6º curso. Capítulo 10
Tenía la vista perdida en el horizonte, más allá de donde abarcaba el bosque de Imtar, mientras acariciaba a Eizen, posado en sus piernas cruzadas sobre el pequeño banco de madera.
—Me alegro de que tus padres no hayan decidido matarte o algo —comentó Grace, tirada al sol sobre el césped.
—Solo porque Cathy está bien —resopló Lisa—. Max vio llegar a los aurores desde el tercer piso y fue enseguida en busca de Andy y mi hermana a los terrenos. Ya estaban dentro cuando comenzó el polvorín.
—Que esos tres hagan tan buenas migas me da mal rollo —Johnny arrugó la nariz.
—¿Por qué? —Elyon lo miró, intrigada.
—No quiero a Lisa como concuñada —remugó el chico.
—¡¿Y acaso yo a ti sí?! —resopló la morena— Igualmente son críos, no por ir juntos significa que tengan que terminar juntos. Cathy también tiene su grupo de amigos en Gryffindor, y no son solo chicas.
—Pero ya hemos comprobado que el roce hace el cariño —canturreó el tejón.
Grace le dio una patada al chico para que dejara de hablar, fulminándolo con la mirada. Johnny quiso protestar, pero se topó con la mirada de indignación de Lisa y se abstuvo de decir nada, simplemente soltó un gruñido por lo bajo y se levantó del césped.
—Me voy a dar una vuelta antes de encerrarme de nuevo a estudiar para los finales.
Elyon suspiró. No se iba a dar una vuelta, se iba con Will un rato. Había conseguido escuchar lo que masculló entre dientes: "Demasiado estrógeno junto para mí". Por mucho que siempre hubiera dicho que le encantaba estar rodeado de chicas, echaba de menos al slytherin. Se sentía algo solo ahora que el tono de las bromas y las conversaciones había cambiado con la edad. Necesitaba el respaldo y la compañía de alguien que entendiera mejor sus necesidades e inquietudes que un trío de alumnas adolescentes.
—¿Piensas quedarte en modo "princesita melancólica que espera a su príncipe azul" todo el tiempo que pases aquí? —le preguntó Nuth saliendo al balconcito.
Elyon dio un respingo volviendo bruscamente a la realidad.
—Métete a comediante, arrasarías —gruñó mirando a su primo con una mueca burlona.
—No te enfades, mujer —resopló él, dejándose caer a su lado sobre el banco—. Simplemente no me gusta verte así, tan alicaída. Pensé que el independizarte conmigo te levantaría el ánimo.
—No nos hemos independizado, es una prueba de convivencia mientras espero mi regreso al colegio —puntualizó ella con la vista fija de nuevo en las copas de los árboles.
—Sí, claro, como si pudieras resistirte a mis encantos como compañero de piso. Sin padres, sin abuelos, sin normas…
—Sin orden —lo miró con una media sonrisa de hastío.
—Creí que me ayudarías a adecentar esto —se defendió.
—Las zonas comunes. Pero he visto tu cuarto. Llevas un día aquí solo, sin supervisión, y ya es un estercolero.
—¡Eso no es verdad!
—¡Sí que lo es! —escucharon gritar a Feriel desde el interior— Si pretendes que me quede aquí de vez en cuando, ya puedes estar limpiando ese rincón infecto al que llamas habitación.
Nuth ahogó un gruñido de fastidio hundiéndose en el banco.
—¿No querías independencia? Ahí la tienes —Elyon le palmeó la rodilla y se puso en pie, dejando a Eizen sobre la baranda de piedra tallada.
Entró en la casa a ayudar a Feriel a seguir recolocando y limpiando los muebles viejos que ya había en la vivienda, y que habían estado acumulando polvo y telarañas más años de los que ellos habían vivido. Mientras se entretenía con esa actividad mecánica, su mente volvió a Hogwarts de nuevo, a ese momento en el que recuperó la conciencia pocas horas después del ataque, y en el que había soportado los gritos furiosos de su abuelo, incluso mientras Torlok la atendía. Era la segunda vez que la despertaban en la enfermería prácticamente a voces sin importar quién pudiera estar escuchando, aunque no fueran capaces de entender el élfico. De hecho, el elfo sanador se había retirado a hablar con Pomfrey con tal de mantenerse al margen de la escena.
—¡¿Qué tenías en la cabeza para hacer algo así?!
"¿Ahora mismo? Migraña de escucharte gritar" pensó ella con una mueca de dolor.
—Ayudar a…
—¡Te advertimos mil veces que no te metieras en los asuntos de los magos! —le espetó— ¡Has atacado a trabajadores del Ministerio! ¡Aurores para más inri!
—No los ataqué, solo ayudé a los prof…
—¡Los atacaste, Elyon! ¡Lo que hiciste en un arranque de heroicidad está prohibido! ¡Manipulaste las Corrientes de Energía a tu antojo! —el rostro de Azrael estaba tan encendido de ira que casi podía confundirse con el rojo de su melena— ¡Podías haberte matado! ¡Tu magia podía haber colapsado y haber arrasado con todo! ¡Pusiste en peligro a los magos!
—¡Controlé el riesyl! ¡Por primera vez he notado que podía controlarlo! ¡He podido con él y no al revés! ¡Me…! —se defendió.
—¡Nunca, jamás, se manipula la Corriente! —Elyon apretó los labios, intentar rebatir a su abuelo era una lucha perdida— ¡Es una fuerza que ha de mantenerse inalterable o las consecuencias para la vida serán nefastas para todos! ¡Ya no se trata de haber controlado el riesyl o no, es que ni siquiera deberías recurrir a él para hacer magia! ¡Te acabará destrozando física y mentalmente!
Snape tenía la vista clavada en el suelo con el cuerpo completamente en tensión, de pie junto a la cama de la semielfa. No se atrevía a mirar al elfo, aunque sabía que en algún momento todo ese enfado se volvería contra él.
—¿Sabes lo que pasa cuando desvías una Corriente para darle más poder a un humano? —le preguntó su abuelo con tono sombrío, ella negó con la cabeza— La magia es como una droga para ellos. Cuando les proporcionas más magia de la que son capaces de extraer por ellos mismos y luego se la quitas, dejas un vacío en su interior, y necesitan volver a llenarlo. Cuanta más magia les proporcionas, más adictos los haces de esa euforia. Más quieren. Es así como comenzaron los Círculos de Extracción: porque un elfo quiso hacerle un favor a un humano, a uno equivocado. Esa necesidad de magia los consume, los hace dependientes de algo que nunca podrán alcanzar por sí solos. Has expuesto a tus profesores y a los aurores a una dependencia que podría sacar lo peor de ellos.
—Ya te dije que no volvieras a atarte a alguien para darle magia —le regañó Snape en un tono más suave, casi en un susurro para ambos.
Recordaba aquella primera vez en Imtar, esa sensación de vacío y hambre que tardó en desaparecer varias horas cuando ella le dio acceso a aquella fuente prácticamente inagotable de poder tras atarse a él. Es más, allí en la enfermería, a pesar de toda la tensión y el nerviosismo, seguía notando dentro de sí esa voracidad, esa ansiedad burbujeante que le pedía volver a ser imparable a costa de la chica.
—¡¿Y tú dónde estabas?! ¡Se supone que eras el adecuado porque aquí también podías ejercer de Protector! ¡¿De qué nos sirves si no estás dónde debes?! —el elfo se giró hacia Snape, que no pudo evitar encogerse ligeramente bajo sus gritos, al mismo tiempo que en dos zancadas llegaba hasta él.
En ese momento el mago supo por qué le inspiraba tanto terror ese hombre. Por algún motivo le recordaba a su padre cuando llegaba borracho a casa, cuando era impredecible saber si los dejaría tranquilos o tendrían que esconderse de su ira.
—Intentó frenarme, pero lo reduje —Elyon acudió en su ayuda—. Lo inmovilicé con magia élfica.
Azrael miró al chico a los ojos, con el rostro a apenas unos centímetros de el del joven, más bajo que él.
—Nunca debí aceptar a un humano como Protector por sus carencias en cuanto a magia —le espetó con un amenazante tono bajo—. Si no aprietas para estar a la altura, tienes los días contados, no podemos permitirnos más fallos como este.
La semielfa miró a ambos con preocupación.
—No se volverá a repetir —respondió él con firmeza, sosteniéndole la mirada—. No consentiré que un… elfo vuelva a pasarme por encima con tanta facilidad.
Había estado a punto de decir "orejas picudas", pero se corrigió a tiempo, ese insulto en ese momento bien podría haberle costado la lengua. Azrael entrecerró los ojos. Esa ligera pausa de duda no le había pasado desapercibida, sabía sobradamente lo que el chico había estado a punto de decir, pero lo dejó correr. Podía sacar provecho de ese orgullo que hervía dentro del mago y había demostrado tener cerebro suficiente como para tragarse el insulto.
—Eso espero —el elfo se separó del joven—. Demostraste tu valía en Imtar, pero mi paciencia y tolerancia es finita, y lo de hoy no lo voy a olvidar.
Snape hizo una ligera reverencia, tragando saliva mientras se serenaba. Había esperado un arranque mucho peor contra él.
—Abuelo, de verdad…
—Lo que has hecho hoy tendrá consecuencias —se sentó en la cama y la miró con dureza—. No puedes retirar la magia de las criaturas que se nutren de ella. Disminuir su flujo o retirarlo es mortal. Los magos son longevos por su naturaleza mágica, seguramente esos aurores se resientan por lo que has hecho, si no ahora, muy probablemente en un futuro.
Los labios de la chica temblaron mientras miraba a su abuelo con desazón.
—No lo sabía… yo solo seguía mi instinto. Pensé que simplemente retirando la magia se volverían indefensos frente a nosotros como si fueran muggles, que podríamos desarmarlos y se acabaría.
Azrael la miró con preocupación. El instinto de su nieta era demasiado primario, demasiado salvaje. Buscaba la supervivencia a toda costa. Había mucho que enseñarle aún y no habían tenido tiempo, sin contar que el riesyl no ayudaba a facilitar las cosas. La seguía empujando con aquella euforia y falsa sensación de invencibilidad, y al ser mestiza, corría el mismo riesgo que los humanos a ser consumida por esa necesidad de poder, de creer que necesitaba usarlo constantemente para lograr sus objetivos. Cada vez que recurría al riesyl se acercaba más al punto de no retorno.
—Torlok me ha comentado que a pesar de todo, está bien, que puede irse de la enfermería hoy mismo siempre y cuando no haga esfuerzos —Dumbledore llegó hasta ellos tras pasar entre las cortinas que separaban la cama de la semielfa de las del resto de los que habían tenido que ser atendidos tras la carga.
—Sí, y me la llevo a Imtar conmigo —asintió Azrael.
—¡¿Qué?! —Elyon lo miró sin dar crédito— ¡No me voy a marchar antes de acabar el curso!
—Eso haberlo pensado antes de lanzarte de cabeza a un asunto que no te concernía.
—¡Soy estudiante de este colegio! ¡Me incumbía!
—Lo que ha pasado no es culpa suya. Jamás pensé que Beaumont Batts llegaría a estos extremos, ni siquiera sé cómo consiguió la aprobación para la irrupción de los aurores —medió el director—. Y va a pagarlo con creces.
—Eso está por ver. Además, no me la llevo solo por la revuelta estudiantil y lo sabes bien —lo miró con seriedad—. Se suponía que la estabais enseñando a mantenerse al margen del Ministerio, a quedarse donde debe estar.
—Y lo ha estado haciendo, en gran parte al menos. Es como Lizalos, ha aguantado hasta que ha llegado a su límite.
—Y eso nos acarreará consecuencias. Me la llevo para mantenerla a salvo.
—Estás adelantando acontecimientos —intentó serenarlo el mago.
Azrael lo miró con escepticismo.
—¿Acaso mi opinión no cuenta? Ya soy mayor de edad, no necesito autorización de nadie.
Su abuelo la encaró furioso de nuevo.
—Queda un suspiro para que termine el curso, me quedo. Si la cosa se tuerce mucho a raíz del enfrentamiento me iré a Imtar de forma temporal —puntualizó ella—. Voy a terminar mis estudios, te guste o no.
El elfo sopesó sus palabras.
—No debería ni escucharte después de todo esto. Has perdido el privilegio de que te trate como una adulta.
—Azrael… —lo advirtió el director.
—Solo hacía lo que creía correcto ¡No me iba a quedar de brazos cruzados viendo cómo los atacaban como si fueran delincuentes! ¡Algunos solo tenían once años! ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Darme la vuelta y taparme los oídos ignorando todo eso?
—Sí. En eso se basa el Tratado de No Intromisión —respondió su abuelo con sequedad.
—Y así nos ven los magos —le espetó con desprecio.
—Sigues sin querer entender que hagamos lo que hagamos, los magos nos seguirán echando la culpa, como han hecho siempre. Has estudiado historia y aun así no ves todo lo que hemos sufrido a causa de los errores de los humanos. Es nuestra manera de defendernos y de protegerlos a ellos de nosotros, porque con nuestra magia nos sería muy fácil erradicarlos. Pero al contrario que ellos, nosotros respetamos la vida.
—Aislarse de la realidad no nos ayudará, todo lo contrario. La brecha entre nuestros mundos se hará más ancha y profunda. El odio seguirá creciendo.
—No pienso discutir aquí temas que aún no comprendes.
—¡Los comprendo más de lo que crees! ¡Me he criado en medio de ambas culturas, veo lo que ocurre en ambas! Y si seguimos por este camino… entonces no sé por qué perseguís a los sublevados, porque en el fondo sois como ellos.
Azrael la miró con dureza. Dumbledore y Snape contuvieron el aliento ante aquellas palabras.
—Te vuelves a Imtar conmigo. Tú decides si por tu propio pie o a rastras —finalizó el elfo antes de irse de la enfermería.
Elyon apretó la mandíbula y siguió limpiando el mueble con fuerza, tal vez con demasiada, porque Feriel terminó por quitarle el trapo de las manos preguntándole si estaba bien.
…..✦…..
