CAPÍTULO 6: Recuerdos olvidados


Comentarios a los reviews:

Me he quedado un poco asombrada por la extensión de los reviews del anterior capítulo O_o. Y puesto que me gusta ver lo que os parece el capítulo con detalle, ¡gracias! *o*

Estefi: Madre mía... ¿Y no acabarías antes si te haces una cuenta en FFnet y pones el fic a seguir, en vez de andar actualizando sin control a ver si se ha actualizado o no? XD . Bueno, me alegra que te sirva la lectura para despejarte de tus estudios ;-D . Al igual que a ti, me encanta la escena del encuentro de Kenshin y Misao. Entre la locura que le da a ella y el desconcierto absoluto de Kenshin, menuda escena de entretenimiento que tiene Aoshi que está en medio XD. En cuanto a lo que comentas de si he publicado libros, en mi perfil tienes información sobre ello ^_^º.

Getsukei: Pues me alegra que te pille en la revisión, aunque te muerdas las uñas por ello. Creo que habría sido peor que releyeras la historia antigua y justo cuando terminases, apareciese la versión nueva, porque entonces te habrías quedado sin verla. Y bueno, que aunque no la recordéis mucho, sí sabéis cómo va. Así que paciencia con las actualizaciones ;-D . En cuanto a lo que dices de la reacción de Kaoru y que no te la imaginas de otra forma... eso es porque Kaoru está acostumbrada a hacer «lo que quiere» con Kenshin. Kaoru le grita, le golpea, le zarandea... vamos, que no se corta en hacerle sentir en sus carnes cómo se siente. El problema es que le ha hecho lo mismo a este nuevo Kenshin y éste se la ha devuelto. Es lo que hay... »_«

Lucy-Azii: Me alegra que os gusten los cambios. Han pasado 5 años desde que escribí este fic. Además, cuando lo escribí lo hice en tiempo récord. Teniendo en cuenta que estaba de vacaciones y no siempre estaba en casa, en tiempo efectivo lo escribí en mes y medio. Y tiene la extensión de un libro de 400 páginas. Así que, a pesar de las revisiones que le hacía antes de subir los capítulos, en realidad tampoco podía invertir mucho tiempo en asentar y pulirlos como lo hago ahora. Además, mi conocimiento actual de estilo no es el que tenía entonces y eso se nota ^_^º. De lo que dices de las víctimas (que está comprobado que he revuelto un avispero con ello XD), cuando alguien sufre una enfermedad, todos (en mayor o menor grado) son víctimas. En este caso, no hablo sólo por Kenshin y Kaoru, también por Sanosuke, Yahiko, Megumi, etc. Todos se ven afectados de alguna forma y cada uno reacciona como buenamente puede (como bien dices). El problema es que veía que, al principio del fic, ni dios se puso en la piel de Kenshin (hablo de las lectoras/es) dando como única víctima a Kaoru y eso me llamó la atención. Por eso lo recalqué ^_^º. Así que me alegra saber que con mis notas te he aportado otra perspectiva en la que pensar ;-D

Jbadillodavila: ¡Gracias! Me alegra saber que os gusta ;-D

Rose: Entiendo que no lo habías leído antes el fic, así que espero que te guste ;-D. En cuanto a conectarte con los personajes, puede que en ese aspecto «Un final alternativo» te pueda gustar más. Aquí tenemos un Kenshin que no es Kenshin, así que la forma que tendrán los demás de relacionarse con él, tampoco puede ser la misma ^_^º. De todas formas, falta mucho fic y la relación de los protagonistas pasa por varias fases antes de llegar al final. Así que ya me dirás qué cosas te convencen y cuáles no ;-D . Sobre que conteste a los lectores, es que yo soy de las que lee los reviews de los fics que me gustan ^_^º. Y si me gusta leer los reviews, también me gustaría saber qué opina la autora sobre ellos (y lo habitual es quedarme con la incógnita T_T). Por eso yo los contesto en público XD. En cuanto a la nota extensa, era una aclaración ante un review en el que alguien que malinterpretó mis palabras me llamó machista públicamente (pues puso como palabras mías que para mí es justificable que un hombre le haga cualquier cosa a una mujer si tiene un motivo y que no era capaz de ver a la mujer —en este caso, Kaoru— como víctima porque no me ponía en su piel). Sus palabras estaban fuera de contexto, pero aun así, cualquier persona que las leyera podría formarse una idea errónea sobre mi persona. Por eso lo aclaré, pero tanto para ella como para cualquiera que hubiera hecho caso de sus palabras.

