6º curso. Capítulo 5
Resopló nerviosa en la entrada del colegio. Su pierna temblaba de forma insistente, mientras agarraba con fuerza el asa de la bolsa en la que llevaba su arco y sus flechas. El nudo de su estómago era tal, que empezaba a sentir nauseas.
Kove aún no había llegado. No era propio de su maestro retrasarse, y eso la preocupó ¿Y si Azrael se había enterado y había puesto punto final a su plan? Por eso cuando alguien la tocó en el hombro dio tal brinco que por poco soltó la bolsa que cargaba.
—No puedes ir a Imtar así de nerviosa —su maestro la miró con seriedad— ¿Quieres echarlo todo por tierra a solo tres días de la Evaluación?
—Siempre puedo achacarlo a los nervios por las celebraciones y el abrir la Noche de las Hogueras —se excusó, molesta por esa falta de confianza hacia ella.
—Y puede que Azrael te crea. Heon desde luego no —le aclaró—. Aunque el que más me preocupa es Rasmu. No subestimes su habilidad para leer entre líneas y analizar las expresiones y el lenguaje corporal. Averiguó mucho sobre ti en aquella breve charla del año pasado. Así que si estás con él antes de la Evaluación ves con cuidado. Tu tío no se inmiscuirá, ya que tenía una buena impresión de Severus, Rasmu no. Y no dudará en hablar con tu abuelo.
Elyon asintió. Ahora su nerviosismo se había convertido en preocupación. Decidió que lo mejor sería intentar evitar a Rasmu, no estaba segura de poder crearse una máscara con toda la ansiedad e inquietud que arrastraba desde el inicio de esa última semana. Además se le daba fatal, todo el mundo se lo decía. Su cara era un maldito libro abierto.
—Bien, vámonos. Te esperan para cenar en casa de Heon.
—¿Y Snape? —miró con preocupación hacia las escaleras de las mazmorras.
—No llevaré a Severus a Imtar hasta el día de la Evaluación —le dijo— ¿Acaso crees que no se percatarían de su presencia y el por qué está allí? Elyon, céntrate. Necesito que estés en lo que tienes que estar. Saldrá bien, así que olvídate de todo hasta que llegue el día ¿De acuerdo?
La joven asintió y se apresuró en seguirlo. Miró sobre su hombro para ver el castillo cada vez más pequeño y lejano, con casi todas sus ventanas encendidas brillando sobre el lago negro y sereno. Tres días. Solo tres días más y todo volvería a ser como antes.
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Snape revisaba las notas y directrices que había preparado para la profesora que lo sustituiría los días que pasaría en Imtar. Iba a ser la misma mujer que se ocupó de su asignatura el tiempo que él estuvo cuidando a Elyon en San Mungo. No era mala docente, pero si demasiado laxa en su opinión. A su vuelta consideró que no había avanzado en el temario todo lo que debería y que había sido muy indulgente con las calificaciones.
No sabía cuánto iba a estar fuera, podía ser un día si no superaba la evaluación o una semana si lo conseguía, Kove le había avisado que incluso podría ser más. Resopló. Los elfos no tenían muchas celebraciones, pero sin duda la Fiesta de la Primavera era la más grande y multitudinaria. Se sabía cuándo comenzaba, pero no cuándo podía terminar. Snape supuso que era cuando el cuerpo ya no podía soportar más días sin apenas dormir y más alcohol en el cuerpo.
Una vez comprobó que estaba todo especificado al milímetro se levantó de su mesa. Igualmente hablaría con la docente antes de marcharse, para dejarle claro lo que esperaba encontrar a su vuelta si es que quería seguir realizando sustituciones en su asignatura. Snape suplicó interiormente para que esto último no fuera necesario. No es que le gustara especialmente ser profesor, pero se había comprometido con ello, y detestaba que Dumbledore le impusiera a la mínima otros quehaceres que interrumpían la razón por la que se suponía que estaba en Hogwarts. Si desde el principio pensaba enviarlo de un lado a otro en horario lectivo, quizá debió de elegir a otro para el cargo de profesor. A él le habría hecho un favor, desde luego.
Había estado presente cuando Kove había hablado con el director para decirle lo que pensaba hacer en Imtar, y que para ello tendría que irse unos días. El mago no puso ninguna objeción. Es más, juraría que el anciano ya sabía lo que iban a decirle cuando entraron en su despacho, porque parecía tenerlo todo atado desde hacía tiempo. Al marcharse les deseó la mayor de las suertes con una enorme sonrisa.
Snape se masajeó las sienes. Se sentía como una maldita marioneta rota que iba pasando de mano en mano. Primero el Señor Tenebroso, luego Dumbledore y por último Kove. Todos terminaban haciendo con él lo que querían. Y aunque una parte de sí mismo creía que tenía el control de la situación… lo cierto era que se estaba engañando.
Inspiró profundamente. Se esforzó en visualizar la verdadera motivación por la que hacer la Evaluación. Lo hacía por mantenerla a salvo mientras estuviera en Hogwarts. Y para qué negarlo, para poder estar a su lado hasta que tuviera que dejarla marchar. Era un necio. No había sido capaz de mantenerse distante, los sentimientos que Elyon despertaba en él le hacían sentirse vivo, y aunque pareciera increíble, feliz, y eso no era habitual. Así que, si todo aquello estaba destinado a un final funesto, lo aceptaría de buen grado.
Con la mano en el pomo de la puerta sopesó qué hacer para calmar esa ansiedad que poco a poco, a lo largo de los días, se había ido acumulando y ya pesaba en su estómago, cada día un poco más. Su primer pensamiento fue ir a entrenar, pero Kove le había dicho que no se ejercitara sin él, no debía agotarse ni lesionarse antes del día señalado, la prueba iba a ser muy exigente. De manera que optó por hacer algunas de las pociones que le había pedido Pomfrey. Aquello lo relajaría y al menos era útil, no como golpear un saco de boxeo hasta no poder seguir moviendo los brazos.
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La cena en casa de tus tíos fue como todas en las que ella llegaba a la ciudad a pasar unos días: demasiado abundante y animada. Y aunque le encantaban, aquella vez tuvo que esforzarse en mantenerse relajada, porque el tema principal de conversación eran las fiestas y su cumpleaños, que era el día álgido de las festividades: el Solsticio, y por tanto la Noche de las Hogueras. Su tía le contó que aunque sus padres estaban deseando que llegara al mundo, sobre todo su madre que lo estaba pasando mal porque Elyon se estaba retrasando y no podía seguir cargando con la enorme tripa que tenía, su padre la maldijo un poco al perderse las celebraciones de ese día, diciendo que ya se podría haber adelantado o atrasado en nacer algunos días más.
Todos estaban tan emocionados de tenerla allí en esas fechas tras catorce años, que prácticamente le planificaron todos los días hasta la Noche de las Hogueras. A la mañana siguiente Iyala se la iba a llevar para comprarle un vestido adecuado para el Solsticio, nada de segunda mano como hasta ahora. Nuth la había apuntado a las carreras de grifos y Heon a la competición de tiro con arco. Su abuelo dijo que nada de responsabilidades políticas hasta que acabaran las fiestas.
Se agobió un poco. Todos encima de ella y decidiendo en su nombre. Pero en parte no le importó, veía la ilusión en sus ojos y todo aquello la ayudaría a no pensar en la Evaluación los próximos tres días.
Para seguir suavizando la tensión con su abuelo y que estuviera receptivo, se quedaría en su casa salvo el fin de semana en el que estuvieran sus amigos allí. El elfo recibió la decisión con visible alegría.
Asomada al minúsculo balcón del dormitorio, apoyada en la baranda de piedra cuidadosamente grabada, la brisa le revolvía el pelo. Desde allí podía ver la pequeña ciudad que ya se preparaba para las celebraciones. En muchas de las calles ya habían colgado los banderines y guirnaldas, junto a los farolillos ya encendidos.
Sonrió levemente. Tenía unas ganas inmensas de enseñarle todo aquello a sus amigos y a Snape. Quería mostrarles su mundo, su hogar, su otra mitad. Miró hacia el cielo estrellado, cerró los ojos y musitó en voz baja una súplica para que todo saliera bien. Para que aquella semana fuera inolvidable.
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Caminando por las calles de la ciudad a la luz del día pudo admirar mejor el mimo que estaban poniendo los imtares en la decoración de la ciudad. Todo era color. Las guirnaldas, los banderines, las fachadas llenas de plantas en flor. Los ciudadanos se afanaban en sus tareas con una enorme sonrisa en el rostro, tarareando las melodías que ya resonaban en las calles. Los músicos se repartían por las plazas. El aire olía a dulces y sus estómagos gruñeron con gula a pesar del consistente desayuno que habían tomado hacía poco. Un grupo de niños casi las arrolla en su carrera, mientras arrastraban tras de sí una especie de cometas pequeñas.
El mercado estaba a rebosar, jamás lo había visto tan lleno. Su tía le había dicho que muchos elfos venían esos días a la ciudad para celebrar las fiestas en la capital, y que en esa ocasión seguramente sería multitudinaria al estar ella de vuelta para el Solsticio. Iban a considerar aquello como una presentación formal en sociedad, ya que la última Gran Familia volvía a estar reunida.
Elyon tragó saliva. Eso no le iba a gustar a Snape. Es más, tenía que librarlo como fuera del baile, y si no podía, tenía que evitar que se enterara de aquello. Porque no estaba segura de cómo se enfrentaría el chico a la situación, bien no, eso seguro.
Salieron de la tienda con un vestido azul marino de hilo muy bonito y sencillo, de manga larga y estrecha. Más corto por delante que por detrás, y que no llegaba a tocar el suelo. La Fiesta de la Primavera era para bailar y disfrutar, por lo que la ropa debía ser práctica y cómoda. El vestuario más elaborado y recargado era para ceremonias oficiales o de carácter íntimo. Según Iyala, nadie quería ver un precioso vestido largo de gasa, seda o terciopelo con los bajos destrozados, sucios o incluso quemados. Se rio del concepto que tenían los magos de ellos, que siempre creían que iban pulcramente vestidos y enjoyados cuando realmente preferían los tejidos ligeros, cómodos y no excesivamente llamativos para la vida cuotidiana. Consideraba que eran los brujos quienes vestían de forma excesiva, y no sabía cómo no llegaban cansarse de intentar aparentar siempre tanto.
Elyon rio por lo bajo. Realmente no todos los magos eran así, como ejemplo tenía a Snape, que era el polo completamente opuesto a magos como Dumbledore o Lucius. Le hizo gracia ver los tópicos que tenían magos y elfos sobre las culturas del otro, y como al mismo tiempo se parecían en muchas cosas.
Mientras seguían paseando tras haber sido ambas presa de la gula en una pastelería, la semielfa se fijó en que muchos elfos ya llevaban sobre sus cabezas coronas sencillas de hojas y flores. Otros llevaban en las manos, dentro de cestillas de mimbre, coronas más elaboradas con diferentes diseños y detalles, ya fueran plumas, cuernos, frutos, setas, musgo o algo de joyería. Le preguntó a Iyala si también debían comprar una, a lo que la mujer le dijo que no, que las suyas ya estaban en casa guardadas desde hacía tiempo.
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Snape se esforzaba en mantener una respiración tranquila y superficial. Se concentró en los ruidos y sonidos que había en la sala. Sujetaba la espada corta frente a él, en posición de defensa. Kove le había vendado los ojos para esa sesión.
A él esa idea le pareció una soberana estupidez. Era imposible luchar así, y poco probable el tener que enfrentarse a alguien completamente a oscuras. Si él no podía ver, el contrincante tampoco. Había recibido en respuesta a sus quejas un certero golpe en los riñones, y ahora, a parte de dolorido, estaba de pie con una venda en los ojos.
Le pareció escuchar un paso a su derecha, se giró con rapidez y dibujó un amplio arco con la espada. No le dio a nada. Le pareció escuchar un susurro que no supo identificar ni saber de dónde venía. El frío se le clavó en el hígado desde la espalda. Gruñó con fastidio.
Volvieron a probar. Un paso rápido a su espalda, y otro apenas rozó el suelo para moverse hacia la izquierda. Esperó paciente. Un susurro que cortó el aire. Se agachó y avanzó atacando hacia adelante. Su filo chocó contra otro. Sonrió. Pero la otra hoja dejó de hacer fuerza contra la suya, y antes de que pudiera recomponerse lo golpearon en la cabeza con algo duro, seguramente la empuñadura de la espada de Kove.
—Mejor. Pero céntrate —le dijo el elfo.
—Esto es una estupidez —se quejó Snape de mal humor quitándose el pañuelo de los ojos— ¿Cuándo se supone que voy a pelear a oscuras? ¡Hay conjuros para eso! ¿Los elfos no tenéis nada parecido a Lumus? ¿Y por qué esto lo estamos probando ahora que Elyon no está? ¿Acaso no ha de aprenderlo también?
