Disclaimer 1: No me pertenecen ni la historia ni los personajes. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de savvyliterate, yo solo traduzco.

Shikon no Go

El idioma de Shikon

Un fanfic en 100 capítulos

Disclaimer 2 (de la autora original): Esta historia está basada en «Kendo no Go: A Fanfic in 100 Chapters», de Akai Kitsune. Su historia, por su parte, es una parodia de «In the Language of Love», de Diane Schoemperlen. ¡Agradecimientos a Akai Kitsune por dejarme tomar prestada su idea para un fic!

«Inuyasha» es propiedad de Takahashi Rumiko.

Ж•Ж•Ж•Ж•Ж

Capítulo 90: Quedarse

—Dime, Inuyasha.

—Mmm…

—Cuando sea mi graduación, no te importa que vaya, ¿no?

Le llegó un suave gruñido de su lado derecho y Kagome no tuvo que girar la cabeza para ver que Inuyasha estaba poniendo los ojos en blanco.

—Me «sentarías» hasta que llegase al infierno, ¿verdad?

—Pero no quiero «sentarte». Por favor, esto es importante para mí, como los exámenes de acceso a los que me ayudaste a llegar. —Dirigió sus ojos suplicantes hacia él—. Por favor.

Inuyasha se la quedó mirando mucho tiempo antes de que sus ojos se iluminaran al comprender.

—Es importante para ti —murmuró, más para sí que para ella. Le dirigió un corto asentimiento—. Vale. Puedes ir.

—¿Prometido?

—Prometido.

Ж•Ж•Ж•Ж•Ж

El día en que Kohaku regresó con ellos, el día antes de la graduación de Kagome, se había encaminado hacia el pozo cuando de repente se descubrió arrastrando los pies por el camino.

Puede que sea el final. En este punto ya no hay marcha atrás, no hay tiempo de hacer nada más que no sea la última confrontación. Tengo qué, ¿entre doce y dieciocho horas con mi familia? Luego iremos a por Naraku. Hay tanto que quiero hacer, tanto que le quiero decir a la gente de aquí y de allí. Se detuvo, abrazándose. Era invierno y parte de ella realmente cuestionaba la sensatez de usar una falda corta durante esta época del año cuando realmente no estaba yendo al instituto ni nada parecido.

—¡Eh!

Kagome levantó la mirada y vio a Inuyasha unos pasos por delante de ella, bloqueando su camino hacia el pozo de un modo que una vez había usado para evitar que fuera a ver a su familia.

—Inuyasha…

Él se cruzó de brazos.

—¿Vas a ir o no? Estoy manteniendo mi promesa.

Una pequeña sonrisa de agradecimiento se extendió por su rostro.

—Sí que mantuviste tu promesa. Estoy orgullosa de ti.

Sus mejillas se sonrojaron. Se puso rápidamente de lado y fijó la mirada en el sol que se estaba poniendo.

—Más te vale ponerte en marcha, entonces —dijo bruscamente.

—Vale. Ya me voy. —Kagome pasó por su lado, luego se detuvo una vez más. Inuyasha había sido una gran parte de su último año de Secundaria, incluso hasta el punto donde fue el que le permitió hacer los exámenes de acceso. Lo había alejado durante tanto tiempo, que parecía un poco extraño que de verdad quisiera que estuviera allí—. ¿Estás seguro de que no quieres ir? —ofreció—. Tenemos la gorra.

Inuyasha la miró fijamente un momento, como si se hubiera convertido de algún modo en Naraku.

—¡Tenemos que prepararnos para la batalla! No puedo pasarme todo el día holgazaneando de tu lado del pozo. ¿Y si ataca Naraku?

—Oh. —Kagome intentó ocultar el abatimiento en su voz. De todos los momentos para que Inuyasha insista en no ir conmigo… Aunque, si yo fuera él, también sería cauta. No he sido la persona más complaciente en lo referente en que vaya al instituto conmigo—. De acuerdo, entonces. Te veré mañana por la tarde.

Inuyasha asintió. Kagome siguió avanzando hasta el pozo y los ojos de él siguieron su figura en retirada.

—¡Eh! —gritó él.

—¿Mmm? —Kagome miró por encima del hombro.

Inuyasha encorvó los hombros un poco antes de estirarse.

—¿Ya has terminado con eso? ¿Con el instituto?

—Sí.

Se le iluminaron los ojos.

—Para siempre, ¿verdad?

Kagome esbozó una sonrisilla.

—Ya te gustaría. Me quedan tres años más, en realidad.

Se le aflojó la mandíbula.

—Entonces, ¿por qué es esto tan importante?

—Porque después de este año, ya no voy a estar en Secundaria. Recibiré más educación después de esto, pero este es el gran final. Luego estaré en Bachillerato. Por eso estuve estudiando todo el año, para hacer los exámenes que me permitirían entrar.

—Ya tienes suficiente educación —insistió Inuyasha—. Sabes más que todos nosotros juntos. Aunque, si sumas los cerebros del monje y del mocoso, no hay mucho.

—Inuyasha… —dijo Kagome en tono de advertencia, pero sonrió.

—En cualquier caso —continuó—, en realidad no te hace falta seguir yendo a clase.

—Sí, Inuyasha, pero…

—Entonces, puedes quedarte con nosotros, ¿verdad?

La diatriba de Kagome se cortó a mitad de la frase mientras perdía brevemente su habilidad para formar palabras.

—¿Disculpa? —consiguió decir tras un momento.

Como si se hubiera dado cuenta de lo que acababa de admitir, Inuyasha se dio la vuelta apresuradamente y se encaminó hacia la aldea.

—Nada —mintió. Entonces, él también se detuvo y miró por encima de su hombro—. Lo has hecho bien, Kagome.

El orgullo brotó dentro de Kagome hasta que pensó que su pecho explotaría por su causa.

—¿De verdad?

Inuyasha hizo un corto asentimiento.

Tomó su decisión en un instante. Kagome volvió corriendo por el camino hacia él, hasta que llegó a su lado. Deslizó su mano con la suya y él la cerró automáticamente a su alrededor. Sintió las encallecidas yemas de sus dedos, el ligero mordisqueo de garras mientras se presionaban contra los callos de su palma. Bajó la mirada hacia ella, con una mirada interrogante en sus ojos.

—Creo —anunció Kagome—, que iré a casa por la mañana. Voy a quedarme aquí esta noche.

—Sabía que lo harías —respondió Inuyasha arrogantemente y Kagome apenas se contuvo de sacarle la lengua mientras volvían juntos a la aldea.


Nota de la autora: Este capítulo tiene lugar entre los capítulos 529 y 530. El título original de este capítulo era «Bebé», pero aquí me desvié del libro.