Disclaimer: Los personajes de «Miraculous Ladybug» pertenecen a Thomas Astruc.
Regalo de navidad para mi ángel en la tierra. ¡Feliz Navidad, DAIKRA!
Se acercaba la víspera de Navidad y en la ciudad del amor el espíritu de estas fechas se podía percibir en el aire.
Esa noche dos héroes celebrarían juntos uno de los acontecimientos más importantes del año.
Había sido a principios de diciembre cuando Chat Noir le propuso a su Lady que pasaran esa fecha juntos. Apenas había pasado un mes desde que celebraron Halloween y, a pesar de que la sorpresa le había encantado, no quería hacer lo mismo, por eso se lo pidió con anticipación.
Al principio la heroína se negó. Ella no pretendía que él mal interpretara las cosas, lo que menos deseaba era que el héroe se hiciera una idea equivocada en su mente gatuna, cuando ella sabía perfectamente, que su corazón pertenecía a cierto modelo.
Verlo tan desilusionado diciéndole que —no— le hizo sentir una punzada en el pecho.
Era evidente que esa celebración se compartía en familia, pero ellos no eran simples civiles que podían visitarse. Es por eso que a la heroína de París se le ocurrió que compartieran un momento agradable un par de días antes de la festividad, propuesta que al ser escuchada hicieron que los ojos verdes del felino brillaran de alegría. Esa fecha de un tiempo para acá solo le había traído amargos recuerdos y ahora una nueva ilusión regresaba a su vida, se sentía como aquel niño que sabía que se había portado bien todo el año y, en la Nochebuena estaba seguro de que Santa Claus le dejaría lo que tanto había anhelado. Las palabras de su Lady habían tenido ese mismo efecto, por eso se sentía bastante emocionado.
La reunión de esa noche se llevaría a cabo en el emblemático parque Champ de Mars situado en el séptimo distrito de París, en el cual se ubicaba la icónica Torre Eiffel. Era el sitio perfecto, pues para esas fechas el lugar lucía espectacular con todos y cada uno de los adornos que engalanaban la hermosa ciudad parisina.
Chat Noir cómo siempre se había encargado de crear un ambiente precioso. Le había dicho a su Lady que la esperaba cerca de las once de la noche frente a la torre en la Avenue Gustave Eiffel. Deseaba que juntos pudieran contemplar las resplandecientes luces del monumento, así como disfrutar de los árboles navideños que decoraban el parque.
Esa temporada hacía mucho frío, por tal motivo el felino pensó en llevarle una bufanda para que pudiera darse un poco de calor con las inclemencias del clima.
Él como era de esperarse había llegado antes. Se había preparado con una manta cálida, un termo con chocolate caliente y unos cuantos pastelillos de chocolate con almendras, también algunos bombones, unos cuantos snacks salados y para terminar un pequeño detalle en una cajita roja que reposaba en el centro de la cobija.
Estaba feliz, no podía creer que pasarían otra fecha importante juntos. Plagg había hecho de las suyas molestándolo cuando le contó sobre el acontecimiento, este le había dicho de manera sarcástica —si en esta ocasión— no se pondría a hacer decoraciones a mano como para Halloween, o si se iba a prestar a ponerse en ridículo con esos estúpidos retos que había realizado esa noche, a lo que Agrest se limitó a decirle que —no—, pues esta oportunidad sería distinto.
Esta vez había comprado todo, no esperaba que volvieran a jugar algo como verdad o reto, eso sería repetitivo. Para esta noche tenía pensado algo diferente, de hecho deseaba que fuera una cita un poco más romántica, tal vez abrazados el uno con el otro, pero sabía que eso no era posible, así que no se hacía ilusiones aunque, siempre se podía tener un as bajo la manga.
Tomó su bastón entre sus manos revisó el mensaje que le había ingresado y sonrió al saber que su Lady estaría con él en pocos minutos. Se puso alerta para recibirla cuando ella llegara.
Ladybug se encontraba emocionada, era algo que no iba a negar, para ella, Chat Noir era una persona importante. Se sentía mal por no poder corresponder a sus sentimientos, pero, ¿qué podía hacer? Su corazón pertenecía a otro y eso era algo que no iba a cambiar. Aunque, eso no la limitaba a vivir momentos importantes junto a su gatito que siempre la hacía reír y sentir querida.
