6º curso. Capítulo 1
Elyon terminó de subir las escaleras de piedra, y justo cuando iba a empujar las pesadas puertas del castillo, estas se abrieron. Tras ellas apareció un mago anciano de larga barba blanca, que les sonreía a modo de bienvenida.
—Me alegro de que estés de vuelta por fin —Dumbledore no cabía en sí de alegría—. No estaba seguro de si querrías o no retomar tus clases tras estar en Imtar.
—Con lo que me ha costado aprobar el TIMO, no iba a dejar mis estudios a medias —bufó la chica.
El director rio y miró a Heon.
—¿Te marchas ya? —le preguntó con una sonrisa afable.
—Bueno… tenía la esperanza de que antes de marcharme, pudieras enseñarme el castillo. Las veces que he estado aquí ha sido por motivos urgentes. Y además tengo un par de cosas que hablar contigo en privado.
Los tres pasearon por los pasillos, mientras Dumbledore le explicaba al elfo el uso de las aulas y salas cercanas, como la Biblioteca o la Enfermería, una de las pocas estancias en las que había pasado algo de tiempo, cuidando de su sobrina.
Llegaron a la Sala Común de Gryffinor una vez el cuadro de la Señora Gorda les dio paso. Elyon fue la primera en subir hasta las habitaciones, ansiosa por dejar ya su bolsa de viaje, que hacía tiempo le pesaba al hombro. Dumbledore cogió a Heon del brazo para retenerlo unos segundos.
—¿Ha ido todo bien este verano? La veo muy cambiada, como si…
—Como si irradiara algún tipo de luz —el hombre acabó la frase con una sonrisa de comprensión—. Nosotros también lo hemos notado. Estate tranquilo, ha ido muy bien, salvo por un pequeño incidente la primera noche —Dumbledore asintió, Azrael se lo había contado—. Se ha reencontrado con sus raíces y ha empezado a ser ella misma, a estar en contacto con su verdadera naturaleza. De ahí el cambio. Se ha empapado de magia y ha comenzado a irradiarla con fuerza a su alrededor, como cualquier miembro de una Gran Familia. Aunque en su caso parece irradiarse aún con más fuerza, no es muy común ni entre los suyos.
El director asintió más tranquilo con una pequeña sonrisa. Ambos subieron a la habitación.
—¡Vaya! Esto no tiene nada que envidiar a tu cuarto en Imtar —comentó el elfo al entrar—. Es muy acogedor.
—Lo sé, lo único malo son las colas en el baño —resopló la joven, que había empezado a deshacer el equipaje—. Voy a necesitar un baúl más grande, o comenzar a tirar cosas, esto empieza a llenarse.
—Siempre puedes guardar algo en Imtar —su tío se arrodilló junto a ella para ayudarla.
Entre los dos recolocaron los libros, objetos personales y la ropa de la joven, junto a la que ahora se incluía la que su tía Iyala le había dado para las clases con Kove, y para diario si quería.
—¡Mucho mejor! Gracias —bufó Elyon poniéndose en pie una vez terminaron.
—Pero sigue sin haber sitio para esto.
Heon sacó de la bolsa que había cargado al hombro el arco y carcaj que éste le había regalado.
—¿Lo has traído? —ella lo miró sin dar crédito.
—¡Por supuesto! Debes seguir practicando con él, y como te relaja, te irá bien para tu época de exámenes —el elfo le guiñó un ojo.
Elyon sonrió. Finalmente lo guardaron dentro de la bolsa bajo la cama, con un conjuro para evitar que pudieran abrirla. El arco, por bonito que fuera, era un arma al fin y al cabo, y no quería que ninguna de sus compañeras de cuarto sufriera algún accidente jugando con él en su ausencia.
—Pues… ya estás oficialmente reinstalada —Heon se sacudió las manos con una sonrisa triste, y luego la abrazó con fuerza—. Te voy a echar mucho, pero que mucho, de menos.
—Y yo… espero poder ir a la Fiesta de la Primavera —le contestó ella sin querer soltarlo, intentando no echarse a llorar.
—Por supuesto que vas a ir —les dijo Dumbledore—. No puedes perderte esa celebración, es posible que incluso vaya yo.
Elyon sonrió como agradecimiento. Heon la besó en la frente.
—Pórtate bien —le susurró—. Tan a menudo como puedas.
El elfo le revolvió el pelo y la dejó allí saliendo de la habitación.
—Albus, ¿podemos hablar ahora sobre una serie de rutinas que ha de seguir Elyon? Kove ya está al tanto. Y necesito comentarte también, de parte de Azrael, otros asuntos más serios.
El director asintió.
—Dame un momento —le pidió.
La semielfa suspiró con una sonrisa triste. Aunque sabía que no era un adiós para siempre, aquellos meses se le iban a hacer eternos, con suerte las nuevas clases la distraerían. Ahora entendía mejor cómo se sentían sus compañeros al comenzar el curso, sobre todo los de Primer Año.
—Gracias por dejarme asistir a las celebraciones —le dijo a Dumbledore.
—Es una celebración a la que debes asistir, es muy importante para tu gente, y en ella además, se honra la memoria de todos aquellos que perecieron en la guerra.
Elyon asintió apretando ligeramente los labios. Se había imaginado una fiesta llena de color y música. Obviamente eso había cambiado a lo largo de los años por culpa de la guerra. Dumbledore se sentó en la cama mirándola, y dio unos golpecitos en el colchón, a su lado, indicando a la joven que tomara también asiento junto a él.
—¿Ansiosa entonces por comenzar este curso? —le preguntó una vez hubo tomado asiento.
—Mucho, voy a olvidarme de las asignaturas que no me interesaban, y además tendré más tiempo libre para…
—Para seguir ampliando tus conocimientos en Defensa con Kove y en cultura élfica, y así desempeñar mejor tus responsabilidades futuras —la semielfa hizo una mueca de desagrado al entender que no dispondría de tantas horas libres como el resto de sus compañeros de curso—. He hablado con tu abuelo, y le gustaría que lo siguieras acompañando a tantas reuniones diplomáticas como te sea posible, para que te sigas familiarizando con ese tipo de deberes. También me ha contado tu reacción respecto al tema de tu Protector…
—¿Quién va a ser? —preguntó ella de mal humor, no quería hablar de eso ahora.
—Aún no lo han decidido. Pero como te decía, debido a los desacuerdos de la última semana con tu abuelo, espero que no hayas decidido negarte a acudir a dichas reuniones.
—Eso está aún por ver, si quiere que asista a reuniones de adultos, antes debería tratarme como tal —gruñó—. Y respecto a las clases con Kove, ¿sabe si va a traer a alguien con él o seremos solo nosotros dos?
—No me ha dicho nada al respecto, y tampoco le he preguntado, tendrás que hacerlo tú. Aunque conociéndole, es muy probable que estéis solos hasta que hayan encontrado un Protector nuevo que tenga su visto bueno. Por cierto, mañana quiere continuar sus clases en el mismo lugar y a la misma hora del curso pasado.
Ella asintió. Abrió la boca para preguntar por Snape, pero decidió no hacerlo. Si estaba en el castillo lo vería en breve, e igualmente, tenía miedo de lo que podía pasar la próxima vez que se encontraran.
—¿Te preocupa algo? —el mago alzó una ceja.
—Es una tontería sin importancia —le quitó importancia con un ademán.
—Bien, entonces te dejo tranquila, si necesitas algo ya sabes dónde encontrarme —se levantó con un gruñido, como si fuera aún más anciano.
La semielfa asintió y lo vio salir de la habitación.
…..✦…..
Pasó el resto del día ojeando los nuevos libros del curso que el director ya le había comprado. Para cuando quiso darse cuenta, la lectura del libro nuevo de criaturas mágicas la había absorbido tanto que se le había pasado la hora de la cena. Así que bajó hasta las cocinas a por algo de comer. No fue hasta que salió de ellas con un buen trozo de pizza, cuando se percató de que estaba en las mazmorras. Miró por el largo pasillo que llevaba al aula de Pociones y el despacho de Snape, pero solo había silencio y oscuridad. Suspiró inquieta y se apresuró en regresar a su habitación.
Para su desgracia tuvo que volver a ellas al día siguiente para su clase con Kove. Al igual que el curso pasado, cuando llegó al aula no había nadie, y al igual que el curso pasado, Elyon comenzó a calentar para estar lista para cuando llegara Kove. La puerta chirrió al abrirse y por ella apareció su maestro. Su maestro y nadie más. La joven hizo una pequeña reverencia a modo de saludo.
—Me alegra ver que no has vuelto a las viejas costumbres —le dijo el elfo mirando su vestuario, que ya no era muggle, y su pelo perfectamente recogido.
—Este verano he aprendido más cosas que a bailar —la joven torció una pequeña sonrisa mordaz.
Kove la miró fijamente y ella se movió inquieta, temerosa a su reacción, pero el hombre finalmente rio.
—¿No… no va a venir nadie más? —se atrevió a preguntar.
—¿Quién más tendría que venir?
—¿Mi nuevo Protector? —intentó indagar la joven.
—Aun no tienes nuevo Protector. Pero mientras no salgas de los terrenos del colegio, no lo vas a necesitar —le dijo su maestro descalzándose—. De cualquier modo, no habrá ninguno al que te cueste más vencer que a mí. Eso te forzará a aprender con mayor rapidez, y a no depender de nadie para tu protección en un futuro.
Elyon apretó ligeramente los labios y asintió. No fue la clase más dura de Defensa por suerte para ella, pero seguía sin gustarle hacerla a solas con Kove. Le resultaba exasperante enfrentarse a alguien que sabía de sobra que no podría vencer.
—Sigues siendo previsible, deberías centrarte en eso. Nunca vencerás a alguien que te conoce si no buscas estrategias nuevas —le aconsejó su maestro—. Sírvete de las técnicas que has visto a lo largo de este verano.
La joven asintió antes de hacer una pequeña reverencia a forma de despedida.
…..✦…..
Había colocado la diana en la rama de un árbol del linde del bosque. Cogió una flecha del carcaj colgado a su cadera, la colocó en el arco y tensó la cuerda. Inspiró con calma. Soltó, y la flecha salió disparada dando de lleno en el centro. Cogió una nueva flecha. Tensó, y algo se movió entre los arbustos. Miró de reojo, pero no vio nada. Iba a soltar la flecha cuando los arbustos volvieron a moverse. Destensó finalmente el arco, a la espera de saber qué había allí. Entonces un gran animal negro y babeante saltó hacia ella.
—¡Por Merlín, Fang! ¡Qué susto me has dado! —le dijo al animal, que se acercaba meneando felizmente la cola—. Cuando me veas con esto —le dio a olisquear el arco—, no te acerques así, podría hacerte mucho daño.
El perro ladró y se puso a dos patas, colocando sus zarpas delanteras en los hombros de la chica, lamiéndole la cara. Fang se había hecho enorme, si seguía creciendo, pronto podría montar en él como si fuera un caballo.
Con el perro más tranquilo, tumbado a una distancia prudencial, la joven volvió a centrarse en la diana. Estaba apuntando cuando notó que la observaban. Sintió un escalofrío. Se giró con el arco en alto y la flecha preparada.
Un hombre alto y delgado, muy delgado, tanto que le recordaba a un espantapájaros, con el pelo corto y blanco, repeinado y engominado hacia atrás, muy pegado a su cráneo, la examinaba con atención. Sus rasgos, demacrados, hacían que su mirada severa fuera más penetrante. Iba pulcramente vestido, su traje violeta oscuro parecía hecho a medida, y llevaba una maleta grande y oscura.
Elyon bajó el arco con lentitud.
—Hola —saludó.
—Una práctica peligrosa para realizarla aquí, sin medida de seguridad alguna —le comentó el hombre—. Muy irresponsable por su parte.
La semielfa alzó una ceja.
—No hay muchos habitantes por el momento en el castillo, y no vienen por aquí. Además, tengo el visto bueno del director.
—Entonces, por lo visto, es tan laxo como… como me habían dicho —comentó el hombre con desaprobación.
—¿Disculpe? —Elyon lo miró sin comprender— ¿Quién es usted?
—Beaumont Batts, su nuevo profesor —el mago levantó ligeramente la cabeza con orgullo—. Y encargado de que… Estoy aquí para que Hogwarts recupere la cordura y el buen rumbo.
Elyon lo miró aún más confusa.
—Nos veremos pronto —se despidió Batts.
La joven lo vio alejarse. Frunció el ceño, algo en ese hombre le daba mala espina.
…..✦…..
No volvió a ver a Batts por el castillo, algo que no lamentó en absoluto. A una semana del comienzo del curso, aún no había empezado las clases suplementarias, por lo que comenzó a preocuparse y fue en busca del director. Se llevó una grata sorpresa cuando este le anunció que ya no serían necesarias más clases suplementarias tras aprobar su TIMO con buena nota, pero que si en algún momento necesitaba una ayuda extra, no dudara en acudir al profesorado.
En la cena vio que muchos profesores ya estaban de vuelta para preparar el curso, Snape no era uno de ellos, eso, o no quería dejarse ver por el castillo. Removió la sopa con desgana y llegó a la conclusión de que lo mejor era verlo cuando comenzara el curso y estuvieran todos los alumnos. Así se sentiría respaldada por si las cosas no salían bien, aunque ellos no tuvieran ni idea de lo que estaba pasando.
…..✦…..
