6º curso. Capítulo 11
Snape observó desde su asiento, en la mesa de profesores, a la joven que comentaba con una sonrisa de alivio el resultado de sus exámenes con el resto de estudiantes. Sabía por boca de sus compañeros de profesorado que había conseguido aprobar todas las asignaturas. Sus calificaciones habían bajado respecto al curso anterior, incluso en Pociones, pero mantenía un expediente lo suficientemente bueno como para poder optar a una plaza en las Escuelas Superiores. Teniendo en cuenta todo por lo que había pasado en ese curso, era algo admirable.
El mago se sentía aliviado de que hubiera regresado a Hogwarts. Al verla de nuevo allí fue como si ya no le costara respirar, como si su corazón volviera a latir a un ritmo normal. Y cada vez que pensaba en ello se sentía ridículo y patético. Odiaba estar tan enamorado, y al mismo tiempo no quería otra cosa, no quería dejar de sentir esa calidez, ese empuje que le hacía querer ser mejor y le hacía sentirse más liviano, menos roto. Esa esperanza en su pecho le provocaba pavor, porque era algo nuevo con lo que no estaba acostumbrado a lidiar.
Cuando la joven dejó el colegio Kove le comentó que Nuth sería el Protector Suplente, para salvaguardar a su prima esos días de incertidumbre y en los momentos que el mago no pudiera hacerse cargo por su labor de agente doble. Snape recibió la noticia como una patada en el estómago, porque era un aviso de que él no era indispensable, de que ya tenían una segunda opción. Las advertencias de Azrael no habían sido palabras vacías.
Respecto a Elyon había seguido manteniendo con ella el trato cordial pero distante. Apenas le había dado la bienvenida con un asentimiento de cabeza cuando se vieron la tarde que puso de nuevo los pies en el castillo. Desde ese maldito beso no se fiaba de sí mismo. No porque fuera a saltar sobre ella a traición, pero sí tenía miedo a tener un desliz, a decir algo de lo que luego se arrepintiera, que mostrara lo que se suponía ella ya debería saber, pero que su memoria, por el momento, mantenía velado. Era mejor así, que ese momento permaneciera a oscuras. Si Elyon no llegaba a acordarse sería menos doloroso para él si dejaba que todo se enfriara hasta que dejara de tener importancia.
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Will jugueteaba distraídamente con el knut que había encontrado en el bolsillo de sus pantalones. Grace se mantenía a la espera de la respuesta del chico.
—Creo que no —suspiró con derrotismo.
—Sabes que Lisa no vendrá ¿Verdad? Se va todo el verano a Francia con su padre —Grace alzó una ceja.
—Sí, sé que me lo habéis preguntado tras saber que ella no estará disponible —intentó no sonar molesto, pero no lo consiguió—. E igualmente no deberíais contarme lo que hace o deja de hacer. No me interesa.
—No has sido nuestro segundo plato —Johnny lo miró con enfado—. La idea era hablar con ambos y luego decidir, ha dado la casualidad de que ella se va y nos lo dijo antes de preguntar nada. Sinceramente de haber estado ambos disponibles habríamos optado por no contar con ninguno de los dos.
El slytherin le mantuvo la mirada sin saber si creérselo o no.
—Mira, en verdad me da igual. No me apetece quedar este verano, prefiero tomarme un descanso de la vida social y replantearme las cosas de cara al último curso. Y además vosotros dos estáis saliendo y no quiero soportar hormonas fuera de control.
—Claro, porque no hacemos otra cosa que comernos la boca las veinticuatro horas del día —le reprochó Grace, molesta.
—Porque no me dejas… —el tejón la miró con picardía,
La pelirroja lo fulminó con la mirada dando a entender que sus bromitas en ese momento no ayudaban nada.
—Chicos, de verdad no me apetece. Necesito aislarme de todo una temporada —insistió Will.
—Pues no te aísles tanto como para no volver con nosotros —le dijo Elyon con un deje de preocupación.
—Sé que, si no vuelvo yo, me vendréis a secuestrar. Así que tranquila, prefiero ahorrarme la humillación —el joven dibujó una leve sonrisa divertida.
Elyon lo abrazó con cariño.
—¿Eso quiere decir que solo seremos nosotros tres? —Grace miró a su novio y la semielfa.
—Bueno… más bien nosotros cuatro… porque… ya sabéis…. —respondió Elyon con culpabilidad.
La expresión de la ravenclaw y el hufflepuff cambió en el acto a una de completo horror.
—Will te lo suplico, no me dejes solo con ellos —gimió el tejón lleno de desesperación—. Sin ti no sobreviviré a ese fin de semana.
—Ya es hora de que seas capaz de moderarte por ti mismo, en unos meses serás lo suficientemente mayorcito —le aclaró su amigo.
El tejón hizo tal puchero que pareció que iba a romper a llorar desconsolado.
—Ser adulto es un asco… —sollozó.
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Se aparecieron en una pequeña casita adosada de color gris, en Douglas.
—Me sigue pareciendo surrealista que te guste vivir en medio de ninguna parte —comentó Johnny mirando a su alrededor, todo eran campos verdes entre suaves colinas.
—Es un sitio súper tranquilo donde relajarse, y además tenemos castillo —respondió Grace orgullosa.
—Perdona, pero eso casi no llega ni a torre —se mofó el chico.
—Ya es más de lo que tienes tú en Sleaford —le espetó la chica—. Y si no quieres dormir en el porche trasero, ya te estás tragando tus opiniones hirientes.
—¿No me vas a mandar al sofá? —el chico la picó con una sonrisilla.
—No, porque seguramente es donde dormiréis los chicos las dos noches —la chica traspasó la portezuela del jardín y se encaminó hacia la puerta principal.
—Si me haces dormir con él —señaló a su profesor—, te juro que me divorcio.
—¡¿Pero qué dices de divorciar?! ¿Tan seguro estás de que llegado el momento te daré el "sí quiero"? ¡Porque a este paso volveré al mercado encantada antes de lo que te piensas!
—¡Pues tal vez sea yo quién lo haga antes! —respondió indignado.
Snape miró a Elyon confuso y molesto.
—Están saliendo desde hace tiempo —le susurró.
El mago alzó ambas cejas con asombro y miró al hufflepuff con espanto.
—Sí, es impresionante que alguien pueda soportarlo tantas horas seguidas.
—¿Es que tus amigos no son capaces de emparejarse fuera del grupo? Rozáis la endogamia.
Elyon dibujó una mueca de desagrado.
—¿Tanto te cuesta no ser un borde de pies a cabeza?
—Si ese tejón está involucrado, sí —gruñó— Más aún si va a estar manoseándose con tu amiga todo el día,
—¡Por Merlín! ¡Solo vamos a estar aquí tres días! —le espetó en un susurro para que sus amigos, que ya habían entrado en la casa, no escucharan la discusión— Y ellos no se manosean en público, que te quede claro. Pero si tanto suplicio va a ser para ti, le digo a Nuth que te sustituya hasta que llegue a Imtar, estará encantado. Es más, puedo hablar con mi abuelo y librarte de la carga el resto de tu vida.
Snape apretó la mandíbula intentando aparentar que no estaba dolido por sus palabras. Elyon no le había dicho que serían tan pocos en un espacio tan pequeño, menos aún que el puñetero Tonitini estaba saliendo con Matthew. Aquello hacía más incómoda aún la proximidad de ambos esos días, no estaba seguro de la razón, pero sabía que iba a ser así. Habría muy pocas distracciones con las que disimular un desliz.
—¿Ahora quién está siendo una borde de pies a cabeza? —le respondió él.
—Ya te dije que aprendía del mejor —la semielfa dibujó una sonrisa sarcástica.
—¡Ey, pareja! ¿Venís o qué? —les gritó Johnny asomándose al exterior.
—Merlín dame paciencia para no asfixiarlo con la almohada mientras duerme —remugó Snape encaminándose hacia la casa.
Elyon suspiró con frustración. Iban a ser tres días insufribles. Tener al slytherin y el hufflepuff bajo el mismo techo durante casi setenta y dos horas seguidas sin apenas distracciones podía terminar en catástrofe. Si no había acudido a Remus era porque ese fin de semana había luna llena. Y Nuth no era una opción porque Kove le había dicho que no abusara de su protección o haría peligrar el puesto de Snape. Sin contar que consideraba que el chico no estaba tan capacitado como el mago para protegerla fuera de territorio elfo y lejos de los refuerzos. Así que para esos tres días la única opción viable era su profesor. Cruzó dedos para que Johnny contuviera sus pullitas, ya fuera para molestar a Snape o para molestarla a ella aludiendo a lo muy colgada que estaba de su profesor. El mago no era estúpido, si el chico se iba de la lengua ataría cabos muy, pero que muy deprisa. Más deprisa de lo que Elyon era capaz de correr para escapar de las burlas de su Protector. Ojalá Grace hubiera ideado un fin de semana entretenido para que ambos magos estuvieran lo suficientemente distraídos para que se olvidaran de lo mucho que se detestaban.
—No me lo puedo creer —escuchó maldecir a Grace nada más entrar en la casa, que era increíblemente estrecha y alargada—. Mis padres siguen de viaje.
—¿Eso es un problema? —Johnny se dejó caer en el sofá y puso los pies sobre la mesa de café— Prácticamente nunca están, gracias a eso tú y yo pudimos disfrutar de intimidad casi hasta cansarnos el verano pasado.
Grace lo fulminó con la mirada. El hufflepuff fue a protestar justo antes de ser consciente de que obviamente había dos personas más escuchando esa conversación privada.
—Fingid que no habéis escuchado nada —les aconsejó Johnny con una mueca de apuro.
—Ojalá no haberlo hecho —remugó Snape, negando con la cabeza y mirando a su alrededor, intentando encontrar una zona de la casa lo bastante alejada de esa conversación.
—¿Cómo puñetas os veíais tanto viviendo tan lejos el uno del otro y sin poder apareceros? —Elyon alzó una ceja con curiosidad.
—Polvos flu —respondió Grace acercándose a ellos con la vista fija en la nota que tenía entre los dedos —. Odio que me hagan esto.
—¿Tan grave es que no estén? —la semielfa frunció el ceño.
—No los veo en todo el año, termino el curso y en vez de pasar un poco de tiempo con su única hija deciden alargar las vacaciones en Menorca tres semanas más —explicó la pelirroja controlando su enfado—. Tienen doce meses para escoger y se decantan por junio y julio.
—El clima es mejor esos meses. Además, ya eres mayor de edad… —Johnny le quitó importancia.
—Lo llevan haciendo desde que tengo catorce ¿Y sabes qué es lo peor? Que la despensa va a estar vacía porque hace tres semanas que no están aquí. Espero tener suficientes libras en la hucha para subsistir hasta su vuelta.
—Puedes aparecerte. Puedes ir a Gringotts a cambiar la divisa —le recordó Elyon.
—¿Tú cuánto dinero crees que tengo en mi cámara? La libra está mucho más cara que los galeones.
—Puedo quedarme contigo hasta su vuelta y compartir gastos. Y cama, total tus padres no están por aquí —el hufflepuff se encogió de hombros.
—Johnny…
—Paso completamente de dormir en el sofá y en esta casa solo hay dos habitaciones.
—¿Solo hay dos habitaciones? Eso no me lo habías dicho —Elyon tragó saliva, Snape se iba a poner rabioso si le tocaba aguantar a Johnny dos días sin poder dormir en condiciones en el pequeño sofá del salón, en el que el chico no iba a caber ni encogido— ¿De verdad pensabas meternos en tu casa sin espacio suficiente para todos?
Grace arrugó la nariz y se quedó mirando a Johnny, pensativa. La idea era compartir los dos colchones de su habitación. A ella no le importaba dormir apretujada ya fuera con su novio o su amiga, y había albergado la esperanza de que hubieran dejado a Elyon sin escolta ese fin de semana tras fortificar la casa con magia. Al final no había sucedido ni lo uno ni lo otro, y tampoco estaban sus padres para buscar una solución en la que no tuvieran que desmontar media casa sin estar ellos presentes supervisando que nada salía dañado en el proceso. La pelirroja expiró largamente.
—Sí, supongo que tienes razón. Tú y yo podemos dormir en la habitación de mis padres siempre y cuando lo dejemos todo tal cual lo encontremos, son muy neuróticos con sus cosas. Así Elyon se puede quedar en mi cuarto.
—¿Y Snape?
—Está el… —señaló el sofá, y en ese momento se dio cuenta del pequeño gran problema— Mierda.
Aquellos tres días pintaban peor por momentos, tal vez no había sido buena idea ese fin de semana los tres juntos más acompañante.
—Si a ti no te molesta… puede dormir en tu misma habitación. Mi cama es nido, de debajo sale otra, de cuando venían amigos a casa siendo pequeña. Estaréis apretados en cuanto a espacio, pero cada uno tendría su propia cama.
Elyon se sonrojó.
—Dudo mucho que a Elyon le importe apretarse con él, aún conservo la foto del sofá durante el camping, y eso fue mucho antes de…
Grace le dio tal colleja que resonó en el pequeño salón. El chico se frotó la nuca dolorida mientras el calor del golpe se extendía rojizo por la zona.
—Bruta.
—Bocazas —luego miró a Elyon— ¿Te parece bien?
—Es mejor que hacerlo dormir en el sofá —suspiró resignada—. Como tenga que acurrucarse ahí va a estar de un humor de perros. Y Johnny, para —lo miró con enfado—. Si tengo que aguantar un solo comentario tuyo de ese tema me voy.
—De eso nada, se va él —aclaró la ravenclaw cruzándose de brazos, fulminando al chico con la mirada, que puso los ojos en blanco con hastío y frustración.
Encontró a Snape en el jardín trasero, mirando las casas de los vecinos y lo que los rodeaba, con el ceño fruncido, analizando el entorno al detalle.
—Podrías relajarte un poco —comentó la semielfa llegando a su lado.
—Tú estás aquí de vacaciones. Yo estoy trabajando.
Elyon suspiró largamente, dando esa batalla por perdida.
—Hay un problema con el espacio disponible para dormir.
—¿No me digas? —Snape siguió sin mirarla.
Aquel comentario no le venía de nuevo, se había dado cuenta de lo pequeña y estrecha que era aquella casa. Casi parecía diseñada para un soltero o como mucho una pareja. Ya le parecía toda una proeza que allí hubiera cabido una familia de tres, obviamente ellos cuatro eran demasiados para esos metros. Matthew habría sido muy optimista de haber querido meter allí a todo el grupo de amigos sin echar mano de la magia.
—Vas a tener que dormir conmigo —continuó la chica.
Eso sí que consiguió que centrara su atención de golpe hacia la semielfa, encarándose a ella.
—¿Qué? —fue lo único que acertó a decir.
—Respira. No será en la misma cama, pero sí en la misma habitación. Aunque Grace me ha comentado que igualmente su cuarto no es muy grande y que seguramente nos estorbemos mutuamente.
—Sois magos. Haced magia. No me creo que no haya otra solución.
Snape se negaba a compartir habitación en ella, aquello era tensar demasiado su relación en esos momentos. En el camping ya le supuso un esfuerzo titánico controlar sus reacciones y comentarios, y aun así tuvo algún desliz que no pasó desapercibido. Si le obligaban a hacer lo mismo esos tres días…
—Los padres de Grace no le permiten modificar nada en la casa si no están ellos presentes.
El mago puso los ojos en blanco.
—No es culpa nuestra. Se suponía que iban a estar aquí y que modificarían lo que hiciera falta para estar cómodos. No han avisado a Grace, simplemente le han dejado una nota en la cocina.
—¿Y si me encargo yo? —se ofreció con tal de no tener que compartir habitación.
—Nada de ese tipo de magia aquí, no quiero darle problemas a Grace. Si no quieres compartir habitación está el sofá. Tú no cabes, pero yo sí… más o menos. Son solo dos noches, puedo aguantarme con tal de no tenerte que soportar de mal humor este fin de semana —Elyon lo miró con seriedad.
—¿Y si nos vamos esta noche a Imtar? —le propuso el chico.
—Me gustaría tener al menos un fin de semana de vacaciones antes de que me entierren en mil y una obligaciones, sin ni siquiera poder pasear sin alguien siendo mi sombra —comentó con un triste suspiro.
Snape se pasó una mano por el rostro, con cansancio y frustración.
—Está bien, no hará falta que te acurruques en el microsofá. Puedo compartir habitación contigo dos noches, aunque ronques.
—¡Yo no ronco! —se ofendió la joven, luego lo miró con preocupación— No ronco, ¿verdad?
Él simplemente se la quedó mirando unos segundos y luego entró en la casa.
—Snape, ¿no ronco, verdad? ¡Snape! —se apresuró a seguirlo en busca de una respuesta, sin saber si el mago se estaba burlando de ella.
El profesor ni la miró, conteniendo una carcajada socarrona. Era tan fácil tomarle el pelo normalmente que a veces le daba hasta lástima.
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Para no romper lo que ya parecía costumbre en el inicio de las vacaciones de verano, se pasó el primer día lloviendo a mares. Tan al norte como estaban no era de extrañar, pero eso no hizo que se lo tomaran mejor.
Solo de ir al pequeño supermercado del pueblo a reponer la despensa acabaron calados hasta los huesos a pesar de llevar los paraguas. Era muy desagradable caminar sintiendo el chapoteo del agua dentro de los zapatos a cada paso. Johnny había querido usar un hechizo impermeabilizante, pero Grace se lo prohibió. En el pueblo solo había otras dos familias de magos y al ser un núcleo tan pequeño los muggles estaban al tanto de cualquier detalle fuera de lo común. La pelirroja les contó lo difícil que fue esconder sus brotes de magia accidental cuando era una niña. Los muggles jóvenes y de mediana edad no le daban mucha importancia a lo que pasaba frente a sus narices, pero los ya jubilados y ancianos eran harina de otro costal.
Lo peor del chaparrón era que estaban atrapados dentro de la casa, en el pequeño salón, y al hufflepuff no le sentaba bien quedarse encerrado entre cuatro paredes. Grace intentó amenizar la tarde sacando juegos muggles que tenía acumulados de los cumpleaños anteriores a entrar en Hogwarts, cuando sus amigos no eran brujos. Se decantaron por el Monopoly, uno de los pocos juegos al que podían jugar los cuatro al mismo tiempo.
La partida comenzó medianamente tranquila, pero a medida que pasaban las horas los ánimos se fueron caldeando, sobre todo entre Johnny y Snape, algo que no sorprendió ni a Grace ni a Elyon. El primero había comenzado con muy buen pie, pero antes de que se diera cuenta estaba prácticamente arruinado, y casi todo lo había perdido a manos de su profesor. El tejón lo achacó a que el mago había hechizado los dados para que siempre cayera en las casillas que él había conseguido y que ocupaban medio tablero.
—¿No había otro puñetero juego en tu armario? —Elyon miró a Grace, con un vaso de zumo de naranja en la mano y apoyada en la encimera de la cocina.
Ambas habían abandonado la partida cuando ambos chicos desenterraron el hacha de guerra.
—¿Al que pudiéramos jugar todos? Alguno otro. Pero no finjas que te sorprende que hayan terminado así. Da igual a lo que jueguen, siempre se pican hasta sacar al resto de la partida —la pelirroja suspiró con cansancio— Espero que mañana no llueva y podamos hacer algo al aire libre, o me voy a quedar soltera de nuevo muy pronto. Porque si no lo mata Snape, lo haré yo misma.
La semielfa contuvo una carcajada de resignación.
Tras la cena, Johnny y Grace se retiraron a dormir los primeros. El profesor de pociones les lanzó una mirada asqueada que dejaba bien claro que dudaba mucho que fueran realmente a dormir. Elyon prefirió ignorar tanto la excusa de sus amigos como la mirada que les echó Snape, y con tal de no quedarse a solas con él en el comedor, rodeados de silencio, truenos lejanos y la pequeña posibilidad del eco de sus amigos intimando, también decidió irse a acostar para dormirse lo antes posible.
