6º curso. Capítulo 2
Inspiró profundamente con los brazos en jarras mientras miraba la ropa de su tía Iyala, que había sacado del baúl y ahora estaba estirada sobre la cama. Una camisa larga y ancha, de color gris claro, que acababa en picos sueltos y asimétricos, un cinturón ancho de piel oscura que ponerse encima, unos pantalones gris oscuro casi negro, unos botines de piel y una bufanda azul oscuro de hilo fino, muy ancha, para poder abrigarse y taparse al mismo tiempo la cabeza, como si de una capucha se tratara.
No le apetecía nada tener que ver a su abuelo, seguía enfadada con él. Y tampoco le apetecía nada ir al juicio y tener que tratar con los magos del Ministerio. Por increíble que pareciera, prefería quedarse en Hogwarts yendo a clase y haciendo deberes. Pero tenía que ir. Era lo que todos esperaban de ella. Su obligación. "¿Por qué tuvieron que desaparecer el resto de las Grandes Familias?" pensó con fastidio. Por un momento quiso volver a guardar la ropa en el baúl y desentenderse de todo, pero una parte de ella se sintió culpable. El resto de los elfos habían sufrido por ella, no podía ignorarlos a ellos y a la Comunidad Mágica. Se lo debía, era su herencia.
Finalmente comenzó a vestirse suspirando de mal humor.
…..✦…..
—Por tu aspecto, diría que al final has decidido ir —comentó Lisa en el desayuno.
Ella asintió con una mueca de resignación, sentándose a la mesa.
—Te sigo viendo rarísima así vestida, es como si fueras otra persona —le dijo Johnny, señalando su conjunto con la cuchara que se estaba usando para tomar los cereales del desayuno.
—Gracias —le respondió Elyon, molesta.
—Otra persona más guapa —añadió el chico para arreglar la metedura de pata.
—Tarde —lo cortó la semielfa comenzando a desayunar.
Johnny arrugó la nariz con culpabilidad.
—¿Y cuándo estarás de vuelta? —le preguntó Grace.
—Pues espero que hoy mismo. No quiero perder muchos días de clase. Además, fijo que todo será aburrido y frustrante.
—Seguro que no será más aburrido y frustrante que las clases de Batts —rio Will.
—Ojalá —suspiró la joven con una sonrisa resignada.
Snape la miraba desde la mesa de los profesores, tamborileando con sus dedos sobre la superficie de madera. Vestida con la ropa típica de su pueblo, estaba claramente fuera de lugar allí, entre el resto de jóvenes uniformados con túnicas negras. Parecía que finalmente había decidido acompañar a Dumbledore al juicio. Eso quería decir que no asistiría a Pociones, lo que a su vez significaba que podría dar una clase tranquilo por fin, sin preocuparse continuamente por no mirarla. Le encantaba verla concentrada en su caldero, preparando con delicadeza cada ingrediente, colocándose continuamente el pelo tras las orejas para que no le molestara cuando no lo llevaba sujeto en un recogido. Cerró los ojos con hastío. Estaba volviendo a las malas costumbres. A pensar en ella continuamente. Creía haber dejado eso atrás ese curso, tras no haberla visto en todo el verano y tratarla con frialdad en sus clases de ese nuevo año escolar. Pero Kove había tenido que insistir en retomar las clases de Defensa juntos, a pesar de que estaba claro que él sabía perfectamente lo que sentía por la chica. Su maestro tenía que haber impedido, precisamente por eso, volver a reunirlos bajo las mismas cuatro paredes, más aún cuando él ya no era su Protector.
No entendía qué pretendía el elfo, y tampoco quería preguntárselo, le daba miedo la respuesta. Solo sabía que parecía que estaba retrocediendo paso a paso, hasta el mismo punto del curso pasado. Y era cierto que se había seguido entrenando con Kove, pero no para volver a ser el Protector de Elyon, si no para demostrarle a Azrael que se equivocaba con él. Que era infinitamente mejor de lo que el elfo creía, y que había desperdiciado con su decisión una buena oportunidad.
Elyon se levantó de la mesa Gryffindor y salió del Gran Comedor para ir al despacho del director. Y una pequeña parte de él deseó poder acompañarla.
…..✦…..
Llamó suavemente a la puerta del despacho antes de entrar. En el rostro de Dumbledore apareció una enorme sonrisa cuando la vio pasar vestida como un verdadero elfo.
—Albergaba mis dudas respecto a si vendrías o no —le dijo a modo de saludo.
—Yo también las he tenido… bueno, las sigo teniendo —respondió con seriedad.
—Entonces démonos prisa, antes de que cambies de opinión —el director le tendió la mano.
Se aparecieron frente a un edificio de piedra, una casa grande, a las afueras del pueblo, rodeada por un muro alto también de piedra y arbustos densos muy bien cuidados y podados, que ocultaban a los magos que iban llegando de la vista de los habitantes del lugar.
No se demoraron en entrar. El enorme vestíbulo estaba a rebosar de gente y el zumbido de las conversaciones lo inundaba todo. Varios reporteros pululaban entre los asistentes, haciendo preguntas, fotografías y escribiendo sin tregua en sus libretas. Elyon tragó saliva, y se apresuró en cubrirse la cabeza con la bufanda. No quería que ningún periodista se le acercara.
Entre los magos distinguió enseguida la melena pelirroja de su abuelo. Junto a él estaba Rasmu y otros seis elfos que nunca había visto. Tres hombres y tres mujeres, todos ellos con expresión seria y un deje de preocupación en la mirada. Iban pulcramente vestidos, increíblemente formales en comparación con Elyon. El director se acercó a ellos seguido por la joven, que intentaba pasar desapercibida entre la multitud, con la vista fija en el suelo.
—Buenos días Azrael —saludó al elfo con un asentimiento de cabeza— ¿Preparado para la jornada de hoy?
—Eso creo… todo dependerá de lo que se caldee el ambiente. Espero que los asistentes se comporten, y sean racionales y justos —suspiró Azrael, sin mucha convicción en sus palabras.
—Por el momento todos dicen estar tranquilos. Se ve una sorprendente intención y deseo de hacer las cosas bien —comentó una de las elfas, de melena azabache y ondulada.
—Siempre dicen lo mismo y ya sabemos cómo suele acabar —gruñó uno de los varones, de larga melena cobriza, recogida con unas pequeñas trenzas para despejar su rostro.
—Intentemos ser positivos esta vez —Rasmu los miró con seriedad.
—Yo he de marcharme, antes del juicio he de hablar con Fudge. Y no conviene que me vean con vosotros más tiempo del necesario, o ya sabemos lo que comenzarán a cuchichear —suspiró Dumbledore—. Dejo a Elyon con vosotros.
Todos los elfos parecieron reparar en ella en ese instante. Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de su abuelo, que se apresuró en ir a abrazarla.
—No sabes lo feliz que me hace que hayas decidido venir.
—Esto no cambia en absoluto nuestra situación —le susurró con tirantez, entre sus brazos—. He venido porque es mi deber, no por ti.
El elfo se alejó de ella asintiendo, visiblemente dolido por las palabras de su nieta.
—Si querías pasar desapercibida aquí, has escogido el vestuario perfecto —le dijo Rasmu con una mirada de aprobación.
La joven le sonrió tímidamente.
—Lo último que quiero, y que necesitamos ahora, es que se centren en mí —suspiró—. Después del curso pasado…
—Sabia decisión —le dijo una de las mujeres elfas que estaban allí—. Soy Ornalis.
La mujer hizo una leve inclinación de cabeza a modo de saludo. Aparentaba rondar los cincuenta años, por su rostro cansado y las arrugas junto a sus ojos. Pero siendo elfa era difícil saber realmente su edad, seguramente rondaría la misma que su abuelo. Su pelo castaño estaba recogido en un moño trenzado.
Elyon le devolvió el saludo.
—Por fin podemos conocerte en persona. Desde luego no puede decirse que no seas hija de tus padres —sonrió otro de los elfos, de lacia melena castaña. La semielfa dibujó una sonrisa triste—. Se agradece sangre joven en el Consejo, hace falta. Soy Ónager.
—Aun no estoy en el Consejo —se apresuró a decir ella.
Todos rieron de forma afable.
—Pero lo estarás, y aunque tardes diez años en estar preparada, seguirás siendo la más joven —sonrió la elfa morena—. Alena.
—Deberíamos ir entrando en la sala. No tardará mucho en dar comienzo el juicio —anunció el elfo más anciano, a juzgar por su pelo blanco y extremadamente corto—. Siento que siendo principiante en estos temas tengas que asistir a algo así. Va a ser largo y tedioso, todos los magos van a optar por declarar por separado, y eso serán muchas versiones de lo mismo.
—Podré con ello —la joven los miró con determinación.
Se abrieron paso entre la gente hasta entrar en una enorme sala con una inclinación igual a la de los cines y teatros. Había muchos bancos de madera para dar cabida a todos los asistentes. Abajo, en el centro, se encontraba el estrado donde debían sentarse los tres jueces, junto a este, un pequeño asiento para el acusado a un lado, y al otro, otro igual para los que debían dar declaración. Un auror se encargaba de mantener el orden e indicar a los asistentes dónde debían tomar asiento. Los bancos de madera a la derecha del estrado estaban reservados para los afectados, y los de la izquierda para la prensa. El resto de los asientos no estaban asignados, pero magos y duendes se estaban separando dividiendo la sala en dos secciones gracias al pasillo central. Elyon y el resto de elfos se sentaron en primera fila, junto al pasillo, en la zona que había escogido los duendes.
—Rasmu, te dejo a cargo de Elyon —le dijo su abuelo con seriedad.
El hombre asintió. Azrael se dirigió a la puerta que había tras el estrado.
—¿Dónde va? —preguntó curiosa.
—A reunirse con Albus y Trefis, el representante de los duendes como juez —le explicó Rasmu.
Momentos después todos los asistentes entraron en tropel en la sala para ocupar un buen lugar. Los miembros del Consejo se levantaron para saludar a los duendes.
—¿Cómo es que no he visto a nadie del Consejo este verano en las reuniones en Imtar? —le preguntó a Rasmu, que no se había levantado para estar con ella.
—El Consejo al completo solo se reúne para asuntos importantes más allá de los cotidianos que viste, o por situaciones de extrema urgencia, como esta. Este Consejo existe simplemente porque no hay más Grandes Familias por el momento, y a tu abuelo le gusta tener otros puntos de vista antes de tomar decisiones importantes. En este caso quiere que estén para que vean el juicio de primera mano, y estén así preparados, los astros no lo quieran, para las represalias que puedan surgir hacia la Comunidad Mágica tras el veredicto.
Elyon asintió. Entre la gente que tomaba asiento vio a Rita Skeeter, que caminaba con prepotencia y una enorme sonrisa, observando a todos los asistentes en busca de algo que escribir. La semielfa se apresuró en bajar la vista y cubrirse mejor con la bufanda. Rasmu vio su nerviosa reacción y miró alrededor, hasta dar con la reportera.
—No debes preocuparte, hoy no te molestará, tiene objetivos más jugosos —le dijo para tranquilizarla—. Además, deberías descubrirte la cabeza, como muestra de respeto y confianza, aquí no tienes de qué esconderte.
Elyon inspiró hondo y siguió su consejo. Era una tontería, pero con la cabeza al descubierto, se sentía desprotegida.
—Háblame un poco más del Consejo.
—Pues… por donde continuo… A excepción de Mandrac, el elfo más anciano de pelo blanco y yo, el resto viven fuera de Imtar, en otros pequeños núcleos de elfos a lo largo de las Islas Británicas. De esta manera estamos al tanto de las cosas que suceden lejos de la ciudad, y conocemos las necesidades reales de nuestra gente. Ellos se encargan del funcionamiento básico y diario de esas zonas.
La semielfa asintió con interés. Rasmu le siguió contando el funcionamiento del Consejo. Como que a veces también buscaban la opinión de Kove al ser el Capitán General de sus fuerzas militares; que Mandrac era muy temperamental, más que su abuelo, y tenía una mentalidad un poco antiguada, por lo que convenía ir con cuidado con él; que Nalima, la elfa de pelo castaño y lacio, se dejaba influir mucho por su prima Ornalis; y que el elfo de melena cobriza recogida en una serie de trenzas, Énimos, era el más joven de todos ellos, y por lo tanto el más impulsivo e inconformista.
Alguien llamó su atención entre los asistentes que aún se movían por la sala en busca de un sitio. Un mago rubio platino con el pelo largo, por debajo de los hombros, que iba acompañado de su mujer, ambos muy bien vestidos. Lucius se giró y sus miradas se encontraron. Él le dedicó una sonrisa maliciosa, haciendo que se removiera incómoda en el banco de madera. El matrimonio tomó asiento en la zona de los afectados que debían dar declaración.
La puerta tras el estrado se abrió. Dumbledore, Azrael y Trefis entraron en la sala, y tomaron asiento con aire solemne. Su abuelo en el centro, Dumbledore a su derecha, frente a la sección que habían ocupado los duendes, y Trefis a la izquierda, frente a los magos.
—Estamos aquí para juzgar y dictaminar sentencia a Perion Magtius, trabajador de Gringotts, por la estafa de un total de cuarenta mil galeones —Elyon puso los ojos como platos, sorprendida al escuchar la enorme cifra—, a ciento tres magos.
La joven hizo un cálculo mental rápido, unos cuatrocientos galeones por mago. Era una cantidad importante para muchos, pero a juzgar por las vestimentas de los afectados, esa cifra tampoco les suponía una fortuna. En ese momento dos aurores entraron en la sala escoltando al duende acusado. El lugar se llenó de abucheos hasta que Perion tomó asiento y fue esposado a su silla.
—Bien —continuó Dumbledore—. El tribunal ya ha estudiado las pruebas documentales, por lo que pasaremos directamente a tomar declaración al colectivo de magos afectados, luego a Gringotts, cuya integridad se ha puesto en entredicho, y finalmente al alegato de defensa del acusado. Como los afectados no se han presentado en un único colectivo con un único representante, ruego por favor que sean claros y concisos en sus declaraciones, ya que van a declarar treinta y seis representantes. Empecemos —alzó un brazo hacia los afectados—. Bárnabas Abbot, en representación de las familias Abbot, Bardey y Greengrass, acuda al estrado.
Un hombre rollizo se levantó, se sentó en el estrado y comenzó su declaración.
La estafa era muy simple: Perion Magtius era un simple operario de vagonetas, que empezó a cobrar por su cuenta comisiones por acceder a las cámaras de alta seguridad. Según el señor Abbot, empezó cobrándoles un galeón, al mes siguiente dos, a los tres meses cinco, y al año ya les cobraba diez. La mayoría de los magos obviamente se habían quejado, pero por lo visto la labia del duende y los documentos que presentaba y que hacía pasar por oficiales, eran suficientes para que la queja no se elevara hasta la dirección de Gringotts.
—Muy inteligente ese duende —comentó Rasmu—. Solo estafaba a aquellos a los que sabía que unos pocos galeones solo les suponía calderilla. A los ricos les ofende discutir por unas monedas, aunque sean de oro.
—¿Y cómo le pillaron entonces? —Elyon estaba intrigada.
—Como pillan siempre a los duendes: por codicia. Es su mayor defecto —respondió Rasmu bajando más la voz y señalando al señor Abbot que parecía estar cerca de concluir su relato de los hechos.
—El último mes ese maldito ratero dedilargo nos quiso cobrar nada menos que treinta galeones por acceder…
La bancada de los duendes empezó a protestar por el insulto racista, y ahogaron la voz del mago. Dumbledore puso fin al griterío y llamó al orden en la sala, reprendiendo al señor Abbot, aunque este no pidió disculpas en ningún momento.
Las declaraciones prosiguieron familia tras familia, a todos les habían estafado más o menos la misma cantidad, y ninguna de las víctimas perdió la oportunidad de insultar al colectivo de los duendes. De forma que el ambiente empezó a crisparse.
