6º curso. Capítulo 9
—Dame carta. ¡Bah! Paso.
—De verdad no entiendo cómo puedes estar tan tranquilo ¿Tú has visto el plazo que tenemos? Robo carta.
—Sois unos quejicas. Tenéis tiempo de sobra. Robo.
—No tan de sobra como nos gustaría. Se me comen los trabajos por momentos.
—Entonces haberte puesto antes a trabajar. Paso.
—¡Oh! Sí, discúlpeme usted, Señor Organización ¿De verdad crees que no he estado haciendo nada hasta ahora?
—¡Chst! No me extrañaría nada.
—¡Eh! Ponte tú a memorizar órganos y ciclos biológicos, y luego hablamos de quién tiene unas asignaturas tiradas y tiempo de sobra para darse el lote y no-quiero-saber-qué-más con su novia, a la que nos despistamos.
—A mí no me metas. Voy de culo con el grupo estudiantil.
—Menuda pérdida de tiempo.
—No dirás lo mismo cuando nos quitemos de encima al capullo de Batts. Y no quiero seguir discutiendo sobre ello contigo ahora.
—¡Callaos ya y pasadme carta! No sé quién habrá barajado, pero vaya mierda me está tocando.
—Hacéis mucho ruido para estar en una enfermería —remugó Elyon abriendo los ojos.
—¡Hola Belladurmiente! —Johnny soltó las cartas que tenía en la mano y se apresuró a saltar sobre su cama.
Elyon se sentó con un gruñido, estaba mareada y adormilada. Sus amigos se habían acomodado en la cama de al lado y estaban jugando a las cartas sobre ella. Lisa acariciaba a Eizen, posado en sus piernas cruzadas.
—¿Qué hacéis aquí?
—Hacerte compañía en nuestras horas muertas. Llevas tres días desaparecida —explicó el hufflepuff —. Cuando nos dimos cuenta de que ni tú ni Míster Simpatía aparecía, fuimos corriendo a Dumbledore para saber si había pasado algo. ¡Y sorpresa, ¿quién lo diría?! Había pasado.
Se giró entonces hacia su izquierda. La cama estaba vacía.
—La Reina Murciélago hace dos que está de vuelta dando clases —le aclaró Grace recogiendo la baraja.
Elyon suspiró con alivio y una pequeña sonrisa. Había conseguido traerlo de vuelta.
—¿Se puede saber qué ha pasado esta vez? —Lisa la miró frunciendo el ceño.
—Que la cagué. Creo que ha sido de las peores cagadas que he hecho nunca —se llevó las manos al rostro con cansancio.
Les explicó lo que había pasado y los motivos por los cuales había recurrido al Hilo Guía. No comentó nada respecto a lo que había descubierto sobre su profesor. No solo por mantener su privacidad, sino porque también aquella parte estaba emborronada y confusa en su mente. Recordaba fragmentos, algunos de los cuales ni siquiera sabía si eran reales o soñados.
—No entiendo por qué Snape se ofreció a volver a ser tu Protector, siempre que pasa algo serio, termina recibiendo por ti o contigo —comentó Will con hastío—. No te lo tomes a mal, pero yo habría delegado el honor de ser tu guardaespaldas. Hay que ser masoca o algo peor.
Johnny lo miró de forma significativa.
—Y hablando de la Reina Murciélago… —comenzó Lisa.
—¡Dejad de llamarlo así! —les espetó con enfado.
—Sobre eso queríamos hablar desde la Noche de las Hogueras. Pero luego hubo el ataque, tardaste en volver al colegio, se nos echaron encima las clases y no encontrábamos el momento… —prosiguió la morena.
—¿Desde cuándo babeas por él por los rincones? —preguntó el tejón a bocajarro, harto de que el resto diera mil vueltas al tema sin atreverse a mencionarlo.
Elyon se sonrojó de golpe hasta la punta de sus orejas.
—A mí no me gusta, simplemente me cae…
—Ahora mismo se podrían freír huevos en tus mofletes. Así que no fastidies y sé sincera —siguió apretando Johnny.
La semielfa volvió a mirar la cama vacía de su izquierda, y mientras lo hacía sintió un hormigueo en el estómago que le aceleró el corazón.
—No lo sé… Creo que… No sabría decirlo. En algún momento entre el camping y el inicio de este curso. Puede que antes, no lo sé.
—Qué concreta —se mofó el hufflepuff.
—¿Y pensabas decírnoslo algún día? —Lisa la miró alzando una ceja.
—No —respondió tajante—. Es algo que no lleva a ninguna parte y no me apetecía nada escuchar vuestras bromitas lo que me queda en Hogwarts. Ya me bastó con Remus.
—¿Ahora me entendéis cuando os comenté que a veces sois unos capullos con ella? —Grace miró a sus amigos.
—Tú con Remus tampoco te quedaste corta ¿Por qué has tenido que contarles lo de Snape? Pensé que quedaba entre nosotras —la miró, dolida.
—Grace no ha abierto la boca —interrumpió Will—. Nos dimos cuenta poco antes del ataque en Imtar, mientras bailabas con él.
Elyon se quedó blanca. Si ellos se habían dado cuenta…
—No fuiste muy discreta. Nuth y Feriel lo vieron incluso antes de la fiesta, y seguramente el resto de tu familia también se haya dado cuenta.
La semielfa se puso aún más pálida. Cerró los ojos con angustia y ahogó un gemido.
—Vale que la Rein… Snape no es la persona más simpática del mundo… —comentó la gryffindor.
—Ni la más agraciada —añadió Johnny, recibiendo en respuesta una colleja de Grace.
—Pero vimos lo que hizo por ti, y quién sabe, tal vez tengas razón y bajo toda esa mala leche haya algo que valga la pena —concluyó Lisa—. Perdón por ser tan idiota. Tú me apoyaste mucho con Will cuando él aún estaba con su ex, no debería habértelo pagado así.
—En parte os entiendo. Soy consciente de cómo es Snape, de todas sus cosas malas —se quedó en silencio, con esa ansiedad burbujeante en su estómago—. De estar en vuestro lugar seguro que me habría comportado igual. No me gusta estar pillada de él, no cuando sé que es un callejón sin salida.
Sus amigos se miraron entre ellos con culpabilidad. Pomfrey entró en la habitación cuando Will iba a abrir la boca para replicarle a la semielfa.
—Les dije que les permitía quedarse si me avisaban cuando despertara —les regañó—. No han cumplido con su parte, así que háganme el favor y salgan de la enfermería. Y que uno de ustedes vaya a avisar al director.
Los cuatro se quejaron sin éxito y finalmente obedecieron, llevándose con ellos al pequeño halcón.
Junto a Dumbledore llegaron Torlok y su tío, que parecía más relajado que la última vez que estuvo con ella. Comprobaron que todo estaba en orden, y su tío, tras una larga reprimenda en un tono menos airado y más tajante, despidió al mago y al elfo sanador para quedarse a solas con ella.
—¿Por qué los has echado?
—Porque quiero preguntarte sobre cómo te fue el trance y lo que recuerdas. Y teniendo en cuenta que estuviste entre los recuerdos de Severus, quiero mantener su privacidad.
—¿Y tú? —Elyon frunció el ceño.
—Yo ya hurgué en ellos a causa del Gusano. No me desvelarás nada que no sepa.
—Tampoco tengo muy claro qué vi. Es difuso. Hay cosas que recuerdo bien. Otras… es como si hubieran pasado hace mucho o simplemente no sé si las he soñado. Es una sensación rara.
—Puede que sea mejor así, para Severus. Exponerse tanto a otro no es agradable. A todos nos gusta guardar nuestros secretos. Cuando se pasea por la mente de otro, ese otro queda al desnudo frente a ti —Heon sonrió de medio lado, con tristeza.
A la mente de Elyon acudió la imagen de Snape colgado de los tobillos, luchando por liberarse y quitarse del rostro la túnica que no le dejaba ver. Dibujó una mueca de congoja.
—¿Qué pasa? —el elfo la miró con preocupación.
—He recordado algo de lo que vi —musitó.
—Severus no ha llevado una vida fácil.
La joven negó con la cabeza y la vista baja, dándole la razón.
—Y yo se la complico más.
—Dicen que sarna con gusto, no pica —le guiñó un ojo.
Su sobrina lo miró descolocada.
—No entiendo.
—Ya lo entenderás —le revolvió el pelo con cariño—. Seguramente lo que viste durante el trance se vaya volviendo más nítido en tu memoria, si no todo, la mayoría. Mínimo a lo que prestaste más atención, pero tampoco te obsesiones con ello.
—Por mí como si no recuerdo nada de eso —resopló—. Ya sé demasiado sobre Snape en comparación con lo que él sabe de mí, no me parece justo. Pero lo que sí me sigue obsesionando es lo que no puedo recordar del ataque a Imtar.
La expresión relajada de Heon desapareció.
—No quiero que me provoque un brote.
—¿Conseguiste acercarte con el Hilo Guía? —Elyon negó con la cabeza. El elfo suspiró— Te daré nociones para relajar tu mente y bloquear ese momento. Déjame continuar —la cortó al ver que pretendía encararlo—. Si no te acercaste ni con el Hilo, y solo ha empezado a ser un peligro a raíz de lo sucedido en la Noche de la Hogueras, quiere decir que para sacarlo fuera vas a necesitar un detonante, no hay otro modo. Tiene que salir solo. Y no voy a exponerte a otro enfrentamiento con los sublevados solo para que puedas recordar ¿De acuerdo? Nos tomaremos esto con calma e iremos paso a paso, para evitar más daños.
—Vale —accedió con resignación.
No era lo que quería oír, pero era preferible eso y frenar sus brotes a terminar matando a alguien solo por sus ansias de descubrir lo que fuera que no querían contarle.
—¿Pero podré recordarlo en algún momento?
—Supongo. Esto no es una ciencia exacta. Hay quien tras mucho trabajo logra hacerlo, quienes necesitan el detonante y quienes nunca llenan ese hueco.
—Si no logro recordar… ¿Al menos me lo contaréis? —lo miró suplicante.
Heon le apartó la mirada, suspirando con pesar.
—Mataste a uno de los dos sublevados. No sabemos cómo, pero lo mataste. El otro consiguió huir, aunque creemos que también lo heriste, no sabemos si de gravedad o no. Y eras tan pequeña que nos aterra saber cómo fue —Elyon lo miró con los ojos inundados en lágrimas y el corazón latiendo muy deprisa. Recordó el sueño en el que todos estaban muertos a su alrededor, en el que mataba a su primo por accidente—. Iyala estaba en shock mientras se desangraba y Nuth nunca ha querido hablar del tema. Pasara lo que pasara, no fue agradable por lo que encontramos al entrar en la habitación. Por eso intentamos que lo dejes correr —le cogió las manos con delicadeza—. Hay cosas que es mejor no recordar.
—Pero sueño con uno de ellos. Siempre que tengo una pesadilla está él. Con su pelo largo y blanco bajo la capucha negra, diciéndome que me vaya con él. Desde que murieron papá y mamá me persigue —gimió—. Y siempre que sueño con él, o lo escucho cantar, pasa algo horrible. Yo solo quiero que me deje en paz y creo que para eso he de recordar, por muy horrible que sea. Yo ya… ya he matado a otros —cada vez que admitía aquello sentía desgarrarse una parte de ella.
—A veces las pesadillas son solo el reflejo de nuestros miedos y cuanta más importancia les des, más reales se harán esos temores.
La mente de Elyon volvió al sueño, a los rostros sin vida de sus seres queridos, abiertos en canal a su alrededor ¿Y si no era exactamente un sueño?
—Pero…
—Debes dejar ir ese miedo —su tío le acarició la mejilla—. Te prometo intentar ayudarte, pero has de dejarme hacerlo, si no, no servirá de nada.
—¿Crees que el elfo de mis pesadillas es Ojzamor? ¿El elfo que escapó de mí? —lo miró a los ojos, no había pensado en ello hasta ese momento.
—Es una posibilidad. Nunca lo hemos visto, ni tenemos información sobre su aspecto.