La despertó la luz del alba, señal de que la tormenta había pasado al fin. Medio dormida como estaba poco faltó para que pisara a Snape al levantarse. El chico yacía al nivel del suelo justo junto a su cama, con los pies sobresaliendo del colchón.
Elyon se lo quedó mirando. Su ceño estaba fruncido y su expresión era tensa. La joven dedujo que seguramente lo que estaba soñando no era agradable, en una ocasión le contó que sus malos recuerdos se cernían sobre él durante las noches al cerrar los ojos. Tragó saliva. Con cuidado para no despertarlo le cogió la mano y se la apretó ligeramente, expirando con calma. Intentó hacer lo mismo que ya hizo en el funeral tras el ataque al Ministerio. Aún no comprendía cómo la magia de los elfos podía calmar la congoja, pero era algo que le daba igual si conseguía hacer sentir mejor a quien lo necesitara.
El rostro de Snape se fue relajando hasta mostrar una serenidad que solo le había visto en Imtar. Elyon sonrió débilmente y consiguió, no sin cierta dificultad, pasar sobre él sin despertarlo y así poder salir de la habitación.
En la cocina Johnny y Grace estaban desayunando.
—¿Cuál es el plan? —preguntó ella sentándose a la mesa.
—Dar un paseo hasta el castillo…
—Torre —la interrumpió Johnny ganándose una mirada fulminante de su novia.
—Castillo de Douglas —prosiguió ella— Y disfrutar un poco del paisaje. Podemos hacer un picnic por allí, hay un montón de lagos. Es muy bonito.
—Me parece un plan estupendo.
—¿La Reina Murciélago sigue durmiendo a pierna suelta? —preguntó Johnny— Hay una buena caminata hasta allí, así que deberíamos salir pronto. Quizá necesite un beso de su Princesa Azul para despertar —murmuró con burla.
Elyon lo miró con enfado y los labios apretados.
—Los hay que no necesitan depender de otros para ser funcionales, Tonitini —replicó una voz ronca a sus espaldas.
La semielfa se tensó y sintió como el calor subía de su cuello a sus mejillas y se extendía hacia las orejas. Por ese comentario, estaba claro que había escuchado la puya del hufflepuff y deseó con todas sus fuerzas que no hubiera leído entre líneas lo que claramente estaba diciendo el imbécil de su amigo.
Pero el mago no comentó nada más mientras cogía una taza y se preparaba algo de café que le ayudara a despertarse del todo y poder seguirles el ritmo a esos tres adolescentes el resto del día.
…..✦…..
El sol se ocultaba de vez en cuando tras las nubes blancas y esponjosas, pero aun así seguía haciendo un buen día para ir de excursión. Ni demasiado calor, ni demasiado frío. Grace no mintió cuando dijo que la zona era preciosa, y tampoco lo hizo Johnny al decir que el supuesto castillo no era más que una torre, medio derruida además. Para comer los bocadillos que habían preparado se pararon en una zona de picnic, situada en la cima de una colina a cuyos pies se extendía un pequeño lago lleno de cisnes. Las aves no tardaron en rondarles a la espera de las sobras.
Elyon se apiadó de los animales y se levantó del banco de madera, que habían secado disimuladamente con magia, colocado junto a la mesa en la que había estado comiendo. Una vez hubo repartido entre los ansiosos cisnes los restos del bocadillo, se acercó a un enorme tablón de madera en el que aparecía el mapa de la zona y las rutas de senderismo. En el centro estaba marcado el pueblo de Douglas. Siguió con el dedo los caminos disponibles hasta que topó con un nombre que hizo que todo a su alrededor desapareciera: Coalburn.
—No creo que nos dé el día para ninguna de estas excursiones. Menos aún si quieres llegar hasta Coal… —Grace no terminó la frase, se giró hacia su amiga con preocupación— Es allí donde vivías, ¿no?
—Cuando dijiste que éramos vecinas pensé que exagerabas —musitó con ojos llorosos.
—No. Ambos pueblos están lo suficientemente cerca como para escuchar que un grupo de mortífagos atacó a una familia allí. No supe que se trataba de ti hasta que nos lo contaste, ni siquiera pensé en esa posibilidad.
De vuelta al centro de Douglas, Elyon siguió con la mente en el mapa del tablón. Estaba tan cerca de su casa que sentía una desagradable inquietud. Saber que apenas la separaban de su antiguo hogar once kilómetros hizo que todo lo que creía superado aflorara de nuevo. Esa neblina de irrealidad que cubría los malos recuerdos desapareció, ya no eran una pesadilla o algo que solo estaba en su imaginación. Esa noche ocurrió, a tan solo dos horas a pie de donde se encontraban.
—¿Estás despierto? —susurró en la oscuridad de la habitación.
Recibió un gruñido como respuesta.
—Necesito pedirte algo…
—¿Estás segura de que quieres ir allí? —le preguntó el mago con voz suave. —No lo sé, pero… —la interrumpió un sollozo ahogado— ¿Qué harías en mi lugar?
Escuchó crujir los muelles del pequeño colchón a ras de suelo. La silueta oscura de Snape se irguió a su lado cuando se sentó.
—Tú y yo somos demasiado diferentes como para intercambiar lugares, porque haríamos completamente lo contrario.
—¿Eso quiere decir que no irías? —se tumbó de lado intentando encontrar los ojos del mago en la oscuridad.
Hubo un largo silencio sólo interrumpido por el canto de los grillos, que se colaban por la ventana entreabierta.
—Hará un año o así, volví a la casa donde crecí —confesó con calma—. Sinceramente lo hice creyendo que me arrepentiría nada más poner un pie en ese lugar que apenas me aportó nada bueno. Sin embargo… fue la decisión acertada. A veces hay que enfrentarse a los malos recuerdos para poder avanzar.
—¿Me acompañarás? —fue casi una súplica.
—No puedo dejarte sin vigilancia —respondió con obviedad y tono burlón.
—Ya sabes a lo que me refiero.
Elyon se alegró de que no hubiera luz en la habitación o Snape habría visto cómo se sonrojaba hasta la punta de las orejas cuando él le envolvió la mano con la suya, con un ligero apretón, en un gesto cálido que le dejó claro que él siempre iba a estar a su lado cada vez que lo necesitara.
Y fue así como entraron en la casa a la mañana siguiente. Él agarrando con fuerza su mano temblorosa, infundiéndole ánimos para lo que iba a suponer cruzar ese umbral.
Johnny ni tan siquiera se había atrevido a hacer una broma al respecto o mirarlos con mofa. Todas sus ganas de fastidiar se habían esfumado al ver la fachada de la casa. Estaba prácticamente cubierta de hiedra y mucha se había ido extendiendo por el enorme boquete en la fachada que dejaba ver el interior de la construcción y lo que en su día fue un salón. El clima del norte había maltratado la estructura, que estaba sucia y enmohecida. Lo que había sido el jardín estaba lleno de vegetación salvaje ansiosa por tomar también el control del interior de la vivienda abierta completamente al exterior.
Pero a pesar de todo ese verde y la luz del sol, la estampa era triste. Más que triste, sobrecogedora. Los cuatro sintieron la magia oscura que había provocado aquello, como un desagradable hormigueo en la nuca. Sin duda allí había sucedido algo terrible que ni el tiempo ni las lluvias habían conseguido borrar. No les pasó por alto que entre los escombros habían crecido almas azules.
Elyon inspiró con fuerza y soltó la mano del mago una vez se adentró en la casa. Por un segundo su memoria le jugó una mala pasada, haciéndole creer que el cuerpo de su padre seguía allí, en el suelo, entre las piedras que habían decorado los bajos de la fachada, y los trozos de ladrillo y madera de las ventanas.
—¿Estás bien? —Snape llegó hasta ella, que tenía la vista clavada en un punto concreto de la estancia.
La joven se limitó a asentir secándose las mejillas mientras continuaba recorriendo la casa en silencio.
—¿Crees que deberíamos ir con ellos? —preguntó Grace a su novio, con indecisión, desde el límite de la parcela.
—Mejor la dejamos sola. Además… prefiero no volver a entrar en casas abandonadas a no ser que sea estrictamente necesario.
—¿De verdad aún no has superado el susto de la acromántula? —se mofó Grace.
—Cuanto tengas la cara a menos de un palmo de la boca de uno de esos bichos, me vienes a contar lo fácil que es o no olvidar una experiencia así —refunfuñó él, que intentó apoyarse en la verja de madera, pero tras escuchar cómo crujía decidió no tentar a la suerte.
Todo en la casa seguía igual a la noche en la que la abandonó. Lo único que faltaba eran algunos objetos personales que seguramente su familia había decidido conservar. El resto seguía en su sitio, sucio y lleno de polvo y moho, pero exactamente en el mismo lugar que había ocupado tres años atrás. Entre las cosas que habían quedado a merced del tiempo y el clima estaba la colección de novelas distópicas de su madre, títulos como "Fahrenheit 451" o "Un mundo feliz" aún podían leerse en sus lomos.
En la planta superior la sensación fue la misma, o tal vez un poco más asfixiante. Para alcanzarla tuvo que aparecerse ya que faltaba media escalera. La escalera por la que casi cayó su madre aquella noche. Recorrió una habitación tras otra. Y a la que más difícil le fue entrar no fue su dormitorio o el de sus padres, si no la de invitados. La puerta estaba entornada y podía escuchar el aire que entraba en ella por el hueco de la ventana que su madre hizo desaparecer para que ella pudiera escapar, la ligera brisa arremolinaba el polvo del suelo y las hojas resecas que allí se acumulaban. Tragando saliva apoyó una mano en la superficie y empujó hasta que se abrió del todo. Su mente una vez más le hizo ver cosas que no estaban ahí, cosas que en verdad nunca vio. Pero por unas milésimas de segundo su madre estaba en el suelo, con la piel cetrina y fría, y los ojos vacíos abiertos de par en par.
—Si no estás preparada para seguir, podemos irnos —una voz grave y profunda le hizo volver a la realidad.
Snape la observaba con preocupación. Eyon miró a su alrededor como si no recordara dónde estaba. En algún momento había entrado en la habitación y sus piernas habían dejado de sostenerla, cayendo de rodillas en el suelo, sin dejar de llorar en silencio. Su profesor estaba arrodillado frente a ella.
—A veces… es como si olvidara que esto pasó, que fue real. Me olvido de que no están, de que no estarán nunca más —sollozó—. Si hubiéramos podido escapar… o… si Voldemort nunca hubiera existido o simplemente no hubiera reparado en mí…
—Todo habría sido diferente —finalizó el chico con un deje de tristeza.
—Tal vez no tanto —ella se encogió de hombros—. Mi madre quería que fuera a Hogwarts, habríamos estudiado juntos.
—Tú en primero y yo en séptimo no es precisamente estudiar juntos. Ni siquiera somos de la misma Casa.
—Cierto… y un alumno de séptimo de Slytherin jamás repararía en una cría de primero de Gryffindor —intentó bromear la semielfa, aunque no conseguía sonreír— A decir verdad, de no ser así, resultaría… preocupante.
Snape contuvo una mueca de resignación. Por supuesto que habría reparado en ella. Había tardado años en admitirlo, pero reparó en ella desde el primer momento que la vio, y no porque fuera guapa. No solo por eso al menos. Elyon tenía algo que no podía explicar con palabras, ni siquiera tras tanto tiempo a su lado. Algo que le atraía de forma irremediable. La joven resplandecía de algún modo. Puede que se tratara de la pureza de su extraña magia, o puede que no. Fuera lo que fuera lo calmaba como un bálsamo, le hacía sentirse tranquilo, apaciguaba su resentimiento hacia el mundo que no había dejado de maltratarlo desde que tenía memoria, seguramente incluso desde antes. Se había resistido con uñas y dientes a esa especie de cura que ella le proporcionaba solo estando ahí, hasta que fue lo suficientemente valiente para admitir que la necesitaba y comenzar a dejar que lo sanara.
—No habrías pasado desapercibida, habrías seguido siendo la primera semielfa en pisar el colegio. Y seguro que igualmente tus amigos y tú habrías montado el suficiente jaleo como para no reparar en vosotros —la miró con una mueca burlona.
—Supongo que tienes razón… Pero… tal vez… si pudiera cambiar algo… si todo fuera un poco diferente…
La semielfa volvió a romper a llorar. Por una parte porque le habría encantado que todo hubiera sido diferente, que sus padres siguieran a su lado y no tener recuerdos ensombrecidos por la muerte. Por otra sabía que de no pasar todo lo horrible que les pasó tanto a ella como a Snape, sus caminos nunca se habrían cruzado y entrelazado como lo habían hecho. Seguramente él no habría sido profesor en el colegio, y de haberlo sido, sin necesitar Elyon un Protector, jamás la habría tratado como a algo más que una alumna de Gryffindor, lo que además significaba que habría sido mucho más desagradable con ella. Se sentía como si tuviera que decidir entre sus padres y Snape, como si por sentirse feliz con el rumbo que al final había tomado todo, a pesar de los numerosos malos tragos, significaba que no quería a sus padres, que no le importaban tanto como debería.
—Yo no cambiaría nada —Snape lo dijo con tal serenidad que la hizo dejar de llorar y levantar la vista hasta encontrarse con aquellos ojos negros.
Se sostuvieron la mirada unos segundos que parecieron una eternidad. El mago alargó una mano y le secó las lágrimas, dejándola luego en la mejilla izquierda de la semielfa.
—A pesar de todo, si me dieran la oportunidad te aseguro que no cambiaría nada, ni un ápice. Porque al final, a pesar de todo el dolor, de los malos momentos, todo me ha llevado hasta donde estoy y… quiero estar aquí. Ahora sé que no querría estar en ninguna otra parte que a la que me ha llevado este camino.
El corazón de la chica se aceleró mientras seguía mirando esos ojos ahora cálidos, acogedores y sinceros. No supieron quién de los dos empezó a acortar distancias, ni tan solo se dieron cuenta de que lo estaban haciendo. Y fue en ese momento, mientras sus rostros se acercaban y la mano del mago seguía sobre la mejilla de la semielfa, que Elyon lo recordó.
Recordó aquel beso. Recordó cómo ella admitió entre lágrimas que lo necesitaba, que lo quería. Recordó como él respondió a sus súplicas posando sus labios sobre los suyos y como ella, tras ese breve contacto, fue quien tomó la iniciativa para dejarle claro lo que sentía por él.
Volvió a sentir aquel hormigueo frenético en su estómago y cómo sus mejillas se sonrojaban. Ambos estaban tan cerca que podían sentir el aliento del otro sobre los labios ya entreabiertos y ansiosos, aunque tímidos.
—¡Por favor, ¿qué se supone que le puede haber pasado?! ¡Está con Snape!
—¡Llevan como una hora sin dar señales de vida y ni que Míster Simpatía fuera imbatible!
—Estás paranoico con las casas abandonadas, de verdad…
Grace apareció por el dintel y en cuanto vio a la pareja de rodillas en el suelo a punto de besarse se paró en seco y dio media vuelta casi a la carrera.
—¡Ay! ¿Qué haces? ¿Por qué…?
Pero ya fue tarde. La calma del momento se esfumó en el acto, como si la burbuja que los había envuelto explotara sin previo aviso. Y antes de que Elyon pudiera incluso reaccionar el chico ya se había puesto en pie y estaba fuera de la habitación.
—Te espero abajo. Tómate el tiempo que necesites —se despidió sin atreverse a mirarla.
Elyon lo vio marchar intentando asimilar lo ocurrido. "Merlín… nos besamos… ¡Nos besamos! Y ahora ¿Íbamos a…?" Su corazón seguía retumbando en su pecho como un tambor haciéndola respirar con dificultad, sin saber si alegrarse o no por todo aquello.
Grace intentó fingir que no había visto nada cuando Snape pasó por su lado camino al exterior. Se maldijo a sí misma por ser tan inoportuna, y más aún a Johnny, el culpable de que hubieran entrado en la casa en busca de su amiga. Si había interrumpido el que podía haber sido el momento de declaración entre ambos se lo haría pagar con intereses al tejón.
Snape resopló con fuerza una vez se hubo alejado lo suficiente de la casa y los jóvenes. Se tragó el impulso de empezar a patear lo que estuviera a su alcance ¿Qué demonios le pasaba? Se sentía, siendo muy indulgente consigo mismo, un aprovechado. Parecía que solo era capaz de acercarse a la joven cuando estaba frágil y bañada en lágrimas ¿Qué clase de persona hacía eso? Un enfermo retorcido, eso estaba claro. Nadie decente, jamás, aprovecharía un momento tan vulnerable para besar a otro. Se llevó las manos al rostro. Por cómo se había sonrojado Elyon estaba claro que se había dado cuenta de lo que él pretendía hacer. "Imbécil patético, no aprenderás nunca. Deberían castrarte por esto" pensó con amargura, y desde luego Heon lo haría si se enteraba de lo que casi había pasado y lo que ya pasó en el trance.
…..✦…..
Nadie comentó nada de lo sucedido de vuelta a casa de Grace. El ambiente se volvió tenso y Johnny no lo mejoró intentando averiguar qué había pasado para que su novia reaccionara como lo había hecho.
—Hace tiempo que me ronda una pregunta —Grace se sentó junto a su amiga, en el jardín trasero, con un vaso de té frío en las manos— ¿Cómo puñetas conociste a Hagrid?
Elyon la miró alzando una ceja, había esperado cualquier pregunta antes que esa.
—Cuando era más pequeña venía a casa de vez en cuando, cuando mi padre se marchaba, para cuidar de mi madre y de mí.
—¿Tu padre se marchaba? Pensé que casi no saldría de casa —la pelirroja la miró descolocada.
—Ya, claro —resopló la joven con sarcasmo—. No lo hacía mucho y aún no tengo muy claro para qué, pero me lo supongo. No toleraba estar quieto mientras la guerra arrasaba con nuestra gente, así que se iba en plan Justiciero Solitario. Dejó de hacerlo cuando mi madre le dio un ultimátum, de ese día sí me acuerdo —se masajeó las sienes— Llegó con el brazo destrozado. A mí me hicieron creer que fue por culpa de los Polvos Flu, ahora sé que no es verdad como tantas otras cosas… Pensé que mis padres se iban a divorciar esa noche.
—¿Y cómo es posible que nadie se percatara de que os visitaba Hagrid? No es precisamente discreto —Grace retomó el rumbo de la conversación.
—Magia —respondió Elyon con obviedad—. Le daban un abrigo que lo hacía parecer un humano vulgar y corriente, aunque cuando se lo quitaba apenas cabía en casa.
—¿Y por qué él?
—Pues… no lo sé. Puede que porque los gigantes son más resistentes a la magia, son como un escudo andante. Hagrid era nuestro enlace con el mundo exterior, bueno… el de mis padres. Por aquel entonces yo tampoco prestaba especial atención, prefería creerme lo que me contaban, era lo más fácil, tenía demasiado miedo a lo que sabía que pasaba fuera de casa. Qué tonta…
—De tonta nada. Yo siempre tenía miedo a que me llegara una carta a Hogwarts diciendo que mis padres habían desaparecido, o que durante el verano se presentaran los mortífagos en mi casa. Mis padres son Sangre Limpia y muchos recibían chantajes y coacción. Si nos libramos seguramente fue porque ninguno de los dos trabaja en el Ministerio ni se relaciona con muggles desde que entré en el colegio. Tuvimos mucha suerte. Parece mentira lo rápido que se olvidan los malos tiempos.
Ambas suspiraron con una mezcla de cansancio y tristeza.
—¿Y cómo es que apareció en tu casa esa noche?