Dumbledore, Azrael y Trefis intentaban mantenerse serenos ante los gritos y faltas de respeto. Aun así Elyon pudo apreciar como el duende tenía la mandíbula apretada, y como su abuelo se inclinaba cada poco hacia él susurrándole cosas al oído, seguramente para calmarlo.
Transcurridas casi cinco horas apenas habían testificado la mitad de los afectados, debido a las continuas interrupciones para increpar a un bando y a otro. De modo que se anunció un descanso de media hora para dar tiempo a los jueces de asimilar la información recabada con las declaraciones, y para intentar que los ánimos se calmaran un poco.
Algunos de los asistentes se levantaron para estirar las piernas, y otros decidieron quedarse en sus sitios hablando entre ellos.
—¿Podemos salir a tomar el aire un momento? —le pidió a Rasmu.
El elfo asintió. Agradeció poder levantarse y caminar, los bancos de madera eran duros e incómodos. Inspiró con fuerza el aire fresco una vez salieron al exterior. Le resultó agradable sentir la brisa fría en la piel, no se había dado cuenta del calor que hacía dentro de la sala hasta ese momento.
—¿Quieres un poco de agua? —le ofreció Rasmu.
—Sí, por favor —sonrió ella, cansada.
El elfo se fue en busca de agua. Elyon se desperezó y suspiró mirando los jardines del caserón, y a los asistentes que paseaban por allí, estirando las piernas como ella.
—Por fin nos conocemos —dijo a su lado una voz que arrastraba las palabras.
Al girarse se encontró con un mago alto de larga melena rubio platino, y ojos grises y penetrantes. La observaba con interés, pero también con prepotencia y arrogancia, apoyado en un bastón con empuñadura en forma de cabeza de serpiente.
—Lucius Malfoy —se presentó con una ligera inclinación de cabeza—. Me han hablado mucho de ti. Creo que tenemos un amigo en común.
Y sin previo aviso le cogió la mano y se la besó de forma cortés.
—Sé quién eres, y lo que eres… y no tenemos ningún amigo en común —le respondió con desagrado—. Y tampoco me da pena lo que te ha hecho ese duende.
Lucius aún tenía su mano cogida, cerca de sus labios. Podía sentir la respiración del hombre sobre la piel del dorso de su mano.
—Ya me advirtieron de tu carácter y mal genio —sonrió él, divertido—. Me alegro que no me hayas decepcionado. En ningún sentido.
Elyon apretó los labios con desagrado, mirándolo a los ojos con desafío. Entonces lo vio. Vio lo que Lucius pensaba en esos momentos, lo que le encantaría hacerle. Solo fueron unos segundos, pensamientos rápidos y fugaces. Pero fue suficiente. Vio cómo se la llevaba a rastras del brazo a una sala vacía y oscura, a pesar de que ella intentaba librarse de su agarre, y como cerraba la habitación con llave. Vio cómo, a pesar de sus gritos y su forcejeo, recorría su cuerpo con las manos mientras la desvestía con violencia. Vio como a pesar de su llanto y la resistencia que oponía, finalmente hacía de ella lo que quería, sin miramientos y con brusquedad, como un animal, con una sonrisa cruel en los labios, disfrutando del momento, extasiado. Vio como finalmente ella cedía, como dejaba de importarle que la forzara, como le pedía más.
La joven liberó su mano de la de Lucius con rapidez, perdiendo el color en las mejillas y retrocediendo unos pasos, en shock y claramente turbada. Sentía el corazón retumbar con violencia en su pecho. Se mareó ligeramente. Lucius la miró con una sonrisa divertida. La joven se estremeció, casi había sentido las manos del hombre sobre su cuerpo. Elyon siguió retrocediendo hasta topar con algo, y se giró enseguida, asustada. Rasmu había vuelto con una botella de agua. Se sintió a salvo, y reunió la fuerza necesaria para volver a mirar al mago.
—No vuelvas a acercarte a mí, nunca —le dijo con asco—. O juro que te arrepentirás… muchísimo.
Lucius no se esforzó en disimular una sonrisa socarrona.
—Es una pena tener que prescindir de tu hermosa compañía, pero como desees… princesa —se despidió con una exagerada reverencia burlona.
Antes de entrar en el edificio el hombre volvió a mirarla de arriba abajo, y la semielfa volvió a sentirse vulnerable frente a él, como si estuviera desnuda. Tuvo ganas de echarse a llorar, y seguramente de no estar allí, rodeada de magos, lo habría hecho. No había sido real, pero lo sentía como si lo hubiera sido. Las imágenes y sonidos habían sido tan explícitos… tan vívidos… Con el tiempo se había dado cuenta de que a causa de su herencia élfica, despertaba un gran interés en el género masculino, aunque nunca le había dado mucha importancia. Hasta ahora ¿Cuándo ese interés había cruzado la línea hacia algo más lascivo? ¿Era así como todos pensaban en ella ahora?
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Rasmu, sintiendo su inquietud— ¿Qué ha pasado con ese mago?
Elyon simplemente aceptó la botella de agua con manos temblorosas. Inspiró para poder calmarse.
—¿Podemos entrar ya? —musitó con un hilo de voz.
El elfo frunció el ceño, preocupado.
Al poco tiempo de regresar a sus sitios se reanudó el juicio. La semielfa lo gradeció, ya que así se forzaba a dejar de pensar en lo que Lucius le había mostrado sin darse cuenta.
La media hora de descanso no había bastado para calmar los ánimos de ambos bandos. Siguieron declarando unos pocos magos más con el mismo tono bronco o incluso peor que los que habían declarado antes del descanso. Cuando llegó el turno de declarar a los duendes que habían trabajado en Gringotts durante la duración de la estafa, fueron recibidos por abucheos e insultos por parte de los magos.
—Fíjate en tu abuelo —le susurró Rasmu—. Le doy como máximo diez minutos más para que llegue al límite de su paciencia.
Elyon se centró en él. Aunque parecía sereno, se fijó en que sus manos, entrelazadas sobre el estrado, tenían los nudillos blancos.
—Debido a que no nos llegó ninguna queja, no fuimos conscientes del espolio que provocó el trabajador, ya que el dinero con el que se le pagaba no salía directamente de las cámaras —explicaba uno de los directores de banco, con la cabeza alta y postura orgullosa, haciendo oídos sordos a los murmullos e insultos—. Lo que ha sucedido es una vergüenza para nosotros, algo que no se volverá a repetir. Gringotts está dispuesto a devolver…
—¡No queremos el sucio dinero duende! —se escuchó gritar entre los magos.
—El dinero duende no es más sucio que el que han ganado los magos oscuros con la guerra, el cual guardan en nuestras cámaras. Y en ese sentido, no me siento apenado porque este haya sido robado, ya que muchos de ellos aún se sientan libremente entre nosotros en esta misma sala —aclaró el duende mirándolos con desprecio.
—¡Los duendes deberían acatar las normas del Ministerio! ¡Gringotts debería ser de los magos, no de sucias criaturas ladronas!
Muchos duendes se levantaron entonces de sus sitios profiriendo insultos contra los magos, y estos hicieron lo mismo. Los aurores recorrían con rapidez la sala controlando a los asistentes.
—¡Silencio! —rugió Azrael levantándose de golpe.
Elyon miró a su abuelo con asombro y miedo. Parecía que su presencia lo llenaba todo haciéndose cada vez más grande. Se hizo el silencio en la sala, pero no porque los asistentes hubieran decidido parar. La joven se percató de que muchos seguían moviendo los labios, pero de sus gargantas no salía sonido alguno. Todos parecieron asustarse. Elyon se giró hacia Rasmu para pedir explicaciones, pero ella también había perdido la voz. Miró al elfo asustada y él le sonrió de forma tranquilizadora. El resto del Consejo también se mantenía sereno.
—Es el último aviso para que se mantenga el orden y el respeto en la sala —Azrael habló con calma, pero con autoridad.
Dicho esto, volvió a sentarse, y con un asentimiento de cabeza le dio permiso al duende para que continuara con su alegato. Él movió los labios con inseguridad, pero tras comprobar que había recuperado la voz, prosiguió con soltura.
—¿Qué acaba de pasar?
—La magia de los elfos es mucho más poderosa que la de los magos y la de muchas otras criaturas mágicas —le contestó con calma—. La de las Grandes Familias supera con crecer la de cualquier otro ser vivo. De ahí que sea tan importante tu aprendizaje y concentración. El daño que puedes llegar a hacer es enorme si pierdes el control.
Elyon lo miró con preocupación creciente.
—No te asustes, tu educación va por buen camino. Con el tiempo conseguirás hacer cosas maravillosas sin dañar a nadie y sin morir de agotamiento —Rasmu puso una mano sobre la suya.
La semielfa se sobresaltó por ese gesto tan cercano y retiró la suya, incómoda, recordando fugazmente a Lucius. Rasmu jamás la había tocado salvo para estrecharle la mano cuando lo conoció. Siempre había mantenido las distancias con ella de manera extremadamente formal. La joven lo miró, algo incómoda. Él no pareció molesto por su reacción, realmente no le extrañó teniendo en cuenta cómo solía tratarla.
—Has de saber que el miedo a ti misma es tu peor enemigo —le dijo con seriedad—. Nunca dudes de tus capacidades. En el momento que dudes será cuando falles y tengas realmente un serio problema del que asustarte.
Tras el alegato de los duendes, llegó el turno del acusado. Su defensa consistió en decir que él en ningún momento exigió el pago a los magos, que era una propina por la buena realización de su trabajo, ya que era muy rápido con la vagoneta. Y que los documentos y recibos eran para los magos que deseaban llevar un control exhaustivo de sus gastos.
Los tres jueces se ausentaron tras esa declaración, para, a puerta cerrada, decidir la resolución. Durante la espera el ambiente volvió a caldearse, aunque nadie abandonó su lugar. Los aurores se paseaban por la sala para asegurarse de que todo seguía en orden. Aun así empezó a correr el rumor de que fuera del edificio se estaba reuniendo una gran cantidad de magos, a la espera del veredicto y de lo que él podía implicar.
Elyon se fijó en las caras de los miembros del Consejo frente al rumor. Estaban preocupados. La semielfa se torció atrás el meñique con nerviosismo, tenía un mal presentimiento.
Finalmente los tres jueces volvieron a la sala. Se hizo el silencio absoluto. Era tenso y expectante.
—Tras escuchar el alegato de todas las partes, hemos dictaminado que Perion Magtius es culpable de todos los cargos —anunció Dumbledore.
El acusado, aún sentado y esposado al lado del estrado, se mantuvo con la misma expresión seria y desafiante que había tenido desde el inicio del juicio. Los magos vitorearon, y los duendes se mantuvieron a la espera de la condena.
—Deberá devolver todo el dinero robado, de no ser posible, se le embargarán los bienes hasta alcanzar dicha cantidad o la máxima que le sea posible. Además, deberá cumplir condena por tres años en Fraxis.
El duende respiró con alivio al escuchar aquello. Los magos estallaron en quejas e improperios.
—¿Fraxis? —Elyon jamás había oído mencionar ese lugar.
—Es la prisión que dirigimos los elfos —le explicó Madrac, que estaba sentado a su lado—. Los magos no tienen autoridad sobre ella. De esa forma nos aseguramos que las criaturas mágicas cumplen una condena justa y son tratados con dignidad. Sin humillaciones o vejaciones por su procedencia. Nosotros no tenemos dementores.
—Pensaba que la única prisión que existía aquí era Azkaban —comentó ella.
—Ese horrible lugar que decidieron utilizar como prisión es solo para humanos —le aclaró el elfo—. Un lugar cruel para una especie cruel, por norma general. Si ellos quieren maltratarse así, es cosa suya. Nosotros no permitimos nada parecido para el resto de la Comunidad Mágica.
—Pero allí también hay licántropos.
—Licántropos de origen humano. Los elfos con licantropía, que tienen condena de algún tipo, están en Fraxis —aclaró Mandrac.
Elyon asintió. Estaba claro que al elfo le molestaba sobremanera la justicia del Ministerio, y que no le tenía un especial cariño a los humanos. Empezaba a entender lo que Rasmu había dicho sobre él.
—¡Debería cumplir pena en Azkaban!
—¡Es una vergüenza, saldrá libre en nada!
—¡Azkaban!
—Los elfos nos encargaremos de que se cumpla la cadena completa, y se devuelva el dinero —dijo Azrael con voz calmada.
—¡No es una condena justa! ¡Azkaban!
—¡Favoritismo! ¡Fraxis es una guardería!
—¡Azkaban! ¡Azkaban!
—La condena el cumplirá en Fraxis. Así se ha decidido —zanjó Dumbledore—. Damos por finalizado el proceso.
Los gritos, quejas e improperios siguieron sucediéndose, mientras los magos abandonaban la estancia con indignación. Los aurores tuvieron que mediar para evitar que magos y duendes se enzarzaran dentro de la misma sala. Los reporteros corrían de un lugar a otro tomando declaración y haciendo fotos mientras el acusado, esposado, era sacado de la sala custodiado por varios de sus congéneres y dos aurores.
Azrael se acercó a Elyon y al resto del Consejo.
—Nosotros aún tenemos que atar un par de cabos legales. Llévate a Elyon a Hogwarts —le dijo a Rasmu—. El resto también podéis iros ya. Estad alerta con las posibles represalias.
—¿Seguro que no necesitarás ayuda con nada? —le preguntó Nalima, preocupada.
—Seguro. Podéis marchar tranquilos. La decisión está tomada y hemos avisado a Fraxis. Están esperando el duende.
Los elfos asintieron.
—Elyon, espero que podamos hablar pronto y más tranquilamente sobre el asunto de tu Protector y el estado de nuestra relación —le dijo su abuelo poniendo una rodilla en el suelo, para que sus ojos quedaran casi a la misma altura—. Esto no puede seguir así.
Le cogió una mano con cariño.
—No hay nada de qué hablar hasta que restituyas a Snape —le dijo secamente, soltando su mano.
El elfo suspiró con cansancio.
—Este no es ni el momento ni el lugar para empezar a discutir.
Se escuchó una explosión y varios bancos salieron volando. Había dos duendes y un mago peleándose.
—Rasmu, llévala ya al colegio. Esto va a escapar del control de los aurores de un momento a otro —le dijo poniéndose en pie.
Desde allí podían escuchar los gritos del vestíbulo.
Azrael le acarició la mejilla a su nieta a forma de despedida, y se marchó junto a Dumbledore, que lo esperaba en la puerta que había tras el estrado. El grupo se apresuró en salir de la sala. Nada más entrar en el vestíbulo, Énimos, que iba a la cabeza, recibió un fuerte empujón que lo desequilibró hasta casi hacerlo caer.
—¡Todo es culpa vuestra! —le gritó el mago— ¡Siempre metiendo las narices donde no se os reclama!
El elfo prefirió ignorarlo y siguió su camino. Elyon intentaba no alejarse de Rasmu. La tensión allí dentro estaba fuera de control. Los aurores formaban una barrera para que los duendes pudieran irse sin sufrir empujones o agresiones de los magos. Por desgracia los insultos sí llegaban a sus oídos, y muchos duendes no dudaban en responder o incluso en abalanzarse sobre los humanos. Uno de los magos sacó su varita. Se escuchó otra fuerte explosión. El hechizo por poco dio a uno de los duendes. En ese momento la barrera de aurores se rompió, al ir estos a detener al mago agresor.
—Vámonos, ya —le dijo Rasmu al grupo para que apretaran el paso.
Con esfuerzo se abrieron paso entre duendes y magos. Elyon sintió que su ansiedad crecía, había tanto caos que apenas podía ver contra quien chocaba ¿Y si Lucius aparecía en ese momento y se la llevaba a rastras? Sintió de nuevo el corazón retumbar en su pecho. Rasmu la cogió de la mano con fuerza para que no quedara rezagada. La joven suspiró con algo de alivio, ese agarre le transmitió un poco de seguridad.
Lo que encontraron al salir del edificio fue peor que lo que acaban de dejar atrás.
—Mierda —escuchó gruñir a Mandrac.
