6º curso. Capítulo 6
—Levanta —le dijo Azrael con tono tirante.
El chico obedeció sin apartar la vista de la hierba que había bajo sus pies.
—Que esta espada simbolice tu deber para con mi nieta. Que sea un reflejo de tu fuerza y compromiso. Que sirva para proteger y servir a nuestro tesoro más preciado, nuestro futuro y nuestras esperanzas —Snape alzó la mirada hacia el elfo que frente a él sujetaba la espada entre ambos por la empuñadura, con la punta apuntando al suelo.
De pronto la hoja comenzó a brillar y a desprender calor, como si estuviera al rojo y recién forjada.
Miró un segundo a Kove, que dibujaba en su rostro una nada disimulada sonrisa de satisfacción, y luego a Elyon, que aunque se mantenía seria y neutral, tenía los ojos brillantes por la emoción y las ganas de llorar de alegría. Volvió la vista a Azrael, que le clavaba aquellos ojos azules en los que aún ardía el desagrado y la desconfianza.
—Coge la empuñadura —Snape se apresuró en obedecer recobrando la compostura. La hoja parecía haberse enfriado adquiriendo un reflejo azul metálico, y juraría que ahora el arma pesaba más— ¿Juras dedicarte a tu labor sin importar las consecuencias? ¿Juras proteger a Elyon hasta tu último aliento de vejez de ser necesario? ¿Juras dar tu vida por la de ella, sin asomo de duda, poniendo su bienestar siempre por delante del tuyo propio?
Miro de nuevo aquellos ojos verdes fijos en él, tan llenos de vida, llenos de esa luz que parecía guiarlo hacia la salida del pozo en el que llevaba años atrapado, dándole una segunda oportunidad.
—Sí, lo juro —respondió con determinación—. Daré por ella tantas vidas como los astros me otorguen.
Azrael alzó ligeramente una ceja y ese odio en su mirada pareció menguar. No esperaba esa respuesta por su parte, que supiera responder como cualquier otro integrante de la Guardia. Y eso lo reconfortó de algún modo.
—Sea pues —finalizó el hombre—. Severus Snape será de nuevo el Protector de nuestra última descendiente.
Aun con la espada sujeta, Azrael se acercó a él y le pasó un brazo por el hombro, dándole una palmada amistosa en la espalda.
—Para mí la Evaluación no ha terminado —le susurró al oído—. Te voy a estar vigilando de cerca, un paso en falso y no volverás a acercarte a nosotros.
Dicho esto, rompió el tenso abrazo ceremonial, dejándole la espada a Snape en la mano. El chico se la llevó al pecho e hizo una reverencia, mostrándole que le había quedado clara la advertencia.
Los asistentes aplaudieron. No fueron muy entusiastas, se respiraba la sorpresa y el desconcierto porque el puesto hubiera quedado en manos de un humano, un mago que ni tan siquiera estaba cerca de la treintena. Entre murmullos la gente se fue dispersando, y los candidatos, tras darle la enhorabuena a un Snape aún incrédulo, también se marcharon para continuar con las celebraciones o acudir a su turno en la Guardia.
—Lo habéis hecho increíblemente bien —les dijo Kove poniendo una de sus manos en el hombro de cada uno—. Aunque eso no quiere decir que las clases de Defensa hayan terminado.
Elyon resopló con fastidio y Snape suspiró resignado, ciertamente esperaba algo así.
—No me remugues, niña. Siempre se puede mejorar en estrategia y técnica —le recriminó—. A partir de ahora nos centraremos en la combinación de la lucha con armas y magia.
—Al menos eso suena más interesante —la joven lo miró con resignación.
—¿Qué hago con esto? —le preguntó Snape a su maestro alzando la espada.
—Ahora es tuya. Tendrás que llevarla siempre que se requiera.
—Pero es de prácticas. Como mucho podré golpear a alguien con la hoja plana.
—Era de prácticas —puntualizó Kove—. ¿No has visto lo que le ha pasado a la hoja? Ahora está forjada, y Azrael le ha otorgado cualidades mágicas.
—¿Eso se puede hacer? —Elyon lo miró boquiabierta.
—Sí, un miembro de una Gran Familia puede hacerlo —asintió—. Por seguridad, una espada de prácticas no puede forjarse de nuevo, además, pesan algo menos para que se puedan diferenciar. Así que para reforjarla hace falta mucha magia, demasiada para que un elfo corriente.
Snape se quedó mirando el arma ¿Qué se suponía que debía hacer con ella una vez se fuera de Imtar? ¿Tendría que llevarla a Hogwarts? Desde luego si eso terminaba pasando no la pondría encima de la chimenea de su habitación.
—Vaya cara tenéis los dos. Sabía que algo tramabais —Heon se acercó al trío con una sonrisa cómplice, seguido de Nuth, Iyala y Feriel—. No os hacéis una idea de la suerte que habéis tenido, Azrael podría no haberlo dejado participar. O incluso desestimar lo bien que lo ha hecho y elegir a Mábraros como todos creíamos que haría.
—Conozco a Azrael mejor que tú, Heon. Sé dónde apretarle —hizo un ademán para quitarle importancia.
—No te lo tengas tan creído, Kove —el elfo entornó los ojos—. De no ser por el apoyo de Rasmu, no lo habría logrado.
Elyon y Snape se lo quedaron mirando con pasmo.
—¿Qué Rasmu qué? —la semielfa era incapaz de creer aquello.
—Por increíble que parezca, se posicionó de vuestro lado. A tu abuelo eso le ha sentado como una patada en el estómago. Rasmu alegó que el combate terminó en tablas, y que no fue precisamente un enfrentamiento sencillo. Que la compenetración que tenéis es difícil de conseguir de la noche a la mañana, y que no se basa solo en la confianza del trato diario.
Snape se revolvió ligeramente incómodo. Lo último que necesitaba era mostrar más de lo debido frente a Azrael y Rasmu.
—Creo que voy a tardar en asimilar lo que acabas de decir —rio Elyon.
Que Rasmu hubiera dado su apoyo a un humano era algo inaudito. Se sentía pletórica. Nada más anunciar que Snape había sido el vencedor quiso dar saltos de alegría y arrojarse contra él, pero se había contenido por motivos obvios. Ahora volvía a sentir el terrible impulso de saltar sobre la espalda del mago y abrazarlo con fuerza.
—Esto merece una buena celebración ¿Por qué no venís a comer a casa? —les ofreció Iyala, emocionada.
—No creo que sea buena idea juntar a Azrael y Severus bajo el mismo techo tan pronto —Kove reclinó la invitación.
—No va a estar. Está zanjando unos asuntos de última hora para tener libre el resto de las celebraciones —aclaró— ¿Me tomas por necia? ¿A mí? Que lo creyeras de Heon lo podría entender.
—¡Eh! —se quejó su marido.
—Tú a callar, que bastante has hecho humillando a tu hijo delante de todos —le espetó con enfado.
—Lo ha hecho muy bien. No sé por qué creéis que lo he humillado —el elfo se cruzó de brazos con indignación.
—No sé, ¿tal vez por el golpe en el culo con la hoja plana de la espada? —le echó en cara Nuth—. Eso no se lo hago yo ni a mis alumnos.
—¿Pero a que te ha motivado a derrotarme? —su padre alzó una ceja, socarrón.
Nuth resopló con fuerza tragándose la respuesta mientras Feriel reía con ganas.
—Tú tranquilo, ya resarciré yo ese culito respingón —le susurró su novio inclinándose hacia él.
Elyon se giró hacia ellos, que los había oído, sonrojándose ligeramente al saber de qué hablaban. Obviamente se abstuvo de comentarios.
—¿Y bien? —Iyala miró a Kove y Snape.
—Yo… —titubeó el chico.
—Estaremos encantados de acompañaros en la comida —Kove asintió—. Cocinar no es mi especialidad y no quiero intoxicar al chico en su primer día aquí —le dio una inesperada palmada en la espalda que lo hizo tambalear ligeramente.
Elyon se acercó a Snape con una leve sonrisa de apoyo en los labios.
—Venga, ya puedes relajarte. Se acabó la Evaluación. Ahora podrás sacarle provecho a todo lo que has estado estudiando conmigo —le susurró.
El mago expiró largamente y asintió. Tampoco tenía otras opciones. No conocía para nada el lugar, así que seguramente pasaría esos días siendo la sombra o de Kove o de Elyon, a disgusto suyo. De pronto una parte de él quería volver a Hogwarts y sus mazmorras, donde se sentía cómodo y no completamente fuera de lugar.
—Gracias por el ofrecimiento —contesto al fin—. Será un placer.
—¡Vaya! Ya era hora de que dejaras los monosílabos. Empezaba a preocuparme —Iyala enarcó una ceja conforme—. Y desde luego con ese vozarrón que tienes habría sido una pena no escucharte decir una frase completa en todo el tiempo que estés aquí.
Snape sintió que se sonrojaba por momentos ante ese cumplido. Nadie, jamás, a excepción de Zelda en contadas ocasiones, había comentado algo bueno sobre él que no tuviera ver con su inteligencia o conocimientos, menos aún sobre su voz.
—Ammm… —estuvo a punto de decir "gracias"—. Aunque antes debería darme una ducha y ponerme ropa limpia.
La mujer asintió, no era el único que necesitaba un baño urgente. Todos tomaron rumbo al palacio.
Snape se llevó las manos al recogido que le había hecho Kove. Llevaba queriéndoselo quitar desde el momento en el que el elfo se lo había hecho. Aunque admitía que gracias a él, el pelo no le había molestado lo más mínimo, todo seguía firmemente sujeto. Una coleta simple no habría aguantado toda la Evaluación.
—Yo que tú, no lo haría —le aconsejó Elyon.
—¿Por qué? Estoy ridículo —gruñó.
—No estás ridículo. Estás raro, pero no ridículo —la joven dibujó una vaga sonrisa—. Ridículo estarás si se te ocurre soltarte eso antes de entrar en la ducha.
La chica se llevó las manos a su propio recogido mientras comenzaba a deshacérselo ante la expresión de desconcierto de Snape. En cuanto tuvo el pelo libre de las trenzas el mago entendió a qué se refería. Toda su melena dorada estaba ondulada y viciada de forma extraña, por culpa de lo apretado del recogido y del sudor que había apelmazado algunos mechones, mientras otros parecían haber ganado volumen.
—¿Qué? ¿Sigues queriéndote soltar el pelo? —se mofó ella pasándose los dedos por el suyo para desapelmazarlo, antes de intentar volvérselo a recoger en una coleta que ahora era tan esponjosa que apenas era manejable para pasar por el coletero.
El chico puso los ojos en blanco. Aquello era lo último que necesitaba esa mañana, iba a tener que aguantar el dichoso trenzado un poco más.
…..✦…..
Snape miró la escena que se desarrollaba a su alrededor como si él no fuera partícipe, como si fuera un mero espectador ajeno a todo aquello. Ajeno a las conversaciones animadas, las pullas, las risas y los gestos de cariño. Desde que había puesto un pie ahí dentro quiso dar media vuelta y salir corriendo, pero Kove no se lo había permitido al entrar detrás de él cerrando la puerta con fuerza.
Elyon lo recibió con una enorme sonrisa y un abrazo fugaz, estaba realmente eufórica. No la veía así de feliz desde… puede que nunca la hubiera visto así. Acto seguido lo presentó formalmente a su tía, su primo y el amigo de este, aunque a medida que transcurrió la comida empezó a intuir que Feriel era algo más que el amigo de Nuth.
Escudriñó alrededor mientras el resto terminaba de preparar la mesa y la comida. Aquella casa era cálida y acogedora, era un verdadero hogar habitado por una familia afectuosa. Todo lo que había allí lo reflejaba: el olor de la comida caliente y las plantas, el hogar encendido, las mantas de los sofás, las estanterías llenas de libros, las fotografías sobre la chimenea. Se acercó a ellas con curiosidad. Eran de los tíos de Elyon y de los padres de esta, a los que solo había visto en una ocasión cuando le asignaron el deber de protegerlos si el Señor Tenebroso daba con ellos, cosa que hizo. Aquella fue una de tantas promesas que no fue capaz de cumplir.
En una de las fotografías estaba la semielfa junto con su primo. Ambos sonreían abiertamente con inocencia, enfundados en enormes abrigos de pelo para protegerlos del frio y la nieve que los rodeaba. Snape dibujó, sin darse cuenta, una débil sonrisa al ver a Elyon. Debía de tener dos años, al menos no mucho más. Tenía las mejillas sonrojadas por el frio aunque parecía no importarle, y la sonrisa de oreja a oreja la componían pequeños dientes tan blancos como la nieve en la que se sentaba. Aún no llevaba los mechones azules y su pelo rubio apenas le llegaba a los omóplatos. Solo había una cosa que no había cambiado en ella: su mirada. Seguía manteniendo esa inocencia infantil, esa ilusión por seguir descubriendo el mundo que la rodeaba.
—Ahora me debes una foto de tu infancia —le dijo Elyon acercándose a él de sopetón, haciéndole dar un pequeño respingo.
Él se limitó a resoplar.
—¡Oh, venga! ¿Tú puedes cotillear mi infancia y no me vas a dejar ni ver una foto tuya de pequeño? —la chica le hizo un mohín exagerado, fingiendo más indignación de la que realmente sentía— No es justo.
—Entonces no haberme invitado a venir —le aclaró.
—Yo no te he invitado, ha sido mi tía —puntualizó volviendo junto al resto del grupo que estaba alrededor de la mesa donde comerían.
Un trozo de pan pasó volando frente a él y golpeó a Nuth en el pecho. El chico se quejó y tiró otro trozo contra Elyon, pero ella se apartó y lo esquivó.
—Al que vuelva a ver tirando comida saldrá de aquí volando por el balcón —los regañó Iyala— ¿No se suponía que ya no erais críos?
—Si tuviéramos un perro no habría problemas, se comería lo que cayera al suelo y ni se desperdiciaría comida ni tendríamos que limpiarlo —expuso Heon.
—No vamos a tener un perro —su mujer lo miró tajante, y el elfo le lanzó un trozo de pan que la golpeó en la frente.
Más risas y bromas, más regañinas y caras de enfado para ocultar las muecas de resignación. Sintió que se ahogaba, que las paredes se hacían más estrechas. No debería estar ahí, aquel no era su lugar. No merecía pertenecer a ese ambiente hogareño. Parpadeó con fuerza cuando sintió un ligero vértigo.
—Severus, apenas has dicho nada y tengo curiosidad por saber algo más sobre tu trabajo en Hogwarts —Iyala le sonrió animándole a participar en la conversación— ¿Cómo es enseñar a tantos chicos? Tengo entendido que tienes un don natural para mantenerlos a raya.
El mago la miró y tragó saliva. Su mirada se desvió de los rostros amistosos que lo miraban con expectación a las fotografías sobre la chimenea.
—¿Te encuentras bien? No tienes…
—Lo siento, tengo que… —se levantó con rapidez de la mesa— Necesito que me dé el aire.
Salió de allí con rapidez dejándolos a todos con la misma expresión de desconcierto.
Caminó con paso rápido por los pasillos, no tenía ni idea de a dónde iba, simplemente necesitaba alejarse de ese ambiente agobiante. De esa calidez que le estaban brindando cuando no se la merecía. Maldita sea, ¿por qué había decidido quedarse en Imtar? ¿Por qué no se había ido tras la Evaluación? ¿Por qué decidió que quería volver a ser Protector?
Paró de golpe y se agarró con fuerza a la baranda de piedra, inspirando profundamente para calmarse. Se sentía desbordado y a punto de explotar, y no creía saber realmente el por qué ¿Era porque por una vez le estaban haciendo partícipe de un hogar, de una familia? Él ya había tenido una familia, una mierda de familia disfuncional, la familia que se había merecido. No podía verse siendo parte de otra que no lo tratara con frialdad casi todo el tiempo, o donde no se limitaran simplemente a ser conscientes de que estaba ahí, de que existía, donde no había miedo, ni rabia, ni gritos que taladraban los tímpanos seguidos de golpes o cosas romperse ¿Qué estaba haciendo allí? Cerró los ojos con fuerza mientras seguía inspirando y expirando con fuerza.
Notó que le ponían una mano en el hombro, y no tuvo fuerzas para revolverse y deshacerse de ella.
—Para no querer ser el centro de atención te has lucido con tu salida a la carrera —se mofó Kove con suavidad.
—¿Por qué has aceptado la invitación? —musitó casi sin voz.
—¿Y por qué no? Son buenos conocidos y la única familia que le queda a Elyon.
—Yo no debería estar aquí —se agarró con más fuerza a la baranda aun con los ojos cerrados.
El elfo chasqueó la lengua.
—Bobadas.
—No. No son bobadas, yo… —sentía un nudo en la garganta—. Lo que os hice junto a… Azrael tiene razón, no tengo derecho a moverme entre vosotros como si nada hubiera pasado. No merezco que me tratéis como uno más, no lo soy… Vuestra sangre mancha mis manos.
—Nosotros decidimos si eres bienvenido aquí o no, no tú —le aclaró—. Así que, si hemos sido capaces de aceptar y perdonar tus errores, ya es hora de que tú hagas lo mismo. Todos los allí presentes sabemos que hay bajo tu manga izquierda —lo cogió del mentón y lo obligó a que lo mirara a la cara— ¿Y sabes qué? Que nos importa una mierda de grifo las gilipolleces que hiciste arrastrado por falsas promesas de grandeza y reconocimiento ¿Acaso crees que solo tú has hecho cosas de las que arrepentirte y sentirte avergonzado? ¿Que solo tú has hecho daño a otros, que solo tú tienes sangre en las manos? —Kove rio con amargura—. He estado en más guerras de las que me gustaría, he matado a los que ahora conviven conmigo en esta ciudad, he juzgado mal y ha costado vidas inocentes. Pero he aprendido a dejarlo atrás, a no regodearme en mis fracasos, a vivir y aceptar lo que otros me ofrecían para salvarme.
El nudo en la garganta de Snape se hizo aún más grande y prieto.
—Venga, volvamos.
—No puedo…
—¡Maldita sea! ¿Por qué? ¿Qué te angustia tanto?
—¡Porque son una familia feliz, joder! —le espetó al fin, y decirlo en voz alta no le hizo sentir mejor, ni menos estúpido o ridículo.
—¿Y?
—Que no pinto nada allí —respondió con frustrada obviedad.
Kove puso los ojos en blanco.
—¿Tanto pavor te da pertenecer a algo así? ¿No era uno de los motivos por los que unirse a los mortífagos? Sentir que eres parte de algo, dejar de estar solo ¿Por qué te aterra tanto ser feliz?
—Porque es solo una ilusión con fecha de caducidad —intentó mantenerse sereno, pero la desesperación se abrió camino en su voz—. Solo durará hasta que Elyon se gradúe y vuelva aquí, donde yo no la voy a poder seguir ¿Qué pasará entonces? Volveré a ser ese perro al que le dan la patada, volveré a ser un chucho vagabundo que mendiga un lugar en el que caerse muerto. Y no pienso volver a eso.
—Si no te implicas, no duele ¿Cierto? —Kove se cruzó de brazos mirándolo con una ceja alzada. Snape evitó su mirada—. Un poco tarde para no implicarte, lo sabes muy bien.
El elfo suspiró.
—Tu relación con los demás depende de ti mismo, no de ella —el chico siguió sin responder ni mirarlo—. Te estás comportando como un crío asustado e inmaduro. No puedes pasarte la vida rehuyendo a los demás escondiéndote bajo de la cama. No todos te ven como tú crees, menos aquí.
Vio a Kove desandar el camino. Una parte de él le gritó para que lo siguiera, para que disfrutara de lo que le estaban ofreciendo allí, pero otra, aún más fuerte, se lo impidió haciéndole recordar, entre otras cosas, el ataque al Callejón del Sauce.
El elfo entró en la casa con expresión de enfado. Elyon comprobó con preocupación que llegaba solo.
—¿Y Snape? —se acercó a su maestro, torciéndose el meñique hacia atrás, inquieta.
—Necesita estar a solas —fue la escueta respuesta que obtuvo.
La chica miró hacia la puerta de la casa con tristeza, no entendía qué había pasado, y por la respuesta de su maestro, lo mejor era dejar al chico en paz, muy a su pesar. Aquello no estaba yendo como ella esperaba.
…..✦…..
Estaba sentado en la cama con la espalda apoyada contra la pared, mirando al techo intentando dejar la mente en blanco. Menuda escena había montado en la comida. Se maldijo de nuevo por no haber podido mantener la compostura y tragarse todas esas emociones caóticas que escaparon a su control en apenas unos segundos.
Sonaron tres golpes contra la puerta.
—¿Te encuentras mejor? —Kove asomó tras ella.
—Sí —contestó aun con la vista fija en el techo—. Lo siento, solo ha sido un berrinche impropio de un Protector. He sido un idiota, no sé qué me ha pasado.
—Sí, un idiota por haber desperdiciado la oportunidad de comer un pastel de limón como pocos en la ciudad.
El chico se giró y lo miro frunciendo el ceño. No se esperaba un reproche así.
—Cálzate y ven. No pienso dejar que te quedes aquí encerrado el resto de tu estancia en la ciudad.
Snape se apresuró en hacerlo, el tono del elfo no dejaba lugar a réplicas o negativas. Su maestro era muy propenso a usar esa actitud autoritaria y malhumorada, que le funcionaba bastante bien contra él, en parte porque sabía que no se andaba con tonterías. Si se negaba a obedecer y salir su propio pie, lo veía muy capaz de sacarlo a rastras, y ya se había humillado suficiente por un día. "Una vez más te mueven como la marioneta que eres" le susurró una molesta voz burlona con reproche.
Kove lo llevó fuera de las murallas blancas, a la ciudad. A la luz del día las calles eran aún más bonitas. Los imtares paseaban con despreocupación, cantando o comiendo. La música resonaba entre los edificios de piedra, creando una cacofonía curiosa, una melodía entremezclada que sorprendentemente no resultaba desagradable. Nadie les prestaba atención, no más allá de algún saludo para Kove. Parecía que no se habían percatado de que Snape era humano, o puede que les diera igual, el chico no estaba del todo seguro. Su pelo suelto cubría sus orejas y el elfo le había prestado ropa para moverse por allí. Por suerte para él, de colores oscuros, aunque las botas altas le resultaban molestas, no entendía cómo la mayoría de imtares podían llevarlas a diario.
No le preguntó a su maestro a dónde iban, simplemente se limitó a seguirlo por las calles en silencio, mientras se entretenía con todo lo que se iban encontrando: los negocios y lo que ahí se ofertaba, la forma de comportarse de los habitantes que, al contrario de los magos, parecían preferir no abusar de la magia en sus quehaceres diarios, las criaturas como duendes o elfos domésticos que a veces se cruzaban en su camino…
Llegaron hasta una taberna bastante pequeña. Al entrar no encontraron jaleo. Más que una taberna parecía una tetería. En el ambiente flotaba el aroma de las plantas que Snape conocía muy bien, y que se solían usar para infusiones. Aquel era sin duda un lugar para relajarse, desde el aroma al mobiliario del lugar invitaban a ello. Al fondo había una librería enorme que ocupaba toda una pared, repleta de libros. Antes de que pudiera acercarse a averiguar qué contenían, Kove le cogió del hombro. Heon se levantó de improvisto de una de las mesas y se acercó a ellos. Entonces prácticamente todos los presentes se giraron hacia ellos. Miró a ambos hombres y supo que algo no iba bien, como si se hubiera encendido una luz roja de alarma. Miró un momento hacia la puerta que había tras él. Kove apretó aún más su hombro.
—¿Recuerdas que te he dicho que aquí no todos te ven como tú crees? —le dijo con calma—. Entre los elfos eres muy conocido, eres una especie de defensor enmascarado. El mortífago que se volvió contra los suyos en el Callejón del Sauce.
El aire se le escapó de los pulmones y sintió que se quedaba vacío. Aquello era una trampa, una encerrona aún peor que la que le preparó Elyon meses atrás para enseñarle a bailar.
