían ido. Heon se subió al lomo de Fitzi y emprendió la vuelta al palacio.
…..
Iyala se despertó en cuanto escuchó la puerta, y levantó del diván de un salto cuando lo vio entrar en casa.
-¿Dónde te habías metido? –le preguntó enfada y preocupada a partes iguales.
-Encontré el rastro de algo y lo seguí.
-¿Y? –su mujer lo miró expectante.
Heon se encogió de hombros.
-Se ha marchado antes de que pudiera encontrarlo. Ha salido de los dominios de Imtar –suspiró con decepción, no quería mencionarle sus sospechas sobre el posible autor, para no preocuparla aún más.
Iyala le apretó el brazo con cariño.
-¿Cómo están los niños?
-Bien, les hemos dado una infusión para dormir.
Heon se acercó al cuarto de Nuth y se asomó al interior. Azrael dormía sentado en una silla junto a la cama en la que Elyon y su hijo descansaban acurrucados entra las sábanas. El hombre torció una sonrisa triste, verlos así le trajo viejos y amargos recuerdos.
-Azrael se ha negado a irse o a dormir en la otra habitación –suspiró Iyala con tristeza.
-Parece como si nunca se hubiera ido, ¿verdad? –musitó él mirando a los chicos, su mujer también los miró-. Igual que cuando eran pequeños... durmiendo juntos como si nunca hubieran roto un plato.
Iyala sonrió con tristeza, y por un momento los vio aún con dos y cuatro años de edad. Heon suspiró mientras su expresión se ensombrecía.
-Creí que Nuth lo había superado.
-Él también lo creía, supongo… pero es cierto que no había vuelto al cuarto de Elyon desde esa noche… Me preocupa cómo puede comportarse con ella después de esto, no hemos podido tumbarlo junto a ella hasta que se ha dormido.
-Supongo que eso lo sabremos cuando despierte –contestó el elfo.
-Ve a dormir, tú también deberías descansar, has estado toda la noche en vela.
Heon asintió y obedeció sin objeciones.
…..
Elyon despertó ligeramente desorientada, no había nadie con ella y no sabía exactamente dónde estaba, de lo único que estaba segura era de que no estaba en la antigua casa de sus padres, algo que agradecía enormemente. Sintió un desagradable escalofrío que le recorrió la espalda al recordar la pasada noche.
Se levantó y miró por la ventana. El sol brillaba con fuerza, debía de ser casi mediodía. Al salir de la habitación se encontró en la sala de estar de sus tíos.
-¿Cómo te encuentras? –le preguntó Iyala desde la cocina.
-Bien… algo confusa –respondió acercándose a ella, que estaba preparando una infusión- ¿Nuth no está?
-No, se ha levantado temprano y ha salido –respondió la mujer sin mirarla- ¿Recuerdas lo que pasó ayer? –su tía le pasó una taza humeante.
-Sí, creo que sí –asintió ella-. Pero no fue real… ¿verdad?
-Tu mente aun reprime algunas cosas, y estar aquí hace que te sea más fácil sacarlo a la luz –le sonrió la mujer-. Pero respecto a lo que dijiste ayer… si quieres volver a Hogwarts, puedes hacerlo cuando quieras.
-No quiero irme aún –le dio un sorbo a la taza-. El único sitio en el que por el momento no quiero estar es la casa de mis padres…
-No será necesario, puedes dormir aquí o en casa de tu abuelo, donde prefieras. O podemos adecentar una de las casas vacías para que tengas intimidad.
Elyon sonrió más tranquila.
Tras un breve desayuno, su tía la llevó a dar una vuelta al pueblo, para que lo conociera, ya que ese día había mercado, y Azrael iba a estar reunido toda la mañana. Aunque Iyala le había prestado ropa de cuando era más joven y se había recogido el pelo en una trenza simple, los habitantes del pueblo la miraban curiosos, así que prefirió centrar su atención en los edificios. La ciudad parecía sacada de los cuentos que su madre le leía antes de ir a dormir, era preciosa y acogedora. Llegaron a la plaza central, que estaba a rebosar de vida y movimiento. En ella había colocados casi un centenar de puestos en los que se vendía desde fruta a minerales preciosos para joyería, y en ellos no había solo elfos. Muchos puestos estaban ocupados por duendes e incluso centauros, que regateaban con los clientes más quisquillosos.
-¿Qué te apetece comprar? –le preguntó Iyala animada.
-¿Comprar? –Elyon alzó una ceja- No necesito nada… creo.
-A veces no sabes qué necesitas hasta que lo ves.
-Igualmente solo tengo galeones, sickles y knuts… y no sé qué usáis aquí –comentó la joven incómoda.
-No te preocupes, yo me encargo. Cuando lleguemos a casa veremos a ver cómo cambiamos la moneda para que puedas moverte por Imtar –le sonrió su tía-. Aunque a los duendes no les importará que les pagues con galeones.
La joven asintió a regañadientes. Se acercaron a un puesto de frutas, todas tenían un color tan vivo, que las hacía increíblemente apetitosas.
-Las manos donde pueda verlas, jovencita –le dijo el tendero-. Ya sabes la regla.
-¿Perdón? –musitó Elyon confusa.
El tendero dejó su puesto y la abrazó ante la sorpresa de la joven.
-Me alegro que estés de vuelta. Ha sido raro ver a Nuth todo este tempo sin que Aslo y tú fuerais su sombra. Solo por eso, dejo que te lleves un albaricoque por la cara –le dijo el elfo con una sonrisa triste, colocándole en las manos uno de los frutos de su puesto y dándole un pellizco en la mejilla-. Pero no te acostumbres a esto, es una excepción.
-Gracias –musitó ella sin comprender qué pasaba.
Siguieron caminando mientras Elyon jugueteaba con el albaricoque entre sus manos.
-Cuando erais pequeños os dedicabais a robar la fruta y los dulces de los puestos, erais la pesadilla de los comerciantes. No será el único que te diga algo al respecto –sonrió Iyala-. Nos traíais de cabeza, siempre pagando vuestros pequeños hurtos. Tres glotones de cuidado, y por mucho que os castigamos, no escarmentabais.
Elyon rio por lo bajo y le dio un mordisco a la fruta. Era increíblemente dulce y tuvo ganas de volver atrás a comprar más. Ambas se pararon en cada puestecito a curiosear qué ofrecían y a hablar con los tenderos. Muchos dieron signos de reconocer a Elyon, pero no le dieron más importancia ni comentaron nada referente a sus padres. Ella agradeció ese tipo de trato, hacía que no se sintiera tan fuera de lugar como en Hogwarts, se sentía a gusto en ese entorno. Tras los comentarios de sus tíos, se había temido lo peor, pero la gente estaba respetando su espacio.
Iyala quiso regalarle unas horquillas para recogerse el pelo, en forma de hojas de laurel, y por más que ella se negó, no consiguió convencerla de lo contrario.
-Tienes el pelo muy largo, y te conviene aprender a recogértelo, las necesitarás –insistió-. Es algo que te enseñaré mientras estás aquí, además, es parte de nuestra cultura.
Elyon miró a su alrededor, era cierto que casi todos los habitantes de Imtar tenían el pelo largo y se lo recogían de diversas maneras para que no les molestara en su día a día.
Mientras tomaban los dulces que habían comprado en una de las pastelerías, la semielfa se quedó mirando a unos de los visitantes que caminaban por los puestos.
-¿Son magos? –preguntó ella sin apartar la vista de los hombres.
Iyala siguió su mirada.
-Claro, muchas materias primas que se necesitan para varitas y pociones salen de aquí. Sin contar telas, pieles y joyería. A pesar de todo lo que hemos pasado, tenemos buena relación con aquellos que saben apreciarnos y respetarnos –sonrió la mujer-. Además, nuestro bosque es una reserva natural muy preciada para los magizoólogos, que vienen a menudo para continuar con sus estudios.
Elyon torció una sonrisa, le tranquilizaba saber que ambos mundos se llevaban mejor de lo que muchos creían, y que se necesitaban mutuamente.
Entre la multitud apareció una mujer, de pelo rubio ceniza, recogido en una trenza sencilla que descansaba sobre su hombro derecho. Tenía los ojos castaños tristes, y miró a Elyon apretando sutilmente los labios.
La joven la miró, y sintió un nudo en el estómago. Se levantó con las manos temblorosas. La sonrisa de Iyala también desapareció. Aquella era la madre de Aslo.
-Lo siento… -musitó la semielfa cuando llegó hasta la mujer, intentando controlar el llanto-. De verdad… lo siento…
La madre de Aslo simplemente la abrazó con fuerza mientras empezaba a llorar.
-No fue culpa tuya –le susurró la mujer-. Intentaste protegerlo, como siempre… lo cuidaste hasta el final…
-Pero no lo conseguí… fue culpa mía… solté su mano…
-Era algo que no podías evitar, había llegado su momento.
-No es justo… -gimió Elyon con amargura.
La elfa le besó la frene. Las tres fueron a tomar té, para relajarse y hablar un poco. Elyon sintió que se quitaba un peso de encima después de hablar sobre Aslo, se sentía menos culpable. Aunque la muerte del niño le seguía pesando.
Cuando volvieron a casa, encontraron a Nuth hablando con su padre, ambos estaban muy serios. Se giraron al escucharlas entrar en casa.
-Me tengo que ir –dijo el chico.
-Nuth… -su padre intentó retenerlo.
-¿A dónde vas? –Iyala lo miró preocupada.
-He quedado con los chicos –respondió poniéndose las botas.
-¿Por qué no te llevas a Elyon? –insistió su padre-. Así conocerá a los de su edad.
-Es noche solo de chicos –dijo escuetamente saliendo de la casa.
Elyon lo miró sin comprender. La había evitado, apenas la había mirado un segundo, y ella había visto desconfianza en sus ojos.
-¿He hecho algo mal? –preguntó ella.
-No, no has hecho nada –le sonrió su tía-. Simplemente se ha levantado con el pie izquierdo, le pasa a menudo.
Elyon asintió apretando los labios. Heon e Iyala se miraron con preocupación.
…..
Estaba escribiendo una carta a Lisa y los demás contándoles cómo le estaba yendo en Imtar. Eizen había llegado esa tarde, así que ya podía tener correspondencia. Algo rozó entonces su pierna y ella se levantó de golpe ahogando un grito.
Bajo la mesa del escritorio había un pequeño animal. Un zorro, de color rojo oscuro y veteado de negro. La criatura salió de debajo del mueble. No era un zorro exactamente, sus orejas eran más grandes, sus zarpas delanteras eran similares a las garras de un halcón, y de debajo de sus patas delanteras y de la base de la cola peluda, salían plumas largas también granates y veteadas de negro. El animal la observó con unos brillantes y tiernos ojos negros.
-¿Estás bien? –su abuelo entró en la habitación de invitados con preocupación.
-Sí… solo me ha asustado –le dijo señalando a la criatura, que se acercó a Azrael moviendo la pomposa cola con alegría.
-¡Vaya! Con que estabas aquí –sonrió el hombre cogiendo al zorrillo.
-¿Es tuyo? –Elyon alzó una ceja con curiosidad.
-Sí, se llama Kinaz, es un enfield.
-Pensé que se habían extinguido hace mucho por la caza furtiva –musitó ella rascando al enfield tras las orejas.
-Preferimos que los magos lo sigan pensando, quedan muy pocos, y lo último que necesitan es tener un sinfín de magizoólogos encima, sin contar que si saliera a la luz, llegarían furtivos para cazarlos por las propiedades mágicas de su piel y plumaje – explicó su abuelo-. Kinaz es el único de su camada que sobrevivió después de la muerte de su madre. Yo lo crie, pero a raíz de eso no ha querido volver al bosque, he sido incapaz de reintroducirlo –suspiró-. Mi consuelo es que me ha hecho compañía todos estos años.
Elyon sonrió, era un animal realmente bonito.
Kinaz se quedó con ella a pasar la noche en la habitación de invitados de su abuelo, había decidido dormir allí en vez de en casa de sus tíos. Pero daba vueltas en la cama, era incapaz de conciliar el sueño, estaba inquieta. No hacía más que darle vueltas a lo que había pasado en casa de sus padres.
Finalmente se levantó al comprender que no podría dormirse. Se calzó las botas, y con sigilo, salió de la casa seguida de cerca por el enfield. La brisa fresca le acarició el rostro cuando llegó a la explanada de hierba que separaba el castillo del bosque. Entre los árboles pudo ver las luciérnagas danzar alegremente. Se escuchaba el canto de los grillos y búhos, y a los animalillos nocturnos corretear entre los arbustos. Aquel sitio le empezaba a traer tantos recuerdos, que no sabía si realmente quería seguir allí.
Algo hizo crujir las ramas del linde del bosque. Thurin resopló agitando las alas con fuerza. Elyon miró aquellos ojos ambarinos y se sintió mejor, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios. Con decisión entró en el establo en busca de los aparejos de monta. Tardó menos de lo que esperaba en ensillar al grifo. Kinaz los observó a cierta distancia, sentado, muy quieto con la cabeza ladeada.
Con un fuerte batir de alas se alejaron del suelo, del castillo amurallado y de todo lo que los rodeaba. Elyon cerró los ojos e inspiró hondo, soltó las riendas y abrió los brazos. Se sentía libre allí arriba. Tuvo ganas de gritar, pero se contuvo, en el silencio de la noche seguramente la escucharía todo Imtar. Thurin subió hasta traspasar el manto de nubes. Se quedó sin respiración. La luna prácticamente llena se veía enorme, tanto, que tuvo la sensación de poderla tocar solo con alargar la mano, y su luz plateada hacía que las nubes que había bajo ellos parecieran un mar de plata que se extendía hasta el horizonte.
El grifo echó la cabeza hacia atrás, para mirarla. La joven le rascó con cariño.
-Gracias –le susurró.
El animal sacudió la cabeza como quitándole importancia. Elyon no supo cuánto duró la escapada o hasta dónde llegaron exactamente. Dejó que Thurin estuviera al mando, así que cuando el animal decidió que ya había sido bastante paseo para la chica, volvieron junto al establo, donde los esperaba el enfield.