Bajó corriendo las escaleras, desde las ventanas del pasillo había visto acercarse los farolillos de los carruajes a través de la cortina de lluvia. Los alumnos salieron deprisa de ellos intentando no calarse hasta los huesos. Lisa, Will, Johnny y Grace fueron casi los últimos en entrar. El hufflepuff se sacudió como si de un perro se tratara, bufando molesto por la cantidad de agua que caía.
—¡Chicos! —Elyon se lanzó sobre la espalda de Johnny con alegría.
—¿Veis? Me prefiere a mí —rio el joven antes de mirarla—. ¡Me cago en…! ¡Vaya cambio!
—Si me hubiera cruzado contigo por la calle no te habría reconocido —le dijo Grace.
—¡¿Pero qué decís?! —la semielfa se rio con incredulidad— Solo me he recogido el pelo diferente, no creo ni que haya crecido.
—De altura puede que no, sigues siendo el mismo retaquito. Pero de delantera… yo diría que sí —comentó Johnny con una sonrisa de aprobación poniendo las manos frente a su propio pecho como si se lo sujetara.
—Ahora no sé por qué me he alegrado tanto de verte —le dijo Elyon dándole un puñetazo en el hombro, entornando los ojos.
—Es verdad que estás muy cambiada —corroboró Lisa.
—Pareces mayor… creo… no sabría explicarlo… pero has cambiado desde el principio de verano —Will se encogió de hombros.
La semielfa negó con la cabeza torciendo una sonrisa.
—Vamos a entrar ya o acabaremos al final de la mesa, que ya de por sí habéis sido los últimos en llegar.
—Culpa de Lisa, que ha tardado una eternidad en despedirse de su hermana —explicó la Ravenclaw—. Como si tuviera miedo de que se la tragara el lago o algo.
—No bromees con eso —la morena a fulminó con la mirada.
—Y pensar que hace dos años no te habría importado que eso pasara… como cambian las cosas —comentó Johnny divertido.
La gryffindor lo miró con enfado. Era cierto lo que el chico había dicho, pero todos se alegraban de que Lisa hubiera recuperado su estabilidad familiar, a pesar del divorcio de sus padres.
Como Elyon se había temido, se sentaron casi al final de la mesa Gryffindor, por lo que no podrían ver de cerca la Selección de la hermana de Lisa, y Sharon y las demás estaban también muy lejos como para poder mantener una conversación.
—¿Tenemos profesor nuevo? —le preguntó su amiga mirando la mesa del profesorado.
Elyon siguió su mirada hasta dar con el mago de pelo blanco y engominado, vestido con su traje violeta oscuro.
—Es Beaumont Batts, pero no sé qué asignatura va a dar, no falta ningún profesor del año pasado —respondió ella.
—Habría estado bien librarse de Zelda… o de Snape —suspiró Lisa.
Sintió una punzada al escuchar ese nombre.
—No sé qué decirte, ese hombre tiene algo que no me gusta.
Siguió recorriendo la mesa de profesores y entonces el corazón le dio un vuelco. Snape estaba sentado en uno de los laterales de la mesa de profesores, hablando con la profesora Sinistra, con su habitual expresión seria y su ropa negra. Se lo quedó mirando unos segundos, a la espera de que él se girara y, con suerte, la viera entre todos los alumnos. Pero cuando el chico dejó de hablar con su compañera, centró su atención en su copa, sin mirar ni un momento a los alumnos. Elyon apretó los labios decepcionada.
Las puertas del Gran Comedor se abrieron, y tras la profesora McGonagall entraron los que iban a ser los alumnos de primer curso de ese año. Cathy, la hermana de Lisa, iba en medio del grupo, mirando fijamente al frente con la cabeza alta, se la veía nerviosa pero decidida.
—¿Crees que entrará en Gryffindor? —le preguntó la semielfa a su amiga.
—Estará donde ella quiera estar, te lo aseguro —suspiró Lisa—. Pero espero que sea en Gryffindor.
Los nuevos desfilaron uno tras otro, hasta que llegó el turno de Cathy.
—¡Gryffindor! —anunció el sombrero a los pocos segundos.
Lisa sonrió de oreja a oreja. Su hermana se apresuró en ir junto a ellas, después de saludar a Will, Max y Andy, que levantaron el pulgar dándole la enhorabuena.
—¡Bienvenida! —la abrazó la morena, tras hacerle un hueco a su lado.
—Estoy que no me lo creo ¡Tengo ganas de empezar! —sonrió con una vocecilla dulce y alegre.
—Eso lo dices ahora que no tienes deberes y trabajos que hacer —rio Elyon.
La niña amplió su sonrisa.
—Los retos no me asustan —le dijo con seguridad.
—Madre mía, vas a ser más Gryffindor que tu hermana —comentó la semielfa divertida.
Lisa la fulminó con la mirada y los labios apretados.
—Bienvenidos alumnos y alumnas —Dumbledore se levantó y alzó sus brazos pidiendo silencio y atención—. Comenzamos otro año más, en el que llenaremos vuestras mentes de conocimientos y sentido común. En el que espero que los mayores enseñen y respalden a los recién llegados, y en el que podamos divertirnos y estrechar lazos sin importar nuestra procedencia —sonrió mirando a los jóvenes, que lo escuchaban con atención—. Este curso, tras los sucesos del que quedó atrás, tendrá dos novedades. Para comenzar, a nuestro equipo docente se ha unido Beaumont Batts —el mago se levantó un momento y miró a los alumnos con severidad—, que se encargará de la nueva asignatura Ética y Buen Uso de la Magia. Espero que sea bien recibido en nuestra humilde familia. La segunda y última novedad, es que a partir de segundo curso, todos los alumnos que lo deseen podrán participar en las clases extraescolares de Duelo, que impartirá la profesora Croft —los alumnos murmuraron emocionados—. Podréis apuntaros en el tablón de vuestra Sala Común a lo largo del curso. Dicho esto… ¡Al ataque!
Los platos y fuentes se llenaron, como de costumbre, de comida caliente. A la hora de los postres se unieron Will, Grace y Johnny.
—Ni en la cena de inicio de curso podéis mantener el culo en vuestra mesa —suspiró Lisa.
—Will, ¿qué le has hecho? Porque diría que también te está echando a ti —se burló Johnny.
—¿Con ganas de comenzar, pequeña leona? —le preguntó Grace a Cathy.
—Con ganas de hacer que Gryffindor gane la Copa de la Casa.
—¡Para el carro, peque! —rio Johnny— Eso son palabras mayores. Solo Slytherin gana la Copa desde que está Míster Simpatía en el colegio.
—Sí, ve con cuidado con él, ya lo sabes —le recordó Lisa, preocupada.
Elyon desvió la mirada un momento a la mesa de profesores. Snape seguía hablando con sus compañeros, sin mostrar interés alguno en el resto de la sala.
Esperaron a que Cathy se fuera con los de primero para hablar con seriedad entre ellos.
—¿Qué opináis sobre el nuevo profesor? —comentó Will.
—Sobre él… no sé… sobre la asignatura… ¿En serio? —contestó Grace— ¿Buen Uso y Ética de la Magia? Que den una charla a los alumnos de primero, vale, que nos den a todos esa asignatura después de lo que pasó el año pasado…
—Puede que sea por eso por lo que nos han puesto la asignatura —Lisa se encogió de hombros—. Escuché hablar a mi madre con una compañera de trabajo de que los adultos no estaban contentos con que nosotros solos fuéramos capaces de plantar cara a mortífagos, e incluso que redujéramos a muchos. Tienen miedo de lo que nos están enseñando aquí y como eso puede afectarnos como ciudadanos una vez salgamos del colegio. Y teniendo en cuenta que además va a haber clases de Duelo a las que se van a apuntar todos los alumnos…
—Por saber defendérsenos no nos convertimos en adultos problemáticos y antisistema —se indignó Johnny—. Aprendemos exactamente lo mismo que nuestros padres.
—Yo solo os cuento lo que he oído, no digo que esté de acuerdo.
—Es posible que crean que sentirnos tan fuertes nos empuje a juntarnos con los mortífagos que siguen libres —añadió Will.
—¿Juntarnos con los que amenazaron con matarnos el año pasado? —bufó Grace incrédula— ¿Es que con la edad nos vamos volviendo idiotas o qué?
—No, pero gente idiota de nacimiento hay en todas partes —suspiró Elyon—. Y parece que el Ministerio está plagado de ellos.
—O de personas retorcidas como Mark —comentó Johnny.
—Hablando de Mark… está de vuelta —murmuró Will.
—¡¿Qué?! —Elyon miró hacia la mesa de Slytherin.
Mark estaba allí, junto a sus antiguos amigos y su habitual sonrisa de superioridad. Ni siquiera lo había visto entrar en el castillo.
—¿Lo han readmitido? —Lisa no podía creérselo.
—No solo eso, también ha aprobado su TIMO —suspiró el slytherin.
—¡Eso es injusto! Después de todo lo que hizo en el colegio, ¿lo dejan volver? —Grace no podía creérselo.
—Dumbledore es muy blando —gruñó Johnny.
—Creo que lo van a estar vigilando muy de cerca, y que a la mínima se va fuera definitivamente —añadió Will.
—Eso no me tranquiliza —suspiró Elyon—. Se supone que el año pasado ya lo estaban vigilando.
Finalmente el Gran Comedor comenzó a vaciarse y se fueron a sus salas comunes. Al entrar en la habitación sus compañeras las esperaban con las almohadas en las manos, ansiosas por dar inicio al nuevo curso, en el que ya no compartían todas las clases y empezarían a prepararse para su vida fuera de Hogwarts. Lo mejor era que Allyson había vuelto, su madre estaba mejor, no totalmente recuperada, pero iba por buen camino.
…..✦…..
El primer día de clase todos se levantaron ansiosos por conocer sus nuevos horarios, y sobre todo, por saber las horas libres que iban a tener durante la semana. Nada más bajar de los dormitorios encontraron en el panel de anuncios el formulario de inscripción a las clases de Duelo, entorno al que se apiñaban los alumnos esperando su turno, emocionados, para poner su nombre en él. Junto a eso había otra hoja de inscripción, que anunciaba el inicio del curso de Aparición tras Navidad para los alumnos de sexto, por el que había que pagar doce galeones para obtener la licencia si aprobaban el examen.
—¡¿Doce galeones?! —se quejó Judith— ¡Es un robo!
—Es realmente abusivo —bufó Sharon.
—Yo no me puedo permitir tanto dinero en algo así —gimió Allyson—. Con lo de mi madre no nos podemos gastar eso con un sueldo menos en casa y tratamientos que costear.
—No te preocupes por eso ahora —le dijo Elyon—. Puedes inscribirte, no se paga hasta la fecha de inicio, y faltan meses. Algo se nos ocurrirá para conseguir el dinero, no eres la única con ese problema…
Su amiga arrugó la nariz sin convicción, y con un suspiro, se apuntó en ambos cursos.
—¡Qué gustazo tener más horas libres! —sonrió Lisa— ¿Tú también podrás disfrutar de horas libres o seguirás con las clases suplementarias?
—Me han anulado las clases suplementarias tras haber aprobado el TIMO, pero tengo que seguir con las clases de Defensa y de Cultura Élfica, y no sé si lo haré en esas horas libres, además también quieren que vaya con mi abuelo para asuntos diplomáticos.
—¿E irás? —Lisa sabía de la discusión con Azrael.
—No lo sé aún —la semielfa se encogió de hombros con desgana.
A las puertas del Gran Comedor se reunieron todos y pusieron sus horarios en común. Debido a las especializaciones que había escogido cada uno, Elyon solo coincidía en unas pocas con Lisa y Will. Sin embargo compartía prácticamente todas las asignaturas con Grace, Allyson y Johnny, ya que el chico, tras la muerte de su abuelo, había decidido que quería ser Auror en vez de acabar en el Departamento de Deportes del Ministerio de Magia.
—¿Tú estás seguro de que te admitirán? No llevas bien las cadenas de mando y acatar las normas —Lisa alzó una ceja.
—Claro que me admitirán, es como cualquier otro examen, solo tengo que ser listo y responder bien las preguntas, y una vez dentro, mi encanto natural hará el resto —sonrió el chico muy seguro de sí mismo, pasándose la mano por el pelo revuelto.
—Siento lástima por tu futuro superior —suspiró Will.
Las chicas rieron y fueron camino a su primera clase del curso: Herbología. Resultaba extraño encontrar a alumnos de las cuatro Casas juntos en una misma asignatura, después de cinco años separados por Casas de dos en dos. Grace y Elyon saludaron a sus compañeros, que no llegaban a diez. Muchos le comentaron a la semielfa, como ya hicieron antes sus amigos, que la encontraban distinta. Ella no lo podía entender. No veía ninguna diferencia al mirarse en el espejo. Solo había cambiado un poco su forma de peinarse y vestirse a raíz de estar en Imtar, puede que por ello la notaran diferente, quizá ahora la vieran más elfa que bruja.
Su buen humor por el comienzo del curso desapareció al ver a Mark allí. Esa vez el chico sí la miró, y le dedicó una sonrisa prepotente y confiada.
—Primer día, primera clase… y tenía que estar él —suspiró la chica.
—En alguna clase ibais a coincidir —le dijo Allyson para intentar animarla.
—Lo sé… pero fastidia igual.
—Tú tranquila, pudiste con todos esos mortífagos, ¿no vas a poder con un criajo de sexto curso que seguro ha superado su TIMO por los pelos? —Grace le guiñó un ojo.