A la hora de la cena fueron a casa de Iyala y Heon, los jóvenes tenían la despensa tan vacía como los armarios de utensilios para cocinar, así que aún tenían que recurrir a ellos para no morir de inanición. Respecto a eso su tío no perdió la oportunidad de mofarse de su hijo, alegando que para ser tan independiente, bien que seguía buscando a su madre para comer. Y que seguro que en una semana lo volverían a encontrar en su habitación y les tocaría a ellos sacarlo a patadas para poder disfrutar al fin de algo de intimidad y dejar de preocuparse por cuándo y dónde les apetecía concebir una hermanita para Nuth. Ese comentario lo hizo atragantarse con la comida hasta que sus mejillas adquirieron un tono amoratado. Estuvo a punto de levantarse de la mesa e irse indignado y asqueado, rodeado de las carcajadas de su familia y Feriel. Elyon también rio ante su reacción, aunque sus mejillas sonrosadas demostraban que a ella ese comentario también la había incomodado.
En el fondo a la semielfa no le importaba seguir comiendo con sus tíos y disfrutar de su compañía, le encantaba ese ambiente alegre y cariñoso, aunque una pequeña parte de ella sentía pena, porque le recordaba a las comidas con sus padres. Era como si estando allí con los de Nuth estuviera sustituyéndolos de algún modo, a pesar de que la última voluntad de estos fue que Heon e Iyala cuidaran de su pequeña como si fuera hija suya.
Antes de que abandonaran la vivienda Azrael les hizo una pequeña visita para hablar con su nieta. Fue un momento realmente incómodo. Desde la discusión en la enfermería no habían vuelto a hablar, por lo que era difícil tratarse como si no hubiera pasado nada. Elyon estaba realmente cansada de ese bucle que mantenía con su abuelo, le resultaba increíble que su padre hubiera estado así toda la vida.
Azrael la trató con suavidad, comentándole que estaba orgulloso de la decisión que había tomado y que agradecería que, en los momentos en los que no estuviera estudiando o practicando con Kove, participara en las reuniones del Consejo. Obviamente ella aceptó. No porque le apetecería, sino porque era lo que se suponía que debía hacer.
Recordó lo que le había dicho Snape cuando Dumbledore había hecho llamar al grupo estudiantil que había convocado la huelga a la Sala de los Profesores, junto con algunos de los alumnos que fueron arrestados por los aurores durante la carga. Al mismo tiempo que ellos esperaban en la silenciosa sala, custodiados por los cuatro Jefes de Casa, el director estaba reunido en su despacho junto al Consejo Escolar.
Elyon esperaba fuera de la Sala de Profesores con los brazos cruzados con fuerza y la pierna temblando sin cesar, presa de la ansiedad creciente. En función de lo que pasara en esa reunión, ella debería decidir qué hacer a continuación. El anciano mago no había vuelto a reunirse con ella, pero la muchacha se había percatado de que no le quitaba la vista de encima. La estaba evaluando, le estaba dejando espacio para que decidiera por sí misma qué era lo mejor. Tanto tiempo exigiendo tener esa libertad y ahora que se la estaban dando estaba aterrada. En verdad no sabía muy bien qué hacer.
Jason le había hecho el favor de informarla sobre la opinión de lo sucedido fuera de los muros del colegio y las páginas de los medios, donde todo parecía estar en relativa calma mientras se seguían esclareciendo los hechos. Lo que opinaban los magos en verdad era muy diferente. Habían demostrado desconfianza hacia los elfos, miedo a lo que uno solo de ellos era capaz de hacer, inquietud hacia lo que no conocían de su cultura, que era muchísimo. Su intento de ayudar había despertado temor e incertidumbre a lo que los elfos podían llegar a hacer si en algún momento se encaraban contra los humanos. Y eso empezaba a transformarse en opresión. En comentarios sobre si habría que llevar un registro de cuántos eran y sus habilidades, en si tal vez debían someterse a algún tipo de control riguroso por parte del Ministerio y dejar de ser un pueblo independiente aceptando al Ministerio como el organismo al mando.
Elyon sabía muy bien cómo terminaría todo si Fudge era tan estúpido de escuchar esos cuchicheos. Los elfos se posicionarían del lado de los sublevados y se levantarían contra los magos y muggles. Reclamarían lo cedido siglo tras siglo, sin miedo a recuperarlo por la fuerza de ser necesario.
La puerta de la sala chirrió ligeramente al abrirse y por ella se asomó Snape.
—No sé por qué, pero sabía que estarías aquí fuera.
La semielfa se limitó a encogerse de hombros, aun moviendo la pierna con nerviosismo.
—Puedes volver a tu Sala Común. Si Dumbledore quiere algo de ti te lo hará saber. No has sido convocada, no hace falta que estés aquí esperando.
—Tengo que saber qué va a ser de ellos.
—Y lo sabrás, no te quepa duda. Vete.
Elyon negó con la cabeza. Snape cerró la puerta tras él al salir.
—¿A qué vienen tantos nervios?
—A que tengo que tomar una decisión y no sé cuál debe ser.
El mago se apoyó en la pared junto a ella.
—Lo sabes de sobra.
—Pero no sé si es la mejor, no sé qué imagen daré si la tomo ¿Seré alguien responsable o seré una cobarde que corre a esconderse porque sabe que es culpable?
—¿Acaso importa eso? —el chico alzó una ceja con cansancio.
—Por lo visto sí. Desde que atacaron el Ministerio como distracción para poder llegar a mí, todo lo que hago importa. Si respiro, si sonrío, si callo…
—Lo que opine de ti el resto…
—Me he convertido en una figura pública, no puede no importarme, no si no quiero causar problemas. Más problemas —se corrigió con pesar.
—Estás cargando sobre tus hombros más peso del que deberías —el mago la miró con preocupación.
—No. Estoy cargando el peso que me corresponde cargar. Tú no has estado en el Consejo de Imtar, es todo tan… asfixiante. Esperan mucho de mí.
—Lo esperan todo. La cuestión es hasta dónde estás dispuesta a dar tú —le aclaró el joven en todo quedo—. Ten muy presente que lo que des, se lo quedarán, por siempre. Ve con cuidado con eso o para cuando te des cuenta ya será tarde. Serás de su propiedad, serás lo que ellos quieren que seas y dejarás de ser tú.
Elyon lo miró mordiéndose el labio con inquietud. Le produjo un desagradable vacío en el estómago que comparara su situación con la que él vivió como mortífago y vivía ahora como espía al servicio de Dumbledore.
—Quizá entonces debería salir huyendo del país y no volver —musitó ella con una ligera sonrisa cansada, intentando aligerar la situación.
Snape la miró a los ojos, sabiendo que aunque aquello fuera una broma, cada vez estaba más próximo el día en el que tendrían que despedirse y separar sus caminos. Apretó los puños apartando la mirada, controlando el impulso de volver a besarla, de abrazarla con fuerza contra sí, atesorando de esa manera cada segundo a su lado que en un futuro iluminaran sus pasos en la oscuridad.
Escucharon el eco de las pisadas de Dumbledore antes de verlo. El anciano tenía el semblante serio y no varió ni un ápice al verlos fuera de la Sala de Profesores. El profesor de Pociones se apresuró a entrar.
—No se preocupe, esperaré fuera —musitó Elyon cuando el director llegó hasta ella.
—Sé que harás lo correcto —se limitó a decir abriendo la puerta.
No supo por qué, pero esas palabras le produjeron tal angustia durante unos segundos que quiso echarse a llorar. Siempre que creía hacer lo correcto era en verdad un gran error con consecuencias que terminaba pagando el resto.
Perdió la noción del tiempo que Dumbledore estuvo dentro hablando con los alumnos. Un silencio sepulcral se había instalado en esa zona del castillo, así que el sonido de la puerta al abrirse le hizo dar un brinco. La joven esperó con expectación a que saliera alguien y poder saber qué había pasado, seguramente le bastaría con ver su expresión para conocer si las noticias eran buenas o malas. Con el corazón en un puño vio salir a Cudney. El slytherin tenía los hombros hundidos y casi arrastraba los pies con derrotismo. Eso le confirmó la decisión del Consejo Escolar.
Entre todos los alumnos que salieron, después de Cudney, con cara de angustia y decepción estaba Lisa. Elyon corrió a abrazarla.
—No es justo —se susurró la semielfa aferrándola con fuerza.
—Puede… pero es algo que tampoco nos ha sorprendido. Igualmente es una expulsión temporal, hasta que finalicen las declaraciones —respondió la morena.
Su amiga la soltó para poder mirarla a la cara, frunciendo el ceño sin comprender.
—Estamos citados en el Ministerio para declarar en el proceso judicial sobre el encontronazo con los aurores. Allí se verá si al final somos culpables de agresión y desorden público o no, y en función de ello seremos expulsados definitivamente de Hogwarts o retomaremos las clases —la mirada de preocupación de Elyon se agravó—. Tranquila, Dumbledore nos ha dicho que seguramente salgamos con el expediente impecable y una disculpa. También van a juzgar a Batts y a los aurores, tanto a los que nos ayudaron como a los que nos atacaron.
—Va a durar una eternidad… se acabará el curso y…
—Según Dumbledore no será para tanto, ya han empezado con los adultos, quieren zanjar esto cuanto antes y en privado. Nada que ver con el juicio de Gringotts. Y además nos han dado apuntes y trabajos para hacer en casa y que no nos quedemos rezagados cara a los exámenes finales.
Elyon iba a responderle cuando de la Sala de Profesor salió McGonagall y la llamó, la joven palideció ante el tono que había usado, más grave del habitual.
—Nos vemos en la Sala Común —se despidió Lisa.
En el interior de la estancia solo quedaba Dumbledore, que la invitó a sentarse en una silla de madera, frente a él, junto a la mesa alargada y oscura. Ella obedeció sin rechistar, sentía su cuerpo temblar por el nerviosismo.
—Tu amiga Atler ya te ha puesto al corriente de lo que se ha hablado aquí, supongo —la joven asintió—. Quieren que tú también testifiques sobre lo que ha pasado. He intentado disuadir al Ministerio de ello, no me parece buena idea tensar así la situación con Imtar, pero han insistido. Tu intervención, aunque breve, no pasó desapercibida y quieren esclarecer los hechos. Y no voy a mentirte, saber si los elfos sois un peligro latente que tener en cuenta de ahora en adelante.
Se le formó una pelota en la garganta, al mismo tiempo que las lágrimas se agolpaban en sus ojos. Habían metido la pata, hundiéndose prácticamente hasta el fondo.
—Lo entiendo —musitó con un hilo de voz, maldiciéndose así misma por no haber sido capaz de quedarse quieta dentro del castillo, de no haber podido apartar la mirada y taparse los oídos como había dicho su abuelo.
—Bien. El Consejo Escolar ha decidido no expulsarte. No quieren que ello de paso a más fricciones con los elfos, y saben que no participaste desde el principio, solo hacia al final como medida de contención, y sorprendemente lo agradecen.
Ambos se quedaron en silencio unos segundos que parecieron dilatarse horas.
—Iré a Imtar hasta que todo se solucione —dijo con firmeza—. El resto de alumnos que van a tener que declarar han sido expulsados de forma temporal. No sería justo que yo me quedara aquí cuando también tengo que ir al juicio a exponer mi versión.
Dumbledore dibujó una sonrisa triste pero conforme.
—Se lo haré saber a tu abuelo.
Elyon solo pudo asentir antes de ponerse en pie. Sus pasos la llevaron por sí mismos camino a la torre de Gryffindor, porque su mente estaba en otra parte. Volvía a quedar fuera del colegio, otra vez, y en esta ocasión sí se lo había buscado ella. Pero lo que más le aterraba era la posibilidad de no volver. De que aquella expulsión voluntaria temporal sirviera de excusa para atarla definitivamente al Consejo, de que no la dejaran volver junto a los magos, junto a su otra familia, junto a Snape.
"Ten muy presente que lo que des, se lo quedarán, por siempre"
No fue hasta cuando casi se quedó dormida, que se dio cuenta de que su abuelo no se había disculpado con ella por cómo la había tratado, por casi arrancarla de Hogwarts, su hogar. Apretó los labios con enfado. Solo con palabras calmadas y una ligera sonrisa de gratitud había conseguido convencerla de ir junto al Consejo ¿Era en verdad tan manejable? ¿Tan sumisa e ingenua para que fuera tan fácil hacerla ceder? "Serás lo que ellos quieren que seas y dejarás de ser tú". Una lágrima solitaria recorrió su mejilla hasta la almohada. No quería que ese fuera su futuro.
…..✦…..
Durante el desayuno recibió una carta de Jason, que se apresuró a esconder para evitar que Nuth y Feriel, que había llegado con unos cruasanes que olían de maravilla, la leyeran en voz alta como si de una obra de Shakespeare se tratase. Por desgracia llegaron a ver el remitente y su primo recordaba muy bien que el anillo de constelaciones que llevaba en el anular derecho era de la misma persona. Para tener casi veinte años, resultaba insufrible que fueran capaces de comportarse como niñas de trece años hormonadas solo para molestarla y hacerla rabia, haciendo además mil preguntas incómodas al respecto de cómo era su relación con ese admirador no tan secreto.
Tras encerrarse en su nueva habitación con llave, y amenazarlos con que si se les ocurría abrir los raparía al cero, pudo tomarse un respiro y leer la carta de Jason. Desgraciadamente no era muy alegre, casi todo se resumía en que los magos seguían inquietos con lo que ella había hecho en el colegio, a la espera de que el Ministerio se pronunciara al respecto. También le dio ánimos durante esos días de estancia forzada en Imtar, comentando que había sido una decisión muy sensata y que estuviera tranquila, que todo saldría bien.
Se dejó caer de espaldas en la cama y suspiró. Esperaba de verdad que todo saliera bien porque, como ya pasó tras el asalto de los mortífagos a Hogwarts, a la mañana siguiente del enfrentamiento estudiantil El Profeta no escribió sobre nada que no fuera la huelga de los alumnos. Durante el desayuno el Gran Comedor se llenó de cartas de padres, de ejemplares del periódico y de alguna que otra gaceta independiente a la que los escolares más mayores estaban suscritos.
—Me da pavor leer su versión de los hechos —musitó Elyon.
—¿Solo a ti? —Lisa la miró con preocupación extendiendo su ejemplar sobre la mesa tras apartar el bol de cereales.