—Primero —Kove alzó un dedo—, parece mentira que después de un año entrenando aún no entiendas que esto no tiene nada que ver con la magia. Esta forma de lucha es para cuando no tienes la magia al alcance ¿Acaso crees que nosotros no la usamos en nuestras batallas? El saber moverte a oscuras es para emboscadas o evitar que te embosquen. Segundo —alzó otro dedo—, Elyon es una rastreadora nata, puede ver lo que hay a su alrededor sin necesidad de usar la vista, y esa manera de escudriñar lo que hay a su alrededor escapa a tu comprensión. Puede ver cosas invisibles para los que no tenemos ese don. Y tercero —bajó los dedos y lo miró con dureza—, si te digo que te vendes los ojos para entrenar, lo haces. Fin de la discusión.
El chico lo fulminó con la mirada antes de volver a ponerse la tela negra sobre los ojos. Que su maestro le regañara como si fuera su padre le enervaba sobremanera, sobre todo porque se había dado cuenta de que él acataba cual hijo obediente, y consideraba patético haber aceptado una figura paterna a sus veinticuatro años, cuando se suponía que después de toda una vida sin una que mereciera la pena, ya no la necesitaba para nada.
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Elyon miraba nerviosa a su alrededor, abrazada a su arco, como si tuviera de nuevo tres años. Todos los que allí había eran arqueros experimentados, o por lo menos a ella se lo parecían. Incluso los niños parecían más confiados en sus aptitudes que ella misma.
—Tío Heon, no quiero que me eliminen en la primera ronda —gimió—. Sería muy humillante.
—Sería humillante si te eliminan por no ser capaz de tensar el arco o por que tus flechas se queden cortas de potencia —el hombre la apretó el hombro con cariño—. Pero eso no va a pasar. Ten más fe en ti misma.
La joven arrugó la nariz sin convicción, los nervios eran traicioneros. Sabía que no iba a ganar, pero no quería quedar fuera de la competición enseguida. Era de una Gran Familia, tenía una imagen que mantener, o eso creía. Y dudaba que el resto de elfos tuvieran en cuenta que se había criado completamente aislada de todo lo que se suponía que ya debería saber hacer a sus casi diecisiete años.
—Respira —rio Heon—. Hay diferentes categorías y no te he inscrito en la más avanzada. Tendrás el mismo nivel que el resto de los de tu grupo.
La competición comenzó con los más pequeños, que a pesar de su corta edad, ya se manejaban bastante bien. Poco a poco se fueron sucediendo las diferentes categorías, hasta que llegó la de Elyon.
Se colocó en línea con el resto de participantes. Tres chicas y cuatro chicos, con edades comprendidas entre los catorce y veinte años. Inspiró profundamente cogiendo una de las flechas clavadas en el suelo junto a ella. Se concentró en la diana, intentando olvidar a sus contrincantes y todos los asistentes que estaban mirando. Se humedeció los labios tensando el arco. Sintió la brisa en la piel, calculando lo que el aire podía desviar la flecha. Dejó de respirar justo antes de soltar la cuerda. La flecha silbó y se clavó en el centro.
Sus contrincantes también habían finalizado el primer disparo. Se esforzó en no mirar a su alrededor y obviar el jaleo. Disparó las dos siguientes, ambas dieron en el centro, bastante cerca unas de otras.
Suspiró aliviada cuando superó esa ronda. A partir de ahí ya le dio igual si perdía.
La segunda ronda fue con dianas móviles. Se clasificó muy por los pelos. De no ser porque otro contrincante erró uno de los tiros, no lo habría conseguido. Y cuando vio en qué consistía la tercera ronda supo que de allí no iba a pasar.
Las dianas estaban colocadas en ángulos extraños, de forma que para acertar debían tener en cuenta la inclinación del ángulo de tiro, la fuerza que debían dar a la flecha y la ayuda o resistencia del viento.
Elyon buscó a Heon, Iyala y Nuth entre los espectadores. Los tres alzaron los pulgares para darle ánimo. Ella forzó una sonrisa, ni siquiera tenía idea de cómo dar en la primera diana, menos aún en el centro. Estaba muy lejos, más de lo que jamás había disparado hasta ese momento, y le parecía que estaba ligeramente ladeada hasta a un lado.
Colocó la flecha y espiró. Alzó el arco y tensó la cuerda tanto como pudo, más de lo que lo había hecho nunca, ahogando un gruñido de esfuerzo. Al soltar sintió un doloroso latigazo en la oreja y se encogió de dolor. Con el esfuerzo no se había dado cuenta de lo mucho que se había acercado el arco a la cara. Con los ojos llorosos miró a la primera diana, había conseguido alcanzarla, no cerca del centro, pero le había dado.
Para el siguiente se agachó, volvió a tensar, aun sentía la oreja caliente y dolorida, seguro que estaba roja como un tomate. La diana estaba muy inclinada hacia adelante y hacia abajo, si no iba con cuidado la flecha rebotaría en el borde. Soltó y esta se clavó justo en el borde de la diana. Arrugó la nariz, no estaba satisfecha, pero sabía que no lo podría haber hecho mejor.
Faltaba la última diana. Para acertar en ella, la flecha debía dibujar un arco muy concreto, ya que estaba colocada muy alta, a una distancia considerable y mirando hacia el cielo. Apenas veía el borde, así que tampoco conocía ni el diámetro ni el centro. Por eso sabía que o se quedaría corta de potencia o se pasaría, y desde luego prefería pasarse.
Alzó el arco apuntando el cielo, tensó todo lo que creyó necesario y soltó. La flecha silbó en su ascenso, dibujó un arco y comenzó a descender. En ese momento vio claramente que se había pasado, pero no fue hasta escuchar a los asistentes ahogar gritos de alarma cuando fue consciente de por cuánto. La flecha terminó golpeando uno de los tejados de los edificios colindantes a la plaza. Elyon resopló e hizo una mueca avergonzada, era muy posible que se hubiera pasado un poco más de la cuenta con la fuerza del disparo.
Se sintió algo mejor cuando no fue la única en no pasar esa roda. Otro chico y otra chica también quedaron descalificados. El joven se había quedado corto, y el arco de la elfa no había sido suficientemente amplio, por lo que su flecha rozó el borde de la diana sin llegar a clavarse en ella.
—Lo has hecho muy bien —Heon le sonría con orgullo cuando volvió junto a ellos—. Aunque creo que te has pasado bastante con el último tiro.
—Sabía que de ahí no pasaba —se encogió de hombros—. Al menos quería demostrar la fuerza que tengo en los brazos.
—Ya… y las agujetas que tendrás mañana —rio el elfo.
—Sí, eso también —sonrió con fastidio.
Su tía le revisó la oreja que seguía aún roja por el golpe de la cuerda, y le colocó una mano fría encima para aliviar un poco la hinchazón y la molestia.
Si Elyon pensaba que esa tercera fase había sido difícil, la cuarta la consideró imposible de superar para ella. Debían dar en la diana esquivando unos muñecos de paja a escala real. No había mucho margen de error, de hecho, casi todos dañaron al espantapájaros en su intento por acertar en el blanco.
Por encima de ella, hubo dos categorías más. Y el sumun de la complicación fue el acertar a dianas móviles bastante rápidas de tamaños varios, como si tuvieran que acertar a aves o jinetes en grifo, o cuando debían acertar a un enemigo en movimiento tras los peleles de paja que también se movían.
Cuando la competición terminó y se repartieron los respectivos premios a los merecidos vencedores, la semielfa preguntó a su tío por qué no se había presentado a la competición. Heon le explicó que él era parte de la Guardia, y como soldado, tenía prohibido participar en ese tipo de competiciones mientras los sublevados no desaparecieran. No debía olvidar que estaban ocultos entre los imtares, puede que incluso dentro de la misma Guardia, y podían encontrar, a través de estas competiciones, las carencias como soldado de cada uno y luego aprovecharlas. Por último, para quitar seriedad a sus palabras, añadió que era mejor en la lucha cuerpo a cuerpo que como arquero, y que si se presentaba a algo era para ganar. Iyala resopló comentando lo competitivo y mal perdedor que era. Aquello desencadenó una discusión entre el matrimonio sobre quién de los dos era mejor soldado y quién se tomaba peor las derrotas.
Nuth finalmente se decidió a intervenir y les propuso zanjar aquello en uno de los duelos de taberna de esos días. Su tía no se lo pensó de dos veces y se encaminó a la más cercana.
—¿Pero tú estás seguro de esto? —la semielfa miró a su primo con preocupación.
—Es la única manera de que paren, lo tengo más que comprobado —le susurró su primo—. Y ahora verás a mi madre en acción. Papá es idiota, no se cansa de morder el polvo contra ella. Roza el masoquismo.
Elyon alzó una ceja intrigada. Sabía que Iyala había sido parte de la Guardia, y que ahora era reservista, pero se la veía siempre tan tranquila, hogareña y familiar que le costaba imaginársela en una pelea.
La taberna, a pesar de ser muy temprano, estaba llena. La gente bebía animadamente y hablaba casi a gritos para poderse escuchar por encima del jaleo reinante. Iyala se acercó a la barra y pidió dos jarras de cerveza. Una vez servidas, Nuth y Elyon siguieron a los adultos al fondo del local, allí había mucha gente apiñada y se escuchaban golpes secos muy seguidos. Ambos enseñaron sus jarras llenas al encargado de los duelos, y cuando uno de estos terminó, les permitieron paso a esa zona en la que en las paredes había paneles de madera muy desgatada con unas dianas pintadas, ya prácticamente borradas por el uso. Allí varios grupos competían tirando hachas de mano o pequeños chuchillos. Junto a los golpes contra madera, que resonaban con fuerza, se escuchaban vítores, silbidos y gritos de ánimo. Algunos de los que disfrutaban del espectáculo recibieron a Iyala con júbilo alzando sus jarras y palmeándole la espalda.
—¡Vaya! Es toda una celebridad —comentó Elyon asombrada.
—No te haces una idea. Pronto sabrás por qué —Nuth torció una sonrisa de resignación.
Iyala y Heon se colocaron frente a uno de los paneles de madera, y les proporcionaron a cada uno un hacha de mano. Ambos dieron un largo trago a sus jarras y nada más terminar lanzaron con fuerza. Ambas quedaron clavadas en la madera, la de su tía justo en el centro de la diana, la de su tío se había desviado hacia arriba y a la izquierda. Enseguida les tendieron dos nuevas hachas, volvieron a beber y lanzaron. La de Heon había vuelto a desviarse, la de Iyala estaba justo junto la anterior. Siguieron lanzando a medida que vaciaban su jarra. Iyala no erró un solo lanzamiento, aunque en alguna ocasión el arma no se clavó bien y terminó cayendo al suelo, mientas que Heon solo dio en el centro una vez, y algunos de sus lanzamientos rebotaron en la superficie de madera.
Les trajeron otras dos jarras. La elfa realizó el primer lanzamiento sin derramar una sola gota de la cerveza que sostenía firmemente en la otra mano, a pesar de que la jarra estaba llena hasta el borde, ganándose una ovación de los que estaban allí. Heon resopló molesto y lanzó con fuerza, el hacha consiguió dar en el centro, haciendo caer al suelo la de su mujer. El elfo alzó el mentón con prepotencia. Su esposa frunció el ceño y luego sonrió retándolo. Cogió la siguiente hacha y se colocó de espaldas a la diana, bebió un largo trago de su cerveza, se giró con rapidez y lanzó sin apuntar prácticamente.
—¡Guau! —exclamó Elyon.
El hacha había cortado el mástil de la de Heon antes de clavarse en el panel. Los asistentes parecieron volverse locos entre vítores.
—Vale, subamos el nivel —propuso el elfo.
Alzó su jarra y comenzó a beber, Iyala lo imitó, y sin separar sus labios de las jarras cogieron un hacha y lanzaron al mismo tiempo. La de Heon rebotó.
—¡Mierda! —gritó con rabia, dejando su jarra en una mesa de madera con un golpe seco, haciendo que salpicara al exterior parte del contenido.
—¿Te rindes por fin? —Iyala lo miró con regodeo.
—Eso te encantaría, ¿verdad? —le guiño un ojo con picardía— Leam ¿Tienes otra cosa para lanzar y algo más pequeño para hacer diana?
—¡Claro! —respondió el encargado de las competiciones.
Les llevó unos cuchillos pequeños y unas manzanas. Heon le dio los cuchillos a su mujer y se quedó con las manzanas, acercándose al panel de madera.
—A ver si ahora sigues siendo igual de gallita —le dijo con recochineo.
Se posicionó frente a ella, colocándose una manzana sobre la cabeza, otra en la boca, y las otras dos cada una en una mano, sujetándolas con las palmas abiertas y los brazos muy extendidos.
—Por favor dime que están de broma —gimió Elyon con voz estrangulada, blanca como el mármol, mirando a Nuth con desesperación.
—Desgraciadamente no —suspiró el chico llevándose una mano al rostro, avergonzado.
—¿Pero y si falla? ¡Tenemos que pararlos! —urgió la semielfa intentando acercarse a su tía.