Antes de que pudiera decir algo, Heon hizo un ademán a una joven para que se acercara. Habían pasado cerca de siete años, pero la reconoció en el acto. Ya no era una niña de catorce años que lloraba y forcejeaba con todas sus fuerzas contra un mortífago mientras este intentaba meterse entre sus piernas a la fuerza. Ahora era una chica que rondaba los veinte años, igual o más hermosa de lo que ya era la última vez que la vio, y lo miraba con aire analítico, mordiéndose el labio inferior, pensativa. Se detuvo a escasos centímetros de él. Era tan alta que casi podía mirarlo a los ojos sin alzar la cabeza. Snape tragó saliva, quería largarse de allí, no sabía qué intentaban Kove y Heon, y eso le aterraba.
La expresión de duda de la elfa fue sustituida por una sonrisa y sus ojos brillaron.
—Eres tú. Recuerdo esos ojos negros bajo la máscara —musitó, y sin mediar más palabras, lo abrazó con más fuerza de la que cabría esperar en alguien de su constitución—. Gracias, gracias, gracias —le dijo casi sollozando—. De no ser por ti… ese monstruo… gracias…
El corazón del mago parecía que iba a pararse en cualquier momento de lo rápido que empezó a latir mientras mantenía los ojos desmesuradamente abiertos por la sorpresa, sin ser capaz de fijar la vista en ningún sitio en particular. Por un segundo empezó a hiperventilar.
Hasta ellos se acercaron dos elfos adultos más, los padres de la chica, que también le dieron las gracias por haberla salvado. Estaba tan confuso y desbordado en ese momento que apenas se dio cuenta de que la chica lo había soltado y su lugar lo habían ocupado los padres de esta, que también los abrazaban con gratitud palmeándole la espalda.
Tras ellos se acercó un niño de diez u once años, cogido de la mano de su padre. Recordó esos ojos color miel, pero en un rostro mucho más pequeño y regordete, manchado de ceniza, lágrimas y la sangre de su madre. Su angustia creció aún más, oprimiéndole el pecho. El padre alargó una mano hacia él para estrechársela, pero era incapaz de moverse. Así que el elfo no dudó en cogerle el brazo y estrecharle el antebrazo con fuerza mientras que con su mano izquierda envolvía la derecha del joven.
—Salvaste a mi pequeño —le dijo con ojos brillantes—. Creo que no hay palabras para agradecértelo. De no ser por ti lo habría perdido todo. Estaré siempre en deuda contigo por lo que hiciste.
En ese momento el chiquillo lo abrazó. Sintió escozor en los ojos, y supo que eran las lágrimas que estaba conteniendo con toda la entereza que le quedaba, que por desgracia no era mucha.
—Pero su madre… —consiguió musitar sin que se le quebrara la voz—. Yo no… No merezco tu gratitud.
—Sí que la mereces. Te revelaste contra todo aquello frente a los tuyos, arriesgaste tu vida para salvar la de otros ese día —insistió el hombre.
Snape no opinaba lo mismo. Se había ofrecido voluntario para el ataque, no con la idea de masacrarlos, ese no había sido el plan inicial, pero sí con intención de destrozar todo lo posible y sin importar si alguien resultaba herido o muerto. Eso sin contar todas las veces que había ayudado a planificar asaltos y material como venenos, pociones incendiarias y todo lo que necesitara el Señor Tenebroso. No, no se merecía la gratitud de aquella gente. Que en aquel momento dijera basta e hiciera algo bueno y altruista no limpiaba su conciencia, ni borraba sus malos actos.
Kove vio la reacción del joven ante la situación y suspiró con comprensión. No lo estaba sabiendo gestionar, en sus ojos solo veía culpabilidad, una culpabilidad que lo despedazaba por dentro.
—Severus, tranquilo —le dijo poniéndole una mano en la espalda—. Si ellos son capaces de perdonarte, ellos que sufrieron las consecuencias de tus malas decisiones ¿Por qué no eres capaz de perdonarte a ti mismo?
Snape lo miró con ojos brillantes. No tenía una respuesta, simplemente no creía saber vivir ya sin esa culpa arañándolo siempre por dentro. Esa culpa era parte de sí mismo.
—Tienes que dejar cerrar esas heridas, dejar de tirar sal en ellas. Eres más que tus malas decisiones. Eres la fuerza y el valor que has tenido para desandar tus pasos y buscar el camino correcto, para levantarte después de cada golpe —Heon lo miró con una sonrisa calmada y afable—. Ya no eres la persona que fuiste entonces, igual que mañana no serás la misma que eres hoy.
El mago tragó saliva para intentar deshacer esa pelota en su garganta que apenas le dejaba respirar. No se creía capaz de algo así. Su único impulso seguía siendo huir de allí, volver a Hogwarts, a las mazmorras, a la oscuridad. Donde estaba solo y no podía ver ni escuchar lo que los demás opinaban de él, donde estaba tranquilo y en paz. Esa paz llena de remordimiento.
Heon lo obligó a acercarse al resto de los presentes y a sentarse entre ellos. Todos esos elfos le estaban agradecidos, de una manera u otra, por lo que él había hecho ese día. Y a medida que los escuchaba hablar sobre cómo aquel impulso que tuvo por hacer lo correcto les había brindado una segunda oportunidad en la vida, y cómo habían seguido con ellas, se sintió mejor. Poco a poco la ansiedad bajó de intensidad y una pequeña parte de él empezó a sentirse aliviada, una pequeña parte que, contra todo lo que le dictaba el sentido común, quería crecer y abarcarlo todo.
…..✦…..
Estaba sentada en la ancha baranda del pequeño balcón observando a la nada mientras esperaba que llegara su abuelo a la casa, acariciando a Kinaz que dormía enroscado en su regazo. La habían dejado quedarse sola allí porque la vivienda de Azrael estaba fuertemente protegida por conjuros y no necesitaba Protector mientras no saliera. Elyon había mostrado su desacuerdo con esa paranoia que tenían todos con ella mientras duraran las fiestas y que parecía agravarse con los días. Pero de nada había servido, y como Snape no había vuelto desde la comida, había quedado recluida allí. En parte no le importó, quería hablar con su abuelo.
Resopló al pensar en Snape. No sabía por qué de golpe se había levantado de la mesa a mitad de la comida y había salido prácticamente corriendo. Y después de esa reacción tan impropia del chico y el desconcierto en el que los dejó a todos, ni había vuelto ni Kove había explicado qué le pasaba. Tampoco la había dejado ir a hablar con él, así que tenía más que claro que debía conseguir librarlo del baile de las Hogueras.
Se estaba planteando irse a la habitación y echarse una siesta después de la paliza que le había supuesto de la Evaluación cuando la puerta se abrió. Azrael entró con expresión cansada y los hombros caídos, y se quitó las botas. Inspiró aliviado cuando sus pies descalzos tocaron el suelo de madera.
—¿Ya has terminado con las reuniones? —la joven se acercó hasta él para darle la bienvenida.
—Sí, hasta que se terminen las celebraciones —se desperezó con un quejido, el gesto hizo que pareciera aún más alto—. Solo por eso me encantaría que no terminaran nunca.
—Que no te oigan los más jóvenes o harán presión para que sea una realidad —resopló Elyon.
El hombre soltó una sonora carcajada, luego se la quedó mirando con nostalgia.
—Tienes exactamente la misma cara de felicidad que tenía tu padre cuando se salía con la suya —se sentó en el sofá y palmeó el cojín de su lado para que tomara asiento—. Quiero que sepas que me siento muy dolido por cómo me has usado y cómo me has estado manipulando para conseguir recuperar a tu antiguo Protector.
Elyon lo miró con seriedad y temerosa, sentándose junto a él.
—Por otra parte, me siento orgulloso de tus dotes de manipulación, te serán útiles en el Consejo —ladeo una sonrisa—. La política es terreno pantanoso.
—No quiero que pienses que no me ha importado intrigar a tus espaldas —musitó ella sin atreverse a mirarlo a la cara—. Me he sentido muy culpable, aunque es verdad que con todo el enfado se me hizo más llevadero —suspiró—. Tampoco es que quisiera estar enfadada contigo, pero…
—Supongo que todo eso ha quedado atrás. El humano ha recuperado el puesto. Así que espero que nosotros ahora tengamos la buena relación que supuestamente teníamos.
—Snape ha recuperado el puesto por sus propios méritos, no lo digas como si le hubiera sido fácil —le reprendió—. Se ha esforzado muchísimo, incluso ha dejado su orgullo a un lado. Y si no estoy mal informada, hasta Rasmu lo apoyó, y tengo entendido que detesta a los humanos.
—No, no los tiene en muy alta estima… —corroboró—. Solo espero que no os hayáis equivocado con él.
Elyon le sonrió con cariño y le acarició la mejilla, dándole a entender que todo iría bien y que dejara de darle vueltas al asunto, la decisión ya estaba tomada.
—Tengo una propuesta para ti —le dijo nerviosa.
—¿Otra? —Azrael alzó una ceja con desconfianza.
—Kove me dijo que tendría que bailar con mi Protector la Noche de las Hogueras porque tú hacía mucho que no participabas ¿Hay algo que pueda hacer para que cambies de parecer?
Su abuelo se la quedó mirando.
—¿Quieres que baile contigo? —se aseguró de que la había entendido bien.
—Se supone que han de iniciar las celebraciones las Grandes Familias, y solo quedamos nosotros dos. Sería lo lógico que lo hiciéramos juntos, ¿no? No yo con mi Protector, o con Nuth, o Feriel, o cualquier otro —se encogió de hombros con inocencia.
Su abuelo sonrió ampliamente y la abrazó con fuerza.
—Estaré encantado de iniciar la Noche contigo.
La semielfa sonrió con autosuficiencia. Un problema menos, y estaba segura de que Snape se lo agradecería.
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Feriel fue a recogerla cuando terminó su jornada ese día. A Nuth le tocaba patrullar las calles y Snape seguía sin aparecer. Empezaba a estar preocupada. Ya no solo por lo que fuera que le pasara al mago, sino porque su abuelo seguía teniendo muchas reservas con que hubiera recuperado el puesto de Protector, si encima no aparecía para cumplir con sus responsabilidades, era muy capaz de destituirlo de nuevo sin pestañear. Y si eso ocurría no habría otra oportunidad.
Iyala les permitió ir a ambos hasta la ciudad solo porque sabía que Feriel era tan capaz de salvaguardarla como Nuth. El joven no era parte de la Guardia simplemente porque prefería estar apartado del ambiente excesivamente disciplinado y la tensión constante a que algo pudiera suceder. Aun así, su tía le dio una daga a Elyon.
La empuñadura era de madera oscura y tenía en la guarda grabados de hojas y estrellas, y un anillo dorado incrustado como adorno. La hoja era prácticamente recta y en ella también había grabados de hojas y pequeñas estrellas. Su funda de piel teñida de verde también estaba cuidadosamente grabada con dibujos a conjunto. En conjunto era un arma muy bonita.
—Pero, tía —remugó, no se sentía cómoda llevando un arma con ella.
—Quiero que a partir de ahora la lleves siempre encima. Estés aquí o en el colegio.
—Pero… Hogwarts es seguro, y con el uniforme no llevo botas altas, como no la lleve en la bolsa… Cosa que no me hace gracia por si algún compañero la encuentra.
—En la bolsa no, encima y oculto. Da igual si es en una bota, bajo el jersey o en la manga de la túnica.
—Iyala… Creo que exageras, la vas a terminar asustando —interrumpió Feriel.
—El miedo nos mantiene alerta y con vida. Y no, no estoy exagerando. No se la he dado antes porque no estaba segura de si la usaría bien, pero tras la Evaluación me ha quedado claro que sí —le puso la daga enfundada en las manos—. Elyon, por favor, sé lo que digo. Era de tu padre, siempre la llevó encima, incluso la noche en la que falleció —la miró con ojos tristes—. Tienes que comprender que ningún lugar es del todo seguro, nunca, para ti. Si tienen que emboscarte que sea con un as bajo la manga. Porque créeme, cuando ataquen lo harán cuando creas que estás a salvo, cuando estés desarmada y vulnerable.
Elyon apretó los labios sujetando la funda entre sus manos, con los ojos llorosos. Nunca había visto a su padre armado en casa, o al menos no lo recordaba. Aunque había momentos, cuando estaba nervioso, que tenía la manía de llevarse una mano a la parte de atrás del pantalón, a la pernera o la manga izquierda si llevaba jerséis anchos. Ahora comprendía el motivo: comprobar que la daga estuviera a su alcance.
—De acuerdo —asintió al fin, metiéndose el arma dentro de la bota.
Iyala sonrió y le besó la frente.
—Id con cuidado y pasarlo bien. Evitad los lugares con mucha gente o desiertos.
Feriel asintió.
Caminar con aquello dentro de la bota era muy incómodo, estaba segura de que le acabaría haciendo una rozadura o algo parecido. En fin, ya se acostumbraría.
Tal como les había pedido Iyala, evitaron las calles más concurridas y las más desiertas, paseando entre los pequeños puestos de algunos comerciantes que había a lo largo de las calles para vender mejor sus artículos esos días.
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Heon agradeció a los presentes el haber venido y contar sus experiencias respecto a la tragedia del Callejón del Sauce. Todos dijeron que estaban más que encantados de haber podido dar las gracias en persona a aquel que les ayudó ese día aciago. Para proteger la identidad del chico el Consejo había hecho correr la voz de que había muerto durante la guerra, así que creyeron que les sería imposible volverlo a ver.
Snape respiró aliviado al salir del ambiente cargado del local, y disfrutó de la caricia del aire fresco de la tarde que corría por la ciudad.
—Kove, ¿me lo puedo quedar un poco más? —Heon miró al elfo mientras le ponía una mano en el hombro al chico.
—No os demoréis. Es su primer día como Protector, y estoy seguro de que Elyon está por la ciudad. Si él no es su sombra el resto de las fiestas Azrael lo echará de aquí de inmediato.
—A Elyon no le va a hacer ninguna gracia tener a alguien pegado a sus talones todo el día —comentó el mago.
—No lo pongo en duda. Pero si ese alguien eres tú, le molestará muchísimo menos —lo miró de forma significativa, haciendo que el joven cambiara el peso de un pie a otro, incómodo—. Siempre y cuando mantengas a raya tus comentarios sarcásticos y tu ácido sentido del humor.
—Qué pena —suspiró Heon— ¿No era ese precisamente su encanto personal?
Snape enarcó una ceja mirándolo con recelo, lo había dicho como si lo conociera de toda la vida. El hombre le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera. Caminaron en silencio unas cuantas calles, parecía que Heon no tuviera realmente un lugar concreto al que ir.
—Lamento la encerrona —le dijo—. Pero Kove y yo estábamos de acuerdo en que te vendría bien. Se te ve completamente fuera de lugar aquí, y no porque seas humano o no hayas pisado nunca la ciudad. Cargas a la espalda con demasiada culpa, más de la que te corresponde. Casi diría que crees que cargas con la del mundo entero —bromeó, aunque Snape no le vio la gracia—. Como ves, los elfos sabemos perdonar, puede que los magos no tanto. Pero te aseguro que aquí estás a salvo de los demás y de ti mismo.
—Claro —replicó con sarcasmo—. Por eso Azrael se alegra tanto de verme junto a su nieta.
Heon chasqueó la lengua.
—Azrael también tiene muchas heridas que cerrar aún, y mucha culpa a cuestas. Su única manera de mantenerse a flote es Elyon, y necesita mantenerse a flote. Si él se hunde nos arrastrará con él, a todos sin excepción, y sabe que no puede permitirlo —suspiró con pensar—. Ambos os parecéis más de lo que creéis. La diferencia es que él no esconde que su nieta es su motivación para seguir.
Snape se paró en seco en medio del puente de piedra que estaba cruzando y lo miró con las cejas alzadas, antes de fruncir el ceño fingiendo que no entendía lo que el hombre le decía.
—No me mires con esa cara, Severus —se apoyó de espaldas en el murete de piedra del puente, recostándose en los codos—. De todos lo que te rodean soy el que más te conoce.
El chico resopló en un amago de risa escéptica.
—Discrepo.
—¿Recuerdas que estuve en tu mente? —lo miró enarcando una ceja, el mago palideció—. Lo he visto todo hasta ese momento, desde tus primeros pasos de niño a esa relación de conveniencia que tienes…
—Tenía —aclaró él irritado, aunque realmente ni siquiera sabía por qué le estaba dando más detalles sobre su vida privada.
—Tenías con tu compañera de trabajo —continuó el elfo, corrigiéndose—. He visto tus caídas en desgracia, tus miedos, tus pérdidas, tu ira y tu valor. He escuchado tus llantos, tus dudas y tus anhelos.
Un silencio tenso se instaló entre ellos, que seguían manteniendo distancia entre ambos. Su pulso se aceleró, se sentía desnudo, expuesto, indefenso. No había caído en la cuenta de que ese hombre había estado en su mente, y por lo visto había hurgado a conciencia con una velocidad asombrosa y sin que él fuera consciente de hasta qué punto había sido capaz de ver lo que él creía que tenía bajo llave. Heon tenía en su mano todas las bazas que quisiera para hundirlo, para destrozarlo, sin embargo…
—¿Sabes por qué soy tan buen rastreador? —le dijo con despreocupación—. Porque soy legeremante, como Elyon. Para ser rastreador hay que ser legeremante. Llevo desde muy pequeño desarrollando mis habilidades innatas. Por eso no solo sé leer mentes a una velocidad y profundidad que ni siquiera eres capaz de imaginar, también se me da muy bien el lenguaje corporal y las microexpresiones, leer todo lo que en principio no está a la vista —lo observó con calma de pies a cabeza—. Por eso sé que ahora quieres huir y al mismo tiempo no te atreves, por no perder tu dignidad y orgullo, eso a lo que te aferras intentando demostrarte que lo que digan de ti no importa. Y que por mucho que corras, lo que sientes por Elyon no va a desaparecer. Y eso te está volviendo loco, porque estar con ella supone estar cerca de nosotros, de tus malos recuerdos.
El chico seguía parado en medio del puente, con el corazón palpitando tan fuerte en su pecho que se sentía temblar con cada latido frenético.
—Le prometí a Liz que si algo le pasaba a él y a Ania, cuidaría de ella —se giró para mirar el ritmo del río que había bajo ellos—. Siempre ha sido como mi hija, mi pequeña gamberra, mi niña. Daría la vida por ella tanto como por la de Iyala y Nuth. No pienso permitir que le pase nada.
—¿Y sin embargo me apruebas como su Protector? —Snape no daba crédito.
—A pesar de todo ese veneno que llevas dentro y que repartes sin miramientos a la mínima oportunidad, sé que eres una buena persona. Una persona que lleva muy perdida desde hace tanto que ya ni recuerda cuál era el camino, pero que está dispuesto a volver a él si le dicen dónde está. No solo dispuesto, lo está deseando.
Snape apretó los puños y la mandíbula, no podía entender esa tranquilidad de espíritu, esa bondad sincera hacia él sin pedir nada a cambio. No la merecía.
—Le habrías caído bien a Liz, salvo en lo de estar enamorado de su hija. Recuerdo que una vez bromeó con que llegado el momento castraría a todo aquel que la mirara más de la cuenta —rio para si—. Y aunque es verdad que la tratas con una cortesía y autocontrol digno de admiración teniendo en cuenta como eres, tus sentimientos siguen ahí y son preocupantemente tóxicos ahora mismo. No puedes seguir eternamente anclado en el pasado, dejándote llevar por las emociones negativas que te hierven por dentro hasta hacerte creer que explotarás. Porque lo harás, y te harás daño a ti mismo y a los que quieres. Sé muy bien de lo que hablo —golpeó la baranda de piedra para indicarle que se pusiera a su lado, y el chico lo hizo con recelo—. A ti te está carcomiendo la culpa, y a mi casi me destroza la venganza.
Suspiro profundamente.
—Tenía un hermanastro pequeño, Cassius, bastante más joven que yo, fruto de un segundo matrimonio tras la muerte de mi madre. Era un chico estupendo… aún no sabía qué hacer con su vida, solo tenía claro que no quería estar en la Guardia, no quería aguantarme a mí y mis sermones a diario el resto de su vida —rio con nostalgia—. Le gustaba una chica. La dependienta de la droguería del Callejón del Sauce, creo que se llamaba Sindra —Snape sintió un escalofrío, ya sabía cómo terminaba la historia—. Bueno, no le gustaba, estaba enamorado hasta el tuétano, así que iba allí prácticamente a diario con cualquier excusa estúpida, con dolencias inventadas para que Sindra lo atendiera, hasta que finalmente consiguió una cita —Heon se humedeció los labios—. La mala suerte quiso que estuviera allí el día del ataque. Cuando la Guardia llegó, cuando llegamos… Fuimos rápidos tras el aviso y aun así llegamos muy tarde, todo había terminado. Solo pudimos atrapar a un puñado de mortífagos, los que aún se regodeaban en lo que habían hecho. Y se lo hicimos pagar… vaya que si se lo hicimos pagar, durante varios días —el elfo apretó los puños—. Y créeme que no me arrepiento un ápice de lo que les hicimos hasta que no pudieron soportarlo más. Los elfos también sabemos ser crueles si es necesario o si nos hacen daño. Y nos hicieron muchísimo daño ese día.
Snape lo miró de reojo, en esos momentos no parecía el mismo hombre. Su rostro era sombrío, sus ojos habían perdido todo brillo de alegría. De golpe parecía un adulto curtido con muchos recuerdos desagradables guardados. Había odio en su mirada, muchísimo odio.
—Sabía que Cassius había ido allí esa mañana y lo busqué entre los escombros y los muertos. Por un segundo pensé que tal vez había podido huir, refugiarse o simplemente se había ido antes de todo aquello… Pero la realidad me golpeó en la cara cuando lo encontré —inspiró con fuerza, infundiéndose valor—. Estaba empalado en el marco de una puerta. Algún mortífago desgraciado lo había matado y dejado ahí, a la vista de todos, como regodeándose en lo que había hecho, con Sindra casi a sus pies.
El corazón de Snape se paró y perdió todo el color del rostro. Sintió sus pulmones vacíos y ni siquiera intentó llenarlos de nuevo. Estaba petrificado, aterrado. Recordaba a ambos jóvenes, esos rostros que lo perseguían pesadilla tras pesadilla. Lentamente se giró hacia Heon, que lo miraba sin atisbo de emoción en el rostro, nada salvo ese odio que ardía en su mirada con fuerza. Muy lentamente el mago llevó la mano a su costado, hacia donde tenía guardada la varita, aunque sabía que contra él de nada serviría.
—En ese momento juré que encontraría al cabrón que lo mató de esa manera, y que lo mataría de la forma más horrible, lenta y cruel que pudiera idear. Y créeme que he tenido mucho tiempo para pensarlo —su voz se había llenado poco a poco de un rencor que hervía—. Y cuál fue mi sorpresa cuando encontré al culpable de casualidad, en Hogwarts, cuidando de mi pequeña —ahogó una risa que no sonó para nada agradable—. No hace falta que busques tu varita, de haber querido, te habría matado ese día en el examen en busca del Gusano. Te habría provocado un ictus y ni te hubieras dado cuenta de que habías muerto. Le habría echado la culpa al Gusano, un triste accidente aunque hubiera perdido la oportunidad de vengarme como realmente quería.
Pero decidí que antes de acabar contigo, tenía que ver exactamente qué pasó, tenía que, para mi tortura personal, revivir aquello al detalle. Y eso te salvó la vida —su rostro se suavizó casi en el acto—. Vi como ambos se lanzaban contra ti tras salvar a ese niño, y cómo morían mientras tú intentabas simplemente quitártelos de encima. Incluso les ahorraste todo el sufrimiento posible. La arena de su reloj tocaba a su fin ese día. Llámalo mala suerte o destino, ellos dos tenían que perecer allí juntos. Luego vi lo que hiciste por la joven que intentaban violar, y de allí revisé todos tus pasos en el Callejón. Tú eras el mortífago que se volvió contra los suyos, aquel que habían dicho que murió tras su traición —una débil sonrisa se dibujó en su rostro—. Seguí indagando en tu vida y me di cuenta de que todo ese odio que tenía guardado, y que durante años me fue convirtiendo poco a poco en la peor versión de mí mismo, lo había estado enfocando en la persona equivocada.