Elyon dibujó una pequeña sonrisa dejando su mochila sobre la mesa.
…..✦…..
Los profesores entraron directamente en materia, les dejaron claro que ya solo les quedaban dos años para dejar Hogwarts e incorporarse al mundo laboral o conseguir ingresar en las academias de especialización, por lo que debían concentrarse y aplicarse desde el primer momento.
La clase de Encantamientos fue bastante incómoda, era la primera vez que iba a usar hechizos humanos sin varita, y tenía miedo de hacer un desastre. Pero todo le salió bastante bien, le fue incluso más fácil que con la canalizadora. Aun así los compañeros la miraban con atención, curiosos y asombrados a partes iguales, incluso Flitwich se puso frente a ella para verla practicar mientras le daba la enhorabuena.
—Os juro que si todos siguen flipando tanto conmigo, cogeré un palo o algo, para fingir que vuelvo a usar canalizadora —suspiró Elyon al salir de la clase.
—Creo que ya es tarde para eso —se burló Grace—. Ya has descubierto el pastel, nadie se lo creería.
—¿Y por qué no conseguiste otra canalizadora? —Lisa alzó una ceja, curiosa.
—No me dejan. Tienen miedo de que la vuelva a hacer explotar —contestó con resignación—. Dicen que con mi nivel de magia actual, otra canalizadora sería más peligrosa que útil.
—Yo estuve presente, no quiero volver a presenciar otro accidente como ese. Fue… muy inquietante —rememoró la ravenclaw.
—No creo que inquietante sea la palabra adecuada para cosas que explotan —comentó Johnny.
—Yo no he dicho que lo inquietante fuera la explosión.
—Pero es raro, las varitas no explotan… o eso creo… ¿Por qué las canalizadoras sí? —quiso saber Will.
Elyon se encogió de hombros negando con la cabeza, no tenía ni idea.
—Según he leído —intervino Johnny—, las varitas y las canalizadoras son muy parecidas, se construyen prácticamente con los mismos materiales. Sin embargo los fabricantes de varitas consiguen darles algo parecido a una conciencia, algo así como un alma, una identidad. Por eso la varita escoge al mago. Por el contrario las canalizadoras están huecas en ese sentido. Una canalizadora es como un embudo, recoge la magia de su alrededor para concentrarla en un punto, por eso puede explotar. Si intentas recolectar demasiada magia muy deprisa se obstruye y ¡BUM! —dio una fuerte palmada y todos se sobresaltaron—. Una varita como mucho se quiebra y deja de funcionar bien.
—¿Dónde has leído eso? —Lisa lo miró atónita.
—Recuerdas que tenemos Biblioteca, ¿no? —el joven alzó una ceja—. Me picó la curiosidad cuando Elyon comentó que usaba canalizadora y no varita por ser medio elfa, así que fui derechito a la sección de objetos mágicos.
—¿Y tú cuando has ido solo a buscar algo a la Biblioteca? —Will alzó una ceja incrédulo.
—Cuando nadie mira, no me gusta que me vean por allí solo. Soy un tejón, no una rata de biblioteca —el hufflepuff le guiñó un ojo.
Sus amigos pusieron los ojos en blanco y fueron a los jardines para tomar el aire en la hora libre que compartían.
…..✦…..
La clase que más ansiaba y temía llegó. Esperaba en el pasillo con el caldero en las manos, junto al resto de alumnos, con un nudo enorme en el estómago. Su pierna temblaba nerviosa sin que ella se diera cuenta.
—¿Estás bien? —le preguntó Johnny.
—¿Qué? —ella lo miró distraída.
—Que si estás bien, el traqueteo de tu pierna me está poniendo frenético.
—Sí, sí, bien —respondió humedeciéndose los labios mirando de soslayo a la puerta del aula, sin que su pierna dejara de moverse.
—Johnny, aire —le dijo Grace echándolo con un ademán.
—Pero… —se quejó el chico.
—Aire —la pelirroja frunció el ceño.
El joven resopló y les dejó espacio.
—¿Has vuelto a hablar con él? —le preguntó su amiga en un susurro.
—¿Con quién?
—Con Míster Simpatía.
—No… realmente no lo vi hasta la cena de inicio de curso, y no miró a los alumnos en ningún momento.
—¿Y crees que sigue cabreado contigo? —Grace le puso una mano en el hombro.
Elyon alzó la vista y la miró con preocupación creciente. En ese momento la puerta se abrió. Snape miró a la clase en silencio, parecía más sombrío de lo habitual. El profesor volvió a entrar en el aula y los alumnos lo siguieron, apresurándose en ocupar las mesas.
Snape comenzó a pasar lista. Cuando nombró a Elyon ni siquiera levantó la vista del pergamino, y pasó sin más al siguiente alumno.
—Pues sí… sigue muy cabreado —le susurró Grace.
—Señorita McWilliams —Elyon levantó la vista de golpe con la espalda tensa—. Por suerte para mí, su inepta compañera Atler, ya no cursa esta asignatura, así que si vuelvo a oírla en mi clase, aunque solo sea un suspiro, quedará expulsada de la asignatura ¿Queda claro? —el joven no había levantado la vista ni por un segundo del pergamino que tenía delante.
—Sí, señor —musitó ella casi sin voz, sintiendo ganas de llorar.
Grace la miró horrorizada, al igual que Johnny, que movió los labios preguntando qué billywig le había picado. El silencio durante la clase fue opresivo, el burbujeo de los calderos y el sonido de los utensilios de pociones era ensordecedor en aquel ambiente tenso. Nadie se atrevía a hablar o a respirar más alto de lo normal.
—¿Pero qué le pasa? —Johnny las miró sin comprender cuando salieron de la clase— Siempre ha sido un borde, pero esto… se ha superado a sí mismo.
—Por un momento pensé que le responderías —le dijo Grace.
—¡¿Tú estás loca?! —exclamó el chico— Me gusta mucho ponerle al límite de su paciencia, pero cuando está de "buen humor". No quiero echar a perder mi carrera de auror nada más comenzar el curso, ni poner en riesgo mi integridad física por un berrinche que lleva arrastrando desde que terminó el curso, ya me rompió la nariz una vez y me dejó calvo, ¿recuerdas? —se llevó la mano al tabique nasal y miró a Elyon— ¿Es que aún no has hablado con él? A ver si con tu encantadora sonrisa consigues que se ablande de nuevo.
—No, no he hablado con él —respondió con sequedad—. Y si lo intento es muy probable que su humor empeore y me expulse de la asignatura.
—No puede expulsarte solo porque intentes mantener una conversación adulta con él fuera de horario escolar —resopló el hufflepuff.
—¿Estás seguro de ello? —la semielfa lo fulminó con la mirada y empezó a subir las escaleras.
—¿Me he perdido algo? ¿Es que todo el mundo está de mala leche porque sí? —el chico miró a Grace confuso.
—Pero que poco ojo tienes a veces —suspiró la pelirroja negando con la cabeza, subiendo también las escaleras.
Johnny alzó la ceja sin entender nada de lo que estaba pasando, y la siguió.
…..✦…..
Estaba tumbada en la cama, mirando el dosel superior mientras jugueteaba entre sus dedos con el colgante en forma de lágrima. Se sentía desganada y apática. En ese momento entró Lisa con su bandolera de estudiante al hombro.
—Grace me ha contado lo que ha pasado en Pociones —suspiró—. Como me alegro de haber dejado la asignatura.
Su amiga no pareció ni darse cuenta de que había llegado.
—Quizá deberías intentar hablar con él, con Dumbledore como mediador —le propuso.
—Eso solo empeorará las cosas —musitó.
—¿Entonces qué vas a hacer? —Lisa torció el gesto preocupada.
Elyon simplemente suspiró encogiéndose de hombros. Sabía que hiciera lo que hiciera, solo lo cabrearía más. Estuvo a punto de llorar por pura impotencia.
…..✦…..
La semielfa bajó los escalones hacia el aula de entrenamiento de uno en uno. No le apetecía absolutamente nada ponerse a correr, pero si no iba, se las tendría que ver con Kove, y tal vez golpear algo la ayudaría a liberar un poco de frustración.
Abrió la puerta y se topó con su maestro. Se había adelantado. Frunció el ceño, ese día lo acompañaba alguien, ¿sería su nuevo Protector? Tardó unos segundos en darse cuenta de que no era nadie nuevo, era Snape. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro y sintió su corazón retumbar en su pecho de pura alegría.
Snape vio abrirse la puerta, tras la que apareció la chica, que miró a Kove ligeramente confusa, luego lo miró a él y sonrió. Su rostro pareció iluminarse, como si toda ella irradiara luz. Por un momento se quedó sin aire, su corazón se desbocó. No debería haber cedido ante Kove, aquello había sido una mala idea. Se había esforzado muchísimo en evitarla e ignorarla, en pasar página durante el verano, y creía que lo había conseguido, porque había conseguido estar más sereno y centrarse en sus deberes. Pero ahora estaba allí, frente a él. Estaba preciosa y radiante, a pesar de llevar ropa vieja de combate y un recogido rápido trenzado, del que escapaban algunos mechones finos.
—¡Te han restituido! —gritó ella eufórica.
Elyon corrió hacia el chico con intención de lanzarse sobre él y abrazarlo, pero Snape la retuvo por los hombros impidiendo que se acercara más.
—No, no lo han hecho —se limitó a contestar.
—¿Qué? ¿Entonces…? —la sonrisa de la joven desapareció, y miró confusa a ambos hombres.
—No podías seguir entrenando sola, tu desmotivación y frustración iba en aumento, y eso no te ayudaba a mejorar —explicó Kove.
—¿Y no hay manera de convencer a mi abuelo de…?
—¿No se ha parado a pensar que tal vez yo no quiera volver, y que solo estoy aquí como un favor, señorita McWilliams? —le dijo el chico con frialdad.
A Elyon se le hizo un nudo en el estómago, tan apretado, que sentía que se le iba a cortar la respiración. Nada, absolutamente nada, había cambiado entre ellos. La joven bajó la vista con los ojos llorosos, y fue a descalzarse. Estando de espaldas a ellos, se secó las lágrimas que caían por sus mejillas.
Kove torció el gesto, la tensión entre ambos era palpable, lo que sin duda desencadenaría una clase desastrosa. Y no se equivocó. La semielfa parecía haber olvidado todo lo aprendido. Cometía muchos fallos de principiante, y se movía con indecisión, sin atreverse a acercarse a él. Por otro lado el joven se comportó con frialdad, y golpeaba sin miramientos, como si la chica fuera una completa desconocida.
—Parad, basta. Esto está siendo… realmente vergonzoso —Kove paró la clase frustrado— ¿Acaso has olvidado todo lo aprendido hasta ahora, Elyon? ¿Dónde está el buen rendimiento que había visto en los últimos meses? ¿Se ha evaporado?
Ella apartó la mirada avergonzada.
—Lo siento, maestro.
El elfo se masajeó el puente de la nariz suspirando.
—Vete. Quiero que para la próxima clase te centres y muestre lo que verdaderamente sabes hacer.
La joven asintió mordiéndose el labio y salió de allí con los hombros caídos y el semblante abatido, sin atreverse a volver a mirarlos a ambos. Se moría por poder gritarle a Snape que nada de aquello era culpa suya y que quería arreglar las cosas.
El chico la vio alejarse. Una parte de él se sintió mal, quería pedirle disculpas por todo, darle explicaciones, pero otra lo frenó, recordándole que debía cumplir lo que se había propuesto, por mucho que costara, por mucho que doliera. Se soltó la coleta y fue a calzarse.
—¿Por qué te haces esto, Severus? —le preguntó Kove.
El joven lo miró sin comprender.
—¿Por qué te torturas así? —insistió el elfo mirándolo con lástima— Te haces daño, y a ella también.
Snape se lo quedó mirando ¿Acaso Kove sabía…?
—No nací ayer Severus, y tengo ojos —el hombre torció una sonrisa.
El corazón del chico se aceleró, sintió la necesidad de escapar de allí.
—Creo que no te sigo… —Snape intentó zafarse de aquella conversación.
—Sí que me sigues. Sabes de sobra que te estoy hablando sobre tus sentimientos hacia Elyon y lo mal que los gestionas, negándolos continuamente desde que te conocí.
Su corazón se aceleró aún más, sentía los latidos en los oídos ¿Tan mal lo disimulaba, tan obvio era?
—¿Mis qué? Vamos Kove, cualquiera diría que te has golpeado en la cabeza con tu vara de caña —se mofó el joven sentándose a atarse los zapatos, intentando aparentar calma e indiferencia.
—Si continúas negándotelo, te carcomerá completamente por dentro hasta que no quede nada salvo ira y frustración, y hará que los eches a todos de tu lado —Kove se sentó junto a él.
Hubo un silencio incómodo.
—Pero… ¿y si es eso lo que quiero? —Snape lo miró de soslayo.
—¿Es eso lo que quieres? —el hombre torció una pequeña sonrisa.
No, por supuesto que no. No quería echarla de su lado, era lo único bueno que había llegado a su vida desde hacía mucho, su guía para escapar del túnel, pero…
—Es lo que debo hacer —musitó con un suspiro de pesadumbre.
Debía dejarla ir para no arrastrarla con él hacia la oscuridad que gobernaba su vida.
