Fic
Historias de Albert y Candy
Si tú no estás aquí
Por Mayra Exitosa
El llanto de un bebe fue la alarma para todos, el eco de su llanto hacía a las maquinarias pesadas detenerse y entrar con perros de rescate, Anthony corría tras la gente al mencionar el llanto del un bebe, y Stear lo seguía asustado por pensar que también a Candy le hubiera tocad estar en el tornado, fueron largas horas en las que detectaron que el pasillo de los vestidores de la cancha era lo único que pudo dar entrada a un bebe para resguardarlo, los perros fueron llevados y los ladridos de todos, más las patas rascando el suelo suave, dio oportunidad a una maquinaria táctica con mano de chango pequeña para no arruinar el esqueleto de alguien si fuese el caso, los rescatistas entraron y todos los casilleros estaban enfilados, escuchar al niño en gemidos y lamentos tenues con un murmullo de sentimiento, fue lo que hizo que todo el personal se fura sacando casillero a casillero de un lado y otro, bajo la mesa Albert abrazaba a su mujer y a su hijo quienes estaban incomodos por la estreches del lugar. Los camilleros entraron y estaban los tres con vida, Anthony lloraba tomando la mano de William mientras Stear no dejaba que nadie se acercaba a Candy y a su bebe, este lo tomaba y le susurraba a Candy que no lo soltaría y ella aceptaba.
En el hospital los tres hombres estaban afuera, asegurándose que nadie se acercara a su ahora famosa tía que dio a luz en una tabla de un rio de desechos de la inundación y que por una negligencia también se había quedado en un gimnasio vacío que había servido de centro de damnificados y que ahora por inesperado que fuera le había tocado vivir una segunda tragedia con un tornado categoría cinco, que borro varios sectores por completo.
William por su insistencia había solicitado estar cerca de su mujer y su hijo, fue atendido de una pierna y un brazo lastimados por la caída de los casilleros y que su mujer había detenido la hemorragia jalándolo hasta donde él la había colocado para protegerla a ella y a su bebe. El pequeño estaba incomodo con los pañales sucios, un poco irritado y eso era lo que lo molestaba por lo que Archivald le había puesto ropitas de seda, según él era de piel delicada y solo él lo entendía.
Anthony no se despegaba de su tío y exigía las mejores atenciones, asegurándose que no se le amputara el pie que deseaban por estar morado, por lo que se le hicieron irrigaciones y se le salvó de la extracción de la pieza. Candy por su parte por fin estaba durmiendo, tenia un exagerado cansancio y abría los ojos buscando a Stear quien no le soltaba la mano y le aseguraba que su hijo estaba ahí y que durmiera porque no se irían de la habitación.
- No te preocupes Archie, yo no me hubiera atrevido a eso, pero las consecuencias que estamos viendo son realmente catastróficas y mi tío no se molestara por lo que hiciste, al contrario, si él no hubiera actuado y venido insistentemente, no habría salvado a su mujer ni a conocido a su hijo. Archie muy seguro y con una sonrisa agregaba, - ¡Se parece a mí! su pañal le incomodaba era de material de baja calidad, ahora está cubierto de cremas y duerme como un león. Anthony miraba a su primito sonriendo satisfecho porque el chiquillo a pesar de estar dormido no le soltaba con fuerza el dedo, - Creo que se parece a su padre, esta muy largo dijo el médico. Stear que los escuchaba desde la silla al lado de la camilla de Candy, sin moverse respondía, - Todos medimos eso según el acta de registros de nacimiento, no exageres Anthony. Alegaba Stear que parecía estar dormido en un costado de la cama de su tía donde sostenía su mano.
La voz gruesa y alarmante de William se escuchaba para los tres que giraron al sorprenderse, - Ojalá se parezca a su madre, ella que lo tuvo sola y lo protegió aun a cosa de su vida, debe tener el merito de que William se parezca a ella. - ¡Tío! ¡Tío! ¡Tío!
William por fin despertaba con una pierna enyesada un brazo en iguales circunstancias y su voz hacía que otro respondiera con llanto, para saludarlo, a lo que Anthony lo tomaba y lo llevaba hasta él. - Mira William, aquí esta tu padre, ya despertó y tu ya comiste así que no digas que no te hemos cuidado bien. El lado izquierdo de su padre no podía moverse, pero su brazo derecho fue para con sus largos dedos rosarle la mejilla y Anthony lo colocara en su costado para que lo tuviera de cerca. Candy sin hacer el menor ruido abría los ojos y veía a los cinco mirando a su hijo y sonreía satisfecha porque su hijo estaba muy protegido entre ellos, Albert comento algo que ella escuchaba y que los demás ignoraban que estuviera despierta.
- No podemos permitir que mi hijo pase lo que pasamos nosotros, al perder a nuestras madres, por lo que debemos cuidar de Candy porque ahora es la única mujer de la familia, no permitiré que sufra como ustedes, al llorar y extrañar a quienes nos dieron la vida, eso no sucederá de nuevo, Candy es fuerte y les juro que de hoy en adelante no volveré a separarme de ella. Archie serio preguntaba, - ¿te perdono? - No lo sé, hablamos mientras estuvimos encerrados ahí bajo esa mesa, pero estaba tan preocupada de que sangrara mi pierna y mi brazo que solo espero que ese amor que emana de ella sea tan grande para que me perdone por mi estupidez. Anthony notaba dolido a su tío y respondía acercándose para tomar al pequeño, - Sé que la convencerás tío, Candy siempre te ha querido mucho, le gusta nuestra familia, estoy seguro de que cuando sepa que Johnson estuvo buscando sus orígenes y que fue una hija muy amada y querida por su madre y su padre, sabrá que tú y ella están hechos el uno para el otro y aunque ambos perdieron a sus padres muy chicos, los dos serán muy buenos progenitores de William. Anthony tomaba al pequeño en sus brazos y este abría los ojos azules, a lo que satisfecho s sobrino directo sonreía agregando, - Además le ganamos a Candy, sus ojos son azules tío.
Candy quien se quedaba meditando sobre sus padres, solo escuchaba que su hijo tenía los ojos azules y esta respondía, - Porque así lo quería yo. Stear se regresaba con ella, moviendo su cama hasta acercarla a su tío y que quedara a su lado, como él lo deseaba.
- ¡Como digas! Solo dinos que perdonaste a mi tío, Candy. - Por supuesto, su llegada estaba siendo muy ansiada por su hijo y por mí, fue una bendición verlo correr por todo el pasillo y sacarnos del gimnasio por cada yarda de la cancha hasta llegar al pasillo y lograr protegernos, ¡me llevaba en sus brazos! No sabes como me sentí, como la esposa de Hércules, tan fuerte con mi hijo, yo tan gorda y pesada. Albert la miraba sonriendo y agregaba, - Te ves preciosa mi vida, más que bella.
Continuará...
Muy agradecida por sus comentarios, deseando les siga gustando esta historia.
Gracias por su apoyo, al respetar y leer mis historias sin copiar ni adaptar.
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