Allí fuera se habían congregado más de cien magos, que se quejaban por la resolución de juicio, al otro lado de la barrera que habían conjurado los aurores para evitar que se acercaran más al edificio. Los magos golpeaban con sus manos la barrera, e incluso tiraban alguna piedra que recogían del jardín. Por suerte el muro mágico parecía resistir bien el envite.
—¿Cuándo ha llegado toda esta gente? —preguntó Ornalis visiblemente preocupada.
—¡Por aquí! —un duende les hizo gestos para que lo siguieran.
Entre la multitud los aurores habían abierto un pasillo con la misma barrera mágica, para que los asistentes pudieran marcharse con seguridad. Estaban a punto de salir del recinto del edificio para poder desaparecerse, cuando un mago y un duende se atacaron en el pasillo improvisado. La criatura chasqueó los dedos y el humano salió disparado hacia atrás, golpeando a Rasmu y Elyon, que cayó al suelo atravesando el muro de protección. La semielfa se levantó confusa e intentó volver junto al grupo, pero topó con el muro que no podía atravesarse desde ese lado. Palpó la superficie con nerviosismo, asustada, entre los magos que gritaban con rabia y la empujaban hacia atrás mientras intentaban colocarse en primera fila. Alguien la agarró de la camisa y la hizo voltearse.
—¡Elfos metomentodo! —le gritó el mago.
—¡Suelta! —le gritó ella golpeando torpemente su brazo para que la liberara.
El hombre soltó su camisa una vez la hubo agarrado de la muñeca con fuerza. La joven lo miró aterrada, quería echarse a llorar ¿Iba a llevársela? Entonces una daga, que pareció salir de la nada, se apoyó en la garganta del mago.
—Suéltala —Rasmu lo miró con furia, pero calmado al mismo tiempo.
El mago obedeció y se alejó de ella, con las palmas en alto.
—Volved a vuestro agujero y no volváis a salir. Nadie os necesita aquí —les dijo con desprecio escupiendo a sus pies.
El elfo rodeó los hombros de la chica y se la llevó de allí guardando de nuevo su daga. Elyon vio a Rita Skeeter entre la multitud, mirándolos y apuntando algo en su cuaderno con rapidez. La semielfa rompió a llorar, mientras atravesaban con rapidez los muros exteriores del caserón. Se hizo el silencio. Desde allí no se veía ni se escuchaba el jaleo del jardín, solo el de la calle del pueblo que estaba bastante tranquila, y los sollozos de la joven.
Con la chica aún agarrada, Rasmu se apareció y vieron frente a ellos el castillo junto al lago. Elyon inspiró profundamente intentando calmarse.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó.
Ella asintió limpiándose las lágrimas.
—Solo ha sido un susto.
—He de admitir que me sorprende que no hayas sido capaz de librarte del mago. En la evaluación de Imtar lo hiciste muy bien, y tengo entendido que dejaste muy mal parados a varios compañeros tuyos el curso pasado, tras una emboscada —comentó— ¿Seguro que te encuentras bien?
—No me esperaba algo así —musitó ella, avergonzada.
No iba contarle lo de Lucius, pero las imágenes que le había enseñado aún la seguían turbando. Provocando en ella un miedo que le impedía reaccionar, que la bloqueaba. De haber querido se habría desecho de aquel mago con facilidad, pero simplemente se había paralizado ante el temor a que no quisiera golpearla, sino algo mucho peor.
—Que no se entere Kove… por tu bien —le dijo el elfo con una sonrisa cómplice.
Ella asintió, un poco más tranquila.
—¿Y ahora qué va a pasar con todo lo que ha pasado tras el juicio?
—Habrá que esperar a que las aguas vuelvan a su cauce pronto y que no sigan sumándose cosas a la crispación general que arrastra la Comunidad Mágica desde el fin de la guerra.
Ambos caminaron hacia el castillo con paso ligero.
…..✦…..
Entró en su Sala Común y vio a Lisa y las demás sentadas en los sofás cerca de la chimenea. Se dejó caer junto a su amiga.
—Vaya cara —la morena la miró preocupada— ¿Tan mal ha ido?
—Fatal —suspiró—. Mañana lo tendréis todo en primera plana de El Profeta, seguro.
—¿Y volverás a salir tú? —Judith la miró con preocupación.
—Por Merlín, espero que no —se recostó en el sofá—. Esta vez creo que he pasado desapercibida entre los asistentes. Aunque seguramente sí hablarán del resto de elfos que han ido, y no precisamente bien ¿Y vosotras? ¿Qué tal el día?
—¿Por dónde empezamos? —resopló Alex arrugando la nariz.
Elyon alzó una ceja, visiblemente interesada.
—Batts ha pillado a los de séptimo practicando las lecciones de Transformaciones en un aula vacía, y les ha confiscado las varitas, a todos sin excepción. Dice que no se las devolverá hasta el lunes, ya que por su edad deberían ser más responsable —explicó su compañera.
—Son mayores de edad, no puede hacer eso —la semielfa las miró indignada.
—Eso mismo han dicho ellos. Pero mientras no estén graduados, han de acatar las normas del colegio —le dijo Lisa.
—McGonagall está que echa humo —comentó Allyson—. Creo que ha ido a hablar con Dumbledore, pero no sé yo…
—No creo que lo pueda arreglar —suspiró Elyon.
—¿Sabes algo que nosotros no? —Lisa la miró frunciendo el ceño— Cuando Batts intentó castigarnos, Dumbledore te retuvo un poco más.
—Las cosas están tensas en el Ministerio tras el ataque del curso pasado. Parece que, tal como nos dijiste en la cena de inicio de curso, están paranoicos con lo que nos enseñan aquí.
Sus amigas se miraron preocupadas.
…..✦…..
Ese mismo viernes El Profeta trajo en primera plana el artículo sobre el juicio, con una foto de Perion Magtius siendo escoltado por los aurores camino a prisión.
—Espero que ni nos nombren —la semielfa arrugó la nariz.
—Ahora te lo confirmo —Lisa abrió el ejemplar y comenzó a leer.
La semielfa miró el ir y venir de las lechuzas. Ninguna le trajo correspondencia.
—Cualquiera diría que esperas noticias de tu abuelo —le comentó Grace.
—De él no, pero sí de Remus. Hace unas semanas que no me escribe, y no responde a mis cartas. Estoy preocupada.
—Puede que su novia lo mantenga muy ocupado —bromeó Johnny alzando una ceja con picardía.
Grace puso los ojos en blanco. Elyon apretó los labios, palideciendo ligeramente. Volvió a acordarse de Lucius. Apretó los puños cuando se dio cuenta de que sus manos habían comenzado a temblar ligeramente.
—Madre mía la que se lio tras el juicio —Lisa acercó el periódico a los demás para que pudieran leer.
Caos en el juicio al estafador de Gringotts
Por Rita Skeeter
Ayer en las afueras del Valle de Godric se realizó el juicio a Perion Magtius, el infame duende que durante casi dos años ha estado cobrando comisiones ilegales a respetados magos bajo las narices del resto de los duendes de Gringotts.
El juicio fue presidido por un tribunal mixto formado por el presidente del Wizengamot Albus Dumbledore y por el reconocido jurista semihumano Trefis Wickerb, quien se labró su reputación de jurista como abogado de vampiros y hombres lobo, su caso más conocido es el de los asesinatos de Carfax, en el que consiguió la absolución del vampiro implicado. El Alto Príncipe elfo Azrael también formó parte del tribunal en calidad de mediador, como viene siendo costumbre por parte de los altos elfos el inmiscuirse en los asuntos de las Criaturas.
El proceso arrancó con las declaraciones de los afectados bajo constantes interrupciones tanto del tribunal como de los duendes del público. Prosiguió con las declaraciones del representante de Gringotts, durante la cual hubo una única interrupción por un mago comprensiblemente enfadado. Sin embargo, el Alto Príncipe Azrael reaccionó de forma desproporcionada al enmudecer a toda la sala, lo que con toda probabilidad encendió la mecha para los altercados que se sucedieron tras la resolución del caso.
Finalmente, Perion Magtius fue condenado a devolver el dinero robado, aunque fuentes cercanas al estafador certifican que el duende despilfarraba grandes sumas, por lo que a día de hoy es probable que no quede nada que devolver. También fue condenado a tres años de reclusión en Fraxis, la comúnmente conocida como prisión-guardería de los elfos.
Esta condena fue entendida como muy parcial por los afectados, que ya se habían quejado porque al acusado no se le juzgara exclusivamente en el Wizengamot. Esto desencadenó en una legítima protesta pública a la entrada del caserón donde se celebró el juicio. Los ánimos se encendieron cuando los duendes y la comitiva élfica se dispusieron a abandonar el lugar, hasta tal punto, que la situación escapó al control de los aurores, convirtiéndose en una verdadera batalla campal, en la que los duendes no perdieron la oportunidad de atacar con saña a muchos magos.
Cabe comentar además, que la comitiva del Alto Príncipe no parecía estar acostumbrada a lidiar con protestas ya que, aun con la protección que les brindaban los aurores del Ministerio, acabaron amenazando gravemente a los presentes con sus largos cuchillos élficos para poder salir de allí con sus túnicas impolutas, después de que un manifestante increpara a la ya conocida heredera Elyon McWilliams. Algunos testigos aseguran que la princesa se había dedicado a amedrentar y amenazar a algunos magos que se habían acercado a saludarla durante el descanso.
Una vez elfos y duendes abandonaran el lugar, la protesta no tardó en disolverse, que se zanjó con manifestantes y aurores heridos, algunos de los cuales aún siguen ingresados en San Mungo.
Junto al artículo había varias fotos del juicio y la posterior trifurca, en la que se veía cómo los manifestantes golpeaban y tiraban cosas contra la barrera mágica, y como algunos magos se peleaban con los duendes. Por desgracia también había una fotografía del momento en el que Rasmu había acudido a ayudar a la semielfa cuando esta cruzó accidentalmente la barrera, y amenazaba al mago con el cuchillo colocado en su garganta.
—Vaya susto debiste darte —Grace miró a Elyon tras ver la fotografía.
—Sí —respondió teniendo en mente al mortífago, pero respecto a eso no quería contarles nada a sus amigos—. Aquello casi parecía un linchamiento popular.
—Y vaya manera de calentar los ánimos. Esta mujer nunca aprende… ¿Cobra más por eso o qué? —gruñó Lisa.
—Seguramente. Pero esto que dicen de vosotros… es un problema, es otra gota que añadir al vaso —comentó Johnny señalando el párrafo que comentaba el rescate de su amiga a punta de cuchillo—. La gente es tan estúpida que se lo cree.
—Lo de Fraxis es lo que más ampollas ha levantado —intervino Wil—. En mi familia no se comenta otra cosa. Como el delito fue contra los magos, no conciben que el castigo lo supervisen los elfos, quieren la justicia a su manera.
—¿Eso quiere decir que los ánimos están lejos de calmarse?— Elyon lo miró preocupada.
—No se calmarán hasta que se devuelva el dinero, por lo menos…
La semielfa arrugó la nariz, con desagrado.
De camino a las clases se topó con un grupo de Hufflepuff, uno de los chicos le sonrió a forma de saludo. Las imágenes que le había mostrado Lucius volvieron a su memoria, horriblemente nítidas. Se quedó helada en medio del pasillo, con el corazón acelerado. Lisa le puso una mano en el hombro y le hizo dar un respingo.
—¿Te encuentras bien?
—Sí… vámonos a clase —musitó ella fijando la vista en el suelo, pálida.
Volvía a sentirse vulnerable, desnuda. Esa sensación no desapareció, si no que siguió creciendo, oprimiéndole el pecho a medida que pasaba el día rodeada de sus compañeros de clase.
En la cena, al coger la jarra de agua, Neil Hemphill, compañero de sexto, le tocó la mano accidentalmente al ir también a coger la jarra. Ella la soltó asustada, de forma que cayó sobre la mesa con estrépito, llenándolo todo de agua.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! —se apresuró a decir, sin saber cómo reaccionar.
—No pasa nada —el joven le sonrió, y con un discreto movimiento de varita limpió el estropicio— ¿Ves? ¡Arreglado!
Ella forzó una sonrisa, pero no fue capaz de mirarlo a la cara. Tenía pavor a mirarlo a los ojos, leer accidentalmente su mente y saber qué pensaba.
—Chicos, me voy a la Sala Común, no me encuentro bien.
En su habitación, sola y a oscuras, se abrazó las rodillas, cerrando los ojos con fuerza, intentando olvidar lo que Lucius le había mostrado. Pero no pudo, se le había grabado a fuego. No quería que la miraran de esa manera, no quería ser un trozo de carne para sus compañeros de clase.
…..✦…..
Lucius degustaba la tercera botella de vino de aquella velada. Snape aún tenía su primera copa en la mano. Pero el mortífago estaba bebiendo de forma compulsiva aquella noche, jamás lo había visto beber tanto, ni siquiera en las fiestas. Estaba visiblemente molesto e irritado, seguramente por el juicio. Copa tras copa había vaciado él solo dos botellas, y ya iba por la tercera copa de esa nueva botella.
—Deberías beber antes de que se airee demasiado. Es una exquisitez muy cara.
—Ya sabes que no soy mucho de vino —le respondió Snape, que finalmente dio un sorbo.
—Sí, lo tuyo son las bebidas más consistentes. Si te puede tumbar de un solo trago, es que está hecha para ti —comentó el mago mientras le resbalaba la lengua, y soltó una carcajada.
El joven torció una sonrisa.
—¿Cómo te ha ido el juicio? El Profeta generalizó mucho.
—Ese maldito duende debió de ir a parar a Azkaban… Al menos nos devolverán lo robado, o parte de ello…
—¿Tanto os limpió? —Snape frunció el ceño.
—No, realmente no. Nada que no podamos reponer el próximo mes con solo subir un poco los arrendamientos de los terrenos. Lo que realmente me cabrea es haberme tenido que sentar junto a los afectados. He quedado como un idiota crédulo.
—Podrías haber dejado a Narcissa ir a declarar sola.
Lucius soltó una risotada socarrona.
—Narcissa ya hizo suficiente dejándose estafar. No iba a permitir que me siguiera humillando de esa manera, menos aún delante de familias de peso y los medios, en busca de algo jugoso de lo que hablar.
—No fuisteis los únicos…
—No. Pero pudimos haber sido de los pocos que no cayeron bajo la labia de ese maldito dedilargo —gruñó molesto—. No debí permitirle a mi mujer encargarse de las finanzas. Es un error que no volveré a cometer.
—Estabas ocupado con otros asuntos —Snape se encogió de hombros.
—Y para lo que sirvieron… —resopló el hombre, y le dio un largo trago a su copa—. De eso quería hablar contigo, Severus. Voy a dejar a los mortífagos.
Snape se lo quedó mirando alzando una ceja, visiblemente sorprendido.
—¿Me lo estás diciendo en serio?
—El ataque al colegio era nuestra última oportunidad de traer al Señor Tenebroso y retomar lo que habíamos dejado a medias. Pero fue un desastre —suspiró—. Muy pocos conseguimos escapar ¿Cuántos quedamos libres y vivos de todos los que fuimos? ¿Diez como mucho? Esos malditos elfos nos dejaron tirados y por poco no lo contamos.
Lucius volvió a llenarse la copa, y se la bebió de un trago. Luego volvió a llenarla.
—Lo he estado pensando seriamente estos meses… El Señor Tenebroso no volverá, está muerto, y yo estoy vivo. Tengo una familia de la que ocuparme, y una posición. Esta estafa es la gota que ha colmado el vaso. Tiro la toalla. No voy a ser tan estúpido de malgastar la segunda oportunidad que me ha brindado la vida —alzó la copa y se la bebió entera.
Snape lo imitó.
—¿Y tú, Severus? ¿Qué vas a hacer? ¿Mantendrás la esperanza?
—También lo he estado pensando, pero aún no lo tengo claro —se limitó a contestar.