—¿Y si es como Voldemort? ¿Y si es capaz de entrar en mis sueños? ¿Y si se quiere vengar por lo que le hice?
—Eso es increíblemente complicado sin un conjuro, y tú ya no tienes ninguna maldición encima —le acarició con el pulgar el antebrazo liso desde hacía semanas, en el que ya no quedaba rastro de la Marca— Aun así, trabajaremos en ello, para que estés más tranquila.
—¿Cuándo empezamos?
—Date unos días más de descanso. Deja de forzarte tanto o te arrepentirás, no somos una máquina a la que se le puedan cambiar las piezas desgastadas.
Elyon arrugó la nariz de mal humor y los ojos aún brillantes.
—Impaciente como Liz —resopló Heon con una sonrisa triste—. Está bien —suspiró—. Empezaremos por ejercicios para relajar tu mente y fortificarla antes dormir.
La semielfa se sentó más erguida en la cama cruzando las piernas y puso toda su atención en lo que su tío le explicaba.
…..✦…..
Lo primero que hizo al salir de la enfermería fue darse una buena ducha. El agua caliente sobre la piel siempre la ayudaba a relajarse y a pensar con mayor claridad. Y en esa ocasión tenía mucho sobre lo que pensar.
No podía seguir siendo tan impulsiva, era consciente de ello, pero no sabía ser de otra manera. Menos aun cuando le ponían tantas trabas o había alguien que necesitaba ayuda. Algo la empujaba a dar un paso hacia adelante prácticamente a ciegas, una fuerza explosiva de la que ni siquiera era consciente, que la movía en apenas un pestañeo sin poder hacer nada por evitarlo. Todo el mundo le decía que esa era una cualidad muy loable en ella, pero la joven no lo terminaba de ver igual. Tal vez si su situación fuera diferente sí sería algo de lo que sentirse orgullosa, pero por desgracia sus buenas intenciones siempre tenían consecuencias desagradables para los que estaban cerca. Aun se le revolvía el estómago recordando a Snape en coma, sin saber si podría despertar, o en lo que les podía haber pasado a sus compañeros durante el ataque a Hogwarts si no hubieran aparecido los elfos. No podía seguir permitiéndose fallos así, por mucho que le pesara y le costara. Debía empezar a moverse por lo que le dictaba el sentido común y no el corazón.
Por otro lado estaba el tema de Ojzamor. Después de hablarlo con su tío, había seguido dándole vueltas a la posibilidad de que el hombre de sus pesadillas fuera él, y de que al igual que Voldemort tuviera las herramientas para colarse en su mente, en sus sueños. No entendía qué bueno podía sacar ese elfo de colaborar con el mago oscuro. Los mortífagos odiaban a los elfos, los despreciaban con cada fibra de su ser, se lo habían demostrado durante el ataque al colegio. Y aunque tal vez Voldemort no compartiera del todo esas opiniones con sus seguidores, obviamente no iba a poder erradicarlas por completo para que ambos bandos convivieran en paz si la oscuridad terminaba por vencer, algo que ojalá no sucediera nunca.
Su abuelo le había dicho que los motivos de los sublevados no estaban del todo claros, no eran transparentes y era muy probable que jugaran al despiste tanto con el resto de elfos como con los magos. Eso la aterraba aún más, porque fuera lo que fuera, la necesitaban a ella y cada vez que se había topado de frente con aquellos pañuelos negros bordados en plata, se había sentido pequeña e indefensa. Por mucho que Kove la hubiera entrenado seguía sin verse capaz de enfrentarse a ellos. Solo en la engañifa de Voldemort había podido con los elfos y solo porque a él le había interesado que creyera que era capaz de vencer, solo porque quería que el riesyl se hiciera con el control para extraer de ella una nueva vida.
Tras la ducha se arrodilló frente a su baúl en busca de ropa limpia y, sin pretenderlo, dio con la caja de madera clara, enterrada en el fondo bajo capas de ropa y libros, en la que guardaba las pocas cosas de valor que poseía. Se humedeció los labios y sacó de ella la pulsera de plata con las canicas de colores engarzadas. Gobstones. Nunca había jugado a ello, ni había visto jugar mucho a otros alumnos, parecía uno de esos pasatiempos que con el tiempo habían caído casi en desuso. Sintió alivio de que la pulsera estuviera bien tras el ataque a Imtar, más ahora que sabía que había pertenecido a la madre de Snape, una de las pocas personas que lo había tratado con cariño, o al menos con todo el cariño del que fue capaz. Se alegró de que la magia fuera una energía caprichosa, y que por ejemplo, dañara todo lo que estaba a su alrededor, incluso que la dañara por dentro, pero que dejara intacta la carcasa que la contenía y con ella todo lo que llevaba encima. Volvió a dejar la pulsera en su lugar. Snape no le había llegado a responder por qué se la había regalado aquella Navidad cuando su relación aún era tirante y llena de bruscos altibajos. Ya volvería a preguntárselo en otro momento.
…..✦…..
Pomfrey le había dado un permiso para saltarse las clases que quedaban esa tarde, para que así pudiera descansar la mente un poco más y tuviera tiempo de estirar las piernas tras varios días sin moverse. Elyon no desperdició la oportunidad de pasear por el castillo mientras la mayoría estaba en clase, disfrutando de la tranquilidad del edificio a la luz del ocaso. Asomada a uno de los ventanales reconoció enseguida la forma de caminar de la figura oscura que se dirigía a los invernaderos, con sus largas zancadas y la capa negra ondeando tras él.
Llegó a los invernaderos casi sin aliento después de la carrera por medio castillo, sin saber si para cuando llegara el mago ya se habría marchado. Por eso cuando lo vio caminar en su dirección, abstraído en lo que fuera que guardaba en el tarro de cristal que cargaba, la joven sonrió de oreja a oreja.
—¡Snape! —lo llamó sin dejar de correr.
El joven alzó la vista, distraído. Antes de poder asimilar lo que pasaba la chica ya estaba prácticamente sobre él y esta saltó sin previo aviso para abrazarlo con fuerza. El impacto hizo que se tambaleara. Sus pies resbalaron en la fina capa de barro y musgo que siempre cubría la zona de invernaderos por los riegos, sobre el terreno ya compactado tras tantos años de ser pisoteado por estudiantes, y terminó cayendo de espaldas con un sonoro quejido de dolor por el golpe, que agravó Elyon al caer sobre sus costillas a peso.
—¿Has venido a rematarme o qué? —gimió él quitándosela de encima para poder, al menos, sentarse sobre el terreno embarrado tras comprobar que el tarro de cristal estaba intacto.
Elyon lo miró a los ojos y volvió a abrazarlo con fuerza.
—Pensé que no despertarías —musitó, casi en un sollozo alegre.
Snape se quedó estático unos segundos, mientras ella envolvía su cuello con sus brazos, sin saber cómo reaccionar. Finalmente una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
—Me diste unos argumentos muy convincentes —respondió con voz suave.
—¿De verdad? —la joven lo soltó y se lo quedó mirando con incredulidad— Vaya, me alegro de que fuera capaz de decir algo que te calara lo suficiente ¿Cuáles fueron esos argumentos? Para volverlos a usar más adelante contra ti —bromeó.
La leve sonrisa desapareció del rostro del mago, y frunció el ceño.
—¿No recuerdas lo que me dijiste?
—No. Bueno, no todo. Por ahora solo recuerdo fragmentos, mi tío me ha dicho que es normal después de todo el esfuerzo que hice, que poco a poco se supone que recordaré —dibujó una sonrisa de resignación—. Pero supongo que no acordarme de todo es lo mejor. No me parece bien haber invadido así tu privacidad.
Snape sintió que se le caía el alma a los pies.
—¿Estás bien? —Elyon se lo quedó mirando con extrañeza, podía ver la decepción en sus ojos negros.
—No, estoy lleno de barro —carraspeó él haciéndola a un lado para levantarse al fin—. Solo tú serías capaz de correr por aquí y lanzarte sobre alguien como un animal salvaje.
—No pensé que te caerías —se disculpó la chica levantándose y tendiéndole una mano para ayudarlo.
—¿Acaso no has visto la de barro que siempre hay aquí? Es una maldita pista de patinaje —remugó incorporándose con una mueca de dolor, aceptando la ayuda de la semielfa.
Pero en cuanto el chico estiró de ella para conseguir resistencia y levantarse, Elyon perdió firmeza y resbaló, cayendo de culo.
—Vale, sí que resbala —admitió, levantándose y frotándose el trasero, dolorida.
—¿No deberías estar en clase? —el mago limpió a ambos con un movimiento de varita.
—Pomfrey me ha dado el día libre para que no fuerce más la mente por hoy.
—Desde luego no te conoce —resopló él con desdén—. De hacerlo habría sabido que no utilizas mucho la cabeza en clase. Ni nunca en verdad.
Elyon, lejos de enfadarse por ese insulto, rompió a reír. Estaba demasiado contenta de tenerlo de vuelta como para dejarse arrastrar por esos comentarios que solo buscaban molestarla, y al mirarlo a los ojos volvió a sentir ese hormigueo en su estómago, a sentir una extraña inquietud que la empujaba a estar próxima al chico.
—Bromas aparte —la miró con dureza—, debería ir al despacho de Dumbledore a contarle que, en algún momento, te escapaste sola al Valle de Godric a pesar de ser consciente de todo lo que podía salir mal.
La joven perdió la sonrisa y lo miró con terror.
—Yo… —no se le ocurría nada con lo que excusarse.
—¿Valía la pena el riesgo solo para conseguir una fotografía?
—Después de ver tu cara al dártela, sí —respondió con firmeza—. Pero de haber sabido que por culpa de esa idea te dejaría en coma… supongo que no tanto.
La chica bajó la cabeza y sus hombros se hundieron.
—Siempre que intento hacer algo bueno… me sale el conjuro por el mango.
—La culpa no es solo tuya. Yo no debí ceder, debí ir directamente a hablar con Heon.
La semilefa siguió con la cabeza gacha.
—Ve a descansar a tu Sala Común, mañana te toca volver a clase y ponerte al día con las que te perdiste. Y no solo con las de Hogwarts —le aconsejó el mago—. Pide algo caliente en las cocinas y aprovecha para remolonear todo lo que puedas, Kove me ha comentado que va a exigirte mucho más con tal de poder volver a las clases conjuntas de Defensa mixta.
Elyon ahogó un gemido hastiado poniendo los ojos en blanco.
—Debería buscarse un hobby o algo. O dar el paso con Fingaerel. Así estaría entretenido con otra cosa que no fuera darnos látigo.
—El problema es que ese es su hobby favorito y no creo que lo cambie por ninguna mujer —suspiró Snape con resignación.
Ambos volvieron al castillo juntos, riendo por lo bajo mientras seguían despotricando sobre su instructor.
…..✦…..
Snape se dejó caer en la silla frente a su escritorio. Cerró los ojos con fuerza y se inclinó hacia adelante hasta apoyar la cabeza en sus manos, tras recostar los codos sobre la robusta superficie de madera.
Elyon no recordaba que se habían besado.
Debía sentirse aliviado por ello, era por lo que había rogado hasta la saciedad una vez recuperó la consciencia. Pero en vez de ello, tenía una incómoda presión en el pecho fruto de la decepción y la ansiedad.
Tragó saliva tras haber sido capaz de contenerse en volver a besarla al encontrarse con ella en los invernaderos. El impulso le había ardido en las entrañas ahora que ambos habían mostrado sus cartas. Se lo había impedido su sentido común, cualquiera podría haber aparecido y ver como un profesor intimaba con una alumna. Algo completamente prohibido y con lo que él siempre había estado de acuerdo… hasta que conoció a la semielfa y esta poco a poco se abrió paso, sin saberlo, en su corazón. Por eso había sido un duro golpe descubrir que la chica no se acordara de lo sucedido.