—Esa es la idiotez más grande que podrías haber dicho, y créeme que me esperaba de ti una respuesta estúpida.
—¿Por qué ese repentino interés? ¿Qué más te da a ti? —lo cortó irritado— Es mi vida, la dirijo como quiero.
—La diriges de pena, la estás desperdiciando —respondió el elfo con la mirada triste—. Me recuerdas tanto a mi hijo… No le dediqué el tiempo que necesitaba, no estuve allí cuando necesitaba a alguien… y encontró apoyo en otra parte…
—¿Tuviste un hijo? —Snape lo miró atónito.
Una vez más hubo un silencio incómodo.
—Sí… un buen chico muy listo, pero bastante retraído, malhumorado y terco —Kove lo miró con una sonrisa afable—. Tras la muerte de su madre por una larga enfermedad yo apenas estuve ahí para él y… me lo corrompieron, me lo arrebataron… Los sublevados hicieron de él lo que quisieron. Como contigo los mortífagos.
—¿Qué fue de él?
Otro silencio incómodo se instaló entre ellos, largo y pesado.
—Lo maté —respondió—, en el ataque a Imtar.
Snape lo miró de hito en hito.
—No sabía que era él, iba con el casco y ese maldito pañuelo estrellado —suspiró—. Tengo grabado a fuego el momento en el que le descubrí el rostro. Mi niño irascible… Estuvo a punto de partirme el cráneo en dos —se pasó los dedos por la enorme cicatriz de su rostro—. Lo entrené bien como guerrero… Crear guerreros se me da bien. Pero no cuidé el corazón que hay bajo la armadura y dejé que se pudriera… y ese es un error que no volveré a cometer.
Kove miró a Snape a los ojos.
—Cuando estés preparado para hablar, ya sea sobre Elyon o lo que necesites, cuando decidas abrir una grieta en tu muro, házmelo saber.
El elfo le dio un golpe amistoso en el hombro y se levantó.
—Kove, yo…
El hombre alzó una mano, no quería su compasión. Esa herida ya había cicatrizado. Era su lacra, y la llevaba con dignidad, le recordaba las cosas importantes por las que merecía la pena luchar.
…..✦…..
Entraron en el aula murmurando. Tenían curiosidad por saber qué se iba a enseñar realmente en Ética y Buen Uso de la Magia. Batts los esperaba sentado en su mesa, con el pelo engominado hacia atrás, muy pegado a su cráneo, y vestía su elegante traje morado. Ni sonrió, ni saludó a sus alumnos, simplemente esperó a que todos tomaran asiento, con las manos enlazadas sobre su escritorio.
Elyon, Lisa y Grace se sentaron juntas, Will y Johnny detrás de ellas. Esa clase de dos horas la compartían al mismo tiempo todos los alumnos de las cuatro casas, algo muy poco común. Tras unos minutos, los alumnos guardaron silencio. Fue entonces cuando Batts se levantó de su escritorio.
—Les informaré… de que los minutos que pierdan para iniciar la clase, deberán… recuperarlos al final de esta —muchos jóvenes protestaron—. Lo mismo pasará con el tiempo que me hagan perder con interrupciones no permitidas… como esta.
—Y yo que me quejaba de Snape —gruñó Lisa en un susurro.
Grace apretó los labios conteniendo la risa.
—Como creo que encontraran obvio —continuó Batts de forma pausada—. La magia en esta clase está prohibida… si veo alguna varita fuera de las maletas, si la veo fuera, la requisaré durante veinticuatro horas. Veinticuatro horas exactas sin importar qué clase tengan después —todos corrieron a guardar sus respectivas varitas—. Y en cuanto a aquellos no tengan necesidad de usar varita —miró a Elyon con severidad—, al mínimo indicio de uso de magia, serán penalizados duramente sin opción a queja o revisión.
La semielfa miró hacia su izquierda, donde estaba Mark, que le sonrió alzando una ceja, con malicia. Cruzó los dedos para que no hiciera nada con lo que inculparla.
—Sé sobradamente que muchos de ustedes opinan que mi asignatura es innecesaria y… "estúpida". Pero el Ministerio… el Ministerio cree oportuno recordarles que la magia no es un juguete. Es un privilegio. Y como tal, algo que puede retirarse si no es usado correctamente —la voz de Batts era melosa y monótona, resultaba irritante y aburrido escucharlo, además hacía muchas pausas innecesarias, incluso dentro de una misma frase—. Y para ayudarles a comprender que tienen un concepto erróneo, muy erróneo, de lo que supone el uso de la magia, leeremos este libro —puso la mano sobre una de las pilas de libros que había sobre su mesa—. Uno a uno, levántense, y recojan el suyo.
—Profesor —Adam Potts, de Ravenclaw, alzó una mano— ¿No sería más rápido y práctico repartirlos con magia?
—Ese… ese, es uno de los temas que trataremos, largo y tendido, en esta clase. Creo, si no estoy equivocado, cosa que sé que no es así, que todos tienen piernas, piernas que saben usar. Utilizar la magia para cosas tan triviales como coger un libro, nos hace vagos. Así que no lo volveré a repetir. Levántense de forma ordenada y cojan uno de los volúmenes.
Con muecas de desagrado y algún que otro murmullo de queja, los alumnos se levantaron y se colocaron en una fila ordenada. El libro era muy pesado, en una ojeada rápida, tenía alrededor de mil cuatrocientas páginas, todo era texto pequeño y apretado, sin ninguna ilustración o floritura que adornada alguna de las páginas.
—Matadme ahora, por favor —bufó Grace cerrando el libro de tapas negras, en la que solo aparecía el título en letras plateadas: "Memorando de la Ética de la Magia".
La clase consistió en que los alumnos se turnaron para leer en voz alta y de pie, los densos capítulos llenos de palabras redundantes que hacían casi imposible entender algo. A veces Batts interrumpía la lectura para ampliar algún punto concreto, o pedía que alguno de los alumnos diera su opinión, que estaba claramente equivocada según el criterio del mago.
Grace tenía la cabeza apoyada en la mano izquierda, y aun así dio tal cabezada que a punto estuvo de golpearse la cabeza contra el pupitre, por suerte Batts no pareció darse cuenta. Elyon se fijó en que su amiga no era el único alumno que hacía un esfuerzo sobrehumano por mantenerse despierto. Miró de reojo a Lisa, que estaba haciendo rayitas en un pergamino para evitar quedarse dormida.
—Para la semana que viene quiero una disertación sobre el primer capítulo del libro, de cinco pergaminos como mínimo. Y no me sirve que la redacten con letra exageradamente grande.
Los alumnos salieron del aula arrastrando los pies, bostezando y desperezándose.
—Menos mal que esta es mi última clase de la semana —bostezó Grace.
—Bien por ti, nosotros aún tenemos Astronomía —Johnny miró a Elyon con resignación.
—Ese hombre es súper insufrible —comentó Lisa.
—Va a ser un año muy largo por culpa de esta asignatura —suspiró Will.
—Yo no sé ni por dónde empezar la disertación, todo esto me parece una idiotez —comentó Elyon.
Fueron a cenar entre quejas, a las que se sumaron las del resto de sus compañeros.
…..✦…..
Todos estaban ansiosos por la primera clase de Duelo. No sabían muy bien qué esperar, estaba claro que no serían tan intensas como la batalla del curso pasado, pero cruzaban dedos para que no fuera un tostón para principiantes. Muchos ya habían elegido pareja de duelo, no estaban seguros de que Zelda las respetara, o si irían rotando a lo largo de las clases, pero al menos así empezarían con alguien de confianza.
Elyon suspiró para aliviar su nerviosismo, al ser un grupo impar, ella había quedado sin pareja. Will lucharía contra Johnny, y Lisa contra Grace. Esto último le había dolido, pero sabía de sobra el motivo por el cual ella no había sido escogida. No tenía varita, su magia no era humana, y por lo tanto, no era predecible, y eso asustaba tanto a sus amigos como al resto de alumnos. No los culpaba por ello. De estar en su lugar, a ella tampoco le habría hecho gracia batirse en duelo con alguien que no necesitaba realizar un movimiento de varita para hacer magia, a pesar de que ella intentaba imitar el movimiento con sus manos en clase, para sentirse menos excluida.
—¿Qué apostáis a que a Elyon la emparejan con Mark? —comentó Johnny divertido.
—Dudo mucho que hagan eso. Zelda no es imbécil, no va a juntar a alumnos que ya de base de pelean para que se acaben matando en su clase —respondió Lisa.
—Pero sería divertido ver como Elyon le parte la cara —sonrió el hufflepuff—. Otra vez.
—No, no sería divertido. Sigue pensando así y te echarán rápido de aquí —le dijo Elyon.
Las puertas del Gran Comedor se abrieron. Todos los bancos y mesas habían desaparecido para dejar espacio a los alumnos, y que pudiera moverse con libertad. Entraron con paso nervioso. Al fondo, sobre el estrado, en donde solía estar la mesa de los profesores, estaba Zelda, que los miraba con aire autoritario, muy seria. Junto a ella estaba Snape, que se había quitado su larga capa negra.
—Joder, está Snape… vaya mierda —bufó Johnny—. Esto se va a pique por momentos.
—Y que lo digas —musitó Grace.
Elyon se mordió el labio, nerviosa.
Una vez hubieron entrado todos, las puertas se cerraron, y Zelda levantó ambas manos pidiendo silencio.
—Quiero aclararles que esta actividad extraescolar es algo muy serio. Los que hayan venido con intención de divertirse o armar jaleo, pueden volver por donde han venido, o si no, acabarán expulsados con una sanción.
Will miró a Johnny de forma significativa.
—Mientras duren estas jornadas instructivas, el profesor Snape me ayudará en las demostraciones, a supervisarles y a corregirles. Si tienen cualquier duda pueden dirigirse a cualquiera de los dos.
—Yupiiii —musitó Lisa.
Grace apretó los labios conteniendo una carcajada. La semielfa miró al profesor de Pociones, subido en el estrado con las manos a la espalda, parecía aún más alto e imponente.
—Bien, comencemos.
Lo primero que hicieron ambos profesores fue juntar a los alumnos en parejas. Respetaron las que habían escogido los jóvenes, siempre y cuando consideraran que tenían un nivel similar, y que el duelo quedaría compensado.
Zelda separó a Will y Johnny. Emparejó al slytherin con Eric Fisher, un gryffindor, y al hufflepuff con Adrian Brocon, un ravenclaw con el que no se llevaba especialmente bien, ya que siempre competían por la mejor nota.
—Vaya, ¿sola? —Zelda miró a Elyon sin ocultar una sonrisa socarrona.
—Sí… —ella le desvió la mirada con una mueca de desagrado.
—¡Profesor Snape! —llamó la mujer, el corazón de Elyon se aceleró— ¿Cuál cree que debería ser la pareja de McWilliams?
El hombre se acercó a ambas y miró a la semielfa con desprecio.
—Creo que no debería estar aquí —dijo sin más, y su voz resonó en la sala llegando a oídos de todos.
Mark y su séquito rieron por lo bajo. Aquel comentario la hirió profundamente.
—Su estilo de magia, ahora que no tiene canalizadora, es muy diferente al del resto. Cualquier otro alumno estará en clara desventaja.
—Profesores, si me permiten, quiero ofrecerme como contrincante para McWilliams —Elena Hanz se acercó con paso seguro, pero respetuoso, mientras su coleta rubia danzaba a su espalda.
—¿Qué opina? —Zelda miró a Snape, divertida.
—Si la señorita Hanz está dispuesta a probar, probaremos —contestó escuetamente antes de seguir revisando el resto de parejas.
—Hola —saludó Elyon con una tímida sonrisa.
—Hola —Elena le devolvió el saludo con un poco más de frialdad.
—Puedo… ¿puedo preguntar a qué se debe el ofrecimiento?
—Acabas de hacerlo, ¿no? —la slytherin alzó una ceja, la semielfa se mordió el labio incómoda—. Mi hermano me habla muchísimo de ti, y me gusta conocer a las chicas de su vida. En su cumpleaños no tuvimos tiempo de hablar con calma gracias al insufrible de Tonitini.
—¿Chicas de su vida? —la semielfa la miró de hito en hito sonrojándose— ¡Nosotros no…! Solo somos amigos, se lo dejé bien claro.
—No te pongas nerviosa, lo sé, y él también. Pero has causado un gran impacto en él, por el momento para bien, y tengo curiosidad por conocerte mejor —la joven se encogió de hombros.
Elyon iba a replicar, pero la voz de Zelda se alzó sobre las demás, y comenzó la clase. Empezaron por repasar los hechizos básicos de desarme y bloqueo. Elena era muy rápida, tenía buenos reflejos y no mostraba inseguridad alguna mientras esperaba el ataque de la semielfa. Por su parte, Elyon se esmeró en hacer visible cuándo y cómo iba a atacar, y se sorprendió a si misma al darse cuenta de que se estaba ralentizando para que su contrincante pudiera preverla. De algún modo podía saber, con solo mirar a Elena, qué tenía pensado hacer, incluso antes de ver cómo tensaba los músculos de la muñeca y el brazo, y como colocaba los dedos alrededor de la varita.
