CAPÍTULO 12: Revelaciones


Comentarios a los reviews:

Kaoruca: Ya dije que mi idea era meterme más en lo que sienten sobre lo que les acontece. Y me alegra que te haya gustado esa última parte con Kenshin. Pero es que tiene que ser bastante duro. Imagínate que tú aún sientes que quieres a tu antigua esposa pero te encuentras con que has «traicionado» ese recuerdo y estás con otra. Así que lo primero que te tiene que venir a la cabeza es un: «lo he tenido que hacer por alguien con verdaderos motivos». Y lejos de eso te das cuenta de que no es así. Eso es difícil de digerir »_«. Sobre cómo se lo toma... No lo puedo evitar: Kenshin es un personaje superrazonable »_«, así que ahora que lo estoy apegando más a su verdadera personalidad también resulta ser más prudente. Supongo que se verá más cuando hablen del tema, porque este capítulo es más un compás de espera. Sobre lo que dices de Kaoru y que podría dar para un fic incluso sin amnesia, es que a veces tengo la sensación de que no le importa porque lo ignora, que no es lo mismo que lo ignore porque no le importa. Fíjate si no cómo trata los percances en que «aparece Battosai» en el manga. Su única preocupación es que vuelva a como estaba, cuando el hecho de que pase varias veces podría llevarte a pensar que hay un problema. No sé, una preocupación mínima en plan: «acabas de toparte con alguien de tu pasado y te han salido las ansias asesinas sin más, ¿te encuentras bien? ¿Quieres hablarlo? ¿Desahogarte?». Lo dicho: algo mínimo. Pero ella se queda siempre en plan «aquí no ha pasado nada». Que una cosa es que no le importe, y otra que no quiera verlo. Así que en este fic hice que se mojara más con el tema ^_^º, pero eso ya lo sabes tú: que por algo ahí está la conclusión que tanto te gusta de Kaoru XD

Guest: Me alegra que te guste el fic ;-D

Estrella Lunacharski: Bueno, lo dejo donde terminaba el capítulo antes ^_^º. Otra cosa es que consideres que es la mejor parte, jiusjiusjius.

Kiascadream: ¡Uy, no! Lemon todavía no... Está muy verde la cosa entre ellos ^_^º, pero llegará ^o^. Y sobre lo que dices del pasado oscuro de Kenshin, ahí quería ir yo. En la batalla contra Saito tuvo una crisis muy fuerte, casi se pierde de nuevo en sus ansias asesinas. De hecho, se lo dice a Kaoru cuando se despide de ella; le dice que tiene un asesino en su corazón y ella se limita a decirle que no importa porque siempre vuelve a la normalidad. Por eso digo que parece que no le importa porque lo ignora. Pero en este fic se topa con su asesino con todas las letras, así que si le acepta será después de entenderlo.

Estefi: Me alegra que te esté gustando esta versión, porque es la que se queda ^_^º

Antooh: ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado cómo ha quedado la escena *o*

Adilay de Capricornio: Sé que el anterior Battosai os gustó mucho, pero lo estoy asemejando más a lo que a mi entender fue en ese pasado. Cuando se habla del pasado de Kenshin, sí que se ve que es algo más directo y brusco en sus relaciones sociales, pero el ambiente que le rodea tampoco daba para muchas bromas. Era un Kenshin más serio que el relajado que conocemos, pero desde luego no es una «personalidad loca». Me gusta la idea de poder reflejar ese «Battosai» que yo veo. Y por cierto, me alegra que te gusten Sanosuke y Megumi. Recuerdo que había gente tan metida con la historia de Kenshin y Kaoru que cuando aparecía la otra pareja le fastidiaba un montón T_T

White Lady EF: Me alegra que te estén gustando las problemáticas que les planteo en su relación. A fin de cuentas, ninguna relación es un camino de rosas y la de estos dos, menos. Además, aún les queda mucho, que sólo hemos llegado a la mitad ^_^º

Adrit126: ¿Verdad? Sanosuke y Megumi harían buena pareja XD Que pena que Watsuki los dejó a cada uno por su lado u_uº

Bueno, como siempre, gracias a todas por vuestros reviews *o*. Este capítulo no ha sufrido tanto cambio porque, de por sí, siempre me ha encantado cómo quedó. Espero que os guste ;-D


CAPÍTULO 12: Revelaciones

—¿En cinco días? ¿En serio?

Kaoru no podía dar crédito a lo que oía por parte de Megumi, pero la doctora no había perdido el tiempo en ir a contarle la buena nueva. Ella no tenía más amigas con las que poder desahogarse de esas cosas y, por eso, había llegado a su casa por la mañana queriendo hablar con ella.

