Disclaimer 1: No me pertenecen ni la historia ni los personajes. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de savvyliterate, yo solo traduzco.

Shikon no Go

El idioma de Shikon

Un fanfic en 100 capítulos

Disclaimer 2 (de la autora original): Esta historia está basada en «Kendo no Go: A Fanfic in 100 Chapters», de Akai Kitsune. Su historia, por su parte, es una parodia de «In the Language of Love», de Diane Schoemperlen. ¡Agradecimientos a Akai Kitsune por dejarme tomar prestada su idea para un fic!

«Inuyasha» es propiedad de Takahashi Rumiko.

Ж•Ж•Ж•Ж•Ж

Capítulo 93: Tranquilo

A Sesshoumaru le tenía sentido colocar a Rin entre los de su especie, pero le desconcertaba que ella siguiera prefiriendo pasar tiempo con él. La complacía yendo hasta la aldea donde su hermano hanyou estaba sentado y hosco por la miko que los había dejado por el futuro… aunque Inuyasha insistiría hasta su último aliento en que no era eso lo que estaba haciendo.

En uno de esos viajes, Rin le tiró de la manga. Él le dirigió una mirada traviesa e intentó no darse cuenta de que se estaba convirtiendo en una joven hermosa.

Sesshoumaru no sería como su padre.

—Quiero visitar el lugar donde murió Kagura —dijo—. ¿Podemos ir, por favor, Sesshoumaru-sama?

Ah, ¿quién era él para negar tal petición?

No fue tan difícil llegar al prado donde murió Kagura, donde las flores todavía florecían.

Soy el viento. El viento libre.

Rin no dijo nada mientras observaba las flores, los animalillos que andaban entre la hierba. Los años le habían otorgado la habilidad de permanecer en silencio, aunque había ocasiones en las que Sesshoumaru echaba de menos sus balbuceos inocentes.

—Se está tan tranquilo aquí —dijo Rin finalmente—. ¿Es por eso que escogió morir aquí, Sesshoumaru-sama? ¿Porque era tranquilo?

La realidad era que sus fuerzas muy probablemente habían cedido por aquí. El olor del miasma de Naraku había sido más fuerte aquí cuando la había encontrado, la esencia liviana que rodeaba a Kagura casi había desaparecido.

—Tal vez —contestó.

—¿Está triste porque haya muerto?

—Ya no sufría.

—Oh. —Rin se abrazó mientras miraba hacia el prado—. Eso es importante, ¿no? Dolió mucho cuando morí. Me alegro, entonces.

Era lo máximo que Rin había dicho alguna vez sobre la muerte de la que la había resucitado Sesshoumaru. Una vez había comentado que se sentía como echarse una siesta, pero él sabía que la habían devorado los lobos. Entonces le había molestado, le había rogado con su actitud infantil que no se olvidase de ella. No lo haría.

Tampoco se había olvidado de Kagura.

Rin llenó sus brazos de flores y empezó a reírse mientras cogía demasiadas. Una fuerte brisa sopló a través del prado, cogiendo el dobladillo del yukata de Rin y haciendo que algunas de las flores se fuesen bailando al viento. Rin se estiró hacia una, pero flotó fuera de su alcance y hacia el cielo.

—¡Mire, Sesshoumaru-sama! —Rin aferró las flores contra ella mientras la flor fugitiva se iba—. ¿Cree que Kagura sigue con nosotros?

La comisura de su boca se alzó en una sonrisa.

—Sí, supongo que sí.


Nota de la autora: Este acompaña al capítulo 61, «Recordar». El título original de este capítulo era «Tranquilo».