Observó para todos lados hasta que encontró la silueta que estaba buscando, justó en la esquina oeste de la avenida estaba su fiel compañero, sonrió y siguió su camino hasta llegar junto a él.
—Buenas noches, gatito —dijo la azabache con una enorme sonrisa.
—Buenas noches, mi Lady —expresó el felino con una sonrisa aún más grande de la que ya tenía—. Te estaba esperando —señaló con sus brazos la manta con toda la deliciosa comida.
—Tú siempre tienes todo planeado —musitó mientras tomaba asiento en la enorme y acolchada manta.
—Todo debe ser perrrrrfecto a tu lado, mi Lady —argumentó con esa mirada pícara que tanto lo caracterizaba.
Ladybug suspiró. Sabía que no había forma de que Chat Noir dejara de ser tan detallista y romántico con ella, aunque agradecía que tratara la manera de compartir cómo amigos y no pensando en algo más.
—Reconozco que te quedó hermoso, desde el lugar que escogiste hasta la decoración, muchas gracias —comentó la joven con una pequeña sonrisa en sus labios.
—Toma, te traje esto para que no pases frío —le extendió con sus manos una delicada y suave bufanda rosa. Ella la tomó y agradeció el gesto, luego la envolvió alrededor de su delgado cuello—. Ahora no vas a congelarte, Bogaboo.
—Cuántas veces debo decirte que no me gusta que me llames, Bogaboo. —Ladybug rodó los ojos, no era la primera vez que le repetía lo mismo, pero al parecer a su gatito le encantaba hacerla enfadar.
—Como tú digas, Bogaboo —murmuró para sí mismo mientras se colocaba la bufanda celeste que había llevado para él.
La azabache respiró profundo, ese no era el momento para estar discutiendo por cosas sin sentido, él no iba a dejar de tratarla de esa manera por más que ella se lo pidiera, lo mejor era cambiar el tema.
—¿Qué es lo que trae ahí? —preguntó curiosa al observar el termo.
—Es chocolate caliente, ¿quieres un poco? —le ofreció amablemente.
—Sí, por favor —respondió en una súplica. Esta era una de sus bebidas favoritas y con ese clima, un poco del delicioso y dulce líquido no le caería nada mal.
—Tus deseos son órdenes, miLady. —Esa había sido una frase que el gatito adoptó para cada ocasión en la que la heroína le pedía que hiciera algo para ella.
Le entregó una taza con la bebida caliente y luego se sirvió otra para él, le ofreció un rico pastelillo que ella aceptó gustosa. Esa temporada se caracterizaba por estar rodeada de deliciosa comida y, para el héroe ese momento representaba la mejor cena navideña que había tenido en años.
Decidieron conversar sobre experiencias felices que habían vivido en sus navidades siendo niños, nada de circunstancias profundas que pudieran poner en riesgo su identidad, pero sí lo suficiente como para saber que Ladybug creía en la magia de esas fechas y que para Chat Noir representaba todo, menos alegría.
La heroína se sintió mal al saber que su fiel compañero tenía cierto recelo a la festividad por situaciones de su vida, pero por mucho que deseara preguntarle el por qué, sabía que no debía hacerlo. Así que lo mejor sería buscar algo más que pudieran hacer para alegrarle la vida a su gatito.
—Chat Noir, ¿te gustaría ver las luces de la ciudad conmigo? —inquirió la azabache ladeando un poco su rostro, observando de esta manera la expresión de sorpresa del felino.
—Cla-claro mi Lady, no tienes que preguntar, sabes que contigo estoy dispuesto hasta ir a la luna si fuera necesario —respondió con una enorme sonrisa, la cual dejaba ver su blanca y perfecta dentadura.
Ladybug sonrió, se puso de pie y le extendió la mano para que este la tomara.
Él no lo pensó dos veces y le tomó la mano que le estaba ofreciendo. Pestañeo un par de veces al sentir cómo ella lo jalaba, estaba corriendo y prácticamente, lo iba arrastrando a su lado.