—Porque aparte de ser nuestro enlace con la realidad, era el encargado de acudir en nuestro auxilio si algo pasaba. Pero todo fue demasiado rápido. Y casi que prefiero que llegara tarde. Había tantos mortífagos que seguramente no lo habría contado, sin contar que además estaba Voldemort —Grace le pasó un brazo por los hombros después de estremecerse ligeramente al escuchar ese nombre. Sabía que, aunque su amiga pareciera calmada recordando, en el fondo seguía doliendo, aunque cada vez un poco menos—. Al menos cuando entré en el colegio conocía ya a alguien, no me sentía tan sola rodeada de extraños. De no ser por él… tal vez no habría dicho que sí a Dumbledore.
—Hay tantos "tal vez" como decisiones tomamos, yo prefiero no obsesionarme con eso, total lo hecho, hecho está —la pelirroja se encogió de hombros.
Elyon levantó la cabeza para mirar la ventana de la habitación de Grace que quedaba justo por encima de ellas. No podía ver a través del reflejo del cristal, pero sabía que Snape seguía en la habitación. Se había metido allí nada más llegar, sin mediar palabra y con paso decidido. Al menos no había dado un portazo. Lo conocía lo suficiente para saber que estaba molesto por algo y el motivo era obvio. El problema es que, por primera vez desde hacía mucho, no sabía cómo lidiar con la causa que había hecho que el chico la rehuyera como si tuviera la peste, y que a ella le aceleraba el corazón. Si el mago hubiera reaccionado de otra manera Elyon seguramente tendría dibujada una sonrisa tonta en el rostro, por el contrario, sus ojos estaban apagados.
Grace se percató enseguida y supo que su abrupta aparición en la habitación había echado por tierra la oportunidad de que ambos se dijeran lo que prácticamente todos ya sabían.
…..✦…..
Después de tres días eternos e incómodos, Snape soltó la bolsa sobre la pequeña cama, y junto a ella, la espada aún enfundada. Había estado a punto de olvidarla dentro del armario de su habitación en Hogwarts, donde la guardaba para que nadie la viera, aunque cierto era que no estaba muy a mano si la necesitaba. "Por Merlín, eres un puñetero mago, lo que necesitas siempre al alcance es la varita" se dijo con hastío. Maldito fuera Kove y cómo estaba consiguiendo que se le pegaran las costumbres élficas.
También se había colocado ya el anillo verde en el índice derecho. Le traía malos recuerdos de hacía unos meses, pero teniendo en cuenta que Elyon dormía aún más lejos de la casa de Kove que antes, y que, según su maestro, la estarían llevando de un lado a otro todo el verano y no siempre la iba a escoltar él, convenía que ambos lo llevaran. Le dio vueltas en su dedo distraídamente mientras miraba por la ventana de la habitación a la ciudad de los elfos, que se extendía al otro lado de la muralla blanca. Torció una ligera sonrisa. Le parecía increíble lo mucho que le gustaba estar allí, la paz de espíritu que le brindaba.
Ahora entendía lo que le había contado Heon sobre la madre de Elyon. Cómo Ania se había sentido tan unida a ese pueblo, sintiéndose parte de él hasta el punto de no querer abandonarlo a su suerte cuando la guerra comenzó. El tío de Elyon había comentado que la habían adoptado como a una más. Resopló para sí con mofa. Kove había hecho lo mismo con él, parecía como si a los elfos les gustara acoger humanos como si de gatos callejeros se trataran. Pero, en verdad, lo agradecía. Nunca se lo diría en voz alta a su maestro, jamás, pero se sentía afortunado de que alguien velara por él, que se preocupara de cómo estaba, de que le ofreciera un hombro en el que apoyarse. Se sentía afortunado por haber encontrado al fin un padre y formar con él una pequeña y extraña familia.
Al anochecer Elyon lo invitó a cenar en Miel de Luna, donde había quedado más tarde con Nuth, Feriel y el resto del grupo de jóvenes elfos. Snape estuvo a punto de negarse, pero se lo pensó visualizando la mirada que le lanzaría Kove si declinaba la oferta. Sin contar que igualmente tendría que acompañarla más tarde a la taberna o no la dejarían salir en compañía de su primo si este pensaba dedicarse al ocio en vez de a escoltarla.
El trayecto fue bastante incómodo. Snape no la miró ni una sola vez, ni tampoco pareció muy dispuesto a mantener una conversación. No abrió la boca hasta que Fingaerel les tomó nota de la cena.
—Lo siento mucho —musitó Elyon.
Snape levantó la vista de su cena y se la quedó mirando con el ceño fruncido.
—¿A qué ha venido eso? —el chico palideció ligeramente y la miró con desconfianza— ¿Es acaso otra de tus encerronas?
—No, simplemente es una cena hasta que lleguen los demás —se apresuró a responder con una pequeña sonrisa apurada—. Es solo que, desde lo del Hilo Guía estás… diferente —tanteó el tema para ver cómo reaccionaba—. Siento mucho haberte hecho pasar por todo eso y por quitarte toda tu privacidad. Entiendo que estés molesto conmigo e incómodo.
El mago la miró apretando ligeramente la mandíbula.
—No estoy molesto contigo —se limitó a responder volviendo a centrar la atención en su plato—. Simplemente intento tomarme en serio mis responsabilidades tras la advertencia de tu abuelo.
—¿Y para ello has de ser tan seco conmigo? —lo miró dolida.
—Se supone que es lo correcto.
—A veces lo correcto no es lo que uno quiere —musitó ella por lo bajo continuando con la cena.
El mago se revolvió en su silla. Aquellas habían sido prácticamente las mismas palabras que le había dicho Kove en su momento. Se pinzó el tabique suspirando con cansancio. Seguro que se iba a arrepentir de lo que estaba a punto de decir.
—Tienes razón, no me siento del todo cómodo sabiendo que seguramente has visto mi vida de cabo a rabo. Aunque… es cierto que durante el Hilo yo también vi cosas sobre ti que no debería haber visto.
Elyon levantó la vista con una mueca que decía a gritos "lo sabía". Ambos se miraron en silencio.
—Pero puede que, si respondes a algunas preguntas sobre ti y tu familia, todo quede más equitativo.
La expresión de la semielfa se relajó.
—¿Qué quieres saber?
—En tu casa vi algunos diplomas y premios con el nombre de tu madre ¿A qué se dedicaba antes de casarse con tu padre? —iba a aprovechar la carta blanca que le había brindado, cotillear más en detenimiento la vivienda le había parecido de mala educación.
—Fue bailarina profesional, formó parte del Ballet Real de Londres. Era impresionante, me enseñó algunas de sus actuaciones.
—¿Bailarina? —la miró sin dar crédito.
—Que fuera bruja no significa que tuviera que dedicarse a la magia. Bailaba desde muy pequeña, desde antes de saber que era bruja. Era su pasión. Me dijo que consiguió un permiso especial de Dumbledore que le permitía salir algunas tardes y fines de semana de Hogwarts, para poder seguir yendo a clase de danza y formarse como bailarina.
—¿Tanto esfuerzo y lo dejó por tu padre? Si se parecía un poco a ti me resulta raro que abandonara su pasión por… un hombre.
Elyon ahogó una risilla.
—Cuando conoció a mi padre ya no pertenecía a la compañía. Se lesionó en una actuación y ya no pudo seguir, por mucho que lo intentó su pierna no respondía igual y tenía una recaída tras otra —suspiró con pesar—. Hay cosas que ni la magia puede arreglar del todo.
—Lo siento por ella —respondió el chico con comprensión, debió de ser muy duro para su madre abandonar algo por lo que se había sacrificado tanto.
—Sí. Pero optó por la enseñanza, consiguió una plaza de profesora de danza en la Universidad de Essex. Con su currículum no le fue difícil. Y no dejó el trabajo hasta que le ofrecieron ser parte del Consejo. Aquello fue algo sin precedentes, un humano entre elfos, la oportunidad de cambiar las cosas a mejor entre ambas culturas. Obviamente aceptó.
—Así que en verdad tu madre era bailarina y profesora —Elyon asintió—. Supongo que eso hizo más fácil que lo aprendieras todo en casa.
—Mi madre sabía enseñar, era estricta, pero también muy paciente y dulce. Hacía que fuera fácil aprender. Todo lo contrario que tú. De conocerte, seguro que detestaría tu forma de educar —lo picó con una sonrisa malévola.
Snape se humedeció los labios, incómodo. De conocerlo, no lo odiaría precisamente porque fuera desagradable y extremadamente estricto con sus alumnos.
—¿Puedo hacerte yo ahora una pregunta? —lo dijo casi en un susurro, así que el joven supuso que la pregunta que quería hacerle iba a abrir viejas heridas.
—Supongo que sí —asintió, mirándola con recelo.
—Recuerdo que me dijiste que no volviste a tu casa tras la muerte de tu madre en quinto…
—No, no lo hice —respondió con sequedad, la chica lo miró esperando una respuesta más completa—. Tenía algo ahorrado tras todos los trabajos que les hacía a mis compañeros durante el curso, así que durante el primer verano me instalé en una habitación en el Caldero Chorreante. Además busqué un trabajo como aprendiz en el Callejón Diagon, haciendo pociones para un boticario. Aunque en verdad el aprendiz parecía él…
Elyon contuvo una carcajada ante su comentario prepotente. Él también dibujó una leve sonrisa.
—Mi intención había sido dejar los estudios y trabajar para mantenernos a mi madre y a mí, bien lejos de mi padre. Obviamente cuando mi madre murió ya no tuve un motivo para abandonar Hogwarts, y allí tenía techo y comida gratis, así que continué estudiando.
—¿Y al acabar sexto? Has dicho que vivir en el Caldero Chorreante fue durante el primer verano tras lo de tu madre —puntualizó ella, sospechando que no le quería contar más.
—Lucius Malfoy me vio trabajando con el boticario ese verano. No necesitó mucho más para saber que me había escapado de casa y que tenía lo justo para pasar el mes y empezar el nuevo curso. Así que me acogió en su casa y me consiguió otro trabajo mucho más lucrativo para costearme los estudios: preparar pociones de todo tipo para los mortífagos —inspiró con fuerza—. Estúpido de mí, acepté. Y con esa decisión prácticamente comencé a formar parte de ellos sin tener ni idea realmente de dónde me estaba metiendo.
La semielfa se lo quedó mirando con una expresión que él no supo interpretar.
—Por eso sigues siendo amigo suyo y no lo entregaste como mortífago. Te sientes en deuda con él.
—No es esa la única razón por la que sigo viéndome con Lucius. Es un activo de gran valor para la Orden, nuestro informante particular que no tiene ni idea de que lo es —se pasó una mano por el pelo—. Respecto a lo de entregarlo… ha estado cerca de Azkaban varias veces, no por mí, aunque tampoco hice nada por ayudarlo a salir del punto de mira. No hay pruebas suf… más bien las tiene muy bien compradas —se corrigió—. Y no soy tan estúpido como para empujarle por las escaleras sabiendo que caerá de pie y luego me señalará con el dedo. Tengo una promesa que cumplir.
—Entiendo —la joven asintió lentamente, mientras la sombra del recuerdo de Lily se cernía sobre ellos.
Recordó el Crucio que sufrió el chico la noche en la que su amiga murió por haberla salvado a ella. Sin darse cuenta apretó los labios y se retorció las manos en el regazo, mientras una lágrima traicionera se escurría por su mejilla.
Snape la miró con preocupación, sin saber por qué de pronto estaba llorando. Ella se percató de cómo la miraba y corrió a recomponerse y secarse la mejilla.
—No es nada… recuerdos.
—¿Míos o tuyos? —la miró con intensidad.
Ella apartó los ojos y se concentró en su vaso medio vacío.
—Lo siento muchísimo —musitó con voz ahogada.
—¿Qué recuerdo? —insistió el chico.
La semielfa negó con la cabeza, no quería contarlo por si se reavivaba toda esa rabia que había sentido hacia ella cuando se conocieron.
—Elyon, dímelo ¿Qué recuerdo es? —se acercó a ella y la cogió de la muñeca con suavidad.
Alzó la mirada, vidriosa, y tragó saliva antes de responder.
—Lily murió por mi culpa y lo siento muchísimo. Vi como Voldemort te torturaba —ahogó un gemido recordando los gritos agónicos de Snape—. Si no me hubieras dejado escapar esa noche habrías podido avisar a alguien de que ya no estaban a salvo, pero…
—Elyon —la interrumpió, mirándola a los ojos fijamente, con calma— Ya te dije que no me arrepiento de hacia dónde me han traído mis decisiones —soltó su muñeca, y deslizó sus dedos sobre la piel de la mano hasta envolverla con la suya—. Perder a Lily fue… pero volvería a dejarte escapar tantas veces como fueran necesarias.
—¡Qué pronto habéis llegado, pareja! —gritó Nuth poniéndole las manos en los hombros a su prima, haciéndole dar tal brinco que por poco la hace ponerse en pie.
Snape soltó su mano y se recostó de nuevo en su silla, poniendo los ojos en blanco. El elfo se parecía a Tonitini más de lo que a él le gustaría. Era igual de ruidoso e inoportuno.
—¿Habéis terminado ya? —Feriel miró la comida que aún quedaba en los platos, casi relamiéndose.
—Todo tuyo —la chica le ofreció el plato con una sonrisa de resignación.
—Eres la mejor, de verdad —el elfo se apresuró a tomar asiento a su lado y atacar la comida con voracidad—. Hoy no he tenido tiempo ni de comer, estoy famélico.
Al poco llegaron Othran, Yaria, Meinpe, Vatar y Aruh, quien tenía la mano vendada por un accidente esa misma mañana en el trabajo, soplando vidrio. Pero eso no le impidió disfrutar junto al resto del grupo de los bailes y las risas, a los que se unieron todos salvo Snape, que se quedó sentado en su sitio, atento a todo lo que pasaba allí y al mismo tiempo al margen.
Apretó la mandíbula. Tenía que esforzarse más en mantener las distancias con Elyon, era la segunda vez en menos de tres días que abría una grieta en su muro, de no haber aparecido Nuth… quién sabe lo que habría pasado. Cada vez se le hacía más complicado no acercarse a ella, más aún cuando la chica no parecía reticente a ello, cuando lo miraba a los ojos con calma, ofreciéndole un refugio junto a ella. Gruñó para sí. "Apenas te queda un año más a su lado, no la cagues ahora, no lo estropees. Quédate al margen o la que saldrá perdiendo será ella. Si quieres protegerla, trágate lo que te quema. Confórmate con saber que eres importante para ella".
Elyon entró en su cuarto en silencio tras darles las buenas noches a Nuth y Feriel. Se sentó a los pies de la cama atusándose el pelo distraídamente y mordiéndose el labio con nerviosismo. No conseguía entender a Snape. Desde el Hilo no parecía el mismo, la confundía. Se habían besado, eso debía significar algo. Tenía que significar algo. Sin embargo él estaba distante, y cada vez que parecía que volvía a aproximarse y que quería decirle algo, volvía a alejarse en apenas un parpadeo como si nada hubiera pasado. No sabía a qué estaba jugando el mago y ella no alcanzaba a comprender las normas a seguir.
Se suponía que Imtar era el lugar que compartían fuera de Hogwarts, donde ambos se mostraban tal cual eran. Pero aquella vez Snape parecía más opaco que nunca. Después de esa breve charla en la taberna no habían vuelto apenas a cruzar una palabra. Y eso la frustraba y le dolía a partes iguales. Era como si lo estuviera perdiendo frente a sus narices sin poder hacer nada por evitarlo, como si se le escurriera de entre los dedos. Tal vez ese beso había sido lo peor que había podido pasar entre ambos.
…..✦…..
Le temblaba todo el cuerpo. Su corazón latía deprisa y sentía el calor dentro de los pulmones, casi como si respirara fuego.
—¿Te duele? —le preguntó Rasmu.
—No —resopló Elyon.
—Tienes que relajarte y dejar que fluya, te estás acercando a tu punto de no retorno. Controla la respiración, no dejes que la euforia se apodere de ti, despeja tu mente —el elfo acompañó sus palabras moviendo las manos arriba y abajo para indicarle cómo respirar.
La semielfa siguió sus instrucciones y el calor se transformó en una sensación tibia y agradable.
Azrael observaba el ejercicio a cierta distancia preparado por si en algún momento debía frenar la magia de su nieta. Pero por el momento todo iba a bien, Rasmu estaba consiguiendo que la joven se mantuviera centrada y calmada.
—Mejor, prueba ahora.
Elyon movió ligeramente las manos. Frente a ella comenzó a brotar una planta, que siguió creciendo con rapidez mientras se transformaba en un robusto árbol que se retorcía sobre sí mismo formando un amasijo de corteza y hojas verdes que poco se parecía a un árbol corriente.
Ella y Rasmu se sostuvieron la mirada un segundo mientras el árbol seguía creciendo y tomando forma. El hombre asintió con una pequeña sonrisa. Ella le devolvió la sonrisa y volvió a centrarse en el tronco, que estalló en llamas mientras estas tomaban la forma de un inmenso dragón que pareció rugir, desperezarse y estirar las alas para alzar el vuelo.
Azrael se acercó a su nieta con rapidez, preocupado porque perdiera el control. Rasmu le hizo una señal para que se mantuviera al margen y le dejara espacio, otorgándole algo de confianza.
El dragón de fuego se consumió desde las raíces a la copa, y a medida que se apagaba, en su camino mostraba un árbol fuerte y lustroso, repleto de musgo y flores, que rebosaba vida. El elfo pelirrojo miró aquello asombrado, alzando la cabeza para poder ver la copa de ese árbol inmenso en flor, que parecía haber rodeado al dragón en una coraza de puro verdor. Y así como el árbol había crecido, la brisa al pasar se lo llevó, poco a poco hacia el bosque, convertido en enormes bolas de polen que cubrieron el aire como si de copos de nieve se tratase.
Azrael miró a su nieta, no había rastro de riesyl en ella. Toda esa magia había conseguido extraerla sin necesidad de recurrir a él. Se sintió orgulloso e inquieto al mismo tiempo. Nunca había visto a ningún otro elfo con semejante poder, ni él ni Lizalos habían sido capaces de algo así con aquella facilidad. Nunca lo habían intentado por temor a un brote y perderse por el camino. Pero Elyon parecía no albergar ese miedo y eso la hacía peligrosa, para sí misma y el resto. O tal vez no, tal vez poseía la visión inocente de la magia que los nutría, que habían tenido los primeros elfos y que se fue perdiendo por culpa de la interacción con los humanos.
Elyon se giró a mirar a su abuelo, esperando una reacción por su parte. El hombre se limitó a asentir con una sonrisa de aprobación.
—Creo que para esto debí dejarte en manos de Rasmu mucho antes.
—Es un buen instructor —asintió ella mirando al elfo, que hizo una ligera inclinación con la cabeza, halagado ante el cumplido.
Al parecer su abuelo seguía sin saber que el hombre la había estado aconsejando desde hacía un año sobre el uso de la magia, y prefirió seguir manteniéndolo oculto. Tenía muy presente la reprimenda que recibió Rasmu la primera vez que le aconsejó sobre las técnicas de relajación y rastreo cuando los descubrió.
…..✦…..
Elyon se sentó en el pequeño balcón de la casa, respirando el aire fresco de la tarde. La reunión del Consejo de ese día había sido increíblemente pesada. Estaban preparando una propuesta hacia el Ministerio para impedir que los humanos extendieran su territorio, ya que de hacerlo invadirían el pueblo de Lustra y obligarían a un centenar de familias a abandonar las tierras que durante siglos habían pertenecido a los elfos y se había resistido a la conquista humana, donde trabajaban y que les daban de comer a ellos y a otros tantos pueblos élficos cercanos. Sin contar que, de ser expulsados de allí, seguramente se talaría el bosque que lo rodeaba perdiendo así un núcleo importante de fauna mágica que estaba asentada en el lugar y que no tendría a dónde ir.
Si los magos no atendían a razones y respaldaban a los muggles, Imtar y su bosque los acogería a todos, pero sabían que muchos se negarían a dejar su hogar y se enfrentarían a los humanos. Se unirían irremediablemente a los sublevados.