—Mejor no te metas. No pasará nada, no es la primera vez que hacen algo así —Nuth la cogió por los hombros para frenarla—. Y desgraciadamente no será la última.
—Pero han bebido mucho —insistió.
—Como cada vez que se les ocurre algo así —resopló con fastidio—. Por eso me alegro de que no tengan por costumbre ir de tabernas.
Iyala dejó su jarra en la mesa. Cogió uno de los cuchillos por la punta y apuntó con cuidado, los que observaban el duelo guardaron silencio.
—No puedo mirar —gimió Elyon resguardándose en el hombro de su primo.
La joven dio un brinco cuando escuchó el golpe del cuchillo contra el panel de madera. La pequeña daga había acertado en la manzana que el elfo sujetaba en su mano izquierda, arrancándosela de ella. La punta del cuchillo se clavó en la madera y finalmente la fruta cayó al suelo a medio cortar.
—¿Está bien? —susurró la joven casi sin voz.
—Sí, le ha dado a la manzana que tenía la mano izquierda. Quedan tres —respondió Nuth con calma.
Elyon apretó los labios con fuerza, aun sin atreverse a mirar aquella inquietante competición entre sus tíos. Un segundo golpe, y por el vítor que lo siguió supuso que había vuelto a dar en la fruta. Giro levemente la cabeza aún apoyada en el hombro del chico. Iyala estaba concentrada en el próximo lanzamiento. Su brazo extendido calculando el ángulo, sus pies separados, uno más adelantado que el otro para equilibrarse bien y la mirada fija en el punto en el que quería acertar. Dibujó el arco de lanzamiento unas cuantas veces sujetando el cuchillo casi por la punta del filo. Heon la miraba sereno, desafiante. No se había movido en absoluto, aún seguía con los brazos alzados en cruz. El chuchillo salió volando y se clavó en la manzana, que cayó de la cabeza al suelo.
La semielfa prácticamente gimoteó exhalando el aire que había contenido en sus pulmones antes del lanzamiento. Solo quedaba la manzana que su tío tenía en la boca. La joven negó con la cabeza.
—Por favor, que no lo haga, por favor… dime que no lo va a hacer —gimió a su primo, que observaba aquello con hastío.
Pero el chico no respondió. Iyala cogió el cuarto cuchillo y se colocó en posición. Justo cuando iba a lanzar lo clavó en la mesa y cogió su jarra de cerveza para darle un buen trago. Los allí presentes aplaudieron y la vitorearon, coreando alabanzas a su puntería y aplomo.
Heon bajó los brazos y puso los ojos en blanco, se quitó la manzana de la boca al mismo tiempo que le daba un buen mordisco.
—¡Qué decepción! —le dijo a su mujer con la boca llena— Al final siempre te acobardas en el último momento.
La elfa cogió con rapidez un hacha de la mesa y la lanzó contra él. El arma pasó silbando a escasos dos dedos de la oreja izquierda del elfo y se clavó en el panel. Los parroquianos, asombrados, alzaron sus jarras rugiendo. Heon sonrió complacido tirando la manzana por encima de su hombro y en cuanto llego hasta su esposa la envolvió entre sus brazos y la besó.
—Esa es la mujer de la que me enamoré —le susurró antes de volverla a besar.
Elyon alzó las cejas sin entender nada en absoluto. Era como si aquellos dos adultos fueran completos desconocidos. Dos desconocidos que se besaban igual que dos adolescentes, como si la vida les fuera en ello. Para su desagrado, juraría que ahí estaba habiendo lengua. Nuth le puso la mano en el hombro y la empujó lejos de la escena.
—Vámonos, anda. Lo que viene a continuación no lo vas a querer ver —resopló.
Comenzaron a avanzar con dificultad entre la gente para salir del abarrotado local cuando Iyala les dio alcance.
—¿A dónde vais? —les dijo preocupada, con las mejillas algo encendidas.
—A dar una vuelta. No te preocupes, yo me encargo de ella —le respondió su hijo.
—Hay mucha gente, no os fieis de…
—Mamá, tranquila. Soy soldado ¿Recuerdas? Y luego iremos con Feriel. Estate tranquila —le sonrió el chico—. Diviértete un poco como todos.
—Id con cuidado —prácticamente les suplicó—. Si veis cualquier cosa rara os vais directos a casa.
Ambos asintieron.
—¿Vas armado? —le preguntó a Nuth.
—Siempre que voy con Elyon —se levantó la camisa y ambos vieron un pequeño cuchillo enfundado al cinturón.
—Bien. Igualmente me quedaría más tranquila si…
En ese momento apareció Heon, cogió a la elfa por la cintura y la alzó.
—¡Esta es mi mujer! ¡Mi letal y preciosa mujer! —rio en alto para que todos pudieran oírlo, sin reparar en que su hijo y su sobrina estaban todavía allí.
Nuth aprovechó la interrupción para salir al fin. Cuando se hubieron alejado un poco de la taberna y el aire fresco los despejó del ambiente cargado del local, Elyon miró a su primo con el ceño fruncido.
—¿Me puedes explicar qué acaba de pasar ahí dentro?
—¿Hace falta que lo haga? —bufó el chico.
—Sí —respondió tajante.
El elfo inspiró profundamente pinzándose el tabique.
—Pasa que mi madre ha abierto la boca y ha sacado el tema tabú en casa: lo mal que mi padre afronta las derrotas, sean del tipo que sean. Si no lleva la razón o no vence, se lo suele tomar bastante mal de buenas a primeras, se enrabia como un niño pequeño. Así que lo que has visto es lo habitual cuando se abre esa caja. Mi padre siempre busca algo con lo que demostrar que tiene razón, y mi madre le sigue para demostrarle que no la tiene. Por norma general, si la cosa escala en intensidad, se acaban retando en alguna prueba absurdamente peligrosa o innecesaria —resopló con cansancio—. Según tengo entendido lo llevan haciendo desde que se conocen, creo que su primera cita fue así. Empezaron a pelear y retarse, y al día siguiente prácticamente ya eran pareja formal. Como ves todo muy sano y normal —Elyon aguantó la risa—. Junta eso con el alcohol y… vuelven a la adolescencia… hoy te aseguro que no voy a volver a casa.
—¿Por vergüenza?
—¡Ojalá! Si fuera por vergüenza entonces no podría volver nunca… ¿Has visto cómo se han empezado a comer el uno al otro delante de todos? Siguen queriendo darme un hermano… Así que no pienso volver a casa hasta mañana por lo menos —Elyon se sonrojó al entender lo que le estaba diciendo Nuth—. Aprendí la lección hace unos años al llegar a casa tras un pique parecido. Lo que escuché en ese momento aún me persigue de vez en cuando en sueños… Así que prefiero darles intimidad por mi propia salud mental.
—Vale, entendido, para de hablar que el trauma también me lo vas a crear a mí —la joven arrugó la nariz con desagrado, no tenía ningunas ganas de imaginarse a sus tíos en la intimidad del dormitorio.
Nuth rio y le pasó un brazo por los hombros.
—Cierto, olvidaba que sigues siendo una damisela pura e inocente —se mofó.
—¡Eh! Menos cachondeo —se quejó ella incómoda, sonrojándose de nuevo.
—Es que te sonrojas tan rápido —siguió riendo.
—Nuth… ¿Por qué tu madre dejo la Guardia si sigue siendo igual de buena? —esa pregunta le rondaba desde hacía tiempo.
La sonrisa del chico desapareció.
—Lo dejó un tiempo cuando se quedó embarazada. Quería volver cuando yo tuviera ocho años, cuando me las pudiera apañar solo si en algún momento coincidían los turnos de mis padres.
—¿Y qué pasó? —se mordió el labio con curiosidad.
—¿Sabes la cicatriz que tiene en el cuello? —Elyon asintió— Fue la noche tras el ataque a Imtar, cuando intentaron llevarte de tu dormitorio. Ella nos estaba cuidando mientras tu madre intentaba dar a luz y tu padre la acompañaba. La atacaron con un conjuro… esa noche pensé que se moría, había tanta sangre… —sacudió la cabeza para apartar las imágenes de aquella noche de su mente—. Se salvó por los pelos, Torlok hizo todo lo que pudo, pero la herida no sano bien, ese maldito conjuro siempre deja alguna secuela, como mínimo la cicatriz blanca —Elyon se acordó del hombro de Snape, debió de ser esa noche cuando aprendió el conjuro—. Le alcanzó la tráquea, por poco pierde las cuerdas vocales —suspiró—. No puede hacer esfuerzos prolongados porque se queda sin aire, no respira bien. Durante todos estos años ha estado entrenando y ejercitándose, pero se sofoca rápido y no puede llegar a los mínimos de la Guardia. Pero sigue siendo muy buena con armas arrojadizas como has visto, y sigue siendo ágil para colarse en los sitios, así que la tienen como reservista, por si en un momento dado hiciera falta. Sinceramente espero que nunca tengan que llamarla, aunque sé que ella a veces se siente inútil estando en casa y se frustra porque no tiene nada que hacer salvo las tareas domésticas y poco más. Casi la perdí una vez, no quiero que vuelva a ponerse en peligro.
Elyon le apretó la mano con cariño. Ella de esa noche no recordaba nada aún, a excepción de ese flash que tuvo el verano anterior. Podía entender que Nuth quisiera proteger a su madre, pero al mismo tiempo se compadeció de su tía por verse de algún modo recluida en su casa sin poder hacer lo que realmente quería, por mucho que se esforzara en conseguirlo.
—Bueno, ¿dónde te apetece comer? —el chico recuperó la sonrisa—. Feriel no termina la jornada hasta las cinco, así que aún nos queda mucho tiempo que matar hasta ir por él. Con las festividades trabaja el doble al ser cuando más venden.
—Podemos comer en casa de mi abuelo, hay sobras en la conservadora, y así no estamos tanto tiempo fuera… tu madre parecía muy preocupada con eso —propuso ella.
Nuth se quedó pensativo unos segundos. Consideraba que su madre estaba un poco paranoica con Elyon en las fiestas, pero tampoco lo veía raro, y era mejor ser prudente que tentar a la suerte. Así que finalmente asintió y se dirigieron al palacio.
—Si no quieres ir a dormir a casa de tus padres puedes venir a dormir a la de mi abuelo, podemos hacerte un hueco —comentó su prima.
—No hará falta. Dormiré en casa de Feriel. Tampoco sería la primera vez —el chico se encogió de hombros.
Elyon lo miró con curiosidad.
—¿Por qué no vivís juntos? Lleváis mucho tiempo siendo pareja y ambos sois mayores de edad.
—Es una respuesta algo larga —suspiró, miró de refilón a la semielfa y supo que esa respuesta no le valía—. Feriel vive sobre la carpintería en la que trabaja. Su maestro le deja esa pequeña buhardilla a buen precio. Para una persona sola está genial, para dos ya resulta algo agobiante, aunque con nuestras obligaciones pasaríamos poco tiempo bajo el mismo techo a la vez.
—Podéis miraros otra casa.
—Ahí está el segundo problema. A mí me gusta vivir en el palacio, más cerca del bosque y más… más protegido. Feriel no quiere sentirse encerrado tras una muralla, no dejaría la ciudad por nada del mundo.
—¿Y el tercer problema?
—¿Qué tercer problema?
—Has dicho "segundo", no "y segundo". Así que estoy segura de que por lo menos hay un tercero. Lo escucho hervir en tu cabeza —Elyon alzó una ceja mirándolo de forma significativa.
—Cómo odio que seas legeremante… como si con mi padre no tuviera suficiente —remugó—. En Imtar no hay problemas de vivienda, hay muchas vacías esperando a que alguien las ocupe. Si Feriel y yo nos vamos a vivir juntos a una… será obvio que tenemos una relación, las puyas, las bromas y las sospechas se harán realidad para los demás. Y no estoy preparado aún para eso… ninguno de los dos lo estamos.
Elyon le sonrió con ternura. Dudaba que Heon e Iyala se lo fueran a tomar a mal, pero aquel era un paso que debían dar ellos sin sentirse presionados por nadie.
—¿Y si te vas a vivir solo? Seguro que te gustará tener intimidad.
—Pero no soporto estar solo. No quiero una casa en la que solo haya silencio, por pequeña se sea. Me siento incómodo.
—Yo acabo Hogwarts el año que viene —le lanzó una mirada cómplice—. Si quieres podríamos independizarnos juntos. Yo tampoco quiero estar sola —su rostro se ensombreció ligeramente—. Nunca me ha gustado. Sola es como si los malos recuerdos acecharan y me susurraran desde los rincones.
Nuth le pasó un brazo por os hombros.
—No lo había pensado. Y me parece una idea estupenda —sonrió el chico—. Aunque… ¿Tú no querías estudiar para ser magizoóloga?
—Sí, pero en algún sitio tendré que vivir mientras tanto. Las escuelas superiores no son internados como Hogwarts.
—Entonces tendré que empezar a mirar una casa en el palacio, lo más lejos posible de mis padres y tu abuelo, pero con buenas vistas al bosque.
Elyon rio dándole la razón, rodeando su cintura con un brazo, cerrando así el trato.