De camino a casa de su abuelo, se topó con dos jóvenes que se estaban besando apasionadamente en uno de los grandes balcones que había en los pasillos. Tardó unos segundos en darse cuenta de que se trataba de dos chicos, y que uno de ellos era Nuth.
Antes de que pudiera alejarse de allí con sigilo, la pareja se percató de su presencia. Su primo perdió el color en las mejillas.
-No pretendía… -musitó ella retrocediendo-. Os dejo tranquilos.
-Elyon, espera –le llamó su primo levantándose de la barandilla en la que estaba sentado.
-No quería molestar, de verdad –insistió la joven, incómoda por la interrupción.
Ambos se mantuvieron la mirada.
-Nuth, este sería un buen momento –le dijo su pareja con voz pausada.
El elfo suspiró cerrando los ojos con cansancio.
-Tengo que hablar contigo –le dijo finalmente alargándole una mano para que se acercara.
Elyon aceptó la invitación y se acercó a ellos, tomando asiento también en la barandilla.
-Él es Feriel, es mi pareja –los presentó Nuth.
-Encantada –sonrió ella observando al chico.
Era alto y de rasgos marcados. Al contrario de Nuth, él sí llevaba en pelo largo, más que ella misma, y una barba más crecida y tupida que la de su primo. Se había recogido la espesa melena rubia en una serie de trenzas adornadas con anillos de oro y acero, de forma que dejaba al descubierto la parte izquierda de su rostro y cabeza, mostrando una de las orejas picudas en la que llevaba varios pendientes de diversas formas y tamaños.
-¿Cuánto tiempo lleváis juntos? –preguntó ella con curiosidad.
-Más de lo que tu primo querrá admitir jamás –rio Feriel.
-Te agradecería mucho que no dijeras nada –le dijo Nuth con seriedad.
-¿Tus padres no lo saben? –la joven frunció el ceño.
Él negó con la cabeza.
-No sabía que aquí también estuviera mal vista la homosexualidad –musitó ella decepcionada.
-No está mal visto exactamente –intentó explicarle Feriel-. Nuestra cultura siempre ha sido muy tolerante en lo que se refiere a emparejarse, ya sea entre dos elfos del mismo sexo o humanos, o incluso con otras criaturas mágicas, por raro que pueda resultar. Pero en los últimos años… nuestra población ha caído en picado, y una pareja homosexual no aporta nada al crecimiento de nuestro pueblo. Más que ser algo vergonzoso para nuestras familias, es algo…
-De lo que sentirse decepcionado –aclaró Nuth-. Saben que es algo que no se escoge, y están felices de que nosotros lo seamos… pero también sabe que su árbol genealógico acaba con nosotros, y eso les apena. Les apena no poder seguir aportando más vida al pueblo.
Elyon se quedó en silencio, mirando a su primo que estaba cabizbajo.
-Por eso Nuth y yo somos tutores de los más jóvenes en nuestros ratos libres –sonrió Feriel-. Que no podamos engendrar no significa que no tengamos nada que ofrecer.
-¿Tutores? Eso tengo que verlo –Elyon los miró ilusionada.
-Y lo verás, te quieren entrenando junto a otros elfos, me lo comentó mi padre –suspiró Nuth.
-Qué vergüenza, se reirán todos de mí –bufó ella.
Ambos rieron por lo bajo.
-Igualmente me parece que estáis sometidos a mucha presión. No es justo para vosotros -la joven torció el gesto.
-El mundo ha cambiado, y hemos de adaptarnos a la nueva situación –Feriel se encogió de hombros-. Algún día nos tocará contar la verdad, lo sabemos, pero sigo prefiriendo nuestra situación a la tuya.
-¿La mía? –la semielfa lo miró sin comprender.
-Eres la última descendiente de la única Gran Familia que nos queda. Tu deber es que esta no desaparezca, y siendo medio humana te es más fácil quedarte embarazada. No sé si me estás entendiendo… yo puedo elegir con quién pasar el resto de mi vida, le guste o no a los demás, pero tú… ojalá también tengas la oportunidad. Es una presión que no le deseo a nadie.
Elyon se había quedado blanca. No se había parado a pensar en que al ser la última, era obvio que debía tener hijos, y a ser posible, más de uno. Por lo que no podía pasarse media vida esperando al hombre perfecto. Lo que le había dicho claramente Feriel, era que no tenía el lujo de poder esperar años en emparejarse, ella era mestiza, viviría menos, y no podía morir sin descendencia, así que si no encontraba a alguien con quien pasar el resto de su vida, era muy posible que se lo acabaran imponiendo.
-Lo siento –le dijo Feriel al ver su expresión-. He sonado muy brusco. Me refería a que te insistirán mucho en que tengas hijos. Aunque con esa carita que tienes, no creo que sea difícil encontrar pareja.
Ella lo miró alzando una ceja. No era fácil encontrar a alguien con quien querer pasar toda la vida. Podía enamorarse, claro estaba, pero tenía que ser recíproco, y eso era lo más difícil. Por un momento recordó los ojos negros de su profesor, y su risa.
-Bueno, me voy. Si sigo hablando creo que haré que salgas corriendo para no volver jamás –se despidió el chico entre risas-. Nos vemos mañana.
Le revolvió el pelo a Nuth con cariño, y se fue pasillo abajo.
-Es muy majo… y… guapo –le dijo Elyon a su primo con timidez y una media sonrisa-. Pero sin tacto ninguno.
Nuth apretó los labios y se mantuvo en silencio. La semielfa lo miró con atención. Estaba tenso, incómodo por estar tan cerca de ella. Apenas la había mirado desde que la había invitado a sentarse.
-¿Por qué de repente me evitas? –le dijo dolida- ¿He hecho o dicho algo que te haya molestado?
-¿No recuerdas nada? ¿Nada de lo que pasó la noche tras el ataque a Imtar? –le dijo su primo mirándola al fin.
-Solo he conseguido recordar hasta que llegaron los grifos –ella negó con la cabeza.
-¿Nada más? –insistió él.
-No, nada más ¿Qué debo recordar?
-¿No recuerdas lo que hiciste? –le dijo con miedo en la mirada.
Elyon se mordió el labio, pensativa. Reflexionó largos segundos, intentando hacer memoria.
-Ma-maté a un mortífago… con mi arco… -era la primera vez que era consciente de que había matado a otra persona, y sintió una horrible presión en el pecho.
-No, eso no… lo que hiciste esa misma noche en tu habitación cuando llegaron los sublevados…
La semielfa volvió a negar con la cabeza.
-¿Qué hice? –preguntó con voz temblorosa y los ojos llorosos, sentía el miedo de su primo hacia ese recuerdo- ¿Hice algo peor que matar a una persona?
-Yo… no puedo… es algo que debes recordar sola –le dijo Nuth-. Siento haber estado tan distante… lo que pasó ayer noche me hizo recordar algo que creí olvidado y volví a tener miedo…
-De mí… -sollozó Elyon.
Nuth la miró a los ojos.
-Sé que no fue culpa tuya, pero… no he podido evitarlo… yo…
Elyon rompió a llorar ¿Qué había hecho para que su primo la mirara como si fuera un monstruo? No podía recordar lo que pasó la noche del ataque a Imtar, pero sí recordaba al mortífago que mató para salvar a Nuth, y al que estaba torturando a Johnny. Recordó la falta de remordimiento, la ira, el querer acabar con todos y cada uno de ellos de forma lenta y dolorosa por haber hecho daño a las personas que ella quería. Tuvo miedo de sí misma.
Nuth la abrazó.
-Lo siento… No debí decir nada ni tratarte así -le susurró conteniendo el llanto.
-Hay algo malo en mí –sollozó-. He matado a dos hombres… y hasta ahora ni me había importado…
-No más de lo malo que hay en todos cuando nos hacen daño. Yo era muy pequeño, y me asusté… pero no podemos anclarnos en el pasado –le frotó la espalda con fuerza-. Vámonos a dormir.
…..
Por la mañana, al salir de la habitación junto a Nuth, ambos aún adormilados, se toparon de frente con Iyala, Heon y Azrael.
-¿Por qué te gusta tanto darme estos sustos? –le dijo su abuelo con seriedad- Empiezo a entender por lo que ha pasado Albus desde que está a tu cargo ¿Te haces una idea del miedo que he pasado al no encontrarte en tu habitación?
-Lo siento… se nos hizo tarde y… -Elyon no sabía cómo disculparse.
-Es como su padre, Azrael, no le des más vueltas –rio Heon.
-Te equivocas, al menos ella pide disculpas cuando sabe que ha hecho algo mal –resopló su abuelo con una sonrisa torcida.
-Vamos a desayunar, que se enfriará todo –Iyala puso los ojos en blanco ante la situación.
Elyon se apresuró en tomar asiento. Su tía se acercó a Nuth.
-¿Lo habéis arreglado ya? –le susurró.
Su hijo asintió y ella le dio un beso en la mejilla con una sonrisa. Haberlos encontrado durmiendo a pierna suelta en la misma cama había sido un alivio, tanto Heon como ella habían temido que lo que revivió el chico provocara un enorme rechazo a su prima.
-¿Y si vuelve a pasar? –le preguntó Nuth a su padre.
-No ha vuelto a suceder, ni siquiera en el ataque a Hogwarts, y la entrenaremos para que no se repita nunca más –lo tranquilizó su madre dándole un pequeño empujón para que fuera a sentarse a la mesa.
Tras el abundante desayuno Azrael se la llevó al pueblo para que le revisaran el vendaje de la mano. La consulta era pequeña y acogedora, llena de plantas medicinales en sus respectivas macetas cuidadosamente etiquetadas. El sanador era mucho más mayor que Torlok, tenía el pelo blanco recogido en una cola baja, y los recibió con una amplia sonrisa.
Le retiró el vendaje con delicadeza y observó la mano con detenimiento.
-La sanadora de Hogwarts ha hecho un trabajo impecable, puedes decírselo de mi parte, tenéis suerte de contar con ella en la escuela –sonrió asintiendo con admiración-. Creo que ya no hará falta volver a vendar. Ya ha crecido toda la piel sana y necesita la luz del sol.
Con los dedos recorrió la palma de Elyon, surcada por dibujos blanquecinos, muy tenues y apenas visibles, pero similares a relámpagos.
-Me temo que esta es la marca que te recordará tu pequeño accidente –le comentó-. Pero ha sanado muy bien, apenas se ve ¡Moka! Tráeme al aceite de rosa mosqueta, por favor.
Una pequeña elfa doméstica entró en la consulta llevando en sus manos un pequeño frasco de cristal. Su caminar era alegre, haciendo que su vestido flotara entorno a sus huesudas rodillas. Y llevaba adornado el pelo con flores silvestres.
-Aquí tiene, señor –le dijo con una sonrisa.
El elfo asintió como agradecimiento. Abrió el frasco y esparció el contenido por la piel de la mano y el antebrazo, masajeando a conciencia.
-Tienes que hidratarte la piel con esto tres veces al día. Espero tu visita en tres semanas, y sabré si no lo has hecho –le dijo alzando una ceja con seriedad.
Elyon asintió.
-No sabía que los elfos también tuvierais elfos domésticos –comentó la joven al salir.
-Y no los tenemos –aclaró Azrael-. Son elfos libres, que normalmente trabajan a cambio de techo y comida, algunos incluso tienen sueldo, si así lo prefieren. Ayudan en los negocios ya que son muy mañosos, y también son buenos al cuidado de los más pequeños, les encanta trabajar como niñeras. Pero nunca se les obliga a nada, pueden cambiar de trabajo cuando quieran, pueden vivir donde prefieran, y jamás, jamás, se les maltrata.
-En Hogwarts también hay elfos domésticos, pero son felices –comentó ella.
-Lo sé. Albus sigue nuestras mismas pautas de respeto y convivencia, como ya instauró Helga Hufflepuff –sonrió su abuelo-. Siempre le ha gustado llevarse bien con el resto de la comunidad mágica.
Pasaron frente a una plaza cubierta de césped, en la que un grupo de elfos de diversas edades hacían ejercicio con movimientos lentos, todos al mismo tiempo, estirando brazos y piernas, y movían sus pies descalzos por encima de la hierba verde.
-¿Qué hacen? –Elyon se paró a observar, curiosa.
-Ejercicios de meditación, nos ayuda a relajarnos y a ver el mundo con más claridad. Nos pone en sintonía con las corrientes de magia –le explicó su abuelo- ¿Quieres probar?
-Emmm… no sé si seré capaz –musitó ella indecisa.
-Esta es una de esas cosas que tienes que aprender tarde o temprano –le sonrió Azrael tendiéndole una mano.
Elyon suspiró con resignación y la cogió. Se acercaron al grupo y se quitaron las botas.
-Copia los movimientos del resto, no te preocupes porque no te salga perfecto. Relájate, respira con calma e intenta sentir todo lo que te rodea –le explicó él comenzando a realizar los movimientos.
Elyon intentó imitar al resto, pero los movimientos eran tan lentos, que le resultaba difícil mantener el equilibrio y cada dos por tres trastabillaba y estaba a punto de caer al suelo.
-Tómatelo con calma –le susurró su abuelo-. El objetivo es relajarse, tenlo presente.
La joven inspiró hondo y volvió a intentarlo, se concentró en el tacto de la hierba bajo sus pies descalzos, en la brisa que le revolvía el pelo, en el aroma de la vegetación que los rodeaba. Poco a poco sus movimientos se hicieron más fluidos y automáticos, casi no le hacía falta mirar a los demás para saber qué debía hacer, era como si algo la empujara a hacerlos, una fuerza cálida que la manejaba con suavidad. Sintió un hormigueo en los pies, como si algo se moviera bajo ellos. Era como tenerlos en un riachuelo de aguas rápidas. Notaba el flujo de energía. Siguió realizando los movimientos, y el hormigueo trepó por sus piernas y siguió extendiéndose por su cuerpo. Se sentía llena de vida, más fuerte e imparable, capaz de hacer cualquier cosa, como durante el ataque a Hogwarts, cuando había tenido frente a ella a todos aquellos mortífagos liderados por Bellatrix Lestrange.