En su interior empezó a crecer una duda, una inquietud ¿Y si ella solo le había besado para hacerlo reaccionar y convencerlo así para despertar? ¿Y si la chica no lo correspondía como él necesitaba? Sabía que le importaba a Elyon, eso era obvio. Lo había defendido frente a su abuelo, le había contado confidencias que sabía de sobra no conocía nadie más, había luchado contra su intención de permanecer en el coma. Claro que lo quería ¿Pero como a un buen amigo, como a un hermano, o quizá como él ansiaba que lo quisiera?
Dio un fuerte golpe a la mesa, haciendo temblar el bote de tinta que había sobre ella. "¡Eres un imbécil! ¿Por qué la besaste? ¡¿Por qué?! ¿Qué pasa si no consigue recordarlo? ¿Y si lo recuerda y no reacciona como quieres? De todos los actos impulsivos que has tenido en tu puñetera vida, este es sin duda el que te puede salir más caro" le reprochó la insufrible vocecilla de su sentido común.
De vuelta al mundo real le faltaba valor para hablar con ella y sincerarse. No era una conversación que pudieran tener tras una de sus clases o cuando se cruzaran en algún momento por los pasillos. Durante el trance estaban dentro de sus propias murallas, ella se había colado. Si tenía que volver a dar el paso significaba que él tendría que bajar sus defensas, quedar expuesto sin saber si saldría mal parado de aquello. Ya pasó por ello una vez cuando le suplicó a Lily perdón frente a la entrada de la Sala Común tras horas de espera hasta que la joven se dignó a salir, y lo que había recibido entonces le había dolido años, como una herida que supuraba, hasta que el unicornio le dio la oportunidad de poder volver a verla. Si esa angustia había sido fruto de una amistad, no quería ni pensar lo que supondría el rechazo de la única persona por la que daría la vida sin vacilar.
Maldito fuera él, su miedo, su impulsividad y su facilidad para tomar malas decisiones.
…..✦…..
Elyon se acomodó en uno de los pequeños escritorios libres que había en la Sala Común, frente al enorme ventanal. Aprovechó que la torre de Gryffindor estaba tranquila y prácticamente vacía.
Se mordisqueó el labio ligeramente mientras empapaba la punta de su pluma con tinta. Recordaba con mucha claridad lo que los Merodeadores le habían hecho a Snape y necesitaba hablar con Remus al respecto. Saber por qué él no se dignó a hacer nada por pararle los pies a sus amigos a sabiendas de que lo que hacían era ruin. Le costó tanto escribir aquella carta para que el licántropo no se sintiera atacado, años después de su época estudiantil, que una vez terminada tuvo que pasarla a limpio.
Enviada la carta con Eizen, se abstrajo mirando el paisaje desde la lechucería, bañado por la luz malva del crepúsculo. Se dio cuenta de que le estaba dando vueltas en su dedo al anillo de Jason, en una especie de tic nervioso. Algo la tenía inquieta desde que había despertado del trance y no sabía qué era. Tal vez fuera la impotencia de no ser capaz de ser más rápida recordándolo todo, de que fuera un proceso en el que ella no podía hacer nada salvo el tener paciencia.
Resopló con fastidio. Sacó de su bolsillo un trozo pequeño de pergamino y un lápiz, y se apoyó en el alfeizar de unos de los ventanales para escribir una breve carta a Jason. Hablar con él siempre le levantaba el ánimo. Siempre tenía alguna ocurrencia con la que hacerla reír y sentir que todo era más llevadero. Y en esa ocasión lo necesitaba, necesitaba quitarse esa presión en el pecho y ese hormigueo molesto en el estómago. Tenía la sensación de que algo importante había pasado en el trance, pero no estaba segura de querer recordarlo, no si tenía que ver con los secretos que Snape tenía todo el derecho a guardar para sí.
…..✦…..
Todos los que se habían ofrecido a ejercer de profesores de apoyo en la Sala de los Menesteres, sin excepción, salieron de las cocinas del colegio de madrugada con expresión cansada y abatida, estirando la espalda agarrotada, moviendo sus doloridos dedos y muñecas, con la piel irritada y sensible después de tanta agua, jabón y desengrasante. Elyon además tenía fuertes calambres en las piernas.
Al final Batts había terminado descubriendo las clases de apoyo y los había castigado a dejar las cocinas del colegio relucientes, junto con todo lo que contenían, después de la cena. A la semielfa en concreto la había sancionado a limpiar los suelos de piedras a cubo y cepillo de mano. La chica solo pudo asentir con la mandíbula apretada y cumplir aquel castigo que obviamente buscaba denigrarla, haciéndola pasar horas de rodillas en el suelo frío y duro, frotando la piedra porosa que, a pesar de los cuidados de los elfos domésticos, tenía suficiente roña acumulada como para parar un tren, tras tantos siglos de uso. Había tenido que tragarse todo su orgullo y amor propio, casi sintió atragantarse con él. Quiso gritar de impotencia. Pero finalmente terminó arrodillada limpiando la piedra, no podía encararse de nuevo a Batts o las consecuencias con Dumbledore serían aún peores que el castigo a cumplir. Tal vez si aquel funcionario no la hubiera mirado de aquella manera triunfante, lleno prepotencia, se habría sentido menos sucia cumpliendo la sanción. Al fin y al cabo, no era la primera vez que terminaba limpiando alguna parte del castillo hasta dejarlo reluciente. Pero esa forma en la que la había mirado le hacía hervir la sangre.
Lo curioso fue que ese castigo tampoco fue del agrado de los elfos domésticos, que se sintieron insultados porque les privaran de sus quehaceres y en cierta manera se pusiera en duda su eficacia en cuanto a limpieza y orden. Tener a un grupo de estudiantes pululando por sus dominios, toqueteando y desbaratando su lugar de trabajo los puso frenéticos. Algunos fueron a quejarse al director, otros se quedaron vigilando a los chicos para asegurarse de que todo quedaba como debía, y un pequeño grupo miró con ansiedad e impotencia a Elyon. La joven los escuchó murmurar sobre lo indignante que era verla limpiar el suelo a mano, que aquello suponía una ofensa intolerable. La semielfa más de una vez tuvo que regañarlos cuando acudieron en su ayuda, diciéndoles que se lo agradecía, pero que si Batts se enteraba de ello la pondrían en un serio aprieto.
De camino a las Salas Comunes algunos de sus compañeros comentaron que a ese paso hasta los elfos domésticos se sumarían al malestar creado por el funcionario del Ministerio, y eso sería toda una hazaña para el hombre. Era sabido por todos que los elfos domésticos se mantenían al margen de los asuntos de sus amos, siempre centrados en sus obligaciones allí donde trabajaran.
…..✦…..
Iba arrastrando los pies por el pasillo camino a la Sala Común. Solo tenía ganas de soltar los libros y la bolsa sobre su baúl, y dejarse caer a peso muerto sobre la cama. Un día de esos terminaría rompiéndola de lo mucho que lo hacía últimamente a causa del desánimo y la frustración. Se suponía que esa tarde, antes de la cena, había quedado con Will para ir a dar una vuelta, pero en verdad no le apetecía nada porque sabía que terminarían de morros.
Desde aquella pelea antes de Navidad su relación no había vuelto a ser la misma. Creían que lo habían arreglado, pero lo cierto era que a la mínima acababan discutiendo. Y ya no sabía si era culpa suya al estar tan irritable por todo lo de Batts, si era de Will porque parecía darle la razón solo para evitar más discusiones cuando veía en su cara las ganas de soltarle algún reproche, o era culpa de ambos. Desde Navidad no terminaba de estar a gusto con él, se estaban distanciando poco a poco, ya apenas se besaban y ni siquiera buscaban algún momento en el que escaparse a su escondrijo, donde sabían que nadie les interrumpiría, cuando la necesidad de sentirse piel contra piel apretaba.
—Señorita Atler, ¿tiene un momento?
Lisa alzó la vista y enseguida frunció el ceño al ver a la mujer pelirroja que se había parado junto a ella. No se había dado cuenta hasta ese momento de que casi era más alta que su profesora, y eso que ella llevaba calzado plano al contrario que la docente.
—Supongo que sí —respondió con resignación.
—Si no estoy mal informada, es usted una de las alumnas al frente del, llamémosle, Movimiento AntiBatts —Zelda enarcó una ceja.
—No, no lo está —respondió con sequedad, augurando que aquello le iba a acarrear algún problema con la bruja.
—Perfecto —sonrió la mujer—. Acompáñeme un momento, tenemos que hablar, y últimamente las piedras de Hogwarts tienen más oídos de lo habitual.
Lisa frunció el ceño con desconfianza, aun así la siguió. La bruja la guio hasta su despacho. En contra de lo que la gryffindor esperaba encontrar, se trataba de una zona de trabajo bien organizada, vestida con muebles sencillos y de manera clara, y un gran ventanal cuyas vistas daban al lago. Unas pesadas cortinas azul marino ocultaban la puerta que seguramente daba a su dormitorio. No había ningún tipo de decoración allí, a excepción de una frondosa planta cuyas hojas colgaban desde lo alto de unas librerías sin puertas todo era material de estudio.
—Vistos sus intentos de pararle los pies a nuestro muy estimado Batts —le dijo ofreciéndole asiento con un ademán, mientras ella se sentaba frente al escritorio—, está claro que necesitan la ayuda de un adulto.
—¿Disculpe? —realizó la pregunta casi con indignación.
—No me malinterprete. Se informaron y siguieron los trámites legales —sonrió con condescendencia—. Pero a veces hace falta algo más, hay que saber coger esas leyes o el vacío en ellas, y usarlo en su favor para ejercer la presión necesaria en el sitio indicado.
Lisa soltó un ligero resoplido.
—No se sienta atacada.
—Es difícil no hacerlo con su tono —la estudiante se cruzó de brazos con enfado.
—Batts es un hueso muy duro de roer que sabe manejarse bien entre los entresijos de las leyes y clausulas.
—Por cómo lo halaga, hace que me resulte difícil que me crea que tiene el mismo interés en sacarlo del colegio como el resto del profesorado.
—No lo halago, simplemente expongo lo que hay con sinceridad. No sirve de nada intentar negarlo, no si uno quiere enfrentarse a él y vencer. Y por si le interesa saberlo, puedo asegurarle que soy de las personas que lo quieren lo más lejos de aquí cuanto antes. Batts es un retrógrado machista que cree que una mujer no debería enseñar, menos aún Defensa Contra las Artes Oscuras. Que una bruja debería dedicarse a la vida doméstica y familiar, y en raras ocasiones permitirle la opción del estudio teórico de la magia, ejercer la herbología o la sanación.
—Si tanto le molesta su presencia aquí ¿Por qué no recurre a sus conocidas dotes de persuasión con el género masculino? Seguro que conseguiría que comiera de su mano enseguida —le echó en cara con resentimiento, acordándose de lo que había hecho con el pobre Remus.
Zelda resopló con una sonrisa prepotente en los labios.
—No le voy a tener en cuenta ese comentario porque esta es una reunión extraoficial que nunca se ha realizado —se recostó en su silla con calma—. Pero le voy a dejar claro que, por muy mal concepto que tengan de mí usted, sus amigos y otros tantos estudiantes y que me dan absolutamente igual, tengo mis límites y mis principios ¿En qué me beneficiaría que Batts dejara de hostigarme a base de meterlo en mi cama? Le estaría dando la razón, me rebajaría con la cabeza gacha demostrándole que efectivamente no sé defenderme y necesito la aprobación y el permiso de un hombre —rio con mofa—. Antes rompo mi varita que estar bajo la bota de alguien que no me respeta, sobre todo si se trata de ese hombre.
Lisa se la quedó mirando sin saber qué responder.
—A eso me refiero con que necesitan la ayuda de un adulto. Son demasiado jóvenes para poder siquiera percibir lo grande que es el mundo fuera de los muros de este colegio. Si no, sabrían que no solo hay que derrotar a Batts, hay que derrotar sus ideas o el Ministerio enviará a otro chupatintas para que haga su trabajo —hizo un ligero ademán perezoso y altivo—. Así que solo se lo voy a preguntar una vez ¿Quieren ver a Batts y todo lo que representa fuera de este colegió de forma definitiva sí o no?
…..✦…..
