Fic
Historias de Albert y Candy
Si tú no estás aquí
Por Mayra Exitosa
- No creas que no te vi, se estaban besando, ¿crees que soy un tonto? ¿Cuánto llevas engañándome con ese tipo?
- No es lo que crees, ¿Cuándo me viste? yo... no...
Se salió al ver qué sus ojos iniciaban en llanto, no podía seguir ahí, lo seguro era que lo convencería y él estaba muy herido de todo cuánto se enteró al volver y su familia ya lo sabía desde mucho antes y él apenas se había enterado de todo, su mujer la única en quien siempre había confiado estaba con un hombre, la besaba y no pudo soportar verlos, su prima y su tía se lo advirtieron, no es de buenas familias, no sabe de un hogar con valores y fidelidad, es una jovencita que ha venido de barrios bajos, admitían que es muy trabajadora y sociable, más su forma de trabajar no era la adecuada, salía a deshoras, no aceptaba que la acompañarán, amanecía y ya se había ido, anochecía y apenas venía de regreso.
Nada lo había preparado para verla esa tarde que regreso, luego de escuchar a su prima y su tía asegurándole que se había equivocado con ella y que no era la mujer que se merecía. Verla recostada en los brazos de ese hombre y el besando su boca atrevidamente, fue un dolor en el pecho que casi lo dejo sin aliento.
Albert recordaba la imagen una y otra vez, su mente lo tenía abstraído, no había querido verla, ni aceptar sus explicaciones, lo que había oído y visto era suficiente para él.
Candy por su parte estaba exhausta, se cansaba con facilidad y su tristeza al perder al amor de su vida era la mayor de las agonías, no deseaba comer y sus desvelos al no poder olvidarlo la tenían muy inestable. Robert la había pretendido por mucho tiempo y no le había aceptado nunca, amaba a su esposo tanto o más que el día que se entregó a él por vez primera, no podía creer que la vida le quitara lo que más amaba y en su trabajo comenzó a verse mermado, ya no poseía la sonrisa constante y radiante, no daba un buen aspecto y su salud iba de mal en peor, su cita en la misma clínica en la que trabajaba le tocaría en dos semanas, pero antes tenía que firmar el divorcio y eso la tenía muy dolida.
Albert endureció su carácter, para su familia tanto prima como tía, al principio satisfechas por el logro de separarlo de esa mujerzuela de poca educación. Ahora no lo soportaban, no podían hablar con él, estaba lejano y no había oportunidad de invitarlo a un evento, una fiesta, alguna reunión, nada, apretó la agenda y negó su mansión a todos incluso a ellas que siempre habían podido disponer de todas sus propiedades ahora estaban siendo rechazadas sin acceso alguno para ninguna de ellas, no los dejaba asistir a su casa, incrementó la guardia y prohibió que dejaran entrar a nadie, incluso sus sobrinos, primos o familiares. Sobre todo, a su exesposa, quién no podía sacar nada, ni siquiera su ropa, ya que él le había comprado todo lo que poseía y mucho más.
Las cosas se tornaron lúgubres y desastrosas, su tía quiso usar su autoridad y carácter para amonestar al prohibirles a todos usar y visitar sus propiedades, sus sobrinos que siempre se la pasaban haciendo alarde de los corceles, las caballerizas, jardines majestuosos, salones enormes de eventos y las habitaciones de lujo en las que se hospedaban cada que deseaban hoy se hallaban cerradas y exclusivas para él, quién no para todos nunca se hallaba disponible y que tenía a todo el personal de seguridad para negar los accesos a sus todas las mansiones majestuosas y exuberantes.
Al principio Candy se había visto en la necesidad de hospedarse en una pequeña posada, no deseaba que sus pocas amistades se enteraran de la atrocidad que su marido estaba haciéndole sin motivo alguno, solo por unos celos que no comprendía y que la atormentaron cuando desconoció a su esposo enfurecido después de casi dos meses de no estar en casa, por viajes de negocios. Luego cuando los abogados trataron de darle una compensación económica, se negó rotundamente a recibir efectivo alguno, al no haber familia, no firmo hasta dejar claro que no quería nada si él estaba acusándola de infiel y con alguien a quien había visto besando y ella no sabía de que se trataba. Negaba rotundamente sus acusaciones y se lo puso por escrito, que jamás le fue infiel y no lo había engañado, más ahora con el divorcio estaba muy segura que él podía ser feliz con quien deseara, pero que no se le buscara bajo ninguna circunstancia, dejando claro que a cambio del divorcio y de la acusación falsa, solicitaba una orden de restricción para que no estuviera cerca de ella lo que le quedaba de vida si era posible, porque los dos años que estuvieron casados jamás la conoció como una mujer de cascos ligeros para que la avergonzara con esa acusación, el juez insistió en una pensión económica y ella demostró su certificado de enfermera y que cuando su esposo no se hallaba ella trabajaba en un orfanato y en una casa hogar infantil donde su exmarido le había dado permiso para asistir el tiempo necesario. Agregó que hubo una epidemia y tuvo horarios extensos cuando él no estaba en casa, pero jamás faltó a dormir en su hogar. Y que la difamación que le estaban acusando era tan falsa como el que ella le haya sido infiel alguna vez.
