Capítulo 15: Recuento de los daños.

Anna se miraba en el espejo del baño. Le sangraba la nariz y tenía el ojo derecho inflamado. No había sido una buena noche. Estaba temblando ligeramente, quizás aún por la adrenalina de la pelea. Con la cabeza ya más tranquila, trataba de acordarse de la última vez que se había peleado con alguien y más aún, haber peleado por alguien. Todo lo que pasó esa noche había sido muy raro, ¿Hans estaba preocupado por ella y por Elsa? ¿Elsa hablando con Rachel tranquilamente? Y también a todo eso, se le sumaba el hecho de que sus padres no la habían regañado. Sería una noche para recordar por mucho tiempo.

No importaba ya todo lo que había pasado. Lo único que Anna quería en ese momento, era el de descansar y dormir, pero aún había otra cosita pendiente, Elsa estaba ahí con ella.

—Anna, ¿estás bien? ¿Necesitas ayuda? — La voz de Elsa hizo que la pelirroja diera un pequeño del susto.

—Aah… si estoy bien, en un momento salgo.

¿Habría sido mala idea invitar a Elsa a quedarse? Era lo que Anna se cuestionaba. Bueno, ella había insistido en quedarse y cuidarla, cosa que le pareció lo más lindo del mundo. Aun así, Anna no quería meter en más problemas a su novia, ya eran muchos de por sí.

Anna por fin salió del baño y le sorprendió ver a Elsa, que aún estaba vestida con la misma ropa. Ella ya llevaba la pijama puesta, si Elsa pensaba en quedarse en su casa, tendría que usar algo mucho más cómodo para dormir. Eso a Elsa no parecía importarle en lo absoluto, lucia bastante tranquila y al parecer lo único que le preocupaba era que Anna estuviera bien.

—¿Cómo te sientes? ¿Estás mejor? — preguntó Elsa, se escuchaba preocupada.

—Estoy bien Elsa — sonrió levemente — Solo me duele un poco la cara, pero no es nada que no se pueda quitar.

—Ya veo… ¿Quieres hablar ahora si sobre lo que paso?

—Elsa… aunque me gustaría mucho, creo que solo quiero dormir y olvidarlo.

—Está bien…

Elsa lucía muy nerviosa. Ella había decido quedarse a dormir en casa de Anna pero como en muchas otras cosas, esta era su primera vez, a causa de la pelirroja. En su cabeza trataba de encontrar las palabras adecuadas para preguntarle dónde dormiría. Todo aquello había sucedido tan rápido, que ni tiempo le había dado de pasar a su departamento por algo de ropa.

—¿Tal vez podríamos ver una película? — dijo Anna rompiendo aquel silencio.

—¿Qué? Ah sí claro… lo que tú quieras.

—Creo que tengo una pijama de sobra.

—¿Y eso para qué?

—Bueno, imagino que no vas a dormir vestida así.

Elsa soltó una risa nerviosa al darse cuenta de la pregunta tonta que hizo. Posiblemente ella dormiría en el suelo cubierto por algunas cobijas y un par de almohadas. Pero Anna tenía otra cosa en mente…

—Espero que no seas de esas personas que se mueven mucho al dormir.

—¿Espera, qué? — Elsa seguía confundida.

—Dormiremos juntas, acaso pensabas que te iba a dejar dormir en el piso.

—Pero Anna… es decir, esto es…

—No hay pero que valga. Así que deja de comportarte como una reina de hielo.

Aquella sonrisa divertida la hizo cambiar de opinión inmediatamente. ¿Cómo es que lo hacía? Hace un par de horas atrás, Anna y Rachel estaban teniendo la que sin duda, había sido la mejor pelea en una fiesta de la que se tenga memoria. Y como si fuera una luz que se apaga con un interruptor, Anna había regresado a hacer la misma de siempre, la misma chica que había logrado derretir a Elsa.

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[3 Horas antes del incidente]

Hay situaciones en las cuales nadie está listo para enfrentárseles. Situaciones que nos hacen pensar que a veces, a la vida le gusta jugarnos bromas crueles. Para Elsa y Anna esta sería una de esas bromas. La invitación de Olaf a la fiesta parecía no tener nada de ciencia, sólo serían un montón de chicos universitarios borrachos en una casa, así hasta que el dueño se hartara de todos y los echara a patadas de ahí.