Snape la vigilaba a varios metros de distancia, mientras corregía a algunos alumnos que parecían empeñados en acabar en la enfermería. Se fijó en que la semielfa se estaba conteniendo, y mucho, por la forma en la que tenía colocados los pies y por cómo se mordía el labio, tensa y alerta. Tenía a sensación de que de haber querido, Hanz ya estaría derrotada, pero Elyon la estaba dejando ganar todo el tiempo. Desde que había vuelto de Imtar la había notado diferente, parecía otra persona, y no solo porque toda ella pareciera haber crecido dos años en un solo verano, y que pareciera irradiar luz propia aumentando así su atractivo. Había algo diferente, sutil, en sus ojos, un ligero cambio casi imperceptible en ese verde tan cautivador que le volvía loco. No podía describirlo, pero le inquietaba, le hacía sentirse inseguro y vulnerable. Ya lo había visto antes, en momentos de mucho estrés para la joven, como cuando se peleó con Gambon o cuando se enfrentó a los mortífagos. Y por eso parecía que esa sombra no estaba siempre ahí, o se ocultaba, o dormitaba, por eso creía que nadie más parecía haberse dado cuenta, eso, o simplemente él creía ver cosas para tener una excusa y seguir alejándose de ella.
—Señor Burns, baje esa varita a la altura del pecho, hemos dejado claro que nada de apuntar al rostro —corrigió al joven con severidad.
—Lo siento, profesor —el chico corrigió su postura.
Volvió a mirar a la semielfa. Elyon no debería estar en esa clase, lo presentía.
—Me estás dejando ganar —le dijo Elena molesta.
—¡No! No te estoy dejando ganar —se excusó ella, seguramente con demasiado ímpetu—. Eres increíblemente buena, estás ganando por mérito propio.
—¡Oh, venga ya! Eso no te lo crees ni tú —se exasperó la slytherin—. He estado cometiendo fallos con los que hasta uno de primero podría haberme vencido ¿De qué tienes miedo? ¿De hacerme daño? Me he ofrecido voluntaria, sé a lo que me expongo, me he informado antes. Así que venga ¡Suéltate! Demuestra lo que sabes hacer para que ambas podamos aprender algo.
—¿Estás segura? —Elyon alzó una ceja, dubitativa.
—Segurísima —Elena se puso en posición con una sonrisa de autosuficiente.
Le lanzó un Expelliarmus. El contrataque de Elyon duró solo unas cuantas milésimas de segundos. Alzó la mano izquierda parando el hechizo frente a ella, como si este y su estela se hubieran congelado en el aire, e inmediatamente después lanzó otro hechizo al mismo tiempo que le devolvía a Elena su propio hechizo. La slytherin miró aquello con horror. Pudo parar el Expelliarmus, pero nada más hacerlo, el segundo hechizo la golpeó bajo las rodillas, elevándola unos centímetros y habiéndola caer de bruces con fuerza contra el suelo, con un grito de dolor.
Todos los alumnos se giraron a observarlas. Elyon se apresuró a ayudarla a levantarse.
—¡Lo siento, lo siento!
—No pasa nada, te dije que lo hicieras y resulta que yo no estaba preparada —bufó Elena aceptando su ayuda.
Gimió al intentar mover la muñeca izquierda.
—¿Está rota? —preguntó la semielfa preocupada.
—No, creo que no —la slytherin se la sujetó con fuerza para aliviar el dolor.
Zelda y Snape se acercaron corriendo.
—¿Qué ha pasado? —quiso saber la mujer.
—Yo… ha sido un accidente —respondió Elyon.
Snape la miró. Y volvió a ver esa sombra, esa oscuridad acechante en sus ojos.
—Abandone la clase inmediatamente —le dijo sin más.
Ella lo miró confusa y dolida.
—Profesor, no ha sido nada, estamos aprendiendo —Elena salió en su ayuda sujetándose aun la muñeca.
—McWilliams fuera, y no vuelva a esta clase. Hanz a la enfermería —les dijo con frialdad.
La semielfa separó los labios sin saber qué decirle, con lágrimas en los ojos.
—Si tienes algún problema conmigo, al menos podrías echarle huevos y decírmelo a la cara, en vez de seguir tratándome como si fuera basura delante de todos —le musitó finalmente el élfico, antes de salir de la sala frente la mirada atónita de todos los demás.
Sus amigos la miraron sin comprender qué estaba pasando, a varios metros de distancia. Elena se apresuró en seguirla.
Snape sintió que un escalofrío le recorría la espalda. La forma en la que la chica lo había mirado había sido perturbadora, llena de rabia y resentimiento hacia él. Nunca antes lo había mirado con esa intensidad, como si su sola presencia le provocara repulsión. Estaba haciéndolo bien, la estaba alejando de él… pero dolía… y cómo dolía hacerlo. Más ahora que tenía el presentimiento de que lo necesitaba, de que la estaba dejando al alcance de un peligro innombrable e intangible.
—¡Que continúe la clase! —ordenó Zelda al resto de alumnos, que se apresuraron en obedecer— Aunque esté encantada de poder echarla, ¿estás seguro de tu decisión? —miró a Snape dubitativa.
—Sí —respondió escuetamente—. Y Albus lo entenderá.
…..✦…..
Elyon había decidido acompañar a Elena a la enfermería.
—No tenías por qué hacerlo, la culpa ha sido mía, te he presionado —le dijo la slytherin.
—¿En tu familia siempre tenéis que ser tan irritantemente educados y correctos?
—¿Lo dices por mí o por Jason? —la chica alzó una ceja divertida.
—Por ambos, y por Will.
—Te va a sonar muy pedante, pero tenemos una posición que mantener —suspiró—. Nuestra familia se compone de cruces y más cruces con otras familias de magos de rango menor, y algún que otro hijo de muggles, y aun así con mucho esfuerzo hemos conseguido visibilidad entre las familias de peso Sangre Limpia, como los Malfoy, los Greengrass, los Black, los Carrow… Nuestros negocios se sustentan en ellas, como nuestro pequeño banco "de magos para magos". Si queremos mantener la clientela, tenemos que aparentar, siempre, incluso cuando estamos solos. Will y Jason, al ser varones, tienen más libertad de decisión y movimiento, pueden hacer prácticamente lo que quieran y con quien quieran siempre y cuando no dejen a la familia en mal lugar. Yo soy mujer, no tengo esa suerte, mi deber es ser bonita, educada y agradable.
—Un florero—-bufó Elyon con desagrado.
—Un florero inteligente lleno de rosas con espinas —puntualizó con una sonrisa algo malévola—. En mi familia no gustan las mujeres tontas. Hemos de ser inteligentes, actuar desde la sombra y saber esperar nuestro momento. Hacernos visibles en el momento preciso y con fuerza arrolladora.
—Suena complicado y agotador —Elyon la miró con sorpresa y admiración.
—En un mundo dominado por hombres, todo es complicado y agotador. Con el tiempo te acostumbras y se hace más fácil aguantar siempre el tipo —se encogió de hombros.
—Me das envidia… das lo que los demás esperan de ti, no decepcionas a nadie —suspiró la semielfa.
—A mí me das envidia tú —sonrió Elena con sinceridad—. Actúas como crees que debes hacerlo, sin miedo, sin importarte que alguien pueda no estar de acuerdo.
—Otros dirían que actúo sin pensar en las consecuencias —Elyon soltó una carcajada amarga.
Ambas llegaron a la puerta de la enfermería sin volver a dirigirse la palabra.
—¿Sabes? Creo que empiezo a ver qué le gusta tanto de ti a mi hermano, y es posible que a mí también pueda gustarme.
Elyon se ruborizó.
—Gracias por acompañarme. A partir de aquí puedo sola —se despidió Elena abriendo la puerta de la enfermería.
…..✦…..
A la mañana siguiente le llegó una carta de Jason.
—¿Desde cuándo te escribes con él? —le preguntó Lisa alzando una ceja, intentando leer por encima de su hombro.
—Desde este verano.
—¿Y qué dice? —Grace se acercó a ellas, curiosa.
—Por qué cotillas sois —rio la semielfa—. Me comenta que no me preocupe por lo de Elena, que está bien.
—¿Y ya está? —la gryffindor la miró sorprendida.
—El resto es trivial, nada de importancia.
—¿Qué bien os lleváis ahora, no? —Grace la miró con una sonrisa sarcástica.
—Es muy agradable y atento. A veces le cuento tonterías y él se preocupa un montón. Es peor que Remus —la joven se encogió de hombros y siguió con su desayuno mientras proseguía la lectura de la carta.
Sus amigas intercambiaron miradas con una sonrisilla.
—Por favor, decidme que habéis entendido el capítulo de este ladrillo que nos ha dado Batts —Will soltó sobre la mesa el pesado volumen, haciendo temblar los vasos.
—¿Y si te digo que ni lo he comenzado a leer? —suspiró Grace, apartando de ella el libro con una mueca de asco.
—Pues deberías hacerlo ya, es denso y un tostón —la regañó Lisa.
—Lo sé, cada vez que lo intento me quedo dormida.
—Yo me lo he tenido que leer tres veces haciendo anotaciones… Es súper complicado de entender… y una vez lo entiendes solo quieres quemarlo —Elyon respondió a Will con pesar—. Soy semielfa, todo lo que sale ahí es casi una ofensa para mi pueblo y la gran mayoría de la Comunidad Mágica, no sé cómo permitieron su publicación.
—A eso puedo responderte yo —Johnny apareció de la nada y abrió el libro por la última página—. Mirad.
Puso el dedo sobre la nota de agradecimiento del autor, en el que aparecían varios nombres, entre ellos Beaumont Batts.
—Eso explica muchas cosas —bufó Lisa.
—Escribir la disertación se me está haciendo un mundo, casi todo lo que dice el libro va en contra de mi forma de pensar. Es un adoctrinamiento en toda regla para hacer sumisos y manejables a los magos más jóvenes —comentó Johnny.
—¿Creéis que suspender esta asignatura implicaría no pasar a séptimo? —Grace los miró preocupada.
—Ni idea… pero es una buena pregunta —el hufflepuff se encogió de hombros—. Por cierto Will, ¿has leído la noticia sobre el duende de Gringotts?
—Sí, hasta me han llegado cartas al respecto de mis padres. No me gusta que timen a la gente, a pesar de que eso beneficie a nuestro negocio familiar.
—Ya, pero no sé si aplaudirle o no, ha sido un artista —rio Johnny.
—¿De qué habláis? —Lisa los miró sin comprender.
—De un duende de Gringotts que ha timado una buena cantidad de oro a varios magos, ha salido en primera plana en El Profeta varios días —respondió Will.
—Hace días que no lo leo.
—Alguno fijo que se lo merecía —bufó Grace continuando con su desayuno.
El slytherin la miró con desaprobación.
…..✦…..
A pesar de las palabras que Elyon había cruzado con Snape en Duelo, no hubo cambios en su actitud hacia ella en las clases de Pociones. Siguió siendo igual de frío y distante. Pero a esas alturas a Elyon ya casi ni le importó, ni siquiera sabía por qué le había dicho algo. Era evidente que Snape había decidido cortar la relación que tenían, los temores que había albergado sobre él durante el verano se habían cumplido, y lo había perdido. No volvería a disfrutar de sus pullas, sus consejos y escasas bromas y sonrisas. De esos momentos privados solo de ellos dos. Suspiró con tristeza al salir del aula.
—¿Te encuentras bien? —Amber le puso una mano en el hombro.
Elyon asintió con una sonrisa para quitarle importancia. Grace iba detrás de ellas y entornó los ojos. Al parecer estaba teniendo razón, su amiga, por algún motivo, tenía un cuelgue con su profesor, y ahora que este la trataba como a un alumno más o incluso peor, lo estaba pasando realmente mal, y esperaba que esa congoja se le pasara pronto. Elyon no merecía sufrir por un idiota como Snape, no teniendo cerca a personas como Remus y, ahora, Jason.
Repasaban los apuntes en uno de los patios interiores del colegio. Unos alumnos jugaban a ver quién dirigía mejor un pájaro de papel a través de una serie de aros luminosos. Eyon sonrió, le recordó a las carreras con grifos en verano, y sintió algo de nostalgia. De pronto el pájaro de papel estalló en llamas, y los alumnos se quejaron mientras veían caer sobre la hierba los trozos de papel negruzco que se convertían en cenizas. Batts se acercó al pequeño grupo, y con un ligero movimiento de varita, hizo desaparecer los aros luminosos.
—Veo que no escuchan en clase —le dijo.
—¡Pero ahora estamos en nuestro tiempo de descanso! —protestó uno de los alumnos.
—Las lecciones que intento inculcarles son para que las apliquen en su vida cotidiana. La magia no está para jugar… no es un juego, es peligrosa y no debe usarse a la ligera —les aclaró Batts—. Veinte puntos menos para Hufflepuff.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡No es justo! —se quejaron los alumnos.
—¿Quieren a parte un castigo y que les confisque las varitas? —les dijo tajante.
Los jóvenes se callaron apretando los labios con enfado. Batts les echó una última mirada de desaprobación y se fue de allí con su caminar lento y solemne.
—¿Pero eso iba en serio? —Johnny miró a sus amigos sorprendido.
—Este tío me cae de cada vez peor, y no solo porque me esté deslomando por culpa de tener que cargar con su estúpido libro —gruñó Lisa—. Será profesor, pero esto es una escuela de magia, no puede prohibirnos practicarla ¿Qué pretende? ¿Que solo practiquemos en clase y en las Salas Comunes?
—Si le sigue poniendo tanto empeño conseguirá que esto parezca un internado muggle —comentó Grace volviendo a centrar su atención en los apuntes que tenía apoyados en las rodillas.