Gracias por vuestros reviews ;-D. Os dejo con el siguiente capítulo, que es algo más corto pero que espero que os guste de todas formas ;-D


CAPÍTULO 6: Recuerdos olvidados

«Con cada minuto que pasa, me siento más unido a ti».

«—¿Ya estáis otra vez? Pero ¿es que no os aburrís de estar siempre igual?».

«¿Y dices que has ganado la apuesta?».

«¡Tres alumnos a la vez! Es un buen comienzo».

«Éste es más claro y combina con tus ojos».

Kenshin se despertó con cierto sobresalto ante las imágenes que pasaron como un rayo por su mente, las cuales le dejaron unas desconcertantes sensaciones por todo el cuerpo. Tenía la respiración y el ritmo de su corazón desbocados, como si hubiera tenido una pesadilla en vez de un sueño.

Pero no era un sueño. Aunque eran situaciones totalmente nuevas para él, sabía que no eran sueños. Eran recuerdos, y por eso hizo un esfuerzo por conservarlos y que no se disiparan en el vacío de su mente.

No había ninguna referencia para ubicarlos en el tiempo; no sabía cuándo habían ocurrido. Pero tenía una vaga sensación de que no debían ser muy lejanos. Se llevó una mano al pecho cuando éste se encogió al recordarlos. Kaoru estaba igual que cuando la había dejado y aquel Kenshin estaba muy enamorado de ella.

La intensidad de aquel sentimiento aún le vibraba por el cuerpo, aunque se desvaneciese progresivamente según se iba tranquilizando.

Miró hacia el cielo y vio cómo el sol caía por el horizonte. La tarde avanzaba y decidió regresar al Aoiya cuando al fin consiguió calmarse. Al llegar había ajetreo en el restaurante por las cenas y se sentó a esperar. No quería interrumpirles en su trabajo, pero no tuvo que esperar mucho para tener compañía. Aoshi apareció por la puerta; venía del templo al que iba a meditar —según le dijo— y le sugirió que le acompañara a una sala donde estarían más tranquilos.

—Siento mucho que te enteraras así de la noticia —se disculpó Aoshi, pero Kenshin siguió sin detectar emociones en su voz—. ¿Te ha ayudado el paseo?

—Creo que sí.

Aoshi no intentó ahondar en su respuesta. A juicio de Kenshin, no le parecía muy dado a curiosear en las vidas de los demás.

—¿Tienes idea de por qué no te lo dijeron?

—Me temo que fue culpa mía —respondió con sequedad y bastante incómodo—. Al poco de despertar, mencioné que la única mujer…

Kenshin se detuvo. Aunque Kaoru dijera que eran amigos suyos, no sabía hasta qué punto lo eran. Y si bien Kaoru había demostrado que conocía su pasado, no iba a hablar de él sin tapujos con los demás. Era obvio que se lo había contado por ser quién era, pero era imposible que se lo hubiera contado a más gente.

Sin embargo, Aoshi demostró que le conocía más de lo que creía.

—Así que hablaste de tu esposa. Puedo figurarme el resto —añadió Aoshi para evitarle explicaciones.

Y lo hacía: se lo podía imaginar con claridad. Kaoru les había contado en su carta que Kenshin había despertado creyéndose Battosai en la guerra de Restauración Meiji. Y acto seguido, había mencionado a su difunta esposa. Para este Kenshin era relativamente reciente la muerte de su mujer, por lo que decirle que tenía otra no era lo más indicado.