Entonces se dio cuenta de que el resto de elfos habían dejado los ejercicios y la miraban. Ella también se detuvo, y aquella embriagadora sensación de invencibilidad desapareció.
-¿Pasa algo? –le preguntó a su abuelo.
-La sesión ha acabado por hoy –se encogió de hombros-. Volvamos a casa, tengo más cosas que enseñarte.
Ambos se marcharon camino a la muralla blanca e inmaculada. El grupo de la plaza se dispersó finalmente, murmurando, y solo quedó Kove, que había estado entre el grupo, mirando con el ceño fruncido por dónde se había ido la pareja. Tenía mucho trabajo que hacer con ella antes de que volviera a Hogwarts de nuevo. La joven se había vuelto inestable desde el ataque al colegio, se habían despertado viejos fantasmas, que la convertían en un volcán a punto de entrar en erupción.
-¿Alguna vez viste a tu padre hacer los ejercicios de meditación? –le preguntó su abuelo casi habían llegado al palacio.
-No, nunca, ¿por qué?
-Por la soltura que has cogido enseguida –se encogió de hombros.
-Era como si supiera qué debía hacer. Pero quién sabe, tal vez lo vi de pequeña, Kove me enseñó a tomar los recuerdos que tengo de mi padre como referencia en las clases de Defensa. Tal vez me ha pasado lo mismo.
-Me muero de ganas por ver qué te ha enseñado este año.
Elyon arrugó la nariz.
-No esperes mucho de mí.
-Soy tu abuelo, no me decepcionarás fácilmente –rio el hombre.
Azrael la condujo hasta el pequeño lago junto al edificio.
-Bueno, como no vas a volver a usar una canalizadora, y hasta ahora no has hecho magia por otros medios de forma intencionada, vas a empezar a practicar el uso de magia sin herramientas de apoyo –Elyon asintió-. Para nosotros es muy fácil usarla, es una extensión de nosotros mismos. Ni hechizos ni conjuros, no hay nada que memorizar, es tan simple como querer hacerlo. Vamos a probar.
Azrael dio una pequeña palmada con emoción y luego le hizo un ademán para que comenzara.
-¿Y qué hago? –la joven alzó una ceja.
-Sorpréndeme –el hombre se encogió de hombros.
La semielfa resopló y se mordió el labio, pensativa. No se le ocurría qué hacer.
-No estoy acostumbrada a hacer magia sin tener en mente un hechizo que sé qué va a hacer.
-Entonces piensa al revés, visualiza un resultado, pero no pienses en el hechizo en si.
Elyon miró a su alrededor y vio hojas en el suelo. A la mente le vino uno de los primeros hechizos que aprendió en Hogwarts. Y tal y como le dijo su abuelo, visualizó lo que quería hacer. Las hojas secas comenzaron a elevarse, separándose del suelo y se quedaron flotando a su alrededor sin moverse, como congeladas en el aire. Entonces todas se convirtieron en polvo y se las llevó el viento. La joven se volvió a mirar a su abuelo, tenía una expresión extraña, inquieta.
-¿Qué tal? –musitó ella.
-No era lo que esperaba ver.
-Bueno, me ha venido a la cabeza uno de los primeros hechizos que aprendí, y luego, no sé por qué, he pensado en lo que pasa cuando soplas un diente de león –Elyon se encogió de hombros.
-Lo primero y más importante que debes aprender, es a centrarte en lo que vas a hacer, no puedes distraerte, o el resultado puede ser catastrófico –Elyon asintió.
Azrael alzó la vista y vio a Kove, sin duda lo estaba esperando.
-Tienes que seguir practicando durante las vacaciones, o te será complicado retomar tus clases en Hogwarts –su abuelo le dio unas palmadas en el hombro-. Tengo que ausentarme un rato, te dejo tranquila.
La chica asintió con una sonrisa cariñosa mientras el elfo iba a reunirse con el profesor de Defensa. Ambos hombres se alejaron con paso tranquilo bordeando el bosque.
-Suéltalo de una vez –le dijo Azrael impaciente.
-¿Cómo se te ocurre enseñarle ya a extraer magia directamente de las corrientes? –moderó su tono para no gritar- Está dispersa y confusa. Es un peligro para sí misma y para los demás. Tú lo has notado tanto como el resto de los que estábamos en la plaza. No tiene control, no conoce sus límites.
-Tranquilízate –suspiró-. No pudo crecer aquí, y la hemos reprimido toda su vida. Solo necesita un poco de tiempo, y no ver vuestro miedo y desconfianza. Con Nuth ya tiene bastante.
Kove entornó los ojos.
-Lo que le pasó en el brazo fue un aviso, al igual que la primera noche que pasó aquí.
-¿Y qué pretendes que haga? ¿Qué le prohíba hacer magia? Eso sería incluso peor –bufó el elfo molesto-. Es de una Gran Familia, los accidentes ocurren en el aprendizaje. Lizalos pasó por ello, y yo también.
-Lo de aquella noche no fue un accidente, Azrael –el hombre le puso un dedo en el pecho-. Lo sabes tan bien como yo. Por eso pongo tanto empeño en su disciplina, en que actúe con frialdad y tenga autocontrol. No podemos permitirnos que alguien como ella cruce la línea, no podemos perderla.
Azrael cerró los ojos cansado, sabía que Kove tenía razón, pero no era agradable escuchar sus temores en voz alta y en boca de otro.
-Le enseñaré a saber dónde está su límite antes de que vuelva al colegio –dijo al fin-. Le enseñaré cómo funciona nuestra magia y los peligros que conlleva.
-Eso espero –Kove alzó una ceja con algo de desconfianza-. No volverá a tener una canalizadora que falle en el momento justo.
…..
Alguien tocó suavemente a la puerta de la habitación. Elyon levantó la vista del libro que estaba leyendo en la cama. Feriel asomó la cabeza con una enorme sonrisa.
-¿Ocupada?
-Em, no, realmente no –respondió dejando el libro a un lado.
-¿Entonces te apetece venir a tomar algo a la taberna con unos amigos? No aceptaré un "no" por respuesta.
-Pues no me dejas muchas opciones –rio la joven- ¿Y Nuth?
-Ha ido a casa a ducharse tras la clase con los peques, y a ponerse algo cómodo para bailar.
-¿Bailar? –Elyon tragó saliva- Has dicho ir a tomar algo, no a bailar.
-Es una taberna, no sé cómo serán las de los magos, pero en las nuestras hay música, y obviamente se baila –explicó Feriel cruzándose de brazos.
-Mientras no me obliguéis –suspiró ella.
-Eso no te lo puedo prometer –rio.
Elyon suspiró desganada, pero igualmente fue a calzarse.
…..
La música de la taberna, compuesta sobre todo por violines, se escuchaba desde la calle. Era muy alegre y realmente invitaba a bailar. Al entrar, los que ya estaban allí, alzaron sus jarras a modo de saludo entre sonrisas. Las mesas redondas estaban llenas, y al fondo del local había un pequeño grupo tocando. Varias personas bailaban entre las mesas cerca de los músicos. Un fuerte silbido les hizo girarse. Un grupo de seis jóvenes, chicos y chicas, les sonrieron cogiendo unas cuantas sillas más para ellos.
-Os presento a Elyon –dijo Nuth sentándose.
-¡Me acuerdo de ella! De cómo se partió el brazo al caer del árbol intentando cazar una ardilla con las manos… y lo consiguió, no la soltó hasta llegar al sanador –sonrió el joven de pelo moreno y lacio por debajo de los hombros-. Soy Othran.
-Encantada –respondió sonrojándose ante el comentario del elfo.
-No te avergüences por eso, fue una pasada –comentó Othran-. Nosotros hemos hecho cosas peores… patéticamente peores.
Siguieron hablando un rato, hasta que varios de ellos se levantaron de golpe.
-¡Adoro esta canción! –gritó Yaria, la elfa pelirroja, cogiendo la mano de Meinpe, su novio, y llevándoselo a la zona de baile.
Nuth y Feriel también se levantaron.
-Esperad, ¿dónde vais? –Elyon los miró inquieta.
-A bailar –sonrió Nuth-. Acompáñanos.
-¡No! Yo no sé bailar esto –les susurró aterrada.
-Pues te va a tocar aprender –Feriel la cogió del brazo y la arrastró con ellos.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡Por favor! –intentó resistirse.
Pero fue en vano, en un momento estaba rodeada de más personas que bailaban en grupo. Los pasos eran muy rápidos y la gente cambiaba de pareja continuamente sin orden lógico aparente. Feriel comenzó a bailar con ella mientras la chica intentaba seguir sus pasos, y cuando creyó que empezaba cogerle el truco, él la lanzó a los brazos de otro chico y tuvo que empezar de nuevo. La velocidad del baile cambiaba acorde a la melodía, acelerándose o ralentizándose siguiendo al violín. Elyon se sintió especialmente torpe entre aquel grupo de gente que saltaba y danzaba entre risas, con una enorme sonrisa en los labios. Quiso salir de allí, escapar. Nuth se colocó frente a ella con una sonrisa tranquilizadora.
-No te agobies porque no te salga a la primera –le susurró-. Hemos venido a divertirnos, si no puedes seguir los pasos, invéntatelos.
-Me siento fuera de lugar, no debería estar aquí –le respondió ella.
-Te equivocas, siempre debiste estar aquí –le cogió el rostro con las manos-. No dejaré que te escapes. Este es tu sitio y yo estoy aquí para ayudarte a recuperarlo.
Elyon quiso llorar. Pensaba que al volver se sentiría de nuevo en casa, pero cuanto más descubría, más perdida y angustiada se sentía. Quería correr de vuelta a Hogwarts.
-¡Anima esa cara! –Feriel se acercó a ellos- ¡Nadie nace enseñado! Y tú te perdiste todo el proceso.
El chico le guiñó un ojo. Ambos chicos se colocaron junto a ella, uno a cada lado, y la guiaron con los pasos. Elyon sonrió agradecida.
Con la ayuda de ambos y el transcurso de la noche, se sintió más segura de sí misma y más cómoda en aquel ambiente. Por lo visto todos disfrutaban enseñando cosas nuevas a los demás, y fueron muchos los que se ofrecieron a enseñarle las danzas más típicas.
…..
Alguien descorrió de golpe las cortinas de la habitación, dejando entrar la luz a raudales. Elyon abrió los ojos soñolienta.
-¡Arriba niña! ¡Hoy hay mucho que aprender!
La semielfa se incorporó de golpe y se topó con el rostro severo de Kove. Movió los labios para protestar, pero no le salieron las palabras, estaba demasiado adormilada aún. Su maestro hizo aparecer la caña en su mano, y ella se apresuró en salir de la cama, cayendo al suelo por tener las piernas enredadas en las sábanas. Se levantó deprisa y fue a buscar ropa adecuada en el armario.
-Te espero en la zona de entreno –se despidió.
-¿Y eso dónde está? –preguntó ella confusa.
-Tienes una hora para descubrirlo.
La joven lo vio marchar aun sin comprender qué estaba pasando.
…..
Llegó corriendo y casi sin aliento a la zona de entreno, estaba al este del palacio. Era una explanada ovalada, de unos ochenta metros cuadrados, el centro era de hierba mullida y estaba rodeada de gradas de piedra donde había sentadas unas cincuenta personas, la gran mayoría jóvenes. Vio a Nuth sentado junto a sus amigos, y se dirigió con rapidez hacia él. Mientras subía por las gradas vio que muchos la miraban con lástima y horror.
-¿Nadie te ha explicado cómo debías venir? –su primo la miró preocupado.
-No, no había nadie en casa. Kove me ha sacado de la cama y me ha dicho que llegara en una hora. Casi no he desayunado ¡Y ni siquiera sabía dónde estaba esto! –le susurró- ¿Qué pasa?
-Día de evaluación sorpresa, y Kove se va a poner las botas contigo solo por cómo has venido vestida –respondió Feriel deshaciéndole la coleta y comenzando a recogerle el pelo en un trenzado firme.
Elyon miró alrededor, todos llevaban el pelo firmemente recogido, dejando el rostro libre y sin molestos mechones sueltos. Sus ropas eran de tela ligera, y llevaban protecciones de cuero, mientras que ella llevaba la ropa muggle que siempre había usado en las clases de Defensa.
-Feriel, no te molestes –le dijo Kove-. Elyon, aquí, ya.
El chico dejó el recogido a medio hacer. Era la primera vez que el elfo la llamaba por su nombre, y no le había gustado cómo lo había pronunciado. Bajó por las gradas mientras acababa de recogerse el pelo con el coletero. Al llegar junto a su instructor hizo una pequeña reverencia a modo de saludo. Él la miró con desaprobación.
-Antes de aprender a bailar deberías preocuparte en saber cómo venir preparada a mis clases.
-No sabía que tenía clase –musitó ella avergonzada-. Pero pensé…
-Esto no es Hogwarts, no vas a entrenarte con un humano torpe –Elyon apretó los labios al saber que se refería a Snape-. Ahora estás entre los tuyos, y aprenderás a luchar por tu vida y por tu gente, como si fueras un elfo corriente y prescindible ¡Nuth!
Su primo bajó resoplando y con una mueca de desagrado en el rostro. El chico se colocó frente a ella a una distancia prudencial.
-Podéis luchar con lo que queráis –Elyon miró a su alrededor, en cada extremo de la explanada había diferentes armas, estaban bastante lejos de su alcance-. El combate acaba cuando uno de los contrincantes reciba heridas mortales. La magia está completamente prohibida.
Elyon lo miró con horror y sin entender nada. Kove se alejó de ellos, y dio un golpe al suelo con un extremo de su caña. La semielfa se puso en posición y miró a su primo. Cuerpo a cuerpo, no tenía ninguna posibilidad de vencer. Quizá se si hacía con la lanza o la espada podría ganarle. Aunque sabía que no debía darle la espalda a Nuth en ningún momento.