—¿No te parece increíble? —replicó Megumi pletórica.

Nunca la había visto tan feliz y el hecho de verla así le generó cierta envidia. Habría jurado que los primeros en casarse serían ella y Kenshin. Sin embargo, no sólo uno de sus amigos lo iba a hacer antes, sino dos.

—¿No es un poco pronto? —se preocupó en un intento de sonar razonable. Había sido todo tan fugaz que aún no había terminado de encajar que eran pareja cuando ya le decían que se iban a casar.

—En diciembre cumplo veintitrés años —le dijo en tono admonitorio como si aquello fuese explicación suficiente.

Y para Kaoru lo era. No pudo hacer otra cosa que sisear por la argumentación.

—Entiendo. —Porque lo comprendía a la perfección. ¿Una mujer soltera a los veintitrés años? No era plato de buen gusto para ninguna mujer.

—No se lo digas a Sanosuke, pero no me fío de él en este sentido —reconoció Megumi—. Prefiero aprovechar ahora que está tan predispuesto conmigo, a que dentro de unas semanas se le pase la euforia y diga que quiere esperar hasta tiempos mejores. Yo no podría permitirme el lujo de esperar a que él decidiese que por fin quiere casarse.

Kaoru entendía el agobio de Megumi. Si dentro de unos meses Sanosuke dijera que ya no quería casarse tan pronto, a su amiga la dejaría en una posición nada agradable, más si al final incluso dejaran la relación. A Megumi se le haría cada vez más difícil encontrar un hombre adecuado para ella.

—¿Y a Sanosuke le ha parecido bien?

Sin género de dudas aquello era lo que más desconcertaba a Kaoru. Nunca se había imaginado a Sanosuke casado. Mostraba la típica fachada de hombre sin compromisos, y que estuviera tan dispuesto a perder su libertad era un misterio para ella.

—Me dijo que eligiera la fecha yo —respondió con tono jovial—. Hemos ido esta mañana al templo. El sacerdote nos ha dicho que tenía enlaces programados hasta el mes que viene, pero que podría hacernos un hueco para casarnos en cinco días porque una pareja ha cancelado el suyo. No queremos nada elaborado; sólo la ceremonia con algunos testigos. Así que a nosotros nos da tiempo de sobra para prepararlo para entonces. Estaréis, ¿verdad?

—¡Por supuesto! ¿En serio piensas que nos lo perderíamos?

Kaoru se la quedó mirando con atención. Megumi estaba radiante y otro ramalazo de celos la golpeó. Precisamente ella no estaba nada bien con Kenshin desde que habían tenido la discusión el día anterior. No se habían vuelto a hablar desde entonces y en gran medida porque había conseguido evitar verle por la casa.

—Pero Sanosuke me dijo que tenía que demostrarte que iba a ser un hombre más responsable. Estuvo aquí hace varios días instigándome sobre levantar la escuela para poder estar contigo. ¿Ya no se lo vas a exigir?

—¡Claro que sí! Me voy a casar con él; tiene que hacerlo sí o sí —respondió con vehemencia, para un segundo después suspirar complacida al recordar la cena—. Ayer me prometió de nuevo que intentará cumplirlo lo antes posible; sabe que este tema me deja muy intranquila. Por eso estoy segura de que lo conseguirá. Sanosuke no es un hombre que rompa sus promesas.

—Tienes razón —corroboró Kaoru—. Hará lo que sea necesario. ¿Verdad que es bonito que un hombre te quiera así?

Intentó sonar más alegre de lo que lo hizo, pues una nota de tristeza se filtró con la pregunta, y Megumi entrecerró sus ojos por el tono.

—¿Estás bien?

—¿Y por qué iba a estar mal? —respondió a su vez con otra pregunta mientras dibujaba en su rostro una falsa sonrisa que no convenció a la doctora.

—¿Qué ha pasado? —Cuando vio que Kaoru no hablaba, volvió a insistirle—: Cuéntamelo.

—En serio que no es nada. Este día es para que lo disfrutes.

—¿Se ha muerto alguien? —preguntó condescendiente sabiendo que no había ocurrido nada semejante.

—Por supuesto que no. —Kaoru puso los ojos en blanco por la absurda idea.

—Entonces, dímelo. Hoy nada me puede amargar el día, y pocas veces me vas a encontrar con este humor para escuchar tus problemas —añadió con sorna.