La joven se llevó las manos al rostro con cansancio. Que el Ministerio ignorara deliberadamente el peligro de los sublevados y la presión que estos estaban ejerciendo y que en algún momento explotaría, demostraba lo egocéntricos que eran los magos. Si los elfos se alzaban, lo harían el resto de criaturas mágicas: duendes, licántropos, centauros, gigantes, vampiros… todo aquel ser de naturaleza mágica que había sido discriminado por los humanos se unirían para tumbar el gobierno existente. Y en comparación, la guerra contra Voldemort habría sido un simple juego de niños. Elyon veía a los sublevados muy capaces de quemar los cimientos de la sociedad humana hasta los cimientos, y cada día eran más fuertes. Se seguían realizando mítines de queja, se seguía cuchicheando en las calles, pero por desgracia no conseguían desenmascarar a ninguno de sus integrantes, y cuando lo hacían eran callejones sin salida.
Elyon se sentía sola desde su llegada a Imtar. Se pasaba casi todos los días en el Consejo y al terminar estaba demasiado cansada para luego ir de tabernas con Nuth y Feriel, a quienes tampoco veía mucho por sus respectivos trabajos y las clases de entrenamiento con los niños. Cuando la joven no estaba en las reuniones, estaba entrenando con Kove o con Rasmu. Ni tan solo había tenido tiempo de ir a dar una vuelta con Thurin a pesar de que el animal se lo había pedido. Y lo peor es que para llegar a todas partes debía ir escoltada sin excepción, siempre tenía que estar bajo la mirada de otro, no tenía intimidad fuera de la casa que ocupaba. Y a pesar de que de acompañarla se encargaba Snape la mayoría de las veces, apenas interactuaba con ella. La trataba con cortesía y amabilidad, pero seguía siendo frío y distante, evitaba mirarla a los ojos y quedarse a solas con ella más tiempo del necesario.
Miró el anillo verde que llevaba puesto en el índice izquierdo. Estuvo tentada a llamarlo, solo por ver si conseguía mantener una conversación. Inventarse cualquier excusa simplemente para estar con él e intentar entender al mago y retomar la buena relación que habían tenido. Pero no lo hizo. Se quitó el anillo del dedo, y al hacerlo sintió unas irrefrenables ganas de lanzar el artefacto lejos de ella y romper a llorar. De impotencia, de rabia, de todo. Todo estaba volviendo a cambiar, demasiado deprisa para poder asimilarlo, para poder seguir el ritmo, para dar la talla. Se sentía perdida y al mismo tiempo atrapada.
—Elyon, ¿te encuentras bien? —Feriel se acuclilló frente a ella.
La joven alzó la mirada del puño cerrado que contenía el anillo.
—No lo sé —se limitó a responder—. No. Creo que no estoy bien. Estoy… es que ni siquiera lo sé.
El elfo se sentó a su lado y se limitó a pasarle un brazo por los hombros, la joven se recostó contra él. Estuvieron en silencio largos minutos, viendo el sol descender tras las montañas lejanas.
—¿Por qué cada vez que las cosas parecen ir bien, de golpe se vuelven a torcer? —suspiró Elyon con cansancio.
—Buena pregunta ¿Quieres que vayamos a tomar algo tú y yo solos, mientras buscamos la respuesta a ese gran enigma? Nuth tiene turno de noche.
—¿Y qué puñetas haces aquí si tiene turno de noche? —la semielfa se irguió y lo miró con curiosidad— ¿Acaso le estás cogiendo el gusto a vivir dentro de las murallas?
El elfo la miró con una ligera mueca llena de vergüenza.
—Como se entere Nuth…
—Yo creo que la culpa no es de mi novio, si no de la compañera de piso que tiene. Es demasiado adorable y hace que me sienta muy a gusto aunque esté encerrado tras unos muros inmaculados. Ahora que lo pienso… no es adorable, para nada. Es verdaderamente insufrible que consiga hacer que cambie mis prioridades sin darme ni cuenta. Maldita manipuladora con carita de no haber roto un plato en su vida.
Elyon negó con la cabeza poniendo los ojos en blanco.
—Tiene que ser grave lo que te pasa para que no hayas esbozado ni una ligera sonrisa ¿Tengo que llamar a tu Protector a ver si te arranca una?
Feriel vio el dolor cruzar como un destello en los ojos de la joven.
—¡Oh! Ya veo que lo que te pasa es él.
La semielfa apartó la mirada.
—¿Puedo preguntar o sería meter el dedo directamente en la llaga?
Elyon suspiró con pesar.
—¿Recuerdas que me dijiste que simplemente le dijera lo que sentía?
Feriel abrió los ojos como platos.
—¡Por los astros! ¿Entonces lo hiciste?
—No exactamente… fue… —echó la cabeza hacia atrás, con cansancio—. Nos besamos.
El silencio entre ellos pareció caer sobre ambos como plomo.
—Cuando te dije lo de declararte, me refería a hablar, no a tirarte sobre él a la desesperada.
—Él me besó primero —aclaró—. Luego lo hice yo en respuesta. Desde entonces… Ahora me rehúye, creo que se arrepiente. Y en parte lo comprendo.
—¿Cómo va a arrepentirse si…?
—¡No lo entiendes! —lo cortó furiosa y frustrada— Tuve que meterme en su cabeza porque lo dejé en coma por accidente y vi muchas cosas, él estaba hecho polvo por todo por lo que ha sufrido desde siempre. Ni siquiera quería despertar del coma ¡¿Cómo de mal tiene que estar alguien si prefiere no volver a abrir los ojos nunca?! ¿Y si solo me besó porque se sentía vulnerable? ¿Y si solo lo hizo fruto de un momento de debilidad a causa de todo el estrés de la situación? ¡Y yo fui tan estúpida de dejarme llevar y le dejé claro que le quiero!
Empezó a sollozar con la mandíbula apretada, intentando tragarse toda esa angustia.
—Hice una estupidez y seguro que ahora se arrepiente de haberme dado pie a ello. Por eso me evita, su corazón pertenece a otra. Yo ya lo sabía pero entendí deliberadamente lo que no era… Yo no recordaba lo que había pasado, todo ese trance aún es caótico. Pero durante este tiempo él ni ha comentado nada ni ha insinuado que yo realmente le interese. Creo. No lo sé. No lo entiendo. Y están pasando muchas cosas. Me siento sola. Yo… me ahogo, solo quiero que todo se pare un tiempo para poder respirar y coger fuerzas porque… estoy perdida y superada.
Feriel la abrazó con fuerza, apiadándose de ella. Sabía a grandes rasgos por lo que estaba pasando en el colegio y en el Consejo, y lo que aún estaba por llegar. Obviamente la pobre necesitaba algo a lo que agarrarse para no hundirse bajo la presión y había elegido al mago como apoyo. No estaba seguro de que esa decisión hubiera sido acertada, lo conocía poco, pero estaba claro que Severus podía llegar a ser un imbécil, un gran imbécil. Había que estar ciego para no ver que bebía los vientos por ella y aun así parecía tener una distancia de seguridad con los que lo rodeaban. Había dejado entrar a Elyon para luego volverla a lanzar fuera y fingir que nada había pasado. Entendía que la joven estuviera confusa y dolida. Al final había tenido razón ella con que sincerarse con el mago era una pésima idea. En esa ocasión Feriel había pecado de ingenuo, creyendo que si ella le echaba valor el mago tendería un puente, aunque solo fuera a ella. Un puente que por supuesto él quería, pero al que también parecía querer prenderle fuego.
—No has hecho ninguna estupidez, el problema es suyo. Te besó. Si luego le faltan pelotas para admitir que lo hizo ya es cosa suya —le respondió con seriedad—. Así que no te quiero ver triste por alguien que no ve lo que tiene delante. Él se lo pierde.
Elyon se limpió las lágrimas, suspirando más calmada.
—¿Entonces?
—Entonces nada, tú has movido ficha. Has sido más valiente de lo que creía que podrías ser. Es su turno, si prefiere seguir fingiendo que no pasó nada en vez de hablarlo como un adulto, aunque eso supusiera decirte que no te corresponde y que efectivamente se equivocó, es que igualmente no te merece —le acarició la mejilla con cariño—. Y puesto que no voy a conseguir sacarte, entonces te traeré la taberna aquí. Las caras largas están prohibidas en mi casa.
—No es tu casa —puntualizó ella alzando una ceja, esbozando una muy sutil sonrisa.
—Por ahora. Pero ya se sabe que donde caben dos, caben tres —le guiñó un ojo con altanería y se puso en pie.
Y tras varios días, Elyon consiguió volver a sonreír de corazón. Feriel se la quedó mirando un segundo, muy pagado de sí mismo por haber conseguido aquello. Que Severus quisiera resistirse a esa sonrisa y lo que significaba… pobre idiota.
…..✦…..
Las imágenes pasaron casi como un destello, a trompicones, sin ningún orden o coherencia. Fuego, muertos, grifos, la puerta del balcón abierta con los dos sublevados bañados en la luz de la luna, sangre, gritos, llantos. Todo entremezclado con otros recuerdos que nada tenían que ver con los horrores de la Noche de las Hogueras de hacía catorce años.
Heon la sacó del Hilo cuando la respiración de la chica se aceleró en exceso. Esas sesiones no tenían nada que ver con el desastroso intento que hicieron ella y Snape. Con su tío simplemente tenía que sumergirse en sus recuerdos, el resto corría a cargo del elfo, era capaz de sacarla del trance sin esfuerzo o volverla a meter en él. Tenía el control absoluto de la situación, sabía cómo caminar por una mente ajena.
—Nos hemos acercado bastante. Más que otras veces. Creo que podemos dejarlo por hoy.
Elyon asintió.
—Quizá en la próxima lo consigamos —la joven sonó confiada.
—Quizá. Es un recuerdo escurridizo que tienes enquistado en alguna parte.
—Pero voy recordando, poco a poco. Es mejor que nada —se encogió de hombros con resignación, intentando disimular su frustración.
—Esa es la actitud —sonrió Heon.
El elfo salió de la casa tras despedirse de su sobrina y su hijo. Tras cerrar la puerta movió la cabeza de un lado a otro incómodo, para relajar los músculos del cuello. Esas sesiones eran realmente agotadoras para él, aunque se encargaba de disimularlo frente a Elyon. Su mente era una de las más caóticas en las que había estado, su manera de hilar recuerdos se basaba en las emociones. Kove ya se lo había comentado, pero ahora lo estaba comprobando él mismo. Así que tenía que ir con mucho cuidado para no perderse en ese laberinto. Y el hecho de que su sobrina hubiera sufrido tanto y arrastrara las secuelas de vivencias que nadie debería experimentar, menos aún tan joven, hacía que el proceso de recordar fuera desagradable para él.
—¿Qué tal la sesión de hoy? —le preguntó Iyala cuando entró en la casa.
—Como las anteriores. Elyon piensa que realmente estamos avanzando, así que me conformaré con estar paliando su frustración. Solo consigo dar vueltas a los mismos fragmentos una y otra vez. De cada vez son más nítidos, así que no tardará en darse cuenta de que estamos en punto muerto.
—¿Y tú quieres que recuerde? —su mujer lo miró con seriedad.
—Si por mí fuera, no. Pero no puedo extraerlos y borrarlos de su mente porque no encuentro la raíz, y dejar esa bomba a la espera de que explote en el momento más inoportuno tampoco es una buena opción —Heon aceptó el vaso de agua que le tendió su esposa—. Es difícil encontrar algo cuando intentas respetar la intimidad de alguien. Si pudiera rebuscar libremente sería más fácil.
—Me alegra que a pesar de que ella te diera permiso, estés manteniendo su privacidad.
—¿Por quién me has tomado? —la miró con fingida indignación— Elyon cree que puede bloquear todo aquello que no quiere que yo vea, pero aún no es tan buena en Oclumancia como para impedirme ver algo si yo quiero verlo. No voy a asaltarla, me dé su consentimiento o no. La cosa no está tan mal.
Iyala miró a su marido frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
—¿Qué? —conocía de sobra esa postura de su mujer y no solía augurar nada bueno.
—Hay algo que te estás callando.
—¿Ahora eres legeremante? —la miró socarrón antes de ir hacia la cocina para escapar de ella.
—Heon.
El hombre suspiró dejando el vaso en la pica.
—¿Qué opinas de Severus?
—¿Por qué? —el elfo le hizo un ademán, insistiendo en que respondiera— No es mal chico. Es cierto que está muy, pero que muy perdido y solo, lo que le hace arisco e inaccesible, pero tiene buen corazón. Aunque muy tocado y con heridas que tal vez no cicatricen nunca porque él mismo no lo permite.
—Opinamos lo mismo entonces —musitó su marido rascándose la barba de varios días— ¿Crees que le hace bien a Elyon?
La elfa lo miró alzando una ceja.
—¿Es por su culpa que está tan triste últimamente? Me he dado cuenta de que Severus está más esquivo que de costumbre con todo el mundo.
Heon se frotó los ojos con cansancio. Un gesto claramente afirmativo.
—¿Qué has visto? ¿Qué ha pasado? —le puso una mano en el brazo, apretándoselo ligeramente.
Se miraron en silencio. Heon sopesó en si contárselo sería o no una buena idea.
—Se han besado.
—¡¿Cuándo?! —Iyala lo miró sin dar crédito.
—Durante el trance para sacarlo del coma. Elyon no se ha dado cuenta de que lo he visto, no quería que lo viera y he dado con ello por accidente. Ha sido muy rápido, no sé quién dio el paso antes, pero… de no ser porque es mi pequeña y mi instinto protector me dice que no deje que se le acerque nadie, diría que fue hasta bonito. Fue sincero. No sé cómo llegaron a ello, pero desde luego se dijeron las cosas que llevaban tanto tiempo callando.
—¿Y por qué parece que es algo malo?
—Porque Severus ha reculado, eso también lo he visto. Por eso está tan apagada desde su vuelta y por eso Severus ni se ha acercado a nosotros. Está marcando distancia.
—Pobre diablo, ¿de verdad se arrepiente? Pero si no hace falta ni tener ojos para ver cuánto la quiere.
Heon se encogió de hombros.
—Ese mago… tiene muchos demonios con los que lidiar, y por lo poco que he podido hablar con él sobre el tema, tiene miedo de que dañen a Elyon.
—¿Y por eso marca distancia? Es…
—Lógico. Pero no quiero que sus luchas internas afecten a Elyon, no lo voy a tolerar.
Iyala le cogió la mano y lo miró con dulzura.
—No te conviertas en un padre sobreprotector, para eso ya tiene a Azrael. Además, creo que ella es quien puede ayudarlo a derrotar esos demonios.
—Hay demonios que nunca nos abandonan.
—Entonces le enseñará a mantenerlos a raya, como yo te ayudé con los tuyos.
Heon sonrió con cariño abrazando a su mujer, apoyando su frente contra la de ella.
—No soporto verla así —inspiró con fuerza—. Maldita sea, deberían ser Liz y Ania quienes se encargaran de esto y no nosotros. No es justo que los estemos sustituyendo y robándoles a su hija.
—No empieces con eso, Heon —le susurró Iyala—. No los estamos sustituyendo, ella lo sabe. No va a olvidar a sus padres solo porque nosotros le brindemos la familia que necesita y de la que, igualmente, siempre hemos formado parte.
—Pero tengo que hacerlo bien, por ellos. Se lo prometí. Protegerla de todo lo que pueda hacerle daño.
Su mujer dibujó una pequeña sonrisa de resignación.
—Pero aun así has de dejar que se caiga de vez en cuando, que aprenda de sus errores ¿Cómo apreciará los momentos buenos si no sabe lo que son los malos? —frotó su nariz contra la de su marido—. Ha de andar su propio camino, como lo hemos hecho todos. Tiene que encontrarse a sí misma.
—Pienso seguirla de cerca entre los arbustos, te lo aseguro.
Iyala rio.
—Eres lo peor.
—Y por eso me quieres.
La besó con ternura, dejando que su mujer calmara sus temores, al menos durante un tiempo. Detestaba que sus niños se hicieran adultos, le guardaran secretos y poco a poco se alejaran de ellos. Era el proceso natural, pero no por ello lo aceptaba. La vida le había quitado tanto que quería mantener cerca lo que aún conservaba. No era fácil soltar la mano de sus pequeños cuando ambos ya cargaban con cicatrices que ningún niño debería tener.
…..✦…..
Elyon miró a los miembros del Consejo extremadamente erguida, intentando esconder su pánico. Era la primera vez que le preguntaban directamente su opinión y la forma en la que ella procedería. Era su momento de hacerse oír y estaba en blanco, con los ojos demasiado abiertos por la sorpresa y un rictus de pavor que no conseguía disimular "¡Maldita sea di algo! ¡Cualquier cosa!" pensó con angustia.
Separó los labios y de ellos solo salió un sonido lastimero que le hizo morirse de la vergüenza. Mandrac, Ornalis, Nalima y Ónager escondieron una sutil carcajada, el resto del Consejo la miró con un deje de compasión.
—Creo que nuestra nueva integrante no se esperaba que le pidiéramos opinión tan pronto —comentó Énimos—. No te preocupes, puedes intervenir cuando te sientas preparada, simplemente pide la palabra o interrumpe si lo ves necesario.
—Y si te hace sentir más segura, también puedes dar tu opinión en privado con alguno de nosotros si el hecho de tener tantos ojos pendientes de ti te incomoda —añadió Rasmu.
—No… Yo… Creo… Creo que antes de poder dar una opinión válida debería ir a ver la zona en persona. No veo correcto exponer mi punto de vista si en verdad no conozco la situación de primera mano —consiguió articular con voz firme.
—Una respuesta prudente y razonable —asintió Mandrac—. Si quieres podrías acompañarnos a la visita a Lustra.
—Además nunca has visto la vida de tu gente fuera de la capital. Los pueblos tienen un funcionamiento algo diferente y conviene que lo conozcas lo antes posible —añadió Nalima.
—No me siento del todo cómodo sacándola de la ciudad sin tener aún bajo control el revuelo que están creando los mítines y los sublevados —interrumpió Azrael.
—Para algo tiene un Protector, ¿no? —Ónager alzó una ceja con condescendencia— Y no irá sola. Puedes acompañarnos.
—Tengo que estar en el Ministerio de Magia ese día, no puedo anular esa cita porque pueden usarlo de excusa para retrasar todo lo posible las próximas reuniones y acuerdos.
—Si quieres, puedo ir en tu lugar a Lustra —se ofreció Rasmu.
—Me quedaría más tranquilo —asintió su abuelo—. Lustra está lejos de la capital y cuantos más sepan usar la espada a su alrededor, mejor.
—Sé defenderme, Kove me ha entrenado bien —Elyon miró a su abuelo con determinación.
—No me cabe duda. Pero estarás en un entorno desconocido y no sabemos cuántos sublevados puede haber en el pueblo. Puede no haber ninguno o pueden serlo todos.
Elyon se mordió la lengua, encararse con su abuelo era contraproducente. Era más sensato parecer sumisa.
—Que no salga de aquí que nos va a acompañar —propuso Énimos—. Si no lo saben de antemano, no podrán emboscar.
Al terminar la reunión Elyon se quedó rezagada adrede para poder hablar con Rasmu unos segundos, lejos del resto de oídos.
—He estado pensando… ¿Y si uso mi rastreo para saber si Ojzamor está en Lustra?
—¿Qué te hace pensar que podrías distinguirlo? —el elfo la miró con interés.
—Creo que lo vi, en mi habitación, la noche tras el primer ataque a Imtar. Y además tengo buena intuición —se encogió de hombros—. Un escalofrío en la columna, un pálpito…
Rasmu dibujó una pequeña sonrisa condescendiente.
—Nuestros Rastreadores experimentados lo han intentado. Y nunca han conseguido nada. La unión de los sublevados con la magia no es diferente a la de cualquier otro elfo.
—Pero ninguno de los Rastreadores es de una Gran Familia —puntualizó ella, en un tono más altivo del que pretendía.
El elfo contuvo una sutil carcajada.