El revuelo que se creó en las Salas Comunes pudo escucharse desde el otro lado de las entradas secretas. Los alumnos más madrugadores fueron los primeros en ver el enorme cartel que presidía el tablón de anuncios y que animaba a unirse a una huelga estudiantil el próximo miércoles, dentro de seis días, que no tendría fin hasta que el Ministerio cesara la asignatura de Ética y Buen Uso de la Magia.
Prácticamente todos los estudiantes decidieron que iban a participar y los que albergaban dudas por miedo a las posibles represalias en cuanto a sus notas, acabaron uniéndose cuando los profesores anunciaron sin tapujos que iban a respaldar dicha huelga.
Los únicos que se mostraron contrarios fueron los acólitos de Batts, que avisaron enseguida al mago. Este intentó persuadir a los jóvenes en su clase, de manera un tanto agresiva, para que no participaran. Incluso llegó a amenazar, de forma sutil, con las consecuencias de una locura semejante de cara a su futuro académico y laboral. Nadie le escuchó, ni alumnos ni profesores. El hecho de que todos, sin importar la Casa ni la posición en el colegio, formaran un frente unido llenaba a Hogwarts de coraje para decir basta a aquella situación que ni siquiera debió permitirse que comenzara.
—¿Cómo has sido capaz de organizar algo así? —Will miró a Lisa sin querer creérselo— ¡¿Estás loca?!
—Es completamente legal. Dumbledore nos ha dicho personalmente que nos respalda y que el miércoles irá en persona al Ministerio a exponer los hechos para forzar que se retire la asignatura y que sus notas no influyan de cara a la calificación final. Incluso van a venir reporteros de El Profeta y varias gacetas independientes para que quede constancia del desagrado y a dónde hemos tenido que llegar para hacernos oír —expuso su novia casi con exasperación a su reacción.
—Ya veo los titulares: Alzamiento estudiantil en contra del Ministerio —anunció el slytherin de forma teatral.
—¡Oh, vamos, relájate! —lo cortó Elyon—. Es una huelga pacífica, una sentada. No vamos a prenderle fuego a nada.
—¡Tú no te metas! Eres la que más al margen debería estar de todo esto para que no te explote en la maldita cara, cosa que es lo habitual. Y luego nos tocará escucharte sollozar de lo injusto que es no poder hacer lo que te dé la gana por ser nieta de quién eres ¡Pues madura! ¡Hay algo llamado responsabilidad y hay que aprender a apechugar con ella!
—¡Eh! —se quejó Grace— ¿De qué vas?
La semielfa bajó la mirada amedrentada y la pelirroja le pasó un brazo por los hombros para darle su apoyo, tras ese ataque tan gratuito e impropio por parte del chico.
—Me tenéis realmente harto. Todos —explotó Will—. Con todo lo que hemos vivido estos cursos y aun así… os seguís tirando de cabeza a los problemas y arrastráis a todos los que están a vuestro alrededor. Y estoy cansado de intentar mantenerme estoico y neutral, y de mantener las cosas donde deben estar mientras vosotros solo traéis caos y más caos. Mirad, esto era divertido en cuarto e incluso en quinto. Pero, por Merlín, ya somos mayores de edad o estamos cerca de serlo. Es momento de comportarse como adultos.
—Y eso estamos haciendo —lo interrumpió Johnny—. Estamos tomando las riendas de nuestras vidas y dejando claro lo que queremos.
—Habló el rebelde sin causa que quiere meterse a auror ¿Te crees que con esa actitud en contra de la cadena de mando te van a aceptar? ¿En serio puedes llegar a ser tan ingenuo?
—Will, no tienes que participar en la huelga si no quieres. Ni tú ni nadie. Es voluntaria, así que cálmate —le aclaró Lisa con seriedad.
—¡No me da la gana calmarme! ¿Creéis que me cabreo y os llevo la contraria por gusto? ¿No os dais cuenta de que me pongo así porque quiero lo mejor para vosotros, porque no quiero que tiréis por la ventana vuestro futuro?
—Somos mayorcitos para cuidarnos solos, no eres nuestro padre, no te necesitamos —le espetó Lisa con la mandíbula apretada.
Will apretó los labios, obviamente dolido, tragándose el resto de palabras dolientes que le abrasaban la garganta.
—Bien. Perfecto. Pues se terminó —contestó con toda la entereza de la que fue capaz—. Si en algún momento apreciáis lo que he estado haciendo por vosotros, ya sabéis donde encontrarme.
—Vale. Genial —Lisa forzó una sonrisa orgullosa, haciendo gala de toda la frialdad que era capaz de reflejar.
El slytherin recogió su bolsa del banco de piedra y se alejó de allí. Fue cuando lo perdieron de vista que Lisa rompió a llorar con amargura.
—¿Qué coj…? ¿Ha roto con nosotros? —musitó Johnny con un hilo de voz, sin dar crédito— ¿Va enserio?
Elyon se centró en consolar a su amiga, intentando no comenzar a llorar también. Su corazón retumbaba en su pecho y sentía el momento como irreal, le costaba asimilar que, de golpe, Will se había marchado del grupo. Se abrazó más fuerte a Lisa, en busca de algo de consuelo propio.
—De verdad que algo así no me lo esperaba —el hufflepuff miró a Grace con preocupación.
—Quizá no lo conocíamos tan bien como creíamos —suspiró con pesar, mordiéndose los carrillos por la impotencia de no saber qué hacer y no haber visto venir algo así tras todas las señales que había estado mostrando su amigo, y que ella no había sabido interpretar.
…..✦…..
Snape se percató de que a Elyon le preocupaba algo. Era como si un nubarrón negro estuviera constantemente sobre ella. Su mirada era triste, y lo peor, estaba muy dispersa, tanto que echó a perder una poción que tendría que haber sabido realizar con los ojos cerrados y pareció darle igual.
Al terminar la clase la retuvo con la excusa de ese fallo garrafal tan impropio de ella.
—¿Tu falta de atención tiene algo que ver con lo que pasó entre nosotros? —le preguntó apoyado en su escritorio, deseando que ese no fuera el motivo real de su estado anímico.
—No. Por una vez no tiene nada que ver contigo, y ojalá no fuera así. Al menos he aprendido a capear nuestros altibajos —suspiró con pesar sin mirarlo.
—¿Entonces? —insistió él.
Elyon lo miró de refilón y se humedeció los labios.
—Para ti será una estupidez, y no me apetece nada que te burles de mí y mi inmadurez.
Snape dejó caer los hombros con resignación y echó la cabeza hacia atrás un segundo.
—Seguramente se trate de algún drama adolescente que me hará poner los ojos en blanco y gruñir hastiado —alzó una ceja con mofa—. Pero es un drama que, no solo va a influir a este paso en tu nota en mi asignatura, si no que resulta peligroso frente a un caldero ¿Qué ha pasado?
—Will ha dejado el grupo —respondió, y en ese momento sus ojos se empeñaron.
—Eso es algo que no esperaba —admitió cruzándose de brazos, asombrado— ¿No tenía una relación con Atler?
—Tenía —sorbió por la nariz.
—Por favor, ni que hubiera roto contigo —resopló con incredulidad y hastío.
—¿Y me lo dices tú precisamente? —lo miró dolida— Pensé que tras lo de Lily mostrarías algo más de empatía con lo de perder a amigos.
El ambiente de la mazmorra pareció bajar varios grados de golpe.
—Lo siento… Es que no me esperaba que todo se fuera a la mierda en un segundo, por culpa de Batts —musitó ella.
—Es así como sucede normalmente. De golpe y sin avisar, hazte a la idea —se incorporó de su escritorio—. Pero estamos hablando de Marti. En nada estará de nuevo en el grupo.
—¿Tú crees? —lo miró esperanzada.
—No es un slytherin cualquiera, es más sosegado y menos rencoroso que la mayoría. No digo que vaya a ser mañana, pero todo volverá a su lugar, sobre todo si conseguís sacar a Batts del colegio. Aunque puede que ese hombre no sea la única causa de vuestra situación actual, seguramente el problema sea más complejo de lo que parece.
—¿Apoyarás nuestra huelga? —lo miró con curiosidad.
—No —respondió sin más—. Con mi historial no pienso jugármela con el Ministerio. Ya piso terreno inestable solo por no tratarte continuamente como una piedra en mi zapato delante de ese inepto que han metido en el colegio. Y tú deberías mantenerte al margen también.
La joven arrugó la nariz.
—Había olvidado que tengo que "ser neutral" —resopló.
—Lo sé, por eso te lo he recordado —la miró con altanería.
—¿Eres mi Protector o mi agenda personal? —se mofó.
—Un desgraciado que tiene que seguir cargando contigo vete a saber el motivo —puso los ojos en blanco.
Elyon rio por primera vez desde lo de Will, colocándose el pelo tras las orejas. A Snape le pareció tan adorable ese gesto, que sin darse cuenta se había aproximado a ella con una sutil sonrisa.
—Quizá Kove te golpeó demasiado fuerte en la cabeza en algún momento —la semielfa se encogió de hombros—, o puede que "sarna con gusto, no pique" como dijo mi tío —el mago se quedó helado con esa frase, el pánico se extendió por cada fibra de su cuerpo y dio un paso atrás ¿Acaso se había acordado? —. No entiendo todavía a qué se refería, pero, en fin, a veces a mi tío es mejor no entenderlo ¿Snape? ¿Hola?
El chico se había quedado increíblemente rígido y con la mirada perdida.
—¡Snape! Por favor no me des sustos después de lo del Hilo, no tiene gracia —lo cogió de los brazos con angustia.
Finalmente reaccionó.
—No me los des tu a mí. Mantente al margen de todo lo que pueda pasar el miércoles y deja de crearme más quebraderos de cabeza.
Elyon frunció el ceño.
—¿De verdad que estás bien?
—Sí, sí. Ahora vete a tu siguiente clase, que ya llegas con retraso —la despidió con un ademán.
—No quiero sacar a relucir todo lo que pasó, pero si necesitas hablar de algo después de lo del coma, házmelo saber.
—¿De qué iba a querer hablar? —la miró sombrío.
—No lo sé… de algo que tal vez yo no debería haber visto.
—No deberías haber visto nada —respondió con frialdad—. Vete a clase.
La joven torció el gesto y asintió poniéndose en marcha. Primero Will se iba y ahora tenía la sensación de que desde el coma el profesor estaba marcando más distancia de lo habitual ¿Acaso eran las primeras señales que anunciaban que él también saldría de su vida de forma abrupta? Un pequeño resquemor se instaló en alguna parte de su cabeza. Tal vez no es que ella hubiera visto algo que no debía, tal vez él vio algo en la mente de la chica que no le gustó ¿Tal vez algo que le hacía intuir lo que ella sentía por el mago y por eso parecía incómodo y tenso cuando hablaban a solas? Cada vez Elyon estaba más cansada y asqueada con los asuntos sentimentales. Eran todo tan frustrante y confuso, que deseó volver atrás y evitar enamorarse del mago.
…..✦…..
Lo peor de que Will no se hablara con ellos, no era el hueco que había dejado en el grupo y que se notaba como un vacío frío y oscuro. Era que por desgracia seguían compartiendo algunas clases con él. El verlo allí, tan ajeno a ellos, mostrando tanta indiferencia, dolía muchísimo y al mismo tiempo les hacía rabiar de pura impotencia. El chico había cambiado su sitio en las clases y se pasaba el día con el resto de slytherins, aunque afortunadamente alejado de Mark. Elyon, Grace y Johnny intentaban al menos un gesto de saludo hacia el joven cuando se lo cruzaban. Lisa actuaba como si su expareja no existiera, aunque la semielfa podía percibir su desazón y tristeza, motivos por los cuales la gryffindor apenas salía de la Sala Común. No quería cruzarse con Will más veces de las necesarias.
Tenía presentes las palabras de Snape sobre que el tiempo lo pondría todo en su lugar, pero Elyon no quería esperar, no quería aparentar que la situación le daba igual o que la culpa era de Will porque "se le había torcido la varita". Necesitaba poner de su parte para arreglar las cosas, o al menos, conseguir entender mejor la postura del chico.
