Fic
Historias de Albert y Candy
Si tú no estás aquí
Por Mayra Exitosa
Verla sentada junto a los niños, me hace recordar los años más tristes e inolvidables, la noche en que el tornado llegó a donde mi mujer y mi hijo se encontraban, mi corazón estaba colmado de angustia, una que sentía me compartía ella con sus temores, luego verla ahí, dolida, entregando todo su ser para salvar a nuestro hijo, ponerlo en algún lugar y asegurarse que no saliera lastimado, fue escucharla decir que lo salvara que no le importaba su vida tanto como la de William, si así ella decidió ponerle por nombre como uno de mi familia, como le había contado de mi ascendencia de tantos años atrás, y ella deseaba con todas sus fuerzas, anhelaba pertenecer a alguien, ser parte de una familia y para mí, era mi todo. Con dolor cuando cayeron los casilleros y temía que rompieran la mesa donde ellos se resguardaban coloque mi lado izquierdo para que mi corazón los protegiera, en esos instantes entregue mi vida a Dios y le dije en mi interior que no los abandonara, para bien o para mal, quede con unas cicatrices que todavía ella me cuida cada que me ve con su amor infinito, el mismo que siempre pensé que mi madre y mi hermana tenían para sus hijos, ella lo poseía tal cual.
Albert cerró los ojos para que cayeran las lagrimas y su mente divago hacia aquella noche que estuvieron solos bajo la mesa que les salvó la vida sin que su mujer e hijo sufrieran ningún rasguño.
- Albert, no nos dejes mi vida, tienes que vivir, porque sin ti yo no querría seguir viviendo, no me dejes, por favor despierta, estoy muy preocupada, necesito verte y en esta oscuridad solo deseo que no partas sin llevarme contigo. - No mi vida, no dejaré que tu y mi hijo se queden solos, estaré siempre a tu lado. - Se que te dolerá, pero tengo que atenderte. - Tu estás herida tienes sangre. - No es herida, estoy bien, me has cuidado a costa de todo y ahora quiero protegerte porque sin ti mi mundo no tiene color. - Y sin ti el mío no tiene vida, las personas no significan nada, el amor que tu me has dado era mi alimento de fe, por favor Candy, perdóname. - Lo hice desde hace mucho, y tal vez también cometa errores y me equivoque constantemente, siempre me has perdonado, porque yo no he de hacerlo, si te amo tanto que duele estar lejos de ti. El jalón que ella hizo para sacarme de entre los casilleros y atar mi pierna y mi brazo, fueron extremadamente dolorosos que me quede aturdido, ella me cuido y me beso cada que podía, sentía sus lágrimas, sus labios rosarme constantemente y sus palabras en mi oído vivirán por siempre. Se limpio las lagrimas y volvió a la escena que le hacia feliz sin tener que recordar el dolor de casi perderla.
Candy giro a verlo como su antebrazo aun tenía las cicatrices marcadas de lo que ella lo tuvo que jalar para atarle ese brazo y la pierna rasgándose la bata que portaba, aun cada noche duerme en su lado izquierdo, vigilando que no sienta frio o dolor después de aquella vez que, si no hubiera llegado, ella habría muerto junto con su hijo mayor. Ver a sus pequeños correr y saber que los sobrinos de Albert se hacían cargo de todo incluso mejor al atender el orfanato y unirlo al gobierno federal para que tuviera todos los detalles que les hacían falta.
- Albert mi amor, no cargues a los niños. - Estoy bien mi vida, no me pesan. - Lo sé ¡Hércules!, eres muy fuerte, pero me pongo celosa, esos brazos son solo míos. El rubor en ambos era muestra de cuando se amaban como ella lo había apodado desde esa ocasión, no había hombre mejor o mas fuerte que su marido, que se atravesó para que la mesa no cediera, las jóvenes que cuidaban los niños tomaron a los mas pequeños y se los llevaron para quitar la tierra de sus manos y rostros por los juegos de jardinería que habían estado haciendo. Él le tomo la mano y se la llevo al igual a su habitación, no podía decirle una palabra de halagos que lo pusiera en evidente pasión por ella, cada noche su cuerpo era entregado al placer, así ya tenían cuatro hijos, y había salido muy buena para sus embarazos, pues el primero la hizo más fuerte y le dio la seguridad que cuando tuvo a los demás se sentía en la gloria de las atenciones.
- Entonces mi preciosa esposa, quiere que Hércules la ame. - Siempre, lo sabes, para mí no habrá jamás nadie que te supere Albert, jamás - Tampoco lo hay para mí, sin ti mi vida no tiene sentido y contigo me siento el mejor hombre del mundo y hago cosas que no habría imaginado en todos mis locos sueños. - Oye pues sí, cada vez tienes ideas mejores, hacerlo nunca se volverá aburrido con todas esas formas que conoces. - Solo las he practicado contigo mi vida, quiero que sepas lo mucho que te amo y que quiero hacerte la mujer más feliz del universo, para que no recuerdes aquella vez que tanto te lastime. - Ya la he olvidado, recuerdo mejor las veces que estamos a solas y que provocas mi cuerpo a cotas jamás imaginadas. - Eso me gusta escuchar, ahora quiero que veamos esta postura que viste en ese libro y que tu Hércules personal puede hacer. - ¡Albert! - ¡mmmm!
La pasión cobraba la factura de apodarle con ese nombre fuerte y su amor por ella no tenía limites a la hora de la pasión que ambos se brindaban, la confianza era tan grande y a parte de esposos eran amigos, confidentes y se trataban con tal respeto ante el mundo, solo cuando estaban a solas se escondían liberando su lujuria y su ardor pasional para expresar y hacer sentir el amor más ardiente que uno sentía por el otro. La seducción era una forma pequeña en la que se conquistaban mutuamente cada que lo deseaban, salir jamás fue sin ella, porque sus hijos tenían quienes los cuidaran y protegieran, mientras ellos tenían que viajar por trabajo fuera de la ciudad. Sus familiares más cercanos fueron sus sobrinos quienes ya se encontraban casados y ahora siempre que podían o tenían algún problema los veían a ellos como los guías de quienes podían orientarles a salir de alguna encrucijada en su matrimonio.
Johnson también consiguió pareja en una mujer que lo adoraba, esta la localizó cuando investigaba los orígenes de Candy, quien pertenecía a una familia muy unida los Midland y tenía familiares que le dieron la información de Walter y Briana, los cuales sufrieron un accidente donde Walter llevaba a su mujer a un hospital para el nacimiento de su primogénita, ellos se encontraban en Chicago fuera de su país, pero se había adelantado y al igual que William hijo, Candy nació en una ambulancia que llegó a salvar a sus padres. Su madre tuvo problemas por la tristeza al ver morir a su amado Walter que no resistió el nacimiento y fue entregada al orfanato, más su familia pensó que había fallecido junto a sus hijos, saber que tenía origen inglés y una familia con abuelos y primos que la reconocieron como una de ellos, fue muy alentador, más ella tenía ya una familia a la que amaba más que su vida y eran los Andrew, a la que llevaba dándole cuatro de los siete hijos que llegarían a tener y que Albert y ella llegarían a conocer a sus bisnietos, incluso a los nietos de sus sobrinos.
FIN
Sinceramente muchas gracias por cada uno de sus comentarios en esta historia, deseando haya sido de su entero agrado.
Gracias por su apoyo, al respetar y leer mis historias sin copiar ni adaptar.
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