Snape seguía con la mano cerca de la varita y esta temblaba aún por la adrenalina que corría con rapidez por sus venas.
—En ese momento supe que los culpables fueron los que se dedicaron a buscar corazones frágiles que poder envenenar, corromper y moldear a su antojo. Almas buenas que transformaron en monstruos sin que estos se dieran cuenta.
El joven lo miró sin comprender nada.
—Sabías lo que hice y me… ¿Me perdonaste? ¿Por qué?
—Porque toda esa rabia que había estado guardando casi hace que mate a otra víctima de esa guerra. Me habría convertido en lo que más odio. Ese día, salió de tu habitación un hombre nuevo. A su manera podría decirse que también me salvaste de mí mismo, y por primera vez desde hace mucho me sentí en paz. Solté de golpe toda esa carga y no miré atrás —le puso una mano en el hombro haciendo que diera un brinco—. Deberías probarlo tú también.
Le palmeó el hombro con fuerza y comenzó a desandar el camino.
—Volvamos al palacio. Kove tiene razón, si no estás pegado a los talones de Elyon, Azrael te destituirá en un santiamén. Pero necesitaba contarte esto a solas.
El mago finalmente alejó la mano de la varita. Lo que el elfo había hecho con toda facilidad a él se le hacía un mundo, por más que lo hubiera intentado no había conseguido dejar la culpa atrás. Y ya no sabía si era porque no podía o porque no quería. Porque suponía perder una parte de sí mismo, una que odiaba, pero que al mismo tiempo le hacía ser él, le hacía recordar a dónde quería ir y no volver a tropezar con las mismas piedras traicioneras. Pero a Heon se le veía tan bien, tan en paz a pesar de no haber olvidado… Quizá se trataba de eso, del equilibrio entre el recuerdo que te guía y la culpa que te bloquea.
…..✦…..
Volvían al palacio esquivando borrachos, ya se empezaban a notar los días que llevaban muchos bebiendo y pasando la jornada en la taberna cantando y bailando. Aún faltaban casi cuatro días para la Noche de las Hogueras, y Elyon dudaba que aquella gente, a ese ritmo, pudiera aguantar festejando hasta entonces. Lo más sorprendente era que la ciudad no se había parado, los imtares seguían yendo a trabajar. O tenían pociones muy buenas contra la resaca, o esos días importaba bien poco cómo podían atender en los negocios.
Entre el gentío vio dos rostros conocidos y se apresuró en ir hasta ellos con Feriel siguiéndola de cerca.
—¿Te encuentras mejor? —le preguntó al chico nada más llegar hasta él.
Snape la miró confuso, no la había visto venir entre la gente, simplemente había aparecido frente a él de golpe con una cálida sonrisa de preocupación en el rostro.
—Sí… algo mejor. Siento haberme ido de golpe —se limitó a contestar.
—¿Iyala te ha dejado salir sola? —Heon frunció el ceño.
—Feriel está conmigo —puntualizó la joven.
—Ya, no te lo tomes a mal —miró al chico, que negó con la cabeza para quitarle importancia—. No es de la Guardia.
—Lo sabemos, pero tú no estabas, mi abuelo ha tenido que salir, la tía Iyala tampoco podía, Nuth tiene turno y Snape tampoco aparecía. Y no soportaba más estar encerrada en casa. Además —se agachó y sacó de su bota la daga de su padre—, la tía Iyala me ha dado esto.
Heon frunció los labios con desaprobación.
—Eso está muy bien, pero es para casos de emergencia —aclaró—. Así que no vuelvas a salir de casa si no es con Severus, Kove, Nuth, tú tía, tu abuelo o yo ¿De acuerdo?
—Vale —remugó poniendo los ojos en blanco—. Antes no erais tan paranoicos.
—¿Acaso aún no te has dado cuenta de la cantidad de gente que hay aquí? Casi todos borrachos además, no se dan cuenta de nada. Los sublevados no llevan la estrella tatuada en la frente, no los vas a reconocer entre la multitud. Así que acata y se acabó, o terminarás encadenada a alguno de nosotros —la cortó Snape.
Todos se quedaron en silencio mirándolo.
—Pues sí que estás mejor… —la joven lo miró con desagrado, su bordería era algo que nunca echaba de menos.
Feriel los dejó allí y los tres siguieron camino al palacio.
—Lo tuyo es habilidad natural para controlar adolescentes —le dijo Heon conteniendo la risa—. Nos irías bien por aquí para meter en vereda a unos cuantos.
—Con los que tengo en Hogwarts estoy más que servido —se limitó a suspirar con hastío.
Justo antes de entrar en la casa de Azrael el elfo retuvo al mago unos segundos.
—Sé que lo que sientes por ella es sincero —le susurró mirándolo a los ojos con seriedad—. Pero quiero que sepas que nosotros no somos como los humanos. Cuando entregamos nuestro corazón a otra persona, lo hacemos para toda la vida. Es raro que volvamos a emparejarnos de nuevo si las cosas no salen bien.
—¿De verdad solo estáis con una persona toda la vida? —al chico le costaba creer eso.
—Hay una gran diferencia entre tontear y salir con alguien, y entregarte por completo a otra persona. Lo sabes por experiencia propia.
El mago suspiró con cansancio.
—Igualmente lo dices como si ella…
Heon le puso un dedo en el pecho.
—Solo te digo que pase lo que pase, no le hagas daño —le advirtió—. Porque si le rompes el corazón no habrá lugar en la Tierra donde te puedas esconder de mí ¿Está claro?
Snape asintió tragando saliva.
—También te aconsejaría que estuvieras muy al tanto de cómo la tratas y la miras en presencia de Azrael. Si se entera será un desastre. Y ándate con ojo con Rasmu, es mucho más observador. Azrael no verá lo que no quiere ver, pero dejará de estar ciego si se lo señalan, y no te conviene seguir poniéndotelo en contra, no por el momento.
En ese momento Elyon volvió y se topó con el semblante serio de ambos, que aún se miraban a los ojos.
—¿Pasa algo? ¿Por qué no entráis?
—Le estaba advirtiendo con que como deje que te emborrachen antes del domingo se las verá conmigo —la miró estricto.
—¿Quién iba a querer emborracharme? —ella alzó una ceja, descolocada.
—Tu primo, sus amigos, los otros jóvenes de la ciudad, yo mismo… Y técnicamente no eres mayor de edad hasta el sábado a las once y media de la noche —luego volvió a mirar a Snape y lo señaló con el dedo—. Así que dada mi posible implicación en esto, te haces cargo de que nadie la enrede para beber alcohol hasta ese momento.
El chico asintió de nuevo. Aquel elfo lo desconcertaba. Al principio había creído que era una persona simple y transparente, pero estaba comprobando cuán equivocado estaba. Heon dejaba ver lo que él quería en cada momento, incluso entre los suyos. Bajo esa fachada de padre dedicado, amable pero gamberro, y soldado responsable, había muchísimo más. Se alegró de nuevo de que aquel hombre estuviera de su parte, como Kove.
Sabían que Azrael no se tomaría a bien que Snape estuviera en su propia casa, así que fueron a la de Heon tras dejarle una nota a su abuelo en la que le decían dónde podía encontrar a Elyon, y le invitaban a cenar. Para sorpresa del mago, le había guardado un trozo de pastel de limón y pudo corroborar que pocas veces había degustado un postre tan bueno como aquel. Hasta antes de que la llegada de Azrael, Snape estuvo en la casa hablando sobre todo con Iyala. Era una mujer muy inteligente a la par que atractiva, y le estuvo explicando protocolos a seguir ahora que volvía a ser Protector y estaba en Imtar.
Tras la cena Nuth propuso ir a la taberna de Fingaerel a tomar algo junto a su grupo de amigos. Los adultos accedieron con la condición de que Snape los acompañara. Al joven no le hizo ninguna gracia por si les cortaba el rollo, el mago era muy seco y hosco, sin contar con esa expresión de cabreo que parecía llevar incrustada en la cara. Pero a Elyon le pareció fantástica la idea de llevárselo para que conociera la vida nocturna de la ciudad.
El mago miró a los integrantes del grupo que habían ocupado la mesa y que hablaban entre ellos ignorándolo por completo. No se sentía ofendido, él no había abierto la boca en ningún momento ni había mostrado intención alguna de participar en la conversación ¿Qué se suponía que iba a decir? Estaban discutiendo algo sobre ser el más rápido a la mañana siguiente trepando para hacerse con la corona ¿Corona? Sí, juraría que habían dicho corona, pero no estaba seguro de saber a qué tipo de corona se referían.
Frente a él y Elyon dejaron dos jarras enormes llenas hasta el borde de un líquido oscuro.
—Venga, que os veo muy pasivos a ambos —les dijo Feriel tomando asiento.
Antes de que la joven pudiera coger su jarra, Snape la aparto bruscamente de ella.
—Nada de alcohol hasta que seas mayor de edad. Tu tío lo ha dejado bien claro —le dijo con seriedad.
El grupo lo miro atónito, más porque finalmente hablara, en élfico además, que por lo que había dicho.
—No llevan alcohol, ninguna de las dos —aclaró Feriel dándole un trago a su jarra—. Tú estás de guardia y tienes que estar atento. Ella es menor y también tiene que estar atenta. No le vamos a dejar tocar el alcohol hasta que vuelva a Imtar fuera de fiestas.
Snape alzo una ceja sin saber si fiarse o no del chico, tenía pinta de ser bastante liante.
—Joder, qué desconfiado eres —rio el elfo—. No me extraña que te hayan dado el puesto ¡Venga! Que se supone que hemos venido a celebrar que Elyon ha aprobado su Evaluación, que su nuevo Protector no es un carca y que la palmadita en el culo de Nuth va a quedar grabada en la memoria colectiva de Imtar durante mucho tiempo.
El grupo rio alzando sus jarras.
—Cómo te odio ahora mismo —gruñó el aludido.
—Mentiroso —se mofó Feriel dándole otro trago a su jarra, y al dejarla de nuevo en la mesa le guiñó un ojo a Snape y asintió con la cabeza.
El mago se llevó la jarra a los labios. Hizo una mueca. No se esperaba algo tan dulce, sabía mucho a cereza con miel. Pero no llevaba alcohol tal y como el chico les había asegurado. Al ver que el mago no protestaba Elyon bebió de su jarra, se relamió con una sonrisa, estaba buenísima. Poco a poco el grupo fue arrancándole palabras a Snape, hasta que más o menos empezó a conversar con ellos sin usar monosílabos. La semielfa miró la escena con una sonrisa relajada, apoyando su mejilla en la palma de la mano. Estaban riéndose del acento nasal que tenía Snape hablando en élfico, y de sus propios acentos mientras intentaban hablar en inglés, con unos resultados bastante espantosos y cómicos.
Cuando hubieron bebido lo suficiente y el ambiente de la taberna estuvo más animado, se levantaron a bailar. El mago intentó por todos los medios quedarse en su silla, excusándose en que tenía que guardar la mesa y vigilar las jarras para que nadie las adulterara, una posibilidad real a tener en cuenta. Finalmente cedió ante la exasperante insistencia de Elyon, que no hacía más que repetir que era una buena oportunidad para practicar antes de la Noche de las Hogueras.
Snape no tardó en comprobar que aquello no se parecía en nada a las lecciones de las mazmorras. En cuanto se despistó lo metieron en medio del baile grupal, por lo que comenzaron a desfilar frente a él diferentes elfas a las que no conocía de nada y a las que era incapaz de seguir el ritmo. Elyon corrió en su ayuda cuando vio que empezaba a estar realmente agobiado, y lo sacó del barullo.
—Tu prima tiene un gusto peculiar —comentó Feriel sentado de nuevo en la mesa.
—¿En qué? —Nuth lo miró con curiosidad.
—En chicos —aclaró su novio como si el tema de conversación fuera obvio.
—Ni idea, nunca hemos hablado de ello —el joven se encogió de hombros, bebiendo de su jarra—. Aunque creo que tiene un pretendiente rondándola.
Feriel resopló divertido por lo ciego que podía estar Nuth.
—Mírala bien —le dijo señalando con la cabeza a la zona de baile.
Estaba bailando con su Protector, mientras le corregía algunos pasos.
—¿Alguna vez la has visto así de sonriente y radiante?
Nuth observó su sonrisa de oreja a oreja, su mirada alegre y el ligero rubor en sus mejillas.
—Pues… creo que cuando le regalaron su primer arco a los tres años —respondió.
—O sea, que no —Feriel lo miró de forma significativa.
Nuth volvió a mirar a su prima. En cómo mirada con casi veneración al chico que estaba frente a ella, mientras se mordía ligeramente el labio antes de romper a reír. Y entonces comprendió de lo que estaba hablando su novio.
—¡No! ¿En serio…? ¿Él? —arrugó la nariz con desagrado—. Pero si ni siquiera es guapo.
Feriel hizo una mueca evaluando al mago.
—No es mi tipo. Muy delgaducho, le falta altura y demasiado pálido. Pero… puede llegar a resultar mono, supongo, cuando relaja la expresión de mala leche —se encogió de hombros.
—Y una mierda —lo cortó Nuth conteniendo una carcajada—. Es tirando a feo, más aún con esa mueca de cabreo que lleva siempre en la cara. No puede estar colgada de él.
—¿Y a ti qué más te da cómo sea? ¿Acaso piensas sustituirme pronto? Estamos hablando de sus gustos, no de los tuyos. Supongo que algo verá en él ¿No recuerdas la Evaluación? Ahí había mucha complicidad.
—Habiendo chicos a su alrededor mucho más guapos y se decanta por él… —Nuth no lo comprendía—. No sé qué tiene su familia con los humanos.
—No todo tiene que ver con el físico. Como carta de presentación está bien, pero si todo es carcasa vacía, o peor, esconde a un monstruo ¿De qué te sirve? —su novio lo miró con una sonrisa resignada.
Nuth puso los ojos en blanco, como cada vez que Feriel empezaba con sus monsergas filosóficas y profundas. Siguió observando a la pareja. Cómo interactuaban entre ellos, cómo se miraban. Y estalló en carcajadas.
—¿Qué pasa? —el elfo miró a su novio y luego a la zona de baile, buscando el chiste.
—Que Elyon está colada por Severus, pero… ¿Lo has visto a él? —ahora fue su pareja quien rio por lo bajo—. Por todos los astros, no sé cuál de los dos está más pillado. Y pongo la mano en el fuego sin miedo a quemarme de que no se dan ni cuenta de lo que piensa el uno del otro.
—Son una monada —sonrió Feriel embobado— ¿Y si…?
—Rotundamente no —Nuth borró su mueca burlona— ¿Sabes lo que pasaría si alguien se entera de esto? No te metas, ni de broma. Azrael se pondrá hecho una furia. Y ella volverá aquí cuando termine Hogwarts, me lo ha dicho. Así que es mejor que todo quede en un encaprichamiento pasajero. No quiero que le hagan más daño, ya ha sufrido suficiente.
Feriel asintió de mala gana levantando las palmas, dando a entender que se mantendría al margen. Pero se veía tanta complicidad y ganas entre ambos, que le daba pena que quedara en nada, cuando un simple empujón bastaría para abrirles los ojos a ambos.
…..✦…..
Por la mañana, durante el desayuno, consiguió convencer a su abuelo para que Snape les escoltara por la ciudad, a pesar de que él la iba a acompañar junto con Nuth y Feriel. Puso como excusa que el chico debía aprender a desenvolverse allí con naturalidad y que se suponía que, si era su Protector, debía acompañarla en situaciones como aquella fuera o no con más gente capacitada para protegerla, y que cuanta más gente de fiar estuviera a su alrededor, mejor.
Kove le había prestado una capa marrón oscuro, con la que poder disimular que iba armado. Como Protector necesitaba algo más que una varita, así que ahora no solo debía acostumbrarse a llevar la ropa élfica, sino también a cargar con la pesada espada, que ahora era suya, a la cadera.
La situación era bastante tensa entre Azrael y Snape, así que el mago optó por ir en la retaguardia, a unos pasos de distancia. No le pareció mala idea hasta que empezaron a pararle los ciudadanos para estrecharle la mano y darle las gracias por lo que hizo en el Callejón del Sauce años atrás. Se había corrido la voz con rapidez de que el Protector de Elyon era el famoso mortífago renegado.
Sintió que se le volvía a formar una pelota en la garganta por culpa de esa gratitud desmesurada de la que no se sentía merecedor. Elyon tuvo que rescatarlo de los imtares varias veces, que intentaban hablar con el chico aunque este simplemente se quedara estático sin saber qué decir, más pálido de lo habitual y la mirada propia de un cervatillo asustado.
Heon le había contado lo de la reunión con los supervivientes del ataque al Callejón y cómo se lo había tomado el mago. La semielfa pensaba que tras el transcurso del día anterior y la noche en la taberna estaría más calmado respecto a aquello, pero era obvio que no. No necesitaba leerle la mente para ver sus niveles de ansiedad y culpa, que estaban casi fuera de control. Así que decidió caminar junto a él, cogiéndole del brazo y hablándole de nada en particular para distraerlo y al mismo tiempo disuadir a la mayoría de los imtares de pararlo, y si lo hacían, al menos podía sacarlo con rapidez del atolladero.
Llegaron a una de las plazas de la ciudad en cuyo centro habían colocado en vertical el tronco de un árbol enorme, de entre veinte y veinticinco metros de altura. Le habían cortado casi todas las ramas a ras de tronco y quitado la corteza. El diámetro era considerable, en el bosque los había más gruesos, pero desde luego no lo podía abrazar por completo una sola persona. En la copa había colocado algo que parecía una corona de hojas y plumas muy llamativas.
—¿De esto hablabais ayer noche? —Elyon miró a Nuth.
El chico asintió. Alrededor del árbol talado, que más tarde se usaría para las hogueras, se concentraba un gran número de elfos, la mayoría jóvenes. Feriel se había unido a ellos, y además distinguió a Yaria, Othran, Vatar, Aruh, Ejkel y Fairloth.
—¿Y en qué se supone que consiste esto? —preguntó la chica.
—En ser el primero en llegar a la copa y hacerse con la corona. Hay que trepar a base de mañana, fuerza y resistencia. Sin nada de magia.
—¡Pero si es altísimo!
—Sí, aunque el premio bien vale el esfuerzo, los arañazos y las astillas —Nuth dibujó una sonrisa desafiante.
—¿Una corona de hojas vale todo eso? —comentó Snape escéptico.
—No la corona ¡Lo que supone la corona! Te convierte en el Rey de las Fiestas. Comida y bebida gratis hasta que terminen las celebraciones —explicó emocionado—. Se supone que solo puede consumir el que la gana, pero al final siempre se hace la vista gorda y puedes pedir también para tus amigos.
Snape puso los ojos en blanco. Aquellas celebraciones eran mucho peor de lo que había supuesto en un principio. Desde luego los elfos en fiestas no tenían medida alguna.
—¿Alguna vez la habéis conseguido? —le pregunto Elyon a su primo.
—No, nunca. Toda esa subida sin apenas zonas de descanso destroza a cualquiera, y la competencia es feroz —resopló con fastidio.
—¿Y tú, abuelo?
—¿Yo? —Azrael la miró divertido— Tampoco, a la tercera que no lo conseguí desistí. Además, tu bisabuelo no veía con buenos ojos que un miembro de las Grandes Familias bebiera hasta perder el conocimiento. Algo que, me avergüenza decir, pasó muy a menudo en mi juventud.
—¿De verdad? —su nieta lo miró incrédula.
—¿Te crees que el carácter revoltoso de tu padre salió de la nada? —se mofó el elfo—. Yo nunca llegué a sus extremos, pero… Por cierto, él y Heon sí se hicieron un año con la corona, trabajando en equipo para ello, es la mejor manera. Pero tras eso les vetaron volver a participar. Invitaron a todo el mundo a cerveza, por poco arruinan a los taberneros.
Elyon ahogó la risa, no le sorprendió nada esa anécdota de su padre.
—Eso fue antes de conocer a mamá, ¿verdad?
—Obviamente. Ojalá hubiera aparecido antes en su vida —suspiró su abuelo.
—Tendría que darle tiempo a nacer primero, ¿no crees? —bromeó Nuth, socarrón.
Los tres rieron por lo bajo, a veces era fácil olvidar la diferencia de edad entre sus padres debido a su procedencia.
Snape miró con sorpresa a Azrael. Verlo así de tranquilo, casi bromeando y mostrando que en su juventud era tan irresponsable como cualquier otro de su edad, se le hizo extraño.
La competición por la corona dio comienzo. Fueron muchos los participantes, y pasaron unos por encima de otros para llegar antes al árbol y empezar el ascenso. De todos los que lo intentaron, más de la mitad falló en su intento por agotamiento. La escalada era muy dura. Hasta más arriba de la mitad del tronco no había ramas a las que encaramarse para descansar. Así que el avance era lento, abrazados al árbol subiendo centímetro a centímetro. Algunos incluso lo hacían descalzos para que las botas no les resbalaran sobre la superficie lisa y traicionera.
De los participantes que Elyon conocía ya solo quedaban Feriel, Yaria y Ejkel. El resto habían caído, literalmente. Y una vez uno de los participantes tocaba el suelo tras intentar subir, quedaba descalificado. Los elfos paraban las caídas con magia.
En ese momento Yaria perdió agarre y resbaló un metro por el tronco con un gruñido de dolor, estaba a tres de llegar al primer asidero disponible. Su rostro estaba bañado en sudor y contraído por el esfuerzo y el cansancio. Finalmente apoyó los pies en el tronco y se lanzó hacia atrás, desde los diez metros a los que había conseguido llegar.
—Feriel es nuestra última oportunidad —Nuth se mordía el labio ansioso viendo a su novio descansar sobre una de las ramas a unos quince metros de altura.
El chico sacudía los brazos para aliviar el dolor del ascenso.
—¿El resto de las fiestas han sido así? —le preguntó Snape a Elyon en un susurro.
—Y peor. Tendrías que haber visto la competición de vuelo en grifo —respondió sin perder detalle de lo que pasaba en el tronco—. De no ser por Thurin fijo que me hubiera roto algo.
—¿Te dejaron participar en una competición peligrosa antes de la Evaluación? —Snape frunció el ceño.
—Mi grifo es fantástico, con él es prácticamente imposible que me pase nada —ladeó una sonrisa con orgullo.
—¿Tienes un grifo? —el mago la miró de hito en hito.
—¿No te lo había dicho? —Elyon lo miró frunciendo el ceño, extrañada—. Es precioso y enorme, más que los hipogrifos de Hogwarts. Si quieres luego te llevo a dar una vuelta.
—No, gracias. Prefiero no volar a no ser que sea imprescindible —declinó la oferta enseguida con una mueca.
—No sabes lo que te pierdes —se encogió de hombros con indiferencia.
Feriel prosiguió su ascenso, seguido muy de cerca por Ejkel y otros dos jóvenes más. Cuando estaba llegando a la última rama justo antes de alcanzar la corona, se escuchó un fuerte crujido y la rama en la que el chico se había apoyado, menos robusta que el resto, cedió bajo su peso, haciendo que Feriel se precipitara al vacío. Se golpeó con fuerza el costado contra otra rama en su caída y finalmente frenaron esta con magia.
—¡No! ¡Joder! ¡Mierda! ¡La tenía al alcance de la mano! —Nuth pisoteó el suelo con fuerza— ¡Joder!
—Eso, tú no te preocupes de que se haya hecho daño —le reprochó Elyon.
Al final la corona la ganó una elfa que había llevado un ritmo constante y seguro, sin agotarse en exceso, de forma que pudo adelantar al resto que estaban al borde de sus fuerzas. La chica se colocó la corona con orgullo y luego se lanzó al vacío con un grito de triunfo. Nuth se acercó hasta donde estaba su grupo de amigos y Feriel, que afortunadamente solo estaba dolorido por la caída. Todos tenían expresión de derrota.