Apenas pudo inhalar un poco de aire cuando se detuvieron al pie de la enorme Torre Eiffel. Iba a preguntarle a qué lugar quería llevarlo cuando sintió que las manos de ella lo tomaban por la cintura obligándolo a pasar su brazo por encima de sus hombros. La vio tirar de su yo-yo y, lo único que sintió fue cuando se elevaron por los aires y fueron a aterrizar al mirador de la espectacular torre.
—Llegamos —comentó con una sonrisa mientras veía a su compañero recobrar la compostura. Era claro que él no se esperaba que fueran hasta ese lugar y mucho menos así tan de repente.
—¿Alguna vez te dije que me gustaban las sorpresas? —Ella negó levemente—. Pues… todas las que vengan de ti son perrrrrfecta, Bogaboo.
La heroína rodó los ojos con fastidio, estiró su brazo y su mano derecha la puso sobre su frente, ¿era en serio, no iba a dejarla de llamar por ese apodo? No, era claro que nunca se lo iba a dejar de decir, parecía que a Chat Noir le encantaba verla molesta. Pero ella lo había llevado ahí para que él despejara la mente de sus malos recuerdos, ya habría tiempo después para reclamos.
—Ven gatito, observemos la ciudad —Ladybug le hizo una señal para que se acercara a su lado.
—Esto es impresionante, ¿no te parece mi Lady? —cuestionó observando como ella asentía despacio con su cabeza.
Ambos héroes contemplaron la hermosa ciudad, era algo majestuoso digno de ver por lo menos una vez en la vida. La ciudad del amor estaba adornada en cada rincón con decoraciones navideñas, las luces de las calles brillaban más que antes, los árboles se veían preciosos con todos sus adornos, la impresionante torre hacía un espectáculo maravilloso con su iluminación, misma que se reflejaba en la blanca nieve. Definitivamente, no podía haber nada más romántico que pasar esas fechas en París.
»—Gracias, mi Lady —expresó con profundo agradecimiento el detalle.
—Me alegra haberte hecho sonreír —musitó la azabache feliz de haber logrado disipar aunque sea por unos instantes los malos recuerdos de su compañero.
Chat Noir la vio con ternura y recordó que era un buen momento para obsequiarle su regalo de Navidad, algo que venía pensando desde que la invitó a que celebraran esa festividad juntos.
—Toma, esto es para ti —extendió la pequeña caja roja y se la dio en sus manos—. Espero te guste.
—¿Qué es esto? —indagó sorprendida al tener el pequeño regalo sobre sus manos—. ¿Esto no estaba sobre la cobija?
—Es exactamente la misma caja que te estaba esperando, mi Lady —contestó con una risa pícara en su rostro.
—¿En qué momento la tomaste? —cuestionó. Ella que era tan observadora pasó por alto que él en esta ocasión había sido más astuto.
—Mientras me ponía de pie y tomaba tu mano —respondió encogiéndose de hombros—. Pero, no sería mejor que la abrieras a estar preguntando en qué momento la tomé. Créeme te encantará el regalo.
Ladybug lo vio de reojo antes de abrir la pequeña caja roja, el gatito tenía una risa muy peculiar que le hacía pensar que lo que había ahí adentro, era alguna de sus locas sorpresas. Como si hubiera sido en cámara lenta, la heroína quitó poco a poco la tapa, se encontró con mucha serpentina y al meter la mano hasta el fondo sacó una distintiva rama con hojas verdes y bayas rojas. Una planta poco común, pero muy tradicional de esas fiestas.
—¿Qué es esto? —inquirió curiosa sosteniendo la pequeña rama en su mano derecha.
—Es muérdago, mi Lady —respondió mientras se acercaba a ella para quitársela de la palma de su mano—. Sabías que… es una tradición navideña darse un beso debajo de esta planta —explicó estirando su mano y colocándola encima de sus cabezas.
—Chat Noir, ¡estás loco si piensas que te voy a besar! —exclamó poniendo los ojos en blanco.
—No es la primera vez que lo hacemos, recuerdas que hasta tenemos una foto en el Lady Blog —comentó haciéndole recordar a la azabache ese vergonzoso momento que había quedado plasmado cuando ambos perdieron la memoria gracias «Oblivio»—. Mi Lady es una tradición navideña.