Kaoru intentó resistirse a hablarle sobre lo que había sucedido el día anterior con Kenshin, pero reconocía que no tenía a nadie más con quien hablar de ello. Por mucho que Tae fuese su mejor amiga, no podía hablarle del pasado de Kenshin.

—Nos hemos vuelto a pelear —soltó a bocajarro.

—Oh… —Megumi aprovechó para coger su taza de té y darle un sorbo mientras pensaba en qué decirle—. Así que estáis intentando ganarnos a Sanosuke y a mí —dijo en tono divertido con el propósito de animar a su amiga.

Kaoru compuso una leve sonrisa por la alusión de Megumi a sus propias peleas, pero al poco suspiró con desazón.

—Fue horrible —se lamentó. La doctora dejó su taza en la bandeja y esperó con paciencia a que Kaoru continuara—. Ayer casi mata a un par de ladrones.

—Vaya… —dijo con un chasqueo de su lengua a la vez que se erguía más—, es un problema el que aún se piense que está en la guerra —añadió contrariada.

Kaoru se la quedó mirando sin entender cómo Megumi se lo podía tomar tan a la ligera.

—La discusión nos llevó a relucir detalles que no me gustaron nada de cómo Kenshin obraba en la guerra. Pero a la vez, también me hicieron reflexionar mucho en ello.

—¿Puedes concretarme algo más sobre lo que dijisteis o sería meterme demasiado? —dudó Megumi, la cual era consciente de que no podría ayudar a su amiga en su dilema si sólo le contaba eso.

—No encajé muy bien que intentara matar a unos simples ladronzuelos. No creo que se merezcan ese tipo de castigo por un delito como ése. Y esto le llevó a mencionar que mucha gente que no merecía morir también lo hizo en la guerra sólo por pensar diferente a otros.

Megumi asintió al intuir por dónde iban las inquietudes de Kaoru. Y como no continuó, la instó a seguir:

—¿Pensabas que la gente que mató Kenshin eran todos asesinos y espadachines como él o algo así?

—Sí, «algo así» —repitió sus palabras como forma de darle la razón. Megumi hizo el intento de hablar, pero se contuvo. Llevó una mano hasta su cabeza para frotarse con los dedos la sien y Kaoru supo que su amiga no sabía muy bien cómo seguir—. Cuando piensas en el pasado de Kenshin, ¿tú cómo le ves?

Megumi suspiró lentamente y volvió a coger su taza, pero fue un gesto mecánico y, antes de llegar a sus labios, la había depositado de nuevo en la bandeja.

—Kenshin fue un asesino que inspiraba terror. La primera vez que oí hablar de él tenía diez años. Era una niña que en esos momentos vivía en Nagasaki y, aun así, oí hablar de él. —Aquello era un hecho muy significativo para Megumi—. Según avanzó la guerra, su reputación sólo fue a peor y, para cuando volvimos a Aizu, poco antes de finalizar la guerra, todo el mundo había escuchado ya hablar de él. Por algo Kenshin se convirtió en una leyenda.

—Pero ¿has pensado alguna vez que podría haber matado a gente que nunca hubiera hecho algo malo? —cuestionó incómoda.

Cuando esta vez llevó la taza de té a sus labios, sí le dio un sorbo. Supo que era la forma que tenía Megumi de intentar poner en orden lo que diría a continuación.

—Kaoru, no creo que entiendas el horror que fue aquella época. Las calles no eran seguras; se creaban incendios día sí, día también; se asaltaban casas matando a todos los integrantes, ya fueran hombres, mujeres o niños… —Megumi hizo una pequeña pausa antes de seguir—. No es que lo piense; estoy convencida de que más de uno que no lo merecía acabó su vida en el filo de su espada.

—¿Ni siquiera te inquieta? —preguntó con curiosidad por la pasividad de la mujer al tratar un tema tan espinoso.

—Me temo que se lo estás preguntando a la persona que mejor le entiende en ese aspecto —respondió contundente—. Te recuerdo que yo también he matado a gente inocente a consecuencia de la adicción del opio que fabricaba.

—Lo siento, Megumi —dijo contrariada Kaoru—. No quería hacerte recordar eso.

—No importa —replicó a la ligera sin darle mayor relevancia—. Pero tienes que entender que es una situación muy difícil. Tener que vivir con esa carga no es algo fácil de soportar; cualquiera no puede hacerlo. Saber día a día que haces algo que está mal es duro, pero tu cerebro tiene formas de anestesiarte sobre tus acciones para que no te afecten con la intensidad que deberían. Así que, aunque eres consciente de ello, eres capaz de sobrellevarlo… O al menos lo haces hasta que un día, simplemente, todo se te cae encima y ya no lo aguantas más.