…..✦…..
Estaban ensillando los grifos para practicar un poco antes de la competición del día siguiente, a la que ambos se habían apuntado, cuando Kove llegó hasta ellos con su expresión severa habitual.
—Tenemos que entrenar —le dijo.
Elyon asintió y se apresuró en ir en pos suya, a pesar de los pucheros y remugos de Nuth y Thurin.
Ya en la zona de entreno su maestro habló con ella con seriedad. La quería serena y concentrada, y sobre todo descansada. Elyon también sería evaluada de forma individual y con la misma dureza de la última vez, y después, si Snape conseguía pasar la primera prueba, se examinarían juntos como equipo. Debía tener en cuenta, además, que había más candidatos para el puesto, buenos soldados, los mejores escogidos por él mismo. Por mucho que quisiera de vuelta al mago como Protector, tampoco podía amañar las cosas, la seguridad de Elyon era importante y no podía dejarse llevar por sus propios intereses, debía ser justo y consecuente, si el chico no conseguía dar la talla, no se merecía volver. Además, Azrael era soldado y sabría si la evaluación estaba amañada o no, y Kove no quería tener una confrontación directa con él ya que tenía poder para destituirlo de su puesto. Su maestro era Capitán de la Guardia y no pretendía dejar el puesto vacante hasta que los sublevados desaparecieran. No habría nada peor que un sublevado al frente de la Guardia, con acceso a los soldados a los que poco a poco engatusar y envenenar hasta unirlos a su causa.
La sesión fue dura. Sus nervios comenzaron a pesar en su estómago a cada fallo que Kove detectaba en ella. Sin embargo a pesar de ellos el elfo pareció satisfecho cuando la despidió, y le recordó mantener la calma y no acercarse a Rasmu durante el día que aún quedaba antes de la Evaluación.
Esa noche se fue a dormir temprano, sentía los músculos cansados tras la competición de tiro con arco y el entrenamiento, solo esperaba no tener agujetas al día siguiente. Únicamente faltaba un día más. Un día para saber si todo el esfuerzo había valido la pena o finalmente quedaría en nada, y si eso pasaba… era más que posible que Snape volviera a poner distancia entre ellos al no tener ya ninguna responsabilidad u obligación hacia ella, más allá de ser su profesor de Pociones ese curso y el próximo.
…..✦…..
El jaleo para la competición de grifos era aún mayor que en el de tiro con arco. No tanto por los participantes y los asistentes, sino más bien por parte de los animales. Estaban realmente frenéticos, chillaban y aleteaban con fuerza sin cesar, algunos se erguían hinchando pecho para parecer más imponentes, y más de uno se enzarzó con otro en una brusca pelea a base de zarpazos y bruscas embestidas.
Elyon miró a los animales con recelo y asombro, nunca había visto tantos grifos juntos. Algunos eran tan grandes como Thurin, otros pequeños y estilizados como Fitzi. Los plumajes y pelajes pasaban del negro al blanco con una gran variedad de tonos pardos. Y todos tenían algo en común: querían competir, querían ganar, demostrar entre los suyos quién era el más fuerte y rápido. Aquella competición era más para ellos que para sus jinetes.
La semielfa rascó a Thurin bajo el pico. Su grifo se mantenía relativamente tranquilo, mirando alrededor con porte orgulloso y protector. Si algún otro animal que no fuera Erun, el grifo negro y gris de Nuth, se acercaba demasiado a ella, le lanzaba un bufido de advertencia.
Finalmente todos subieron a sus monturas. Elyon se tomó su tiempo en ajustar bien las correas de seguridad, casi podía notar que le cortaban la circulación de las piernas. Pero su primo le había dicho que lo hiciera así, esa competición no era como las habituales amistosas que hacían con otros jinetes. En esa los grifos eran más agresivos, un mal enganche y podías caer al vacío o sufrir una lesión grave si quedabas colgando de tu silla solo de una pierna. La joven se cerró del todo la chaqueta forrada de lana, se puso las gafas de monta sobre los ojos, se colocó bien los guantes de piel y cogió las riendas de Thurin, palmeándolo en el cuello. El animal se sacudió como respuesta colocándose en posición.
Nada más iniciarse la carrera se desató la locura. Elyon vio como algunos grifos se embestían incluso antes de alzar el vuelo, dos quedaron tirados en el suelo tras ser levemente pisoteados, por lo que aunque alzaron el vuelo un poco más tarde, estaban tan rezagados que sería imposible que ganaran.
En el aire se apresuraron en buscar el primer aro a cruzar. Solo cabía un animal a través de él, así que los golpes en el aire se sucedían sin cesar. Elyon se agazapó todo lo posible sobre Thurin para resguardarse de los posibles zarpazos de los contrincantes. Su grifo se movía con soltura y decisión entre el resto, esquivando embestidas y avanzando posiciones.
Los aros colocados en altura fueron fáciles de superar, la complicación llegó cuando el recorrido del circuito bajó hasta la ciudad, entre sus tejados y edificios. En un momento dado toparon con un aro colocado a muy baja altura entre dos edificios demasiado próximos entre ellos como para que los grifos pudieran pasar con las alas extendidas. Vio algunos estrellarse contra el suelo al acercarse demasiado a él, otros prefirieron bajar a tierra y pasar por el estrecho callejón corriendo y luego saltar para atravesar el aro, impulsándose con las paredes de piedra.
—Confío en ti —le susurró a Thurin.
El animal bajó en picado y batió sus alas con fuerza levantando el polvo de la calle a su paso. Plegó las alas justo antes de entrar en el callejón, y dando una vuelta sobre sí mismo consiguió atravesar el aro, se dejó caer hasta los adoquines y volvió a impulsarse hacia arriba justo cuando llegaban al final del callejón, por lo que enseguida volvió a abrir las alas y ganó altura.
Pasaron con vuelo rasante sobre los tejados. Casi podían ver ya la meta. Elyon miró alrededor, el grupo de grifos que los rodeaba ya no era tan numeroso. No vio en él a Nuth, y no supo si porque iba muy por delante o muy por detrás. Ni siquiera sabía en qué posición estaba ella misma.
Thurin apretó el ritmo todo lo que pudo con sus imponentes alas. Lo escuchó resollar, estaba llegando a su límite.
—No te preocupes si no llegas, ¿vale? —le dijo preocupada—. A mí no tienes que demostrarme nada, no quiero que te hagas daño.
El animal chilló dándole a entender que no pensaba darse por vencido tan cerca del final. En ese momento Elyon captó por el rabillo del ojo como se les acercaba con rapidez un grifo negro tizón de tamaño considerable. Estiró con rapidez las riendas, haciendo que Thurin ganara altura y esquivara por muy poco al atacante, que terminó golpeándose contra uno de los tejados, haciendo añicos las tejas.
La semielfa suspiró con alivio cuando cruzaron la meta. Thurin tocó tierra y dejó caer las alas a los lados, agotado.
—Eres un verdadero campeón —lo animó rascando su cuello.
Hasta ellos llego corriendo Nuth y la ayudó a desatarse. Erun estaba tirado panza arriba unos metros más allá. También cansado por la dura competición.
—Ha sido una locura —resopló Elyon una vez bajó de la silla— ¿Es así siempre?
—Y peor —rio el chico—. Espérate a que hagan recuento de lesiones. Por el momento sé de un ala rota, un tajo importante en un costado por un zarpazo y un fémur de jinete hecho papilla.
—Estáis zumbados —la joven sacudió la cabeza con incredulidad, quitándose las gafas y los guantes.
—No lo sabes tú bien.
Ambos fueron junto a Erun, y Thurin los siguió. Resultó que ella y el grifo habían llegado séptimos, aunque obviamente todo el mérito había sido del animal y no suyo. Nuth había quedado en segundo lugar por solo unos segundos.
El recuento total de lesiones había sido entre los grifos cuatro alas rotas, siete patas con ligamentos dañados, un ojo con un serio zarpazo y un costado con un feo y profundo corte. Entre los jinetes un fémur destrozado, un hombro desencajado y un desgarro muscular en el sartario y rotura de rótula al quedar el elfo colgado de la pierna tras caer de la silla a causa de un fuerte placaje, tal y como Nuth le había dicho que podía pasar.
Tras repartir el premio a los jinetes vencedores, se les brindó un verdadero banquete a los grifos, que engulleron con avidez disfrutando de la abundante comida y los mimos de los elfos. Terminada la competición, todos los animales parecieron olvidar la rivalidad, por lo que ya no hubo más peleas y compartieron la carne sin problemas.
…..✦…..
Por la tarde prefirió quedarse en casa de su abuelo. Al día siguiente era la Evaluación y pensaba cumplir a rajatabla las instrucciones de Kove, antes que salir a festejar y a saber qué más, ya que con Nuth y Feriel nunca se sabía exactamente qué podía pasar. El verano anterior acabaron nadando en el río a las cuatro de la mañana estando la mitad borrachos, algo que podía haber terminado realmente mal.
Para relajarse y no pensar demasiado, se dio un baño de agua bien caliente a pesar de que ya no hiciera frío. Y aunque sus músculos agradecieron aquello, su mente no le dio tregua. No hacía más que visualizar todo lo que podía pasar al día siguiente, para bien y para mal. Esa noche Snape llegaría a Imtar, y en parte le daba rabia no poder ver su reacción cuando tuviera por primera vez ante él la ciudad y el palacio.
Al salir del baño secándose el pelo con la toalla se encontró con su abuelo.
—¿Esta tarde no sales? —le preguntó con afabilidad.
—No, prefiero descansar. Estoy cansada con tanta competición y tanta fiesta nocturna.
—Y supongo que también lo prefieres por la Evaluación de mañana —Azrael alzó una ceja con una sonrisa cómplice.
—Sí… por eso también —respondió tragando saliva, no sabía cuánto conocía su abuelo sobre lo que Kove tenía preparado y no quería meter la pata.
—Lo harás bien. Ya nos sorprendiste a todos la última vez —la animó.
—Lo que hice bien fue encajar golpes. Espero poder dar alguno esta vez —comentó con ironía.
Su abuelo ahogó una risita.
—No sé si Kove te ha mencionado que en la Evaluación se decidirá quién será tu nuevo Protector —el hombre tanteó el terreno.
—Sí, me lo ha dicho.
—Sé que es un tema que no hemos vuelto a tratar y…
—Prefiero no tratarlo tampoco hoy —lo interrumpió—. Ya estoy lo suficientemente nerviosa, y no quiero pasarme el resto de las fiestas enfadada contigo.
Azrael asintió conforme. Elyon no quería tener esa conversación, no la noche anterior. Si su abuelo la apretaba demasiado era muy capaz de mandarlo todo al cuerno solo con una frase. Si no hablaba, no metería la pata. Pero lo que tenía muy claro es que, si Snape recuperaba el puesto, pensaba restregárselo por la cara en algún momento.
—¿Sabes que Nuth es uno de los candidatos?
Ella alzó las cejas con asombro.
—No. No me ha dicho nada, simplemente que siempre había querido serlo y que con la destitución puede que tuviera una nueva oportunidad. Pero lo dijo tan en broma que…
—Pues ha pasado el primer corte de Kove —sonrió su abuelo—. Y espero que resulte vencedor, creo que no hay mejor opción que alguien con quién te llevas tan bien y en el que tienes tanta confianza. Aunque a veces te lleve por el mal camino.
—Yo también lo espero —mintió ella con una sonrisa divertida por el último comentario.
Quería a Snape en el puesto, pero era cierto que si las cosas no salían bien, prefería a Nuth antes que a cualquier otro desconocido.
Alguien llamó a la puerta y Azrael lo invitó a entrar. Rasmu cruzó el umbral de la casa con su habitual expresión estoica y los miró a ambos. Elyon se esforzó sobremanera en mostrarse relajada a pesar de que de pronto sintió que el corazón se le iba a salir por la boca.
—Azrael, ¿podemos hablar o estás ocupado? —preguntó con educación.
—No os preocupéis, os dejo solos —respondió la joven levantándose del sofá y despidiéndose de ambos con una ligera inclinación de cabeza, a la que Rasmu respondió.
Una vez en su cuarto, con la puerta bien cerrada, soltó todo el aire de los pulmones. Ojalá el elfo no hubiera notado nada raro en su actitud.
…..✦…..
La mujer lo miraba aguantando a duras penas una sonrisa educada en el rostro. Era la quinta vez que el profesor insistía en lo importante que era que siguiera sus indicaciones y en si le había quedado claro todo lo que había apuntado en el pergamino. El joven parecía realmente nervioso por tenerse que marchar, y no sabía si era por la preocupación de que ella pudiera no cumplir sus expectativas o por el carácter de su ausencia en sí como docente.
—Profesor Snape, quédese tranquilo. Lo he entendido todo. Me ha dejado claro cuán importante es que siga sus pautas —intentó calmarlo para que termina de una vez con aquello y poder instalarse cara a los próximos días—. No habrá ningún problema, y si surgiera le aseguro que le enviaré una lechuza.