…..✦…..
Llamó a la puerta de la casa con inseguridad. Esta tardó tanto en abrirse que por un momento pensó que no había nadie allí.
—Hola —saludó al chico en cuanto lo vio aparecer tras la puerta.
Ambos se quedaron mirándose unos segundos. Elyon se puso el pelo tras las orejas, con nerviosismo.
—¿Y bien? —Snape se mantuvo a la espera con impaciencia.
—¿Tienes algo que hacer esta tarde? —le preguntó con suavidad.
—Sí, estar a tu entera disposición —respondió con un deje de hastío.
—¿Siempre tienes que estar de mal humor? —resopló la joven— Quería proponerte ir a la ciudad. Sé que querías explorar, me lo comentaste uno de los días que estudiábamos en tu despacho. Pero si no estás de humor mejor olvídalo. Te dejo tranquilo.
El chico se la quedó mirando sin saber qué decir, no se esperaba que se ofreciera a algo así, ni que se acordara que él en algún momento le mencionó su interés por la ciudad, porque ni él mismo lo había hecho.
—Es-espera un momento —se apresuró a entrar a por la espada y la capa para ocultarla.
…..✦…..
La semielfa seguía el paso tranquilo de su Protector mientras lo guiaba por las calles en busca de aquello que él quería ver. Pararon en casi todas las tiendas de ingredientes de pociones y de artículos mágicos que encontraron, aunque en esa ocasión no compró nada, no llevaba grizas, la moneda élfica, encima. Kove no le había dicho cómo hacer el cambio de divisa y se negó rotundamente a que Elyon le adelantara el dinero. Pero sí que hizo algunos encargos a recoger al día siguiente.
Pasaron por una plaza pequeña en la que un reducido grupo de elfos hacía ejercicios de meditación. Elyon le explicó en qué consistían.
—Entonces eso es lo que has estado haciendo todo este tiempo y tenías prohibido —le comentó el mago observando los movimientos con detenimiento.
—Sí —musitó arrugando la nariz—. Por favor, no lo comentes delante de mi abuelo. No estoy segura de si ya lo sabe.
—Tan responsable como siempre —resopló él.
El chico seguía mirando con curiosidad a los imtares. Cuando había escuchado a Kove y Elyon hablar sobre meditación no imaginaba que se tratara de un tipo de ejercicios que le recordaron mucho a las clases de Defensa.
—Si quieres luego puedo enseñártelos —Elyon lo miró con una pequeña sonrisa cómplice—. Aunque no sé si con los humanos funciona.
Snape sopesó la oferta. La propuesta le atraía, pero sabía que la joven lo tenía prohibido. Por otro lado, a pesar de la prohibición, Elyon seguía realizando esas prácticas con bastante frecuencia como parte de su entrenamiento personal.
—Lo pensaré —se limitó a decir.
Su paseo los llevó a una calle secundaria, en la que crecían muchísimas almas azules. Snape se paró mirando el lugar con aprensión. La semielfa notó su inquietud.
—Esta es una de las calles de la ciudad que más sufrió durante el ataque. Hay algunas más así —musitó ella con voz calmada, el chico siguió mirando las flores con expresión abatida— ¿Sabes que te equivocabas respecto a las flores? —el mago la miró sin comprender—. Sí pueden tocarse, si es con respeto. Para nosotros representan amor y familia.
Amor y familia. Esas palabras abrieron un vacío en el interior de Snape. Para él eso era sinónimo de sufrimiento. Dio un paso atrás, no quería atravesar esa calle.
—¿Quieres tomar algo caliente? —le propuso para sacarlo de ese ensimismamiento lleno de congoja—. Creo que por aquí hay una tetería…
—Prefiero volver al palacio —la cortó, no quería terminar en el mismo local en el que Kove y Heon le habían hecho la encerrona.
Elyon asintió con los labios apretados. No le gustaba verlo así, tan perdido y vulnerable. No era propio de él.
—Sabes que si necesitas hablar de algo me tienes aquí —le musitó con intención de cogerle la mano en gesto de apoyo.
Él la retiró con rapidez antes de que lo tocara.
—Estos últimos días tu tío y Kove me han hecho hablar más que en toda mi vida —se limitó a decir desandando el camino.
La semielfa se mordió el labio. Sabía que eso no era del todo verdad, lo veía en sus ojos, seguía guardándose mucho. Pero no lo contradijo, si le apretaba ahora se cerraría en banda usando como escudo el mal genio que seguramente había estado acumulando desde su llegada a Imtar.
—¡Papá! —escucharon gritar a un niño por la calle.
Un crío de unos diez años salió corriendo de la nada con una ramo de flores en la mano y chocó contra Snape.
—¡Papá! ¡Mira quién es! —volvió a gritar el niño haciendo un ademán a su padre, que estaba a varios metros de distancia, para que se acercara mientras el crío rodaba la cintura del mago con el otro brazo.
Elyon no daba crédito mientras Snape palidecía. La semielfa se fijó en el niño, le sonaba de algo… recordó el ataque al Callejón de Sauce, aquel era el chiquillo que ella creyó muerto a manos de Snape cuando vio el recuerdo.
—¡Morgof, no molestes! —le regaño su padre corriendo hacia ellos— Lo siento, de verdad, es muy impulsivo cuando algo le emociona.
—No… no pasa nada —musitó Snape deshaciéndose del semiabrazo del crío con educación.
Elyon contuvo una pequeña sonrisa.
—¿Estás acompañando a Elyon para que no le pase nada? —el niño lo miró curioso y levantó la capa para ver la espada envainada.
—Más bien soy yo quién lo acompaña a él, para que conozca la ciudad —intervino la semielfa yendo de nuevo al rescate de su Protector.
Snape dio un sutil tirón de su capa para que el crío la soltara y volver a cubrir el arma.
—¡Genial! Hay cosas muy bonitas, pero deberías enseñarle el bosque, es aún mejor —sonrió Morgof.
—¿Verdad que sí? A mí me encanta, viviría allí sin dudarlo —respondió la joven con una sonrisa cómplice.
—Podrías hacerlo, eres de una Gran Familia, puedes hacer lo que quieras —Morgof se encogió de hombros.
A Elyon le asaltó la risa y le revolvió el pelo.
—Ojalá fuera cierto.
—Morgof, vamos, o se nos hará tarde —lo apremió su padre con un movimiento de cabeza.
—Sí, mamá espera —el niño los miró con una sonrisa de resignación y bajó la mirada al ramo de lirios blancos que sostenía—. Bueno… no nos espera, es una forma de hablar, ella murió hace años, como muchos. Pero cada semana le llevamos un ramo de lirios, le gustaban mucho, era su flor favorita ¿Nos acompañáis? Seguro que a ella no le importaría, y el cementerio también es bonito a su manera…
—Morgof —lo regañó su padre—. Seguro que tienen cosas que hacer.
Elyon miró a Snape, su actitud había empeorado, estaba aún más pálido a pesar de que el niño hablaba con calma. Parecía tener muy asumido todo aquello y que apenas le afectaba.
—Sí, lo siento. Tal vez la próxima vez —lo despidió la chica con una sonrisa de circunstancia.
Morgof asintió.
—Toma, por si te apetece llevársela más tarde —le tendió uno de los lirios a Snape con una sonrisa—. O regalársela a alguien especial, tanto da. Por algo son símbolo de amor, creo, no lo recuerdo bien.
El mago se quedó mirando la flor y finalmente la cogió con una mano temblorosa. El niño asintió satisfecho y corrió junto a su padre, que los miró vocalizando un "lo siento mucho" a modo de despedida.
Snape seguía mirando la flor que le había dado el chico. El corazón le retumbaba de forma irregular, se sentía mareado y… ni siquiera sabía discernir el resto de emociones, era un amasijo, un caos, que le hacían sentirse mal. Culpa y remordimiento, eso sí lo podía distinguir, pero el resto era simplemente demasiado. Soltó la flor como si quemara y la dejó caer al suelo. El pánico volvió a asaltarle, un pánico que le pedía a gritos que se fuera de esa ciudad antes de que todos cambiaran de opinión y volvieran a señalarlo al grito de mortífago asesino.
El lirio en el suelo… Lily… si tan solo no hubiera abierto la boca ese día, si se hubiera callado… Ella se habría mantenido a su lado, al menos un poco más, y quizá lo hubiera salvado de terminar en las garras del Señor Tenebroso. O puede que no, puede que hubiera terminado allí igualmente tras haberle hecho daño a Lily por algún otro motivo. Porque si había algo que él sabía hacer a la perfección era hacer daño. No podía cargarle las culpas a ella de sus fracasos y malos actos, menos aun cuando ya no estaba, por su culpa.
—Snape —musitó Elyon poniéndole una mano en el brazo.
Él dio un respingo y la miró como si no recordara que ella seguía ahí, que había estado junto a él todo ese tiempo.
—De verdad que me estás preocupando.
—Estoy bien —respondió secamente—. Vámonos ya.
—¿Es por Lily? —le pregunto a bocajarro señalando la flor que había en el suelo—. La flor.
—¿Qué? —al mago le costó asimilar que ella supiera de ella— ¿Cómo…?
—No soy tan perspicaz como tú, pero con el tiempo he ido montando parte del puzzle. Entre lo poco que has dicho tú, lo que me ha contado Dumbledore y lo que le he sonsacado a Remus —Elyon se encogió de hombros.
Snape la miró con horror. No quería que la joven estuviera al tanto de su mayor vergüenza. Prefería que supiera de todo lo que hizo junto al Señor Tenebroso antes que de esa historia.
—Sé que erais amigos desde muy pequeños, porque vivíais en el mismo pueblo. Que Sirius y su grupo de amigos consiguió que os pelearais tras llamarla Sangre Sucia, y por eso nunca más volviste a verla. Y que aun así te pusiste al servicio de Dumbledore por mantenerla a salvo de Voldemort —un escalofrío recorrió la columna del chico al escuchar ese nombre—, aunque al final no pudiste evitar que ella muriera aquella noche. Sé que es Lily quién te hace fuerte.
Snape sintió el escozor en los ojos que precedía al llanto, y al tragar se dio cuenta de que la bola de congoja se había vuelto a instalar en su garganta.
—¿Y sabes por qué tuve que pedir ayuda a Dumbledore? ¿Por qué murió? —la miró hablando con voz ahogada, parecía que fuera a romperse.
La joven negó con la cabeza sorprendida por verlo así, tan humado y frágil.
—Mi misión era espiar a Dumbledore y en una de aquellas veces escuché una profecía. Hablaba sobre la caída de Señor Tenebroso a manos de un niño. Y como el estúpido que era, se lo conté de inmediato —dibujó una sonrisa llena de tristeza y vergüenza—. El destino decidió que sería una buena broma que ese niño fuera el de Lily. Y por mucho que intenté ponerla a salvo… —soltó un pequeño gemido, conteniendo el llanto—. Terminé asesinando a mi amiga.
—Tú no la mataste —le reprochó Elyon con dureza.
—Le coloque una diana en la espalda ¿Qué más dará que no fuera yo quien lanzara la maldición? Si no hubiera sido tan estúpido… tan… —se le cortó la voz y miró al suelo con la mandíbula apretada al igual que los puños.
A Elyon le partía el corazón verlo así. Siempre había sabido que Snape cargaba con mucha culpa y dolor, pero no se esperaba todo eso, y que de golpe se hubiera abierto a ella. Le cogió la mano con suavidad.
—Si pudieras verla de nuevo y pedirle perdón ¿Te sentirías mejor?
El mago alzó la vista con el ceño fruncido.
—Está muerta —le espetó con rabia, por el dolor que le producía recordarlo y que la chica parecía ignorar deliberadamente.
—Si pudieras verla de nuevo y pedirle perdón ¿Te sentirías mejor? —insistió ella recalcando cada palabra, mirándolo a los ojos con firmeza.
Snape se humedeció los labios. Si aquello fuera posible de algún modo…
—Sí, supongo que sí —contestó finalmente.
—Entonces acompáñame —con calma comenzó a andar, sin soltar su mano para que la siguiera.
…..✦…..
Seguía a la joven en silencio a través del bosque, aún no había soltado su mano, que lo agarraba con fuerza, puede que para que no saliera corriendo o para, de algún modo, sostenerlo. El mago no supo si en esos momentos se sentía ligeramente mejor y más tranquilo por el agarre de la chica o por aquel bosque que rodeaba la ciudad y el territorio de los elfos. Apenas se estaba fijando en él, estaba demasiado intrigado y aturdido pensando en qué estaba tramando Elyon y en qué momento la chica había descubierto toda su historia. Pero sí sentía la calidez de su atmósfera, como si fuera una burbuja de calma aislada del resto del mundo. Parecía que allí nada podía dañarle y que todo lo que hubiera fuera de la arboleda era irrelevante.
Elyon se detuvo y con cuidado se asomó tras un montón de árboles caídos llenos de musgo, tras soltar la mano del joven. Sonrió débilmente.
—Ven —le susurró haciéndole un ademán para que se acercara a donde ella estaba.
Al otro lado, entre los árboles, vieron un numeroso grupo de unicornios. Snape frunció el ceño.
—Pensé que te daban pavor —la miró sorprendido.
—Tú lo has dicho, me daban —y sin mediar más palabra pasó por encima de los troncos y comenzó a acercarse a los animales.
La manada se movió inquieta, pero no escapó a la carrera. La semielfa igualmente se acercó con cautela, ligeramente agachada para no asustarlos. Llegó hasta los animales y avanzó entre ellos aproximándose a un enorme unicornio gris plateado, que al igual que el resto, parecía brillar con luz propia. Acarició el cuello del animal y apoyó su frente en la mejilla del animal, susurrándole algo. Se giró hacia el chico y le hizo un ademán para que se acercara.
Snape dudó. A los unicornios no les gustaban los varones, los rehuían, y si no eran vírgenes podían incluso llegar a ser agresivos si se les acercaban demasiado. El reunía ambos requisitos. Si tenía en cuenta lo fragmentada que estaba su alma… acercarse a esa manada era un riesgo enorme que no estaba seguro de querer correr.
Elyon insistió en que se acercara, y él, con movimientos indecisos, así lo hizo. La reacción de los animales fue inmediata. Todos se alejaron de él con trote ligero y la gran mayoría se perdió entre los árboles que allí crecían muy juntos. Suspiró aliviado al ver que ninguno lo encaraba con intención de atacarlo. Se detuvo a unos metros del unicornio que estaba junto a Elyon. Era un espécimen imponente y fuerte, y estaba ciego. Aun así olisqueo el aire y supo que Snape estaba frente a él.
El animal se acercó al mago con pisadas pesadas, aunque no hicieron ruido en el terreno blando y musgoso. El chico retrocedió a medida que el unicornio se le aproximaba.
—No te hará daño —le dijo la semielfa.
Snape decidió confiar en ella y en su fuero interno rogó que estuviera en lo cierto. Morir pisoteado o corneado por un unicornio no entraba en sus planes a corto plazo.
Tragó saliva cuando la criatura se paró frente a él y lo olisqueó detenidamente. Acercó su hocico a su mano y se la empujó demandando atención. Con pulso trémulo alzó la mano para acariciarlo y este no puso objeciones, dejándose hacer. Snape dibujó una leve sonrisa. Su pelaje era muy suave, como el terciopelo, y producía un efecto sedante al tacto. Cuanto más lo acariciaba, más tranquilo se sentía.
—¿Para qué estamos aquí exactamente? —le preguntó a la muchacha que los miraba a cierta distancia.
—Para que puedas pedirle perdón de Lily —respondió su voz con un eco de lejanía.
Snape se giró para mirarla, pero había desaparecido. Su pulso se aceleró ¿Dónde estaba? Habría jurado que la tenía al lado sin moverse, pero no había ni rastro de la joven. En ese momento también fue consciente del silencio del lugar y de como estaba sumido en una palidez sobrenatural, como el ambiente se había vuelto más pesado.
—Hola, Severus.
Contuvo la respiración. Conocía esa voz, ese timbre dulce y jovial, despreocupado. Se giró en redondo y cuando la vio fue como ahogarse en dolor.
—¿Lily? —musitó en un susurro lastimero.
La pelirroja le sonrió tímidamente encogiéndose de hombros.
Snape negó con la cabeza, con el corazón retumbando en su pecho y oídos.
—Esto no… no es real. Estás muerta.
—¿Y solo por eso no puede ser real? —la mujer comenzó a cercarse a él— Sev, me decepcionas ¿Dónde está tu perspicacia? Esto es tan real como tú.
Lily se detuvo frente a él, alzó una mano y le acaricio la mejilla. Sintió el tacto cálido y suave. Y la olió. Por Merlín había olvidado su olor después de tanto tiempo. Y allí estaba, su aroma a jazmín.
—¿Cómo? —apenas le salían las palabras mientras intentaba por todos los medios mantener la compostura.
—Es un puente, entre el mundo de los vivos y los muertos. Pero es solo temporal, un breve lapso para decir aquello que quedó sin decir —lo miró con tristeza mientras seguía acariciándole la mejilla con el pulgar—. Has cambiado desde la última vez que te vi. Estás más alto y… triste. Te he echado de menos.
Cogió la mano que ella tenía colocada en su rostro y en ese momento sintió que algo dentro de él se rompía, haciendo que todo se desbordara. Sus rodillas flaquearon y cayó al suelo llorando con amargura.
—Lo siento, lo siento —gimió con angustia—. Lo siento tantísimo…
Tuvo el impulso de abrazarse a su cintura con fuerza, como si de ello dependiera el terminar de hundirse en aquel pozo de brea que lo tenía atrapado desde que la pelirroja salió de su vida. Pero no pudo moverse, igual que no pudo para de llorar. De pronto todo dolía demasiado y no le dejaba respirar, se asfixiaba.
…..✦…..
Elyon se había ido alejando de él sutilmente cuando el mago comenzó a acariciar al unicornio. Sabía lo que iba a pasar y quería dejarle intimidad. Así que cuando cerró los ojos y se sumió en el trance, ella fue hasta el árbol más cercano, lo rodeó y se sentó en el suelo a la espera. La última vez había vivido la experiencia desde dentro, así que no sabía muy bien qué iba a pasar a continuación. Por eso le sorprendió escuchar cómo se rompía. No lloraba con tristeza. Era un llanto angustioso y rabioso, lleno de dolor.
Se llevó las manos a la boca para ahogar sus propios sollozos cuando fue consciente de que ella también había comenzado a llorar al escucharlo ¿Cómo alguien podía guardar tanto dolor dentro sin venirse abajo a la mínima oportunidad?
…..✦…..
—Sev, no, levanta… ¡Severus, basta! —le urgió Lily cogiéndolo de los brazos y estirando de él, pero el chico no atendía a sus palabras, así que se agachó y le cogió el rostro con ambas manos para que la mirara a la cara—. No fue todo culpa tuya, fue de ambos.
El negó con la cabeza.
—Yo te marqué —gimió.
—Bobadas. Tú solo escuchaste una profecía, el resto fue cosa de Voldemort.
—Si no te hubiera insultado… si no hubiera sido tan idiota…
Lily apretó los labios, le partía el alma verlo así. Le secó las lágrimas del rostro, o lo intentó, porque no dejaban de caer.
—Sí, fuiste un idiota ese día, pero yo también. Me dolió tanto que… estaba cegada y te abandoné. Te dejé al alcance de las bestias que ya tenían los ojos puestos en ti. Tardé muchísimo en darme cuenta de mi error, en dejar atrás el orgullo —suspiró—. Y para entonces ya fue muy tarde. Te perdí el rastro.
Lo abrazó con fuerza y ahogó un sollozo.
—Yo también tengo que pedirte perdón por eso —le susurró—. Te prometí sacarte de esa casa horrible, una vida mejor… y rompí mi promesa sabiendo lo que eso supondría para ti, y me dio igual.
—Lo intenté todo para salvaros, y no pude —lloró él—. Perdóname… o no… realmente no lo merezco, he hecho cosas tan horribles que… pero…
—Todos nos equivocamos ¿Cuándo separamos nuestros caminos? ¿A los dieciséis? Éramos dos niñatos inmaduros y cabezotas, y por suerte cambiamos —le sonrió—. Mírate ahora. Te estás esforzando muchísimo en hacer lo correcto y reparar lo que rompiste. En proteger todo lo que esté a tu alcance. Y funciona, no lo quieres ver por miedo a olvidar, pero funciona. Deja de mirar atrás y céntrate en lo que tienes delante, acepta la ayuda y el perdón que se te ofrece. Lo mereces. No por ello dejarás de ser menos tú ni olvidarás cómo llegaste a dónde estás ahora.
Snape inspiró con fuerza dejando de llorar. Lily lo miraba con cariño y comprensión, como siempre lo había hecho hasta aquel fatídico día.
—Abre tu corazón, Severus, tienes mucho que ofrecer. Pero has de hacer el esfuerzo —le instó con calma—. No me uses de excusa para mantenerte aislado y evitar que te hagan daño. Sabes tan bien como yo que ambos nos quisimos siempre como buenos amigos, casi como hermanos, nunca habría habido un nosotros más allá de la amistad.
El mago cerró los ojos con una mueca de dolor. Que le echara en cara con tanto reproche el haberse obcecado en convencerse a sí mismo de quererla de otra manera, solo para levantar un muro a su alrededor, fue un golpe bajo.
—Sé que te aferras a mí porque nadie más se atrevió a acercarse a tu coraza, los espantabas a todos deliberadamente, aunque no quisieras en verdad. Pero eso ha cambiado y créeme que no me siento traicionada por ello. Es un alivio saber que puedes dejar de estar solo, aunque para ti siempre haya sido lo más fácil —Snape alzó mirada a sus ojos verdes, que ahora que los volvía a ver, no se parecían tanto a los de Elyon—. Así que, si realmente la quieres, lucha por ella y protégela como hiciste conmigo —le sonrió ampliamente—. Esa es tu característica más notable y de la que parece no te das cuenta: eres un Protector. Lo has sido siempre. Conmigo, con tu madre, con Elyon. Pero es el momento de serlo con todos y no solo con aquellos que realmente te importan.
—Soy egoísta, no soy un protector —admitió con pesar.
—Está en tu mano cambiar eso. Todo lo que quieras cambiar depende únicamente de ti —volvió a ahuecar su rostro entre sus manos, con cariño—. Pero tienes que querer, encontrar el coraje para hacerlo ¿Quieres demostrarme realmente que lo sientes? Pues da el paso de una maldita vez. Deja de ser tan cabezota y gruñón.
Lily soltó una pequeña carcajada, y él la siguió. Ambos empezaron a reír. Había olvidado lo bien que conseguía hacerle sentir siempre, incluso cuando lo regañaba como ahora.
—Me tengo que marchar —le susurró.
—Lily… —musitó agarrando sus codos para que no se alejara de él.
—No hay nada que perdonar, Sev, porque ambos obramos mal y pasó lo que debía pasar. Solo te pido que me prometas que serás capaz de ser la mejor versión de ti mismo. Que seguirás junto a Dumbledore para proteger a mi pequeño. Que dejarás de usarme como lastre y te abrirás al mundo, pero sin rabia, sin miedo y sin hacer daño —le besó en la frente a modo de despedida—. Te quiero, amigo mío.
Y con un parpadeo Lily despareció. Todo volvió a ser como era antes de aquel puente. Los sonidos llegaron a sus oídos y el color se hizo más intenso. Su corazón aún seguía latiendo con fuerza, pero al mismo tiempo se sentía más tranquilo. Lily no lo odiaba, no desde hacía mucho.
Se apresuró en secarse las lágrimas, al parecer también había llorado en la realidad. Se alejó del unicornio después de agradecérselo con un asentimiento de cabeza, sin saber si realmente el animal se había dado cuenta al estar ciego o de si lo entendería, al fin y al cabo, era un animal salvaje.
Miró alrededor en busca de la semielfa. La conocía lo suficiente para saber que no se había ido y lo había dejado allí solo. La chica había tenido el detalle de darle espacio e intimidad, estaba seguro de que se encontraba tras alguno de los árboles. Y tras ver que había estado llorado, se alegró del gesto de la joven hacia él.