»Para mí, fue el momento en el que busqué escaparme de las garras de Takeda cuando quiso fabricar la «Telaraña» a gran escala; para Kenshin, creo que fue el final de la guerra. Pero el Kenshin que tienes en tu casa ahora mismo no ha llegado al punto de ruptura porque no ha visto con sus propios ojos acabar la guerra, y por eso sigue comportándose con la falta de escrúpulos que necesita un asesino para seguir adelante con lo que hace.

Esta vez fue Kaoru la que tomó su taza de té para darle un sorbo. Su explicación la hizo reflexionar sobre lo que había estado pensando desde que Kenshin había salido de su habitación tras la discusión. La pregunta que le había lanzado él la había dejado muy desconcertada, y la había tenido todas aquellas horribles horas con el corazón en un puño al pensar que podría no sentir en toda su amplitud las palabras que le dijo cuando se conocieron. Pero Megumi acababa de aportarle la luz que necesitaba para ver el camino.

—Kenshin me acusó de no aceptar realmente su pasado como le dije al conocernos —soltó de pronto el punto que la había carcomido desde el día anterior—. Me preguntó si me había enfadado por que intentara matar a dos ladronzuelos o por no aceptar su vida.

—¿Y tú que le dijiste? —preguntó con cuidado.

—No le supe responder —se excusó Kaoru contrita. Megumi exhaló un suspiro funesto.

—Pues tienes que aclararte. Este asunto es muy importante para vuestra relación. De hecho, si Kenshin siempre se ha sentido tan confiado contigo es precisamente porque cree que no te importa lo que hizo.

—Y por eso debo darte las gracias —le dijo con una sonrisa afectada—. Porque me has hecho ver lo que en verdad me estaba afectando de todo esto.

—¿En serio? —dudó ella, pues no sabía qué podría haber dicho para ayudarla a dar con una solución para ese aspecto concreto.

—Cuando Kenshin llegó a mi casa, le dije que no me importaba lo que había hecho en la guerra. Y lo dije convencida de ello. Pero entonces ocurrió lo de ayer y me alteró mucho ver a Kenshin capaz de matar a unos simples maleantes que ni siquiera estaban poniendo en peligro la vida de nadie. Me alteró verle siendo capaz de matar de nuevo sin ningún tipo de remordimiento y fue cuando me reprochó que yo le había mentido cuando nos conocimos.

—¿Y es así? —la instó Megumi al ver que Kaoru dejaba de hablar para encerrarse en sus pensamientos.

—No —contestó contundente—. No le mentí. No me gusta lo que hizo. Y me gusta mucho menos lo que me contó ayer, pero es lo que pasó durante la guerra y no se puede cambiar. Sin embargo, el Kenshin que conocí hace meses condenaba lo que había hecho. Desde que terminó la guerra, ha ayudado a la gente para expiar sus crímenes. Pero como bien me acabas de decir, el que vive ahora no ha llegado al punto en que se lamente de lo que hizo. Puedo perdonarle que fuese un asesino, Megumi, pero no que lo siga siendo —sentenció la joven.

Megumi la observó durante lo que parecieron minutos y por fin sonrió.

—Creo que no es a mí a la que le tienes que decir esto, Kaoru —dijo la mujer divertida.

—Tienes razón —comentó algo más animada por haber podido aclarar al fin sus sentimientos hacia la vida de asesino de Kenshin.

—Pero me temo que tienes un duro trabajo por delante. Más que el que tengo yo con Sanosuke —se jactó Megumi.

—¿Por qué lo dices? —preguntó desconcertada.

—Tienes que conseguir hacer algo que impacte sobre Kenshin de la misma forma que lo hizo el final de la guerra. Eso es un listón muy alto —se rio la doctora al ver la cara de su amiga—. Pero si quieres que abandone radicalmente su vida de asesino, vas a tener que hacer algo contundente.

Megumi siguió riéndose de ella, aunque a Kaoru no le hizo tanta gracia. ¿Conseguir hacer algo que se equiparara al final de la guerra? Eso no podía ser una tarea fácil.

— * —

Megumi se había tenido que marchar de nuevo a la consulta para trabajar y Kaoru se encaminó hacia el dojo* para poder preparar algunas clases y continuar con el entrenamiento de Yahiko. No sabía dónde se había metido, pero estaba convencida de que andaba por la casa. Pero al cruzar por el pasillo que se encontraba abierto hacia el patio, vio a Kenshin delante del pozo como si estuviera intentando descifrar un acertijo. Extrañada, Kaoru se apoyó en la pared de madera y le observó en silencio.