—¿Puedo sentarme? —le preguntó con una sonrisa conciliadora, señalando la silla que estaba junto a él.
El slytherin la miró dubitativo.
—Claro —respondió al fin.
Estar en la biblioteca le aseguraba que al menos Will no se pondría de nuevo a dar voces si perdía los nervios.
—Siento mucho lo que ha pasado.
Su amigo simplemente se encogió de hombros.
—Supongo que era algo que tenía que pasar —musitó con resignación—. Hace tiempo que estoy mordiéndome la lengua.
—Pues lo has hecho tan bien que ni nos hemos dado cuenta. Tal vez de haberlo sabido, nos habríamos comportado mejor —se lamentó Elyon.
Will suspiró largamente.
—Sé que no sois así adrede, que os sale solo. Simplemente me he dado cuenta de que he cambiado, ya no me gusta lanzarme a la aventura a ciegas. Tengo otra forma de pensar.
—Pero eso no es malo.
—Lo es cuando veros siempre al borde del precipicio me genera ansiedad. Os dije en serio que me preocupo por vosotros. No me gustaría que dierais un paso en falso y que lo lamentarais toda la vida, cuando se podría haber evitado. Cuando yo estaba viendo la caída y me callaba por no pelearme, por no ser el aguafiestas controlador, esperando a que vierais el peligro por vosotros mismos —apretó los puños con frustración—. Ya da igual… nunca me habéis escuchado, o al menos no como me gustaría.
—Tenías que habérnoslo dicho. Que te sentías así —lo miró con comprensión.
—¿Habría cambiado algo?
Elyon se encogió de hombros.
—Supongo que nunca lo sabremos. Pero yo no quiero estar peleada contigo, te echo de menos —le cogió la mano y se la apretó con cariño—. Merlín, tu cordura a mí me hace falta, por desgracia necesito a alguien que me pare los pies, porque aún no sé frenar del todo yo sola.
Will la miró a los ojos, triste.
—Aunque creo que no es conmigo con quien estás más enfadado —la joven alzó una ceja con un ligero suspiro.
El chico negó con la cabeza.
—Pensé que me entendería, que sabría que la quiero y quiero lo mejor para ella porque se lo merece. Duele ver que no ha sido así. Este último año creo que ni siquiera ha intentado entenderme, de cada vez estábamos más enfrentados. Escuchaba más al resto, que apenas la conocen, que a mí.
—Es una mierda, lo sé. Pero si te ves con ánimos de seguir aguantando algunas locuras, bueno, me tienes a mí, y seguramente también a Grace. Ella es más centrada que yo, da menos problemas.
—Lo sé, lo sé. Pagué mi frustración con Lisa con todos vosotros —se pasó los dedos por el pelo en un gesto nervioso— Aún no me creo que hayamos terminado así… la echo de menos, o a la Lisa de la que me enamoré al menos.
Elyon se acercó más a él y le pasó un brazo por los hombros. Entonces Will apoyó su sien contra la de ella, agradeciendo el apoyo.
—Supongo que todos cambiamos y a veces es inevitable que esa conexión se pierda, que empecemos a vernos como extraños. Quién sabe, puede que algún día reconectéis, y si no, siempre os quedarán los buenos recuerdos.
Will dibujó una pequeña sonrisa de nostalgia.
—¿Esto no te acarreará problemas con Lisa?
—No se trata de bandos, ni que fuerais un matrimonio divorciado y yo vuestra hija —intentó bromear—. Eres parte de mi familia y os quiero a ambos. Lo entenderá.
—¿Y si no?
—Entonces Lisa habrá cambiado más de lo que pensábamos —Elyon se encogió de hombros deseando que no fuera así, que sus propios problemas no hubieran hecho que dejara de prestar atención a sus amigos hasta perderlos por el camino sin darse cuenta.
Grace siguió el ejemplo de la semielfa y empezó a repartir su tiempo libre entre Will y Lisa, prácticamente actuaba como si no hubiera habido ninguna discusión. Johnny tardó un poco más en empezar a juntarse de nuevo con el slytherin por temor a que su carácter revoltoso e imprevisible volviera a saturar al chico. Lo último que quería era que el slytherin le diese la patada definitiva por alguna de sus estupideces.
Lisa pareció tomarse a bien esa nueva dinámica, y de no ser así lo estaba disimulando a la perfección. No había malas caras o reproches, aunque Elyon a veces la pillaba llorando a escondidas. En esos momentos la semielfa no sabía cómo reaccionar ¿Qué se suponía que podía decirle para que se sintiera mejor después de romper con el chico con el que había compartido dos años de su vida y por el que había estado enamorada otros tantos? Grace era mucho mejor en esos temas que ella, así que se limitaba a estar con la gryffindor e intentar distraerla. Y cuando eso no era suficiente, simplemente se acurrucaba a su lado y dejaba que se desahogara todo lo que necesitara como mejor le apeteciera.
La mañana del martes le llegó la respuesta tanto de Remus como de Jason. El licántropo se limitó a decir que sus equivocaciones adolescentes no eran un tema para tratar por carta, y que si no le molestaba, prefería hablarlo en persona cuando acabara el curso o tuviera una salida a Hogsmeade, lo que sucediera antes. Elyon estuvo de acuerdo con ello.
La carta de Jason fue más extensa y hablaba sobre todo de la ruptura de su primo con Lisa, algo que a él también le había pillado por sorpresa. Se había enterado por Elena, ya que el chico no había hablado con nadie al respecto, a excepción de su prima y solo porque lo había apretado hasta sonsacarle el por qué estaba de tan mal humor y con cara larga. Le agradeció que estuviera cuidando de Will cuando podría haberse posicionado de parte de su amiga y darle la espalda al slytherin. Al finalizarla dejaba caer la posibilidad de verse ese verano en algún momento, aprovechando que ambos estarían de vacaciones.
Elyon dibujó una pequeña sonrisa doblando de nuevo la carta y guardándola en la bolsa de estudiante, a ella también le apetecía ir a tomar algo y poder charlar de nuevo cara a cara tras casi todo un año de correspondencia. Hablaría con su abuelo, tal vez podría proponerle que visitara Imtar, era la opción más factible para ella. Lo último que quería era quedar con Jason teniendo a Snape respirando en su nuca, menos aun sabiendo que la última vez que ambos se vieron fue aquella noche en el camping, cuando el primo de Will le robó su primer beso.
Y fue al rememorar ese detalle que aquel exasperante hormigueo, tanto en su estómago como en un rincón de su cabeza, volvieron. Un hormigueo que no se podía rascar y que sabía que significaba algo que no era capaz de descifrar.
…..✦…..
Detestaba esa sensación de ingravidez que hacía que se le encogiera el estómago justo antes de notar el estirón de la gravedad y el golpe contra el tatami. Snape la había vuelto a lanzar, como si apenas pesara nada, por encima de su espalda en un rápido movimiento asiendo su brazo cuando intentaba alcanzarlo con la daga. Y una vez con la espalda sobre el suelo, se colocó sobre ella con rapidez colocando la propia arma de la chica sobre la garganta jadeante.
—¿Cómo es posible que me muevas con tanta facilidad aún? ¡He ganado músculo! —resopló con fastidio.
—Yo también —le recordó.
Elyon enfureció su expresión, curvó el cuerpo y consiguió envolver el hombro y el cuello del mago con las piernas, y al pillarlo desprevenido, no le fue difícil arrastrarlo hasta el tatami, liberándose así del peso de su cuerpo, invirtiendo posiciones. Ella aprovechó para clavarle la daga en el hígado.
—Eres una tramposa. Ya estabas muerta —se quejó Snape.
—No habías clavado la hoja —puntualizó la chica, aun sujetando su cuello con sus piernas, sentada sobre su pecho.
—Tiene razón —recalcó Kove— Buena maniobra, Elyon.
—Tramposa —remugó el mago.
—Qué mal perder tienes.
Se quedó mirando esos ojos verdes unos segundos y tragó saliva. Estaban demasiado juntos y el hecho de tener la entrepierna de la chica tan cerca de su rostro no ayudaba a que la situación fuera menos incómoda. Finalmente la semielfa lo dejó libre y se levantó.
—Concentraos. Quiero que os atéis y me ataquéis —anunció su maestro.
—Kove, si no te molesta, prefiero dejarlo para la próxima sesión. Estoy demasiado disperso para intentarlo, no quiero un nuevo accidente.
El elfo lo miró frunciendo el ceño.
—Esto no tiene mucho que ver con las mentes, es más bien con la energía vital. Pero está bien, por hoy lo dejaré correr.
—Gracias —el chico hizo una ligera reverencia de agradecimiento.
Al finalizar la sesión, el elfo le pidió a Snape que se quedara para hablar de sus prácticas con magia mixta. En cuanto se quedaron solos su maestro se cruzó de brazos alzando una ceja y se quedó mirando al mago.
—¿Qué? —Snape se puso enseguida a la defensiva, conocía sobradamente esa mirada acusatoria.
—No sé, dímelo tú.
—No. Dímelo tú, porque esa cara no es para hablar de mis prácticas.
—Qué perspicaz —se mofó su maestro—. ¿Entonces no vas a decirme por qué de pronto te vuelve a dar pavor acercarte tanto a Elyon, ya no hablemos de tocarla?
El chico tensó la mandíbula.
—¿Cuándo aprenderás que a mí no me puedes ocultar nada? —resopló con resignación— ¿Tiene algo que ver con lo que tardasteis en salir del trance?
Las mejillas del mago comenzaron a arder, apretando aún la mandíbula. No podía creerse que su maestro supiera eso, era imposible. Kove soltó una risotada por lo bajo, negando con la cabeza.
—Me halaga que ya no uses la máscara conmigo. Además es todo un espectáculo verte reaccionar por fin como un ser sintiente.
Snape gruñó por lo bajo y fue directamente a calzarse.
—Suéltalo, te sentirás más ligero.
—Lo dudo —respondió tajante.
Kove se sentó junto a él.
—No te hagas de rogar ¿Qué pasó en el coma?
El chico soltó los zapatos de mala gana y se pasó las manos por el rostro, con cansancio.
—Yo no quería despertar, quería quedarme en coma —comenzó a relatar con un hilo de voz—. Estoy muy cansado del papel que me ha tocado interpretar en la vida. Pero Elyon… insistió muchísimo en que volviera, en que me necesitaba a su lado, a mí… y… y yo… la besé.
Ahogó un gemido lastimero mientras se encogía y se llevaba las manos a la cabeza.
—Fue una estupidez. Lo sé ¡Lo sé! No necesito que me lo eches en cara ¿De acuerdo?
—¿Por qué razón tengo que echarte en cara que por fin tuvieras el valor de tirar tu muro?
—¡Porque no está bien! Soy su maldito profesor para comenzar…
—¿Cómo reaccionó ella?
—¿Qué? —Snape lo miró sin comprender.
—¿Cómo reaccionó Elyon? —repitió Kove con la mirada calmada.
El chico tragó saliva.
—Me devolvió el beso —la sonrisa del elfo se ensanchó—. Pero no recuerda nada de lo que pasó y… ¿Cómo voy a tratarla como antes? ¿Cómo sé que no me besó solo para que volviera, que no fue todo una mentira piadosa?
—¿Tu cabeza es capaz, solo por un segundo, de dejar de crear los peores escenarios posibles? Eres desesperante. Le das a todo demasiadas vueltas, a veces las cosas son mucho más sencillas. ¿Realmente crees que Elyon sería capaz de besarte solo para que despertaras? —lo miró divertido.
—Tú no estabas allí. Todo era confuso. Tantos malos recuerdos y ella… no lo sé —volvió a llevarse las manos a la cabeza con desesperación—. Igualmente no se acuerda y no voy a acorralarla en un pasillo para volver a asaltarla a ver si reacciona igual.
Kove rompió a reír.
—El eterno extremista —le apretó el hombro como gesto de apoyo—. Se acordará por sí misma, estoy seguro. Deja que las cosas fluyan y no te comportes como si la pobre tuviera la peste, o arruinarás lo que sea que tenga que pasar.
