Disclaimer 1: No me pertenecen ni la historia ni los personajes. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de savvyliterate, yo solo traduzco.
Shikon no Go
El idioma de Shikon
Un fanfic en 100 capítulos
Disclaimer 2 (de la autora original): Esta historia está basada en «Kendo no Go: A Fanfic in 100 Chapters», de Akai Kitsune. Su historia, por su parte, es una parodia de «In the Language of Love», de Diane Schoemperlen. ¡Agradecimientos a Akai Kitsune por dejarme tomar prestada su idea para un fic!
«Inuyasha» es propiedad de Takahashi Rumiko.
Ж•Ж•Ж•Ж•Ж
Capítulo 87: Madre
La madre de Sesshoumaru tenía una cama que era tan grande que, cuando era más pequeño, estaba bastante convencido de que era un pequeño país en mitad del vasto reino de su madre. Tenía un cabecero ornamentado con toda suerte de imágenes talladas. Eran leyendas, le dijeron, las historias de cómo los antiguos grandes inu-youkai habían gobernado las Tierras Occidentales.
Cuando no era mayor de lo que era ahora Rin, solía subirse a la cama al lado de su madre y escuchar su relato de esas historias.
—Recuerda estas historias, Sesshoumaru —le dijo—. Un día gobernarás las Tierras Occidentales. Criaré a mi hijo para que sea uno de los grandes Señores youkai y tu estatus igualará al de tus ancestros.
Cientos de años más tarde, estaba mirando fijamente aquel mismo cabecero con sus mismas representaciones ornamentadas y se preguntó si su madre alguna vez le había contado la verdad sobre algo. Sí, supuestamente era el Señor de las Tierras Occidentales. Pero no tenía un palacio, no como el que su madre tenía en el cielo. Había creído que le había pertenecido a su padre, pero descubrió en un horrible momento en su adolescencia que su madre lo había aportado al matrimonio.
Cuando se cortaron los lazos, el palacio y todas las historias se fueron con ella.
—¡Sesshoumaru-sama! —Rin se subió al ancho colchón para poder mirar mejor las tallas—. ¿No son bonitas, Sesshoumaru-sama?
Su mano se cerró automáticamente en puño y se dio la vuelta.
—Nos vamos, Rin.
—¿Le vas a negar a la niña la oportunidad de escuchar las historias que una vez te conté?
Sesshomaru bajó la mirada al rostro divertido de su madre.
—Rin no tiene necesidad de escuchar tales tonterías.
Su madre arqueó una regia ceja.
—Ah, ¿sí? ¿Sabes? Una pequeña historia le vendrá bien, teniendo en cuenta el calvario por el que acaba de pasar.
—No es momento para que nos relajemos.
Sesshoumaru no miró por encima de su hombro, pero sabía, a juzgar por el sonido de armas tintineantes, que Kohaku se había unido a Rin para admirar el cabecero.
Su madre presionó sus nudillos ligeramente contra sus labios.
—Y pensar que por primera vez en décadas le has regalado a tu indigna madre tu presencia solo para usarme y marcharte. Qué hijo más frío y cruel tengo.
Sesshoumaru luchó contra todos sus instintos para no poner los ojos en blanco ante el dramatismo de su madre.
—Te estás pasando, madre.
—No —dijo su madre, soltando un lloriqueo para enfatizarlo—. Deberías ser mejor hijo. ¿Sabes que la… bueno, la otra descendencia de tu padre le lleva flores habitualmente a la tumba de su madre? ¿Por qué no puedes ser tan buen hijo?
—Compararme con Inuyasha no te va a llevar muy lejos —contestó Sesshoumaru con voz tensa.
—De acuerdo, entonces. —Con su voz de repente más potente, su madre se echó el pelo sobre el hombro y cruzó la habitación—. ¡Pequeños! ¿Queréis escuchar las historias de los grandes Señores youkai del pasado?
Sesshoumaru empezó a hablar, luego captó la luz en los rostros de Rin y Kohaku. Su madre se sentó en la cama y los dos humanos se pusieron cerca de ella.
—Érase una vez…
—¿Sesshoumaru-sama? ¿No nos íbamos?
La voz chillona de Jaken interrumpió la baja entonación cantarina de su madre mientras empezaba a impartir los antiguos cuentos. Sesshoumaru sostuvo una mano en alto, señalándole a Jaken que se callase. Frunció el ceño mientras ella se lanzaba a la historia más larga que conocía, una que llevaba varias horas contarla. A este paso, se verían obligados a quedarse a pasar la noche.
Los ojos de su madre encontraron los suyos y brillaron con una luz traviesa, y él supo que lo había fingido todo. Con un suspiro de resignación, Sesshoumaru se apoyó contra una pared, cerró los ojos y, por primera vez en años, escuchó de verdad a su madre.
Nota de la autora: Este capítulo tiene lugar después del capítulo 471 del manga. El tema original de este capítulo era «Cama».