Kenshin acabó por recogerse el yukata* y, tras arrodillarse junto al pozo, sacó un cubo de agua y comenzó a lavar la ropa. Kaoru no pudo evitar esbozar una sonrisa: era la primera vez que realizaba esa tarea desde el accidente, pero poco a poco veía que Kenshin se implicaba cada vez más en el mantenimiento de la casa. Estaba segura de que no lo hacía con la misma predisposición que antaño, pero se iba amoldando a esas labores.

Si debía ser sincera, casi se había esperado no encontrarle hoy allí. La discusión del día anterior había sido mucho peor que la que motivó la marcha de Kenshin a Kioto. Si bien había podido respirar con tranquilidad esa mañana al saber que aún seguía en la casa, casi se había sorprendido por ello. Le había dicho que su vuelta se debía a recordar cosas de su pasado, de modo que debía alegrarse por que algo le mantuviera atado allí.

Sin embargo, ese pensamiento la llevó a considerar un hecho contradictorio. Durante su pelea, Kenshin le había revelado que había recordado bastantes cosas. En cambio, nunca hablaba con ella sobre dichos recuerdos. Si se había quedado en Tokio porque ellos le podían ayudar con los recuerdos que tuviera, ¿por qué nunca se los mencionaba? ¿O era quizás que simplemente no los trataba con ella pero sí lo hacía con Sanosuke?

Esa pregunta le generó una punzada en el pecho porque significaba que no confiaba en ella. Y con la discusión que habían tenido el día anterior, a partir de entonces lo haría aún menos. Le había echado en cara lo que le había dicho cuando le pidió quedarse en su casa y Kenshin seguía pensando que le había mentido. Megumi tenía mucha razón cuando la instó a aclararse. La relación de ellos se había cimentado sobre una confianza mutua plena, con especial énfasis por el oscuro pasado de Kenshin. Si esa confianza se rompía, para él nunca sería algo más que la persona que le acogió en sus viajes por Japón.

Kaoru no tenía mucho ánimo por levantar de nuevo las heridas de la tarde anterior porque estaba segura de que volverían a discutir. Pero no podía dejar que se enquistase ese convencimiento de Kenshin de no aceptarle.

Inspiró profundo para darse valor y se acercó hasta él. Ni siquiera hizo ver que la notase llegar. Cuando fue evidente que el pelirrojo no diría nada, Kaoru cogió varias prendas y le acompañó en lavarlas.

—¿Por qué nunca me hablas de lo que vas recordando? —preguntó de pronto Kaoru. Kenshin siguió sin decir nada, aunque no era algo que la extrañara. Hasta el momento, nunca había entrado en los detalles de los recuerdos que le volvían y de ahí que se lo preguntase—. Ayer dijiste que recordabas lo que sucedió cuando nos conocimos y, de hecho, también dijiste que recordabas muchas otras cosas.

—Es cierto —le confirmó Kenshin sin quitar la vista de la ropa que lavaba.

Y mientras Kaoru le observaba, una duda inquietante apareció en su mente.

—Kenshin… —empezó con el cuidado que tendría cualquier persona si cruzara por un nido de serpientes dormidas—, ¿recuerdas cosas de las últimas semanas antes del accidente?

Kenshin dejó de frotar la prenda que tenía en la mano. No levantó la cabeza, pero sí sus ojos, mirándola por primera vez desde que se había sentado con él.

—¿Qué me estás preguntando en realidad, Kaoru? —inquirió suspicaz el hombre, que sabía perfectamente por qué ella había acotado el tiempo a las últimas semanas.

Y lo que eran sospechas en la mente de la joven se terminaron por confirmar. Sus ojos se abrieron por la sorpresa al darse cuenta de ello.

—Lo sabes… —le acusó a la vez que dejaba la ropa que estaba lavando a un lado. Porque ambos sabían que no se refería a la pregunta con la que le había replicado él. Kenshin estaba al corriente de que habían sido pareja y no se lo había dicho—. ¿Por qué te lo has callado?

—Espera a ver si lo entiendo… —contestó él de malos modos. Dejó también la ropa a un lado y la miró por fin de frente con los brazos tensos apoyados contra el pozo—. ¿Me estás cuestionando a mí, que he olvidado parte de mi vida, sobre por qué no te he dicho a ti que he recordado algo de lo que no tuviste la decencia de informarme?