—¿Cuánto hace que sabes que ella podría estar interesada en mí? —lo miró dolido.
—Yo nunca sé nada, pero sospecho muchas cosas. Me fijo en los detalles sutiles, deformación profesional supongo —respondió el elfo— ¿Que si sé si Elyon te corresponde? No sabría decirlo a ciencia cierta, pero desde luego eres muy especial para ella, no lo tires todo ahora por la borda en un ataque de pánico. Esa chica te hace mucho bien.
—Pero yo a ella no —musitó con terror en la mirada.
—Eso ha de decidirlo Elyon.
—¿Y si le hago daño? —la desazón le atenazaba el pecho.
—Esfuérzate en no hacérselo. Eres capaz, sobradamente capaz.
—Pero ella debe volver con vosotros y yo estoy atrapado aquí. Tengo una deuda que saldar.
—No adelantes acontecimientos, en un año pueden pasar muchas cosas para bien o para mal. Céntrate en el ahora, vive como si mañana no existiera, porque un día no lo hará. Atesora cada momento y deja de preocuparte tanto.
Snape suspiró con cansancio.
—Pero, por los astros, no la acorrales en un pasillo, se te puede ocurrir algo mejor —se mofó su maestro alargándole las deportivas para que se calzara.
…..✦…..
La mañana del miércoles los alumnos bajaron a desayunar sin sus uniformes, algunos incluso en pijama para recalcar el hecho de que estaban en huelga estudiantil. Todos parecieron olvidar las prohibiciones de la magia no esencial fuera de las aulas haciendo gala, en el Gran Comedor y por los pasillos del castigo, de su soltura con los conjuros, desde los más simples e inútiles, hasta los más complicados. Se llegó a ver algún Patronus corretear entre los jóvenes.
Batts estaba furioso en la mesa de profesores, parecía a punto de explotar a la mínima provocación. Motivo por el cual sus compañeros de profesorado lo estaban ignorando abiertamente. En un momento dado su mirada se cruzó con la de Zelda, y esta se limitó a alzar la taza de café a su salud guiñándole un ojo, con una sonrisa triunfante nada disimulada. Ante esto el funcionario se levantó y salió de la estancia por la puerta lateral. El resto del profesorado casi pareció celebrar aquello.
Tras el desayuno todos aquellos que apoyaban la huelga salieron a los terrenos. El sol brillaba con fuerza, anunciando que el verano estaba cada vez más próximo, caldeando ese día despejado y luminoso. Poco pudieron hacer los acólitos de Batts, que superados en número por los alumnos cansados de ellos, tuvieron que retirarse al interior del castillo para evitar que sus compañeros se les tiraran encima en venganza por todo lo que ellos les habían hecho ese curso.
Elyon observaba la escena desde uno de los pequeños balcones del pasillo de segundo piso. A su pesar, se había mantenido al margen de la huelga y del ambiente festivo que la rodeaba. Ella sí se había vestido con el uniforme de Gryffindor. Sus compañeros la habían mirado con decepción al ver que no los apoyaba, sin embargo, Dumbledore parecía más que satisfecho con su decisión y su actitud, antes de partir hacia el Ministerio. La semielfa se sentía mal por aquello, sucia, dejándose pisotear así solo por no empeorar la situación con los magos. Que ella supiera, la tensión entre el Ministerio e Imtar no había ido a más desde el juicio en el Valle de Godric, al menos no lo había percibido en la prensa y su abuelo tampoco le había comentado nada al respecto. Arrugó la nariz con desagrado, le encantaría estar en los terrenos celebrando su libertad junto a los jóvenes magos.
—Te está costando una barbaridad quedarte aquí, ¿eh? —la picó Grace, asomada a su lado.
La ravenclaw tampoco se había unido a la huelga de forma activa, aunque no se había puesto el uniforme del colegio. Opinaba que no podía ser tan fácil organizar algo así, todo aquello le daba mala espina y prefería mantenerse alejada, aunque vigilante.
—No te haces una ligera idea. Detesto agachar la cabeza y pasar por el aro —suspiró con frustración.
—A nadie le gusta —corroboró Will—, pero hay veces que es necesario, para evitar un mal mayor.
—El mal mayor —remugó hastiada—. Siento que me estoy vendiendo ¿Habéis visto cómo me han mirado esta mañana los demás? —apretó los labios con enfado.
—¿Qué esperabas? Llevas encarada a Batts todo el curso y has sido la única que le ha tirado el libro a su fea cara y se ha largado de su asignatura con la cabeza bien alta. Obviamente esperaban que estuvieras en primera fila durante la huelga —Grace ladeó una sonrisa.
—No has vuelto a su clase ni le has pedido disculpas, igual que no has exigido dar clase. Tranquila que no te van a tachar de cambiacapas —la animó Will.
Elyon volvió a mirar los terrenos llenos de alumnos que estaban tirados al sol, haciendo magia o jugando con quaffles. Ella sí que se sentía una cambiacapas. Estaba dejando a un lado sus principios y lo que creía correcto solo por contentar a otros, por darle la razón a una panda de idiotas que no eran capaces de ver más allá.
No estaba hecha para la vida política, no la quería, eran unos grilletes que aún no llevaba puestos y que ya le pesaban ¿Iba a ser así siempre? Si ese era su futuro, esperaba al menos tener la oportunidad de cambiar las cosas, de poder plantar cara y le dejaran voz para decir basta a las injusticias que en esos momentos le estaban haciendo tragar y que sabían como un jarabe amargo que le revolvía el estómago. Si no había otra opción para ella que formar parte del Consejo por ser quien era, no estaba dispuesta a ser un títere vacío a merced del resto.
…..✦…..
Snape observaba el desarrollo de la huelga desde la puerta del castillo, apoyado en el marco. Sus compañeros se paseaban por los alrededores controlando el entusiasmo de los jóvenes, se trataba de una protesta pacífica, no del inicio de una anarquía. Debían mantener las formas, ya que hasta el castillo se habían acercado algunos periodistas para seguir el desarrollo de ese alzamiento estudiantil, el primero en la historia de Hogwarts.
De todos los profesores del colegio, Binns y él eran los únicos que se había negado a apoyar a sus alumnos. Le traían sin cuidado las miradas que le habían lanzado y los comentarios por lo bajo, aunque no lo suficiente para que no los pudiera escuchar. De Binns nadie se extrañó, su asignatura era completamente teórica, y al ser un fantasma ya no era capaz de realizar magia, pero con Snape sí se sorprendieron, ya que era profesor de apoyo en la optativa de Duelo, la actividad contra la que Batts había estado luchando más encarnizadamente por eliminar. Algunos supusieron erróneamente que su falta de participación era una especie de venganza personal contra Zelda después de su sonora ruptura. Snape no pensaba contradecirlos, era mejor que creyeran eso a que supieran el verdadero motivo por el que no pensaba encararse al Ministerio.
A lo lejos vio acercarse unas siluetas. Se irguió frunciendo el ceño, era un grupo grande, demasiado grande, e iban todos vestidos de negro. A la cabeza estaba un hombre vestido de violeta oscuro.
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Los conjuros chocaban contra los escudos sin cesar. Las carreras, gritos y ataques recorrían los terrenos colindantes al castillo. Aquello era una batalla campal y sin saber muy bien cómo, Elyon estaba en medio de la refriega, escudando a unos alumnos de segundo que se apresuraban en volver al interior del colegio, ayudada por dos aurores.
Seguía sin entender cómo todo se había salido de control con tanta rapidez. Había visto crecer la tensión entre los aurores y los estudiantes, había llegado a escuchar los gritos de desagrado y los insultos. Y de golpe uno de los funcionarios había atacado. Una fuerte explosión y un destello. Y la tensión se desbordó.
Los aurores se dividieron entonces en tres bandos: los que se negaron a tomar partido, los que atacaron sin miramiento a los jóvenes y los que se posicionaron del lado de estos, intentando calmar a sus camaradas al grito de: "Son solo niños". Batts discutía con los aurores que se negaban a participar en el enfrentamiento, ya fuera en un lado u otro. Los reporteros tomaban nota de todo y hacían fotografías intentando no salir heridos.
—¡Adentro, vamos! —urgió la semielfa a ambos jóvenes, que temblaban de arriba abajo mientras corrían escaleras arriba.
Una vez cruzaron las puertas del castillo, Elyon se dio media vuelta. Sabía muy bien hacia dónde dirigirse.
—¿A dónde vas? ¡A dentro con los demás! —le dijo uno de los aurores que los habían acompañado hasta allí.
La joven se escurrió entre ambos hombres y conjuró una barrera a su espalda para que no pudieran retenerla con magia. Le parecía bien que una parte de los aurores estuvieran llevando a los estudiantes a la protección del edificio, pero si no se ponía fin a aquello, la tensión seguiría creciendo hasta que un simple umbral no fuera suficiente para frenarla.
Corrió en medio de aquel caos, esquivando, frenando y repeliendo tantos conjuros como pudo, ya fueran dirigidos contra ella o contra compañeros y profesores, para darles margen para que se resguardaran dentro de los muros de Hogwarts.
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—Maldita niñata estúpida y sin cerebro —farfulló Snape saliendo al fin a los terrenos en busca de la semielfa.
La había interceptado en plena carrera en el enorme vestíbulo, cuando intentaba salir a los terrenos a socorrer a sus compañeros. Pero Elyon, para no variar, no había querido escucharlo. Se le había encarado a gritos forcejeando por librarse de su agarre. Ignorando el hecho de que había sido un alumno quién había detonado aquella tensión, tras largos minutos de gritos e insultos entre unos y otros, atacando a uno de los aurores. Ella le gritaba que no había sido un alumno, que el culpable había sido un auror.
Tanto daba en realidad, el daño estaba hecho y ella no debía meterse allí, era un problema entre magos. "Siempre olvidáis que soy mestiza" le había respondido con dureza. Acto seguido le hizo una llave que no esperaba, retorciéndole el brazo con el que la asía, haciéndole caer al suelo de forma aparatosa. Y una vez allí Elyon le aprisionó el brazo al mago con las losas de piedra, que se lo tragaron casi hasta el hombro, afianzándolo al suelo.
Había tardado lo que para él fue una verdadera eternidad en anular el conjuro que lo había clavado al suelo, mientras casi era pisoteado por los críos que entraban en estampida en el colegio. Marti y Matthew, que habían llegado tras la semielfa, intentaron ayudarlo, pero había terminado echándolos a patadas porque en vez de ser de utilidad solo habían conseguido ponerlo más frenético. Al final había optado por abrir un boquete en el suelo con un conjuro de magia mixta, utilizando todo ese mal genio acumulado, y gracias a eso, había conseguido zafarse. Así que en verdad, por mucho que le pesara, no había anulado la magia de Elyon. Los dos amigos de la semielfa habían querido seguirlo al exterior, para ayudar a los alumnos más torpes, pero los magos apostados en la entrada les impidieron salir.
Algunos aurores seguían cargando contra los estudiantes. Snape no entendía cómo el Ministerio permitía tener entre sus filas a ese tipo de personas. Se suponía que los aurores eran calmados y medían sus actos, que no cargaban a la mínima oportunidad sin razón. Lo que más le inquietó no era que aquellos magos no tuvieran remordimientos en atacar a los niños, si no que llegó a ver cómo no cesaban de hostigarlos hasta que los habían desarmado por completo o los habían dejado inconscientes. Vio a muchos rendirse frente a ellos y aun así ser atacados porque en sus manos seguían portando una varita. Parecían no diferenciar entre alumnos, compañeros aurores o reporteros. Aquello era una completa locura propia de la guerra, no de una huelga estudiantil pacífica. Maldijo que Dumbledore estuviera reunido con Fudge en ese mismo instante, con él en el colegio no habría llegado la sangre al río.
Buscó con desespero a Elyon entre los alumnos, profesores y aurores que corrían por todas partes. Se desquitó a gusto con unos cuantos magos que habían acorralado a tres alumnos de primero, uno de ellos llorando porque no podía ponerse en pie y se agarraba el tobillo izquierdo. El chico se acercó hasta ellos.
