6º curso. Capítulo 3
Lisa y Will hablaron, y aunque no llegaron a romper, tampoco recuperaron la complicidad que siempre habían tenido. No se cogían de la mano, no se besaban ni en la mejilla, ni se acurrucaban en el sofá de la Sala de los Menesteres.
Aquella situación hacía que en el grupo se respirara un aire tenso. Incluso Johnny era consciente de que debía ir con cuidado. Parecía a punto de explotar conteniendo sus típicas bromas y comentarios de doble sentido.
—¿Soy el único que se siente incómodo junto a ellos? —les comentó a Grace y Elyon antes de Pociones.
—Para nada… ya ha pasado una semana y siguen como al principio. No sé si sería mejor que se hubieran dado un respiro o algo así —suspiró la ravenclaw.
—Dadles un poco más de tiempo. Ha sido una bronca seria —intervino la semielfa—. Además, aunque Will le haya pedido perdón, cada uno sigue en sus trece. Esto no se va a arreglar de la noche a la mañana, por desgracia.
—Y si lo dice la experta en encabronarse con alguien una buena temporada, a pesar de tener que pasar horas con esa persona, será verdad —se mofó Johnny mirándola con una ceja alzada.
Elyon se sonrojó y tragó saliva imperceptiblemente. Cómo se alegraba de que ni el hufflepuff ni el resto supieran lo que sentía por su profesor. Snape abrió la puerta del aula y ella, al mirarlo, se sonrojó aún más.
La clase transcurrió con normalidad y, al final de esta, el profesor devolvió los trabajos corregidos que les había pedido dos semanas atrás. Junto al estudio sobre el Felix Felicis, Snape le había dejado a la semielfa una pequeña nota.
"¿En mi despacho después de la cena?"
Elyon dibujó una pequeña sonrisa. Levantó la vista y buscó los ojos de su profesor, que la miraba desde su mesa. Ella asintió. Y se apresuró en guardar la nota en su bolsa, junto al trabajo. No quería que sus amigos la vieran, ya que esa proposición casi parecía una cita. La sonrisa de Elyon se agrandó un poco más. Una cita... ¿con Snape? ¡Qué tontería! Él tenía una relación con Zelda, estaba prácticamente segura de ello. Arrugó la nariz, decepcionada. Había comenzado a asumir que él obviamente siempre iba a mostrar más interés hacia mujeres más próximas a su edad que a una adolescente como ella. No, aquello no era una cita, simplemente tenían que seguir preparando la Evaluación para que volviera a ser su Protector. Aquello era mejor que nada, al menos podría disfrutar de su compañía a solas. Disfrutar del verdadero Snape, al que muy pocos conocían.
…..✦…..
Estaba revisando los ingredientes que tenía guardados bajo llave en el armario privado de su despacho. Apuntó unos cuantos que debía reponer. Pomfrey le había pedido pociones nuevas para la enfermería. "Como si no tuviera suficientes cosas por hacer" pensó con cansancio. El encargo realmente no le suponía ninguna molestia, centrarse en un caldero siempre le relajaba. Estar pendiente del proceso de elaboración no le dejaba margen para pensar en nada más, ayudando a liberar su mente del estrés y las responsabilidades diarias. Y en ese caso, además, se moría de ganas por probar unas posibles mejoras en un filtro para fiebres invernales que había estado investigando en sus escasos ratos libres.
Llamaron a la puerta con suavidad. Una pequeña sonrisa ladeada acudió a sus labios.
—Adelante.
Elyon entró con timidez.
—Dame tres minutos —le pidió mirándola de soslayo.
—El que necesites, me has… citado tú —la joven que encogió de hombros y se acercó con andar inquieto a la mesa.
La semielfa se mordió la lengua ¿Realmente la palabra correcta era "citado"? No le dio más importancia o acabaría poniéndose más nerviosa de lo que ya estaba por volver a estar allí a solas con su profesor. Miró los pergaminos que había sobre la mesa, frunciendo el ceño.
—¿Qué poción es esta?
—Si no sabes cuál es, quizá debería suspenderte cuarto curso —respondió el profesor mientras seguía con el inventario.
—Parece un filtro para fiebres invernales, pero hay pequeñas modificaciones... ¿Estás intentando mejorarlo?
—Tengo mis hobbies, como todos —Snape se limitó a encogerse de hombros.
—No sabía que te gustaba la investigación —sonrió la semielfa, leyendo las diferentes variaciones que había ideado el chico.
—Ya te dije en su momento que no me conoces tan bien como crees —le dijo cerrando las puertas del armario.
—Pero te conozco más que la mayoría —torció una mueca maliciosa—. O eso espero...
Ambos se sostuvieron la mirada unos segundos. Snape carraspeó y fue en busca de algo a otro de los armarios de su despacho. "¡Cállate, cállate, cállate!" le gritó una vocecilla a Elyon mientras intentaba no sonrojarse.
—Tenéis un folklore curioso —comentó tras sacar uno de los libros de leyendas de la chica, junto con un pequeño fajo de pergaminos—. En cuanto a vuestra historia… No tenéis mucho que envidiar a la de los duendes.
—Qué gracioso —refunfuñó ella mientras el chico se sentaba a su lado—. Suelen ser disputas por el territorio. Y en su mayoría azuzadas por la expansión de los humanos.
Snape rebuscó en el fajo de pergaminos y cogió uno de ellos señalando uno de los párrafos.
—Tres guerras en un año, esto tiene que ser un récord, seguro.
—¡No fueron en un año! ¿No ves las fechas? —se indignó señalándolas.
—Sí, 1710 —leyó.
—Dos en 1710 y la otra en 1716 —aclaró ella remarcando el número con el dedo
Snape frunció el ceño.
—Deberías mejorar tu caligrafía —la miró alzando una ceja.
Elyon gruño cogiendo la pluma de su profesor, repasando la fecha para que se entendiera mejor. El mago se aguantó la risa como pudo.
—Lo escribí muy deprisa para podértelo dar, me distes muy poco margen —se excusó.
—De acuerdo… dos en un año… creo que sigue siendo un récord —insistió él.
La semielfa entornó los ojos con enfado.
—¿Alguna otra cosa a comentar? —quería cambiar de tema.
—Me sigue costando diferenciar algunos caracteres de vuestro alfabeto.
—¿No te va bien la guía que te escribí? —le preguntó preocupada—. O es que tampoco entiendes ahí mi letra.
Snape esa vez no se molestó en disimular las carcajadas. Elyon negó con la cabeza, con resignación.
—Pues podemos leer el libro juntos, a ver si te vas aclarando —propuso la semielfa.
El profesor aproximó su silla a la de ella, sacó el otro libro de folklore escrito en élfico de uno de los cajones de su escritorio y lo puso frente a ambos.
—¿Dónde te has quedado? —Elyon lo abrió y comenzó a pasar páginas.
—En la fábula del sapo y la luna.
—Pues has avanzado bastante para no aclararte —opinó con asombro.
Snape la miró de reojo. No era cierto que no se aclarara con el alfabeto. Había partes que sí le costaban un poco más, y avanzaba con más lentitud de la que le gustaría, pero había acabado el libro hacía dos días. Simplemente había necesitado una excusa para estar a solas con ella. Disfrutar de la calma que le proporcionaba su compañía. Y de igual manera no le iba mal releer el libro para asegurarse de que lo había entendido perfectamente y comentarlo con la chica, por si había más detalles que hubieran pasado de forma oral de padres a hijos. Además debía seguir explicándole más sobre su forma de vida y costumbres. Quería pasar la Evaluación. Necesitaba pasar la Evaluación.
…..✦…..
Las lechuzas y búhos sobrevolaban el lugar repartiendo cartas y paquetes entre los estudiantes. Un pequeño búho gris se posó frente al desayuno de Elyon. En cuanto vio el remitente abrió el sobre con tanta rapidez que casi lo destrozó junto con la carta que contenía.
"Siento haber tardado tantísimo en responder. No me llegaban tus cartas ni a ti te llegaban las mías, parece que en el barrio hay un grupo de críos muggles que se dedican a apedrear, atacar y matar a las aves, unos verdaderos salvajes. He dado aviso y el Ministerio lo investigará. Si algunas de nuestras cartas han caído en sus manos sería un desastre.
No me preocupé en exceso por no recibir tus cartas porque suponía que no había pasado nada grave, y que estabas ocupada con todos tus nuevos deberes familiares y el curso, ahora que te estás especializando. Yo también estaba liado y se me pasaban los días sin darme cuenta. Pero al recibir por fin una de tus cartas me he sentido fatal ¿De verdad que estás bien? ¿Seguro? Si es necesario habla con Dumbledore para que me avise y me presentaré allí en el acto, prometo que no le diré las razones. Igualmente contesta esta carta para que me quede tranquilo, o iré igualmente a Hogwarts en un margen de dos días.
Me siento en deuda con Lisa, Will, Johnny y Grace, incluso con Jason, por el apoyo que te han dado y por cuidarte tan bien. Si algún día me encuentro a Lucius te prometo que se arrepentirá. Maldito bastardo malnacido, ojalá lo enviaran a Azkaban con los suyos, que es donde tiene que estar.
Te avisaré en cuanto pueda ir a haceros una visita, porque de verdad que no me perdono el no haber estado allí para ti cuando más lo has necesitado. No volveré a permitir que estemos tanto tiempo sin saber el uno del otro. Si en algún momento has estado resentida conmigo tienes toda la razón y el derecho a sentirse así. He demostrado ser un hermano mayor pésimo."
Elyon resopló negando con la cabeza y una pequeña sonrisa cariñosa. No quería que se tortura así, no había sido culpa suya, sino de ese grupo de indeseables. Aunque en esos momentos le hubiera gustado tenerlo frente a ella para abrazarlo hasta quedarse sin fuerza en los brazos.
El tono de la carta se fue relajando y acabó contándole lo que había pasado durante esos meses, que se resumía en el trabajo, arreglar un poco la casa para que fuera más acogedora y su relación con Sara. Sobre ella le comentaba que tenía ganas de presentársela a sus padres, pero que el trabajo la tenía ocupada con horas extras y que aún no había tenido la oportunidad, que intentaría presentársela en Navidad, que esa era la época perfecta.
—¿Y esa carta? —Lisa la miró con curiosidad.
—De Remus.
—¡¿De Remus?! ¡Por fin! —exclamó emocionada— ¿Y qué cuenta? ¿Qué ha pasado para que esté tan desaparecido?
Le pasó la carta a su amiga mientras ella sacaba un pergamino de su mochila, pluma y tinta, y se ponía a escribir la respuesta con rapidez, para enviársela esa misma mañana antes de que todas las aves desaparecieran y que así el chico se quedara tranquilo.
—A ver cuándo a nosotros también nos presenta a su novia —comentó la gryffindor.
Elyon vio marcharse al búho con su carta y cruzó dedos para que le llegara. También pedía respuesta a ella, le había dejado una posdata en la que si en tres días no le respondía, hablaría con Dumbledore para buscar una solución a los problemas de correspondencia que estaban teniendo. Menos mal también que en cada carta, al no recibir respuesta, le había seguido contando, de forma resumida, lo de Lucius y las cosas que habían pasado. Había sido repetitivo y tedioso hacerlo carta tras cartas, pero al menos así el chico se había enterado de todo una vez consiguió recibir la correspondencia.
…..✦…..
Todos miraban a Batts con aburrimiento. Parecía que el tiempo no pasaba y que, por mucho que avanzaran en el libro, este no estaba más cerca de terminarse.
Lisa seguía haciendo rayitas en un pergamino para mantenerse despierta. Grace apuntaba palabras clave que luego la ayudaran en los trabajos. Elyon apenas prestaba atención, estaba escribiendo una lista de todo lo que tenía que explicarle aún a Snape. Lo estaba escribiendo en élfico para evitar que el resto supiera de qué se trataba y, de paso, practicaba así la escritura. Había en esa lista varias cosas a explicar de las que aún no tenía claro cómo hacerlo: música, canciones y baile. No tenía manera de conseguir el material, no era algo que se pudiera escuchar en la radio. Eso sin contar que la música era un tema con el que Snape se cerraba en banda. Cada vez que lo mencionaba se ponía tenso y buscaba otra cosa de la que hablar. También le preocupaba mucho que ni ella sabía muy bien qué se hacía durante la Fiesta de la Primavera, así que no le podía decir gran cosa de ella.
—Señorita McWilliams, ¿podría seguir con la lectura? ¿O está… está demasiado ocupada garabateando en el pergamino? —dijo Batts en voz alta.
Ella soltó de golpe la pluma y se levantó con el pesado libro en brazos. Miró un momento a Grace a los ojos.
"Página cuatrocientos dos, quinto párrafo" escuchó la voz de la chica en su cabeza.
Giró la página y prosiguió con la lectura. El mago se acercó a ella mirándola con detenimiento. Luego se fijó en el pergamino escrito, en el que no podía entender ni una sola palabra. Al finalizar la clase, mientras recogían, se colocó junto a Elyon.
—¿Podría… podría decirme qué es lo que ha estado escribiendo durante mi clase? —le preguntó alzando una ceja.
—Conceptos para tener más claro el contenido de los capítulos —se limitó a contestar.
—¿En élfico? —le sostuvo la mirada, aún con la ceja levantada.
—Sí… en élfico ¿Le supone eso algún problema? Es mi lengua materna y me es más cómodo y rápido de escribir —mintió con toda la naturalidad de la que fue capaz.
—El único problema… pequeño problema que me supone, es no saber realmente si me está mintiendo, señorita McWilliams —le dijo afectado—. Así que le restaré cinco puntos como advertencia.
—¿Advertencia de qué? —se indignó ella— Estaba tomando apuntes sobre su clase.
—Y yo no la creo —sonrió Batts con autosuficiencia—. Este colegio es para magos ingleses, así que compórtese como cualquiera de sus compañeros. Algunos… algunos también tienen una lengua materna que no es la inglesa y aun así… ellos toman apuntes en inglés.
La semielfa no quiso seguirle el juego, se mordió la lengua y asintió apretando los labios, con una sonrisa muy forzada. Terminó de recoger y salió del aula.
—Gilipollas —gruñó por lo bajo cuando salió al pasillo.
—Quien pudiera darle una buena hostia, de verdad —comentó Lisa con frustración.
—Andy me ha contado que en su clase también ha quitado puntos por chorradas, pero que por suerte no ha requisado varitas —Johnny se desperezó con un sonoro bostezo.
—Hace bastante que nos las requisa, ¿no? —Grace los miró pensativo.
—Puede que por fin Dumbledore le haya parado los pies —Will se encogió de hombros.
—A saber… pero ahora en serio, ¿qué escribías en el pergamino? —el hufflepuff la miró con curiosidad.
—Cosas en las que tengo que mejorar antes de ir a Imtar.
Elyon no les había contado que Snape se estaba preparando para recuperar el puesto de Protector, tal y como les había dicho Kove, los tres debían mantener el secreto. No le gustaba volver a tener secretos con ellos, pero era de vital importancia para que no llegara a oídos de su abuelo.
—En pocas semanas es Navidad ¿Sabéis si os vais a quedar? —les preguntó Grace.
—Me voy como cada año —respondió Johnny.
—Yo también me iré —Lisa se encogió de hombros.
—Max y yo también volvemos a casa —contestó Will.