La joven avanzó hacia él con decisión. Nuth intentó golpearla, ella hizo un amago y lo esquivó, y en vez de devolver el golpe, echó a correr hacia las armas. Su primo no tardó en seguirla. Elyon se hizo con una de las espadas y lanzó una estacada al mismo tiempo que se giraba, para alcanzar a su primo que aún estaba a la carrera. Pero el chico se tiró al suelo resbalando por la hierba, esquivando así el golpe. El elfo cogió también una espada, pero más larga y pesada, y se lanzó contra ella. Elyon paró todos los golpes que le lanzaba el elfo, era bastante rápido, pero predecible.
-¡Nuth! –le gritó Kove con enfado.
Su primo hizo una mueca de desagrado y la miró.
-Lo siento –le dijo.
Elyon lo miró sin comprender. Entonces el chico se movió rápido. Le dio dos patadas en la pierna, uno tras la rodilla y otro en el muslo. La joven ahogó un grito de dolor clavando la rodilla en el suelo. Nut le lanzó una estocada dirigida a su cuello. La chica bloqueó el golpe con su espada y lo empujó con fuerza lejos de ella, mientras se levantaba. Elyon intentó alcanzarle en el flanco, él la esquivó dando una vuelta sobre sí mismo, golpeándola en la mandíbula con fuerza. Sin perder el tiempo volvió a golpearla en la articulación del hombro, haciendo que casi soltara la espada por el dolor. Lo siguiente que sintió fue una punzada fría que la atravesaba desde el pecho hasta la espalda.
-Estás muerta niña –Kove dio la pelea por acabada.
Nuth le había clavado la espada de prácticas en medio del pecho, hasta la empuñadura. El chico retiró la hoja y la ayudó a levantarse. Tenía doloridas las zonas que su primo había golpeado. Ella se las frotó con fuerza para aliviarlas.
-Por eso no puedes venir con ropa muggle –le dijo Kove.
La semielfa se fijó en que su primo llevaba protecciones de cuero en las zonas donde su maestro le había aconsejado golpear para reducir y desarmar.
-Nuth, si te digo que ataques, atacas. Me da absolutamente igual que sea un amigo o un familiar –le dijo con seriedad-. No permitas que los lazos emocionales te cuesten la vida.
El joven asintió con una mueca de enfado.
-¡Fairloth! –llamó Kove.
Ambos iban a retirarse, pero su maestro la retuvo por el hombro.
-Aun no has acabado.
Elyon inspiró con resignación, ahora tenía más que claro que la evaluación sorpresa era para ella, no para los demás.
Fairloth era un chico muy alto, tanto que ella tenía que levantar la cabeza para mirarlo a la cara, y sus brazos eran como troncos. Su melena negra azabache estaba recogida en una trenza larga hasta la cintura. Antes de llegar hasta ellos cogió un hacha del montón de armas. Elyon tragó saliva.
Nada más empezar el combate el chico le dio tal patada en el pecho que la lanzó de espaldas al suelo. Elyon gimió intentando recuperar el aliento. Cuando abrió los ojos vio abalanzarse sobre ella a Fairloth con el hacha. La chica rodó por el suelo y se apresuró a levantarse. Pudo parar dos ataques más con su espada, hasta que, en uno de los ataques de la joven, separó demasiado un brazo de su cuerpo. Sintió el frío de la hoja del hacha atravesarle el brazo por la articulación del hombro.
Pelea tras pelea perdió de forma estrepitosa. Los combates apenas duraban un minuto. Kove no la dejaba descansar, todos los allí presentes desfilaban uno tras otro.
Yaria intentaba alcanzarla con la lanza. Elyon la paraba torpemente con el escudo, nunca había usado uno, su pelo hacía tiempo que estaba suelto. Como Feriel le había avisado, la coleta no había aguantado, y la melena le molestaba, le tapaba la visión y se le pegaba a la cara.
-¡Thangerof! –llamó Kove.
Elyon lo miró con angustia, el combate con Yaria aún no había acabado.
El chico se lanzó contra ella con la espada cuando la elfa pelirroja le abrió un hueco. La semielfa retrocedió, aquello era demasiado. Le dolía todo el cuerpo, estaba cansada. Apenas podía mantener alejada a Yaria, mucho menos a dos adversarios al mismo tiempo.
-Maestro, por favor –suplicó ella-. No puedo más.
Thangerof la golpeó tras la rodilla y segundos después Yaria le encajó un golpe en un lado de la cabeza con el asta de la lanza. La joven soltó la espada mareada y dolorida. Ambos oponentes se dispusieron a dar el golpe de gracia. Entonces Elyon alzó sus manos, furiosa, quería que aquello acabara, y los dos elfos golpearon una barrera invisible que los lanzó hacia atrás con fuerza.
Todos contuvieron al aliento.
-Dije que nada de magia. Fin del examen –anunció Kove con enfado.
La semielfa se levantó con piernas temblorosas. Su maestro se acercó a ella con paso airado.
-Esperaba más de ti ahora que ya no te enfrentas con humanos mediocres. Si tu padre estuviera aquí, se sentiría muy decepcionado –le dijo antes de marcharse.
La joven lo miró descolocada por aquel comentario tan hiriente y gratuito. Se dejó caer de rodillas en la hierba, desganada. Muchos de los allí presentes también empezaron a irse.
-Anima esa cara, no lo has hecho tan mal –Nuth se sentó junto a ella-. A Kove le gusta llevarnos al límite en las evaluaciones. Aun así lo siento, ha sido culpa mía que llegara a ese extremo, lo he cabreado –suspiró-. En la siguiente clase el que recibirá seré yo.
La chica alzó la ceja.
-El hijo de Kove murió durante el ataque a Imtar –explicó Feriel sentándose junto a ellos mientras se soltaba el recogido-. Era uno de los sublevados.
-¿De… de verdad? –la semielfa se había quedado en shock.
Nadie le había dicho que Kove había sido padre, y tampoco parecía haberlo sido nunca. Pero que además su propio hijo hubiera sido un sublevado era algo que seguro le había sido difícil asimilar al elfo.
-Sí, desde entonces nos hace luchar sobre todo entre familiares y amigos. Siempre dice que debemos estar preparados por si esa persona de confianza nos traiciona, que solo podemos fiarnos de nosotros mismos.
-Es muy triste –musitó ella.
-Tú no le comentes nada del tema mientras tenga la caña en las manos y todo irá bien –le sonrió Nuth guiñándole un ojo.
-No es un tema para tomarse a broma –le regañó Elyon.
-Era para quitarle hierro al asunto… y para hacerte reír después de la paliza que te hemos dado entre todos.
Elyon torció una sonrisa, pero solo consiguió que el corte de labio le doliera más.
-Perdón si te he hecho daño – Fairloth se acercó a ellos.
La semielfa asintió, agradecida por la disculpa.
-No lo has hecho tan mal para ser novata ¿Cuánto llevas entrenando? –le preguntó el chico.
-No llega al año.
-Siéntete orgullosa, en unos meses has aprendido más que algunos de nuestros alumnos que llevan entrenando desde los cinco años. Ninguno de ellos habría aguantado más de tres minutos, muchos menos seguir en pie combate tras combate –sonrió Feriel-. Kove te ha enfrentado con los que ya estamos preparados para ir a la guerra de ser necesario.
-¿Desde los cinco años? –Elyon lo miró atónita- ¿Os obligan a ser soldados desde tan jóvenes?
-Nos enseñan a defendernos. Perdimos a muchos en la guerra por no saber enfrentarse a un ataque –le explicó Feriel-. No nos obligan a formar parte de la Guardia, a parte de dar clase a los pequeños, soy carpintero. Pero si llega el momento, que espero que no, podría proteger a mi familia, o unirme al resto de guerreros para defender lo que es nuestro. Estas clases son como un entretenimiento más.
-Entonces no todos sois soldados.
-¡Para nada! ¿Cómo seguiría funcionando la ciudad? –sonrió Yaria- Yo soy arquitecta, y Othran se ocupa de la granja de su familia. Esto solo es un plus que nos ayuda a estar activos y alerta.
-Yo sí que soy parte de la Guardia, como mi padre. Desde pequeño quería prepararme para ser tu Protector si en algún momento lo necesitabas, aunque al final no ha podido ser así –Nuth se encogió de hombros-. Pero me quedo tranquilo sabiendo que el humano que te protege está a la altura, mi padre dice que ha sido muy buena elección.
Elyon se mordió el labio.
-Ya no tengo Protector. Lo destituyeron.
-No lo sabía –el chico alzó una ceja-. Entonces tal vez ahora tenga una oportunidad -sonrió de oreja a oreja.
La semielfa suspiró encogiéndose de hombros.
-Bueno, después de esta tunda, supongo que vendrás esta noche a tomar algo –le sonrió Yaria estirando los músculos.
-Quizá antes debería aprender a vestirme y recogerme el pelo de forma adecuada –bufó ella.
Todos rieron.
-No te tomes tan a pecho las palabras de Kove –le aconsejó la elfa-. Cuando instruye es muy borde e incluso desagradable, a estas alturas seguro que lo sabes. En el día a día es más tratable. Ligeramente más tratable.
-¿Es estricto por lo de su hijo?
-Sí… y no… también por las guerras que ya vivió antes – Fairloth la miró con tristeza-. Todo eso deja cicatrices, y en el fondo se preocupa por nosotros, aunque a su manera.
Algo captó la atención de la semielfa. Junto a las gradas había dos elfos, uno pelirrojo y otro rubio, parecían estar esperándola.
-Creo que he de irme. Si de aquí a la noche sigo pudiendo caminar, iré con vosotros a la taberna –le dijo levantándose con esfuerzo y una leve sonrisa.
Casi arrastrando los pies llegó junto a su abuelo.
-Te dije que iba a ser una decepción –suspiró ella avergonzada.
-Y yo te respondí que no podrás decepcionarme nunca –le sonrió Azrael-. No lo has hecho tan mal como crees.
-Cierto, yo he visto una gran mejoría desde la clase de Defensa a la que asistí –añadió Rasmu con una leve sonrisa.
-Gracias, supongo –la joven se encogió de hombros con indiferencia, no le gustó recordar aquella clase en la que Snape casi la había asfixiado por su culpa- ¿Qué pasa? –su abuelo quería preguntarle algo, pero no se atrevía.
-Me había olvidado de eres legeremante –rio él-. Creo que Heon te ha comentado que últimamente estoy ocupado intentando poner paz entre duendes y centauros –ella asintió-. Pues al igual que cuando asistimos al funeral por el ataque el Ministerio, creo que es una buena oportunidad para que te vayas familiarizando con los quehaceres y obligaciones de las Grandes Familias del día a día. Me gustaría que me acompañaras al menos a una de las reuniones.
-No sabré qué decir –musitó ella.
-No hace falta que digas nada, será suficiente con que consigas mantenerte despierta –sonrio su abuelo-. A tu padre eso le costó horrores cuando comenzó a asistir.
La joven asintió conteniendo la risa, intentando visualizar aquello.
-Vamos, te voy a preparar un baño caliente con esencia de murtlap, para evitar que esta noche no te puedas ni mover –su abuelo le rodeó los hombros con el brazo.
…..
La esencia de murtlap le alivió los músculos y los golpes. Elyon miraba desde la bañera como Eizen y Kinaz jugaban en el suelo a morderse y darse golpecitos con las zarpas. Suspiró. La evaluación le había hecho recordar sus clases de Defensa, el ataque a Imtar y a Hogwarts. Le había hecho darse cuenta de lo fácil que le era perder el control y hacer daños a los demás.
Se abrazó las rodillas. No era solo que perdiera el control… era que después de eso no sentía arrepentimiento, ni siquiera le daba importancia.
Recordó las caras de los mortífagos al ver como sus compañeros caían muertos, y ella lo único que sintió fue rabia, quería verlos sufrir, quería escucharlos gritar y suplicar…
Comenzó a llorar ¿Siempre había sido así? Cuanto más recordaba esos momentos, más miedo sentía de sí misma. No quería ser así. Tenía miedo de la rabia que a veces la envenenaba apoderándose de ella.
Se secó las lágrimas y se tumbó en el agua intentando calmarse, y encontrar paz entre sus recuerdos.
…..
Iyala la visitó esa tarde, le llevó algo de ropa, incluyendo la suya vieja de instrucción, y le enseñó a recogerse el pelo. Nuth le había contado lo sucedido.
Su primo fue a buscarla al anochecer para ir a tomar algo a la taberna, pero encontró a la chica dormida en la cama rodeada de las cartas de sus amigos. El joven torció una sonrisa y la dejó descansar.
…..
Su abuelo la despertó temprano para que lo acompañara a la reunión. La salsa en la que se celebraba era pequeña, en ella solo había una gran mesa redonda con varias sillas muy cómodas. No había decoración, ni nada que pudiera distraer la atención, a excepción del exterior que se veía a través de unos enormes ventanales que ocupaban por completo una de las paredes.
Tres centauros y tres duendes llegaron al mismo tiempo, y a Elyon no le hizo falta leerles las mentes para darse cuenta del mutuo desprecio que sentían entre ellos. Las siguientes cuatro horas fueron un continuo tira y afloja salpicado con gritos y malos modos, causado por el expolio de hierro que los duendes estaban haciendo en una de las fronteras del territorio de los centauros. Los duendes se quejaban de que estos no cedían ni vendían ese pequeño trozo de terreno tan rico en hierro y que no usaban, y que tanto ansiaban ellos. Y los centauros acusaban a los duendes de saqueo y de destrozar el terreno con la construcción de la mina.
Elyon se sorprendió de que su abuelo fuera capaz de mantenerse tan estoico durante tanto tiempo, intentando llegar a un acuerdo que contentara a ambas partes. Cuando dieron por zanjada la sesión de esa mañana, no habían conseguido nada, seguían en el mismo punto muerto que hacía un mes.
-Esto es horrible –bufó la joven cuando todos se fueron- ¿Es así siempre?