La expresión del joven era inescrutable.
—Bien —respondió secamente—. Recuerde que si a mi vuelta no está todo como debería, tenga por seguro que no volverá aquí a realizar posibles futuras sustituciones.
El hombre se dispuso a salir y la mujer puso los ojos en blanco con hastío en cuanto pasó por su lado. Compadecía a los alumnos que tenían que soportarlo a diario.
—Sí, lo sé, es la tercera vez que me lo dice —respondió manteniendo la calma.
Snape la miró con un deje de prepotencia y salió del despacho. Una vez sola ahí dentro resopló con cansancio.
El profesor se pasó las manos por el rostro con nerviosismo y las dejó apoyadas en su nuca, soltando un leve gemido de angustia. Esa noche Kove iría a buscarlo y a la mañana siguiente se decidiría todo. Saldría vencedor o humillado, no había tercera opción, era todo o nada. Sabía que Azrael estaría presente y eso lo puso más nervioso aún. Seguía sin encontrar una razón lógica por la que ese hombre le intimidara tanto, por la que en su presencia se sintiera tan insignificante, débil e inútil.
Tardó apenas cinco minutos en tener lista la bolsa que iba a llevarse. Su maestro le había dicho que cogiera la muda indispensable y más sobria que tuviera, que no iba a necesitar nada más. Eso lo inquietó. Así que, a parte de esas pocas prendas, metió en la bolsa su kit básico de pociones por lo que pudiera pasar, eso incluía el Felix Felicis, aunque desgraciadamente no pudiera usarlo para la Evaluación. Kove ya le había dejado caer que revisarían que ninguno de los candidatos estuviera dopado. Repasó su colección de libros y escogió uno. Seguramente no le dejarían mucho tiempo libre, pero si el insomnio atacaba por cualquier motivo, prefería aplacarlo con lectura que con una poción.
Se cambió de ropa, se sentó en la butaca y esperó. El elfo no vendría a por él hasta la media noche, quería que la oscuridad ocultara su llegada a los ciudadanos, para que nada llegara a los oídos de Azrael antes de tiempo.
Estaba nervioso y al mismo tiempo emocionado. Nunca había estado en Imtar y tenía curiosidad por saber cómo vivían, cómo era realmente su vínculo con la magia. Quería descubrir cosas nuevas y aprender todo lo posible en los días que estuviera allí. Lo más cerca que había estado de Imtar era el Callejón de Sauce.
Desde pequeño había sido curioso, siempre había querido aprender más, saber más, ir un paso por delante del resto. Tenía un talento natural para absorberlo todo con rapidez y con resultados más que aceptables. No por nada ya había conseguido crear varios hechizos muy útiles a la temprana edad de dieciséis, cuando sus compañeros aún se peleaban con los conjuros más básicos y sencillos. Aunque ser así de resolutivo e inteligente le había traído más desgracias que alegrías en sus años de estudiante. Pero no se arrepentía de ello ¿Cómo iba a sentirse mal por ser más hábil y capaz que la mayoría de los magos? La envidia que había despertado incluso entre compañeros de Casa le había acarreado más de una paliza, pero nunca había dejado de demostrar lo muy superior que era académicamente.
La oportunidad de ampliar sus conocimientos sobre pociones y artes mágicas en Imtar hacían que la obligada visita a la ciudad no le pareciera tan mala, le resultaba excitante en cierta manera. Siempre y cuando le dejaran tiempo para explorar e investigar, algo que no estaba seguro de conseguir por culpa de las celebraciones.
Cuando se acercaron las doce se cargó la bolsa al hombro y salió del castillo, camino a las murallas de Hogwarts. Dumbledore lo había despedido tras la cena deseándole la mejor de las suertes. No terminaba de ver las razones por las que el anciano tenía tanto empeño en que recuperara el puesto de Protector, cuando muchas veces interfería en sus obligaciones como agente doble.
Kove ya lo esperaba junto a las puertas de hierro forjado, con una sonrisa ladeada. En cuanto el chico llegó junto a él lo saludó dándole las buenas noches y tendió el brazo para aparecerse.
—Vámonos antes de que te acobardes y des media vuelta —le dijo.
—He llegado hasta aquí, no pienso echarme atrás ahora —respondió Snape con determinación.
Su maestro ensanchó su sonrisa con orgullo. Aunque el joven estaba visiblemente inquieto, su mirada era firme. Iba a enfrentarse a parte de sus miedos y dudas, por fin empezaba a mirar hacia adelante e iba soltando poco a poco todo aquello que hasta ahora le había impedido avanzar.
Cogió su antebrazo con fuerza y su estómago se encogió con la aparición. Cuando su vista se aclaró se encontró en una calle adoquinada, no muy ancha, entre edificios bajos de dos o tres plantas, seguramente viviendas. Todas ellas de piedra, madera y grandes ventanales a través de los cuales solo había oscuridad. Al principio solo fue consciente del silencio opresivo típico a esas horas de la noche, pero poco a poco pudo escuchar el jaleo lejano de las conversaciones animadas que hacían eco en las calles.
Con un ademán el elfo le instó a seguirlo con rapidez. Apenas doblaron una esquina cuando dieron de bruces con una enorme construcción de piedra blanca que parecía resplandecer ligeramente en la oscuridad a la luz de las estrellas. Un muro impoluto sin una sola grieta o junta, era completamente liso, como si fuera un solo bloque de piedra. Snape se preguntó si aquello habría sido construido con magia o de forma artesanal, por imposible que pudiera parecer. Cruzaron al otro lado a través de una enorme puerta con rastrillo después de que Kove saludara a ambos guardias, que no parecieron reparan mucho en el mago, y desde allí el joven pudo admirar el palacio. Se quedó plantado con los labios ligeramente separados por la impresión. El edificio era más grande que Hogwarts o eso le pareció, desde luego era uno de los más grandes que había visto en su vida. Era como una ciudad blanca como la nieve, construida de forma comprimida. Las diferentes partes se fundían unas con otras con suavidad formando una única unidad. Sus formas eran más curvas y orgánicas que las del castillo en el que trabajaba y vivía, como si no quisiera desentonar con el entorno natural que lo rodeaba. Era una escultura cuidadosamente labrada y adornada con esmero.
—Vamos, chico —le urgió Kove—. Aquí vive bastante gente, entre ellos Azrael y Rasmu. Lo último que necesitamos es toparnos con ellos.
Snape se apresuró en seguirlo, y de camino a dónde fuera que lo llevara el elfo siguió observando y admirando cada detalle estructural. Los arcos, las barandas, las puertas y las esferas de colores iluminadas que las adornaban, las plantas que llenaban los pasillos. Se había esperado algo similar al llegar, pero no realmente ese despliegue de artesanía que en vez de crear un entorno ostentoso, resultaba muy agradable y extrañamente humilde.
Kove abrió una de las puertas que estaba custodiada por dos esferas azul oscuro en cuyo interior titilaban unas cuantas velas.
El interior de la casa era pequeño, realmente más que suficiente para una sola persona. Apenas había decoración, solo algunas plantas frondosas en una esquina, una estantería robusta con libros y una pared con varias armas colocadas: espadas de diversas formas, hachas y arcos. Y sobre la chimenea un gran estandarte con la cabeza de un ciervo. Snape torció una mueca con desagrado. Sabía que era el emblema de los elfos, pero no por ello dejaban de disgustarle los ciervos. Siempre que veía una cornamenta venía a su mente el indeseable de James Potter y su estúpida expresión arrogante, y con ello todos los malos recuerdos, el rencor y la rabia que los acompañaban.
—Puedes instalarte en la habitación de la derecha. Descansa, mañana será duro.
Asintió, agradecido por dejar esa estancia presidida por aquello que representaba a quien lo había atormentado durante siete años sacando lo peor de él.
El dormitorio era pequeño, solo había una cama sencilla contra la pared, un armario de puertas dobles y un escritorio. A parte de eso, nada. Algo le dijo que esa pequeña habitación había pertenecido al hijo de Kove, y se sintió incómodo, un intruso.
Dejó la bolsa en la cama y abrió la ventana. Desde allí tenía una vista completa de la ciudad, que era más grande de lo que había creído. Algunas de sus calles estaban iluminadas por farolillos colgados de las fachadas.
El silencio era absoluto, casi opresivo. Suspiró. Ahora que por fin estaba en Imtar le asaltaron a traición las dudas y la culpa, y se preguntó qué diablos estaba haciendo allí. Él no debería estar en esa ciudad, no después de todo el daño que había ayudado a hacer contra esa cultura. Sintió la bilis trepar por su garganta empujada por el nudo de culpabilidad que se había acomodado en su estómago.
Algo cruzó el cielo con rapidez, como una estrella fugaz. Reconoció enseguida los destellos plateados. Cerró los ojos con fuerza. Estaba allí por ella, y para demostrarle a Azrael que no era la escoria que él creía que era, hacía años que no.
…..✦…..
Elyon se despertó antes de la salida del sol y no pudo volver a dormirse por más que lo intentó. Solo daba vueltas y más vueltas en la cama, una tras otra, pensando en todo lo que podía pasar ese día.
Histérica optó por levantarse y tomarse todo el tiempo que necesitara en vestirse con la ropa adecuada y en recogerse el pelo para que ningún mechón le molestara en los ojos ni se le quedara pegado a la piel por culpa del sudor, algo que la incomodaba mucho en los entrenamientos y le daba la sensación de tener aún más calor. Con todo aquello mantenía la mente centrada en otra cosa que no fuera la Evaluación. Cuando estuvo conforme con el resultado del recogido se preparó un desayuno ligero, si comía demasiado seguramente lo acabaría vomitando por el esfuerzo y los nervios.
Para cuando salió de la casa de su abuelo este aún no se había levantado y los primeros rayos de luz despuntaban tras las montañas. Le dejó una nota diciendo dónde iba a estar.
Disfrutó de esos momentos de calma que reinaban en el palacio y en los terrenos colindantes. No se escuchaba nada a excepción de los animales que o se disponían a irse a dormir a sus madrigueras o se despertaban con la llegada del alba. Como ya se esperaba el campo de entrenamiento estaba aun completamente vacío. No había nadie en las gradas de piedra. Así que se tumbó en el centro de la zona verde, sobre la hierba fría y húmeda por el rocío, cerrando los ojos, extendiendo los brazos a los lados y acariciando el terreno con los dedos. El olor a tierra húmeda la relajó y dejó la mente en blanco para que el tiempo pasara más deprisa.
Abrió de nuevo los ojos cuando escuchó unos pasos acercarse. Se incorporó y dibujó una enorme sonrisa al ver llegar a Kove seguido de Snape. Se levantó con rapidez sacudiéndose la hierba de la ropa e hizo una leve reverencia a modo de saludo.
—Has madrugado —le dijo su maestro—. No deberías estar sola aquí, estos días no.
—Sí, lo siento… los nervios —musitó ella bajando la mirada.
Su maestro puso los ojos en blanco.
—Vosotros y vuestros malditos nervios —refunfuñó.
El hombre esperaba que toda esa ansiedad desapareciera al comenzar la Evaluación y no echara a perder todo el trabajo de los últimos meses.
—A calentar, los dos. Ahora.
Sus alumnos asintieron. Fue entonces cuando Elyon reparó en el vestuario del chico. Llevaba ropa de combate élfica, como ella, de color oscuro. Aunque sin duda lo que más le chocó fue que se había recogido el pelo de forma diferente, exactamente igual a como lo habría hecho un elfo. El pelo de los laterales estaba trenzado hacia atrás dejando su rostro completamente al descubierto, y estaba anudado en una coleta prieta a media altura. Realmente solo le faltaban las orejas acabadas en punta para parecer un elfo. A Elyon le asaltó la risa con la ocurrencia.
—¿Qué? —gruñó Snape visiblemente molesto e incómodo.
—Es raro verte así, solo eso —respondió ella esforzándose sobremanera en contener la risa.
—Entonces deja de mirarme —el mago enfureció su expresión.
—He dicho a calentar ¡Ya! —Kove les llamó la atención.
Los dos se pusieron en marcha. Snape resopló, sus nervios iniciales habían sido sustituidos por un cabreo considerable que había comenzado cuando Kove le había dado esa ropa y calzado, de su hijo, para la Evaluación. Ni le gustaba ni le resultaba cómoda. Él siempre solía llevar ropa un poco más holgada, y más capas además, sin contar que las botas de piel de media caña le resultaban rígidas, aunque en verdad eran muy flexibles. Pero lo que colmó el vaso fue que su maestro no permitiera que se hiciera la coleta baja de siempre y lo obligara a hacerse ese estúpido y ridículo recogido. Habían discutido casi a gritos, y no le quedó más remedio que ceder cuando el elfo lo golpeó tras las rodillas para hacer que se sentara y lo amenazó con atarlo a la silla, perdiendo así la poca dignidad que le quedaba mientras el hombre le recogía el pelo como si de una niñita se tratara.
—No te queda del todo mal, y créeme que es lo mejor, te lo digo por experiencia —Elyon intentó suavizar su enfado mientras corría a su lado.