—¿Eso quiere decir que nos quedamos tú y yo solas, o mejor aviso a mis padres de que este año voy a casa? —la pelirroja miró a Elyon.
La semielfa se los quedó mirando. Ese año tenía la oportunidad de pasar las fiestas fuera del castillo, con su familia. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. Y además, si iba, podría seguir recabando información para la Evaluación de Snape y la Fiesta de la Primavera.
—Me iré a Imtar —le dijo.
—Ya me lo imaginaba —resopló Grace—. Bueno… será como la primera Navidad en la que nos conocimos todos. Siempre podemos quedar algún día en Londres.
Esa tarde Elyon le escribió una carta a su abuelo diciéndole que quería volver a Imtar por Navidad. Y teniendo en cuenta que desde que había regresado a Hogwarts no le había escrito, seguro que se alegraría y no le diría que no a su petición. Pensaba jugar esa carta a su favor. Si tenía que fingir que ya no estaba tan enfadada con él, lo haría con tal de conseguir toda la información que necesitaba.
…..✦…..
En el pasillo de camino a la Sala Común, tras la comida, Havelik la paró un momento para hablar sobre las clases de apoyo de las que él también era tutor, aunque de Encantamientos.
—Necesito que me cambies el turno del martes —le pidió—. Tengo un trabajo muy importante de…
—No te preocupes —respondió despreocupada—. Me va bien el cambio, avisaré a mis alumnos.
El chico de séptimo de Ravenclaw asintió y se la quedó mirando. Ella se revolvió incómoda.
"Tiene los ojos tan verdes… me recuerda a la hierba, al césped del campo de quidditch ¡Qudditch! ¿Qué día es? ¡El entreno es hoy!" escucho la voz acelerada del chico en su cabeza, hilando un pensamiento con otro hasta que abrió mucho los ojos.
—¡Me voy que había olvidado el entreno! —se despidió con rapidez corriendo por el pasillo.
Elyon rio por lo bajo negando con la cabeza. Había seguido usando la Legeremancia con sus compañeros cuando estos parecían mirarla más de la cuenta, y para su alegría ninguno había pensado nada desagradable o subido de tono. Normalmente pensaban en los trabajos, las clases o asuntos triviales. Como mucho hacían algo parecido a lo de Havelik, un piropo que terminaba en un pensamiento completamente diferente. Solo un alumno de tercero había pensado fugazmente en cómo sería verla en bikini, pero teniendo en cuenta su edad, tampoco le extrañó, le hacía recordar a Johnny en el camping durante el verano.
Snape había visto la escena y cómo la joven se había movido ligeramente incomoda mientras hablaba con el chico. Inspiró con fuerza y se acercó con decisión.
—¿Todo bien?
Elyon se giró de golpe, sobresaltada.
—Sí, todo bien —le respondió— ¿Por qué no iba a estar bien?
El profesor apartó la vista, incómodo. No sabía cómo sacar el tema.
—No estaba seguro de si Havelik te estaba incomodando —se limitó a decir.
—¿Por qué iba a…? ¡Oh! —comprendió sonrojándose.
Había olvidado que él estaba al tanto de lo ocurrido con Lucius.
—Tu problema, desgraciadamente, salta a la vista —comentó.
Aquello era obvio, si no, McGonagall no habría ido a hablar con ella en Hogsmeade.
—Estoy bastante mejor —respondió sonrojándose aún más—. Y no, no me ha incomodado.
Hablar con él de ese tema le resultaba increíblemente violento.
—La Legeremancia me está ayudando a ver que no todos son como Lucius Malfoy.
—La Legeremancia fue la que te creó el problema —le echó en cara, alzando una ceja con seriedad—. No deberías usarla a la ligera, y además no es ético.
—Lo sé —musitó ella con la vista baja.
Snape puso os ojos en blanco ¿Podía tener menos tacto?
—Sé que la Oclumancia la tienes bastante dominada, pero aún no controlas la Legeremancia al ser algo innato en ti. Sigues permitiendo que te influyan las emociones —la joven se encogió de hombros—. Si quieres, podemos retomar las clases.
—¿Más clases? ¿De verdad? —resopló— Dejadme respirar un poco, o no tendré ni tiempo para estudiar y hacer los trabajos.
—Sí, más clases —respondió molesto por su actitud—. Si no te hubieras saltado tantísimas en su momento, este tema estaría más que solucionado. Y como ya te he dicho, te habría ahorrado el disgusto con Malfoy.
—Si Malfoy no fuera un cerdo también me lo habría ahorrado —musitó ella cruzándose de brazos.
Entre ellos se instaló un silencio tenso.
—Vale… dime cuándo retomamos las clases de Legeremancia —cedió al fin.
—Aprovecharemos los días en los que preparamos la Evaluación —le dijo Snape más relajado.
Elyon asintió. Al menos no saturaría su horario semanal, que ya estaba bastante lleno.
—Por el momento practica intentando controlar tus emociones. No dejes que te dominen continuamente. Intenta levantar una especie de barrera que te proteja de los demás.
—No quiero aislarme de todos —protestó.
—No es aislarte, es dejar una distancia de seguridad —le aclaró.
—De acuerdo, practicaré en ello —gruñó la joven.
—Y ahora vete a donde sea que tengas que ir —la despidió con un ligero ademán.
La chica dibujó una pequeña mueca de hastío y se marchó. "De verdad, Severus ¿Puedes tener menos tacto?" le dijo aquella vocecilla tan insufrible que parecía disfrutar recriminándole sus errores.
…..✦…..
Batts devolvió las disertaciones del último capítulo que habían terminado en clase. Todos ellos tenían una puntuación bastante baja. A muchos les había restado puntos en él por nimiedades como manchas de tinta en el pergamino y caligrafía difícilmente legible.
Los únicos que se habían librado era los integrantes de su pequeño grupo de adeptos, cada vez más numeroso, que habían seguido restando puntos a sus compañeros en los pasillos y jardines por supuesto uso indebido de la magia.
Todos estaban ansiosos por que la recogida de firmas durante las vacaciones tuviera éxito.
…..✦…..
Elyon se cargó al hombro la bolsa en la que guardaba el arco, junto al carcaj y las flechas. Solo se llevaba eso y la bolsa que ya había usado en verano en Imtar, dentro de la cual únicamente había material para estudiar y alguna prenda. Sus compañeros, sin embargo, se llevaban los baúles para pasar la Navidad en casa.
—¿Y tú baúl? —Johnny la miró extrañado.
—Todo lo que necesito está en la bolsa. El resto me lo prestarán en Imtar.
—¿Este es el arco? —Grace se había puesto de puntillas para intentar abrir un poco la bolsa y ver que contenía.
En sus prácticas prefería estar sola, sin sus amigos pululando alrededor. Necesitaba estar tranquila y centrada, y además, si no había nadie podía relajarse, el motivo por el que principalmente se escapaba algunos días con su arco lejos del castillo y del resto de estudiantes.
—Sí, pero está desmontado. No lleva puesta la cuerda —aclaró al ver la cara de desconcierto de su amiga—. La pongo cada vez que he de usarlo, para que no se estropee.
—¿Algún día me dejarás usarlo? —el hufflepuff le hizo pucheros.
—¿A ti? —Elyon alzó una ceja— Ni de coña ¿Para que te mates? Además no tendrías ni fuerza en los brazos para tensarlo.
—¿Pero cómo me voy a dar a mí mismo? —protestó indignado.
—Conociéndote… te las apañarías para conseguirlo.
—¿Y Lisa? —la ravenclaw miró alrededor.
—Aún estaba terminando de preparar su baúl. Pero me ha dicho que no la espere. Creo que quería hablar con Will a solas.
—A ver si al volver de vacaciones lo han arreglado —suspiró su amiga.
—Eso espero —comentó Johnny—. Esta tensión es ya insostenible. O lo arreglan o cortan, pero ya está bien de esta incertidumbre.
—Vaya tacto tienes… no me extraña que las novias no te hayan durado —comentó la semielfa con desagrado.
El chico entornó los ojos con enfado, clavándole a mirada.
—¿Entonces te vienes hasta la estación de Hogsmeade con nosotros? —Grace cambió de tema para que el tejón no terminara por explotar.
—Sí. Mi tío me recogerá allí —sonrió contenta de poder, por primera vez, participar en esa parte de la rutina del resto de estudiantes.
—¿Tu tío bueno? Digo, tu tío, el que está bueno —comentó su amiga, azorada.
—Solo tengo un tío —aclaró Elyon.
—¿Cómo que el que está bueno? —Johnny se metió enseguida en la conversación.
—Como si tú no te hubieras fijado —resopló la pelirroja.
—No está tan bueno… ni es tan guapo —insistió el chico.
La semielfa miró a ambos, conteniendo la risa.
—Si algún día pisáis Imtar vuestras hormonas colapsarán —se mofó.
La miraron confusos.
—Os parecerá que todos están buenos —aclaró—. Os recuerdo que nuestra magia distorsiona muchísimo la percepción que tenéis de nosotros. Hace que todos os parezcan atractivos, cuando no es verdad. Somos como los humanos, algunos más agraciados que otros, y no todos son fuertes y atléticos. Mi tío es de la Guardia, por eso está tan en forma.
—¿Y cuándo dices que me invitas a ir? Quiero que mis hormonas colapsen —Johnny se frotó las manos con una enorme sonrisa pícara.
—Si pisas Imtar el ruido del petardazo de tus hormonas se oirá hasta en París —se mofó Grace.
Elyon rio con fuerza.
—¿Cuánto falta para que lleguen los carruajes? —preguntó cuando consiguió dejar de reír, secándose las lágrimas.
—Pues… —Grace miró a su alrededor— Aún faltan muchísimos alumnos para poder llenar la primera tanda… pero no menos de media hora.
La semielfa se mordió el labio, pensativa.
—Vale. Pues esperadme, ahora vuelvo. He olvidado una cosa —dejó la bolsa con el material escolar sobre el baúl de su amiga, y se quedó solo con la del arco.
Ambos asintieron y la joven se escurrió con rapidez entre los alumnos, asegurándose de que nadie, sobre todo Johnny y Grace, se percataba de que bajaba los escalones hacia las mazmorras. En el oscuro pasillo se cruzó con algunos slytherin que arrastraban sus baúles camino a la entrada del colegio, gracias a Batts no usaban un conjuro para que flotaran tras ellos e hiciera más fácil su transporte.
Llamó con energía a la puerta del despacho, torciéndose hacia atrás el meñique con nerviosismo. Escuchó pasos al otro lado y expiró levemente.
—Hola —saludó con timidez cuando la puerta se abrió.
Snape la miró alzando una ceja. Iba vestida con ropa elfa y llevaba el pelo recogido, a excepción de los mechones azules que enmarcaban su rostro, en una trenza que descansaba sobre su hombro izquierdo. Al hombro derecho llevaba una bolsa alargada.
—¿Ocurre algo? ¿Al final no te marchas? —le preguntó extrañado, fijándose en su aspecto y la bolsa.
—Claro que me marcho —respondió con emoción—. Tengo que seguir recabando información para tu Evaluación.
—¿Por… por eso vas a allí estas fiestas? —el joven la miró con asombro, sintiéndose algo culpable y al mismo tiempo feliz porque ella se preocupara tanto porque consiguiera superar la prueba.
—No solo por eso. Por fin podré volver a celebrar la Navidad en familia, aunque creo que será distinto a lo que estoy acostumbrada —su mirada se iluminó con ilusión—. Pero el hecho de poder conseguir información extra es una motivación adicional.
—Ve con cuidado por cómo consigues esa información, no eres precisamente sutil y tu cara es un libro abierto —se mofó el profesor—. Te veo muy capaz de echar por tierra todo el trabajo que hemos hecho hasta ahora.
—Ja, ja —refunfuñó ella—. Tu capacidad para infundir ánimos no conoce límites.
—Me alegro que seas capaz de apreciarlo —le dijo con una sonrisa prepotente.
Elyon suspiró negando con la cabeza.
—A lo que venía… Feliz Navidad —lo miró a los ojos y sonrió—. Espero que pases unas buenas fiestas y nos vemos a la vuelta.
Dio un sutil paso hacia él, pero se corrigió en el acto y retrocedió. Había tenido la intención de darle un beso en la mejilla, pero se lo había pensado mejor. Había sido un impulso estúpido que por suerte había podido frenar. Pero Snape se había dado cuenta del gesto y se sintió decepcionado por que la joven se lo repensara.
—Feliz Navidad —respondió asintiendo.
¿Y si se atrevía a hacer lo que ella no? Aquella era una idea terrible.
La joven se movió inquieta.
—Mejor vuelvo ya o los carruajes se irán sin mi —comentó colocándose los mechones azules tras las orejas.
Se alejó con rapidez bajo la atenta mirada de su profesor. Snape sintió lo mismo que cada vez que la veía ir con los suyos: desasosiego. Una parte de él tenía miedo a que no volviera, a que decidiera quedarse con los suyos, sin volver la vista atrás. Sin tan solo un adiós.
…..✦…..
Cuando volvió al vestíbulo Lisa y Will también estaban allí con sus respectivos baúles, y había el doble de alumnos que cuando había ido a despedirse de Snape. Los carruajes no tardaron en llegar y los jóvenes subieron a ellos de forma ordenada.
—Se me sigue haciendo rarísimo ver a los thestrals, porque además, bonitos precisamente no son —comentó Grace.
—¿Antes no los veías? —le preguntó Elyon.
—No. Fue un shock para todos el verlos tirando de los carruajes cuando terminó el curso pasado. Muy pocos los veían antes, pero a raíz del ataque y de que te cargaras a ese mortífago frente a casi todos… —la ravenclaw se calló de golpe al darse cuenta de lo bruta que estaba siendo al hablar de aquello.
La semielfa perdió algo del color en las mejillas. El mortífago al que mató… había vuelto a olvidarse de aquello, otra vez… ¿Qué demonios le pasaba? ¿Cómo podía olvidarse tan fácilmente de algo así? Y lo que era peor, no había sido consciente de que todos sus compañeros habían visto la facilidad con la que le quitó la vida a aquel mago. Sí, era un mortífago, sí, había maltratado y amenazado a los estudiantes, incluso los habría matado de recibir la orden, pero el mago seguía siendo una persona, y ella le había arrebatado la vida sin dudar, como si no hubiera valido nada en absoluto. Dio gracias a Merlín de que el resto de estudiantes, a raíz de aquello, no la hubieran tratado como una asesina o un monstruo, tal y como se sentía cada vez que se acordaba de ello.
—Muchos también vieron morir a los mortífagos a manos de los elfos, y algunos de nuestros conjuros, de forma colateral creo que también mataron a algunos —añadió Johnny al ver su expresión—. Así que no te obsesiones.
Elyon asintió un poco más tranquila. Se subieron a uno de los carruajes y junto a ellos se subió un tímido alumno de primero, que parecía no haber encontrado sitio en otra parte y se miraba los pies, nervioso. De vez en cuando les lanzaba miradas curiosas, sobre todo a la semielfa. Aquella extraña e incómoda situación hizo que el trayecto hasta la estación pareciera durar horas. Ninguno habló, no querían tratar ningún tema personal con aquel niño frente a ellos, y para colmo Lisa se había sentado entre Elyon y Johnny, todo lo alejada que pudo de Will en ese pequeño espacio. La semielfa se humedeció los labios, fuera lo que fuera que hubieran estado hablando esos dos, no parecía haber terminado muy bien.