…..✦…..
Snape salió del aula de entrenamiento agotado y completamente sudado, solo tenía ganas de darse una buena ducha, porque literalmente apestaba. Kove no le había vuelto a mencionar nada al respecto de su última conversación sobre Elyon. Mejor para él. Ya estaba bastante cansado del asunto como para seguir añadiéndole más carga. Aunque es verdad que debería mencionarle a Dumbledore, o a su maestro, lo que había pasado en la clase de Duelo. Negó con la cabeza. Que se encargara Zelda. Elyon ya no era responsabilidad suya.
—Buenas noches, Severus.
"Hablando de Merlín…" pensó levantando la vista. Frente a él estaba la coqueta sonrisa de Zelda.
—Buenas noches —saludó él con cansancio dispuesto a irse.
—Vaya, ¿de dónde vienes? ¿Tenemos gimnasio en el castillo y no me lo habían dicho? —la mujer examinó su ropa de deporte, arrugada y húmeda por el sudor.
—Tengo algo parecido a un gimnasio —se limitó a contestar.
—Eso explicaría por qué cada día me gustas más —le sonrió ella mordiéndose el labio, palpando los músculos del vientre del chico— ¿Te apetece hacer un poco más de ejercicio?
—¿En serio? —la miró alzando una ceja, incrédulo.
—Ya estás todo sudado, ¿qué más da un poco más? Luego puedo enjabonarte la espalda.
—Voy a tener que rechazar tu oferta, estoy hecho polvo.
Le cogió la barbilla y la acercó a él para besarla lenta y pausadamente, jugando con su lengua, disfrutando del momento y torturándola un poco.
—Quizá otro día puedas enjabonarme la espalda —le susurró cuando sus labios se separaron.
Zelda lo vio marchar pasillo abajo. Ahora quien iba a necesitar una ducha era ella, pero de agua fría.
…..✦…..
Batts devolvió las disertaciones haciendo que se acercaran a su mesa uno a uno. Elyon recogió la suya. Un suficiente. Justo, pero había aprobado el trabajo. Se sentó en su sitio y guardó el trabajo en su bolsa, solo tenía ganas de tirarlo al interior de la chimenea de su Sala Común. Lisa se dejó caer en su silla. Su amiga miró la nota de su trabajo.
—¡¿Un dos?! —murmuró sorprendida— ¿Pero qué has escrito?
—Mi opinión —se limitó a decir con los dientes apretados.
Johnny se alejó de la mesa de Batts y rompió su trabajo, el sonido del pergamino al romperse restalló como un látigo en el aula.
—Si no le gusta su nota, creo que es lo suficientemente inteligente para mejorarla —le dijo el profesor.
El hufflepuff, de espaldas a él, le hizo burla antes de sentarse en su sitio. Al cabo de unos minutos todos los alumnos habían recogido su trabajo calificado.
—Tengo que decir que me siento muy decepcionado con lo que he leído, excepto en unos pocos casos. Me asusta… me asusta mucho el concepto que tienen sobre la magia y como ha de usarse, para beneficio y disfrute —comentó Batts negando con la cabeza—. Tendrán que esforzarse… emplearse al máximo para aprobar esta asignatura. Que por si lo dudaban, es necesaria… muy necesaria para pasar a su último curso en Hogwarts. Si no la aprueban con un mínimo de Supera las Espectativas, no ingresarán en séptimo.
Las expresiones de desagrado y mal humor llenaron el aula.
—¿Cuál ha sido tu nota? —le preguntó Grace a Johnny cuando hubieron salido.
—Un cero —respondió secamente.
—¡¿Cero?! ¡¿Tú?! —la pelirroja no salía de su asombro.
—¿Qué puñetas has escrito? —Will frunció el ceño—. Para aprobar bastaba con poner lo que él quería leer, y ya está.
—Exacto —la ravenclaw asintió.
—Básicamente he utilizado los cinco pergaminos para decirle, de forma educada, por dónde se puede meter el libro y sus opiniones —contestó Johnny.
—Entonces casi lo mismo que yo —Lisa torció el gesto con enfado.
—Pues vais a tener que ceder para pasar a séptimo —les dijo Elyon—. Si yo he podido, vosotros también.
—¿Y si no queremos ceder? —la morena la miró dolida.
—Tenéis que ceder. Eso, o no volvéis el año que viene a la escuela —insistió la semielfa.
—¿Dónde está la chica rebelde de la que me enamoré? —le dijo Johnny atónito.
—Se fue, después de casi morir y perder un brazo, y poner en peligro a todo el colegio —se limitó a contestar.
—Este curso está muy rara, ¿ha empezado con el pie izquierdo o qué? —le susurró el hufflepuff a Grace.
—Si yo te contara…
—Pues cuenta, cuenta, que soy todo oídos —la animó el tejón.
La pelirroja negó con la cabeza poniendo los ojos en blanco.
…..✦…..
Expiró profundamente acompañando sus movimientos, con los ojos cerrados, dejando la mente en blanco. De cada vez le era más fácil realizar los ejercicios de meditación y, poco a poco, ganaba resistencia tal y como le había dicho Rasmu. Todo ello la había ayudado a mejorar sus dotes de rastreadora, algo muy útil para que no la sorprendieran haciendo algo que le habían prohibido tajantemente. Aunque para practicar meditación se escondía en el linde del bosque, en un pequeño claro que había encontrado por casualidad, prefería cerciorarse de que ningún alumno o profesor la encontraba haciendo los ejercicios.
Algunos pequeños animales se habían acercado al claro atraídos por la magia que ella extraía y mantenía en su interior para ejercitar su resistencia, pero todos mantenían una distancia prudencial y algunos de ellos, tras unos minutos, se volvían a ir tras perder el interés o descubrir de qué se trataba.
A lo lejos vio, o más bien sintió, acercarse a un pequeño grupo de estudiantes. Dejó los ejercicios, abrió los ojos y se dispuso a salir de allí. Esperó a que pasaran de largo antes de salir de entre los arbustos.
—Cuando empecé el curso no esperaba esto —bufó uno de ellos, un alumno de ravenclaw de primer año—. Se supone que aquí aprendemos magia y esas cosas, si luego nos regañan cuando la usamos, ¡nada tiene sentido!
—Pues sí, para esto podría quedarme en casa y estudiar por mi cuenta.
—¿Y las asignaturas de Pociones, Herbología y las demás en las que no se necesita varita? —le recordó su compañero.
—Bueno… vale, no sería tan fácil estudiar en casa, pero al menos allí no me castigan por usar varita.
Elyon hizo una mueca. Estaba claro que al menos uno de ellos había recibido una sanción por uso indebido de la magia fuera de las aulas. Batts se estaba ganando la animadversión de todo el colegio con rapidez. A ese ritmo desbancaría a Snape como el profesor más detestado de Hogwarts, ya que al menos este último tenía a los slytherins de su parte.
…..✦…..
La clase escuchaba con atención la explicación de su profesor, que los miraba con seriedad.
—Esta poción, aparte de ser especialmente complicada, es peligrosa si se hace mal. Por lo que si veo a alguno de ustedes llevándose parte de ella, será castigado duramente —Snape fijó la vista en Johnny.
—Tranquilo profesor, después de lo del año pasado no quiero tener nada que ver con filtros de amor —bufó el chico.
Sus compañeros rieron.
—Ya… —el profesor arrugó la nariz recordando la escena—. Para que sepan si está bien hecha pasen antes de comenzar por ese caldero que está al fuego. Es Amortentia recién hecha, huelan y memoricen el aroma. Se supone que será lo que… les atraiga emocionalmente, por lo que será diferente para cada uno de ustedes.
Los alumnos se amontonaron alrededor del pequeño caldero.
—¿Tú que hueles? —le preguntó Elyon a Grace.
—Mmmm hierba recién cortada… y cerveza de mantequilla caliente —sonrió ella.
—A mí me huele a humo y escombros —dijo Johnny.
—¡Cuánto romanticismo! —se mofó Elyon.
—Ja, ja ¿Y a ti? —le dijo molesto.
Elyon inspiró hondo. Al principio le olió a humedad y a tierra mojada, a lluvia… luego a un lugar cerrado sin mucha ventilación… a sal y arena… y por último…
—Tortitas, huele a tortitas recién hechas —dijo al fin.
—¿Tortitas? ¿Te has quedado con hambre esta mañana o qué? —el tejón le devolvió la pulla, divertido.
Elyon le sacó la lengua con burla.
—Se acabó la cháchara. Vuelvan a sus sitios de inmediato y en silencio a partir de ahora, o empezaré a restar puntos.
Todos corrieron a sus respectivos calderos para empezar a trabajar. Snape se dispuso a apagar el caldero de muestra para dejar reposar la poción y evitar que su olor se mezclara con el de las pociones de los alumnos, y les hiciera creer que estaban haciendo un buen trabajo cuando era posible que no fuera así. Al acercarse al caldero le pareció oler a lluvia y barro, y a limón, sobre todo a limón. Levantó ligeramente la mirada y buscó a la semielfa. Tortitas, había dicho que a ella le olía a tortitas recién hechas ¿Puede que a las del desayuno en el camping? ¿A las de esa mañana en la que él le enseñó a prepararlas entre risas? Se alejó con un respingo de la poción. "Maldita Amortentia" pensó con una mueca de desagrado.
Cuando acabó la clase muy pocos habían podido terminar la poción, menos aún habían conseguido que fuera efectiva y no tóxica. Antes de salir del aula Elyon miró sobre su hombro. Snape estaba borrando las instrucciones de la pizarra. Se acordó de la mañana en la que él la había enseñado a preparar tortitas, la primera vez que lo había visto reír de corazón. "Maldita Amortentia" pensó suspirando antes de subir los escalones que daban al vestíbulo del castillo.
…..✦…..
En el desayuno recibió tres cartas, una de Remus, una de Heon y otra de su abuelo. Esta última la guardó en su bolsa sin abrirla, como había estado haciendo con todas desde su vuelta a Hogwarts. Abrió la de su tío. Solo era un trozo de pergamino escrito en élfico que decía: "Responde a las cartas de tu abuelo, por favor". Con un bufido de cansancio guardó la carta junto a la de Azrael.
—¿Has llegado a abrir alguna de las cartas de tu abuelo? —le preguntó Lisa.
—No, no hasta que admita que está equivocado respecto a la destitución de Snape —le dijo ella.
—¿Y cómo lo sabrás si no las lees? —Will alzó una ceja.
—Sé que solo quiere que vaya a esas malditas reuniones diplomáticas.
—¿Pero qué más da que no lo restituya? Snape es un capullo que, además, últimamente te trata fatal, deberías darle las gracias de que te lo haya quitado por fin de encima y solo tengas que aguantarlo como tu profesor, que ya es más que suficiente —le dijo Johnny irritado, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Elyon se levantó de la mesa con los labios apretados y salió del Gran Comedor sin ni siquiera llevarse su bolsa de estudiante.
—¡Elyon, ¿a dónde vas?! —le gritó Lisa sin entender su reacción.
Grace le plantó una colleja a Johnny con fuerza.
—¡Au! ¿Pero qué he hecho ahora? —se quejó sintiendo el calor extenderse por su nuca.
—Hablar, eso has hecho, como siempre —le dijo la pelirroja cabreada.
Elyon miraba el exterior a través de las puertas abiertas del castillo, desde lo alto de las escaleras de mármol. Unas lágrimas silenciosas resbalaron por sus mejillas "Estúpida, estúpida, estúpida" gritó una voz en su cabeza "¿De verdad lo necesitas tanto? Él a ti no, nunca te ha necesitado, ni le has importado más allá de las órdenes de Dumbledore. Niña estúpida… ¿De verdad creías que esto no iba a pasar en algún momento? Él es mayor, seguramente estará con Zelda, y además eres mestiza… ¿Qué podría ver en ti que no supere con creces cualquier otra mujer?" Elyon contuvo el aliento un momento, todo ese torrente de emociones y pensamientos caóticos… Se acordó de la pregunta de Grace "¿Te gusta Snape?" ¿Y si resultaba que la respuesta era sí? ¿Y si realmente después de todo ese tiempo conviviendo, viendo lo peor y mejor de él, había encontrado en su profesor algo que nadie más podía ofrecerle, algo que no quería que ningún otro le ofreciera? Se acordó de sus ojos negros, fríos y cálidos al mismo tiempo, de su forma de mirarla, de sus sonrisas socarronas, su tosca manera de animarla cuando estaba triste o agobiada… Se llevó las manos a los oídos intentando acallar su mente, apretando los labios para no romper a llorar "¿Y qué más da si ahora sabes que estás enamorada de él? Ya es tarde, niña tonta. Siempre ha sido tarde" Sintió que la observaban y se giró con un respingo.
Allí estaba él, mirándola. La joven se apresuró en secarse las lágrimas. Ninguno de los dos dijo nada, simplemente se miraron envueltos en un silencio tenso. Finalmente Snape apartó la vista y se dirigió al Gran Comedor. "Basta, se acabó. Esto no lleva a ninguna parte. Supéralo" pensaron al unísono. Elyon se sentó en el primer escalón tras verlo marchar y rompió a llorar en silencio.
…..✦…..
La tarde del domingo Lisa, Elyon, Judith y las demás estaban sentada en la Sala Común, comentando las últimas clases de la semana cuando Cathy entró llorando. Lisa se apresuró a ir a ver qué pasaba.