—Diría que preferirías ser rastreadora a estar en el Consejo.
—Creo que con los Rastreadores sería mucho más útil que sentada a una mesa. Se me daría mejor —respondió con un suspiro de resignación.
—El Consejo es más importante y relevante de lo que crees, ya lo verás. Y algo me dice que con el tiempo se te dará mejor que a cualquiera de nosotros. Puedo ver el coraje en tu mirada, tu determinación. Podrías ser el ariete que derribe el muro que separa a los elfos de los magos.
Elyon apartó la mirada, incómoda.
—Yo no quiero derribar nada. Ya he hecho bastantes destrozos hasta ahora en las relaciones con los magos.
—A veces hace falta destruir para poder crear algo mejor ¿Acaso los bosques no crecen más fuertes después de un incendio? —le puso una mano en el hombro y se lo apretó con delicadeza—. Ya te dije que dejaras de tener miedo de ti misma, deja de contenerte. El momento de hacerte valer llegará pronto y no has de permitir que apaguen la llama que te mueve.
Durante unos segundos Elyon se dejó arrastrar por esos ojos azules como el océano. Con una sutil sonrisa el hombre se despidió de ella, dejándola sola en la sala ya vacía. Snape la esperaba fuera y la saludó con un asentimiento de cabeza. Como era costumbre la acompañó hasta su casa sin cruzar ni una palabra, aunque el mago vio la inquietud de la joven, cómo se torcía el meñique hacia atrás. Era un pequeño gesto sutil que había llegado a conocer muy bien. Lo hacía siempre que estaba nerviosa o no dejaba de darle vueltas a algo. Ahora su duda estaba en si era por lo que fuera que hubieran tratado en la reunión de ese día o por lo que pudiera haber estado hablando a solas con Rasmu.
Eso último a él también le causaba cierta intranquilidad. Si era sincero consigo mismo, más que intranquilidad era una emoción más primaria, irracional y que le quemaba por dentro. Era el principio de los celos a ese elfo que cada día parecía llevarse mejor con Elyon, con el que tenía más en común y que parecía entenderla y ser capaz de ayudarla mejor de lo que él podría nunca. Rasmu era de su mismo mundo, mientras que él era un mero invitado temporal. No podía evitar compararse con él. Y cada vez que se descubría haciéndolo en el resultado él era el gran perdedor por muchas razones diferentes.
—Snape —el mago dio un respingo cuando la joven lo llamó sin apenas levantar la voz—. Me gustaría salir del castillo esta tarde, para tomar un poco el aire. Llevo días encerrada y… lo necesito ¿Podrías…?
—Claro —asintió sin llegar a mirarla.
Escuchar su voz grave le produjo una agradable sensación en el pecho mientras su corazón se aceleraba. A veces olvidaba lo mucho que le gustaba su tono profundo y firme, en ocasiones también aterrador.
—Gracias —musitó Elyon con una pequeña sonrisa de gratitud.
Ni tan siquiera supo por qué se molestó en esbozar ese gesto, porque no la miraba. Su sonrisa se apagó gradualmente hasta desaparecer, una expresión apática y casi ausente la sustituyó ¿Por qué le estaba haciendo eso? Si tanto se arrepentía de aquel momento entre ambos al menos podría decírselo, porque ella tenía demasiado miedo a preguntárselo sabiendo la respuesta que iba a obtener visto cómo se estaba comportando el chico.
…..✦…..
Elyon no tenía un destino, se contentaba con poder caminar por las calles empedradas bajo el sol de la tarde, escuchando la vida de la ciudad. Era agradable salir del edificio de piedra blanca que había empezado a parecerle una prisión. Así que lo único que quería era estirar las piernas hasta que su acompañante, con uno de sus gruñidos hoscos, le hiciera ver que ya estaba cansado de dar vueltas sin rumbo.
En una de las calles se cruzaron con una elfa poco más mayor que Elyon, tal vez de unos veintipocos, con una brillante melena azabache recogida en una trenza que le rodeaba la cabeza como una diadema.
—¡Severus! —saludó al mago con alegría apresurándose a darle un fugaz abrazo.
—Hola, Calish —se limitó a responder él una vez la chica le soltó, esas muestras de afecto le seguían incomodando.
—¿Dando una vuelta? —preguntó aún con una mano apoyada en el brazo del chico.
—Cumpliendo con mis deberes —asintió él.
Elyon se los quedó mirando, o más bien a la mano que él tenía sobre la espalda de la joven, bajo los omóplatos, y que no había movido desde que había tolerado que lo abrazaran, algo realmente extraño en él.
Calish se giró entonces hacia ella, alejándose de Snape, e hizo una ligera reverencia con la cabeza de forma respetuosa.
—Encantada de conocerte en persona.
—Lo mismo digo —la semielfa se limitó a ser cortés.
No tenía ni idea de quién podía ser ni cómo es que era tan amiga de su Protector ¿Desde cuándo Snape se relacionaba abiertamente con algún elfo que no fuera Kove?
—No te entretengo más. Si en algún momento te dejan libre, ven a buscarme, tengo algo que seguro te interesa muchísimo.
—¿El qué? —el mago alzó una ceja, intrigado.
—Para saberlo tendrás que presentarte, no voy a volver a caer —contestó con un deje de resentimiento en la sonrisa resignada que había esbozado—. Ya sabes dónde encontrarme.
—Está bien —cedió con un gruñido—. Más vale que valga la pena.
—¡Ya lo creo que sí! —le guiñó con complicidad, sus ojos azules tenían las pestañas larguísimas.
Elyon se quedó mirando a la chica mientras se alejaba entre el resto de transeúntes.
—¿Quién es? —lo preguntó sin esperar que le respondiera, al parecer hablaba con todos menos con ella.
"Y para colmo es preciosa" pensó con amargura ¿Que si estaba celosa de esa extraña que parecía llevarse de maravilla con él? Por supuesto que sí, cómo no estarlo.
—Calish —respondió Snape—. La rescaté en el Callejón de Sauce cuando un mortífago intentaba forzarla, no recuerdo su edad, pero no debía de ser mayor de quince o dieciséis. Fue una de las pocas vidas que logré salvar ese día.
Elyon se lo quedó mirando con los ojos abiertos de par en par, por lo que le estaba contando y porque no esperaba que le respondiera.
—Y resulta que trabaja en una de las librerías de Imtar, la que tiene los mejores tomos sobre Pociones que haya visto nunca.
—Vaya —la joven fue incapaz de decir nada mejor—. Parece… maja, además.
Snape la miró por primera vez desde hacía días, no de pasada, si no directamente a los ojos. No supo descifrar su expresión. Se revolvió ligeramente incómoda mientras el calor acudía sus mejillas por el escrutinio al que la estaba sometiendo sin previo aviso.
¿Era posible que Elyon estuviera celosa? Calish era muy atractiva e inteligente, tenían en común el interés en todo lo que a mezclar ingredientes en un caldero se refería. Pero aparte de haber encontrado a alguien con quien debatir e intercambiar impresiones e información, no le interesaba lo más mínimo. No despertaba en él ningún tipo de atracción.
El joven intentó que su expresión no reflejara emoción. La pequeña posibilidad de que la chica pudiera estar celosa de la elfa le resultó graciosa y halagadora unos segundos, hasta que cayó en la cuenta de que eso no era bueno. O tal vez sí, porque confirmaba que ella no lo había besado por lástima. El problema era que él no podía corresponderla. No debía. No quería forzarla a recordar, ni a nada en verdad. Seguía teniendo la intención de dejarlo correr, aunque en verdad le costara horrores y una pequeña parte de él solo deseara que en algún momento ella recordara, para saber si lo que se cumplían eran sus anhelos o sus temores.
—Empieza a anochecer, deberíamos regresar ya —propuso.
Elyon se humedeció los labios y asintió, con los ojos tristes y las mejillas ligeramente sonrojadas. Un molesto hormigueo se instaló en el estómago del mago al verla así, tan frágil y adorable al mismo tiempo. "Déjalo ya, maldito enfermo". Lo que daría por volver a verla sonreír, por ser él quien le arrancara una de esas sonrisas que lo llenaban todo de luz.
Escucharon el revuelo mucho antes de verlo. Camino al palacio se toparon con una gran concentración de imtares, que se arremolinaban en una de las pequeñas plazas que servían de intersección en la ciudad. Subidos a la fuente que adornaba la glorieta había tres elfos: dos chicos y una chica. Elyon frunció el ceño. Esa elfa le sonaba, de la última Fiesta de la Primavera, era quien había conseguido ese año la corona para ser el Rey de las Fiestas.
—Es uno de los mítines —musitó la joven.
—No debemos estar aquí —Snape miró alrededor con recelo.
Elyon observó su colgante que se mantenía azul. No había peligro cerca.
—Me interesa escuchar lo que dicen —lo miró con determinación.
—Está bien, pero ni te alejes de mí ni te confíes.
La joven asintió llevando una mano a su antebrazo, para asegurarse de que la daga de su padre seguía estando allí. Snape, por su parte, estiró de un pequeño cordón que tenía alrededor del cuello, sacando del interior de su camisa gris una moneda de plata con un agujero en el centro, por donde se anudaba el cordón. Se lo acercó a los labios y dio el aviso a Kove, quien poseía otra de las monedas, de lo que estaba pasando en aquella plaza. Mientras sacaba aquel artefacto que funcionada como un walkie-talkie muggle, Elyon pudo ver fugazmente una cadena de plata alrededor de su cuello. Llevaba el guardapelo que le había regalado. Ese detalle la reconfortó, porque no sabía si darle aquel objeto había sido demasiado atrevido por su parte.
—¡Ya es momento de cambiar las cosas, de levantarse y exigir que se nos escuche! —gritaba aquella elfa— ¡El Consejo está anticuado, se aferra a las viejas costumbres, a ideas obsoletas que ya no nos sirven! ¡El mundo ha cambiado, los humanos han cambiado, si no lo hacemos también nosotros desapareceremos como nieve al sol! ¡Necesitamos un cambio y lo necesitamos ya!
Elyon se había ido acercando más para escuchar mejor lo que aquella joven decía. Se había esperado otro tipo de mítines, más bruscos, más violentos. Sin embargo lo que decían tenía sentido.
—¡Sabemos que ha llegado sangre nueva al Consejo, pero no es suficiente! —en ese momento la chica se la quedó mirado, la había reconocido entre la multitud— ¡Nuestra nueva voz está aquí! —la señaló sin tapujos y Elyon reculó inquieta hasta chocar contra Snape que estaba detrás, mientras miraba a quienes la rodeaban temerosa de sus reacciones, agobiada al ver cómo todos se giraban hacia ella— ¡Pero está sola rodeada de viejos valores que se enquistan y nos vuelven conformistas, sumisos!
Snape tenía la varita preparada. No debería haber aceptado el quedarse allí. Había demasiada gente y para colmo la habían señalado directamente. Si alguien estaba acechando, le habían servido a la chica en bandeja.
—¡Muchos pensaréis que los sublevados son lo que necesitamos! ¡Aquellos que se alzaron, se quitaron las vendas de los ojos y arremetieron contra los que nos oprimen! ¡¿Sabéis que os digo?! —la elfa hizo una pausa teatral que surtió efecto— Que os equivocáis, no son mejores que el Consejo —no alzó la voz y aun así se la escuchó en toda la plaza— ¡Nos vendieron! ¡Nos sacrificaron! ¡¿Cómo podemos apoyar a aquellos que, a pesar de saber que estamos desapareciendo, nos ponen en primera fila como si fuéramos carnaza?! ¡¿Cuántos de ellos, de nosotros, engañados por sus promesas de libertad han muerto para nada?! ¡¿Acaso habéis visto algún progreso?! ¡Porque yo no, y sé de lo que hablo!
Los tres elfos sacaron de sus bolsillos un pañuelo negro con una estrella plateada bordada. Los gritos de espanto, de indignación y de asombro se alzaron con fuerza desde cada rincón.
—Nos vamos ¡Ya! —Snape cogió con fuerza el hombro de Elyon y la arrastró para sacarla de aquella turba que empezaba a arremolinarse y que parecía capaz de tragarse cualquier cosa que se perdiera en su interior.
Pero la joven se resistió, quería escuchar lo que fuera que tuviera que decir esa joven, era la primera vez que veía a un sublevado sin pañuelo y resultaba que no daban miedo, que eran como cualquier otro. Eran como ella.
—¡He visto su verdadera cara! ¡Me han usado, me han manipulado! ¡No bañaré las calles con mi sangre, porque la sangre no puede solucionar nada! ¡No hay honor en morir así! ¡La violencia no es la solución, no nos llevará a ninguna otra parte salvo a la extinción! —su rostro estaba furioso y sujetaba el pañuelo en alto con fuerza, a la vista de todos.
La Guardia llegó a la plaza y se abrió paso a empujones entres los imtares.
—Los sublevados ya no me representan.
Y con esas palabras las llamas consumieron los pañuelos negros. Snape arrastró a Elyon fuera de la plaza. Tras ellos los elfos increpaban a los guardias que estaban deteniendo a los tres supuestos sublevados, mientras otros se encaraban a los que parecían defender lo que ellos consideraban un trío de asesinos.
—Si te digo que nos vamos, nos vamos —le espetó con enfado.
—No son sublevados —se quejó ella zafándose de su agarre con un fuerte tirón.
—Puede que sí, puede que no. No me importa. Soy tu Protector, tienes que obedecerme, sin rechistar. Eres mi responsabilidad.
—¿Ahora soy tu algo entonces? —una vez más habló sin pensar, simplemente se le escapó y, como siempre, en el momento más inoportuno.
La mirada rencorosa de la joven se clavó en el pecho del joven, que no supo enfrentarse a esa acusación ¿A qué se refería exactamente? Pero no hizo falta ni que ella respondiera, ya que fue la que se puso en marcha de vuelta al palacio dándole la espalda.
…..✦…..
El Consejo se había reunido de urgencia, y junto a él Kove y Heon. Habían dejado a Elyon fuera, por mucho que quiso estar presente. Alegaban que preferían que por el momento se mantuviera al margen de los asuntos de los sublevados para evitar despertar malos recuerdos y avivar el riesyl. En su opinión eran excusas muy pobres. Se suponía que ya era un miembro del Consejo de pleno derecho, que ya no la iban a dejar al margen de las decisiones importantes, que ya no le ocultarían nada de lo que sucediera tras las puertas de roble, que amortiguaban las conversaciones impidiéndole escuchar nada.
—Te vas a meter en un lío, no deberías estar aquí, si no en casa. Joder, me vas a meter a mí en un lío con Kove —Nuth la miraba con nerviosismo.
—Pensaba que eras el especialista en líos y que te encantaba meterte en ellos —respondió su prima intentando escuchar a través de la gruesa madera.
—No cuando mi trabajo depende de ello. Me podrían degradar, incluso expulsar de la Guardia. Sin contar que puedo perder mi puesto de Protector Suplente.
Elyon resopló molesta. No por lo que le decía el chico, en verdad ni le estaba escuchando, sino porque no conseguía oír nada salvo el rumor de una conversación lejana.
—¿Sabes dónde están las celdas?
—Claro que sé… No ¡No! ¡Ni hablar! ¿Para qué quieres ir a hablar ahora con ellos? —Nuth la miró horrorizado.
—Porque no me van a dejar hablar con ellos si se lo pido y necesito algunas respuestas antes de que desaparezcan.
—¿Pero qué te crees? ¿Que los van a ejecutar? No se ejecuta a nadie desde hace… años, desde las últimas guerras. Se los llevarán a Fraxis.
—Si no me dejan verlos aquí, mucho menos me van a dejar ir a Fraxis.
Su primo se mordió los carrillos con nerviosismo.
—Elyon, por favor… —la miró suplicante.
La chica le sostuvo la mirada sin vacilar ni un momento, fulminándolo por sus continuas negativas. Nuth suspiró rindiéndose.
—Esto me va a salir caro, seguro.
Al contrario de lo que esperaba, las celdas no estaban en los sótanos o mazmorras. Estaban en la zona más alejada del palacio, cerca de los barracones de la Guardia, en una de las torres. Si los prisioneros querían escapar era más probable que se las ingeniaran para abrir los muros y excavar en la tierra, que el que les salieran alas y escaparan de allí volando ante la vista de todos los guardias y grifos que custodiaban la zona día y noche.
Los dejaron pasar sin problemas. Reconocieron a Elyon y además la respaldaba Nuth. El joven sabía que esa visita llegaría ese mismo día a los oídos de Kove, su padre y el propio Azrael, y apretó los puños para mantener a raya la ansiedad que le arañaba el estómago solo de pensar la que se le iba a venir encima en apenas unas horas.
Las celdas no tenían nada que ver con las de Azkaban o las que se había imaginado. La piedra seguía siendo blanca y entraba luz a raudales por los ventanales asegurados con barrotes. Lo curioso es que el flujo de magia allí era mínimo. Alrededor de los marcos de entrada a las celdas había dibujadas un sinfín de runas que ella no había visto nunca y que impedían a los que estaban allí usar sus dones para escapar.
No había muchas celdas y prácticamente todas estaban vacías. Habían separado a los tres supuestos sublevados, los tenían encerrados unos lejos de otros a forma de aislamiento provisional. Pasaron primero por las de los dos chicos, que se los quedaron mirando con curiosidad. No dijeron nada, ni cambiaron la expresión serena y firme de sus rostros. Finalmente llegaron a la de la chica que había estado hablando, y que sentada en el camastro con la espalda apoyada en la pared, miraba abstraída el exterior a través de los barrotes. Sus muñecas estaban rodeadas por unos grilletes gruesos de hierro, en el que había grabadas runas. Eran idénticos a los que Eyon había llevado en el trance en el que la sumió Voldemort la Noche de las Hogueras.
La elfa debía de tener aproximadamente la misma edad de Snape. Su melena rubio ceniza apenas le llegaba a los hombros y las puntas se ondulaban ligeramente. Se lo había colocado tras las orejas dejando a la vista los pendientes y dilataciones pequeñas que tenía. En ese momento ladeó ligeramente la cabeza hacia Elyon y Nuth, fijando en ellos unos ojos castaños y redondos, rodeados de pecas. La semielfa reparó en el pequeño, pero elaborado, septum dorado que adornaba su nariz. Cuanto más la miraba la semielfa, más confusa se sentía. No era para nada la imagen imponente que se había creado de un sublevado y eso la descolocaba. Mábraros sí se había asemejado a lo que ella consideraba una amenaza imbatible, pero esa joven…
—Vaya, no esperaba que el Consejo apareciera tan pronto —sonrió con desdén—. Parece que el revuelo ha sido el suficiente para que por fin se nos de audiencia.
Elyon la miró con seriedad, con la espalda recta y la cabeza alta para aparentar algo de autoridad.
—No vengo de parte del Consejo.
La elfa resopló con hastío.
—Supongo que era demasiado esperar de ellos que dejaran este tema en manos de la nueva adquisición… Si no vienes de parte del Consejo ¿Qué haces, precisamente tú, aquí?
—Quiero respuestas —la miró con contundencia, ignorando cómo la había llamado—. Quiero saber quién es Ojzamor.
La chica estalló en carcajadas, aún apoyada contra la pared.
—¡Vaya! No te andas por las ramas ¿eh? —negó ligeramente con la cabeza— No sé quién es Ojzamor ¿Acaso crees que los sublevados se conocen entre ellos? Sería absurdo. Porque si cayera uno, caerían todos.
Elyon apretó los labios, no le gustaba el tono condescendiente que tenía con ella.
—Los conoces a ellos —señaló hacia las celdas en las que estaban encerrados sus dos compañeros, que se mantenían en silencio pero atentos a la conversación.
—Que no nos viéramos las caras ni diéramos nuestros verdaderos nombres, no quiere decir que no intercambiáramos alguna palabra cuando nos reunían para alguna misión. No hace falta mucho para saber cuándo alguien opina lo mismo que tú. El resentimiento es algo que casi puede saborearse en boca de otro —suspiró—. Lamento desinflar tus esperanzas, novata, pero hasta hoy mismo no he visto sus caras, y sigo sin saber sus verdaderos nombres. No todos vivimos aquí en la capital, no lo olvides.