En la estación los alumnos se apelotonaban en el andén tras dejar sus baúles junto al vagón maletero, en la que tres magos se afanaban por colocar todo el equipaje y las mascotas que se iban acumulando con rapidez.
—Vaya caos —comentó Elyon con sorpresa al ver todo el griterío.
Ahora entendía por qué nunca la habían dejado ir. Si tenían que prepararle una emboscada, aquel era el lugar idóneo. Mucho movimiento, gritos y caos. Era fácil perder de vista a alguien.
A lo lejos vieron a un grupito de alumnas de séptimo que cuchicheaban emocionadas, mirando hacia su izquierda. Elyon siguió la dirección de sus miradas hasta ver a su tío, que estaba apoyado en la pared de ladrillo de la estación, con los labios ligeramente apretados y los brazos cruzados, mirando alrededor ansioso. La joven se apresuró en ir junto a él. En cuanto el elfo la vio acercarse sonrió de oreja a oreja y corrió a abrazarla.
—Menos mal que has decidido venir en fiestas —la rodeó con los brazos, zarandeándola ligeramente.
—¿Por qué no iba a ir? —respondió emocionada.
—Porque aún no has arreglado las cosas con tu abuelo —le puso una mano en la cabeza y le revolvió un poco el pelo.
—Ya bueno… pero igualmente quería pasar la Navidad con la familia. Se supone que es para eso, ¿no? —la joven se encogió de hombros con inocencia.
—Supongo, la Navidad como tal no es una festividad nuestra. Nosotros celebramos el solsticio de invierno, que los días son más largos, que la luz gana a la oscuridad.
—Pero lo pasáis igualmente en familia.
—Claro, las celebraciones siempre se disfrutan más con la gente a la que queremos ¿Nos vamos ya?
—Tengo que despedirme de mis amigos aún.
El hombre asintió, pasándole un brazo por los hombros. La joven se fijó en que el grupito de séptimo los miraban con una mezcla de asombro y decepción, y esperó que no pensaran que eran pareja o algo así. En ese momento, además, Elyon tuvo más que claro las razones por las que, como le contó Heon, su padre rondaba los ambientes en los que había brujas.
—Chicos, me voy ya —se despidió con una sonrisa triste.
—Feliz Navidad —Grace la abrazó con fuerza.
—Escríbeme, ¿vale? —le susurró a Lisa cuando la abrazó— Cualquier cosa me lo dices, no que gusta volverte a ver tan triste y de mal humor.
Su amiga asintió.
—Feliz Navidad —le respondió con una pequeña sonrisa.
—Feliz Navidad, chicos —Elyon abrazó a ambos jóvenes con fuerza.
—No os preocupéis, os la cuidaré bien —Heon les guiñó un ojo.
—Ya me podrías cuidar también a mí —musitó Grace.
Johnny la miró alzando una ceja, él sí la había oído.
—Puede que tus hormonas peten antes que las mías —le susurró.
La pelirroja se encogió de hombros y le sacó la lengua con burla.
El elfo se ofreció a llevarle la bolsa más pesada. Ella asintió y le cogió la mano con fuerza para aparecerse.
…..✦…..
Frente a ellos se encontraron las murallas del palacio. Elyon miró con asombro alrededor.
—¿Y el cenagal? —preguntó extrañada.
—¿No creías que pudiéramos aparecernos en la ciudad directamente? —su tío la miró divertido.
—Como la última vez aparecimos allí, pensé que era como en Hogwarts, que hay un conjuro de protección para no aparecerse.
—¡Para nada! Bueno, en el palacio sí, por seguridad. Pero no en el resto de la ciudad. Sería molesto y cargante para los habitantes, visitantes y comerciantes —explicó Heon—. Simplemente quería enseñarte nuestras barreras de persuasión. Y a la vuelta quería alargar todo lo posible el trayecto para poder estar más tiempo contigo.
Elyon resopló negando con la cabeza, su tío no tenía remedio.
—¿Dónde vas a dormir? —Heon comenzó a andar hacia el interior del edificio.
Aquella era una buena pregunta. Lo había estado sopesando largo y tendido. Iba a relajar su nivel de malestar hacia su abuelo para conseguir información más fácilmente, y hacer que estuviera más receptivo cuando Kove le propusiera la Evaluación. Si no, era muy capaz de echarle todas las culpas sobre su tensa relación a Snape, diciendo que él la había puesto en su contra, manipulándola, y por lo tanto no aceptarlo por bien que lo hiciera. De igual manera no creía que pudiera mantener la fachada amable si pasaba todo el día bajo el techo de Azrael. Podía fingir durante algunos momentos, pero no estaba segura de poder hacerlo constantemente durante todas las vacaciones.
—Con lo que estás tardando en responder… supongo que preferirás quedarte con nosotros —suspiró Heon.
La joven asintió.
—¿Piensas arreglarlo o va a ser todo muy incómodo estas semanas? —el elfo la muró con preocupación.
—Sabes que arreglarlo no depende solo de mí —se limitó a responder—. Pero intentaré poner de mi parte.
—Me conformaré con eso —le rodeó los hombros con un brazo y fueron a su casa.
En Imtar había nevado, todo estaba cubierto con un tupido manto blanco, el lugar parecía estar hecho de escarcha y cristal. Todo se confundía: el palacio, la muralla, el bosque y los jardines. Era como una sola escultura de hielo preciosa.
—Ahora sí que parece que estoy en un cuento de hadas muggle —musitó absorta en esa belleza invernal, a pesar de que el frío empezaba a calarle bajo la ropa.
Se frotó los brazos con fuerza.
—¿No esperabas que hiciera este frío? —rio su tío al ver el gesto.
—Para nada, hace más frío que en Hogwarts —se quejó la chica.
—¡Por supuesto que hace más frío que en Hogwarts! —bufó él— Las estaciones en Imtar suelen ser ligeramente más extremas por la concentración de magia, eso se nota sobre todo en invierno. Quizá deberían habértelo dicho, porque supongo que no habrás traído la capa que te regaló tu madre.
—No, la he dejado en mi baúl.
—Lástima —el hombre chasqueó la lengua—. Pero no te preocupes, seguro que tu tía tiene algo caliente que prestarte.
Nada más entrar en la casa les envolvió un agradable calor. La chimenea del salón ardía con fuerza. La semielfa se apresuró en ir a abrazar a Iyala, que la recibió con alegría y la obligó a quedarse junto al fuego mientras corría en busca de ropa más caliente para la joven. Nuth no estaba en casa, le tocaba vigilar las murallas perimetrales hasta la tarde y luego tenía instrucción con los pequeños. Así que aprovechó el día para hacer los trabajos que les habían puesto durante las fiestas, cuanto antes los terminara, antes podría centrarse en hacer lo que había venido a hacer. Aunque antes fue a buscar a Thurin. El grifo se volvió loco de alegría, tanto, que por poco no la dejó volver al edificio. Elyon le prometió que volarían al día siguiente.
Para la cena se habían reunido todos, incluso Feriel había decidido cenar con ellos y de esa manera irse luego juntos a tomar algo a una de las tabernas. Elyon lo observó a él y su primo, y se mordió ligeramente el labio para no sonreír. Quizá fuera porque conocía su secreto, pero podía ver la complicidad en sus miradas y gestos. Eran realmente adorables. Sinceramente le extrañaba muchísimo que sus padres no se hubieran dado cuenta. Quizá sí lo sabían, pero preferían esperar a que Nuth se lo contara.
—¿Podemos celebrar unas fiestas tradicionales? —preguntó Elyon tras darle un sorbo a su vaso de agua.
Los elfos la miraron sin comprender.
—Sé que mi abuelo me enviaba regalos en Navidad, y no sé si porque es lo tradicional o porque mi madre se lo inculcó —intentó explicarse.
—No, no es lo que solemos hacer. Aunque nos parecía algo muy bonito —sonrió Iyala—. Pero si prefieres unas celebraciones tradicionales, no tenemos ningún problema con ello.
Elyon sonrió agradecida.
Tras la cena se levantaron y los tres jóvenes se prepararon para salir. Había comenzado a nevar de nuevo. Justo cuando se calzaban las tupidas botas forradas de pelo, la puerta se abrió y entro Azrael. El ambiente se tensó en el acto.
—Buenos noches —saludó con afabilidad, luego miró a su nieta—. Hola, Elyon.
La joven se humedeció los labios, incómoda, mientras se ponía en pie tras calzarse.
—Hola, abuelo —lo saludó y se esforzó en sonreír ligeramente.
—Siento no haber venido antes, tenía obligaciones fuera de la ciudad que no podía posponer —se disculpó.
—No pasa nada. Yo… iba a salir con Nuth y Feriel —comentó.
—Entonces pásalo bien —asintió, algo decepcionado.
—Podríamos vernos mañana. Si tienes alguna reunión puedo acompañarte —intentó sonar alegre y dispuesta.
—Claro ¡Sí! ¡Por supuesto! —Azrael sonrió de oreja a oreja.
—Entonces hasta mañana —se despidió echándose la gruesa capa por los hombros.
—No volváis muy tarde… ¡Ni borrachos! —les dijo Iyala— Recordad que Elyon es menor.
—Lo dices como si durante el verano le hubiéramos dado un mal ejemplo —se quejó Nuth.
Su madre alzó una ceja. Elyon contuvo la risa. Durante el verano una noche su primo volvió bastante perjudicado, ayudado por ella para que no cayera por las escaleras. Aun así al entrar en la casa el chico perdió el equilibrio al quitarse las botas, cayó al suelo y derribó una pequeña mesa armando tanto escándalo que despertó a sus padres. Para rematar había vomitado antes de poder llegar al baño por mucho que corrió dando tumbos por la casa.
Antes de que Iyala pudiera responder a su hijo, los tres salieron de la casa. Con paso ligero se dirigieron a la ciudad. La nieve caía copiosa, cubriéndoles de nieve a los pocos minutos. La música se escuchaba desde la silenciosa calle, Feriel entró sacudiéndose la nieve de la melena.
—¡No me llenéis el local de nieve! —se quejó Fingaerel, la dueña. Una elfa de mediana edad con expresión severa pero afable, y una larga melena pelirroja ondulada.
—Perdón —se disculpó Feriel enseguida.
Elyon y Nuth se sacudieron antes de entrar. Eran los primeros del grupo en presentarse, y como aún no había llegado mucha gente, se apresuraron en coger una de las mesas más grandes. Pidieron dos jarras de hidromiel y un chocolate caliente.
—Sí que se retrasan hoy, ¿no? -comentó Nuth mirando hacia la puerta.
—Con la que está cayendo es posible que decidan no venir —resopló Feriel—. Ya los conoces, no les gusta el frío.
Ambos jóvenes rieron y le dieron un largo trago a sus jarras. Hasta ellos se acercó un elfo joven, Elyon lo recordó de sus vacaciones de verano, de otras noches en la taberna.
—¿Te apetece bailar? —le preguntó tendiéndole la mano.
La semielfa tragó saliva y palideció un poco. Sintió que su corazón comenzaba a latir muy deprisa y como sus manos temblaban ligeramente. Se esforzó en cerrar su mente, tal y como le había enseñado Snape durante las últimas semanas, para no leer la del chico que seguía esperando la respuesta.
—No, gracias —consiguió responder—. Puede… puede que más tarde.
El elfo asintió con resignación y se marchó en busca de otra pareja de baile.
—¿Te encuentras bien? —Nuth la miró con preocupación, no era una reacción muy propia de su prima.
—Sí, simplemente no me apetece —comentó intentando mostrarse tranquila y despreocupada.
—Elyon, a mí no me la vas a colar —le regañó su primo.
La joven tragó saliva.
—¿Creéis que soy… atractiva? —preguntó con hilo de voz.
Feriel alzó una ceja y Nuth frunció el ceño.
—No deberías tener problemas de autoestima —le dijo el novio de Nuth con cariño.
—No es eso… yo… —no sabía cómo sacar el tema, porque si decía demasiado se enteraría toda la familia—. Tuve un desagradable encuentro con un mago y… en el colegio no me quitan los ojos de encima… no quiero que aquí sea igual…
—¿Qué desagradable encuentro? —los ojos de Nuth centellearon con furia.
Recordó las imágenes de Lucius y sintió un escalofrío.
—Me dijo una cerdada… nada importante. Pero me incomodó. No me gusta sentirme como un trozo de carne.
Su primo pareció relajarse ante esa respuesta.
—A más de uno habría que arrancarle la lengua —gruñó dándole un trago a su jarra.
—Que estés creciendo y viviendo en un entorno humano tiene esos problemas —le dijo Feriel—. Es una de las razones por las que no nos mezclamos mucho con ellos. A los hombres nos resulta molesto, para las mujeres directamente es un peligro potencial. Los magos han olvidado por qué a ellos les resultamos tan irresistibles, y no son capaces de sobreponerse a ello y ver más allá. Pero aquí no tienes ese problema, te ven como eres realmente —el elfo le sonrió—. No eres una chica fea, para nada, tampoco eres del montón… pero no eres la más guapa y atractiva de la ciudad precisamente. Hay unas cuantas chicas de tu edad y más mayores que levantan verdaderas pasiones. Perdón si lo que acabo de decir es un ataque directo a tu autoestima —suspiró.
Elyon sonrió. Lo que le acababa de decir le había quitado un gran peso de encima, sentía que en Imtar estaba realmente a salvo, que allí era alguien normal, una más. Le dio un sorbo a su chocolate caliente, más animada.
Una hora más tarde llegaron Yaira y Meinpe, y les confirmaron que Othran, Vatar y Aruh no iban a presentarse. Comentaron con burla que les habían dicho que hacía demasiado frío, y que ni todo el alcohol del mundo podría hacerles entrar en calor si salían de casa. Para entonces el ambiente ya se había animado. Todas las mesas estaban llenas y Fingaerel no daba abasto sirviendo a los elfos con expresión agradable y paso danzarín, siguiendo el ritmo de los músicos. Más de uno intentó sacarla a bailar a pesar de llevar la bandeja en las manos, pero la mujer se escabullía con facilidad de los brazos de quien lo intentaba.
Elyon finalmente aceptó la invitación del chico cuando volvió a preguntarle, poniendo especial atención en los pasos de los bailes. No solo debía memorizar bien los suyos, sino también los de su pareja, para poder enseñárselos luego a Snape. Sintió un pequeño hormigueo en el estómago al pensar en cómo sería bailar con él ese tipo de canciones, tan alegres y al mismo tiempo tan cómplices, enlazando manos y brazos continuamente mientras se mantenían la mirada.
—¿Las canciones y bailes que suelen sonar aquí son las mismas que las que se tocan en la Fiesta de la Primavera? —preguntó Elyon al finalizar la velada, de vuelta a casa.
—Sí, para esos días solo hay una especial, más ceremonial —respondió Nuth—. El resto es lo habitual, aunque se suele beber más de la cuenta y eso hace que se creen variantes nuevas muy curiosas.
Ambos chicos rieron con fuerza.
—¡Como el búho ardiente! —Feriel reía con tanta fuerza que se le saltaron las lágrimas.
Nuth se colgó del hombro de su pareja entre carcajadas, limpiándose las lágrimas que escapaban de sus ojos.