—¡Al castillo, ya! —les gritó cogiendo en brazos al niño de once años que no podía caminar, por suerte era menudo y apenas pesaba.
Unos metros más allá vio a McGonagall asediada por tres aurores. Era asombroso como alguien con un talante tan sereno, pudiera atacar con tal contundencia. En el momento en que con un solo conjuro los derribó a todos, un cuarto se le acercó por la espalda.
McGonagall se giró a encarar al atacante cuando ya casi lo tenía encima, sin tiempo para defenderse. Una enorme sombra se abalanzó sobre el auror, como un enorme murciélago, y lo envolvió por completo haciéndole caer. El hombre se debatió en el suelo para liberarse de aquel sudario negro que lo atrapaba. La mujer reconoció en el acto la prenda y miró en la dirección por dónde había aparecido. Se encontró con la sonrisa prepotente de Snape, que cargaba al hombro, casi como si de un saco de patatas se tratara, a un estudiante de hufflepuff de primer año que tenía el rostro contraído de dolor. McGonagall asintió a modo de agradecimiento, aquella forma de embrujar la prenda había sido realmente ingenioso.
—¡¿Elyon?! —escuchó que le gritaba.
Ella negó con la cabeza y miró a su alrededor con preocupación. Se suponía que la chica no iba a participar en la huelga, pero seguramente había cambiado de opinión tras ver llegar a aquellos malditos aurores que parecían no rendirse. Se unió a un grupo de funcionarios que estaba frenando a los atacantes, escudando a un buen grupo de alumnos que corrían desesperados hacia el interior del castillo.
Snape frunció el ceño con enfado al ver la negativa de McGonagall. Debía encontrarla y sacarla de allí, antes de que la cosa pudiera terminar como en Imtar. Exponerla a tanto estrés era peligroso.
Corrió de nuevo hacia el castillo con el chiquillo al hombro para ponerlo a salvo, recogiendo y protegiendo en su camino a más alumnos que necesitaban ayuda. Vio a Tonitini aterrizar frente a él tras salir despedido cuando su Protego falló. El profesor derribó al auror responsable con una airada floritura cuando se disponía a rematar el ataque.
Cogió del cuello de la camiseta al chico y lo puso en pie.
—Gracias —jadeó el hufflepuff.
Snape le encasquetó al niño cojo y con la mirada le dijo que más le valía entrar en el colegio y no volver a salir. A regañadientes el chico obedeció.
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—¡Batts, no puede hacer esto! —gritó Elyon cuando al fin estuvo lo suficientemente cerca del mago, con las manos alzadas conjurando un escudo a su alrededor como una burbuja protectora, sabiendo que los aurores no desaprovecharían la oportunidad de atacarla aunque estuviera hablando con quien parecía estar al mando.
El hombre la miró con frialdad, alejándose del grupo de magos que seguía de brazos cruzados sin querer participar en la carga. Se dedicaban a custodiar a los alumnos detenidos hasta ese momento y a asegurarse de que los derribados no necesitaran atención médica urgente, tras llevarlos a los márgenes de aquel campo de batalla.
—¿Interfiriendo en asuntos de los magos? —chasqueó repetidamente la lengua, de modo desaprobatorio— Desde luego no ha aprendido nada en mis clases.
—Son niños y no estaban haciendo nada malo. Esto se puede arreglar de forma pacífica, hablando —expuso con calma, para evitar que se sintiera atacado.
—Eso he intentado, pero sus compañeros no han querido, han preferido atacar primero. Esto es lo que pasa cuando no se enseñan límites.
—Usted no enseñaba límites, los imponía a la fuerza —le espetó—. La opresión solo genera rechazo, crea tensión. Y esa tensión ha de salir por algún sitio. Esto es culpa suya ¡Pare!
—A veces la opresión es la única manera de mantener el orden, de erradicar la anarquía —sus ojos brillaron con un fervor casi enfermizo.
—¡¿Qué anarquía?! ¡Está paranoico! ¡Ve sombras donde no las hay! ¡No somos una amenaza para el Ministerio!
—Para no ser una amenaza, se resisten mucho a la autoridad —respondió con desdén—. Retírese al colegio. Lleva exigiendo todo el curso que la trate como a una alumna humana, y le aseguro que si no entra en el edificio, la trataré como tal. Me da igual de quién sea nieta.
—Me retiraré cuando usted ordene a esa panda de los aurores pirados bajar las varitas.
—Usted lo ha querido, mestiza —le espetó con desprecio.
Desvió la mirada hacia alguien que había a la espalda de la chica, asintiendo.
El ataque no llegó por obra de la varita de Batts, si no por la de muchas otras. El escudo de Elyon se quebró ante la brutal acometida y quedó indefensa.
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Algo se enredó en su cuello y lo frenó en plena carrera, haciéndole caer con un gemido ahogado. La garganta le ardió mientras intentaba recuperar el aliento tirado de espaldas, ese estirón bien podría haberle partido el cuello. Otro conjuro le ató las manos y estas al torso antes de que pudiera volver a incorporarse o mover su varita. Vio al funcionario acercarse a él, apuntándolo. Su sangre hirvió de rabia ante la sonrisilla de triunfo del mago, cuyos ojos destilaban un brillo de sadismo nada disimulado. Aquellos que atacaban no eran aurores, eran carroñeros que echaban en falta los días de cacería de la guerra.
Un conjuro salido de la nada atravesó el pecho del hombre desde la espalda. El hombre se desplomó y cayó sobre él, haciéndole soltar un bufido por el golpe del peso muerto sobre su pecho. Una vez quedó libre de sus ataduras, se lo quitó de encima para poder incorporarse.
—¿No se suponía que eras tú el mejor duelista que teníamos por aquí? —se mofó una voz femenina.
Snape alzó la mirada con enfado. Zelda le tendía la mano para ayudarlo a levantarse. A desgana él accedió, al fin y al cabo, le había salvado el pellejo.
—Me han pillado con la guardia baja —gruñó con voz ronca, frotándose el cuello aún dolorido.
—Triste excusa —rio la bruja.
Se giró con rapidez para repeler otro ataque, que frenó antes uno de los aurores que habían decidido proteger a los niños.
—A un buen duelista nunca se le pilla con la guardia baja —puntualizó ella, mirando alrededor en busca de más amenazas y sopesando qué hacer a continuación—. Si buscas a tu mocosa rubia, no la he visto. Y más te vale ser rápido, nuestra mejor baza ahora mismo es atrincherarnos en el colegio. Dudo que sigan atacando una vez estemos todos dentro.
Snape asintió y siguió con su búsqueda.
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Escuchaba el caos a su alrededor, sentía todo zozobrar y le costaba enfocar. Le pareció ver a Lisa y Elena a lo lejos, enfrentándose a unos aurores mientras iban agrupaban a los alumnos que aún estaban en los terrenos sin saber bien qué hacer presas del miedo.
Al incorporarse se dio cuenta de que le habían atado las muñecas con un conjuro. Resopló. Eso no impidió que pusiera sus palmas sobre el suelo, haciendo que unas enormes raíces brotaron de la tierra y envolvieron a los brujos que no dejaban que el grupo de Lisa llegara a la protección del edificio.
Se concentró y retorció las muñecas, liberándose con más facilidad de la que esperaba. Empezaba a darse cuenta de lo superior que era su magia frente a la de los humanos. Se levantó tan rápido que trastabilló y por poco no volvió a caer al suelo de bruces.
—¡¿Estáis bien?! —preguntó al llegar junto a las chicas.
—¡¿Qué haces aquí?! —Lisa la miró atónita— ¿No se suponía que…?
La interrumpió el ataque de una auror. Elyon interceptó el hechizo, haciéndolo girar a su alrededor con un furioso movimiento de brazos y devolviéndose a su conjurador, que asombrado por esa maniobra no acertó a defenderse.
—Se suponía que iba a ser una acción pacífica. No me quedaré parada viendo esto. Batts está mal de la cabeza, no razona, lo he intentado —aclaró la semielfa.
—Retirémonos al colegio, aquí somos blanco fácil —Elena acertó a uno de los aurores en el pecho.
Lisa y Elyon estuvieron de acuerdo. En su regreso a los muros del castillo se les unieron funcionarios para escoltarlas a ellas y al grupo que habían reunido. En un momento dado, al mirar sobre su espalda, vio a Zelda en serios aprietos junto a un auror, con el que estaba espalda contra espalda. Los habían cercado ocho magos, la mitad de los cuales ya estaban tendidos en el suelo, pero era obvio que les estaba costando librarse del resto. La semielfa apretó la mandíbula y bufó con frustración.
—¡Seguid vosotras, ahora os alcanzo! —les dijo a las chicas.
—¡Eh, eh! ¡Niña, al colegio! —le gritó una bruja que no consiguió agarrarla.
Alcanzaron al auror que estaba ayudando a su profesora en el brazo de la varita, impidiendo que pudiera seguir defendiéndose. Entonces el suelo se hundió bajo tres de los atacantes, que cayeron en un profundo agujero. Elyon golpeó al restante con un latigazo en el brazo para impedirle atacar, acto seguido el hechizo se enrolló por todo su cuerpo dejándolo inmóvil.
La pelirroja la miró con asombro. Jamás habría esperado que la mestiza acudiera en su ayuda. Vio un auror abalanzarse por la estudiante desde la espalda y gritó para avisarla. Elyon se movió con rapidez, lo cogió del brazo de la varita y pasó su propio brazo por la axila del mago, girando luego sobre si misma y agachándose, de forma que lanzó al hombre rodando por encima de ella hasta que se golpeó de espaldas contra el suelo. Una vez allí tendido y aturdido, la chica le arrancó la varita de la mano y la lanzó lejos.
Al incorporarse un resplandor rojizo la cegó. Alguien la arrolló y ambos cayeron al suelo rodando, esquivando así el ataque.
—¡Tendría que haber dejado que te diera! —le espetó Snape furioso, antes de girarse y conjurar un escudo que los protegiera.
—No iba a quedarme de brazos cruzados.
—¡Nunca puedes, y yo estoy harto de correr tras de ti! —la cogió del cuello de la túnica de Gryffindor y la puso en pie.
Estaban más lejos de las puertas del colegio de lo que les gustaría. Ya no quedaban alumnos en pie en los terrenos, solo los profesores que poco a poco reculaban, protegidos por los funcionarios. Eso quería decir que el resto de los aurores que no habían sido neutralizados se centrarían en ellos.
—Esto no va a ser más difícil que la Evaluación —intentó animarlo.
—Eso está por ver —el chico sopesó cuál era el camino más rápido de vuelta al interior del colegio—. Más te vale correr como si la vida te fuera en ello ¡Vamos!
Apenas podían dar dos pasos seguidos sin tener que frenar a defenderse, y en el caso de Snape, atacar. Como bien había dicho el mago, se estaban centrando en ellos, así que avanzaban muy lentamente. Ambos compenetraban bien su magia, pero no era suficiente y empezaban a agotarse. En uno de esos ataques alcanzaron a Snape en un costado y lo derribaron. El mago dejó escapar un gemido ahogado de dolor.
Elyon reaccionó por instinto alzando sus manos y los atacantes más próximos salieron despedidos hacia atrás. Colocó sus brazos como si sostuviera un arco y tensara la cuerda, creando una flecha brillante de color azul, que al liberarla y salir disparada se dividió, dándole de lleno a otros tantos aurores. Volvió a hacer el gesto de tensar cuando la agarraron de la muñeca y perdió la concentración. Se topó con la mirada preocupada de su profesor.
—Tus manos... —se limitó a decir, con una mueca de profundo dolor.
La joven se las miró, podía ver brillar sus venas bajo la piel. El maldito riesyl.
—Limítate a la defensa. Del resto me encargo yo, no empeores más las cosas —le ordenó Snape.
Siguieron su camino, mientras el mago se seguía sujetando el costado bajo las costillas. Fuera el que fuera el hechizo con el que lo habían atacado, lo había lesionado.