La heroína resopló y se puso la mano en la frente, ¿cómo le podía hacer entender que no quería ilusionarlo? ¿Sería correcto recordarle que a ella le gustaba alguien más? No, eso sería muy cruel. Estaban en plena víspera de Navidad, él se sentía muy solo y ella no quería romperle aún más el corazón en esa fecha. Así que con su ingenio pensó en algo que los dejaría satisfechos a los dos.
—Está bien, te daré un beso, pero será solo uno, entendido. —El héroe asintió con la cabeza muy ilusionado, preparado para recibir ese beso que tanto deseaba por parte de su Lady—. Cierra los ojos.
Chat Noir obedeció rápidamente la orden que le había dado. Ladybug pudo observar que el gatito estaba nervioso, pues aún sostenía el muérdago sobre su cabeza y la mano le temblaba un poco.
Despacio y sin hacer mucho ruido la azabache se le fue acercando, se veía tan tierno con sus ojos cerrados, parecía un ángel el cual había llegado a su vida para hacerla sonreír. Suspiró y luego posó sus manos sobre sus hombros, lo sintió tensarse al sentir el contacto, pero rápidamente se relajó. Ladybug sonrió y finalmente, llevó sus delicados labios hasta su ruborizada mejilla, subió una de sus manos hasta su otro pómulo y lo acarició dulcemente, intensificando de esta manera el tierno beso.
Se separó de él y sin decirle nada lo abrazo transmitiéndole con ese gesto todo el cariño que ella le tenía.
»—Feliz Navidad, gatito —susurró cerca de su oído.
—Feliz Navidad, mi Lady —musitó el héroe al rodear con sus brazos a la heroína.
Ambos permanecieron abrazados por unos instantes, cada uno disfrutaba de la compañía del otro, eran el dúo perfecto y estaban agradecidos de poder salvar juntos a París. Quizá nunca podrían compartir sus verdaderos sentimientos, pues sus identidades debían permanecer en secreto, pero nunca se puede saber lo que la vida les tenía preparado y pudiera ser que la magia que existía en el corazón de cada uno, lograra que algún día cada quien fuera correspondido con lo que más anhelan.
»—Gracias por celebrar esta fiesta conmigo, Bogaboo —expresó al separarse del contacto de su compañera.
—Tú, ¿nunca vas a cambiar verdad? Gatito terco —comentó entre risas la heroína. Casi era Navidad, merecía dejarlo ser feliz.
—Dejaría de ser perrrrrfecto, mi Lady —expresó guiñándole un ojo.
Definitivamente, ese era su gatito. Aquel que por dentro llevaba una pena muy grande, pero él que cada día trataba la manera de hacerla sonreír con sus locuras y sus muchas aventuras.
—Celebramos el otro año juntos, ¿te parece? —preguntó Ladybug con una cálida y sincera sonrisa.
—Por supuesto, es otra promesa —dijo el gatito estirando su mano para que su compañera la estrechara.
Ella la tomó para sellar el pacto, cuando sin decirle nada Chat Noir la jaló pegándola a su cuerpo. Llevó su otra mano hasta su barbilla y le regaló un pequeño y casto beso cerca de la comisura de sus labios. Se separó de ella dejando a la aludida sin palabras.
»—¡El último en bajar le debe al otro una caja de chocolates! —exclamó mientras saltaba del mirador de la emblemática Torre Eiffel.
—Oye eso es trampa —expresó la heroína haciendo un puchero, antes de lanzar su yo-yo para descender hasta el suelo—. El próximo año veremos quién es el más listo, gatito tramposo.
Con esa determinación y una promesa los héroes disfrutaron de la nieve al llegar al suelo, lanzándose bolas el uno al otro como si de dos chiquillos se trataran.
La víspera de Navidad no podía haber sido más divertida y especial.
FIN.
¡Hola!
¿Cómo están?
Este pequeño One-Shot es una continuación a «Dulce o truco» así que espero lo hayan disfrutado.
Solo quería desearles una linda navidad. Que el nacimiento del niño Jesús les llene de muchas bendiciones y alegrías.
Gracias a quienes me acompañan en cada nueva locura que hago, se los agradezco de todo corazón.
Ángel, espero te guste tu regalo, es con todo mi amor. Gracias por ser el mejor obsequio de este año. Te amo con mi alma.
¡Feliz Navidad! ¡Próspero año nuevo!
Nos leemos el próximo año.
Con amor.
GabyJA