—Lo he perdido —sollozaba la niña—. De repente me he dado cuenta de que no lo tenía.
—¿Qué has perdido? —insistió su hermana.
—Lo siento, de verdad que lo siento —lloraba desconsolada—. No me he dado cuenta.
—Cath, dime qué has perdido para poder ir a buscarlo —insistió la morena con calma.
—El amuleto de la abuela —sorbió sonoramente por la nariz.
—No te preocupes, vamos a buscarlo —le sonrió.
—¿Qué pasa? —Elyon se acercó preocupada.
—Cathy ha perdido un amuleto familiar que llevamos siempre durante nuestro primer curso en Hogwarts, lo colgamos de la mochila —se acercó al oído de Elyon—. Es una chorrada para darnos ánimos y combatir la nostalgia de estar lejos de casa por primera vez.
—Os acompaño —sonrió la semielfa.
Salieron al pasillo y la gryffindor puso los brazo en jarras, arrugando la nariz, pensativa.
—No lo vamos a encontrar simplemente mirando, el castillo es enorme —comentó sacando su varita y colocándola sobre su palma abierta—. Invéniere.
La varia empezó a oscilar sobre la mano, como si de una brújula se tratase, hasta que finalmente se quedó quieta señalando una dirección.
—Vamos.
Las tres se pusieron en marcha. Llegaron hasta el aula de Transformaciones, pero aún no habían dado con el amuleto.
—Espero que no lo perdieras en los jardines o en los terrenos, porque tardaremos más en encontrarlo —suspiró Lisa.
Su hermana palideció.
—¿Tenía algún tipo de conjuro o magia? De ser así, podría intentar encontrarlo yo —Elyon se acordó de que el rastreo también servía con objetos mágicos.
Lisa negó con la cabeza, con una mueca de desánimo. Tras girar en uno de los recodos del pasillo se toparon de frente con Batts, que se las quedó mirando con el ceño fruncido.
—Buenas tardes —las saludó— ¿Qué están haciendo?
—Buenas tardes, profesor —respondió Lisa con educación—. Buscando un objeto perdido.
—Por lo que veo con ayuda de magia —miró la varita oscilante en la palma de la muchacha.
—¿Cómo si no encontrar algo pequeño en un lugar tan grande? —le dijo Elyon con semblante desafiante.
—Con la vista, como se ha hecho siempre —respondió el hombre alzando una ceja, visiblemente molesto.
—Pruebe a buscarlo usted solo con la vista, a ver cuánto tarda si es que llega a encontrarlo —comentó Lisa irritada.
Cathy miró a su hermana con espanto ante el comentario.
—Veinte puntos menos para Gryffindor por su insolencia —respondió el mago con una sonrisa prepotente, sacando su varita—. Y diez menos por uso indebido de la magia, junto con el requisamiento de su varita durante veinticuatro horas.
Hizo una floritura pedante y la varita de Lisa se separó de su mano. Pero en ese momento quedó flotando entre ellas y Batts, que miró la escena con pasmo. Volvió a hacer la floritura de manera más airada, pero la varita de Lisa no se movió. Intentó cogerla alargando la mano, pero algo le impidió alcanzarla, una extraña fuerza que sujetaba su brazo impidiéndole llegar. Entonces miró a Elyon con enfado, comprendiendo que era cosa suya.
—Esto no es uso indebido, es uso básico —le dijo la semielfa—. No puede retirarle la varita por ello. Si no está de acuerdo, hable con el director.
La joven alargó la mano y pareció arrancar la varita del aire, devolviéndosela a su propietaria.
—Si es lo que desean, iremos a hablar con el director —les dijo visiblemente molesto, pero intentando mantenerse estoico—. Acompáñenme.
Cathy miró a su hermana nerviosa y asustada. Lisa le sonrió y le cogió la mano con fuerza para tranquilizarla. La niña nunca había recibido un castigo en el colegio, menos aún había tenido que visitar el despacho del director.
Dumbledore los recibió con una sonrisa afable.
—Buenas tardes, ¿a qué debo el placer?
A Elyon le pareció que el director desvió ligeramente la mirada de ella con desaprobación.
—Me he topado con las dos señoritas Atler junto con la señorita McWilliams por casualidad en los pasillos, y hemos debatido… compartido nuestras impresiones respecto a lo que sería o no un posible… un uso indebido de la magia. Por lo que hemos decidido recurrir… acudir a usted en busca de consejo y opinión.
—Estoy intrigado, ¿de qué caso se trata? —el anciano las miró sonriente con un ademán para animarlas a contar lo sucedido.
—Señor, mi hermana ha perdido un amuleto familiar en algún lugar del colegio. Acaba de darse cuenta, así que ni siquiera sabemos en qué momento del día ha sido, incluso podría no haber sido hoy —explicó Lisa—. Por lo que hemos recurrido a un hechizo básico de búsqueda.
Dumbledore entrelazó los dedos, pensativo.
—Profesor Batts, lamento decir que en este caso no veo por ningún lado uso indebido de la magia. De modo que agradecería que le devolviera a la señorita Atler los puntos restados, y le deje continuar con su búsqueda, en la que espero tenga suerte —finalizó el mago con una sonrisa afable.
El hombre asintió con educación, intentando disimular su enfado, y salió del despacho. Las jóvenes esperaron unos segundos prudenciales, y también se dispusieron a salir.
—Elyon, por favor, aguarda un momento ¿Podemos hablar un momento… a solas? —el anciano dirigió una mirada a Lisa y Cathy.
La semielfa suspiró y se acercó de nuevo a la mesa del despacho una vez las chicas hubieron salido.
—Sé que esta vez la situación te ha cogido de improviso, pero te agradecería que en el futuro te mantengas al margen en lo que al profesor Batts se refiere —le comentó son seriedad.
—¿Qué quiere decir? ¿Qué no intervenga en los conflictos que puedan salir entre él y mis compañeros?
—Exactamente —asintió el mago—. Es muy propio de ti acudir en defensa de quién lo necesite, y es admirable, pero no en la situación actual. Las cosas aún están tensas entre el Ministerio e Imtar a raíz del ataque del curso pasado.
—¿Tensas? —le joven frunció el ceño.
—No has leído las cartas de tu abuelo, ¿verdad? —el hombre alzó una ceja.
—No.
—Pues deberías —le instó—. Que las contestes o no, es cosa tuya. Pero al menos léelas, para estar al corriente de lo que pasa con tu gente, algo muy importante estando en la situación que estás.
El director hizo una pausa, y se colocó más al borde de la silla, más próximo a la mesa y a Elyon.
—El Tratado de No Intromisión también te afecta a ti y…
—Pero yo estudio aquí —lo interrumpió frustrada—. Soy una alumna más.
—Te equivocas, no eres una alumna más, nunca lo has sido. Entraste aquí para tu protección y porque era deseo de tu madre. Pero ahora que ya sabes toda la verdad, no estás obligada a permanecer aquí. Si quisieras podrías irte a Imtar y olvidarte de todo esto. Nada, ningún tipo de ley te ata aquí, solo tu propia voluntad. Por lo que si el Ministerio hiciera la presión suficiente, me vería obligado a considerarte persona non grata y vetarte los estudios en Hogwarts.
—No lo harán —Elyon negó con la cabeza—. Mi abuelo…
—Tu abuelo preferiría que estuvieras en Imtar. Y de hecho podría obligarte. En parte si sigues aquí es porque probablemente ahora mismo sea más seguro para ti estar en Hogwarts que en Imtar rodeada de sublevados, y en parte quizá porque tu abuelo te respeta más de lo que crees. Si te acabaran expulsando pondrías a tu abuelo en una situación muy difícil, y por consiguiente también a tu pueblo. Si leyeras sus cartas lo entenderías —Dumbledore la miró—. Así que recuerda que Batts aquí es el Ministerio. No lo retes, no añadas leña al fuego, no le des una excusa contra ti o todos saldremos perdiendo.
—Pero su asignatura y sus métodos son absurdos —se quejó.
—Lo sé, y el resto del profesorado también. Pero nosotros somos los que hemos de sobrellevar la situación y poner los límites, no tú ni otro estudiante. Las cosas han de hacerse de determinada manera para evitar daños mayores ¿De acuerdo?
El anciano la miró por encima de sus gafas de media luna. La joven asintió apretando los labios. "No te metas en los asuntos de los magos" es lo que le acababa de decir.
A la salida Batts la estaba esperando.
—Antes se me había olvidado decírselo, ochenta puntos menos por usar la magia contra un profesor —le dijo—. Y siéntase afortunada porque no la castigue.
—Sí… señor —musitó ella de mal humor.
El hombre sonrió complacido.
—Y ahora vuelva a su Sala Común.
Elyon obedeció mientras sentía que le hervía la sangre. No quería tener que acatar las órdenes de Batts, no cuando eran injustas y sin ningún sentido, no cuando sabía que él estaba al tanto de que ella no tenía opción alguna a negarse.
…..✦…..
La semielfa se apoyó en sus rodillas recuperando la respiración. Snape tenía las manos en la cadera mientras intentaba también normalizar la suya.
—Esto ya es otra cosa —Kove asintió complacido.
Esa tarde ninguno de los dos había tenido miramientos. Era como si ambos hubieran decidido que si las cosas no podían ser como antes, entonces no valía la pena volver la vista atrás. Lo único que le preocupaba al elfo era que esa nueva relación que se estaba creando entre ambos se nutría de la rabia y el despecho, de veneno y toxicidad, y no era lo que él pretendía, tenía que ponerle remedio.
—Ya poco más vais a poder aprender peleando entre vosotros —les dijo—. Así que ahora peleareis contra mí, juntos.
Ambos lo miraron alzando una ceja.
—Eso quiere decir que tendréis que sincronizaros entre vosotros para no estorbaros, tendréis que comunicaros, y no es válido sacrificar al otro para vencer.
Snape gruñó molesto, aquello iba a ser un desastre en mayúsculas, Elyon lo entorpecería todo el tiempo. Trabajaba mejor solo.
—Es muy importante aprender a pelear en equipo, como si fuerais una sola mente, un solo corazón.
Ambos se miraron de reojo, incómodos. El elfo se colocó entre los dos con la espada de prácticas en la mano. Elyon sujetó la suya con fuerza con ambas manos, apretando los labios, preparada. Snape hizo girar la suya con un movimiento de muñeca antes de colocarse en posición de ataque. La semielfa lo miró, y de algún modo supo que le estaba cediendo el primer golpe, así que no se lo pensó. Como era de esperar Kove lo bloqueó con facilidad. En ese momento Elyon lo atacó por la espalda, pero su maestro la vio venir, la esquivó, cogió su brazo y la colocó con rapidez entre él y Snape justo cuando el chico volvía al ataque. La joven sitió una punzada fría atravesarle el pecho, y miró con asombro y rabia la espada de prácticas clavada en su tórax. Luego levantó la vista y miró a Snape.
—Gracias —le dijo con sequedad.
Él retiró la hoja con un gruñido.
—Su torpeza no es culpa mía —le dijo sin más.
Ese maldito trato formal, cómo lo odiaba viniendo de él.
Volvieron a intentarlo. Esa vez Snape se metió en medio de su movimiento, con lo que la hizo tropezar y caer al suelo. El chico a su vez perdió el equilibrio dejando un flanco desprotegido, en el que Kove clavó la espada.
A medida que siguieron las escaramuzas, los fallos se siguieron multiplicando gracias a los nervios y la frustración creciente cada vez que uno de los dos estorbaba al otro. En uno de los ataques, Kove se movió casi al mismo tiempo que Snape, girando sus posiciones, el chico dejó una pierna mal colocada, Elyon tropezó y falló el golpe por pocos milímetros. Con un grito de rabia la chica se dio la vuelta y clavó la espada en el abdomen de Snape.
—¡¿Pero qué diablos haces?! —le gritó furioso.
—¡Deja de estorbarme! ¡No haces más que ponerte en medio y no me dejas hacer nada!
—¡Porque no sabes hacer nada! ¡Si fueras capaz de hacer un ataque medianamente decente no tendría que acercarme tanto a Kove! ¡Que seas una inútil no es culpa mía!
Entonces el elfo vio como la chica apretaba sus manos entorno a la empuñadura de la espada, que seguía clavada en el abdomen de Snape, y cómo los ojos de la joven parecían adoptar un verde con tintes dorados. Sintió crecer la ira en ella y cómo la Corriente de Magia cambiaba y se concentraba alrededor de la joven.
—Se acabó por hoy —Kove se apresuró en coger la empuñadura de la chica y retirar la espada de Snape—. Con esta actitud nunca podréis trabajar en equipo.
—Puede que yo no quiera trabajar en equipo —gruñó la chica.
Miró a ambos y salió de la mazmorra descalza y dando un portazo. Kove suspiró. Snape se llevó una mano al abdomen. Se suponía que esas hojas producían frío, pero justo cuando su maestro había retirado la hoja, juraría que había sentido un calor creciente, y la zona ahora le molestaba un poco.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, no es nada —el chico le quitó importancia.
Aun así su maestro se acercó, levantó la camiseta y examinó la zona. Parecía estar bien.
—No le aprietes tanto —le dijo el hombre con cansancio.
—¿A quién? ¿A Elyon? Ha sido ella quien se ha puesto hecha una fiera y me ha atacado —protestó.
—Está pasando por una fase difícil de aprendizaje, está sufriendo cambios… por tu bien, no la provoques —insistió Kove recogiendo el material.