-La mayoría de las veces sí. Es una negociación continua, hay que aprender a escuchar y valorar qué solución es la mejor, y luego intentar convencer al resto –suspiró su abuelo-. Normalmente es un poco más fácil, pero los duendes y centauros son especialmente testarudos.
-¿A papá se le daba bien?
-Tu padre se escaqueaba siempre que tenía la oportunidad. Era tu madre la que se encargaba de esto, lo suyo era un don natural para hacer que los demás entraran en razón.
Elyon dibujó una pequeña sonrisa.
-En fin, después de esta mañana larga y pesada, te dejo el resto del día libre –su abuelo le rodeó los hombros con el brazo mientras salían de la sala.
…..
Estaba buscando a Nuth por el edificio, habían quedado para dar una vuelta en grifo, cuando desde uno de los pasillos semidescubiertos vio a su tío practicando con el arco en el campo de tiro. Heon parecía tensar el arco sin apenas esfuerzo, y todas sus flechas daban en el centro de la diana, tanto de las fijas, como de las móviles. Entonces el elfo alzó la cabeza y se giró hacia ella. Sonrió al reconocerla y le hizo un ademán para que se acercara.
-¿Te apetece probar? –le dijo cuando se acercó.
Ella cogió el arco que su tío le tendía.
-¿Recuerdas cómo se usa?
-Creo que sí –la joven asintió.
Se colocó frente a una de las dianas fijas y alzó el arco, era más pesado de lo que esperaba. Intentó tensar la cuerda, estaba durísima. Con esfuerzo, consiguió tensarla al tercer intento.
-Aléjate el arco de la cara, o cuando sueltes la cuerda, te arrancará la oreja o la nariz. No es broma, lo he visto –le corrigió su tío cogiéndole las muñecas para colocar sus brazos en la posición adecuada-. Apoya bien la flecha en el dorso de la mano. Suelta.
Elyon obedeció. La flecha salió disparada y dio en el centro de la diana. La joven gimió, la cuerda al destensarse le había rozado el antebrazo izquierdo, en la zona que la muñequera, que cubría su Marca, no protegía la piel. Sacudió el brazo con energía para aliviar el dolor.
-No está nada mal –silbó Heon.
-No recordaba que costara tanto tensarlo.
-Este arco está hecho para mi altura y fuerza, tú necesitas uno más corto. Y con práctica te costará menos tensarlo, cuando consigas más fuerza en los brazos. Vuelve a intentarlo.
Consiguió realizar cinco tiros más antes de que los músculos de sus brazos pidieran una tregua. En tres de ellos había dado en el centro.
-Veo que no has perdido la puntería –sonrió Heon.
-¿Me conseguirás un arco adecuado? –le pidió ella con una sonrisa-. Esto es muy relajante.
Un agudo chillido les hizo girarse. Nuth se acercaba a ellos seguido de Thurin y otro grifo más pequeño con cabeza de búho real. Ambos ya estaban ensillados.
-Pensaba que teníamos planes –su primo alzó una ceja.
-Tranquilo, ya he acabado, me duelen los brazos –rio Elyon.
Nuth le devolvió la sonrisa.
-Si ya usas el arco, supongo que podrás acompañarnos en las cacerías.
-No quiero matar a ningún animal -protestó ella horrorizada.
-Nadie ha dicho nada de matar –aclaró Nuth-. Es un juego de rastreo. Los grifos se esconden en el bosque, hemos de cazarlos antes de que ellos nos cacen a nosotros. Usamos flechas con puntas especiales rellenos de polvos de colores, así marcamos a los eliminados. Te gustará, ya lo verás –añadió al ver que su prima no se quedaba mucho más tranquila.
-A Thurin le encanta, es increíblemente bueno cazando elfos –intervino Heon.
-Me lo pensaré –comentó Elyon devolviéndole el arco a su tío.
…..
Estaban sobrevolando el enorme bosque que rodeaba Imtar cuando hasta ellos llegó un pequeño grupo de jinetes, compañeros de Nuth. Elyon no conocía a ese grupo, solo los integrantes de la Guardia tenían grifos, y ninguno de los amigos cercanos de su primo lo era, aunque había peleado contra algunos de ellos en la evaluación.
Nuth la presentó formalmente, y les propusieron el acompañarlos en sus prácticas de maniobras extremas. Thurin se emocionó nada más escuchar la propuesta, por lo que la joven no pudo negarse.
Fue una experiencia increíble, pura adrenalina. Los jinetes se tiraban en picado haciendo quiebros y bruscos cambios de dirección. Debían seguir un recorrido marcado por enormes aros luminosos, compitiendo por ser el primero en llegar a la meta sin haberse saltado ni un solo aro. Los grifos eran increíblemente rápidos y competitivos, se placaban y empujaban para ganar.
Elyon no llegó de los primeros, pero no le importó. Se lo había pasado francamente bien, y cuando le ofrecieron el participar de nuevo otro día, no se lo pensó dos veces.
…..
La joven paseaba por las calles de la pequeña ciudad, su tía Iyala le había pedido que fuera a comprar unos ingredientes para la comida de ese día. Se paró frente a una carpintería, le llamó la atención que el escaparate estuviera lleno de juguetes y objetos decorativos, todo de madera, pero con un especial cuidado en el detalle, el color y el acabado final.
Elyon entró acompañada del tintineo de la puerta al abrirse. Estaba realmente fascinada por los artículos de la tienda. Cogió una pequeña muñeca, era flexible como si estuviera hecha de trapo, pero como todo allí, era de madera, y estaba cuidadosamente articulada. Su pelo rojo era suave, no podía ser crin de caballo, y llevaba un sencillo vestido azul oscuro. Le recordó a la que ella había tenido de pequeña.
-¿Buscas algo en particular? –le dijo una voz familiar.
Al girarse se encontró con el rostro sonriente de Feriel, que se estaba limpiando de serrín las manos en su delantal de trabajo.
-¿Trabajas aquí? –le preguntó ella dejando el juguete en su sitio.
-Sí, casi todo lo que ves, es obra mía –sonrió con modestia.
-Cuando dijiste que eras carpintero, no me imaginé esto –miró alrededor, a los juguetes, muebles y objetos decorativos de todo tipo.
-La madera tiene más usos de los que crees –rio él-. Tengo algo para ti, lo encargó Heon hace unos meses, y ya está listo. Espera aquí.
El joven desapareció tras la puerta del taller, y minutos más tarde salió con un arco de madera clara en las manos.
-¿Es para mí? –Elyon lo cogió con una sonrisa de asombro.
Era muy ligero y flexible. La madera tenía diversos grabados en toda su extensión. Tensó la cuerda, seguía siendo difícil, pero bastante menos que con el arco de Heon.
-No puedo creerme que lo hayas hecho tú.
-No quiero darme aires, pero soy de los mejores de la ciudad, o al menos eso dice mi maestro. Puedo hacer desde un cuenco a un arco largo de caza –le dijo Feriel encogiéndose de hombros.
-¡Me encanta! –le sonrió ella dándole un fuerte abrazo.
…..
Antes de volver con la cesta de la compra llena y su arco nuevo, se paró a tomar un postre en una de las plazas. Con los días, había ido recordando partes de la ciudad, antes y durante el ataque. Se quedó mirando los arbustos de flores azules que crecían en casi todas partes. Cada vez que las miraba, se le encogía el corazón.
Junto a ella se sentó su abuelo. Ella se giró sobresalta.
-Lo siento, no quería asustarte.
-Estaba pensando, no te he escuchado llegar –su nieta le quitó importancia con un ademán.
-¿Qué es lo que te ronda la cabeza?
-Seguramente es una tontería… pero cada vez que miro esas plantas… me pongo triste –suspiró ella.
-Es normal, son almas azules.
La joven frunció el ceño.
-Crecen allí donde alguien nos ha dejado. La sabiduría popular nos dice que son los buenos recuerdos y el cariño de aquellos que emprendieron su nueva aventura en solitario, para que no estemos tristes ni nos sintamos solos, para, de algún modo, quedarse a nuestro lado.
-¿Por eso no pueden tocarse? –musitó ella mirando a su abuelo con tristeza.
-¿Quién te ha dicho que no pueden tocarse? –su abuelo la miró extrañado.
-Mi… un conocido –se corrigió ella, no quería mencionar a Snape, o su abuelo seguramente se pondría de mal humor.
-Pues se equivocaba –sonrió el elfo-. Claro que se pueden tocar, hacer esquejes o coger las flores si no se hace con maldad, desde el respeto y el cariño. Son un símbolo de amor y familia. Por eso tu madre tenía el pasador de pelo con dos de sus flores, en recuerdo a sus padres.
Elyon asintió con la mirada triste.
-Ven, creo que ya es hora de que te enseñe algo –su abuelo se levantó.
Llegaron a una zona boscosa, dentro de las murallas del palacio. Un muro bajo cubierto de hiedra separaba esa zona del resto del bosque. La puerta de hierro forjado estaba abierta y cubierta también de hiedra. Ambos traspasaron el umbral. Elyon notó como se le aceleraba el corazón. A la sombra de los árboles y entre sus troncos, había un sinfín de piedras blancas, irregulares y de diversos tamaños, que llenaban el terreno como si fueran setas. De las ramas de los árboles colgaban pequeños prismas de cristal, que arrojaban motas de color por todo el lugar.
-¿Están aquí? –musitó casi sin voz.
Desde que había llegado a Imtar, había evitado pensar en que sus padres descansaban seguramente allí. Y a pesar de que siempre había querido visitar sus tumbas, hacerlo era admitir finalmente que estaban muertos y que jamás volverían. Admitir que aquellos dos años no habían sido un mal sueño del que despertar.
-Sí –suspiró Azrael.
La semielfa avanzó entre las lápidas con paso lento y casi conteniendo el aliento. Sabía a dónde debía dirigirse. Se acercó a una piedra grande cubierta de musgo bajo un enorme sauce. Se arrodilló junto a ella, dejando la cesta de la compra y el arco a un lado. Con las manos quitó parte del musgo que empezaba a cubrir la inscripción. Rompió a llorar nada más leer los nombres de sus padres y sus dos hermanos pequeños. También estaba escrito el nombre de su abuela. Por fin estaba allí, frente al lugar donde descansaban, casi dos años después. No supo si decir algo, ya fuera en voz alta o solo para ella. Solo podía llorar y llorar con una mano apoyada aún en la inscripción.
Ojalá estuvieran allí con ella, ojalá hubieran podido escapar juntos, ojalá hubieran podido ser ellos quienes le redescubrieran Imtar y toda su cultura.
Su abuelo se agachó junto a ella y la abrazó, haciendo que la joven llorara con más fuerza. Finalmente Azrael no pudo seguir manteniendo la compostura y también rompió a llorar con amargura frente a las tumbas de su mujer, hijo, nuera y nietos.
…..
A la hora de la cena Elyon seguía cabizbaja, sin apenas hablar o probar bocado. Todos la miraron sin saber muy bien qué decirle, sabían que su mente seguía en el cementerio, bajo el silencioso sauce.
Tras recoger la mesa, Heon se acercó a su sobrina.
-Deja eso y acompáñame –le susurró quitándole los platos sucios de la mano.
Su tío la guio hasta el bosque. Elyon miró la arboleda. Desde que estaba allí, nunca había entrado, tal vez era por la costumbre, le recordaba un poco al Bosque Prohibido, a pesar de que no era tan sombrío. Heon cogió la mano de su sobrina y se adentraron entre los árboles. El sol ya se había puesto, pero el bosque seguía lleno de vida. Los animales nocturnos se movían entre las ramas y arbustos, y las luciérnagas danzaban alegremente. Todo a su alrededor era verde y mullido, el musgo se extendía por doquier, y en el aire flotaban enormes esporas de polen blanco, que parecían copos de nieve.
Elyon miró a su alrededor con una tímida sonrisa. Aquel lugar era precioso, y rebosaba magia a raudales, podía sentirla fluir a su alrededor. Siguieron avanzando hasta llegar a un pequeño claro que se abría para dejar paso al río cristalino. La joven contuvo el aliento mientras palidecía.
-Quiero irme de aquí –le dijo ella asustada.
Bebiendo, había un rebaño de unicornios. Un par de potrillos chapoteaban en la orilla.
-Tranquila, no te harán daño.
-Eso me dijeron la última vez –gruñó ella con desconfianza.
-Confía en mi –insistió Heon mirándola a los ojos.
Elyon tragó saliva y siguió a su tío. Los animales se alejaron al verlos acercarse, no salieron corriendo, simplemente mantuvieron una distancia prudencial con ellos, sin apenas prestarles atención. Solo uno de los animales se mantuvo en su sitio, sin moverse.
Era un unicornio grande y corpulento, más que los demás, su pelaje no era de un blanco impoluto, era más grisáceo, casi plateado. Era un animal viejo, y estaba ciego, a juzgar por sus ojos blanquecinos, fijos en ellos.
-¿Por qué me has traído aquí? –preguntó Elyon con voz temblorosa.
-Para que puedas estar en paz contigo misma –le respondió él.
La joven lo miró sin entender.
-Este animal es casi tan anciano como el bosque y tiene un don único entre los de su especie. Puede, durante unos instantes, servir de puente con aquellos que ya no están, para que puedas despedirte o conseguir respuestas.
Los ojos de a joven se llenaron de lágrimas.
-Pero solo si él cree que realmente lo necesitas…
-¿Podre… verlos? –sollozó la chica.
-A mí no me lo permitió, porque pude, de algún modo, despedirme de ellos cuando os fuisteis de Imtar.
El corazón de la joven se había acelerado, y había empezado a llorar en silencio.
-¿Qué he de hacer? –musitó ella secándose las lágrimas.
-Solo acércate, el resto depende de él.
Elyon miró al animal, y por algún motivo, sintió miedo. Miedo a volver a ver a sus padres, y al mismo tiempo al no poder verlos ¿Y si estaban decepcionados con ella? ¿Y si eran ellos los que no querían verla? No supo si acercarse o no al anciano unicornio.
Finalmente dio un paso tembloroso al frente. El unicornio alzó la cabeza y olisqueó el aire. Ella dio un segundo paso tragando saliva. El caballo avanzó hacia ella, chapoteando en el agua.