LA "PACIFICA HUELGA ESTUDIANTIL" SE CONVIERTE
EN UNA BATALLA CAMPAL CONTRA LAS AUTORIDADES DEL MINISTERIO
La supuesta sentada de los estudiantes acabó convirtiéndose
en una trifulca que se zanjó con 21 aurores heridos.
Por Rita Skeeter
La jornada prometía tranquilidad con la demostración, por parte de los menores, de su destreza con la varita. Pero esa paz duró poco más de unas horas. En cuanto los aurores se acercaron para comprobar que todo seguía en orden los alumnos de los últimos cursos, en un alarde de efervescencia hormonal, aprovecharon para practicar sus conjuros contra ellos causando una…
Varias fotografías de alumnos atacando a los aurores acompañaban ese inicio de la noticia.
…el arma secreta que guardaban los estudiantes resultó ser, para sorpresa de nadie, la ya conocida Heredera de los Altos Elfos: Elyon McWilliams, que usó su extraña magia elfa contra las fuerzas del orden enviando a varios aurores a San Mungo. Testigos presenciales declararon sufrir jaquecas y nauseas solo por encontrarse cerca de la elfa mientras ésta realizaba siniestros encantamientos élficos que…
Una fotografía en concreto la mostraba a ella detrás de los profesores, con los brazos extendidos y sus manos brillando a pesar de que la fotografía fuera en blanco y negro, y con una expresión de concentración en su rostro que resultaba bastante intimidante. Pasaron a la siguiente página y Elyon ahogó un gemido quejumbroso al leer uno de los titulares.
¿DE QUÉ SON CAPACES LOS ELFOS?
¿ESTÁ EL ANTIGUO TRATADO DE NO INTROMISIÓN EN PELIGRO?
Sorprendentemente encontraron algunos artículos que se posicionaban del lado de los jóvenes magos:
…los alumnos, que no se esperaban esa violencia por parte de los aurores que supuestamente se iban a limitar a observar, corrieron a ponerse a salvo en el interior del edificio, intentando defenderse como buenamente podían respaldados por los docentes…
Y otros que incluso ponían la mira en el propio Ministerio y su dudoso buen funcionamiento:
…que entre los aurores se permita que haya este tipo de individuos es realmente preocupante. No solo atacaron a menores inexpertos y que no suponían ningún peligro real, sino que también arremetieron contra sus propios compañeros y docentes que intentaban mediar, e incluso contra la prensa que simplemente había asistido para informar de aquella protesta pacífica tan poco habitual hasta la irrupción del Ministerio…
Una imagen de Batts y su habitual expresión prepotente acompañaba a uno de los artículos.
…cómo Beaumont Batts consiguió el permiso para llevar un grupo de aurores a Hogwarts y tener autoridad sobre ellos sin ser del departamento, es uno de los puntos que han de esclarecerse aún. Aunque todo apunta a que Damian Mills, Jefe de Aurores, acabará dimitiendo en las próximas horas...…
Judith les acercó una de las gacetas de prensa independiente a la que estaba suscrita, con una expresión de ánimo para Lisa.
…se pretendía poner límites estrictos a los alumnos, pero está claro que de haberse llevado a cabo con éxito esta nueva medida en Hogwarts años atrás, los estudiantes habrían sido incapaces de defenderse, y ante todo lo más importante es garantizar de la seguridad de las próximas generaciones…
En la prensa independiente también mencionaron a la semielfa, y con cada artículo en el que aparecía su nombre, el nudo de su estómago se apretó más. Aunque los artículos de opinión de los periodistas que habían asistido a la huelga la dejaban, generalmente, en buen lugar, no se olvidaban de remarcar que se había saltado el Tratado.
…no está claro lo que hizo la joven McWilliams. Es obvio que la de los elfos es un tipo de magia que escapa a nuestros conocimientos y que, en cierta manera, crea algo de recelo. Pero es innegable que sin su intervención la situación habría tenido un final mucho peor para una protesta inicialmente pacífica. Los que estuvimos allí viéndolo todo de primera mano agradecemos enormemente que la joven heredera tomara parte, ignorando el Tratado, y pusiera punto y final al enfrentamiento de manera que se evitaran más heridos…
Por suerte a Batts también lo estaban poniendo de vuelta y media, dándoles la razón a los estudiantes sobre que era un mago al que había que sacar del colegio cuanto antes:
…Beaumont Batts es conocido en su entorno por sus firmes y rígidas convicciones en cuanto a separación de razas mágicas y a acotar todo lo posible el uso de la magia con afán de mantener el secretismo del Mundo Mágico, que a veces se ha visto en peligro por usos indebidos de la magia en entornos muggles. Es por ello que tiene casi tantos detractores como partidarios…
Un pequeño búho gris dejó frente a Elyon una carta. Respiró aliviada al comprobar que no se trataba de nadie de su familia, era de Jason, y parecía haberla escrito a toda velocidad.
"Empieza a preocuparme la facilidad que tienes para estar en medio de todos los problemas de peso que aparecen en El Profeta. Lo tuyo es o talento natural, o una mala suerte que pasará a la historia.
Bromas aparte espero que todo esto no te cree problemas muy grandes con tu familia y tu posición, me imagino que ahora mismo debes estar de los nervios. Elena me comentó que te ibas a quedar al margen de la huelga, por eso me ha sorprendido ver que al final participaste. Está claro que para ayudar a tus compañeros, como siempre. Ojalá que no se te echen todos encima por haber arrimado el hombro de manera tan espectacular. Qué pena que en mi promoción no tuviéramos ni la mitad de acción, bueno… en verdad no hubo nada de acción, me dais una envidia tremenda. Pagaría por patear culos de mortífagos y aurores locos.
En fin, voy a dejar ya de escribir, seguramente no estés para soportar bromas idiotas que no te van a hacer gracia en estos momentos. Lo siento, no lo puedo evitar. Pero ya sabes que si necesitas hablar con alguien, aquí me tienes. También puedo chivarte, si quieres, lo que escucho por aquí respecto a los elfos y todas esas mierdas clasistas que trago a diario (es una de las cosas que no soporto en mi trabajo).
Ojalá todo quede en nada y te dejen respirar.
Me muero de ganas por verte este verano, y si es en Imtar, aún más.
Con cariño,
Jason"
Elyon dobló la carta y volvió a meterla en el sobre. Era cierto que las bromas de Jason no llegaban en el mejor momento, pero aun así le hacían ahogar una carcajada y sentirse más liviana. Y lo necesitaba, porque la ansiedad empezaba a hacer acto de presencia en su estómago, como plomo, a la espera de saber qué sucedería a continuación.
Solo esperaba que la situación frente al Ministerio no se caldeara tras lo sucedido o acabaría perdiéndose los exámenes finales y muy probablemente suspendiendo el curso. Con todo lo que había pasado ese año escolar sus notas estaban más resentidas de lo habitual y para enmendar la situación había comenzado, desde su vuelta de Imtar, a restarse horas de sueño como ya hizo nada más ingresar en la escuela.
Al día siguiente de la huelga se retomaron las clases, con una sensación inigualable de victoria al saber que ni Batts ni su grupito de seguidores los castigarían o restarían puntos si hacían magia fuera de las aulas. Una victoria que no compartía del todo el profesorado ni el grupo estudiantil que había organizado la huelga.
La respuesta del Ministerio ante el altercado aún no había llegado, aunque todos sabían que se abriría una investigación y se pedirían responsabilidades tanto de una parte como de otra. Nadie había esperado que la sentada acabaría en una batalla campal.
Con la llegada del segundo grupo de aurores se puso fin al enfrentamiento, aunque no se calmaron los ánimos, menos aun cuando empezaron a engrilletar por puro protocolo a los aurores que habían atacado a los docentes y alumnos. A Batts también le tocó cargar con unos grilletes, aunque se fue de allí con la cabeza bien alta, como si la cosa no fuera con él.
Dumbledore se reunió con Fudge en su despacho durante horas. Y una vez el Ministro abandonó la escuela, el director comenzó a llamar a todos los docentes. Uno tras otro. Y cuando todos los que estaban en condiciones de dar su versión de los hechos salieron de la torre, fue el turno de los alumnos. Lisa les dijo que no había sido muy duro con ella, es más, fue agradable. Se limitó a hacer preguntas en un tono calmado y cordial, aunque la gryffindor sabía que seguramente habría consecuencias para ella y el resto del grupo estudiantil.
—Señorita McWilliams, acompáñeme.
Elyon levantó la vista de sus deberes de Transformaciones y no pudo evitar fruncir el ceño al ver frente a ella a Zelda. Inspiró con disimulo y comenzó a recoger sus cosas.
—No será necesario, solo serán unos minutos —le informó la mujer.
La joven la siguió entre las librerías. Zelda se detuvo entre unas que contenían pesados tomos de Aritmancia.
—Jamás pensé que tendría que agradecerle a un alumno su ayuda, menos aún a usted —le soltó a bocajarro.
La semielfa alzó ambas cejas con asombro.
—Yo…
—Tenía que hacer honor a su Casa, lo sé —comentó con desdén.
—No tiene nada que ver con los supuestos valores de las Casas —se indignó la chica—. Lo hice porque era lo correcto, y ya está. Usted estaba ayudando a otros alumnos, era lo mínimo por mi parte.
—Sea como sea —hizo un ademán despectivo con la mano—, gracias. Es un gesto que no olvidaré.
Elyon se torció el meñique hacia atrás.
—¿Eso quiere decir que… vamos a ser amigas o algo así? —la joven la miró completamente descolocada.
—¿Ami…? A veces se me olvida que no hablo con adultos —murmuró la bruja llevándose las manos a las sienes—. No me haga reír. Usted no me cae bien y yo no le caigo bien, menos aún después de todo lo que ha pasado entre nosotras estos años —la semielfa apretó los labios acordándose de todo lo referente a Remus— Pero peor me caen los hombres que abusan o intentan abusar de las mujeres.
Elyon palideció ¿Zelda también sabía lo de Lucius? ¿Por boca de quién? ¿De Snape, de McGonagall? Deseó que nadie más estuviera al tanto. Aunque de haberse enterado Dumbledore ya se habría sentado a hablar con ella y el resto de su familia.
—Respire, no es algo de conocimiento público. Aunque debería para que el desgraciado pague por ello. No tiene que sentirse avergonzada por lo que sucedió —dibujó una ligera sonrisa de lástima—. Así que en pago a su ayuda desinteresada, si vuelve a tener problemas con alguien del sexo opuesto en lo que se refiere a límites, hágamelo saber, y lo pondré en su sitio con mucho gusto.
La joven solo pudo asentir levemente. Recordar el incidente con Lucius le había provocado un escalofrío desagradable en la columna. La profesora se dispuso a marcharse.
—Y… si me permite un consejo personal, yo en su lugar me alejaría del profesor Snape —comentó parando sus pasos.
Elyon enfureció su expresión, incómoda y molesta porque la bruja metiera las narices en asuntos que no le concernían.
—Aunque ahora se niegue a verlo —prosiguió la pelirroja—, le hará daño. Las personas como él siempre terminan dañando a los demás, quieran o no. Es un fuego con el que le aseguro se quemará. Usted tiene un corazón demasiado cándido como para soportar tanto veneno, le convendría más alguien como Remus.
La joven estuvo a punto de decirle que ese era problema de ella y de nadie más. Pero se mordió la lengua. Peor que estar enamorada del mago era que alguien del profesorado lo sospechara y ella fuera tan idiota como para confirmarlo en voz alta. Porque llegaría a los oídos de todos, entre ellos los de Snape, y para colmo lo pondría en un aprieto que podía costarle el puesto de trabajo. Aún recordaba la breve insinuación de McGonagall referente a si había sido su profesor de Pociones quien había intentado abusar de ella. Si alguien descubría lo que sentía por el joven, le achacarían a él el haberla seducido adrede aprovechándose de su cercanía impuesta y su posición de poder. Y no era cierto.
Tras unos segundos de tenso silencio entre ambas, la mujer finalmente se fue. Elyon se apoyó en una de las robustas librerías y suspiró largamente, sabiendo que en parte la bruja tenía razón. Quizá la única manera de estar con él era de la forma que lo había estado Zelda: en una relación informal, sin ataduras y sin el corazón de por medio. Pero ella no quería eso, no era como su profesora, ni le interesaba serlo, menos aún solo por estar con una persona a la que tal vez no le interesaba lo suficiente como para plantearse rebajar su mala sangre. La imagen del recuerdo de la bruja y su profesor en la cama, que vio en los recuerdos del chico, la asaltó a traición. Y mientras sus mejillas comenzaban a arder sintió una desagradable congoja trepar por su garganta. Inspiró con fuerza cerrando los ojos y volvió a su sitio, intentando borrar aquello de su mente, o al menos, intentando desterrar esas imágenes bien lejos de ella.
…..✦…..
Llegó casi sin resuello a la sala de reuniones. Con todo el circo que le habían montado su primo y el novio de este por la carta de Jason, y cómo ella empezó a darle vueltas a su situación en ese entorno cada vez más tenso y caótico en el que se sentía atrapada, se había olvidado de que tenía que estar en la reunión del Consejo ese día.
Al abrir la puerta encontró la sala vacía. Torció una mueca ¿Había llegado muy tarde, muy pronto? Tal vez entendió mal a su abuelo y la reunión no era esa mañana.
—Para las sesiones rutinarias el Consejo se reúne en la sala pequeña —le dijo una voz profunda, pero suave y cálida, a su espalda.
Al girarse se encontró con Rasmu. Se le hizo raro verlo con ropa de colores terrosos y con aspecto de haberse usado muchísimo.
—Ven, te acompaño.
—Gracias. Mi abuelo me había dicho lo de la reunión pero… pensé que sería aquí —musitó ella, avergonzada.
—Supongo que dio por hecho que ya lo sabrías —el elfo le quitó importancia—. No te negaré que en alguna ocasión yo también me he equivocado de sala —añadió en un susurro, inclinándose ligeramente hacia ella, como si estuviera confesándole un secreto humillante.