Su cita en la pista de hielo había sido perfecta, en cierta forma. Los besos, los abrazos, el calor del cuerpo de cada una ellas y derroche de sentimientos aquellas butacas del fondo, era más de lo que la pelirroja había imaginado. Elsa tenía razón en algo, ella cambiaba solo cuando estaba cerca de Anna. Era como si la pelirroja fuera una especie de droga, que se internaba en el sistema de la rubia platino.

Elsa y Anna, junto con Olaf y aquellos chicos que venían con él, llegaron justo a tiempo cuando la fiesta estaba empezando a tomar forma. Mientras el simpático primo de la rubia se separaba de ellas, Anna hizo lo mismo, aunque ella solo iría a buscar a algunas cervezas para ella y para su querida novia.

—¡Hola! — aquel grito que resultaba ser muy familiar, hizo a Elsa fruncir ceño como nunca antes — No era mentira lo que decían.

—¡Belle, Cenicienta! Casi me matan de un susto. ¿Qué hacen aquí?

—Es una fiesta Elsa ya deberías de saberlo — dijo Cenicienta, alzando su bebida.

—La pregunta aquí es, ¿tú qué haces aquí? Pensamos que estarías con Anna.

—Sigo estando con ella. Saliendo de la pista de patinaje, nos encontramos con Olaf y nos hizo una invitación a esta fiesta y ambas aceptamos.

—¿Quién eres y que hiciste con nuestra querida Elsa?

—No exageren, no es la primera vez que vengo a una fiesta.

Por supuesto que no era la primera vez, pero era muy extraño verla actuar de esa manera y también era difícil el acostumbrarse a ello. Para cuando Anna había regresado con un par de cervezas, el resto de las chicas ya había desaparecido, no querían hacer "mal tercio". Aunque eso era lo de menos, para Anna eso era lo mejor, tener a su amada Elsa a su lado, solamente a ella.

A diferencia de la última fiesta a la que ambas habían asistido, esta era algo diferente. Aquella casa no era tan grande, era de una sola planta y tenía un enorme jardín, por lo que la mayoría de los invitados estaban en este, aunque también había algunos regados por la cocina y por la sala, lugar que Elsa y Anna aprovecharon para conversar.

Mientras tanto en el jardín, en una de las mesas, un chico pelirrojo no parecía estar muy contento haciéndole compañía a aquella chica de cabello obscuro.

Hans y Rachel llevaban un largo rato charlando. En muchas ocasiones durante la conversación, Rachel solo se disponía a fastidiarlo, eso le fascinaba, además de recordarle de lo incompetente que había sido en tratar de reconquistar a Elsa.

—Sabes algo, podría estar ahora mismo ligando a una chica hermosa y en cambio estoy contigo.

—¿Qué pasa, Hans? No me encuentras atractiva.

—Estas medio loca y eso no te ayuda mucho.

—Lo que tú digas… ¿Por qué no vas y me buscas otra cerveza?

—Si lo hago me dejaras en paz.

—Que aguafiestas… está bien, es un trato.

No muy convencido del todo, Hans opto de igual forma de ir por las cervezas, alejarse por un momento de ella era mejor que nada. Mientras caminaba de regreso al interior de la casa, su andar se vio frenado casi al instante por algo que él no se esperaba. Elsa y Anna habían venido a la fiesta y se encontraban en la sala de la casa. No era como si tuviera problemas ahora con ellas, pero seguramente su presencia no sería bien recibida.

¿Por qué le era tan difícil el verlas? Podría simplemente pasar de largo y si en algún momento ellas llegaran a verlo, solamente tenía que fingir demencia o ignorarlas y listo, problema solucionado. Él ya no quería tener conflictos con nadie, le había hecho daño a Elsa en el pasado, pero eso ya estaba olvidado, hasta cierto punto.

Tomar un par de cervezas había sido una tarea más difícil de lo que parecía. Luego de luchar consigo mismo por unos instantes, Hans por fin cruzó sala hasta la cocina y de regreso, sin prestar atención a las dos chicas que ya hacían en el enorme sillón.

—Ten tu cerveza, yo me largo de aquí — dijo el pelirroja dejando casi caer la cerveza, provocando que se derramara un poco.

—¿Cuál es tu problema?...

Pero antes de que pudiera escuchar otra cosa, Hans empezó a caminar a paso veloz fuera de ese lugar. En su trayecto tenía que pasar frente a Elsa y Anna que seguían inmersas en su conversación. Ambas dejaron de hablar cuando la figura de Hans paso justo frente a ellas, incluso podrían jurar que las había mirado de reojo.