Sentía que las palabras de Lucius le habían quitado una pesada losa de encima. Él era su último contacto con los mortífagos, si él se retiraba, se quedaba sin nada que vigilar. Era libre. Libre. Podría por fin dejar de ser agente doble. Podría darle un giro a su vida, hacer con ella lo que realmente quisiera. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
—Por cierto, me topé con la mestiza en el juicio —comentó el mortífago sirviéndose otra copa.
La sonrisa de Snape desapareció.
—Es aún más guapa al natural, las fotografías no le hacen justicia —comentó mientras volvía a resbalarle la lengua—. Tuve el placer de intercambiar un par de palabras con ella. Tenías razón, tiene mucho genio.
—Demasiado —se limitó a contestar él.
—De verdad que admiro mucho tu autocontrol. No sé cómo consigues no ponerle las manos encima… o debajo de la túnica de estudiante —Lucius se rio de su propio chiste, empezaba a estar verdaderamente perjudicado después de casi tres botellas.
Snape dejó la copa vacía en la mesita que tenía al lado. Si seguía ejerciendo más fuerza sobre ella, la acabaría rompiendo en su mano.
—Estoy seguro de que a ti te pasa lo mismo… fue verla de cerca y… solo me vino a la cabeza el llevármela a una habitación, cerrar con llave y meterme entre sus piernas después de arrancarle la ropa… creo que nunca ninguna mujer me ha provocado un impulso semejante.
El joven lo miró con dureza, intentando disimular lo apretada que tenía la mandíbula en esos momentos.
—Es legeramante —le dijo casi en un susurro.
—¿Quién? ¿La mestiza? —Lucius alzó una ceja, y de pronto comenzó a reír— Ahora entiendo su reacción cuando besé su mano. Debió de ver lo que me moría por hacerle —le dio otro trago a su copa—. Bueno, ahora sabrá lo que un hombre espera de ella, tanto si pone de su parte, como si no. Puede que así, si te animas a dar el paso finalmente, haya aprendido algo con lo que vio y la experiencia sea más placentera para ti… o el primero que le eche el guante.
Snape sacó su varita del bolsillo con una rapidez pasmosa, y ni siquiera pronunció el conjuro en voz alta. La sonrisa de Lucius desapareció. La copa escapó entre sus dedos, cayó al suelo y se hizo añicos. La sangre brotaba de su garganta, empapando su ropa torso abajo. Se llevó torpemente las manos al cuello para contener la hemorragia, respirando con dificultad, intentando hablar, pero apenas podía gorgotear.
—Sev… Severss… Severus… ¡Severus!
El chico dio un respingo. Lucius lo miraba con una ceja alzada y los ojos brillantes.
—Te has quedado como ido ¿Te ha subido el vino con una sola copa? ¿O estabas imaginando como sería jugar con tu alumna? Te lo estabas imaginando, ¿verdad? —le preguntó con una sonrisa maliciosa—. Da mucho morbo.
—Si no te importa, dejemos el tema —suspiró fingiendo hastío—. Ya tengo suficiente aguantándola en clase, no la quiero también en mi cama.
El mortífago torció una sonrisa.
—Supongo que tienes razón —se encogió de hombros—. Siempre podrías esperar a la fiesta de graduación. Además ya será mayor de edad.
En ese momento un pequeño elfo doméstico entró en el salón anunciándoles que la cena estaba lista. Ambos hombres se levantaron, aunque Lucius por poco cae al suelo cuando su cuerpo se ladeó peligrosamente debido al alcohol. Snape abrió y cerró los puños con fuerza, intentando liberar algo de tensión. La inquietud se apoderó de él. Ahora que dejaría de ser agente doble, quizá podría plantearse volver a ser el Protector de Elyon, porque dejar a la chica al alcance de hombres como Lucius le aterraba.
…..✦…..
Llamó a la puerta del director con impaciencia, era muy tarde, pero le traía sin cuidado.
—Adelante.
Snape entró con paso ansioso.
—¿Todo bien? —Dumbledore observó su expresión y caminar nervioso.
—Acabo de volver de una visita a la mansión Malfoy.
El director, vestido con su pijama, le hizo un ademán para que tomara asiento frente a su escritorio.
—Por tu nivel de ansiedad, diría que traes noticias importantes.
Snape se permitió el lujo de dibujar una pequeña sonrisa.
—Lucius deja a los mortífagos.
Aquello pilló desprevenido al anciano.
—¿De verdad? ¿Tan de repente?
—Lleva desde el ataque a Hogwarts pensando en ello. No quiere arriesgarse a que lo cojan y perder todos sus privilegios. Quiere encargarse de su familia —explicó el chico.
—Vaya… parece que aunque solo sea por egoísmo, va a comenzar a hacer las cosas bien —comentó el director recostándose en su silla con una pequeña sonrisa.
—Albus… como Lucius ya no será útil, quería preguntarte si…
—No —le dijo tajante, mirándolo con dureza.
Aquella negativa tan rotunda lo golpeó con fuerza.
—Pero…
—Hiciste un pacto conmigo, ¿recuerdas? —le dijo con voz seca—. Estarías a mi servicio para proteger a los Potter. Lily y James ya no están, pero Harry sí.
El chico apretó los labios, conteniendo el dolor que le producía recordar la muerte de Lily, la primera persona que lo había aceptado a pesar de todos sus desagradables defectos.
—No sé qué servicio voy a darte si me quedo aislado —le dijo, intentando que la frustración no hiciera presa de él.
—Que Lucius no esté en activo no quiere decir que deje sus círculos, que deje de escuchar lo que se susurra en las sombras. Tu deber con los Potter no ha terminado, Severus. Seguirás siendo un espía y cumpliendo mis órdenes hasta que yo decida que ya no es necesario.
Snape cerró los ojos con pesar. Sintió que volvía a asfixiarse, que habían vuelto a colocar sobre él la losa de la culpabilidad. Maldijo el momento en que se dejó engatusar para unirse a los mortífagos. Maldijo el momento en el que escuchó esa profecía y se la contó al Señor Tenebroso. Maldijo el momento en que por un segundo pensó que por primera vez sería completamente dueño de su vida, para recorrer el camino que él quisiera, como él quisiera sin volver a tomar decisiones estúpidas, junto a quien él quisiera.
…..✦…..
La semielfa inspiró con fuerza antes de entrar en el aula de entrenamiento. Finalmente abrió la puerta y entró. Snape ya estaba allí. Ella se lo quedó mirando unos segundos, antes de bajar la vista e irse a descalzar lejos de él. El joven frunció el ceño, la veía extremadamente tensa. Elyon comenzó a calentar manteniendo las distancias. No quería acercarse al chico. Recordaba cómo la había estado mirando hacía dos veranos, cuando estuvieron en el camping. En su momento no le había dado mucha importancia, ella también lo había estado mirando de soslayo. Pero tras la breve conversación con el mortífago, no sabía si solo habían sido miradas o había habido alguna otra intención ¡Por Merlín, habían dormido en la misma cama! También recordó cómo la había tocado y mirado en uno de los entrenamientos. Un desagradable escalofrío recorrió su columna. Ella sentía algo por él, algo sincero, pero… ¿Y si él solo la miraba con intención de aprovecharse de ella? ¿Y si ese aparente interés que parecía tener por ella a veces, que le hacía creer por un momento que tal vez sus sentimientos podían ser correspondidos, era meramente físico con el objetivo simplemente de pasar un buen rato a su costa?
Cuando Kove los hizo pelear entre ellos como inicio de clase, la ansiedad de Elyon se disparó. Y en cuanto Snape la agarró el brazo, ella estiró desesperada hasta liberarse retrocediendo unos pasos. El chico vio auténtico terror en sus ojos, y supo el motivo.
—¿Qué pasa? —Kove la miró sin comprender.
—Maestro, no… no me encuentro bien ¿Puedo abandonar la clase de hoy? —le dijo con voz temblorosa y la vista baja.
—Solo por esta vez —el elfo asintió.
La chica salió de allí con rapidez.
—¿Habéis vuelto a discutir? —le preguntó al joven.
—No, pero en el juicio se topó con un indeseable y… creo que piensa que sería capaz de hacerle lo mismo que él quería hacerle —explicó mirando con tristeza la puerta por la que Elyon se había marchado.
—¿De hacerle qué?
—Prefieres no saberlo, créeme… —suspiró Snape—. Kove… quiero volver a ser su Protector.
Le sostuvo la mirada al elfo, con determinación. El hombre sonrió.
—¿Y ese cambio de parecer?
—No puedo dejar que le hagan daño. Si le pasa algo por culpa de no volver a ser su Protector por mi maldito orgullo… no me lo perdonaré nunca.
Kove lo miró, encantado con su decisión.
—¿Eso quiere decir que al fin tirarás tu muro? —le preguntó esperanzado.
—Para protegerla necesito mi muro.
—Sigues pensando que tus sentimientos hacia ella son una amenaza —le dijo con lástima.
—Mis sentimientos hacia ella me hacen débil. Solo si me mantengo lejos podré hacerlo bien —cerró los puños con un deje de amargura.
—Discrepo. Pero ya que te has decidido a andar el camino por ti mismo, no voy a discutir contigo. Hay cosas de las que tienes que darte cuenta tu solo —suspiró, y luego le dio una fuerte palmada en el hombro—. Sigamos con la clase.
Snape asintió y se colocó en posición.
…..✦…..
Lisa corrió detrás de Elyon cuando ésta prácticamente escapó a la carrera después de que un alumno de séptimo la ayudara a no caer por las escaleras cuando uno de los escalones encantados desapareció.
—¡Elyon! ¡Elyon, para! ¿Te encuentras bien? Estás rarísima desde que volviste del juicio —le preguntó cuando consiguió alcanzarla.
—¡No, no estoy bien! —rompió a llorar con amargura.
Su amiga la abrazó.
—Sabes que puedes contarme lo que sea.
—Pasó algo y… no sé qué hacer… ni que pensar —sollozó—. Estoy bloqueada.
Elyon se armó de valor y le contó lo ocurrido. Mientras sentía un escalofrío recorrerle la espalda y las manos de Lucius sobre ella. Lisa la escuchó con atención, intentando disimular su horror ante lo que le contaba.
—Seguramente esté exagerando pero… no puedo… es que… siempre me han estado mirando… Lucius, Jason… Snape… vosotras mismas me habéis dicho muchas veces que siempre atraigo la atención de los chicos… y Johnny dijo algo de una maldita lista… —intentó calmarse—. No sé de quién puedo fiarme… no sé si solo son amables o quieren… no sé cómo defenderme de esto.
Se estremeció recordando las imágenes que le enseñó Lucius.
—No sé muy bien cómo responder —miró a su amiga, que estaba desconsolada—. Por suerte nunca he estado en una situación así. Pero no estás sola, ¿vale? —la abrazó con fuerza, frotándole la espalda—. Vamos a hablar con los demás. Creo que te ayudará tener el punto de vista de los chicos.
Grace, Will y Johnny escucharon sin mediar palabra, con seriedad, y cuando acabó, el hufflepuff le cogió la mano y se la apretó con cariño.
—Tienes que respirar, ¿vale? —le dijo con calma y una sonrisa tranquilizadora— Obviamente los chicos miramos, tanto como las chicas. Lo de ese indeseable de Lucius… no es normal. Los chicos fantaseamos con darnos el lote o veros en ropa interior, no con… eso. Muchos fardamos de forma exagerada, pero se nos va la fuerza por la boca, luego no somos capaces ni de un "hola" a una chica guapa o que nos gusta, incluso salimos corriendo si le echamos valor y la chica nos responde. Las listas… es más habladuría que otra cosa, casi las usamos más para medir nuestro valor y confianza. Podemos llegar de aquí a aquí —alzó la mano frente a él a dos alturas distintas—, más alto ya nos da pavor, y nos contentamos con mirar embobados y soñar en cómo sería que las chicas de ese nivel pudieran sentir interés por pringados como nosotros —el chico torció una sonrisa calmada—. Tú, te lo creas o no, intimidas a muchos niveles: eres guapa, valiente y más vale no cabrearte después de la paliza que les diste a Mark y los suyos, y a esos mortífagos. Nadie en este colegio sería tan imbécil de pensar en ti como ese enfermo, mucho menos de llegar a hacértelo.
Elyon se limpió las lágrimas.
—No me partas la cara, pero cuando te conocí, también fantasee un poco contigo, con cómo sería salir contigo y besarte, y el verano en el camping te repasé un par de veces. Pero nunca, en ningún momento, pensé en tocarse así. Quizá alguna noche soñando… no lo recuerdo… el subconsciente es traicionero… pero desde luego si lo soñé, la cosa era de mutuo acuerdo, no te obligaba a nada que…
—Lo que el bocazas, imbécil y salido de Johnny intenta decirte —le interrumpió Grace cuando vio que Elyon volvía a perder el color en las mejillas—, es que no puedes vivir asustada por cómo pueden o no mirarte los chicos con los que te cruzas. Sé que es muy frustrante el no poder controlar las reacciones de los demás, no saber qué está pasando realmente y no poder prever según qué situaciones. Pero te aseguro que la mayoría no tienen más interés en ti que el hecho de que seas guapa ¿Cuántas citas te han pedido? ¿Una? Y le dijiste que no y no insistió y te dejó tranquila. Obviamente la petición de Mark no entra en la lista, es otro enfermo —su amiga le sonrió—. Intenta no obsesionarte por cómo te miran los demás. Como dice Johnny, si quieres, puedes darle una paliza a quien se sobrepase contigo. Ese tío no te conoce, no tiene ni idea de lo que eres capaz de hacer, lo que viste no fue real, fue su fantasía, en la que creía que eras una niña asustada e indefensa, cuando lo cierto es que le podrías haber roto el brazo nada más ponerte una mano encima.
—Y siempre nos tendrás aquí para lo que necesites. Para desahogarte, para pedir ayuda… lo que sea —Will le sonrió.
—Que conste que desde cuarto ya no he vuelto a pensar en ti de esa manera —aclaró Johnny.
Elyon sonrió aliviada.
—Supongo que he sacado las cosas de quicio.
—No las has sacado de quicio —le dijo Grace frotándole un brazo—. Lo que has sufrido… es una violación, por suerte no ha sido física, pero sí emocional. Es algo muy serio, no creas que le estamos quitando importancia al asunto. Y supongo que para ti, lo peor de esa experiencia es que aún no has tenido ninguna relación de pareja. No has estado con ningún chico, ni siquiera has besado a ninguno. Lo de Remus y Jason no cuenta —se apresuró a añadir—. Normalmente una descubre que despierta ese tipo de interés en los chicos de forma gradual cuando empieza a salir con ellos, cuando se empieza a experimental con la sexualidad —Lisa se movió inquieta en su sitio, Johnny se dio cuenta, pero prefirió ignorar el gesto en ese momento—, así que esas cosas ya no resultan tan incómodas y no intimidan de la misma manera. Tú al no tener nada de experiencia, has sufrido un guantazo de realidad muy repentino y desagradable, por decirlo suavemente. Así que tampoco te sientas una idiota, porque no lo eres. Ni por asomo. Pero te repondrás, y nosotros te ayudaremos, tardes lo que tardes.
Tras esa charla, la semielfa se sintió mejor. Ya no se sentía sola, y compartir la experiencia, aunque hubiera sido doloroso volverla a revivir, la había ayudado a liberar parte de la angustia. Con los días, la sensación de acoso y ansiedad bajaron de intensidad.
…..✦…..
Los gritos de Flitwick discutiendo con Batts resonaban por todo el pasillo. Ambos hombres estaban teniendo una acalorada discusión referente a una nueva sanción a alumnos de primer curso, a los que les había confiscado la varita cuando practicaban en un descanso para sus clases.
—¿Flitwick es capaz de enfadarse? —Grace observaba con asombro.
—Parece mentira lo pequeño que es y lo que puede gritar —comentó Johnny.
Los alumnos esperaron a cierta distancia de la puerta, incómodos, a que la discusión acabara. Discusión que perdió el profesor de Encantamientos. Batts se marchó de allí con una sonrisa de autosuficiencia, y miró a los alumnos con severidad.