Elyon dibujó una pequeña sonrisa y Rasmu resopló sutilmente, en un amago de carcajada. Volvió a mirar su atuendo. Las botas oscuras estaban manchadas de barro hasta más arriba de los tobillos, junto a los bajos de la capa gris oscura que parecía húmeda y pesada. Su melena también parecía haber pasado, no hace mucho, bajo una considerable cantidad de agua. Se le veía ligeramente cansado.
—Vengo de Aftherof —respondió Rasmu, que había notado la mirada curiosa de la joven sobre él—. Estos últimos días he estado visitando las poblaciones más alejadas de la capital, poniéndome al día de lo que sucede por allí para las reuniones como las de hoy. Llevan semanas de lluvia ininterrumpida, así que se ha convertido en un verdadero cenagal. Y maldita sea mi suerte que esta vez me ha tocado ir a mí y no a Mandrac o a tu abuelo.
—Bueno, al menos nos queda la magia para sobrellevar mejor esos malos tragos.
La semielfa cogió el codo del elfo y se concentró. El hombre sintió el calor extenderse desde el punto donde lo estaba tocando. Una sensación agradable que le quitó el frío de los huesos y el cansancio acumulado, y que además le secó la ropa y el pelo.
—Es… Impresionante. Gracias —la miró con una sutil sonrisa— Has mejorado mucho con la magia.
—No es tan impresionante —Elyon le apartó la mirada sonrojándose ligeramente por el cumplido.
—No te menosprecies así. Que parezca sencillo, no quiere decir que lo sea, y aunque lo fuera no por ello tiene menos mérito.
La joven se limitó a encogerse de hombros mientras se colocaba un mechón de pelo azulado tras la oreja. Rasmu abrió una pequeña puerta de madera clara y le indicó a la semielfa que pasara con un ademán educado.
—Empezaba a preocuparme porque no llegarais ninguno de los dos —los saludó Azrael.
—Alguien se olvidó de decirle a nuestro miembro más joven que las reuniones rutinarias se realizan aquí. Suerte que la Sala Magna está de camino a esta y la he visto —anunció el elfo cerrando la puerta y quitándose la capa de viaje.
Su abuelo se pinzó el tabique con una mueca de vergüenza.
—Últimamente no sé dónde tengo la cabeza —suspiró con cansancio.
—Pues más te vale que aquí. Hemos estado retrasando esa sesión una y otra vez, ya no debemos posponerla más, o se nos acumulará el trabajo —aconsejó Mandrac con sequedad.
Rasmu apartó una de las sillas para que Elyon se sentara y ella aceptó el gesto de buen grado, después se sentó a su lado en la silla restante.
—¿Y el resto del Consejo? —preguntó la joven extrañada.
—A estas pequeñas reuniones solo asistimos los asignados en Imtar —explicó Mandrac.
Aquella fue la primera reunión en la que Elyon tuvo que esforzarse de verdad en no quedarse dormida de puro aburrimiento. Todo sobre lo que hablaban eran números y balances sobre exportación, importación, reservas para las próximas siembras y los futuros gastos en mejoras de infraestructuras en las aldeas y pueblos ubicados en zonas de más difícil acceso y con clima adverso.
No fue hasta que Rasmu sacó del interior de su túnica un pergamino doblado, que la joven retomó el hilo de lo que estaban hablando. Al parecer hacía rato que habían dejado la economía y se habían centrado en la inquietud generalizada que se extendía lenta, pero inexorablemente, por la comunidad de los elfos por boca de los sublevados, reforzados por el trato hostil que estaban mostrando muchos magos con sus negocios. Habían saboteado mercancías y dañado varios negocios en el Callejón del Sauce. También había habido algún pequeño altercado en terrenos fronterizos de elfos y el Ministerio.
El pergamino en cuestión era una octavilla que llamaba a todos aquellos que estuvieran cansados de la opresión de los humanos a reunirse en un punto en concreto del pueblo en una fecha y hora determinada. Los habían repartido en la mayoría de los núcleos de población, Imtar incluido. En los lugares donde la Guardia había llegado a tiempo de ver lo que pasaba informaron de varios mítines en los que los oradores se quejaban de la situación con los magos y de la gestión del Consejo. Los guardias tomaron nota de la identidad de los oradores por si lograban encontrar alguna conexión con los sublevados. Como no se llamó a la violencia ni a la toma de represalias, no hubo motivos de peso para realizar detenciones, y de haberse realizado sin duda habría sido contraproducente. Lo último que necesitaban es que tacharan al Consejo de opresor y dividir más la opinión de los ciudadanos.
Elyon sintió un nudo en el estómago. Aquello era culpa suya. Y si no lo era, sin duda su participación en la revuelta de Hogwarts lo había agravado.
…..✦…..
La puerta de la Sala de Profesores, donde Snape se había refugiado durante el descanso después de la comida, se abrió. Inspiró profundamente al escuchar las bisagras chirriar, suplicando a quien le escuchara porque no se tratara de Zelda. No podría soportar sus comentarios prepotentes sobre cómo gracias a ella no lo habían derribado al poco de entrar en la refriega con los aurores. Menos aún después de lo mal que se habían llevado los últimos meses tras su "ruptura". Pero sabía que tarde o temprano volverían a toparse de frente, Hogwarts no era tan grande por desgracia, y seguían compartiendo la optativa de Duelo, que por el momento estaba suspendida.
—Buenas tardes —le saludó una voz cordial y educada, aunque algo seca, que conocía bien tras tantos años en el colegio.
McGonagall se sentó en una de las butacas con orejeras. No le pasó desapercibido cómo la postura del chico se relajaba al ver que era ella quién había entrado.
—No sé cómo creíste que tener una relación con un compañero de trabajo era buena idea. Menos aun cuando se trata de alguien tan… volátil, que tiene alergia al compromiso y que no desperdicia la oportunidad de lucir con prepotencia las cosas que cree hacer mejor que el resto.
—Si has venido a sermonearme con cómo debo o no debo vivir mi vida, será mejor que no te pongas muy cómoda —la cortó el chico sin ni siquiera levantar la vista del libro sobre conjuración élfica que estaba leyendo.
Se instaló un silencio tenso entre ellos.
—En verdad había venido para pedirte disculpas —suspiró la bruja con la vista fija en sus manos entrelazadas sobre su regazo.
Snape la miró extrañado ¿Disculpas sobre qué? ¿Acaso había pasado algo que le concernía y no le habían contado?
—Me enteré de lo que pasó en Imtar, Albus me contó el sacrificio personal que hiciste —comenzó a explicarse la mujer, conteniendo una sonrisa divertida al ver la expresión del joven. No ignoró las sutiles marcas de las quemaduras en las manos del joven, que ya casi habían desaparecido—. Y durante la escaramuza en el colegio contra los aurores vi como no solo defendías a Elyon, si no al resto de niños y profesores, a mí misma. No debió ser fácil encararte así contra los que saben lo que fuiste y que estarían más que encantados de llevarte a Azkaban sin miramientos bajo cualquier pretexto.
El mago se mantuvo en silencio, sin saber realmente cómo reaccionar ¿Quizá con desdén por su escepticismo, con indignación ante su sorpresa, con indiferencia hacia su opinión?
—Recuerdo bien lo que te dije cuando supe del incidente de Elyon durante el juicio. Te juzgué mal. Fuiste muy sincero cuando me espetaste que no tendrías reparos en hacer desaparecer a todo aquel que se atreviera a hacerle daño —los labios de la bruja dibujaron una pequeña sonrisa de resignación—. En verdad no creo que ese remedio sea el mejor pero… No mentiste. No eres tan egoísta como siempre he pensado que eras y es evidente que en algún momento decidiste dejar a los mortífagos para hacer lo correcto, aunque fuera a tu manera. Así que como te he dicho, te pido perdón y espero que podamos llevarnos mejor de ahora en adelante. Fui demasiado orgullosa y testaruda para creer lo que Albus me contaba de ti sin verlo con mis propios ojos, preferí tratarte con desconfianza.
—Eres una Gryffindor, era de esperar —se limitó a contestar él con una sutil sonrisa cruel.
McGonagall resopló por la nariz en un amago de risotada.
—Y tú, como buen Slytherin, eres demasiado soberbio para agradecer nada.
Snape cerró el libro que tenía en las manos.
—No eres la única que necesita pruebas y hechos para creer las cosas. Un "lo siento, espero que nos llevemos mejor" se lo lleva el viento con mucha facilidad.
—¿Y qué me propones que haga entonces? —McGonagall lo miró intrigada.
Snape se encogió de hombros.
—Sorpréndeme.
McGonagall giró el butacón para quedar sentada de cara a él y con un elegante movimiento de varita hizo aparecer entre ambos una mesita con un tablero de ajedrez sobre ella, con todas las piezas perfectamente colocadas.
—¿Blancas o negras? —lo retó con la mirada.
Snape alzó una ceja con una pequeña sonrisa calculadora, aceptando el reto.
…..✦…..
La reunión del Consejo se alargó hasta pasada la hora de comer, las tripas de Elyon rugían de forma dolorosa. Aun así, camino a casa de sus tíos para aliviar el estómago vacío, se detuvo a observar a los vecinos que esa tarde disfrutaban del sol primaveral cerca del pequeño lago.
Ver a los chiquillos chapotear allí y revolcarse por la hierba verde le dibujó una sonrisa en el rostro. En ese momento acudió a su memoria el recuerdo de Snape, corriendo por el campo perseguido por su madre. Su sonrisa se esfumó. Tras eso recordó las palizas que les daba su padre tanto a su madre como a él. Sintió una punzada en el pecho. No era justo que el mago no hubiera tenido ni un pequeño respiro, ni un momento de felicidad que durara más de unas pocas horas, y eso cuando tenía suerte.
Se despertó de madrugada, inquieta. Esa noche no había luna, así que toda la habitación estaba sumida en la oscuridad. Resopló e intentó dejar la mente en blanco para volver a dormirse. Tras dar vueltas y más vueltas entre las sábanas, se encontró mirando el lado izquierdo de la cama, acariciando distraídamente con las yemas de los dedos el espacio vacío. Fue en ese momento en el que se dio cuenta de que echaba de menos a Snape. Estar en Imtar sin él, tras aprobar la Evaluación, se le antojó extraño. Añoró esos días a solas con él en el camping.
Maldita sea. Se levantó de la cama remugando para sí, sedienta. Reprochándose no solo el haberse colgado del mago, si no de estarlo cada vez más. Sobre todo desde el accidente del Hilo Guía. Desde que consiguió traerlo de vuelta, tras su estropicio, cada vez que lo miraba sentía un intenso hormigueo en el estómago. Y no solo eso. Quería poder acortar distancias, poder abrazarlo y quedarse recostada contra él, como aquella vez en el núcleo del bosque de Imtar. Snape se estaba convirtiendo cada día más en su lugar seguro. Se había sorprendido a sí misma mirando los labios del chico alguna vez, cuando estaban muy juntos hablando cara a cara ¿De verdad quería… besarlo? Aquello era subir el listón más de lo que ella estaba preparada a admitir. Sintió sus mejillas arder solo de imaginarse el momento.
Iba a volver a su cuarto con el vaso tras darle un buen trago, cuando se topó con una silueta en el salón. Ahogó un grito y por poco dejó caer el vaso antes de reconocer quién era.
—Joder, Feriel. Casi me da un infarto —jadeó recuperando el aliento—. No sabía que estabas aquí.
—Lo siento —se disculpó el chico—. Se me hizo tarde en el taller y al final tu primo me lio para que viniera. Talento natural, ya sabes, como su padre ¿Qué haces levantada?
—Me he desvelado —resopló.
—Espero que no haya sido por nuestra culpa —el joven se acercó también a la cocina a por algo de beber.
Fue en ese instante en el que Elyon se percató de que el chico iba en calzoncillos. Sintió extenderse el calor hasta la punta de las orejas. No solo porque fuese la primera vez que veía a Feriel prácticamente sin ropa y lo que se había encontrado no tuviera desperdicio ninguno, Grace estaría realmente encantada de saber lo que el carpintero ocultaba bajo la tela. Si no porque también acaba de comprender lo que el chico le había dicho sobre si que estuviera desvelada era culpa suya y de Nuth. Desvió unos segundos la mirada a la habitación que tenía la puerta entornada, completamente rígida, y luego volvió a mirar a Feriel. Tal era su nivel de sorpresa, que cuando el elfo pasó por su lado ella se giró a su paso sin quitarle la vista de encima.
—Cariño, de no ser porque sé que te gustan los chicos un poco más bajos que yo, con menos músculo, pálidos, morenos y de ojos negros. Diría que estás perdiendo las bragas ahora mismo —se mofó.
—¿Qué? —comentó ella, ida.
—Que como no parpadees me vas a desgastar —rio alzando una ceja.
—¿Desgastar? —que ella recordara, su cerebro nunca había ido tan lento— ¿Moreno…? ¡¿Qué?! ¡No! ¡¿Pero, qué…?!
Se apresuró a apartar la vista de golpe, centrando su atención en el vaso que sostenía entre sus manos.
—De verdad que me siento halagado. Da gusto ver que las horas que invierto trabajando no solo sirven para ganarse el pan —se apoyó en la encimera de madera, mirándola mientras contenía la risa, dándole un trago al vaso que sostenía.
—No es eso, es que… —volvió a mirar la habitación de su primo.
—Si llego a saber que no te sentías cómoda con nosotros aquí, de verdad que no hubiera cedido con Nuth —se disculpó.
—Tranquilo, no me molesta. No soy tan cría como para no saber que vosotros… bueno… —Feriel alzó una ceja con los labios apretados conteniendo una sonrisa socarrona, a la espera de ver si la joven sería capaz de decirlo o no— Que hace tiempo que tenéis sexo. Simplemente no me lo esperaba. Y no, no os he escuchado, no me he desvelado por eso.
—Me alegro de que el conjuro de insonorización funcione.
—No más que yo… y… ¿Podemos dejar el tema? No me molesta que hagáis lo que os apetezca ahí dentro, pero tampoco me apetece imaginármelo.
—¡Qué pena! Yo que quería contarte con detalles anécdotas sobre lo remilgado que tu primo puede…
—Feriel —gimoteó ella a modo de súplica mientras se sonrojaba de nuevo.
—Era broma, era broma —rio él—. En verdad es un viciosillo que no le hace ascos a nada.
Recibió un cojinazo en toda la cara.