Los enviados del Ministerio que alzaban la barrera a las puertas del castillo les hicieron ademanes para que se dieran más prisa y entraran cuanto antes. Algunos de los funcionarios estaban entrando a los alumnos, profesores y periodistas que habían resultado heridos en la caótica refriega. Elyon vio como entre los que estaban tirados en el suelo, a la espera de atención, estaba Sprout. La rabia volvió a avivarse. Snape se percató y la empujó para que no se detuviera, intentando cubrir a ambos con una barrera.
—¡Sigue! —rugió.
Cuanto más cerca de la entrada más se ensañaron los atacantes para impedir que entraran y pudiera refugiarse en el castillo. Un conjuro la alcanzó el muslo, su pierna flaqueó y la hizo caer. Sintió como si unas cuerdas invisibles estiraran de sus tobillos y la elevaron en el aire, mientras ella intentaba aferrarse al algo en la tierra blanda y cubierta de hierba pisoteada. El chico consiguió agarrar su muñeca para que dejara de ascender, su piel estaba caliente al tacto y sus ojos comenzaban a tornarse dorados. Mala señal. Aquellos magos, en su ignorancia, iban a pagar muy caro el ataque si no le ponían fin.
Un destello plateado cruzó el cielo y golpeó en el rostro al auror que la mantenía colgada en el aire. El hombre chilló de dolor y, a través de la sangre que le cubría el rostro, intentó ver qué diablos lo había atacado. Vislumbró con dificultad al veloz halcón y centró su atención en él.
Elyon cayó a plomo cuando el hechizo se desvaneció, Snape consiguió frenar su caída a duras penas. La chica vio al auror mover el brazo de forma airada apuntando a Eizen. Se liberó de los brazos de su profesor con un grito de rabia y atacó al mago. Un enorme rayo violeta lo golpeó de lleno con un ruidoso estallido, haciéndole dar varias vueltas en el aire hasta que se estampó contra el suelo con un crujido de huesos rotos.
Snape cogió a Elyon desde la espalda y la alzó en volandas, arrastrándola al interior del castillo, mientras los aurores apostados en la puerta y algunos profesores los escudaban. La soltó con enfado de cualquier manera, por lo que la chica trastabilló y se dio contra el suelo.
—¡Nada de atacar! ¡Te lo he dejado bien claro! ¡Joder, no te busques más problemas de los que ya vas a tener! —le gritó furioso, jadeando por todo el esfuerzo que le había supuesto llegar hasta el vestíbulo del colegio, aún le dolía horrores el costado.
Le dio la espalda a la joven y fue corriendo junto al resto de profesores, que colocados frente a las puertas del colegio, formaban una segunda línea de defensa tras los funcionarios.
—¡Dejadnos pasar, idiotas! ¡Han atacado a los representantes del orden, hay que arrestarlos! —gritó uno de los aurores al otro lado de la barrera.
—¡Son niños, maldita sea! ¡Las ordenes eran dispersarlos y controlarlos si se ponían violentos! ¡Y ya están controlados! —se encaró uno de sus compañeros.
—Cállate Davies, esos niñatos nos han agredido sin miramientos. Abrid paso para que podamos encadenarlos.
—De aquí no se va a mover nadie, Smith —le espetó un auror con la mandíbula apretada.
—Entonces te moveré yo, gilipollas. Me encargaré de que te degraden ¡A ti y a esa puta banda que se han cruzado de brazos y no han movido un dedo! —señaló hacia los terrenos, donde el tercer grupo de aurores seguía sin participar en la lucha.
—Pues ven a moverme si tienes cojones ¡Qué fácil es enzarzarse contra niños que apenas saben blandir una varita!
Los insultos entre ambos bandos se sucedieron unos interminables minutos más.
—¡No tengo claro qué está pasando, pero ya es suficiente! —Hagrid se abrió paso desde los terrenos entre los aurores que atacaban, jadeando y con una ristra de hurones muertos colgados al hombro— ¿Desde cuándo los aurores atacan a niños indefensos? Si el profesor Dumbledore estuviera aquí no se atreverían a poner…
Smith le lanzó un Desmaius sin previo aviso que no fue suficiente para derribarlo, pero sí para aturdirlo y hacerlo caer de culo. Los aurores aprovecharon la guardia baja de los defensores por la inesperada aparición del semigigante y abatieron a casi todos con rapidez.
Los profesores sustituyeron a los caídos, pero no eran suficientes y no parecían intimidar ni reflejar autoridad frente a los aurores.
La impotencia consumía a Elyon, debía hacer algo, debía ayudar. La piel de sus manos seguía ardiendo y la rabia seguía extendiéndose con voracidad. No podía perder el control, no allí. Debía olvidarse de la rabia, del miedo, o el riesyl arrasaría con todo en un suspiro. Miró a los alumnos asustados a su espalda, entre los cuales había reporteros que seguían tomando notas y fotografías de todo lo que sucedía. Unos pocos compañeros, a pesar del miedo, tenía las varitas preparadas formando una tercera línea de defensa, por si llegaba a ser necesaria. Valor ¡Esa era su baza! Su forma de encontrar el equilibrio con el riesyl.
—Mantengan el escudo, háganlo lo más fuerte que sean capaces, juntos —Elyon se acercó a McGonagall, que respiraba fatigada.
—Estamos agotados. No creo que podamos frenarlos mucho tiempo —la miró con preocupación.
—El suficiente —la miró con una sonrisa confiada.
La bruja asintió, no perdían nada por intentarlo, al menos los retrasarían unos minutos más. Los profesores que aún tenían fuerzas formaron una barrera conjunta alzando sus varitas, entre ellos Snape, que seguía sujetándose el costado con una mueca de dolor. La semielfa vio sus caras de esfuerzo, eran muy pocos contra muchos.
—¡Pase lo que pase no pierdan la concentración! ¡No se asusten! ¡No bajen las varitas! —les dijo la chica.
—¿Qué vas a hacer? —Snape miró sobre su hombro.
—Confía en mí —lo miró con determinación.
El mago tuvo serias dudas, sabía que no le iba a gustar lo que tramaba la joven. Elyon inspiró profundamente cerrando los ojos y comenzó a realizar los movimientos de meditación.
La barrera defensiva empezó a tener grietas, cada vez más grandes, a causa del continuo asedio de los brujos del Ministerio.
—¡No es momento de ponerse a meditar! —le gritó el chico, agarrando la varita con ambas manos.
—¡Cállate y déjame concentrarme! —le espetó.
Siguió realizando los movimientos, hasta que consiguió que aquel hormigueo la inundara de pies a cabeza. Abrió los ojos con lentitud cuando supo que podía ver más allá que cualquier humano. Podía sentir a los magos a su alrededor, el latir frenético de sus corazones, cómo se estremecía la piedra y la tierra bajo los ataques. Podía sentir los hilos de unión a la magia, el de todos ellos, entretejidos con las corrientes. Podía ver dónde presionarlos para que ese cálido latido se ralentizara hasta detenerse. Expiró largamente. No debía asfixiar las uniones o los mataría, pero en su interior sabía que si los oprimía en su justa medida, la magia tal cual la conocían los magos, dejaría de llegar a ellos.
Se sumergió por completo en la Corriente, como si buceara en ella. El calor comenzó a extenderse por su cuerpo y lo irradió hacia afuera una vez localizó los hilos de los profesores y aurores que se esforzaban en mantener la defensa alzada, atándose a ellos. Al mismo tiempo comenzó a presionar los de los atacantes, para impedirles el acceso a las corrientes. Cambió el flujo de magia para favorecer la defensa.
El corazón de Snape se aceleró. El dolor de su costado desapareció. Notó ese empujón de adrenalina, esa sensación de invencibilidad. Lo mismo le pasó a sus compañeros, que envueltos en esa neblina de euforia, comenzaron a avanzar hacia adelante, reparando y reforzando el muro que los separaba de sus agresores, haciéndoles retroceder. Snape tuvo un segundo de lucidez que lo sacó de esa bruma. Supo lo que estaba pasando y quiso parar, pero no pudo, algo no le dejó detener el conjuro y bajar la varita. Aquella fuerza lo empujaba a seguir. El aire se caldeó y arremolinó con rapidez como en una tempestad dentro del vestíbulo.
Miró hacia su espalda y la vio. Elyon tenía las manos extendidas hacia delante, con las palmas hacia abajo, la vio cerrar sus puños con fuerza, como si agarrara algo tangible. Sus ojos brillaban dorados, al igual que sus venas y la piel de sus manos, que parecían arder como metal al rojo. Tenía la mandíbula apretada por el esfuerzo, pero su mirada era decidida, fijada al frente, hacia la amenaza.
Los alumnos se habían retirado a lo alto de las escaleras de mármol o al interior del Gran Comedor con temor, sentían el ambiente vibrar, la magia rugiendo bajo sus pies, y en el centro de todo aquello la semielfa. La miraban con asombro y horror. Johnny intentó acercarse a su amiga pero Grace se lo impidió aferrándose a su brazo, asustada, negando con la cabeza. Lisa colocó a su hermana tras ella a modo de protección, ninguna de las dos era capaz de dejar de mirar ese extraño espectáculo. Will instó a los alumnos a alejarse aún más, pero todos, incluso los profesores demasiado cansados para ayudar en la defensa, parecían absortos en ese aterrador despliegue de magia, como hipnotizados. Se sentían atraídos y atrapados por él como polillas a la luz.
La semielfa tensó los músculos para empujar con más fuerza la magia en dirección a los maestros y secar las uniones de los aurores. Estos seguían retrocediendo y entraron en pánico cuando sus varitas dejaron de responderles, cuando fueron conscientes de que no podían conjurar. Algunos empezaron a tambalearse, otros a boquear como si no pudieran respirar y unos pocos se desplomaron en el suelo inconscientes.
—¡Elyon, para! —le gritó Snape, que sentía su varita calentarse entre sus dedos— ¡Basta!
Pero la joven no parecía escucharlo y él no era capaz de salir de esa corriente que lo manejaba a su antojo como una marioneta. La nariz de la chica empezaba a sangrar. Algunos profesores comenzaron a conjurar sin necesidad de varita, simplemente con sus manos, fascinados, derribando y desarmando a los atacantes para que no pudieran continuar hostigándolos.
Elyon ahogó un gemido por el esfuerzo, intentando controlar su respiración. El dolor comenzaba a ser inaguantable, el calor la abrasaba, llegaba a cada rincón y le provocaba intensos calambres. Estaba llegando a su punto crítico, lo sabía. Pero sus profesores aún no habían neutralizado a todos los aurores. Debía aguantar un poco más, por ellos. Soportaría lo que fuera necesario para darles una oportunidad de terminar con esa locura.
La rabia se esfumó, junto al miedo. Se sintió ligera, fuerte, libre, imparable. Entonces el dolor bajó de intensidad hasta hacerse soportable. Se sentía bien a pesar de todo aquel esfuerzo titánico, porque se estaba sacrificando por quienes le importaban. No buscaba venganza, solo darles una vía de escape al resto. Así que cada segundo de sufrimiento valía la pena. Por todos ellos. Su corazón retumbó en su pecho con fuerza, de forma queda. Su postura se irguió con orgullo a medida que sentía crecer su fortaleza y el dolor menguaba.
Los alumnos ahogaron gritos de alarma y júbilo, señalando hacia los terrenos. Hacia ellos se acercaba otro numeroso grupo de magos, también vestidos de negro, pero encabezados por Dumbledore y Fudge.
Elyon sonrió con alivio. La ayuda había llegado al fin. Soltó los hilos que se sacudieron como látigos entre sus dedos, de forma dolorosa. Y al intentar devolver la magia a su cauce original todo su cuerpo colapsó. Toda esa energía sobrante extraída retrocedió de golpe contra ella, y la sintió desbordar dentro de su cuerpo, demasiada para un embudo tan pequeño que amenazaba con obstruirse y reventar. Un doloroso calambrazo le recorrió toda la columna vertebral desde la cadera, haciéndole creer que esta partiría en dos. Cuando aquella descarga llegó a su nuca dejó escapar un agónico grito que se ahogó en su garganta y la luz se apagó.
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¡Un saludo a todos!