Ambos se encontraron en la orilla del río. El animal la olfateó por completo. Elyon se mantuvo muy quieta, y a la espera. El caballo le dio un golpecito en el pecho con el hocico. La joven alargó una mano temblorosa y lo acarició, su pelaje era como terciopelo.
Algo cambió entonces. La luz de la luna se hizo un poco más intensa. Miró a su alrededor. Todo era igual, pero más grisáceo, y el sonido del bosque había desaparecido, al igual que el resto de unicornios.
Alguien le cogió del hombro, Elyon se giró esperando encontrar a Heon, pero no fue a él a quién vio. Se llevó las manos al rostro mientras retrocedía unos pasos rompiendo a llorar.
-Me esperaba muchas reacciones, pero creo que esta no era una de ellas –sonrió su padre cruzándose de brazos, mirando de soslayo a su mujer, que negaba divertida con la cabeza.
Elyon se lanzó a los brazos de su padre, que la levantó del suelo.
-Esto ya es más propio de ti –su padre la abrazó con fuerza.
-Os echo de menos –sollozó ella-. Os echo de menos, os echo de menos…
-Y nosotros a ti –sonrió su madre acariciándole el pelo.
Soltó a su padre y abrazó a la mujer, había olvidado lo bien que olía siempre.
-¿Esto es real? –musitó intentando serenarse mientras le tocaba la cara y los brazos.
-Por supuesto que sí, cariño. Estamos aquí –su madre apretó el abrazo.
-Lo siento, lo siento… -lloró con fuerza-. Siento las veces que os he hecho enfadar, u os he desobedecido, siento…
-¡Oh, cariño! No tienes que disculparte, nunca hiciste nada realmente malo. Si me hubieras conocido a mí a tu edad… –su padre rio besándola en la mejilla con cariño.
-Tengo tantas preguntas… tantas cosas que no pude deciros…
-No hace falta que nos digas nada –le susurró su madre-. Sabemos cuánto nos quieres.
-Sentimos mucho haberte ocultado la verdad, en su momento nos pareció lo mejor. No podíamos perderte a ti también –suspiró su padre.
-¿Cómo me ibais a perder por saber la verdad desde el principio? –Elyon se secó las lágrimas con la manga de la camisa.
Sus padres se miraron entre ellos mientras su madre se mordía el labio.
-Hay muchas formas de perder a una persona –explicó su padre-. Todo lo que viste, todo lo que hici… No queríamos que atormentara tu infancia.
-No queríamos perder a nuestra pequeña guerrera sonriente –su madre le colocó un mechón tras la oreja.
-Pero si lo hubiera sabido no me habría enfadado cada vez que no me dejabais salir de casa… podría haber estado alerta… lo vi en mi sueño antes de que atacara, podríamos haber huido juntos…
-No cariño, sabes que eso no es verdad. Nuestro tiempo tocaba a su fin esa noche –su madre volvió a abrazarla-. Debíamos dejarte ir, tenías que emprender el viaje por tu cuenta.
-Pero no puedo hacerlo sola. Tengo miedo… me siento perdida y desbordada… no sé qué hacer… me asusta el futuro… -sollozó ella-. Tengo tantas cosas que decidir… os necesito….
-A todos nos asusta el futuro, pero no estás sola –le susurró su padre-. Tienes una nueva familia junto a tus amigos, tres buenos y sabios consejeros a los que acudir en busca de respuestas, y alguien que te quiere y te protegerá a toda costa pase lo que pase.
Hubo un sutil cambio de luz en el lugar. Sus padres miraron alrededor.
-Cariño, tenemos que irnos, se nos acaba el tiempo aquí –su madre deshizo el abrazo con lentitud.
-No –gimió ella sin soltarla-. Quiero irme con vosotros.
-No puedes, aun no –su madre cogió sus muñecas alejándolas de su dorso-. Tienes que dejarnos marchar.
-Pero os necesito… -lloró la joven con angustia.
-Siempre hemos estado a tu lado, eso no va a cambiar –sonrió su padre-. Cuando estés perdida, cuando no veas la luz, escucha a tu corazón, y nos podrás oír a nosotros.
El hombre colocó una mano en el pecho de su hija. Elyon cogió su mano con fuerza.
-Ahora has de dejarnos ir, recuerda que no es un adiós, es un hasta luego –le sonrió su madre con los ojos brillantes, conteniendo el llanto.
-Estamos muy orgullosos de ti, y nada de lo que hagas hará que dejemos de estarlo… bueno… casi nada –su padre torció una mueca socarrona.
La joven soltó una pequeña carcajada sorbiendo por la nariz. El hombre la guio hasta el unicornio e hizo que pusiera la mano en su hocico.
-Ríe, ama y vive por todos los que nos hemos ido –su madre la besó en la frente.
-Mamá… papá… os quiero muchísimo –se despidió dejando correr las lágrimas.
Sus padres sonrieron con ternura intentando no romper a llorar. Elyon parpadeó y estos desaparecieron al mismo tiempo que volvía el sonido y el resto de animales al bosque. Tragó saliva alejándose del unicornio, que resopló y volvió junto a los suyos.
Heon se acercó a ella con calma.
-Se han ido –gimió la joven abrazándolo.
-No, nunca se irán del todo –le susurró él frotándole la espalda-. Te quieren demasiado para eso.
…..
Su tío avanzaba con soltura entre los arbustos y árboles, que de cada vez crecían más juntos. Elyon le había preguntado varias veces a dónde la llevaba, ya que no estaban desandando el camino hacia el castillo, y él entre sonrisas había respondido que era una sorpresa.
Aunque no sabía hacia dónde iban, supuso que era hacia el corazón del bosque, a juzgar por la cantidad de vegetación que se acumulaba metro a metro.
Entonces paró en seco. Algo la observaba desde la espalda, algo grande. No se atrevía a girarse, y mirando de soslayo por encima de su hombro no podía ver nada en aquella semioscuridad. Finalmente se armó de valor, tragó saliva y se giró con los puños en alto dispuesta a defenderse, pero no había nada. Frunció el ceño extrañada, habría sido su imaginación. Estaba cansada y aún un poco traspuesta por el encuentro con sus padres.
Volvió a darse la vuelta para no perder el rastro de Heon y se topó con unos enormes ojos negros. Elyon ahogó un grito y retrocedió tropezando con las enormes raíces que sobresalían del terreno, cayendo al suelo de espaldas.
-¡Fitzi! –rio Heon- No estamos jugando.
La joven miró a su tío y al grifo blanco, desconcertada.
-Cree que estamos participando en juegos de caza, y te ha cazado –se burló su tío alargando una mano para ayudarla a levantarse-. Da gracias de que no se te ha tirado encima.
-¿Cómo algo tan grande puede ser tan sigiloso? –Elyon se sacudió la tierra y el musgo de los pantalones.
-Son depredadores, si no son sigilosos, se mueren de hambre –sonrió rascando al grifo bajo el pico, haciendo que ululara feliz.
-¿Es tuyo?
-Sí, es mi pequeña bola de plumas… aunque de pequeña ya no tiene mucho. Vamos, falta poco para llegar.
Elyon miró al animal con una sonrisa, le parecía fascinante la gran variedad de grifos que había en el mundo. Fitzi, por ejemplo, tenía el busto de una lechuza, y había visto ilustraciones de algunas especies tropicales, más pequeñas, que eran semejantes a papagayos y aves del paraíso.
Tras unos minutos más de camino, comenzó a escuchar un sonoro rugido, y la vegetación comenzó a abrirse. Llegaron a la base de una enorme cascada, que parecía llenar un estanque de aguas cristalinas que desbordaban en el río que continuaba su camino por el bosque. En algunos árboles los bowtruckles campaban a sus anchas. Una pareja de fénix habían anidado allí y chillaban molestos ante un grupo de doxis que no dejaban de rondar el nido. En el pequeño estanque iluminado por la luna, se bañaban varias crías de grifo, bajo la atenta mirada de sus progenitores. Fitzi fue con ellos.
-Este sitio es precioso –musitó Elyon con la mirada iluminada.
-Es el corazón de Imtar, de donde mana toda la magia.
Elyon inspiró hondo, le pareció que el aire allí era más fresco, más puro.
-¿Por qué me has traído? –la joven sabía que no era solo por enseñarle un rincón nuevo de su hogar.
-A tu padre le encantaba este lugar, tanto, que te estaba preparando una sorpresa aquí.
Se acercó a un imponente roble, que a juzgar por el grosor de tu tronco y ramas, debía de haber vivido muchos años. Su tío se subió a una de sus ramas, y de ahí, a la siguiente. Elyon se apresuró en seguirlo. Unos metros más arriba había una especie de estructura, una base de madera de unos cuatro metros cuadrados, sujeta por varias vigas que se apoyaban en el árbol, con mucho cuidado para no dañarlo. Una vez sobre la tarima, pudieron ver el cielo estrellado entre las ramas, quince metros por debajo estaba la cascada y el río al que se habían acercado a beber un rebaño de thestrals. A lo lejos, sobre las copas de los árboles, podían ver el palacio blanco y brillante bajo la luna, junto a la ciudad.
-Tu padre estaba construyendo una pequeña cabaña para traerte aquí y enseñarte a meditar y a usar la magia. Un sitio solo para vosotros dos, lejos de todo y tranquilo… donde vuestra madre no pudiera encontraros para regañaros –explicó Heon mirando alrededor.
Elyon rio con los ojos llorosos.
Tocó el tronco del árbol, que por algún motivo le resultó cálido al tacto. Podía sentir el latir de la magia en su interior, como esta subía y bajaba por el árbol.
-Me hubiera gustado poder disfrutar de esto con él –musitó con pesar.
-Ahora podrás disfrutarlo con tus hijos… si consigues acabar esto –sonrió su tío señalando la tarima.
-Por favor, no saques ese tema. Feriel ya me comentó lo importante que es que tenga hijos –bufó sentándose en el borde de la tarima, dejando colgar los pies.
Heon rio.
-No me refería precisamente a eso, sino a tener un lugar que compartir con alguien realmente importante para ti, donde evadirte de las preocupaciones y responsabilidades.
-¿Eso se puede hacer? Desde que sé quién soy… me siento más presionada cada día, todos esperan mucho de mí, y no puedo escapar… y una parte de mí sabe que además, no debo hacerlo.
-Tienes derecho a escapar cuando lo necesites, tu padre lo hacía, más a menudo de lo que a tu abuelo le gustaba. Pero es que la vida de un miembro de una Gran Familia no es fácil, menos aun cuando no hay con quién compartir responsabilidades –suspiró Heon-. Fue en una de esas escapadas cuando tu padre conoció a tu madre.
-¿De verdad? –Elyon asintió.
-¿Nunca te han contado cómo se conocieron? –su tío alzó una ceja incrédulo.
-Me dijeron que se conocieron en el Callejón Diagón, cuando mi madre se dejó la cartera en una tienda y mi padre corrió a devolvérsela.
El elfo estalló en carcajadas.
-Supongo que es lo que a tu padre le hubiera gustado que pasara –dijo al fin cuando pudo parar de reír-. Tu padre solía rondar el Callejón Diagón porque sentía una especial curiosidad por el mundo de los humanos, y además, le era mucho más fácil ligar con humanas, ya que todas lo encontraban atractivo, al contrario que con las elfas. Seguro que tú lo habrás vivido en el colegio –su tío le lanzó una mirada significativa que la hizo enrojecer-. La cuestión es que tu padre estaba tonteando con una chica cuando escuchó un grito de "al ladrón". Él vio como por su lado pasaba corriendo un mago, tu padre no dudó en perseguirlo, le dio alcance y ambos cayeron al suelo. Cuando se levantó agarrando al ladrón de la capa y se giró para buscar a la víctima del robo, tu madre le propinó tal puñetazo en la nariz que lo volvió a enviar al suelo.
-¡No! –rio Elyon.
-Como lo oyes. Le rompió la nariz, pensaba que tu padre era el ladrón, ya que ambos eran rubios con el pelo corto, y llevaban una capa de viaje gris –la joven siguió riendo de lo lindo-. En resumen, el ladrón escapó con la varita de tu madre y ella en compensación por la confusión le arregló la nariz tras conseguir una varita nueva, y lo invitó al Caldero Chorreante a tomar algo.
-Esta historia es mucho mejor que la de la cartera –sonrió Elyon.
-¿Verdad que sí? Aún recuerdo cuando volvió aquí diciendo que había encontrado a la mujer de su vida. Y por el brillo de sus ojos, supe que esa vez era cierto –suspiró Heon con nostalgia-. Tardó bastante en atreverse a contarle a tu madre que era elfo, tenía miedo de que entonces Ania lo repudiase.
-Eso me suena de algo –musitó la joven acordándose de sus amigos- ¿Cómo se lo ocultó teniendo el pelo corto?
-Con el mismo hechizo que te las ocultaban a ti –sonrió él-. Como te decía, obviamente a tu madre le dio completamente igual su procedencia. Su siguiente gran obstáculo fue tu abuelo, tu padre no le contó nada hasta que estuvieron prometidos. Él estalló en cólera, pero tu padre le dejó muy claro que pensaba casarse tanto si tenía su bendición como si no, y que si no era capaz de aceptarla solo por ser humana, se iría de Imtar para siempre.
-Vaya –bufó la chica.
-Tu abuelo siempre había sido muy malhumorado y tozudo desde que enviudó. Las desgracias provocan que nos aferremos a lo que tenemos y conocemos, no lo juzgo por ello. Pero cuando conoció a tu madre… se dio cuenta de su error, se abrió al resto del mundo, cosa que benefició enormemente a Imtar –Heon se tumbó en la plataforma y miró al cielo estrellado-. Ania tenía ese don, calmar a los demás, sacar lo mejor de cada uno, solo con una mirada y una sonrisa. Tengo entendido que tú eres igual.
-¿Yo? Para nada, o no habría tenido tantos problemas en el colegio –Elyon torció una mueca de desagrado tumbándose junto a él- ¿Y vosotros cómo os conocisteis? Papá y tú.