—Como odio a ese hombre —gruñó Lisa.
La clase de Encantamientos se realizó con normalidad, aunque Flitwick estaba visiblemente molesto. Todos se comportaron para no empeorar su humor.
Debido a que nadie quería arriesgarse a perder su varita, los alumnos practicaban en las Salas Comunes y los dormitorios, lo que era un problema por la falta de espacio, y ya había habido unos cuantos accidentes.
—Así es imposible estudiar… nos van a suspender a todos —se quejó Alex—. Ojalá hubiera un sitio más grande y apto para poder practicar sin riesgo a que Batts nos encuentre.
—Ojalá —suspiró Allyson.
—¡Eso es! —exclamó entonces Lisa—. Hay un sitio ¡Y es perfecto! Y he estado pensando en los que no podéis pagaros el título de Aparición ¿Y si dais clases de apoyo a los compañeros?
—¡Es muy buena idea! —sonrió Allyson— Con el atraso que llevan por culpa de Batts, lo van a necesitar, sobre todo los pequeños, y se lo podemos dejar por unos sickles.
—¿Y el sitio? —preguntó Sharon.
—De eso me encargo yo. Corred la voz de las clases, sin que se entere Batts— Lisa las miró con determinación.
…..✦…..
El correo del martes llegó, como siempre, puntual. Elyon recibió una carta de su abuelo y otra de Jason, pero ninguna de Remus. Empezaba a estar realmente preocupada por que el chico no respondiera a la correspondencia, y también estaba dolida. A raíz de la charla con sus amigos, también le había hablado de su incidente con Lucius en varias cartas que no había respondido. Echaba en falta sus palabras de ánimo y apoyo, que siempre le arrancaban una sonrisa.
Con un suspiro guardo la carta de Jason en la bolsa y leyó la de su abuelo. En ella simplemente le explicaba el desarrollo de la vida en la ciudad y las pequeñas represalias que habían sufrido por parte de algunos magos tras el juicio, por suerte nada importante o preocupante. Respecto al tema de Snape no decía nada, y en el fondo lo agradecía, en esos momentos ella tampoco estaba segura de que quisiera volverlo a tener como Protector.
—Elyon, Jason me ha pedido que por favor te diga que respondas sus cartas, está preocupado por ti —Will se sentó frente a ella.
—¿Ya no le escribes? Pensé que os llevabais bien —Lisa alzó una ceja.
—No me veo con valor ahora mismo, sé que le gusto y… no me siento cómoda —musitó.
Lisa asintió comprendiendo a qué se refería.
—Sabes que si se lo cuentas se presentará personalmente en casa de Lucius y le partirá las piernas, ¿verdad? —medio rio Will—. Creo que ya lo ha tratado un poco en las prácticas del banco y fijo que considera que es un gilipollas. Así que lo haría encantado.
—No tiene gracia —le dijo la semielfa—. No quiero que nadie más lo sepa…
—Deja de avergonzarte por eso, la culpa no es tuya. El enfermo es él —le dijo la gryffindor—. Todos deberían saberlo y ojalá lo encerraran o algo.
—No lo encerraron por ser un mortífago, no lo encerraran por fantasear con alguien —bufó ella incómoda.
—Tú responde a Jason, aunque sea una nota de nada, miéntele aunque sea diciendo que estás liada con los estudios y que ya no tienes tanto tiempo, que recibirá menos cartas —Will se encogió de hombros—. Es cierto que le gustas, y mucho. Si sigues así, tiene narices de presentarse un día para saber si estás bien. Está tan preocupado por ti, como lo estás tú con Remus.
Elyon se mordió el labio, pensativa.
—Y ahora en serio, si tan bien os lleváis y tanto habláis de cualquier cosa. Siempre puedes contárselo, no irá a partirle las piernas a nadie, y seguro que encuentra la manera de animarte —sonrió Will.
Ella asintió, dando a entender que se lo pensaría. Miró alrededor mientras proseguía con su desayuno, y se encontró con un alumno de Ravenclaw que la observaba, distraído. Ella volvió a mirar el frente con la espalda rígida y el corazón acelerado.
Grace se dio cuenta y miró al chico que la observaba, sonrió, lo conocía.
—Elyon, ¿y si usas la Legeremancia? Para saber qué piensa, puede que te lleves una sorpresa y te ayude a ir perdiendo el miedo —le propuso.
No era una mala idea, aunque tenía pavor de saber lo que el chico pensaba de ella en esos momentos. Pero debía comenzar a afrontar sus miedos, no podía permitir que la siguieran dominando. Inspiro hondo y volvió a mirarlo, concentrándose en él.
"Qué melena tan bonita tiene ¿Con qué se la lavará? Qué envidia… ojalá yo también pudiera dejármela así, pero no creo que me quede bien… ¿Puede que en una coleta? Mi padre me mataría… y yo no tengo ese color dorado, es más bien pajizo horrible…"
Elyon volvió a sentarse mirando al frente, con una sonrisa de incredulidad en los labios, y mucho más tranquila.
—¿Y bien? ¿En qué piensa? —le preguntó Grace al ver su expresión relajada.
—Si te lo cuento no me creerás… Pero es buena idea lo aprovechar un poco más la Legeramancia.
Su amiga le guiñó un ojo con complicidad.
…..✦…..
Elyon se recogía el pelo a unos metros de distancia de Snape. Lo miró de soslayo, concentrándose en él, pero como ya sabía, su mente estaba cerrada a cal y canto. Era un muro infranqueable. El joven alzó la vista y sus ojos se encontraron. Ella apartó la mirada con rapidez.
—¿Te encuentras mejor?
—¿Me estás tuteando? —se lo quedó mirando, perpleja.
Snape se limitó a dibujar una pequeña sonrisa en su rostro. Le gustaba mucho verlo sonreír, tenía una sonrisa preciosa, y era una pena que no lo hiciera más. La semielfa se humedeció los labios, incómoda. Inspiró hondo y se armó de valor.
—Sí… estoy mejor. El día del juicio… conocí a tu amigo Lucius…
—No es mi amigo —aclaró él con brusquedad—. Es solo un contacto por mi… trabajo. Un imbécil con el que me veo obligado a tratar.
"Con el que Dumbledore me obliga a tratar" pensó con amargura al ser consciente de que tendría que hacerlo durante años, o el resto de su vida. Elyon alzó una ceja ante el desprecio que había destilado el chico al hablar del mortífago.
—Sé lo que pasó entre vosotros —le dijo casi en un susurro, acercándose a ella—. Y si en algún momento se atreve a tocarte, a ponerte una sola mano encima —la cogió con suavidad de la barbilla para levantar su rostro y mirarla fijamente a los ojos—, la perderá. Te lo aseguro.
Ella se perdió en esos ojos negros, que la miraban con calidez y determinación. No podía leer su mente, pero supo en ese instante que él jamás le haría daño, que aunque él la hubiera estado mirando, aunque la pudiera haber deseado en algún momento, nunca, jamás, la tocaría sin su consentimiento. Sonrió, agradecida. Junto a él siempre estaría a salvo. Junto a él no tenía nada a lo que temer.
Snape la vio sonreír, más calmada, agradecida. Esa sonrisa iba solo dirigida a él. Y quiso besarla. ¡Por Merlín! Cómo quería besarla en esos momentos, mientras sujetaba su barbilla, absorto en esos brillantes ojos verdes.
—¿Le has dado ya la buena nueva? —Kove entró en el aula con una enorme sonrisa socarrona ante la escena que había encontrado.
Snape se alejó de ella con rapidez, carraspeando.
—¿Qué buena nueva? —la semielfa miró a ambos hombres.
—Si os esforzáis lo suficiente, alguien va a poder recuperar su puesto de Protector… y por iniciativa propia, además —el elfo miró a su alumno de forma significativa.
El chico fulminó a su maestro con la mirada por haberle contado aquello a la joven. Elyon se giró hacia Snape, asombrada, y con una enorme sonrisa se lanzó contra él para abrazarlo, colgándose de su cuello.
—¡Eso es genial! —exclamó eufórica.
—Sí, bueno —carraspeó él retirando los brazos de su cuello, intentando no sonrojarse mientras su corazón latía con fuerza—. Antes tengo que aprobar el examen, supongo.
—Estás en lo cierto —asintió el elfo—. Y te aseguro que no solo va a contar lo bien que se te dé pelear.
Snape frunció el ceño, aquello no se lo había dicho antes.
—Con tu pasado como mortífago y después del ataque al colegio, Azrael va a exigirte algo más que saber usar una espada —explicó Kove con calma—. Necesitará ver que estás realmente comprometido con esto, y eso incluye mostrar interés por todo lo relacionado con Elyon y su procedencia.
—Estás de broma —el chico empezó a notar que se le secaba la boca.
—¡Ojalá! —se mofó— El idioma ya lo tienes más que controlado, tu acento extranjero no supondrá un problema. La lucha y disciplina avanza a buen ritmo. Pero aún no tienes ni idea de cómo es nuestra forma de vida y costumbres: tipo de magia, festividades, folclore, canciones, bailes…
—Espera ¡¿Qué?! ¡Ni en broma! ¡No pienso aprender todo eso! —el chico perdió el color en el rostro.
—Entonces puedes irte ahora mismo por esa puerta —Kove se encogió de hombros señalando la salida.
—Cuando me impusieron esto no se me exigió bailar, ni cantar…
—Cuanto te lo impusieron, Azrael no tuvo opción a exigirte nada. Ahora lo has elegido tú, y te lo va a poner increíblemente complicado, porque dejó más que claro que no te quiere cerca de Elyon.
—Yo puedo ayudar —interrumpió la semielfa—. No es que sepa mucho, pero conozco lo necesario para que pases el filtro. Y no creo que te vayan a hacer cantar, ni bailar, simplemente con que no se te ponga cara de estúpido en según qué situaciones y puedas desenvolverte solo por la ciudad como uno más, será suficiente.
Snape tragó saliva, ¿dónde se estaba metiendo?
—Yo no lo habría explicado mejor —sonrió el elfo— ¿Estáis dispuestos a hacer el esfuerzo?
Elyon asintió con determinación y una enorme sonrisa. El chico la miró. Aquello suponía pasar más horas a su lado y un esfuerzo doble para seguir manteniendo las distancias. Finalmente asintió, mantenerla a salvo bien merecía todo el esfuerzo y el orgullo que iba a tener que tragarse.
—Tenemos hasta la Fiesta de la Primavera para prepararnos. No se lo diremos a nadie hasta que llegue el momento, y me encargaré yo. No voy a tolerar fallos ni excusas. Solo tendréis una oportunidad —les aclaró Kove con seriedad.
La clase fue especialmente dura, pero a ninguno de los dos les importó. Elyon se despidió con una sonrisa cansada al salir del aula y Snape se preguntó si realmente estaba haciendo lo correcto, si no hubiera sido mejor dejar las cosas como estaban.
…..✦…..
Las clases de apoyo a los alumnos estaban siendo un éxito. Se hacían en la Sala de los Menesteres, que se había convertido en una versión en miniatura del colegio. La estancia se separaba en secciones, en función de la asignatura. Los alumnos interesados pagaban una pequeña cuota y los beneficios se repartían a partes iguales entre los alumnos que necesitaban el dinero para poder pagar el título y que impartían las clases.
Elyon se había ofrecido como tutora para la asignatura de Pociones ya que se le daba especialmente bien, y como no era necesaria la magia, podía explicar el temario y hacer las demostraciones sin problemas para que la entendieran.
Lo mejor era que parecía que, por el momento, todo el cuidado que habían puesto en que Batts no se enterara de aquello había dado resultado.
…..✦…..
Al acabar la clase de Pociones Snape la retuvo unos momentos. El profesor se la quedó mirando unos segundos, visiblemente incómodo.
—Dime —lo animó ella al ver que no se atrevía a hablar.
—¿Cuándo te viene bien que nos reunamos para que me expliques todo ese asunto de vuestra cultura? —soltó al fin.
—Te aconsejo que te quites la mala costumbre de hablar de nosotros en ese tono —Elyon torció una sonrisa divertida.
Snape la miró con un deje de irritabilidad en la mirada.
—Pues menos los días en los que tenemos Defensa, cuando a ti te vaya bien. Eres el que está más liado entre tus clases, las de Defensa y… las de Duelo —le dijo con algo de enfado, aún estaba dolida porque la expulsara.
Snape no pasó por alto ese detalle, pero no dijo nada al respecto. No iba a readmitirla. No la había expulsado por motivos personales, no del todo. Y hasta que estuviera seguro de que no era una amenaza para el resto de alumnos, no la dejaría volver. Se pasó una mano por la lacia melena negra, retirándose el pelo de a cara, visiblemente incómodo.
—¿Te va bien mañana tras la cena? Te daré un permiso por si te encuentras con Filch —le dijo escribiendo con rapidez en un pergamino.
—Hasta mañana entonces —le sonrió cogiendo el permiso que él le tendía—. No te haces una idea de lo que me alegra que hayas decidido volver a ser mi Protector. Echo de menos la sensación de que pase lo que pase, vas a estar ahí para ayudarme o para echarme la bronca por temeraria.
La chica estaba a punto de cruzar la puerta cuando Snape la llamó por su nombre. La joven se giró, y se sostuvieron la mirada unos segundos.
—No… no te retrases, no me gusta que me hagan esperar —le dijo con seriedad.
—Lo sé —resopló ella marchándose.
Snape ahogó un quejido y enterró la cabeza en sus brazos, sobre el escritorio. "Kove, te odio".
Al subir las escaleras se encontró con Grace y Johnny, que la habían estado esperando.
—Menos mal que sigues de una pieza —suspiró la pelirroja.
—Cómo exageráis —rio ella.
—De eso nada, así como empezó el curso contigo… nos hemos temido lo peor —añadió Johnny—. Aunque es verdad que ha ido bajando la intensidad las últimas semanas ¿Vuelven a ser efectivas tus sonrisas?
—Pero qué estúpido eres —resopló ella, divertida—. No estoy muy segura de que su nivel de bordería haya bajado. Creo que simplemente nos hemos acostumbrado al trato borde.
—Ha bajado, te lo aseguro. Ya no te mira como si te tuviera un asco y odio irracional.
—Quizá deberías fijarte más en lo que haces en el caldero que en cómo Snape nos mira —le dijo Grace.
Elyon asintió dándole la razón. De camino a su siguiente clase de cruzaron con Mark, que la miró con desagrado. Se le hacía raro que aún no la hubiera molestado para nada ese curso. Tal vez fuera verdad que lo tenían bajo vigilancia estricta.
…..✦…..
Snape había encendido la chimenea del despacho para caldear la habitación antes de que llegara Elyon. Sentía un nudo en el estómago. No quería estar con ella a solas, iba a ser realmente incómodo mantenerse frío y distante estando sentado a la misma mesa que la semielfa. Ya lo pasó mal el curso anterior en la preparación del TIMO, pero algo en su interior le decía que aquella vez era diferente, que había algo diferente entre ellos. Quizá simplemente fuera que Kove le había hecho ver con más claridad lo que sentía por la chica, lo había forzado a que admitiera que esos sentimientos iban más allá del mero capricho que quedaría en nada.
La chica llegó puntual y con una enorme sonrisa. En los brazos traía dos enormes libros.
—Buenas noches —saludó dejándolos sobre el escritorio.
Snape se acercó los tomos y los ojeó.
—¿Qué es esto?
—Son cuentos y leyendas de nuestro pueblo. Pensé que te irían bien para recabar información, y puedes hacerlo en tus ratos libres. También —sacó un fajo de pergaminos manuscritos de su bolsa de estudiante—, te he traído un resumen de los hechos históricos más importantes a tener en cuenta.
El chico miró todo aquello y suspiró. Era casi como volver a ser estudiante.
—Tenemos un problema —dijo con hastío—. No sé leer élfico.
—¿Qué no…? Yo pensé que sí, teniendo en cuenta que lo hablas bastante bien… si no hubiera estado todo el verano en Imtar, lo seguirías hablando mejor que yo.