—Deja de ningunearme como si no tuviera idea de nada —la advirtió con la mandíbula apretada.
—Y no la tienes. Te han tenido aislada siempre en una burbuja y acabas de salir de ella, no quieras aparentar más de lo que eres ahora mismo.
—Elyon… —le susurró Nuth como advertencia.
Su prima le hizo un ademán para que se callara. Sabía de sobra que esa chica la estaba provocando y no se la tomaba en serio, como parecían hacer todos a su alrededor. Estaba harta.
—¿Vosotros tres sois los que se han dedicado a hostigar a la gente contra el Consejo de pueblo en pueblo?
—¿De verdad crees que solo los sublevados tienen quejas respecto al funcionamiento de nuestra comunidad? Los sublevados no surgieron de la nada, antes fueron simples ciudadanos. Si entre los que nos hemos juntado para sacar a relucir las carencias de nuestro gobierno hay sublevados, lo ignoro.
—¿Por qué os oponéis al Consejo? ¿Por qué lo odiáis?
—Ni hostigamos a nadie contra el Consejo, ni lo odiamos. Es un organismo importante, se encarga de que nuestra comunidad sobreviva. Llevan siglos haciéndolo de maravilla, pero desde hace años ya no es útil ¿Sabes cuantos pueblos han sido abandonados por culpa de la invasión humana? ¿Cuántos bosques y criaturas se han perdido? Pregúntale a tu abuelo —la miró a los ojos con furia—. Cada paso atrás nos lleva irremediablemente a la extinción, pero el Consejo parece creer que la situación cambiará por si sola, que los magos se darán cuenta de su error y por ello no hacen nada. Los que componen el Consejo son demasiado viejos, viven en el pasado, cuando ambos pueblos respetaban el equilibrio. Y los que no son tan viejos, cansados de intentar oponerse al resto, han terminado por claudicar. Los elfos no deberíamos sobrevivir, deberíamos vivir. Si el Consejo no es capaz de verlo, necesitaremos uno nuevo. Tú lo sabes bien, lo estás viendo con tus propios ojos —ladeó una sonrisa condescendiente—. Dime si no, por qué estás aquí, sola, cuando se supone que no puedes ir a ninguna parte sin escolta —miró a Nuth de refilón con desagrado—. No te toman en serio ¿Cierto?
—Si no os conocéis entre vosotros ¿Cómo os unís a los sublevados? —ignoró deliberadamente la pregunta que le había hecho, no iba a entrar en su juego, no iba a dejar que la desviara de conseguir lo que había ido a buscar.
—Ellos nos encuentran. Tienen ojos y oídos en todas partes, saben quién puede ser útil para ellos y en qué.
Elyon entrecerró los ojos, con desconfianza.
—No me crees.
—Tengo motivos de sobra para ello —la joven se cruzó de brazos.
La elfa se levantó del camastro y se aproximó a los barrotes.
—Ni se te ocurra acercarte más —le advirtió Nuth colocándose frente a Elyon.
—Relájate soldadito, no puedo hacer nada con esto puesto —la elfa alzó sus grilletes.
—Como si solo fuerais peligrosos con la magia —puntualizó el chico con resquemor.
—Sois unos desconfiados —resopló ella, luego dibujó una ligera sonrisa—. Eso os hace más listos de lo que pensaba. Sois afortunados, parece que el Consejo aún no ha hecho mella en vosotros —volvió a centrar su atención en Elyon—. Si tan poco os fiais de mí, lee mi mente, no tengo nada que ocultar. Ya no.
Le tendió las manos con las palmas hacia arriba. La semielfa las miró con recelo.
—Eres legeremante, sé que esto para ti es fácil ¿Tienes miedo a dejarme en coma como ya hiciste con ese Protector al que tanto aprecias?
Elyon palideció en el acto, perdiendo la fachada de autoridad que se había esforzado en mantener.
—¿Cómo…? —le tembló la voz.
—Ya te lo he dicho. Los sublevados tienen ojos y oídos en todas partes. Y, cariño, lo saben absolutamente todo sobre ti. Tus habilidades, tus miedos, tus virtudes y… flaquezas—alzó ligeramente una ceja, de forma muy significativa—. Vives rodeada de lobos y eres incapaz de verlos.
Elyon dio unos pasos hacia atrás, con el corazón acelerado ¿Realmente lo sabían todo sobre ella? ¿Todo?
—No te lo tomes como un ataque personal. Nadie los ve. Yo no los vi hasta que vinieron a por mí, y aun cuando estaba en sus filas no sabía quién más a mi alrededor lo era cuando no había pañuelos de por medio. Esa es una buena baza para ellos: hacen creer al resto que lo tienen todo bajo control, que están ganando agazapados en las sombras y que es solo cuestión de tiempo que se pongan al frente de los elfos.
—¿Entonces por qué darles la espalda?
La elfa se arremangó el brazo derecho todo lo que la dejaron los grilletes. Bajo la tela aparecieron unas profundas cicatrices de quemaduras bastante recientes.
—Esto me lo hiciste tú en la Noche de las Hogueras, cuando te emboscamos —se abrió también el cuello de la camisa para mostrar que las quemaduras llegaban desde el antebrazo hasta la base de su cuello—. El plan era sencillo: acorralarte y azuzarte un poco para que te asustaras. Nadie nos dijo que te iban a drogar, mucho menos que tenías riesyl ¿Sabes cuántos elfos murieron esa noche? —Elyon negó con la cabeza, sintiendo como se formaba un nudo en su estómago— Veintitrés. Veintitrés vidas segadas en una sola noche. Sabían lo que iba a pasarnos y les dio absolutamente igual. En ese momento dije basta. Quiero que las cosas cambien, quiero lo mejor para la comunidad, pero no así porque no ganamos nada, solo perdemos más y más ¿Y para qué, para traer de vuelta a ese mago oscuro del que sé que no podemos fiarnos? ¿A tu costa, además? Venderte a un humano es una idea terrible, solo nos traerá más desgracias.
La sonrisa prepotente había desaparecido de su rostro a medida que hablaba. Su mirada se oscureció y sus hombros se hundieron con pena y cansancio.
—Si dejaste a los sublevados tras la Noche de las Hogueras ¿Cómo sabes que dejé en coma a mi Protector? Eso fue después —Elyon no terminaba de creerse todo lo que le estaba contando.
—Que decidiera hacerlo esa noche, no quiere decir que lo hiciera en el acto. Somos libres de abandonar sus filas en cualquier momento, pero nos vigilan para que ninguno se vaya de la lengua. Y yo no quería irme sin más y desentenderme. Algunos sublevados son extremistas, están rabiosos y quieren hacer justicia a su manera. Pero otros no… y de cada vez llegan más a sus filas, elfos corrientes que solo quieren un futuro mejor —se humedeció los labios—. Quiero impedir que se sacrifiquen inútilmente, quiero otro camino, uno intermedio y para eso tenía que, literalmente, dar la cara. Cuando los mítines empezaron vi el momento perfecto de hacerlo, me uní a ello sin pensar. No era solo yo un día dando un sermón que tal vez nadie escuchara. Me prepararon el escenario perfecto para contar la verdad y que muchos me escucharan, para hacerles ver que aunque todos queramos lo mismo, llevamos mucho tiempo errando los medios.
—Si lo que dices es cierto, te va a costar la vida. A ti y a tus dos amigos —Nuth la miró también sin que su desconfianza menguara— Porque os van a interrogar en busca de más sublevados.
—Lo sabemos. En cuanto nos saquen de aquí… dudo que lleguemos a Fraxis, es más, seguramente no pasemos de hoy. Pero es mejor morir enseñando al resto la verdad, que acabar abocados a otra guerra civil.
La semielfa frunció más el ceño. Todo ese discurso no le sonaba mal, pero seguía habiendo lagunas en lo que le contaba.
—Bonita historia, pero no has respondido a mi pregunta ¿Cómo sabes lo que pasó con mi Protector si ya no querías seguir en sus filas? —insistió Elyon.
—Porque seguí escuchando, fingiendo que no quería echarme atrás, para no levantar sospechas y seguir recabando información útil que pudiera salvar vidas inocentes, o la mía propia si en algún momento me acorralaban. Ya te he dicho que estamos rodeados de lobos, y todos debemos estar preparados para morder, porque ellos no se contendrán si tienen la oportunidad.
Elyon volvió a examinarla de arriba a abajo, con lentitud. Su lágrima seguía azul y la joven no le transmitía ningún tipo de inquietud, ninguna reacción desagradable como lo habían hecho, por ejemplo, los mortífagos. Tal vez dijera la verdad.
—No sabes quién es Ojzamor —admitió a desgana la semielfa, sintiendo que toda aquella charla no había servido para nada.
—Lo único que sé del funcionamiento de los sublevados es que tienen estratos. Quién los compone y cuáles son exactamente lo ignoro. Ojzamor es un nombre sin rostro que se susurra en las sombras.
La semielfa se mordió el labio ligeramente, acercándose de nuevo a los barrotes.
—Dame la mano —le pidió.
Ella estaba segura de que el hombre de pelo blanco de sus pesadillas era Ojzamor, conocía su aspecto. Si podía acceder a los recuerdos de la chica tal vez podría reconocerlo entre el resto, podría encontrarlo y podría poner fin a lo que no tardaría en comenzar si, como decía esa elfa, seguían errando los pasos en busca de una solución que contentara a todos.
La chica se la tendió, sacándola entre los barrotes.
—¿Cómo te llamas?
—Dalnara.
—Respira y relájate. Esto puede ser algo confuso.
La elfa inspiró hondo, exhaló y cerró los ojos, preparada.
—¡¿QUÉ CREEIS QUE ESTAIS HACIENDO?! —rugió una voz cuando Elyon estaba a punto de coger la mano de Dalnara.
Nuth y su prima se giraron. Azrael estaba allí, junto a Kove y Heon, y su expresión daba auténtico terror.
—Ejercer mi derecho como miembro del Consejo —respondió su nieta sin dejarse amedrentar.
…..✦…..
Las estrellas dibujaban un brillante mosaico sobre la ciudad, en silencio a esas horas de la madrugada. Elyon las miraba con el corazón encogido y la frustración hirviendo en su pecho. En sus oídos aún resonaban los gritos de su abuelo.
Nuth hacía unas pocas horas que había regresado a casa después de que Kove se lo llevará de las celdas. Su maestro no había dicho nada en ese momento, ni falta que hacía. Su primo se había encerrado en su habitación con un portazo. No había querido recibir a Feriel, ni siquiera mirar a la semielfa a la cara.
A Elyon le había caído una regañina no muy diferente a las que le solía echar su abuelo cada vez que intentaba tener algo de iniciativa que se saliera de las líneas marcadas por el Consejo y los protocolos. Pero a Nuth lo habían inhabilitado como soldado tres meses y como Protector Suplente hasta nuevo aviso. Según le contó Kove cuando trajo al chico a casa, había tenido suerte de que no hubiera sido expulsado directamente de la Guardia. Llevar a un miembro de las Grandes Familias, que en esos momentos se encontraba en el punto de mira, junto a unos supuestos sublevados sin ningún tipo de escolta adicional, había sido la mayor temeridad e irresponsabilidad que podría haber hecho alguien con tan poca experiencia. La razón por la que Kove no lo había expulsado era porque se trataba del hijo de Heon y conocía al chico lo suficiente como para saber que un día sería tan buen soldado como su padre, aunque ese día por el momento distaba de estar próximo. Todo podía haber sido una trampa. Seguían sin saber quién podía ser o no un sublevado y ya habían encontrado infiltrados en la Guardia, nadie olvidaba a Mábraros y su traición.
Ahora Elyon tenía que convivir con su primo resentido por haberse dejado convencer, encerrada en aquella casa hasta que alguien cualificado llamara a la puerta para escoltarla. No más paseos, ni salidas a la taberna, ni nada que no fueran reuniones con el Consejo o entrenamiento con Kove o Rasmu.
La joven comenzó a darle vueltas a las palabras de Dalnara. Había dejado de vivir en una burbuja para entrar en una prisión, en unas ocasiones de muros grises y en otras de muros blancos, que se iban intercalando a lo largo del año. "Los que no son tan viejos, cansados de intentar oponerse al resto, han terminado por claudicar. No te toman en serio ¿Cierto?" Suspiró con frustración. No quería claudicar, no pensaba claudicar, aunque resultaba agotador. Y como bien se había mofado aquella elfa, no se la tomaban en serio. Como mucho le preguntaban su opinión en temas relativamente sencillos, y empezaba a sospechar que simplemente por pura cortesía para hacerle creer que sí formaba parte del Consejo y que así se quedara tranquila, sumisa y feliz a un lado, esperando a la próxima vez que la dejaran hablar.
Apretó y aflojó los puños. No podía seguir entre esos muros, se estaba asfixiando. Sacó el silbato y lo hizo sonar. Eizen no tardó en aparecer cruzando el firmamento como una estrella fugaz.
—Trae a Thurin —le pidió.
El grifo se posó en la baranda del pequeño balcón con una gracilidad y equilibrio asombrosos para el tamaño que tenía. Sus gigantescas alas apenas hacían ruido al batir, por lo que de noche era apenas una enorme sombra capaz de saltar sobre todo aquello que quisiera, sin que la víctima lo viera venir hasta que ya fuera tarde para ella.
La joven se subió a su lomo con decisión. El animal no estaba ensillado ni tenía las riendas, pero aun así era seguro. Thurin no la dejaría precipitarse al vacío y podía dirigirlo sin necesidad de unas riendas, bastaba con estirar sutilmente de las plumas de su cuello. No era la primera vez que montaba en él a pelo, las escapadas nocturnas se habían convertido en algo habitual ese último año, cuando sentía que el mundo se empeñaba en enterrarla bajo un sinfín de responsabilidades con las que no quería cargar. Y durante la noche en las alturas estaba a salvo de sublevados, de mortífagos y de todo aquello que la acechaba.
Eizen voló junto a ellos dando vueltas a su alrededor, con piruetas casi imposibles, jugando con ambos. A la joven le encantaban esos momentos en el que solo estaban ellos tres surcando las nubes con el viento helado en la cara, muy lejos del mundo.
…..✦…..
Sus pies colgaban del borde de la plataforma de madera. Abajo el rugido de la cascada era apenas un arrullo, acompañado del canto de los mooncalf que correteaban por el pequeño claro en busca de alimento. Un ligero batir de alas lo distrajo, se levantó con un respingo cuando algo grande se posó entre las ramas que había por encima suya haciéndolas crujir. Fuera lo que fuera era enorme.
Alguien bajó a la plataforma descolgándose desde las ramas superiores, con un golpe seco. Ambos se mantuvieron la mirada, sorprendidos. Las ramas volvieron a crujir sobre sus cabezas y alzaron la vista. Thurin bajó también hasta la plataforma y se colocó junto a la chica después de dar una vuelta a su alrededor sin quitarle la vista de encima al mago, de forma protectora.
—No sabía que venías aquí —Elyon rascó al animal bajo el pico.
—Espero que no te moleste —Snape inspiró, inquieto.
La joven, que tenía las mejillas rosadas por el frío, negó con la cabeza, sin moverse de donde estaba.
—Simplemente me ha sorprendido.
—A veces necesito pensar —se encogió ligeramente de hombros.
—No esperaba que fueras capaz de volver aquí solo —pasó por su lado para sentarse en el borde de la plataforma.
—He aprendido a apañármelas para orientarme en Imtar.
Sacó su varita y se la puso sobre la palma, esta giró sobre ella hasta apuntar en dirección al palacio. Elyon dejó escapar un leve bufido de admiración. A ella nunca se le habría ocurrido un conjuro así, aunque en verdad en Imtar no lo necesitaba, sabía perfectamente cómo llegar a donde quería, algo guiaba sus pasos.
—¿Cuánto hace que te escapas aquí por las noches? —le preguntó el chico sentándose a su lado, pero dejando bastante espacio entre ambos.
—Es la primera vez.
—Claro —corroboró él con una mueca mordaz.
Elyon lo miró de refilón, conteniendo una carcajada.
—¿Desde cuándo te has apropiado de mi lugar secreto? —preguntó ella.
—Ya te he dicho que si te molesta…
—No me molesta —lo cortó, con la vista fija en el grupo de mooncalf.
—Desde que me lo enseñaste —respondió al fin.
La semielfa suspiró.
—Es imposible no venir aquí en busca de un respiro. Es como si este lugar estuviera en otro mundo, muy muy lejos de la realidad —musitó la joven.
Ninguno dijo nada más en un buen rato.
—Siento que creas que no me importas —soltó Snape de sopetón.
Elyon se giró hacia él, completamente descolocada por esas palabras.
—Me importas. No solo porque sea tu Protector —no la miró, y la joven se fijó en que agarraba con fuerza el borde de la plataforma, tenía los nudillos casi blancos—. Solo quería que lo supieras, después de lo que me dijiste esta tarde.
—Intento entenderte, pero me lo pones muy difícil. Tres años contigo y a veces me sigues pareciendo un extraño —comentó ella con tristeza.
—Es mejor así.
—Ya te dije una vez que no me pareces ningún monstruo. Yo también tengo esa parte oscura. Todos la tenemos, creo. No me das ningún miedo —lo miró apretando ligeramente los labios— Creo que ya solo tengo miedo de mí y lo que puedo hacer si no voy con cuidado.
Se miró la palma derecha, donde a la luz de la luna se podía apreciar la cicatriz surcando la piel como un relámpago.
Snape separó los labios para decir algo, pero los cerró de golpe y sacó del interior de la camisa la moneda de plata. La había sentido vibrar y calentarse, y se la acercó al oído. El chico palideció mientras se ponía en pie con rapidez.
—Vamos, tienes que volver al palacio antes de que se den cuenta de que no estás y directamente te pongan una cadena al tobillo para que no puedas salir, o le provoques un infarto a tu abuelo y a mí me corten la cabeza por ello.
—¿Qué pasa? —se levantó también, preocupada.
—Han asaltado las celdas, uno de los sublevados está muerto.
Elyon lo miró con horror.
—Ven conmigo, con Thurin llegaremos los dos mucho más rápido —la chica se subió al lomo del grifo y le tendió una mano.
—Ni siquiera tiene silla —miró al animal con desconfianza y el grifo bufó.
—No te caerás, te lo aseguro. Yo me encargo. Vamos, mi abuelo no verá con buenos ojos que llegues tarde a custodiarme si hay sublevados moviéndose por el palacio.
A regañadientes Snape se encaramó al lomo de la bestia, con mucha menos gracia que la chica. Thurin extendió las alas y alzó el vuelo tan rápido como sus potentes alas se lo permitieron.
…..✦…..
Consiguieron llegar al edificio antes de que nadie se percatara de que Elyon se había ido. Azrael pareció gratamente satisfecho cuando al presentarse a informar a su nieta vio que su Protector ya estaba allí, aunque sin su espada. Nuth no salió de su habitación, pero su prima supo que estuvo escuchando con atención a través de la puerta.
Se habían enterado del asalto al escuchar gritar a los detenidos. Una incursión rápida que había terminado con uno de los elfos renegados degollado en su camastro y un segundo en estado crítico tras recibir una puñalada en el hígado. Dalnara se había librado gracias a que los vigías llegaron con los gritos de su compañero. De los sublevados no había ni rastro, así que Heon se había ofrecido a montar guardia esa noche para evitar que los asesinos volvieran a terminar el trabajo. No se podía usar magia en esa parte del edificio, así que la única manera de terminar con los presos era presentarse allí.
Snape se quedó a pasar la noche en casa de Elyon, aunque no pegó ojo. Se habían doblado los soldados en las guardias, haciendo rondas continuas por todas las zonas del edificio, pero aun así no estaba tranquilo. Jugueteaba con la varita entre sus dedos, atento a cualquier ruido fuera de la común, vigilando cada sombra de la casa.