—¿Búho ardiente? —Elyon los miró sin comprender.
—Uno iba tan mal que se puso a saltar, como suelen hacer todos. Acaban bailando entre ellos haciendo acrobacias y saltando las hogueras que llenan las calles. Pero iban tan borracho que calculó mal y acabó cayendo dentro de una. Salió rápido pero se le incendiaron las plumas que búho que llevaba como adorno, y siguió bailando mientras se quemaban ¡Todo un espectáculo! —reía su primo.
—¿Y eso os hace gracia? —la chica los miró horrorizada.
—Tendrías que haber visto los pasos y movimientos —insistió Feriel imitándolo, bailando de manera extraña y espasmódica, era muy cómico de ver—. Además quedó en el susto, le lanzaron un barril de agua enseguida, no llegó a quemarse la piel.
—Pensé que la Fiesta era ahora más solemne, tras lo del ataque. Que se recordaba a los muertos —comentó.
—Es así como la iniciamos. La primera noche encendemos farolillos y los lanzamos al aire, para recordar a los que no están e iluminen y guíen nuestros momentos más oscuros. Pero sabemos que aquellos que se fueron no querrían vernos tristes, así que después celebramos por ellos y con ellos. Son tres días de mucha música, comida y bebida —le explicó Nuth.
—Pero es cierto que no se vive exactamente igual que cuando éramos pequeños. Poco a poco dejamos la pena atrás, pero aún se ven muchas lágrimas cuando lanzamos los farolillos o cuando algunos beben de más —prosiguió su novio.
Sin darse cuenta habían llegado al edificio blanco. Allí Feriel se despidió de ellos, ya que vivía fuera del palacio.
—¿Me enseñarás el baile ceremonial que me has comentado? —le preguntó a su primo— Así no haré el ridículo.
—¡Claro! Es muy parecido al resto. Un poco más lento y lioso en cuanto a brazos y pasos.
Entraron en silencio en la casa para no despertar a Heon e Iyala.
…..✦…..
Cuando despuntó el alba se arrepintió de haberle dicho a su abuelo que lo acompañaría a la reunión. Estaba muerta de sueño y temía no lograr mantenerse despierta. Se vistió de forma adecuada y desayunó entre cabezadas y bostezos. Nuth seguía durmiendo a pierna suelta en su cuarto y sus tíos ese día habían salido temprano.
Llegó a la sala de reuniones golpeándose las mejillas y sacudiendo la cabeza con energía para espabilarse. Dentro estaba su abuelo, Rasmu y Mandrac. Los tres hombres la saludaron con una inclinación de cabeza.
—Esa cara me trae viejos recuerdo —comento Mandrac con una leve sonrisa—. Solo espero que no tengas resaca como tu padre.
—Yo no… no he bebido. Pero me fui a dormir más tarde de lo que me hubiera gustado —se apresuró a contestar mientras cogía asiento entre él y Azrael.
—No es como Lizalos, por suerte —sonrió su abuelo dándole un beso en la mejilla—. Es más responsable.
—Esperemos entonces que la influencia de Nuth y Heon no hagan mella en ella —comentó Rasmu con una leve sonrisa de mofa alzando una ceja mientras la miraba, sentado frente a la joven.
Elyon lo miró frunciendo ligeramente el ceño ante la broma, no era algo muy común en él.
—¿En qué consiste la sesión de hoy? —preguntó la chica a su abuelo para cambiar de tema.
—Hoy será más tranquila. Se reúnen todos los miembros del Consejo para ponernos al corriente de la situación global y saber si hay que destinar recursos a otros pueblos y ciudades. Estamos esperando a que lleguen Ornalis, Ónager, Alena, Nalima y Énimos.
—¿Qué tipo de recursos? —preguntó curiosa.
—Seguridad, alimentos si el invierno resulta demasiado duro y la cosecha no ha ido bien, materiales para el mantenimiento de los edificios y calzadas… —enumeró Azrael con calma.
Poco a poco los asientos se fueron llenando, el último en llegar fue Ónager. Se disculpó y explicó que en el pueblo de Morritx había caído una buena nevada, y que habían tenido que limpiar todos los tejados de casa y establos antes de que hubiera riesgo de derrumbe por el peso extra de la nieve.
Aquella sesión le resultó más entretenida que las últimas a las que había ido. Pudo ver de primera mano el funcionamiento del Consejo. Escuchó a los elfos hablando sobre los problemas y soluciones del día a día, de las consecuencias que aún arrastraban a raíz del juicio del duende de Gringotts, de la situación de su pueblo respecto al Ministerio y los muggles, que poco a poco seguían invadiendo los territorios de los elfos, acabando con los recursos mágicos y poniendo en dificultades su modo de vida. Por último llegaron al tema de los sublevados.
Elyon vio como su abuelo se movía inquieto.
—Creo que por hoy ya has cumplido bastante —le dijo—. Puedes marcharte.
—Azrael, debería quedarse —interrumpió Rasmu con voz pausada—. Es un tema importante y le afecta directamente, más ahora que no tiene Protector.
Su abuelo la miró unos segundos, pensativo.
—Tienes razón —admitió al fin—. Pero eres libre de marcharte cuando quieras.
Elyon asintió y se irguió más en su silla. Aquel tema sí que le interesaba de verdad, y pensaba estar atenta a todo.
—¿Hay entonces novedades? ¿Se ha descubierto algo nuevo? —preguntó Azrael con seriedad.
—Habíamos conseguido descubrir a uno de ellos en Bebal. Pero no lo atrapamos a tiempo —suspiró Alena—. Cuando entramos en su casa para detenerlo ya estaba muerto, se había rebanado la garganta de oreja a oreja.
La semielfa dibujó una pequeña mueca de asco y sintió algo de aprensión al escuchar aquello.
—Registramos la casa e investigamos a su familia y amigos. Pero lo mismo de siempre. Nadie sabía nada, ni siquiera su mujer, y tampoco había nada fuera de lo normal en su casa —continuó Alena—. Solo el pañuelo estrellado, escondido bajo una tabla suelta en el suelo bajo la cama.
—¿Y qué hay de ese rumor que empezó a circular hace un año? —Ónager frunció el ceño.
—¿Ojzamor? —comento Énimos.
—Sí —asintió el elfo.
—No estamos seguros de si es real o no —dijo Rasmu con seriedad—. Igualmente le seguimos la pista tan de cerca como nos es posible. Con suerte será alguien real y podremos cazarlo.
—¿Quién es… Ojzo… ese? —se aventuró a preguntar Elyon, que se había mantenido callada desde el inicio de la reunión.
—No estamos del todo seguros, pero todo apunta a que es el cabecilla de los sublevados, el que los dirige —le explicó Mandrac.
—¿Y cómo vamos a afrontar la próxima Fiesta de la Primavera? —pregunto Nalima mirando a Elyon con preocupación—. Aquí en Imtar. Ahora que ella está aquí… tenemos que extremar la precaución ante un posible ataque o asalto por parte de los sublevados.
—Por el momento no ha habido problemas en la ciudad. Ha paseado sola sin incidentes —comentó su abuelo—. Y ya es capaz de defenderse sola bastante bien.
—Nos quedaríamos más tranquilos si para las celebraciones tiene un Protector nuevo —insistió Mandrac—. Habrá mucho jaleo, la gente no estará pendiente de lo que pasa a su alrededor y el grueso de las celebraciones son por la noche. Cualquier despiste…
—Hablaré con Kove para que escoja a alguien antes de la Fiesta de la Primavera —accedió Azrael.
Elyon se tensó tragando saliva. "No, no, no, no" pensó con angustia. Si presionaban a Kove para que escogiera a alguien… todo el esfuerzo de las últimas semanas…
—En la próxima celebración ya tendrá la mayoría de edad, ¿cierto? —preguntó de pronto Ornalis.
La semielfa volvió a centrarse en la conversación y miró a la mujer alzando una ceja. El tono con el que había hecho la pregunta no le había gustado.
—Sí. Pero Ornalis… —respondió su abuelo.
—Estos últimos años no han nacido muchos niños, y de entre ellos, ni un solo Fundador —añadió Mandrac.
—Ya hablamos de esto hace unos años… por favor… —intervino Azrael.
Elyon miró a su abuelo frunciendo el ceño con desconfianza.
—Hace unos años creíamos que nacería algún Fundador, pero no ha habido suerte, y no podemos demorarlo mucho más —prosiguió Ornalis—. Llevas sobre tus hombros demasiada responsabilidad y…
—Ornalis no es el momento —la cortó su abuelo.
—¡Ya tiene edad! —le dijo Mandrac con dureza.
La respiración de la semielfa se aceleró. Sentía el retumbar de su corazón en el pecho. Sabía de lo que estaban hablando. Quería gritarles, hacer notar que estaba allí, pero las palabras parecían morir en su garganta, como si se hubiera quedado sin voz.
—¡Es una niña, Mandrac! —le espetó Énimos.
—¡Es lo suficientemente madura para entender…!
—Elyon, vete —le dijo su abuelo en un susurro.
—¡No! Sé de lo que estáis hablando y… —le dijo con enfado, conteniendo las ganas de llorar de pura frustración.
—Elyon, por favor, yo me encargo. Vete —Azrael miró a Rasmu y con un movimiento de cabeza le indicó que se la llevara.
El elfo se levantó de la mesa.
—No me voy a ir, tengo derecho a…
—Te lo pido por favor —la miró de forma suplicante, entre las voces del resto del Consejo que seguían subiendo de intensidad—. Vete.
Elyon apretó los labios, sabía que no debía montar una escena allí. Si quería que la escucharan y la trataran como una adulta, debían comportarse como tal. Aunque solo deseaba gritarles a todos que no eran quién para planificar su vida.
Se levantó de su silla cuando Rasmu llegó hasta ella. Nadie pareció percatarse de que ambos salían de la sala. Cuando el elfo cerró la puerta al salir la semielfa se acercó a ella e intentó escuchar a través de la gruesa madera. Pero solo oía las voces amortiguadas que seguían discutiendo. Sentía un desagradable nudo en la garganta que le molestaba al tragar.
—Te llevaré a casa de Heon. Vamos —le dijo Rasmu con voz calmada.
Pero ella se negó a moverse y apoyó la oreja en la puerta.
—No deberías escuchar a escondidas. Eso es propio de niños, no de adultos —le recriminó el elfo.
—No pienso moverme. Están hablando sobre mi futuro ¡El mío! Tengo derecho a saber lo que dicen y a decidir sobre él les guste o no —respondió con ira contenida.
No podía entender nada de lo que decían en el interior de la sala y gruñó con fastidio.
Rasmu se acercó a ella y le cogió del brazo con fuerza, arrastrándola por el pasillo para que se alejara de la puerta. La semielfa lo miró con asombro y tras unos segundos, su expresión se enfureció aún más.
—Confía en tu abuelo —le dijo el hombre aflojando su agarre al darse cuenta de cómo lo miraba—. Sabe qué es lo mejor para ti. Deja de cuestionarlo continuamente. Te quiere y solo busca tu bienestar, y por ello sus decisiones no siempre van a gustarte. No seas tan inmadura como lo fue tu padre, no se lo pongas más difícil.
El elfo la soltó sosteniéndole la mirada. La respiración de la joven seguía agitada, y el nudo de su garganta no se aflojaba. Solo quería gritarle. A él y a todos. Solo quería por una maldita vez que la escucharan.
—Todo irá bien, tranquilízate —le puso una mano en el hombro y se lo apretó de forma amistosa.
Elyon inspiró profundamente y asintió. Siguió al elfo por el pasillo mientras miraba sobre su hombro la entrada de la sala de reuniones.
…..✦…..
Intentó centrarse en los trabajos del colegio el resto del día, pero fue incapaz. Le preocupaba sobremanera lo que podían haber discutido y decidido al irse de la sala. No era estúpida. Sabía que se habían referido al hecho de que ser mayor de edad suponía que ya podía contraer matrimonio, y sobre todo y lo que más parecía interesarles, tener descendencia. Cerró la habitación y lloró en silencio. Se había sentido tan desprotegida. Hablaban de ella como si no fuera una persona, como si solo fuera un objeto con una única función. La angustia le oprimió el pecho con fuerza, sin dejarle respirar. Se acordó de Lucius. No quería tener que pasar por algo así. La repulsión que sintió ante la idea de que un hombre al que no quería la mirara y tocara de esa manera le provoco un escalofrío y sitió ganas de vomitar.
Respiró profundamente intentando calmarse. Su abuelo no iba a permitir aquello, no podía permitirlo. Si Rasmu decía la verdad, y se preocupaba por ella, no toleraría algo semejante. Se esforzó en respirar de forma calmada, intentando encontrar algo a lo que aferrarse. Se acordó de Snape, de su voz y su forma de decirle que todo iría bien, de su risa socarrona. Se sintió un poco mejor. Ojalá Kove no cediera a las presiones del Consejo. Ojalá Snape superara la Evaluación, si no… no quería ni pensarlo.
Apenas probó bocado. La ansiedad no le dejaba tragar, haciendo que la comida ni siquiera le pareciera apetitosa. Se excusó en que al irse a dormir tarde y levantarse temprano le había trastocado el día.
Nada más terminar de comer fue en busca de Thurin. Necesitaba alejarse de todo aquello. Volar alto. Volar lejos. Y pensó que ojalá no tuviera que volver. Estuvo horas fuera, volando y paseando por el bosque junto al grifo, hasta terminar en la plataforma que su padre había construido.
Por la noche esperó a que todos durmieran para salir de la casa. Lo hizo descalza a pesar del frío, no quería hacer ruido. Entró con sigilo en casa de su abuelo, dando gracias de que la puerta principal no hiciera ruido al abrirse, y de que la del dormitorio estuviera lo suficientemente entornada para que pudiera pasar. Sabía que lo que iba a hacer estaba mal, pero Azrael no había ido a buscarla después de la reunión y necesitaba saber qué había pasado. Necesitaba saber en quién podía confiar.
Su abuelo dormía profundamente en su cama adoselada, una de sus manos colgaba del borde. Elyon se humedeció los labios con nerviosismo, mientras se acercaba. Se agachó a su lado y extendió la mano hasta que sus dedos tocaron los del hombre. Inspiró hondo concentrándose, accediendo a los recuerdos de su abuelo, hasta que encontró lo que buscaba: todo el Consejo reunido mientras Rasmu y ella abandonaban la sala.
—Este tema ya se habló y se zanjó hace años —les dijo el elfo con dureza.
—Se habló antes de que Ania muriera —le recordó Nalima—. Con ello se frenó en seco la posibilidad de seguir ampliando la Familia. Por suerte Elyon sobrevivió y…
—¿Y qué? —Énimos la interrumpió con enfado.
—Azrael, llevas una carga muy pesada tú solo, te va a terminar consumiendo. Y ya solo quedáis dos. No podemos permitirnos el esperar —intentó hacerlo razonar Mandrac—. Cuanto más esperamos sin hacer nada, más nos arriesgamos a que desaparezcan las Grandes Familias.
—Llevo mucho tiempo soportando la carga, y puedo hacerlo muchos años más —les espetó—. No voy a perder a Elyon por esto. Es mi nieta. Es una persona.