-Nuestra historia no es tan alegre –el semblante de su tío se volvió de pronto muy serio-. Tras el tratado de paz, muchos elfos umbríos vinimos a vivir a Imtar. Poco tiempo después, llego una epidemia que se llevó a muchos. Perdimos a nuestras respectivas madres y enfermamos también. A los niños enfermos nos tenían en una misma sala, estuvimos convalecientes codo con codo, y me animó a no rendirme, a seguir… tenía que vivir para cuidar de mi hermano de dos años, y de mi padre. Recuerdo que le pregunté cómo quería seguir luchando cuando su madre había muerto hacía cuatro días sin que él pudiera despedirse, ya que para entonces él ya había caído enfermo. Me contestó que debía seguir por su padre, que estaba muy triste, y por todos nosotros, que no podía rendirse sin luchar, era su obligación, y que si él superaba la enfermedad, enseñaría a los demás a hacer lo mismo.
Elyon se limpió las lágrimas que habían escapado con la historia.
-Cinco años, y tu padre ya era más maduro y consciente de sus deberes que muchos de nosotros con ciento cincuenta años… Aunque creo que tampoco llegó a madurar mucho más después de eso –se mofó su tío, ella ahogó la risa-. Desde ese momento nos volvimos inseparables.
-No sabía que tenías hermanos –comentó ella.
-Sí… al final a mi hermano pequeño también se lo llevó la epidemia… pero mi padre volvió a casarse tras un tiempo y tuve otro hermano –contó él-. Lo perdí en el Callejón del Sauce.
Elyon lo miró con profunda tristeza.
-Lo siento –musitó ella.
Heon suspiró con una triste sonrisa.
-¿Por qué la vida se ensaña así con algunos? ¿Por qué no nos deja levantar cabeza? –suspiró ella.
-Tengo la hipótesis de que es para que nos hagamos más fuertes, para que llegado el momento de la verdad, podamos vencer. Igualmente, por mucho que me haya quitado, también me ha dado una mujer preciosa, un hijo increíble y una sobrina única.
-Estoy cansada de prepararme para luchar –gruñó ella, ignorar el halago de su tío.
-Entonces tómate un respiro, para eso has venido a Imtar –le dijo Heon encogiéndose de hombros.
-¡Sí, seguro! Pues avisa a Kove que por lo visto aún no lo sabe –rio ella-. Estoy entrenando con Nuth y sus alumnos solo para evitar que me hagan puré en la próxima evaluación. Es muy triste pelear con niños de diez años, y que te ganen.
Heon estalló en carcajadas, y acabó contagiando a la joven, que por un momento pudo tomarse con humor todo aquello. Entonces vio algo sobre ellos, entre las ramas. Se incorporó de golpe.
-¿Qué pasa? –Heon se incorporó también.
-He visto algo ahí arriba –señaló las ramas más altas-. Como si un trozo de madera tuviera vida propia.
El elfo alzó una ceja extrañado, miró un momento por encima de su hombro y sonrió.
-No te preocupes, eso es lo que has visto –le dio unos golpecitos en el hombro para que se girara.
Junto al tronco habían aparecido varios animalitos, tan grandes como un gato doméstico mediano. Parecían ardillas, pero su espeso pelaje iba del verde musgo al pardo, tenían la cara plana y sobre esta llevaban unas máscaras de corteza de árbol, y a pesar de que sus ojos eran dos huecos en la madera, no resultaban para nada siniestros. Sobre las máscaras crecían musgo, setas o incluso flores. Algunos tenían orejas grandes y redondeadas, otros más pequeñas e incluso de conejo, no había dos animales iguales. En ese momento bajó un animal más, con el cuerpo alargado como el de un hurón.
-¿Qué… qué son? –musitó la joven sin poder dejar de mirarlos.
-Son espíritus del bosque, woodfaces –sonrió Heon.
-Son adorables –sonrió ella, embobada ante la belleza inocente de esas pequeñas criaturas.
Su tío comenzó a producir un sonido traqueteante haciendo vibrar la lengua entre sus dientes. El grupo de woodfaces se irguió en sus pequeñas patas traseras mientras levantaban las orejas y las movían en todas direcciones. Finalmente los animales se acercaron a ellos y los olisquearon con detenimiento mientras hacían el mismo ruidito que Heon.
Elyon alargó una mano hacia ellos, y este se dejó tocar sin problemas.
-Es muy suave –sonrió la joven-. Más que el terciopelo… y huelen muy bien… como a flores, o tierra mojada.
-Madre mía, tendrías que verte la cara –rio Heon-. No te había visto así de feliz desde que tu padre te regaló el arco.
Elyon agrandó su sonrisa con timidez, entonces el pequeño woodface cogió su mano y empezó a escudriñarla mientras otro se subía a su rodilla. En un momento estaban rodeados por esos animalillos, que no dejaban de inspeccionarlos de cabeza a pies.
-Nunca había escuchado hablar sobre estas criaturas –comentó la semielfa mientras le rascaba la tripa a uno de los woodfaces, blanco como la nieve, que se había colocado en su regazo.
-Ya no quedan muchos.
-¿Realmente son espíritus?
-Para nada, pero nos gusta creer que sí. Son el indicativo de que los bosques están sanos y del nivel de flujo de magia que corre bajo el suelo –Heon se quitó el woodface que tenía sobre la cabeza, jugando con su trenza azulada, y lo dejó en la tarima-. Estos animales se alimentan de magia, de magia pura. No comen ni beben como el resto de nosotros, para ellos los elfos somos como comederos, por eso se acercan tan felizmente –Elyon alzó una ceja divertida-. Si un bosque es maltratado hasta el punto que la corriente de magia deja de fluir, ellos se marchitan y mueren. Aquí hay una población bastante grande. Ponemos mucho empeño en cuidar el bosque y todas las criaturas que aquí viven. Seguramente en Hogwarts también haya algunos woodfaces, aunque no se dejen ver con la misma facilidad que estos.
Elyon sonrió mientras le hacía muecas al woodface que tenía en el hombro, que agitaba la cabeza y levantaba las patitas cada vez que ella arrugaba la nariz.
-Tu padre escogió un buen sitio –suspiró Heon mirando de nuevo el cielo estrellado.
-Sí, podría quedarme aquí el resto de mi vida –sonrió la joven mirando también las estrellas y la luna.
…..
Por la mañana, un gran búho entró por la ventana y dejó una carta en la mesa en la que desayunaban.
-¿Tus amigos? –preguntó Azrael cuando el ave salió volando de la casa.
-No, sus búhos son más pequeños –respondió Elyon tragando sus cereales.
La joven cogió el sobre y al ver el lacre puso los ojos como platos mientras bajaba lentamente la cuchara de cereales que iba a llevarse a la boca.
-Oh, Merlín –musitó con el corazón en un puño.
-¿De qué se trata? Vas a llegar a preocuparme –su abuelo la miró alzando una ceja.
-Son las notas del TIMO –inspiró ella con nerviosismo.
-¿Pues a qué esperas? –rio Azrael.
Elyon comenzó a abrir el sobre y entonces lo soltó como si quemara.
-No puedo, no puedo… ábrelo tú –gimió ella presa del pánico.
-Es solo una carta –rio divertido.
-¿Y si no he conseguido la nota mínima? ¿Y si no puedo estudiar el año que viene para ser magizoóloga? –Elyon lo miró con desesperación.
El elfo puso los ojos en blanco aguantando la risa, cogiendo la carta. La joven contuvo el aliento, le pareció que el sonido del sobre al abrirse hacía eco en la casa, un crujido desesperante. Azrael sacó las calificaciones y apretó los labios al leerla.
-¿Y bien? –su nieta lo miró expectante.
-Pues… -el hombre torció una mueca.
-Oh, Merlín… no lo he conseguido –gimió ella llevándose las manos a la cabeza.
-La verdad es que no sé qué notas necesitabas, así que no entiendo nada de esto –rio su abuelo zarandeando el pergamino.
-Vale, vale… dime las notas entonces –le pidió ella un poco más tranquila tras el susto inicial.
-Transformaciones: "Supera las Expectativas", Historia de la Magia: "Aprobado", Defensa Contra las Artes Oscuras: "Extraordinario", Adivinación: "Aprobado", Astronomía: "Supera las Expectativas", Encantamientos: "Supera las Expectativas", Cuidado de Criaturas Mágicas: "Extraordinario", Herbología: "Supera las Expectativas", Pociones "Extraordinario".
Elyon se lo quedó mirando como petrificada. Él no supo identificar su expresión y comenzó a preocuparse. Entonces la joven se levantó de golpe gritando con triunfo.
-¡Lo he conseguido! ¡Lo conseguí! –gritó ella dando saltos por el salón- ¡Podré estudiar para cuidar criaturas mágicas!
Corrió a darle un beso a su abuelo.
-Voy a avisar a mis amigos de mis notas, a ver qué tal les ha ido a ellos –salió corriendo hacia su habitación dejando el desayuno sin acabar.
Azrael volvió a mirar la carta del Ministerio y su sonrisa desapareció. Sintió una ligera presión en el pecho al mirar las calificaciones que le abrían un futuro en el mundo de los magos, lejos de Imtar.
…..
Iyala decidió preparar una cena de celebración por sus buenas notas.
-Se te ve muy contenta.
-¡Estoy eufórica! –rio Elyon-. Al menos sé que el mes de pesadilla que pasé estudiando día y noche sirvió para algo.
-¿Cómo no iba a servir todo ese esfuerzo? Eres una chica lista –le sonrió su tía.
-Una cosa es ser lista y la otra buena estudiante… menos mal que tuve ayuda –suspiró ella.
Sintió un aguijonazo en el pecho al pensar en Snape, mezcla de tristeza, enfado y frustración. Estaba enfadada con él porque pensara que había sido capaz de traicionarlo, y al mismo tiempo triste porque lo echaba de menos y le habría encantado compartir la alegría de sus notas con él.
Iyala se retiró un poco la melena para poder amasar bien. Elyon vio la leve cicatriz blanquecina que le recorría el lateral de la garganta. Le recordaba a la que le había hecho ella a Snape en el hombro.
-Tía Iyala… la cicatriz del cuello, ¿te la hice yo? –le preguntó con un hilo de voz sin atreverse a mirarla.
La mujer dejó de amasar y la miró confusa y horrorizada.
-¿A qué viene esa pregunta?
-No lo sé… desde que estoy aquí me vienen fragmentos a la cabeza del ataque a Imtar… y muchos me tienen miedo. Nuth insinuó que hice algo horrible ese día… Y yo le hice una parecida a mi Protector por accidente…
-Esto me lo hicieron los sublevados que entraron en tu cuarto por la noche –Iyala le cogió la mano y se la apretó con fuerza-. Tú no has hecho nada malo, nunca, nada que no hubiésemos hecho cualquiera de nosotros en una situación similar.
-¿Y por qué me tienen miedo? –Elyon la miró con tristeza- El abuelo no me ha dejado volver a ir a la plaza para hacer los ejercicios de meditación, ni me deja hacer magia sola…
-Porque les recuerdas lo que pasó ese día. No es nada personal, lo hacen sin darse cuenta.
-¿Seguro que no fui yo? –insistió la joven conteniendo el llanto.
-Seguro –asintió su tía besándole en la cabeza-. Esa noche Nuth y tú estabais demasiado asustados para moveros de la cama.
Elyon suspiró dándose por satisfecha con la respuesta.
-Anda, ve a llevar esto a la mesa y ve a buscar a tu tío. Seguro que sigue en el campo de tiro –sonrió la mujer dándole un bol de frutas.
-Nuth, cariño ¿Puedes venir un momento? Tengo que hablar contigo –Iyala llamó a su hijo con seriedad cuando Elyon salió de la casa.
…..
Llevaba un rato intentando practicar los ejercicios de meditación, a pesar de que su abuelo le había dicho que no los hiciera por el momento, cuando Rasmu apareció por el camino de piedra que unía dos de los edificios del palacio.
-Perdón, ¿he interrumpido algo? –le dijo al verla.
-No, tranquilo. Hoy no estoy muy inspirada –la joven se encogió de hombros.
-No necesitas inspiración para este tipo de ejercicios –el hombre torció una sonrisa.
Entre ellos se instaló un silencio incómodo.
-Verás… me gustaría… disculparme por lo que pasó en el colegio de magos, no pensé que tu antiguo Protector se lo fuera a tomar de forma tan literal. Sé que a raíz de eso no te caigo especialmente bien –suspiró él.
Elyon se humedeció los labios sin saber muy bien cómo responder a aquello.
-No soy el más amable o simpático de por aquí, no tengo el carisma de tu tío, soy consciente de ello –le dijo-. Pero te aseguro que no soy la persona fría e insensible que crees que soy. Si me das la oportunidad de demostrártelo.
Ella siguió sin saber qué responder y se torció el meñique hacia atrás con nerviosismo. Finalmente asintió con una leve sonrisa.
-Si no es indiscreción, ¿por qué opinas que hoy no es tu día? La meditación es solo dejarse llevar para encontrar el equilibrio personal –preguntó el elfo.
-No consigo comenzar los movimientos. Y según mi abuelo, el autocontrol es lo más importante con la magia.
-Creo que parte del problema reside en eso. No se trata de autocontrol, si no en saber dónde está tu límite antes de hacerte daño. Tu abuelo intenta enseñarte con límites, como has hecho hasta ahora para que te resulte más fácil. Pero nuestra magia es diferente a la de los magos. Simplemente tienes que conocer los trucos.
La joven se lo quedó mirando, pensando seriamente en si pedirle ayuda o no. Rasmu estaba intentando ser amable, y además, necesitaba ayuda. Llevaba días atascada en su aprendizaje y quizá conseguir meditar la ayudaría.
-Y… ¿Cuáles son esos trucos? –preguntó casi en un susurro.
Rasmu alzó una ceja desconcertado, y Elyon supo que no iba a ayudarla. Pero entonces comenzó a quitarse las botas y se acercó a la joven.