Snape se quedó mirando el recogido de la chica, no había ni un mechón suelto. Toda su melena estaba recogida en varias trenzas que a su vez se trenzaban entre ellas alrededor de su cabeza. No llevaba la coleta ni los recogidos sencillos habituales, así que supuso que sí, que ese maldito recogido sería de utilidad, pero no por ello se sintió más a gusto ni cambió su expresión de enfado.
—Más te vale que esa mala leche que estás acumulando te sirva para la Evaluación, si no, hazla desaparecer —le regañó su maestro.
El mago resopló molesto por la nariz, sin dejar de correr.
Los que iban a ser evaluados fueron llegando y se sentaron en la primera de las gradas de piedra. Pero no fueron los únicos que llegaron. Entre los curiosos estaban Feriel, Iyala y Heon, que acompañaban a Nuth.
—Anda que me dices que eres uno de los candidatos —la joven le hizo un mohín fingiendo estar muy dolida.
—Quería darte una sorpresa —el chico se encogió de hombros.
—Pues que sepas que mi abuelo te la chafó ayer tarde.
—¿De verdad? —la miró con fastidio—. Siempre igual, o lo hace tu abuelo o lo hace mi padre…
—Ya bueno, la sorpresa esta vez te la vas a llevar tú cuando hoy sea yo quien te dé una paliza —alzó la cabeza con prepotencia.
—¡Uish! ¡Cómo nos hemos crecido desde el verano! —rio Nuth.
—¿Quién es ese que está con Kove? —preguntó Feriel.
Todos se giraron para mirar a Snape.
—Es… otro de los candidatos —se limitó a responder Elyon.
—Pero ¡Es un humano! —se sorprendió el novio de su primo.
Heon se llevó una mano al rostro, suspirando.
—Ay… verás cuando lo vea Azrael —gimió.
—¿Pero quién es? —le preguntaron al adulto ambos jóvenes al unísono con impaciencia.
—El antiguo Protector de Elyon —les respondió.
Los dos elfos alzaron las cejas sorprendidos e Iyala se mordió el labio con nerviosismo.
—Kove debería habérselo pensado mejor. No se lo va a tomar bien, menos aun habiéndolo vestido como uno de los nuestros —su tía miró a Snape con algo de lástima.
—Yo creo que todo saldrá bien —intervino la semielfa con seguridad.
—Ojalá los astros te oigan —Heon le palmeó el hombro con resignación antes de ir a tomar asiento.
Elyon volvió junto a Kove y Snape más preocupada de lo que pretendía aparentar. Sabía que su abuelo iba a poner el grito en el cielo, pero que Heon e Iyala se preocuparan tanto al respecto no auguraba nada bueno.
Las gradas se fueron llenando más y más cuando se corrió la voz de que entre los candidatos a Protector había un humano. Elyon infló los carrillos con impaciencia, quería realizar ya la Evaluación para que todo aquello terminara, pero Azrael aún no había llegado, y sin él el proceso no podía iniciarse. Así que mientras tanto se le realizaron las pruebas de dopaje a los aspirantes, ninguno de ellos había cometido la estupidez de tomar algo que los ayudara a pasar las pruebas.
Como escuchando las súplicas de Elyon, Azrael apareció en el lugar seguido del resto del Consejo. La joven había estado a punto de sonreír al verlo llegar, pero la expresión del elfo hizo que se lo pensara mejor. Estaba furioso, muestra de ello eran las grandes zancadas con las que se acercaba a ellos. Snape tragó saliva y se forzó en mantener una postura erguida y expresión dura e indiferente junto al resto de aspirantes.
—¿Qué hace él aquí? —encaró a Kove recalcando cada palabra.
—Es mi elección personal —se limitó a responder con calma manteniéndole la mirada.
—No —le dijo tajante controlando su tono de voz.
—No está estipulado en ningún sitio que un humano no pueda optar al puesto —expuso Kove—. Me pediste que seleccionara a los más capacitados y eso he hecho. Todos tendrán que demostrar su valía por igual frente a ti y todos. No puedo amañar esto sin que te des cuenta. Si estás tan seguro de que no vale la pena para el puesto, deja que se rete con el resto, no podrá ganar y yo finalmente tendré que aceptarlo —lo miró con calma—. Así que ¿Qué decides? ¿O es que acaso temes estar equivocado y tener que tragarte tus propias palabras respecto al chico?
Elyon vio como ambos hombres se mantenían la mirada. No se creía que su maestro tuviera el valor de enfrentarlo tan de frente y de igual a igual.
—Abuelo, por favor —intervino para intentar calmar el ambiente.
—¿Por eso estabas tan agradable de pronto conmigo? —la miró dolido y furioso— ¿Para que lo aceptara en la Evaluación?
—Simplemente dale la oportunidad de hacerlo. Si no lo consigue tendrás tu razón y no pondré más objeciones a este tema, nunca —lo miró con ojos llorosos—. No quería llegar a esto, pero no querías escucharme. He hecho lo que creía correcto. Por favor.
Azrael miró a Kove y a su nieta. Le dolía que aquellos dos hubieran planeado todo aquello a sus espaldas todo ese tiempo sin que él se diera cuenta. Luego miró a Snape sentado en la grada entre el resto, sin esconder su desagrado a que estuviera allí y además fingiendo ser uno de ellos.
—Te pareces más a tu madre de lo que me gustaría —respondió al fin—. Que participe. Que se humille frente a todos, será él quien sufra las consecuencias.
Elyon sonrió de oreja a oreja. Kove asintió. El elfo se retiró a las gradas y el Consejo lo siguió entre murmullos de desagrado y quejas que no habían querido exponer frente a Kove. Rasmu miró a los tres con su frialdad característica, sin comentar nada en absoluto, antes de irse también a sentar.
La evaluación comenzó con Elyon. Como la última vez tuvo que enfrentarse a sus adversarios uno tras otro, con la diferencia de que esa vez no eran elfos al azar, eran los seleccionados por su maestro. Se centró en todo lo aprendido esos meses, en estudiarlos, en predecir sus movimientos para adelantarse a ellos. Ahora era más rápida y hábil, sabía sumergirse en sus recuerdos e imitar a su padre sin perder la noción de la realidad y el presente. Estaba mucho más confiada y segura. Y lo demostró con creces.
Intentó no repetir patrones para que los que aún no se habían enfrentado a ella no supieran como iba a reaccionar ni encontraran sus puntos débiles con facilidad. Supo que estaba haciendo un buen trabajo cuando Kove no tardó en enviarle adversarios por parejas. Y a pesar de los golpes que recibió, se mantuvo en pie sin apenas quejarse, consiguiendo una nada desdeñable zona segura a su alrededor en la que mantenía a raya a sus agresores mientras recuperaba el aliento, e incluso consiguió en una ocasión no solo derribar a uno de los dos, si no a ambos.
Cuando Kove dio por terminada su parte resopló agotada y le llevó a su maestro las últimas armas que había portado: un hacha corta y un escudo. Tras una ligera reverencia dirigida a Kove, acompañada entre aplausos de admiración de los allí presentes, se dejó caer en la grada de piedra junto a Nuth, que le palmeó el hombro con una enorme sonrisa de orgullo. A él no lo había podido vencer, pero había estado muy cerca.
Miró hacia las gradas que los rodeaban, estaban llenas, incluso había gente de pie alrededor de la zona de hierba corta al no haber más asientos disponibles. Dio con sus tíos y Feriel, que alzaba los pulgares. En su misma zona de gradas, pero abajo y en el otro extremo, estaba su abuelo, que la miraba con orgullo y una sonrisa calmada. Rasmu, sentado a su lado, tenía una sonrisa ladeada y cuando sus ojos se encontraron, inclinó ligeramente la cabeza en señal de admiración y respeto. Ella respondió al saludo con otra inclinación.
Llegó el turno de los candidatos, entre ellos Snape, que por el momento se había limitado a observar y analizar. Kove no lo había sacado a enfrentarse con Elyon. De hecho, la chica se había enfrentado a todos salvo a él, una elfa que tenía aproximadamente la misma edad del mago y otros dos elfos, uno aún más joven que Nuth y el otro más mayor que la mayoría de los aspirantes, sus rasgos eran propios de un humano próximo a los cuarenta.
Todos se acercaron hasta Kove. Snape no pasó por alto las miradas de curiosidad del resto del grupo sobre él, pero las ignoró, tenía a su favor el factor sorpresa, estaba seguro de que todos pensaban que era un inútil que duraría aún menos que el más joven de los allí presentes. Su maestro le dio a cada uno un enorme huevo que parecía de cristal y que contenía un gas violeta, que se arremolinaba en el interior. Debian mantenerlo intacto. Solo pasarían a la siguiente prueba, la final, los cinco que consiguieran mantener el objeto a salvo del resto de contrincantes. Aquello no se lo esperaba ninguno de los seleccionados. Llevar el huevo a cuestas suponía tener un solo brazo libre, ya que debido a su tamaño la única forma de tenerlo a salvo era abrazarlo contra el pecho. Kove les explicó que podían luchar como quisieran, lo único que estaba prohibido era la magia. Snape se alegró de esto último. Sabía que muchos hechizos defensivos no servían contra la magia élfica, y tampoco estaba seguro de cuántos de ataque podían romper un escudo élfico. Si conseguía recuperar el puesto se encargaría de que Kove se lo enseñara.
En cuanto el elfo dio por iniciada la competición el mago supo que ninguno de sus adversarios se iba a tomar aquello a la ligera, y que tampoco iban a ser considerados o piadosos. Snape echó a correr como alma que llevaba la muerte, con el resbaladizo huevo firmemente sujeto contra su pecho hacia alguna de las armas que habían desperdigado por la explanada mientras Kove les explicaba aquella prueba. Le daba igual cuál coger, le valía un simple escudo, si no era capaz de conseguir algo y se veía forzado a defenderse a pelo, estaba seguro de que, tal y como todos creían, no duraría ni dos minutos.
Mientras corría hacia lo que a esa distancia parecía una espada, seguido de cerca por un chico joven y endemonidamente rápido, fue consciente de la locura que se había desatado a su alrededor. El elfo más mayor, que era alto y corpulento, se había enzarzado con una de las elfas, y con un rápido movimiento la había golpeado en la boca del estómago y le había arrancado la espada de las manos. La joven esquivó la estocada tirándose al suelo de espaldas con cuidado de que el huevo no se golpeara, desde allí le dio una patada en la rodilla al elfo, que se inclinó hacia adelante. Volvió a darle otra patada en el codo del brazo que sujetaba el huevo, haciendo que aflojara su agarre y este se escurriera. Aprovechando los segundos que le dio el enorme elfo mientras impedía que su objeto cayera al suelo, la joven rodó por la hierba para salir de su alcance, pero el hombre fue más rápido y le clavó la espada. La hoja atravesó el huevo y el pecho de la elfa. Del interior del cascarón de cristal roto escapó el gas violeta y dejó inconsciente a la que había sido su guardiana.
Snape consiguió llegar hasta el arma que no se trataba de una espada, si no de una lanza con una punta especialmente larga. El elfo joven aún le pisaba los talones, estaba demasiado cerca, tenía que quitárselo de encima. Frenó en seco y alzó el codo, que impactó con fuerza en el rostro del elfo que no reaccionó a tiempo. Ahogó un quejido cuando su nariz se rompió. Snape volvió a golpearlo en el costado y el esternón aprovechando que el chico estaba dolorido y confuso. Le quitó el huevo y lo estrelló contra el suelo. El gas envolvió al elfo y lo dejó fuera de combate.
Recuperando ligeramente el aliento mientras cogía la lanza miró la explanada para hacerse una idea de la situación. De quince que habían sido al principio, siete ya estaban en el suelo, junto a los restos de sus huevos. Aquellos elfos eran rápidos en sus ataques. Escuchó la hierba crujir a su espalda y se giró con rapidez interponiendo el asta de la lanza en la trayectoria del hacha que iba dirigida al espacio que había entre sus omóplatos. Los dos se miraron a los ojos, sus armas se habían enganchado, así que el que diera el estirón más fuerte desarmaría al contrario, y Snape estaba en clara desventaja sosteniendo una lanza tan larga y con la punta tan pesada con un sola mano. Se agachó y estiró con fuerza hacia él y hacia el suelo a su derecha, el elfo perdió el equilibrio al no esperarse aquella maniobra tan brusca. El mago dejó su huevo en el suelo un momento, que rodó un poco lejos de él, para poder golpearlo más fácilmente en la cara y quitare el hacha. Cuando se la clavó en la espalda comprobó que esto último había sido innecesario, ya que el elfo al caer a tierra había aplastado el huevo con su cuerpo.