—Pero necesitamos que…
—¡No es una maldita yegua de cría! —se puso en pie y dio un fuerte golpe a la mesa con un puño—. No voy a castigarla el resto de su vida con un matrimonio de conveniencia y teniendo hijos tan pronto. No puedo hacerle eso, la perdería para siempre. No lo hice con Lizalos, no lo haré con ella.
—Y por ello tardamos tanto en recuperar la Familia, ya que tú tampoco quisiste casarte de nuevo tras la muerte de Ambara. Si Lizalos hubiera tenido hijos antes… —Nalima expuso el tema de forma pausada.
—¿Qué? ¿Qué habría pasado si hubiera tenido hijos antes? Habrían sido tal vez más mayores en el ataque, tal vez habrían muerto también, o ser secuestrados o incluso engatusados por los sublevados. Las cosas fueron como debían ser —Azrael la miró furioso—. Elyon ha sufrido mucho y por desgracia sé que lo va a seguir haciendo hasta que controle su punto crítico y desaparezca la amenaza de los sublevados. Voy a concederle la oportunidad de poder elegir al menos eso.
—¿Y qué elegirá? ¿Otro humano? —Mandrac alzó una ceja—. Es con lo que más se relaciona.
—El linaje puede soportar tres generaciones de mestizaje más hasta comenzar a perder fuerza. Si escoge a un humano, una buena persona, lo recibiré con los brazos abiertos —dejó claro el elfo.
—¿Y cuánto vas a dejarla esperar? El tiempo es finito y no será tan longeva. Debemos aprovechar que es mucho más fértil que los elfos puros. Esa es la bendición que nos trajo Ania y que por desgracia perdimos —Ornalis lo miró con seriedad.
—Creo que podemos permitirnos esperar al menos hasta que se acerque a los treinta —propuso Énimos—. Le daremos tiempo para madurar y con suerte ya habrá escogido a alguien.
—Si para cuando se aproxime a esa edad aún no ha encontrado a nadie, me comprometo a hablar con ella del tema —aceptó Azrael—. Hasta entonces, os lo pido por favor, dejadla tranquila.
El Consejo asintió, la mayoría no estaban del todo conforme, pero sabían que el elfo no daría su brazo a torcer. No consiguieron que volviera a casarse para que tuviera más hijos, no consiguieron que Lizalos se casara antes, mucho menos iban a conseguir que sacrificara a su nieta, a la que tanto se aferraba y protegía con uñas y dientes.
—¿Sabes si al menos le atraen los varones? —Mandrac lo miró con preocupación— Sería un verdadero problema que no fuera así.
—¿Acaso eso es relevante? —respondió con voz queda.
—Sería conveniente conocer sus inclinaciones para saber cómo afrontar la situación llegado el momento. Ha de engendrar y estaría bien que no le supusiera un trauma —Alena lo miró con expresión relajada—. Deberías averiguar si sus padres hablaron con ella ciertas cuestiones antes de fallecer.
Azrael la miró visiblemente incómodo.
—Creo que podemos dar por finalizada la reunión de hoy —anunció.
Elyon abrió los ojos con una pequeña sonrisa relajada y miró a su abuelo. Quiso llorar, pero esa vez de alivio y alegría. Su abuelo la había protegido de un futuro que auguraba bastante malo. Le había dado tiempo para tomar sus propias decisiones, tiempo que tal vez podría seguir ampliando si las cosas no le salían bien.
—Gracias —musitó soltando su mano y poniéndose en pie.
Con rapidez volvió a su habitación. Si se esforzaba lo suficiente y era lista, sería libre para trazar su propio camino.
…..✦…..
Poco a poco su puntería con las dianas móviles iba mejorando. En Hogwarts no podía practicar con ellas por motivos obvios. Ya era una suerte que Dumbledore le permitiera usar el arco en el colegio.
—Me alegra ver que has seguido practicando, no estaba seguro de si tendrías tiempo o de si al final Dumbledore te daría permiso —Heon llegó hasta ella.
—Me ha ayudado como terapia antiestrés, porque hay un profesor que… —resopló tensando la cuerda.
—Sí, algo he oído —suspiró su tío examinando su postura y técnica.
—¿Tenéis aquí alguna manera de grabar música? —preguntó tras disparar, bajando el arco.
—Casi en el centro. Tienes que adelantarte más al movimiento de la diana —le aconsejó Heon mirando la diana a la que había disparado—. Pues… nosotros en casa no, pero puedo intentar conseguirte un gramófono ¿Por qué quieres grabar música?
—En Hogwarts mis compañeras ponen música en la habitación, de la radio o de vinilos que traen de casa. Yo echo de menos la música de aquí, de las tabernas, y me supongo que no tenéis ni emisoras de radio ni vinilos —Elyon se encogió de hombros con resignación.
Heon la miró de arriba abajo y negó con la cabeza, alanzo una ceja, burlón.
—Tienes la misma cara que tu padre cuando tramaba algo —suspiró—. Te ayudaré, pero espero que sea lo que sea lo que tienes planeado, no nos acarree problemas.
—¡No estoy tramando nada! —mintió indignada.
—Vas a tener que aprender a mentir mejor a la gente que te conoce —se mofó su tío—. Con lo contenta que estuvo tu tía cuando tu padre empezó a salir con tu madre, porque consiguió que madurara y dejara de arrastrarme en sus locuras, y ahora vas a ser tú quien me lleve de nuevo al lado oscuro.
Elyon rio.
—De verdad que no estoy tramando nada —insistió ella cogiendo una nueva flecha.
—Y yo que me lo creo —le respondió el hombre con sarcasmo.
Cómo se alegraba de que Heon siempre la apoyara. A él nunca conseguía engañarlo o despistarlo, la conocía demasiado bien a pesar del poco tiempo que habían compartido juntos.
…..✦…..
Su abuelo fue a visitarla mientras intentaba terminar el trabajo de Ética de la Magia, aunque realmente no sabía ni cómo comenzar. Cuanto más avanzaba en el temario, más le costaba tragarse sus principios y escribir lo que Batts quería escuchar.
El elfo tocó suavemente con los nudillos en el marco de la puerta, y ella levantó la vista del pergamino que seguía en blanco.
—¿Puedes hablar o mejor vengo en otro momento?
—No te preocupes, ni siquiera he conseguido empezarlo -suspiró con resignación, soltando la pluma.
—Siento haberte sacado de la reunión tan precipitadamente —se disculpó—. No quería que te presionaran con algo que creía que había quedado zanjado hace mucho.
Elyon asintió, manteniéndose seria, intentando aparentar que no sabía cómo se había desarrollado el final de la reunión.
—Supongo que sabes de qué hablaban —su abuelo hincó una rodilla en el suelo frente a ella para que sus rostros quedaran casi a la misma altura.
La joven asintió.
—Feriel lo dejó caer durante el verano —musitó—. Y no puedo creer que aceptéis y penséis en algo como los matrimonios concertados… no estamos en la Edad Media y pensaba que vosotros, como sociedad, estabais más avanzados. Si por un momento creéis que yo voy a…
Su abuelo le cogió las manos para calmarla y se las apretó con fuerza.
—Quiero que sepas que no voy a permitir que te impongan un matrimonio, menos aun siendo tan joven —su abuelo la miró con intensidad—. Sé que a raíz de lo de tu Protector crees que soy un ogro tirano, que quiere controlar cada aspecto de tu vida. Y… puede que a veces lo sea… puede que más a menudo de lo que quisiera… pero son tiempos difíciles, te quiero muchísimo y si te ocurriera algo… —le acarició el rostro con los ojos brillantes—. Eres muy joven e inocente, aún no has conocido la verdadera maldad que hay en el mundo.
—La he conocido más de lo que crees —le respondió—. Por eso quiero que…
—Lo que has visto no es nada. El verdadero peligro es el que no ves. El que acecha a tu alrededor y te atrapa cuando menos lo esperas. El que te susurra al oído y te hace creer que estás a salvo —la miró con preocupación—. Por tu posición, siempre vas a estar rodeada de lobos y tienes que aprender a reconocerlos bajo su piel de cordero.
Ella asintió, sabía que su abuelo tenía razón. Salvo en una cosa: Snape no era ningún lobo.
—Sea como sea, simplemente quería decirte que me esforzaré por conseguir que seas feliz y que te protegeré siempre. Puedes confiar en mí y contarme lo que sea. Prometo escucharte como a una adulta si sigues demostrándome que lo eres.
Elyon sonrió con gratitud. Azrael se levantó y la besó en la frente.
—Te dejo estudiar.
La semielfa suspiró. Una pequeña parte de ella se sentía mal por estar intrigando a espaldas de su abuelo, junto a Kove y Snape. Pero sabía que no había otra opción. Azrael se negaba a ver que el chico era de fiar, que tenía buen corazón. Y también sabía que su abuelo no era capaz de ver que el mundo no era en blanco y negro, por lo que era muy consciente de que para vivir en aquel mundo de tonos grises, iba a tener que romper muchas de las reglas que se le imponían por su origen y posición.
…..✦…..
En Noche Buena se reunieron todos en casa de sus tíos. Habían colocado un sinfín de velas en la casa. Elyon dio gracias de que las encendieran con magia, o aún seguirían en ello. Todos estaban sentados en el suelo frente a la chimenea, cantando mientras Iyala tocaba el laúd. La joven escuchaba embobada en aquel ambiente relajado y familiar. Las canciones de esa noche hablaban sobre la luz del sol, el deshielo y los campos verdes. De esperanza y de cómo los buenos tiempos volverían con la primavera. En un momento dado su tío comenzó a entonar una canción un tanto pícara y subida de tono, sobre dos amantes que después de perseguirse todo el invierno por fin se entregaban el uno al otro con la llegada del deshielo, bajo las estrellas.
Su familia rio al ver cómo ella se sonrojaba lo suficiente como para que fuera visible a la luz de las velas.
Aunque el salón era pequeño se las apañaron para bailar allí, y al llegar la medianoche salieron del edificio junto al resto de vecinos. En el linde del bosque plantaron semillas para que crecieran nuevos árboles cuando llegara la primavera. Con sus manos y su magia calentaron la tierra para poder hacer un agujero en el que dejar la semilla tras haberles dado su aliento, y que así se mantuvieran vivas y durmientes hasta que regresara el calor del sol. Tras eso volvieron a sus casas y siguieron cantando y bailando hasta que el sueño los reclamó.
A la mañana siguiente desayunaron chocolate caliente. Una lechuza tocó a la ventana y Nuth se apresuró a dejarla entrar, traía un pequeño paquete para Elyon. Frunció el ceño confusa. Había acordado con sus amigos que ese año tampoco se harían regalos, pero en cuanto vio la letra supo de quién se trataba.
Abrió el paquete y se encontró una pequeña cajita negra con un lazo de raso rojo y una carta.
"¡Feliz Navidad!
No estaba seguro de si los regalos son tradición para vosotros, pero tampoco he podido hablar con Will, no está muy disponible desde que se peleó con Lisa (ojalá lo arreglen durante las fiestas, ya te contaré si finalmente ella viene a alguna de las comidas).
Te envío una pequeña chorrada para que te ayude a sonreír en los días malos, que este curso estás teniendo muchos. Y como tu preciosa sonrisa alegra el día a todos, es más un servicio comunitario que un regalo para ti. Espero que te guste.
Un saludo,
Jason"
Sintió la sangre agolparse en sus mejillas al leer la nota. Dentro de la caja encontró un anillo fino de plata, con constelaciones grabadas a lo largo de la superficie. En su interior había una inscripción: "Para que su luz ilumine tus noches más oscuras. J.H."
La joven negó con la cabeza, con una tierna sonrisa en los labios.
—¿Y eso? —Nuth miro por encima del hombro de su prima— ¡Qué bonito! ¿Quién te lo envía? ¡¿Tienes pretendiente y no nos lo has dicho?!
—¡No! —se apresuró a contestar sonrojándose hasta la punta de las orejas— Es un amigo.
—¿Del colegio? —Heon alzó una ceja con interés.
—No, no es del colegio. Es el primo de uno de mis amigos, lo conocí hace dos veranos —aclaró ella cerrando la cajita negra y guardando la carta en el bolsillo de sus pantalones, si la leían sus puyas serían peores.
—Los amores de verano… a veces son para siempre —suspiró su tío con voz soñadora y miró a su esposa— ¿Verdad que sí, cariño?
—¡Parad los dos! —los regañó Iyala— Luego os quejaréis si os deja de contar cosas ¡Patanes! Elyon, tú ni caso a estos dos idiotas.
La chica rio, girando la caja entre sus dedos. El detalle era realmente precioso, pero no sabía si adecuado. No estaba segura de si debía llevarlo junto a los de sus amigos.
…..✦…..
Como ya hizo en Hogwarts, se refugió en el linde del bosque para practicar meditación. Esperaba que su abuelo no diera con ella como la última vez, y Heon tenía guardia en una de las entradas periféricas de Imtar más alejadas de la ciudad, así que dudaba que pudiera rastrearla a tanta distancia.
En los últimos meses había triplicado su resistencia en esos ejercicios. Podía absorber una gran cantidad de magia. Sentía el cálido y agradable cosquilleo de aquella corriente recorrerle el cuerpo, desde los pies a la punta de los dedos de las manos. Era una sensación embriagadora, de pura invencibilidad, de confianza absoluta en sí misma. Se concentró en mantener la cabeza fría y no desfallecer. Se mantuvo en su punto crítico, como si todo su cuerpo estuviera en tensión sosteniendo algo increíblemente pesado. Se detuvo y dejó escapar toda esa magia cuando con todo es esfuerzo sintió que comenzaba como a abrasarse por dentro. Apoyó las manos en sus piernas, inclinándose, respirando profundamente. Se sentía bastante fatigada. Se fijó en que a su alrededor la nieve se había fundido, dejando ver las raíces de los árboles y la tierra en la que se hundían. Se secó el sudor de a frente con la manga y sonrió satisfecha, había podido aguantar más que la última vez.
Salió del bosque por dónde había entrado, cerca de la zona de entrenamiento donde Kove la instruía. En ese momento en la explanada ovalada solo había una persona. Rasmu estaba practicando estocadas con una espada larga, con la punta ligeramente curvada, una especie de sable. Era muy bonita y brillante. Los movimientos del elfo eran rápidos, gráciles y decididos, e increíblemente elegantes. Su melena platino parecía flotar a su alrededor con cada movimiento. Elyon se lo quedó mirando, era bastante hipnótico. Se acercó hasta las gradas y se sentó a bastante distancia del hombre, que no parecía haberse percatado de su presencia. La semielfa se fijó en su postura, la posición de sus pies… intentó memorizar sus movimientos para aplicarlos a su propia técnica. Era casi como un bailarín. A simple vista no vio ni un solo punto débil que poder atacar. En esos momentos desprendía un aura extraña que la atraía en cierta manera, destilaba tantísima fuerza y confianza en sí mismo que Elyon sintió envidia de él.
Rasmu terminó sus ejercicios y entonces pareció verla. Le hizo una leve inclinación de cabeza a modo de saludo. Ella se la devolvió. El elfo se le acercó envainando la espada con una intrincada floritura, como si fardara de su habilidad con ella.
—No… no sabía que supieras usar la espada —comentó la semielfa aún sentada—. No así al menos.
El hombre esbozó una sonrisa ligeramente prepotente.