Elyon tampoco durmió. Atrancó la ventana de su habitación corriendo las cortinas y se sentó en el suelo contra la puerta cerrada del dormitorio, con la cabeza echada hacia atrás apoyada en la superficie de madera, la lágrima bien sujeta en su puño y la daga en la otra mano. Aunque todo estuviera en calma, en esos momentos no se sentía especialmente segura, ojalá Thurin cupiera en esa habitación con ella.
"Los sublevados tienen ojos y oídos en todas partes. Y, cariño, lo saben absolutamente todo sobre ti. Tus habilidades, tus miedos, tus virtudes y… flaquezas". Tragó saliva para intentar aliviar la pelota que tenía en la garganta. No había nadie a salvo a su lado, cualquiera era un objetivo para llegar a ella, el cebo perfecto. Cerró los ojos con fuerza conteniendo las ganas de llorar. Su flaqueza más grande era Snape, lo sabía muy bien, y ya lo había puesto en peligro varias veces. El Gusano, la emboscada la Noche de las Hogueras, su propio riesyl… de todo ello y más había escapado muy por los pelos.
La angustia le aprisionó el pecho cuando admitió que para mantenerlo a salvo de los sublevados debía alejarse de él, debía dejar atrás ese enamoramiento que igualmente no era correspondido. Debía olvidar ese beso. "Al menos lo conseguiste, una vez" se dijo a sí misma para consolarse, mientras una lágrima solitaria recorría su mejilla hasta la barbilla.
…..✦…..
Incluso con el cielo encapotado, Lustra seguía siendo un pueblo muy pintoresco. Todas las casas eran de color blanco, haciendo contrastar así sus partes de madera oscura y sus tejas color bronce. Al contrario que Imtar, no tenía todo el suelo adoquinado, solo los caminos principales y no por completo, por lo que parecía que toda Lustra estaba surcada por un río de piedra grisáceo bordeado de hierba verde y casas de entre dos y tres alturas.
Allí la mayoría eran granjeros y agricultores. Los campos de cultivo y pastoreo se extendían hasta donde alcanzaba la vista, terminando en los abruptos acantilados que daban al atlántico o en la arboleda que servía de frontera con los territorios humanos.
A Elyon le resultó curioso ver a elfos de otras etnias allí, venidos de Asia Oriental o de África. Por algún motivo pensó que los que llegaban desde tan lejos estaban asentados únicamente en la capital debido a su tamaño y las oportunidades que ofrecía, y que no encontrarían interés en los pueblos más exteriores y rurales. Obviamente se había equivocado por completo y estaba contenta por ello. También se cruzó con algunos habitantes que, como ella, Nuth y su tío, llevaban mechones azules. Una elfa que aparentaba tener cuarenta años llevaba el pelo completamente azul, muy muy corto y ondulado, tanto que era imposible que cubriera sus orejas con él.
Le habría encantado poder recorrer Lustra en toda su extensión, pero no era una visita de placer, sino diplomática. Quizá en otra ocasión podría ir más tranquila y con menos escolta. Snape, Kove y Rasmu eran los encargados de salvaguardarla en ese viaje. Su maestro le había aconsejado al mago, que iba en la retaguardia, llevar la capucha puesta en todo momento. Prácticamente todos sabían que el Protector de Elyon era un humano, pero una cosa era saberlo y otra verlo, y allí los ánimos estaban muy caldeados como para que un mago se paseara con la cabeza alta como si todo lo que pisara fuera de su propiedad. "Perfil bajo y sangre fría, ¿está claro?" le había dicho nada más llegar.
La reunión con los lustres se realizó en la pequeña taberna del pueblo. Allí Mandrac, Nalima y Rasmu hablaron con los habitantes sobre los últimos incidentes y malestares que no hacían más que crecer. Elyon escuchaba con atención a aquellos elfos que lo único que pedían era recuperar la calma y poder conservar su modo de vida y hogares, heredados generación tras generación. No querían ver cómo el territorio desaparecía bajo el asfalto y el hormigón, y cómo los campos se marchitaban y morían a causa de la polución. La semielfa empatizaba con ellos, ella tampoco querría abandonar un lugar como ese para trasladarse a la fuerza a uno nuevo, dejando atrás todos los recuerdos. Ya tuvo que hacerlo una vez y a días aún dolía.
No perdió la oportunidad de rastrear el lugar mientras todos hablaban por turnos y exponían sus puntos de vista sobre los problemas y sus posibles soluciones. Intentó averiguar cuáles de ellos podían ser o no sublevados.
—Deja de hacer eso —le susurró Rasmu poniéndole una mano en el brazo con delicadeza—. No todos los legeremantes son Rastreadores ni están entrenados, pero pueden darse cuenta del escrutinio. Yo me estoy dando cuenta y apenas tengo vestigios de esa habilidad. Así que para, es incómodo y una falta de respeto, pueden sentirse atacados por ello, más aun viniendo de ti. No añadas leña al fuego, cuanto más lejos de Imtar más simpatizantes hay de los sublevados.
Elyon se mordió el labio avergonzada y asintió, expirando largamente para salir de la Corriente de Magia.
Snape observó cómo el elfo se había inclinado hacia ella y le había susurrado algo. Apartó la mirada molesto, concentrándose en otra cosa. Estaba de pie tras el lugar que ocupaba el Consejo y a varios pasos de distancia, por lo que no había podido ver sus rostros para intuir qué pasaba, ni escuchar lo que decían. "Casi mejor así" pensó recuperando la compostura.
—Sangre fría, jovencito —le recordó Kove a su lado—. Para todo.
Su maestro le lanzó una mirada socarrona pero autoritaria. Snape puso los ojos en blanco y luego centró su atención en los lustres que había allí y que llenaban la taberna por completo, incluso había fuera del local escuchando a través de la puerta y ventanas abiertas. Fue entonces cuando reconoció a uno de los jóvenes que había fuera, asomado a una ventana.
—Kove —susurró, el elfo asintió levemente dando a entender que tenía su atención—. El elfo joven de la ventana, el moreno de pelo corto. Es el que sacó a bailar a Elyon antes de sufrir la crisis del riesyl.
—¿Y?
—Un mal presentimiento, una corazonada —se limitó a responder.
El hombre se quedó mirando al mago, sopesando qué hacer. Severus tenía buen instinto y tras el jaleo del brote, no dieron con el joven para hablar con él.
—Quedas al cargo.
Elyon se revolvió incómoda. Un escalofrío en la nuca. Miró sobre su hombro. Snape seguía allí, pero Kove se había ido. La semielfa miró a su Protector frunciendo el ceño, pidiendo una explicación, a lo que el chico respondió con un ligero ademán de la mano, para que se quedara tranquila, indicándole que no pasaba nada.
Aquella reunión multitudinaria tomó un rumbo que nadie del Consejo esperaba. Hasta allí había llegado la noticia de la detención del grupo de Dalnara y cómo la noche anterior habían intentado acabar con ellos. Muchos de los allí presentes solicitaron que la elfa formara parte del Consejo, querían ver a alguien como ella allí, un punto intermedio entre el Consejo y los Sublevados. Alguien que no había tenido miedo de enfrentarse directamente a ambos bandos a pesar de las consecuencias, que entendía lo dura que era la vida fuera de la capital y las presiones a las que los humanos los sometían.
Mandrac, Nalima y Rasmu se miraron entre ellos, sin saber cómo afrontar aquello. Había sido toda una sorpresa.
Muy hábilmente Rasmu desvió de nuevo el rumbo de la asamblea a las necesidades a cubrir en Lustra, mientras se preparaba la propuesta para el Ministerio que buscaba evitar que la población cayera en manos humanas. Prometió no ceder ni un metro cuadrado. Mandrac y Nalima lo miraron con inquietud, era una promesa difícil de cumplir y muy delicada, pero que apaciguó a los lustres.
No fue hasta el momento en que se despedían de los habitantes, dándoles las gracias por su hospitalidad, que Kove regresó en completo silencio, como si todo el tiempo hubiera estado allí.
…..✦…..
Snape esquivó la estocada con una finta. Intentó golpearla y ella lanzó un conjuro que golpeó el escudo conjurado por el mago.
—Bien. Volvamos a probar —les indicó Kove.
Ambos volvieron a enfrentarse hasta que los ataques quedaron en tablas chocando contra los escudos.
—Otra vez.
Jadeantes comenzaron de nuevo.
—Otra.
Su maestro les hizo atacarse hasta que finalmente el cansancio hizo mella y Snape falló el escudo, de manera que la hoja conjurada de Elyon lo alcanzó en el pulmón.
—Por fin veo un progreso, pero tenéis que mejorar la resistencia. La magia en batalla desgasta mucho —evaluó Kove.
—No lo habíamos notado —respondió el mago con sarcasmo.
—Guárdate tu acidez para otro momento, Severus —lo cortó su maestro—. No hemos terminado por hoy.
—¿No? —gimoteó Elyon, que sentía temblar sus piernas.
—No. Os he traído motivación extra.
La joven frunció el ceño. Nuth seguía sin hablarle ni querer estar en la misma habitación que ella, aunque Kove era lo suficientemente persuasivo como para hacerlo venir. Snape dibujó un rictus tenso cuando vio llegar a Rasmu con una espada de prácticas en la mano. La semielfa hizo un puchero.
—Esto no es motivación, es humillación —se quejó.
—La práctica hace el maestro, yo no nací con una espada bajo el brazo —comentó Rasmu, con una sonrisa de ánimo para la chica.
—Pues lo parece —resopló ella.
El elfo rio por lo bajo.
El enfrentamiento se desenvolvió tal cual Elyon esperaba: Rasmu no les dio cuartel y pudo con ambos como si nada. A cada victoria creció la inquina de Snape al sentirse un verdadero inútil frente a ese elfo, que no parecía ni esforzarse para vencer. Hasta que en un arranque el mago se lanzó en un ataque conjunto de magia y filo. De pronto estaba sobre el césped sin respiración, con un dolor atroz en el abdomen, justo donde terminaba el esternón.
—¿Estás bien? —Elyon se acercó a él preocupada.
Él solo atinó a asentir, con los ojos fuertemente cerrados mientras esperaba a que el dolor remitiese. Su orgullo tardaría más en reponerse.
—Ves con cuidado Rasmu, no quiero que lesiones al chico. Te recuerdo que por el momento no hay Protector Suplente, ya que tú has declinado la oferta —comentó Kove.
Elyon se giró hacia ellos con sorpresa alzando mucho las cejas. Snape abrió un ojo para mirar con desagrado a ambos elfos, no le gustaba que Kove no le tuviera al tanto de sus posibles sustitutos.
—Y yo me sentí halagado por la oferta, pero ya tengo bastante responsabilidad con el Consejo. Me gusta ser eficiente en mis deberes, así que no puedo estar en varios cargos a la vez cuando son tan diferentes el uno del otro. No todos tenemos la suerte de ser tan versátiles como nuestro actual Protector.
Rasmu miró a Snape, y este no supo cómo tomarse ese comentario. Pero no le gustó, ni las palabras ni cómo lo había mirado el elfo.
Su maestro dio la sesión por terminada. El mago aprovechó un momento en el que Rasmu y Elyon hablaban para ir junto a Kove.
—Déjame adivinar: no te gusta que no te informe de este tipo de decisiones y Rasmu no te cae bien desde aquella evaluación en Hogwarts —el elfo lo miró con condescendencia.
—En verdad quería preguntarte sobre ese chico de Lustra con el que fuiste a hablar.
No iba a darle la razón a su maestro, no hacía falta en realidad, lo tenía más que calado.
—Hay cosas que no hablo contigo porque solo conciernen al Consejo, y tú no eres parte de él —respondió Kove—. Pero solo para que te quedes tranquilo y no hagas ninguna estupidez te diré que no parece ser una amenaza —Snape abrió la boca para protestar—, pero he dado orden de que lo vigilen a cierta distancia, solo por si acaso. Me fío de tu instinto, pocas veces se equivoca.
El mago asintió, conforme. Seguramente su maestro ya le había contado más de lo que le estaba permitido desvelar.
—¡Rasmu! ¡Rasmu!
Los cuatro se giraron al ver venir corriendo a un hombre que aparentaba tener unos treinta y pocos. Se paró a escasos metros de ellos, inclinándose y apoyándose en sus rodillas para recuperar el aliento.
—Te hemos estado buscando. Necesitamos de tu maña con una de las yeguas —consiguió decir entre jadeos.
—¿Yeguas? —Elyon lo miró curiosa.
—No nací en Imtar, soy originario de un pueblo muy al norte. Vine siendo prácticamente un adulto, después de estar trabajando toda la vida en la granja de mis padres.
—No quiero interrumpir, pero se nos va a morir si no vienes ya —suplicó el hombre más repuesto.
—¿Quieres acompañarme? —le preguntó a la chica.
Elyon asintió emocionada y corrieron tras el elfo. Snape los siguió de cerca, él seguía siendo la escolta de la joven a pesar de que estuviera Rasmu, pensaba dejarlo muy claro.
Llegaron a las caballerizas. En el corral exterior había una yegua marrón con manchas blancas tumbada en el suelo y empapada en sudor, que relinchaba débilmente. Era obvio que estaba sufriendo. Elyon se acercó a la cabeza del caballo y lo acarició para calmarlo.
—Se ha desplomado y no ha podido volver a levantarse. Ha pasado más de una hora desde que las pezuñas han asomado ligeramente y de golpe Xatra se ha desplomado. Creemos que no está bien colocado y la yegua es vieja, no nos atrevemos a intervenir por si lo empeoramos más, lo más seguro es que el potrillo ya esté muerto —explicó otro de los elfos a cargo del animal—. Deberíamos hacerle una cesárea, pero con su edad…
—Queremos que lo intentes tú antes de abrir. Sabemos que si igualmente no hacemos nada fallecerá de agotamiento —comentó preocupada una elfa, que se retorcía las manos con nerviosismo.
Elyon colocó la mano sobre el vientre del animal y expiró largamente. Pudo ver al potro dentro de su madre.
—Está vivo —musitó—. Su corazón aún late. Ambos están exhaustos, pero resisten.
—¿Puedes verlo? —Rasmu la miró con admiración y ella asintió— Enséñamelo.
La joven alargó una mano para que él se la cogiera y permitirle ver lo que ella veía. El elfo la soltó tras haber analizado la situación, se arremangó la camisa e introdujo las manos en el canal del parto. La yegua relinchó con fuerza e intentó incorporarse.
—Tranquila preciosa, tranquila. Vamos a ayudarte, ¿vale? Confía en nosotros —le susurró Elyon cogiendo su hocico y acariciándoselo—. Vamos a seguir cuidando de ti, como siempre. A ti y a tu pequeño.
Miró a Rasmu con nerviosismo mientras seguía acariciando al caballo para que se mantuviera tranquilo. El elfo estaba concentrado en lo que hacía, casi con los ojos cerrados.
—Es demasiado grande y está muy encajado, le está presionando a la madre los nervios de los cuartos traseros, por eso se ha desplomado. Apenas tengo sitio para agarrar las patas y estirar —informó con frustración.
—Venga preciosa, solo un poco más —la animó la semielfa, sin dejar de acariciar al animal que ya resollaba de cansancio.
—¡Lo tengo!
Con cuidado Rasmu empezó a estirar poco a poco con fuerza. Los ojos de la llegua se abrieron hasta que pareció que se le iban a salir de las cuencas, y con una última contracción el potrillo salió del todo.
Los elfos aplaudieron con alegría y vitorearon, palmeándole la espalda a Rasmu, que se apresuró en romper el saco amniótico y limpiar el hocico y la boca a la pequeña cría para que diera sus primeras bocanadas. Junto a ellas sonó un débil relincho. La yegua volvió a tumbarse del todo sobre la hierba, agotada.
—Eres una campeona —le susurró Elyon.
—¿Quieres verlo? —Rasmu le sonrió aún con el potrillo pringoso en los brazos.
La semielfa se acercó a observar a ese pequeño animal que tiritaba mientras abría por primera vez los ojos al mundo, confuso y desorientado, pero vivo.
Snape observaba la escena desde el otro lado de la cerca de madera. Elyon estaba embobada con el recién nacido, sus ojos brillaban de ilusión y felicidad, mientras hablaba con el miembro del Consejo sobre lo que acababa de ocurrir y lo escuchaba casi con adoración. Desde luego su pasión eran los animales, el mago esperaba de verdad que pudiera compaginar aquello con sus labores diplomáticas.
Los celos volvieron a cernirse sobre él con sus garras afiladas al ver a la joven y el elfo hablar animadamente, mientras juntos atendían al potrillo. Más juntos de lo que a él le gustaba ¿Había algo que a ese hombre no se le diera bien? Kove había cruzado la línea haciendo que se enfrentaran. Se sentía realmente humillado e inútil. Creía ser lo bastante bueno para cuidar de Elyon tras la Evaluación y todo lo que había sucedido después, pero estaba claro que si él había resultado elegido era porque los que estaban realmente cualificados por el momento estaban ocupados en otros asuntos.
—Ahora tiene que descansar junto a su madre, ya puedes irte si quieres, dudo que intente ponerse en pie en breve —le dijo Rasmu alejándose del potro una vez lo hubo sacado del todo del saco amniótico—. Yo me quedaré un poco más para asegurarme de que todo va bien.
—¿No vas a ir ni a cambiarte? —Elyon miró sus manos y brazos, así como su ropa, machados y húmedos de los fluidos del parto.
—No corre prisa, me apañaré con un cubo de agua. En mi juventud en la granja familiar acabé rebozado en cosas mucho peores que esto —torció una sonrisa de resignación.
La joven le devolvió la sonrisa.
—¿Me enseñarás más cosas de las que aprendiste en la granja? Me vendría muy bien para mis estudios.
—Por supuesto. Aunque algunas se aprenden a base de práctica y es mejor que estos malos tragos no sean comunes.
Tras despedirse de Rasmu y el resto de elfos que quedaron al cuidado de madre e hijo, acudió junto a Snape.
—¿Te lo has pasado bien? —le preguntó el mago con un deje de hastío en la voz.
—Ha sido maravilloso verlo nacer y poder ayudar —los ojos de la chica seguían brillantes por la emoción.
—Tal vez deberías comentarle esto al profesor Kettleburn, por si te puede convalidar la asignatura —se mofó.
—Muy gracioso. Pero tal vez se lo comente por si me puede dar puntos extras —lo miró con malicia.
—No hablaba en serio.
—Pero yo sí.
Se dirigieron al palacio con paso tranquilo.
—Mañana viene Jason de visita, el primo de Will —lo informó.
—¿El que te asaltó en el camping? —la miró de soslayo, con desagrado.
—Me pidió perdón por eso. Ahora nos llevamos muy bien —sin darse cuenta comenzó a darle vueltas en su dedo al anillo que el chico le había regalado—. Es un buen amigo.
Snape prefirió morderse la lengua a decir lo que pensaba sobre ese chico y el motivo por el que seguramente ahora era un buen amigo.
—Quería enseñarle la ciudad, pero para eso tendrías que acompañarme…
—Tus deseos son órdenes —la cortó con sarcasmo.
—Este es el motivo por el que no quería decírtelo, sabía que te pondrías de un humor de perros —resopló—. Remus le ha dado su voto de confianza, y eso que le costó. Pensé que tal vez tú podrías hacer lo mismo.
Ese había sido un golpe bajo.
—Igualmente no es que te esté obligando a venir, lo que quiero saber es si, obviando que ni te vas a esforzar en que te caiga bien, crees que es buena idea que demos una vuelta por la ciudad así como están las cosas en Imtar o es mejor que nos quedemos en casa.