—¿Cómo es que sabes de mi esposa? —le preguntó con un tono amenazante que no pudo evitar. Todo lo relacionado con Tomoe era uno de sus secretos mejor guardados y no le gustaba saber que había más gente que lo conociera.

—¿Cómo es que no sabes que lo sé? —le respondió a cambio Aoshi con otra pregunta.

Kenshin le miró con otros ojos; era evidente que Aoshi era un hombre acostumbrado a tener que sopesar situaciones complicadas. Se manejaba ante el dilema que se le había planteado con cuidado, pues sabía que tenía grandes lagunas en su memoria y que no se las habían rellenado como era debido.

—Ahora comprendo que Kaoru conozca mi pasado, pero no entiendo por qué los demás lo sabéis.

—¿Por qué no te han contado lo que has hecho en los últimos meses? —siguió con su evasión de las preguntas de Kenshin—. Si yo hubiera perdido la memoria, me gustaría que me dijesen qué es lo que he estado haciendo.

Kenshin evaluó al hombre que tenía delante. Era uno de los hombres que menos emociones había visto dejar traslucir. Se mostraba impasible ante una conversación que a él le estaba impacientando. Kenshin quería respuestas directas, no rodeos que no llevaban a ninguna parte.

Sin embargo, no podía negar una evidencia: Aoshi era otra fuente de información y quería aprovecharla.

—El doctor Gensai les recomendó contarme mis recuerdos poco a poco, para evitar excesos de información —resopló con eso último—. No sé qué se piensa que va a pasarme por que me cuenten mi vida.

—¿Y qué te han contado hasta ahora?

—Que vagué por Japón durante una década, cómo conocí a Kaoru y el problema con mi sucesor hace unos meses —resumió Kenshin como si no estuviera realmente describiendo una importante parte de su vida—. Cuéntame sobre por qué conocéis mi vida personal —le instó algo molesto por tenerle en la ignorancia—. No me han «relatado» nada en todos los días que he estado de viaje hasta aquí. Bien puedo saber algo nuevo.

Aoshi no pudo evitar analizar a Kenshin. Era el mismo hombre en cuanto a apariencia, pero otro muy diferente en comportamiento. Mientras que el Kenshin que conocía era muy respetuoso, el nuevo era mucho más directo. No se andaba con rodeos a la hora de conseguir lo que quería.

La postura también cambiaba. El anterior era mucho más relajado cuando estaba con la gente, pero éste parecía estar a la defensiva y, a la vez, era imposible pasar por alto la peligrosidad que desprendía.

—¿Por qué no? —concedió por fin.

Fue así cómo Kenshin se enteró de la venganza perpetrada por su cuñado Enishi y que había implicado a todos cuantos le rodeaban. Había reclutado a varios asesinos que tenían cuentas pendientes con él y asaltado el dojo* Kamiya. Para rematar, secuestró a Kaoru y tuvo que seguirle a una isla para conseguir llevarla de nuevo a casa. Además, Aoshi le explicó que Enishi fue apresado por las autoridades, pero se había escapado y estaba desaparecido desde entonces.

Si el incidente de Shishio le había sorprendido, aquél le había dejado perplejo. Nunca podría haber imaginado que Enishi hubiera urdido un plan de venganza. Los dos habían perdido a Tomoe, no sólo Enishi. ¿Acaso se pensaba que no lamentaba la muerte de su esposa? Él más que nadie lo hacía puesto que no consiguió darse cuenta a tiempo de que ella se había metido en medio. No lo había hecho y, en consecuencia, la mató con su espada. ¿Enishi se pensaba que aquello no era suficiente castigo para él? ¿Que no le carcomía la culpa?

Kenshin apenas vio al resto de integrantes del Aoiya antes de retirarse a la habitación que le habían preparado para él.