Como bofetada psicológica no había estado nada mal, pensó avergonzada Kaoru. Kenshin tenía razón: era ella la que en primer lugar no le había puesto al tanto de aspectos muy relevantes de su vida. Y, por supuesto, otra vez se había creído víctima del actuar de Kenshin. Porque, ¿cómo podía esperar que confiara en ella para aclarar sus recuerdos cuando él era consciente de que se los había ocultado de forma deliberada?

Aferró su yukata en un puño con disgusto. No estaba nada orgullosa de cómo estaba encarando su enfermedad. Y si ni siquiera ella estaba satisfecha con su proceder, ¿qué debía pensar un Kenshin que no la conociese?

Kaoru intentó decir algo, aunque no pudo. No había palabras que pudieran excusarla de su acusación.

—No era nuestra intención ocultártelo —susurró ella en defensa—. Pero creímos que sería conveniente esperar a que te acostumbraras a tus nuevas circunstancias antes de contarte algo que podría afectarte mucho.

Kenshin entrecerró sus ojos para mirarla con una amenaza velada bajo ellos por intentar justificarse de un acto que él veía muy reprobable.

—Así que lo hicisteis para protegerme —comenzó con sarcasmo—. Entonces te será fácil entender que yo hiciera lo mismo contigo.

—¿Por qué necesitaría protección de algo que sé?

—Porque no quería ponerte en la situación de que fueses consciente de que sé que me quieres, cuando yo no siento nada por ti.

La única reacción de Kaoru ante lo dicho fue que perdió el color del rostro, pero no hizo ningún gesto más. Cogió otra prenda del cubo y se puso a lavar sin añadir otra palabra.

Kenshin se arrepintió al momento por decir esas palabras. Había querido ser hiriente con ella por tener el descaro de recriminarle el callarse cosas. Pero Kaoru no se merecía ese trato. No debería culparla por no saber cómo actuar en unas circunstancias tan insólitas como las que vivían. Él tampoco estaba dando un gran ejemplo.

—Perdóname, Kaoru. No quería decir eso —intentó disculparse.

—Pero es la verdad, ¿no? —replicó en un susurro sin levantar la mirada.

Otra mujer cualquiera habría huido de allí en cuanto el hombre que amaba le hubiese dicho unas palabras tan duras, reflexionó Kenshin. Pero allí estaba ella; sin moverse. Kaoru estaba hecha de otra madera. Era una mujer valiente que no se amilanaba ante el primer obstáculo, y aunque acababa de decirle que no sentía nada por ella, en esos momentos estaba orgulloso de ella.

—No del todo. Es sólo que no te conozco bien.

—No nos llevamos igual que antes —comentó Kaoru, que levantó sus ojos para mirar a los suyos.

—No, no lo hacemos.

—Eres más temperamental. —No lo dijo como una acusación y, sólo por eso, Kenshin lo pasó por alto.

—Eso parece —corroboró él, aun así, algo molesto.

—Yo también lo soy. —Kenshin no estaba seguro de adónde quería ir a parar Kaoru con aquella exposición de hechos—. Sanosuke y Megumi también lo son y por eso se pasan el día discutiendo. A ellos les gusta, pero a mí no, porque cada vez que discutimos pienso que te vas a ir.

Kenshin soltó un suspiro profundo al empezar a ver la preocupación de Kaoru. Pero no pudo culparla; en realidad había estado a punto de marcharse. Había regresado a Edo mentalizado de que podrían volver a confrontarse y estaba preparado para ello. Pero no para la discusión que habían tenido el día anterior. Esa pelea rompía justamente con aquello que le había traído de vuelta a la ciudad y le había dejado sin saber qué hacer…

A pesar de que podría haber aprovechado para dar portazo a todo aquel asunto.

Pero en cuanto había vuelto a su habitación y había empezado a valorar el irse o quedarse, pensó en esos ecos residuales que cada vez sonaban más fuertes sobre ella. Los recuerdos no volvían solos; lo hacían con un montón de emociones asociadas a ellos, por mucho que los sintiera ajenos a él.

Y eso fue lo que le detuvo de cometer un acto irreflexivo. ¿Qué sucedería si después de marcharse recobrara todo lo que había vivido? ¿Se sentiría culpable por no haber aclarado bien las cosas antes de irse? Kaoru había estado muy alterada la tarde anterior; podía ser un error tomar una decisión movido por lo que dijera en ese estado. Por eso había llegado a la conclusión de que no podría irse hasta que no hablaran de ese asunto con calma y llegaran al acuerdo de que no había otra opción que separarse.