Luego de la firma de divorcio, pasado el tiempo encerrado en la mansión que más amaba los dos, él tomaba whisky en el estudio a solas, sin que nadie supiera que se encontraba ahí, tomando y meditando el día que la conoció y se enamoró perdidamente de ella.
- Es usted una chica muy insistente, así que acepto, comprare todo lo que trae en su canasta si me acompaña a tomar un café. - No puedo, estoy cuidando a los niños. - Pues tráigalos, su marido debe ser muy feliz. El rubio apenado porque ella tenía hijos. Pero su sonrisa y rubor para responder le dijo que estaba equivocado. - No son mis hijos, son los niños del orfanato, ayudo a que sea mejor la vida para ellos, y los saco a pasear.
El llanto lo acribillaba y en un susurro la llamaba -¡Candy! ¡Mi amor, por qué!
Lejos de ahí, en una casita muy austera, ya sin mirar atrás, ella miraba lo poco que tenía y lo mucho que había perdido y no en materiales, sino al hombre que más adoraba y que la acusaba de estar besando a un hombre y la vio en su regreso, el doctor Robert que siempre la había pretendido, se disculpo y comentó lo que su marido sospechaba como algo que no se aclaró y que fue su culpa al no acercarse para averiguar. Ella al escucharlo supo porque la sospecha y hasta en ese momento con las pruebas en mano no lo creía posible, estaba esperando un bebe y se había desmayado, le faltaba el aire y el doctor le dio respiración de boca a boca, sosteniéndola con un brazo para no dejarla caer, luego de haber trabajado tanto los últimos días por la epidemia que había en el orfanato y que ella estaba ayudando a que los niños no fueran descuidados en sus medicaciones.
Candy al saber que iba a tener un bebe, decidió alejarse del trabajo, su debilidad la hacia desmayarse y los malos hábitos alimenticios podían cobrarle caro a su futuro bebe yaciendo en su vientre, por lo que dejo el orfanato a cargo de otras enfermeras mismas que sería de forma gratuita y se trasladó a otro lugar donde nadie la reconociera y la ligara al famoso hombre de negocios, pues la orden de restricción que ella había pedido ahora le cobraba factura, pues su marido tenia muchas propiedades y en ninguna de ellas podía estar cerca a más de diez kilómetros a la redonda, buscando con un mapa ver donde él no tenia un negocio, una propiedad o algún lugar a su nombre terminó por irse Nashville, Tennessee. Lugar en el que su esposo no tenía ninguna inversión y su abogado tampoco conocía, pues no deseaba que nadie supiera donde viviría para que no dieran con ella, mucho menos que se sintiera comprometido por el embarazo el que estaba seguro de que sería del amante con el que según él lo engañaba.
- Es muy pequeña, aquí hay inundaciones, pero puede ir al centro cando hay emergencias. - para mi esta bien, necesito algo económico y cerca del hospital, soy enfermera. - Y nos hace mucha falta manos en este lugar señorita. - ¡señora! Señora White. - ¡Oh! Su esposo vendrá. - No, el siempre esta de viaje, solo estaré yo y me da gusto que nos hagamos compañía. - Si, a mi también, le dije que no quería hombres aquí y… - No los habrá, estoy embarazada y necesito un lugar tranquilo y cercano al hospital. - ¡embarazada! ¡oh que felicidad! - Si, es una gran bendición y me gustaría mucho que compartiéramos el té por las tardes. - ¡Si! estaré encantada, le puedo tejer zapatitos y enseñar muchas cosas. - Si por favor.
Continuará...
Gracias por sus amables comentarios, deseando les guste esta historia, un sincero agradecimiento a Lulú Mtz por inspirar con sus diseños una historia.
Gracias por su apoyo, al respetar y leer las historias que escribo sin copiar ni adaptar.
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