—Creo que no quiero compartir casa con vosotros dos. O más bien contigo —resopló ella volviendo a su cuarto de mal humor.
—¿Entonces por qué te has desvelado?
Elyon se paró y sus hombros se hundieron.
—No lo sé —musitó—. Tengo muchas cosas en la cabeza.
—¿Y una de esas cosas es tu encantador Protector? Ese que parece que se morirá si sonríe en algún momento frente a alguien que no seas tú.
Elyon se giró con lentitud.
—Mira, Feriel, estoy cansada y no tengo humor para tus bromitas, ahora no, así que…
—No es ninguna broma —el chico había borrado su sonrisa socarrona y relajado el tono de voz—. Te he visto la cara cuando has conseguido asimilar mi alusión a que te gustan los chicos morenos de ojos negros.
La joven tragó saliva.
—No os basta con lo de Jason que…
—Elyon. Yo lo sé y Nuth también. Estoy seguro que Heon e Iyala también lo saben. No me vas a convencer de que estoy equivocado porque ni tú misma eres capaz de creerte esa mentira.
—Fue por la Noche de las Hogueras… ¿Verdad? —preguntó con un hilo de voz y terror en la mirada.
—Tu primo y yo nos dimos cuenta antes. Cuando os llevamos a la taberna la primera vez.
Elyon soltó un leve gemido lastimero. Feriel se acercó a ella y la abrazó. El chico tenía un olor fuerte y penetrante, pero olía relativamente bien y era extraño teniendo en cuenta lo que había estado haciendo momentos antes de salir de la habitación. La joven se esforzó en dejar de pensar mientras notaba como volvía a sonrojarse.
—No te pongas así. Es difícil disimular cuando estás enamorado de alguien —el elfo prefirió ahorrarse el "muy"—. Por ejemplo, tu amiga Grace se dio cuenta de lo mío con tu primo.
—Grace siempre se entera de todo… supo que estaba colada de Snape antes que yo misma —bufó con fastidio.
El chico soltó una pequeña risita. Aquello no le extrañó en absoluto. Al verlos juntos era obvio que lo había entre ambos llevaba mucho tiempo gestándose a fuego lento.
—Por favor no le digáis nada a nadie, si alguien…
—Sí, sí, Nuth ya me lo dejó claro. Mis labios están sellados. Pero no me gusta verte tan taciturna. Menos aún por algo que tiene fácil solución —la chica alzó la ceja sin comprender—. Díselo —le aclaró.
—Ni de broma —Elyon rompió el abrazo.
—¿Pero por qué?
—Porque se reirá en mi cara.
—¿Tan segura estás de ello?
Elyon apretó los labios y se lo quedó mirando. El hormigueo en su estómago volvió. Recordó esos pequeños gestos que Snape hacía tiempo tenía con ella, cómo la miraba algunas veces, tal vez…
—No quiero comprobarlo. Además, está prohibido. Es mi profesor, lo despedirían. Y no quiero ni saber lo que le haría mi abuelo si se entera —aclaró—. Me voy a dormir, hasta mañana.
Cuando la puerta de la habitación de la chica se cerró, Feriel echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un gruñido de frustración. Pero qué terca era. Tenía la respuesta delante de sus narices y no es que no la viera, es que no quería verla. Había visto en el brillo de sus ojos que en el fondo estaba bastante segura de que lo que sentía por el mago era correspondido. Pero la joven opinaba que él se jugaba mucho, y le importaba demasiado como para arruinarle la vida por lo que ella se emperraba en tachar de encaprichamiento adolescente.
…..✦…..
La clase de Defensa estaba resultando realmente estresante. Aprovechando que estaban en Imtar, Kove le había pedido a Nuth que fuera el contrincante de Elyon. No solo porque así la chica podía probar las técnicas mixtas con alguien que utilizaba su mismo tipo de magia, sino porque su maestro les había anunciado a ambos que, tras sopesarlo largamente con el Consejo, Nuth sería el Protector Suplente para la semielfa en aquellos momentos, como era ahora el caso, en el que Snape no estuviera disponible. Su primo estaba tan orgulloso de haber conseguido al menos la plaza de suplente, que no se cortaba un pelo en el entrenamiento. La estaba llevando al límite sin miramientos. No se podía negar que era todo un soldado.
Elyon resollaba apretándose un costado bajo las costillas, intentando mitigar así el dolor punzante del flato. Hasta ese momento no había tenido que usar tantísima magia de ataque y defensa.
—¡Venga! ¿Eso es todo lo que puedes hacer? Me esperaba más de una descendiente de una Gran Familia —la picó Nuth estirando los músculos de los brazos y los hombros mientras no dejaba de dar saltitos.
—Nuth, relaja —lo cortó Kove—. Normalmente no le exijo tanto y no quiero que le provoques un brote ¿Está claro? Además, no te lo tengas tan creído. Te recuerdo que eres el suplente. Te pasaron por delante, muy sobradamente, Mábraros y Severus. Y Severus es un humano.
El joven torció una mueca de desagrado y relajó el ritmo.
—Severus hizo trampas… —gruñó para sí— Seguro que si Elyon me hiciera ojitos también habría quedado primero.
El golpe de Kove con la vara llegó sin avisar y restalló como un látigo en la explanada de entrenamiento junto al grito ahogado del muchacho.
—Hijo de… —gimió en el suelo, agarrándose el muslo izquierdo, conteniendo las lágrimas.
—Que estés en un entorno relativamente familiar no te da derecho a poner en duda las decisiones del Consejo con ese tono. Mis decisiones. Sin contar que hay opiniones que es mejor exponer a puerta cerrada lejos de oídos indiscretos —el elfo lo miró con dureza—. Si vas a comportarte como el adolescente que eres mientras ejerces tu labor, te aseguro que buscaré a otro que te sustituya.
Nuth seguía frotándose el muslo para aliviar el dolor. Kove le había dado con ganas, hacía mucho que no le golpeaba así. Intentó ponerse en pie, pero su pierna flaqueó.
—Tomémonos un descanso.
El elfo se marchó de allí y los dejó solos.
—Mira que eres bocas —le regañó Elyon al chico, sentado sobre la hierba.
—Vaya moratón me va a salir —se quejó—. Y no es ser bocas, es la verdad.
La semielfa suspiró y se sentó a su lado.
—Yo de ti vigilaría lo que dices de Snape delante suya. Los he visto y… Aunque parezca raro, le tiene mucho aprecio.
—¿Te crees que no me he dado cuenta? Casi parece que lo haya adoptado. No había visto a Kove tan sociable con alguien desde… desde nunca en verdad.
—¿Y Fingaerel? —Elyon dibujó una sonrisilla pícara.
—Esos son otros asuntos en los que no quiero ni meter la nariz. Si ya me ha dado este golpetazo por la chorrada que he dicho sobre su hijo adoptivo, imagínate lo que podría llegar a hacerme si menciono su posible amorío con la tabernera de Miel de Luna ¿Quieres que me arranque la lengua o qué?
Elyon rompió a reír y terminó por tumbarse sobre la hierba a la espera de que su maestro regresara. Su primo la imitó, aun frotándose la pierna.
—¡Arriba, pareja de holgazanes! —les giró Kove a su vuelta.
Ambos se miraron entre ellos poniendo los ojos en blanco, y con un suspiro de resignación se pusieron en pie. Kove no llegaba solo, lo acompañaba Rasmu.
—Nuth, te voy a matar —le gruñó Elyon.
Su primo la miró con culpabilidad encogiéndose de hombros. No había que ser muy listo para saber que Kove había buscado a otro para enseñarle al chico lo rápido que era capaz de buscarle un sustituto. Lo malo de aquello, es que iba a ser Elyon la que recibiera por ello.
Ya había visto a Rasmu manejar la espada y no quería enfrentarse a él. Si iba a haber magia de por medio, menos aún.
—En posición —ordenó su maestro.
Ni siquiera hizo las debidas presentaciones. Rasmu cogió una espada del fardo de entrenamiento. La examinó y comprobó su equilibrio con una serie de movimientos rápidos y contundentes. La joven tragó saliva sabiendo lo que se le venía encima. Recordaba muy bien la primera clase en la que ese elfo estuvo presente y cómo terminó. No era precisamente compasivo.
Sin aviso previo, el elfo se abalanzó sobre ella, y antes de que la joven pudiera reaccionar se encontró con la mano vacía y su espada en el suelo, con la punta de la de Rasmu bajo su barbilla. La miraba con frialdad. Sus ojos azules parecían de hielo en esos momentos.
Alejó el arma de la garganta de la chica para dejarla recuperar la espada y en cuanto la cogió, volvió a abalanzarse contra ella sin esperar siquiera a que se irguiera del todo. Elyon consiguió frenar el ataque y devolverlo. Fue un movimiento torpe, pero lo suficientemente preciso para conseguir un mínimo espacio seguro para poder colocarse mejor antes de continuar la pelea. La joven lo miró a los ojos, evaluándolo, en posición defensiva. No pensaba lanzarse por él hasta ver sus patrones y puntos más débiles.
Perdió la cuenta de las veces que la venció en apenas unos pocos movimientos, ni siquiera necesitaba golpearla con el cuerpo. Él y la espada eran uno solo. Y la cosa no mejoró cuando comenzaron a usar magia. La de Elyon era más fuerte, pero él era mucho más rápido y preciso.
Con un movimiento de cabeza Kove le indicó a Nuth que se metiera en la escaramuza a salvar a su prima. Dos contra uno y aun así podía con ambos como si nada. Su forma de pelear no tenía nada que ver con la de su maestro. Era más fluido, más elegante, y no repetía dos veces la misma técnica.
Elyon alzó el brazo frente a ella conjurando un escudo que paró la hoja de la espada. Lo miró con la mandíbula apretada. Rasmu tenía que tener un maldito punto débil. Él vio su frustración y le clavó una mirada altiva, retándola a que fuera capaz simplemente de rozarlo.
En un momento dado la joven comenzó a ver el patrón del elfo, era muy sutil, lo camuflaba con movimientos rápidos que en verdad no tenían intención de herir, solo de distraer. Elyon dibujó una pequeña sonrisa de triunfo y se lanzó a por él. Antes de que se diera cuenta Rasmu la había inmovilizado contra él, retorciéndole el brazo derecho a la espalda, dejándola indefensa y con el filo de la espada de nuevo en su garganta. Cuando ella se revolvió para librarse, él la aprisionó más contra su pecho, obligándola a levantar más la cabeza por el filo de la espada bajo su mandíbula, fría contra su piel.
—¿Algo que alegar, Nuth? —Kove miró al chico, que estaba jadeando ligeramente inclinado hacia adelante, mientras se secaba el sudor de la frente con la manga de la camisa.
El joven negó con la cabeza inspirando con fuerza, preparándose para volver a atacar y liberar así a su prima de Rasmu.
—No vuelvas a creer que tu posición como Protector es inamovible. Tanto tú como Severus podéis perderla en cualquier momento si no cumplís con las expectativas —le aclaró su maestro—. Hemos acabado por hoy. Gracias por tu colaboración, Rasmu.
—No hay de qué —pegada como estaba al pecho del elfo, Elyon sintió retumbar la voz del hombre contra ella, junto a los latidos acelerados tras ese enfrentamiento.
El elfo la liberó de su agarre, con suavidad. Antes de que se alejara de ella pudo oler el aroma que desprendía Rasmu. Era penetrante y denso, especiado. Agradable. Le recordaba a madera y bosque.
—Espero no haberte hecho daño —le dijo ya con la expresión relajada.
—En el orgullo, sí —respondió con abatimiento.
—Ahí es donde siempre duele más —admitió dejando la espada en el fardo—. Pero ha estado bien, ha sido estimulante. Tal vez le pida a Kove que me deje unirme a otro entrenamiento.
—Estoy segura de que no le importará lo más mínimo —la joven torció una mueca de fastidio.
—Entonces hasta nuestro próximo duelo —le sonrió con una ligera reverencia y se marchó.
Elyon lo miró frunciendo el ceño, con las mejillas encendidas sin saber si era solo producto del entrenamiento o de algo más. Sacudió ligeramente la cabeza y se volvió hacia su primo estirando los músculos de brazos y espalda.
—Me pido primera en la ducha. Y me lo debes porque esta paliza ha sido culpa tuya —añadió cuando vio a Nuth a punto de protestar.
…..✦…..
Estaba enfrascada en la lección de Herbología cuando llamaron a la puerta. Bajó los pies del respaldo del sofá, se incorporó y, tras dejar el tomo en la mesa de café, fue a abrir. Nuth tenía turno en la muralla, así que estaba sola en la casa. Al abrir la puerta se tiró enseguida a abrazar al joven que encontró al otro lado, colgándose de su cuello.
—No me has dado tiempo ni a las presentaciones —se mofó su tío.
—¿Qué haces tú aquí? —Elyon ignoró por completo a Heon.
—Me supuse que la decisión de venir no te debió resultar fácil y que tal vez un poco de compañía te sentaría bien. La última expulsión… —Remus la miró con aprensión.
—Esto no ha sido una expulsión en verdad. Pero sí, te lo agradezco mucho, además, tenemos asuntos sobre los que hablar todavía —lo miró con seriedad.
—Entonces creo que por aquí sobro —se despidió el elfo.
—Gracias por acompañarlo —su sobrina le sonrió.
—Ha sido un placer. De este jovencito había escuchado hablar mucho, pero apenas había podido cruzar con él dos palabras. Es toda una joya —lo palmeó en el hombro, mirando a la joven son picardía.
—¿Jovencito? —Remus lo miró descolocado.
—Heon, por favor —la chica se sonrojó—. No me avergüences delante de mis amigos ¿No eras el tío enrollado?
—Y el entrometido, y el sobreprotector, y el…
Elyon lo miró con enfado y el hombre se calló con una sonrisilla traviesa.
—De acuerdo, os dejo intimidad —se despidió—. Remus, si no te ves capaz de regresar solo a Londres, que Elyon te indique dónde encontrarme. Pasadlo bien, pareja.
El elfo se marchó con paso calmado.
—¿Y dices que tu padre era igual? —el licántropo frunció el ceño, divertido.