—¿Y a ese qué le pasa? No sabía que estaba aquí.

—Ni yo, pero no debemos de preocuparnos por él Anna.

—Creo que iré por más cerveza. Elsa crees que podrías hacerme un favor.

—Claro, no hay problema.

—Rapunzel me acaba de escribir y dice que vienen para acá, crees que podrías buscar si hay alguna mesa libre en el jardín, para que así podamos estar todos junto.

Elsa asintió con su cabeza y Anna le regaló un enorme sonrisa de alegría, además de un fugar besos en sus labios. La rubia platinada no pudo evitar sonreír ante el lindo gesto de su tierna novia.

Buscar una mesa libre entre el mar de gente que había en ese lugar no era tarea fácil. Elsa miraba y miraba, una y otra vez por casi todos los rincones del enorme jardín, incluso logro encontrar a Belle y Cenicienta que ya hacían en un mesa junto a otros chicos. Pero de un momento a otro, sus ojo se abrieron como platos al encontrarse con una chica peculiar.

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La película hasta el momento era buena. Aunque para Elsa era un poco difícil prestarle atención. El aroma de Anna la invadía de pies a cabeza, estaba usando su ropa, la estaba usando sin ningún problema. También no ayudaba mucho el hecho de que Anna, lucía muy bien con aquellos shorts flojos y una sencilla blusa de tirantes. Quien hubiera pensado, que la chica a la que todo el mundo consideraba una reina de hielo, que no le hablaba casi a nadie. Ahora estaba "disfrutando" de una película en compañía de su novia.

Ahora parecía que los papeles se habían intercambiado. Anna era ahora la que estaba callada, fría, con la mirada perdida. En su mente lo único en lo que podía pensar, era en lo que había pasado en la fiesta. Lo que Rachel le había dicho…

"—Recuérdalo bien pequeña pelirroja, te lo dijo una vez y te lo volveré a repetir, ¡No eres lo suficientemente buena para Elsa!

¡Cierra tu estúpida boca!"

—Oye… apenas iba la mejor parte — dijo Anna al ver que Elsa ponía pausa a la película.

—Quiero saber qué es lo que te sucede, Anna.

—No quiero hablar de eso Elsa, solo… sigamos viendo la…

—Es por lo que paso en la fiesta.

"Las dos chicas rodaban por todo el jardín, tratándose de lastimar lo más que pudieran. Mientras Elsa miraba atónita la escena, rogándola a alguien que las detuviera."

—Elsa… solo quiero olvidar ese ataque de celos, es todo.

—Pero tú no eres así, Anna. Tienes que decirme.

Un par de lágrimas empezaron a brotar de los de Anna. El coraje, su impotencia y la tristeza se apoderaban de ella, la pelirroja era un manojo de nervios. Elsa la miraba atentamente, a ella también le partía el corazón verla de esa manera, esa no era Anna, ni siquiera se le acercaba un poco.

—Ya todo a nuestro alrededor cambio, Elsa. Tú ya no eres esa chica a la que conocí ese día en la cafetería pero… creo que no estoy lista para amar a alguien como tú.

—Anna… yo aún sigo arrastrando mi inseguridad, tú eres la que logra que esta Elsa salga. Así que no digas esas cosas de ti, la que no se merece amar a alguien soy yo.

Anna escuchaba atentamente las palabras de su querida rubia. Si en verdad era cierto todo eso, entonces por qué se sentía tan mal por lo que Rachel le podría decir. Ambas habían sufrido por un falso amorío, cada una a su manera, pero al final las dos tenían un corazón fragmentado. El que ambas se hayan encontrado, era una señal que quizás ambas estaban destinadas a ser una pareja, cada una con sus defectos y virtudes, cada una pudiendo hacer cambiar a la otra.

—Elsa… te amo…

—Lo se Anna… créeme lo se…

Sentir los fríos labios de Elsa era sin duda la mejor medicina que pudiera existir. De un momento a otro, todo el manejo de nervios que tenía hace uno instantes, ya se había olvidado, esa era la "magia" que Elsa que podía hacer.

Anna buscaba casi con desesperación la lengua de Elsa, no quería que ese momento se terminara. La quería solo para ella y vaya que si lo iba a ser. Estaban solas en su cuarto, sus padres ya hacían dormidos, Elsa estaba dispuesta a seguir su ritmo, esta sería una noche que ninguna olvidaría.