Quizás no había sido tan bueno como creía que le contara aquello después de la impresión que le había dado la noticia de su relación con Kaoru. No podía dejar de pensar una y otra vez en ello, y de nuevo acabó con dolor de cabeza. Intentó evadir su mente a otros temas menos transcendentales, pero le fue casi imposible. Retornaba una y otra vez como una polilla lo hacía con un farol.

Aquella situación acabaría por volverle loco. Quería su memoria de vuelta y no conseguirlo le ponía de muy mal humor. No podía entender cómo hechos tan importantes en su vida podía haberlos olvidado con un golpe.

Según entró en la habitación, vio que le habían preparado un futón, pero él nunca dormía en ellos; siempre alerta por lo que pudiera pasar. Se sentó apoyado contra la pared y dejó que poco a poco el sueño le venciera ante multitud de preguntas que aún no tenían respuesta.

— * —

Si dos semanas antes le hubieran dicho que lo que menos echaría de menos ante la ausencia de Kenshin sería su cocina, Yahiko no lo hubiera creído.

Pero lo era.

Las comidas eran bastante silenciosas ahora que no estaba Kenshin para amenizarlas. Y no era porque él se encargara de alegrarlas, sino porque era el factor que hacía que Kaoru no estuviera alicaída.

Había momentos en los que Yahiko no sabía cómo proceder. Kaoru no se había sumido en una depresión como le había sucedido la vez anterior, pero era evidente para cualquiera que no estaba bien.

Al menos, su cocina no había empeorado con su estado anímico. Aquello ya era todo un avance por el bien de su estómago. Pero en todo lo demás, Kaoru se conducía de forma mecánica. Había establecido una rutina que a Yahiko le preocupaba mucho: se levantaba, desayunaba, impartía clases si tocaba, las preparaba, hacía las compras o limpiaba la casa, comía, volvía a preparar clases, daba clases en otros dojos, otra vez preparaba clases, cenaba, preparaba de nuevo clases y se iba a dormir.

Ahora que no estaba Kenshin, a Yahiko le inquietaba dejarla sola cuando iba al Akabeko a trabajar. Por suerte, Sanosuke pasaba más tiempo que antes en el dojo. Ya no sólo por las clases que él también tenía que preparar e impartir, sino porque, además, se quedaba todos los días a comer allí mientras Yahiko iba a trabajar.

No estaba deprimida sin salir de su futón, pero era como ver una sombra andante de Kaoru.

Se había sorprendido cuando ella le había informado de que Kenshin se iba para siempre. Cuando la vez anterior se marchó a Kioto para enfrentarse con Shishio había sido totalmente distinto. Lo curioso era que aquella vez no se despidió de nadie más que de Kaoru; mientras que ahora, lo había hecho de todo el mundo aunque no lo supieran. Pero a diferencia de aquella ocasión, no podían seguirle. Kenshin no los reconocía y por eso se había marchado.

Era extraño. Después de todo lo que habían vivido no se hacía a la idea de que Kenshin no estuviera más por allí. Antes de conocerle había sido un vagabundo, pero desde entonces, siempre había estado con ellos. Era como la roca sólida a la que agarrarse en una riada; siempre sabía lo que hacer, siempre tenía un consejo que dar cuando lo necesitaban.

Y ya no estaba allí.

—Apenas has comido nada, ¿no te gusta la cena? —le preguntó Kaoru interrumpiendo sus pensamientos. Estaba ensimismado en ellos más veces de las que le gustaría.

—Está como siempre —respondió Yahiko sin meterse con la escasa habilidad culinaria de Kaoru.

—¿No tienes hambre?

—Sí, pero pierde su gracia si no tienes que pelearte por la comida. Es más entretenido cuando está Sanosuke por aquí —dijo con humor para animarla.

Pero Kaoru no reaccionó a su comentario. No la había vuelto a ver sonreír desde que Kenshin se marchara a Kioto. A Yahiko le entristecía que una mujer tan activa como Kaoru se mostrara tan inexpresiva. Le daba escalofríos.