—No. Según mi tía era peor —suspiró con cansancio—. Mi primo es el que es igual, y su nov…amigo no se queda atrás.
Ambos entraron en la casa y se pusieron cómodos en el sofá.
—¿Te pasas los días encerrada aquí? —el chico miró a su alrededor.
—Casi. Snape está en Hogwarts, así que técnicamente no tengo Protector aquí. Bueno mi primo es el suplente, pero tiene también otras obligaciones. Además, siguen un poco reticentes a dejarme vagabundear sola por la ciudad después de lo que pasó en las fiestas. Solo salgo para entrenar y las reuniones del Consejo a las que me piden asistir, e igualmente tengo que estudiar para los exámenes finales hasta que vaya a la vista en el Ministerio y nos digan si podemos volver o no al colegio —se encogió de hombros con resignación.
Se pusieron al día relajados en el sofá con un buen chocolate. Elyon se recostó sobre Remus y este la rodeó con los brazos, de forma protectora.
—Remus… ¿Por qué permitiste que le hicieran eso a Snape? —llegó el momento de las preguntas que el licántropo no tenía ganas de responder— ¿Realmente crees que se lo merecía?
El mago tragó saliva, incómodo ante la pregunta.
—No, claro que no se merecía que lo desnudaran frente a todos —suspiró él con culpabilidad—. Nadie se merece algo así.
—Y aun así… Lo que le hicisteis fue… ¿Cómo te habrías sentido de ser tú el que estaba en su lugar? Yo… Ni siquiera sé cómo fue capaz de quedarse en el colegio tras eso.
En el fondo sabía que la única razón por la que había permanecido en Hogwarts era porque la alternativa era aún peor. No tenía un lugar seguro en el que resguardarse.
—Eran mis amigos, y yo era un crío inseguro y estúpido capaz de apartar la vista con tal de seguir perteneciendo a un grupo —se excusó con vergüenza.
No se sentía orgulloso de aquello ni de otras muchas cosas que les permitió a sus amigos, tanto contra Snape como contra otros.
—Amigos como esos no valen la pena —le reprochó Elyon.
—Ya te he dicho que era inseguro. Y ellos descubrieron lo que era, me aceptaron igualmente y cubrieron mis huellas, me sentía en deuda con ellos.
—¿En deuda por ser del grupo y no otro objetivo contra el que ir? —Remus fue abrir la boca para protestar mientras Elyon se incorporaba para mirarlo a la cara— No me digas que yo no lo comprendo. No seré una licántropo pero tampoco lo tengo tan fácil como un mago. Y aun así me he encarado a mis amigos cuando han hecho algo verdaderamente reprochable.
—Porque tú eres mucho más valiente.
—No es ser valiente, es empatía. Como ese estúpido apodo que le pusisteis. "Quejicus"...
—Es que se queja…
—Da igual. Escuché el tono. No era un apodo cualquiera, era… —suspiró frustrada, enfadarse ahora con él de poco servía—. Deberías disculparte con él.
Remus ahogó una carcajada incrédula.
—Como si fuera a aceptar mis disculpas.
—Eso ya es cosa suya. Pero tú deberías hacerlo. Y por ti mismo, no porque te lo pida yo. Podrías ponerte en su piel por un momento.
Un silencio tensó se instaló entre ellos y el mago terminó por apartar la mirada. No quería seguir manteniendo esa conversación, se sentía acorralado y duramente juzgado.
—Casi lo ahogasteis con el Fregotego. Y tú no hiciste nada, ni ningún otro… todos se reían. Yo no le veo la gracia por ninguna parte… —inspiró con fuerza cuando se dio cuenta de que estaba a punto de romper a llorar al rememorar ese momento— Y se cabreó ¿Quién no se cabrearía? Yo he explotado por mucho menos. Lo pagó con Lily y se quedó solo.
—Tenía a su panda de mortífagos —puntualizó el licántropo con desprecio.
—Vosotros lo enviasteis con esa panda de mortífagos —le espetó con la mandíbula apretada—. No tienes ni idea de lo que era Lily para él. Sin ella… se descarrió. No eres consciente de cómo era su vida tanto en el colegio como fuera de él. No te haces ni una remota idea.
—¿Eso te lo ha contado él?
—No. Lo vi. Y…
—De verdad que lo siento y me arrepiento. Pero sé que él tampoco es un santo…
—Yo no he dicho que lo sea. Ninguno lo somos…
—Y siempre ha mirado a todo el mundo por encima del hombro. Tan soberbio… Incluso cuando no levantaba dos palmos del suelo. Y además siempre iba tras mi secreto. Obviamente simpatía no era una de las cosas que me despertaba —aclaró con un deje de rencor.
—¿Y has pensado que esa obsesión contigo seguramente venía a raíz de cómo lo trataban Sirius y James? Estabais todos metidos en un asqueroso círculo vicioso.
Remus inspiró con cansancio.
—No sé por qué la tenían tomada con él desde el principio. Para cuando nos hicimos amigos hacía tiempo que ya tenían esa dinámica de ir a por él a la mínima oportunidad cuando Lily no miraba. Sirius… es muy posible que volcara en Snape toda la bilis que tenía contra su familia, puede que el que a él le gustaran las Artes Oscuras hiciera que le recordara esos valores que tanto odiaba. Y James, como ya te comenté, seguramente siempre estuvo enamorado de Lily y le enervaba verla con Snape.
—Y que ella terminara con James… —resopló la chica, negando ligeramente con la cabeza.
—Porque se encauzó.
—Ya ¿Por arte de magia, como diría un muggle?
—No. Porque se asustó.
Elyon frunció el ceño.
—¿Cuándo casi matas a Snape?
—¿Cómo sabes…?
—También lo vi.
Remus cerró los ojos con pesar.
—Sí. Cuando James se enteró de que Sirius había enviado a Snape a la Casa de los Gritos fue corriendo para pararlo, y según me dijeron le fue de un pelo —el joven se retorció las manos con nerviosismo—. Aquello superó el nivel de broma aceptable para él. Es más, casi le cuesta su amistad con Sirius. Estuvieron cuatro meses sin hablarse. A partir de entonces James decidió que no podía seguir por ese camino, porque tal vez la próxima no pudieran evitar la desgracia. Sirius obviamente seguía yendo a su aire, pero sin el apoyo de James terminó también por relajarse, aburrido de que nadie le siguiera el juego. Aunque claro, el daño ya estaba más que hecho.
—Y ninguno pidió disculpas.
—No —Remus se humedeció los labios y luego exhaló con pesadez—. Dumbledore habló con nosotros. Hubo sanciones, castigos y, ahora que lo veo en perspectiva, amenazas veladas por si alguien se iba de la lengua con lo sucedido. Así que, en resumen, se corrió un tupido velo y continuamos nuestras vidas.
Elyon no podía creer aquello. No quería creerlo. Que Dumbledore en vez de exigir responsabilidades dejara pasar aquel incidente que por poco costó una vida. Dos de descubrirse que Remus, transformado, había matado a un alumno. Lo habrían condenado a Azkaban o algo aún peor.
El licántropo se pasó las manos por la cara con cansancio, recordando todo aquello.
—Supongo… Seguramente la obsesión por descubrir qué era lo que tramábamos todas las lunas llenas se agravó tras pelearse con Lily. Estoy seguro de que pensó que si nos descubría y se lo decía a ella, la pondría en contra de James y la recuperaría. Pero tras lo de Dumbledore… se jugó la vida, sin saberlo, para nada.
La semielfa seguía sin poder entender a Lily. James no solo había martirizado a Snape, sino también a muchos otros. Aunque por lo visto ni la mitad que al pobre slytherin. "Snape también trata mal a otros y sigues enamorada de él" le recordó una vocecilla en su cabeza. Su estómago se contrajo y pesó como el plomo. Quería pensar que la diferencia entre ambos era que uno lo había hecho por pura diversión, y el otro como mecanismo de defensa para no volverse a dejar pisotear, porque era mejor que te tuvieran miedo a tenerlo tú. Y aquel seguía siendo un comportamiento dañino e intolerable, aunque desolador.
…..✦…..
Snape estaba recogiendo los libros de pociones, que había estado revisando para la clase de segundo curso en busca de nuevas técnicas o correcciones, de la mesa de madera oscura de la Sala de Profesores. Esa tarde, tras la comida, había preferido trabajar allí que en su despacho en las mazmorras, donde el sol no tenía por dónde colarse. Era una de las pocas veces que le apetecía estar sobre el nivel del suelo y disfrutar un poco de la luz primaveral de la tarde.
Desde que Elyon se había marchado a Imtar se sentía inquieto en sus dominios subterráneos, se ahogaba ahí abajo. Maldijo lo mucho que la echaba de menos, y era algo a lo que debía acostumbrarse, porque la cuenta atrás seguía su curso y en algún momento sonaría la campana de fin de juego. Detestaba muchísimo no saber en verdad de cuánto tiempo disponía aún, aunque tampoco es que lo estuviera aprovechando como le gustaría. Una punzada a traición le perforó el pecho cuando cayó en la cuenta de que si el Ministerio culpaba a los alumnos, era muy probable que Elyon no regresara, y si eso ocurría… ni siquiera habría tenido la oportunidad de despedirse, ni de decirle... Inspiró con fuerza para alejar esos temores.
No fue el único que levantó la vista de lo que estaba haciendo cuando la puerta de la sala se abrió. Zelda se lo quedó mirando, primero con asombro por encontrarlo allí, luego torció una sonrisa altiva alzando una ceja.
La mujer se sentó en el otro extremo de la mesa y sacó de su bolsa un fajo de trabajos de alumnos para corregir. Snape la miró de soslayo y tamborileó con los dedos sobre la superficie de madera. Al cuerno, cuanto más lo retrasara peor sería. Y no podían seguir con esa relación tirante, menos aun siendo compañeros de trabajo y de optativa. Se levantó inspirando con fuerza y se acercó a la mujer.
—¿Puedo hablar contigo en privado?
Zelda alzó la vista y lo miró extrañada.
—Por supuesto, me encantará. Con lo agradable que es tu compañía últimamente —suspiró la bruja dejando la pluma en el tintero.
Snape puso los ojos en blanco. Desde luego no se lo iba a poner fácil. Al mago no le pasó por alto como el profesor Johnson, de Estudios Muggles, los miraba de refilón al verlos salir juntos. No se alejaron mucho de la Sala de Profesores, el joven escogió un pasillo corto que terminaba en un enorme ventanal por el que los rayos del sol entraban a raudales, tintados con los colores de la vidriera.
Zelda se cruzó de brazos a la espera de que el chico hablara, impaciente y algo curiosa. Snape apretó ligeramente los puños y luego los relajó. Repitió ese pequeño gesto varias veces.
—Quería agradecerte que evitaras que acabara en la enfermería por culpa de aquel auror, o algo peor —soltó al fin.
La cara de la mujer ante esas palabras fue indescifrable.
—¿Me has…? ¿Severus Snape, el despiadado e intransigente profesor de Pociones que se basta solo para todo, me ha dado las gracias? ¿Es eso? ¿He escuchado bien? —una carcajada se iba abriendo paso en su expresión incrédula.
Snape entornó los ojos.
—No pienso repetirlo, Zelda —le aclaró viendo por dónde iba.
—Tranquilo, te conozco de sobra —chasqueó la lengua—. No fue nada. Y no podía permitir que te dejaran fuera de juego tan rápido ¿Dónde quedaría mi reputación? No quiero que digan que escogí a un ayudante mediocre para la optativa de Duelo, incapaz de vencer a una panda de aurores sádicos. Un mediocre con el que además me estaba acostando, por favor.
Ambos se miraron en silencio unos segundos y, sin saber muy bien el motivo, rompieron a reír.
—¿Crees que podríamos volver a trabajar juntos sin terminar despellejándonos a la mínima oportunidad? —Zelda lo miró aún cruzada de brazos, con resignación.
—Más bien deberíamos. No me parece profesional cómo hemos gestionado todo esto, yo también tengo una reputación que mantener. Y aunque me pese, creo que nos compenetramos bien en nuestras especialidades.
—Yo también he echado de menos nuestras charlas, Severus —la mujer alzó una ceja leyendo entre líneas—. Así que estaría encantada de retomarlas —el joven asintió—. Todas ellas.
Snape torció el gesto y se dispuso a volver a sus quehaceres dándole la espalda.
—Prefiero dejar las sábanas fuera esta vez —puntualizó Snape.
—Sí, coincido, muy a mi pesar —suspiró de forma teatral—. Pero eso no quita que, si alguna vez te apetece retomar viejos hábitos de forma puntual, no puedas proponérmelo. Ambos somos de carne y hueso —lo picó simplemente por el disfrute de hacerlo.
—Sin sábanas, Zelda.
La bruja alzó las palmas en señal de rendición, aceptando sus condiciones, aunque él no pudiera verla. La pelirroja se lo quedó mirando mientras se marchaba.
Ver para creer. Puede que después de todo, la mocosa de Gryffindor sí fuera lo que necesitaba el mago. Dibujó una mueca de lástima. Se compadecía profundamente de ambos, porque sospechaba cómo iba a terminar todo y su instinto rara vez se equivocaba.
…..✦…..
Su citación para la vista en el Ministerio había llegado y se presentó acompañada de Iyala y Nuth. El Consejo había decidido que no la acompañara ninguno de sus miembros por si eso pudiera generar algún tipo de fricción, pero debido a su condición, no pensaban dejarla ir sola. Así que optaron por su primo, ya que era el Protector Suplente y su tía, que a pesar de sus lesiones estaba lo bastante capacitada para defenderla en un sitio como aquel. Ambos además no resultaban amenazadores a simple vista. De igual manera Heon los esperaría en la recepción por si, los astros no lo permitieran, ocurría algo grave.
Apenas les prestaron atención dentro del edificio, solo cuando reparaban en las orejas puntiagudas de Nuth que su pelo corto no podía cubrir. Se habían vestido con ropa de corte muggle bajo la cual llevaban armas cortas, consiguiendo pasar bastante desapercibidos entre los trabajadores que se afanaban por llegar a sus puestos o en cumplir las obligaciones de ese día.