—Dumbledore simplemente me hizo un curso intensivo de conversación. Leer y escribir… eso nos habría llevado más tiempo, y no lo tenía. Estaba harto de ir a Defensa y que os rierais de mí en mi cara y no poder responderos.
—Eres lo peor. No nos reíamos de ti… solo alguna vez, y te recuerdo que yo también recibía comentarios despectivos —gruñó Elyon—. En fin, está claro por dónde tenemos que comenzar. En escritura aún no tengo mucha soltura, pero te enseñaré lo que sé —la joven torció una sonrisa amable.
Se sentó junto a él y abrió uno de los libros. Con mucha paciencia comenzó a enseñarle el alfabeto y a leer aquel conjunto de líneas curvas que nada tenían que ver con el alfabeto latino. Estaba realmente perdido. Pero la semielfa lo guiaba con dulzura, aplacando su frustración cuando era incapaz de reconocer algunas de las formas y asignarles un sonido. Se sentía como un niño estúpido de cuatro años.
—Quién me iba a decir que invertiríamos los papeles del curso pasado, cuando me preparaba para el TIMO —comentó la joven tras una de las explicaciones—. No tuve oportunidad de darte las gracias, sin ti no habría alcanzado la nota que necesitaba para estudiar magizoólogía.
Snape la miró de reojo, incómodo. La chica se colocó uno de los mechones azulados tras su oreja picuda. Él cerró los ojos, quería acabar esa clase cuanto antes.
—No hay de qué.
Una hora más tarde dieron esa sesión por terminada. El chico parecía haber aprendido lo suficiente como para seguir practicando solo.
—Es verdad que aprendes rápido —rio Elyon—. Cuando quieras otra clase, dímelo, y si tienes dudas…
—Sí, profesora —resopló él, burlón.
La semielfa rio. Recogió las cosas que el chico no iba a necesitar y se dispuso a irse.
—Buenas noches, profesor Snape.
—Snape… puedes volver a llamarme Snape —suspiró levantándose y acompañándola hasta la puerta— ¿Llevas tu permiso a mano?
Elyon sacó el pergamino del bolsillo de sus pantalones.
—¿Crees que algún día me permitirás llamarte por tu nombre de pila? —la joven arrugó la nariz, divertida.
—Buenas noches —le respondió abriendo la puerta.
—Supongo que tienes razón. No creo que me acostumbrara a llamarte Severus —suspiró encogiéndose de hombros antes de marcharse al fin— ¡Buenas noches!
Snape la vio marchar por el pasillo. Sentía el corazón retumbar en su pecho. Nunca le había gustado su nombre, le gustaba casi tan poco como su apellido muggle, pero dicho por ella… le había sonado diferente, le había gustado. Ojalá algún día pudiera llegar a llamarlo por su nombre. Nada le haría más feliz.
…..✦…..
Elyon llegó al vestíbulo del colegio e inspiró profundamente, apretando el pergamino del permiso en su mano. Aquellas horas habían sido intensas e incómodas, había tenido el corazón a mil mientras intentaba concentrarse en los libros y pergaminos, y no mirar al chico a la cara, ni siquiera de reojo, a pesar de que estaba a solo unos centímetros de ella. En algunos momentos sus manos habían estado a punto de tocarse mientras pasaba las hojas.
Ella había intentado fingir indiferencia ante la situación, comportarse como lo había hecho el curso anterior.
—¿Crees que algún día me permitirás llamarte por tu nombre de pila? —volvió a repetir ella con tono burlón— ¿En serio? ¡Joder, qué estúpida!
Ni siquiera sabía por qué lo había dicho. Había intentado aliviar la tensión con un comentario gracioso, y había quedado como una verdadera idiota. Con un gruñido de frustración y vergüenza reanudó su camino a la Sala Común.
…..✦…..
Se llevó una grata sorpresa cuando Dumbledore le permitió ir a la salida a Hogsmeade a pesar de no tener Protector. Pero debía ir con cuidado.
Las calles del pueblecito volvían a estar llenas de vida. Los alumnos iban y venían de un lado a otro felizmente.
—Qué gustazo salir del castillo —Johnny se desperezó con alegría—. Y de alejarnos de Batts ¡Libertad!
—Sí, si no fuera por el mal tiempo —comento Grace abrigándose más con la capa de estudiante.
El cielo estaba encapotado y amenazaba tormenta. Por suerte por el momento solo había caído una leve llovizna, que no les había calado, pero sí que había empapado los adoquines de la calle, haciéndolos resbaladizos.
—Es una excusa perfecta para ir a tomar chocolate caliente —sonrió Elyon, animada.
—Ahora que lo pienso, es la primera vez que te dejan venir sin niñera, ¿no? —Will la miró alzando una ceja.
—Sí, es raro.
—Pero estaría bien que apareciera Remus —suspiró Lisa— ¿Cuánto hace que no sabes de él?
—Pues… casi dos meses. Empiezo a estar verdaderamente preocupada —suspiró con tristeza.
—Es poco propio de él —comentó Grace.
—Puede, pero ahora tiene trabajo, casa y pareja. Eso deja poco tiempo libre —Johnny se encogió de hombros.
—Deja el tiempo suficiente para responder alguna carta —le recriminó la gryffindor.
El hufflepuff hizo un ademán, con desinterés. Elyon dibujó una pequeña mueca. De verdad que estaba preocupada por no saber nada de él, pero no tenía otra forma de ponerse en contacto con el chico que no fuera la correspondencia. Puede que hablara con Dumbledore para saber si le había pasado algo o era lo que decía Johnny, que ahora que tenía pareja ya no le daba tanta importancia a su amistad. Eso le dolió bastante. Siempre había estado allí para ella, y era verdad que tenía derecho a hacer su vida, pensar lo contrario sería egoísta, pero le dolía que llevara tanto tiempo sin saber de él, justo cuando había pasado por un trago muy amargo del que aún se estaba recuperando. Tal vez se había vuelto demasiado dependiente de su atención.
Para sorpresa de los cinco, Las Tres Escobas estaba prácticamente vacío a pesar del mal tiempo reinante. De camino a una de las mesas vacías junto a la chimenea se toparon con McGonagall, sentada en una mesa pequeña junto a una de las ventanas, acompañada de su marido.
—Buenos días, profesora —saludó Elyon con una sonrisa—. Buenos días, señor Urquhart.
—Buenos días, señorita McWilliams —la profesora le sonrió por encima de una de té.
La semielfa pudo ver en su dedo la alianza de casada. La única otra vez que se la había visto puesta fue en la fiesta de Año Nuevo, dos años atrás.
—No sabía que le tocara guardia —Johnny la miró sorprendido.
—Y no me toca, estoy disfrutando del día junto a mi marido —contestó con una leve sonrisa.
Sus cuatro amigos se quedaron descolocados por esa revelación, y entonces repararon en el anillo de su dedo.
—Lo sentimos mucho, profesora. La dejamos tranquila —se apresuró a decir Lisa.
El matrimonio rio, afable.
—Cariño, estos son algunos de mis alumnos que ahora cursan sexto. Las señoritas Atler y Matthew, y los señores Marti y Tonitini —los presentó—. A la señorita McWilliams ya la conociste en la fiesta de Fin de Año.
—La recuerdo —sonrió el hombre tendiéndole la mano, que ella estrechó educadamente.
—Como para olvidarla, ¿verdad? —bromeó Johnny.
Nada más cerrar la boca supo que no debía haber dicho aquello, había sido la costumbre. Elyon perdió la sonrisa y algo de color en las mejillas.
—Lo siento —se apresuró a disculparse—. Era una broma.
—No les molestamos más —se despidió la semielfa, yéndose a una de las mesas vecinas.
El grupo la siguió mientras Grace le daba una sonora colleja al chico, de mal humor.
Elphinstone los vio marchar y frunció el ceño.
—¿McWilliams se encuentra bien? —le preguntó a su esposa.
—¿Tú también lo has notado? —su marido asintió— Lleva semanas muy rara. Discúlpame un momento.
—El tiempo que necesites —le sonrió el hombre—. Sé que son tus niños.
McGonagall le sonrió con cariño y se acercó a la mesa donde estaba el grupo.
—Señorita McWilliams, ¿podemos hablar un momento? —le preguntó con voz amable.
—Claro —la joven se levantó titubeante.
La profesora la llevó al otro extremo del local, para poder hablar con privacidad.
—Siento mucho si la hemos molestado.
La mujer le quitó importancia con un ademán, y luego le puso una mano en el brazo.
—¿Te encuentras bien? —la semielfa la miró sin comprender— Me he fijado en cómo has reaccionado al comentario de tu amigo, y últimamente he visto cómo te comportas con el resto de tus compañeros, cómo los rehúyes.
—No es nada —le dijo bajando la mirada, visiblemente incómoda.
—Sabes que puedes venir a mí en busca de ayuda si la necesitas. Mi puerta siempre está abierta ¿Seguro que estás bien?
La semielfa asintió enérgicamente dibujando una sonrisa en su cara, que se veía forzada. No, obviamente no estaba bien. Había algo que no le quería contar.
—¿Has vuelto a tener problemas con Mark?
—No. No ha vuelto a molestarme desde que empezó el curso.
—¿Y con otro compañero?
Ella negó con la cabeza. La campanilla de la puerta de la entrada sonó, y entraron en tropel un grupo de seis chicos, dos de ellos las miraron y sonrieron. Elyon juraría que uno le había guiñado un ojo. Se apresuro en apartar la mirada, visiblemente turbada, mirando al suelo. Algo que no pasó desapercibido para McGonagall. Así que inspiró antes de hacerle la pregunta.
—¿Algún compañero ha intentado sobrepasarse contigo? —intentó no ser demasiado brusca.
Ya se había topado con casos similares en sus años como maestra. La forma de reaccionar de la joven, evitando a los varones en todo lo posible era la misma que había visto en los casos en que alumnas habían sufrido algún tipo de abuso. Algo que ella no iba a permitir de ninguna de las maneras, no mientras fuera profesora y subdirectora de Hogwarts.
—No… todo bien con mis compañeros… ellos nunca —musitó—. Ellos no…
La mujer frunció el ceño, no se equivocaba, alguien había intentado o había conseguido abusar de ella. Se armó de valor para la siguiente pregunta.
—¿Y algún profesor? —Elyon alzó la vista de golpe, visiblemente sorprendida por la insinuación— ¿El profesor Snape ha…?
—¡No! ¡No! Le aseguro que Snape no. No tienen nada que ver con esto —se apresuró a decir mientras sus mejillas se encendían—. Él sabe lo que… se porta bien conmigo. Me está apoyando —musitó intentando no dar mucha información, no quería que todo el profesorado y Dumbledore se enteraran, porque entonces su familia también lo haría, y le daba vergüenza—. Snape me protege, estamos bien.
—Lo siento, tenía que preguntarlo —le dijo la mujer un poco más tranquila.
Le sorprendió que le dijera que estaban bien, porque en el trato de los últimos meses hacia ella, no lo parecía. Y no es que creyera que él se pudiera haber propasado o aprovechado de Elyon, esperaba conocerlo lo suficiente como para saber que en ese sentido respetaba a sus alumnas. Pero manteniendo la relación que mantenía con Croft, de la cual era conocedora todo el profesorado a pesar de que intentaban ser discretos, bien podría haber empezado a contagiarse de las malas prácticas que se rumoreaba que realizaba la profesora con algunos de sus alumnos. Y eso sumado a la cantidad de horas que ambos pasaban juntos y en algunas ocasiones sin supervisión, era una posibilidad que era mejor descartar del todo.
—¿Entonces? —insistió la mujer.
—Profesora McGonagall.. fue una tontería…
—Elyon estoy muy preocupada, y quiero ayudarte. Sé que te apoyas en tus amigos, pero a veces también es necesaria la ayuda de un adulto con experiencia. Y si es lo que creo que es, no es una tontería.
—Snape es un adulto.
—Al profesor Snape aún le faltan unos cuantos años para poderse considerar adulto —comentó la profesora con mofa.
Consiguió que la chica dibujara una pequeña sonrisa. McGonagall le cogió la mano con cariño.
—Elyon, cuéntamelo —le dijo con calma.
Los ojos de la joven se empañaron.
—Por favor no se lo diga a Dumbledore. Se lo contará a todos, a mi familia… y no quiero que lo sepan.
—No tiene que darte vergüenza algo así. No fue culpa tuya. Y han de saberlo, porque te quieren y se preocupan por ti —le dijo con una sonrisa comprensiva—. Y puede que, si confías en nosotros, podamos encontrar a esa persona y…
—¡No! No… es que… ni siquiera me tocó… pero con la Legeremancia lo vi y… fue horrible. Fue en el juicio —confesó al fin—. Y me siento estúpida porque no fue real, pero… lo siento como si lo hubiera sido…
McGonagall se permitió abrazarla para darle apoyo, y le frotó la espalda. La joven se esforzó en no romper a llorar. Intentaba no intimar tanto con sus alumnos, ya que eso podía quitarle autoridad frente a ellos. Pero Elyon era diferente, siempre lo había sido, por su pasado y por los motivos por los que había acabado en el colegio. Con el tiempo le había cogido un cariño especial por su carácter y buen corazón, siempre dispuesta a ayudar y a defender a los demás, sin dejarse amedrentar. Hasta ahora. Sintió rabia al saber que alguien había sido capaz de quebrar su espíritu de aquella manera, solo con un pensamiento. Si alguna vez averiguaba quien había sido, y lo encontraba, se lo haría pagar.
—De acuerdo, no diré nada. Pero si necesitas hablar con alguien, consejo, o lo que sea, ven a verme. Sin excusas —le dijo con seriedad—. Y si alguien vuelve a molestarte así, me lo dices de inmediato.
La joven asintió sonriendo débilmente.
—Gracias. Aunque ya empiezo a encontrarme mejor —musitó.
La profesora se despidió de ella acariciándole la mejilla. Era agradable saber que se preocupaban por ella de esa manera, tan maternal. Había olvidado lo que se sentía. Echaba de menos a alguien que le diera respaldo así, a una persona que podía aconsejarla con la seguridad y el acierto que daba la experiencia de los años.
McGonagall volvió a su mesa.
—¿Todo bien con McWilliams? —le preguntó preocupado.
—En verdad no, pero lo estará. Al menos ahora ya sé cómo puedo ayudarla, si la cabezota se deja ayudar —suspiró la mujer, volviendo a calentar su té con un movimiento de varita.
—¿A quién me recordará? —se mofó él hombre.
La mujer negó con la cabeza y una media sonrisa.
—¿Qué ha pasado? —Lisa miró a su amiga con preocupación, una vez se hubo sentado.
—Se ha dado cuenta de cómo estoy últimamente y quería saber qué me había ocurrido.
—¿Y se lo has contado? —Grace alzó una ceja.
—Me ha apretado hasta conseguirlo —Elyon se encogió de hombros con resignación.
—Es bueno tener a una persona como McGonagall preocupándose por uno —le sonrió Will.
—Supongo, mientras no se lo cuente a nadie más… ¿Podemos cambiar de tema? Por favor. He venido a evadirme, no a seguir pensando en lo de siempre.
—Oído cocina —rio Johnny— ¿Qué me decís de la última clase de Herbología? Para fliparlo.
—Yo no doy esa asignatura —le recordó Lisa.
—Lo sé, pero…
Continuaron hablando sobre las clases y cotilleos del colegio, con una sonrisa y un chocolate caliente en las manos.
Cuando se disponían a irse, para continuar su paseo por el pueblo, Amber y Judith entraron.
—¿Os vais ya? —les preguntaron.
El grupo asintió.
—Pues tened cuidado. Batts ha montado un grupo de alumnos para que le hagan de sabuesos, y están sancionando a los alumnos que están haciendo magia durante la salida.
—¡¿Qué?! ¿De verdad puede hacer eso? —Lisa las miró indignada.
—Por lo visto sí… —suspiró Amber.