—Estoy cansada. Creo que me acostaré pronto —le informó al chico.

Kaoru se levantó de su sitio con los platos de la comida y los dejó en la cocina. Después se dirigió a su habitación para prepararse para dormir. Se tumbó en su futón y se sumió en sus pensamientos como cada noche.

No podía evitar pensar qué estaría haciendo Kenshin; cómo le habría ido el día. Era su rutina diaria antes de dormir. No sabía dónde estaba, ni qué sería de él. ¿Habría llegado ya a Kioto? ¿Estaría en el Aoiya con Misao?

Pero del mismo modo que siempre le venían pensamientos de preocupación por él, otros más dolorosos seguían a continuación. Ésos que hacían que todas las noches se durmiera con lágrimas en los ojos. Porque aquel accidente había destruido sus sueños de un futuro feliz con el hombre que amaba.

No quería volver a preocupar a las personas que la rodeaban. Tampoco quería echar a perder la oportunidad que se le había brindado de poner en marcha su escuela de nuevo. Esas dos cosas eran lo único que hacía que se levantara por las mañanas. La escuela volvía a ser su vida, pero hubiera renegado de ella con gusto si volviera a estar como hacía dos semanas. Si su escuela resurgía, se encontraría igual que había estado dos años atrás, cuando su padre se había marchado a la guerra y ella se había quedado impartiendo clases a los alumnos. Dos años atrás, tenía la escuela y no estaba Kenshin.

Como ahora.

Era irónico. Había pedido multitud de veces que su escuela volviera a ser lo que era, pero al parecer, alguien se había tomado al pie de la letra sus plegarias. Porque otra vez tenía alumnos, pero tal y como se encontraba entonces, Kenshin no estaba.

Sin embargo, la diferencia abismal que había entre un momento y otro era incuestionable. El centro de su vida hacía poco más de un año, era su escuela; ahora en cambio, lo era Kenshin. Era sorprendente cómo lo que meses atrás pensaba que era lo más importante, había quedado en un segundo plano por el amor que le profesaba a un hombre.

Y con eso, no pudo evitar retomar sus pensamientos negativos sobre su aciago futuro; un futuro en el que ese hombre no estaría. No sabía el tiempo que le tomaría superar aquello, pero esperaba de corazón que fuese pronto o no sabía cómo lo acabaría sobrellevando. Aun así, tenía el consuelo de que se podía lograr. Kenshin también había perdido a su esposa, igual que otra mucha gente perdía a las personas que amaban. Y ellos se reponían, aunque ahora no pudiera entender cómo lo hacían.

De modo que ella no podía ser la excepción, pensó Kaoru con las sempiternas lágrimas nocturnas rodando libremente por sus mejillas. Tendría que recuperarse del abandono de Kenshin, aunque para ella todo fuese demasiado reciente y no pudiera ver el final.

Porque por mucho que lo intentara, desde su punto de vista actual, parecía que ese día nunca iba a llegar.

— * —

«—Gracias por haber protegido a Kaoru».

«—No sé si me sonríe o no… Pero con esa última vez me basta para estar con la persona que más quiero ahora».

«—Quiero proteger a la gente que tengo delante. Quiero ayudar a los que sufren y a todos los que están hundidos en la tristeza… Nunca debo dejar de luchar hasta el día en que ya no sea capaz de llevar esta espada».

«—Si tú sonríes, la parte de mí que hay en tu interior sonreirá en todo momento».

«—¡Salva a Yahiko, te lo suplico!».

«—De qué sirve la Escuela "Hiten Mitsurugi". De qué sirve Kenshin Himura. Una vez más no he podido salvar a la persona que más quiero…».

—¡Kaoru!