Elyon nunca había estado en el Ministerio. Le pareció un edificio realmente impresionante. Y estresante. Se fijó en la fuente dorada que presidía la recepción, en la que se mostraba a un mago y una bruja que eran mirados con adoración por un duende, un centauro y un elfo doméstico. Torció una mueca de desagrado ante esa forma de vanagloriarse frente al resto de criaturas mágicas, como si fueran seres superiores. Se alegró de que no hubiera ningún alto elfo representado. Seguramente porque sabían que sería recibido como un insulto habían decidido no incluirlos. Lo que le costaba creer es que los duendes hubieran permitido esa representación de ellos, de pronto tantas guerras y roces entre ambas razas no le resultaron tan extrañas.
Tardaron una eternidad en llegar a la sala donde se celebraban las vistas, poco les faltó para perderse. Lo hicieron justo cuando salía de la sala un hombre corpulento y con cara de querer liarse a golpes con lo primero que encontrara. Lo reconoció del ataque, era un tal Smith. Y él también pareció reconocerla cuando se cruzaron. Dio gracias de que fuera escoltado por otros dos aurores, porque vio en sus ojos el brillo propio de los animales rabiosos a punto de atacar. Iyala y Nuth se quedaron fuera de la sala mientras ella declaraba. Las preguntas le resultaron rutinarias, le hacían una tras otra casi sin levantar la vista del pergamino: ¿Qué había pasado? ¿Dónde se encontraba en el momento en que se inició el altercado? ¿Su reacción ante el enfrentamiento y qué hizo al respecto? Y luego, terminado el listado de preguntas estándar, se centraron en ella y comenzaron las preguntas sobre qué se suponía que había pasado en el vestíbulo antes de la llegada de Fudge y el segundo grupo de aurores al colegio. Elyon intentó explicarlo sin dar demasiados detalles y, sobre todo, omitiendo lo más delicado para evitar que el miedo de los magos se incrementara. No pensaba decir que el retirar la magia a los aurores iba a resultar dañino para ellos en un tiempo indeterminado, ni que si ella hubiera flaqueado en su maniobra, cosa que estuvo a punto de suceder, podría haber desencadenado una verdadera desgracia. Cuando los jueces presentes parecieron satisfechos con la información recabada le dieron las gracias por su asistencia y le permitieron irse. No había sido tan horrible como se esperaba, aunque tampoco podía cantar victoria hasta que desvelaran el veredicto final.
Esperando la llegada de los ascensores junto a otros tantos funcionarios vio a Batts a unos metros de distancia, acompañado de otro hombre vestido con un traje verde oscuro. Intentaba parecer sereno, pero su expresión destilaba puro veneno y su postura era extremadamente rígida, indignada. En un momento dado el hombre se giró y sus miradas se encontraron. Ella lo miró con seriedad, mostrándose orgullosa de su papel en la revuelta. Él torció el gesto con desagrado y la fulminó con la mirada. Estaba segura de que de haber podido, habría escupido al suelo para dejarle claro la tirria que le tenía y lo mucho que le asqueaba su presencia y su origen.
Las puertas del ascensor se abrieron y entre los que salieron destacó una figura bajita y rechoncha, vestida enteramente de rosa. Elyon no tuvo tiempo de apartarse y mezclarse mejor con los trabajadores que esperaban para entrar, ansiosos por llegar a su destino cuanto antes.
—¿Ya ha testificado? —le preguntó la bruja alzando una ceja.
—Sí —respondió con sequedad.
—Bien, bien. Espero que el veredicto contra usted sea justo. No hay falta sin castigo, sea cual sea su posición —Umbridge la miró con dureza.
—La falta en este caso vino por parte de Batts y de quién le dio permiso para oprimir a los alumnos.
—¿Está acusando al Ministerio acaso? —la bruja sonrió con malicia.
Elyon se la quedó mirando y también dibujó una pequeña sonrisa calculadora.
—No, está claro que fue el Ministro quien puso fin a esa locura. Estoy acusando a aquel funcionario que le susurró al oído, que desde las sombras movió los hilos y le dio una manzana envenenada sabiendo muy bien cómo podía terminar todo para él sin importarle un ápice porque, pasara lo que pasara, saldría ganando a costa de ese mago ingenuo con ansias de grandeza.
Umbridge borró su sonrisa de sapo y frunció el ceño. Vio como la bruja tragaba saliva con más fuerza de la necesaria y como su respiración se alteraba. Elyon se acercó ligeramente a la mujer para poder subir al ascensor donde ya la esperaba su tía.
—Antes de encararse con nosotros, recuerde que muchos somos legeremantes de nacimiento. Y muy buenos, además —le susurró—. Todos guardamos secretos, aunque los de algunas personas son más turbios que otros y podrían costarles su trabajo y posición.
Y sin mediar más palabra entró en el ascensor seguida de Nuth.
—¿Qué ha sido eso? —le preguntó su primo cuando las puertas de hierro se cerraron y comenzaron a moverse.
—¿Qué ha sido qué? —se interesó Iyala.
—Acaba de amenazar a una bruja y casi me pone los pelos de punta —señaló a su prima con el pulgar.
—No la he amenazado, le he advertido sobre lo que podría pasar si no deja de arremeter contra los elfos —la joven se encogió de hombros.
—Al final sí que vas a tener lo necesario para estar en el Consejo —suspiró su tía mirándola de una forma que la joven no supo descifrar.
Nada más regresar a casa se descalzó y llamó a Eizen con el silbato de plata. Mientras esperaba que el halcón llegara escribió la carta para Lisa. Quería saber qué tal le había ido a ella la vista y si se había topado, como ella, con Batts o algún auror de los que acometieron contra los alumnos.
…..✦…..
A los tres días de su visita al Ministerio recibió la decisión de este por medio de un enorme titular en la portada de El Profeta.
EL MINISTERIO RETIRA LOS CARGOS CONTRA EL GRUPO
ESTUDIANTIL DE HOGWARTS Y PERMITE SU REGRESO AL COLEGIO
Ya hay veredicto por parte del Tribunal referente al incidente de hace unas semanas en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Tras la declaración de los implicados y testigos se ha decidido que los alumnos realizaron la huelga de manera lícita y que simplemente se defendieron del ataque de una parte del grupo de aurores, que había acudido a vigilar que la situación se desarrollara acorde a lo prometido. Dichos aurores han sido retirados del servicio y no podrán volver a optar al puesto, ya que su agresividad pone en peligro el buen funcionamiento del Ministerio.
Beaumont Batts ha sido también retirado de su cargo e igualmente expulsado de por vida del Ministerio, ya que, tras lo sucedido, su permanencia en el organismo podría levantar ampollas y acrecentar los roces con los duendes, que han seguido de cerca la noticia. Los elfos no han querido pronunciarse al respecto de todo esto.
Elyon McWilliam, que abandonó el colegio por iniciativa propia en señal de apoyo a la expulsión provisional del grupo estudiantil, también podrá volver a Hogwarts de así quererlo. Debido a que su intervención, más contundente de lo esperado, tenía como fin proteger a sus compañeros cuando fue consciente de que los aurores no se detendrían en las puertas del colegio una vez todos los alumnos se refugiaron en el edificio.
Todo este asunto ha hecho que el Ministerio se replantee cómo funciona el Departamento de Aurores y si está corrupto, como ahora mismo parece. No olvidemos que las últimas investigaciones apuntan a que Beaumont Batts tuvo tratos dudosos con Damian Mills, alto cargo del departamento, para conseguir el permiso y mando temporal sobre el grupo que se presentó en Hogwarts.
Samuel Mills también ha sido despedido y se ha colocado en su puesto de forma provisional a Dolores Umbridge, aurora condecorada y de impecable expediente tras ser Jefa de la Oficina de Uso Incorrecto de la Magia, a la espera de haber cerrado todos los frentes abiertos de la investigación en este departamento…
Elyon ni tan solo esperó a terminar el desayuno. Salió corriendo de la casa hacia la de su abuelo. La puerta estaba cerrada, así que la golpeó con insistencia. Al cabo de unos minutos que se le hicieron eternos esta se abrió.
—¿Ha pasado algo? —Azrael la miró preocupado.
La joven se limitó a enseñarle la portada de El Profeta. La expresión del elfo cambió en cuanto leyó el titular.
—Todos van a incorporarse al curso escolar —se limitó a decirle con seriedad intentando parecer serena.
Ambos se mantuvieron la mirada. Azrael no quería que volviera, la quería allí, con él, con los suyos, a salvo de las malas artes de los magos.
Recordó la breve conversación con Dumbledore cuando, tras la pelea en la enfermería, el director consiguió darle alcance bajando las escaleras de mármol que daban a las enormes puertas de Hogwarts.
—Azrael, espera un momento —lo llamó.
—No estoy de humor para que me sermonees con temas que no te conciernen, Albus —siseó el hombre.
—Me trae sin cuidado —lo cortó llegando hasta él—. No puedes tratar así a Elyon.
—¿Entonces cómo, la dejo hacer lo que le venga en gana hasta que la situación llegue a su punto crítico?
—Simplemente no seas tan tajante con ella, hay otras maneras de abordar la situación. Parece mentira que no hayas aprendido la lección con Lizalos.
—¡No metas a mí hijo en esto! —el elfo se giró hacia él clavándole la mirada.
—Es como su padre, pero con una diferencia crucial: si decide marcharse, no volverá.
Azrael lo miró a los ojos, reflejando una angustia atroz ante esas palabras.
—Lizalos volvía a pesar de todo porque se había criado en Imtar. Se sentía unido a su gente porque creció junto a ellos. Elyon en el fondo se sigue sintiendo una extraña allí, aún no ha tenido tiempo de desarrollar el apego necesario para que, a pesar de todos los roces que pueda tener contigo o con el Consejo, vuelva por su gente, porque sabe que la necesitan. Si la sigues asfixiando huirá sin mirar atrás.
El elfo sopesó esas palabras, que le provocaron un nudo en el estómago.
—No me gusta ser así con ella, pero no escucha…
—Ningún joven de su edad lo hace. Ha de aprender por sí misma y lo está haciendo. Cada día está más implicada con sus deberes para con su gente, pero has de darle tiempo y espacio. Ha sufrido mucho, por culpa de todos, de los que le querían hacer daño y de los que querían protegerla. Lo último que necesita es que intenten meterla a la fuerza en un molde que aún no se adecua a ella, menos aún si quien más la fuerza es su abuelo, la última persona que le queda y que se supone que la quiere por encima de todo. Deja que se quede. Ya la has escuchado, si las cosas se complican ella misma se quitará de en medio.
—No podemos permitirnos que haga siempre lo que quiera, porque no puede optar a la misma libertad que otros. Me niego a que piense que es así y luego tener que ver cómo se apaga cuando descubra que su vida siempre estará en el punto de mira —suspiró con pesar.
—Eso ya lo sabe, Azrael. Solo te pide poder disfrutar ahora, antes de tener que cumplir con sus deberes. Déjala vivir ahora que puede.
El elfo lo miró frunciendo el ceño, con una ligera mueca de frustración ¿Cómo se suponía que iba a crear lazos en Imtar si se pasaba casi todo el año en Hogwarts? Por otro lado había cumplido sus obligaciones tan bien como había podido durante ese tiempo que había decidido mantenerse fuera del foco. Había sido una decisión responsable, acertada y que decía mucho de ella. No había faltado a su palabra a pesar de que sabía que la chica no terminaba de sentirse cómoda en el Consejo y que la vida política le causaba rechazo.
—De acuerdo —accedió.
Su nieta dibujó una enorme sonrisa de satisfacción.
—¿Cuándo regresas?
—Pues… tengo que hablar con Dumbledore. No sé cuándo se reincorpora el resto.
Su abuelo asintió con calma. Una desagradable presión en el pecho le hizo llevarse una mano a él sin darse cuenta.
—Abuelo —la joven colocó una mano sobre la del hombre que descansaba en su pecho, con suavidad—. Es apenas un mes. En nada estaré de vuelta.
Elyon le sonrió con ternura. Había visto en sus ojos la congoja. En el fondo entendía la postura de su abuelo. Su pena a volver a estar solo, su miedo a que ella pudiera decidir no volver. Pero él debía de comprender que ella se había criado entre ambos mundos, y no pensaba renunciar a ninguno de los dos porque eran parte de ella y eso le gustaba.
—¿Entonces te quedarás todo el verano conmigo? —la miró algo más aliviado.
—Seguramente. Mis amigos se han peleado y… creo que esta vez no habrá mucho ánimo para nada. Además, quiero pasar más tiempo con mi familia.
Azrael la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza.
—Lamento decirte que por desgracia no dispondrás de mucho tiempo libre aquí.
—Me estoy mentalizando para ello —ahogó una carcajada de resignación, mientras apoyaba la cabeza en su pecho, arropada por él.
Y no mentía. Era consciente de que lo que le esperaba en un futuro en el Consejo iba a ser duro. Pero aun así estaba decidida a vivir su vida como ella quería y no como el resto esperaba que lo hiciera. Su padre y Heon la llamaban de forma cariñosa "pequeña guerrera", y estaba dispuesta a hacerle justicia a ese apodo. Si para ello debía parecer sumisa y manipular a los que la rodeaban, aprendería a hacerlo, a no sentirse culpable por ello. Ya lo había hecho para la Evaluación y volvería a repetirlo todas las veces que fuera necesario. Era un precio que estaba dispuesta a pagar con tal de proteger su libertad, de seguir siendo ella misma.
…..✦…..
Los alumnos habían sido recibidos de vuelta en el colegio casi como héroes. Habían plantado cara, habían luchado, caído en desgracia y resurgido de sus cenizas. O eso era lo que Johnny no dejaba de repetir.
—Eres súper teatrero —rio Lisa durante la comida.
—No. El arte dramático no se me da bien, créeme, lo intenté —el chico se encogió de hombros con resignación.
—Puede, pero en otra época te habrías forrado como heraldo —se mofó Grace.
—Y aún podría: ¡Los héroes de Hogwarts regresan de su exilio! —anunció a voz en grito gesticulando de forma exagerada con los brazos, haciendo que se girara medio Gran Comedor a mirarlo.
Elyon sintió el impulso de meterse bajo la mesa a raíz de la vergüenza ajena que le estaba dando el hufflepuff.
—¿Y qué tal todo por el colegio? ¿Alguna novedad relevante que no nos hayáis contado por carta? —preguntó Lisa.