-El proceso ya lo conoces, pero has de encontrar un movimiento para empezar que te resulte fácil y cómodo de realizar para que el resto surja solo –le dijo el hombre mientras realizaba los movimientos de manera grácil pero decidida, sin vacilar en ningún momento.
Elyon se apresuró en imitar su seguridad al moverse, y al poco tiempo volvió a sentir que la invadía una sensación de invencibilidad.
-Mantente ahí, deja que el resto de la magia fluya –le dijo el hombre sin dejar de moverse-. No la absorbas toda.
-¿Y cómo lo hago?
-Imagina que estás intentando para la corriente de un río tumbándote en medio, haciendo fuerza con tu cuerpo. Simplemente levántate y deja que la corriente corra libre, céntrate solo en la que te toca.
Elyon cerró los ojos y se concentró todo lo que pudo. Tras varios minutos la sensación de euforia bajó de intensidad y se sintió más relajada.
-¿Mejor?
-Sí, de hecho, estoy cansada –bufó.
-Es como cualquier ejercicio físico, cuantas más veces lo repites, más fuerte te haces, y más magia podrás llegar a absorber sin hacerte daño.
-¿Y cómo sabré cuando parar? –la joven dejó los movimientos, preocupada.
-Lo notarás. Como si intentas correr veinte quilómetros sin parar sin haber corrido nunca ni uno solo. Tu cuerpo se pondrá al límite y te sentirás desfallecer por momentos. Has de intentar no llegar nunca a ese extremo, y entrenar por si en algún momento has de usar todos tus recursos para sobrevivir. Conseguir mantenerte en el punto crítico sin traspasar la línea, algo que ojalá, no sea necesario nunca –explicó el elfo con seriedad-. Cada día intenta aguantar un poco más durante un tiempo más amplio.
Ella asintió y se lo quedó mirando con los labios ligeramente apretados.
-¿Qué te preocupa?
-Pues… yo apenas sé dónde está mi límite, ¿cómo lo sabes tú?
Rasmu torció una pequeña sonrisa.
-Puedo sentir la cantidad de magia que estás absorbiendo, y teniendo en cuenta que eres principiante, por intuición sé cuándo es suficiente para ti –la joven alzó una ceja sin entender-. Me entrené para ser rastreador, pero no resulté ser muy brillante, así que desistí. Aunque no he olvidado lo que aprendí, es muy útil de vez en cuando, como ahora.
-He escuchado eso de rastreador un par de veces, ¿en qué consiste?
-Algunos elfos tienen facilidad para detectar flujos de magia, ya sea directamente de las corrientes o trazas de su uso. Así que se entrenan para encontrar a elfos, magos, criaturas mágicas, objetos… realmente cualquier cosa se use o se nutra de las corrientes. Me extraña que no lo supieras ya siendo Heon uno de nuestros mejores rastreadores actuales –comentó el elfo-. Y según tengo entendido, tú tienes dotes para ser buena rastreadora también.
-Algo me comentó mi abuelo –Elyon se encogió de hombros.
-¿Quieres que probemos a ver qué tal se te da?
-Sí… ¿por qué no? ¿Qué he de hacer? –sonrió ansiosa por aprender algo nuevo.
-Vuelve a concentrarte en las corrientes de magia.
La joven comenzó a realizar los movimientos de meditación, y al poco tiempo volvía a sentir la corriente bajo sus pies.
-Céntrate en la dirección de la corriente, es como un río en el que confluyen todas las criaturas vivas, intenta encontrar esos pequeños afluentes, como hilos que se entretejen.
La joven cerró los ojos e inspiró hondo, intentando dejar la mente en blanco.
-No consigo ver nada –comentó ella frustrada.
-No se trata de ver, si no de sentir, oler y escuchar sin piel, ni nariz, ni oídos –le orientó Rasmu-. Como hiciste con las varitas robadas. La magia está a nuestro alrededor y nos habla, pero no la escucharás si no quieres.
Elyon volvió a inspirar con calma, a su alrededor comenzó a ver la hierba, las rocas, los árboles, los pequeños animalillos e insectos que se movían bajo el terreno, a Rasmu junto a ella. Más que verlo todo, era como si estuviera de algún modo, conectada a todo. Entonces sintió un aguijonazo en el pecho y vio frente a ella a su abuelo, enorme y fuerte, llenando por completo todo lo que había alrededor. Abrió los ojos de golpe recuperando el aliento.
Azrael estaba a varios metros de distancia y los miraba con ira contenida.
-¿Qué estáis haciendo? –les preguntó.
Elyon se mordió el labio, temerosa, sin saber qué responder.
-Le estaba dando unos consejos para mejorar sus habilidades antes de que vuelva con Albus –respondió Rasmu con una sonrisa tranquilizadora.
-Te lo agradezco, pero de su instrucción mágica me encargo yo –respondió el elfo con tono tirante-. No quiero más profesores ni nuevos métodos, o al final se hará un lio con todo lo que tiene que aprender.
Rasmu asintió, si se sintió ofendido, no lo demostró. Se despidió de Elyon con un asentimiento de cabeza y se marchó.
-Te dije que por el momento no hicieras esto, y menos sin mí. Te queda mucho por aprender aún –su abuelo frunció el ceño-. No quiero que te hagas daño otra vez.
-Lo sé… pero estoy atascada, y pensé que esto me ayudaría… -se miró la cicatriz blanquecina en la palma de la mano derecha.
-¿Y por qué no me pediste ayuda? –suspiró su abuelo.
-Porque estás muy ocupado, y no quería darte más trabajo –Elyon se torció el meñique hacia atrás con la vista baja.
-Ayudarte a aprender no es ningún trabajo –le sonrió el hombre con cariño-. Si hace falta, anularé todas mis reuniones. Tú eres lo más importante para mí, mi única prioridad.
Su nieta sonrió agradecida y lo abrazó con fuerza.
…..
Las semanas siguientes pasaron como un suspiro, para cuando Elyon quiso darse cuenta, solo faltaban tres días para volver a Hogwarts.
En ese tiempo mejoró mucho junto a Nuth, en la última evaluación consiguió vencer, por muy poco, a tres adversarios, y quedar en tablas con cinco, por lo que se ganó la aprobación de Kove y el derecho a que dejara de llamarla de llamarla niña. También había aprendido a desenvolverse en la ciudad y con las costumbres de Imtar, desde el baile a la vestimenta apropiada para cada ocasión. Ya no se sentía una extraña allí.
Junto a Azrael había aprendido a centrarse a la hora de realizar hechizos, y a usar la magia como una extensión de si misma. A escondidas también había practicado a diario las técnicas de relajación y rastreo siguiendo los consejos de Rasmu, a pesar de que prácticamente no había vuelto a cruzarse con él y el elfo tampoco había mostrado ningún interés en su evolución.
Lo peor y más aburrido de esas semanas habían sido las reuniones diplomáticas a las que había tenido que asistir con su abuelo. Aunque Azrael la invitaba a participar de forma activa, ella no se veía preparada para dar su opinión en voz alta sin hacer el ridículo o meter la pata. Por suerte para ella, Nuth siempre la estaba esperando a la salida de las interminables reuniones para ir a dar una vuelta con Thurin, ya fueran simples paseos o competiciones de vuelo extremo. También la había llevado a los juegos de caza, en los que a pesar de tener muy buena puntería con el arco, normalmente era de las primeras en ser cazadas, por lo que se había ganado el apodo de erizo, apodo que los demás participantes otorgaban al jugador que más fácil era de cazar del grupo.
Aquella mañana, tras el desayuno, se armó de valor para hablar con su abuelo sobre Snape. Había seguido el consejo de Heon, había esperado a que Azrael estuviera de buen humor después de haber pasado todo el verano con ella. Se asomó a la puerta del despacho, en la que el elfo escribía una serie de pergaminos.
-A-Abuelo… ¿podemos hablar un momento? –le preguntó retorciéndose las manos.
-Por supuesto, ¿te encuentras bien? –Azrael dejó la pluma en el tintero y la miró preocupado.
-Sí, sí –se apresuró a responder, colocando las manos a su espalda-. Verás… es sobre… mi Protector… quería saber qué va a pasar cuando vuelva a Hogwarts.
La expresión de su abuelo se tornó seria.
-Es algo que aún estamos discutiendo Albus y yo. No has de preocuparte, pronto lo tendremos resuelto.
-Pero me gustaría dar mi opinión al respecto –insistió Elyon.
-Aun eres muy joven para…
-Soy lo suficientemente madura para hablar sobre esto, y además me concierne más que a nadie –lo interrumpió.
-Elyon…
-Quiero que Snape siga siendo…
-No –le dijo tajante, controlando su tono de voz.
-¿Por qué? Desde el principio ha estado ahí para protegerme –expuso con frustración-. Me ha ayudado, siempre ha…
-¡Porque es un mortífago! –le espetó él.
-No es un mortífago –respondió la joven con los dientes apretados.
-Cuando se cruza esa línea, no se puede volver. No puedo borrar todo lo que hizo ¡Lo que nos hizo!
-¿Lo que nos hizo? Snape no nos… -lo miró sin comprender.
-No dejaré que te llene la cabeza de mentiras e historias sobre redención y arrepentimiento –le interrumpió con tono airado, con cada palabra parecía que su presencia crecía en la habitación.
-¡Tú no lo conoces! No tienes derecho a juzgarlo así.
-No quiero conocerlo, no necesito conocerlo.
-¡Y yo no quiero otro Protector! ¡Es él o nadie! –se encaró Elyon hecha una furia.
-¡Será quien yo decida y no hay más que hablar! Mientras seas menor y vulnerable, acatarás, por tu bien y tu seguridad –le dijo Azrael-. Eres mi nieta, mi responsabilidad.
La joven negó con la cabeza conteniendo el llanto.
-¡No tenéis derecho a controlarme así! ¡Tengo voz!
-El no volverá a ser tu Protector. Si por mí fuera, ni siquiera estaría en ese colegio, estaría tras unas rejas en Azkaban. No pienso permitir que se acerque a ti.
-Heon se equivocaba, no has cambiado nada, sigues siendo un viudo amargado –le dijo saliendo de la casa dando un portazo, rompiendo a llorar de pura frustración.
Azrael inspiró con cansancio, aquello último le había dolido. Sabía que había sido muy duro y malhumorado, pero Elyon aún era muy joven y crédula, y no podía permitir que alguien como Snape se aprovechara de su inocencia y buen corazón. Solo esperaba que esa discusión no acabara como las que había tenido con su hijo, en las que el chico había llegado a desaparecer durante semanas.
…..
Aunque Elyon no desapareció, sí que decidió irse a casa de sus tíos esos últimos tres días, a pesar de que ellos habían intentado disuadirla para que hiciera las paces con su abuelo.
-Elyon, ¿de verdad quieres irte así? ¿Enfada con tu abuelo a pesar de que solo quiere lo mejor para ti? –insistió Heon mientras la joven preparaba su bolsa para volver al colegio.
-Si quisiera lo mejor para mí, al menos me escucharía. Me trata como si fuera una niña pequeña e idiota –le contestó enfadada-. He aprendido a calar a la gente, sé quién quiere hacerme daño, sé de quién puedo fiarme y de quién no.
-Entiende su postura, tiene miedo a que pueda pasarte algo y mucha rabia guardada tras la guerra. Necesita algo más de tiempo –suspiró el elfo- Y la experiencia me dice que nunca hay que despedirse enfadado… porque podrías arrepentirte de ello el resto de tu vida.
-Me da igual –refunfuñó ella.
Heon gruñó con hastío, ambos eran igual de cabezotas, como ya lo había sido su padre.
A la salida del palacio, en una de las plazas, la esperaba Feriel junto con su grupo de amigos y alumnos este, para despedirse de ella y pedirle que volviera a tiempo para la Fiesta de la Primavera. Elyon prometió intentarlo, pero que eso no dependía de ella, aunque igualmente volvería durante el verano.
Thurin la siguió hasta las murallas de Imtar y chilló de forma lastimera antes de verla pasar las enormes puertas. La joven lo abrazó con cariño, iba a echarlos a todos muchísimo de menos, pero el grifo… ojalá pudiera llevárselo con ella a Hogwarts. Al igual que Eizen, se había convertido en un confidente incondicional, siempre sabía cuándo necesitaba escapar y volar lejos de todo.
Volvieron a atravesar aquel espeluznante y silencioso cenagal. Cuando el sol volvió a brillar tras las ramas moribundas y las nubes grisáceas, Heon cogió su mano, y antes de que se diera cuenta, Hogwarts se materializó ante ella.
-Bueno, fin de las vacaciones… vaya rollazo –resopló el elfo.
-Sí –la joven torció una sonrisa.
Caminaron por los terrenos a paso ligero.
-Espero que nos escribas con regularidad –le dijo su tío.
-Y yo que podáis venir alguna vez. Se me va a hacer difícil estar tantos meses sin veros.
-Nada de privilegios si quieres ser una alumna más, ya lo sabes –Heon alzó una ceja, burlón.
Elyon dibujó una mueca de desagrado.
-El curso pasará en un santiamén, ya lo verás, sobre todo ahora que estudiarás lo que te gusta. E intentaré mover todos los hilos posibles para que puedas venir a la Fiesta de la Primavera –su tío le pasó un brazo por lo hombros y la zarandeó con cariño.
Finalmente llegaron a las escaleras de piedra del castillo.
-¿Preparada para el nuevo curso? –Heon alzó una ceja.
-No lo sé… -susurró.
Volvía a estar en el colegio, pero ese año iba a ser distinto. No tenía canalizadora, ni Protector… Tenía miedo de volver a verlo ¿Seguiría enfadado con ella? ¿Seguiría odiándola? Ella lo había echado mucho de menos, y le daba pánico que nada volviera a ser igual, que lo hubiera perdido para siempre a pesar de tenerlo cerca a diario.
-Tú puedes con todo si te lo propones –le susurró su tío besándole en la frente a modo de despedida.
Inspirando hondo, comenzó a subir hacia las enormes puertas de roble, hacia su tercer año en Hogwarts.