Los imtares seguían revueltos e inquietos después del mitin de Dalnara y el asesinato de su compañero y muerte del segundo tras no haber sido capaz de recuperarse del asalto. Los ciudadanos pedían seguridad, pedían nuevas líneas de acción, y eso incluía que la supuesta exsublevada formara parte del Consejo. De cada vez había más gente apoyando a la elfa y su muestra pública de valor y determinación.
—Que yo sepa sigues teniendo prohibido salir para nada que no sean tus obligaciones. Obviando eso, deberíais quedaros en tu casa. Ya le enseñarás la ciudad cuando todo esté más calmado. No es un buen momento para ir de excursión.
—Detesto estar encerrada —suspiró con fastidio—. Lo único bueno es que así Jason estará a salvo de tu escrutinio, seguramente con el de mi tío ya vaya a tener bastante. Ambos sabéis usar la legeremancia y no me fio de ninguno de los dos.
—Yo nunca utilizo la legeremancia sin una buena razón. Tu amigo me caerá mal, pero no tanto como para recurrir a esas técnicas.
—Pero… pero a veces la has usado, ¿verdad? —lo miró con curiosidad.
—Claro. Como tú —asintió.
—¿Es así como supiste dónde se escondían los Potter? —quería hacerle esa pregunta desde hacía bastante.
La expresión del chico se contrajo de dolor unos segundos.
—Sí. El Señor Tenebroso la usó para leer la mente de Pettigrew y yo aproveché para ver lo que él había visto mientras intentaba acceder a la mía, para saber si te dejé escapar adrede.
—¿Y él no se dio cuenta?
—Lo bueno que tenía el Señor Tenebroso era que su ego le impedía ver sus propias debilidades y la valía del resto. No concebía que hubiera alguien más capaz que él leyendo mentes u ocultando cosas, modificando recuerdos e inventando nuevos para mostrar lo que él quería encontrar —explicó con voz cansada, pero resentida—. Ese ego resultó ser mi mayor ventaja. Nunca se percató de mi doble juego ¿Cómo iba a ser capaz un crío de apenas veinte años capaz de engañarlo, a él, el Gran Mago Oscuro?
—Tuvimos suerte de que ese crío de apenas veinte años regresara a nuestro bando, ojalá haber tenido desde el principio cincuenta más como él —lo miró con agradecimiento.
—No sabes lo que estás diciendo ¿Cincuenta como yo dando clase en Hogwarts? —arrugó la nariz un momento— Bueno, tal vez así habría mejorado el rendimiento académico en Hogwarts, que falta hace.
—Por Merlín, habríamos fundado otro colegio con tal de escapar de vosotros —rio Elyon con fuerza.
La joven se alegró de que, tras aquella breve charla en el bosque, el nivel de tirantez entre ambos se hubiera relajado. Seguía habiendo un gran abismo entre ambos, que aunque doliera, era necesario. Pero al menos ahora hablaban un poco más y también sonreían un poco más.
…..✦…..
Había dedicado las horas previas a la visita de Jason a responder el correo. No había ninguna novedad remarcable ese verano con sus amigos. Will no había enviado ninguna carta y tampoco había respondido las pocas que Elyon le había enviado. Johnny seguía en casa de Grace y ambos no hacían más que quejarse de lo irritante que podía llegar a ser convivir con el otro, aunque entre líneas se podía ver lo contentos que estaban esas semanas ya libres de tener que ocultar su relación a los demás. Era cierto que Johnny estaba un poco más insoportable de lo habitual debido a la cuenta atrás hasta poder examinarse en Aparición, lo que hacía que fuera el resto los que más ganas tenían de que se sacara la titulación de una vez por todas. Lisa estaba pasando un verano tranquilo en Francia con su padre, visitando a antiguos familiares y haciendo amistades nuevas. Eso último intrigó bastante a la semielfa. Remus últimamente trabajaba más horas, su jefa estaba enferma y no terminaba de recuperarse del todo, así que lo había dejado al cargo del negocio con el que por ahora no podían permitirse contratar a nadie más. Al licántropo parecía no importarle, cuanto más trabajaba, más le pagaban, y quería hacerse con una buena montaña de ahorros por si, Merlín no lo quisiera, volvían los malos tiempos.
La última carta que le quedaba por enviar iba destinada a Azkaban. Llevaba sin enviar chocolate desde que estuvo entre los recuerdos de Snape, tras ver con sus propios ojos el acoso al que lo sometieron los Merodeadores. Y aunque seguía enfadada por aquello, una parte de ella se sentía culpable. Sirius había obrado mal en esa época, había sido el monstruo que atormentó a un chico solitario hasta convertirlo en aquello que el joven Black quería ver. Pero no era por eso por lo que estaba en Azkaban, no cumplía pena por hostigar a otro hasta sacar lo peor de él, si no por unos asesinatos que no había cometido. Era injusto privarle de un salvavidas que lo ayudara hasta poder salir de su celda. Elyon había hecho una promesa aquella vez en el juicio, no podía romperla ahora. Sirius tendría que rendir cuentas de sus errores en Hogwarts, la semielfa se encargaría de ello, pero no ahora, no en Azkaban. No era el momento de castigarlo por algo de lo que, tal vez, ya estaba arrepentido.
El cuervo salió volando por la ventana de la habitación con el paquete firmemente atado a su pata, por si las garras del animal en algún momento dejaban caer la pastilla de chocolate. Tras eso salió de su habitación y llamó con los nudillos a la de Nuth.
—¿Ya te has levantado? —preguntó casi en un susurro— Te he dejado el desayuno en la cocina, si no vas pronto se te enfriará.
La única que respuesta que obtuvo fue silencio.
—Nuth, de verdad que lo siento mucho. Creí que no serían tan duros contigo, que yo podría mediar y dejarlo en solo una amonestación leve.
Ni un ruido al otro lado de la puerta. La joven se concentró cerrando los ojos. No había nadie en la habitación, al parecer su primo se había ido mientras ella estaba con la correspondencia. Suspiró con pesar y fue hacia la cocina. El desayuno seguía allí, el joven no había tocado nada. Sabía que su primo seguía viviendo con ella simplemente por orgullo, por no volver a casa de sus padres cuando algo iba mal.
Jason llegó a las pocas horas y Elyon lo recibió con una enorme sonrisa. No lo abrazó, se contuvo cohibida y no supo la razón. Heon dijo que lo pasaría a buscar al atardecer, por las circunstancias que los rodeaban preferían que el chico estuviera de vuelta en casa antes del anochecer. También le advirtió sobre mantener las distancias y el consentimiento. Elyon sintió sus mejillas arder y cerró la puerta en las narices de su tío.
—Veo que está todo muy tenso —comentó Jason cuando se quedaron solos y consiguió dejar de reír por la reacción de la joven—. Y no solo por mi, ya veo, legendaria metedura de pata.
—Mejor dejar ese tema, a mi tío le encanta buscar las cosquillas a todos. Pero sí, no te haces una idea de lo tenso que está todo en cuanto a la ciudad. Siento mucho no poderte llevar a verla. Ni siquiera a dar un paseo por el linde del bosque —dibujó un puchero.
—Me doy por satisfecho sólo con haber podido verte cara a cara. Hubo un momento en el que llegué a pensar que se cancelaría del todo mi visita —Jason salió al pequeño balcón—. Desde luego las vistas son una maravilla, mucho mejores que las de mi casa.
—Si te asomas un poco más, puedes ver parte de la ciudad por la derecha —le indicó Elyon.
El chico se colgó un poco del balcón, estirándose todo lo que podía. Alcanzó a ver parte de Imtar tras las murallas blancas.
—La verdad es una pena no poderla visitar. Tengo una imagen mental maravillosa con todo lo que me has contado.
—A veces eso provoca que luego te decepciones —le advirtió.
—No creo. Mi imagen mental de ti con ropa elfa de estar por casa se ha quedado corta con la realidad —la miró con una sonrisa pícara.
Elyon se sonrojó hasta la punta de las orejas.
—Ya bueno… como no íbamos a salir…
—Para bien, se ha quedado corta para bien —rio.
La joven apartó la mirada unos segundos, con una sutil sonrisa.
—Hay algo que sí puedo enseñarte sin salir de aquí y que te va a dejar con la boca abierta. Abierta no, desencajada.
—Acepto el reto —se cruzó de brazos, a la espera.
La cara de Jason cuando Thurin se posó en la baranda del balcón no tuvo precio. Elyon había cubierto al animal con un conjuro para que fuera invisible a todo aquel que no estuviera dentro de la casa, no quería que sospecharan que podía escaparse de la vivienda a voluntad. Snape se había portado y no se lo había dicho a nadie, aunque le pidió que lo avisara si volvía a hacerlo, para saber dónde encontrarla si sucedía algo.
Tras enseñarle la casa y las curiosidades propias de su cultura que había en ella, se quedaron en el balcón aprovechando que ese día brillaba el sol. El mago se empeñó en aprender algunas palabras en élfico y Elyon intentó enseñárselas, fue un proceso divertido, el chico tenía una pronunciación realmente espantosa. No sabía qué era lo que intentaba hablar, pero desde luego élfico no era.
Cuando el sol comenzó a descender tomaron té sentados directamente en el suelo del balconcito, con las espaldas recostadas en los muros blancos.
—¿Will está bien? —le preguntó.
—Sí ¿No responde a tus cartas? —ella negó con la cabeza—. Está un poco más retraído que de costumbre, pero poco a poco le está mejorando el humor. Lo de la ruptura con Lisa ha sido un golpe duro. Max no se lo perdona, creo que estaba un poquito pillado de ella.
—¡Ay, no! —rio Elyon con ternura.
—Eso o le gustaba la idea de tener una hermana mayor, que también podría ser —Jason se encogió de hombros.
—Es difícil decir adiós a las personas que queremos —suspiró la joven—. Más aún si no terminan de salir de nuestra vida porque compartimos los mismos círculos.
El chico se la quedó mirando alzando una ceja, sin tener claro si le estaba hablando o no entre líneas.
—¿Y tú cómo llevas lo de estar en el Consejo? ¿Mejor?
—Para nada. Me siento muy sola. A veces pienso que me tienen en cuenta, otras que solo estoy allí porque he de estar, pero que en verdad les sobro.
—Ya te irás haciendo —le cogió la mano y se la apretó con cariño—. Yo al entrar en el banco estaba igual. Tenía la sensación de que todos me miraban con desagrado porque era hijo de uno de los dueños, pensando que era un inútil de pies a cabeza. Seguramente lo hacían, pero al final me he ganado el respeto del resto, les he demostrado que soy tan válido como cualquier otro que ha entrado ahí por méritos propios.
Elyon arrugó ligeramente la nariz. El problema era que ella no estaba segura de querer "hacerse" a ese puesto en el Consejo. No estaba segura de ser útil y de poder ayudar a los suyos, y si no podía ayudar ¿Entonces qué sentido tenía estar allí sentada el resto de su vida? Jason sintió su angustia y le apretó con más fuerza la mano, acariciándole el dorso con el pulgar.
Ese pequeño gesto la calmó, sintiéndose arropada. Recostó la cabeza en su hombro.
—Ojalá no te tuvieras que ir antes de que caiga el sol —musitó.
—Ya volveré, quiero conocer esas tabernas de las que tanto me hablas —apoyó su cabeza en la de ella.
Siguieron hablando hasta que finalmente Heon llamó a la puerta para escoltar a Jason fuera del edificio. El mago lo saludó en élfico y el hombre frunció el ceño, preguntando que si eso era alemán. Las carcajadas de Elyon resonaron por todo el corredor de esa zona del palacio.
…..✦…..
—No podéis estar hablando en serio —Ornalis miró al resto con estupor.
—Heon se ha encargado en persona de todo el interrogatorio, la ha examinado a conciencia. Fue sublevada y nos ha proporcionado toda la información que le hemos pedido, incluso más. Y tal y como dice, ha renegado de ellos y sus métodos —Mandrac la miró con seriedad.
—Y eso es fantástico, pero su lugar está en Fraxis, no en el Consejo —puntualizó la elfa.
—En Fraxis no durará ni un día, y el pueblo se nos echará encima. La han votado como miembro, es una decisión legítima. No podemos permitirnos, precisamente ahora, ponernos en contra al pueblo —intervino Énimos.
—Meter al lobo en la madriguera del conejo es una idea pésima —dijo Alena con voz queda.
—Ya hay lobos en la madriguera, la mejor opción es tener con nosotros a alguien que sabe cómo piensan —interrumpió Elyon.
Todos se quedaron en silencio y la miraron.
—Lo más inteligente es tenerla aquí, vigilada. Si da un paso en falso lo sabremos y podremos actuar a tiempo. Los sublevados siempre van dos pasos por delante, lo sabéis de sobra. Creo que es momento de admitir los errores y buscar soluciones y medidas de contención —prosiguió la semielfa con voz firme, mirándolos uno a uno.
Los miembros del Consejo sopesaron sus palabras unos momentos que a Elyon se le antojaron como siglos.
—Estoy de acuerdo —corroboró Rasmu—. Muerta no sirve de nada, solo para avivar el descontento. Si quiere redimirse, si dice la verdad, lo mejor es que sirva al pueblo en el Consejo.
—Es una incendiaria —Ornalis lo miró furiosa.
—Pues actuaremos de cortafuegos —dijo Azrael—. Debemos encontrar un equilibrio que nos lleve a buen puerto. Quedarnos estancados en un mismo punto solo conseguirá que al final nos hundamos y nos ahoguemos.
Elyon dibujó una pequeña sonrisa de orgullo. No solo se había hecho oír, si no que le estaban dando la razón. Se sentía tremendamente orgullosa.
—Votemos entonces sobre si aceptar a Dalnara en el Consejo —anunció su abuelo.
Uno a uno, los ocho miembros dieron su opinión alzando o no la mano.
…..✦…..
Alojaron a Dalnara dentro del palacio. Su nuevo hogar era secreto, solo lo sabían tres integrantes de la Guardia: Heon, Bazmel y Anderial, todos altos cargos militares. Ellos se iban a encargar de custodiarla y acompañarla cuando tuviera que salir de la vivienda. Era una medida de protección y al mismo tiempo de precaución, ya que nadie estaba totalmente seguro de que la elfa no estuviera jugando en el otro bando también.
Curiosamente esa situación hizo que Elyon se sintiera menos prisionera, o en todo caso, que tenía compañera de celda. Ambas sin poder salir sin escolta salvo en ocasiones muy concretas. Por eso cuando volvió a encontrarse con ella, dentro de la sala de reuniones del Consejo, sintió algo de empatía.
—Hola —la saludó al entrar, aún faltaban por llegar algunos miembros venidos de sus pueblos natales, lejos de Imtar.
—Hola —Dalnara asintió e intentó esbozar una sonrisa, que casi terminó en un rictus nervioso.
—¿Estás… nerviosa? —Elyon alzó una ceja.
—Jamás se me pasó por la cabeza que estaría en esta sala. Esto se me va a hacer cuesta arriba —admitió la elfa.
—Pensaba que era esto lo que querías, que el Consejo te escuchara.
—Sí, pero… tal vez como consultora, y ni eso. Hay una diferencia abismal entre que te escuchen y tengan en cuenta tu opinión, y que te pongan directamente en primera fila a formar equipo con los que te has estado enfrentando —suspiró intentando soltar algo de la ansiedad que sentía—. No esperaba que el pueblo me seleccionara para un puesto en el Consejo, menos cuando no hay vacantes.
—¿De verdad no contabas con esto? ¿Ahora quién es la novata? Los integrantes del Consejo los escoge el pueblo —Elyon la miró, socarrona.
—A excepción de las Grandes Familias —Dalnara la miró con perspicacia.
—Sí, a excepción de las Grandes Familias —admitió con un deje de hastío.
—A mí eso último me alegra. No pareces estar cortada por su mismo patrón, no sé si por la edad o porque te criaste fuera de nuestra sociedad. La cuestión es que no voy a estar sola rodeada de vejestorios apolillados.
—Uno de esos vejestorios apolillados es mi abuelo —le recordó con seriedad.
—Ten el valor de decirme que me equivoco.
Elyon miró a los miembros que estaban ya allí, entre ellos Rasmu y Énimos.
—No todos son vejestorios —puntualizó.
—Pero siguen estando apolillados —insistió Dalnara.
—Si sigues siendo tan directa y agresiva esto más que cuesta arriba, va a ser una escalada imposible para ti. Deberías relajar un poco tu tono —le aconsejó la semielfa.
—No prometo nada —suspiró la exsublevada.
Ambas fueron a sentarse a la mesa. Dalnara se frotó la muñeca con nerviosismo, haciendo que se le subiera un poco el puño de la blusa, dejando ver parte de las secuelas del riesyl.
—Perdón por lo del brazo.
La chica se giró con un respingo, miró el antebrazo que había quedado a la vista y dibujó una sonrisa sincera y calmada.
—No fue culpa tuya. No podía acudir a Torlok por motivos obvios —alzó una ceja—. Siempre he querido tatuarme el brazo y ahora tengo la excusa perfecta.
Elyon le devolvió la sonrisa. Empezaba a caerle bien Dalnara.
Las puertas de la sala se abrieron y entró el resto del Consejo.
—Llegó la hora de la verdad —bufó la elfa—. Astros, no me dejéis meter la pata —rogó—, al menos no hasta el fondo.
La semielfa apretó los labios conteniendo una carcajada.
…..✦…..
Feriel estaba recogiendo el taller. Ya era muy tarde y se restregó los ojos con cansancio, pero prefería dejarlo todo ordenado y limpio ahora, que tenerlo que hacer de buena mañana. No podía trabajar entre el caos, era algo que se le había pegado de su mentor. "Taller ordenado, mente ordenada" le solía decir. Estaba apagando los farolillos cuando la campanilla de la entrada al negocio sonó. Resopló molesto, juraría que había cerrado con llave ¿Quién puñetas se presentaba a esas horas a comprar o hacer encargos?
—Tendrá que venir mañana, por hoy estamos más que cerrados —informó saliendo del taller para despedir al inoportuno visitante.
—Precisamente por eso estoy aquí —respondió la voz de una mujer.
El chico se topó con una silueta encapuchada, envuelta en una capa tan negra que se confundía con las sombras del local. Allí la única luz que había era la que entraba desde la calle por los ventanales del negocio, pero fue suficiente para hacer brillar el bordado plateado del pañuelo que cubría el rostro de la mujer, bajo la capucha.
—Buenas noches, Feriel.
El chico se tensó, a la espera.
—Me sigue fascinando lo mañoso que eres, tanto con la madera —comentó la elfa paseándose por la estancia, toqueteando distraídamente algunos de los objetos expuestos—, como ganándote a los demás y sonsacándoles.
El chico la siguió con la mirada, con el corazón acelerado.
—Por eso me resulta curioso que, de todo lo que nos has ido contando, nunca nos comentaras lo muy maleable que es nuestra joven heredera. Es arcilla fresca esperando las manos adecuadas.
—No me pareció algo digno de mención —se encogió de hombros—, supuse que era un rasgo obvio teniendo en cuenta su edad y su carácter.
—Ya… supongo que tienes razón —la mujer suspiró, su voz adulta le resultaba familiar, pero seguía sin poder ubicarla.
—Si queréis algo en especial, simplemente decídmelo, no os andéis por las ramas. Los formalismos me aburren.
—Tranquilo, gracias a que has conseguido meterte en la cama del hijo de Heon, nos estás ofreciendo todo lo que necesitamos: una posición privilegiada en el mismo seno de la familia de Elyon. Una voz que susurre en su oído cada vez que ella dude el paso a dar. Un confidente a medida de nuestras necesidades.
La elfa se acercó y sacó del interior de su capa un trozo de tela negra perfectamente doblada y se lo tendió.
—Te lo has ganado, Feriel.
Él lo aceptó con una sonrisa de orgullo al desdoblarlo y encontrar la estrella plateada. Inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—Por el futuro y el pasado —agradeció él.
—Por el futuro y el pasado —se despidió la mujer, haciendo también una ligera inclinación, dejando escapar bajo la capucha un mechón de pelo castaño.
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¡Un saludo a todos!