—¿Y quiénes son los idiotas que se prestan a algo así? —Grace alzó una ceja incrédula.
—Seguro que Mark es uno de ellos —gruñó Elyon.
—Obviamente —resopló Judith—. Pero él y su troupe no son los únicos. Hay alumnos de todas las Casas y cursos.
—Nos estáis vacilando —Will la miró indignado.
—Ojalá. De verdad que no entiendo los motivos de prestarse a hacer eso.
—Yo me lo imagino —suspiró Elyon—. Influencias y recomendaciones para buenos puestos en el Ministerio.
—¿De verdad hay alumnos que traicionarían a sus compañeros con tal de un puesto privilegiado? —Amber la miró horrorizada.
Grace estalló en carcajadas.
—Cómo se nota que no sois ravenclaws —rio la pelirroja—. Nuestra Casa es territorio de lobos. Los puñales vuelan por todos lados con tal de ser el mejor, y no siempre vienen de frente.
—Y lo dices hasta con orgullo —gruñó Lisa.
Su amiga se encogió de hombros.
—Somos ambiciosos, y para conseguir lo que uno quiere a veces hay que jugar sucio.
—Y luego solo habláis mal de los slytherins —suspiró Will.
—La diferencia es que nosotros somos más sutiles —la pelirroja le guiño un ojo.
—Sea como sea, no uséis magia. Los mamones no van identificados, por ahora solo sabemos que son Mark y su panda, Shelly Johnson de Ravenclaw…
—No me extraña nada —bufó Grace.
—Roman Doyll de Hufflepuff —prosiguió Amber—, Adrian Brocon de Ravenclaw y Cynthia Fintor de Gryffindor. Pero a saber si no hay más.
—Iremos con cuidado —se despidieron al fin.
—No me puedo creer que Batts haya llegado a ese punto —comentó Lisa saliendo del local— ¿Pero qué le pasa al Ministerio?
—Vete a saber, es como si tuvieran miedo a que al graduarnos asaltáramos el Ministerio para dar un golpe de Estado —Johnny se encogió de hombros—. Pero haciendo esto realmente dan ganas.
La tensión entre los estudiantes se notaba en las calles. La noticia del reciente séquito de Batts corrió con rapidez por el pueblo. Todos se miraban sin saber si el otro era de fiar.
Junto a la puerta de Honeydukes estaba Mark con su grupo de amigos, riendo a mandíbula partida. Los cinco pasaron por su lado, ignorándolos.
—¡Ey, chicos! Lo habéis visto, ¿verdad? —dijo Mark—. McWilliams ha utilizado su sucia magia élfica para abrir la puerta.
—Vamos Mark, no seas gilipollas —lo encaró de mal humor—. Tengo la mano en el pomo, lo estás viendo ahora mismo.
—¿Tú crees? Yo he visto que se ha abierto sola —sonrió el slytherin.
—Todos lo hemos visto —asintió uno de sus amigos.
—Mark, por favor —le avisó Will—. No vuelvas a empezar como en el curso pasado.
El chico se acercó a ellos, metió una mano en su capa y sacó un pequeño pergamino firmado y con un sello de lacre.
—¿Veis esto? Me da permiso para restaros puntos por uso indebido de la magia —agitó el pergamino frente a sus narices.
—Pues yo no necesito ningún permiso para partirte la cara ahora mismo —Johnny se adelantó hasta quedar frente a él.
—Diez puntos menos para cada uno —sonrió el slytherin, mirando al hufflepuff con prepotencia— ¿Oís eso? Son vuestros contadores vaciándose.
—Imbécil, tú y yo somos de la misma Casa —le dijo Will.
—Cierto… otros diez menos para Gryffindor, por aceptar entre los suyos a híbridos —rio el chico con desprecio.
Grace se apresuró a cogerle el brazo a Johnny cuando este lo alzó dispuesto a darle un puñetazo a Mark. Elyon lo fulminó con la mirada, apretando los labios. Inspiró profundamente y entró en el negocio.
—¿De verdad lo vas a dejar así? —el hufflepuff la siguió indignado.
—Sí —contesto secamente.
—¡Pero…! —se quejó el chico.
—¡Para! —lo cortó Elyon furiosa— ¿Recuerdas lo que pasó el año pasado por seguirle el juego? —Johnny palideció—. Pues esta vez si entro al trapo será peor, mucho peor. Dumbledore ha hablado conmigo sobre este tema. No puedo entrometerme, no puedo enfrentarme a Batts. Es como si me enfrentara al Ministerio.
—¿Y qué? —el tejón no podía entenderlo, no quería.
—¡Que yo no puedo enfrentarme al Ministerio! —le gritó exasperada— Soy la nieta de Azrael, soy la representante de mi pueblo. Si yo me enfrento es como si todos los elfos se enfrentaran. Y no podemos hacerlo, tenemos un Pacto de No Intromisión con los magos.
—¡Pero eres alumna de Hogwarts!
—Pesa más mi linaje —suspiró—. No creas que no me cabrea. Pero no tengo otra opción. Ya leíste lo que pasó en el juicio con los duendes ¿Os imagináis la que se puede liar si se me ocurre plantarle cara a Batts?
Sus amigos torcieron el gesto con desagrado.
—Tu vida de cada vez apesta más —gruñó el tejón.
—Gracias, eres el mejor apoyo que podría desear —resopló la semielfa.
—Por eso te voy a comprar una bolsa llena de ranas de chocolate —sonrió el chico pasándole un brazo por los hombros—. Nada anima más que una sobredosis de chocolate.
Elyon negó con la cabeza y una pequeña sonrisa. El hufflepuff en el fondo se hacía querer.
Al salir, Mark y los demás se habían ido, y por suerte no tuvieron más encontronazos, ni con él, ni con otros lacayos de Batts. Pero al regresar a Hogwarts vieron que los contadores de las cuatro casas estaban a la mitad de lo que habían estado antes de la salida.
…..✦…..
McGonagall llamó a la puerta con decisión.
—Adelante.
—Buenas tardes, Severus —la mujer entró y se dirigió directamente a la mesa en la que el joven estaba revisando el temario de sus próximas clases.
El chico cerró el libro y lo dejó a un lado, junto con sus apuntes.
—¿Querías algo, Minerva? —Snape la miró frunciendo el ceño, era muy extraño que la bruja lo visitara en su despacho.
McGonagall se sentó en la silla frente a él, estaba más seria de lo habitual.
—¿Desde cuándo nos ocultas información respecto a Elyon? —le preguntó a bocajarro.
Parpadeó confuso.
—¿Disculpa?
—Hoy he conseguido hablar con ella en Hogsmeade, he conseguido que me cuente, o me cuente en parte, el incidente que tuvo cuando asintió el juicio. Y del que tú por lo visto estabas al tanto.
Snape suspiró.
—No le di mucha importancia —se encogió de hombros.
—¡¿Qué no le diste importancia?! ¡Por favor, Severus! ¿Es que no has visto cómo se ha comportado las últimas semanas? ¿Es que no te has dado cuenta?
—¡Claro que me he dado cuenta! —le espetó con enfado— Trato con Elyon más que tú, a pesar de que ya no tengo ninguna obligación hacia ella.
—¿Y no pensabas decirnos nada? —le dijo indignada— Casi abusan de ella y te quedas tan tranquilo.
—No llegó a tocarla —le aclaró—. Dudo que hubiera tenido el valor de hacerlo, fue un impulso estúpido que por mala suerte Elyon vio al no utilizar las técnicas de Legeremancia que tantas veces le he intentado enseñar.
—Sabes quién es el desgraciado, ¿verdad? —la bruja lo fulminó con la mirada.
Él le sostuvo la mirada.
—¿Quién?
—No voy a decírtelo, Minerva.
—Fue uno de los afectados, ¿verdad? Uno de esos mortífagos amigos tuyos —le dijo con desprecio.
—No son amigos míos —le respondió con la mandíbula apretada—. Y ahora, si eres tan amable, tengo trabajo.
—Después de tanto tiempo cuidando de ella, no sé por qué pensé que era posible que hubieras llegado a preocuparte realmente por su bienestar. Pero está claro que eso es demasiado pedir para ti —lo miró con profundo desprecio, levantándose.
—Jamás dejaría que le hicieran daño —le dijo mirándola con determinación y rabia en la mirada— Y si ese… mal nacido, le hubiera llegado a poner solo un dedo encima, te aseguro que Elyon no tendría que haberse vuelto a preocupar por él en su vida.
McGonagall se lo quedó mirando, con el ceño fruncido. Era la primera vez que lo veía en actitud protectora hacia alguien que no fuera él mismo.
—No comenté nada porque supuse que tener a todo el mundo pendiente de ella no la ayudaría. Es muy propensa a agobiarse y esto es algo que ha de afrontar sola para ser más fuerte. Puede hacerlo, tiene a sus amigos como apoyo. Y sabe que también puede acudir a mí si lo necesita, no sería la primera vez —le dijo más calmado.
—Yo soy su jefa de Casa —le recordó la bruja, molesta.
—El puesto de Protector sigue vacante —le comento con mofa—. Por si te interesa.
Volvió a abrir el libro, dando a entender que la conversación había acabado.
—Si vuelve a pasar algo así, avísame de inmediato.
Snape levantó la vista del libro.
—¿Y si no lo hago?
—Te recuerdo que soy la subdirectora Severus, así que no me hables en ese tono. No eres el único que tiene trato cercano con Albus —le amenazó—. Y más te vale no hacerle daño a Elyon, o te las verás directamente conmigo.
—Contigo y con todo Imtar —musitó con hastío volviendo a sus quehaceres.
McGongall apretó los labios. Ese chico seguía siendo intratable. Parecía que no había madurado nada desde que fue alumno suyo, uno muy bueno a nivel académico, pero pésimo a nivel social. Algo que a la bruja siempre le había dado lástima, porque era obvio que iba a terminar con quién terminó.
…..✦…..
Will y Johnny entraron casi gritando en la Sala de los Menesteres, visiblemente emocionados. Lisa y Grace los seguían, riendo.
—¡Madre mía lo que te has perdido hoy en Duelo! —el hufflepuff llegó hasta ella dando pequeños saltitos.
—Lo dices como si no hubiera ido por voluntad propia —suspiró ella cerrando el libro de criaturas mágicas con el que estaba estudiando.
—Eso es lo de menos —le dijo con un ademán, quitándole importancia— ¡Este día no lo olvidaré nunca! Zelda le ha dado una soberana paliza a Snape.
—¡Venga ya! —Elyon lo miró atónita— No me lo creo.
—Créetelo —le dijo Will—. Se han batido en duelo para una demostración de magia no verbal, y, literalmente, lo ha hecho volar como cinco metros.
—Se habrá dejado ganar —comentó incrédula—. He visto a Snape batirse en duelo contra mortífagos, y es impresionante.
—Es posible que se haya dejado ganar, pero aun así Zelda es asombrosa. Es muy rápida y certera. Visto lo de hoy, puedo entender que tenga el puesto en Defensa Contra las Artes Oscuras —Will se sentó en una de las butacas.
—¿Tengo que preocuparme con lo de que opines que Zelda es asombrosa? —Lisa miró a novio alzando una ceja con mofa.
—Sí, por supuesto. Ya tengo número de espera para entrar en su habitación, ¿no te lo había dicho? —rio el slytherin.
—Hasta yo tengo que admitir que es una duelista de primera —suspiró Grace.
—¡Vaya hostia se ha dado contra el suelo! —seguía riéndose Johnny— Es como si lo siguiera viendo a cámara lenta ahora mismo. Y lo mejor: su cara de cabreo y humillación tras perder. Mira que hemos intentado no reírnos, pero… ¡Ha sido tan épico! ¡Y tan merecido tras todos estos años! Me han adelantado el regalo de Navidad.
—¿Todos estos años? —Grace alzó una ceja— Solo lleva aquí tres.
—Toda una eternidad —puntualizó el tejón.
Elyon negó con la cabeza y una media sonrisa. Los alumnos se lo habían pasado de lo lindo a costa del profesor, y estaba segura de que lo pagarían con creces a lo largo de las siguientes semanas en sus clases.
…..✦…..
Contuvo un gemido apretando la mandíbula con fuerza, mientras su espalda se curvaba ligeramente de forma involuntaria. Sentía las hábiles manos de la mujer masajeándolo, junto son sus labios y lengua recorrerlo por completo, arriba y abajo, con un ritmo que le exasperaba y excitaba a partes iguales. Su respiración se aceleró y comenzó a jadear débilmente. Apretó los puños y flexionó un poco las rodillas a medida que se acercaba al clímax. La mujer se dio cuenta y cambió el ritmo para alargar el momento. Snape no pudo contener aquella vez un ronco gemido, al que le siguieron varios más, por mucho que intentó contenerlos, para que ella no los escuchara, mientras un intenso hormigueo comenzaba a recorrer cada rincón de su cuerpo. Finalmente todo acabó con un intenso gruñido jadeante.
Inspiró profundamente para normalizar su respiración mientras abría los ojos. Zelda salió de debajo de las sábanas con una sonrisa prepotente.
—¿Te ha compensado dejarte vencer en Duelo?
Él la miró con una sonrisa torcida.
—No del todo.
Zelda ahogo una risita, y comenzó a ascender por su torso, besando la piel a su paso. Se acomodó sobre su pecho cuando sus rostros quedaron a la misma altura.
—Entonces voy a tener que emplearme a fondo —comentó con una sonrisa traviesa.
—Ya te advertí que mi orgullo salía muy caro.
La mujer puso los ojos en blanco y se tumbó a su lado, ligeramente erguida apoyada en su brazo.
—Tú y tu orgullo —comentó hastiada.
Le acarició el brazo con las yemas de los dedos, hasta llegar a la muñequera de piel que el chico siempre llevaba.
—Tengo curiosidad… ¿Qué escondes aquí debajo? Nunca te la has quitado.
Él aparto el brazo con una mueca de enfado, molesto.
—Nada que valga la pena ver.
—¿Es una cicatriz? No me disgustan las cicatrices, me resultan interesantes, sexys, dan carácter —le sonrió ella—. Como esta.
Le acarició la cicatriz blanquecina de su hombro derecho. Snape suspiró, acordándose de Elyon, y del momento en el que ella le atacó tras volver de Azkaban. Pasó los dedos por ella. La lesión había sido bastante seria, el hechizo había lacerado más allá del hueso, poco faltó para que se lo cercenara limpiamente. Había tardado mucho en sanar y finalmente había dejado aquella marca lisa, pero blanca, en su piel. Lo cierto era que no le importaba, era un recuerdo de la joven, un tanto desagradable, pero un recuerdo al fin y al cabo. Algo que llevaría siempre con él. Según Pomfrey, la marca que había dejado ese hechizo élfico no podía ser borrada.
—¿Entonces no vas a decirme que hay bajo la muñequera? —insistió la pelirroja.
—Un estúpido error adolescente, es todo lo que tienes que saber —le dijo con sequedad.
—Sabes que de querer, podría mirar lo que hay mientras duermes, y nunca lo sabrías —cogió con su índice una de las correas de piel de forma juguetona—. Es más, ¿cómo sabes que no lo he hecho ya?
—Sí que sabría que lo has visto, te lo seguro. Y haría que te arrepintieras después de decirte que no —la amenazó con seriedad cogiendo su muñeca con brusquedad, para que soltara la correa.
Zelda lo miró a los ojos. No se lo estaba diciendo en broma. Con el tiempo había llegado a conocerlo lo suficiente para saber cuándo le estaba marcando una línea que no debía cruzar. El joven tenía muy mal pronto si se le apretaba en el sitio equivocado en el momento equivocado. Y aunque nunca la había agredido, no pensaba darle razones para ello. No era estúpida, ya había estado con hombres violentos, y aunque Snape en principio no lo era, tampoco pensaba darle motivos para serlo.
Zelda resopló y salió de la cama, completamente desnuda. Se estiró por completo, insinuándose, de espaldas a él.
—Voy a darme una ducha —le dijo con tono despreocupado—. Si te apetece, puedo enjabonarte la espalda.