No tardó en dar con Elyon. Efectivamente estaba tras un árbol, sentada en el suelo y abrazándose las rodillas, con el rostro enterrado en ellas. La semielfa dio un respingo al notar su presencia y levantó la cabeza para mirarlo, tenía los ojos y la nariz rojizos.
—¿Has estado llorando? —le preguntó.
Ojalá no hubiera llorado por haberlo visto u oído a él, si hubiera sido así… se moriría de vergüenza.
—¡No! ¿Y tú? —se apresuró a responder ella poniéndose en pie y sacudiéndose los pantalones.
Snape juraría que la escuchó sorber ligeramente por la nariz.
—¿Yo? No ¿Por qué iba a llorar? —frunció el ceño con enfado, él también tenía los ojos rojizos.
Ambos se mantuvieron la mirada sin decir nada unos segundos que parecieron durar horas.
—Eh… ¿Qué tal ha ido? —preguntó Elyon para romper ese silencio tenso.
—Bien… ha ido… bien —respondió incómodo.
Suspiró largamente, realmente se sentía más ligero.
—Me alegro —la chica le sonrió de forma cálida.
Sabía que el reencuentro no podía ir del todo mal. Remus ya le había contado que Lily había perdona a Snape y que había querido hacer las paces con él antes de morir. De no haber conocido ese detalle, jamás se lo habría propuesto por temor a que resultara un desastre que terminara de hundirlo.
—¿Cómo sabías lo de ese animal? —Snape miró sobre su hombro, los unicornios habían desaparecido por completo.
—Mi tío me trajo a verlo, para que hablara con mis padres por última vez —se colocó un mechón tras la oreja, incómoda, luego se encogió de hombros—. Después de eso me sentí mucho mejor, así que pensé que a ti también te ayudaría si el animal te daba la oportunidad de ver a Lily. Sé que acabasteis muy mal y que para hacer ese trato con Dumbledore debía importarte mucho.
El mago la miró ¿Cuándo se había vuelto tan lista y observadora?
—¿Podría no haberla visto? —continuó la conversación para evitar seguir mirándola en silencio con admiración creciente.
—Él decide si realmente lo necesitas o no.
—Pues supongo que… Gracias —dibujó una pequeña sonrisa.
Elyon amplió la suya. Por fin lo veía sonreír de nuevo. Entonces, en cuestión de segundos, cambió su expresión por otra llena de emoción contenida.
—¿Quieres ver el núcleo mágico de Imtar? —le propuso con ojos brillantes.
—¿Hay un punto exacto? —alzó una ceja intrigado, en su momento ambos habían hablado de las corrientes mágicas y los puntos en los que se cruzaban varias. La joven asintió—. Enséñamelo.
La siguió a paso ligero. Elyon se movía con mucha soltura por allí, mientras él se tropezaba con todo, y su espada y capa se enganchaban con cualquier arbusto que había en su camino. Resopló. Echaba en falta su vestimenta de brujo, aunque allí tendría que haber prescindido igualmente de su larga capa negra.
El sonido atronador de una cascada resonó en cada rincón del bosque. Entre los árboles vieron correr un arroyo rápido y más profundo de lo que parecía a simple vista. Y unos metros más allá, una cascada que dibujaba un pequeño arcoíris en su base con los últimos rayos de sol.
Snape observó que allí había más movimiento de criaturas mágicas que en el resto del bosque, podía escucharlas. Vio fugazmente varios bowtruckles, pixies e incluso creyó percibir entre el follaje el plumaje rojo intenso de un fénix. Inspiró profundamente, el aire allí parecía más limpio y fresco, y el ambiente más cálido. Sacó su varita e hizo una sutil floritura en el aire. Unas chispas de colores brillaron en el aire y revolotearon con rapidez, como luciérnagas.
—¿Qué haces? —Elyon lo observó con curiosidad.
—Comprobar la magia del ambiente —volvió a agitar la varita y sucedió exactamente lo mismo—. Ni siquiera he conjurado nada, la varita reacciona sola. Es sorprendente.
—Se supone que en algún lugar de los terrenos de Hogwarts ha de suceder lo mismo. Pero no pienso adentrarme sola en el Bosque Prohibido a comprobarlo. Por algún motivo no me resulta ni la mitad de seguro que este.
—Más te vale, o te castigaré por el resto de tus días como estudiante —la amenazó.
—Tampoco será mucho entonces —rio—. Eso intimidaba más cuando entré el primer año.
Snape frunció los labios. Aquel resquemor volvió al saber que la joven se iría pronto de su lado.
—Elyon…
—Ven, quiero enseñarte mi lugar favorito. A donde voy cuando no estoy bien —le hizo un ademán para que lo siguiera—. Pero no se lo digas a nadie, solo lo conoce Heon. Es mi secreto, mi santuario.
La simielfa comenzó a trepar por un árbol altísimo de diámetro más que admirable. Bufó, no le apetecía nada tener que subir, pero aun así lo hizo. Para cuando llegó a la tarima que había allí construida, respirando con algo de cansancio, la semielfa ya estaba sentada en el borde más alejado del tronco, rodeada por unas criaturas que no había visto en su vida: una mezcla de ardilla y conejo de colores silvestres. Todos aquellos animales alzaron las orejas y se giraron para mirarlo en cuanto subió a la plataforma. Sintió un ligero escalofrió. No tenían cara, llevaban una especie de máscara de corteza y los orificios para los ojos estaban vacíos, eran como cuencas negras y muertas. Elyon se giró hacia él, sonriente, tenía uno en los brazos, de color blanco, y lo acariciaba como si fuera un animal doméstico. La chica enarcó una ceja al ver en su rostro el desconcierto ante lo que tenía frente a él.
—¿Qué pasa?
—¿Qué son esas cosas? —señaló con desconfianza el grupo de criaturas que la rodeaban y que emitían un leve ronroneo.
—Son woodfaces —se levantó—. Espíritus del bosque.
Se acercó a Snape con aquella bola de pelo blanco y se la tendió para que la cogiera. Aquel espécimen definitivamente parecía un conejo enmascarado, que lo miraba ladeando la cabeza y moviendo las orejas mientras seguía colgando de las manos de la chica, ya que esta lo había cogido justo por las axilas.
—Venga, son inofensivos —zarandeó ligeramente al animal, de forma que se balanceó de forma graciosa en sus manos, sin dejar de emitir aquella especie de traqueteo.
Snape alargó las manos y lo cogió. Era tan suave que ni siquiera sintió el pelaje, de no ser porque pesaba y tenía agarrado el cuerpo que escondía el pelo, bien podría haber creído que era una criatura incorpórea. Examinó al woodface con el ceño fruncido, hasta que este comenzó a molestarle el seguir colgado en el aire y pataleó hasta agarrarse a uno de los brazos del chico. El mago aflojó el agarre y el animalillo tardó un suspiro en recorrer su brazo hasta encaramarse a sus hombros. Allí pareció olisquearle y tras sacudir ligeramente la cabeza bajó con rapidez por su espalda, corriendo hasta Elyon y encaramándose hasta su cabeza.
—Obviamente no le he gustado a esa cosa —señaló al woodface.
—Eres humano, apenas desprendes magia de la que alimentarse. Teniéndome a mí cerca es normal que no le intereses mucho —explicó la semielfa cogiendo al animal y dejándolo en la tarima.
—¿Se alimentan de magia? —de pronto aquellas criaturas habían captado todo su interés.
La joven asintió y le invitó a sentarse junto a ella en el borde de la plataforma mientras le explicaba todo lo referente a los woodfaces y admiraban el tranquilo paisaje que había bajo ellos. El sol se puso tras las copas de los árboles y las primeras estrellas comenzaron a hacerse visibles.
—¿No deberíamos volver ya? —preguntó Snape, aunque realmente allí estaba muy a gusto.
—Estoy contigo, mi Protector. No se preocuparán y tampoco es tan tarde —respondió la joven animadamente—. En nada se podrá ver la Vía Láctea, y es preciosa. En Hogwarts nunca he conseguido verla tan bien como aquí, no sé por qué.
—Este lugar no me parece muy seguro a oscuras —miró la tarima con desaprobación.
—¿Por miedo a caerte de uno de los bordes o porque alguien pueda subir aquí sin que nos demos cuenta?
—Por ambos.
Elyon torció una sonrisa que no auguraba nada bueno. Se acercó al tronco y le puso una mano encima, concentrándose. Snape escuchó la madera crujir y quejarse ligeramente, y las hojas temblaron. Se quedó sin habla al ver cómo a su alrededor crecían y se extendían ramas que nacían con rapidez de las ya existentes, llenándose de hojas. En apenas un minuto la tarima tenía dos paredes compuestas por las ramas del propio árbol, lo bastante tupidas para evitar la caída y que alguien subiera allí sin que nadie se percatara.
Snape seguía mirándola estupefacto.
—¿Cuándo has aprendido a hacer eso? —jamás había visto algo parecido.
—No lo sé. Un día me di cuenta de que podía —Elyon se sentó de nuevo y apoyó la espalda en el tronco—. Aquí en Imtar me es muy fácil usar la magia. Y me siento bien haciendo este tipo de cosas, cosas bonitas. Tú me dijiste que podía hacer cosas buenas. Y tenías razón.
Le sonrió ampliamente. El corazón del chico dio un brinco con esa sonrisa tan llena de gratitud y calma. En aquel momento le pareció que la chica brillaba con luz propia, que resplandecía. Y él también sonrió de lado en respuesta ¿Por qué tenía que resultarle tan preciosa? Había visto más elfas en Imtar, algunas más atractivas, pero ninguna era como ella. Esa era la prueba irrefutable de que efectivamente lo que sentía por Elyon iba más allá de la atracción física y el capricho.
—Siempre tengo razón, recuérdalo bien —puntualizó él con prepotencia.
—¡Ah, sí! Perdone usted, Míster Humildad —rio la chica.
Elyon alzó la vista a la copa del árbol, mirando entre las ramas y se alejó del tronco buscando algo en el cielo.
—Ahí está, la Vía Láctea —musitó.
Snape se acercó y miró también entre las ramas, era cierto que allí se veía mucho más clara y brillante, con ese ligero resplandor entre violeta, azul marino y dorado tan intenso que pocas veces había podido apreciar. La astronomía nunca había sido su fuerte, pero sabía apreciar la belleza del mundo si se le ponía delante y estaba de buen humor. Se sentó y apoyó la espalda en el tronco. Se separó de él en el acto y lo tanteo con las manos, estaba cálido al tacto.
—Está… caliente —musitó.
Elyon miró sobre su hombro y volvió a sonreír.
—Sí, es por la magia que lo recorre. Aquí en el núcleo todo desprende un calor muy agradable, incluso en invierno. La magia es vida y la vida desprende calor, así de simple.
—Los elfos sois extraños —comentó Snape volviendo a recostar la espalda en el tronco.
—No somos extraños. Simplemente nos hemos mantenido más cerca de la magia original que los humanos.
—Sí, ya me había parecido que erais bastante primitivos —hizo un ademán despectivo—. Como ejemplo tenemos a Kove y su vara de caña.
Elyon rio con fuerza, negando con la cabeza y se dio la vuelta para seguir mirando el cielo estrellado.
—No tienes huevos de decirle eso a la cara.
—Lo que no tengo son ganas de perderlos —replicó.
La joven rio aún con más fuerza.
Estuvieron largo rato hablando sobre astronomía, señalando las diferentes constelaciones que allí se veían mejor, comentando la imaginación de aquellos que les habían puesto nombre, ya que no se parecían en nada a lo que supuestamente aludían. Para cuando Elyon se dio cuenta su espalda estaba recostada contra el pecho de Snape, colocada entre sus piernas, mientras este señalaba el cielo nocturno con el dedo y el brazo estirando.
Pero aquella vez no hubo vergüenza, ni incomodidad, ni nervios por esa proximidad. Solo calma. Ambos quisieron quedarse allí por siempre, en aquel pequeño espacio acogedor que habían creado, donde nadie podía verlos o molestarlos. Donde solo estaban ellos.
Por desgracia el mundo real los reclamó. Sus estómagos dieron la hora de la cena y tuvieron que abandonar ese refugio compartido.
Elyon lo llevó de la mano durante el trayecto de vuelta para que no quedara rezagado, y avisarle además de todo aquello con lo que podía tropezar. Iban a oscuras, la semielfa no le había permitido usar la varita para no perturbar a la fauna nocturna. La joven tenía buena vista incluso con poca luz gracias a su mestizaje y las luciérnagas iluminaban lo suficiente para moverse por allí.
No soltó a Snape hasta que subieron las escaleras del palacio. Ambos se dieron cuenta de que soltarse se les hizo más complicado y costoso de lo habitual. El chico la acompañó hasta la casa de Azrael y la despidió dándole las buenas noches con un asentimiento de cabeza.
De vuelta a casa de Kove inspiró con fuerza. El elfo no estaba, pero le había dejado la cena a medio preparar para cuando le entrara hambre. Supuso que con el estómago lleno no tardaría en dormirse después de la larga excursión, pero no fue así. Seguía dándole vueltas a su encuentro con Lily, no conseguía asimilarlo, aún sentía como si hubiera sido un sueño. Y más complicado se le hacía interiorizar lo que le había dicho su difunta amiga. Que se abriera al mundo dejando de lado toda su mala sangre. Aquello lo vio harto complicado, ni siquiera podía recordar un momento en su vida en el que una pequeña parte de él no hubiera estado siempre a la defensiva o de mal humor. Era parte de él, sin eso… se sentía desprotegido, la simple idea de pensar en no ser así le ponía ansioso.
También le había hablado de Elyon y recordó lo que dijo Heon al respecto de hacerle daño ¿Era capaz de querer a alguien sin dañarlo? No estaba seguro de ello ¿Era capaz de cambiar por ella? También tenía serias dudas y, de igual forma, de qué serviría si igualmente estaba fuera de su alcance. Y casi que prefería que siguiera siendo así. Tal vez porque era lo fácil, por evitar tener que cambiar y convertirse en algo que no estaba destinado a ser, tal vez porque la idea de ser él quien la rompiera al intentar protegerla le aterraba.
Se levantó de la butaca con un gruñido de impotencia y paseó por la pequeña casa. Miró los libros de las estanterías. Prácticamente todos eran sobre tácticas militares y armas, historia, filosofía y algo de sanación básica. Topó con un volumen pequeño de tapas granates en cuyo lomo había escrito "Cartas al sol negro". Intrigado lo sacó de la librería para ojearlo. Era poesía, una bastante triste y cínica ¿Aquel libro era de Kove? Pasó las páginas hasta llegar a la primera. Había un nombre escrito con una caligrafía bastante mala, pero consiguió entender el nombre. Nefild. No sabía quién era.
Volvió a sentarse en la butaca con aquel libro. Era realmente deprimente, pero bonito al mismo tiempo. Le exasperó sentirse identificado con algunos de los poemas.
Kove entró en la casa y dejó sus botas junto a la entrada de forma cuidadosa.
—¿Aún despierto? Creí que estarías dormido después de estar todo el día fuera.
—A veces sufro de insomnio —se encogió de hombros aun leyendo.
—Pues el libro de mi hijo no te lo va a quitar, hará que le des más vueltas a lo que sea que no te deja dormir —le dijo sirviéndose un vaso de agua.
Snape alzó la cabeza del libro.
—¿Nefild era tu hijo?
—Sí. Le encantaba la poesía romántica, por deprimente que a mí personalmente me parezca. Supongo que esos escritores lo entendían mejor que yo —suspiró con resignación.
El chico frunció los labios observando al libro, pensativo.
—¿Te pasa algo, chico? —Kove lo miró con atención.
—No —se puso en pie—. Me voy a dormir. Buenas noches.
Dejó el libro en la estantería y se metió en su cuarto. Kove chasqueó la lengua, algo rondaba en la cabeza del mago, se lo veía en los ojos. Pero no era capaz de ver por el momento si era por algo bueno o malo. Quizá lo habían machado en exceso los pocos días que llevaba en Imtar, y aún no sabía qué había hablado a solas con Heon. Sin embargo, le pareció más sereno que aquella misma mañana.
…..✦…..
Despertó con los primeros rayos de sol. Allí los pájaros cantaban demasiado fuerte para su gusto en cuanto amanecía, desvelándolo. Estaba acostumbrado al silencio de las mazmorras, no a una habitación por encima del nivel del suelo.
Se asomó a la ventana pensando en cómo matar el tiempo ese día. Elyon, la noche anterior, no le había mencionado nada sobre si tenía o no planes. Tener que estar a su entera disposición lo ponía de mal humor, él no era ningún criado y quería poderse mover libremente.
Durante el desayuno con Kove este le tendió una bolsa con grizas y un pequeño anillo de color verde. Elyon tenía la pareja, de forma que cuando lo necesitara para algo, este se calentaría a modo de aviso y en la palma de su mano aparecería un mapa con la ubicación de la chica para ir a su encuentro. Así podría gestionar mejor su estancia allí y tener cierta libertad.
Con algo de nerviosismo, que disimuló con la naturalidad habitual, se adentró solo en la ciudad. Aquella vez sin espada ni capa con que cubrirla, para su comodidad. A pesar de no saber mucho aún sobre la magia élfica, se seguía sintiendo más confiado y capaz con su varita que con aquella arma tan pesada. Recogió los encargos que había hecho el día anterior y luego prosiguió su exploración, que lo llevó entre otros sitios, a algunas librerías en las que encontró volúmenes muy interesantes sobre magia élfica, sanación y pociones.
Se sorprendió a si mismo cuando la ansiedad no hizo presa de él al cruzarse con varios imtares que lo saludaron, agradeciéndole el gesto que tuvo con ellos en el Callejón del Sauce y ahora protegiendo a Elyon. Era como si de pronto ya no llevara sobre los hombros tanta culpa, como si hubiera tirado aquella bolsa pesada en algún momento del día anterior. Y le dio igual, no la echó a faltar, no se sintió menos él.
El que al parecer casi todos los imtares supieran que él había dado la espalda a los mortífagos le preocupada, seguían siendo un espía y aquello podía echar por tierra su tapadera. Kove le aconsejó que si uno de sus camaradas sacaba el tema, les dijera que simplemente se había apropiado de la identidad del traidor, para así ganarse la confianza de los elfos y tener una posición más aventajada consiguiendo información, igual que hacía en Hogwarts con Dumbledore. El Consejo no había hecho público que él fuera el mortífago que ayudó en el Callejón, su versión oficial seguía siendo que este murió por su traición. Así que todo lo que se comentaba en las calles eran simplemente rumores sin fundamento de los que aprovecharse. Snape admitió que era una muy buena estrategia que mantendría alejadas las posibles sospechas sobre él.
Tras la cena llamaron a la puerta de casa de Kove. El elfo se levantó a abrir con un gruñido, como si de golpe fuera más viejo o el peso de los años hubiera decidido salir a flote en ese momento.
Snape había visto a su maestro más hogareño ese día. Parecía que le gustaba tener compañía en aquella casa, habían conversado con tranquilidad y hasta ese momento habían estado leyendo cada uno su respectivo libro con algo de música de fondo para que el ambiente fuera más agradable.
—Severus, creo que te buscan —le dijo el hombre.
El chico levantó la vista del libro de pociones que había comprado esa misma mañana.
—Venía a proponerte ir a tomar algo a la taberna —le sonrió Elyon desde a puerta.
El mago torció el gesto, no le apetecía nada.
—Prometo que no te haré bailar ni una sola vez —la chica dibujó una pequeña mueca de culpabilidad.
—Yo… —musitó él.
Kove hizo un gesto con la cabeza para que moviera el culo y la acompañara. Uno de esos gestos que no aceptaban negativa.
—Vale —suspiró al fin, levantándose.
—No volváis tarde, mañana por la mañana tendréis el primer entrenamiento con magia —les dijo su instructor.
Elyon cumplió su palabra y no lo obligó a bailar, aunque ella sí lo hizo. Snape siguió sopesando lo que le habían dicho Lily y Heon. No tenía ni idea de qué diablos debía hacer, estaba en medio de aquella encrucijada y no se veía capaz de dar ni un solo paso. Tenía la sensación de que hiciera lo que hiciera se equivocaría. Así que tal vez quedarse ahí y limitarse a observar y disfrutar de esos pequeños momentos, no fuera mala opción.
…..✦…..
El primer entrenamiento mixto con magia fue bastante más desastroso de lo que esperaban. Snape descubrió que un Protego, efectivamente, no servía de nada, y que muy pocos conjuros eran capaces de atravesar la defensa de Kove. Elyon por su parte se bloqueó, no sabía usar conjuros puramente élficos para atacar, los remezclaba con los que había aprendido en Hogwarts, y los defensivos los hacía de manera refleja, así que no controlaba los efectos sobre el ataque. A veces los neutralizaba por completo, a veces los desviaba en cualquier dirección. En uno de los intentos el conjuro rebotó y golpeó a Snape, que no pudo defenderse.
Al terminar Kove le dio al chico una muñequera con la que sujetar la varita a su antebrazo. De esa manera podía usar la magia teniendo una mano libre para golpear, usar un arma o lo que fuera necesario. Además, la muñequera tenía varias runas grabadas, aquello impedía que pudieran arrancarle la varita con magia, así que en cierto modo el objeto estaba protegido de los hechizos élficos. También le dio un libro sobre conjuros humanos que servían contra la magia de los elfos, e igualmente le aconsejó que aprovechara sus conocimientos y destreza para crear los suyos propios una vez asimilara los fundamentos de ese tipo de magia. La de ellos era muy orgánica y no tenía patrones rígidos, la de los magos sí, así que si solo usaba el repertorio conocido por todos, no tardarían en bloquearlo y preverlo.
Su maestro le dijo a Elyon que ellos tendrían sesiones a parte para practicar la magia de ataque y defensa. No se esperaba un rendimiento tan caótico y peligroso para ella misma y los demás. Necesitaba aprender en un entorno seguro antes de volver a mezclar magia y combate cuerpo a cuerpo en un entrenamiento.
—Menudo desastre —bufó Elyon cuando Kove se marchó—. A este paso no me libraré nunca de las clases.
—Eres una ingenua —le reprochó Snape—. Nunca te ibas a librar de Defensa. Tienes que mantenerte en forma para no perder facultades.
—No te veo especialmente molesto —la joven lo miró alzando una ceja.
—Por fin vamos a hacer algo interesante aparte de golpearnos —miró el libro que le había dado el elfo con una sonrisa ansiosa.
—A veces creo que te pega más Ravenclaw, eres un ratón de biblioteca.
—A los ravenclaw no les gusta probar si lo que aprenden funciona —respondió con una mueca siniestra.
Elyon puso los ojos en blanco.
—No sé por qué luego os quejáis de la imagen de psicópatas que tenéis los slytherin, os la buscáis a pulso.
El mago ahogó una carcajada socarrona.
—Ya que estamos aquí y tienes que aprender los fundamentos de nuestra magia ¿Quieres que probemos los ejercicios de meditación? Puede que te sirvan.
Snape asintió y la siguió hasta llegar a un pequeño claro en el bosque, donde siempre practicaba oculta a ojos de los demás. Se sintió muy estúpido realizando aquellos movimientos, a la chica le salían de forma natural y fluida, él parecía estar agarrotado. Y aunque sí que pudo percibir la magia que absorbía Elyon, Snape apenas notó nada en su propio cuerpo, solo un leve hormigueo en las plantas de los pies. Y no se sintió más lleno de energía ni más eufórico como ella le había comentado que podía pasar. Definitivamente aquellos ejercicios no estaban hechos para humanos, ellos no podían recolectar la magia del entorno de la misma manera.
—Voy a probar algo, no te alteres —le dijo Elyon, cerrando los ojos y concentrándose.
Volvió a iniciar los movimientos y al poco Snape notó una especie de corriente cálida que le subía desde las plantas de los pies y se extendía por todo su cuerpo. Su respiración se aceleró. Se sintió más fuerte, capaz de todo. Miró sus manos y se concentró. Entre ellas se formó una pequeña bola de fuego. Sonrió entre asombrado y satisfecho de sí mismo. Jamás había podido hacer algo así sin varita, y sabía que en esos momentos podía hacer más, muchísimo más.