—A todos los elfos umbríos nos educaban como guerreros —respondió—. Al llegar a los dieciséis nos daban la opción de unirnos al ejército o no.
La joven se humedeció los labios, incómoda, nunca sabía cómo continuar con él una conversación. El elfo la escudriñó con aquellos profundos ojos azules.
—Vas mejorando con las técnicas de meditación por lo que veo —señaló el rastro que había dejado hasta allí, de alguna manera la nieve se había derretido por donde había pasado—. Pero deberías mejorar también el hecho de soltar toda la magia que llegas a acumular y ocultar su rastro. O te seguirán la pista con facilidad.
—No me había dado cuenta —musitó.
Lo miro avergonzada y bajó la vista colocándose un mechón azul tras la oreja. Rasmu le tendió una mano. Ella se lo quedó mirando sin saber qué hacer.
—Ven, te enseñaré —se ofreció.
Elyon alargó su mano con indecisión. Él la ayudó a levantarse y caminaron juntos hasta donde ella había estado practicando, sin dirigirse ninguna palabra más.
Rasmu se detuvo al llegar a aquella zona en la que la nieve se había fundido dejado un claro circular de tierra, de unos cuatro metros. Se agachó a examinar el terreno, la tierra seguía tibia y parecía ligeramente quemada.
—Definitivamente has mejorado —comentó sacudiéndose la tierra de las manos—. Pero este rastro es muy visible.
El elfo le explicó y mostró cómo deshacerse del exceso de magia con rapidez, dejando un rastro mucho menor. Fue increíblemente paciente. La observaba con detenimiento y la iba corrigiendo a medida que surgían los fallos, con tono claro y amable, nada que ver con Kove.
…..✦…..
Elyon colocó el gramófono, que le había conseguido Heon, sobre la mesa. A pesar de estar desmontado era bastante voluminoso por culpa de la trompa. Fue a hablar con Fingaerel para pedirle permiso para grabar a los músicos de esa noche. La mujer no puso ningún inconveniente y la ayudó a montar el aparato en una mesa frente a los músicos. Con magia lo pusieron en marcha para no tener que accionar la manivela de forma manual toda la grabación.
Nuth y Feriel bailaban con alegría y las jarras en la mano, y Elyon cambiaba el vinilo del gramófono para seguir grabando cuando por la puerta entró Kove, que fue a sentarse a la barra de la taberna. La dueña lo recibió con una enorme sonrisa y enseguida le ofreció una jarra. Las semielfa se los quedó mirando cuando la mujer bajó la mirada unos segundos con timidez colocándose el pelo tras la oreja izquierda, mientras conversaba apoyada en la barra ignorando a un cliente que pedía más bebida. Fingaerel abandonó la conversación con gesto de enfado cuando el parroquiano comenzó a alzar más la voz y a golpear la barra de madera con la jarra vacía.
En ese momento su maestro se giró para inspeccionar el local y la vio junto al gramófono. El hombre se levantó y se acercó a ella. La joven le salió al paso, si conversaban cerca del aparato se grabarían sus voces y echaría a perder la canción que sonaba en aquel momento.
—¿Qué haces? —le preguntó con curiosidad.
—Grabar música para llevarla a Hogwarts —se encogió de hombros con inocencia.
El elfo la miró y alzó una ceja, escéptico.
—Es para… la Evaluación —musitó para asegurarse de que nadie lo oía.
Kove la miró con asombro.
—Snape ha de aprender los bailes para la Fiesta de la Primavera.
—¿Y realmente crees que podrás convencerlo? ¿A él? —el hombre contenía la risa con esfuerzo.
—Quiero intentarlo al menos —la joven suspiró.
—Si lo consigues te ganarás todo mi respeto.
Elyon sonrió, aceptando el reto.
—Pero ves con cuidado recabando este tipo de material. No deben descubrirnos o es muy posible que todo se vaya al traste.
—Lo sé —asintió ella con seriedad—. En la reunión comentaron que para las celebraciones querían que tuviera nuevo Protector. Que Azrael hablaría contigo.
—Y lo ha hecho —la joven lo miró con preocupación creciente—. Pero está todo controlado, déjalo en mis manos. Tú céntrate en que Severus aprenda todo lo posible, y no remugue y ponga malas caras como suele hacer.
Al acabar la velada la semielfa había conseguido grabar tres vinilos.
Camino a casa le preguntó a su primo y su novio si había algo entre la dueña de la taberna y Kove. Habían estado toda la noche hablando y a ella se la veía realmente embelesada con él. Ninguno de los dos le supo responder. Kove no solía frecuentar la taberna, mantenía su vida privada en completo secreto y desde que enviudó, no se le había vuelto a ver en compañía de una mujer.
…..✦…..
Zelda observaba la fiesta con aire aburrido, apoyada contra una de las paredes. Cada año, desde que había comenzado como profesora en el colegio, era exactamente igual. Los mismos compañeros, los mismos invitados… las mismas caras afectadas por el alcohol de cada Fin de Año. Y solo una de ellas despertaba realmente su interés. Severus, para no variar, estaba solo en un rincón del local, con expresión asqueada y un vaso de Whisky de Fuego en la mano. Le hizo gracia que cada año fuera con la misma ropa, pero no le extrañó. No era un hombre extrovertido, no iba a muchas reuniones sociales. Que ella supiera, a excepción de esa celebración anual, no iba a ninguna. Así que veía lógico que no tuviera otra ropa elegante que ponerse o con la que conjuntar lo que ya tuviera. A Zelda no le molestaba en absoluto, esa ropa le quedaba realmente bien, nada que ver con la negra y sobria que llevaba a diario. Y en aquella ocasión había optado por recogerse el pelo en una coleta baja, de la que escapaban algunos mechones que enmarcaban su rostro pálido y malhumorado.
Se mordió el labio con expresión lobuna. Estaba cansada de aquella fiesta, pero no podía irse al menos hasta que llegara el Año Nuevo, así que era momento de buscarse su propia diversión.
Con disimulo llevó sus manos a la apertura de su vestido largo, que dejaba a la vista toda su pierna derecha, y con rapidez deslizó hacia abajo su ropa interior, que pasados los muslos, cayó sola y con facilidad hasta sus tobillos. Levantó uno de sus pies para liberarlo de la prenda y luego dobló la otra pierna hacia atrás, escondiéndola tras ella y con la mano retiró la tela de su tobillo ocultándola en su espalda, dentro de su puño.
Se acercó más a Severus y cuando consideró que estaba a una distancia aceptable, tras mirar a su alrededor para comprobar que nadie le prestaba atención, cogió con ambas manos la prenda que había estado ocultando. Tensó el elástico tras colocar un extremo en su pulgar derecho, apuntó… y la prenda salió disparada.
Algo lo golpeó en un lado de la cara. Algo oscuro que luego cayó en su antebrazo derecho, que estaba doblado mientras sujetaba su vaso con el Whisky de Fuego más cargado que había podido conseguir allí. Cogió el trozo de tela frunciendo el ceño, extrañado. Era una prenda pequeña de encaje negro ¿Un pañuelo? La examinó con más atención a la poca luz del local. No, no era un pañuelo, era un… palideció en el acto y miró a su alrededor escondiendo el tanga en el bolsillo de su pantalón con rapidez. Zelda se tapaba la boca para disimular su risa, se lo estaba pasando en grande. Se acercó a ella con zancadas airadas.
—¿Pero cómo se te ocurre? —le siseó evitando levantar la voz para no llamar la atención de los asistentes.
—Tendrías que haberte visto la cara —seguía riendo la mujer.
—Esto está lleno de gente —gruñó con enfado— ¿Estás loca?
—Sabes de sobra que no —Zelda alzó una ceja con expresión juguetona.
—Entonces estás borracha —resopló el joven con hastío.
—No lo suficiente para soportar lo que queda de noche—-le quitó el vaso de whisky y le dio un largo trago.
—¿Pues qué narices te pasa? —le espetó con la mandíbula apretada— Alguien podría haberte visto.
—¿Quién? ¿Has visto cómo están todos? —hizo un ademán para que mirara alrededor— O demasiado borrachos o demasiado ocupados con sus propios asuntos. Así que relájate.
—¡No puedo relajarme cuando te dedicas a lanzarme tus bragas a la cara delante de todo el profesorado! —le ladró.
—Sigue levantando la voz y entonces sí que se enterarán todos —le susurró acercándose a él, tanto que sus labios casi podían tocarse.
Snape retrocedió un paso. Por Merlín estaban delante de todos, cualquiera podría girarse y verlos en actitud poco apropiada. Zelda puso los ojos en blanco.
—Te voy a ser clara Severus, me aburro. Me aburro muchísimo en estas fiestas anuales —le dijo cruzándose de brazos, de forma que sus pechos se juntaron y ascendieron.
—Y yo —se limitó a responder él.
El profesor no ignoró el sugerente gesto aparentemente involuntario. Sabía de sobra lo que la mujer tramaba, lo que buscaba de él, y tragó saliva de forma imperceptible. Zelda había optado esa noche por un vestido que muchos catalogarían de inapropiado en una celebración con compañeros de trabajo. De color verde botella y tela brillante, con un escote tan pronunciado que casi se alargaba hasta debajo de su pecho, colocado sobre ella con dos finos tirantes. El chico dedujo que se mantenía en su sitio sin revelar nada más de lo que ya revelaba, que no era poco, gracias a la magia, si no… no podía explicarse como la fina tela se mantenía perfectamente en su sitio.
—¿Y por qué no me ayudas a ponerle remedio? —ronroneó la mujer descruzando los brazos mientras se acercaba al joven.
—Porque ni es el momento ni el lugar —se limitó a responder—. Si te aburres, vete.
—Sabes que no puedo, no hasta que griten "Feliz Año Nuevo" —refunfuñó con un puchero—. El mismo motivo por el que tú tampoco te vas.
—Pues no haber venido.
—¿Y perderme al Jefe de Slytherin tan elegante y arrebatador? ¿Casi tanto como un lord? —pasó sus dedos por el pecho de Snape siguiendo el contorno del cierre del chaleco.
—Zelda… No… Te olvidas de que Dumbledore está aquí —le dijo volviendo a tragar saliva cuando la mano de la mujer bajó de su chaleco y rozó, como por accidente, su entrepierna.
La mujer se acercó más, hasta poder susurrarle al oído.
—Y tú olvidas que la única ropa interior que llevaba está en tu bolsillo —su aliento rozó su oreja y cuello, y el joven sintió un excitante cosquilleo recorrerle la columna.
—¿Y qué pretendes? ¿Qué tengamos un polvo rápido en el baño como si fuéramos un par de estudiantes? —se mofó Snape.
—En el baño no, por favor —resopló Zelda ofendida—. Pero la bodega está disponible.
—¡Claro! Porque seguro que allí no entrará nadie para reponer lo que están bebiendo aquí como si el mundo se acabara esta noche —comentó con sarcasmo.
—Rosmenta ha dispuesto todo lo de esta noche tras la barra para no tener que ir a la bodega. Me lo ha dicho al comenzar la velada.
Maldita mujer… pocas veces dejaba algo al azar.
—¿Por qué? —le dijo casi en un murmullo, intentando sobreponerse a las sutiles caricias y roces que la pelirroja le estaba regalando cerca de su entrepierna.
—Porque me apetece despedir este año y darle la bienvenida al nuevo por todo lo alto con un poco de diversión privada… contigo —la mujer se mordió el labio inferior de forma provocativa.
—Eres una verdadera víbora —suspiró él, rindiéndose.
Zelda sonrió con autosuficiencia.
—Lo sé… y sé que eso te encanta y te excita —miró la bragueta de su acompañante, que empezaba a estar visiblemente abultada incluso con poca luz, tras todos aquellos roces e insinuaciones—. Te espero en la bodega en dos minutos.
La mujer se fue con paso alegre y prepotente. Snape apuró su Whisky de Fuego y sacudió la cabeza, estaba bastante cargado ¿Y si no iba? Le divertía la idea de cabrearla con la humillación que le supondría esperarlo un buen rato y quedarse al final con un palmo de narices. Pero le atraía aún más poder echar un polvo con Zelda, aunque sabía que se estaba arriesgando mucho. Quizá fuera todo el whisky que había bebido esa noche lo que hacía excitante el riesgo de la propuesta y que no pudiera resistirse a ella.
Entró en la bodega tras cerciorarse de que nadie lo miraba. Dentro estaba todo en penumbra, solo había un pequeño farolillo sobre los barriles a un lado de la pequeña habitación que apestaba a humedad, polvo y alcohol. Pudo ver la figura de la mujer casi a contraluz, sonriéndole con picardía. En cuanto Snape hubo cerrado la puerta con un hechizo, ella se bajó los finos tirantes del vestido y este se escurrió sensualmente por su piel y su generoso pecho hasta la cadera. Era cierto que no llevaba nada de ropa interior debajo. El corazón del chico se aceleró y la presión de sus pantalones se volvió demasiado molesta, así que se apresuró en desabrochárselos mientras se acercaba a la mujer.
—Vamos, quedan solo unos minutos para que termine el año —le dijo con urgencia, besándolo ansiosa, ayudándole con el problemático cinturón que se había atascado con las prisas.
Al poco tiempo el ruido de la celebración se incrementó con los gritos y felicitaciones, que ayudó a silenciar el de la fiesta privada que se estaba celebrando en una de las salas contiguas, entre los barriles de la bodega.
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Cuando dieron las doce se apresuraron a salir al pequeño balcón de la casa de sus tíos. Heon y Nuth llevaban su arco. Apuntaron con ellos al cielo, tensaron la cuerda y en él apareció una flecha irisada muy brillante, que salió disparada hacia el cielo dejando una estela plateada. Junto a ellas, se elevaron en el cielo otras muchas, desde todas partes de la ciudad y el palacio. Y cuando se alzaron muy alto, explotaron como fuegos artificiales, iluminando el cielo estrellado con chispas de colores con mil formas y dibujos.
Elyon miró el espectáculo con asombro mientras más estelas plateadas ascendían hacia el firmamento. Abrazó a su tía por la cintura y apoyó la cabeza en su hombro, con una sonrisa infantil en el rostro observando todo aquello, escuchando las risas, aplausos y silbidos de admiración de los vecinos. Iyala la besó la coronilla con una tierna sonrisa. Su abuelo le apretó el hombro con cariño.
Ojalá ese año que ahora empezaba fuera mejor que el anterior, ojalá dejar lo malo atrás para poder comenzar a respirar y vivir de verdad como los demás.
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Elyon, Johnny y Grace dibujaron una enorme sonrisa al ver llegar a Lisa y Will cogidos de la mano y con expresión relajada.
—¡Por fin! —exclamó el hufflepuff victorioso— ¡Ya era hora parejita!
—Sí, sí, deja ya el drama —resopló Lisa poniendo los ojos en blanco.
—No sabéis el alivio que me da ver que lo habéis arreglado —resopló Grace.
—Hemos tenido tiempo y tranquilidad para hablar y llegar a un punto intermedio —se limitó a decir Will—. No creáis que a nosotros nos gustaba estar de morros.
El chico besó a su novia en los labios y se deleitó un poco en ello.
—Eso no lo echaba de menos en absoluto —gruñó Johnny asqueado.
—A ti no te veo especialmente sorprendida —Lisa miró a la semielfa alzando una ceja.
