Fic
Historias de Albert y Candy
Si tú no estás aquí
Por Mayra Exitosa
Llamar a William fue una constante de Johnson, dejando programado para cada dos minutos la insistencia de continuar marcando el celular de su jefe. Habían estado comunicándose los chicos toda la noche, hasta que Anthony aseguro que el hotel donde se habían hospedado se dañó con el tornado y se salvaron por hallarse en el resguardo del sótano equipado para esas emergencias.
Archie se hallaba en el orfanato, había una reunión de comité de derechos de los niños por tener un hogar y ahora se hallaban atendiendo al orfanato que no pertenecía al gobierno federal y lo unirían para que los niños tuvieran mayor posibilidad de adopción.
Stear se había traslado hasta Tennessee y de ahí a Mississippi, donde se creía que estaría Candy y William juntos, pero la investigación arrojaba que todos los damnificados fueron trasladados a dos lugares opcionales, al revisar la lista, Candy no aparecía y eso era increíble pues la joven madre se hallaba en el gimnasio que se usó como centro de atención a los que perdieron su hogar.
Después del tornado el gimnasio no había quedado nada, todo era una zona sin edificios en pie, por lo que no había personas en el lugar y las que se habían refugiado, se hallaban ahora buscando sus hogares.
Anthony por su parte después de horas de investigar, daba con el taxista que se había llevado a su tío y este conversaba preguntándole por él.
- Ese hombre está loco, dijo que su mujer estaba en el gimnasio donde no se veía nadie, salió corriendo a buscarla, con todo y que estaba el sonido de las alarmas por todas partes. Vea usted cómo quedó mi auto. ¡Sin puertas! fue por haberlas dejado abiertas, cuando salimos corriendo, él se fue para allá. Indicaba hacía la parte sin edificios en pie y después agregaba donde se debían haber cubierto perfectamente y se hallaba con vida.
Luego de horas ya con el sol a la vista, Stear se encontraba con Anthony y ambos se abrazaban poniéndose al tanto de los detalles de las búsquedas y las esperanzas pérdidas de ambos por saber que el lugar en el que se terminaban sus investigaciones ya no existía y que el desgaste del gimnasio era tal que no podían acercarse por el exceso de material hecho pedazos que se desparrama por todo el rededor donde había pasado el tornado. Stear mostraba una lista y como Candy y su hijo habían sido borrados.
- Sabes Anthony, al parecer alguien de mala voluntad borro intencionalmente de la lista a Candy, ella no se fue con los damnificados, algo paso que antes de imprimir los listados fue eliminada y tal vez ese alguien se la haya llevado con otras intensiones. Mencionaba un Stear preocupado, a lo que el rubio meditaba y cuestionaba,
- ¿Supiste quien lo hizo? - se sospecha de uno de los que la rescataron, creían que por estar sola era viuda, quizás se la llevó y nosotros a parte de nuestro tío debemos continuar buscándola también ...- Podemos intentar mencionando que demandaremos y verás que aparece el culpable, no puede ser posible que después de haber perdido su casa, la tragedia de casi ahogarse y todavía siga habiendo personas que se aprovechen de las desgracias de los demás.
- Anthony, no le digas nada a mi hermano, Archie anda muy enojado, incluso culpo a la tía abuela y le llamo para pedir que se salga del castillo de Escocia por orden de mi tío William, mando a los guardias que sacarán sus cosas y que no se llevará nada extra, no quiere que personas de mala entraña vivan en propiedades de gente noble y decente. - ¿eso hizo, Archie? - le fue peor al esposo de Sara, lo saco de los convenios en los negocios, le dijo que no era posible que mordieran la mano de quién les da de comer. - ¡Por Dios! ¿Mi tío lo sabe? – Todavía no.
Lejos de ahí, William apretaba los ojos, estaba tenso y a obscuras, el cuerpo le dolía y no veía nada, recordaba cómo había corrido hasta el gimnasio y estaba unas cortinas médicas y una cama apartada en un área lejana, había una mancha de sangre en el colchón y al tocar la suavidad de la tela, todavía conservaba un poco de calor, por lo que se puso a gritar su nombre, - ¡Candy! ¡Candy! el quejido lejano lo hizo correr de un lado a otro, un ruido ensordecedor se escuchaba desde antes que ingresara al gimnasio era solo la alarma intermitente, pero después se unió ese sonido como un tren que se acercaba y luego inesperadamente se vio color verdoso y se obscurecieron los cristales de los alrededores, por lo que pensaba en buscar el sótano lo antes posible al correr por uno de los pasillos, el llanto de un bebé lo detenía, al buscar el eco lo confundía, pero lejos al final por fin la vio, era Candy quien se sujetaba de la pared y su hijo estaba en su brazo incómodo, mientras ella lucia asustada.
-¡Caandyyy! -¡Aaaaalbert!
Fue tomarla en sus brazos su bata estaba manchada, su fragilidad le dio dolor y tomarla fue lo mejor que había hecho, inmediato le dijo, - Abrázame muy fuerte y no te sueltes, tenemos que salir de aquí. - Nuestro bebé, Albert, por favor... ¡protege a nuestro bebé! - Me los llevaré juntos, no lo sueltes mi vida, cuídalo bien, vamos a salir de este lugar. Los ojos colmados de lágrimas, su pecho agitado de correr y ella al verlo de nuevo buscándola, fue lo mejor que le podía pasar, ella que se había propuesto a no volver a verlo nunca, estaba feliz por su aparición en esos momentos en los que ya no sabía por dónde continuar.
El ruido de los cristales alarmaba a ambos, el rubio salió disparado por el lado contrario huyendo del sonido escandaloso que avisaba lo cercano que se encontraba el desastre aproximándose, la cancha de fútbol americano fue lo que encontró al abrir una puerta y se fue con sus preciados tesoros en sus brazos, se sentía quebrar del agotamiento al no haber dormido, pero no podía detenerse, el pasillo a los vestidores de los futbolistas estaba abierto, bajo por toda la rampa corriendo y luego siguió hasta adentrarse en lo que fungía como cuartos para los deportistas y se veían la fila de casilleros. Un colchón con forro de hule lo puso en el suelo, luego la tomo con cuidado y por primera vez vio el rostro de su hijo con el pecho de su madre en la boca y dormido. Ella angustiada le tomo la mano jalándolo y diciendo, - ¡No te vayas! - No. traeré solo el kit de emergencias que vi al entrar.
De pronto todo se oscureció, los sonidos de piezas quebradas madera, vidrio y metales daba la sensación de estar muy cerca, casi encima, todos los casilleros cayeron como piezas de dominó y la mesa de madera pesada, sirvió de refugio para protegerlos. Los minutos se hicieron eternos y sin darse cuenta, se quedaron ahí bajo todo eso que se hallaba ahora encima.
Continuará...
Muy agradecida por sus comentarios, deseando les siga gustando esta historia.
Gracias por su apoyo, al respetar y leer mis historias sin copiar ni adaptar.
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