Tendió una mano hacia delante esperando a que ella se la cogiera. Y cuando puso la suya sobre la de él, la apretó con firmeza.

—Pero ahora sabes que no me voy a marchar así como así, ¿verdad? —Ella asintió muy lentamente, aunque no respondió nada—. Quiero que te sientas libre de decirme cualquier cosa que te inquiete, aunque lleguemos a pelearnos por ello.

Kaoru aferró más fuerte su mano y, gateando, se acercó hasta él, aún con sus manos unidas.

—Kenshin, ¿desde cuándo lo sabes? —le preguntó con curiosidad cuando se sentó al lado de él.

Kenshin supuso que esa conversación poco a poco la estaba tranquilizando, pues hasta el color había retornado a su rostro. No pudo evitar pensar en lo bonita que se veía Kaoru. Su belleza era más sutil que la de otras mujeres que atraían la vista de los hombres, pero una vez que se encontraba, la percepción sobre la armonía de sus rasgos no hacía más que aumentar.

Kenshin subió su mano libre y le tocó el rostro por primera vez, suponiendo que ahora que se había revelado el engaño ella no opondría resistencia.

Y no lo hizo.

Tenía una tez blanca y suave y registró el contacto en su memoria como algo suyo y no sólo como un recuerdo. Las puntas de sus dedos le cosquillearon con la caricia y Kaoru se ruborizó. Su respiración se hizo más profunda y poco tardó en sentir esas ráfagas de deseo que se hacían más insistentes con cada día que pasaba.

Esa ansiedad que le generaba era muy desconcertante. Sabía que su «otro yo» la deseaba… y mucho. De ahí que la mayoría de las veces no supiera distinguir si las cosas que se le pasaban por la cabeza eran cosa suya o de él.

—El primer recuerdo que tuve fue contigo —contestó con un tono más ronco después de un largo rato. Recordar aquel momento no le ayudaba en nada a intentar calmarse—. Me estabas tomando medidas para hacerme un yukata y Yahiko nos interrumpió.

Kaoru cerró los ojos algo azorada y más ruborizada aún al recordar aquel suceso. Uno de los momentos más felices de su vida encerrado en uno de los días más trágicos para ella. Le cogió la mano que había subido a su cara y la juntó con la otra en su regazo.

—¿Sabes que eso pasó como una hora antes de tu accidente? —preguntó ella sin ser consciente de las reacciones que provocaba en el hombre que tenía a su lado.

Kenshin la observó con atención y asimiló esa información que desconocía. Kaoru había inclinado su cabeza para mirar sus manos unidas y ya no podía fijarse en sus ojos. Pero imaginaba que esa conversación la estaba sonrojando más todavía.

—No, no lo sabía.

Pero de lo que sí se estaba dando cuenta era de que, en ese recuerdo, el antiguo Kenshin había sacado a relucir la posibilidad de casarse y, sin embargo, unas horas después, había intentado matarla. Recordar aquel suceso le bajó la libido al instante; era algo que le angustiaba y no podía evitarlo. Si no hubiera sido por la intervención de Yahiko, habría matado a su mejor amigo y a la mujer que había elegido como segunda esposa.

—Me dijiste que la tumba de Tomoe fue la que te hizo empezar a recordar —dijo incómoda ella. Kaoru había dado por hecho que lo que había disparado eran recuerdos de su vida conjunta.

Kenshin resopló cuando pensó en el momento en que había intentado sonsacarle información sobre lo que recordaba. Acababa de llegar a la ciudad y lo que menos le apetecía era hablar de los recuerdos que le habían ocultado pero que a la vez le habían hecho volver, así que había optado por sacar a su esposa a relucir para detenerla.

—Me quedé dormido allí. Estaba muy perturbado.

—¿Por qué? —preguntó extrañada.

—Porque nada más saludarme, Misao me soltó sin querer la verdadera relación que teníamos.

Kaoru abrió la boca y los ojos horrorizada.

—¡Misao! —Se llevó las manos a la cara para esconder su rostro—. ¡No me digas que se me olvidó ponérselo! Tenía que escribirle sobre tantas cosas que estaba segura de que alguna se me olvidaría. Pero no puedo creerme que justo ésa fuese una de ellas —se lamentó.

Kenshin casi no la entendió al decirlo tras sus manos, pero era algo que ya imaginaba. Misao se había alterado al ver que no estaba puesto en la carta.