La sensación de invencibilidad se cortó de golpe. El fuego se consumió y le pareció quedarse vacío. Miró a la chica con sorpresa, que tenía la respiración algo agitada por el esfuerzo.
—Me he atado a ti y te he pasado magia directamente de la Corriente.
Snape sonrió y volvió a mirarse las manos. Había tenido un subidón increíble. Quería volver a probar más tiempo y con más magia para ver hasta dónde podía llegar, bastaba con que Elyon se esforzara un poco más… Y algo se disparó en su cabeza, una alarma.
—No creo que debamos volver a hacer esto —le dijo el chico con seriedad.
—¿Por…?
—Hazme caso, no vuelvas a hacer esto con nadie —insistió—. No creo que sea bueno para magos ni para ti.
La joven asintió sin poner más objeciones. Vio algo en la expresión del chico que la inquietó, una especie de hambre feroz contenida.
…..✦…..
Nuth y Feriel la habían ayudado a preparar la casa en la que ella se iba a quedar junto a Lisa y los demás ese fin de semana. Llegaban aquella misma tarde y estaba emocionadísima. Iyala le había llevado ropa vieja, suya y de Nuth, para que los cuatro pudieran integrarse mejor, si querían, en las celebraciones.
Elyon pidió a su abuelo si podía ir a buscar personalmente a sus amigos a Hogwarts. Azrael al principio no pareció muy convencido, pero terminó accediendo ya que iba acompañada de Heon y Nuth.
—Estás histérica —le dijo su primo mientras esperaban a las puertas de la muralla del colegio.
La chica no paraba de andar de un lado a otro.
—Menos mal que la aparición no depende de ti, que si no a saber dónde acabarías —se mofó su tío.
La semielfa los ignoró por completo. En cuanto vio aparecer al grupo a lo lejos sonrió y alzo los brazos a modo de saludo.
—¿Qué tal semana? —les preguntó abrazando a Lisa.
—Pues como todas, con Batts tocando la moral de todos a la mínima —se limitó a responder la gryffindor.
—¿Qué ha hecho ahora? —resopló Elyon de mal humor.
—¡Nada de hablar de Hogwarts! ¡Este finde es de completa evasión! —las interrumpió Johnny—. Ni Hogwarts, ni Batts, ni grajeas agrias. Si no se habla de fiesta y diversión no quiero saber nada.
—¡Ja! Me cae bien tu amigo —rio Nuth cruzándose de brazos mirando al hufflepuff con aprobación.
—Chicos, este es Nuth, mi primo —le puso una mano en el hombro al elfo—. A mi tío Heon ya lo conocéis.
—¡Hola! Yo soy Grace —la pelirroja se apresuró en estrecharle la mano—. Un placer.
Lisa y Elyon intercambiaron miradas de resignación, y la semielfa aguantó la risa. La ravenclaw poco tenía que hacer con Nuth por mucho que esta lo fuera a intentar.
—¿De verdad ese es tu nombre? ¿Nuez? —el tejón miró a Heon con una ceja alzada— ¿Perdisteis una apuesta y otro le puso el nombre? ¿O es que os gustan mucho y en algún momento os pareció buena idea llamarlo así?
—Nuth, no Nut* —lo corrigió el primo de la semielfa de mal humor— Es el diminutivo de Nuthnémor. Mi abuelo materno se llamaba así. Y sí, les pareció una idea preciosa ponérmelo en su honor. Preciosamente horrible.
(*Nut en inglés es nuez)
El elfo miró a su padre con una mueca de desagrado.
—No te cansarás nunca de despotricar sobre ese tema, ¿eh? Tu abuelo fue un gran guerrero y mejor persona —Heon puso los ojos en blanco—. Pongámonos en marcha. El camino es largo y nos quedamos sin luz .
Se aparecieron en el cenagal y las confusas reacciones de sus amigos no se hicieron esperar. Aun así los siguieron por aquel paisaje tan poco acogedor y, a medida que desaparecía la luz, cada vez más siniestro. La sorpresa de los jóvenes magos al cruzar el dintel de la derruida casa de pastor no tuvo precio. Johnny se permitió cruzarlo unas cuantas veces, asombrado por aquella barrera mágica.
—¡Gua! —musitó Lisa cuando ante ellos se abrió el valle y pudieron ver la ciudad, el palacio y los campos de cultivo teñidos de malva por el atardecer.
—Bienvenidos a Imtar —sonrió Elyon.
—Es como estar en un cuento —Grace parecía estar viviendo un sueño.
—Nos vamos a quedar en el palacio, es donde vive mi familia.
—¿De verdad? —la pelirroja la miró emocionada, su amiga asintió— ¡Sí! ¡Genial!
La abrazó con fuerza.
Para cuando llegaron a la ciudad el sol se había ocultado del todo y los farolillos de las calles ya estaban encendidos. Los cuatro magos avanzaban lentamente, mirando con interés todos los detalles que encontraban a su paso.
—Si no apretáis un poco el paso, vamos a llegar tan tarde a vuestro alojamiento que ya no valdrá la pena ir a las tabernas —les dijo Nuth animadamente.
—¿Nos vais a llevar de tabernas? —a Johnny le brillaron los ojos.
—¡Por supuesto! —sonrió Nuth con una de sus miradas pícaras que no auguraban nada bueno.
—¡Vamos tortugas! —le gritó el tejón al grupo.
El cuarteto quedó maravillado con la arquitectura del palacio y estuvieron encantados de tener una casa entera para ellos solos todo el fin de semana. La vivienda no era muy grande y solo tenía tres habitaciones. Una era para Lisa y Will, a lo que Grace les aconsejó colgar algo en el pomo de la puerta a modo de aviso si querían privacidad, y que de paso insonorizaran la habitación. Lisa se puso tan roja que pareció que de un momento a otro comenzaría a brillar como un farolillo. Elyon y Grace compartirían una de las habitaciones con camas individuales, por lo que Johnny dormiría en la restante. El chico comentó que con su encanto natural no tendría que dormir solo ni una sola noche. Todos pusieron los ojos en blanco, al hufflepuff siempre se le iba la fuerza por la boca.
Mientras los jóvenes se cambiaban de ropa para probarse y ajustarse la que les había dejado Iyala, Heon le dijo a Elyon que no se le ocurriera salir de aquella casa sin avisar a alguien para que los acompañara, exactamente como había estado haciendo hasta ahora. La vivienda estaba fuertemente protegida, allí podían estar tranquilos, pero para todo lo demás debía llevar escolta. Ahora eran un grupo mayor, pero no por ello los sublevados iban a echarse a atrás si decidían atacar.
Feriel llegó a la casa para buscar a Nuth y a todo aquel que quisiera ir a tomar algo y bailar, y por supuesto, se unió el grupo entero. El problema es que no llegó solo.
—¿Qué hace aquí? —Lisa lo miró indignada.
—Pues… vuelve a ser mi Protector —sus amigos la miraron atónitos— ¡Sorpresa!
—¿Por eso ha faltado estos días? Yo que pensaba que se había puesto enfermo, o mejor, renunciado al puesto —gruñó la gryffindor—. Esto va a ser como en el camping.
—Tú y yo tenemos que hablar —le susurró Grace a la semielfa—. Porque sé que aquella vez en la biblioteca no fuiste del todo sincera conmigo.
Elyon tragó saliva, su amiga parecía realmente molesta.
Snape esperaba cerca de la entrada, a la espera de que el grupo se pusiera en marcha. Todo su mal humor había vuelto de golpe al saber que iba a tener que acompañarlos, ya que Azrael y Kove no estaban tranquilos de que la seguridad de la chica y sus amigos quedara solo en manos de Nuth y Feriel. Los sublevados no tendrían reparos en matar a los magos, y al ser él el Protector, su obligación era salvaguardarlos.
Podía sentir como Tonitini no le quitaba los ojos de encima, así que se hartó y lo encaró.
—¿Tengo pixies en la cara o qué?
—Ya sabía yo que te faltaba algo para completar el conjunto —respondió el hufflepuff, burlón—. Vaya pintas tienes.
—Las mismas que tú. Así que antes de abrir esa bocaza mírate en el espejo —gruñó.
—Ya lo he hecho, y me queda de miedo. Hay quien tiene percha y lustre… y luego estás tú —lo señaló de forma despectiva.
Snape apretó los labios y soltó el aire por la nariz conteniendo una réplica. No podía seguir rebajándose al nivel de aquel crío insufrible, mucho menos en Imtar.
Elyon llegó hasta ellos, cogió al tejón por la oreja y se la retorció. El chico se encogió de dolor con un gritito.
—Como os vea pelearos este fin de semana me voy a cabrear, mucho. Así que os quiero a ambos tranquilos —retorció más la oreja de su amigo, hasta casi hacerle caer las lágrimas—. Ya firmasteis una tregua, podéis firmar una segunda ¿Está claro?
—Sí —gimió el chico de forma lastimera.
Snape asintió manteniendo su mueca de enfado. Le soltó la oreja a Johnny.
—Perfecto entonces —se sacudió las manos— ¡Chicos, nos vamos!
…..✦…..
Entraron en la taberna con paso animado y ocuparon una de las pocas mesas disponibles. En ese momento los jóvenes vieron la espada que Snape llevaba encima y que había ocultado la capa.
—¿Eso es necesario? —Will no se sentía cómodo con un arma tan cerca.
—Mientras duren las fiestas, sí —Elyon se encogió de hombros con resignación.
—Solo espero que la sepa usar mejor de lo que usa el champú —resopló Johnny.
Snape lo fulminó con la mirada. Elyon le propinó una fuerte patada al chico en la espinilla, bajo la mesa.
—Qué bruta eres —se quejó—. Me vas a dejar cojo antes de que pueda bailar.
—Pensé que había quedado claro —se limitó a contestar.
—Es obvio que vosotros dos no sois precisamente buenos amigos —rio Feriel y dio una fuerte palmada— ¿Quién se anima a bailar? Que algo tendréis que aprender para mañana por la noche.
Snape palideció de golpe al recordar que tendría que hacer el baile de apertura, delante de todos los elfos y de los amigos de Elyon, sus alumnos, a los que seguiría viendo cuando las fiestas terminaran.
La semielfa vio su reacción, sabiendo exactamente qué pensaba sin necesidad de leerle la mente y se rezagó a propósito.
—Puedes relajarte —le susurró con una sonrisa ladeada algo triste—. Te he librado del baile de mañana. Iniciaré la fiesta con mi abuelo, no hará falta que bailes si no quieres. Perdón por no avisarte antes.
Se la quedó mirando completamente descolocado.
—Gracias —musitó.
Elyon asintió y corrió junto a sus amigos, que escuchaban con atención a Nuth y Feriel mientras intentaban memorizar los pasos.
Snape no estuvo seguro de cómo afrontar lo que le acaba de decir. Por un lado se sintió aliviado, se iba a ahorrar el ridículo. Pero por otro lado se sentía decepcionado, le habría gustado al menos tener unos momentos con ella, y aquella había sido la excusa perfecta. Sacudió ligeramente la cabeza. No, Elyon había hecho bien, se había encargado, sin saberlo, de mantener las distancias, más aún cuando todos estarían observando y cualquier pequeño desliz podía ser catastrófico.
De vuelta a la mesa Fingaerel les tomó nota de las bebidas. Johnny intentó conseguir una jarra de hidromiel, pero aún le faltaba mucho para la mayoría de edad, así que tuvo que conformarse con una bebida sin alcohol mucho más suave.
—En la fiesta de mañana os aseguro que me haré con una jarra —refunfuñó.
—Ni de broma —lo cortó Lisa—. No pensamos dejar que te emborraches y te conviertas en un lastre que nos agüe la fiesta.
—¿Y cómo sabes que seré un lastre si nunca me he emborrachado? —se indignó.
Lisa enarcó una ceja dejando más que claro lo que opinaba.
—Vosotros sois mayores de edad —señaló a Lisa y Will—. Podríais estiraros, pedir una jarra de hidromiel y compartirla con el resto.
—No me gusta la hidromiel —dijo el slytherin.
—Y a mí no me gustas tú —le dijo la gryffindor al hufflepuff, con burla.
—Sois unos aguafiestas —gruñó el tejón cruzándose de brazos con enfado.
Volvieron tarde al palacio y con ganas de que llegara el día siguiente para seguir explorando. Y en el caso de Johnny, con muchas ganas de retomar el baile, para ver si esa vez tenía más suerte con las chicas. En el bar no le había ido muy bien, y para colmo en dos ocasiones había confundido a unos elfos con elfas, debido a los peinados y la constitución vistos de espaldas.
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Solas en la habitación Grace abordó el tema que le había estado quemando la lengua desde que había visto a Snape.
—¿Me explicas por qué nuestra querida Reina Murciélago está aquí, cuando se supone que lo habían largado de una patada y que por eso estaba insufrible y tratándote como una mierda? —preguntó a bocajarro sentada en la cama— ¿Acaso no me has contado la verdad?
—Sí te he contado la verdad —respondió su amiga poniéndose el pijama.
—Obviando un montón de detalles —puntualizó la pelirroja.
—Lo echaron porque mi abuelo consideraba que no era compatible ser agente doble y protegerme al mismo tiempo. Y es verdad que es complicado, pero no incompatible —Elyon se sentó en la cama frente a Grace y subió las piernas a esta, abrazándose las rodillas—. Hace unos días hubo una evaluación que llevábamos preparando meses, y la superó, así que vuelve a ser mi Protector.
—Dime que no ha sido todo porque lo quieres cerca por estar pillada —resopló la ravenclaw.
—¡No! Se ofreció él, tras lo de Lucius…
La pelirroja alzó las cejas.
—¿Sabe lo de Lucius?
—Sí, son amigos, o algo así.
—No me sorprende —resopló poniendo los ojos en blanco.
—Es por su trabajo como espía. No se parecen en nada, y no lo traga mucho —lo defendió—. Cuando se enteró… me dijo que si Lucius intentaba ponerme de verdad la mano encima, la perdería.
Su amigo la miró escéptica.
—Grace, él siempre ha velado por mí. Siempre ¿Quién crees que avisó a los elfos cuando atacaron Hogwarts? ¿Cómo crees que conseguí escapar yo para soltaros a vosotros? Viste cómo me salvó del Crucio que podría haberme matado.
—¿Y realmente puedes fiarte de él? Tal vez solo intenta ganarse tu confianza. Estaba despierto, al contrario que el resto del profesorado.
—Tuvo suerte. Lucius no es precisamente listo. Decidió no drogar a Snape para que los ayudara junto al resto de mortífagos, ellos siguen creyendo que está de su parte —la pelirroja siguió mirándola desconfiada—. Normalmente es un borde conmigo ¿Desde cuándo ese es un buen método para ganarse la confianza de alguien? Grace, de verdad. Me ha salvado muchas veces, en una de ellas casi lo matan —se acordó del ataque en el camping—, y en otra fui yo quien casi le quita la vida —recordó la vuelta a Azkaban—. Ser Protector es muy duro, y aun así se mantiene a mi lado. Cada vez que corro algún peligro, está ahí.
Suspiró con pesar.
—Mi abuelo es como casi todos, solo se fijan en lo malo, y por ello no lo iba a dejar volver por las buenas, por mucho que insistí —apoyó la barbilla en sus rodillas—. A Kove y a mí no nos quedó otra que urdir un plan, y salió bien.
—Así que cuando me dijiste que ya no tenías que aguantarlo más fuera de las clases, me mentiste.
—Nadie podía saber lo que estábamos haciendo, por si alguien se iba de la lengua sin querer. En Hogwarts hay muchos oídos y Dumbledore está al tanto de todo. De verdad que lo siento.
Grace suspiró con resignación.
—Tendrías que habérmelo dicho, porque vista la situación, te di una mierda de consejos. De saber que te pasabas casi todas las tardes con él…
—¿Qué me habrías dicho de saberlo?
—Que estabas bien jodida y que haciendo lo que hacías tenías muy difícil olvidarte de él. Que tendrías que buscar una manera de marcar distancia.
—Bueno… Tal vez no quiera olvidarme de él —se encogió de hombros.
—Eres masoquista —Grace se pasó las manos por la cara con frustración—. Es tan… él…
—Lo sé —suspiró Elyon, sabía que se refería a la toxicidad del chico.
—Por favor, ve con cuidado. Tienes muchas posibilidades de salir muy mal parada —susurró la pelirroja con preocupación.
—Apenas me queda curso y medio en Hogwarts, podré soportarlo —respondió la semielfa con algo de pesar—. No soy idiota, qué iba a ver en mí un hombre adulto después de estar con Zelda.
Elyon finalmente bostezó y se tumbó en la cama arropándose.
"Hay mucho que ver en ti, idiota, ese es el problema que tienes con él" pensó Grace antes de imitar a su amiga. La semielfa seguía siendo muy inocente en el terreno sentimental, y le preocupaba que se hubiera enamorado de un chico, no solo mucho más mayor que ella, sino también con más sombras que luces.
En nada escuchó a la ravenclaw roncar levemente. Ella se quedó mirando el techo torciéndose el meñique hacia atrás. Lo que hacía imposible que ella tuviera alguna oportunidad con Snape no era que hubiera estado con otras mujeres como Zelda, si no que su corazón ya estaba ocupado por otra persona desde hacía mucho. Por un fantasma. Por la pregunta: ¿Qué hubiera pasado si…?
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El día del solsticio amaneció soleado y cálido. Johnny correteaba por las calles mirando a todos lados dando pequeños grititos de emoción, y preguntando a todo aquel que manejara el inglés lo suficiente como para responderle. Snape miraba al hufflepuff de mal humor, era como un crío hiperactivo de cinco años, del que no tenía intención alguna de encargarse. Por él, los sublevados podían llevárselo cuando quisieran. El único inconveniente de que pasara eso, es que seguramente acabarían devolviéndolo al poco tiempo, hartos de él.
—No sabía que había elfos de otras etnias —comentó de pronto Johnny, con la vista fija en un elfo de piel increíblemente oscura y con una melena azabache compuesta por innumerables rastas.
—Claro que los hay —aclaró con indignación— Hay elfos repartidos por todo el mundo y comparten los rasgos de los humanos originarios de la región. Y como pasa con ellos, nuestras etnias poco a poco se van mezclando. No todos somos de piel clara, rubios y ojos azules.
—No me has entendido —le hizo un ademán para que se calmara—. No digo que no supiera que hay elfos en la India, Japón o Senegal. Digo que no esperaba verlos aquí, en Imtar.
—¡Ah! Bueno… los elfos no somos tan viajeros como los humanos, pero siempre hay excepciones. Los hay que son más curiosos y buscan nuevas oportunidades lejos de casa. Algunos vuelven a sus pueblos natales tras un tiempo al expandir horizontes, otros se asientan definitivamente allí donde han viajado. Sea como sea, ese pequeño flujo ayuda a enriquecer nuestra cultura —explicó ya más tranquila—. A mí me encantaría poder visitar algún día las comunidades de otros países.
Snape se la quedó mirando con sorpresa. Nunca le había comentado aquello, ni siquiera las tardes que se pasaron hablando sobre las bases de la cultura élfica para preparar la Evaluación.
—También parece común lo de llevar algo azul en el pelo —observó Lisa.
—Sí, pero eso solo es aquí y de cada vez es menos común.
—¿Y el idioma? ¿Todos tenéis el mismo u os toca aprender como a nosotros cuando viajamos a otro país? —preguntó Will con curiosidad.
—La raíz es la misma para todos, pero obviamente ha ido variando de forma diferente con los siglos en cada región, ya no hablemos de los diferentes acentos. A grandes rasgos puedes llegar a entenderte por el contexto, así que es relativamente fácil aprender el élfico de otros países.
Se toparon con una carrera infantil, en la que los niños corrían por parejas atados de una pierna, de forma que debían compenetrarse y trabajar en equipo.
—¿Todos estos días han hecho cosas así? —preguntó Will.
—Cada día hay diferentes actividades y torneos para todas las edades —respondió Elyon—. Yo he participado en el de tiro con arco y en la carrera de grifos.
Johnny se frenó en seco.
—¿Has volado en grifo? —sus ojos se iluminaron.
—Sí, Thurin es mi grifo.
—¡¿Tienes un grifo?! —el chico la cogió por los hombros y la zarandeó.
—Técnicamente no es de mi propiedad, son animales libres. Pero para que lo entendáis, sí, tengo un grifo —aclaró—. Pero eso ya os lo había dicho.
—Habías comentado que la Guardia tenía grifos, y por cómo hablabas de Thurin pensábamos que era una especie de caballo grande —puntualizó Lisa.
—¿Caballo…? Desde luego no prestasteis atención —la semielfa los miró molesta.
—¿Puedes darnos una vuelta con él? ¡Porfa! —Johnny la miró suplicante—. Como regalo de cumpleaños.
—El cumpleaños es mío, no tuyo.
—Pues sería un detallazo por tu cumpleaños que nos obsequiaras con un vuelo en grifo —Johnny la miró altivo.
—Pero tendréis que ir de paquete, cada grifo tiene ya su propio jinete y no entienden el inglés, salvo Thurin. Además, no son fáciles de llevar, no son una escoba.
—¡Me vale! —sonrió el tejón abrazándola con emoción— Eres la mejor cumpleañera del mundo.
Nuth habló con sus amigos jinetes para conseguir las monturas necesarias y volar así todos a la vez sin que nadie quedara en tierra, aunque esto último no parecía preocuparles mucho a Lisa y Grace. Volar en escoba a poca altura era una cosa, volar en grifo por encima de las nubes una muy diferente.
—Es muy importante que os abriguéis, volaremos muy muy alto, y que estéis bien atados para no caeros —explicaba ella mientras preparaba la silla doble sobre el lomo de Thurin.
—Os sobra un grifo —le comentó Snape a cierta distancia del imponente animal—, o una silla doble.
El grupo se había emocionado mucho al ver llegar a los animales, aunque les había costado acercarse a ellos a pesar de ser muy mansos desde el principio. Elyon estaba acostumbrada a los grifos, pero entendió que sus amigos tuvieran recelo. Era muy grandes y parecían feroces a simple vista, cualquiera de ellos podría matarlos fácilmente de un zarpazo sin esfuerzo alguno. El único que se seguía manteniendo al margen era Snape, ni tan solo se había acercado a acariciar uno.
—No sobra nada, vuelas conmigo —respondió Elyon colocando las riendas alrededor de la cabeza de Thurin.
El mago resopló con una risa escéptica.
—¿Qué te ha hecho pensar que voy a subirme a esa especie de gato alado deforme?
El grifo bufó al sentirse insultado.
—¿De verdad vas a quedarte en tierra frente a Johnny y los demás? ¿Incluso cuando hasta Lisa y Grace han sacado valor para volar cuando en principio les aterra? —lo miró con malicia. Sabía que a Snape no le gustaba volar, pero estaba decidida a que diera una vuelta con ella, así que había esperado al momento oportuno— ¿Y cuál va a ser tu excusa? Porque ya puedes buscarte una muy buena.
El chico la fulminó con la mirada. Aquello no lo había visto venir. Gruñendo fue a por la ropa de abrigo del establo.
—Maldita mestiza manipuladora. Has esperado a que esté aquí Tonitini para obligarme a subir a tu estúpido animal —se cerró la chaqueta de mal humor.
Thurin chilló por aquel segundo insulto y lo golpeó con la cola en la pierna. Ahogó un gemido, había sido como recibir un fuerte latigazo.
—Recuerda que estuve a punto de ir a Slytherin —le sonrió con altanería—. Anda, sube de una vez y deja de insultar a Thurin o te terminará tirando de la silla en pleno vuelo.
Snape la miró irritado todavía frotándose la pierna. Pero tras sostenerle la mirada, se descubrió dibujando una leve sonrisa de resignación. Habría sido una buena Slytherin, aunque por suerte no había terminado en aquella Casa, o su martirio personal sería aún mayor.
A Elyon no le pasó por alto la mirada desaprobatoria de Grace cuando los vio a ambos en el mismo animal.