Al girarse para recuperar su propio huevo vio venir a la carrera a una elfa con una espada larga sujeta con firmeza, no iba a por él, si no a por el huevo que había dejado desprotegido. Cogió la lanza y se la arrojó, tuvo la suerte de que se le clavara en el muslo. Snape resopló con incredulidad, aquello había sido sin duda la suerte del principiante. Recuperó el huevo y fue contra la mujer que había vuelto a levantarse renqueando. Esquivó las estocadas centrándose en agotarla hasta poder darle el golpe de gracia y arrebatarle la espada. En ese momento llegó aquel enorme elfo de cuarenta años por el flanco de ambos, atacándolos a los dos a la vez. La mujer fue la primera en caer cuando tras dos estocadas cayó al suelo y el huevo rodó lejos de ella. El mago aprovechó el momento en el que el hombretón rompió el huevo de su contrincante de una fuerte patada para coger la espada de la mujer. Ahora solo quedaban el elfo y Snape, el resto de la refriega estaba muy lejos de ellos.
Elyon miraba aquello sentada con la espalda increíblemente rígida, con el cuerpo justo en el borde de la grada de piedra, apretando tantos los puños que tenía los nudillos blancos. El enorme nudo de su estómago amenazaba con hacerle vomitar el escaso desayuno que había tomado esa mañana. Kove no les había dicho que la evaluación iría así. Obviamente por mucho que quisiera que Snape recuperara el puesto, había decidido ser justo haciendo que todos lucharan en igualdad de condiciones. Miró a su abuelo, tenía una inquietante sonrisa de satisfacción en los labios mientras observaba como Snape contenía a su oponente. La joven examinó la explanada, quedaban seis en pie, todo terminaría cuando cayera otro más. Suplicó porque no fuera ni Nuth ni Snape.
El joven calculó sus posibilidades, que eran prácticamente nulas contra aquel elfo, menos aún con un solo brazo disponible. Miró con rapidez a su alrededor. El resto de contrincantes estaban muy lejos, cada uno más centrado en su propia lucha que en la de los demás. Así que optó por hacer lo que mejor se le daba: hacer de escudo.
Cuando el elfo le lanzó una estocada alta él se agachó, dejo el huevo en el suelo y con empujó con fuerza, haciéndolo rodar bien lejos de ellos dos. El hombre lo miro atónito antes de sonreír con maldad, lo observó como si hubiera hecho una enorme estupidez. Pero el mago no lo veía así, porque para llegar hasta el huevo, antes tendría que pasar sobre él y no iba a ponérselo fácil. Snape arremetió con rapidez para hacerlo retroceder alternando estocadas altas y bajas. El hombre las paró desconcertado por su repentina velocidad, pero no tardó en responder al ataque. El mago frenó todos los golpes siempre interponiéndose en el camino de su contrincante, impidiéndole avanzar y acercarse al huevo. Las estocadas rápidas y las acometidas se sucedieron sin tregua, una de ellas consiguió alcanzar su muslo, haciendo que sintiera la fría hoja mágica lacerar la carne. Snape decidió acercarse más para encontrar un hueco donde clavar la hoja, pero se acercó demasiado, recibiendo un fuerte golpe en la mandíbula. El sabor metálico de la sangre le bajó por la garganta y durante unas milésimas de segundo no pudo ni ubicarse ni pensar con claridad, unas milésimas que el elfo aprovechó para clavar la hoja en su hombro derecho. Snape gruñó sintiendo como se le entumecía el brazo con el que sujetaba la espada hasta casi soltarla, así que directamente arremetió contra el hombretón con todo el cuerpo, haciéndolo caer de espaldas. El elfo lo arrastró con él, apoyó un pie en su pecho y lo lanzó por encima suyo, hasta que el chico se golpeó contra el suelo con un golpe sordo y un gruñido. El hombre se apresuró en levantarse, pero Snape lanzó una torpe cuchillada, alcanzando su tobillo izquierdo, haciéndole clavar la rodilla en el suelo y perder el huevo, que cayó a su lado sin romperse.
El mago se levantó a trompicones. Por un segundo pensó en ir a por el huevo de su adversario, pero estaba demasiado cerca del elfo y se exponía a que su adversario lo alcanzara antes de que pudiera romperlo. Así que optó por la segunda opción. Se lanzó contra su oponente, rodeando el cuello del hombre desde la espalda con el brazo sano, ayudado por el entumecido, y apretó para cortarle la respiración. El elfo intentó golpearlo a pesar de tener un ángulo muy malo y aunque Snape sentía el dolor de algunos golpes se negaba a soltarlo, apretando cada vez con más fuerza. El hombretón agarró los brazos del chico para intentar aflojar el agarre, pero no hubo manera. Cuando comenzó a notar que realmente le faltaba el aire y se mareaba, directamente se lanzó hacia atrás, aplastando al chico entre el suelo y si propio peso y fuerza. Snape soltó todo el aire de los pulmones ante tal golpe, pero aun así se negó a aflojar, no pensaba hacerlo, no pensaba perder. El hombre consiguió volver a erguirse lo suficiente para volver a lanzarse hacia atrás y aplastar de nuevo al chico que se le había agarrado cual garrapata, y que con cada golpe en vez de aflojar, apretaba más, como una boa constrictor. Tras ese segundo impacto Snape gimió y sintió su caja torácica arder, si lo aplastaba una tercera vez estaba seguro de que le partiría alguna costilla.
—¡Se acabó! —escucharon gritar a Kove.
—Su… suelta… joder… ya es… está… ¡Chaval! —gimió el elfo golpeando sus brazos.
Snape soltó jadeando, había estado tan concentrado en reducir al hombre que ni siquiera había prestado atención a su maestro.
—Eres más duro de roer de lo que me esperaba —le dijo el hombretón frotándose el cuello con una mueca de dolor—. Ha sido toda una sorpresa siendo humano y tan joven —le tendió una mano—. Mábraros.
El chico lo miró sacudiéndose el brazo aún un poco adormecido por la hoja mágica.
—Severus —le estrechó el antebrazo con una ligera inclinación de cabeza, agradeciendo el alago con educación.
Elyon suspiró con alivio al ver que tanto Snape como Nuth habían quedado entre los cinco finalistas, que ahora iban al encuentro con Kove cargados con sus huevos, mientras un pequeño grupo levantaba a los eliminados del suelo y los llevaba a las gradas para que descansaran y revisar si tenían alguna lesión que atender. Cuando los cinco llegaron hasta Kove, este se giró buscando a la semielfa y le hizo un ademán para que se acercara.
—Esta va a ser la última prueba —explicó Kove con seriedad—. Cada uno de vosotros luchará por turnos junto a Elyon, como equipo que tendrá que reducir al resto. El duelo termina o cuando se reducen a los cuatro atacantes, o cuando caiga el Protector o Elyon.
Todos asintieron. Las miradas de Elyon y Snape se encontraron y ambos dibujaron una pequeña sonrisa llena de confianza. Había llegado por fin el momento de demostrar lo que eran capaces de hacer juntos.
El primer Protector fue una elfa, Shonoma, que aparentaba tener entre veinticinco y treinta años humanos, con el pelo negro azabache muy corto en el lado derecho, apenas le rozaba el hombro, y rapado en el lado izquierdo donde había formas abstractas dibujadas jugando con el largo del pelo. Usaba una cinta de cuero trenzada como diadema para que no le molestara la curiosa media melena al luchar. La mujer sonrió a la semielfa con seguridad. Elyon la había observado luchar y era realmente temible.
Kove retuvo un momento por el hombro a la chica y la miró con dureza.
—Para que esto funcione, vas a tener que dar lo mejor de ti con todos. Si se ve algún tipo de favoritismo todo caerá en saco roto ¿De acuerdo?
Ella asintió con los labios apretados.
Kove dio por iniciado el primer duelo. Elyon pensó que Shonoma optaría por repartirse los enemigos con ella, dos para cada una, pero en vez de eso intentó encargarse ella sola de todos. Por lo que no hacía más que empujarla y obstaculizar sus movimientos de ataque, consiguiendo que ambas se entorpecieran continuamente. A Elyon le pareció muy frustrante que no la dejara hacer nada, ni siquiera defenderse de forma adecuada de los ataques directos. La hoja de la espada de Nuth le alcanzó el hombro izquierdo, haciendo que soltara un gruñido al notar aquel molesto frío. Tras eso, los agresores se pusieron de acuerdo en un ataque coordinado para cansar a la Shonoma y que dejara a Elyon desprotegida. Snape y otro elfo se lanzaron a por la mujer al mismo tiempo, para cuando consiguió reducir a ambos ya resoplaba con esfuerzo, en ese momento Nuth cortó su pierna derecha haciendo que hincara la rodilla, y por mucho que Elyon rechazó el ataque de Mábraros, finalmente clavó la espada en el abdomen de la joven hasta la empuñadura.
Su segundo Protector fue el otro elfo joven, Ejkel, aproximadamente de la misma edad de Snape en apariencia, con una melena tan roja que parecía arder. Con él la cosa tampoco fue bien, por mucho que ella intentaba seguirle el ritmo, era muy errático en sus movimientos y no le hacía a Elyon ninguna señal, gesto o aviso para poderse compenetrar. Así que cada uno empezó a luchar por su lado empujados por los atacantes que consiguieron abrir distancia entre ellos. Cuando la acorralaron lejos de Ejkel, los cuatro enemigos ignoraron al pelirrojo y se lanzaron a por ella sin piedad, que no tuvo ninguna oportunidad.
Elyon se levantó del suelo llevándose una mano al labio con gesto de dolor, y otra al costado. Consideró que se habían ensañado con ella más de lo realmente necesario para hacerle soltar la espada. Snape no había tenido miramientos en encajarle un golpe bajo las costillas, y Shonoma le dio un codazo en plena cara. Nuth también había tenido la oportunidad de asestarle un rodillazo en la parte baja de la espalda.
El tercer Protector fue Mábraros. Antes de iniciar el duelo todos se pensaron muy bien los movimientos. Pero una vez comenzaron la lucha fue realmente frenética. A pesar de ello Elyon no tuvo ningún problema en luchar a su lado, le hacía saber con naturalidad qué iba a hacer él y qué quería que hiciera ella. Snape se acercó a Elyon con rapidez, ella le sonrió con rencor, le iba a hacer pagar el golpe que le había asestado y que aún le dolía. Dejó que se acercara lo suficiente y cuando él le dirigió un ataque alto ella le hizo creer que intentaría pararlo, en vez de eso, se agachó y se movió a un lado con rapidez, golpeándolo en los pies y haciéndolo caer. Una vez en el suelo lo remató clavándole la espada en el pecho. Snape gruñó con fastidio y ella le guiñó un ojo con malicia.
Se levantó con rapidez para ir a ayudar a su Protector, que estaba siendo asediado por el resto. Comprobó que el cansancio estaba haciendo mella en él, cada vez sus movimientos eran más lentos a pesar de que ya había derribado a Nuth. Elyon se acercó a Ejkel y cuando este intentó clavarle el hacha en el costado, ella hizo una finta, golpeó su muñeca y le quitó el arma, que hundió en la base del cuello. En ese momento Shonoma clavó un cuchillo en el estómago del hombretón, aprovechando que le había obligado a alzar los brazos con un ataque alto.
Elyon resopló con cansancio mientras se secaba el sudor de la frente con la manga de la camisa. Aún quedaban dos duelos más. Aquello empezaba a hacérsele eterno, y eso que había tenido un pequeño descanso durante la prueba del huevo, no quería ni imaginarse cómo estaría el resto, sobre todo…
—Severus, tu turno —anunció Kove.
Su maestro los miró a ambos con algo de inquietud, había llegado la temida hora.
—Lo vamos a conseguir —le musitó ella al mago, poniéndose en posición.
—Más nos vale… o Kove nos lo hará pagar —resoplo él, bromeando.
Ambos se percataron que de pronto los atacantes se habían relajado, no los consideraban un contrincante a la altura. Esa era su ventaja.
En cuanto comenzó la escaramuza los atacantes comprobaron que no les iba a ser tan sencillo ni reducirlos ni separarlos. Habían practicado aquello un sinfín de veces, se sabían esa danza de memoria, sabían comunicarse sin palabras.
Ejkel cayó al suelo después de que Snape lo acertara en el pecho. Tras eso, los otros tres apretaron el ritmo. Elyon miró con rapidez a Kove, que asintió.
—¿Preparado? —le preguntó a su compañero.
—Cuando quieras —respondió haciéndole una cinta a Nuth y golpeándole en el estómago.
Tardó apenas unos segundos en atarse a él, después de eso todo resultó increíblemente fácil.
Heon, Iyala y Feriel miraban aquello sin dar crédito, junto al resto de asistentes. Ambos se movían con una coordinación y rapidez asombrosa. No peleaban, bailaban entre sus contrincantes con una naturalidad y soltura que arrancó más de una exclamación de admiración. Era algo hermoso. Muchos se levantaron para intentar ver mejor, entre los que lo hicieron estaba Iyala, que apenas respiraba por la impresión. Veía a los jóvenes moverse uno entorno al otro, espalda contra espalda, atacando y defendiendo, completando el movimiento de su pareja, apartando al otro si la amenaza pasaba demasiado cerca. En un momento dado, para alcanzar a Nuth, Elyon rodó por encima de la espalda del mago cuando este se inclinó lo suficiente, encajándole así una patada en la cara a su primo antes de acertarle con la espada sacándolo del duelo.