Sonrió al verla otra vez como la Kaoru que había conocido durante esos días. Le había dicho que no tenía inconveniente en que discutieran aquello que les molestara, pero a la hora de la verdad, prefería una compañía tranquila con ella. No estaba hecho para convivir con una persona con la que se peleara de continuo.

—Es agradable poder hablar por fin de esto contigo.

Kaoru deslizó un poco las manos hacia abajo, lo justo para que sobresalieran sus ojos azules por encima. Y después se las quitó y sonrió.

—Sí, yo también lo creo —comentó con suavidad—. No me extraña que volvieras a Tokio. Tuvo que ser muy desconcertante para ti recordar eso.

Pero eso no había sido lo más desconcertante de todo. Volvió a su memoria la sensación que había experimentado esa noche en Kioto cuando se despertó tras haber soñado con lo que había sucedido el pasado verano. No era precisamente confusión lo que había sentido. Era una sensación de angustia como pocas que recordase.

Era el único recuerdo recurrente que había tenido desde que despertó de aquel accidente. De hecho, esa misma noche lo había vuelto a tener y con ésa ya iban cuatro. Se había despertado abrumado de nuevo por las emociones y con un sudor frío recorriendo todo su cuerpo. Y de ahí que hubiera llegado a la única deducción lógica que se le había ocurrido: que el recuerdo de la muerte de Kaoru no era un simple recuerdo más. Era un hecho tan impactante para él que había adquirido la categoría de pesadilla.

Estaba convencido de que su «otro yo» había tenido que sufrir el revivir aquel momento muchas noches. Porque su mayor miedo era que algo le sucediese a ella.

Según avanzaba el combate contra Enishi, Kenshin se había dado cuenta de que la venganza de su cuñado pasaba por Kaoru. Se había enfurecido y logrado reducirle. Pero Kujiranami le había interrumpido e inmovilizado durante unos segundos vitales y Enishi había aprovechado para atrapar a Kaoru y dejar un cadáver de ella en el dojo.

Se había muerto por dentro en cuanto lo había visto y, recordándola o no, sabía que no podía pasar aquello por alto.

—En realidad, no regresé porque me desconcertaran mis recuerdos —dijo muy serio, y la que acabó confusa por esa conversación fue la joven.

—¿Ah, no? —preguntó extrañada.

Kenshin meditó sus anteriores palabras y en cómo hacía unos minutos le había dicho que no sentía nada por ella, a pesar de no ser del todo cierto. Si bien cuando regresó no lo había revelado por ese motivo, en el momento en el que se encontraba ahora no podía asegurar lo mismo.

Cuando le había respondido a Kaoru que no la quería, lo había hecho movido por el rencor que sentía al increparle por no haber confesado que conocía su relación cuando ella era culpable del mismo pecado. Pero para su mayor desasosiego, el día anterior había descubierto que no era tan impasible a Kaoru emocionalmente hablando. Cada día que pasaba iba calándose más y más en él y eso sí que era desconcertante para Kenshin.

Él había regresado a Edo con la intención de conocer mejor a la mujer que su «otro yo» había elegido para compartir su vida, pero no esperaba estar de acuerdo con él. Ese hecho era una continua losa sobre su conciencia, la cual le gritaba a todas horas por la traición que estaba cometiendo contra Tomoe.

Porque para él, el deseo físico hacia una mujer era aceptable, pero no el amor por ella.

Sin embargo, Kaoru también se merecía que fuese sincero con ella y no la dejara con la creencia errónea de que no le importaba nada. Eso era una gran mentira.

Le importaba… y cada vez más.

—Lo hice por ti, Kaoru —contestó él con determinación, pues le estaba revelando algo que le había guardado durante días—. Volví a Edo sólo por ti.


Notas del fic:

*Dojo: Lugar de entrenamiento.

*Yukata: Prenda similar al kimono, pero de algodón. Es más liviano que el kimono.


— * —


Fin del Capítulo 12 - 4 Julio 2013

Revisión - 3 Diciembre 2018


Notas finales:

Estoy metiéndome en un berenjenal tremendo T_T . Estoy ya al límite de la parte en que se pone la cosa intensa para Kenshin, pero como estoy suavizando su personalidad, no sé qué demonios voy a hacer (a fin de cuentas, eso era lo que desencadenaba el resto). Voy a enclaustrarme en una esquina a ver cómo lo arreglo T_T.

En fin, espero que os haya gustado el capítulo ;-D

¡Saludos!

PD: Esta semana estaré liada con un tema laboral, así que no creo que pueda meterle mano a nada. Pero en cuanto pueda, actualizaré.