Disclaimer 1: No me pertenecen ni la historia ni los personajes. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de savvyliterate, yo solo traduzco.

Shikon no Go

El idioma de Shikon

Un fanfic en 100 capítulos

Disclaimer 2 (de la autora original): Esta historia está basada en «Kendo no Go: A Fanfic in 100 Chapters», de Akai Kitsune. Su historia, por su parte, es una parodia de «In the Language of Love», de Diane Schoemperlen. ¡Agradecimientos a Akai Kitsune por dejarme tomar prestada su idea para un fic!

«Inuyasha» es propiedad de Takahashi Rumiko.

Ж•Ж•Ж•Ж•Ж

Capítulo 88: Esperanza

Pequeñas gotas de humedad salpicaban la frente de Shippou y levantó la mano instintivamente para frotarse. Cerró los ojos con fuerza, sin querer despertar realmente todavía. Estaba tan calentito, abrigado de verdad por primera vez en días. Había hecho bastante frío, pero sus padres aun así habían querido subir las montañas antes de que el invierno se asentara del todo.

Shippou no pudo opinar realmente y deseó en secreto que permanecieran en las tierras del norte solo durante un invierno. Quería hacer un muñeco de nieve, hacer rodar las mullidas bolas blancas que caían del cielo para formar pelotitas y hacer una pelea contra su padre. Pero era pequeño y, dado su tamaño, su voto normalmente era desestimado.

Unas cuantas gotas más de humedad salpicaron su piel y Shippou hizo una mueca. Extendió sus sentidos. Podía oler a su padre en algún lugar en la distancia. También podía oler a su madre. Había tres aromas más en las proximidades. Dos desconocidos.

Y sangre.

Shippou apartó la mano y abrió los ojos. Bajó la mirada a su palma y se dio cuenta con creciente horror de que la humedad no era agua. Era sangre.

Levantó la mirada, vio la de su madre vidriosa, ojos sin vida devolviéndole la mirada, y empezó a gritar.


Varios meses más tarde, el padre de Shippou lo había dejado junto a un árbol que proporcionaba una buena cantidad de sombra del calor del verano. Desapareció durante varias horas antes de volver con un hallazgo inusual.

—¿Qué son, papá? —Shippou fijó la mirada en los brillantes trozos de piedra en la mano de su padre, fascinado por cómo brillaban bajo la luz del sol. Nunca antes había visto una piedra como esta. Era tan rosa y los trozos parecían como si pudieran encajar para formar algo.

—Si los rumores que he oído son ciertos, estos son trozos de la Shikon no Tama. —Su padre levantó uno hacia la luz antes de apretarlo fuertemente en un puño—. ¿Recuerdas la leyenda de Inuyasha?

Shippou asintió ansiosamente con la cabeza.

—El malvado hanyou que fue sellado en el antiguo árbol por una miko hace unos cincuenta años. Pasó no mucho antes de que yo naciera. ¿Esa es la perla que se menciona en la historia? Pensaba que había sido destruida.

—Yo también lo pensaba. Ha habido múltiples rumores entre los youkai que decían que la perla había regresado, junto con que Inuyasha se había librado de su sello. Si es este el caso…

Shippou empezó a dar saltitos de entusiasmo. ¡La famosa y legendaria Shikon no Tama! Se decía que tenía inmensos poderes y que podía hacer lo que fuera que se desease.

—Crees… crees… —intentó decir, demasiado asustado como para manifestar del todo el sentimiento.

Su padre se sobresaltó, luego lo miró con unos ojos tan tristes, que a Shippou se le encogió el corazón. Atrajo a su hijo contra su regazo, luego puso con cuidado los fragmentos de la esfera en sus pequeñas patas.

—No, hijo. No podemos revivir a tu madre con estos fragmentos.

—Pero ¡pueden hacer de todo!

—¿Qué clase de existencia sería para ella? —bramó su padre, luego suavizó la voz cuando Shippou se retrajo, asustado—. Su cuerpo se ha descompuesto casi del todo. Con suerte, podemos usarlos para detener a los Hermanos Raijuu, pero…

Shippou tragó saliva. Los Hermanos Raijuu habían sido los que habían matado a su madre y habían estado dándole caza a su padre durante los últimos meses… y todo porque se habían metido en un rinconcito de sus tierras durante su viaje por las montañas. No, no podían salvar a su madre. Pero podían salvarse a sí mismos con estos fragmentos.

El padre de Shippou rodeó con su pata la más pequeña de Shippou.

—Hijo, si algo me ocurriese, quiero que te lleves estos fragmentos de la esfera y que encuentres una miko lo bastante poderosa para usarlos. No dejes que caigan en las manos de los Hermanos Raijuu y, sin duda, no dejes que caigan en las manos de Inuyasha.

—No lo permitiré —prometió Shippou y juntos, padre e hijo, se sentaron bajo el árbol y disfrutaron de su último dorado día de paz.


Nota de la autora: El tema original de este capítulo era «Pesado».