Snape miró la puerta cerrada. Mientras discutían, había visto de nuevo aquella sombra en los ojos de Elyon, una sombra más nítida, dorada ¿Acaso no estaban siendo imaginaciones suyas?
—Esos cambios se llaman adolescencia —le dijo Snape con hastío quitándole importancia a la situación—. Todos pasamos por ella, aunque algunos, como Elyon, la sobrellevan peor que otros.
Kove soltó una risotada.
—Pagaría por haber visto la tuya, tanto que la criticas.
Snape lo fulminó con la mirada.
—Al menos ha ayudado a que la tutearas por un momento —le dijo su maestro.
El chico entornó los ojos y fue a calzarse. Kove suspiró profundamente y le dio la espalda a Snape mientras acababa de meter el armamento de prácticas en la bolsa. Un escalofrío le recorrió la espalda rememorando lo que había pasado minutos antes. El problema de Elyon se agravaba por momentos, necesitaba encontrar la manera de equilibrarla, y se le acababa el tiempo.
…..✦…..
El cuervo se posó frente a su bol de cereales. Traía una carta atada a la pata. Elyon lo miró fijamente. Entonces el animal graznó y se picoteó la pata para intentar soltar la carta. Todos los alumnos la estaban mirando con atención, era la primera vez que un cuervo tan enorme traía correspondencia. El animal volvió a graznar y la joven desató la carta. Como era de esperar, la enviaba su abuelo. "Por favor, léela" ponía en el sobre. La semielfa suspiró con fastidio, y como había hecho con todas, se dispuso a meterla en su mochila sin abrirla. El cuervo graznó con energía e intentó picarle para que no lo hiciera.
—No voy a leerla —le dijo la chica con enfada.
Entonces el animal se irguió aleteando con fuerza, graznando con tanta intensidad e insistencia, que muchos compañeros se taparon los oídos, molestos.
—¡Vale! ¡Vale! —le dijo sacando la carta— ¿Ves? Ya la abro, cállate ya.
Abrió el sobre entre los insufribles graznidos.
—¡Mira, la estoy leyendo! ¡Basta ya! —le gritó.
Entonces el animal guardó silencio.
—Esto ha sido peor que un vociferador —se quejó Lisa destapándose los oídos.
Elyon centró su atención en la carta de su abuelo, antes de que el cuervo volviera a ponerse a graznar.
"Siento mucho que te fueras de Imtar enfada conmigo. Me duele muchísimo, pero el tema de tu Protector es algo en lo que no puedo ceder, puede que algún día entiendas mi postura y mis razones. Pero dejemos por el momento ese delicado asunto.
Es necesario que leas con urgencia las cartas que te he estado enviando. Si has estado leyendo El Profeta, sabrás que la situación es algo más que tensa entre magos y criaturas mágicas después de los altercados provocados a raíz del estafador de Gringotts.
Ese duende no es trigo limpio, pero no podemos permitir que sea juzgado en el Wizengamot. Un tribunal en el que no están representadas las sensibilidades del resto de criaturas mágicas no puede dar un juicio justo. Dumbledore está de acuerdo, pero es uno de los pocos que piensan así en el Wizengamot que él preside, y por lo tanto no puede posicionarse públicamente sin exponerse a que lo cesen, cosa que provocaría perder una baza importante en favor de la igualdad en el mundo mágico.
Si lees el resto de cartas sabrás que no es un caso aislado. Puede que te hayas enterado de algunas cosas por El Profeta, aunque la mayoría están manipuladas, sospecho que por el sector más conservador del Ministerio. Tampoco descarto que los sublevados puedan estar detrás, esta escalada de tensión los beneficia enormemente. Debemos sosegar los ánimos de ambos bandos para evitar que ocurra una tragedia.
Entre los duendes ya se vuelve a hablar de guerra. Normalmente no hago caso a sus rumores, pero esta vez parecen serios y el juicio al estafador podría ser el detonante. Debemos dejar que los propios duendes lo juzguen, pero debemos asegurarnos también de que recibe un castigo justo si es culpable, por lo que una vez más los elfos hemos de ser mediadores entre ellos y los magos.
El juicio se celebrará en breve, y seré uno de los jueces para equilibrar ambos bandos. Me gustaría que asistieras, no como jueza ni mucho menos, ni como mediadora, ya que me supongo que no te sentirás cómoda en una situación así y tienes muy poca experiencia en temas tan delicados. Pero sí como oyente, para que sigas familiarizándote con tus deberes y con la realidad del mundo mágico fuera de los muros protectores de Hogwarts.
Espero tu respuesta.
Te quiere,
tu abuelo".
Elyon se mordió el labio al terminar de leer la carta. No era lo que esperaba encontrar en ella. El cuervo ladeó la cabeza al ver su expresión y finalmente se fue volando.
—Vaya, tu abuelo tiene unos métodos de persuasión muy directos —comentó Johnny sentándose a su lado— ¿Y esa cara?
—Hace unas semanas tú y Will comentasteis algo de un duende que había estafado a varios magos, ¿no? —le preguntó.
—¿Varios? Nada más y nada menos que a ciento tres magos, la gran mayoría ricachones Sangre Limpia. Se ha embolsado una fortuna —bufó.
—¿Y has leído algo más al respecto?
El chico se revolvió el pelo pensativo.
—Creo que hace unos días hubo un enfrentamiento entre algunos agentes del Ministerio y los duendes de Gringotts cuando se presentaron allí para arrestar al timador. Se cruzaron gritos y algún empujón, pero creo que nada más ¿Por?
La joven le pasó la carta de su abuelo. Johnny se la quedó mirando alzando una ceja.
—Yo no se leer esto.
—¡Oh! Es verdad… en resumidas cuentas mi abuelo me ha estado escribiendo para explicarme la situación entre las criaturas mágica y el Ministerio. No tiene buena pinta… Quiere que vaya como oyente al juicio de ese duende —explicó a grandes rasgos.
—¿E irás? Ese juicio va a tener mucha repercusión mediática —Lisa se la quedó mirando.
—Pues… tengo que pensarlo….
De pronto la charla con Dumbledore cobró sentido. El mantenerse al margen de los asuntos de los magos y el no enfrentase a Batts. El curso pasado ya había cruzado la línea con el Ministerio, estaba en el punto de mira desde hacía tiempo, si no iba con cuidado, podría empeorar la imagen de los elfos y el resto de criaturas mágicas. No podía tensar una cuerda ya tensada en exceso, o se acabaría rompiendo.
—¿La biblioteca tiene los números antiguos de El Profeta? —les preguntó.
—Sí, tiene una sección de prensa con varios periódicos, revistas y gacetas ¿Qué pretendes? —Johnny frunció el ceño.
—Tengo que ponerme al día con unas cosas —comentó levantándose.
Fue a su cuarto a por el resto de cartas y luego se dirigió a la biblioteca. Sentada en la mesa, rodeada de la prensa de las últimas semanas, comenzó a leer las cartas de su abuelo. Las primeras eran sobre el tema de su Protector, el malestar que le producía que estuvieran peleados y las pequeñas mediaciones casi cuotidianas que se daban en Imtar. Las últimas se centraban en el tema del duende de Gringotts y sus consecuencias, así que comenzó a contrastarlas con los diferentes artículos periodísticos. A raíz del timo del duende, se habían sucedido algunos pequeños altercados contra negocios menores de duendes ubicados en el Callejón Diagón y del Sauce por parte de afectados, familiares de estos o amigos. Respecto a esto último los periódicos habían dicho poco o nada, pero su abuelo comentaba que había crecido la inquietud y la sensación de vulnerabilidad en el Callejón del Sauce, y que ello podía desencadenar problemas aún mayores que podían extenderse hasta más allá de ambos callejones.
Elyon se pasó las manos por el pelo para retirárselo de la cara, echando hacia tras la cabeza con un suspiro. Todo aquello la agobiaba, le quedaba grande.
…..✦…..
Los alumnos estaban impacientes frente a las puertas del Gran Comedor esperando el inicio de la segunda sesión de Duelo. La sala finalmente se abrió.
—¿Te apetece volver a repetir conmigo? —le preguntó Elena.
—¿De verdad? ¿Después de lo que pasó la última vez? —Elyon la miró sorprendida.
—Tengo la sensación de que si me enfrento a ti, aprenderé más rápido que los demás —sonrió la slytherin—. Y ya sé a qué me enfrento.
—Por mí encantada —la semielfa sonrió emocionada.
Antes de que pudieran entrar, Snape salió de la estancia.
—Creo recordar que en la última clase le dije que no volviera —le dijo a Elyon con frialdad.
—Pensé que no iba en serio —comentó sorprendida.
—¿Tenía o tengo cara de estar bromeando? —la fulminó con aquellos ojos negros y fríos.
—No, señor —ella apartó la mirada dolida.
—Pero profesor… —intervino Elena.
—Si no quiere correr la misma suerte que McWilliams, le aconsejo entrar y continuar con la pareja que le asigne la profesora Croft —la interrumpió sin mirarla.
La joven obedeció decepcionada y molesta.
—Esto no es justo, fue un accidente… no volverá a pasar, yo…
—No es una bruja —le dijo tajante—. Como mestiza le veto la optativa por la seguridad de sus compañeros.
—No eres el profesor, solo el ayudante —le espetó con los dientes apretados.
—¿Quiere que entre a buscar a la profesora Croft a ver qué opina sobre esto? —el joven alzó una ceja con indiferencia.
—¡No! —se apresuró a responder— Solo quiero que me escuches, podemos solucionar esto de forma adulta solo… Necesito seguir aprendiendo.
—Necesita saber dónde está su lugar.
Aquel comentario la hirió.
—Snape, por favor… —alargó la mano para coger la suya.
—Profesor Snape —puntualizó poniendo su mano fuera del alcance de la chica.
Los ojos de la semielfa se llenaron de lágrimas de frustración.
—¿Algún problema? —Batts se acercó a ellos curioso.
Ambos se giraron con un respingo ante la inesperada interrupción.
—Nada fuera de lo habitual —respondió Snape.
—¿La señorita McWilliams no debería estar en clase de Duelo? —miró a la joven.
—La profesora Croft y yo hemos decidido que es mejor que no asista por el momento.
—Sí, he escuchado del accidente que hubo la última vez. Eso demuestra que por mucho que se quiera negar, cada cosa tiene su lugar, y no es bueno el desorden. Hay mezclas incompatibles —Batts se la quedó mirando con intensidad—. Usted, como profesor de Pociones, debe de saberlo muy bien.
Snape colocó una mano en el hombro a Elyon y la atrajo ligeramente hacia él de forma protectora, alejándola del mago.
—Perfectamente —respondió—. Pero muchas mezclas, en su justa medida y en el momento adecuado, también dan resultados excelentes.
El hombre miró al chico y asintió.
—Supongo que tiene razón.
Finalmente el mago se fue por donde había venido. Elyon giró la cabeza y miró a su profesor, la había defendido de Batts.
—Gracias —le sonrió.
—Vaya a su Sala Común —la despidió él con un suspiro.
Entró en el Gran Comedor preguntándose si había hecho lo correcto o no. Había intentado evitar a Batts todo ese tiempo, no quería problemas con trabajadores de alto rango del Ministerio teniendo en cuenta su pasado como mortífago. Sin embargo se había metido en medio… ya no era su Protector, pero había salido en defensa de Elyon sin ni siquiera darse cuenta ¿Cómo había podido permitirlo?
—¡Señor Lee, la varita a la altura del pecho como mucho! —regañó a uno de los alumnos antes de que hiriera a su contrincante.
…..✦…..
Tras la clase criaturas mágicas, Dumbledore fue a buscarla a los terrenos. Los alumnos lo miraron sorprendidos e inquietos. No era común ver al director fuera de su despacho o el Gran Comedor, mucho menos durante el horario escolar.
—Buenos días, profesor ¿Ha pasado algo? —Elyon lo miró preocupada.
Johnny y Grace los miraron con interés.
—¿Leíste la última carta de tu abuelo?
—Sí.
—¿Y qué has decidido?
—Ammm… no lo sé —la joven se encogió de hombros—. Supongo que debería ir, pero después de lo del año pasado… no quiero empeorar las cosas apareciendo por allí.
—Deberías ir, que les den a esos idiotas —le dijo Johnny.
—Señor Tonitini, ¿usted no quería ser auror? —le preguntó el director, él asintió—. Pues le aconsejaría que no lo escucharan decir esas cosas en alto, aunque todos lo pensemos.
El hufflepuff torció una mueca con culpabilidad.
—El juicio se celebrará el próximo jueves en el Valle de Godric, es la zona más neutral que se ha podido encontrar. Irán varias figuras de autoridad, los afectados y supongo que algo de prensa. Si decides venir, te espero en mi despacho a las ocho de la mañana, vestida de forma adecuada a tu procedencia.
—¿Y las clases?
—No te preocupes por ellas.
Dumbledore volvió al interior del castillo.
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó Grace.
—¿Tengo opción de escaparme y cambiar mi identidad?
—No lo creo —rio Johnny.
—Entonces tengo una semana para decidirlo —suspiró con un nudo en el estómago.
Grace le dio unos golpecitos de ánimo en el hombro mientras se dirigían a su siguiente clase. Por un breve momento deseó que todo volviera a ser como hacía dos años, cuando no sabía quién era realmente y tenía solo las responsabilidades de cualquier otro alumno.
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