Una vez todos estuvieron asegurados en las monturas, alzaron el vuelo. Snape agarró con fuerza la cintura de Elyon en cuanto lo sacudió el brusco tirón del grifo al arrancar a correr para poder elevarse. Los animales extendieron las alas y se alzaron en el aire, aleteando con fuerza. Escuchó los gritos ahogados de sus amigos ante la impresión y la sensación de ganar altitud a gran velocidad.
—Snape… afloja… que me vas a cortar la respiración —gimió ella.
El chico aflojó su agarre, pero no mucho. Odiaba esa sensación en su estómago, y aunque era verdad que se sentía más seguro sobre ese animal que sobre una escoba, seguía sin gustarle.
Los grifos dejaron de ascender y comenzaron a deslizarse por el aire sin apenas esfuerzo. Elyon miró al grupo. Johnny iba con Nuth y su cara era de felicidad extrema, tenía los brazos extendidos y los ojos cerrados bajo sus gafas de aviador rojas. Will miraba hacia abajo con asombro, con menos inseguridad que Lisa, que apenas se atrevía a inclinarse en la silla. Grace era la que lo estaba pasando peor, muestra de ello eran sus ojos cerrados con fuerza y cómo agarraba al jinete, parecía que quería fusionarse con él a pesar de que el chico hablaba con ella calmadamente para tranquilizarla.
—¿Cómo lo llevas? —le preguntó a Snape.
—Ya te dije que prefiero no volar a no ser que sea estrictamente necesario.
—¡Oh venga! Sácate la varita del culo y disfruta un poco de verdad, lejos de los libros y la investigación —gruñó molesta, mirándolo por encima de su hombro—. Volar con Thurin es fantástico, es casi como volar uno mismo.
—Tú tienes una conexión emocional con él, yo no —le espetó con enfado.
—Olvidaba que eres incapaz de tener una conexión emocional con alguien.
Se arrepintió de abrir la boca nada más terminar la frase. El apartó a mirada dolido e indignado por aquel ataque tan gratuito.
—Lo siento —imbécil, no se había acordado de Lily—. Pero de verdad, disfruta de esto, es una experiencia única. Es, aunque te suene estúpido, mágico.
La joven cogió una de las manos que rodeaba su cintura y la llevó al costado del animal, bajo la silla de monta, para que acariciara el pelaje suave de Thurin y sintiera la musculatura del animal mientras volaba.
—No es un objeto inanimado, es algo orgánico, vivo —musitó lo suficientemente alto para que pudiera oírla—. Es un verdadero regalo que nos permitan compartir con ellos este tipo de libertad. Aquí arriba los problemas no te alcanzan.
Snape entendió lo que la joven intentaba transmitirle e intentó disfrutar del vuelo. Miró al animal que montaba y al resto que los rodeaban. Eran bestias enormes y corpulentas, pero cuando volaban eran gráciles y parecían frágiles.
Bajo ellos se veía el bosque. Las copas de los árboles semejaban briznas de hierbas y las nubes que pasaron, de algodón. Solo oía el viento y el canto de los grifos, que hablaban entre ellos. Allí se sentía pequeño rodeado de una inmensidad llena de calma. Puede que después de todo, volar en grifo no estuviera tan mal.
—¿Preparados para un poco de movimiento? —gritó Nuth a los jóvenes magos.
—¡¿Qué?! —Grace lo miró con horror.
El elfo conjuró un recorrido descendente compuesto por aros de luz.
—Ni se te… —la amenazó Snape.
Pero antes de poder terminar la frase Thurin se lanzó en picado y sintió como el estómago le subía hasta la garganta. Se aferró a la chica con fuerza cerrando los ojos. Se escucharon los gritos agudos de Lisa y Grace. Elyon rio mientras seguían con el descenso rápido intercalado con bruscas maniobras, giros y tirabuzones.
Finalmente tocaron suelo. Grace se apresuró en soltarse las piernas entre arcadas y prácticamente se dejó caer de la silla, andó unos pasos y terminó echando el desayuno. Lisa bajó al suelo con piernas temblorosas inspirando con fuerza, al igual que Will, aunque este tenía al menos más color en las mejillas. Johnny estaba aceleradísimo, sonriendo y aun gritando con euforia.
—¿Qué os ha parecido? —preguntó Elyon soltando sus correas de seguridad.
—Que te voy a matar —escucharon gemir a Grace, todavía inclinada, apoyándose en las rodillas con el rostro ceniciento.
Lisa fue en su ayuda.
—Pensé que os gustaría.
—Ha estado bien hasta el picado y los tirabuzones —aclaró Will.
—Esa no era mi idea inicial, la verdad —aclaró la semielfa mirando a su primo.
—¡Yo quiero repetir! —Johnny no se había movido de la silla.
—Si quieres puedes venirte con nosotros el resto de la mañana, tenemos ejercicios de vuelo pendientes —le propuso Nuth.
—Os veo a la hora de la comida —se despidió con una sonora carcajada.
Snape había bajado de Thurin fingiendo que el vuelo no había sido para tanto, aunque tenía el estómago revuelto y el corazón latiendo como loco por la adrenalina. Se quitó la ropa de monta y se peinó con los dedos, le bastaba ver cómo estaba el del resto para imaginarse su aspecto, y no pensaba tolerar ningún tipo de mofa. Por suerte se había librado de Tonitini el resto de la mañana.
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Volvieron a la ciudad para seguir conociéndola. Grace y Lisa quisieron parar a comprar unas coronas festivas para la noche. Iyala solo les había prestado ropa, ningún complemento extra. La pelirroja se hizo con una muy sencilla que tenía plumas de cuervo con un precioso brillo irisado. Lisa eligió una con tonos rojizos y dorados, y entre las dos decidieron que tanto Will como Johnny también iban a necesitar unas, ya que allí todos las llevaban.
La siguiente parada fue a causa de la ravenclaw, quiso entrar en una librería especializada en sanación y pociones, en busca de información extra para sus estudios. Snape aquella vez siguió al grupo de buen grado.
—Lisa, que no se vayan de aquí hasta que yo vuelva. Y que no se den cuenta de que me he ido —le susurró.
—No deberías ir sola a ninguna parte —la regañó.
—Voy allí en frente, son dos minutos, por favor —la miró de forma lastimera.
Lisa puso los ojos en blanco y asintió. La semielfa se escabulló con sigilo y cruzó la calle para entrar en una pequeña joyería. Sonrió con satisfacción cuando encontró lo que buscaba. Un pequeño colgante de plata redondo, con una runa élfica de protección gravada. Tenía una pequeña pestaña con la que se habría. En su interior había un espacio para dos fotografías muy pequeñas. Una vez pagado, lo guardó en el bolsillo y volvió a la librería.
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Johnny llegó a la vivienda cuando ya casi estaban sirviendo la comida. Tenía el pelo más revuelto de lo normal y las mejillas rojas de pasar tanto tiempo en las alturas.
—Uno de los mejores días de mi vida —exclamó-— Tu primo me ha dejado las riendas un rato ¿Cómo puedo conseguir un grifo?
—Pues para empezar tienes que ser parte de la Guardia —aclaró Elyon—. En mi caso podría decirse que heredé a Thurin de mi padre, porque desde pequeña ya estaba muy unida a él.
El hufflepuff dibujó una mueca de decepción abriendo la conservadora en busca de algo frío que beber. Examinó el mueble con curiosidad.
—Oye ¿Sabes cómo funciona esto? ¿Es magia o mecánica? Me recuerda mucho a las neveras muggles.
—Magia —se acercó a él y señaló el fondo del mueble— ¿Ves esa runa? Se encarga de mantener una temperatura constante por si sola, así el conjuro no depende de nadie.
—¿Usáis mucho las runas en vuestra magia? —Will la miró con interés.
—Para los objetos sí, son mucho más prácticas y fiables.
Tras la comida todos cayeron rendidos hasta que llegó Iyala para ayudarlos a prepararse para la fiesta de esa noche, que empezaría nada más se pusiera el sol.
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Snape miraba a ambos hombres con los labios apretados, estos apenas dibujaban una fina línea en su rostro, que tenía una expresión de enfado y frustración como pocas veces se había visto. Su mandíbula estaba apretada, tanto que ya le dolía, y las aletas de la nariz dilatadas. Se moría por gritarles, pero sabía que con ellos serviría de poco. Se sentía como un niño sin autoridad frente a los adultos.
Como los odiaba en esos momentos.
—¿Me puedes explicar cuál es el puñetero problema? —Heon resopló con hastío.
—Ya me estoy rebajando bastante habiéndome vestido así, pero eso —señaló lo que el elfo tenía en las manos—, por encima de mi cadáver.
—¿Por haberte vestido…? —el elfo estaba al borde de la risa nerviosa— ¿Qué tiene de malo esa ropa?
—Que no es brujo —espetó el chico.
Le habían hecho ponerse una camisa ancha y larga de hilo grueso azul marino, con el cuello redondo y ancho, y un corte de apertura a la altura del esternón, decorado con dibujos sinuosos en hilos de colores. De forma que enseñaba más torso del habitual, que era nada. Y los cordones que llevaban eran de adorno, así que no podía cerrar aquella parte y ocultar su piel pálida. Sobre la camisa, a la altura de la cadera llevaba un cinturón ancho y claro, del que colgaba la espada que iba a tener que cargar incluso aquella noche. Y las botas seguían siendo las mismas de media caña que tanto le disgustaban. Se sentía realmente ridículo. Era el peor atuendo que le estaban haciendo llevar en Imtar desde que llegó.
—Que no es de brujo —Heon se llevó las manos a la cabeza con un gruñido de frustración— ¿Pero tú cuántos años tienes, veinticuatro o cuatro? ¡Por todos los astros! ¿Siempre es así?
Miró a Kove con desesperación. El otro elfo enarcó una ceja con cansancio, dándole a entender que sí, y que incluso podía ser peor.
—Severus, puedes meterte esas inseguridades por donde te quepan —le aclaró su maestro—. Tómatelo como una misión de infiltración. Ponte una máscara de indiferencia, trágate el orgullo y representa tu papel a la perfección. Has podido fingir durante mucho ser un mortífago, puedes fingir por una noche que parecer uno de nosotros no te provoca sarpullido.
—Pero si ni siquiera voy a bailar con ella y no…
—¡A callar! —lo cortó Kove—. Los rencores de la adolescencia han de quedar en la adolescencia, por muchas cicatrices que te hayan dejado. Esto no representa lo mismo, no creas que no me doy cuenta de cómo miras nuestro estandarte. Póntela y no pienses más, no tienes ni que mirarte en el espejo, olvida que la llevas.
Le puso la corona festiva en las manos. Snape la miró con desagrado. No tanto porque se tratara de una corona hecha de diferentes tipos de hojas, por lo que tenía varias tonalidades de verde entremezcladas. Lo que le hacía hervir la sangre era la cornamenta oscura de ciervo que llevaba. No era muy grande y estaba cubierta de musgo en algunas partes.
—¿Cómo de grave sería no llevarla? —los miró a ambos negándose a perder aquella batalla.
Kove puso los ojos en blanco y a Heon le asaltó la risa.
—Si no te la pones, más te vale coger y largarte de aquí dejando tu puesto de Protector —le respondió Heon—. Esa corona era del padre de Elyon, Azrael te la ha prestado como muestra de buena fe, y créeme que le ha costado decidirse a hacerlo. Pero por su nieta está intentando hacer menos tirante vuestra relación ¿Qué, vas a seguir negándote a llevarla?
Snape frunció los labios, examinándola. Seguía sin querer llevar eso en la cabeza, pero sin duda sería aún peor no llevarla. La ofensa para Azrael sería enorme, y el elfo le había advertido sobre que no dejaría pasar ni un pequeño gesto. Negarse a llevar una de las pocas cosas que le quedaban de su hijo…
Suspiró con resignación y relajó su expresión. Heon y Kove respiraron aliviados porque finalmente entrara en razón.
—¿Y voy a ser el único que tenga que llevar esta ridiculez?
—¡¿Ridi…?! —el tío de Elyon cogió aire y alzó las manos en gesto de que necesitaba calmarse para continuar hablando—. Las Grandes Familias son los únicos que llevan en las coronas festivas cornamentas de ciervo, es un signo distintivo —Snape separó los labios para hablar, pero Heon no le dejó interrumpirle—. En tu caso es un símbolo por ser el Protector de Elyon, una muestra de confianza y aceptación a pesar de tu origen. Los miembros del Consejo llevan otro tipo de coronas, de colores otoñales, con las que simulan las cornamentas con ramas, pero en menor tamaño. El resto de ciudadanos llevan coronas festivas de diferentes tipos, pero ninguna cornamenta de ciervo o símil de ellas.
Snape miró a Kove,
—¿Entonces tú llevarás una de las del Consejo?
—Sí, simplemente por ser el Capitán General. Yo no participo en el Consejo activamente, a no ser que se trate de temas en los que haga falta fuerza militar.
—¿Y tú? —miró a Heon.
—Yo llevaré la de un ciudadano de a pie.
—Pero eres el tío de Elyon.
—No tengo línea de sangre con ella. Es un título honorífico simplemente —aclaró—. No somos de una Gran Familia, cosa que no me apena en absoluto.
El mago volvió a mirar la corona que tenía en las manos y su cornamenta. Dejó escapar un leve gruñido. Se forzó a olvidar a James Potter, en interiorizar que allí el ciervo no simbolizaba un animal traicionero y cruel, si no esperanza y bondad, determinación y una dulce sonrisa con ojos verdes.
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Iyala la estaba ayudando a terminar de arreglarse, le había ondulado la melena para que tuviera más volumen y la corona le quedara mejor ajustada. Era de hojas verdes y pequeñas flores blancas y rosadas, y a los lados tenía una bonita cornamenta de ciervo blanca inmaculada.
—Es preciosa —musitó la chica.
—Era de tu madre, la usaba todos los años —le sonrió su tía poniendo ambas manos en sus hombros, mirando el reflejo de ambas en el espejo.
—¿Las habéis tenido guardadas todo este tiempo? —miró a la mujer con un deje de tristeza.
—Tu abuelo, junto a la tuya de cuando eras pequeña. La de tu padre se la ha prestado a Severus.
—¿De verdad? —la miró de hito en hito.
—Está intentando limar asperezas, por ti.
Elyon resopló con incredulidad. Aquello era un gran paso para su abuelo. Tal vez dentro de poco la cosa se calmaría lo suficiente para que dejara de resultar incómodo estar a la vez con ambos en la misma habitación.
—¿Tienes alguna duda al respecto de lo que tienes que hacer esta noche?
La semielfa negó con la cabeza.
En el salón sus amigos ya estaban listos. Johnny no parecía muy entusiasmo con la corona que le habían comprado las chicas a pesar de ser de los colores de Hufflepuff, comentando que antes que eso prefería llevar directamente un tejón en la cabeza, a lo que las chicas respondieron que fuera en busca de uno.
Esperaron hasta que llegaron Kove, Snape, Heon, Nuth y Feriel para escoltarlos hacia la ciudad. Cuando el hufflepuff vio a su profesor con la cornamenta estuvo a punto de lanzar una de sus puyas, pero se topó con la mirada amenazante de Elyon antes de llegar a abrir la boca.
Caminaron en relativo silencio.
La semielfa miró al mago de soslayo. La ropa que llevaba esa noche era bastante informal, como la de todos. Lo único que llamaba la atención, y mucho, era la corona con la cornamenta. Le hacía parecer más alto y su postura erguida y orgullosa habitual ayudaba a que pareciera que venía de buena familia. Con la corona festiva casi podría haber llegado a decir que parecía un príncipe, uno bastante serio y malhumorado. La idea le hizo mucha gracia.
—¿Cuánto han tardado en convencerte para vestirte así? —le preguntó.
Snape la miró alzando una ceja. La joven ahogó una carcajada y se agarró a su brazo con suavidad.
—Te conozco lo suficiente para saber que por dentro estás rabioso y que solo quieres volver a llevar tu deprimente ropa de mago.
—No es deprimente —se defendió.
—Si la comparas con lo que llevas estos días, sí, es muy deprimente y aburrida. Pero te queda igual de bien que la de estos días —la joven se encogió de hombros—. Y ahora responde a mi pregunta.
Snape se la quedó mirando. No sabía si acababa de hacerle un cumplido o todo lo contrario.
—No pienso responder.
—Eso es que mucho —rio la joven.
El mago puso los ojos en blanco. Y fue cuando, al volver a mirarla mientras seguía sujeta a su brazo de forma relajada, vio asomar por la manga derecha la pulsera que él le había regalado hacía tres años. Algo se le revolvió por dentro. Solo se la había visto puesta una vez aquella primera Navidad, así que supuso que simplemente la chica la había llevado por compromiso en Fin de Año y se había olvidado de ella.
Elyon se dio cuenta de que llevaba rato mirándola, y se giró para saber qué pasaba. Se percató de que no era a ella a quien miraba.
—Fue una de tus primeras ofrendas de paz, tenía que llevarla hoy —comentó—. No me la pongo más por miedo a perderla en las clases, sé que era algo importante para ti.
La joven en un momento dado llegó a pensar que esa joya había pertenecido a Lily, pero lo descartó. De haber sido de Lily él nunca se habría desprendido de ella. Aun así estaba segura de que había pertenecido a alguien importante en su vida, por eso la guardaba con celo junto al pasador de su madre en el baúl de su habitación, bajo la ropa y los libros, bien escondido y a salvo.
—Aún recuerdo tu ofrenda de paz —gruñó él pensando en el libro de trucos de magia muggle.
—¿Llegaste a leerlo?
—No. Lo tiré a la chimenea enseguida. Ni siquiera sirvió para un buen fuego —era mentira, no lo había tirado a la chimenea aunque hubiera sido su primer impulso. Lo había escondido a conciencia en uno de los armarios de su habitación, aunque era cierto que no lo había leído.
Elyon rio por lo bajo, no le extrañaba nada, se lo había regalado simplemente para molestarlo. No esperaba que él le regalara nada aquella Navidad teniendo en cuenta lo mal que se llevaban por aquel entonces.
Volvió a mirarla, estaba preciosa a pesar de lo sencilla que iba y de que los colores que lucía fueran muy sobrios. Estuvo a punto de decirle algo al respecto, pero se mordió la lengua. Nunca le había dicho nada parecido y consideraba que ese tampoco era ni el momento ni el lugar.
Grace miró a la pareja y suspiró con resignación.
—Son unos idiotas, ¿verdad? —le susurró Feriel inclinándose hacia ella.
—¿Tú también te has dado cuenta?
—La cuestión es quién no —rio el joven—. A estas alturas creo que todos lo saben menos ellos mismos.
—Te aseguro que no todos, y mejor que siga siendo así.
—¿Lo dices por Johnny? He visto lo fantásticamente bien que se lleva con Severus.
—Entre otros… —miró al resto de sus amigos.
—No te preocupes que por mí no lo sabrán —le guiñó un ojo con complicidad—. Pero si siguen siendo tan descarados, la liebre quedará a la vista de todos enseguida.
—¿Y eso sería bueno o malo? —Grace lo miró con preocupación.
Feriel gruño levemente con una mueca que dejaba claro que no estaba muy seguro de la respuesta, pero que seguramente sería malo.
—¿Tanto como si se enteraran de lo tuyo con Nuth? —enarcó una ceja.
Al elfo aquello le pilló desprevenido.
—Joder, no se te pasa una —la alabó.
—Años de entrenamiento —lo miró con una sonrisilla de orgullo.
Feriel soltó una risotada y le pasó un brazo por los hombros. Habían hecho muy buenas migas, eran prácticamente tal para cual.
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En la plaza principal de la ciudad ya había congregada muchísima gente, todos con su atuendo festivo y sus coronas de hojas y flores. En el centro había colocados una gran cantidad de farolillos de papel sin encender, junto a una gran hoguera también apagada. Los ciudadanos y asistentes se estaban repartiendo los farillos.
Encontró a su abuelo junto a Rasmu, ambos hablaban tranquilamente. El elfo rubio llevaba sobre su cabeza una corona de ramas color cobrizo y pequeños frutos rojos, junto a algunas hojas de un peculiar tono dorado. Algunas de las ramas que componían la corona parecían crecer hacia afuera y retorcerse formando una especie de pequeña cornamenta muy discreta. Su ropa era sorprendentemente menos formal que la habitual, en tonos grises. Su abuelo también vestía más informal que de costumbre, con tonos azul oscuro y verde, bastante acorde con Elyon y Snape. Su corona de hojas verdes llevaba una cornamenta ligeramente más grande que la del mago, de color hueso, entorno a la que parecían haber crecido pequeñas enredaderas. Con aquel tocado su abuelo parecía aún más alto e imponente. En sus manos sostenía un farolillo de papel.
Elyon se apresuró en ir a su lado. Kove le hizo un gesto con la cabeza al mago para que la acompañara, así que se apresuró en seguirla a cierta distancia.
Su abuelo la vio acercarse y sus ojos se iluminaron, como si fuera a echarse a llorar.
—Estás realmente preciosa —la abrazó a modo de bienvenida y la besó en la frente.
Miró a Snape y este hizo una reverencia respetuosa para saludarlo, él le devolvió el saludo con un asentimiento de cabeza. Se le hizo extraño, y algo doloroso, ver esa corona en alguien que no fuera su hijo. Pero quería recuperar la confianza y el cariño de su nieta, y si para ello tenía que tragar con el mortífago, muy a su pesar lo haría. Aunque en el fondo deseaba que el mago diera un traspiés en algún momento lo suficientemente grave como para poder deshacerse de él.
—¿Lista para esta noche? —le preguntó su abuelo.
—Eso espero —se mordió el labio con nerviosismo.
En cuanto los últimos rayos de sol desaparecieron tras las montañas, las hogueras repartidas por la ciudad se encendieron. La más grande era justo la que tenían al lado, de la que tuvieron que alejarse por el calor, que no tardo en abrasarles la piel.
Elyon y su abuelo trajeron hacia si una pequeña porción del fuego de la hoguera, y esta se introdujo en el farolillo para encenderlo. El resto de elfos hicieron lo mismo extrayendo el fuego de las hogueras más cercanas. Mientras lo hacían empezaron a entonar una suave melodía, sin letra, que casi daba la sensación de ser una canción de cuna llena de cariño.
Azrael le tendió el farolillo a su nieta, para que ambos lo sostuvieran un momento. Se miraron a los ojos, y para cuando la chica se dio cuenta, había empezado a llorar en silencio, al igual que Azrael. En ese momento el elfo dibujó una pequeña sonrisa tierna y empujó el farolillo hacia el cielo con la ayuda de Elyon. Junto al suyo se elevaron en el aire muchísimos más, iluminando el cielo nocturno.
Sus amigos miraron aquel espectáculo en silencio, completamente fascinados. Elyon se acercó a ellos con dos farolillos encendidos en las manos. Le tendió uno a Johnny.
—Son para honrar y recordar a aquellos que nos quitó la guerra —le explicó a su amigo con voz calmada y los ojos aún brillantes por el llanto.
El chico apretó los labios cuando se le hizo un nudo en la garganta y los ojos se le empañaron.
—Gracias —musitó con voz estrangulada.
El hufflepluff cogió el farolillo, cerró los ojos inspirando con fuerza y lo empujó hacia el cielo.
—Va por ti, abuelo —sonrió con tristeza sin poder evitar que se le escaparan algunas lágrimas.
Snape observaba la escena con incomodidad. La plaza estaba llena de gente y aquel canto resonaba por doquier. El ambiente era relajado y triste al mismo tiempo. Miró los farolillos que seguían ascendiendo hacia el firmamento. Todo aquello eran vidas perdidas por una estúpida lucha de poder, vidas que él había ayudado a arrebatar.
La culpa volvió a golpearlo con fuerza en el estómago, susurrándole al oído que él allí era un intruso, una broma cruel de mal gusto.
Alguien le puso una mano en el brazo y se giró con lentitud hasta toparse con unos ojos verdes iluminados por la luz del farolillo que sujetaba. Esos ojos le hicieron sentirse bien, alejando un poco la congoja. Elyon le sonreía con cariño y le tendió el farolillo.