Y sin girarse para mirarlo, entró en el baño. Escuchó el agua correr. Se llevó las manos a la cara, frotándose los ojos con cansancio, quedándose tumbado en la cama, dejando la mente en blanco con los ojos cerrados. Al cabo de un rato, ladeó la cabeza mirando la puerta del baño.
—Qué narices… —gruñó para sí.
Salió de la cama y entró en el baño, que estaba lleno de vapor por el agua caliente. Se metió en la ducha junto a la mujer, que estaba de espaldas a él bajo el chorro, disfrutando del agua correr sobre su piel. Snape le besó el cuello, abrazándola. Zelda suspiró con una leve sonrisa, mordiéndose el labio y dejándose hacer, había llegado a pensar que el chico no iría detrás suyo. Él la apoyó en la pared, aún colocado en su espalda, mientras sus manos vagaban por su cuerpo, recorriendo cada centímetro de piel, haciéndola estremecer y desear más. Con la delicadeza habitual, que sorprendentemente tenía el joven, comenzó a masajear su pecho y su otra mano bajó hasta perderse entre las piernas de la bruja, que sintió un repentino calambre de placer recorrerle todo el cuerpo, haciéndola gemir débilmente. Zelda abrió ligeramente las piernas, dejándole claro el siguiente paso que debía dar. El chico no se hizo de rogar. La cogió de la cadera y entró en ella con ímpetu. La mujer gimió más alto, apoyándose en la pared con las manos, disfrutando de las caricias y del rítmico vaivén de la cadera de Snape contra la suya, escuchando la respiración agitada del joven en su oído ahora que se había inclinado sobre ella para ejercer más fuerza. Él aumentó el ritmo y la intensidad, acompañado de los gemidos de su compañera, que el ruido del agua, por suerte, conseguían ahogar.
…..✦…..
Le estaba explicando la lección de pociones somníferas a tres alumnos de segundo curso cuando uno de sus compañeros tutores dejó frente a ella una nota. Elyon lo miró extrañada y desdobló el trozo de pergamino.
"Asamblea de alumnos contrarios a Batts después de las clases de apoyo. Corre la voz entre los alumnos contrarios a sus prácticas."
La semielfa se giró buscando al chico con el ceño fruncido. Prosiguió la clase, y cuando acabó, habló discretamente a los tres alumnos sobre Batts y su opinión sobre él. Ninguno dijo una palabra agradable al respecto, así que les informó sobre la asamblea.
Finalizadas las clases de refuerzo, la sala empezó a llenarse de alumnos de todas las edades y Casas. Si seguían llegando, no habría espacio suficiente para todos allí dentro.
—¿Llegamos tarde? —Grace y Johnny aparecieron entre la multitud.
—Para nada, aún sigue llegando gente ¿Cómo os habéis enterado?
—Me han pasado una nota esta mañana en mi Sala Común, y luego he ido a avisar a Grace y Will ¿Y tú? —contestó el hufflepuff.
—Me acaban de pasar una nota durante las clases de refuerzo ¿Sabéis quién lo ha organizado?
Ambos negaron con la cabeza. En esos momentos apareció Will, junto a Max, Andy y Cathy. Esta última tenía una expresión de enfado y derrota.
—Hola —les saludó.
—Vienes con toda la tropa —Grace torció una sonrisa.
—¿Y esa cara? ¿Ha pasado algo? —Elyon miró a Cathy preocupada.
—Me han quitado la varita —gruñó—. He discutido con un slyterin, me ha lanzado un Tarantallegra y me he defendido. Y en ese momento ha aparecido Batts… treinta puntos menos y la varita requisada veinte cuatro horas.
La semielfa le rodeó los hombros con un brazo para darle ánimos.
—Verás cuando se entere tu hermana. Por cierto, ¿dónde se ha metido? —Elyon miró alrededor.
—La he estado buscando, pero ni rastro. Y sé que se había enterado de la asamblea —Will se encogió de hombros.
—¡Silencio, por favor! ¡Vamos a empezar! —gritó una voz familiar.
En el centro de la sala los alumnos dejaron espacio alrededor de una mesa en la que estaba subida Lisa, junto con otros cuatro alumnos: Betsy Papalica Premio Anual de Ravenclaw, Cameron Cudney de Slytherin, Jerry Goldblum de Hufflepuff y Jessica Wood prefecta de Gryffindor.
—¿Esto es cosa suya? —Johnny no salía de su asombro— ¡Vaya!
—Tu novia de cada día me sorprende más. Jamás habría dicho que fuera capaz de hacer algo así —Grace la miró con aprobación.
Will se mantuvo en silencio, con el ceño fruncido.
—Ya sabéis por qué estamos todos aquí reunidos —prosiguió la morena—. La intrusión que está sufriendo el colegio por parte del Ministerio es inaceptable. Se nos está privando sistemáticamente de nuestro don, se nos está oprimiendo y anulando como magos y brujas, sin ningún motivo. Y ya es suficiente. La magia es un don de nacimiento que hemos de aprender a usar sin miedo y sin coacción, sin una opresión ilógica.
Muchos alumnos aplaudieron y vitorearon.
—Por ese motivo vamos a comenzar a movilizarnos —prosiguió Cundey-. Las vacaciones de Navidad están a la vuelta de la esquina, y las vamos a aprovechar —levantó un grueso fajo de pergaminos—. Aquí tenéis unos formularios para recoger firmas y así cesar a Batts y su asignatura. Aquellos que así lo quieran, pueden coger uno y llevárselo a casa durante las vacaciones. Cuántas más firmas consigamos, más peso tendremos y más presión podremos hacer en el Ministerio cuando las entreguemos.
—Es muy importante la discreción y no caldear los ánimos. Cualquier provocación nos quitará credibilidad —aclaro Wood—. Por el momento esto es todo. Os avisaremos en cuanto haya novedades. A la vuelta de las vacaciones podéis buscarnos a cualquiera de los cinco y entregarnos los pergaminos. Quiero puntualizar que solo serán válidas las firmas de magos mayores de edad, y que es necesario el número de la cartilla de identidad, así que, por favor, no intentéis ni falsificar ni inventaros firmas.
Prácticamente todos los asistentes hicieron cola para coger uno de los formularios de recogida de firmas. Poco a poco la sala se fue vaciando, hasta que solo quedaron Elyon y los demás, y Lisa junto a los otros cuatro cabecillas del movimiento contra Batts.
—Iremos hablando —se despidieron los cinco estudiantes.
—Lisa, lo admito, eres toda una Gryffindor. Me había equivocado contigo de cabo a rabo —le sonrió Grace—. Has sacado a relucir todo el coraje que tenías guardado en alguna parte, bien escondido de los demás.
Su amiga se sonrojó.
—No soporto más esta situación estúpida. Lo empecé a hablar con algunos compañeros y…
—Y te estás jugando tu futuro en el Ministerio —la interrumpió Will de mal humor.
—¿Perdona? —su novia lo miró dolida.
—Querías trabajar en el Ministerio, si le plantas cara así, no te dejarán entrar nunca —le dijo el slytherin.
—No estamos haciendo nada ilegal, nos hemos informado bien. No pueden tomar represalias —aclaró Lisa.
—¿Pero y si lo hacen? ¿Y si echas por tierra tu futuro?
—Ammm chicos, calmaos —Elyon vio la tensión creciente.
—Si toman represalias puede que hasta me hagan un favor. No quiero trabajar para gente que solo intenta someter a los demás para tener el control —le espetó.
—¡¿De dónde te sacas todo eso?! —le gritó su novio frustrado.
—Will, relájate —Johnny le puso la mano en el hombro a su amigo, pero este se revolvió para deshacerse de él.
—¡Por favor! ¡¿Es que no miras a tú alrededor?! ¡¿No lees la prensa?! —exclamó furiosa—. Antes solo había miedo por la guerra, y ahora que ha terminado solo quieren que siga habiendo miedo porque beneficia al nuevo gobierno.
—¡¿Y desde cuándo sabes de política y de cómo funciona el mundo?! ¡Si hasta hace nada apenas veías más allá de tu nariz llorando siempre por los rincones con lo desgraciada que era tu vida familiar!
Will supo en ese momento que se había pasado.
Todos se quedaron en silencio, conteniendo el aliento. Lisa levantó la cabeza con orgullo, conteniendo el llanto, y se fue de allí sin decir nada. Su hermana Cathy corrió tras ella.
—¿Cómo has podido decirle eso? —Elyon lo miró atónita.
—Yo… se me ha escapado.
—Te has lucido, hermanito —bufó Max negando con la cabeza—. Yo que tu iría a pedirle disculpas ahora mismo.
—¡No! No se da cuenta de su error. Desde que ha empezado a estudiar política y se junta con ciertos compañeros, ha cambiado mucho. Va a tirar su futuro a la basura. Todo el esfuerzo que ha puesto estos años…
—Le está ayudando a madurar y a ver que el mundo es muy grande —la defendió Grace—. Siempre ha tenido una visión bastante amplia aunque no te dieras cuenta. De no ser por ella tú nunca habrías entrado en el grupo, ¿recuerdas?
—No seas capullo y pídele perdón —le dijo Johnny cruzándose de brazos—. Ella está haciendo lo que cree que es correcto. Si realmente la quieres, tu deber es apoyarla, y si se arrea la hostia de su vida, tu deber será ayudarla a levantarse. Si no eres capaz de ver eso, lo mejor es que rompáis, porque obviamente no le estás dando lo que necesita.
El huffeplepuff le puso una mano en la espalda a su hermano y también se fueron. Will miró al suelo apretando los labios con ojos llorosos.
—Yo solo quiero protegerla —musitó.
—Pero así no la proteges, le cortas las alas —le dijo Elyon—. Lisa es una chica lista, no hace las cosas sin pensar, no es yo —le puso una mano en el hombro con cariño—. Ven, te allanaré el terreno para que puedas pedirle disculpas.
El slytherin suspiró, y asintió. Los cuatro salieron de la Sala de los Menesteres.
—No romperán, ¿verdad? —Max miró a Grace, preocupado—. Lisa me cae muy bien.
—Eso dependerá del tacto que pueda tener tu hermano —la ravenclaw se encogió de hombros.
Ella tampoco quería que rompieran. Hacían muy buena pareja, una bastante adorable y sólida. O lo había sido hasta la irrupción de Batts. Ese hombre estaba crispando a todo el mundo, estaba consiguiendo sembrar la enemistad y la desconfianza entre los alumnos, estaba corrompiendo el espíritu de Hogwarts poco a poco.
…..✦…..
Llamaron a la puerta. Había querido posponer al máximo aquella reunión, pero ese irritante inquisidor del Ministerio había empezado a abusar de su autoridad. Ahora sabía cómo se las gastaba, en su primer encuentro se había mostrado excesivamente correcto y cordial, pero por lo visto esa máscara solo la usaba con los que estaban por encima de él.
—Adelante.
—Buenas tardes, profesor Dumbledore —saludó Beaumont Batts entrando en el despacho del director— ¿Me ha usted… usted me ha… mandado llamar?
Eso también era falso. Esa especie de lentitud y tartamudeo al hablar era solo una treta, una estrategia para irritar al otro. Pero Dumbledore había sido durante muchos años profesor de Transformaciones y también había aprendido algunos trucos.
—Así es… eh, profesor Batts —el director estaba revisando unos documentos sin prestar demasiada atención al recién llegado—. Tenemos que hablar, amm… eh… de sus… recientes… actividades… en el colegio. Actividades que… amm… bueno, no han sentado… —se quedó en silencio unos segundos leyendo una página— ¿Por dónde iba?
—Director, le veo ocupado ¿Prefiere… prefiere que vuelva en otro momento?
—No, no, no —seguía sin levantar la vista de los documentos—. Tome asiento, en seguida, amm… estoy… estoy con usted.
Batts se sentó. Dumbledore observó que pese a que aún mantenía su máscara de cordialidad empezaba a sentirse molesto porque le ninguneara.
—Verá, en realidad… amm… estoy revisando… revisando todas las quejas que me llegado sobre… amm… —hizo un fajo grueso con los documentos de su escritorio y los dejó finalmente sobre la mesa— …sobre usted —el director lo miró sin perder la sonrisa—. Como puede ver no son pocas y… bueno, no puedo dejarlas pasar sin más.
—Lo comprendo. Verá, cuando llegué aquí ya sabía que el trabajo que me encomendó el Ministerio no sería muy popular. Pero es algo que en el Ministerio acordamos que debía… bueno… hacerse —Batts forzó una sonrisa, se notaba que era algo que no solía hacer a menudo, daba casi hasta miedo.
—Por supuesto, yo no soy quién para rebatir las decisiones del Ministerio. Precisamente de eso quería hablarle. Verá, usted fue contratado por el Ministerio como profesor. Eso es una situación un tanto irregular, ya que la autoridad para contratar y despedir corresponde al director. Bueno, no pretendo decirle como hacer su trabajo, y si el Ministerio ha decidido que debemos incorporar la asignatura de Ética y Buen Uso de la Magia, bienvenida sea. Pero como he dicho antes, no puedo dejar pasar todas estas quejas…
—Director —le cortó Batts notablemente ofendido—, ¿intenta decirme que va a despedirme? Porque eso sería una traba a la voluntad del Minis…
—Lo que intento decirle, señor Batts —lo interrumpió tajante—. Es que si usted no se limita a enseñar su asignatura tendrá que hacer las maletas, porque le encontraré un sustituto más rápido de lo que vuela una snitch. Puede que sea usted amigo del Ministro, pero no pienso dejarle pasar su abuso de autoridad —el mago le señaló los papeles—. Está usted interfiriendo en las clases de los demás profesores, dejando a alumnos sin varita en un colegio de magia mientras recluta su propio cuerpo ilegal de acólitos. Puede que el Ministro crea conveniente su asignatura, pero dudo que apruebe sus métodos.
Batts se había puesto rojo de ira, pero aun así mantuvo la compostura lo mejor que pudo. Finalmente expulsó una bocanada de aire y pareció relajarse notablemente.
—En realidad… —dijo el hombre mientras rebuscaba en su maletín—, sí tengo autorización del Ministro.
Batts le tendió un documento a Dumbledore.
—Es una ampliación de mi contrato firmada por el propio Ministro, en la que se me autoriza a realizar cualquier actividad extraescolar destinada a implementar el correcto uso de la magia dentro del recinto escolar. Así que bueno, tiene usted parte de razón, me he excedido en mis funciones. Le prometo que no volveré a interferir en las clases de otros profesores ni en las salidas a Hogsmeade, pero como puede observar, estoy capacitado para aplicar el temario de mi asignatura en tiempo extraescolar y a formar cualquier actividad o comité estudiantil en ese sentido, o como usted lo ha llamado, a formar un grupo de acólitos. Aunque eso sí, perfectamente legal.
Dumbledore revisó el documento. Lamentablemente Batts tenía razón, el estúpido de Fudge le había dado poderes para hacer lo que le viniera en gana fuera de las clases.
—Le ruego que comunique los nuevos límites de mis funciones al resto del profesorado. Seguro que eso reduce significativamente su montón de amm… quejas. Que pase una buena tarde profesor. Puede quedarse con la copia que le he dado.
El hombre se levantó y se dirigió hacia la puerta.
—Profesor Batts —le llamó Dumbledore—, le estaré vigilando.
—No esperaba otra cosa —dijo Batts saliendo del despacho.
El director informó a los profesores de la nueva situación. Y aunque suponía el fin de la intromisión en sus clases, no les había gustado la ampliación del contrato por parte del Ministerio. No entendían porque Dumbledore no se presentaba personalmente frente a Fudge y ponía fin a todo aquel sinsentido.
Si os ha gustado, no dudéis en dejarme un review! Siempre los leo y los contesto (si estáis registrado en la plataforma, si no, me es imposible). Además de que me motivan mucho para seguir trabajando.
También podéis buscarme en redes para saber más de esta historia (link en mi biografía).
¡Un saludo a todos!