Iyala se giró hacia su marido para preguntarle qué estaba pasando exactamente, pero ya no estaba allí. Miró alrededor confusa, lo localizó bajando con rapidez por las gradas hasta entrar en la zona de hierba donde se hacía la Evaluación y echó a correr hacia la pareja, llegando a ella justo cuando Shonoma caía al suelo.
Elyon pensaba que ya solo quedaba un contrincante en pie cuando notó una presencia a su espalda, se giró con rapidez para detener el golpe y se quedó sin aliento al toparse con Heon frente a ella, con la espada firmemente cogida.
—¿Pero qué…? —la joven no entendía qué hacía allí.
Su tío no le respondió, volvió al ataque con rapidez, haciéndola retroceder hasta chocar contra Snape. El mago miró sobre su hombro y se quedó helado cuando vio ese nuevo enemigo que no esperaba. Esos segundos de confusión casi les cuestan el duelo. Mábraros se lanzó contra ellos, el mago empujó a la semielfa contra el suelo y la apartó de la hoja que iba dirigida a su espalda. Snape también se hizo a un lado para que no lo alcanzara y aprovechó ese momento para lanzarle un tajo al estómago. Cuando el elfo se desplomó, vio por el rabillo del ojo algo aproximarse con rapidez, le arrebató la espada al luchador recién caído y desvió el ataque que le llegaba por el flanco formando una equis con ambas armas. Cuando identificó los ojos azules y fríos del nuevo rival que tenía frente a él, que lo miraban con ira contenida, tragó saliva. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral ¿Qué diablos estaba pasando?
Ambos consiguieron repeler a sus atacantes de un empujón y retroceder unos pasos. El pavor y el desconcierto de Elyon se incrementó cuando vio a Azrael ir a por ellos espada en mano, y no sintió ningún alivio al ver la cara de preocupación de Kove.
—¿Qué hacen? —Feriel miró a Iyala con los ojos abiertos como platos.
—Forzarlos todo lo posible para ver hasta dónde pueden llegar —se limitó a responder sin perder detalle de todo aquello, de pie con ambas manos sobre los labios, para acallar los gemidos de angustia cada vez que Heon y Azrael se lanzaban sin compasión a por los jóvenes.
Aquella lucha pareció durar horas, sin embargo no se alargó más de unos minutos realmente interminables para Elyon y Snape. Ambos elfos arremetían sin tregua contra ellos, que conseguían repelerlos turnándoselos para evitar que llegaran a ver sus patrones. Sabían que eso debía terminar ya o los agotarían, y no podían perder, si perdían…
Vieron el hueco, el momento para terminar aquello. Ambos echaron hacia atrás el brazo, cogiendo con fuerza el antebrazo del otro, y de un fuerte estirón giraron sus posiciones, desequilibrando a los atacantes al girar con las espadas extendidas.
Todo terminó con un rápido ataque que tanto los jóvenes como los elfos hicieron al mismo tiempo. Heon había atravesado el estómago de Elyon con la espada, mientras ella le atravesaba el pecho, con la hoja hundida hasta la empuñadura. Snape sujetaba el arma en alto, con la punta de la espada colocada bajo la barbilla de Azrael, mientras este mantenía el filo de la suya junto a las costillas del chico, bajo su brazo izquierdo, apuntando al pulmón.
Mantuvieron aquella tensa posición con la respiración agitada y las miradas desafiantes. El silencio en el lugar era absoluto, nadie de los allí presentes se atrevió a hacer ruido alguno. El Consejo miró la escena con estupor, y Rasmu en concreto con una débil sonrisa entre la aprobación y la sorpresa.
Finalmente, Heon se movió retirando la hoja, tirando la espada al suelo y haciendo una pequeña reverencia en señal de respeto a ambos.
—Realmente espectacular —comentó—. Hacía tiempo que no presenciaba nada parecido, ha sido casi como volver a luchar contra tu padre.
Todos se relajaron y bajaron las espadas. Elyon inspiró con fuerza, aún con el pulso acelerado, y sin darse cuenta soltó un sonoro sollozo fruto del nerviosismo. A punto estuvo de ponerse a llorar simplemente para soltar toda aquella tensión acumulada.
—Respira —su tío la rodeó con los brazos—. Tu padre estaría muy orgulloso, pequeña guerrera.
Le besó la cabeza con una sonrisa cariñosa frotándole la espalda.
Snape miró de soslayo a Azrael, prácticamente resollando de cansancio. El elfo lo escrutaba minuciosamente, seguía viendo el desagrado que sentía hacia él en sus ojos, pero gran parte de la ira había desaparecido.
Kove se acercó hasta ellos pisando fuerte.
—La próxima vez que queráis intervenir así, me lo hacéis saber antes —les recriminó a los dos adultos.
—Ha sido improvisado. Necesitaba ver cuánto podían aguantar apretándoles y por sorpresa —se limitó a decir Heon, aún con Elyon entre sus brazos.
—Hace mucho que nadie recurre a una Atadura para el combate —continuó Azrael—. Había que comprobar cuán fuerte era.
"Y de paso tener una excusa para darle una tunda al chico" pensó Kove, aunque se abstuvo de decirlo en voz alta.
—Como sea. No volváis a interferir así en mis competencias —los miró con contundencia.
—Y tú no vuelvas a exponer a mi nieta a estas prácticas sin consultármelo antes —le espetó Azrael con voz queda, arrojando la espada a un lado antes de volver junto al Consejo.
Elyon miró con preocupación a su maestro.
—Heon, suéltala, falta un último duelo.
—Si no te importa, me gustaría participar como contrincante.
—Claro, tu hijo va a disfrutar como el crío que es de que su padre lo ponga en evidencia frente a medio Imtar —resopló Kove con sarcasmo, llamado con un ademán al resto de aspirantes.
Nuth se colocó junto a su prima con una sonrisa de resignación.
—Después de lo que acabo de ver, voy a tener muy difícil estar a la altura.
—Bobadas, lo haremos genial juntos —lo animó con una sonrisa.
—Bueno… espero que pongas de tu parte, en tu forma de huevo eras un verdadero lastre.
—Ja, ja —Elyon le hizo una mueca burlona.
Se dio inicio al último combate. Ambos se compenetraron bastante bien, y Nuth respiró aliviado al ver que por el momento su padre se mantenía al margen. Los dos primeros contrincantes en caer fueron Shonoma y Ejkel. Snape conseguía aguantar a pesar del cansancio, cada vez era más lento y torpe, así que Nuth no tardó en cogerlo con la guardia baja, eliminándolo de una estocada por la espalda.
En ese momento Heon entró en acción yendo directamente a por su hijo, por lo que Mábraros se centró en Elyon. La joven notaba también que sus fuerzas iban menguando, pero tenía que aguantar por Nuth, así que le limitó a esquivar y mantenerse a una distancia segura del elfo. El joven le hacía frente a su padre con ahínco y expresión feroz, no pensaba dejarse humillar allí en medio, ya le fastidiaba bastante que este hubiera decidido entrometerse en aquello. En uno de los ataques Heon lo esquivó con facilidad girando sobre sí mismo, de forma que el chico pasó de largo por su lado, y su padre aprovechó para golpearle con la espada plana en el trasero.
—¡Venga! Sé que puedes hacerlo mejor —le dijo.
Nuth apretó la mandíbula con las mejillas encendidas por aquel gesto tan bochornoso que había tenido Heon con él frente a todos.
Elyon consiguió hacer una finta a Mábraros, lo golpeó bajo las costillas haciendo que gruñera de dolor y se encogiera. La semielfa miró sobre su hombro para saber cómo le iba a su primo, y decidió ir a ayudarlo. Corrió hasta ellos y se tiró al suelo para golpear a Heon en los tobillos con sus propios pies, haciéndolo caer al perder este el equilibrio justo antes de que alcanzara a su hijo por el costado. Nuth aprovechó y ensartó su espada en el estómago de su padre.
Ambos jóvenes se miraron satisfechos. La hoja de una espada atravesó el pecho de Nuth desde su espalda. El chico gruñó con fastidio y tiró su arma con rabia contra la hierba.
—Mierda —maldijo con la mandíbula apretada.
Elyon resopló y se dejó caer de espaldas sobre la hierba, agotada. Los asistentes aplaudieron cuando Kove anunció que las pruebas habían terminado. El resto de candidatos que habían luchado esa última fase se acercó a ellos y se sentaron junto a la semielfa y Nuth, a la espera del veredicto. Todos comenzaron a intercambiar impresiones sobre la Evaluación, salvo Snape, que se mantenía en silencio escuchado con atención.
…..✦…..
El Consejo, junto a Kove, deliberaba sobre el más apto para el puesto, formando una especie de corrillo lejos de las gradas y los oídos curiosos. Los tres más aptos a criterio de todos eran Mábraros, Nuth y Snape.
Shonoma y Ejkel eran buenos guerreros, pero no tenían madera de Protector. La primera intentaba tener la situación controlada por completo y encargarse de todo ella sola con tal de que Elyon no se expusiera, y el segundo era demasiado impulsivo y descuidado con su Protegida.
Nuth era muy joven, y por consiguiente, aún tenía mucho que aprender, más que en técnica en la toma de decisiones rápidas en situaciones extremas. Le faltaba la sabiduría que da la experiencia.
Así que el Consejo estaba dividido entre Mábraros y Snape. Azrael, Mandrac, Ornalis, Nalima y Ónager preferían al elfo por su experiencia y resistencia, sabía muy bien lo que se hacía y en la Guardia era respetado y temido a partes iguales en batalla. Sin embargo Énimos, Alena y Kove opinaban que Snape era el mejor candidato, había demostrado una destreza más que admirable teniendo en cuenta su poca experiencia en la lucha, tenía mucha iniciativa e intuición gracias a sus años como agente doble y, por desgracia, como mortífago. Aunque sin lugar a dudas su mayor punto a favor era la complicidad que tenía con Elyon, complicidad que no surgía solo por el tiempo que llevaban tratándose y conviviendo.
…..✦…..
Elyon y los demás candidatos vieron como el Consejo y Kove llamaban a Heon para que se acercara a hablar con ellos.
—Están tardando una eternidad —comentó Ejkel.
—Es una decisión seria, han de sopesarlo bien —respondió Mábraros—. De hecho, me parece increíble que lo vayan a poder decidir ahora.
—Ya. Pero está claro que la cosa está entre ti y el chico humano —resopló Shonoma—. Nuth, no te lo tomes a mal, pero no has dado tanto la talla como ellos, aunque lo has hecho mucho mejor que Ejkel y yo.
—Soy consciente, tranquila… y mi padre no ha ayudado nada —se pasó una mano por el rostro avergonzado y se revolvió el pelo—. Me revienta que le encante humillarme así por diversión.
—Pues la palmadita en el culo con la espada ha estado genial —rio Ejkel—. Fijo que mañana ya tienes mote en la Guardia referente a ello.
El resto del grupo ahogó una carcajada antes de mirar al Consejo, que seguía discutiendo en voz baja.
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Tanto los candidatos como los asistentes empezaron a impacientarse ante la larga espera. Entre los que ocupaban las gradas también se barajaban varios nombres como posibles vencedores. Iyala y Feriel esperaban inquietos tras haber visto el duelo de Nuth, a ambos les gustaría que el chico consiguiera el puesto tras todo el esfuerzo dedicado a ello año tras año, pero tenían sus dudas y no querían ver la decepción en el rostro del joven.
El Consejo por fin rompió el corrillo y se acercó a los aspirantes. Todos se levantaron con rapidez y la espada en la mano.
—Tenemos veredicto —anunció Azrael con seriedad.
Kove alargó una mano hacia Elyon para que se alejara de los evaluados mientras todos se inclinaban con una rodilla en el suelo, ofreciendo su espada sujeta con ambas manos sobre sus cabezas. Snape se apresuró en imitarlos, con la vista clavada en la hierba que había bajo él.
Tragó saliva. Tenía serias dudas respecto a la decisión de Azrael. Sabía sobradamente que no lo tragaba, que lo detestaba, cada vez que lo miraba veía ese intenso odio que le procesaba brillar en sus ojos. Y aunque sabía que lo había hecho mejor que los más jóvenes, Mábraros seguía estando más capacitado. Desde allí había observado la acalorada discusión para saber quién sería el nuevo Protector, y aunque no los había escuchado a esa distancia, había conseguido leer sus labios y captar algunas palabras, ninguna buena dirigida a él.
Por eso cuando Azrael le quitó la espada de las manos supo que todo se había terminado. Cerró los ojos con fuerza, había estado tan cerca… que se odió a si mismo por haberse esforzado en mantener viva aquella pequeña llama, débil como una vela, de esperanza. Era un iluso estúpido. El odio y el resentimiento siempre tenía más fuerza sobre la percepción de una persona. Sus malas acciones, por pocas que fueran, siempre pesarían más que las buenas, y en su vida, por desgracia, había habido más malas que buenas.
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