—Por Lily.
Snape tragó saliva aceptándolo, pero sosteniéndolo mientras sujetaba las manos de la chica entre las suyas. No se sentía capaz de hacerlo solo y la joven pareció verlo en su mirada. Sin pronunciar palabra alguna, empujaron el farolillo de papel hacia el cielo. Y fue como si en su ascenso aquella luz se llevara consigo parte de la tristeza y la culpa. Cerro los ojos, aún con la cabeza alzada e inspiró con fuerza.
Azrael se quedó mirando a la pareja ¿A quién había perdido el mortífago durante la guerra para que esa expresión fría de siempre se hubiera vuelto, por unos segundos, de tristeza absoluta? Sabía que él era el supuesto mortífago tránsfuga, pero no se lo había terminado de creer hasta ese momento. Tal vez su corazón no estuviera tan podrido como él sospechaba.
Cuando se dejaron de lanzar farolillos y estos estuvieron ya tan altos que parecían parte del cielo estrellado, los músicos empezaron a tocar la melodía que daba inicio a la fiesta de esa noche. Los imtares hicieron sitio alrededor de las hogueras para permitir los bailes.
Azrael alargó una mano en busca de la de su nieta, esta se la tendió y ambos salieron de entre la multitud. Se colocaron uno frente a otro y el elfo empezó a entonar la canción tradicional. Su voz grave resonó en la plaza por encima del crepitar de los fuegos. Elyon no tardó en unirse a la canción comenzando el baile. La voz dulce de la muchacha acompañó a la de su abuelo, formando un dúo de graves y agudos que recorrió las calles.
Snape se la quedó mirando. No sabía que ella supiera cantar, menos aún que lo hiciera con esa voz que le erizó la piel y le aceleró el corazón, suave y queda, que parecía llegar a cualquier recoveco dentro de él y hacerlo vibrar. La escuchaba ensimismado, como embrujado por el canto de una sirena.
Al poco se les unieron a la canción y al baile otros imtares, que se acercaron a las hogueras a realizar aquella danza tradicional, ahogando el canto de la Gran Familia y al mismo tiempo creando una sola voz.
Las diferentes parejas que bailaban lo hacían completamente sincronizadas, al ritmo de aquella canción triste y alegre al mismo tiempo. Snape seguía con la vista fija en Elyon, que baila junto a su abuelo aquella danza que ellos habían practicado juntos tantas veces, y quiso ser él quien ocupara el lugar de Azrael. Quiso poder colocar los brazos alrededor de ella y coger sus manos mientras se perdía en su mirada. Lo deseó tan fervientemente que le dolió el pecho.
Sacudió la cabeza con brusquedad ¿Qué demonios había sido eso? Se recompuso como pudo. Aquello tenía que haber sido producto de la magia que había empezado a fluir allí con fuerza, podía sentirla en el ambiente, cálida como una brisa estival. Bailar con Elyon allí en medio habría sido un error catastrófico, debía evitarla el resto de la noche, ser simplemente su vigía. Allí había muchos ojos, y por mucho alcohol que fuera a correr por la ciudad esa noche, no conseguiría cegarlos a todos. Y algo le decía que si bailaba con ella acabaría dejándose llevar, bajando sus defensas y cometiendo un catastrófico descuido.
La canción terminó con una reverencia educada. Acto seguido el ritmo de la canción cambió a una más alegre, se rompieron la mayoría de las parejas y comenzaron los bailes grupales, como en la taberna, alrededor de las hogueras. Las jarras de bebida llenaron las manos de muchos. Johnny, Lisa y los demás se apresuraron en unirse a los bailes aunque no supieran los pasos.
Snape se mantuvo al margen mientras la fiesta transcurría con normalidad, sentado en uno de los grandes troncos colocados como bancos para que la gente pudiera descansar. Desde allí podía observar a Elyon sin problemas, mientras bailaba con quien se lo pidiera y se divertía junto a los demás. Entre los que danzaban con alegría estaba Heon y su familia, Rasmu e incluso Kove, que tenía como pareja a una mujer de larga melena pelirroja, que lo miraba embelesada, creía recordar que era la dueña de la taberna que más frecuentaba Elyon.
El mago ahogó una risilla "Míralo, a su edad y aún es capaz de levantar pasiones, que callado se lo tenía ¿Quién lo habría dicho?"
Al rato Heon se sentó a su lado y le tendió una jarra.
—No lleva alcohol, tranquilo.
Snape cogió la jarra de madera asintiendo como agradecimiento.
—¿No vas a moverte de aquí?
—Si no recuerdo mal, mi trabajo es vigilar y proteger —aclaró tras un largo trago.
—Sabes que podemos hacer turnos, ¿verdad? —el elfo lo miró de forma socarrona—. Azrael no va a darte la patada porque te diviertas un poco, al contrario, verá con buenos ojos que participes y demuestres tener sangre en las venas.
—No me gusta bailar —se limitó a responder.
—No te gusta bailar, no te gusta nuestra ropa, no te gusta divertirte ¿Hay algo que te guste? —se mofó Heon.
Snape lo miro molesto.
—Cierto, sí hay algo que te gusta. Y está ahí bailando, esperando a qué te dignes a levantarte de este tronco —señaló con picardía a Elyon, que estaba en esos momentos bailando con Nuth.
—Pensé que no querías que me acercara a ella —miró a la joven con desánimo.
Heon le dio un trago a su cerveza.
—Yo no dije eso, dije que si le hacías daño te castraría —aclaró.
—Es lo mismo —volvió a beber de la jarra.
El elfo puso los ojos en blanco. Iyala llegó hasta ellos con una sonrisa cansada.
—¿Y esas caras largas?
—Nuestro invitado se niega a bailar —respondió su marido encogiéndose de hombros.
—¡Ah, no! Eso ni hablar, es una falta de respeto no participar al menos en un baile —lo cogió del antebrazo y estiró de él con fuerza, levantándolo de un estirón mientras Heon le quitaba la jarra de la mano.
Aquella mujer era más fuerte de lo que parecía y lo arrastró con pasmosa facilidad.
—Iyala, te lo pido por favor —le suplicó incómodo.
—No seas crío. Ya tienes una edad para ciertos comportamientos.
La mujer lo metió en el gentío que bailaba y lo obligó a cogerla de la mano y la cintura. El chico resopló y siguió los pasos de la mujer, acompañando el ritmo de la canción como buenamente podía.
—No está nada mal —lo animó la mujer girando a su alrededor—. No tienes nada de lo que avergonzarte, simplemente has de encontrar una pareja con la que sentirte cómodo.
Le puso las manos en los hombros y lo empujó lejos de ella con fuerza, desequilibrándolo y haciéndole dar la vuelta chocando contra alguien.
—¡Te has animado! —Elyon sonrió de oreja a oreja al reconocerlo—. Pensé que estarías sentado toda la noche.
—Yo no…
Antes de terminar la frase la semielfa ya lo había arrastrado al baile sin que él pudiera evitarlo. O más bien, aunque le fastidiara admitirlo, sin querer evitarlo. El mago tardó poco en hacerse al ritmo.
—Me encanta pelear contigo —le gritó por encima de la música para que pudiera oírlo.
Snape sintió un ligero calor en las mejillas. Sabía que con pelear, se refería a bailar.
La música siguió sonando hasta que inundó sus sentidos, consiguiendo que se evadiera y perdiera parte de la vergüenza. Se centró en Elyon, que lo miraba con atención a los ojos mientras reía con inocencia cada vez que él erraba un paso y tropezaban, mientras giraban uno entorno al otro sin apenas soltar sus manos. Para cuando se dio cuenta llevaba allí en medio tres canciones, y no le importó.
—Deberían ser un poco más discretos —le susurró Nuth a Feriel, se habían retirado a descansar y beber un poco—, o se acabarán dando cuenta todos.
—Por muy discretos que intenten ser, hay cosas que saltan fácilmente a la vista —Heon se había cercado a ambos por la espalda sigilosamente, sin que estos se enteraran.
—¿Tú también lo has descubierto? —su hijo lo miró frunciendo el ceño.
—Renacuajo, tu padre se da cuenta de muchísimas cosas —lo miró de forma significativa, apoyando un brazo en su hombro.
Nuth alzó una ceja incómodo, sin querer entender por completo lo que le estaba diciendo.
Lisa, Will, Johnny y Grace estaban sentados en otro de los troncos. El hufflepuff se sentía satisfecho por haber conseguido bailar con dos elfas que a su parecer quitaban el hipo, pero por otro lado estaba enfurruñado por no haber podido conseguir un poco de hidromiel o cerveza.
—Snape me sigue sorprendiendo —comentó Will—. Que sepa bailar es ya el colmo, es como… no lo asimilo.
—Tampoco es que sea un pedazo de bailarín —añadió Lisa.
—No, pero yo pensaba que no sería capaz de hacer nada que no tuviera que ver con pociones o conjuros.
—De no ser por Elyon me da que sería así —comentó Grace.
Hacía rato que sonaba una canción lenta. Elyon se había acercado al chico pese a saber que se iba a sentir incómodo. Al principio simplemente había pegado su cuerpo al suyo, manteniendo una mano su hombro y la otra, la que él sujetaba, en alto. Finalmente había terminado reposando la cabeza en su hombro. Podía sentir el latir fuerte de Snape, como un arrullo, y dibujó una pequeña sonrisa relajada, cerrando los ojos. A medida que la melodía siguió sonando, el chico se calmó ayudado por el cansancio de los bailes anteriores, y terminó apoyando su mejilla en la cabeza de la chica con expresión serena. Ambos se mecían al compás, en su propia burbuja entre el resto de parejas que bailaban.
Johnny se atragantó con su bebida.
—¡La madre que la parió! —tosió el chico— ¡No puede ser verdad!
—¿Qué pasa? —Lisa lo miró sobresaltaba.
—Joder ¿No os dais cuenta? ¡Le gusta…!
—¡Shhhh! No lo grites —lo cortó Grace.
—¿Tú lo sabias? —el hufflepuff la miró furioso.
—Saltaba a la vista y lo confirmé.
—¿Pero de qué habláis? —quiso saber Lisa.
—Mira a Elyon con atención y lo sabrás —Johnny la señaló.
Lisa y Will se la quedaron mirando sin saber qué debían ver.
—Está bailando —la morena se encogió de hombros.
—¿Estás segura de que no necesitas gafas? —el tejón la miró incrédulo—. A Elyon le gusta Snape.
A la gryffindor le entró la risa.
—Sí, claro, y las mandrágoras cantan como los ángeles.
Pero su amigo y Grace no se rieron, y Will seguía mirando a la semielfa con el ceño fruncido. Lisa volvió a girarse observándola con atención. Tenía una sutil sonrisa en los labios mientras mantenía los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el hombro de su profesor de pociones.
—Pero… pero… nooooo —gimió incrédula.
—Y eso no es todo ¿Habéis visto a Snape? —comento Will.
—¿Cuándo pensabas contarnos esto? Nos sueltas todos los cotilleos del colegio y te callas precisamente esto —la gryffindor miró a Grace con enfado.
—¿Yo? —rio socarrona—. Nunca. No es asunto mío y como es mi amiga le guardé el secreto. Esto lo tiene que contar ella, así que fingid que no habéis visto nada.
—¿Cómo se supone que voy a fingir que no estoy viendo ESO? —Johnny alargó ambos brazos para señalarlos.
La pelirroja le dio una fuerte colleja para que fuera más discreto.
—Nosotros también somos sus amigos —le reprochó Lisa.
—Unos amigos que la habrían tratado de loca, y en vez de ofrecerle apoyo o consejo, se habrían reído en su cara —los miró con dureza.
—¡Eso no es cierto! —su amiga la miró dolida.
—Es lo que estáis haciendo ahora mismo.
Los tres se miraron entre ellos.
—Es que es… Snape… es…
—Su elección —zanjó el asunto la pelirroja—. A mí también me cuesta creerlo. Pero es la primera vez que se enamora, y no precisamente de una persona fácil. No se lo compliquéis más, ¿vale?
—Habiendo candidatos… —gruñó Johnny.
—¿Como tú? —lo picó Will sabiendo que en su momento le había tirado los trastos, su amigo le sacó la lengua de mal humor.
—Sea como sea, esto que quede entre nosotros. Su familia no puede enterarse. Es complicado de explicar y este no es el mejor sitio —el hufflepuff abrió la boca para protestar—. Tened paciencia, solo os pido eso. Hablaremos después de la fiesta.
Cuando Elyon y Snape se acercaron a ellos para sentarse a descansar, se esforzaron en disimular. Salvo Johnny, que no les quitó los ojos de encima a ninguno de los dos, en busca de más señales que le dijeran si entre ellos había algo o no.
Heon les trajo otras dos jarras de bebida a Snape y Elyon, y un pequeño vaso al tejón.
—Es un trago de hidromiel, la más suave que tenemos. Para que se quite esa cara de enfado —le dijo el elfo—. Ese es todo el alcohol que te voy a conseguir.
Elyon resopló, menos mal que Johnny no vivía allí o tendría aún más peligro por culpa de su tío y Nuth, con los que se llevaba de maravilla.
—Eres mi héroe —el chico se apresuró en bebérselo de un trago.
Su expresión cambió en el acto y empezó a boquear mientras se le saltaban las lágrimas.
—Abrasa —gimió con voz ronca.
Sus amigos rompieron a reír mientras el chico corría a tomar un trago de su bebida sin alcohol, vaciando media jarra de un trago.
—¿Y eso es lo más suave? —miró a Heon con la cara roja como la grana.
—No, te he tomado el pelo. Es la segunda más fuerte, imagínate la primera y una resaca con ella —se mofó el hombre bebiendo de su cerveza mientras todos reían de lo lindo por la novatada—. Nada recomendable. Te lo dice uno que la ha sufrido más veces de las que puede recordar.
Al poco aparecieron unos elfos jóvenes y se llevaron a las chicas a bailar.
—Pobre Elyon, apenas la dejan descansar —comentó Will, divertido.
—Es el precio a pagar en fiestas por ser de una Gran Familia —suspiró Heon—. Azrael tampoco se ha podido dar un descanso aún, hacía tantos años que no participaba, que todos están aprovechando la oportunidad por si no vuelve a repetirse.
—Yo no pienso quedarme aquí sentado muerto del asco. Me voy en busca de una buena compañera de baile —Johnny se puso en pie de un salto y se perdió entre la multitud.
—¿Y tú? —el elfo miró a Snape con una ceja alzada— ¿Vas a morirte del asco?
—Yo ya he bailado lo suficiente por el resto de mi vida —respondió con hosquedad.
Will resopló conteniendo la risa y se llevó la jarra a los labios para disimular cuando su profesor le clavó la mirada.
—No la pagues con el chico que yo pienso lo mismo —Heon le palmeó el hombro al sentarse a su lado.
Elyon siguió bailando con todo aquel que se lo pidió, incluyendo a Kove cuando Fingaerel se tomó un pequeño descanso. A la joven empezaban a dolerle los pies, pero se lo estaba pasando tan bien que no le importó.
Cuando la canción terminó, entre la multitud que bailaba apareció Rasmu, que hizo una educada reverencia extendiendo su mano hacia ella para pedirle ser su próxima pareja, con una sonrisa ladeada. Ella aceptó devolviéndole la sonrisa.
Si la joven había pensado que sus movimientos al luchar con la espada eran gráciles y elegantes, bailando era aún más impresionante. La llevaba con tal soltura que se sentía casi flotar. Cuando debía sujetarla lo hacía con firmeza y delicadeza con sus manos grandes y fuertes, manteniéndole la mirada con aquella sonrisa ligeramente altiva. Sabía que bailaba muy bien y evidentemente no le importaba fardar de ello.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Las que quieras —le respondió sin detener el baile.
—Apoyaste a Snape en la Evaluación.
—¿Y?
—¿Por qué? —quiso saber, mirando fijamente aquellos ojos azul oscuro como el océano.
—¿Crees que solo por ser humano y exmortífago lo descartaría a pesar de demostrar su valía? —su sonrisa burlona se ensanchó, ella asintió antes de la hiciera dar una vuelta sobre sí misma, colocándose luego a su lago pasando un brazo por su espalda—. No soy como tu abuelo. Intento guiarme por los hechos y la lógica, y estos me decían que Severus era la elección acertada. Es hábil, tenaz y resolutivo, y aparentemente no tiene nada que perder, por lo que no tiene miedo ni titubea. Su único defecto grave, es ser humano.
Giró a su alrededor, rodeando su cintura con un brazo.
—¿Por qué te gustan tan poco los humanos?
—Porque son una especie destructiva, lo arrasan todo a su paso.
—No todos son así. Hay humanos buenos —le dijo con determinación, mientras enlazaba su brazo con el de él.
—Yo no hablo del individuo, si no del conjunto —la miró con seriedad—. Claro que hay humanos buenos, igual que elfos malvados. Pero los hombres tienden a moverse como un rebaño, y a elegir como guía a una bestia voraz, que lo consume todo. Eso los convierte en una enfermedad que se extiende con rapidez, hasta que a su alrededor ya no queda nada. Ha pasado demasiadas veces para que pueda considerarse una simple casualidad —ambos alzaron las palmas y las unieron, moviéndose uno entorno al otro, muy juntos—. No digo que sea la norma, como quieren hacernos ver los sublevados, pero sí que es una tendencia peligrosa. Por desgracia demasiados humanos son codiciosos, tienen un vacío en su interior que no pueden llenar, por mucho que lo intenten. Y provoca que cojan todo aquello que tienen a su alcance, sin importar que sea o no suyo, o que puedan hacerlo desaparecer por completo —volvió a hacerla girar sobre si misma y luego la colocó frente a él. La joven puso una mano en su hombro mientras Rasmu sujetaba su izquierda en alto, con su otra mano en la parte alta de su espalda—. Son como hurracas, buscan siempre lo más precioso que hay en el mundo y lo exprimen. Por eso —soltó su mano y la llevó cerca de su rostro, cogiendo uno de los mechones azules—, tenemos que proteger de ellos, a toda costa, las cosas hermosas que nos quedan —le colocó el mechón tras la oreja, sin ni siquiera llegar a rozársela.
Elyon se lo quedó mirando completamente descolocada por aquel gesto, mientras sentía cómo sus mejillas ardían. Rasmu suspiró ampliando su sonrisa, ahora calmada, e hizo una pequeña reverencia al soltarla. La canción había terminado y la chica no se había dado ni cuenta. De algún modo su forma de hablar y mirarla mientras bailaban la habían atrapado.
—Gracias por concederme el baile —se despidió.
La joven apenas acertó a asentir con la cabeza, asimilando la conversación y lo último que le había dicho. Se giró para volver a mirarlo, pero Rasmu había desaparecido entre la gente. Se humedeció los labios y se retiró el pelo de la nuca, atusándoselo, inquieta. Sacudió la cabeza y fue a descansar un poco.
Cuando se sentó junto a Snape, aun distraída, este le pasó la jarra a medio beber que le había estado guardando ese tiempo.
—¿Acercando posturas con los que odian a la mitad de tus antepasados? —le preguntó el chico.
—¿Qué? —lo miró volviendo al presente.
—Te he visto hablar con Rasmu mientras bailabas con él —concretó, intentando no sonar molesto.
Seguía sin gustarle ese elfo, y verlo bailar con Elyon con tanta confianza y tan cerca de ella…
—Sí, bueno… me ha pedido un baile, no iba a negarme con todo lo que me ha ayudado aquí. Y ha dicho cosas buenas de ti.
Snape soltó un pequeño gruñido escéptico.
—¿Y los demás? —la chica miró a su alrededor buscando a sus amigos.
—Bailando, creo. Mi trabajo es vigilarte a ti, no a ellos. Ya son mayorcitos —respondió secamente.
Elyon puso los ojos en blanco, era asombrosa la rapidez con la que se le agriaba o relajaba el carácter. Bebió un poco más, estaba sedienta después de tanto baile.
Al cabo de un rato apareció un elfo moreno de pelo corto, que le pidió un baile a la semielfa. Y a pesar de que empezaba a notar un cansancio generalizado y dolor de cabeza, se puso en pie. Supuso que era lo que se esperaba de ella esa noche, al fin y al cabo, su abuelo tampoco había descansado mucho ni rechazado ningún baile, ya fuera en pareja o grupal. Le pasó su jarra a Snape antes de marcharse, este se la sujetó con resignación.
La llevó a un baile grupal, en el que, aunque cambiaban de pareja en cierto momento, siempre volvían con la misma. Elyon empezó a encontrarse mal, algo mareada y con el cuerpo pesado, le pareció que todo a su alrededor transcurría más lento de lo que debería.
Creyó ver algo moverse entre la multitud, una figura oscura y esquiva.
—¿Pasa algo? —le preguntó su pareja.
No respondió, siguió mirando entre la gente mientras bailada. Volvió a localizarlo y perdió el color en las mejillas.
…..✦…..
Snape se llevó la jarra a los labios, pero antes de beber cayó en la cuenta de que era la de Elyon y no la suya. A la chica le gustaban las bebidas demasiado dulces. Al alejársela del rostro para beber de su propia jarra capto un olor sutil y extraño, pero familiar. Y volvió a acercarse la jarra al rostro para saber de qué le sonaba.
…..✦…..
Pudo ver el pañuelo negro con la estrella plateada antes de que la figura volviera a desaparecer entre los imtares ¿Cómo es que nadie lo había visto? La canción que sonaba cambió a una melodía que ella conocía bien y le erizó la piel con un escalofrío de miedo. Y por primera, después de mucho tiempo, la letra de esa canción acompañó a la melodía, con un siniestro eco.
"El lobo aúlla en el bosque esta noche,
por mucho que quiere, no puede dormir,
su tripa ruge de hambre y en su guarida hiela."
Su respiración se aceleró. Se acordó del sublevado de largo pelo rubio platino de sus pesadillas y recuerdos.
"Lobo, lobo, ven junto a mi hoguera,
te daré calor, te daré alimento,
pero promete quedarte a mi lado."
El sublevado volvió a desparecer entre los asistentes. Se giró con apremio hacia su pareja de baile para advertirle. Y se alejó de él a trompicones. Su rostro estaba deforme y borroso, como el resto de los allí presentes, y cubierto por un pañuelo negro y una estrella brillante. Quiso gritar, pero se había quedado sin voz.
…..✦…..
Reconoció el olor. Proteya. Levantó la vista de golpe y buscó a Elyon. No la encontró por ninguna parte. Salió corriendo hacia donde la había visto por última vez, hasta encontrar al elfo que la había sacado a bailar y que ahora estaba solo.
—¿Dónde está Elyon? —le urgió cogiéndolo del hombro con brusquedad.
—Se ha ido corriendo, como si algo la hubiera asustado —respondió confuso.
El mago lo soltó y fue en busca de ayuda.
El elfo borró su expresión de desconcierto y se metió entre la gente con rapidez, sacando de su bolsillo un pañuelo color negro y bordado en plata.
Snape encontró a Heon bailando muy acaramelado con Iyala, y corrió hasta ellos.
—Tenemos que encontrar a Elyon —los miró con urgencia.
—¿Qué pasa? —el hombre vio la desesperación en sus ojos.
—Le han puesto proteya en la bebida, no sé cómo. Es un alucinógeno muy potente y no la encuentro, no está. El chico que la ha sacado a bailar dice que se ha asustado y ha salido corriendo —explicó con rapidez.
—¡No, no, no! —gimió Heon y se giró hacia su mujer que los miraba con horror— Busca a todo aquel que pueda ayudarnos a encontrarla antes de que sufra otra crisis.
—¿Otra crisis? ¿Qué crisis? —Snape los miró sin entender.
El anillo verde que llevaba en el dedo se calentó a tal velocidad y a tanta temperatura que tuvo que quitárselo y soltarlo con un gruñido de dolor. Estaba como al rojo vivo y le había dejado una marca amoratada en piel.
Se escuchó una fuerte explosión y una columna de humo se elevó en el aire con rapidez.
—Demasiado tarde —gimió Heon—. ¡Moveos, ya!
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