—Mi informador privado me ha tenido al tanto de que parecía que las cosas mejoraban —la joven se encogió de hombros con una sonrisilla.
—Claro… Jason… —la gryffindor miró a su novio de forma significativa.
—Sinceramente no esperaba que te pusieras el anillo —comentó el slytherin mirando su dedo anular derecho.
Elyon al final había decidido llevarlo y ponerlo en el dedo contiguo al que llevaba el de Remus. Jason llevaba portándose muy bien con ella desde el verano, estaba demostrando ser un buen amigo con el que podía contar. Incluso consiguió reunir valor para contarle lo sucedido con Lucius, sin decir su nombre ya que seguramente lo conocía, y no estaba segura de cuál podía ser la reacción del chico. Su respuesta había sido inmediata, le devolvió la carta esa misma tarde. Le dio todo su apoyo y le ofreció ayuda en lo que necesitara, incluso bromeó diciendo que conocía a gente que podían darle una buena lección al desgraciado por una suma aceptable de galeones, broma que no estaba segura de si iba un poco en serio. El chico le había hablado del tema con madurez y desde su experiencia personal, que al ser cuatro años mayor que ella, era más amplia que la de sus amigos.
—¡¿Qué anillo?! —Grace enseguida miró sus manos— ¡No me había fijado con lo discreto que es!
—No saquéis las cosas de quicio que os veo venir —les pidió—. También llevo el de Remus, Johnny y Will. Es un amigo, como el resto de vosotros.
—Si quieres seguir creyendo eso, adelante. Ya te darás cuenta —el tejón le dio una fuerte palmada en la espalda, mientras la ravenclaw negaba resignada con la cabeza mirando al chico.
Elyon lo fulminó con la mirada. Sabía perfectamente que le gustaba a Jason, pero ella no sentía lo mismo por él y siempre lo dejaba claro con su trato hacia el chico, no quería hacerle daño. Su corazón ya estaba ocupado por otra persona, también de pelo oscuro, pero con profundos ojos negros en vez de azules.
Hasta ellos se acercó una alumna de los primeros cursos de Ravenclaw, y con timidez le entregó a Lisa uno de los formularios de recogida de firmas. La gryffindor lo cogió con una amplia sonrisa mientras Will se movía incómodo, aunque no comentó nada al respecto, y evitó borrar su expresión relajada del rostro.
Durante el día Lisa fue recibiendo más y más formularios, la gran mayoría llenos de firmas. Parecía que el apoyo recibido estaba siendo mayor del esperado, por lo que la gryffindor se sintió más que satisfecha.
Con el regreso a las clases, llegó el momento de mirar si lo recaudado en las clases de apoyo había sido suficiente para ayudar a los que no se podían permitir pagar el curso y el permiso de Aparición. Tras el recuento la sensación fue agridulce. Con todo lo ganado podían ayudar con gran parte del coste a todos los que lo necesitaban, pero no la totalidad de la cuota. Así que decidieron seguir con las clases el resto del curso, para que los estudiantes pudieran recuperar los galeones que iban a tener que adelantar para poder iniciar el curso de Aparición.
…..✦…..
Kove los miro con seriedad, caminando a su alrededor, pensando con los ojos entornados. Elyon y Snape se miraron de reojo, aun con la respiración agitada tras el último combate contra su maestro, que obviamente no habían ganado.
—Habéis mejorado, pero no lo suficiente —comentó—. No termináis de sincronizaros bien. Seguís entorpeciéndoos demasiado… —murmuraba—. Elyon, te voy a pedir que intentemos algo. Va a ser complicado y delicado. Si os soy sincero no lo he probado personalmente antes, pero lo he visto hacer. Nos quedamos sin tiempo y necesitamos saber si funciona, Severus, espero que pongas de tu parte.
El joven asintió.
—Sé que has seguido practicando la meditación a pesar de que la tienes prohibida —el elfo miró a la joven, que tragó saliva asustada—. Y sé que has estado tanteando por tu cuenta el rastreo. Ni intentes negarlo, lo veo en ti —la joven movió los labios para defenderse con los ojos muy abiertos—. Bueno… más que verlo, lo he sospechado, y tu reacción me lo acaba de confirmar —Elyon resopló, sí que era un maldito libro abierto—. Pero esta vez lo voy a dejar pasar porque nos va a ser útil. Quiero que busques la Corriente de Severus y te ates a ella. Quiero que formes una unión sólida con él, quiero que te ligues a él —la semielfa frunció el ceño, no lo entendía—. Severus, demuestra lo bueno que eres en Oclumancia. Necesito que cierres tu mente a excepción de lo que piensas en el momento, necesito que Elyon pueda leerte para que sepa que vas a hacer y cuándo.
El joven asintió, respirando profundamente, concentrándose.
—Yo… no lo entiendo —musitó Elyon.
—Busca su nexo de unión con las corrientes de energía —la guio Kove.
La joven cerró los ojos y se concentró. Pudo ver a ambos hombres frente a ella, pudo ver el hilo que los unía con fuerza a la magia.
-Lo tengo -musitó.
-Céntrate en su unión y agárrate a él.
Seguía sin estar muy segura de si había entendido todo aquello. Aún con los ojos cerrados se concentró todo lo que pudo en el vínculo del chico al mundo, e intentó, en cierta manera, absorber parte de ese vínculo, crear en él un afluente que llevara directamente a ella. Abrió los ojos lentamente y miró a Snape frente a ella. Aquella sensación era muy extraña. Al mismo tiempo era consciente de su cuerpo y del de él, era como ser dos personas y una al mismo tiempo.
La respiración del joven se aceleró, podía sentirla dentro de él, dentro de su cabeza. Le resultó algo inquietante. Podía escucharla pensar como si fuera parte de su propia conciencia.
—¿Lo has conseguido? —le preguntó a la chica.
—Sí —respondió ella aun mirando a Snape—. O eso creo.
—Atacadme, ahora —les dijo poniéndose en posición.
Ambos se movieron a su alrededor y el elfo pudo ver la unión que habían creado. Los dos se movían a la vez en direcciones opuestas, ya no se miraban entre ellos, toda su atención estaba puesta en Kove. Snape fue el primero en atacar, a los pocos segundos lo siguió Elyon, ambos perfectamente compenetrados, sin estorbarse ni un solo momento. Uno ataca alto, y el otro bajo, uno por la derecha y el otro por la izquierda, sin titubeos, sin apartar la vista del enemigo. Poco faltó para que vencieran a su maestro. El elfo sonrió satisfecho.
—¿Cuánto puedes aguantar unida a él? —le preguntó.
—No lo sé… un poco más —jadeó la chica por el esfuerzo de la unión y la rápida escaramuza.
—Severus, ¿cómo te encuentras?
—Bien, creo… es una sensación extraña. Pero puedo mantener mi mente cerrada sin problemas.
—Entonces atacadme con todo lo que tengáis —Kove sonrió con malicia.
El elfo tuvo que admitir que aquella fue la primera vez que realmente disfrutó de luchar contra ellos. Eran rápidos y precisos, se movían a la par, incluso se apartaban el uno al otro para evitar que los pudiera alcanzar. No solo lo atacaban a él, se defendían entre ellos. Le estaban haciendo sudar como solo unos pocos lo habían conseguido.
En un momento dado Elyon puso mal un pie, cayó hacia atrás y quedó tirada en el suelo con la respiración agitada. Snape dejó de sentirla en él.
—No puedo más —jadeó la chica—. No puedo… duele… necesito descansar…
Kove se arrodilló junto a ella y le tomó la temperatura, estaba ardiendo como si tuviera fiebre, aunque sabía que no era así. En sus ojos había pequeñas motas doradas y brillantes que se estaban desvaneciendo.
—Lo habéis hecho maravillosamente —les dijo su maestro satisfecho—. Hay que pulir este experimento, pero creo que saldrá bien.
—No sabía que pudiera ser tan rápido —comentó Snape tirando, con cansancio, la espada sobre el fajo de armas de entrenamiento.
—Y no puedes —le aclaró Kove—. Solo cuando estás unido a ella. Te empuja, te proporciona parte de su magia y habilidades. Os convertís en la marioneta del otro. Vuestros movimientos están atados entre vosotros.
—Vas a hacer que me duela la cabeza —gruñó Snape estirando los músculos para relajarlos.
Elyon seguía tumbada en el suelo con los ojos cerrados. Le dolía el cuerpo, como si lo hubieran estirado en muchas direcciones distintas intentando desmembrarlo. Las articulaciones le ardían, como el pecho, igual que aquella vez que el mortífago la estuvo torturando.
—¿Estás bien? —Snape se acercó a ella preocupado, tenía los ojos fuertemente cerrados y el rostro contraído por el dolor.
—Me siento como si me estuvieran lanzando un Cruciatus —gimió sin poderse mover.
—¿Tanto te duele? —Kove la miro preocupado.
—Sí, no me quiero ni mover —musitó ella.
—Ahora vuelvo —el joven fue a ponerse las deportivas y salió con rapidez de la sala.
El elfo se sentó a su lado.
—Tendrías que haber soltado antes el vínculo —le dijo con calma—. Y no haber seguido absorbiendo magia una vez lo formaste. Ya no era necesario seguir acumulando magia.
—No me he dado cuenta del esfuerzo y de lo que hacía hasta que lo he soltado. Mientras peleaba me sentía bien, muy bien. Pero en un momento dado…
—Te has roto —suspiró su maestro.
—Sí…
—Tenemos que buscar la manera de que sepas cuándo has llegado a tu punto crítico, y de que seas capaz de soltar el exceso de magia que no estás usando.
—Meditando me doy cuenta, pero con esto…
Kove la miró con un asomo de sonrisa. A veces dudaba de que hubiera sido buena idea juntar a aquellos dos. Se compenetraban bien, tenían una buena dinámica, pero al mismo tiempo estando juntos adquirían un comportamiento temerario e imprevisible, que podía tener consecuencias desastrosas. Parecía que si estaban demasiado tiempo juntos se olvidaban de los límites, dejaban de percibir las señales de alarma e ignoraban deliberadamente el peligro que suponía traspasarlos.
—Maestro ¿Podrías… podrías traer aquí una gramola o algo con lo que escuchar la música que grabé? —le preguntó aprovechando que Snape no estaba en la sala—. Pensaba pedírsela a mi Jefa de Casa, pero querrá saber para qué y se lo contará a Dumbledore, y él a mi abuelo.
—Yo me encargo, no te preocupes —le respondió—. Mañana la tendrás aquí.
—Gracias. Y recuerda el trato, si consigo que aprenda los bailes tendré tu respeto —rio ella aún con los ojos cerrados por el dolor.
—Lo tendrás solo con que dé dos pasos con música de fondo —bromeó.
Ojalá la joven pudiera abrir una grieta en el muro del chico.
Snape volvió con un frasco grande en las manos y unos paños.
—¿Puedes incorporarte? —le preguntó.
—No, si me muevo… —gimió intentando simplemente girar la cabeza.
Un doloroso latigazo le recorrió la columna.
—Ayúdame a sentarla —le pidió a Kove.
Entre los dos consiguieron incorporarla, mientras ella contenía un gemido apretando la mandíbula.
—Dale un buen trago a esto y no lo vomites, sabe a rayos —Snape le acercó la botella a los labios.
La joven se esforzó en beber aquel líquido azul que le estaba provocando arcadas, las pequeñas convulsiones intensificaron el dolor que sentía en todo el cuerpo. El chico retiró la botella cuando consideró que hubo bebido lo suficiente.
—Es lo más asqueroso que he bebido en mi vida —gruñó Elyon esforzándose en retener el líquido en su estómago.
Comenzó a sentir un ligero alivio, como si le aplicaran hielo en todas las articulaciones y el pecho. El dolor no desapareció, pero se hizo más llevadero, había bajado al nivel de unas horribles agujetas. Snape empapó los paños en los restos de la poción y se los ató en las articulaciones que la ropa no cubría.
—¿Mejor? —le preguntó.
—Sí, mucho mejor —resopló—. Ahora solo me siento como cuando empezamos las clases de Defensa.
—Apaleada —rio Snape por lo bajo.
—Apaleada —corroboró ella.
Kove puso los ojos en blanco. "Menudos quejicas" pensó.
—Deberías darte un baño con esto —le dijo su profesor mostrándole la botella vacía—, te quitará del todo la inflamación y el dolor.
—En la habitación no tenemos bañera —comentó ella levantándose con esfuerzo ayudada por el elfo.
—Lo recuerdo, puedes… darte el baño en la mía —se ofreció.
La sangre se agolpó con rapidez en las mejillas de Elyon.
—O puedo irme a descansar a mi cuarto y ya se me pasará —respondió atropelladamente.
—De eso nada —interrumpió Kove—. Te necesito en plena forma y esa poción te irá bien. Las lesiones mágicas hay que tratarlas enseguida.
—¿Lesiones mágicas? ¿Qué lesiones? —la joven frunció el ceño.
—¿Por qué crees que te quemaban las articulaciones y te dolía tantísimo el cuerpo? —cogió su mano derecha y puso la palma hacia arriba— El exceso de magia lesiona, aquí tienes un recordatorio constante.
Elyon miró la marca blanquecina en forma de relámpago de su palma.
…..✦…..
Aún no se creía que estuviera dentro del baño de Snape, con las mejillas al rojo vivo y una toalla sobre las manos que le había dado el chico, quien estaba terminando de llenar la bañera con agua caliente mientras la mezclaba con la poción.
—Tómate el tiempo que quieras —le dijo sin mirarla a la cara una vez hubo terminado—. Cuando termines vete sin más. Yo estaré en mi despacho.
La joven solo pudo asentir con la vista fija en la bañera humeante. Snape salió y cerró la puerta, acto seguido apoyó la espalda en ella y soltó todo el aire de los pulmones. Su pulso se aceleró al pensar que Elyon iba a estar ahí dentro, dándose un baño, desnuda, y prácticamente salió corriendo de la habitación.
La semielfa fue a la puerta y la bloqueó con magia. No creía que Snape fuera a entrar pero… Se desvistió y entonces vio que Kove tenía razón. Sus articulaciones estaban rojizas e incluso amoratadas ahí donde su profesor no había podido aplicar la poción con los trapos.
No supo cuánto tiempo estuvo en el agua, que ya se había enfriado. Por un momento incluso tuvo la sensación de haberse quedado dormida en la bañera. El dolor y el malestar habían desaparecido del todo, junto con las marcas en su piel, apenas había ahora un leve rastro rosado.
Al salir del baño comprobó que Snape aún no había vuelto. Seguiría en su despacho. Miró la habitación con detenimiento. No era muy acogedora a pesar del fuego en la chimenea y las velas que iluminaban el lugar. No había decoración alguna, ni siquiera muchos objetos personales. Como si quien viviera allí estuviera de paso, solo por un corto periodo de tiempo. Sobre la cómoda había perfectamente alineados una colección de treinta libros de tapas negras, sujeta en ambos extremos por otros libros colocados en horizontal, de diferentes tamaños, todos ellos de pociones y artes oscuras. Sintió curiosidad por esa gran colección de libros negros. Siempre que había visto a su profesor leyendo, había sido con uno de esos libros en las manos. Al acercarse a ellos lo notó, tenían un conjuro para ocultar sus títulos. Su curiosidad se incrementó ¿Qué tipo de pociones o conocimientos habría allí dentro para que el joven no quisiera que nadie supiera qué leía? Se hizo con uno y lo abrió por una página cualquiera. Sus labios se separaron levemente por la sorpresa. No era un libro de pociones o conjuros, era una novela. Giró las páginas hasta dar con la primera en la que aparecía el título y autor: "Tragedia en tres actos, Agatha Christie". Su expresión de asombro se sustituyó por una sonrisa de incredulidad. Dejó ese libro en su sitio y cogió otros dos al azar. Eran de la misma autora. Todos esos libros de tapas negras eran la colección de aquella autora muggle de la que había escuchado hablar a veces. Misterios y asesinatos. Aunque le sorprendía que Snape leyera literatura muggle, en parte el género no tanto.