—No. Todo ha vuelto a la normalidad, los alumnos están contentos y los profesores aún más. Incluso diría que Snape está… ¿Sabes si es capaz de sentir felicidad o es un sentimiento que le extirparon junto al cordón umbilical? —Johnny miró a Elyon con curiosidad.
—Mira que eres burro —resopló— ¿Y por qué me lo preguntas a mí, se supone que he saberlo simplemente porque es mi Protector?
El chico la miró de tal forma, alzando una ceja, que la hizo sonrojar hasta la punta de las orejas. Grace le dio una patada por debajo de la mesa al tejón.
—Pues… yo qué sé. Supongo que sí puede ser feliz —recordó algunos de los momentos junto a Lily—. O al menos lo fue hace tiempo.
En ese momento se acercó hasta ellos Jerry Goldblum y empezó a hablar con Lisa, que terminó yéndose con él y Jessica Wood una vez acabada la comida.
—Vaya grupito se han hecho los "héroes de Hogwarts" —comentó Grace alzando una ceja, algo molesta—. A este paso dejamos de verle el pelo.
—A Goldblum le gusta, fijo que le está tirando la caña —comentó Johnny.
—¿Y eso de dónde lo sacas? —Elyon lo miró con desconfianza.
—Se lo escuché mencionar a Taylor, su compañero de cuarto. Te recuerdo que es un hufflepuff y, no sé lo grande que será la Sala Común de Gryffindor, pero la nuestra no lo es mucho.
—Goldblum se gradúa este año y Lisa aún está de luto, está perdiendo el tiempo con ella —opinó la ravenclaw—. Pero si la hace sentir bien, por mi genial.
—¿De luto? ¿Quién se ha muerto en su familia? —la semielfa la miró preocupada.
—¡Ay, Elyon! Pero qué novata eres con la jerga romántica —la pelirroja puso los ojos en blanco—. Lisa hace nada que rompió con Will. Conociéndola no tendrá la cabeza para meterse en otra relación que terminará siendo a distancia en apenas unos meses.
Elyon se giró hacia la mesa de Slytherin, donde estaba Will comiendo junto a Max.
—¿Cómo lo lleva?
Grace se giró para mirar a su amigo.
—Sigue un poco apático. Hemos intentado estar con él todo el rato aprovechando que Lisa no estaba en el colegio, pero…
—Necesita su espacio —finalizó Johnny—. Ya sabéis como es. Es mejor no agobiarlo, cuando esté listo volverá con nosotros con una sonrisa.
Elyon dibujó una mueca de desagrado. Una de las cosas que le aterraban de las relaciones amorosas era que cuando estas se terminaban, convertían los momentos rutinarios agradables en algo de lo más incómodo y odioso.
Desvió la mirada a la mesa de profesores, donde Snape conversaba, para su sorpresa, con Zelda.
—¿Desde cuándo…?
Johnny siguió la mirada de su amiga.
—¡Ah, es verdad! Parece que el espectáculo entre ambos se ha terminado. Vuelven a tratarse como adultos responsables. Se acabó la diversión —resopló con fastidio.
Elyon se humedeció los labios con inquietud.
—Dudo mucho que hayan vuelto —le susurró Grace, mirándola con una ligera sonrisa que la hizo enrojecer—. Si te fijas bien, mantienen las distancias.
Sintió un desagradable hormigueo en el estómago. De eso la ravenclaw no podía estar segura, y aunque estuviera equivocada, realmente a ella debía de traerle sin cuidado, aunque fuera algo que le costara horrores.
…..✦…..
Los exámenes finales coincidieron con los de Aparición, algo que no ayudó en nada a los alumnos. Muchos de ellos suspendieron el examen en Hogsmeade al tener la cabeza dividida entre toda la información memorizada a presión para las diferentes asignaturas y que no querían olvidar hasta volcarla sobre los pergaminos, y el destino al que debían llegar apareciéndose sin dejar nada atrás. Otros, como Johnny, directamente no se habían podido examinar debido a que aún no tenían los diecisiete.
El hufflepuff ya sabía de antemano que debería esperar a la convocatoria de septiembre para conseguir su permiso, pero aun así estaba rabioso. Alegaba que aunque no pudiera conseguir el trámite, al menos podían dejarle examinarse junto al resto y apuntarlo como apto si aprobaba, y así conseguir la licencia el mismo día de su cumpleaños y no esperar dos meses más.
Los alumnos que componían el grupo de estudio celebraron por todo lo alto el haber conseguido todo el dinero para aquellos compañeros que no podían permitirse pagar la cuota del permiso de Aparición. Prometieron que tras los exámenes finales harían una fiesta privada para los docentes de apoyo en la Sala de los Menesteres. Fue una noche llena de risas, anécdotas, comida, cerveza de mantequilla y no tan de mantequilla que los de séptimo año habían conseguido colar en el colegio. Elyon miró a sus compañeros sentada en uno de los sofás. Iba a echar a faltar ese ambiente. Era consciente de que en apenas un año se graduaría y entraría, junto a muchos otros, en la vida adulta. Y lo cierto era que no le apetecía nada. Quería quedarse en Hogwarts, junto a sus compañeros, aunque eso supusiera seguir haciendo trabajos tediosos y aburridos, y exámenes que parecían imposibles de aprobar. Havelik le propuso bailar con él, y tras quedarse mirando su mano con indecisión y un deje de aprensión, finalmente accedió. Había que disfrutar de la vida estudiantil antes de que esta terminara.
…..✦…..
Libres al fin de los exámenes los alumnos se pasaban el día bajo el sol casi veraniego. Estaban a tres días de volver a casa y ese fue el momento en el que Grace y Johnny soltaron la bomba.
—Estáis de coña —Lisa los miró sin dar crédito—. Repítemelo mirándome a los ojos.
—Llevamos saliendo un año —volvió a repetir Grace con seriedad.
—¡Pero si te vi tirarle los trastos a Elena en casa de Will! —Elyon señaló al hufflepuff con un dedo acusador— Y a otras tantas este curso ¡Te ibas detrás de cualquier falda en Imtar!
—Tenía que disimular para que no os dierais cuenta —respondió Johnny como si fuera lo más obvio del mundo.
—¡¿Pero por qué?! —Elyon no entendía nada.
—Te toca, yo no sé decirlo sin parecer un capullo integral con lo que ha pasado recientemente en el grupo —el chico miró a la pelirroja.
—Hace tiempo que nos gustábamos, pero no lo admitimos hasta el ataque a Hogwarts. Tras todo ese estrés e incertidumbre por si alguno no lo contaba… Johnny vino a sincerarse conmigo…
—La amortentia… humo y escombros —recordó la semielfa llevándose las manos al rostro.
—Sí, estaba cantado. Pero no lo pillaste —se mofó el hufflepuff.
—Ambos decidimos que preferíamos mantenerlo en secreto por si las cosas no salían bien —Grace le dio un codazo al chico para que se callara—. Éramos conscientes de que al ser como somos, podíamos no congeniar bien como pareja y si la cosa no funcionaba no queríamos que eso fastidiara la dinámica del grupo. Como… como ha pasado con vosotros —miró a Lisa con tristeza.
La gryffindor bajó la mirada, entre avergonzada y triste.
—¿Y por qué lo habéis dicho ahora? —Elyon alzó una ceja con curiosidad.
—Porque hemos superado el año y… Joder, no quería seguir fingiendo más. Ha sido realmente estresante. Aunque muy divertido ver a Johnny haciendo el ridículo fingiendo que ligaba y luego huyendo cuando resultaba que ligaba de verdad —se rio la pelirroja.
—Por eso no me visteis del brazo de ninguna elfa en Imtar, ni llevé a nadie a mi cuarto —Johnny infló pecho.
—Sí, claro, por eso —resopló la semielfa, con burla.
—Un año… —musitó Lisa— Un año… entonces… ¡¿El ex con el que tuviste tu primera vez es él?! —señaló al tejón indignada.
Grace asintió sonrojándose ligeramente.
—Maldita mentirosa —la miró apretando la mandíbula—. Menudo sermoncito te marcaste sobre: no hace falta tener novio para acostarse con alguien y bla, bla, bla.
—Sigo opinando lo mismo. Que resultara que al final no fuera mi caso no lo convierte en mentira.
—¿Les hablaste de mí en la cama? —al hufflepuff se le iluminó la mirada con orgullo— Espero que me dejaras bien.
—Más quisieras —respondió Grace—. La primera vez estuviste decente, pero fin de la historia. No voy a inflar aún más tu ego, bastante aire sobrante tiene ya.
Johnny hizo un mohín lastimero.
—Vaya milagro el no pillaros nunca en la Sala de los Menesteres como a… —Elyon miró de soslayo a Lisa.
—Como si no hubiera más escondrijos en Hogwarts poco frecuentados o aún secretos para la mayoría —Johnny le quitó importancia con un ademán—. No soy ningún exhibicionista, gracias.
Los cuatro se quedaron en silencio, mirándose entre ellos con algo de incomodidad.
—¿Entonces ahora…? —musitó la semielfa.
—Todo sigue igual, pero con un ligero matiz extra —aclaró Grace—. Que esto no cambie nada entre nosotros, por favor. Tampoco es que seamos unos pegajosos que no saben dejar de sobarse. Por nuestra parte apenas notaréis que estamos saliendo.
Elyon asintió y sonrió.
—Me alegro por vosotros —los abrazó a ambos a la vez.
—Yo sigo abierto a un trío —comentó Johnny.
Ambas chicas respondieron a aquello con sendas collejas.
—Un trío de hostias es lo que vas a conseguir —le espetó Grace.
Lisa los miró con una ligera sonrisa triste que reflejaba envidia. Aunque deseó de todo corazón que a Johnny y Grace les fuera infinitamente mejor que a Will y ella, porque en verdad siempre habían sido tal para cual.
…..✦…..
Marck seguía ojeando El Profeta tirado de cualquier manera en su butaca favorita de la Sala Común. Desde allí podía controlar lo que pasaba en la estancia al mismo tiempo que gozaba de algo de privacidad. Aunque por una vez no le importaba lo más mínimo lo que hacían o dejaban de hacer el resto de alumnos de Slytherin.
"Incompetente" pensó mientras veía la foto de su ahora exprofesor de Ética y Buen Uso de la Magia. Había querido pensar que ese hombre sabía lo que se hacía desde el principio, pero era obvio que no. No solo había perdido la poca autoridad que había conseguido en el colegio, sino que además ahora estaba empapelado hasta esas cejas blancas que enmarcaban su mirada prepotente.
El mago había ido completamente de frente, había sido demasiado agresivo. Una estrategia como esa pocas veces funcionaba si no se tenía un respaldo casi arrollador. Había demostrado ser un novato. Mark había tardado años, pero al final, con una técnica más sutil y calmada se había adueñado casi por completo del colegio, había llegado a controlar a gran parte de los alumnos de una forma o de otra. Hasta que la mestiza entró en el colegio, obviamente.
Dibujó una mueca de desagrado. La maldita semielfa. Ella se había encargado de tumbar su imperio y lo peor es que ni siquiera lo había hecho a propósito. Simplemente se metió en medio. Pero claro, era la favorita del director por su posición política, y para colmo se llevaba de maravilla con su Jefe de Casa. Ese que parecía no llevarse bien con prácticamente nadie y justamente uno de los pocos con los que congeniaba era la orejas picudas. De haber sospechado cómo terminaría todo, habría lanzado rumores y falseado pruebas que llevaran a la idea de una relación ilícita entre alumna y profesor. Habría matado dos pájaros de un tiro.
Se había esforzado muchísimo en que su actual Jefe de Casa y el que lo precedió no lo descubrieran, era listo. Y le escoció muchísimo descubrir que Snape lo había sido aún más. Ese hombre era un perro de presa: una vez se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba hasta conseguirlo sin importarle lo que se llevara por delante.
Ojalá esa mestiza no hubiera entrado nunca en Hogwarts, ojalá hubiera muerto junto a sus padres o El-Que-No-Debía-Ser-Nombrado se la hubiera llevado para lo que fuera que quería de ella. Pero la orejas picudas sobrevivió, se escapó y terminó en sus dominios echando por tierra todo su trabajo, o al menos la mayoría. Durante ese tiempo había conseguido hacer muy buenos contactos con alumnos que, ahora graduados, tenían buena posición ya fuera en el Ministerio o en los negocios, turbios o no.
Con Batts había tenido la esperanza de subir un peldaño más apenas sin esfuerzo después de perderlo todo. Pero había resultado ser un mindundi venido a más incapaz de cumplir sus promesas. Ahora volvía a tener las manos vacías y debía de soportar a todos aquellos alumnos que se la tenían jurada por todo lo que había abusado de ellos ese curso, a los que se sumaban los que ya le tenían inquina de antes.
"Solo un año más" se repitió masajeándose las sienes. "Un solo año más y podrás alejarte de toda esta chusma y demostrar que eres alguien a quien se ha de respetar" Se levantó y se fue a su habitación para darse una ducha, tal vez así se sintiera mejor, menos incómodo con todo. Menos patético y derrotado.
Para cuando terminó el baño estaba lleno de vaho y el cristal completamente empañado. Sobre él había un mensaje.
"¿Cuánto deseas deshacerte de la mestiza?"
Mark frunció el ceño acercándose a él.
—¿Hola? —llamó con desconfianza.
Se asomó fuera del baño, al dormitorio de sexto curso, para asegurarse de que estaba solo y no se trataba de una jugarreta que lo pusiera aún más en evidencia. Pero estaba completamente solo y no parecía que allí hubiera habido nadie desde hacía unas cuantas horas. Volvió a entrar en el baño y borró el mensaje con la mano. El cristal volvió a empañarse y sobre él volvió a aparecer el mismo mensaje.
"¿Cuánto deseas deshacerte de la mestiza?"
Mark tragó saliva y con un dedo indeciso escribió debajo de la pregunta.
"Muchísimo"
Ambas frases desaparecieron devoradas por el vaho y se formó una nueva pregunta.
"¿Qué estarías dispuesto a hacer para conseguirlo?"
Una sonrisa se dibujó en el rostro del muchacho. Una mueca cruel y decidida.
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