Kenshin se despertó con el corazón roto de angustia. Jadeaba intentando recobrar la respiración que le faltaba, pero lo único que lo consiguió fue expulsar el nudo que encogía su pecho. Cerró los ojos y derramó unas lágrimas por una pena que sentía y no sentía.

Había sido tan vívido…

Pero sabía que Kaoru no había muerto. Aoshi no le había contado aquel detalle tan relevante sobre la venganza de Enishi. «Secuestrar a Kaoru» era un claro eufemismo de lo que en realidad había pasado. Enishi había simulado matar a la persona que más quería para sumirle en un infierno…

Y lo había logrado durante días.

Kenshin miró sus manos que temblaban como hojas en otoño ante la inminente caída. Por desgracia, no sólo eran sus manos; le temblaba todo el cuerpo por el impacto de aquel recuerdo. Kenshin inspiró profundamente para recuperar la serenidad y después se quitó los rastros de lágrimas que aún perduraban.

Lo que Enishi había hecho le había destrozado en el amplio término de la palabra. Le había enterrado en la miseria hasta que había conseguido salir de la mano de Tomoe y Tsubame.

Kenshin se puso de pie y, con pasos temblorosos, salió al exterior para sentir la brisa nocturna. Empezaba a hacer frío por las noches, pero lo agradeció pues esperaba que eso le calmara.

Tenía un problema enorme. No era que dudase de que su «otro yo» estuviera enamorado de Kaoru después de lo que había visto y oído esa tarde, pero aquello había traspasado todas las barreras que conocía y no podía cerrar los ojos ante la evidencia. Tanto si Tomoe seguía vívida en sus pensamientos como si los tuviera enfriados, el Kenshin de esa época había escogido a otra mujer y no podía ignorarlo por mucho que le pesara en la conciencia.

Poco a poco, y a base de realizar respiraciones profundas, logró serenarse lo suficiente para evaluar su situación desde todos los ángulos. La fría brisa nocturna de octubre y el silencio que se extendía por la ciudad también ayudaron en ese cometido.

No recordaba a Kioto tan tranquilo. Todos los años que había vivido allí habían sido en periodo de guerra y, noche tras noche, siempre sucedían altercados en los que se veía inmiscuido.

Del mismo modo que Edo era desconocido para él por no haber estado apenas allí, Kioto lo era ahora por el transcurso de los años. Lo más sorprendente era que había regresado allí con la esperanza de recobrar los recuerdos olvidados sobre la guerra para al menos tener una parte de su vida completa. Sin embargo, había acabado por recordar cosas de su vida en Edo.

Parecía que su mente por fin empezaba a devolverle los recuerdos que mantenía encerrados, aunque no fuesen los que buscara de inicio. Pero mentiría si dijera que, después de aquella tarde, los recuerdos de Kioto le importaban más que los de Edo. Quería saber lo que había estado haciendo los últimos años; quería saber en qué punto se encontraba su vida para no echar por la borda algo en lo que hubiera estado trabajando durante tiempo.

Y gracias a ese sueño sabía que durante una década había viajado por todo Japón para darle un sentido a su vida. Lo sabía porque, en aquella batalla contra Enishi, había encontrado la respuesta de esa pregunta interna que se había hecho constantemente desde que terminó la guerra.

Además, debía considerar que, si iba a seguir recobrando su vida actual, debería estar con las personas que mejor podrían ayudarle a responder las preguntas que le surgieran de los recuerdos confusos.

Kenshin suspiró y alzó la vista hacia la luna menguante que brillaba en un cielo despejado; la única luz que podía guiar sus pasos en la oscuridad de la noche. Era su eterna compañera siempre que tenía que hacer un trayecto o una misión. Era la que podía facilitarle el trabajo con su pálido brillo sobre una noche cerrada.

Y como tantas noches antes, volvería a servirle en su objetivo.

Tenía que volver a Edo.


Notas del fic:

*Dojo: Lugar de entrenamiento.


— * —


Fin del Capítulo 6 - 14 Junio 2013

Revisión - 15 Mayo 2018