La puerta de la habitación se abrió y no tuvo tiempo de dejar el libro en su sitio. El chico la miró confuso unos segundos antes de pasar al enfado. Hubo un silencio muy tenso entre ambos.
—Te dejo sola una hora y… —gruñó.
—Pensé que eran de pociones o conjuros, siempre te veo leyéndolos y… —se excusó torpemente—. Además tienen un hechizo de ocultación y tenía curiosidad por…
—Y a pesar de ello, de pensar en los motivos por los que podría ocultar esa información, decidiste no solo violar mi intimidad si no también meter las narices en cosas que no te importan y podrían ser peligrosas para ti —le espetó.
Se acercó a ella con zancadas airadas. Le arrancó el libro de las manos y lo dejó en su sitio.
—Lo siento —musitó sin mirarlo.
—Lárgate —gruñó, conteniendo las ganas de gritarle.
La joven se apresuró en obedecer. Había metido la pata hasta el fondo ¿Quién le mandaba curiosear en las cosas de Snape? Era obvio que iba a enfadarse si la pillaba, ella también lo habría hecho de estar en su lugar.
—Espera un momento —la frenó mientras se pinzaba el tabique con cansancio, mientras se calmaba.
Ella se giró con lentitud mientras el joven se le acercaba. Tenía el presentimiento de que aún no había escapado de su reprimenda.
—¿Puedo ver…? —señaló sus brazos.
Elyon asintió y se quitó la chaqueta de deporte que llevaba sobre la camiseta de manga corta. El profesor revisó con cuidado sus codos y muñecas. La joven sintió un leve y agradable cosquilleo cuando el chico le subió del todo las mangas para poder ver los hombros y cuando abrió un poco más el cuello de la camiseta para examinar su nuca, tras lo cual puso las manos bajo sus orejas, con lo que casi le rodeaba el cuello por completo, y le hizo girar un poco la cabeza en varios sentidos para comprobar si aquello le dolía y si los músculos seguían inflamados. Sus grandes manos, que la trataban con extrema delicadeza, le resultaron cálidas. Se sorprendió a sí misma disfrutando de ese contacto tan próximo e íntimo.
Por último examinó sus manos y dedos. En ese momento el mago vio la cicatriz blanquecina en su palma derecha. Snape sintió que su estómago se encogía al recordar el ataque al colegio y las consecuencias físicas que había tenido para Elyon, que casi perdió el brazo.
La semielfa tragó saliva con inquietud cuando el joven acarició con su pulgar la marca en forma de relámpago, con cuidado y lentitud. Vio en sus ojos la culpabilidad.
—No fue culpa tuya —murmuró para aliviar su congoja—. Y la cicatriz apenas se ve, no me molesta. Es una cicatriz de guerra de la que poder fardar con los demás.
Snape la miró a los ojos. La joven le sonreía de forma despreocupada.
—Me alegro que el baño te haya sentado bien. Ahora lárgate y no se te ocurra volver a inmiscuirte en mi vida privada —le dijo con sequedad soltando sus manos.
Elyon se apresuró en irse de allí. Se había librado de unos de sus airados arranques por los pelos. Apretó el puño derecho con fuerza, intentando memorizar las caricias del chico sobre la palma de su mano, y sus cálidas manos sobre su cuello.
…..✦…..
ALUMNOS DE HECHICERÍA RECOGEN FIRMAS CONTRA LA NUEVA ASIGNATURA DEL COLEGIO HOGWARTS
Ayer por la tarde llegaron al Ministerio de Magia alrededor de mil firmas pidiendo la cancelación de la nueva asignatura implementada en Hogwarts en todos sus cursos: Ética y Buen Uso de la Magia. La iniciativa parece proceder de un numeroso grupo de alumnos descontentos con el contenido y la aplicación del temario. El director Dumbledore no ha querido realizar declaraciones al respecto alegando que la materia se imparte por iniciativa del propio Ministerio y tanto el temario como el profesor los decidieron desde allí.
El Ministerio por su parte expone que no tienen previsto anular la asignatura ya que fue aprobada prácticamente por unanimidad en la asamblea del Wizengamot. Hacen un llamamiento a la calma para el alumnado ya que, explican, resulta complicado implementar una asignatura nueva en todos los cursos, y que el simple hecho de que "no guste" no es motivo para cancelar una asignatura. Fuentes cercanas al Ministro incluso declaran que esta asignatura debería haberse incluido tras el fin de la guerra y por eso la han incluido ahora para todos los cursos, aunque para sucesivos años escolares se prevé…
Lisa tiró con enfado el periódico sobre la mesa.
—No me puedo creer que después de todas las firmas que hemos recogido y de la mala fama que les va a dar este artículo, se nieguen a cancelar la asignatura —gruñó la gryffindor con enfado.
Will la miró con una ceja levantada, pero se abstuvo de comentarios. Aunque sus ojos decían claramente "Te lo dije".
—¿Y qué vais a hacer ahora? —Elyon la miró con curiosidad.
—Ni idea, tendremos que reunirnos —resopló su amiga llena de frustración—. Pero ojalá Peeves lo tirara por las escaleras.
La semielfa siguió desayunando distraídamente, mirando al resto de sus compañeros. Muchos de ellos también estaban leyendo El Profeta de ese día y parecían igual de indignados que su amiga. Su mirada se paró en la de Mark, que le sonreía con regodeo mientras sujetaba en alto el periódico como si lo leyera, lo había doblado por la mitad de forma vertical, por lo que le mostraba a ella el artículo que dejaba claro que tendrían que seguir aguantando a Batts y sus lacayos una larga temporada más. En ese momento Jeff cogió la jarra de leche. Elyon arrugó la nariz ligeramente. La jarra pareció escapar de la mano del chico y cayó sobre la mesa con estrépito, derramando su contenido directamente sobre Mark que se levantó a trompicones con un gruñido, y el jersey y los pantalones empapados, casi tropezando con el banco y cayendo al suelo de espaldas. Elyon lo miró con una media sonrisa y le guiñó un ojo con malicia. El slytherin se puso rojo de ira. Que la acusara de aquello si podía.
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El malestar en el colegio creció tras la fallida recogida de firmas y que ésta se hiciera pública. El grupito de Batts se dedicaba a acosar a los alumnos que habían organizado dicha recogida, entre los cuales se encontraba Lisa. No sabían cómo habían podido enterarse de quienes eran los cabecillas, pero teniendo en cuenta que Mark estaba en el grupo de acólitos, se hacían una idea de cómo habían conseguido esa información. Al menos parecía que seguían sin saber nada sobre las clases de apoyo, que se realizaban con normalidad.
Lo que más le costaba a Elyon era no intervenir cuando uno de los adeptos de Batts se dedicaba a quitar puntos a los alumnos sin motivo, inventándose excusas o forzando la situación hasta que se hacía magia, según ellos, innecesaria. Sentía su sangre hervir por tener que ver todas aquellas injusticias. Maldito Tratado de No Intromisión.
En una ocasión fue testigo de cómo colgaron a uno de los alumnos de primero de una de las altas antorchas, por suerte apagadas, de la pared del pasillo. Y cuando un alumno de tercero consiguió rescatarlo y bajarlo, Mark le restó cinco puntos, porque según él, podía haber ido a por una escalera de mano. Ambos alumnos se enzarzaron, con lo que el slytherin le acabó restando otros diez a pesar de que le había roto la ceja al pobre alumno de tercero. Elyon deseó en ese momento que el rubio se muriera y que borrara de su cara esa insufrible sonrisa prepotente. Sintió sus manos arder, y las enormes y pesadas armaduras del pasillo se desplomaron, una de ellas por poco aplastó al mago. Todos los presentes en el pasillo gritaron, y muchos increparon al polstergeit por la trastada. Cuando finalmente todos los alumnos se dispersaron, la joven se fijó en que a Mark había empezado a sangrarle la nariz.
Y las clases de Ética no eran mucho mejores. Batts de cada vez era más estricto en sus clases. No permitía que nadie cogiera una pluma sin que él lo ordenara, no podían levantar la vista del libro, y si un alumno daba una cabezada le hacía pasar el resto de la clase de pie con el pesado libro en brazos. En una clase llegó a haber diez alumnos de pie más el que estaba leyendo el temario. Y no perdía de vista a Elyon, a quien le exigía que tuviera las manos sobre la mesa a cada lado del libro, con las palmas hacia abajo, para, según él, asegurarse de que no hacía ningún tipo de magia en clase. Sin contar que buscaba cualquier pretexto para arremeter sutilmente contra los elfos, provocándola.
Elyon llegó a la conclusión de que lo que estaba intentando el profesor era que ella le diera la oportunidad de que la expulsara de la asignatura, y de esa manera suspenderla e impedir que siguiera estudiando en Hogwarts. Pero la semielfa no iba a permitírselo, y se lo dejaba muy claro cuando sus miradas se encontraban. La de él de prepotencia y regocijo por tenerla a su merced, la de ella de determinación y orgullo.
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Cuando terminó la clase de Pociones, Elyon quedó rezagada adrede y dejó sobre la mesa del profesor una pequeña nota en élfico, mientras él se dedicaba a borrar la pizarra para escribir la poción de la siguiente clase.
La semielfa se retorcía el meñique hacia atrás con nerviosismo mientras expiraba largamente para calmarse. No estaba segura de si Snape aparecería, solo le había dicho lugar y hora, nada más. No se le había ocurrido ninguna excusa y si le decía para qué tenía que ir realmente a la sala de entrenamiento, directamente no se presentaría.
Con su puntualidad característica el chico llegó a la sala llevando la ropa de deporte. Mejor, eso quería decir que no sospechaba nada.
—¿Y bien? ¿Tenemos clase extra de Defensa? —le preguntó mientras se recogía el pelo en una coleta.
Elyon le sonrió de forma nerviosa. Snape frunció el ceño con desconfianza.
—No es clase de Defensa, así que mejor no te descalces —acertó a decir ella.
El profesor se percató en ese momento de la pequeña gramola que había al fondo de la sala. Alzó ambas cejas, dibujó una mueca extraña que Elyon no supo descifrar cuando comprendió lo que pasaba, y dio media vuelta para irse. Pero la puerta no se abrió por mucho que peleó con ella rozando la histeria.
—Snape tienes que…
—¡No! ¡Ni hablar! —le dijo mientras sacaba la varita para abrir la puerta, que siguió atrancada—. Dije que no pensaba hacer esto.
Frustrado por la encerrona en la que acababa de caer y de la que parecía no poder escapar, llegó a darle una patada a la puerta para abrirla.
—No vas a poder abrirla —le aclaró ella—. Por favor, nadie va a enterarse.
—¿Y si alguien entra? —gruñó— ¡No pienso bailar! Yo no bailo, nunca, jamás.
—Si tú no puedes salir, obviamente nadie va a poder entrar. Y he insonorizado esto para que nadie oiga nada —se acercó a él con cuidado, como si fuera un animal salvaje y desconfiado—. Ya bailaste conmigo una vez y no se acabó el mundo. Si no aprendes esto, si no bailas… ¿Para qué te has esforzado tanto en todo lo demás? Te prometo que no tendrás que cantar, pero esto… Por favor, es una parte importante de nuestra cultura. La música y la danza. Las tabernas son así, y nuestras celebraciones también.
Le puso una mano en el brazo y se lo apretó ligeramente, para calmarlo. Snape no quería girarse y mirarla, porque sabía que entonces cedería, como en aquel Fin de Año. Tenía la mandíbula tan apretada, que empezaba a dolerle. No quería hacer el ridículo, era torpe en esas cosas, seguro, y ya lo habían humillado bastante en los años que había vivido.
—Esto es casi como las clases de Defensa. Es memorizar movimientos pero con música de fondo —insistió—. Yo no me voy a reír, nadie va a hacerlo. Y aquí estamos solos ¿Acaso no te fías de mí?
Snape tragó saliva aflojando la mandíbula y se giró para mirarla. La joven le sonreía con dulzura, transmitiéndole confianza y tranquilidad. Con esfuerzo soltó el pomo de la puerta, al que se había aferrado como si este pudiera realmente salvarlo.
—Tú ganas. Pero si no consigo… como te rías… —la amenazó.
—Lo dejaremos estar —la joven aceptó el trato.
Con paso alegre fue hacia la gramola y la puso en marcha. La estancia se llenó de música animada y dulce, que desgraciadamente invitada a bailar.
—Perdón si la calidad no es muy buena, tuve que grabarla en la taberna —le dijo con apuro alargándole una mano para que se acercara a ella.
Elyon se colocó frente a él y le hizo levantar el brazo derecho, apoyando su palma izquierda en la de él, con el otro brazo laxo junto a ella. Le indicó los pasos a dar. Snape quería morirse allí mismo de la vergüenza, no quería tener que pasar por aquello. Se sentía tan estúpido. No hacía más que trastabillar para intentar no pisarla, y se hacía un lío con sus propios pies.
—¡Ponte tranquilo! Tu cara ahora mismo es un poema —rio la chica—. Esto no es baile de salón. No pasa nada si no te sale perfecto, el objetivo es divertirse, puedes inventarte los pasos si hace falta. Así que deja de mirarte los pies, mírame a mi ¡Qué me mires! —el joven alzó la vista y la miró a los ojos— Y ahora escucha la música, ella te guiará mejor que yo. No pienses que estás bailando, piensa que es una clase de Defensa ¿Recuerdas que Kove nos dijo que aprender los movimientos de lucha era como bailar? Pues ahora es a la inversa. Soy tu compañera de batalla, y podemos vencer al enemigo si nos compenetramos bien.
Snape inspiró y expiró. Y volvieron a intentarlo. Clavó su mirada en ella y se centró en ese verde tan brillante y lleno de vida que le encantaba. Dejó que la música inundara su mente, de forma que no le dejara pensar en nada. Se autoconvenció de que no estaba bailando, que estaba luchando, y eso le hizo sentirse más cómodo.
—¡Mucho mejor! ¿Ves como no es tan horrible? —lo animó con una gran sonrisa, él le devolvió una más tímida.
El chico perdió la noción del tiempo. Allí dentro con Elyon, rodeados de música, se sintió bien. Se sintió libre. Solo ellos dos, mirándose a los ojos, mientras realizaban los pasos entre risas, tropiezos y enredos ¿Qué si se lo pasó bien? Jamás admitiría en voz alta que deseó con todas sus fuerzas que esa tarde no terminara nunca, deseó quedarse allí como anclado en el tiempo. Jamás admitiría que ansiaba repetir lo antes posible. Allí solos, los dos, perdidos entre la música, las manos enlazadas y las miradas cómplices.
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¡Un saludo a todos!
